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Eso

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A escondidas 1

No Sé si es mi imaginación pero cada vez que hay la oportunidad,


Lucas me da unos arrecostones que me ponen a mil por hora. Cuando
está detrás de mí en la cocina y necesita agarrar algo que está más
arriba, se me arrima y puedo sentir su bulto presionando. O cada vez
que pasamos por el pasillo (que es muy estrecho) al mismo tiempo y
él me pone de espaldas con sus manos para pasar, siento como me
rosa. Pero yo no le digo nada, no reacciono.

“¿qué haces? ¿Quieres jugar?” me dijo Luisa, desde su cama.

“Estoy haciendo tarea” le respondí desde mi escritorio. Escuché


ruidos fuera del cuarto, seguramente Lucas había llegado del colegio
también. Él iba a otro colegio, nuestros padres todavía se discutían
quienes iban a cambiar de colegio si Carlitos y yo, o Luisa y Lucas.

“vamos, juguemos a algo. Estoy aburrida, ¿no quieres jugar al rey de


leones?” me suplicó.

“¿y eso cómo se juega, hermanita?” le preguntó Lucas, que estaba en


la puerta. No me giré enseguida, porque últimamente solo necesitaba
su voz grave para que me sintiera excitada.

“pues unimos las dos camas, y dos pelean hasta que uno de los dos
dure 10 segundos debajo del otro, el que gana todas las partidas es
¡el rey de leones! Ah y tienes que hacerlo en cuatro patas, porque se
supone que somos leones, ¿entiendes?” le explicó Luisa, yo volteé a
ver la expresión de interesado que había puesto Lucas.

“sí, claro, dale, juguemos” respondió.

“¡CARLOS!” llamó Luisa mientras movía la mesita de noche y,


ayudada por su hermano mayor, unía las dos camas.
Evidentemente, Lucas no tuvo problemas en ganarle a su nuevo
hermanito y yo no tuve problemas en ganarle a mi nueva hermanita.
Cuando nos tocó el turno a Lucas y a mí, fue otra historia. Desde el
primer momento que me puse en cuatro patas sobre la cama, sabía lo
que iba a pasar. Lucas estaba en cuatro patas mirándome fijamente,
sonriendo y haciendo sonidos de animal para hacer reír a Luisa. Me
hacía reír a mí también, no conocía este lado juguetón.

Comenzamos a pelearnos. Le tomé los brazos y lo empujé hasta


ponerme a horcajadas sobre él, escuchaba a los pequeños gritando
pero estaba más concentrada en cómo rozaba mi sexo contra el de mi
hermanastro. “Uno, dos, tres…” empezaron a contar, a ver si llegaba
a 10, pero Lucas empujó con su cadera, rozando más su sexo al mío,
y se levantó. Cambiamos de lugares, él estaba a horcajadas sobre mí
y puso su peso sobre mi cuerpo, su pecho contra el mío, y mis manos
por encima de mi cabeza, cuando tuvo su cara al lado de la mía, él
gruñó como un animal justo en mí oído. Me puso a mil por hora.
“Siete, ocho, nueve, DIEZ” escuché que gritaron.

Esa fue la primera noche que me desperté con él en mi cama.

Sentí el empuje de su sexo contra mis nalgas y al principio pensé que


estaba soñando y me había despertado, estaba de medio lado
acurrucada como siempre duermo. Abrí los ojos lentamente, veía
claramente la mesita de noche y la cama de mi hermanita. Luisa
dormía profundamente, dándome la espalda. Volví a sentir el empuje
contra mis nalgas y una mano posarse en mi cadera jalándome hacia
él. Lucas me respiraba en la nuca, sentía su pecho contra mi espalda,
su mano en mi cadera y su sexo. Debía tener shorts de tela porque lo
sentía muy bien cómo palpitaba.

“Mmm” gimió mientras comenzaba a restregarse suavemente.

Pensé en moverme, quería moverme y sentirlo más, pero no quería


que supiera que estaba despierta. Era mi hermanastro, el hijo de mi
padrastro, esto tenía que estar mal, no podíamos estar en estas. ¿No
es incesto? Mmm, no podía pensar con su sexo restregándose cada
vez más intensamente. Deslizó su mano entre mi camiseta y el short
que usaba para dormir, encontró rápidamente la piel de mi cadera.
“Oh” exclamó con sorpresa al sentir que no traía ropa interior, nunca
la usaba para dormir.

Empezó a bajarme el short de un solo lado ya que yo estaba


acurrucada en posición fetal, intentando meter mano hacia mi sexo.
¡Pero soy virgen! Pensé asustada, no podía dejar que él me quitara la
virginidad ¿o sí?

Pero él posó su mano suavemente en mi vientre, acariciándome, y


empezó a empujar contra mí, como si estuviéramos follando con ropa.
Al cabo de unos minutos de deliciosa tortura, sentí como se revolvía
detrás de mí y cuando me volvió a rozar sentí su sexo en todo su
esplendor. Estaba duro y suave. Di un respingo ya que era la primera
vez que sentía un pene directamente en mi piel, él se quedó
congelado, sin moverse. Me acomodé un poco, para hacerle creer que
estaba dormida todavía y al cabo de un par de minutos lo volví a
sentir apoyarse sobre mis nalgas. Me estaba torturando sin quererlo,
cada vez más fuerte, cada vez más intensamente.

“Mmm” gimió cuando por fin deslizó dos dedos por mi sexo y lo
encontró húmedo “¿Natalia? ¿Estás despierta?” susurró muy bajito,
supongo que se preguntaba cómo era posible que yo estuviera tan
mojada si estaba dormida, pero yo no respondí. Comenzó a tocarme
por todo mi sexo, el clítoris, la entrada de mi vagina, mientras su
pene se deslizaba arriba y abajo por mis nalgas. El glande forzando
cada vez más hacia mi ano, hacia mi sexo. “Oh, mierda” suspiró
cuando me metió un dedo y luego dos.

Sentí como se levantó un poco de la cama y cómo jalaba mi short


hacia abajo. Yo estaba aturdida con toda la excitación, así que me
volví a acomodar para hacerle la tarea un poco más fácil, él deslizó mi
short hasta mis rodillas y se volvió a acomodar detrás de mí, pasando
su sexo ahora descaradamente contra mi sexo desde atrás. Sentí
cómo empezó a empujar contra la entrada de mi vagina mientras su
mano encontraba mis senos.
“Mmm” gemí involuntariamente con los ojos cerrados cuando sentí su
glande abriéndose camino. Él se detuvo, esperó y continúo 30
segundos después. Su pene estaba duro, caliente, palpitando dentro
de mi vagina, cada vez más adentro. Me dolía pero no quería que
parara, él empujaba y empujaba, y yo tenía que morderme los labios
para no gemir otra vez. Mi hermanita dormía en la otra cama, mi
hermanito en la otra habitación y nuestros padres estaban en el
segundo piso, y yo estaba ahí, siendo ensartada por mi hermanastro.

Cuando yo estuve dentro por completo, Lucas volvió a sacarlo y a


meterlo lentamente, torturándome. Empezó a aumentar la velocidad,
empujando contra mí, jalándome por la cadera, rápido, suave,
gimiendo bajito. Dios, me tenía al diez mil por hora, sentí como se iba
aumentando la excitación, que rico era esto. Mi hermanastro me
estaba follando.

“Oh, mierda, que rica estás” escuché que decía entre gemidos “sí,
mmm” mientras movía su mano hacia mi clítoris, masajeándolo,
masturbándome al mismo tiempo que me la metía. Aumentó la
velocidad, lo hacía más fuerte, “oh… mmm…” de repente había
sacado su pene y quitó su mano de mi sexo, “mmm…mmm…” la
cama vibraba lentamente y escuché su orgasmo. Claro, había salido
para venirse en su mano, me imagino que no quería dejar rastros de
lo que me había hecho. Al cabo de un rato sentí como me subía el
short suavemente, lento, con sus manos rozándome sentí cómo
dejaba un rastro de humedad.

Cuando ya había salido del cuarto, me acomodé el short y toqué con


mi dedo la humedad en mi pierna, lo pasé por mi lengua… era semen,
obviamente y su sabor, para mi sorpresa, me gustó.

A escondidas 3

La segunda noche que Lucas se coló en mi cama fue tres días


después, yo me había quedado hasta más tarde despierta todos los
días esperando que él llegara, pero siempre me dormía. Ese día no
fue una excepción, me quedé dormida alrededor de las 12 de la
noche y me desperté, asumo una hora y media después, con su sexo
presionando entre mis nalgas.

Hace 3 días que nuestras conversaciones habían prácticamente


desaparecido, aunque tampoco es que nos dijéramos gran cosa. Él
me evitaba y yo a él, salíamos de la habitación cuando el otro entraba
y preferíamos salir de la casa cuando nos quedábamos los dos solos.
Pero no lo evité ahora que rozaba su mano tibia en mi muslo, esa
noche me había puesto una camiseta ancha para dormir –debo
admitir que quería esperarlo y hacerle la tarea más fácil, por eso
tampoco me puse ropa interior. Coló su mano por debajo de la
camiseta con total facilidad y me empezó a masturbar muy
lentamente en mi clítoris.

“Mmm…” suspiró cuando encontró mi entrada humedecida. No tenía


que esperar mucho, el solo sentir su pene contra mí, aun con ropa,
hacía que todo mi cuerpo temblara. Esto está mal, me recordé a mí
misma mientras disfrutaba de sus caricias con los ojos cerrados. Mi
hermanastro me metía dos dedos mientras se frotaba contra mí,
respirando profundamente, mientras yo apretaba mis puños para no
gemir. Presionó hacia mi punto G y fue demasiado para mí, gemí,
gemí bajito y casi inaudiblemente… pero Lucas se quedó congelado.
“Natalia… ¿estás despierta?” casi me recriminó, sin sacarme los
dedos. No respondí. “Natalia…” volvió a presionar ese delicioso lugar
con sus dedos y, sin quererlo, eché mis nalgas hacia su pene. “Oh…
hermanita…” dijo con una sonrisa en su voz. Empezó nuevamente a
restregarse ahora con más confianza, sacando sus dedos y
tomándome por la cadera.

No pasó mucho tiempo hasta que sentí su sexo presionando contra mi


piel, con su mano libre lo movía en todas las direcciones que se
sentían bien, frotándolo y retirándolo, torturándome… hasta que me
la metió. Toda, de un tirón. “¡Ah!” gemí sorprendida, extasiada. Abrí
los ojos para ver si mi hermanita había escuchado algo, pero ella
dormía profundamente.

“Te gusta, ¿no?” susurró Lucas en mi oído. No respondí mientras él


comenzaba a penetrarme a una decadencia perfecta, duro pero lento,
llenándome de placer. Yo apretaba los puños para no hacer ruido, no
quería confirmarle que estaba despierta y disfrutando de cómo me
ensartaba. “Mmm… mmm… mmm…” gemía él con cada embestida.
Aumentó en velocidad y en automático yo me acomodé para hacerle
el alcance más fácil, maldiciendo mi cuerpo que me traicionaba. “así
es, hermanita, te gusta cómo te cojo, ¿ah?” me soltó entre quejidos
mientras aumentaba aún más. Si yo no hubiera estado despierta,
seguro me hubiera despertado con sus embestidas cada vez más
intensas. Lucas comenzó a jalarme hacia él al tiempo que me la
metía, haciendo todo más rico, metió su mano libre por debajo de mi
cuerpo atrapándome por completo. “Oh, mierda, que rica estás… que
apretadita estás…” gemía.

