SENTENCIA CONSTITUCIONAL PLURINACIONAL 0934/2016-S2
Sucre, 5 de octubre de 2016
SALA SEGUNDA
Magistrada Relatora: Dra. Mirtha Camacho Quiroga
Acción de amparo constitucional
Expediente: 13792-2016-28-AAC
Departamento: Chuquisaca
En revisión la Resolución “33/2016 de 15 de enero”, cursante de fs. 149 a 153
vta., pronunciada dentro de la acción de amparo constitucional interpuesta
por Vladimir Gaspar Ortiz Lara y Boris Huascar Ortiz Lara contra Rita
Susana Nava Durán y Rómulo Calle Mamani, Magistrados de la Sala Civil
del Tribunal Supremo de Justicia.
I. ANTECEDENTES CON RELEVANCIA JURÍDICA
I.1. Contenido de la demanda
Por memorial presentado el 23 de diciembre de 2015, cursante de fs. 56 a 70 vta., y,
el escrito de subsanación de 5 de enero de 2016, corriente de fs. 77 a 85 vta., los
accionantes expresaron lo siguiente:
I.1.1. Hechos que motivan la acción
Aproximadamente a los tres años del fallecimiento de su padre, Hilarión Ortiz
Ricaldez; su prima, Julia Basilia Ortiz Ortiz, les sorprendió presentándose como
hija reconocida por su padre. Dado que ello mellaba la dignidad de su progenitor,
quien aparecía como si hubiera tenido relaciones con su propia hermana Josefina
Ortiz Ricaldez; interpusieron demanda de nulidad de las tres actas de
reconocimiento, de los certificados de nacimiento, de resoluciones, de declaratoria
de herederos, de escritura pública y cancelaciones en los registros, contra su
indicada prima.
Luego del trámite pertinente en el que demostraron que los reconocimientos
efectuados en las Oficialías del Registro Civil 1507 y 2411, no existían; que el
tercer reconocimiento de 13 de julio de 2004, fue efectuado por “Hilarión Ortiz
Ricaldi”, que resulta ser persona distinta a su padre Hilarión Ortiz Ricaldez, y
además intervino como testigo Miguel Ticona Cayllagua, esposo de Julia Basilia
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Ortiz Ortiz; y que la demandada –hoy tercera interesada– no es hija consanguínea
sino sobrina de su padre, como lo admitió en su confesión provocada, el Juez de
Partido Octavo de Familia, dictó la Sentencia 177/2014 de 10 de marzo,
declarando probada la demanda en parte y declarando nulos los siguientes actos:
a) Los reconocimientos efectuados ante los Oficiales de Registro Civil de La Paz
1507, 2411 (de 7 de agosto de 1997) y 210064 (de 13 de julio de 2004); b) El
certificado de nacimiento registrado en la Oficialía del Registro Civil 280, libro
3/51, partida 536, folio 68, de 5 de julio de 1951 en Punata departamento de
Cochabamba; c) La Resolución 169/2010 de 1 de abril, pronunciada por el Juez
de Instrucción en lo Civil sobre la declaratoria de herederos a favor de Julia Basilia
Ortiz Ortiz; y, d) La nulidad de la escritura pública 628/2010 de 22 de abril,
otorgada ante la Notaria de Fe Pública Luz María Wagner Vargas con consiguiente
cancelación de la inscripción en registro de Derechos Reales ([Link].).
Habiendo sido apelada la Sentencia por la demandada, dicho fallo fue confirmado
mediante Auto de Vista 294/2014 de 16 de septiembre, emitido por la Sala Civil
Tercera del Tribunal Departamental de Justicia de La Paz.
Contra la referida Resolución de segunda instancia, la parte demandada interpuso
recurso de casación en el fondo, el cual fue resuelto por Auto Supremo 465/2015
de 19 de junio, emitido por la Sala Civil del Tribunal Supremo de Justicia,
cansando el Auto de Vista impugnado y deliberando en el fondo, declaró
improbada su demanda, con los siguientes argumentos: 1) Que para el
reconocimiento de hijo no es necesario el vínculo biológico, quedando este en
segundo plano cuando existe voluntad de reconocer; 2) Se puede defender la
filiación aun cuando esta no corresponda a los lazos biológicos; y, 3) Se demostró
la intención de su padre Hilarión Ortiz Ricaldez de reconocer como hija a Julia
Basilia Ortiz Ortiz y que ese reconocimiento es válido y legal a pesar de que se
demostró que la reconocida era sobrina y no hija de su padre.
En el Auto Supremo impugnado, los Magistrados demandados, incurrieron en
error de interpretación y violación de la ley, porque el sostener que pesa más la
voluntad de reconocer que el vínculo biológico, no solo quebrantan las normas
relativas a la filiación y al reconocimiento sino que además afectan a las referidas
a la adopción, pues dan lugar a que las personas adquieran una filiación de
terceros sin efectuar el trámite adoptivo con solo mentir a las autoridades sobre el
vínculo biológico, provocando una anarquía jurídica al crear una figura alterna a la
adopción. Si hubiera existido la voluntad de su padre de reconocer como hija a
Basilia Ortiz Ortiz, este acto se encontraba viciado de nulidad, ya que la voluntad
de las personas debe adecuarse a las normas vigentes.
El razonamiento de que no se puede reconocer como hijos a quienes no lo son
biológicamente, ya fue establecido en la jurisprudencia emitida por la extinta
Corte Suprema de Justicia y continuada por el Tribunal Supremo de Justicia, ya
que en los Autos Supremos 4 de 8 de enero de 1985, 77 de 1 de julio de 1980 y
el 41/2015 de 23 de enero, se señala que “nadie puede reconocer hijos que
naturalmente son de otros, ni menos atribuirlos a terceros”.
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El Auto Supremo impugnado incurrió en violación de los arts. 47, 174.1 y 195.1
del Código de Familia (CF) –vigente en ese entonces–, la Ley del Registro Civil de
26 de noviembre de 1898 y su Decreto Reglamentario de 3 de julio de 1943, el
Decreto Supremo (DS) 24247 de 7 de marzo de 1999; arts. 549 inc. 1) del Código
Civil (CC); y, 57 al 78 del Código Niño, Niña y Adolescente (CNNA).
I.1.2. Derechos y garantías supuestamente vulnerados
Los accionantes consideran lesionados sus derechos al debido proceso en sus
elementos de principio de legalidad; a la tutela judicial efectiva y a la defensa,
citando al efecto el art. 115 de la Constitución Política del Estado (CPE).
I.1.3. Petitorio
Solicitan se declare “procedente” su acción y se disponga la nulidad del Auto
Supremo 465/2015 de 19 de junio.
I.2. Audiencia y Resolución del Tribunal de garantías
Celebrada la audiencia pública el 15 y 19 de enero de 2016, según consta en las
actas cursantes de fs. 138 a 141 vta. y 147 a 148 vta., se produjeron los
siguientes actuados:
I.2.1. Ratificación y ampliación de la acción
Los accionantes, a través de su abogado, ratificaron el memorial de acción de
amparo constitucional y ampliando señalaron que la interpretación efectuada por
las autoridades demandadas viola el derecho a la defensa, seguridad jurídica y
principio de legalidad, al desconocerse las normas del Código Civil, Código de
Familia, Código Niño, Niña y Adolescente, Ley del Registro Civil y el art. 55 de su
Decreto Reglamentario.
