UNIDAD 3.
FILOSOFÍA DE LA CIENCIA
ÍNDICE
1. Introducción.
2. Origen y clasificación de las ciencias :
2.1. El origen de la ciencia.
2.2. Clasificación de las ciencias.
3. El método científico y los elementos fundame ntales de las explicaciones
científicas:
3.1. El lenguaje científico.
3.2. El método científico: introducción.
3.3. El método deductivo.
3.4. El método inductivo.
3.5. El método hipotético-deductivo.
4. Concepciones sobre el progreso de la ciencia:
4.1Neopositivismo: Círculo de Viena
4.2Karl Popper: el progreso continuo de la ciencia.
4.3Thomas Kuhn: las revoluciones científicas.
5. Los límites de la ciencia:
6. Actividades.
1. INTRODUCCIÓN.
En la era moderna se siente un gran aprecio por la ciencia. Aparentemente existe la creencia
generalizada de que hay algo especial en la ciencia y en los métodos que utiliza. Cuando a
alguna afirmación, razonamiento o investigación se le denomina científico, se pretende dar
a entender que tiene algún tipo de mérito o una clase especial de fiabilidad. Pero, ¿qué hay
de especial en la ciencia, si es que hay algo? ¿Cuál es este método científico que, según se
afirma, conduce a resultados especialmente meritorios o fiables? Chalme rs, A.; ¿Qué es esa
cosa llamada ciencia?
¿Por qué las predicciones de los meteorólogos son científicas y no lo son, en cambio, las
de los astrólogos?, ¿qué diferencia a los curanderos de los médicos?, ¿las explicaciones
históricas del pasado son equiparables a las explicaciones causales de la física?, ¿son
científicas las investigaciones sobre los ovnis?, ¿podemos estar seguros de la consistencia de
nuestras teorías científicas sobre la realidad?
Responder a estas preguntas es el propósito que nos hemos impuesto en este apartado.
Para ello, será fundamental perfilar qué entendemos por ciencia, cómo y cuándo surge,
qué disciplinas consideramos científicas y cómo las clasificamos. Pero, sobre todo, cuál es
el método que garantiza la fiabilidad que atribuimos a esta forma de conocimiento que tanto
peso social tiene hoy en día.
La ciencia es una actividad realizada por la comunidad científica de una época, desarrollada
y fomentada en instituciones, universidades y otros centros de
investigación. La ciencia nos da un cuerpo sistemático y organizado de conocimientos que
se exponen en forma de leyes y teorías. Los rasgos más característicos de la ciencia son la
contrastación empírica con la realidad que investiga y la precisión en su formulación,
a ser posible matemática.
El desarrollo y progreso científico, así como los campos de investigación están
condicionados por factores de carácter económico, cultural, político, en este sentido
podemos afirmar que la ciencia tiene una dime nsión social. Al mismo tiempo, la
ciencia proporciona la imagen que la sociedad de una época tiene de la realidad, por lo que
posee también una dime nsión filosófica.
Pero, ante todo, la ciencia es un conocimiento que responde a preguntas concretas
sobre el mundo o sobre el ser humano, de forma que la respuesta sea estricta, justificada,
comunicable, sistemática y fruto de un método.
2. ORIGEN Y CLASIFICACIÓN DE LAS CIENCIAS.
Como iremos viendo, la ciencia se diferencia de otras formas de conocimiento por la
pretensión de ser una explicación sistemática de todo cuanto existe y por el método que
emplea para conseguirlo. Además, se consideran rasgos propios de ella la neutralidad o
ausencia de prejuicios, la seriedad o rigor al abordar los problemas, el talante crítico y
la exigencia de intersubjetividad. Estas características que le atribuimos no se dan
siempre en el estudio de la realidad, sino que surgen en un determinado momento, que
podemos considerar la fecha de origen de la ciencia. Además, existen muchas y variadas
disciplinas que se ajustan a esta caracterización, por lo cual convendrá también proponer una
clasificación de las ciencias.
2.1. El origen de la ciencia.
El cielo estrellado o el movimiento del Sol., la Luna y los planetas motivaron muchos
interrogantes entre las primeras civilizaciones de las que tenemos noticia. Los movimientos
de estos astros podían parecer, a primera vista, caprichosos o azarosos. Sin embargo, en
contra de las apariencias, en estas civilizaciones hubo pensadores convencidos de la
regularidad y constancia de tales movimientos. Ajemos a las explicaciones religiosas y
míticas imperantes en el momento, empezaron a cultivar lo que hoy llamamos “ciencia”.
La ciencia surgió, por tanto, cuando el ser humano tuvo la convicción de que los fenómenos
naturales podían integrarse en un sistema ordenado y coherente. De este modo, perdían su
apariencia azarosa y se convertían en asequibles y comprensibles para la razón humana. Es
posible encontrar muestras de ciencia y, en concreto, de astronomía en civilizaciones como la
babilónica, la egipcia y, sobre todo, la griega.
Como vimos en la primera unidad, en el siglo VI a. C. nace en Grecia una nueva forma de
abordar cuestiones como la constitución y el origen del universo. Estos primeros
pensadores buscaban respuestas racionales a sus interrogantes y se sirvieron de la
observación. Así, la ciencia y la filosofía surgieron de una misma actitud crítica e
indagadora frente a la realidad y, en un principio, eran disciplinas indistinguibles.
La ciencia se independizó de la filosofía y empezó a desarrollar unos métodos
propios durante un período que, precisamente por eso, se conoce como Revolución
Científica. Abarca los siglos XVIy XVII, y sus protagonistas son hombres como Kepler,
Copérnico, Galileo o Newton, que, además de sentar las bases para la nueva ciencia,
cambiaron la imagen que se tenía del mundo.
Galileo Galilei está considerado el primer científico moderno, y no tanto por el alcance
de sus descubrimientos (por otra parte, decisivos), sino por inaugurar una nueva
manera de hacer y entende r la ciencia. Galileo se ocupó de los mismos problemas que
habían interesado a las pers onas de ciencia anteriores(el movimiento de los cuerpos y de los
astros, por ejemplo), pero lo hizo de una manera radicalmente diferente y revolucionaria.