Me vas a hacer venir¸ pensé apretando el cuerpo, iba a tener mi


primer orgasmo con mi hermanastro dentro de mí y mi nueva
hermanita a unos metros. Lucas seguía sin darme descanso. Oh,
mierda, sí, sigue, quería gritarle. No pares, estaba tan cerca.

Y se detuvo. Salió de mí, casi me doy vuelta para reclamarle pero me


la volvió a meter de un golpe, masturbándome mientras lo hacía.
Tuve que morder la almohada para ahogar mi grito mientras todo el
cuerpo me temblaba.

“Oh, sí, vente para mí” me susurró mientras continuaba


empujándome, jalándome, embistiéndome. Sentí su respiración más
acelerada, cada vez más intenso, “me voy a venir en ti, ¿puedo
venirme en ti?” gimió, disminuyendo las embestidas. Giré la cabeza
lentamente indicándole que no, claro que no, yo no estaba tomando
pastillas. “Entonces me voy a venir en tus nalgas” dijo aumentando el
ritmo otra vez. Estocada tras estocada. “Mmm… oh… mmm…” , y
aunque yo había tenido ya un orgasmo, continué disfrutando de su
sexo saliendo y entrando, todo humedad, todo dureza. A los pocos
minutos, sentí el vacío en mi vagina y un líquido tibio en mis nalgas y
cadera. “Mmm…” gimió por última vez, hubo un momento de silencio
y se levantó de la cama.

Cuando estuve a solas, oh bueno, sin Lucas, me volteé y volví a


probar su semen. Me gustaba su sabor y me preguntaba qué se
sentiría hacerle sexo oral y sentir ese líquido pegando en el fondo de
mi garganta. Bueno, supongo que nunca lo sabré, ¿no?
A escondidas 4

Me había vuelto adicta al sexo con Lucas. No podía pensar en otra


cosa durante el día y no podía desear otra cosa por las noches.

Me encontraba en el pasillo que separa mi cuarto del de Lucas y


Carlitos. Llevaba una hora peleando conmigo misma en la cama,
tocándome para ver si se me pasaba la calentura y no decidía lo que
había terminado por decidir. Hace solo dos días que Lucas me había
cogido en mi cama la última vez, cuando supo que estaba despierta,
y no había vuelto. Durante el día lo había visto muy poco, casi nada, y
nunca hicimos contacto visual. Yo me estaba muriendo por probarlo,
tenía fantasías con él y su pene en mi boca, así que hacia 5 minutos
que estaba frente a su puerta, decidiendo cómo iba a jugar mi
siguiente movimiento.

Debían ser cerca de las 2 de la madrugada.

Puse suavemente la mano en el pomo de la puerta y giré con toda la


lentitud que pude. El cuarto estaba aún más oscuro que el pasillo, así
que me quedé ahí un momento mientras mis ojos se acostumbraban
a la poca luz. Visualicé rápidamente las dos camas, la de Carlitos
estaba primero y casi no lo veía entre el mundo de sábanas y
peluches. La de Lucas estaba después, a él lo vi claramente, en modo
estrella de mar sobre su sábana, en bóxer y más nada. Hasta ahora
no lo había visto desnudo, hacia todavía frío para ir a la playa y él
nunca andaba sin camisa en la casa, así que no había podido apreciar
su torso bien definido y sus piernas… oh… sus piernas, uno podría
decir que era futbolista.

Avancé lentamente, mirando el piso para no tropezar pero también a


él para no despertarlo. Si él puede colarse en mi cama, yo también
me puedo colar en la de él… con suerte, fingirá que duerme. Qué
vergüenza todo esto. Pensaba mientras me acercaba hasta estar justo
delante de él. Me lo quedé mirando un rato, no había nada que me
indicara que estuviera despierto, respiraba suavemente y no se
movía. Así que tomé valor, esto era lo que quería, al fin y al cabo. Me
arrodillé en el suelo, al lado de su cama, a la altura de su cadera… y
alargué las manos hacia su abdomen. Rocé su piel, que suave era. Al
mismo tiempo que vigilaba su respiración, deslicé mis dedos por
debajo de su bóxer para tirar un poco hacia abajo. No hubo resultado
ni cambio. Lo intenté esta vez, inclinándome un poco sobre él, y colé
mi mano por debajo de su bóxer, rozando su vientre bajo y encontré
lo que buscaba… su sexo. Solo que no estaba duro, como yo lo
conocía, sino más blando… ufff, cómo me pone todo esto. Sentí que
me comenzaba a mojar.

Saqué su pene todavía blando y comencé a moverlo como había visto


en películas porno. Nunca en mi vida había tenido un pene en mi
mano pero debía estar haciendo un buen trabajo porque se comenzó
a endurecer y agrandar. Oh, sí, Lucas todavía respiraba igual pero su
pene me estaba diciendo que así se hacía. Seguí con mi vaivén hasta
que estuvo completamente rígido, se sostenía solo y comenzó a
palpitar tan bien como yo ya conocía. Es ahora o nunca, vi la cara de
Lucas completamente quieta y me lancé, coloqué la punta de su sexo
en mis labios, saqué lentamente la lengua y lo saboreé. Era un sabor
entre salado y dulce, mmm… no podía creer lo que estaba haciendo
pero seguí lamiendo toda la punta. Mi amiga de colegio me había
dicho una vez que era como comer helado… así que, entrada en
confianza, comencé a chuparlo suavemente.

La respiración de Lucas se detuvo, aun con su pene en la boca giré


para verlo, él no abrió los ojos. Se removió un poco en la cama y se
volvió a quedar quieto. Yo seguí en mi tarea, dedicada a mi actividad.
Mmm… gemí cuando sentí que comenzaba a humedecer mi tanga.

“Mmm…” Lucas gimió en respuesta y su pene palpitó en mi boca. Me


congelé y lo volví a mirar, esta vez él tenía los ojos abiertos y miraba
el techo. Esperé que hiciera otra cosa, y lo hizo… movió su mano
hacia mi cabeza y me empujó suavemente hacia su sexo sin mirarme.
Yo obedecí y lo volví a introducir en mi boca, aliviada, apenada… y
completa y totalmente excitada. Deslicé una mano hacia mi sexo
mientras chupaba. Que rico era todo esto, Lucas bien duro en mi
boca, mis dedos jugando con mi sexo. No podía creer que mi
hermanito menor estuviera a un metro, mi mamá en el segundo piso
y yo ahí… chupando y lamiendo una verga como si no hubiera un
mañana. Lucas me tenía agarrada de la unca, guiándome mientras yo
subía y bajaba, sentía su respiración agitada y vi cómo cerraba el
puño sobre la sabana con su mano libre. También lo estaba
disfrutando. “Oh… no pares…” susurró.

No sé por qué su voz me parecía tan sexy, era ronca, baja, dándome
órdenes… ufff.

“Mmm” volví a gemir sobre su sexo y aumenté la fuerza de la succión.

“No pares” repitió en una súplica, su mano presionando ahora el alto


de mi cabeza, bajándome cada vez que yo subía. “No pares… no
pares… no pares… mmm… mierda… sí, sí, así…” me decía,
desesperado, sentía cómo apretaba las piernas, las manos, el
abdomen… giré un poco mi cabeza para verle el rostro. Él miraba al
techo todavía, cerrando y abriendo la boca cuando el placer
aumentaba.

“Mmm” gemí porque yo también me sentía muy cerca del orgasmo.

“Oh, mierda… hermanita… sigue… me voy a venir en tu boca… ¿eso


es lo que quieres?” susurraba casi desesperado, gimiendo, cerrando
los ojos y abriendo más la boca. Sí, dámela, quería responderle pero
no quería sacarlo de mi boca. “Uhm… Si no es lo que quieres tienes
que parar ya porque me voy a venir…Mmm… Natalia… mierda…
Natalia… me voy a venir… Oh… Mmm… Mmm… que rico” viendo que
yo no me iba a detener, se dejó ir y sentí la primer descarga golpear
en el fondo de mi garganta.

Oh, sí, que rico, pensé mientras gemía y lo miraba. En ese momento
nuestras miradas se cruzaron, mientras él dejaba toda su descarga en
mi boca y yo comenzaba a tragarla. Que sabor tan delicioso tenía
este hombre. Yo seguí tragando al ritmo que él me llenaba la boca de
su semen, parecía que no iba a tener fin. Cuando sentí que había
terminado, sin dejar de mirarlo a los ojos, succioné lentamente para
limpiarlo. Él abrió aún más los ojos e hizo una “o” con su boca,
sorprendido, agradecido me gustaría pensar porque enseguida me
sonrió.
Bueno, elevé mi cabeza y me lo quedé mirando un tanto perdida en
qué hacer ahora. Le acaba de hacer una mamada a mi hermanastro,
seguía arrodillada a su cama y… ¿qué hacía? Me pareció un poco
cómica la situación y aparentemente a él también.Ver asombro en su
rostro pero también excitación. Todavía tenía dos dedos dentro de mí
pero movió el pulgar hacia mi clítoris, masajeándolo al mismo tiempo,
y sentí presión nuevamente en mi punto G. Tuve que agarrarme a él
por los hombros, girar la cabeza hacia la almohada y morder porque
el orgasmo me tomó por sorpresa. “Mmm!” gemí deliciosamente
mientras todo mi cuerpo se estremecía, él no se detuvo enseguida,
así que la sensación se prolongó un rato más. Cuando sacó sus dedos
de mí, casi me sentí aliviada porque estaba aturdida por el placer.
Pero él me besó enseguida, tomando mis nalgas con su mano y
apretándome contra él. “Oh” exclamé cuando sentí su sexo presionar
contra mi pelvis, ¡ya estaba duro otra vez!

“Así me pones” susurró. Tomó mi pierna y la subió más hacia su


cadera, justo en ese momento me di cuenta que ya no traía el short,
¿en qué momento me lo había quitado? Sentí la punta de su sexo
contra la entrada de mi vagina, frotando, humedeciéndome más de lo
que ya estaba, con una mano lo manejaba y con la otra me tenía bien
fuerte del cuello mientras me besaba.

“Mmm” gemí contra su boca cuando me penetró. Que rico todo esto,
pensé mientras Lucas comenzaba a bombearme. Lo rodeé con mis
brazos por la espalda, alcanzando toda la piel que podía, besándolo
en el cuello, los hombros. El morbo de la situación me ponía caliente,
saber a nuestra familia ahí mismo, dormidos, mientras él me cogía…
“mmm… uhm…” comencé a gemir casi incontrolablemente mientras
me la metía. “Mmm…uhm…mmm… oh… que rico” dije sin pensar y
comencé a moverme a su ritmo, encontrándolo en cada embestida.

“Mierda, no, espera” dijo y se detuvo en seco. Antes de darme cuenta


lo que estaba pasando, estaba siendo arrastrada medio desnuda
fuera de la habitación. ¿Habíamos ido muy lejos? ¿Me iba a sacar de
su habitación y decirme que todo esto estaba muy mal
A escondidas 5

Lo seguí sin decir palabra hasta que cerró la puerta de su cuarto, mi


puerta también estaba cerrada así que el pasillo estaba
prácticamente en total oscuridad. Me condujo hasta la sala y me tiró
al sofá, se puso inmediatamente encima de mí, besándome en el
cuello y frotando la cabeza de su sexo contra mi vagina que seguía
húmeda. “Ah, sí… mucho mejor” dijo mientras ponía su cara a la
altura de la mía y me besaba metiéndome la lengua buscando la mía,
con una mano sostenía su peso sobre mí y con la otra me tocaba todo
el costado.