I.2.2. Informe de las autoridades demandadas
Rita Susana Nava Durán y Rómulo Calle Mamani, Magistrados de la Sala Civil del
Tribunal Supremo de Justicia, mediante informe escrito de 11 de enero de 2016,
cursante de fs. 94 a 96, señalaron lo siguiente: i) Los accionantes efectúan una
relación de los antecedentes del proceso ordinario, centrando su cuestionamiento
al reconocimiento efectuado por su causante Hilarión Ortiz Ricaldez a favor de
Julia Basilia Ortiz Ortiz, calificándolo como aberrante e inmoral, ya que la filiación
solo puede darse por aspectos biológicos, diciendo muy poco sobre la vulneración
de derechos y garantías, porque de forma general se hace referencia al debido
proceso, al derecho a la defensa y a la tutela judicial efectiva; ii) El
reconocimiento que pudo haber realizado el padre de los accionantes, fue de
manera completamente voluntaria, sin que medie vicio o error que afecte su
consentimiento, incorporando a su seno familiar más cercano a un miembro de su
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familia ampliada que presumiblemente se encontraba desamparada
paternalmente y desprotegida en sus derechos fundamentales como persona
menor de edad en aquel tiempo, pero ese acto de desprendimiento humanitario
de ninguna manera implica que sea necesariamente el padre biológico de la
reconocida ni puede calificarse ese acto como inmoral, por el contrario es digno
de destacar que una persona cercana al entorno familiar asuma la responsabilidad
paterna de una menor que se encuentra desamparada y desprotegida,
obligándose a brindarle asistencia, educación, seguridad y bienestar integral en
todos los ámbitos de la vida; iii) El reconocimiento de hijo es un acto unilateral y
voluntario, personalísimo e irrevocable, conforme lo dispone el art. 199 del CF y
una vez realizado no puede ser dejado sin efecto por quien lo hizo y menos por
sus herederos, salvo que se demuestre error violencia o dolo en dicho acto,
aspectos que no fueron demostrados en este caso; iv) No es correcta la
afirmación de que la filiación entre padres e hijos únicamente podría darse por
aspectos de orden biológico, pues también existen otras formas como las
provenientes de la adopción e inseminación artificial, casos en los cuales la
filiación biológica queda desplazada a un segundo plano; v) La emisión del Auto
Supremo 465/2015, responde sobre todo a un acto de justicia y se encuentra
sustentado en el respeto al derecho fundamental de identidad de la persona, que
comprende el derecho al nombre y apellidos, identificación familiar, cultural,
nacionalidad y otros, los cuales se encuentran reconocidos por la Constitución
Política del Estado, los tratados y convenciones internacionales que establecen
que toda persona tiene derecho a un nombre y apellidos, a estar debidamente
inscrito en el Registro Civil, a una filiación, a la nacionalidad, a pertenecer a un
grupo cultural y compartir con sus integrantes religión, idioma; vi) Para arribar a
la determinación asumida en la Resolución impugnada, se efectuó una
interpretación desde y conforme a la Constitución Política del Estado, ya que
muchas de las disposiciones del “Código de Familia de 1972” entran en contraste
con la Norma Fundamental y dentro de ese contexto se realizó una ponderación
entre el derecho sucesorio de orden patrimonial que pretendían los demandantes
con relación a la totalidad del patrimonio de su causante frente al derecho
personalísimo de identidad de la demandada, concluyéndose que éste último
prevalece frente al derecho patrimonial; vii) Se tomó en cuenta que la filiación
establecida a favor de Julia Basilia Ortiz Ortiz, con el transcurso del tiempo ya
había generado sus efectos, no solo de consolidar un vínculo familiar afectivo sino
también jurídico en todas las relaciones de la vida civil entre la persona que hizo
el reconocimiento y la reconocida y sus descendientes, porque en caso de
romperse esa situación, todo el entorno de ese grupo familiar se verían
seriamente perjudicados, con la consiguiente multiplicidad de problemas judiciales
que de ello derivaría, que es lo que el Tribunal Supremo de Justicia quiso evitar al
mantener el vínculo jurídico-afectivo y con esa determinación no se vulneró
ningún derecho de los accionantes ni se les privó de su derecho sucesorio; viii)
No especifican que derechos habrían sido vulnerados, ni efectúan un vínculo de
causalidad con miras a que la jurisdicción constitucional ingrese a revisar la labor
interpretativa de la legalidad ordinaria, ya que la jurisprudencia constitucional
(SSCCPP 0695/2012-R, 0903/2012 de 22 de agosto, 2187/2013 de 25 de
noviembre, 0036/2014-S2 de 20 de octubre), estableció que en estos casos el
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accionante imprescindiblemente debe explicar porque considera que esa labor
interpretativa resulta insuficientemente motivada, fundamentada o incongruente,
identificando en su caso las reglas de interpretación que considera que fueron
omitidas; y precisar los derechos y garantías lesionados por el intérprete,
estableciendo los nexos de causalidad entre estos y la interpretación impugnada;
y, ix) En cuanto a la vulneración del derecho a la defensa no es evidente, toda
vez que los accionantes en calidad de demandantes en el proceso ordinario, han
ejercido su derecho de interponer su acción y de llevar adelante su demanda en la
mejor forma que vieron conveniente, sin que se les hubiera privado del mismo ni
de los medios de impugnación, por lo que piden se deniegue la tutela impetrada.
I.2.3. Intervención de la tercera interesada
Julia Basilia Ortiz de Ticona, hoy tercera interesada, mediante escrito cursante de
fs. 136 a 137, señaló lo siguiente: a) Extraña que Vladimir Gaspar Ortiz Lara y
Boris Huascar Ortiz Lara, pretendan anular el Auto Supremo 465/2015,
desconociendo normas básicas del Derecho Procesal Civil, ya que los Autos
Supremos adquieren calidad de cosa juzgada y no pueden ser objeto de recurso
alguno, no pudiendo ser anulados mediante una acción de amparo constitucional;
b) En primera instancia se emitió una sentencia que fue anulada en dos
oportunidades por las salas civiles del Tribunal Departamental de Justicia de La
Paz, por carecer de fundamentación y al haberse transgredido el art. 195 del CF;
c) Su padre la reconoció desde su nacimiento y como refiere “Borda”, el
reconocimiento de un hijo es un acto declarativo, una manifestación que se apoya
en una verdad biológica que la ley acepta como cierta, siendo su característica el
ser voluntaria, pura y no sujeta a condición alguna, de manera tal que así su
madre sea hermana de su padre y se considere incestuosa esa relación, ello no
impide que sea reconocida como hija suya, razón por la cual las autoridades ahora
demandadas, lo único que hicieron fue aplicar lo previsto en el art. 195 del CF, ya
que no es un absurdo que los tres hijos de Hilarion Ortiz Ricaldez, se sometan a
un examen de Ácido Desoxirribonucleico (ADN), donde se demostraría quienes
son sus hijos; y, d) No existe vulneración al debido proceso y menos se dejó en
estado de indefensión a la parte accionante, ya que se aplicó el procedimiento
previsto en los arts. 259, 265 y siguientes del Código de Procedimiento Civil
(CPC), por lo que solicita que se considere esos fundamentos.
