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ELEGIDOS

Introducción:

No hay un ser más maravilloso y grande que nuestro Dios Creador. Cuando abrimos la Biblia y
leemos la historia de la creación en Génesis capítulos 1 y 2, entendemos que el hombre y la
mujer fueron creados y elegidos para vivir en comunión y santidad con Él. Y aunque Adán y Eva
eligieron escuchar a Satanás, desobedeciendo el mandato de Dios, Él no los destruyó
inmediatamente, sino que mostró todo su plan de salvación y misericordia, para rescatarnos a
todos de este mundo de maldad (Génesis 3).

¿Qué significa que seamos elegidos?

Desde el mismo principio, Dios siempre ha mirado a sus criaturas con gran compasión. Y
aunque el aumento del pecado va degradando al ser humano, Dios no desiste de buscarnos, e
insiste en salvarnos. Él hizo maravillas con sus criaturas que estaban en Egipto, liberándolos de
la mísera esclavitud en que estaban y los sacó para que se convirtieran en su pueblo elegido.
Dice el texto sagrado: «Dios se acordó de su santa promesa y de Abraham, su siervo. Así sacó a
su pueblo en alegría y a sus elegidos llenos de gozo. Y les asignó las tierras de las gentes, y se
posesionaron de las haciendas de los pueblos, para que guardaran sus preceptos y observaran
sus leyes. Aleluya» (Salmos 145:42-45).

El apóstol Pablo también señala: «Demos gracias al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo
por las bendiciones espirituales que Cristo nos trajo del cielo. Desde antes de crear el mundo,
Dios nos eligió por medio de Cristo para que fuéramos sólo de él y viviéramos sin pecado»
(Efesios 1:3-4, BLS).

La palabra bakjír en hebreo, se traduce como elegido o escogido. Y la palabra eklégomai en


griego también se traduce como elegido o escogido. Y en toda la Biblia en muchos textos
encontramos que es Dios quien nos escoge o nos elige para que seamos salvos y para que
también compartamos su salvación con otras personas.

El gran amor de Dios

El gran amor de Dios por sus criaturas está presente en toda la Biblia, pero podríamos
resumirlo en un solo texto que muchos conocemos: «Pues Dios amó tanto al mundo que dio a
su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan
3:16).

Toda persona que escucha la voz de Dios y atiende su llamar para venir a Cristo es elegido para
salvación. El medio que Dios usa para llamar a sus elegidos es el evangelio que se predica a
todos y que en esta hora estamos presentando. (Marcos 16:15-16).

Dios desea que todos aceptemos su invitación porque quiere que todos seamos salvos (1
Timoteo 2:3-4). Por ello espera con mucha paciencia «pues no quiere que nadie muera, sino
que todos se vuelvan a Dios» (2 Pedro 3.9, DHH).

Por tanto, la decisión de que estemos entre sus elegidos no está en Dios, sino en cada uno de
nosotros. Dios ya lo ha hecho todo por nosotros, y usted y yo somos los únicos que decidimos
si queremos aceptar su invitación, o queremos posponerla o rechazarla.
La elección de Dios

La elección es un acto de Dios. Somos elegidos para salvación porque Dios tiene compasión por
nosotros (Romanos 9:16). Dios está profundamente en nuestras vidas y nos ofrece su
salvación. Nos ha elegido con un amor indescriptible aunque no haya nada bueno en nosotros.
El apóstol Pablo señala: «Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno
habita…» (Romanos 7:18, NVI).

Dios nos ha elegido para reconciliarnos con él por medio de Cristo Jesús, para que volvamos a
ser sus hijos fieles y reconciliemos también a otros (2 Corintios 5:18-19). Nos ha elegido
porque anhela salvarnos para que también participemos y llevemos a otros el plan de la
salvación (2 Timoteo 2:3-4).