Yo coloqué tímidamente mis manos sobre su cuello, todavía estaba


excitada pero ahora estaba nerviosa, de repente tuve plena
conciencia que yo no conocía a Lucas, que no habíamos
intercambiado mucha información sobre el otro y se supone que
ahora él era mi hermano. Esto está mal¸ me repetí mientras lo
rodeaba con mis piernas, frotándome más a él, queriéndolo dentro.
Todavía no me penetraba, ¿qué estaba esperando? “Mmm” gemí
cuando me tocó un pezón, mientras bajaba su boca al otro. “Uhm”
comenzó a lamerlo, chuparlo, estirarlo mientras amasaba mi otro
seno y se restregaba contra mí gimiendo. Tomé valentía, bajé una de
mis manos por su espalda y la otra entre nuestros cuerpos tomando
tímidamente su sexo entre mis dedos. Estaba húmedo, duro.

“Oh, ¿la quieres adentro?” dijo contra mi cuello. Solo atiné a asentir
con la cabeza, mordiéndome los labios por la vergüenza. “Responde”
me susurró, alejando un poco su cadera de la mía. Me quejé y él se
río. “Tienes que responder”.

“Sí” susurré.

“¿Sí qué, Natalia?”

“Sí… dentro” volvió a presionar en la entrada de mi vagina y como yo


todavía tenía su pene entre los dedos lo dirigí donde lo quería, ah que
delicia cuando por fin entró. Lentamente, haciéndome disfrutar de
cada centímetro hasta que sentí que ya no podía entrar más. Cerré
los ojos y eché mi cabeza hacia atrás, envolviéndolo más con mis
piernas, apretando mis manos en su espalda. Él gruñía contra mi
cuello, yo escuchaba su respiración.

“Mmm… mmm… mmm” gemía suavemente mientras entraba y salía


de mí muy lentamente. “Que rica estás” me repitió al oído, volviendo
a besar mi cuello, besos húmedos y calientes. Yo hice lo mismo en su
cuello “Oh sí” respondió.

“Ah… ah…” mi cuerpo era dueño de sí mismo, ya no era yo quien lo


controlaba. Empecé a impulsarme hacia él, con mis piernas
firmemente envueltas en su cadera, elevando la pelvis para
encontrarme con su sexo mientras él me empujaba hacia el sofá.
“Ah… ah… ah” con cada penetración aumentaba el deseo que fuera
más rápido, pero él parecía decidido a hacerme rogar. “Por… favor”
atiné a decir entre gemidos, cerrando los ojos y mordiéndome los
labios para no volver a hablar.

“¿Te gusta?” me preguntó muy bajito.

“sí,… por favor… Lucas…” gemí, abrí los ojos repentinamente


mirando hacia el pasillo, fui nuevamente consiente que no estábamos
solos. ¿Qué hora era? ¿Cuánto llevábamos follando?

“Mmm… ¿por favor qué?” me miró directo a los ojos, la luz de la calle
entraba por la ventana de la sala y me permitía verle el rostro entre
las sombras, debían ser las 3 y media.

“Por favor” repetí, moviéndome debajo de él. Me tomó las manos y


los posó encima de mi cabeza.

“¿Por favor qué, Natalia?”

“Más” dije tímidamente. Él me miraba sin moverse, me alzó una ceja.


“Más… duro… más… rápido” sentí como la sangre me llegaba al
rostro haciéndome sonrojar. Pero a él pareció encantarle, comenzó
una decadencia deliciosa, empujándome más rápido, más duro,
sosteniendo mis manos por encima de mí cabeza. Estaba a su
merced.

“¿quieres más? Tendrás más, hermanita” casi me amenazó, estocada


tras estocada, mis senos comenzaron a moverse al ritmo de sus
embestidas. Más fuerte, más profundo, haciendo que sus testículos
chocaran contra mí. Que rico me cogía.

“Mmm…mmm…mmm…” ya no podía controlar mis gemidos. “Sí…


mmm…así” murmuré agradecida. “Ah… ah… Lucas… sí… oh sí…”
gemía como poseída.

“Vas a despertar a todo el mundo” me advirtió, pero sin parar de


follarme. Yo arqueaba la espalda del placer, me sentía explotar, toda
humedad, todo dureza, que delicia. Estocada tras estocada, Lucas me
estaba llevando al orgasmo.

“No pares…” supliqué.

“Oh, ¿te vas a venir para mí?” sin soltar su agarre con una de sus
manos, bajó la otra hasta mi sexo, masturbándome, sin necesidad de
lubricación extra, jugando con mi clítoris.

“Sí… sí… sigue… mmm… ah… ah… ah…” por instinto levanté la
cabeza y busqué lo primero donde pudiera enterrar los dientes, fue el
hombro de mi hermanastro. Todo mi cuerpo temblaba, mi sexo se
humedecía aún más y creo que perdí el conocimiento por un
momento. Cuando volví en mí, todavía temblando, Lucas seguía
bombeándome. “¿qué haces?... ah… Lucas… oh, no…” sentía que me
iba a orinar, no podía con tanto placer. “Lucas… para… mmm… ah…
ah… ¿qué haces?... mmm… ¿qué me estás haciendo?” no había
parado de temblar, pero comencé a tener convulsiones más fuertes y
sentí como se humedecía el sofá debajo de mis nalgas, enterrando las
uñas en mis propias palmas, ahogando el grito de placer entre la piel
de mi hermanastro. Me desplomé en el sofá, sin fuerzas. ¿Qué había
sido eso?
“Mmm… ese fue doble” dijo Lucas levantándose, tomándome de las
piernas y girándome como si yo no pesara ni un gramo. Quedé boca
abajo con mis brazos a los lados y sentí las manos de Lucas en mi
cadera. “Ni creas que hemos terminado” susurró mientras me abría
las nalgas y me la metía nuevamente.

“Mmm!” me arrancó un quejido de placer. Que rico se sentía tenerla


dentro. Empezó a bombearme a su ritmo, suave pero constante, yo
cerraba los ojos disfrutando de su empuje, intentando echar mis
nalgas hacia arriba, hacia él, hacia su sexo. Que delicia. “Mmm…
mmm… mmm”

“¿Así? ¿Te gusta?” me habló al oído, pegando todo su pecho a mi


espalda. Pasó una mano por delante de mi cuello, tomándome de
hombro a hombro y la otra la puso en mi cadera, usándola como
impulso para penetrarme. “Dime qué tanto te gusta que te folle”.

“Mucho” admití para él y para mí. “Sí… me gusta… me encanta…


ah… ah… ah…” me llenaba por completo, una y otra vez empujando
hacia mis entrañas.

La puerta de una habitación se abrió y ambos nos quedamos


congelados. Enseguida escuchamos pasos en las escaleras, ni Lucas
ni yo nos atrevimos a movernos, congelados en la misma posición con
su verga dentro de mí. Pasos en el pasillo, pasos en la cocina. El sofá
nos tapaba. Sentí a Lucas que se inclinaba un poco hacia arriba para
ver hacia la cocina, escuché el interruptor.

“Es mi papá” me habló casi sin voz al oído, su sexo había salido un
poco cuando se agachó a hablarme así que cuando volvió a subir para
ver hacia la cocina me volvió a penetrar por completo. El sonido del
agua cayendo sobre un vaso ahogó mi gemido. Lucas volvió a
apretarse contra mí, todo su peso sobre mi cuerpo. “No hagas ruido”
me susurró y comenzó a bombearme muy… muy lentamente.
Me estaba follando con su papá despierto a unos metros. Esto está
demasiado mal, deberíamos parar, pensé mientras cerraba los ojos y
elevaba las caderas en busca de su verga. Lucas me tapó la boca con
una mano y tomó mi hombro con la otra, buscando un apoyo para
embestirme, una y otra vez, suave, lento, rápido, duro, sin hacer
ruido, gimiendo. Nos van a ver, pensaba Mientras cerraba los ojos y
me dejaba hacer.

Estocada tras estocada, me seguía follando mientras escuchábamos


platos y pocillos sonando en la cocina, la estufa, la cafetera, ¿qué
hora era? Que rico me estaba cogiendo, me iba a venir otra vez.

“Mmm” gemí contra la mano de mi hermanastro.

“Sh” me respondió Lucas, mordiéndome el hombro suavemente


mientras me seguía penetrando.

Pasos en la cocina, pasos en las escaleras.

“Mmm… mmm… mmm” gemía yo suavemente.

Se detuvieron los pasos en las escaleras, Lucas me presionó más


hacia el sofá, si su padre se volteaba lo suficientemente alto en la
escalera ¿podría vernos? Pasos bajando, pasos en la cocina.

“Mmm…mmm…mmm” no podía controlarme, siendo follada por mi


hermanastro con mi padrastro en la cocina y mi mamá durmiendo en
el piso de arriba. Que calentón tenía, estaba a punto de venirme.

Platos y pocillos sonando en la cocina, el pitido del microondas, pasos


en el pasillo, pasos en la escalera y luego la puerta del cuarto de
nuestros padres.

“Me voy a venir, Lucas” dije entre dientes.


“Sh” me repitió mientras aumentaba el bombeo. Rápido, muy rápido,
pero suave para que no se escuchara nada. Cerré los ojos, sentí que
Lucas me mordía el hombro otra vez, se apretaba contra mí, oh, Dios,
me iba a venir a otra vez. No te detengas, no te detengas, no te
detengas, rogaba en silencio. Enterré las uñas en el sofá, mordí el
cojín que tenía al lado y me dejé ir en otro orgasmo descomunal.
Lucas tardó un minuto más en terminar, sacando su pene y
llenándome las nalgas de semen. “Ah” gimió satisfecho.

“Vamos” dije automáticamente, mi padrastro tendría que bajar


pronto.

Corrimos cada uno a su habitación, fue solo cuando estuve en mi


cama que me di cuenta que no traía mi ropa, espero que Lucas haya
pensado en esconder mi tanga y mi short.

A escondidas 6

Lucas echó mi falda hacia arriba, corrió mi tanga hacia un lado y me


penetró con fuerza mientras me tomaba por el cuello. Mi cara rozaba
contra el mesón de la cocina, contrastaba con mi piel caliente. Utilicé
mis manos para abrir más mis nalgas y recibir todo lo que me estaba
dando.

“Mmm… mmm… mmm” yo intentaba gemir lo más bajito que podía,


consciente que mi mamá estaba en el jardín con mis hermanitos. Mi
padrastro no estaba, así que el único peligro era que escucháramos la
puerta de la entrada. Comencé a encontrar sus embestidas con mis
caderas, echándome hacia atrás tan rápido como podía, usando el
mármol de la cocina como ancla, sintiendo cada penetración más
fuerte que la anterior. “¡Más! ¡Más!” le suplicaba entre susurros
mientras él aumentaba la velocidad, enterrándome las manos en las
nalgas, metiéndomela hasta el fondo.

“Me voy a venir” anunció entre dientes.


“Sí, sí, sí” dije al ritmo de sus estocadas, sintiéndome cerca yo
también. Continuó dándomela toda, rápido, duro, sin parar hasta que
sentí el espasmo del orgasmo. Me tapó la boca con su mano mientras
yo temblaba y gemía. Luego salió de mí un segundo y por instinto me
di la vuelta y me agaché frente a él, me metió el sexo hasta la
garganta poniéndome una mano en el cuello y probé mi sabor por un
segundo antes de sentir la descarga tibia en mi boca. “Mmm” gemí
mientras chupaba para limpiarlo.