I.2.4. Resolución
La Sala Penal Segunda del Tribunal Departamental de Justicia de Chuquisaca,
constituida en Tribunal de garantías, mediante Resolución “33/2016 de 15 de
enero”, cursante de fs. 149 a 153 vta., concedió parcialmente la tutela
solicitada, disponiendo dejar sin efecto el Auto Supremo 465/2015 y que las
autoridades demandas emitan uno nuevo materializando el debido proceso en sus
elementos de legalidad, fundamentación y motivación congruente pertinente y
suficiente, y la seguridad jurídica, con los siguientes fundamentos: 1) Pese a que
la acción formulada no cumple a cabalidad con el requisito impuesto por la
jurisprudencia constitucional de especificar las reglas de interpretación de
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legalidad ordinaria que se consideran incumplidas o inobservadas por las
autoridades demandadas, el Tribunal de garantías considera que en este caso
particular, dada la trascendencia constitucional de la temática expuesta, por estar
vinculada al instituto familiar de reconocimiento de hijo y éste a su vez con el
derecho a la filiación, atendiendo la jurisprudencia constitucional posterior a la del
2011 que considera que esos defectos no puede servir de justificativo de
improcedencia o denegatoria sino que el Tribunal debe ingresar a resolver el
cuestionamiento de fondo, deciden ingresar al pronunciamiento de fondo; 2) El
reconocimiento de hijo es un mecanismo concebido por la doctrina y las
legislaciones a objeto de materializar el derecho de filiación reconocido a los hijos
biológicos en relación a sus progenitores; es decir, para establecer la relación de
parentesco consanguíneo entre el hijo (a) y quienes lo procrearon, dicho
mecanismos se activa en la legislación boliviana, en los casos en los que no se
establece la filiación ipso jure (hijo nacido de matrimonio), siendo tal la naturaleza
de dicho instituto que indiscutiblemente queda excluida ipso facto la posibilidad
legal del reconocimiento de hijo (a) por quien no sea progenitor, pues para este
último supuesto existe otro instituto para materialización de la filiación como es la
adopción, de manera que este instituto es el que abre la posibilidad legal para que
una persona que no es el progenitor, cumpliendo los requisitos legales, adopte a
quien no procreó; 3) Las autoridades demandadas no identificaron y menos
fundamentaron en que error de derecho y porque hubiere incurrido el Tribunal ad
quem al confirmar la Sentencia de primera instancia, basando su decisión en
consideración a los efectos personales y sociales que la nulidad del
reconocimiento ocasionaría a la afectada y su entorno, las cuales activan la
sensibilidad humana lo mismo que una condena a muerte o de una mujer
embarazada, el desalojo y otras decisiones adoptadas por autoridades
competentes, pero que en ningún caso pueden constituirse en sustento y
fundamento válido para a su vez otorgar validez y efectos legales a un acto que
jurídicamente carece de ellos, pues si la validez de los actos no se estableciera por
lo normado sobre ellos en la ley sino por los criterios que los juzgadores pudieran
emitir, se generaría un evidente caos y arbitrariedad, y se vulneraría el debido
proceso, la seguridad, la igualdad, entre otros; 4) La justificación de la decisión
adoptada en alegaciones vinculadas a la ponderación de derechos, es
incongruente y al margen de la normativa que inicialmente enuncia, incurriendo
en evidente incongruencia interna, porque no se puede reconocer validez plena a
un acto de reconocimiento de hijo, que los propios demandados reconocen que no
cumplió con todos los requisitos para que la ley impone y que además está al
margen de la naturaleza y finalidad que la ley le atribuye al reconocimiento de
hijo; 5) Tampoco responden ni fundamentan los demandados porque en los
casos, como el que se examina, donde se establece la filiación de una sobrina
como hija sin ser progenitor, aun se tenga la voluntad para ello, no es válido
hacerlo a través del reconocimiento de hijo sino de la adopción; 6) Las
autoridades demandadas, en el Auto Supremo impugnado, pese a enunciar la
normativa que rige el reconocimiento de hijo e identificar sus requisitos, no
ingresan a examinar el fondo de la misma, ni la naturaleza, alcances y finalidad de
dicho instituto, menos responden ni se refieren con congruencia, suficiencia y
pertinencia a las cuestiones legales vinculadas a los hechos controvertidos en la
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Litis, ya que asumen la decisión tomando en cuenta únicamente uno de los
requisitos para la activación y legalidad del reconocimiento de hijo; 7) El Auto
Supremo impugnado carece de fundamentación y motivación en cuanto a por qué
consideran las autoridades demandadas, que los órganos inferiores hubieren
incurrido en interpretación o aplicación defectuosa de las normas que sustentan
sus fallos, y menos explican por qué dichas normas tuvieran otro contenido y
alcance al entendido y aplicado por los juzgadores de primera y segunda instancia
al declarar y confirmar respectivamente, la nulidad de reconocimiento de hija; y,
8) La alegación de que se vulnera el derecho de defensa al agotarse los
mecanismos de impugnación en sede ordinaria, no puede ser acogida y menos
tutelada, teniendo en cuenta que es precisamente la ley la que prevé la casación
como la última instancia ordinaria, lo que no es responsabilidad de las autoridades
demandadas, por lo que sobre este aspecto corresponde denegar la tutela.
I.3. Trámite procesal en el Tribunal Constitucional Plurinacional
Por decreto constitucional de 20 de mayo de 2016 (fs. 160), se dispuso la
suspensión del plazo por solicitud de documentación complementaria; habiéndose
realizado la reanudación del mismo, a efectos de emitir la Resolución.
II. CONCLUSIONES
De la atenta revisión y compulsa de los antecedentes que cursan en obrados, se
establece lo siguiente:
II.1. Cursa Sentencia 177/2014 de 10 de marzo, dictada dentro del proceso
ordinario de hecho seguido por Vladimir Gaspar Ortiz Lara y Boris Huascar
Ortiz Lara, hoy accionantes, contra Julia Basilia Ortiz de Ticona, hoy tercera
interesada, mediante la cual el Juez Octavo de Partido de Familia del
departamento de La Paz declaró probada en parte la demanda y en su
mérito declaró nulo y sin valor legal los siguientes documentos: i) El
reconocimiento efectuado ante el Oficial de Registro Civil 1507 de La Paz; ii)
El reconocimiento realizado ante el Oficial de Registro Civil 2411 de La Paz,
de 7 de agosto de 1997; iii) El reconocimiento efectuado ante el Oficial de
Registro Civil 210064 de La Paz, de 13 de julio de 2004; iv) El certificado de
nacimiento registrado en la Oficialía de Registro Civil 34, libro 0005/45, folio
100, el 9 de julio de 1945; v) El certificado de nacimiento registrado en la
Oficialía de Registro Civil 280, libro 3/51, partida 536, folio 68, de 5 de julio
de 1951; vi) La Resolución 169/2010 de 1 de abril, pronunciada por el Juez
Décimo de Instrucción en lo Civil sobre declaratoria de herederos a favor de
Julia Basilia Ortiz Ortiz; y, vii) De la escritura pública 628/2010, otorgada
ante la Notaria de Fe Pública Luz María Wagner Vargas y de su inscripción en
[Link]., bajo la matrícula [Link].0113304, asiento 2 (fs. 40 a 46 vta.).
II.2. Mediante Auto de Vista 294/2014 de 16 de septiembre, emitido por la Sala
Civil Tercera del Tribunal Departamental de Justicia de La Paz, se confirmó
la Sentencia 177/2014 (fs. 47 a 48).
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II.3. Por escrito de 23 de enero de 2015, presentado ante la Sala Civil Tercera
del Tribunal Departamental de Justicia de La Paz, la demandada Julia
Basilia Ortiz de Ticona, hoy tercera interesada, interpuso recurso de
casación en el fondo, efectuando las siguientes denuncias: a) Se vulneró su
derecho al nombre, porque al disponerse la nulidad de los certificados de
nacimiento, se quebrantó lo dispuesto por los arts. 9, 10 y 12 del CC, pues
se le quita el nombre y su filiación paterna, sin considerar los efectos
familiares, ya que sus hijos tienen como a su madre a Julia Basilia Ortiz Ortiz,
que sus títulos académicos consignan ese nombre, lo mismo que sus títulos
de bienes adquiridos y vendidos, al sostener que los efectos de la nulidad
dispuesta se retrotraen, no se responde a qué pasará con los actos desde su
nacimiento; b) No se consideró que el reconocimiento de hijo es un acto
voluntario y al desconocerse un acto realizado en vida, se vulneró el art. 195
del CF; c) La Resolución impugnada se basó únicamente en presunciones
para señalar que es sobrina de su padre, sin que ese hecho se hubiera
acreditado con prueba de ADN u otra pericial, tampoco demostraron que las
firmas estampadas en el reconocimiento no correspondan a su padre,
quebrantándose los principios establecidos por el art. 375 del CPC y
desconociéndose los arts. 1527 y 1528 del CC, y por consiguiente se vulneró
el art. 180 de la CPE; d) En el Auto de Vista 294/2014, no analiza el art. 204
del CF, que determina que la impugnación de un acta de reconocimiento
tiene un plazo de caducidad de cinco años, el cual se halla cumplido, ya que
ha transcurrido más de cincuenta años desde el primer reconocimiento
realizado, por lo que la acción caducó, la cual inclusive debió aplicarse de
oficio; y, e) No se demostró la existencia de causales de nulidad de
reconocimiento de paternidad, ya que en la nulidad las causales deben ser
expresas; es decir, deben estar sancionadas por el ordenamiento jurídico
vigente y no así nulidades presuntas, pues el hecho de que crean que entre
hermanos no pueden haber hijos no es razón suficiente para considerar que
su reconocimiento de hija sea nulo o ilegal, invocando el Auto Supremo “254
de 9 de septiembre de 1997” (fs. 53 a 54).
