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La Retórica en Roma

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1.

1 La retórica en Roma

La retórica romana es una disciplina central que toma del mundo griego sus
fundamentos y los adapta a la vida política, social y judicial de la República y del
Imperio Romano. En Roma, la retórica no se considera únicamente un arte de la
palabra; es una técnica compleja y estructurada, orientada a la persuasión y al dominio
de la expresión pública. Se divide en teoría (el estudio de sus reglas) y práctica (la
ejecución del discurso en diversas circunstancias), y se concibe como un medio de
poder y de construcción social.

1.1. Concepto y orígenes: el mundo helénico

La retórica nace en Grecia, y en sus primeros desarrollos como disciplina se vincula


estrechamente con la filosofía y la poesía. En su origen, la retórica tiene la función de
convencer y conmover al auditorio a través del uso de la palabra. Aristóteles definirá
la retórica como "la facultad de considerar en cada caso lo que sirve para persuadir". Sin
embargo, el concepto mismo de retórica es diverso y se desarrolla de distintas formas a
través de varias escuelas y autores.

El contexto helénico de las ciudades-estado o polis es crucial para el surgimiento de la


retórica, ya que en estas comunidades la participación política requiere de habilidades
discursivas. Así, se crean formas y técnicas que sistematizan la estructura de los
discursos. Entre los filósofos y oradores, se distinguen diversas posturas sobre la
naturaleza y finalidad de la retórica, lo que derivará en una confrontación entre la
retórica y otras formas de expresión, como la dialéctica o la poesía.

1.1.1 Primeras manifestaciones de la retórica

Las primeras manifestaciones de la retórica se encuentran en las obras homéricas ,


donde los héroes recurren a discursos que contienen elementos persuasivos y
argumentativos. Estos discursos, aunque literarios, empiezan a establecer las bases de la
persuasión y de la construcción del discurso. En este contexto se empieza a observar la
importancia de la habilidad para convencer y mover al auditorio, que serán esenciales
para el desarrollo de la retórica.

El primer tratado de retórica propiamente dicho fue escrito por Córax de Siracusa en el
siglo V aC y perfeccionado por su discípulo Tisias . En un contexto de cambios
sociales, Córax elabora un manual para que los ciudadanos puedan defender sus
propiedades frente a los tribunales. Estos primeros pasos estructuran la retórica
judicial , orientada a ganar los pleitos mediante el uso racional de argumentos. La
retórica se convierte así en un medio práctico de defensa y en una herramienta de poder
y protección para los ciudadanos.
1.1.2 La retórica de los sofistas

Los sofistas desempeñaron un papel clave en la evolución de la retórica. Fueron


profesores itinerantes que enseñaron a los jóvenes a construir argumentos para persuadir
en cualquier situación. Sofistas como Protágoras de Abdera y Gorgias de Leontinos
defendían el uso de la retórica como una técnica de relativismo, en la que no hay una
verdad absoluta, sino que cada situación puede interpretarse de distintas formas según el
discurso empleado.

Protágoras introduce la antilogía (arte de argumentar en contrarios), permitiendo que


cualquier punto de vista se defienda o se ataque. Esta postura introduce el relativismo en
la retórica, según el cual cada argumento puede tener una contraparte, y la verdad es
sustituida por la habilidad de presentar la versión más persuasiva.

Gorgias , por su parte, es célebre por su Encomio de Helena , donde defiende que la
retórica tiene un poder casi mágico para manipular y cautivar al oyente. Con su
habilidad para construir figuras retóricas y apelar a las emociones, Gorgias plantea que
la retórica puede emplearse en múltiples contextos, lo que genera un debate sobre su uso
ético.

1.1.3 Contra los sofistas: Platón

Platón critica duramente a los sofistas y su uso de la retórica. Para Platón, la retórica,
tal como la presentan los sofistas, es superficial y engañosa, porque se basa en la
manipulación de la opinión y no en la búsqueda de la verdad. En su diálogo Eutidemo y
Gorgias , Platón argumenta que la retórica, al ser una habilidad sin fundamento en la
realidad, solo persuade a quienes desconocen la verdad, convirtiéndose en una
herramienta para propagar la ignorancia.

Sin embargo, en Fedro , Platón diferencia entre una retórica "falsa" y una "verdadera".
Mientras que la retórica falsa manipula la opinión, la verdadera debe utilizarse para
guiar el alma del oyente hacia el bien. En esta visión, sólo los filósofos, quienes
conocen el mundo de las ideas, pueden ejercer la verdadera retórica.

Para Platón, la retórica sin conocimiento es una técnica vacía y peligrosa, pero una
retórica guiada por la verdad y el bien puede convertirse en un arte digno.

1.1.4 El arte de la prosa

A partir del siglo IV aC , la retórica griega evoluciona hacia el desarrollo de la prosa


como un género literario. Antes, la épica, la lírica, la tragedia y la comedia ocupaban los
géneros artísticos predominantes. La prosa se convierte en un medio efectivo para la
retórica política y judicial, siendo adaptada para audiencias que buscan un contenido
más lógico y estructurado.

Isócrates es uno de los grandes maestros de la prosa y del discurso político en Atenas.
Para él, la retórica debe estar fundamentada en la educación y en valores morales. Al
igual que Platón, rechaza la manipulación sofista y considera que solo aquellos que se
controlan a sí mismos y actúan con justicia son capaces de elaborar buenos discursos.
La obra de Isócrates representa una síntesis entre la filosofía y la retórica, y su enfoque
en la educación sería luego fundamental para el desarrollo de la retórica romana.

1.1.5 La retórica aristotélica

Para Aristóteles, la retórica es "la facultad de considerar en cada caso lo que sirve para
persuadir". A diferencia de Platón, que veía la retórica como una técnica vacía sin
contenido real, Aristóteles considera que la retórica tiene un objetivo positivo y
necesario: es el arte de la persuasión y la facultad de razonar sobre cualquier tema
en función de los intereses de un público diverso. La retórica se convierte en un
complemento de la dialéctica, pues ambas disciplinas buscan estructurar argumentos
racionales, aunque con métodos y objetivos diferentes.

Aristóteles, consciente de que el discurso puede usarse tanto para la verdad como para
el engaño, sostiene que la retórica debe guiarse por principios racionales y no por la
manipulación. Considere que cada género y contexto requiere de un enfoque diferente ,
y que el orador debe identificar el tipo de argumento y de enfoque que más impacto
tendrá en su audiencia. En este sentido, establece tres géneros fundamentales de
discurso (judicial, deliberativo y epidíctico), cada uno con una finalidad distinta.

