LOS DE ABAJO – DE MARIANO AZUELA
Capitulo 1
La familia de Demetrio Macías, compuesta por él, su mujer
y un niño, se encuentra en casa; es de noche y la familia se
dispone a comer. El lugar es humilde y consiste en un solo
cuarto que sirve de hogar y como almacenamiento de los
instrumentos de labranza. El perro de la familia, Palomo,
ladra de una manera particular que inquieta a la mujer.
Sospechan que puede tratarse de soldados federales, por lo
que ella le sugiere a su marido que se esconda.
Demetrio toma un rifle y sale hacia la oscuridad. A cierta
distancia se escucha un tiro y Palomo, el perro, deja de
ladrar.
Unos hombres a caballo llegan al rancho de Demetrio
exigiendo que les sirvan comida. El jefe, un teniente, está
borracho. Viene acompañado de un sargento. La mujer de
Demetrio sale a buscar a Palomo y, cuando vuelve, les
reclama a los hombres por haber matado a su perro.
El sargento le pregunta a la mujer dónde se encuentran, a
lo que ella contesta: “Limón”. El hombre se sorprende, pues
conoce ese nombre porque es famoso gracias a Demetrio
Macías, un valiente ranchero de la zona. Al teniente no
parece importarle demasiado: quiere pasar la noche ahí y
seguir bebiendo en compañía de la mujer de Macías.
En el mismo momento en que el teniente intenta seducir a
la mujer, una figura imponente aparece en la puerta; es
Demetrio. El sargento y el teniente sienten terror ante la
presencia del dueño del rancho e intentan dar
explicaciones, mientras, la mujer le pide a su marido que
los mate.
Ambos oficiales huyen. Demetrio le ordena a su mujer que
vaya a casa del padre de él, pues sospecha que los
federales van a volver con más hombres. Salen juntos, pero
la mujer, con el niño, toma un camino y Demetrio, otro. Él
empieza a subir las peñas que rodean el rancho, mira atrás
y ve cómo su casa arde en llamas.
Capítulo 2
Demetrio continúa alejándose de su rancho durante toda la
noche. Al amanecer se echa a dormir. Piensa que pronto los
federales van a dar con él y deberá enfrentarlos. Tiene una
ventaja: conoce el terreno mejor que ellos; los soldados
federales solo van a poder recorrer esas sierras si cuentan
con la ayuda de uno de los hombres que sirven a un
cacique local, enemigo de Demetrio.
Cuando despierta, reanuda su viaje y escala otra peña; allí
sopla el cuerno que lleva a la espalda. Al instante recibe
una señal en respuesta. A lo lejos puede ver cómo sus
hombres salen de sus escondites y se acercan a él.
Demetrio les cuenta lo que sucedió con su rancho y les
anuncia que probablemente tengan que enfrentarse a los
soldados federales en breve. Los hombres reaccionan con
gritos e imprecaciones para mostrar que están listos para el
combate.
Demetrio menciona cómo otro hombre, Julián Medina, con
solo doce hombres a su servicio, logró vencer a los
federales. Frente a esa provocación, Anastasio Montañés le
responde que ellos no son menos que los hombres de Julián
Medina y que vienen bien armados, listos para el
enfrentamiento. Anastasio se muestra como un hombre
valiente que no teme a nada.
Los hombres gritan: “que viva Demetrio Macías, que es
nuestro jefe, y que vivan Dios del cielo y María Santísima”
(p.13).
Esa tarde, los hombres encienden el fuego y asan trozos de
carne fresca. Demetrio continúa hablando sobre el éxito
que tendrán en su enfrentamiento con los federales. Les
convida a sus hombres unos granos de sal que todos
celebran. Luego de comer se tiran al sol a cantar
“canciones monótonas y tristes” (p.14).
Capítulo 3
Demetrio y sus veinticinco compañeros duermen en las
sierras hasta que Pancracio, que estaba haciendo de vigía,
los despierta con el sonido del cuerno para alertarlos de
que alguien se aproxima. Los hombres se preparan para
combatir. Entre la madrugada y el alba, el despeñadero se
llena de soldados federales.
Los hombres de Demetrio están listos para atacar; en
cuanto oyen la voz de mando de su jefe, veintiuno de ellos
disparan y, al instante, ese mismo número de soldados
federales cae de sus caballos. En una segunda ronda de
disparos sucede lo mismo. Los federales están ahora más
atentos e insultan a los hombres de Demetrio, quienes
hacen apuestas y se pelean por un turno para disparar
contra los soldados.