Nos ha elegido para que le amemos y le sirvamos con todo el corazón y para que sirvamos a
otros (Gálatas 5:13-14). Cuando recibimos el amor y el perdón de Dios entendemos que somos
llamados a ser de bendición a quienes están a nuestro alrededor siguiendo el modelo de Jesús
(Mateo 20:28).

Nos ha elegido para seamos santos y vivamos sin mancha delante de Él (Efesios 1:4), porque
quiere restaurarnos a su imagen. Dios quiere que «dejemos todo el pecado que nos asedia» y
que nos destruye, para que nos parezcamos a Él. Dios anhela profundamente que dejemos el
alcohol, las drogas, las malas palabras, la pornografía, las malas compañías o amistades
peligrosas, las pasiones sexuales y desenfrenadas, los vicios y todo aquello que nos separa de
su gracia y nos hunde en la miseria y el dolor.

Cuando escuchamos su llamado, cuando respondemos a su elección y abandonamos todas


estas cosas, comenzamos a parecernos a Dios y nuestra vida comienza a ser transformada por
la gracia y el Poder del Espíritu Santo.

Todos somos llamados a ser los elegidos de su reino porque Él tiene un propósito para
nosotros. Su anhelo es hacernos suyos, su plan es restaurarnos y su sueño darnos la salvación,
porque según su santo propósito somos sus elegidos.

Dios quiere que sus elegidos «lleguen a la fe y al conocimiento de la verdad» (Tito 1:1). Él
anhela que pongamos en práctica los mensajes y verdades señaladas en su Santa Palabra,
porque anhela contar con nosotros en su reino eterno. Por tal motivo envía este mensaje a
nuestras vidas en esta hora. Él continúa esperando con mucha paciencia «pues no quiere que
nadie muera, sino que todos se vuelvan a Dios» (2 Pedro 3.9, DHH).

Satanás sabe todo esto y está empeñado en destruir a los elegidos de Dios. Jesús mismo lo
advirtió: «Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas que harán señales y milagros para
engañar, de ser posible, aun a los elegidos. Así que tengan cuidado; los he prevenido de todo»
(Marcos 13:22-23).

Cada vez que Dios elige a alguien para salvación, Satanás se inquieta y se desespera. Y nos
pone obstáculos, barreras, trabas y problemas para que no aceptemos la invitación de Dios.
Ahora mismo está presente en este lugar buscando distraernos para que no escuchemos el
llamado de Jesús.
El apóstol Pedro lo dice: «Sean prudentes y manténganse despiertos, porque su enemigo el
diablo, como un león rugiente, anda buscando a quien devorar» (1 Pedro 5:9, DHH). La
bendición plena de ser un elegido será para quienes escuchen la voz de Dios y acudan a su
llamar.

Conclusión

Dios anhela que vivamos con Él por la eternidad. Su promesa es fiel y verdadera: «Mi pueblo
tendrá una vida larga, como la de un árbol; mis elegidos disfrutarán del trabajo de sus manos»
(Isaías 65:22, DHH). Pero esta promesa es solo para aquellos que decidan aceptar la invitación
de Dios, obedezcan sus mandamientos, se preparen cada día y se mantengan fieles a Él en
medio de cualquier dificultad.

Jesús tiene un mensaje especial para usted y para mí en esta hora: «Al que salga vencedor le
daré el derecho de sentarse conmigo en mi trono, como también yo vencí y me senté con mi
Padre en su trono» (Apocalipsis 3:21). Yo quiero sentarme con Jesús y vivir con Él por toda la
eternidad. Y usted apreciado amigo ¿también le gustaría?

Dios decidió elegirnos, pero usted y yo necesitamos estar entre sus elegidos. ¿Hay alguien en
esta noche que quiere ser llamado elegido de Dios? ¿Hay alguien que dice yo quiero disfrutar
con Jesús por la eternidad?

Vamos a orar para confirmar esa decisión que estamos haciendo en esta hora sea afirmada en
nuestras vidas y también sea confirmada en el cielo.

Oración

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