II.4. Cursa el Auto Supremo 465/2015 de 19 de junio, emitido por Rita Susana
Nava Durán y Rómulo Calle Mamani, Presidenta y Magistrado,
respectivamente de la Sala Civil del Tribunal Supremo de Justicia, hoy
demandados, mediante el cual se casó el Auto de Vista 294/2014 y
deliberando en el fondo, declaró improbada en todas sus partes la demanda
interpuesta por Vladimir Gaspar Ortiz Lara y Boris Huascar Ortiz Lara, con
los siguientes fundamentos: 1) La jurisprudencia estableció que el
reconocimiento de hijo es un acto unilateral, personalísimo e irrevocable,
toda vez que quien ejercita ese derecho lo realiza de forma libre y
voluntaria, sabiendo las consecuencias jurídicas del acto que realiza, 2) La
impugnación y/o nulidad de reconocimiento de hijo puede efectuarse por el
reconocido, por terceros y el reconocedor, siempre que se demuestre error,
dolo o violencia en el acto de reconocimiento; 3) Si bien es cierto que el
reconocimiento debe existir cuando hay una relación biológica, es también
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evidente que en nuestra sociedad en la práctica existen padres que
reconocen a los hijos de sus parejas, o también los casos de adopción,
inseminación artificial o por otros factores que generan un vínculo filial de
familia, donde el reconocedor decide voluntariamente asumir la
responsabilidad paterna, circunstancias en las que el paradigma de la
relación biológica, como sustento de la filiación, queda en segundo plano;
4) En consideración al derecho a la identidad y sus relaciones familiares,
toda persona puede defender la filiación que ostenta aunque esta no
corresponda a lazos biológicos, cuando la misma fue instituida por un
reconocimiento exento de vicios del reconociente y de la misma derivaron
afectivas relaciones familiares que no pueden verse afectadas o truncadas
porque ello supondría afectación al derecho a la filiación e identidad de la
persona, con el consiguiente perjuicio y procesos que podrían generarse;
5) Se pretende justificar la pretensión de nulidad de reconocimiento de
hijo, bajo el amparo de normas civiles, que no son aplicables a aspectos
que tienen que ver con materia familiar, ya que el tratamiento de la filiación
se encuentra plenamente reguladas por la norma especial de la materia,
debiendo considerarse que los actores no acomodaron su pretensión a
ninguna de las causales previstas por el art. 549 del CC; es decir, no
acusaron la existencia de error o engaño en el que hubiera incurrido su
padre al realizar el reconocimiento a favor de Julia Basilia Ortiz Ortiz, o la
concurrencia de violencia para lograr el consentimiento, aspectos que
quedaron desvirtuados debido a la existencia de dos intentos de
reconocimiento anteriormente realizados y que no lograron su
materialización en el Registro Civil, presumiéndose que esos tres
reconocimientos, efectuados el 11 de enero de 1987, 7 de agosto de 1997 y
13 de julio de 2004, demuestran la intención de Hilarión Ortiz Ricaldez de
reconocer como a hija a Julia Basilia Ortiz Ortiz, siendo esta una presunción
judicial que constituye medio de prueba permitido por los arts. 1285 y 1320
del CC y 477 de su procedimiento, aplicable por mandato del art. 383 del
CF; 6) El reconocimiento de hijo que constituye un acto jurídico unilateral,
personalísimo e irrevocable, que puede ser realizado en cualquier tiempo,
teniéndose en este caso que el último reconocimiento efectuado el 13 de
julio de 2004 reúne todos los requisitos exigidos para su validez y vigencia,
no habiendo sido desvirtuado por los actores, porque el reconocimiento no
solo genera efectos con relación al hijo sino también respecto a su entorno
familiar, puesto que lo que se reconoce es el estado de hijo o hija; 7) El
acto de reconocimiento es indivisible e irrevocable que conforme a lo
dispuesto por el art. 199 del CF, no puede ser impugnado por terceras
personas guiadas por un interés meramente patrimonial o sucesorio, como
ocurre en el caso presente, aspecto que no puede anteponerse al derecho
personalísimo, como es la filiación, ya que el hijo o hija tiene todo el
derecho de preservar no solo su nombre y apellidos sino mantener los lazos
y relaciones familiares que se generaron, con todos los derechos, deberes y
obligaciones, aspectos que no fueron considerados por los tribunales de
grado; y, 8) Con relación a las otras pretensiones de nulidad así como de
pago de daños y perjuicios, estas se derivan como consecuencia de la
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acción principal, por lo que, al declararse improbada la demanda principal,
corresponde que también sean desestimadas (fs. 49 a 52).
III. FUNDAMENTOS JURÍDICOS DEL FALLO
Los accionantes consideran lesionados sus derechos al debido proceso en sus
elementos de principio de legalidad; a la tutela judicial efectiva y a la defensa,
toda vez que las autoridades demandadas incurrieron en error de interpretación
de las normas del Código de Familia, “Ley del Registro Civil” y el Código del Niño,
Niña y Adolescente, y el art. 549 inc. 1) del CC, relativas a la filiación y adopción,
al sobreponer la voluntad del reconociente ante el vínculo biológico, creando una
figura alterna a la adopción al permitir el reconocimiento como hijos a quienes
biológicamente no lo son, no obstante que ello no se halla permitido, conforme lo
estableció la propia jurisprudencia de los Tribunales de la jurisdicción ordinaria.
En consecuencia, corresponde dilucidar en revisión, si tales argumentos son
evidentes a fin de conceder o denegar la tutela solicitada.
III.1. Sobre la labor de revisión de interpretación de la legalidad
ordinaria en el ámbito constitucional
Con relación a la labor de revisión de la interpretación de la legalidad
ordinaria, la SCP 0115/2016-S1 de 29 de enero, citando a la SCP 1748/2011-R
de 7 de noviembre, señala lo siguiente: “…La interpretación de las normas
legales infra constitucionales, de manera general, es atribución exclusiva de
los jueces y tribunales ordinarios; así, a través de la presente acción tutelar,
no es posible que esta labor sea conocida por la jurisdicción constitucional
como una instancia de casación adicional o complementaria ante la que pueda
solicitarse un nuevo análisis de la interpretación efectuada, salvo que la
problemática concreta adquiera relevancia constitucional, cuando se advierta
afectación a algún derecho fundamental o garantía constitucional y un
evidente desconocimiento de los principios rectores en los que se fundamenta
la jurisdicción ordinaria...
Articulando el razonamiento anterior, la interpretación de la legalidad ordinaria
le corresponde a las autoridades judiciales o administrativas, debiendo toda
supuesta inobservancia o errónea aplicación de la misma, ser corregida a
través de la jurisdicción ordinaria; atañéndole únicamente a la jurisdicción
constitucional «…en los casos en que se impugne tal labor como arbitraria,
insuficientemente motivada o con error evidente, el estudio, dentro de las
acciones de tutela, de la decisión impugnada, a los efectos de comprobar si la
argumentación jurídica en la que se funda la misma es razonable desde la
perspectiva constitucional -razonamiento que debe ajustarse siempre a una
interpretación conforme a la Constitución- o si por el contrario, se muestra
incongruente, absurda o ilógica, lesionando con ello derechos fundamentales o
garantías constitucionales»; siendo imprescindible que, la parte accionante
que se considera agraviada por dicha interpretación: «…1. Explique por qué la
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labor interpretativa impugnada resulta insuficientemente motivada, arbitraria,
incongruente, absurda o ilógica o con error evidente, identificando, en su caso,
las reglas de interpretación que fueron omitidas por el órgano judicial o
administrativo; y, 2. Precise los derechos o garantías constitucionales que
fueron lesionados por el intérprete, estableciendo el nexo de causalidad entre
éstos y la interpretación impugnada; dado que sólo de esta manera la
problemática planteada por el recurrente, tendrá relevancia constitucional»’”.