Ambos bandos aprovechan la geografía del lugar para
ocultarse hasta que uno de los hombres de Demetrio, a
quien llaman la Codorniz, sale de su escondite haciendo
gestos para provocar al enemigo y, de este modo, revela la
ubicación de todos los demás. Los federales apuntan y
disparan en esa dirección. Demetrio ordena a sus hombres
tomar nuevas posiciones.
En medio del cruce de fuego, algunos soldados de entre los
federales comienzan a retirarse. Los jefes disparan contra
los desertores para restablecer el orden. Los hombres de
Demetrio continúan haciendo apuestas entre ellos y se
descuidan a pesar de las advertencias de su jefe. Los
federales los atacan por uno de los flancos y hieren a
Demetrio quien se resbala por el barranco para
resguardarse.
Capitulo 4
Dos hombres de Demetrio han muerto en el
enfrentamiento: Serapio y Antonio. Luego, los encuentran
colgados de un árbol.
Dado que los federales se retiraron, Demetrio puede
recuperar los caballos que habían quedado en las sierras
después del combate.
Los hombres cabalgan al norte sin parar para descansar, ya
que temen que los federales regresen. En el camino, la
herida que ha recibido Demetrio no le permite continuar a
caballo, por lo cual algunos de sus hombres lo llevan en una
camilla. Demetrio se encuentra debilitado y eligen parar en
un pueblo a la vera del río.
Los habitantes de la sierra reciben a Demetrio y los demás
con comida y hospitalidad. Los lugareños manifiestan su
rechazo por los federales porque roban sus pocas
pertenencias y los obligan a escapar de la leva.
Todos en el pueblo, sobre todo las mujeres, se ocupan de
Demetrio y sus hombres. Doña Remigia, una de las mujeres,
se queja de lo poco que les queda tras el paso de los
federales que se llevaron todo, incluida una de las
muchachas.
Capitulo 5
La Codorniz despierta a Anastasio porque escucha un
disparo. Cuando salen de la choza para ver de qué se trata,
gritan: “¿Quién vive?”. Alguien responde: “Demetrio
Macías”. Es la voz de Pancracio que conduce a un joven a
quien ha herido. Al parecer, Pancracio estaba cumpliendo
con su tarea de centinela cuando escuchó que alguien se
acercaba. Preguntó: “¿Quién vive?” y como el hombre
respondió “Carranzo”, Pancracio le pegó un tiro en el pie.
El joven exige hablar con el jefe y se comporta de manera
tan altiva que Anastasio le propina un golpe y ordena que lo
maten. Demetrio, desde la choza donde se recupera,
escucha lo que sucede e interviene para conocer al
prisionero.
El joven se presenta. Su nombre es Luis Cervantes,
estudiante de medicina y periodista. Según su relato, los
federales lo llevaron en la leva porque se había expresado a
favor de los revolucionarios. Consiguió escaparse de los
federales y ahora quiere unirse a los revolucionarios.
Demetrio no comprende del todo lo que busca el joven. Se
siente aún mal y debilitado, por lo que ordena a sus
hombres que encierren al joven en el corral para decidir qué
hacer con él al día siguiente.
Capitulo 6
Luis Cervantes se tira en el corral para intentar descansar.
Cuando se da cuenta de que duerme al lado de un cerdo,
pierde el sueño y se queda despierto pensando un su
fracaso. Desde su lugar como periodista de un diario
provinciano, escribía en contra de los revolucionarios. Quiso
pasar de la palabra a la acción y se unió voluntariamente a
los federales. Pronto vio que no estaba preparado para el
combate y se arrepintió del camino que había elegido. Sufre
una serie de humillaciones, entre ellas, es rebajado de
subteniente a ayudante de cocina.
Con esa experiencia empieza a sentirse identificado con los
desposeídos. Comparte más tiempo con los soldados que
han sido forzados a unirse a los federales mediante la leva.
A través de las experiencias que estos hombres comparten
con él y su propia humillación, Luis Cervantes desarrolla un
odio profundo hacia los federales.
Para su mayor decepción, cuando logra escapar de los
federales para unirse a los revolucionarios, estos lo reciben
encerrándolo en un corral.
