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Dramatis Personae
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PRÓLOGO
El beso que Rishe compartió con Arnold en el tejado de la ópera duró
varios segundos, pero dio la sensación de que había terminado en un
instante.
“Mmn…”
Los labios de Arnold se separaron lentamente de los suyos. Rishe
soltó un suspiro acalorado, echando ya de menos su contacto.
“Su Alteza…” Murmuró.
En lugar de responderle con palabras, Arnold volvió a entrelazar
sus dedos. El gesto parecía decir: Estoy aquí. No te dejaré marchar.
Rishe estuvo a punto de echarse a llorar.
Le quiero. Amo al Príncipe Arnold. Rishe confirmó los
sentimientos de los que acababa de ser consciente. Creo que me
enamoré de él hace mucho tiempo, pero sucedió de forma tan natural
que ni siquiera me di cuenta…
Ella jadeó. Arnold le inclinó la barbilla y volvió a besarla.
“¡Mm!”
Se apartó con la misma rapidez y sus labios se separaron con un
suave chasquido. Pero luego volvió a besarla, otro rápido picotazo. La
besó una y otra vez, y los ojos de Rishe se abrieron de par en par.
“¡Ee-mmh!”
Ella estaba a punto de chillar, así que él le cerró los labios, pero
sólo por un momento. Se cernió sobre ella y sus labios chocaron con
los suyos una y otra vez desde todos los ángulos imaginables,
provocando un lindo sonido de Rishe cada vez que se separaban.
“Mmm…”
Arnold la había besado hasta dejarla sin sentido. Rishe ya no tenía
ni idea de lo que estaba pasando: le había plantado tantos besos en la
boca. Quería apartarlo, temerosa de que pudiera oír el estruendo de su
corazón, pero Arnold no se lo permitió.
“Ngh…”
Él debía saber lo nerviosa que estaba, pero no daba señales de
detenerse. Llevaba un rato sin aliento y tenía la sensación de que sus
pobres pulmones estaban al límite. No ayudaba que su cuello hubiera
estado inclinado hacia atrás todo este tiempo.
“Mm, ¡mmph…!”
Aunque ella golpeó el pecho de Arnold, él no se movió. Siguió
rozando sus labios con los de ella. Acababa de darse cuenta de lo que
sentía por él, así que ¿cómo podía torturarla así?
¡Mi corazón va a explotar!
Rishe agarró la camisa de Arnold y, de algún modo, consiguió
mirarle en la fracción de segundo en que sus labios se separaron.
Rápidamente se arrepintió. Cuando sus ojos se cruzaron, un destello
agudo iluminó sus iris azules. La visión era tan hermosa que sus ojos
volvieron a llenarse de lágrimas.
Aun así, su súplica sin palabras pareció surtir efecto. Arnold
finalmente soltó a Rishe. Al soltarla, le dio un último beso en la frente.
“P-Príncipe Arnold…” Gimió Rishe, preguntándose por qué la
había besado tantas veces. Tragó saliva cuando él la miró con dulzura
y protección.
“¿Lo memorizaste?”
“¿Eh?”
Arnold presionó con el pulgar los labios de Rishe.
“Te prometí que te besaría tantas veces como quisieras.”
Rishe finalmente recordó. Le había pedido que la besara para
aprender a hacerlo para su boda, y eso fue lo que él le respondió. El
torrente de besos que acababa de recibir era la respuesta de él a su
petición.
Chilló ante lo escandaloso de lo que había pedido, con las mejillas
cada vez más enrojecidas.
“¡Ya lo hice!” Respondió moviendo la cabeza con énfasis.
Arnold se rio y le acarició el cabello.
“Bien.”
¿Cómo podía una voz tan suave tocar su fibra sensible como un
arpa?
Le acarició la mejilla y murmuró: “No importa que sea tu
cumpleaños. Quiero hacer todo lo que esté en mi mano para cumplir
tus deseos. No lo olvides nunca.”
Sus palabras eran inequívocamente de celebración.
Siempre he odiado mi propio cumpleaños, pero… No podía creer
lo feliz que era ahora mismo.
“Gracias, Príncipe Arnold.”
“Mm-hmm.” Retiró la mano y la guio de vuelta al banco del tejado.
“Voy a preparar nuestro carruaje. Espera aquí.”