Esta forma de proceder sigue teniendo en la actualidad estas mismas características:
Experime ntación. Galileo introdujo una importante novedad en la concepción del
método científico y en el papel reservado a la observación. Era consciente de que
algunas de sus hipótesis –como la referida a la caída libre de los cuerpos- no eran
observables en la vida cotidiana, por lo que sólo podía contrastarlas creando una
situación ideal en la que los elementos perturbadores, tales como la fricción, fueran
eliminados. De esta manera, el experimento permite aislar el fenómeno y estudiar
únicamente aquellas variables consideradas decisivas. También fue el primero en
usar instrume ntos, como los telescopios, para realizar sus estudios. Esta tendencia,
que inaugura Galileo, será imparable en la ciencia que, cada vez más, dependerá de
sofisticados instrumentos y mecanismos de experimentación.
Matematización. Galileo afirmó claramente que la naturaleza atiende a unas
regularidades expresables mediante funciones matemáticas. La matematización
constituyó una pieza angular de la nueva ciencia, en contraste con la física
anterior, dominada por cualidades ocultas y por tendencias naturales de los
elementos. La cuantificación, al aportar una mayor precisión a las observaciones
realizadas, permitió librarse de la subjetividad y ambigüedad propias del
lenguaje cotidiano.
2.2. Clasificación de las ciencias.
Formales. No se ocupan de los hechos y acontecimientos que Lógica
ocurren en el mundo, sino de relaciones entre símbolos. No
tienen contenido empírico ni se basan en la observación, sino Matemáticas
en la coherencia interna del sistema.
Empíricas. Se ocupan de Naturales. Física
la realidad, de los hechos Química
que ocurren en el mundo y Se ocupan de la realidad natural. Biología…
de sus relaciones. Tienen
contenido empírico que Sociales o humanas. Sociología
surge de la observación y Historia
la experiencia. Además, Se ocupan de la realidad social y Psicología…
sus afirmaciones han de humana.
ser comprobadas por el
recurso a la experiencia.
Observa las siguientes afirmaciones:
La temperatura interna de los mamíferos es constante.
La depresión no siempre está causada por un hecho traumático. La raíz
cuadrada de 16 es 4.
Si sucede p, entonces se da q.
Estas cuatro proposiciones son científicas ya que pertenecen al cuerpo de conocimientos de la
ciencia. Sin embargo, existe una diferencia evidente entre ellas. Las dos primeras hablan de
algún hecho o suceso de la realidad (ya sean los mamíferos o las depresiones); es decir, son
proposiciones empíricas. Las dos últimas, en cambio, no afirman nada acerca del mundo,
nada que pueda ser observado en él (ya sean las raíces cuadradas o p y q); las consideramos
proposiciones formales. Esta diferencia ha provocado que, tradicionalmente, se distingan
también dos grandes tipos de ciencias.
Como puedes ver, en el seno de las ciencias empíricas también distinguimos entre
ciencias naturales y sociales o humanas. Durante años fue famosa la polémica sobre si
disciplinas como la historia o la psicología debían considerarse ciencias equiparables a la
física, que, tradicionalmente, se ha considerado el prototipo de conocimiento científico. Pero
el caso es que a pesar de que la historia o la psicología no se dejan reducir al lenguaje
matemático, no siempre se basan en la observación y no pueden establecer leyes universales
que permitan predecir con absoluta garantía el comportamiento individual o colectivo,
comparten con las ciencias naturales la objetividad, la precisión y el método que las
caracteriza.
3. EL MÉTODO CIENTÍFICO Y LOS ELEMENTOS FUNDAMENTALES DE LAS
EXPLICACIONES CIENTÍFICAS.
3.1. El lenguaje científico.
Fíjate en estos dos enunciados y compáralos:
Las cosas caen al suelo.
Todo objeto es atraído por la Tierra por una fuerza que es directamente
proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado
de la distancia entre ambos.
El primer enunciado pertenece a lo que llamamos lenguaje natural, mientras que el
segundo es propio del lenguaje específico de la física. Cuanto más especializada es una
ciencia, más distancia existe entre el lenguaje que ésta emplea y el lenguaje común. La
ciencia crea un lenguaje artificial para garantizar la objetividad y precisión de sus
conceptos, hipótesis, leyes, teorías y modelos:
-CONCEPTOS. Son los términos específicos de cada ciencia. Deben estar
perfectamente definidos y puede hablarse de tres tipos:
Clasificatorios: permiten organizar la realidad en conjuntos o grupos. Así, mediante los
conceptos procariota y eucariota clasificamos las células según posean o no núcleo.
Comparativos: permiten ordenar gradualmente los objetos de un conjunto. Por ejemplo,
mediante el concepto de dureza establecemos una gradación en el conjunto de los minerales.
Métricos: permiten medir numéricamente propiedades de los objetos. Así, para medir la
longitud o la masa de un cuerpo, empleamos conceptos como metro o kilogramo.
-HIPÓTESIS. Las hipótesis son suposiciones o conjeturas que intentan explicar un
fenómeno. La experimentación y la observación son los pasos para comprobar la validez de
una hipótesis. El mundo natural, por la presencia de fenómenos incontrolados, presenta
restricciones que dificultan e impiden la observación de regularidades; por ello, se crean
situaciones experimentales en las que se provoca de forma controlada en un laboratorio los
sucesos que se quieren estudiar. En ciencias como la astronomía, donde la experimentación
resulta imposible, la observación es fundamental. La experimentación y la observación
requieren instrumentos que midan, detecten y examinen el objeto de estudio.
-LEYES. Cuando, por ejemplo, en química se afirma que la presión de un gas es
inversamente proporcional al volumen que ocupa, estamos enunciando una ley científica y,
más concretamente, la ley de Boyle. Las leyes son los enunciados básicos del conocimiento
científico y se caracterizan por:
ser hipótesis que han sido verificadas y comprobadas mediante la observación o
la experimentación.