Capitulo 7
Demetrio Macías se despierta y recibe la atención de una
joven que le trae leche de cabra. La noche anterior
Demetrio ya se había fijado en la muchacha. Su nombre es
Camila y es muy servicial, pero no acepta los avances de
Demetrio; se ruboriza y se aleja de él.
Anastasio, por su parte, le recuerda a Demetrio que tiene
que tomar una decisión con respecto al joven que han
encerrado en el corral.
Demetrio no toma una decisión de inmediato, sino que idea
un plan para asegurarse de que ese hombre no haya
llegado ahí con el propósito de asesinarlo. Envía a la
Codorniz a robarle la sotana a un cura, condena a muerte a
Luis Cervantes y le permite una última confesión. Cuando la
Codorniz viene con la noticia de que Cervantes, durante la
confesión, no cambió su relato y no está ahí por encargo de
los federales, ordena que le den de comer al prisionero y
que lo vigilen.
Capitulo 8
Luis Cervantes sufre por la herida que recibió en el pie por
parte de la Codorniz. Intenta conseguir los implementos
para curarse y es Camila, siempre servicial, quien se los
proporciona. Mientras el joven se limpia la herida, Camila
presta atención a cada cosa y lo aturde con preguntas.
Luis Cervantes apenas le presta atención a la muchacha, se
encuentra ensimismado, cuestionando su decisión de
desertar de los federales y unirse a los revolucionarios. Por
el momento, estos no han causado una buena impresión en
él. Sin embargo, deja de lado sus dudas y reafirma su fe en
los revolucionarios como los futuros vencedores.
Mientras, Camila continúa intentado llamar la atención de
Luis, puesto que se ha enamorado de él. Este, no obstante,
la ignora. Otra mujer, la tuerta María Antonia, presencia la
escena desde su choza y se burla de Camila, quien niega
cualquier insinuación asegurando que no solo no le interesa
Luis, sino que les tiene “asco a los curros”, es decir, que
rechaza a los hombres elegantes, de ciudad.
Capitulo 9
En la choza de Remigia se encuentra Demetrio
recuperándose de su herida. Llega una vecina, Pachita, a
pedirle un favor a Remigia. Luego, entra a la choza
Fortunata, otra vecina. Alrededor del metate (piedra de
molienda para el maíz) y del nixtamal (preparación para
limpiar el maíz de toxinas), las tres mujeres comparten
rumores. Al parecer, una de las muchachas del pueblo
quedó embarazada y no saben quién es el padre. Una de
ellas piensa que puede ser su tío; otra asegura que fueron
los federales.
Pachita reconoce que el verdadero motivo por el que se
acercó allí es para traerle una cura a Demetrio. Se la
entrega a pesar de que Remigia le aclara que los
revolucionarios tienen su propio médico y no deben estar
interesados en las curas que la anciana ofrece. De todas
formas, Demetrio acepta el regalo de Pachita; se trata de
un palomo que Remigia parte en dos para luego colocar
sobre el estómago de Demetrio.
Fortunata aprovecha el momento para contar su propia
historia con los federales. Cuenta como los federales
raptaron a su única hija, con lujo de detalles y yéndose de
tema. Termina pidiendo a Demetrio que no deje ni un solo
federal con vida.
Capitulo 10
Demetrio Macías continúa convaleciente por lo que
Anastasio le sugiere llamar a Luis Cervantes para que lo
cure. Todos vieron cuánto había mejorado curándose la
herida a sí mismo. Venancio, el que hacía las veces de
médico en el grupo, protesta. La Codorniz le recuerda que
él no es un médico de verdad y que solo está ahí porque
debió huir de su pueblo tras envenenar a su novia. Así,
otros hombres se unieron a la revolución para huir de la ley.
Luis Cervantes limpia y venda la herida de Demetrio. La
mañana siguiente el jefe se despierta en mejores
condiciones y le ordena que siga viniendo para las
curaciones. Al principio Demetrio lo trata mal y le advierte
que, tras dejarlo sano, deberá irse de allí. Luego, se
encariña con el joven y se asegura de que sus hombres lo
traten mejor.
El primero en dejar de llamar al aprendiz de médico “curro”
para pasar a llamarlo “Luisito”, es el barbero Venancio. Tras
compartir con todos unos episodios de El judío errante, Luis
sugiere que Venancio no va a tener ningún problema en
certificarse como médico cuando termine la revolución. Con
ese reconocimiento, se gana su aprecio.
