SOCRATES
¿Quién fue?
Sócrates fue un filósofo griego de gran importancia del período
clásico, período también conocido a menudo como el período
socrático en su honor. Fue considerado como el padre de la
filosofía occidental y a diferencia de la mayoría de los filósofos
presocráticos que vinieron antes que él, que estaban mucho más
interesados en establecer cómo funciona el mundo, Sócrates estaba más
interesado en cómo la gente debería comportarse, y fue considerado
como el primer gran filósofo de la Ética. Platón era su alumno más
famoso y también le enseñaría a Aristóteles quién sería el tutor de
Alejandro Magno. Con esta progresión, la filosofía griega, desarrollada
por primera vez por Sócrates, se extendió por todo el mundo durante
las conquistas de Alejandro.
Sócrates fue un excelente maestro. Ya con 40 años enseñaba en la
vía pública, en banquetes y en el ágora, que es como se llamaba a
las plazas de las polis griegas. Dado que su enseñanza era gratuita y
oral, estimulaba a todos los oyentes a reflexionar sobre lo que
consideraban como cierto y, en muchos casos, los invitaba a realizar un
examen de conciencia.
Sócrates marcó un antes y un después en la filosofía. A partir de él se
descubrió un pensamiento basado en el diálogo, la postura crítica
y la sospecha de las verdades comúnmente aceptadas como evidentes.
Es famoso, sobre todo, por haber iniciado la idea de los
universales socráticos. Estos consistían en la definición de un
concepto, en la mayoría de los casos, una virtud moral, que marca una
forma de actuar en la vida cotidiana.
Casi toda la información que se tiene sobre su pensamiento, vida y obra
es por boca de su más famoso discípulo, Platón, quien lo convirtió en el
interlocutor principal de la mayoría de sus obras. También Aristófanes lo
incluyó en sus obras, así como Jenofonte en sus diálogos.
BIBLIOGRAFIA
Sócrates nació en Atenas, en el año 470 o 469 a. C. Según sabemos
por Platón, murió ejecutado en 399 a. C. Sus padres fueron Sofronisco y
Fenáreta del dêmos (del griego δῆμος, significa “población” en sentido
administrativo) de Alópece.
Se cree que su madre fue comadrona y su padre cantero o escultor. Por
los diálogos platónicos sabemos que Sócrates participó en al menos
tres batallas de la guerra del Peloponeso, en las que luchó junto a
Laques y le salvó la vida a Alcibíades, como este mismo menciona en El
Banquete.
Los distintos testimonios que hay sobre su vida lo describen como un
hombre casado, padre de tres hijos y amigo de muchos jóvenes
y pensadores de la época. Platón narra los puntos de vista de
Sócrates y preferencias respecto a distintas ideas filosóficas y valores
morales. Su pasión respecto a la utilidad de los ideales de belleza y
bondad se suele oponer a su propio aspecto físico poco agraciado y, a
menudo, objeto de burla, incluso por filósofos posteriores como
Nietzsche.
Sócrates insistía en buscar definiciones para las distintas virtudes y
aconsejaba a la gente a cuidar su alma y su capacidad de razonar y
conocer, antes de preocuparse por su aspecto físico, lo cual a veces
resulta contradictorio.
La idea de que la bondad y la belleza se definían por su grado de utilidad
muestra cómo era la forma de pensar del filósofo ateniense. En los
diálogos de Platón o en las obras de Jenofonte se lo retrata como alguien
que podía confundir y luego dirigir el pensamiento de los demás a
nuevas posiciones, antes no consideradas. Para ello se valía solo de
preguntas, la mayoría casi de sentido común. Su intención era la
importancia de medir las cosas por su fin en sí mismo, y cómo algo
funcional era más hermoso que algo simplemente estético.
Durante sus años de madurez tuvo una participación política
muy activa. Además de haber servido en el ejército durante la guerra,
formó parte de distintos debates y tomas de decisiones que
involucraban a la ciudad de Atenas. Aunque no ocupó ningún cargo
político oficial (algo de lo que se jactaba), su participación política fue lo
que le costó la vida. Sócrates no estaba de acuerdo con el sistema
democrático, pero jamás fue en contra de las leyes vigentes de la
ciudad.
Al final de la guerra del Peloponeso, en 404 a. C., un grupo de hombres
tomó el poder en la ciudad de Atenas e instauró un régimen oligárquico,
conocido como el grupo de los Treinta. Muchos de ellos eran amigos o
compañeros de Sócrates, aun cuando este no aprobaba la violencia de
su accionar. Después de haber tomado el poder, los Treinta ordenaron
a Sócrates arrestar a León de Salamina, un hombre rico y bien
posicionado.
Sócrates, una vez más en desacuerdo con la violencia como recurso
político, se opuso y se fue a su casa. De este acto de rebeldía solo se
salvó gracias a la contrarrevolución que restauró la democracia. Sin
embargo, los nuevos demócratas sabían que los miembros del grupo de
los Treinta (como Critias, Alcibíades y sus compañeros) eran muy
cercanos a Sócrates. Como no eran hombres de violencia, optaron
por acusarlo por escrito y someterlo a juicio. El principal acusador
era Meleto, quien firmó la carta junto a Ánito, un hombre poderoso para
la época. El texto lo acusaba de haber ofendido a la religión del Estado y
haber corrompido la moral de la juventud.
En lugar de escapar de la ciudad o proponer un castigo distinto a la
muerte, Sócrates se defendió, reivindicando así el trabajo de su
vida. Fue condenado a muerte y, contra el consejo de la mayoría de sus
amigos, decidió acatar la ley y murió asesinado al ser obligado a beber
la cicuta. Tanto su defensa como sus últimas conversaciones son
narradas en la Apología y en el Fedón, ambas obras dialógicas de Platón.