Rishe asintió y Arnold bajó las escaleras. Cuando ya no pudo verle,
Rishe se hundió en el banco, exhausta.
No puedo creer que me besara tantas veces…
Todo lo que él le había tocado estaba febrilmente caliente. Quería
conservar el recuerdo de su nombre en sus labios y de aquellos labios
besándola, pero cada vez que lo recordaba le daba un vuelco el
corazón.
“Rishe…”
“¿Qué voy a hacer?” Ella sostuvo sus mejillas escarlata,
completamente en una pérdida. “No se me ocurrió cómo besarlo en
absoluto…”
CAPÍTULO 1
El decimoséptimo cumpleaños de Rishe llegó y pasó… por séptima
vez, según sus cálculos. Al día siguiente, sentada en el sofá de su
habitación, miraba lánguidamente por la ventana. Tenía en la mano el
horario de los barcos que atracaban y salían del puerto.
Su boda se acercaba rápidamente y ella tenía otro montón de trabajo
que hacer. Desgraciadamente, no podía concentrarse lo más mínimo;
su mente estaba completamente ocupada por el despertar de sus
sentimientos hacia Arnold.
Estoy enamorada de él.
Cada vez que se le pasaba por la cabeza, la timidez y la inquietud
la dominaban. Sus sirvientas estaban tan preocupadas que habían
venido a verla varias veces desde por la mañana, pero ella sólo podía
darles vagas palabras tranquilizadoras, que se convertían en miseria
por haberles causado consternación.
No me imaginaba el dolor en el pecho que acompañaba mis
pensamientos sobre él…
Recordaba varias ocasiones en las que esa sensación la había
atormentado, aunque nunca la había visto como lo que era.
El otro día, cuando el Príncipe Arnold me besó el cabello después
de que el emperador nos viera… la razón por la que me sentí tan
reconfortada a pesar de que mi corazón latía sin control fue lo que
sentía por él.
Sintió tanto calor en la cara al recordarlo que temió que pudiera
incendiarse. Rishe se golpeó las mejillas con las palmas de las manos,
sumida en sus pensamientos.
¿Estaba abatida durante nuestra pelea en Vinrhys porque ya
estaba enamorada de él entonces? La única razón por la que se había
peleado con él en primer lugar era porque lo que había dicho la había
molestado mucho. ¿Era porque también estaba enamorada de él?
¿Y cuando me dolió el pecho en la Gran Basílica, cuando utilizó
mi regazo como almohada? ¿Y cuando me entristecí porque me dijo
que no necesitaba llevar el anillo que tan amablemente me había
regalado?
No, eso no fue todo.
La primera vez que me besó, en la capilla…
Se había sorprendido, pero no se había enfadado. No había sentido
asco, sólo quería saber por qué lo había hecho. Pero eso había ocurrido
apenas tres semanas después de su primer encuentro en esta vida.
“Ugh…”
Recordó la lluvia de besos de su cumpleaños.
Por mucho que piense en el pasado, no recuerdo ningún momento
en el que no amara al Príncipe Arnold. Rishe no tenía ni idea de
cuándo se había enamorado de él. Espera, ¿fui yo la que se enamoró
de él a primera vista? Pero eso no puede ser…
Por mucho que quisiera encontrar un agujero donde esconderse, no
podía evitar la sensación de calidez que sentía en el corazón.
¡Oh, cálmate, Rishe! ¡Te pusiste tan nerviosa que apenas podías
hablar con el Príncipe Arnold ayer y esta mañana! Pero tenemos que
seguir preparándonos para la boda, y…
Rishe agachó la cabeza y las palabras de Arnold le pasaron por la
cabeza.
“No necesitas ser decidida para convertirte en mi esposa.”
Las palabras le punzaron el corazón.
Necesito detener la guerra del Príncipe Arnold. Estaba más
decidida que nunca a hacerlo. Pero no puedo simplemente detenerla.
Necesito averiguar lo que el Emperador Arnold Hein del futuro está
intentando conseguir y enfrentarme a lo que sea…
El Arnold del que Rishe estaba enamorada y el Arnold que
gobernaba mediante la brutalidad eran personas contiguas. Por muy
diferentes que parecieran, el emperador frío y cruel que conquistó el
mundo tenía las mismas cualidades que el Arnold actual.