Capitulo 11
Camila intenta decirle a Luis Cervantes lo que siente por él.
Sin embargo, frente al estudiante de medicina, la muchacha
se desarma y no logra articular las palabras. Luis pierde la
paciencia con ella y se lo hace saber. Dolida, Camila
desaparece unos días. Mientras tanto, la madre de la
muchacha es quien ocupa su lugar llevándole todos los
implementos necesarios a Luis para su curación.
Luego de tres días, Camila vuelve a acercarse a Luis y esta
vez toma coraje para dejarle saber que está enamorada de
él. Él la ignora. Ella continúa con su charla y le cuenta cómo
es servir a Demetrio Macías: el jefe trata de seducirla y se
propasa con ella. A Luis la historia le resulta graciosa y le
dice a Camila: “Si el jefe te quiere, ¿tú que más pretendes?”
(p.42). Camila se siente desconcertada y huye nuevamente.
Capítulo 12
Una tarde, Pancracio y Manteca juegan a las cartas
mientras Anastasio sigue el juego con desinterés. Cerca de
allí se encuentra Luis, meditabundo. Anastasio se acerca al
joven e inicia una conversación, aunque el único que habla
es él. Le cuenta a Luis el motivo por el que se unió a
Macías: “le metí un navajazo a un capitancito faceto”
(p.43). Además, intenta encontrar con Luis un punto en
común: el estudiante de medicina es un hombre refinado
que según Anastasio “es de zapato pintado y moñito en la
camisa” (p.43), pero él tampoco es un muerto de hambre,
es dueño de un rancho y no lucha con los revolucionarios
por necesidad, sino por gusto.
Mientras Anastasio le da charla a Luis, Pancracio y Manteca
se pelean por el juego. Eso le sirve a Anastasio para
diferenciarse de ellos y aclarar ante Luis que a él no le
gustan ni el juego ni los insultos. A lo lejos, Anastasio
alcanza a ver que se levanta una polvareda y asume que se
trata de soldados federales. Todos se entusiasman porque
piensan que están por pelear, pero finalmente se
decepcionan cuando se dan cuenta que se trata de dos
arrieros con su recua.
Los dos hombres traen noticias del último reducto de los
federales en el norte. Se encontraban apostados en dos
cerros, pero el general Pánfilo Natera estaba reuniendo
hombres para atacarlos.
Luis Cervantes escucha con atención y comprende que
vencer a los federales en ese reducto implica el fin de
Huerta, quien había asumido la presidencia ese mismo año.
Con entusiasmo piensa que lo que deben hacer es unirse a
Natera y participar de esa campaña. A todos les resulta
extraño que Luis Cervantes se incluya a sí mismo en los
proyectos de Demetrio y sus hombres.
Uno de los más sorprendidos es el propio Demetrio, quien
no llega a comprender por qué Luis Cervantes desea unirse
a sus filas, pues lo encuentra muy distinto al tratarse de un
“curro”, es decir, un hombre más refinado. Luego, para
hacerle comprender por qué él se unió a la lucha, Macías se
dispone a narrar los hechos que lo llevaron a convertirse en
un revolucionario.
Capítulo 13
En este capítulo, Macías le cuenta a Luis Cervantes su
historia con don Mónico, el cacique de Moyahua, con quien
tiene un altercado que lo lleva a convertirse en un
revolucionario.
Macías se refiere a sí mismo como un ranchero, ya que es
dueño de un pedazo de tierra para cultivar, unas vacas y su
casa. Según narra, es común que los rancheros de la zona
vayan cada ocho días a Moyahua para oír la misa, comprar
en el mercado, hacer encomiendas y distraerse un poco.
Para esto último, los rancheros asisten a la tienda de
Primitivo López en donde toman unas copas y se divierten.
Muchas veces surgen problemas entre los presentes e
incluso interviene la policía. En general, los conflictos se
resuelven.
En una ocasión, en la tienda de López, Demetrio escupe las
barbas de don Mónico, un cacique local. Debido a ese acto
insolente, don Mónico se asegura de que los federales
persigan a Macías acusándolo de “maderista” (seguidor de
Francisco I. Madero, presidente de México a partir de 1911 y
hasta su asesinato en 1913 a causa del golpe de Huerta).