“Oh, mierda, que rico la chupas” susurró un segundo antes que la


puerta de la entrada se abriera. Saltó hacia atrás acomodándose la
pantaloneta, yo me levanté bajándome la falda y abriendo la nevera
para buscar cualquier cosa. Saqué el jugo de naranja en el momento
que mi mamá entraba en la cocina.

Estas cogidas rápidas ya se habían vuelto costumbre, en lugares


comunes y siempre con ropa por si alguien llegaba a entrar, en la
cocina, en la sala. Mi mamá y Alberto estaban felices que cada vez mi
hermanastro y yo parecíamos mas unidos, cuando nos encontraban
viendo una película nos decían que les alegraba que pasáramos
tiempo juntos… sin saber ambos teníamos las manos en el sexo del
otro debajo de la sábana, masturbándonos mientras hablábamos.

Lucas y yo llevábamos follando ya dos semanas, yo había empezado


a tomar la pastilla pero no sería hasta dentro de dos semanas más
cuando él podría venirse dentro de mí, francamente no podía esperar
más, quería sentir su descarga dentro de mí pero no podía quedar
embarazada a los 18. A mi mamá le había funcionado, pero yo no
creo que lo lograría.

El pene de Lucas me encantaba, siempre duro y dispuesto para mí,


mañana, tarde y… Dejábamos las noches para poder disfrutar más
tiempo, en su cuarto o en el mío, follando hasta el amanecer. Solo
habíamos tenido un periodo de pausa cuando tuve mi periodo… y
ahora que lo iba a tener otra vez. Así que esa noche, cuando Lucas se
coló en mi cama me volteé enseguida para besarlo.
“Tengo el periodo” le anuncié empujándolo un poco.

“Voltéate” me dijo.

“Tengo el periodo” le repetí.

“Te escuché, voltéate” me repitió a su vez, lo miré extrañada y me di


la vuelta. Empezamos con el vaivén familiar, él besándome el cuello,
mis nalgas presionando contra su sexo, su sexo palpitando. Deslizó
una mano debajo de mi pijama y encontró mis pezones listos para él,
me giró un poco y los alcanzó con la boca y la lengua. Ya nos
habíamos vueltos más confianzudos porque mi hermanita menor no
se levantaba con nada.

“Mmm” gemí cuando empezó a masajearme el clítoris. “Lucas…” dije


con cierta vergüenza cuando empezó a bajarme la tanga, no iba a
encontrar nada porque yo tenía puesto un tampón, pero de todas
maneras.

“Sh… ya lo sé” me dijo mientras me besaba y se restregaba contra


mí. Lo escuché mientras se ensalivaba él mismo y me frotaba las
nalgas con su sexo que palpitaba.

“Mmm” paré más las nalgas hacia él, disfrutando la sensación. Me


tenía caliente, demasiado, y por un segundo pensé en quitarme el
tampón y que fuera lo que dios quisiera. Un segundo, porque al
siguiente sentí cómo presionaba la cabeza de su glande contra mi
ano. Di un respingo, abrí los ojos y lo miré. “¿Qué haces?”

“Si no te gusta, paro” me dijo entre gemidos, apretándose contra mí,


presionando la entrada de mi ano mientras jugaba con mi clítoris.

“Ahm… no” estaba demasiado caliente para quitar sus manos de mi


cuerpo. No podía creerlo, Lucas quería sexo anal. Siguió
masajeándome mientras rozaba el glande contra mí, su pene que
estaba cada vez más duro me hizo saltar cuando encontró mi entrada
trasera y se abrió camino.

“Me tienes caliente” suspiró contra mi cuello, siguió masturbándome


y ahora su otra mano se deslizó hasta mis senos amasándolos.

“Para” gemí de dolor cuando se introducía en mí, bombeando


lentamente, besándome el cuello. Cada centímetro más adentro y yo
no sabía si sentía placer o dolor. No, sí sentía dolor, con cada avance
sentía cómo me desgarraba.

“Me muero de ganas de metértelo” respondió. Dolía. Me removí


intentando alejarme, él me tomó por la cadera, impidiendo que me
moviera.

“Lucas, para” repetí, forcejeando un poco contra su agarre, haciendo


que sus manos se deslizaran por mi cuerpo con más fuerza. Metió una
mano por debajo de mí, presionándome con su cuerpo mientras me
penetraba. Con el forcejeo solo sentía cómo entraba cada vez más y
más, desvirgándome de esta forma también.

“Que rico culo tienes” me susurró mientras me la metía sin darle


descanso a mi clítoris.

“No, por favor” iba tan lento y tan suave, combinado con sus caricias
y besos, que también sentía placer. “Mmm” Gemí cuando ya estuvo
por completo dentro, sentí cómo palpitaba y así, completamente
empalada, se quedó quieto, besándome los senos y chupándome los
pezones. “Mmm” gemí moviendo un poco las caderas, invitándolo a
moverse porque ya no podía con mi calentura. Y lo hizo. “Oh”
exclamé cuando empezó a bombearme.

“Te gusta” me dijo con su voz ronca, empujando contra mí,


teniéndome por los senos, la cintura.
“Mmm…mmm” respondí incapaz de hablar, cerrando los ojos y
mordiéndome los labios, sintiendo cada empuje.

“Ah, sí…” replicó, penetrándome cada vez más fuerte, más rápido.

“Esto está mal” dije entre quejidos, él me puso la mano en la boca


para ahogar mis gemidos mientras me seguía follando por detrás.

“Muy mal” respondió aumentando la velocidad.

“Muy… muy mal” repetí debajo de mi aliento, sintiendo cada


centímetro de su verga que se perdía en mi culo. Dios, que rico, quién
lo diría. Quería más. Me removí un poco, empujándolo con mis nalgas.

“A alguien le gusta que la culeen” sonrió mientras lo dijo. “¿Qué


haces?” preguntó confundido cuando hice que saliera de mí y me
levanté de la cama. Lo empujé hacia el otro lado y me acomodé en la
cama, en cuatro patas, ensalivándome yo misma al mismo tiempo.
“Oh…” dijo mientras se levantaba, ensalivándose a su vez y
abriéndome las nalgas apuntando con su sexo.

“Mmm” enterré la cara en la cama mientras Lucas me penetraba otra


vez, lentamente, por el ano. Se sintió como la primera vez pero sin
tanto dolor porque ahora yo era toda humedad, y enseguida comenzó
el vaivén. Dándome duro y parejo, casi podía escuchar sus bolas
pegando en mi vagina estimulando mi clítoris por la posición en la
que estaba. Totalmente a su merced. Me tomó por las caderas
mientras me penetraba más y más rápido. “Ah… ah… ah… ah… ah…”
menos mal mi hermanita dormía como si estuviera muerta, me
costaba mucho callarme cuando sentía cada estocada.

“Te voy a llenar de leche” escuché que decía mientras aumentaba las
estocadas. Deslicé mi mano hacia mi sexo, masturbándome mientras
sentía cómo se movía. La cama tembló un poco mientras terminaba
dentro de mí, empecé a sentir las descargas tibias en mi culo y me
mandó al orgasmo, cerré los ojos y me dejé ir temblando como una
hoja.

Cuando por fin salió, sentí cómo se escurría su semen por mis nalgas
y goteaba en la cama. Eso lo tendría que limpiar después. Debían ser
las tres de la mañana, así que cuando Lucas estuvo en su cuarto me
escabullí al baño y comencé a limpiarme. Ahí desnuda frente al
lavamanos, vi cómo pasó una sombra por la puerta… me quedé
petrificada porque no podía haber sido Lucas, no había escuchado su
puerta abrirse. Me asomé a tiempo de ver a mi padrastro subiendo las
escaleras muy lentamente, casi sin hacer ruido.

¿Qué hacía Alberto en el primer piso? Y más importante, ¿nos había


escuchado?

CON MI PAPI

Menudo desastre, papi. ¿Te ayudo a limpiar?

Óscar se echó para atrás, sobresaltado ante la vista de su hija,


agitada, sonrojada y vestida de colegiala, frente a él, con la polla
fuera y manchada de su semen. No estaba preparado para verla tan
de cerca, no era lo mismo que espiarla tras la puerta como acababa
de hacer. Su polla inevitablemente reaccionó al falso tono inocente de
su hija, y aquella frase tan caliente… Alicia bajó la mirada de nuevo y
sonrió al ver la polla de su padre crecer. Estaba segura de que eso no
era todo lo que podía alcanzar ese enorme pollón.

—Hija, ¿qué haces? —exclamó Óscar, por fin, cuando Alicia se acercó
más a él.

Ella lo miró con lujuria. Había salido de su cuarto con una idea muy
clara. Se masturbaba mucho y muy a menudo, pero no era suficiente
para ella. Y estaba claro que su padre, visto lo visto, no opondría
mucha resistencia.
Quería follar con él. Quería follarse a su papá. Quería tocarle la polla,
quería chupársela y limpiarle el semen, quería atragantarse con su
rabo, quería que se la metiera y la follase de mil y una maneras. Ya no
pensaba en él como su padre, aquel que le había criado, cambiado
pañales, enseñado a andar en bicicleta y arropaba en la cama todas
las noches. Quería tirárselo. Y no iba a dejar la ocasión pasar.

—¿No debería preguntarte eso yo a ti? Veo que has disfrutado viendo
a tu hijita metiéndose un consolador hasta el fondo, gimiendo como
una fulana frente a desconocidos en internet, corriéndose al mismo
tiempo que tú. Dime, papá, ¿alguna vez te has corrido así? Porque has
dejado esto hecho una mierda, todo inundado con tu leche.

Óscar tragó saliva, intimidado por la desinhibición de su hija que no


ayudaba a calmar su erección, sino todo lo contrario.

—¿Te ha gustado, papi? ¿Te ha gustado como lo he hecho? ¿Te gusta


cómo gimo? Te aseguro que puedo gemir más alto. ¿No te gustaría
comprobarlo?

Al pobre hombre iba a darle un infarto. No sin antes explotársele la


polla de lo dura que estaba. Como si no hubiese descargado sus
huevos unos instantes atrás.

—Alicia, estás diciendo tonterías. Que soy tu padre, por Dios.

—Pues hace unos minutos bien que te sacudías el rabo pensando en


tu hija, papi.

Y, a continuación, Alicia agarró la polla tiesa de su padre. No movió la


mano, simplemente la tuvo allí, pero esto sirvió para arrastrar a Óscar
al límite de la locura. ¿Cómo cojones había llegado a tener la mano de
su hija, a quien tenía por un puro e inocente ángel, rodeando su polla?
¿En qué momento habían llegado a esa situación?
En un último intento de recuperar la cordura, Óscar ofreció el peluche
de delfín a Alicia.

—Toma, mira, te había comprado un peluche.

Alicia hizo caso omiso del peluche. En cambio, se agachó, de rodillas,


frente a su padre.

—El peluche luego. Primero hay que limpiar todo esto, papi.