Su forma de pensar, su sentido práctico y la bondad que muestra
tan claramente…
Rishe cerró los ojos lentamente y apretó la agenda entre sus manos.
Es porque él me importa tan profundamente que debo evitar ese futuro,
juró antes de volver a abrir los ojos.
Estoy segura de que el padre del Príncipe Arnold tiene la clave de
todo esto. Aunque no es como si pudiera acercarme a él
descuidadamente, y me aterra la mera idea después de lo que pasó el
otro día…
Llamaron a la puerta.
“¡Perdóneme, Lady Rishe!”
“Elsie. Pasa.”
Cuando su criada entró en la habitación, Rishe dijo: “Siento lo de
antes. Estaba tan fuera de mí que no me di cuenta de que intentabas
llamar mi atención.”
“Ni lo menciones. ¿Te sientes mejor ahora? Si es así, me alegro.
Estaba preocupada.”
El alivio de Elsie no hizo más que aguijonear aún más la
culpabilidad de Rishe. No se encontraba mal físicamente, pero no tenía
valor para contarle a la chica lo que sentía.
Lo siento mucho. Por favor, permíteme mantener esto en secreto
sólo por un poco más de tiempo.
Elsie entregó a Rishe un sobre.
“Una carta para usted, Lady Rishe.”
“Gracias.”
La abrió y confirmó su contenido. Rishe llevaba tiempo esperando
la carta, que empezaba con una disculpa.
“¿Qué pasa, Lady Rishe?”
Rishe se levantó y dijo: “Elsie, ¿puedes hacerme una maleta? Creo
que volveré a estar fuera unos días.”
“M-Muy bien. ¡Pero su boda es en dos semanas, Lady Rishe! ¿No
estás un poco ocupada en este momento?”
“Lo estoy. Pero necesito ir a esta excursión antes de la boda.”
Elsie ladeó la cabeza.
No hay problema, pensó Rishe. De hecho, había planeado que se
produjera este pequeño retraso. Pero para que mi plan siga adelante,
necesitaré hablar con él…
Rishe se armó de valor. ¿Su siguiente paso? Ir a ver al hombre del
que acababa de darse cuenta de que estaba enamorada.
*****
“… ¿Tu vestido de novia?”
“S-Sí, Su Alteza.” Rishe estaba frente a Arnold en su mesa de
trabajo, con la falda recogida entre los dedos. “El vestido lo cosí hace
un año, cuando alcancé la mayoría de edad en mi tierra natal. Pero
como me voy a casar aquí, lo mandé bordar en un estilo autóctono de
Galkhein.”
“¿El vestido que estaba abierto por detrás?”
Sólo le enseñé el diseño una vez, pero hasta se acuerda de los
detalles… La idea le produjo una sensación de cosquillas. Cuando
miró a Arnold a los ojos, se apresuró a apartar la mirada.
Desconcertada, prosiguió: “Se suponía que una modista vendría a
la capital para una última prueba y los arreglos finales.”
Mientras Oliver organizaba los documentos detrás de Arnold, le
sonrió afectuosamente. “He oído que los vestidos de novia son muy
sentimentales para las mujeres. Debe estar deseando ponerse el suyo,
Lady Rishe.”
“Bueno, la modista no ha podido adquirir el hilo que pedí, así que
ha habido un retraso. Teniendo en cuenta el tiempo para el viaje y las
alteraciones, creo que tendría más sentido para mí ir a buscarlo.”
Este retraso no era de extrañar. De hecho, Rishe sabía exactamente
cuándo sería difícil adquirir el hilo que había solicitado, gracias a su
vida como comerciante.
El retraso de mi vestido de novia me da la excusa perfecta para
viajar allí ahora mismo. Me alegro mucho de que las cosas hayan
salido como esperaba cuando lo envié a bordar.
Disimulando su alivio, Rishe abordó el tema que deseaba tratar.
“Con ese fin, esperaba quedarme allí unos días para procurarme el
vestido de novia.” Se armó de valor, encaró a Arnold y le dijo: “En
Bezzetoria… el principal puerto de Galkhein.”
La expresión de Arnold no cambió, pero Rishe pudo predecir sus
siguientes palabras. Apoyando la barbilla en la mano, hizo su
declaración como si fuera lo más obvio del mundo: “Te acompañaré.”
