Alguna vez hace muchos años, existieron 3 ángeles hermanos que eran iguales en belleza,
inteligencia y poder.
Sin embargo, los 2 hermanos menores envidiaban al ángel mayor por ser el heredero al trono de
los cielos.
Unidos por la avaricia y la sed de poder, los ángeles menores le arrancaron las alas al mayor y lo
desterraron a las tinieblas donde no pudiera ser hallado.
El ángel mayor, logró huir de las tinieblas, pero su alma era débil y sabía que si sus hermanos se
enteraban de que había sobrevivido, le matarían de una vez por todas.
Por lo que con la poca energía que le quedaba, decidió ocultarse en la forma de una flor nocturna
y aguardar hasta que alguien pudiera ayudarlo.
Pero el tiempo pasaba, y el ángel vio la primavera convertirse en invierno más veces de las que
pudo recordar.
Lleno de odio y de rencor, el ángel renunció a su bondad y con la energía que su dolor le brindó se
transformó en un ángel oscuro.
Sus alas eran negras al igual que su alma y tomó venganza de quien quiera que se cruzara en su
camino, desterrando sus almas a las mismas tinieblas a las que había sido condenado a
permanecer.
Un día el ángel llegó a un valle verde, frondoso, lleno de flores, decidido a destruirlo por completo
con sus habilidades nuevas.
Pero entonces la vio: una joven doncella, más hermosa que lo que jamás hubiera visto en su
infinita existencia, con la sonrisa de mil soles y el cabello como olas de mar, pero con el tono de las
bayas que crecían cerca de los ríos.
Distraído por su belleza, el ángel no cayó en la cuenta de que sostenía con sus manos un árbol
joven, que no tardó en marchitarse al instante.
Asustado por haber destruido algo que parecía ser propiedad de la joven, trató de huir, pero la
joven actuó de inmediato, acercándose al árbol y dándole vida nuevamente al tomarlo con ambas
manos.
El ángel, que desde que fue expulsado de los cielos sólo había visto la maldad que puede haber en
los corazones de los seres, se maravilló por la calidez y la pureza que vio en la doncella, mas
pronto temió que fuera corrompida.
Desesperado, tomó a la joven doncella entre sus brazos y huyó con ella a las profundidades del
abismo, protegiéndola de todo y con la esperanza de que fuera ella quien pudiera finalmente traer
color y vida a su miserable existencia…
Y así comienza esta historia.
HISTORIA DE LOS TRES ÁNGELES.
Entonces.
El todo era más oscuro y frío que nunca. Era evidente que su existencia
llegaba a su fin.
Los 3 ángeles se reunieron para discutir lo que harían cuando
desapareciera. Aunque era evidente lo que el todo quería.
-Él está muriendo- dijo el ángel menor- en cualquier instante dejará de
existir, puede sentirse.
-Lo sabemos- dijeron al unísono los hermanos mayores.
-Alguien tendrá que tomar su lugar en los cielos, para continuar con su
creación- resolvió el ángel mayor. Su ceño fruncido, preocupado por lo
que sería del trabajo de la existencia de aquel que es origen de todo-
habrá dedicado su vida a la creación, no podemos dejar que sea en
vano.
El ángel menor resopló.
-Es claro quién será, ¿No es así? - su voz como reclamando- eres el
mayor. No es necesario fingir que no te ha pedido que continúes su
legado.
El mayor lo miró sorprendido.
-Me ha pedido que sea el siguiente, sí, pero no podría hacerlo solo,
necesito de ustedes para lograrlo.
- ¿En qué nos necesitarías? Tú serás el todo, no quedará nada para
nosotros- comentó el segundo hermano; no parecía reclamarle, pero sí
podía notarse recelo e incertidumbre en su tono.
-Ustedes son mis hermanos- continuó el mayor, su voz tranquilizadora y
serena- me igualarán en poder, fuerza e inteligencia cuando Él deje de
existir, necesitaremos estar unidos para poder continuar con su creación
o no será suficiente.
Ambos hermanos menores guardaron silencio.
-Tienes razón- declaró el ángel menor, su voz extrañamente satisfecha-
seremos iguales en todo.
Presente
BEL’UR
Llego con la mujer en mis brazos a la oscuridad.
Sé que no es el lugar más bonito… pero es todo lo que tengo y aquí
puedo mantenerla a salvo.
Ha pasado mucho desde la muerte del creador de todo, al parecer. No
esperaba encontrar una mujer… todavía. Él había mencionado que en
algún momento aparecerían, pero sería casi al final de su plan. ¿Habré
pasado demasiado tiempo en las tinieblas? Lo suficiente para que la
creación avanzara hasta éste punto, supongo.
Ella es ligera entre mis brazos, su cuerpo delicado, suave y con el aroma
de los campos de flores en primavera. Es muy bonita, pienso. Me
pregunto si habrá más como ella o ¿será ella la primera? Tengo muchas
preguntas, pero sé que acabo de llevarla sin preguntar. Probablemente
no quiera hablar conmigo y esté enfadada, yo lo estaría. Pero no podía
dejarla en el mortal sola, alguien… podría verla. Especialmente dos
seres en los que prefiero no pensar.
La deposito delicadamente en suelo firme, el del lugar en el que suelo
pasar mi tiempo a solas, y espero a que me grite, se enfade, me reclame
o me intente lastimar de alguna forma. Pero ella no lo hace. Ahora que
lo pienso, ella no luchó cuando la tomé impulsivamente y la arrastré
conmigo a los abismos, lejos del bonito lugar en que la encontré. Era de
día, en el mortal. Eso significa que Su’on estaba al mando de los cielos.
Me pregunto si la vio… y si sabe que yo la tomé.
La mujer me mira atentamente, pero no dice nada. Tampoco parece
molesta y no sé si eso me alivia o me preocupa. Un poco de ambos,
decido.
Ella sigue sin hacer nada, sólo ahí parada. Nuestras miradas fijas en la
del otro y se empieza a volver… raro. Luego ella sonríe levemente y yo
me doy media vuelta, dándole la espalda.
“Sí, bueno, ¿ahora qué?” pienso y me siento algo tonto. No pensé más
allá de ponerla a salvo cuando la llevé y ahora sólo parece torpe.
Debería haber visto más allá, eso habría hecho Él, que siempre lo veía
todo. “Tal vez por eso no soy yo quien dirige los cielos ahora” concluyo y
me duele un poco.
Él quería que yo continuara con su plan, lo habló conmigo un par de
veces. Ignoro si a los otros les dijo algo… aunque sospecho que no. Si lo
hubiera hecho, ellos no se hubieran atrevido a hacer lo que hicieron, no
lo habrían desobedecido. O al menos eso quiero creer.