Y, dicho eso, comenzó a recorrer la polla de su padre con la lengua,


recogiendo y tragándose los restos de semen que había en ella. El
tacto y el calor de la lengua de su hija en su pene hizo que Óscar
perdiera el poco sentido común que le quedaba en el cuerpo, el que
le impedía continuar las cosas con Alicia. Vamos a ver, si acababa de
observar a su hija masturbarse. Y sí, había disfrutado de ello. Y sí, se
había pegado la corrida de su vida gracias a ella. ¿Ya que más daba?
Estaba claro que ya no era más su hija para él. Ya era toda una mujer.

Y le estaba comiendo la polla.

—¿Te gusta, papi? —preguntó Alicia, con el capullo de su padre entre


los labios—. ¿Te gusta lo que te hago?

Óscar cerró los ojos y se decidió, así como antes, en vez de irse o
echarle la bronca a su hija, había decidido quedarse tras su puerta.

A la mierda todo.

—Cállate y traga mi polla.


Se agarró de las infantiles coletas rubias de su hija y movió su cabeza
hasta que la punta de su pene llegó al fondo de su boca. Por un
momento Óscar se asustó de si mismo y de su agresividad, pensando
que estaba haciendo daño a su hija, pero Alicia estaba acostumbrada
al sexo duro y lo cierto es que estaba muy bien entrenada. Por lo que,
dentro de su boca, rodeó la polla de su padre con la lengua en un
movimiento que hizo gemir a Óscar.

Con las manos, la chica bajo los pantalones de su padre hasta sus
rodillas, facilitando su tarea. Clavó los dedos en los muslos de su
padre y empezó a mover su cabeza de atrás a adelante, succionando
el manubrio de su progenitor. Éste ejercía presión en su cabeza, pero
acabó moviendo las manos a la cara de Alicia y con el pulgar acarició
su grueso labio inferior, mojado por anteriores restos de su leche.

—Joder, Alicia, eres una puta, mira como le chupas la polla a tu papá,
¿cuánto tiempo llevas queriendo hacer esto? Mmm, joder,¡qué
guarra!

Su mano pasó a su cuello y lo apretó sin mucha fuerza. En ningún


momento de su vida se habría imaginado que su hija acabaría con su
polla en su boca, sin embargo, lo estaba disfrutando como un cabrón.
Podría pasar el resto de su vida así.

Alicia pasó su boca a los huevos de su padre y los chupó sin dejar de
mirarlo a los ojos. Se despatarró de tal manera que su chorreante
coño fuera visible para él.

—Tú sí que eres un guarro, papi, mira qué duro estás por tu hija, mira
cómo me tienes.

Óscar volvió a introducir su polla en la boca de su hija y aceleró las


embestidas cuando Alicia bajó su mano a su sexo y comenzó a
frotarse el clítoris. Él notaba su polla latir como nunca antes y supo
que iba a acabar.
—Me voy a correr, hija, ¡me corro en tu boca! ¡Toma, Alicia! ¡Toma la
leche de papá!

Sus movimientos se volvieron torpes y bruscos según iban saliendo


los chorros de semen, con una potencia arrolladora que ni él ni Alicia
habían experimentado ni visto jamás. Descargó su corrida en la
boquita de su hija, con la punta de su polla casi atrancada en el
comienzo de su garganta, y ella tragó cada disparo de leche como
una campeona, mientras acariciaba sus huevos hasta dejarlo seco.

Óscar sacó su polla de la boca de su hija con un sonido chicloso,


hilillos de semen conectando el glande con los labios de ella. Alicia se
puso de pie con las piernas temblorosas y acercó su boca a la de su
padre.

—Qué rico, papi.

Y procedió a besarlo. A Óscar hasta le dio igual probar el sabor de su


leche recién ordeñada, metió su lengua en la boca de su hija y se
besaron con una pasión arrolladora. La agarró del culo, por debajo de
la falda, pudiendo notar su humedad, y la alzó hasta posarla contra la
pared sin parar de besarla. Empezó a excitarse de nuevo, y si bien
todavía no recuperaba su dureza, esto no fue impedimento para
seguir con la diversión.

—Ven.

La llevó en brazos hasta su cama, aquella en la que había hecho el


espectáculo webcam unos veinte minutos atrás, medio desecha y
todavía con los peluches en ella. Óscar se sentó y colocó a su hija
sobre su regazo, a cuatro, dándole la espalda. Alicia supo por donde
iban los tiros cuando le amasó los glúteos con suavidad, y no dudó en
ofrecerle su culo.

—¿Qué pasa, papi? ¿Me vas a castigar?


—Tú te lo has buscado, mi amor.

Y, sin más dilación, estrelló su mano contra el glúteo izquierdo de


Alicia. Ella emitió un jadeo y su coño se humedeció un poco más.
Óscar lo notó y mojó dos de sus dedos con la excitación de su hija,
para luego llevárselos a la boca y probar su sabor.

—Esa por masturbarte, guarra.

Levantó la mano y volvió a estrellarla, esta vez en el glúteo derecho,


dejando la zona enrojecida.

—Esta por hacerlo delante de una cámara y en vivo. Zorra.

Palmada tras palmada, insulto tras insulto, Óscar fue enumerándole


las razones por las que la azotaba. Por meterte un consolador hasta el
fondo de tu coño. Por hacer que cientos de viejos verdes se corran
mirándote. Por excitar a tu papá. Por insinuártele a tu papá. Por
ofrecerte a tu papá. Por tocarle el rabo. Por comértelo. Por lamerle los
huevos. Por masturbarte frente a él, de nuevo. Por tragarte su leche.
Por besarle. Por disfrutar de sus azotes.

—Y esta por follarte a tu papá, cacho puta.

Alicia esperó una última palmada, pero en cambio, Óscar se la quitó


de encima y le introdujo la polla en el coño tan rápido que soltó un
largo gemido de sorpresa y placer. El rabo de su padre resbaló gracias
a sus abundantes fluidos y se metió hasta el fondo de su coño como
nunca nadie antes lo había hecho. Alicia se agarró a las sabanas y
arqueó su espalda para una mejor postura.

Su padre le iba dar a cuatro patas. Y le encantaba.

—Prepárate para la mejor follada de tu vida.


Y no mentía.

Alicia, que había tenido relaciones infinidad de veces, sentía como si


nunca antes la hubiesen follado. El placer que le proporcionaba el
rabo de su papá era tal, que opacaba todas sus anteriores
experiencias. Quizás era su agresividad. Quizás era su exuberante
polla, la más perfecta que Alicia había tenido el placer de probar,
gruesa, grande y rosadita. Pero sobre todo, y lo sabía, era el hecho de
que fuese su padre, el hombre que la había engendrado, quien le
estaba destrozando el coño. El hecho de que el mismo semen que la
fecundó, estuviese antes en su boca y pronto en su coño.

Óscar pensaba de la misma manera. Embestía y embestía el coño de


su niña, estocada tras estocada, una tras otra, sin olvidar que se
estaba tirando a la misma criatura que él había creado, con esa polla
que ahora mismo estaba metiéndole hasta lo más profundo. Y
menuda criatura había creado. Una diosa del sexo. Una máquina de
placer y de orgasmos.

—Mmm, ah, sí, papá, sí, fóllame…¡Dame duro, haz que me corra!

—Me cago en Dios, Alicia, en tu vida te vas a olvidar de esta follada,


qué rico, qué coñito más estrecho…

—¡AHH! Dios, ¿te follas así a mamá?

—Así de bruto… No se deja.

—Yo… yo… ¡sii! Fóllame, fóllame las veces que quieras y como
quieras…, soy… soy tu puta y tú eres mi p-papi…

—¡Joder, Alicia! ¡Te romperé este coñito todos los putos días!
Aceleró sus embestidas, sabiendo que no aguantaría mucho más
antes de correrse. Sentía el interior de su hija apretar su gruesa polla
y estaba a punto de expulsar. Su pulso latía a mil por hora, y el de
Alicia igual. Con una mano, Óscar se agarró de las coletas de su hija y
tiró de ellas hacia él, arrancando un gemido más alto que los demás
de la boquita de Alicia, todavía sucia de semen. La otra la empleó
para pellizcar y masajear su empapado clítoris, todo esto sin parar de
follársela como la perra que estaba hecha.

—Dámelo —dijo Óscar—, dame tu corrida, hija, córrete para papi.

—¡AAAAHAAH! ¡SÍ, PAPÁ! ¡TOMA, TODA PARA TI! ¡SOY TODA TUYA!

La corrida de Alicia fue brutal. Su coño vibró y empezó a expulsar


chorros y chorros de fluido mientras ella no paraba de chillar como
una cerda. Su padre no paró, sino que, de nuevo, siguió dándole
incluso más duro. Los chillidos de su hija y notar su cremosa y
caliente corrida envolver su rabo hizo que por fin explotara.

Y de qué manera…

—¡Me corro, Alicia! ¡Ahhh, joder, que me corro!

—Relléname, papi —gimió ella, su orgasmo todavía duraba—


Relléname de tu leche, papi, la quiero, dámela, quiero tu leche.

Y, como siempre que su hija predilecta le pedía algo, Óscar no pudo


negarse. Liberó su descarga con la polla empotrada lo más dentro que
pudo llegar de su coño y la rellenó con su semen caliente y jugoso.
Aunque a Alicia le parecía imposible, esta vez se corrió más que con
la mamada. Chorros y chorros violentos de leche, uno tras otro, sin
parar, y Óscar tampoco paraba, siguió moviéndose contra su hija
hasta que no le quedó más nada que expulsar y el semen, demasiado
abundante, resbalaba por los pliegues de Alicia hasta empapar las
sábanas de su cama, ya mojadas por la corrida de ella.
—Wow —suspiró ella contra el colchón, completamente agotaba y
sudada—. Este ha sido el mejor polvo de mi vida. Nunca me había
encontrado con un rabo como el tuyo, papá. Me gusta tu rabo, es
grande y grueso y echa mucha leche.

—Y a mi tu coño, Alicia, rosado y estrechito, justo como me gustan.

—Pues puedes reventarlo cuando quieras, como quieras y cuantas


veces quieras, y mi culo y mi boca también. Haz conmigo lo que
quieras, papi, cómeme el coño, córrete en mi boca, fóllame, átame,
encúlame, a partir de hoy soy tu putita.

Se giró y besó a su padre en la boca, con su pene pegajoso todavía


dentro de ella. Éste fue un beso suave y lento, un beso que reflejaba
todo el amor paternal que sentía Óscar por ella y que ahora se había
convertido en algo más. Un beso que contenía una promesa, y es que
el mejor polvo de sus vidas iba a repetirse muchas veces más.

CON PAPA Y MI HERMANO

A los 18 años sufrí mi primera decepción amorosa cuando sorprendí a


mi novio cogiendo con una compañera del colegio en el auto de ella.

Llegué a casa dolida, enojada y frustrada. Eran las 9 de la noche, en


la casa estaba mi padre viendo la televisión y mi hermano Arturo en
su recámara jugando videojuegos. Fui a mi habitación y abrí mi
mochila. No tenía ganas de estudiar pero encontré el libro que había
comprado esa tarde, se trataba de “Para Excitarlas”, de J. Aphrodite.
Contenía 39 relatos eróticos muy descriptivos y calientes. Ojeé un
rato entre sus páginas, luego decidí tomar una ducha relajante para
disfrutarlo mejor. Necesitaba sacudirme de encima la depresión, lo
que no imaginaba era lo que pasaría después…

Me relajé bajo el chorro de agua tibia. Acaricié mi cuerpo con el jabón


líquido mientras en mi mente se desarrollaban las escenas de los
relatos eróticos que había leído. Yo era una joven que había madurado
plenamente, mis senos habían crecido bastante, mi cintura era
estrecha, mis caderas eran poderosas. Tenía demasiado que
agradecerle a la vida.