En resumen, la definición de Aristóteles concibe la retórica como:

 Un arte del razonamiento persuasivo aplicable a diversos temas.


 Una herramienta de conexión entre el orador y la audiencia.
 Un método para identificar y utilizar los medios adecuados de persuasión en
cada caso.

❖ Pístis: el argumento como medio de persuasión

El concepto de pistis es central en la retórica aristotélica. Pístis, traducido como


“argumento” o “prueba”, representa los medios de persuasión que el orador utiliza para
convencer al auditorio. Aristóteles clasifica estos medios en tres categorías: éthos,
páthos y lógos :

1. Éthos : El carácter del orador. La autoridad y autoridad que transmite el orador


son esenciales para persuadir; su carácter y reputación ante la audiencia influyen
en la aceptación del mensaje.
2. Páthos : La apelación a las emociones. Al emocionar o conmover a la audiencia,
el orador logra que el mensaje sea más persuasivo.
3. Logos : La lógica del discurso. A través del razonamiento y la argumentación
racional, el orador fundamenta su discurso, proporcionando evidencias y
argumentos que sostienen su posición.

Dentro de estos elementos, el lógos o el argumento racional es el medio que Aristóteles


considera más noble y confiable, ya que se apoya en hechos y lógica . La pistis se
convierte en el elemento fundamental del discurso, ya que organiza los recursos de
persuasión en función del contexto y del público.

❖ Ejemplo: histórico o inventado (exempla ficta)

Aristóteles introduce la inducción en la retórica a través del uso de ejemplos o


paradigmas. Los ejemplos sirven para ilustrar y clarificar un argumento, proporcionando
casos concretos que la audiencia pueda comprender y relacionar con la situación que el
orador describe. Aristóteles distingue dos tipos de ejemplos:

 Ejemplo histórico : Se basa en hechos verídicos, conocidos y comprobables,


que el orador utiliza para dar credibilidad a su argumento. La veracidad del
ejemplo histórico fortalece el discurso, pues el auditorio puede relacionarse con
situaciones que ya conoce y entiende cómo el argumento ha sido comprobado en
el pasado.
 Ejemplo inventado ( exempla ficta ): Consiste en ejemplos ficticios o
hipotéticos, creados para reflejar situaciones verosímiles que ayudan a entender
el punto del orador. Aunque no sean hechos reales, estos ejemplos son plausibles
y permiten que la audiencia imagine la aplicación del argumento en escenarios
diferentes.

Aristóteles identifica dos formas de ejemplos inventados:

 Parábola : Es una comparación extendida o historia que ilustra una verdad


moral o práctica. La parábola, al comparar un caso ficticio con la realidad, ayuda
a transmitir la esencia de la argumentación en términos accesibles para la
audiencia.
 Fábula : Es una narración corta, a menudo protagonizada por animales o
personajes simbólicos, que concluye con una enseñanza o moraleja. Las fábulas
son útiles para reflejar situaciones humanas mediante personajes o acciones
arquetípicas, facilitando el entendimiento del mensaje moral o lógico.

El uso de ejemplos históricos e inventados responde a la necesidad de Aristóteles de


anclar la argumentación en casos concretos que la audiencia pueda comprender y
aceptar, sin depender exclusivamente de argumentos abstractos. Estos recursos permiten
al orador conectarse con el público a través de relaciones y comparaciones que hacen
más accesible el mensaje.
❖ Entimema: la expresión concisa y sintética

El entimema es el tipo de argumentación deductiva central en la retórica aristotélica. Se


define como un silogismo abreviado que utiliza premisas generalmente aceptadas para
llegar a una conclusión lógica en forma sintética y breve. A diferencia del silogismo
formal que utiliza la filosofía, el entimema es menos riguroso en su estructura y permite
al orador omitir premisas que la audiencia puede suponer o deducir por sí misma.

Por ejemplo, un entimema en un discurso publicitario podría ser:

"Si quieres calidad, elige nuestro producto."

Aquí, se omite la premisa de que “la gente desea calidad”, ya que se supone que el
público compartirá esa premisa. La estructura es así más ágil, permitiendo que el
mensaje se entienda rápidamente y deje una impresión duradera.

El entimema es ideal para la persuasión porque:

 Facilita la comprensión inmediata : La concisión ayuda a que la audiencia


capte el mensaje sin necesidad de largos razonamientos.
 Utiliza el conocimiento compartido : Al presuponer ciertas premisas, el orador
se apoya en valores o ideas que el público ya acepta.
 Causa un impacto emocional o racional : La breve estructura y directa del
entimema hace que el mensaje sea impactante y memorable.

Para Aristóteles, el entimema es el corazón del logotipos en la retórica, ya que permite


resumir argumentos complejos de forma convincente y efectiva.

❖ Temas: comunes y propios

El concepto de tópos (plural: tópoi ) se traduce como "lugares comunes" y es


fundamental en la retórica aristotélica. Los tópoi son fuentes de argumento que
proporcionan al orador recursos para desarrollar y organizar su discurso. Aristóteles
considera que cada tema tiene sus propios lugares comunes que pueden aprovecharse
para elaborar una argumentación.

Existen dos tipos de tópoi:

1. Tópoi comunes : Son argumentos generales que pueden aplicarse a una gran
variedad de temas y situaciones. No depende de un contexto específico y pueden
emplearse en casi cualquier discurso. Ejemplos de tópoi comunes incluyen ideas
generales sobre justicia, felicidad, utilidad o cualquier concepto que pueda
aplicarse de manera universal.
o Ejemplo de tópoi comunes : “Lo que es justo debe ser deseable”, o “lo
que todos desean es bueno”. Estos tópoi pueden emplearse en cualquier
discurso deliberativo o judicial.

2. Tópoi propios : Son argumentos específicos que solo se aplican a ciertos temas
o situaciones. Estos tópoi se adaptan a contextos o géneros particulares de
discurso (como el judicial o el deliberativo) y requieren un conocimiento
especializado del tema que se está tratando.
o Ejemplo de tópoi propio : En el discurso judicial, un tópoi propio sería el
concepto de "prueba". En un discurso sobre política, los argumentos
sobre “el bien común” o “la paz” son tópoi específicos del género
deliberativo.

Aristóteles también distingue el uso de los tópoi en géneros de discurso , considerando


que los diferentes contextos y audiencias requieren tipos de argumentos únicos. El
orador, al conocer los tópoi de cada tema, puede estructurar el discurso de manera que
su argumentación se ajuste mejor al público ya las expectativas del contexto.