En la SCP 0410/2013 de 27 de marzo, introdujo la siguiente mutación: “Del
modo explicado en el párrafo anterior, se entiende que las reglas y subreglas
contenidas en la doctrina de las auto restricciones de la jurisdicción
constitucional, respecto al canon de interpretación de la legalidad ordinaria, así
como la valoración integral de la prueba, son instrumentos al servicio de la
persona que crea sus derechos vulnerados, que bien utilizados redundará en
una mejor comprensión del tema por parte de la jurisdicción constitucional y
con ello mayores posibilidades de concesión de la tutela requerida, por ello su
buen uso deviene en una ventaja procesal; mientras que para el Tribunal
Constitucional Plurinacional, son herramientas de verificación de la legalidad y
constitucionalidad de las resoluciones judiciales; pero en ningún caso se
pueden aplicar para rechazar o denegar la activación de la jurisdicción
constitucional por el sólo hecho de no haber sido nombradas en el memorial
de amparo”.
Por su parte, la SCP 340/2016-S2 de 8 de abril, se efectuó la siguiente
modulación: “No obstante lo expresado precedentemente, dados los fines
propios de la justicia constitucional traducidos en el control de
constitucionalidad y el resguardo y vigencia de los derechos y garantías
constitucionales y acceso a la justicia constitucional, a fin de aplicar una
verdadera justicia material, se hace preciso complementar esta doctrina de las
auto restricciones, estableciendo que:
De manera excepcional y como facultad potestativa del Tribunal Constitucional
Plurinacional en grado de revisión de oficio, si la violación a los derechos
fundamentales es grave y evidente según los datos del expediente; ante esta
certeza, es posible ingresar al análisis de la legalidad ordinaria y de la
valoración de la prueba como también de la fundamentación, sin necesidad de
las exigencias desarrolladas por la jurisprudencia”.
III.2. Sobre la filiación
La doctrina del derecho de familia sostiene que la filiación es un vínculo
jurídico que une al padre con los hijos y la descendencia que estos les
sobrevienen. Dicho vínculo se funda en la generación natural (biológica) o
en una situación creada por el amor o la convivencia que se trasunta en
actos jurídicos.
El art. 174 del Código de Familia abrogado (CFabrg) vigente en el momento
de la emisión del fallo impugnado, disponía lo siguiente: “(Derechos
11
fundamentales de los hijos). Los hijos tienen los derechos fundamentales
siguientes:
1. A establecer su filiación paterna y materna, y de llevar el apellido de sus
progenitores.
2. A ser mantenidos y educados por sus padres durante su minoridad.
3. A heredar a sus padres.
Esta enumeración no importa la negación de otros derechos reconocidos
por el presente Código y el ordenamiento legal del país”.
El referido cuerpo normativo familiar, en su título segundo relativo al
establecimiento de la filiación distinguía entre los hijos de padre y madre
casados entre sí, y la de los hijos de padre y madre no casados entre sí.
En lo referente a este último caso, en el capítulo segundo, se preveía tres
formas para establecerla: 1) El reconocimiento; 2) La posesión de estado;
y, 3) La institución judicial de paternidad o maternidad. Si bien es cierto
que la filiación proveniente de la adopción, también se hallaba regulada
por el título segundo del Código de Familia, dicha normativa fue derogada,
pues esa materia pasó a ser normada por el Código del Niño, Niña y
Adolescente.
En cuanto al reconocimiento, éste podía ser efectuado de forma expresa o
implícita. Sobre el reconocimiento expreso, el art. 195 del CFabrg, disponía:
“El reconocimiento del hijo puede hacerse:
1. En la partida de nacimiento del registro civil o en el libro parroquial ante
el oficial o el párroco, respectivamente, con la asistencia de dos testigos, ya
sea en el momento de la inscripción o en cualquier otro tiempo.
2. En instrumento público o en testamento así como en declaración
formulada ante el Juez de Familia.
3. En documento privado reconocido y otorgado ante dos testigos”.
Por su parte el art. 196 regulaba el llamado reconocimiento implícito.
En cuanto a sus características jurídicas, el tratadista argentino Guillermo
Borda (tratado de derecho civil, Familia II), refiere que los caracteres
jurídicos del acto de reconocimiento son: declarativo, unilateral, puro y
simple, personalísimo e irrevocable. Precisamente en cuanto a esta última
característica, el art. 199 del CFabrg, señala: “El reconocimiento es
irrevocable y, cuando se hace en testamento, surte efectos aunque el
testamento se revoque”.
12
III.2.1. Sobre los principios que rigen la determinación de la
filiación
La determinación de la filiación del hijo en los casos en los que se
pretende la investigación de paternidad se rige por los principios
de verdad biológica y favor filii, a las que nos referiremos a
continuación:
i) El principio de la verdad biológica. Como respuesta al
sistema que daba preferencia a la filiación en consideración al tipo
de vínculo que unía a los progenitores a partir de lo cual se
generaba la categorización de los hijos (en legítimos, naturales y
otros), en resguardo de los derechos del hijo, particularmente de
los menores, surgió el principio de verdad biológica, el cual
proclama que el establecimiento de la filiación debe determinarse
con base a verdad material en su vertiente de verdad o realidad
biológica, procurando, en la medida de lo posible, que coincidan la
filiación jurídica con la biológica. Este principio se materializa en la
posibilidad de la investigación de la paternidad, la cual, sin
embargo, se encuentra subordinada al interés preferente de los
hijos.
ii) El principio de favor filii. Como señala Maricela Gonzales
Pérez de Castro (La verdad Biológica en la determinación de la
filiación), la investigación de paternidad es uno de los aspectos
que integran el principio favor filii (en beneficio del hijo); el
mismo supone una regla en virtud de la cual en caso de conflicto,
el interés de los hijos prepondera y el interés de los padres se
sacrifica y cede; la protección integral que se pretende lograr es
la de los hijos en general, sin tomar en cuenta su origen ni edad;
dicha protección no solo está encaminada a la búsqueda de la
verdad material, sino, sobre todo, a una protección moral o
espiritual. En mérito a este principio, en la determinación de la
filiación del hijo, la realidad biológica solo es el punto de partida
ya que frente a esta existe una realidad social que debe
considerarse, pues en ella existen derechos protegidos
constitucionalmente, como es el caso del derecho a la identidad y
a la protección de la familia, de manera tal que en virtud del
principio favor filii en algunas circunstancias la verdad biológica
deberá ceder y prevalecer la verdad social, expresada en la
posesión de estado del que goza el hijo. El principio favor filii o
en beneficio del hijo, cuya aplicación es amplia y no se reduce
únicamente a la investigación de la paternidad, se encuentra
reconocido en el art. 60 de la CPE, la cual señala que “Es deber
del Estado, la sociedad y la familia, garantizar la prioridad del
interés superior de la niña y adolescente, que comprende la
preeminencia de sus derechos…” (las negrillas son añadidas);
13
por su parte el art. 174.1 del CFabrg establecía que entre los
derechos fundamentales del hijo se halla la de “establecer su
filiación paterna y materna, y de llevar el apellido de sus
progenitores”. En ese marco, al margen de la legitimidad que se
le reconoce al hijo, es la propia normativa la que impone
limitaciones al ejercicio de las acciones de impugnación de
filiación, como sucede cuando el art. 185 del CFabrg, le niega
acción de negación de paternidad al marido de la mujer que
conocía de su embarazo o cuando después del nacimiento se
comportó como padre; lo propio ocurre cuando se prevé la
irrevocabilidad del reconocimiento (art. 199 del CFabrg);
asimismo, al fijar plazos de caducidad para el ejercicio de las
acciones de negación y desconocimiento de paternidad (art. 188
del CFabrg) e impugnación del reconocimiento (art. 2014 del
CFabrg) o limitando la legitimación activa, como sucede con las
acciones de reclamación de filiación (art. 191 del CFabrg).