A causa de la persecución, Macías se va de su pueblo,
Limón, y en el camino se incorporan a sus filas otros
hombres que escapaban de la ley por distintos motivos. Así
termina su relato.
Como respuesta, Luis Cervantes le insiste en que conviene
unirse a la campaña de Pánfilo Natera, quien desea atacar
al último reducto de federales en Zacatecas. A Demetrio
ese plan no le gusta porque implica responder a un jefe. El
joven intenta persuadir a Demetrio diciéndole que cuando
la revolución gane, a sus hombres y a él, que es un jefe sin
importancia, nadie les va a reconocer el esfuerzo y los van
a mandar de vuelta a casa.
A Macías no le interesa otra cosa que volver a su rancho,
pero Cervantes insiste que ese destino es injusto porque los
poderosos seguirán ganando dinero, mientras que ellos
deberán volver a sus vidas humildes. Con un discurso
grandilocuente, trata de persuadir a Demetrio de que es su
destino ser uno de los ayuden a liberar la patria de la
injusticia. Para Luis, la historia que recién le compartió
sobre el cacique don Mónico no es lo que verdaderamente
lo motiva a pelear, sino la necesidad de protestar contra “el
caciquismo que asola toda la nación” (p.49).
Mientras Luis Cervantes pronuncia estos discursos sobre los
principios detrás de la lucha, Venancio interviene para
alabar y expresar cuán cierto es lo que expone el
estudiante de medicina.
Capítulo 14
Demetrio comenta con Anastasio lo que sugiere Luis
Cervantes. Admira la facilidad con la que el “curro” expresa
sus ideas. Anastasio comenta más de una vez “¡Lo que es
eso de saber leer y escribir!” (p.50) y reconoce la habilidad
de Cervantes, pero no está convencido de unirse a la
campaña de Natera. Su preocupación radica en que los
hombres de Demetrio son muy pocos, pero el jefe le dice
que no se preocupe porque hay modos en los que se puede
conseguir más hombres, por ejemplo, liberando las cárceles
de los pueblos por los que pasen, camino a Zacatecas.
La decisión está tomada: al día siguiente salen hacia el
norte. Algunos de los hombres quieren llevarse a las
mujeres con ellos, pero Demetrio no quiere que haya un
mal recuerdo del paso de los revolucionarios como sí los
hay del paso de los federales. Para despedirse del pueblo
que tan bien los ha acogido, organizan un baile. En medio
de la conversación sobre las impresiones que los
revolucionarios debieran dejar en el pueblo, Cervantes le
hace creer a Macías que el amor por Camila es recíproco.
Luego, Camila se encuentra con Luis Cervantes. Este insiste
en que se sienta halagada por la atención de Demetrio.
Camila le da las espaldas para poder confesarle que lo
quiere a él y no a su jefe. Cuando se da vuelta ve que Luis
la ha dejado sola.
Capítulo 15
Es la noche del baile. Todos están alegres. La única ausente
es Camila. Casi al final del festejo, Demetrio aprovecha para
agradecer a los vecinos por su hospitalidad y promete
acordarse de ellos cuando triunfe la revolución. Las vecinas
despiden a los hombres con buenos deseos.
Otro día, una de las mujeres, de quien se dice que tuvo
encuentros sexuales con todos los hombres, se burla de
Camila. La madre de Camila, señá Agapita, piensa que su
hija lleva ya muchos días triste y considera que alguien le
ha hecho mal de ojo. Para curar a su hija de la pena, le
propina una paliza con un anillo de cuero. Si bien Camila es
quien más sufre, todas las mujeres se apenan por la partida
de los hombres.
Demetrio y sus hombres están de camino a Fresnillo para
unirse al general Natera. Se encuentran a gusto en el
camino, porque se sienten libres y poderosos.
En el camino, a lo lejos, ven a un viejo con harapos
conduciendo un burro cargado de yerba. Demetrio le
pregunta cuántos federales hay en el pueblo, y el viejo
contesta que no llegan a doce. Además, cuenta lo que sabe
sobre las campañas en Guadalajara, San Luis Potosí y
Fresnillo. Demetrio lo deja ir, pero antes le advierte que no
debe hablar sobre ese encuentro.
Empujados por la noticia de que son muy pocos los
federales que se encuentran acuartelados en el pueblo, los
hombres quieren enfrentarlos de inmediato. Demetrio
detiene el impulso de sus hombres para acampar y
empezar la emboscada al alba.