Los tópoi permiten al orador organizar su discurso y formular argumentos desde


diferentes ángulos, utilizando tanto la lógica como la experiencia compartida. Este
enfoque flexible y estructurado facilita la labor del orador, quien puede seleccionar los
argumentos que más convenzan según la ocasión y el tipo de audiencia.

Tras la muerte de Aristóteles, su influencia en la retórica y en la filosofía no solo


continuó, sino que fue enriquecida y adaptada por sus discípulos y por las generaciones
de pensadores posteriores. Entre los continuadores más importantes se encuentran
Teofrasto , su discípulo más reconocido, y la Nueva Academia , una corriente
filosófica que, aunque se alejaba del aristotelismo en algunos aspectos, integró y adaptó
conceptos retóricos clave, especialmente el enfoque sobre la opinión y la verdad en el
discurso.
 Teofrasto introdujo una clasificación más detallada de los estilos oratorios que
Aristóteles había comenzado a explorar. Mientras que Aristóteles había discutido el
estilo adecuado (adecuado al contexto y la audiencia), Teofrasto fue más allá al
describir cómo el estilo del discurso debía adaptarse no solo al tema y género, sino
también a la personalidad del orador y al carácter del auditorio.

 Desarrolló una taxonomía más completa de los estilos, considerando no solo el tono
(sublime, medio y bajo), sino también aspectos específicos del lenguaje, como la
claridad, la adecuación y la elegancia . Sus contribuciones en este sentido influyeron
en la concepción romana de los estilos retóricos que luego se codificaría en la retórica
latina.

La Nueva Academia fue una corriente filosófica que surgió en el siglo III aC dentro de
la escuela platónica. Aunque pertenece oficialmente al platonismo, la Nueva Academia
se alejó de las enseñanzas tradicionales de Platón y adquirió una postura más escéptica ,
especialmente en lo referente a la posibilidad de alcanzar el conocimiento absoluto. A
diferencia de la Academia Antigua de Platón, la Nueva Academia introdujo un enfoque
basado en la doxa (opinión) y en el relativismo del conocimiento, que influiría en el
modo en que se concibió la retórica y su relación con la verdad.

La Nueva Academia es importante para la retórica aristotélica porque adaptó algunos de


sus conceptos, en especial el de entimema y los tópoi , como herramientas que
permiten persuadir sin afirmar la verdad absoluta, sino partiendo de la probabilidad o
verosimilitud.

1.1.6 Los estoicos y el final de la retórica griega

Con el surgimiento de la filosofía estoica en el siglo IV aC, la retórica griega comienza


a decaer en importancia. Los estoicos, encabezados por Zenón de Citio , rechazan la
retórica en favor de la lógica y de la ética, considerando que los argumentos deben
orientarse hacia la verdad y la coherencia interna. Para ellos, la retórica puede ser
engañosa, y el verdadero sabio debe buscar un discurso más racional.

Con la llegada de los romanos a Grecia, esta retórica estoica y lógica influirá en la
retórica latina, pero la persuasión como habilidad política perderá relevancia a medida
que el pensamiento griego se centra en la lógica y el conocimiento.

En el siglo IV aC, Zenón de Citio fundó la escuela estoica, que influyó profundamente
en la filosofía y la retórica de su tiempo. Los estoicos promovían la idea de que la razón
y la virtud eran fundamentales para alcanzar la felicidad, lo que llevó a un cambio en el
enfoque de la retórica, que empezó a centrarse más en la ética y la moralidad en lugar de
en el mero arte. de persuadir.
En el siglo II aC, Hermágoras de Temnos destacó como un teórico de la retórica que
sistematizó y desarrolló conceptos sobre la argumentación. Su obra contribuyó a la
transición de la retórica clásica a formas más estructuradas de análisis discursivo.

Durante el siglo I aC, se dieron importantes corrientes estilísticas en la retórica griega.


El estilo asiático se caracterizó por su ornamentación y emotividad; el estilo rodio se
centró en la claridad y la simplicidad; mientras que el estilo ático promovía la precisión
y la sobriedad. Estas variaciones reflejan un interés en adaptar la retórica a diferentes
contextos y audiencias.

En conjunto, estos pensadores y estilos marcan el declive de la retórica clásica en


Grecia, ya que la filosofía estoica y las nuevas corrientes estilísticas llevaron a una
evolución del discurso hacia una mayor profundidad ética y estética, preparando el
camino para la retórica en el mundo. romano y posterior.

1.2 Perfil histórico de la retórica romana

Con la llegada de la influencia griega a Roma, la retórica se adaptó a las necesidades de


la República romana, sirviendo como herramienta para la política y el sistema judicial.
Este perfil histórico se compone de una serie de tratados y autores que marcaron la
evolución de la retórica hasta la Edad Media.

1.2.1 Los primeros tratados latinos

La retórica latina comenzó a desarrollarse en el siglo II aC, con Catón el Censor como
una de las figuras más prominentes. Su obra, "De Agri Cultura" , aunque
principalmente un tratado sobre la agricultura, incluye elementos retóricos que reflejan
el estilo directo y pragmático de los romanos. Catón enfatizó la importancia de la
claridad y la persuasión, sentando las bases para el desarrollo de la retórica en el ámbito
latino.

En el periodo de 85-82 aC, se publicó el "Rhetorica ad Herennium" , un tratado


anónimo que es uno de los primeros y más influyentes textos sobre la retórica en latín.
Este tratado se divide en cuatro libros y aborda temas como la invención, la disposición,
el estilo y la memoria. La obra se considera fundamental porque sistematiza los
principios retóricos y los adapta a la cultura romana, combinando elementos griegos con
el contexto latino.

El "De Inventione" de Cicerón , escrito en 84 aC, es otro texto clave en la historia de


la retórica. Aunque Cicerón es más conocido por sus discursos y su contribución a la
oratoria, este tratado es significativo porque trata sobre el proceso de invención retórica,
es decir, la creación de argumentos. Cicerón se basa en los principios estoicos y en la
tradición griega, fusionando estos elementos con su visión del arte de la persuasión en la
sociedad romana.
En conjunto, estos primeros latinos tratados sentaron las bases para la enseñanza y la
práctica de la retórica en Roma, influyendo en la educación y en el desarrollo del
discurso político y jurídico en el contexto de la República Romana.