Usar conceptos que han sido previamente definidos de forma precisa. En el
ejemplo de la ley de Boyle, los conceptos de presión y volumen.
Determinar de forma universal una regularidad de la naturaleza; es decir,
explicar todos los fenómenos de esa misma clase.
-TEORÍAS. La ciencia pretende explicar ámbitos de la realidad lo más amplios posible. Por
esta razón, las leyes científicas se dan interconectadas unas con otras, formando sistemas
compactos, coherentes y sistemáticos, a los que llamamos teorías científicas. Por ejemplo,
la termodinámica está formada por teorías que contienen principios generales como: la
energía se conserva, y leyes más específicas en las que se apoya: entre dos cuerpos de
distinta temperatura y que están en contacto se produce una transferencia de energía
térmica.
-MODELOS. Los modelos o analogías permiten explicar un sistema desconocido partiendo
de otro conocido, que nos sirve de modelo. Por ejemplo, en psicología, para tratar de
entender cómo funciona nuestra mente, se utiliza la metáfora o modelo del ordenador,
estableciendo que la mente puede funcionar al procesar información como lo hacen los
ordenadores.
3.2. El método científico: introducción.
El término “método” significa etimológicamente “camino”. Un método es un
procedimiento más o menos fijo y estable, compuesto de varios pasos o reglas que permiten
alcanzar un fin. A lo largo de la historia de la ciencia, ha habido diversas concepciones
acerca del método usado por los científicos. De ellos, vamos a analizar el método deductivo,
el método inductivo y el que actualmente se considera método propiamente científico, el
método hipotético-deductivo.
3.3. El método deductivo.
La deducción es un razonamiento que permite derivar de una o varias proposiciones dadas
(llamadas “premisas“), otra proposición (llamada “conclusión“) que es su consecuencia
lógica necesaria. La deducción procede, generalmente, de lo general a lo particular, por lo
que puede decirse que se trata de un procedimiento opuesto a la inducción. Si las premisas
son ciertas, al razonar correctamente tenemos la seguridad de que la conclusión se ha de
cumplir también. Por tanto, si partimos de datos que sabemos que son verdad, la deducción
nos ofrece la certeza de que el enunciado final ha de ser verdadero.
Sin embargo, el método deductivo no permite ampliar conocimiento, pues en realidad se
limita a hacer explícita información que ya se encontraba implícita en las premisas.
Por ejemplo: “Todos los gatos maúllan; Félix es un gato; Félix maúlla”.
Como puede observarse, lo que se concluye está ya contenido en las premisas: así,
inferimos que Félix maúlla sobre la base de que en las premisas se nos ha afirmado que
“Todos los gatos maúllan”.
3.4. El método inductivo.
El razonamiento inductivo consiste en alcanzar una tesis general a partir de un conjunto
de casos concretos. En la inducción se pasa, por tanto, generalmente, de lo particular a lo
general. Es lo que se suele creer que hacen los científicos: observar hechos y a partir de ellos
“sacar” leyes.
El método inductivo tendría las siguientes etapas:
1. Observar y registrar todos los hechos, de un modo objetivo y libre de prejuicios:
los hechos “brutos”, tal cual son “en sí mismos”. Las observaciones se deben
repetir en una amplia variedad de condiciones.
2. Comparar y clasificar los hechos para poder hacer generalizaciones (en esto
consiste la inducción) que se refieren a las relaciones causales entre los hechos.
Tales generalizaciones son consideradas como leyes(enunciados que expresan
relaciones constantes entre los hechos).
3. Deducir consecuencias de las leyes así obtenidas. De este modo, pueden hacerse
predicciones acerca de futuros hechos, de tal suerte que pueda confirmarse si la
teoría se ajusta a la realidad.
La inducción sí que nos lleva a obtener conclusiones que amplían conocimiento: se llega a
una ley general, válida para todos los casos, a partir de los casos particulares que se han
observado. Tras constatar n veces que algo sucede de una determinada manera, nos
permitimos generalizar y dar por sentado que siempre será así. Sin embargo, por más
precauciones que podamos tomar a la hora de generalizar, algún día podríamos descubrir
que nos habíamos equivocado.
He aquí algunas objeciones al método inductivo:
1. Toda observación depende de una teoría: no existen los hechos puros, es decir,
“brutos”, totalmente “objetivos”. Todo hecho incluye alguna observación desde una
teoría. Si el científico no partiera de una idea previa sobre a qué debe prestar atención,
la fase de recogida de datos se volvería inabordable, pues no tendría ningún criterio
para saber qué era preciso anotar de todo lo que estaba observando. La investigación
científica no se origina en una observación neutra, sino que el científico suele fijarse en
aquellos fenómenos que cree que van a demostrar lo que él intuye que ocurre. Así, la
observación viene guiada por una idea o teoría previa.
2. La generalización carece de justificación lógica: en efecto, es incorrecto pasar de
“algunos X son A” a “todos los X son A“. Si no registramos todos los hechos,
siempre podrá haber alguno que desmienta la generalización. Y registrar todos los
hechos es imposible: tendríamos que esperar hasta el fin del mundoEn definitiva, por
muchos casos que hayamos comprobado y por muy bien seleccionados que
estén, nada nos asegura que todos los demás sean del mismo tipo y, menos aún, que
los casos futuros vayan a seguir también la misma pauta. Así pues, este método no
proporciona seguridad o certeza, sino probabilidad.
3.5. El método hipotético-deductivo.
– EL MÉTODO HIPOTÉTICO-DEDUCTIVO
Ya desde Galileo, muchos científicos han preferido usar este método, el cual, sin embargo,
tampoco se ve libre de críticas. Los pasos principales son los siguientes:
1. Punto de partida: descubrimiento de un problema, y planteamiento preciso del mismo.
(No se parte, pues, de hechos “puros” sino de hechos “problemáticos”: hechos que
contradicen una teoría ya aceptada o que no pueden ser explicados por ella).