¡Lo sabía! Arnold también tenía una razón para visitar Bezzetoria.
Siempre hay varias razones por las que el Príncipe Arnold hace lo que
hace. Una vez más, no se limita a complacer mis caprichos.
Pero Rishe no podía dejar que lo supiera.
En cualquier caso, se dio cuenta de que le estaba pidiendo algo poco
razonable.
“Príncipe Arnold.” Le dijo sinceramente. “Sé que siempre le hago
estas peticiones, pero ¿no está usted terriblemente ocupado con sus
deberes oficiales?”
“Oliver.”
“Por supuesto, milord. Haré los ajustes.”
“¡Tú también no, Oliver!” Gritó Rishe, nerviosa. El asistente había
respondido como si supiera exactamente lo que Arnold deseaba,
aunque éste nunca le había dado una orden. Aunque se lo esperaba, se
sentía culpable. Sin embargo, Arnold se limitó a pasar la pluma por
encima de sus documentos, frío como una lechuga.
“Podemos tomar un barco parte del camino a Bezzetoria. Sólo nos
llevará dos días más o menos.”
“¿Qué te parece esto?” Tomando un documento de Arnold, Oliver
esbozó una sonrisa deslumbrante. “Podríamos llamar a esto una
escapada preboda para ustedes dos.”
“¡Eep!” Los hombros de Rishe se sacudieron ante la sugerencia.
“Considerando sus circunstancias, parece prudente. Un viaje del
príncipe heredero y su futura esposa también ayudará a estimular la
economía en Bezzetoria.”
“¡Tal vez tengas razón, pero aun así!”
Oliver habló de ello con naturalidad, pero las palabras resonaron en
la cabeza de Rishe.
¡¿Una “escapada preboda”?!
Mientras se debatía internamente, preguntó a Arnold: “¿Qué opina,
Príncipe Arnold?”
“No me importa especialmente cómo lo llamemos.”
¡No pensé que lo harías!
La mirada de Arnold se suavizó al posarse en Rishe, aunque
permaneció inexpresivo.
“Veo que no protestas.”
Rishe se estremeció.
“No dudes en decírmelo si algo no te satisface.” Dijo en voz baja.
Ella colgó la cabeza y la sacudió.
“No es eso…”
Su vértigo ante las palabras “escapada preboda” no se debía en
absoluto a que la idea le desagradara. Por muy vergonzosa que fuera
la frase, le hacía feliz. Se armó de valor y se lo dijo a Arnold para que
él lo supiera.
“Yo quiero tener una escapada preboda con usted, Príncipe
Arnold…”
Los ojos de Arnold se entrecerraron ligeramente.
Oliver sonrió y chistó: “¡No se preocupe, Lady Rishe! Es
beneficioso promocionar cómo usted y milord mantienen una estrecha
relación.”
“¿Lo es? Sé que casarse solidifica un poco la posición de Su Alteza,
pero…” Eso dependía de con quien se casara. “No soy más que la hija
de un duque de una pequeña nación. No puedo imaginar que mi estatus
beneficie al Príncipe Arnold de ninguna manera.”
“No lo entiende. El beneficio se debe enteramente a usted como
individuo, Lady Rishe.” Dijo Oliver con esa deslumbrante sonrisa
suya.
“¿Eh?” Rishe miró a Arnold, que estaba de acuerdo con Oliver.
“Es cierto. Este país ya está viendo los beneficios de nuestro
intercambio tecnológico con Coyolles. Nuestra nueva moneda se está
acuñando sin problemas también gracias a la cooperación de Siguel.”
“Su boda también está recibiendo atención internacional. Después
de todo, asistirá el próximo arzobispo de la fe cruzada mundial. Esto
prácticamente no tiene precedentes.”
“¡No pueden hablar en serio!” La conversación estaba tomando un
cariz desenfrenado, así que Rishe se apresuró a detenerlos. “Me dan
demasiado crédito. Fueron las decisiones del Príncipe Arnold las que
llevaron a cada uno de esos resultados.”
“La ciudadanía está impresionada por tu invento del esmalte de
uñas y el alivio que la Compañía Comercial Aria ha llevado a los
barrios bajos.”
“¡Hrk!”