Me acaricié el sexo y al instante sentí que me lubricaba. Si el imbécil


de mi novio había sido capaz de cambiarme por otra, eso no sería
motivo para privarme de ciertos placeres secretos.

Aparte de la frustración me sentía caliente. Desde que mi novio me


desvirgó 6 meses antes me había acostumbrado a tener relaciones
sexuales casi a diario.

Salí de la ducha y me sequé. Sin vestirme me tumbé en la cama. …

Inmediatamente tomé el libro y comencé a leerlo con calma.

Conforme leía me fui calentando más. Pronto me puse uno de mis


pezones en la boca (¡Yo si puedo, jejeje) y lo succioné con deleite
mientras con una mano sostenía el libro y con la otra me sobaba el
clítoris y me metía dedos en el coño. Jadeaba audiblemente mientras
leía como un perro penetraba a una mujer mientras ella mamaba la
verga de su primo.

Suspiraba y gemía deliciosamente, dispuesta a abandonarme al


inminente orgasmo. La puerta de mi habitación se abrió
intempestivamente unos segundos antes de correrme.

—¡Natalia! ¿Te sientes bien? Te escuché quejarte y…

¡Era mi papá, de pie en la entrada de mi cuarto!

¡Me había sorprendido masturbándome como una loca!

Mi padre pasó de la preocupación a la sorpresa, luego lo vi dolido,


decepcionado y finalmente furioso.
Se me acercó. Yo conservaba mi pezón entre los labios, dos dedos de
una mano metidos en el coño y el libro en la otra mano. También
conservaba un estado de tensión preorgásmica que el susto no podía
quitarme.

— ¡¿En qué te hemos fallado?! ¿Qué te ha faltado? ¿Qué mal


ejemplo te hemos dado para que ahora te toquetees como una
golfa? ¡Mira esta literatura! ¡Orgías e intercambios!

Salió de mi dormitorio muy enojado. Azotó la puerta y lo oí caminando


a su habitación. Mi hermano le preguntó qué pasaba y él sólo
respondió:

— No pasa nada. Vuelve a tu habitación. Tu hermana me ha


decepcionado pero no es asunto tuyo.

Era jueves por la noche. …

Mi madre estaba en una de sus reuniones de póker con sus amigas y


todavía tardaría un rato en llegar. Si quería arreglar las cosas o
mitigar el daño tenía que actuar rápidamente.

Me puse una camiseta larga, de las que llegan a las rodillas, en mi


desesperación ni siquiera me acordé del tanga. (¿Acierto o error?).

Aclaro y describo:

Mis padres se casaron muy jóvenes y tuvieron a mi hermano Arturo a


los 19 años, un año después nací yo. Papá y mamá tenían 38 años
cada uno, eran una pareja joven, dinámica y con mucho empuje.
Según me confesó papá después, lo que realmente le dolió fue el
darse cuenta de que yo había dejado de ser una niñita, aunque
después gozó con mi nueva faceta de mujer.
Mi hermano Arturo salió de su cuarto y me preguntó:

— ¿Qué pasa?

— Hice algo que no le gustó a papá y está enojado, voy a hablar


con él.

— Me quedo afuera por si me necesitas. —Se ofreció Arturo.

Mi hermano y yo éramos muy unidos. Él se parecía a papá y yo a


mamá. Quien nos viera juntos sin conocernos pensaría que no somos
parientes.

Entré en la habitación de mis padres dispuesta a enfrentarme


valientemente con mi progenitor.

Papá estaba sentado al borde de la cama de matrimonio. Leía mi libro.


La masturbación interrumpida me había dejado tensa por el orgasmo
que no pude liberar. Me acerqué despacio, deseaba arreglar las cosas
pero no encontraba las palabras.

— Este libro debería ser quemado y tú mereces un castigo. –dijo


papá con coraje.

Extendí mi mano …

Sin saber que esperar, él reaccionó sorprendentemente rápido.

Tiró el libro al suelo y se aferró de mi mano, jalándome hacia él. Me


hizo caer sobre sus muslos y sujetó mi espalda para que no escapara.
Me dio una tremenda nalgada. Mi camiseta le estorbaba, así que me
la subió sobre mis caderas. La segunda nalgada cayó sobre mi trasero
desnudo, creo que hasta entonces no había visto que yo no llevaba
tanga.
Una corriente eléctrica me recorrió rápidamente. El orgasmo que casi
me provoqué se reanimaba y luchaba por liberarse. Me agité sobre los
muslos de mi padre como buscando ser penetrada. Mi hermano abrió
la puerta y nos vio. Primero miró mi nalgatorio desnudo y en pompa,
tuvo que haber notado mi vagina depilada y expuesta, empapada de
flujos y a mi padre a punto de volver a nalguearme.

— Papá ya no le pegues a Natalia. Mira sus nalgas, están bien


rojas. –Dijo Arturo defendiéndome preocupado.

Mi padre pareció arrepentirse y me preguntó:

— ¿Te duele hija?

Se inclinó para mirar la piel que acababa de golpear. Yo más que dolor
o humillación sentía calentura por estar en aquella posición, desnuda
de cintura para abajo a la vista de mi padre y de mi hermano. En esos
momentos únicamente deseaba correr a mi habitación y venirme en
un orgasmo largamente retenido.

Las manos de mi padre y de mi hermano se encontraron en mis


nalgas, como procurando aliviar mi dolor. Instintivamente separé mis
muslos y ellos debieron oler el aroma de hembra en celo que salía de
mi coño

Inmediatamente sentí contra mi costado la dureza de la verga de


papá y escuché que mi hermano suspiraba estremecido. Las caricias
de las manos de los dos se hicieron más fuertes, yo estaba muy
receptiva y ellos acababan de ver en mí a la mujer deseosa de sexo
en que me había convertido.

¡Mi hermano Arturo se arrodilló a mi lado y tocó mi vagina!

¡Papá le retiró la mano e introdujo dos dedos en mi coño!


—La descubrí masturbándose. —Dijo papá, metiendo y sacando los
dedos de mi cueva.

— Si tenía ganas me hubiera dicho y yo la habría ayudado. —


Confesó mi hermano metiéndome también dos dedos.

Me agité estremecida. Papá dobló sus dedos sin sacármelos y los jaló
hacia mis nalgas, mi hermano lo imitó empujando hacia delante.
Entre los dos abrieron mi cavidad vaginal dilatándola, era como tener
en mi interior una verga de dos cabezas con movimiento autónomo.

Gemí de placer y aullé de lujuria cuando mi padre comenzó a


manosearme las tetas con su mano libre. Mi hermano sobaba mi
clítoris sin que ninguno de los dos dejara de estimular mi coño con
sus dedos.

Pasé la mano por debajo de mi cuerpo y encontré la verga de papá, la


cual sobé por encima del pantalón. Agitaba mis caderas en busca de
los dedos filiales.

¡Resoplando y gimiendo me corrí en un intenso orgasmo mientras mi


coño soltaba sus jugos y aprisionaba a los invasores!

Mi hermano se bajó la bragueta y comenzó a masturbarse


suavemente.

— ¡Perdón pero no puedo resistirme! —Gritó

Deleite.

Entendí que algo nuevo estaba por pasar, que yo debía realizar el
siguiente movimiento para sacar a papá de su estado de
decepción y tristeza.
— No te enojes papá. —Dije, levantándome y quitándome la
camiseta.

Papá se desabrochó los pantalones y se deshizo de ellos. Nunca


antes había visto a mi padre o a mi hermano desnudos. Sus vergas
eran muy parecidas entre sí, largas, gruesas y curveadas hacia
abajo. Me recordaban la herramienta sexual de un negrazo que vi
una vez en una película porno.

Mi plan original era mamar la verga de mi padre, dándole a


entender que todo estaba bien, pero no me lo permitió… No
todavía.

Papá se levantó y terminó de desnudarse, Arturo lo imitó y por un


momento nos contemplamos los 3 en pelotas.

Me acosté boca arriba en la cama. Papá se colocó entre mis muslos


y lamió ávidamente toda la raja de mi sexo. Mi hermano me besó
en la boca con muchas ganas y sobó mis tetas con gusto.

— No sabes cuantas veces me he masturbado pensando en este


momento —Murmuró mi hermano en mi oído.— ¿Me dejas
cogerte?

— ¡Si! —Grité apasionada cuando sentí que mi padre metía dos


dedos en mi vagina.

Arturo jugaba con mis tetas, mamaba mis pezones y me daba


palmaditas sobre la carne temblorosa. Con mi mano me apoderé
de la verga de mi hermano, sobando y palpando su dureza
mientras gemía por el cunnilingus que mi propio padre me estaba
dando. Mis niveles de excitación volvían a aumentar por momentos
y papá lo notó. Palmeando la espalda de mi hermano dijo:
— Arturo es hora de que aprendas a comerte unas verijas, ven
acá.

Mi hermano dejó mis tetas y se acercó a mi entrepierna. Papá se


retiró de mi coño y la boca de Arturo ocupó su lugar.

Lo que siguió fue extraordinario. Mi padre daba instrucciones a mi


hermano sobre cómo debía mamarme el coño y mi hermano
obedecía con placer. Yo gemía, aspiraba aire y gritaba de gusto.
Cuando papá consideró que Arturo estaba suficientemente
capacitado acercó su cara a la mía y me plantó un beso en la boca.
Sus labios sabían a mi flujo vaginal y eso me electrizó de verdad.
Correspondí al beso con mucho deseo, sus manos amasaban mis
tetas a su antojo.

Sentí que me venía torrencialmente. Todavía no me penetraban y


ya me habían dado más placer sexual en ese rato de lo que mi
novio me diera en seis meses de relación.

Papá se enderezó y puso su verga en mi boca, inmediatamente


comencé a mamársela con gula.

— Cada vez que beses a tus novios lo harás con la boca que
mamó la verga de tu propio padre. —Me dijo.

Liberó su miembro de mi chupeteo y me lo restregó por toda la


cara dándome golpecitos en las mejillas y en la frente.

— Cada vez que alguien admire tu bello rostro admirará la cara


donde jugó la verga de tu propio padre.

Se acomodó a mi lado y restregó su verga por mis pezones,


juntando mis tetas para que ambos tocaran su glande.

Cuando te coman las tetas o amamantes a tus hijos recordarás


que la verga de tu padre jugó con ellas!
— ¡No aguanto más Natalia! ¡Te quiero coger! –Gritó mi hermano,
desesperado.

— Yo primero. —Dijo papá autoritariamente.— Observa y aprende,


luego te la tiras tú.

Papá dejó de jugar y se acomodó entre mis muslos. Era el


momento clave, o me dejaba coger, o salía corriendo de ahí. ¿Qué
hubieran hecho ustedes?

¿Qué piensan que hice yo?

Miré fijamente a papá, asintiendo con decisión.

Mi padre separó mis piernas y se las subió a los hombros, puso su


glande entre mis labios vaginales y empujó lentamente. Su
primera arremetida me mandó guardar la mitad de su verga
dentro de mi coño, la sorpresa vino cuando empujó por segunda
vez y me la alojó completa.

¡La curvatura de su verga presionaba directamente mi “Punto G”


mientras que su glande chocaba contra mi útero!

De pronto me estremecí en un nuevo orgasmo que, lejos de ser


liberador, ejerció en mi cuerpo un efecto acumulativo.