2. Intento de solución mediante la invención de una hipótesis.
3. Deducción de las consecuencias de la hipótesis (normalmente, predicciones empíricas
que puedan hacerse con ayuda de la hipótesis).
4. Contrastación de la hipótesis misma (buscando su compatibilidad con teorías ya
aceptadas) y de sus consecuencias (confrontándola con datos empíricos, que pueden ser
observaciones o experimentos). De este modo se pone a prueba la hipótesis. Si la
contrastación tiene éxito, entonces:
5. Confirmación (siempre provisional) de la hipótesis, que se convierte en ley o teoría.
Este método hipotético-deductivo (cuyo nombre se debe a la importancia fundamental de los
pasos 2 y 3) es bastante complejo: incluye actividades tan diversas como la observación, la
experimentación, la invención de hipótesis, la deducción racional, etc. Además,
plantea numerosas dificultades, especialmente con respecto a la contrastación.
4. PROGRESO DE LA CIENCIA
La actividad científica trata de producir un conocimiento seguro sobre la realidad.
Pero, ¿qué garantiza su fiabilidad? ¿Realmente es tan fiable como creemos?
– LA CUESTIÓN DE LA DEM ARCACIÓN
El problema de la demarcación hace referencia a la discusión acerca de cómo establecer el
criterio que nos permita distinguir qué teorías son científicas y cuáles no. Mientras que la
astronomía se considera una ciencia, no ocurre igual con la astrología. ¿Por qué? ¿En qué
consiste la demarcación entre ciencia y no ciencia?
Para resolver esta cuestión hay que considerar el problema de la contrastación. La
contrastación es la puesta a prueba de una hipótesis, confrontándola con los hechos.
Para ello hay que deducir de las hipótesis hechos que sean observables y comprobar, a
continuación, que efectivamente se dan en la realidad. Se han propuesto dos formas de
contrastación: verificacionis mo y falsacionis mo.
1. Los llamados filósofos neopositivistas del Círculo de Viena, inspirados en el
enfoque que propuso Auguste Comte (1798-1857) de la ciencia, defendieron, durante el
primer tercio del siglo XX, el verificacionismo: una hipótesis se considera “verdadera” si
los hechos observados en el mundo están de acuerdo con los hechos deducidos de la
hipótesis. Sin embargo, los neopositivistas pronto se dieron cuenta de que no es posible
realizar una verificación concluyente, es decir, completa, de un enunciado universal (como
son las hipótesis o las leyes científicas): no es posible comprobar qué pasaría en todos los
casos en los que la hipótesis científica es de aplicación. Siempre cabe la posibilidad de
que aparezca un caso que contradiga la hipótesis. Por esta razón, el filósofo Rudolf Carnap
(1891-1970) concluyó que si bien no se puede conseguir nunca la “verificación” completa de
una hipótesis, sí se puede obtener una confirmación provisional de la misma,
considerando ello científicamente suficiente.
2. Las deficiencias de la verificación conduje ron a Karl Raimund Popper (1902-1994) a
sugerir otra forma de contrastación, la falsación: una hipótesis puede ser admitida
(provisionalmente) sólo “mientras” no resulte refutada por los hechos. Por lo tanto, en la
falsación ya no se trata de buscar hechos que estén de acuerdo con las consecuencias de
las hipótesis, sino hechos que estén en oposición con las mismas.
El valor científico de una hipótesis radica en su resistencia a la refutación. No es una buena
señal que un científico se esfuerce por demostrar que sus hipótesis se ven siempre
confirmadas; al contrario, debe arriesgarse a que resulten falsas. Una teoría que no pueda ser
refutada por ningún acontecimiento concebible, no es científica. La irrefutabilidad, al
contrario de lo que suele creerse, no es una virtud de una teoría, sino que es un vicio. Según
Popper, las teorías metafísicas o religiosas no son científicas según este criterio, al no existir
ninguna posible observación que las pudiera refutar.
Tanto Popper como los miembros del Círculo de Viena mantenían una concepción
optimista de la ciencia, porque entendían que si examinamos la historia de la ciencia
advertimos que las teorías más próximas a nosotros son más verdaderas que las teorías más
antiguas, de modo que podemos afirmar que en la ciencia hay un progreso en la búsqueda de
la verdad. En el camino hacia la verdad unas tesis se mantienen mientras que otras van
siendo corregidas y mejoradas, gracias a la contrastación empírica.
La obra de Thomas Samuel Kuhn (1922-1996) La estructura de las revoluciones científicas
cuestionó la idea misma de progreso científico a partir del análisis de la historia de la ciencia
y su concepción de los paradigmas científicos. Según Kuhn, podemos distinguir diferentes
fases en el desarrollo histórico de la ciencia.
La ciencia es obra de una comunidad de científicos cuyos componentes aceptan un
paradigma común (es decir, una serie de concepciones teóricas compartidas, así como una
manera común de enfocar e intentar resolver los problemas que se les presentan).
La comunidad de científicos trabaja a partir de ese paradigma, que conserva como precioso
tesoro; las realizaciones científicas que están dentro del paradigma constituyen la ciencia
normal. Imaginemos, pues, una comunidad científica que trabaja a partir del paradigma
común.
Pero, ¿qué ocurre si surgen “anomalías” (problemas irresolubles)? En un principio,
estos son rechazados como irrelevantes, pues se considera que podrán ser resueltos en un
futuro. Pero si las anomalías se multiplican, sobreviene una “crisis”. Entonces, quizá, surge
un paradigma rival que entra en conflicto con el anterior. Si la comunidad científica opta
por él, sobreviene una revolución científica.
Esto es lo que ocurrió durante siglos con el modelo aristotélico-ptolemaico del Cosmos, que
defendía el geocentrismo. El el período de ciencia normal, todas las observaciones que
contradecían la teoría o bien eran ignoradas o se intentaban “salvar” añadiendo complejidad
al sistema, pero sin tocar la tesis central de que la Tierra permanecía quieta en el centro.