“Incluso la gente que no tiene mucho interés en la política espera
con impaciencia la ceremonia. Por cierto, ya tenemos preparada una
actuación especial de felicitación de la famosa cantante Sylvia.”
La propia Sylvia había solicitado actuar. La había visitado justo el
día anterior y le había hecho saber a Rishe que quería hacer algo para
recompensar a Arnold y a ella, y una actuación de una diva de fama
mundial no era algo que se oyera todos los días.
“La relación de milord con el Príncipe Theodore también ha
mejorado desde su llegada, Lady Rishe. Varios miembros de la nobleza
ya han tomado nota de sus proezas.”
“¡Me sobrestimas por completo!”
Rishe se quedó de piedra. No tenía ni idea de que hubiera llamado
tanto la atención. Miró a Arnold en busca de ayuda y lo encontró
sonriendo satisfecho.
“Deja que miren. Un poco de atención no hará daño.”
“Ugh… ¡¿Te estás burlando de mí, verdad?!”
Sin embargo, no podía pensar en ello. Por ahora, tenía que
concentrarse en detener la guerra.
Es todo por el futuro del Príncipe Arnold. Usaré el vestido de novia
como excusa para ocuparme de otro asunto…
*****
Aunque Rishe conocía las líneas generales de la futura guerra de
Arnold, le seguía resultando difícil predecir algo al respecto. Había
varias razones para ello. La primera era que Rishe no conocía al Arnold
de sus vidas pasadas; no sabía qué le había ocurrido en el tiempo previo
a la guerra. La segunda era que los militares de Galkhein se habían
comportado de forma diferente en cada una de las vidas anteriores de
Rishe.
Una tercera razón posible soy… yo.
Rishe suspiró. En ese momento, se encontraba en la cubierta de un
barco que navegaba por un canal.
En mi primera vida, me convertí en comerciante e hice negocios
con el Sr. Tully. Las rutas terrestres y marítimas de las que fuimos
pioneros llegaron a usarse para viajar por todo el mundo…
Los comerciantes vivían y morían por sus rutas comerciales. Rishe
y la Compañía Comercial Aria habían trabajado con expertos para
desarrollar nuevas rutas en su primera vida.
Los ejércitos utilizan esas mismas rutas para viajar. El Emperador
Arnold Hein utilizó las rutas que pavimentamos para llevar a cabo su
invasión. Rishe reflexionó sobre sus vidas pasadas, contemplando el
río. Yo pavimenté rutas así en mis vidas de boticaria y también de
alquimista. Necesitaba cosas distintas en cada vida, así que las rutas
eran ligeramente diferentes. Y cada vez, el ejército de Galkhein
utilizaba esas rutas de la forma más eficiente posible para invadir a
sus vecinos.
Durante su vida como criada, había llevado a Millia por rutas
óptimas para visitar iglesias en todos los países. Al tratar de encontrar
las mejores rutas para reunir información en su vida como cazadora,
había aprendido otras nuevas de su líder, Raúl.
En su sexta vida, no había sido más que una simple caballera, pero
había acudido al comandante de la orden de caballeros —y a través de
él, al rey— para llamar la atención sobre los movimientos del ejército
de Galkhein. Como resultado, en su sexta vida también había influido
en las rutas de viaje.
Las rutas de viaje por el mundo han cambiado en todas y cada una
de mis vidas pasadas. Por eso, la ruta de invasión del Príncipe Arnold
y el orden en que ataca a otros países también ha cambiado cada vez.
Sin saberlo, Rishe había influido en las acciones de Arnold incluso
antes de conocerlo en sus vidas pasadas. La idea la dejó confundida.
En el futuro, el Príncipe Arnold llevará a cabo su guerra de la
forma más eficiente posible. Es fácil imaginárselo matando a su padre
para usurpar el trono simplemente por la animadversión que existe
entre ellos, pero… el Príncipe Arnold racional no iniciaría una guerra
mundial sin motivo alguno.
Rishe suspiró de nuevo, sujetándose a la barandilla que rodeaba la
cubierta. Hay una razón no sólo para que asesinara a su padre, sino
también para la guerra posterior. Es igual de probable que sólo le
quitara la vida a su padre para obtener el poder de iniciar la guerra
en primer lugar…
“Rishe.”
“¡Whoa!” Rishe se sobresaltó cuando una voz la llamó desde atrás.