1.2.2 Cicerón: el triunfo del arte oratoria

Cicerón es el máximo representante de la retórica en Roma. Para él, el orador debe


tener una formación integral que combine conocimientos de filosofía, derecho y
política. En De Oratore, Cicerón describe las cualidades ideales del orador, destacando
que debe poseer virtudes morales, conocimiento técnico y habilidad práctica. Define al
orador como un "vir bonus", un hombre bueno cuya retórica debe estar al servicio de la
justicia y la verdad.

Además de De Oratore, Cicerón escribió obras como Brutus (una historia de la


oratoria) y Orator (donde discute la elocutio y los estilos de discurso), consolidando su
posición como el autor clave para el estudio de la retórica en Roma.

1.2.3 La decadencia de la retórica: Horacio, Lucio Anneo Séneca el Viejo, Tácito

En la época imperial, la retórica comenzó a decaer como herramienta política debido a


la centralización del poder. Horacio, en su Ars Poetica, analiza cómo la retórica se
convierte en un recurso poético y literario en lugar de una herramienta política. Séneca
el Viejo critica la retórica vacía en sus Suasoriae et Controversiae, y Tácito en
Dialogus de oratoribus lamenta la pérdida de la libertad de expresión en Roma,
señalando que los oradores ya no influyen en la política sino que solo buscan el aplauso
superficial.

1.2.4 Pedagogía retórica de Quintiliano

Quintiliano, en su obra Institutio Oratoria, sistematiza la educación retórica desde la


infancia. Propone una formación que incluye el estudio de los clásicos, la práctica
continua y el desarrollo de una moral sólida en el orador, a quien llama "vir bonus
dicendi peritus". Para él, la retórica no es solo técnica, sino también carácter, y el orador
debe tener integridad moral para ser creíble.

La obra de Quintiliano influiría profundamente en la pedagogía posterior, ya que


proponía un sistema educativo basado en la disciplina, la práctica y la imitación de los
mejores modelos, buscando siempre una formación liberal e integral.

1.2.5 Otros retóricos latinos

Otros retóricos contribuyeron al desarrollo de la retórica romana:


 Plinio el Joven escribió el Panegírico de Trajano, un ejemplo de discurso
epidíctico.
 Suetonio y Cornelius Celsius ampliaron el ámbito de la retórica, enfocándose
en la historiografía y la ciencia de la persuasión.
 Séneca el Joven adaptó la retórica a la filosofía estoica y desarrolló un
vocabulario filosófico en latín, influenciando el pensamiento posterior.

1.2.6 De la Antigüedad a la Edad Media

Durante la tardoantigüedad, la retórica comenzó a enfocarse en la enseñanza de


figuras y técnicas estilísticas. En este periodo, el estudio de la retórica se orientó hacia
el arte de escribir bien, con obras como De Oratore y Institutio Oratoria de Cicerón
y Quintiliano como base.

En la Edad Media, la retórica se usaba como parte de la educación escolástica,


adaptándose a un contexto en el que el discurso oral perdió importancia pública. La
retórica medieval se integró en el trivium (junto con la gramática y la dialéctica),
convirtiéndose en una herramienta para estructurar y embellecer la escritura en lugar de
fomentar el discurso persuasivo público.

1.2.7 La retórica después de la Edad Media

Con el Renacimiento, se recuperaron los ideales clásicos de la retórica gracias al


redescubrimiento de los textos de Cicerón y Quintiliano. La retórica comenzó a verse
como un pilar fundamental para la educación, valorándose tanto en su aspecto práctico
como en su poder de transmitir valores humanistas. En este contexto, la retórica se
convierte en una herramienta literaria y filosófica que influiría en el desarrollo de la
literatura y el pensamiento moderno.

1.2.2 Cicerón: el triunfo del arte oratoria

Cicerón es la figura central de la retórica romana. Su obra De Oratore presenta la


retórica como una combinación de conocimientos filosóficos, históricos y morales,
además de habilidades oratorias. Según Cicerón, el orador debe ser un "vir bonus", un
hombre bueno, instruido y con una formación integral. Su obra incluye otros tratados
como Brutus , donde revisa la historia de la retórica en Roma, y Orator , que explora
los estilos de discurso y la elocutio.

Cicerón defiende la idea de que el orador debe poseer integridad moral y ética, pues
solo así su discurso tendrá autoridad y autoridad.

Cicerón establece una conciliación entre la retórica y la filosofía, sugiriendo que el arte
de hablar no es solo una técnica, sino también una forma de conocimiento que se
relaciona con la ética y la moralidad. La retórica se convierte en un medio para alcanzar
la verdad y persuadir a otros de manera efectiva.

Ideal del Orador : El orador ideal debe poseer:

-Dominio de las Reglas : Conocimiento profundo de las técnicas retóricas.

-Capacidad Innata (Natura) : Talento natural para la oratoria.

-Estudio : Formación continua y dedicación al aprendizaje de la retórica.

-Imitación de los Modelos Clásicos (Imitatio, Exercitatio) : Aprender de los grandes


oradores del pasado a través de la práctica y la emulación.

-Formación General Sólida : Un amplio conocimiento en diversas áreas, incluyendo


filosofía, historia y literatura.

Cicerón distingue tres estilos retóricos, adaptando la oratoria según el tipo de audiencia:

1.Stilus Tenuis o Humilis : Un estilo modesto, accesible y sencillo, adecuado para


audiencias comunes.

2.Stilus Grandis o Gravis : Un estilo sublime, elevado y grandioso, utilizado para


situaciones ceremoniales o discursos importantes.

3.Stilus Medius o Mediocris : Un estilo intermedio, que combina elementos de los


otros dos, adecuado para un público general.

Cicerón establece normas sobre el uso del ornato, es decir, la ornamentación del
lenguaje. Estas reglas incluyen la elección cuidadosa de palabras, la estructura de las
frases y el uso de figuras retóricas para embellecer el discurso y hacerlo más persuasivo
y atractivo.

Cicerón señala la relación íntima entre la retórica y la poesía, argumentando que ambas
disciplinas comparten el objetivo de comunicar de manera efectiva y conmover al
público. La poesía, con su musicalidad y estilo, también puede enriquecer la oratoria,
aportando recursos que aumentan la fuerza del discurso.

Estos puntos subrayan la importancia de Cicerón en la consolidación de la retórica


como un arte sofisticado, donde la técnica se fusiona con la ética y el conocimiento,
formando un legado que perduraría en la tradición occidental.

