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Herejías Cristianas: Trinitarias y de Gracia

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Seminario Mayor Diocesano de Santiago

Materia:

Patrología II

Profesor:

Pbro. José Juan De Gracias Vásquez

Trabajo:

Herejías
Trinitarias, Cristológicas y La Gracias

Estudiante:

Eladier A. González B.
Introducción

A lo largo de la historia, el cristianismo ha enfrentado numerosas herejías, y muchas de


ellas han dado lugar a debates teológicos significativos y divisiones dentro de la Iglesia,
Estas herejías llevaron a la formulación de credos y doctrinas ortodoxas, estableciendo los
fundamentos de la teología cristiana. Las luchas contra las herejías también jugaron un
papel crucial en la consolidación del cristianismo como una religión organizada y
unificada.
HEREJÍAS TRINITARIAS Y CRISTOLÓGICAS

Arrianismo

Herejía cristiana que surgió en el siglo IV, basada en las enseñanzas de Arrio, un sacerdote
de Alejandría. La principal controversia del arrianismo gira en torno a la naturaleza de
Cristo. Arrio sostenía que Jesús, aunque era divino, no era coeterno ni consustancial con
Dios Padre; es decir, creía que había un tiempo en el que el Hijo no existía.

Esta idea contradecía la doctrina de la Trinidad, que afirmaba que el Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo son tres personas distintas pero de una misma esencia divina. El arrianismo
fue un tema central en el Concilio de Nicea en 325, donde se estableció el Credo Niceno,
que condenó las enseñanzas de Arrio y reafirmó la divinidad de Cristo.

A pesar de la condena, el arrianismo continuó teniendo seguidores, especialmente entre


algunos emperadores y comunidades cristianas, y se mantuvo como un desafío a la
ortodoxia durante varias décadas. Su influencia se redujo en el siglo VI, pero dejó un
legado significativo en la historia del cristianismo.

Macedonianismo

Esta herejía cristiana del siglo IV se deriva de las enseñanzas de Macedonio, un obispo de
Constantinopla. Esta doctrina negaba la divinidad del Espíritu Santo, afirmando que el
Espíritu no era Dios en la misma medida que el Padre y el Hijo. En lugar de ser
consustancial con ellos, se le consideraba una criatura o una entidad inferior.
El macedonianismo se opuso a la formulación trinitaria que se estableció en el Concilio de
Nicea en 325 y se reafirmó en el Concilio de Constantinopla en 381, donde se defendió la
divinidad del Espíritu Santo como parte de la Trinidad. La condena del macedonianismo en
este último concilio fue un paso importante para establecer la doctrina ortodoxa de la
Trinidad en el cristianismo.

A pesar de su condena, el macedonianismo tuvo seguidores durante un tiempo, pero su


influencia disminuyó con el fortalecimiento de la ortodoxia trinitaria.

Apolinarismo

Ligada con Apolinario de Laodicea, siglo IV; esta doctrina sostenía que Cristo tenía un
cuerpo humano, pero que su alma era sustituida por el Verbo divino. Según Apolinario,
Jesús no poseía un alma humana completa, lo que implicaba que no podía ser plenamente
humano.

El apolinarismo buscaba afirmar la divinidad de Cristo al evitar el conflicto de la naturaleza


humana y divina, pero fue rechazado por la Iglesia, especialmente en el Concilio de
Constantinopla en 381. La condena del apolinarismo reafirmó la creencia en la plena
humanidad y divinidad de Cristo, que es fundamental para la doctrina cristiana ortodoxa.
La controversia sobre el apolinarismo subrayó la importancia de la comprensión adecuada
de la naturaleza de Cristo en la teología cristiana, sentando las bases para desarrollos
posteriores en la cristología.

Monofisismo

Herejía del siglo V, centrada en la naturaleza de Cristo. La doctrina monofisita sostiene


que, tras la unión de la naturaleza divina y humana en la persona de Jesús, solo existe una
naturaleza, la divina, mientras que la naturaleza humana se diluye en ella. Esto contrasta
con la enseñanza ortodoxa, que afirma que Cristo tiene dos naturalezas, una divina y otra
humana, que coexisten sin confundirse.
El monofisismo fue defendido por algunos líderes religiosos, como Eutiquio, y se convirtió
en un punto de controversia significativo después del Concilio de Calcedonia en 451, que
reafirmó la doctrina de las dos naturalezas de Cristo. La condena del monofisismo llevó a la
división entre la Iglesia oriental y la Iglesia occidental, con algunos grupos monofisitas,
como los copto-ortodoxos y los armenios, estableciendo sus propias tradiciones y
enseñanzas.

El monofisismo dejó un legado duradero en la historia del cristianismo, influyendo en el


desarrollo de las relaciones ecuménicas y en la comprensión de la cristología.

Nestorianismo

Esta herejía nace de Nestorio, el patriarca de Constantinopla. Su doctrina enfatizaba la


distinción entre las naturalezas divina y humana de Cristo, sosteniendo que existían dos
personas separadas: una divina y una humana. Nestorio rechazaba el término "Teotokos"
(Madre de Dios) para referirse a María, argumentando que ella solo había dado a luz a la
naturaleza humana de Cristo, no a la divina.

Esta interpretación fue considerada herética por la Iglesia, especialmente en el Concilio de


Éfeso en 431, que reafirmó la unidad de la persona de Cristo y la legitimidad del título
"Teotokos". El nestorianismo se extendió principalmente en Persia y fue adoptado por la
Iglesia asiria del Este, que se separó de la ortodoxia romana y bizantina.

HEREJÍAS SOBRE LA GRACIA.

Donatismo

Se desarrolla en el norte de África en el siglo IV, en el contexto de la persecución romana.


Esta corriente se centraba en la cuestión de la validez de los sacramentos administrados por
clérigos que habían apostatado (renunciado a la fe) durante las persecuciones.
Los donatistas sostenían que los sacramentos, como el bautismo y la eucaristía, eran válidos
solo si eran administrados por ministros "puros", es decir, aquellos que no habían cometido
pecados graves. Así, rechazaban la autoridad de aquellos clérigos que habían vuelto a la fe
después de haber apostatado.

La postura donatista llevó a una profunda división en la Iglesia y fue condenada por líderes
como Agustín de Hipona, quien argumentaba que la eficacia de los sacramentos no
dependía de la pureza del ministro, sino de la gracia de Dios. El donatismo fue finalmente
marginalizado, pero su impacto en la discusión sobre la iglesia, la santidad y la comunidad
perdura en la historia del cristianismo.

Pelagianismo.

Herejía fundada por Pelagio, un monje británico. Esta doctrina niega la existencia del
pecado original y sostiene que los seres humanos tienen la capacidad innata de elegir el
bien sin la necesidad de la gracia divina. Según el pelagianismo, las personas son
responsables de sus propias acciones y pueden alcanzar la salvación a través de sus propias
virtudes y esfuerzos.

Esta visión contrasta con la enseñanza de la Iglesia, particularmente la de Agustín de


Hipona, quien argumentaba que la gracia de Dios es necesaria para la salvación debido al
impacto del pecado original en la humanidad. El pelagianismo fue considerado herético y
fue condenado en varios concilios, incluido el Concilio de Cartago en 418.

A pesar de su condena, el pelagianismo influyó en debates teológicos posteriores sobre la


naturaleza del pecado, la libre voluntad y la relación entre la gracia y las obras. Su legado
continúa presente en la historia de la teología cristiana.

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