Se dio la vuelta y encontró a Arnold en la cubierta. “O-Oh, es usted,
Su Alteza…”
Hacía un momento, había estado en un camarote bajo cubierta,
hablando de trabajo con Oliver. Rishe se había ido a tomar el aire, ya
que se sentía incómoda sentada tan cerca de Arnold en la estrecha
habitación.
“Olvidaste tu sombrero.”
“Agh, gracias…”
Arnold colocó un sombrero adornado con cintas y flores en la
cabeza de Rishe y luego miró el paisaje con desinterés.
“Estabas realmente atrapada por la vista.”
En realidad no la estaba admirando en absoluto.
IMAGEN
Rishe se ajustó el sombrero y miró a Arnold.
“Es un canal muy grande. Así que esta es la principal ciudad
portuaria de Galkhein…”
Innumerables barcos de todos los tamaños navegaban de un lado a
otro sobre las relucientes aguas. El barco de Rishe y Arnold era de dos
niveles y transportaba pasajeros en lugar de mercancías. Los edificios
de ladrillo les daban la espalda desde ambos lados. La vista de la
ciudad desde el canal era hermosa y soplaba una brisa fresca sobre el
agua.
“Puedo sentir la energía. Es como si este lugar tuviera su propio
corazón y expresara su emoción con todo lo que tiene. Estoy deseando
desembarcar y pasear por la ciudad.”
“Estamos casi en el puerto. Preparé un carruaje, pero no me importa
si quieres caminar hasta el hotel.”
“¡Oh!” En ese caso, ella quería tomar la ruta panorámica. De ese
modo, podrían detenerse en tantos lugares como fuera posible. Los
ojos de Rishe brillaron ante ese pensamiento.
Arnold la observó unos instantes, lleno de ternura.
“Así que no te sentías mal.” Comentó.
“¿Sentirme mal? No, ¡estoy rebosante de energía!”
“Bien.”
Rishe ladeó la cabeza y Arnold le pasó los dedos por el cabello
alborotado.
“Estás algo nerviosa desde que cumplí tu petición en tu
cumpleaños.”
“¡Urk!” Rishe se dio cuenta de que se estaba poniendo roja hasta
las orejas.
Eso es por todos los besos que compartimos ese día, y porque me
di cuenta de mis sentimientos por ti…
Si Rishe estaba un poco fuera de sí, Arnold lo sabría. Sin embargo,
no tuvo el valor de explicarle el motivo de su comportamiento. No
puedo creer que haya estado actuando tan raro que él pensara que
estaba enferma. No puedo preocuparlo cuando ya está tan ocupado…
Después de darle vueltas al asunto durante un rato, Rishe buscó la
manga de Arnold y la agarró.
“¿Qué pasa, Rishe?”
Probablemente él también la consideraría extraña, pero Rishe se
armó de valor para suplicarle por el bien de su futuro.
“¿Podemos quedarnos así un poco más?”
Arnold frunció el ceño, vacilante.
“¿Por qué?”
“T-Tengo un… entrenamiento secreto que me gustaría hacer.”
“¿Dijiste entrenamiento?”
Rishe bajó la cara para ocultar su incipiente rubor. Uff, ¡tengo que
acostumbrarme a estar al lado del hombre que amo!
A poco que practicara, estaba segura de que volvería a relacionarse
con él con normalidad… en algún momento. Eso pensó mientras
miraba tímidamente a Arnold.
Arnold se limitó a lanzarle su habitual mirada agria antes de
suspirar y decir: “Haz lo que quieras.”
“¡Gracias!” Rishe apretó con fuerza la manga de Arnold, aliviada.
Todavía no estaba preparada para darle la mano, pero si mantenía esta
distancia durante un tiempo, seguro que en algún momento se
acostumbraría a su presencia. Al menos lo suficiente como para no
preocuparle más.
Me alegro mucho de que sea amable.
Sin dejar de fruncir el ceño, Arnold echó un vistazo a un barco que
pasaba por allí. Parecía un navío de dos niveles como el suyo, aunque
era un poco más pequeño. Los marineros utilizaban hábilmente las
velas del barco para maniobrar río arriba.
“¿Hmm?” Rishe sintió lo mismo que Arnold. Ambos estaban
escudriñando una pieza de carga dejada en la cubierta.