III.3. Derecho a la identidad
Con relación al derecho a la identidad, en la SCP 0072/2015-S1 de 10 de
febrero, se señala: “Este derecho proviene de los derechos a la vida y a la
dignidad, por ello está reconocido en el Capítulo Quinto, Sección V, relativa
a los derechos de la niñez, adolescencia y juventud, el derecho a la
identidad debe ser materializado inmediatamente al nacimiento dada su
naturaleza, a través de la identidad es que el ser humano puede
interrelacionarse el hecho de que la Norma Suprema no lo reconozca como
derecho fundamental expresamente, y únicamente el Código Civil, así como
las normas que tratan del registro cívico, hagan mención a todo cuanto
implica registrar a una persona y al nombre, esto no supone que el derecho
a la identidad no tenga categoría de derecho fundamental, pues el art.
[Link] de la Ley Fundamental precisamente considerando coexistente al
nacimiento de todo ser humano, garantiza ‘Todo niña, niño y adolescente
tiene derecho a la identidad y la filiación respecto a sus progenitores.
Cuando no se conozcan los progenitores, utilizarán el apellido convencional
elegido por la persona responsable de su cuidado’. Este derecho se
extiende a la vida adulta e incluso se extiende después de la muerte, para
efectos de sucesión en el campo jurídico, de ahí que aun dejando de existir
la persona no puede privársela de su identidad como derecho, porque este
derecho se extiende a sus sucesores.
El Código Civil, como regulador de este derecho a partir de los preceptos de
la Constitución, establece en su libro primero, art. ‘9 (DERECHO AL
NOMBRE) I. Toda persona tiene derecho al nombre que con arreglo a la ley
le corresponde. El nombre comprende el nombre propio o individual y el
apellido paterno y materno, salvo lo dispuesto en el artículo siguiente’.
Luego en el art. 12 del sustantivo civil intitulado ‘PROTECIÓN DEL NOMBRE
dispone: ‘La persona a quien se discuta el derecho al nombre que lleva o
14
sufra algún perjuicio por el uso indebido que de ese nombre haga otra
persona, puede pedir judicialmente el reconocimiento de su derecho o la
cesación del uso lesivo. El juez puede ordenar que la sentencia se publique
por la prensa’.
A decir del Tribunal Constitucional Plurinacional en la SCP 0379/2013 de 25
de marzo, luego de hacer referencia a las citadas normas del Código Civil y
a Bonnecase citado por Morales Guillén establece: ‘…el nombre es un
atributo de la personalidad, que designa a la persona y la distingue de las
demás, y el apellido la individualiza, para que no exista equivocación, ya
que el nombre y el apellido establecen la identidad de un determinado
sujeto’. Esta interpretación ya fue manifestada en la SC 0175/2011-R de 11
de marzo que dice: ‘Respecto de la identidad como instituto jurídico, que se
encuentra como parte de los derechos de la personalidad, la SC 0027/2010-
R de 16 de abril, señaló que: «…El art. 9.I del Código Civil (CC), determina
que toda persona tiene derecho al nombre que le corresponde con arreglo
a la ley y comprende el nombre propio o individual y el apellido paterno y
materno; ahora bien, conforme lo señala Morales Guillén: “El nombre y el
apellido establecen la identidad de un sujeto determinado como tal, ya que
de ellos depende su personalidad en concreto y el status correspondiente.
La identidad es así, el elemento más importante de la personalidad. Cumple
una función individualizadora y constituye la manifestación principal del
derecho subjetivo a la identificación que se exterioriza frente a todos y en
cualquier contingencia de la vida social” (Carlos Morales Guillén. Código
Civil Concordado y Anotado); de lo expuesto, se concluye entonces que el
nombre y apellido de la persona forman un todo que la individualizan; es
decir, hacen a la identidad de la persona como un atributo específico de la
personalidad’».
Esta posición se respalda también en la doctrina, decía que: ‘…la identidad
personal, vale decir el ser sí mismo con los propios caracteres y acciones,
constituyendo la misma verdad de la persona, no puede, en sí y por sí, ser
destruida, porque la verdad, por ser la verdad, no puede ser eliminada. Sin
embargo, por sí mismo significa serlo aparentemente, también en el
conocimiento y en la opinión de otros; significa serlo socialmente’.
Haciendo alusión a su legislación, el citado jurista italiano citado por
Cifuente (idem) destacando siempre el derecho subjetivo a la identidad,
señala que ‘configura un derecho de la personalidad, porque es una
cualidad, un modo de ser de la persona, para los otros igual a sí misma, en
relación con la sociedad en que vive; como tal es un derecho esencial, y
concedido para toda la vida -vitalicio-. Derecho que es innato, con el
nacimiento, la indiviudalidad propia tiene a mirarse exactamente en el
conocimiento de otros…’.
De otro lado, el tratadista, sobre el derecho al nombre, refiere: ‘La
Constitución nacional no menciona el tema del derecho al nombre, pero
15
como observa el juez Fayt, en «Stegemann», se trata de una facultad
constitucional sobreentendida o tácita, emergente de los arts. «… En la
elección del nombre entran en juego tanto el interés general, en pro de la
individualización de las personas y de la preservación del idioma, como el
interés de los padres del nacido, y del portador del nombre después, ya que
el nombre se relaciona con la personalidad del sujeto en cuestión…»’.
El mismo autor, con relación al derecho a la identidad considera ‘El derecho
al nombre presupone la existencia de un derecho constitucional a la
identidad. El derecho a la identidad, definido brevemente como 'el derecho
a ser uno mismo, y a 'no ser confundido con los otros'»”.
III.4. Sobre el derecho a la protección de las familias
La Constitución Política del Estado, en la Primera Parte, Título II, Capítulo
Quinto, señala los derechos sociales y económicos, estando en la Sección VI
del mismo, los derechos de las familias expresados en el art. 62 de la
siguiente forma: “El Estado reconoce y protege a las familias como el
núcleo fundamental de la sociedad, y garantizará las condiciones sociales y
económicas necesarias para su desarrollo integral. Todos sus integrantes
tienen igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades”; por su parte el
art. 16.3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, señala: “La
familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho
a la protección de la sociedad y del Estado”. Dado que es dentro de las
familias donde el hijo encuentra su identidad, su protección y desarrollo
integral, debe impedirse que a causa de cambios intempestivos de familias
se afecten al hijo, independientemente de la edad que tenga, en su
integridad psíquica y moral, y que podrían inclusive proyectarse a su
descendencia, supuesto que la tranquilidad del hijo, repercute en el
bienestar común de las familias; esta es una de las formas como se
materializa el mandato constitucional de la protección de las familias.
III.5. La tutela judicial efectiva y su configuración
Con relación a la tutela judicial efectiva, en la SCP 0781/2015-S2 de 15 de
julio, se señala: “Al respecto, este derecho fundamental es reconocido por
el art. 115.I de la CPE, que establece: ‘Toda persona será protegida
oportuna y efectivamente por los jueces y tribunales en el ejercicio de sus
derechos e intereses legítimos’; asimismo, la jurisprudencia constitucional
señaló: ‘…la garantía de la tutela jurisdiccional eficaz, entendida en el
sentido más amplio, dentro del contexto constitucional referido, como el
derecho que tiene toda persona de acudir ante un juez o tribunal
competente e imparcial, para hacer valer sus derechos o pretensiones, sin
dilaciones indebidas’ (SC 1044/2003-R de 22 de julio).