1.2.3 La decadencia de la retórica: Horacio, Lucio Anneo Séneca el Viejo, Tácito

La retórica experimentó un cambio notable durante la época imperial de Roma, marcado


por la transición hacia un régimen más autoritario y la disminución de la vida política
activa. A continuación, se presentan las contribuciones de algunos autores destacados y
las condiciones que llevaron a esta decadencia:

En su obra "Ars Poetica", Horacio aborda la naturaleza de la poesía y el arte literario,


reflexionando sobre la función de la retórica en la creación poética. Aunque es un texto
sobre poesía, su análisis de la forma y el estilo resuena con los principios retóricos.
Horacio también señala el cambio en la audiencia y el contexto cultural, sugiriendo que
los antiguos ideales de la oratoria se estaban desvaneciendo.

Con el ascenso de los emperadores y la centralización del poder, la retórica, que había
florecido en la esfera pública de la República, comenzó a perder su relevancia. La falta
de espacios para el debate político y la oratoria pública limitó el desarrollo de la retórica
como arte vital en la sociedad romana.

1. Pseudo-Longino y De Sublimitate : En este tratado, Pseudo-Longino reflexiona


sobre la naturaleza de lo sublime en la literatura y la oratoria, sugiriendo que, en
un contexto como el actual, es quizás preferible estar dominados que ser libres.
Esto puede interpretarse como una crítica a la situación política de la época,
donde la libertad de expresión y el debate se veían comprometidos.
2. Críticas de los Grandes Autores :
o Séneca el Viejo (55 aC - 41 dC): En su obra Suasoriae et
Controversiae , Séneca el Rhetor presenta ejercicios retóricos que
muestran la práctica de la oratoria en su tiempo. Sin embargo, también
refleja la decadencia de la retórica, con un enfoque más académico que
práctico, mostrando la evolución de la retórica hacia un arte de salón,
alejado de la vida política activa.
o Tácito (55-120 dC): En su Dialogus de Oratoribus , Tácito ofrece una
crítica a la situación de los oradores de su tiempo, comparando la riqueza
de la oratoria de la República con la falta de vigor de los oradores de su
época. Tácito argumenta que la retórica había perdido su impacto y que
la calidad de los oradores había disminuido debido a las nuevas
circunstancias políticas y sociales.

La decadencia de la retórica en la Roma imperial se debió a la transformación del


contexto político, donde el poder autoritario y la falta de espacios para el debate público
limitaron su práctica y desarrollo. Autores como Horacio, Séneca el Viejo y Tácito
reflejan este cambio, analizando la relación entre retórica, poesía y política, y dejando
un legado que marca una transición en la forma de entender la oratoria y su lugar en la
sociedad.

1.2.4 Pedagogía retórica de Quintiliano

Quintiliano (c. 35-95 dC) fue un destacado retórico y pedagogo romano cuya obra
Institutio Oratoria , escrita alrededor de 96 dC, se considera fundamental en la
enseñanza de la retórica y la oratoria. Su enfoque en la educación retórica dejó una
huella profunda en la tradición pedagógica posterior, especialmente durante el
Renacimiento y el Humanismo.

1. Institutio Oratoria : Este extenso tratado es una suma de las doctrinas retóricas
anteriores y aborda la formación del orador desde la infancia hasta la vida
adulta. Quintiliano organiza su obra en doce libros, en los que explora no solo
técnicas retóricas, sino también aspectos éticos y pedagógicos fundamentales
para la formación del orador.
2. Figura del Perfecto Orador : Quintiliano define al orador ideal como el "vir
bonus dicendi peritus" , es decir, un hombre de bien que es experto en el arte
de hablar. Esta definición resalta la importancia de la integridad moral y el
carácter ético del orador, enfatizando que la habilidad retórica debe estar
acompañada de virtudes morales.

TRES TEMAS PRINCIPALES

1.La formación del niño: el orador se forma desde su niñez y es fundamental su


educación. Necesita el dominio de la lengua a través de la lectura de los clásicos y su
imitación.

2.La retórica misma: no insiste en la necesidad de obedecer ciegamente las normas, las
considera solo recomendaciones que podrían ser modificadas. Para ello el orador debe
disponer de un gusto innato (iudicium) y de talento (ingenium).

3.La persona del orador: necesita disposiciones naturales (natura), las reglas de la
doctrina retórica (ars), la asiduidad (studium), la práctica (exercitatio) y finalmente la
imitación de los modelos reconocidos (imitatio).

La obra de Quintiliano inició las bases de lo que se entendería por "retórica clásica" y se
convirtió en un referente para la enseñanza de la oratoria. Su enfoque sobre la retórica
como una "ciencia del hablar bien" influenció a educadores y teóricos a lo largo de los
siglos, moldeando la percepción y la práctica de la oratoria en la tradición occidental.

La mayor aportación de Quintiliano a la teoría de la educación retórica es su doctrina


del vir bonus , que establece que la credibilidad y la persuasión del orador dependen de
su integridad moral. Esta teoría sugiere que un orador solo puede ser efectivo si es
percibido como un individuo justo y honorable, subrayando que la ética es un
componente esencial de la oratoria.

❖Libro I: nociones preliminares, amplia formación enciclopédica; orientaciones para la


formación desde la infancia del orador. Define la retórica: bene dicendi scientia.

❖Libro II: define la naturaleza de la retórica, fija su objeto, delimita el ámbito de


estudio y establece las clases de Retórica y su división.
❖Libro III: historia del nacimiento de la disciplina y biografía de sus cultivadores.
Quintiliano concibe la retórica como un instrumento técnico al servicio del uso
pragmático de la lengua: es un conjunto de reglas.

❖Libros IV, V y VI: tratan de la inventio.

❖Libro VII: examina la dispositio.

❖Libros VIII y IX: dedicados a la elocutio. Explica los tropos, las figuras y la
compositio. ❖Libro X: es un relación antológica de poetas y de prosistas griegos y
latinos.

❖Libro XI: trata de la memoria y la actio. Formula las tres finalidades del discursa:
docere, movere, placere. Dedica especial atención a la psicagogía, el estudio de los
aspectos emotivos del discurso. Reinterpreta las nociones aristotélicas de éthos, estilo
sobrio, y páthos, afecto vehemente. Trata de la risa. Describe los cambios fonéticos
griegos y latinos. Trata la recitación y el ademán.

❖Libro XII: da el modelo de vir bonus como el perfecto orador, sus cualidades morales,
su firmeza y presencia de ánimo. Recomienda el estudio de los buenos actores.