Sin embargo, la acumulación de anomalías llegó a un punto en el que los científicos
comenzaron a sentirse incómodos con el viejo paradigma, con lo que se abrió el paso a la
revolución científica.
Ahora bien, según Kuhn los científicos no adoptan un paradigma por cuestiones
exclusivamente objetivas: hay numerosos componentes de fe e irracionalidad. También
aseguró que los paradigmas son inconmensurables, es decir, la verdad de una teoría que
forma parte de un paradigma científico no se puede valorar desde las asunciones de otro
paradigma. La propiedad de la inconmensurabilidad ponía en cuestión el propio progreso
científico: para Kuhn la historia de la ciencia no conduce a teorías más próximas a la
verdad. No hay progreso científico en sentido estricto, sino “revolución”. Las tesis de Kuhn
supondrán un punto de inflexión en la filosofía de la ciencia contemporánea.
5. LOS LÍMITES DE LA CIENCIA
5.1. La mitificación de la ciencia: el cientifismo.
Numerosas veces aceptamos acríticamente cualquier afirmación solo porque lleva el
"marchamo" de científica. Y llegamos al absurdo de creer que solamente lo que ha sido
demostrado científicamente es real. Esta postura es el cientifismo. El cientifismo consiste
en extrapolar el conocimiento científico, sacarlo de su contexto y convertirlo en fuente de
"verdades absolutas".
Sin embargo, la ciencia es una forma de conocimiento riguroso y fiable, y lo es
porque, por una parte, abandona toda pretensión de ser definitivo y absoluto y, también,
porque el trabajo científico se somete siempre, con cierta humildad, al tribunal de los
hechos. Es decir, que es su misma falta de pretensiones lo que convierte a la ciencia en una
herramienta tan poderosa.
El cientifismo rompe con ese sentido escéptico y abierto de la verdad, pudiendo adoptar
distintas formas:
Cientifismo metafísico, para el que las ciencias experimentales (que tienen como
modelo la física y las matemáticas) son capaces de proporcionar al ser humano un
saber completo, capaz de resolver los grandes problemas de la vida.
Cientifismo metodológico, para el que solamente el método experimental produce
conocimientos fiables, considerando poco rigurosos los métodos externos al ámbito
científico.
Cientifismo reduccionista, para el que todos los fenómenos humanos (incluso los
morales, espirituales o existenciales) pueden ser explicados o reducidos a fenómenos
capaces de ser estudiados por las ciencias naturales.
En definitiva, el cientifismo entiende que la ciencia es una especie de fuente de
milagros, capaz de llegar a la verdad objetivamente y de resolver casi todos nuestros
problemas. Esta imagen casi mitológica se la debemos al positivismo de Comte, un
filósofo decimonónico sumamente optimista o iluso y que sostenía tesis como las siguientes:
a) Confianza absoluta en el progreso indefinido de la humanidad.
b) La convicción de que la ciencia nos ofrece una imagen exacta del Universo.
c) La necesidad de que la ciencia se convierta en la única forma válida de
conocimiento.
d) La esperanza de que la ciencia aportará felicidad a la especie humana y resolverá
todos sus problemas.
5.2. ¿Objetividad y neutralidad en la ciencia?
El cientifismo ha recibido numerosas críticas. El filósofo español José Ortega y Gasset
(1883-1955) escribió memorables palabras contra el "utopismo científico", tal y como él lo
denominaba. Para Ortega las ciencias físico- matemáticas tienen un territorio propio: el de la
naturaleza. Y es en ese territorio donde basan su éxito. Pero, el ser humano no es solo
naturaleza, no es solo un objeto en un mundo de objetos, sino un sujeto que vive y busca el
sentido de su vida. Y es ahí donde la ciencia calla.
Además, actualmente, la concepción de la ciencia que tienen la mayoría de los
científicos y filósofos es mucho más modesta y no acepta casi ninguna de las tesis del
cientifismo. Empecemos pues con los reproches. Se dice que la ciencia es el único
conocimiento válido porque es objetivo y neutral. Pero, ¿es realmente así?
Respecto a la “objetividad” y la posibilidad de un conocimiento cierto, es más un
objetivo que un logro. Desde el surgimiento de la física cuántica, se asume que a nivel
subatómico el conocimie nto no es todo lo objetivo que desearíamos, ya que el sujeto que
observa a través de sus instrumentos un fenómeno interfiere en el comportamiento de lo
observado, y la única certidumbre que puede obtenerse es que dicho conocimiento es fruto
de la perturbación del sujeto.
Cuando hablamos de “neutralidad” en la ciencia suponemos los siguientes sentidos:
desinterés.
independencia de prejuicios.
no estar al servicio de intereses ajenos a la propia investigación científica.
indiferencia respecto a fines.
¿Es posible reconocer la neutralidad de la ciencia en alguno de estos sentidos?
¿Desinterés?
Comencemos por la neutralidad como "desinterés". La actividad científica es inexplicable al
margen de los intereses sociales. Esos intereses se expresan, por ejemplo, en la financiación
de la ciencia, en las prioridades que para ella se establecen. Esos intereses, sin embargo, no
niegan el interés por producir conocimiento objetivo, los intereses propiamente cognoscitivos
que favorecen la objetividad. Las políticas científicas, los programas de investigación,
las instituciones que articulan el trabajo científico no son neutrales respecto a los fines
sociales que les dan vida, pero ello no hace del conocimiento obtenido la expresión de
un interés económico o político particular, aunque su utilización sí suele subordinarse a
ellos.
¿Independencia de pre juicios?
Veamos la idea de neutralidad como "independencia de prejuicios". Aquí, la palabra
“prejuicio” no tiene un sentido peyorativo; se refiere a "un cierto complejo preconstituido de
convicciones, actitudes intelectuales, hábitos mentales, valoraciones, etc.".