Papá comenzó a moverse con fuerza, empeñándose en llegar al


fondo de mis entrañas en cada empujón. Y en cada penetración
pulsaba mi “Punto G”, provocándome nuevos orgasmos
acumulativos. Ya no éramos padre e hija, éramos animales
entregados al placer más básico. Mi propio padre hundía su verga
hasta topar con el fondo de mi sexo, estimulando zonas erógenas
cuya existencia jamás imaginé. Yo gemía y gozaba, sudaba y me
retorcía mientras mi vagina destilaba flujos sin control, alojando
profundamente el miembro viril que un día me engendró. El
incesto se estaba consumando, más que placentero era
apoteósico…

¡De esa manera, entre gritos, jadeos, gemidos y estertores de


placer fui encadenando orgasmos, hasta que sentí llegar a un
clímax jamás alcanzado, liberando toda la tensión acumulada!

¡Estallé en un orgasmo poderoso, múltiple y sublime mientras mi


padre eyaculaba dentro de mi coño, gritando y llenándomelo de
semen!

Aquello fue bestial, indescriptible…

Cuando nos desacoplamos yo necesitaba reponerme, mi padre


seguía tan entero como antes de penetrarme.

—¡Me va! ¡Me va! —Gritó mi hermano reclamando su turno de


follarme.

Yo estaba estremecida por los orgasmos que mi padre me había


provocado pero no deseaba dejar a mi hermano con las ganas de
disfrutar. Recuperando el aliento indiqué a mi hermano que se
acostara boca arriba en la cama y repté hacia él apoderándome de
su verga. Papá se acomodó a nuestro lado y comenzó a darme
indicaciones de cómo debía mamar el pene de mi hermano
mientras él acariciaba mis nalgas y mis tetas. Arturo no se había
corrido todavía y poco a poco me armé de valor para remediar su
situación.

Succionaba, mordía, jalaba y besaba la verga de mi hermano,


hasta que consideré que llegaba el momento de pasar al siguiente
nivel de depravación, tener relaciones sexuales con mi propio
hermano.
Decididamente me puse en pie y me paré con el cuerpo de mi
hermano entre mis piernas. De mi coño escurrían ríos de flujo
vaginal y semen de nuestro padre. Me acomodé sobre Arturo,
agarré su verga y jugué con su glande entre mis labios vaginales.
Mi hermano me agarró de las caderas y yo me dejé caer,
empalándome a fondo.

La verga de mi hermano tenía la misma curvatura que la de mi


padre, por lo que inmediatamente pulsó mi “Punto G” haciéndome
gritar y estremecerme. Su glande tocó el fondo de mi coño y gemí
de gusto.

Me gustó esa posición, yo arriba dominando la acción y Arturo


abajo, empujando y retrocediendo mientras yo hacía rotar mis
caderas con cadencia desenfrenada. Me retorcía, estimulando los
puntos de placer de mi sexo, aprisionando su virilidad con mis
músculos internos. Mi hermano gritaba y jadeaba
placenteramente.

Mis tetas botaban sin control a cada movimiento de amazona, mi


cuerpo respondía con toda la energía sexual que me daba el
morbo de saber que estaba follando con mi propio hermano justo
después de haber follado con mi propio padre. Encadené varios
orgasmos, pero el más poderoso llegó cuando escuché que papá
decía:

–Natalia te mueves y follas igual que tu madre.

Grité en medio del frenesí. Si los vecinos me escucharon quizás


pensaron que alguien me estaba matando. Cuando el clímax pasó
papá dijo:

—Arturo no te corras todavía. Vamos a darle a tu hermana la


cogida de su vida.
Papá me sujetó por los hombros y me hizo recostarme sobre mi
hermano, Arturo aprovechó para besarme rabiosamente en la
boca.

—Natalia… ¿Te han dado por el culo? —Preguntó mi padre


acariciándome las nalgas.

—No papá… ¿Qué pretendes? –Pregunté asustada.

—No te preocupes hija, al rato te lo desvirgo. Por ahora vamos a


hacer algo diferente…

Dicho esto mi padre se acomodó detrás de mí, sin permitirme


incorporarme. Yo había visto escenas de dobles penetraciones en
películas porno, pero nada me había preparado para lo que siguió.

Papá tomó su verga y la dirigió a mi vagina ocupada por el pene de


mi hermano. Gemí cuando empujó pero la lubricación era tanta
que no me dolió mucho cuando me penetró con su glande. Nos
indicó que no nos moviéramos y fue penetrándome lentamente.
Cuando la mitad de su miembro estuvo dentro de mi vagina indicó
a mi hermano que se saliera un poco, momento que aprovechó
para empalarme completamente. Luego Arturo volvió a clavarme
toda su verga y esa fue la locura para mí.

¡Las dos vergas estaban dentro de mi vagina, tocando hasta mi


útero y estimulando todos mis puntos sensitivos al mismo tiempo!

Gemía desesperada. La curvatura de sus vergas me dilataba al


máximo, mi “Punto G” estaba al rojo vivo. Iniciaron un mete saca
pausado y profundo, haciéndome correr cada vez que uno de ellos
se movía. Mis paredes vaginales se adaptaban a sus vergas que se
rozaban una contra la otra dentro de mi ser. Cada vez que uno de
los miembros chocaba con mi útero todos mis músculos internos
aprisionaban automáticamente a los 2 penes.
Perdí la cuenta de los orgasmos que me provocaron. Solo sé que
llegó el momento en que ambos aceleraron el ritmo de sus
penetraciones, como queriéndome destrozar de placer. Me habría
desmayado de no ser porque temía que se detuvieran.

Cada orgasmo me daba placer y reservaba energías que se


acumulaban para finalmente hacerme estallar en un clímax
apoteósico, liberador y sublime.

¡En el momento cumbre de mi enésimo orgasmo las vergas


incestuosas de mi padre y mi hermano irrigaron de semen mis
entrañas!

Sentí sus corridas profundamente dentro de mi ser, en un tsunami


de esperma que me hizo ver las estrellas…

—¡Depravados! ¡Jamás pensé que fueran capaces de semejante


chingadera! —Gritó mi madre desde la puerta de la recámara,
sorprendiéndonos en el momento más inoportuno.

Mamá nos miraba furiosa desde la entrada de la alcoba


matrimonial. Nos dedicó una mueca de rabia y se apartó corriendo,
bajando las escaleras en dirección a la cocina. Papá dio algunos
empellones más dentro de mi vagina después me sacó la verga.
Me desacoplé de mi hermano y me tumbé a su lado.

— No se preocupen, voy a hablar con su madre. –Dijo papá.


Levantó el libro del suelo y salió de la recámara completamente
desnudo, cubierto de sudor y con la monumental verga bien
erecta, empapada de su semen, del semen de su hijo y de los
flujos vaginales de su propia hija.

Junté mis muslos y encogí las piernas. Sentía esperma hasta el


fondo de mi coño. Afortunadamente me estaba cuidando, de lo
contrario habría quedado preñada nada más por aquella mega
cogida. Me sentía como en medio de un sueño surrealista.
Arturo me abrazó y me besó en la boca. Supe que, pasara lo que
pasara, la caja de Pandora incestuosa ya se había abierto y
nuestras vidas cambiarían radicalmente a partir de esa noche.
Agarré la empapada verga de mi hermano y noté que seguía
erecta. Arturo amasó de lo lindo mis tetas mientras yo lo
masturbaba suavemente. Momentos después no pude aguantar las
ganas de hacerle otro oral.

Me acomodé entre sus piernas y metí su glande y parte de su


tronco en mi boca. Su herramienta estaba cubierta hasta los
cojones por nuestro triple coctel sexual.

—Así hermanita… así insaciable y golosa hermanita… ¡Que rico lo


mamas! –dijo Arturo agarrándome por las orejas e imponiendo
ritmo a mi felación.

No niego que estaba preocupada por la reacción de nuestra madre,


pero el exceso de adrenalina por lo que llevábamos hecho me
tenía todavía muy caliente. El súper orgasmo que mi padre y mi
hermano me acababan de provocar había alborotado mis
hormonas al extremo y mi cuerpo quería más guerra. Cualquier
mujer que haya tenido en su vagina un pene curvo me entenderá
parcialmente, la que haya tenido dos al mismo tiempo entenderá
un poco más. Si estas dos vergas fueran la de su padre y la de su
hermano, con cualidades dignas de grandes actores de película
porno, la comprensión sería mayor.

Mi hermano estaba muy excitado y quería volver a cogerme.


Acababa de venirse pero su verga seguía imbatiblemente erecta.
No importaba lo que pasara con mamá, las cosas en nuestra
familia no podían empeorar a partir de este punto.

Arturo se sentó en el borde de la cama con los pies sobre la


alfombra. Me senté sobre él, dándole la espalda. Su verga quedó
entre mis muslos y la imagen me pareció divertida, era como si
aquel falo fuera mío. Lo masturbé con mi mano imaginando como
lo haría él. Después me levanté y puse su glande en la entrada de
mi sexo. Me empalé deliciosamente, acababa de tener dos
magníficas vergas dentro de mi coño pero este había recuperado
su estrechez normal y nuevamente lo tenía bien apretado.

Me moví en círculos mientras apretaba la polla filial con mis


músculos vaginales, controlando la presión como si se tratara de
mi boca o de mi mano (¡Yo sí puedo, jejeje!). Literalmente yo me
estaba cogiendo a mi hermano.

Arturo sudaba, se debatía y acariciaba mis tetas a su antojo. Los


dos gemíamos cachondamente con los ojos cerrados. Yo sentía que
nuevamente estaba por tener otro orgasmo.

—¡Tenías razón! ¡Los dos son muy calientes! –Dijo mi madre,


agarrándome por los hombros.

Abrí los ojos y la vi frente a mí, parada junto a papá. Su blusa


estaba desabotonada y pude ver parcialmente sus tetas, tan
voluminosas como las mías, e igual de firmes.

—Natalia está deliciosa y coge de maravilla. Arturo tiene mucho


aguante y una verga de campeonato. No esperaba menos de ellos.
¡Que hijos hemos levantado! –Dijo papá con orgullo, luego se puso
detrás de mamá y amasó sus ubres con mucho morbo.

CON PAPA EN EL AUTO

Para vacacionar mis padres decidieron que debíamos visitar la


casa de la playa y por alguna extraña razón llenaron la camioneta
a tope de equipaje, yo como siempre quise ocupar el asiento de la
tercera fila totalmente lejos de ellos para ir en mi mundo, pero el
asiento del copiloto fue ocupado por parte del equipaje así que
papá y yo terminamos compartiendo el espacio reducido dos
asientos atrás de mamá.
Decidí ponerme una camiseta blanca de botones y mi veraniega
falda gris pues el calor ya nos estaba azotando, papá a mi lado
tenia puesta la camisa negra polo que le regalé y el jean oscuro de
siempre.

El camino a la casa de la playa nos toma unas tres horas


aproximadamente, normalmente papá conduce pero esta vez
mamá quiso tomar el mando y colocar su música para distraerse.

Papá se acomodó junto a mí para dormir un poco y yo me dispuse


a leer la novela erótica que me tiene tan enganchada.

Van bien ahí atrás??

Si cariño.

Haremos una parada en una hora para que estiren las piernas y
carguemos gasolina

Bien mamá

Papá y yo tenemos una relación normal, somos bastante cariñosos


así que me acomodo de medio lado recostandome sobre su pecho
para colocar mi cabeza en su hombro y leer cómodamente. El
coloca su mano en mi estomago y me acaricia de vez en cuando.