La SCP 0861/2012 de 20 de agosto, recogiendo el razonamiento de la SC
1967/2011-R de 28 de noviembre, señaló: ‘Sobre la tutela judicial efectiva,
16
el art. 115.I de la CPE, establece que: «Toda persona será protegida
oportuna y efectivamente por los jueces y tribunales en el ejercicio de sus
derechos e intereses legítimos…»; de ello se infiere que es facultad de
acceso de toda persona ante los órganos de administración de justicia a
efectos que en el ejercicio de sus derechos, emita una resolución o
decisión, procure su defensa, logrando el pronunciamiento de una
resolución que tutele sus derechos, como bien jurídico protegido; en ese
sentido la SC 1388/2010-R de 21 de septiembre, indicó: «La tutela judicial
efectiva comprende la posibilidad de activar o iniciar ante los órganos
jurisdiccionales un proceso, en el que obtenga una sentencia fundamentada
que declare el derecho de cada una de las partes conforme corresponda en
justicia, además implica la posibilidad de poder interponer los recursos que
la ley establezca y la eventualidad de obtener el cumplimiento efectivo de la
sentencia, con el objeto de garantizar el restablecimiento de una situación
jurídica vulnerada, evitando la indefensión, involucrando el acceso a los
tribunales; la efectividad de las decisiones judiciales; y el ejercicio del
recurso previsto en la ley»’.
Por lo que toda persona podrá acudir ante los órganos encargados de la
administración de justicia, en el que las autoridades judiciales velarán
porque el proceso judicial que tengan a su cargo se desenvuelva acorde a
las garantías jurisdiccionales, procesales y constitucionales, a más del libre
acceso al proceso por parte del justiciable y en la que ante una petición
suya, obligue a la autoridad judicial a pronunciarse sobre el fondo de la
pretensión llevada a juicio, debiendo responderle de forma eficiente y
debidamente sostenida, materializando así el derecho a la tutela judicial
efectiva o de acceso a la justicia”.
III.6. Sobre el derecho a la defensa
Con relación al derecho a la defensa y su alcance, en la SCP 0287/2015-S2
de 6 de febrero, se señala: “…la SCP 0732/2013 de 6 de junio, a través del
entendimiento de las SSCC 2777/2010-R, 0183/2010-R y 1534/2003-R,
precisó que el derecho a la defensa es la: ‘«…potestad inviolable del
individuo a ser escuchado en juicio presentando las pruebas que estime
convenientes en su descargo, haciendo uso efectivo de los recursos que la
ley le franquea. Asimismo, implica la observancia del conjunto de requisitos
de cada instancia procesal en las mismas condiciones con quien lo procesa,
a fin de que las personas puedan defenderse adecuadamente ante
cualquier tipo de acto emanado del Estado que pueda afectar sus
derechos.», entendimiento ratificado recientemente por la SC 0183/2010-R
de 24 de mayo, que además precisó que el derecho a la defensa se
extiende: «…i) Al derecho a ser escuchado en el proceso; ii) Al derecho a
presentar prueba; iii) Al derecho a hacer uso de los recursos; y, iv) Al
derecho a la observancia de los requisitos de cada instancia procesal, que
actualmente se encuentra contemplado en el art. [Link] de la CPE».
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En atención a lo mencionado, se denota que uno de los elementos de la
garantía del debido proceso, es el derecho fundamental a la defensa
consagrado por el art. [Link] de la CPE, que, al decir de la SC 1842/2003-R
de 12 de diciembre, citada en la SC 0206/2010-R de 24 de mayo, tiene dos
connotaciones: «…la primera es el derecho que tienen las personas, cuando
se encuentran sometidas a un proceso con formalidades específicas, a tener
una persona idónea que pueda patrocinarles y defenderles oportunamente,
mientras que la segunda es el derecho que precautela a las personas para
que en los procesos que se les inicia, tengan conocimiento y acceso de los
actuados e impugnen los mismos en igualdad de condiciones conforme a
procedimiento preestablecido y por ello es inviolable por las personas o
autoridades que impidan o restrinjan su ejercicio, por ello en caso de
constatarse la restricción al derecho fundamental a la defensa, se abre la
posibilidad de ser tutelado mediante el amparo constitucional, ahora acción
de amparo constitucional»’”.
III.7. Análisis del caso concreto
Los accionantes consideran lesionados sus derechos al debido proceso en
sus elementos de principio de legalidad; a la tutela judicial efectiva y a la
defensa, toda vez que las autoridades demandadas incurrieron en error de
interpretación de las normas del Código de Familia, “Ley del Registro Civil”
y el Código del Niño, Niña y Adolescente, y el art. 549 inc. 1) del CC,
relativas a la filiación, y adopción, al sobreponer la voluntad del
reconociente ante el vínculo biológico, creando una figura alterna a la
adopción al permitir el reconocimiento como hijos a quienes biológicamente
no lo son, no obstante que ello no se halla permitido, conforme lo
estableció la propia jurisprudencia de los Tribunales de la jurisdicción
ordinaria.
En el caso en examen corresponde aplicar el entendimiento establecido en
la SCP 0410/2013 y la modulación efectuada por la SCP 0340/2016-S2, que
permite al Tribunal Constitucional Plurinacional, ingresar a examinar la
interpretación de la legalidad ordinaria, sin exigir la carga argumentativa
sobre los requisitos desarrollados por la jurisprudencia constitucional,
cuando la violación de los derechos es grave y evidente según los datos del
expediente, lo cual sucede en el caso en examen, pues como se
desarrollará a continuación, la decisión asumida por las autoridades
demandadas a tiempo de vulnerar los derechos fundamentales denunciados
afectan gravemente el derecho a la filiación y la protección de las familias
no solo del accionante sino que a partir de la función nomofiláctica que
cumple el Tribunal de casación, sus efectos se irradian al resto de los
bolivianos en situación similar.
De los antecedentes que cursan en obrados, se evidencia que la sentencia
emitida por el Juez Octavo de Partido de Familia del departamento de La
Paz, dispuso la nulidad de los reconocimientos de hija efectuados por
18
Hilarión Ortiz Ricaldez a favor de Julia Basilia Ortiz Ortiz en razón a que se
había acreditado que la reconocida no era hija biológica del reconociente
sino su sobrina, por ser hija de su hermana; asimismo, se dispuso la
nulidad de la partida de nacimiento, del Auto de declaratoria de herederos y
de la escritura pública 628/2010, con la consiguiente cancelación de su
registro en [Link].; dicho fallo fue confirmado en apelación; empero, las
autoridades demandadas, por Auto Supremo 465/2015, hoy impugnado,
casaron el Auto de Vista y deliberando en el fondo declararon improbada la
demanda.
Los accionantes cuestionan esencialmente que el Auto Supremo 465/2015
valide el reconocimiento efectuado por su padre a favor de su sobrina; es
decir, que se hubiera reconocido como hija a quien biológicamente no lo es,
alegando que ello no era posible, ya que para tal caso el legislador ha
previsto el instituto de la adopción.