La ciencia, vista como actividad humana, no puede ser neutral respecto a los prejuicios así
definidos. Cada individuo, colectividad, sociedad, época, portan tales prejuicios que
influyen sobre el modo de hacer ciencia, en la elección de los campos de la investigación,
prioridades en la enseñanza y otras expresiones de la práctica científica. Debemos
reconocer, entonces, que esos prejuicios también influyen sobre la ciencia como saber. Por
ello, la construcción de un saber objetivo exige la disposición permanente a discutir los
prejuicios que condicionan las conclusiones científicas y a través de ello es alcanzable un
grado razonable de neutralidad.
¿Indiferente respecto a fines?
El sentido de la neutralidad como "indiferencia respecto a fines" permite, por una parte,
reconocer la diversidad de finalidades que pueden guiar la ciencia como actividad y,
por otra, identificar la finalidad distintiva y fundamental de la ciencia. Aún admitiendo
que la ciencia puede perseguir diferentes finalidades en contextos diversos como la
investigación, la aplicación, la enseñanza u otros, podemos admitir que su finalidad
fundamental es la producción de conocimiento objetivo. Otra cuestión es que realmente
se consiga. La ciencia no puede y no debe ser neutral respecto a diversos fines
sociales, no puede desentenderse de ellos alegando que no le preocupan; esto sería
miopía o hipocresía. Pero la ciencia sí debe reservar un espacio para la objetividad
defendiendo su valor como fin auténtico.
En definitiva, este recorrido por el tema de la neutralidad asociada a la ciencia pretende dejar
claro que la naturaleza social de la actividad científica impide aceptar su neutralidad
respecto a condicionamientos, fines, valores sociales. La ciencia guarda siempre un
compromiso social. Los colectivos que aceptan o promueven la ciencia pueden y deben
preguntarse en referencia a qué valores sociales, a qué prioridades e intereses desarrollarán
su actividad.
Finalmente, hemos de abordar la cuestión de si la ciencia es el único conocimiento válido.
A este respecto, observamos que la ciencia y la tecnología están determinando un
impresionante avance en la sociedad occidental; sin embargo, la confianza excesiva
depositada en ellas implica enormes riesgos. No todo lo que se puede tecnológicamente
hacer, se debe moralmente hacer (la carrera por la construcción de la primera bomba nuclear
en la Segunda Guerra Mundial fue desgraciadamente posible, pero ¿fue moralmente
aceptable?) No pertenece al conocimiento científico resolver los más graves problemas: la
elección de los fines, la determinación de los valores morales, el sentido de la existencia...
Por esta razón, junto al conocimiento científico, se necesita la reflexión ética y filosófica en
general.
6. ACTIVIDADES
TEXTO 1.
“Trala revolución científica, a cosmoloxía newtoniano-cartesiana establecíase, pois, como o
fundamento dunha nova cosmovisión. Nos primeiros anos do século XVIII, toda persoa culta
de Occidente sabía que Deus creara o universo como un sistema mecánico complexo,
composto de partículas materiais que se movían nun espazo neutral infinito de acordo cuns
poucos principios básicos, como a inercia e a gravidade, matematicamente analizables. Neste
universo, a Terra movíase ó redor do Sol, que era unha estrela entre unha multitude de
estrelas, así como a Terra era un planeta entre outros moitos planetas, e nin o Sol nin a Terra
eran o centro do universo.
Un conxunto único de leis físicas gobernaba tanto o reino celeste como o terrestre,e que,
como consecuencia de todo isto, deixaban de ser fundamentalmente distintos, pois así
como os ceos estaban formados por substancias mecánicas, así tamén os seus movementos
tiñan como causas forzas mecánicas naturais.”
R.TARNAS: A paixón do pensamento occidental
TEXTO 2
“As ciencias formais demostran ou proban: as ciencias fácticas verifican (confirman ou
desconfirman) hipóteses que na súa maioría son provisionais. A demostración é
completa e final; a verificación é incompleta e xa que logo temporaria. A natureza
mesma do método científico impide a confirmación final das hipóteses fácticas. En
efecto, os científicos non só procuran acumular elementos de proba das súas suposicións
multiplicando o número de casos en que elas se cumpren; tamén tratan de obter casos
desfavorables ás súas hipóteses, fundándose no principio lóxico de que unha soa
conclusión que non concorde cos feitos ten máis peso que mil confirmacións. Xa que logo,
mentres as teorías formais poden ser levadas a un estado de perfección (ou
estancamento), os sistemas teóricos relativos aos feitos son esencialmente defectuosos;
cumpren, pois, a condición necesaria para ser perfectibles.”
Mario Bunge: a verificación
TEXTO 3
“Pode que haxa un tempo en que o home primitivo previse a aurora cunha seguridade que
só se basease no feito de que, canto podía lembrar, sempre vira que á escuridade da noite
seguía ao día seguinte a claridade da aurora, pero este estado primitivo de coñecemento,
se é que algunha vez o houbo, era indubidablemente precientífico. Esta maneira de razoar
non se parece en nada á da ciencia; de feito, a indución soa mostra unha ausencia
total de comprensión científica. As nosas razóns científicas para crer que o sol sairá
mañá son dun tipo totalmente distinto. Coñecemos o funcionamento do sistema solar en
termos de leis da física. Predecimos os sucesos astronómicos particulares mediante estas
mesmas leis xunto co coñecemento de determinadas condicións iniciais particulares.
As leis e as teorías científicas teñen a forma lóxica de enunciados xerais, pero raras
veces son, se algunha vez o son, simples xeneralizacións da experiencia.