Qué forma tan inusual. Era un gran saco de arpillera, pero la
peculiar forma casi cilíndrica de su interior tenía que ser algo distinto
a una caja o un contenedor de líquidos. No puede ser…
En el momento en que Rishe formó la sospecha, la bolsa se retorció.
¡Lo sabía! ¡Es una persona!
En cuanto la bolsa se movió, Arnold dijo: “Quédate aquí.”
Su manga abandonó el agarre de Rishe y trepó por la barandilla
antes de saltar al otro barco sin dudarlo un instante.
“¡Su Alteza!”
Arnold aterrizó y uno de los marineros de la cubierta gritó: “¡Ack!
¡¿Q-Qué estás haciendo?!”
“Detengan la nave.”
“¡Quéé-eek!” Chilló el marinero cuando Arnold le apuntó con su
espada. “¡Maldita sea!”
El marinero giró sobre sus talones y corrió escaleras abajo hacia la
cubierta inferior. Arnold chasqueó la lengua y se volvió hacia la
“carga”. Sin duda había optado por quedarse en lugar de perseguir al
marinero porque Rishe ya lo había seguido hasta el barco.
“¡¿Estás bien?! ¡Sólo aguanta! ¡Estamos aquí para ayudar!”
Arnold suspiró al ver cómo Rishe desataba frenéticamente el
cordón que mantenía cerrada la bolsa.
“Rishe.”
“Déjeme esto a mí, Príncipe Arnold. Por favor, ¡haz lo que quieras
hacer!”
“No saltes a un barco con ladrones como si fuera completamente
normal, con sólo una daga para la autodefensa.”
“¡Oh!”
Arnold se quitó la vaina de la cintura y se la lanzó a Rishe, que la
tomó.
“¿No tendrá problemas si tomo prestada esta espada, Su Alteza?”
“Me procuraré una.”
“Bueno… ¡ten cuidado!” Estaba preocupada por él, pero decidió
confiar en él mientras se dirigía bajo cubierta.
Por ahora, ¡esto es más importante!
Rishe desenvainó la espada de Arnold y cortó la cuerda de la bolsa
con su hoja negra. Se apresuró a abrir la bolsa y de su interior salió una
mujer. Tenía la cara bañada en lágrimas, los brazos y las piernas atados
y una mordaza en la boca. Cuando vio a Rishe, se le desencajó la cara.
“¡Mmph!”
“¡No te preocupes, ahora estás a salvo!”
Tras cortar las ataduras de la mujer, Rishe le quitó la mordaza. La
cara de la mujer se llenó de alivio y luego se desmayó.
No está deshidratada. No parece gravemente herida, pero la forma
en que perdió el conocimiento… ¿Le dieron algún tipo de somnífero?
Había varios sacos más en cubierta. Rishe se apresuró a cortar las
cuerdas que los ataban y encontró a una mujer inconsciente en cada
uno de ellos.
Sólo puedo suponer que hay más en la bodega.
Rishe se aseguró de que todas las mujeres estuvieran descansando
de forma que no les impidiera respirar, sujetó la espada de Arnold y
corrió hacia las cubiertas inferiores del barco. Llegó a la bodega del
barco en el preciso momento en que una patada de Arnold en la tripa
lanzó a un marinero por los aires contra una pila de barriles.
“¡Gah!”
Los barriles cayeron estrepitosamente al suelo. Presas del pánico,
los marineros restantes cargaron contra Arnold. Llevaban sables,
espadas cortas y curvadas que podían usarse en espacios reducidos
como las cubiertas inferiores.
“¡Príncipe Arnold!”
Sin pestañear, Arnold agarró a uno de los hombres por el cuello y
le hincó una rodilla en las tripas. El marinero gimió. Arnold le arrebató
el alfanje y se lo colocó en una empuñadura más cómoda.
“¡¿Creen que pueden con nosotros?!” Gritó uno de los marineros.
Se volvieron a abalanzar sobre Arnold, pero éste detuvo a cada uno
de ellos con un solo golpe del alfanje. Levantó la pierna hacia los
sorprendidos hombres y propinó una fuerte patada a uno de ellos.
“¡Argh!”
¡Es increíble!, pensó Rishe, asombrada.
