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Alimentos Transgénicos: Pros y Contras

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ALIMENTOS TRANSGÉNICOS

Si alguien se acerca a las estanterías de la sección de fruta y verdura


en un supermercado, ante él desfilarán enormes tomates de un rojo
deslumbrante, sandías sin pepitas que siempre están dulces, frutas
de temporada fuera de temporada… Estos saludables manjares
entran rápidamente por los ojos y llenan la mente de una sensación
de bienestar incontrolable. Pero algunos de estos productos no son
tan naturales como parecen, sino que se trata de alimentos
transgénicos. ¿Y qué significa esto? ¿Cómo puede afectar a quien
lo consuma?

Los alimentos transgénicos son organismos que poseen en su


composición uno o varios genes diferentes de los que se les
atribuyen en un principio. Mediante técnicas de biotecnología, se
pueden utilizar genes extraídos de seres vivos, modificados en
laboratorios y reintroducidos en el mismo u otro organismo.
Técnicamente se conocen como Organismos Modificados
Genéticamente (OMG) y su objetivo es dotar a estos organismos de
cualidades especiales de las que carecerían. De este modo, las
plantas transgénicas pueden sobrevivir a plagas, aguantar mejor
las sequías, o resistir el efecto de algunos herbicidas.

Aunque se trata de un procedimiento controlado y la mayoría de


modalidades utilizadas para producir estos organismos
están autorizadas, han suscitado un intenso debate entre quienes
ven una mejora significativa y muchas ventajas y quienes señalan
los riesgos que estos productos podrían esconder. A esta
discordancia se le añade el hecho de que ninguna ley obliga a los
productores a indicar qué productos tienen modificaciones
genéticas aunque sí es perceptivo de señalarlo cuando un producto
cuenta con al menos un 0.9% de algún transgénico.
Pros y contras de los transgénicos
Los seguidores de esta práctica, como el catedrático de
Bioquímica y Biología Molecular Francisco García Olmedo,
defienden el uso de transgénicos por las ventajas que en ellos se
encuentran: protección frente a virus o herbicidas, mayor
durabilidad y tamaño, crecimiento acelerado o la capacidad de
crecer en zonas estériles y de que se les añadan proteínas que de
normal no poseerían. Otro argumento muy común es el que afirma
que la cría y el cultivo selectivos ha sido una práctica común desde
hace miles de años y ahora solo se ha llevado un paso más lejos.
Además, por el momento no ha habido indicios de que
los alimentos transgénicos tengan consecuencias de salud en las
personas que los consumen.

Sus detractores, por otro lado, apuntan a que el uso de estos


productos se ha generalizado en muy poco tiempo sin que se pueda
comprobar si los alimentos transgénicos tienen consecuencias a
largo plazo. Juan Felipe Carrasco, ingeniero agrónomo que
encabezó en 2010 una campaña de Greenpeace contra los
transgénicos, es uno de los muchos opositores a este tipo de
alimentos debido al impacto medioambiental y la pérdida
de biodiversidad que suponen.

Uno de los mayores argumentos en contra del uso de transgénicos


no se refiere a los transgénicos en sí mismos, sino al modo de uso de
los mismos: estos productos no generan semillas viables por lo
que se pone a los agricultores en una situación de dependencia
total frente a los suministradores, generalmente grandes
empresas multinacionales que controlan qué, cómo y cuánto se
produce. Mientras que muchos proclaman que los alimentos
transgénicos serán capaces de alimentar a toda la población mundial,
otros señalan que, verdaderamente, el problema del hambre en el
mundo es de distribución, no de tecnología: hay comida para todos,
pero está mal repartida

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