Consideremos a teoría da gravitación de Newton: dous corpos calquera atráense un ao
outro segundo unha forza que é proporcional ao produto das súas masas e inversamente
proporcional ao cadrado da distancia dos seus centros. Aínda que xeral na forma, este tipo
de enunciado non se estableceu por xeneralización de casos. Non imos por aí dicindo:
«Hei aquí dous corpos: a forza entre eles é tal e cal; hei aquí dous corpos máis: a forza
entre eles é tal e cal; etc.». As teorías científicas tómanse nun sentido literal como
hipóteses. Mantéñense co fin de que podamos sacar delas consecuencias para
examinalas. Que sexan ou non aceptables xúlgase en virtude de estas consecuencias. As
consecuencias son sumamente diversas; canto máis variadas mellor. Para a teoría de
Newton, miramos consecuencias como os movementos de Marte, as mareas, os corpos que
caen, o péndulo e a balanza de torsión. Estas consecuencias non posúen ningunha unidade
aparente entre elas; non poden servir como base para facer unha xeneralización
indutiva. Acadan certa especie de unidade por virtude do feito de que son
consecuencias dunha mesma teoría física.
O tipo de inferencia que estiven caracterizando énos moi familiar; coñécese co
nome de métodohipotético-dedutivo. W.C. Salmon: método hipotético-dedutivo
TEXTO 4
“La única razón para creer que las leyes del movimiento seguirán rigiendo es que han actuado
hasta aquí, en la medida en que nuestro conocimiento del pasado nos permite juzgar de ello.
(…) Pero el verdadero problema es este: ¿un número cualquiera de casos en que se ha
realizado una ley en el pasado proporciona la evidencia de que se realizará lo mismo en el
futuro? (…) La experiencia nos ha mostrado que hasta aquí la frecuente repetición de una
serie uniforme o de una coexistencia ha sido la causa de que esperáramos la misma serie o
coexistencia en la próxima ocasión. (…) El hombre que daba de comer todos los días al pollo,
a la postre le tuerce el cuello, demostrando con ello que hubiesen sido útiles al pollo opiniones
más afinadas sobre la uniformidad de la naturaleza.” Bertrand Russell: Los problemas de la
filosofía
TEXTO 5
“O criterio de demarcación inherente á lóxica intuitiva - isto é, o dogma positivista do
significado ou sentido equivale a esixir que todos os enunciados da ciencia empírica (ou, todos
os enunciados «con sentido») sexan susceptibles dunha decisión definitiva con respecto á
súa verdade e á súa falsidade; podemos dicir que teñen que ser «decidibles de modo
concluínte». Isto quere dicir que han de ter unha forma tal que sexa loxicamente posible
tanto verificalos como falsalos. Así, di Schlick: «... un auténtico enunciado ten que ser
susceptible de verificación concluínte»; e Waismann escribe, aínda con maior claridade:
«Se non é posible determinar se un enunciado é verdadeiro, entón carece enteiramente de
sentido: pois o sentido dun enunciado é o método da súa verificación».
Agora ben; na miña opinión, non existe nada que poida chamarse indución. Polo tanto,
será loxicamente inadmisible a inferencia de teorías a partir de enunciados simples
que estean «verificados pola experiencia» (calquera que sexa o que isto queira dicir). Xa
que logo, as teorías non son nunca verificables empiricamente. Se queremos evitar o erro
positivista de que o noso criterio de demarcación elimine os sistemas teóricos da ciencia
natural, debemos elixir un criterio que nos permita elixir no dominio da ciencia
empírica incluso enunciados que non se poidan verificar.
Pero, certamente, só admitirei un sistema entre os científicos ou empíricos se é
susceptible de ser contrastado pola experiencia. Estas consideracións suxírennos que o
criterio de de marcación que habemos de adoptar non é o de verificabilidade, senón o da
falsabilidade dos sistemas. Dito doutro modo: non esixirei que un sistema científico poida
ser seleccionado, dunha vez para sempre, nun sentido positivo; pero si que sexa
susceptible de selección nun sentido negativo por medio de contrastes ou probas
empíricas: ha de ser posible refutar pola experiencia un sistema científico empírico.”
Karl R. Popper: as hipóteses científicas non son verificables
1. Determina qué enunciados corresponden a ciencias formais e cales a ciencias
empíricas e, dentro destas diferencia entre ciencias naturais e sociais ou humanas:
a) Todos os psiquiatras son médicos e algúns psicanalistas non son médicos, polo tanto,
algúns psicanalistas non son psiquiatras.
b) A través do proceso de socialización a sociedade prepara ao individuo para que adecúe
a súa conduta ás normas moitas veces de forma inconsciente.
c) O vector velocidade media entre dous puntos é o cociente entre o vector
desprazamento e o tempo transcorrido.
d) (4x4 - 2x3 + 3x2 - 2x + 5 ) + ( - 5x3 + x2 - 2x ) = 4x4 - 7x3 + 4x2 - 4x + 5
e) O sistema nervioso humano está composto por un sistema nervioso central e un
sistema nervioso periférico.
2. Le o seguinte texto e trata de responder ás cuestións propostas.
“¿Que lle dá á ciencia a súa superioridade sobre o coñecemento común? Non, abofé, a
substancia ou tema, posto que un mesmo obxecto pode ser considerado de modo científico, ou
mesmo anticientífico (...). A peculiaridade da ciencia ten que consistir no xeito en como opera
para acadar algún obxectivo determinado, isto é, no método científico, e na finalidade para a
que se aplica o devandito método (...).
O método científico é un trazo característico da ciencia, tanto da pura como da aplicada; onde
non hai método científico non hai ciencia. Pero non é infalible nin autosuficiente.
O método científico é falible: pode perfeccionarse mediante a estimación dos resultados ós
que leva e mediante a análise directa.
Tampouco é autosuficiente: non pode operar nun baleiro de coñecemento, senón que require
algún coñecemento previo que poida despois reaxustarse e elaborarse; e ten que
complementarse mediante métodos especiais que estean adaptados ás peculiaridades de cada
tema.”
M.BUNGE:A investigación científica
a) Que diferenza existe entre a ciencia e outros tipos de coñecemento?
b) Que características atribúe o autor ao método científico?
c) Por que di que non é autosuficiente?