Estoy llegando a una escena muy caliente donde la protagonista


de mi libro tiene sexo en público con un galán, sin darme cuenta
aprieto mis piernas un poco pues empieza a afectarme y es
cuando me doy cuenta que papá esta leyendo sobre mi.

Esto es lo que te gusta leer pequeña?


Murmura en mi odio

Es una novela romántica.

Sí y por lo que veo algo pornografica.

Papá yo…

Siento como su mano se desliza sobre mi pierna acercándose a mi


centro

Esto te calienta cariño? Ya eres una mujercita, es entendible que


quieras nuevas sensaciones.

No puedo hablar estoy perdida en la sensación de su mano


acariciando mi pierna, luego esta se introduce dentro de mi falda
con las yemas de sus dedos delineando el borde de mi panty
acercándose a mi coño.

Quiero saber que tanto te afecta la lectura

Papi…

Su mano encuentra la humedad en mi coño y parece gruñir con


agrado antes de proceder a acariciar mi coño por encima de mi
panty. Mi garganta emite gemidos suaves pues me gusta la
sensación de esa mano grande acariciando mi centro.

Mi niñita está mojada, dejás que Papi se encargue de eso?

Si…papi…
Nuestra conversación en susurros nos lleva probar el tabú del
incesto, estoy tan caliente que ni siquiera pienso en mi madre
conduciendo en el asiento de adelante.

Mi papá introduce su mano dentro de mi panty explorando el coño


de su hijita y su otra mano se introduce dentro de mi blusa hasta
alcanzar mi pezón para acariciarlo con su grande mano.

Hijita tienes unas tetas deliciosas, quiero chupar tus tiernos


pezones y meter mi lengua en tu coñito

Ahhh Papi…

Te gusta cariño??

Siii

Vamos a disfrutar mucho en este viaje.

Sus dedos me están penetrando de manera lenta mientras él dice


cosas sucias como que le encantaría meterme su pene hasta el
fondo. Luego de un rato necesito acomodarme y el hace que me
siente sobre su duro bulto quitando mi panty en un ágil
movimiento.

Si es mucho para ti podemos parar cariño.

Quiero más papi.

Quieres follar conmigo?

Siii
Bien tus deseos son órdenes princesa.

Por primera vez me besa en los labios y nos arrincona contra la


ventana para que mamá no pueda vernos en el retrovisor, su
lengua se adentra en mi boca dándome una idea de cómo sería si
follaramos.

Técnicamente sería mi primera vez, he estado utilizando


vibradores pero nunca me ha penetrado un hombre y por lo que
estoy percibiendo mi padre es del tamaño con el que las mujeres
sueñan.

Mis caderas se mueven sobre él con mente propia queriendo


buscar el placer mutuo, sus manos desabrocharon unos cuantos
botones de mi camisa dejando mis tetas al aire y luego se van a
mis caderas para guiarlas en su baile.

Cariño estoy tan excitado que quiero penetrarte y no parar en días.

Me gusta como se siente tu bulto Papi.

Está duro para darte mucho placer hijita solo espera un poco más.

Estoy demasiado mojada y exitada.

Eso nos hará las cosas más fáciles.

Estábamos tan absortos en nuestro juego que olvidamos a mamá.

Están teniendo una charla padre e hija sin mi?


Me lamo los labios antes de responderle

Lo siento, pero son cosas privadas mamá.

Si amor no podemos contarte nuestros secretos.

Mientras el habla mete su mano en mi coñito buscando mis jugos


para luego lamer sus dedos.

Bien, entonces subiré un poco más la música ya que no quieren


incluirme en su charla.

Amor son cosas entre padre e hija

Luego lleva uno de mis pezones a su boca para alimentarse de el,


chupando y mordiendo suavemente. Está disfrutando tanto que
sus gemidos se escapan de su garganta.

Soñe varias veces con esto -jadeo- desde que te desarollaste. Tú


cuerpo me llama todo el tiempo.

Papiiii- su lengua hace maravillas en mi.

Dime si de verdad quieres esto porque no podré detenerme.

Lo quiero muchísimo.

Sin previó aviso la camioneta se detiene en una gasolinera,


anocheció hace varias horas así que no hay gente en el lugar.
Mamá se baja corriendo gritando que le urge ir al baño y nosotros
no podemos despegarnos la mirada.

Vamos a hacerlo ahora, antes de que tu madre vuelva.

Sin más se abre la cremallera del pantalón bajandolo un poco junto


con su boxer dejando libre a su bulto tan grande, duro y recto
como lo sentí a través de la ropa.

Luego sus ojos se oscurecen y cuando parece que me va a hacer


montarlo se detiene.

No tengo ningún condón cariño. Así que si tu quieres seguimos o


podemos esperar a llegar a la casa de la playa.

Tomo mi decisión sentandome sobre él, pongo su mano entre mis


piernas pues quiero que él guíe su miembro a la entrada de mi
coño. Y lo siento humedo con su punta en mi entrada.

Aquí vamos hija, recibe a papi en tu coñito. – empuja en mi


entrada introduciendo la punta. – Aghhh Dios estas muy apretada.

Ahhh papito eres muy grande, me arde un poco

Solo hasta que tu cuerpo me asimile, mira como me comes


princesa ese coñito ya lleva la mitad de mi polla en su interior.

Sus palabras me excitan demasiado y ver como el miembro de mi


padre penetra mi coño me tiene tan húmeda y necesitada que
supera cualquier placer que haya sentido con la masturbación.

Cariño ya casi te entra todo, es increíble a tu madre solo le cabe la


mitad.
Mamá puede venir en cualquier momento.

Su ascenso se detiene y me siento tan rara y llena que caigo sobre


él por completo, pone una manta sobre nosotros y ubico mi cabeza
en su hombro derecho, de esta forma parece que estamos
dormidos abrazados de tierna manera como padre e hija.

Pero en realidad nuestros cuerpos están tan unidos primitivamente


que nos apuran para empezar a copular. El incesto nunca me llamo
la atención pero pensar que lo que estamos haciendo es tan
prohibido me hace querer hacerlo con mas ganas.

Ya estoy tocando tu útero hijita, quédate quieta unos minutos y


follaramos para saciarnos. Ahí viene tu madre.

Mamá abre la puerta del carro acomodándose de nuevo antes de


echar un vistazo a nosotros y comenzar a conducir de nuevo.

Se quedó dormida nuestra princesa?

Si, al parecer estaba bastante cansada creo que dormiré también


un poco.

Bien pondré música para no bostezar y los despertaré cuando


lleguemos.

Bien amor. Te amo.

Yo también te amo.

Ese te amo abrió una puerta de morbo y placer para mi, mientras
mis padres hablaban de forma normal el tocaba mi cuerpo como
un depravado y cuando le dijo te amo empujo sus caderas
encanjandose en mi para darme placer.

Eso es cariño, aprieta a Papi con ese coñito jugoso que tienes. -me
encajó de nuevo- vamos a volvernos unos morbosos tu y yo.

Papi…necesito.

Ya lo se cariño, papi te va a follar para que quedes satisfecha.

Comenzó a moverme con sus manos en mis caderas haciendo a su


miembro salir y entrar, está disfrutando tanto que me susurra lo
rico que siente al penetrar a su niñita y tocar su útero sin un
condón de por medio.

Siento tan rico la penetración que me concentro en cabalgarlo,


pegada a él por completo gimiendo en su oído cuando la
penetración me satisface.

Sientes como me hundo en tu coño? -sube sus caderas para


aumentar la profundidad- te gusta qué papito te folle profundo.

Siii papi…aghh me gusta uhhmm

Voy a darte más cariño aguanta un poco.

De alguna manera logra recostarme sobre el asiento y se acomoda


sobre mi penetrandome de nuevo pero esta vez con más
satisfacción.

Ahora sí cariño, papi te va a follar hasta que tengas tu primer


orgasmo.
Aghhh papito…quiero más

Coloca una de mis piernas sobre su cadera y se impulsa dentro


gruñendo cuando toca el fondo antes de volver. Con su boca besa
mi cuello y no para en sus confesiones morbosas sobre como
siempre quiso follarme y pensaba hacerlo con mi uniforme escolar
en la cocina.

Gime para mi princesa, deja que Papi sepa si te gusta que te folle.

Siii papi que rico siento.

Sientes rico?? Teniendo el pene que te puso en el útero de tu


madre entrando en tu virgen coño.

Me das mucho placer.

Si cariño yo también lo siento cuando veo como disfrutas de la


copulación, aprietame más hijita.

Aghh papito que rico.

Los embites se hacen cada vez más fuertes mientras siento crecer
el orgasmo en mi cuerpo.

Ya casi Papi.

Estamos tan cerca de ese orgasmo hijita, que no quiero


detenerme.

No lo hagas Papi.
Pero tu madre está conduciendo si terminamos puede enterarse
que estamos follando por tus deliciosos gemidos.

Necesito más…

Quieres que papito te de un orgasmo.

Si quiero, quiero correrme contigo en mi interior.

Pero no podemos cariño – hace un movimiento recordándome que


no estamos usando un condón- no puedo dejar mi semen en tu
interior.

Lo quiero tan dentro de mi como sea posible.

Pero hijita puedo preñarte si termino dentro.

No me importa, quiero sentir como tu semen se mueve dentro de


mi.

Que morbosa eres hijita quieres que papito deje a tus hermanitos
en tu coño para darte un hijo

Siii eso quiero.

La charla solo hace que mi cuerpo se acerque más al climax, mi


padre se volvió un salvaje de pensar en que puede preñar a su hija
lo veo en sus ojos la idea lo excita sobre manera.

Voy a preñarte cariño, vas a recibir a tus hermanos en tu útero.


Aghhh papiii

Tener un hijo no está en mis planes pero saber que por follar sin
condon mi padre me va a dar uno me pone caliente, muy caliente.

Quiero un hermanito papi.

Si cariño papi lo va a poner en ti.

Damelo papito dámelo todo

Mi nenita recibiendo el pene de su padre y disfrutando. Debimos


coger mucho antes

Cuando?? Ahhh Diosss que rico.

Te encanta que papito te diga morbosidades no? – asiento con una


leve mordida en su oreja- debí follarte hace dos años cuando te
desarrollaste. En vez de visitar tu cama cada noche.

Siempre tuve sueños húmedos bastante fuertes, pero nunca pensé


que era porque mi padre metía sus manos entre mis piernas para
darme placer en las noches.

Pero de ahora en adelante no vamos a parar vamos a follar como


conejos comenzando por poner a tus hermanitos en tu interior.

Papitooooo

Si cariño recibeme dentro.


Sus embites aumentaron el ritmo en cuanto sus pensamientos
volvieron a la idea follar sin condón a su niñita y dejar su semen
dentro para fecundarla.

Estamos cerca cariño, dime que quieres?

Quiero tu semen papito

Y donde lo quieres mi niña??

En mi coñito

Siii hijita ahí lo voy a dejar, aprietame mas. Vamos a corrernos


juntos y vas a sentir mi semen en tu interior.

Ya casi me corro.

Eso cariño, correte con el pene de papi dandote placer.

Que rico papi preñame.

Si cariño, eso hago.

El climax me llego tan derrepente que tuve que usar mi mano para
acayar mís gemidos, papá solo tardó tres embestidas más antes
de correrse en mi interior gruñendo de satisfacción.

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