1.2.5 Otros retóricos latinos

1.Suetonio fue un biógrafo e historiador romano conocido por su obra De Viris


Illustribus , que recopila biografías de figuras destacadas de la historia romana. Aunque
no es un tratado de retórica en sí, su estilo y enfoque narrativo reflejan habilidades
oratorias y ofrecen ejemplos de figuras históricas que dominaron el arte de hablar y
persuadir en su tiempo.

2. Cornelio Celsio es un retórico y gramático romano es conocido principalmente por su


obra De Artibus , que incluye discusiones sobre la retórica y la gramática. Aunque su
obra no ha sobrevivido en su totalidad, se le atribuye la sistematización de diversos
aspectos del arte de la oratoria y su conexión con la educación retórica.

3.Plinio el Joven, famoso por sus cartas y obras, se destaca en la retórica a través de su
Panegyricus , un elogio al emperador Trajano que demuestra su dominio de la oratoria.
En su Studiosus , aborda la importancia del estudio y la educación en la formación del
orador, subrayando la relación entre el conocimiento y la capacidad de persuasión.

4.A menudo mencionado como uno de los oradores más destacados de su tiempo,
Domicio Afer fue un contemporáneo de Cicerón y se destacó por su estilo elocuente.
Aunque no se conservan sus obras, se le recuerda por su influencia en la práctica de la
retórica y su competencia en el arte de la oratoria.
5.Filósofo y orador, Séneca el Joven es conocido por sus cartas y obras morales, pero
también por su habilidad retórica. En sus escritos, combina la filosofía estoica con
elementos retóricos, explorando cómo el discurso puede ser una herramienta para
transmitir valores morales y éticos. Su obra De Vita Beata es un buen ejemplo de su
capacidad para combinar la retórica con la reflexión filosófica.

6.Aunque principalmente conocido como un poeta satírico, Juvenal también incorpora


elementos retóricos en sus obras. Su sátira ofrece críticas agudas sobre la sociedad
romana, utilizando la retórica para convencer y provocar reflexiones en sus lectores. Su
estilo mordaz y su habilidad para el humor muestran un dominio del lenguaje que es
característico de los grandes oradores.

Estos retóricos latinos, aunque diversos en sus enfoques y estilos, contribuyeron al


desarrollo de la oratoria y la retórica en Roma. Desde biografías y sátiras hasta el
estudio de la gramática y la filosofía, su legado resuena en la tradición retórica
occidental, enriqueciendo la comprensión del arte de hablar bien y persuadir.

1.2.6 De la Antigüedad a la Edad Media

La evolución de la retórica a lo largo de la historia, especialmente desde la Antigüedad


hasta la Edad Media, muestra un cambio significativo en las actitudes culturales y
religiosas. Durante la tardoantigüedad, la retórica comenzó a adaptarse al nuevo
contexto en el que el cristianismo emergía como una fuerza dominante frente al
paganismo.

En la tardoantigüedad, la retórica patrística se desarrolló como una forma de responder a


la creciente influencia del cristianismo. Los padres de la Iglesia adoptaron y adaptaron
las técnicas retóricas clásicas para la defensa de su fe, creando un nuevo enfoque que se
alejaba de los estilos anteriores. Los padres apologistas , como Tertuliano y Minucio
Félix en el siglo II, jugaron un papel crucial en esta transformación. Tertuliano, en su
obra Apologeticum , ofreció una defensa apasionada del cristianismo, argumentando su
superioridad moral y ética frente al paganismo. Minucio Félix, por su parte, a través de
su diálogo Octavius , planteó una defensa racional de la fe cristiana.

A medida que el cristianismo se consolidaba, surgieron debates sobre el estilo adecuado


para la predicación. La defensa del sermo humilis , un estilo más modesto y accesible,
se volvió popular, contrastando con el elitismo asociado con la retórica clásica. Este
enfoque buscaba hacer que el mensaje cristiano fuera más accesible a la población
general, alejándose de la grandilocuencia que a menudo caracterizaba la oratoria
pagana.

Dentro de este contexto, algunos autores adoptan actitudes más moderadas. Ambrosio ,
obispo de Milán, utilizó la retórica para fortalecer la fe cristiana y enfatizar la
importancia de la comunidad. Jerónimo , conocido por su traducción de la Biblia al
latín (la Vulgata), y Agustín de Hipona , cuyas obras, como De doctrina christiana ,
exploraron la predicación, también contribuyeron a la integración de la retórica con la
doctrina cristiana. Agustín, en particular, diferenciaba tres niveles de estilo en la
predicación, sugiriendo que el orador debería adaptar su discurso al contexto y a la
audiencia.

Con la llegada de la Alta Edad Media, la tradición retórica continuó evolucionando.


Elio Donato , en su obra Ars Grammatica del siglo IV, dedicó una sección a las figuras
retóricas, indicando que, aunque la retórica clásica se transformaba, seguía siendo
relevante en la educación. Marciano Capella , en su obra De nuptiis Philologiae et
Mercurii a principios del siglo V, estructuró su tratado en varios libros, incluyendo
gramática, dialéctica y retórica, evidenciando el interés por la preservación del
conocimiento clásico en un mundo cada vez más dominado por la nueva. fe cristiana.

Durante la Alta Edad Media, varios autores destacaron en el ámbito de la retórica.


Boecio , en el siglo VI, desempeñó un papel crucial al preservar y transmitir el
pensamiento clásico, combinando la lógica y la retórica en sus obras. Casiodoro ,
contemporáneo de Boecio, promovió la educación en monasterios, integrando
elementos de la retórica en el aprendizaje. Prisciano se convirtió en un referente para el
estudio del latín y las reglas retóricas en la enseñanza.

A lo largo de esta época, figuras como Isidoro de Sevilla y Beda el Venerable también
hicieron importantes contribuciones al conocimiento retórico. Isidoro, en su obra
Etimologías , abordó una amplia gama de temas, incluida la retórica, mientras que Beda,
a través de sus escritos teológicos e históricos, utilizó elementos retóricos para
comunicar sus ideas.

Al llegar a la Baja Edad Media, entre los siglos XI y XV, la retórica continuó su
desarrollo en el contexto de las artes liberales. La Ars Dictaminis , que surgió en el
siglo XI, se enfocó en el arte de la correspondencia y la escritura formal, fundamental
para la administración y la diplomacia. Las obras de Ars Grammatica y Ars Poetriae ,
del siglo XII, exploran la gramática y la poesía, asegurando que los fundamentos de la
retórica se mantuvieran vivos.