3. Das preguntas ou hipóteses que se mencionan a continuación, ¿cales non poden
considerarse científicas e por que?:
a) Existe un factor hereditario no alcoholismo.
b) Hai vida espiritual despois da morte.
c) Existen extraterrestres intelixentes.
d) Cada ser humano ten un anxo da garda.
e) O clima inflúe no humor das persoas.
f) Os gatos negros traen mala sorte.
4. ¿Pódense verificar concluinte mente os enunciados seguintes? ¿Pódense falsar?
¿Por que?:
a) “Todos os mamíferos son vivíparos”
b) “As meigas botan o mal de ollo”
c) “Todos os humanos somos mortais”
5. No relato da seguinte investigación, identifica os diferentes pasos e aspectos do
método científico:
“Ignaz Semmelweiss, médico da Primeira División do Hospital Xeral de Viena (1844- 1848),
sentíase angustiado ao ver que unha gran proporción das mulleres que deran a luz nesa división
contraía unha seria e con frecuencia fatal enfermidade coñecida como febre puerperal ou febre de
posparto. En 1844, ata 260 de 3.157 nais da división primeira –un 8'2%- morreron desa
enfermidade; en 1845 o índice de mortes era do 6'8%, e en 1986 do 11'4%. Estas cifras eran
sumamente alarmantes, porque na adxacente Segunda División de Maternidade do mesmo
hospital, na que se achaban instaladas case tantas mulleres como na Primeira, a porcentaxe de
mortes por febre puerperal era moito máis baixo.
Nun libro que escribiu máis tarde sobre as causas e a prevención da febre puerperal, Semmelweis
relata os seus esforzos por resolver este crebacabezas. (...)
Unha opinión moi aceptada atribuía as ondas de febre puerperal a "influencias epidémicas", que se
describían vagamente como "cambios atmosférico-cósmico-telúricos", que se estendían por
distritos enteiros e producía a febre puerperal en mulleres que se achaban en posparto. Pero, como
-argüía Semmelweis- podían esa influencias haber infestado durante anos a División Primeira e
respectar a segunda (...)
En 1846, unha comisión designada para investigar o asunto atribuíu a frecuencia da enfermidade na
División Primeira ás lesións producidas polos recoñecementos pouco coidadosos a que
sometían ás pacientes os estudantes de medicina, todos os cales realizaban as súas prácticas de
obstetricia nesta División. Semmelweis sinala, para refutar esta opinión, que (a) as lesións
producidas naturalmente no proceso do parto son moito maiores das que puidese producir un
exame pouco coidadoso; (b) as parteiras que recibían ensinos na División Segunda recoñecían aos
seus pacientes de modo moi análogo, sen por iso producir os mesmos efectos; (c) cando,
respondendo ao informe da comisión reduciuse á metade o número de estudantes e se restrinxiu ao
mínimo o recoñecemento das mulleres por parte deles, a mortalidade, logo dun breve descenso,
alcanzou as súas cotas máis altas. Acudiuse a varias explicacións psicolóxicas.
Unha delas facía notar que a División Primeira estaba organizada de tal modo que un
sacerdote que portaba os últimos auxilios a unha moribunda tiña que pasar por cinco salas antes de
chegar á enfermería: sostíñase que a aparición do sacerdote, precedido por un acólito que facía
soar unha campaíña, producía un efecto terrorífico e debilitante nas pacientes das salas e facíaas así
máis propicias a contraer a febre puerperal. Na División Segunda non se daba este factor
adverso, porque o sacer-dote tiña acceso directo á enfermería. Semmelweis decidiu someter a
proba esta suposición. Convenceu ao sacerdote de que debía de dar un rodeo e suprimir o toque de
campaíña para conseguir que chegase á habitación da enferma en silencio e sen serobservado. Pero a
mortalidade non decreceu.
A Semmelweis ocorréuselle unha nova idea: as mulleres, na División Primeira, xacían de costas; na
Segunda de lado. Aínda que esta circunstancia parecíalle irrelevante, decidiu probar a ver se a
diferenza de posición resultaba significativa. Fixo, pois, que as mulleres internadas na División
Primeira se deitasen de lado, pero, unha vez máis, a mortalidade continuou.
Finalmente, en 1847, a casualidade deu a Semmelweis a clave para a solución do problema. Un
colega seu, Kolletschka, recibía unha ferida penetrante nun dedo, producida polo escalpelo dun
estudante co que estaba realizando unha autopsia, e morreu logo dunha agonía durante a cal
mostrou os mesmos síntomas que se observara nas vítimas de febre puerperal. Aínda que por esta
época non se descubrira o papel dos microorganismos neste tipo de infeccións, Semmelweis
comprendeu que a "materia cadavérica" que o escalpelo do estudante introducira na corrente
sanguínea de Kolletschka fora a causa da fatal enfermidade do seu colega, e as semellanzas
entre o curso das doenzas de Kolletschka e o das mulleres da súa clínica levou a Semmelweis á
conclusión de que os seus pacientes morreran por un envelenamento no sangue do mesmo tipo: el,
os seus colegas e os estudantes foran os portadores da materia infecciosa, porque el e o seu equipo
adoitaban chegar ás salas inmediatamente logo de realizar diseccións na sala de autopsias, e
recoñecían ás parturentas despois de lavar as mans dun modo superficial, de xeito que estas
conservaban a miúdo un característico cheiro a suciedade.
Unha vez máis Semmelweis puxo a proba esta posibilidade. Argumentaba el que se a suposición
fose correcta, entón poderíase previr a febre puerperal destruíndo quimicamente o material
infeccioso adherido ás mans. Ditou, xa que logo, unha orde pola que se esixía a todos os
estudantes que se lavasen as mans cunha solución de cal clorurada antes de recoñecer a ningunha
enferma.
A mortalidade puerperal comezou a decrecer, e no ano 1848 descendeu ata o 1'27% na o División
Primeira fronte ao 1'33% da Segunda”. C. G. HEMPEL: Filosofía da ciencia natural.