Conforme se tiene desarrollado en el Fundamento Jurídico III.2 de la
presente Sentencia Constitucional Plurinacional, la determinación de la
filiación del hijo no es una situación irremisiblemente derivada del hecho
biológico, ya que se encuentra influenciada por otros factores que integran
una realidad social que debe ser considerada, dado que se hallan en juego
otros derechos con igual protección constitucional como son los derechos a
la identidad y a la protección de la familia, que deben ser examinados en
cada caso a la luz del principio favor filii, de manera tal que como
consecuencia de la ponderación de los derechos en conflicto, en algunas
circunstancias la verdad biológica deberá ceder y prevalecer la verdad
social, expresada en la posesión de estado del que goza el hijo, con fin de
otorgarle seguridad jurídica y garantizar su bienestar y el de la familia de la
que forma parte. Asimismo, se tiene señalado que en la normativa familiar
vigente en el momento de la emisión del fallo impugnado, el principio favor
filii, se encontraba reconocido; por una parte al determinar que el
establecimiento de la filiación, constituida un derecho fundamental del hijo,
al tenor del art. 174.1 del CFabrg; y por otro lado, al prever limitaciones al
ejercicio de las acciones de impugnación de paternidad, como es el caso de
la limitación de la legitimación activa y sujeción a plazo de caducidad de las
acciones de impugnación al reconocimiento de hijo. Consiguientemente, el
razonamiento efectuado por las autoridades demandadas en la emisión del
Auto Supremo 465/2015, en sentido de que el reconocimiento voluntario no
puede ser impugnado por terceras personas (en este caso los causantes del
reconociente, hoy accionantes) guiadas por un interés meramente
patrimonial o sucesorio anteponiéndose al derecho a la filiación, se halla
efectuado desde y conforme a la Constitución Política del Estado.
La conclusión efectuada por las autoridades demandadas, ciertamente
restringe la legitimación activa y las causas en mérito de las cuales es
posible impugnar el acto del reconocimiento. Precisamente, sobre la
impugnación del reconocimiento, el art. 204 del CFabrg, disponía que: “El
19
reconocimiento puede impugnarse, por el hijo y por quienes tengan interés
en ello.
No procede la impugnación pasados cinco años desde que se practicó el
reconocimiento. Este plazo empieza a correr para los menores e interdictos
desde su mayoría o rehabilitación, respectivamente”.
La argumentación jurídica en la que se funda la interpretación efectuada
por las autoridades demandadas, resulta razonable desde la perspectiva
constitucional, ya que la misma correspondió a los métodos interpretativos
de validación constitucional de la hermenéutica judicial gramatical,
teleológica y sistemática de la norma en examen, en cuya virtud resulta
evidente que tanto la legitimación activa como las causas de la
impugnación son restringidas; dado que el establecimiento de la filiación
constituye una cuestión personalísima que atañe en primer lugar al hijo y
luego al padre y a la madre, en atención a la titularidad del derecho a la
filiación que le otorga al hijo el art. 174.1 del CFabrg, cuyo interés
consecuentemente resulta prevalente, los intereses de los terceros tiene
muy restringida su intervención. Ello resulta corroborado por el hecho de
que la Sección I relativa al reconocimiento de hijo, del Capítulo II que
regula el establecimiento de la filiación de los hijos de padre y madre no
casados entre sí, hace alusión únicamente al cónyuge y a los descendientes
del hijo como participantes del reconocimiento del hijo mayor de edad, pero
no así a los herederos del padre reconociente. En lo que atañe a la
finalidad, cabe tener presente que la impugnación constituye un mecanismo
procesal que se encuentra a disposición, principalmente a favor, del hijo,
cuyos derechos a la identidad y a la protección de su familia, tienen
raigambre constitucional, de manera tal que en mérito al principio favor filii,
resulta razonable la restricción de la legitimación activa y las causas por las
que es posible impugnar la paternidad, las cuales siendo aplicable con
relación al propio padre biológico que acciona en busca del ejercicio de su
paternidad responsable, lo es con mayor razón respecto de los herederos
del reconociente que activan la impugnación por intereses sucesorios, en
desmedro de los derechos sobre todo personalísimos, en este caso de la
hija recocida, cuya prevalencia ha decidido el Tribunal de casación,
otorgándole seguridad jurídica sobre la posesión del estado civil del que
gozaba y permitiéndole mantener la tranquilidad personal y familiar.
Finalmente cabe aclarar que esta conclusión, no se invalida por el hecho de
que los demandantes, hoy accionantes, interpusieron como acción principal,
la de nulidad de las actas de reconocimiento de hija; pues la pretensión de
invalidar el reconocimiento fundado en la causa de falta de correspondencia
de relación biológica del que reconoció con la reconocida; es decir, de no
ser éste el padre biológico de la reconocida, solo era posible por medio de
la impugnación del reconocimiento que preveía el art. 204 del CFabrg,
porque al ser el reconocimiento un acto de declaración unilateral de
características singulares por el que se establece la filiación de un hijo, lo
cual constituye materia exclusiva del derecho de familia; efectivamente el
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acta de reconocimiento de hijo no se halla sujeto a las causales de nulidad
previstas para los actos bilaterales del ámbito civil, previstos en el art. 549
del CC.
La prevalencia de la realidad social y el reconocimiento de los derechos a
identidad y a la protección de la familia con la finalidad de otorgar
seguridad jurídica a la hija reconocida, precautelando su tranquilidad
personal y la de su familia, sobre la realidad biológica no implican la
creación de una figura alterna a la adopción y menos el forjamiento de una
situación caótica, dado que fue la propia normativa familiar, la que impuso
la consolidación de la filiación jurídica en beneficio del hijo, impidiendo la
impugnación indiscriminada de la filiación y su determinación en
consideración también a los otros factores que integran la realidad social,
en cada caso.
Tampoco se advierte que se hubiera vulnerado el principio de legalidad, ya
que ninguna norma del Código de Familia, le concede al heredero del
reconociente, facultad para impugnar el reconocimiento de hijo (efectuado
por su causante) fundado en la causa de inexistencia de la relación
biológica con el reconocido, motivado por intereses sucesorios, pues si bien
es cierto que no existe previsión expresa que permitía el reconocimiento de
quien no es hijo bilógico, no es menos evidente que esos reconocimientos
de complacencia, se encontraban tolerados por el propio Código de Familia,
puesto que estos no podían ser impugnados con el fundamento de falta de
realidad biológica, ni revocados por el reconociente y con mayor razón por
un tercero que no pretendía ser progenitor, todo ello en beneficio del hijo,
por encima de la voluntad de los padres inclusive. En lo que atañe al art.
549 del CC, no existe referencias sobre el aspecto de su aplicación que
estuviera siendo cuestionado, por lo que no hay posibilidad de
pronunciamiento sobre este aspecto; lo propio sucede respecto de la Ley
del Registro Civil de 26 de noviembre de 1898, su Decreto Reglamentario
de 3 de julio de 1943 y el DS 24247, también aludidas.
En consecuencia, no es cierto que las autoridades demandas hubieran
vulnerado los derechos al debido proceso y a la tutela judicial efectiva, ya
que en el caso del último de los derechos nombrados, los demandantes,
hoy accionantes, tuvieron acceso a los órganos de la jurisdicción ordinaria,
de los cuales han obtenido pronunciamiento de fondo; en cuyo mérito
corresponde denegar la tutela solicitada.
Con relación al derecho a la defensa, no se advierte su vulneración, ya que
los accionantes, intervinieron en la causa que motiva la presente acción de
amparo constitucional, ejerciendo ampliamente sus derechos, por lo que
con relación a este aspecto corresponde también denegar la tutela.
21
Por todo lo expuesto, el Tribunal de garantías, al haber concedido
parcialmente la tutela solicitada, no efectuó un examen minucioso de los
antecedentes.
POR TANTO
El Tribunal Constitucional Plurinacional, en su Sala Segunda; en virtud de la
autoridad que le confiere la Constitución Política del Estado y el art. 44.2 del
Código Procesal Constitucional; en revisión, resuelve: REVOCAR en parte la
Resolución “33/2016 de 15 de enero”, cursante de fs. 149 a 153 vta., pronunciada
por la Sala Penal Segunda del Tribunal Departamental de Justicia de Chuquisaca;
y, en consecuencia, DENEGAR la tutela solicitada.
Regístrese, notifíquese y publíquese en la Gaceta Constitucional
Plurinacional.
Fdo. Dra. Mirtha Camacho Quiroga
MAGISTRADA
Fdo. Dr. Zenón Hugo Bacarreza Morales
MAGISTRADO
22