Durante este período, se establecieron los tres estilos retóricos que continuaron siendo
referencias importantes para la oratoria medieval. Esta clasificación ayudó a los
oradores a adaptar su discurso a diferentes audiencias y contextos, un legado de la
retórica clásica que perduró a lo largo de los siglos.

❖ Genus graue, sublime: pretende conmover, según Quintiliano. Destaca su patetismo e


intensidad.

❖ Genus medium, mediocre: pretende deleitar, según Quintiliano. D e s t a c a s u o r n


a m e n t a c i ó n moderada.
❖ Genus tenue, sutil, grácil: se utiliza p a r a a s u n t o s d e m e n o r importancia
pública, por ejemplo. Evita la ornamentación y busca la claridad.

A partir de la doctrina de los estilos, en la Edad Media se establece una correlación


exhaustiva entre los estilos y sus características (clase social, nombres propios, armas,
plantas, animales, etc.). Se toman como referencia las tres obras virgilianas, asociadas a
cada uno de los estilos. A partir de aquí se establece una teoría del decoro: qué estilo
corresponde a cada género.

1.2.6 La retórica después de la Edad Media

La retórica después de la Edad Media experimentó un resurgimiento notable durante el


Renacimiento, un período que se caracterizó por el redescubrimiento de los clásicos y la
revalorización del conocimiento antiguo. Este renacimiento del interés por la retórica no
solo transformó el pensamiento intelectual, sino que también tuvo un profundo impacto
en la educación, la literatura y la cultura en general.

Uno de los momentos clave en este renacer de la retórica se produjo en 1416 , cuando
Poggio Bracciolini , un erudito y humanista italiano, descubrió un manuscrito íntegro
de la Institutio Oratoria de Quintiliano en el monasterio suizo de Saint Gallus .
Durante más de seiscientos años, solo se habían conservado versiones mutiladas de esta
obra fundamental, que es considerada una de las más importantes en la teoría de la
oratoria. El hallazgo de Bracciolini permitió que la obra de Quintiliano, que ofrece un
enfoque sistemático sobre la educación del orador y la práctica retórica, fuera
nuevamente accesible a estudiosos y educadores, revitalizando así el estudio de la
retórica clásica en un contexto moderno.

Solo cinco años después, en 1421 , se descubrió un códice en Lodi que contenía cinco
obras retóricas de Cicerón , entre ellas una versión completa de De Oratore . Esta obra,
que había sido una referencia fundamental en el estudio de la oratoria desde su creación,
también había estado disponible en versiones fragmentadas durante siglos. La
recuperación de este texto no solo restauró el acceso a las ideas ciceronianas sobre el
arte de hablar, sino que también proporcionó a los humanistas y educadores de la época
una base sólida para la enseñanza de la retórica.

La recuperación de estos textos clásicos significó un impulso significativo para la


educación retórica. Las universidades y las escuelas comenzaron a integrar las
enseñanzas de Quintiliano y Cicerón en sus currículos, lo que llevó a una mayor
atención a la oratoria como una disciplina esencial. La retórica pasó a ser vista como
una herramienta indispensable no solo para el discurso público, sino también para la
literatura, la política y la vida social.

Durante el siglo XVII, la retórica experimentó una fase de decadencia, marcada por una
serie de cambios en la práctica y la teoría del arte de hablar. Este período, conocido
como el Barroco, se caracterizó por la complejidad y la ornamentación en el lenguaje,
pero también por un giro hacia una mayor espontaneidad y libertad creativa en el
discurso.

A medida que avanzaba el siglo XVII, la retórica clásica, que había sido tan central en
el Renacimiento, comenzó a perder parte de su prestigio y relevancia. Este fenómeno
fue influenciado por diversos factores, entre ellos el cambio en las dinámicas sociales y
políticas de Europa, que afectaron la forma en que se comunicaba y se valoraba la
oratoria. La decadencia de la retórica se manifestó en una menor adherencia a las reglas
y normas que habían sido fundamentales en la enseñanza retórica anterior. En lugar de
seguir las estrictas pautas establecidas por teóricos como Cicerón y Aristóteles , se
empezó a dar más importancia a la creatividad y la habilidad natural del orador.

A pesar de esta decadencia general, la escuela jesuita de retórica surgió como una
corriente influyente que se basaba en las enseñanzas de Cicerón y Aristóteles, con un
enfoque particular en la predicación. Los jesuitas fueron conocidos por su dedicación a
la educación y su influencia en la formación de la oratoria en un contexto religioso.
Integraron los principios retóricos clásicos en su enseñanza, enfatizando la importancia
de la elocuencia en la predicación y la comunicación religiosa. Sin embargo, a pesar de
su apego a las reglas clásicas, también enfrentaron el desafío de adaptar su enfoque a un
público cada vez más diverso y complejo.

Una de las características más destacadas del Barroco fue la prevalencia del ingenio ,
que se refiere a la capacidad innata o talento natural del orador. En este contexto, la
originalidad y la creatividad comenzaron a ser valoradas por encima de la rigurosa
adherencia a las reglas retóricas. El ingenio se convirtió en un criterio importante para
juzgar la calidad de un discurso, lo que llevó a una mayor libertad en la expresión y la
improvisación.

Además, la invención —el proceso de encontrar argumentos y contenido para un


discurso— cobró una importancia preponderante. Se priorizó la habilidad para generar
ideas y argumentos novedosos, reflejando una búsqueda de autenticidad y singularidad
en la oratoria. Esta tendencia marcó una clara ruptura con las tradiciones anteriores que
enfatizaban la importancia de la técnica y la formulación rigurosa de los discursos.

El siglo XVIII fue una época de transformaciones significativas en la cultura y el


pensamiento europeo, marcada por el auge de la Ilustración y un enfoque creciente en la
razón y el empirismo. Sin embargo, la retórica, aunque continuó siendo una asignatura
obligatoria dentro del campo de las Humanidades, se enfrentó a varios desafíos y
críticas que reflejaban el clima intelectual y social de la época.

Durante este período, la retórica a menudo se encontró estrechamente entrelazada con la


poética, lo que llevó a una confusión en los estudios y enseñanzas relacionadas con
ambas disciplinas. En muchas instituciones educativas, la retórica se limitaba a la
memorización de figuras retóricas y reglas formales, lo que resultaba en una enseñanza
superficial que carecía de un objetivo claro. La falta de un enfoque práctico y relevante
en la formación oratoria significaba que muchos estudiantes se familiarizaban con los
términos y técnicas sin comprender plenamente su aplicación en contextos reales.