APORTACIONES
Uno de los aportes más importantes de Sócrates es que, para él, la
filosofía debe ser un ejercicio de aporte práctico para la vida de
los hombres. La filosofía debe enseñar saber vivir. Esto implica
comprender profundamente distintos elementos filosóficos, como el bien
y el mal, la virtud o la piedad, y descubrir su utilidad cotidiana. Solo así
puede el individuo acercarse al conocimiento.
Sócrates no escribió ninguna de sus enseñanzas. Creía que, si lo
hacía, sus ideas podrían ser confundidas. Todo lo que se conoce en la
actualidad se debe a las anotaciones de sus discípulos, más
específicamente, las de Platón. En la mayoría de los diálogos platónicos,
Sócrates es el personaje principal. Solo en dos de ellas, escritas durante
la vejez de Platón, Sócrates cumple una función secundaria. Lo mismo
sucede con muchas de las obras de Jenofonte y las de Aristófanes.
Sin embargo, no haber dejado una obra escrita vuelve al Sócrates
histórico un personaje mucho más interesante, confuso e
ineludible para la historia de la filosofía. Su actitud filosófica, tal
como la muestran sus discípulos, marcó un precedente no solo para la
práctica diaria de la filosofía, el rol del maestro o la forma de acercarse a
las preguntas, sino incluso para el objetivo que la filosofía en general
debe asumir.
El método socrático
La mayéutica
Los escritos más populares por los que se conoce el pensamiento de
Sócrates son los diálogos platónicos. Estos consisten en una serie
de preguntas y respuestas entre el filósofo y sus alumnos. A este
diálogo de preguntas y respuestas se le conoce como el método
socrático o mayéutico y se lo utiliza hasta la actualidad.
Cuando se lo nombra como “mayéutico”, se lo describe como un proceso
similar al del parto. La mayéutica es una forma de ayudar al
interlocutor a dar con la verdad que ya lleva consigo. Así, el
método empleado busca llegar a la verdad mediante el diálogo,
preguntando una y otra vez sobre lo dicho.
Es el mismo Sócrates quien compara su forma de proceder con la de dar
a luz. En El banquete cuenta cómo la sacerdotisa Diotima afirma que el
alma de cada hombre quiere dar a luz y por eso la tarea del filósofo es la
de un partero que asiste en el nacimiento del conocimiento o logos.
Mayéutica, incluso, se traduce como “partera” u “obstetricia”,
profesión ejercida por la madre de Sócrates. Incluso en el Teeteto,
Sócrates le recuerda a su interlocutor que su madre era partera y que él
cumple la misma función pero respecto al alma de los hombres,
ayudando a dar a luz a los conocimientos guardados en sus almas.
"Sólo sé que no sé nada"
Sócrates duda de todo, incluso de aquellos a quienes se les consideraba
sabios en la época. Según la historia, su amigo, el sabio Querefonte, fue
hasta el oráculo de Delfos y preguntó si había alguien más sabio que
Sócrates. La pitonisa del oráculo le respondió que “no existía alguien
más sabio en todo Atenas”. No obstante, Sócrates dudó del oráculo.
La diferencia entre los sabios de la época y Sócrates es que los sabios se
creían sabios absolutos, con un conocimiento absoluto, mientras
que Sócrates podía ver su sabiduría pero también su ignorancia. De allí
su famosa frase “solo sé que no sé nada”. Vale aclarar que esta frase es
una aproximación a lo que él alguna vez pudo haber dicho. Si nos
atenemos a los diálogos platónicos, nos encontramos con que es un
parafraseo a algunas de sus afirmaciones.
Por ejemplo, en la Apología de Sócrates (de Platón) en medio de una
discusión, dice: “Este hombre, por otra parte, cree que sabe algo,
mientras que no sabe [nada]. Por otra parte, yo, que igualmente no sé
[nada], tampoco creo [saber algo]”. Estrictamente, Sócrates no afirma
no saber, sino que cree reconocerse como ignorante, punto en el que
radica, entonces, su verdadera sabiduría.
El concepto del bien y el mal
Para Sócrates, los vicios son expresiones de la ignorancia. Por otra parte,
toda virtud es signo de conocimiento. El conocimiento es fundamental
ya que por él se accede a la verdad y, para Sócrates, toda persona que
tenga un conocimiento justo y medido actuará bien. Por otro
lado, aquellos que actúan mal lo hacen por ignorancia y no por maldad.
El ser humano, es bueno por naturaleza, solo que actúa con maldad por
desconocimiento de la verdad. En eso consiste la verdadera ignorancia
tal como Sócrates la piensa y presenta
La palabra y la escritura
Sócrates realizaba todas sus exposiciones o clases en sitios públicos y lo
hacía de forma oral: para él la discusión tenía más fuerza en el terreno
de la oralidad.
Por otra parte, es importante considerar que, en aquella época, casi la
totalidad del pueblo ateniense no sabía leer, por ende, para él la oratoria
se conforma como un medio de comunicación fundamental para llegar al
conocimiento de la verdad.
El conocimiento y la sabiduría
Para Sócrates, el conocimiento no se limita a la acumulación del
saber, sino que el conocimiento es, en parte, aquello que el sujeto trae
consigo y que sirve de base para ir sumando nuevos conocimientos.
Pero, por otra parte, para Sócrates el conocimiento debe cumplir y
ayudar en funciones prácticas. Si no, es un conocimiento inerte.