El siglo XVIII estuvo dominado por el absolutismo en muchas partes de Europa, donde
los monarcas ejercían un control centralizado y autoritario. Este ambiente político se
reflejaba en una falta de objetivos reales en el discurso y la oratoria, que se volvían más
mecánicos y menos creativos. La retórica, en lugar de ser una herramienta de persuasión
y comunicación efectiva, a menudo se convertía en un ejercicio vacío, carente de
contenido significativo y crítico.

En el ámbito de la predicación, la retórica adquiere un carácter particularmente


problemático. La oratoria religiosa, que históricamente había sido un vehículo para el
fervor y la convicción, se convirtió en una mecánica hueca y rimbombante. Los
sermones en los púlpitos eran a menudo más espectáculos de forma que expresiones
genuinas de fe o reflexión profunda. Esta superficialidad no solo alejaba a los oyentes,
sino que también contribuía a una percepción negativa de la retórica como un arte que
había perdido su esencia y su capacidad para conectarse con las emociones y la razón
del público.

El siglo XIX fue un período de profundas transformaciones sociales, políticas y


culturales, y la retórica, como disciplina, reflejó estos cambios de manera significativa.
En este contexto, la percepción de la retórica evolucionó, y se la comenzó a considerar
como una práctica más negativa y superficial.

A lo largo del siglo XIX, la retórica fue cada vez más vista como una herramienta de
manipulación y engaño . Esta percepción se alimenta de un creciente escepticismo
hacia el lenguaje como medio de persuasión. Muchos comenzaron a asociar la retórica
con la hipocresía y la falta de autenticidad, considerándola como un arte vacío que se
utilizaba para disimular la verdad en lugar de comunicarla efectivamente. Este enfoque
crítico reflejaba una desconfianza general hacia la oratoria y los discursos públicos, en
un contexto donde el debate político y social era a menudo acalorado y conflictivo.

Como respuesta a esta visión negativa, surgió una actitud antirretórica . Los
pensadores y escritores de la época comenzaron a despreciar las reglas y convenciones
clásicas de la retórica, abogando por una mayor libertad creativa en la expresión
literaria y oral. Esta ruptura con las normas establecidas se convirtió en un aspecto
valorado de la creación artística, donde se priorizaba la originalidad y la autenticidad
sobre la adherencia a los preceptos retóricos tradicionales. Este movimiento también
impulsó la idea de que el verdadero arte debía ser espontáneo y no estar sometido a
estructuras rígidas.

En este contexto de cambio, se hizo cada vez más difícil distinguir entre la retórica y la
literatura . La literatura del siglo XIX, especialmente en el ámbito de la poesía y la
prosa, se inspiró en los modelos griegos y romanos, pero la retórica se convirtió en un
componente menos relevante de la enseñanza literaria. La relación entre ambas
disciplinas se tornó difusa, con autores que a menudo imitaron las formas y estilos de
los clásicos sin una clara comprensión de las técnicas retóricas que las sustentaban.

La enseñanza de la retórica durante el siglo XIX se caracterizó por un formalismo que


limitaba la exploración y el entendimiento más profundo del arte de la persuasión. Las
instituciones educativas, en lugar de fomentar un enfoque crítico reflexivo sobre la
retórica, ofrecen una enseñanza meramente técnica y superficial. Esto resultó en una
formación que carecía de relevancia práctica y no promovía la capacidad de los
estudiantes para utilizar la retórica de manera efectiva en la comunicación
contemporánea.

El siglo XX fue testigo de una notable transformación en la práctica y la teoría de la


retórica, marcando su modernización y redefinición en varios contextos, especialmente
en países como Estados Unidos, Francia y Alemania. Este período se caracterizó por
una integración más profunda de la retórica con diversas disciplinas, así como por su
aplicación en nuevos ámbitos como los medios de comunicación y la publicidad.

A lo largo del siglo XX, se llevó a cabo una modernización de la retórica clásica ,
adaptando sus principios a las nuevas realidades sociales y tecnológicas. Este proceso
fue particularmente evidente en los Estados Unidos, donde la retórica se incorporó en la
educación y la práctica pública de manera más activa y creativa. Las ideas clásicas
sobre la persuasión y la argumentación fueron reinterpretadas a la luz de las condiciones
contemporáneas, generando un renovado interés por el arte de hablar en público y su
influencia en la sociedad.

La retórica encontró nuevos campos de aplicación, especialmente en los medios de


comunicación y la publicidad . Los anunciantes y comunicadores comenzaron a
utilizar técnicas retóricas para persuadir y captar la atención de las audiencias. Esto
llevó a un reconocimiento del poder del lenguaje y de la imagen en la construcción de
significados, donde la retórica se convirtió en una herramienta fundamental para influir
en la opinión pública y promover productos y servicios. Este cambio en la aplicación de
la retórica destacó su relevancia en la cultura de masas y en el consumo.

El desarrollo de la Nueva Retórica fue uno de los hitos más significativos del siglo XX.
Este enfoque innovador se apoyó en diversas disciplinas, como la psicología , las
ciencias de la comunicación , la informática , la sociología , la politología , la
lingüística y la semiótica . La Nueva Retórica buscaba ir más allá de las formalidades
clásicas y explorar cómo se produce la persuasión en contextos diversos, entendiendo la
retórica como un proceso dinámico que involucra tanto al orador como al auditorio y
sus interacciones. Este enfoque integrador permitió un entendimiento más amplio de
cómo se construyen los significados y se logra la persuasión en una variedad de
situaciones.

La retórica en el siglo XX se formalizó como una ciencia , adoptando nuevas


clasificaciones y categorías que reflejaban su complejidad y su interrelación con otras
disciplinas. Se desarrollaron modelos y teorías que ayudarán a sistematizar el estudio de
la retórica, permitiendo a los académicos y profesionales analizar los discursos de
manera más rigurosa. Esta formalización contribuyó a un entendimiento más profundo
de los mecanismos retóricos y su aplicación práctica en diferentes contextos.

La retórica también se volvió más pragmática , centrándose en la enseñanza de


habilidades que prepararían a los futuros oradores para enfrentar los desafíos del mundo
contemporáneo. Esto incluyó el desarrollo de la retórica en el ámbito de la publicidad,
donde la creación de mensajes persuasivos se volvió esencial. Las instituciones
educativas comenzaron a incorporar estas nuevas tendencias en sus programas de
estudio, formando a los estudiantes no solo en teoría, sino también en la aplicación
práctica de la retórica en la vida real.

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