El príncipe combinó sus habilidades marciales y como espadachín
para manejar a los hombres con facilidad. Quiso devolverle su espada,
pero solo se interpondría en su camino.
Justo entonces, Arnold llamó: “¡Rishe! ¡Atrás!”
“¡Bien!” Rishe estaba encantada de que confiara en ella para
encargarse de la otra habitación. Corrió más allá de Arnold y la
pandilla de marineros a la parte posterior de la cámara.
Cuando abrió la puerta de una habitación, encontró a cinco mujeres
cautivas en su interior. Retrocedieron con un grito de miedo.
“No se preocupen. Estoy aquí para ayudarlas. Se pondrán bien.”
Sus ojos se inundaron de lágrimas al ver a otra mujer. Tras
tranquilizarlas un poco, Rishe no tardó en confirmar la situación.
Estas mujeres están conscientes, a diferencia de las de la cubierta
del barco. O no han sido drogadas, o hace muy poco que lo están, o
ya se les pasó el efecto. Cualquiera sea el caso, es por eso que han
sido confinadas aquí abajo.
Cuatro de las cinco parecían estar bien, pero la mujer pelirroja más
cercana a ella estaba acurrucada en el suelo, con las manos atadas a la
espalda.
“Disculpen, pero ¿cuánto tiempo lleva esta mujer en estas
condiciones?” Preguntó, pero las mujeres no estaban en estado de
responderle.
“P-Por favor, ¡déjanos salir de aquí!”
“¡Si no escapamos nos volverán a atrapar!”
Tienen pánico. Comprensible, pero sólo va a ser más peligroso si
van corriendo por su cuenta a través del barco. No debería desatarlas,
no todavía.
Odiaba dejarlas atadas, pero se movió para ayudar primero a la que
estaba desplomada en el suelo.
“Perdóneme. Por favor, responda si puede oír mi voz.”
“Ugh…”
“Voy a ponerte boca arriba, ¿de acuerdo? ¿Tienes problemas para
respirar?”
La mujer era alta y llevaba un vestido rojo. Rishe cortó sus ataduras
y la puso boca arriba para poder curarla. Los largos cabellos de la
mujer se extendían a su alrededor como llamas.
¿Hmm? Su respiración es tranquila y parece sana. Rishe parpadeó
un par de veces y se concentró en el rostro de la mujer para juzgar su
complexión. Al hacerlo, sin embargo, se quedó paralizada. ¿Eh?
Una inspección más detenida del rostro familiar de la mujer hizo
que una de las vidas pasadas de Rishe se derrumbara a su alrededor.
¡Eh, le conozco! Había tenido una relación increíblemente estrecha con
esta mujer en una vida pasada. ¡¿Qué haces aquí?! No, no me
sorprende que estés en la ciudad. De hecho, una de las razones por las
que vine fue para verte. ¡¿Pero cómo sucedió esto?!
Podría averiguarlo más tarde. Rishe dio una palmada en la mejilla
de la mujer, recordando cómo le habría hablado en aquella vida pasada.
“¡Es hora de levantarse! ¡Despierta, es por la mañana!”
“¿Buenos días…?” Sonó la voz somnolienta de la mujer. Sus ojos
marrones miraron sin brillo a Rishe mientras se levantaba con un
bostezo. “¿Ya estamos en Galkhein?”
“¡No lo estamos! Me encantaría saber más acerca de lo que sea que
se trate, pero primero, ¡necesito saber cómo te sientes! ¿Estás herida?
¿Tienes náuseas? ¡¿Sientes algo raro?!
“Mm… No. Estaba tan aburrida mientras me capturaban que me
dio sueño…”
¡Veo que eres la misma de siempre!
Justo entonces, oyeron el golpeteo de pasos rápidos.
“¡Ese tipo de cabello negro es un monstruo!” Gritó uno de los
marineros. “¡Aléjense de él!”
“¡Abandonen el barco!” Gritó otro. “¡Todos, dispérsense y corran!
¡Abandonen la carga! ¡La otra nave está preparando la mercancía
extra!”
Rishe hizo una mueca. Ni siquiera el Príncipe Arnold puede
enfrentarse a varios enemigos corriendo en distintas direcciones. Por
supuesto, Rishe tampoco podía. Este era el tipo de situación que
requería fuerza en número.
Metió la mano bajo el vestido y sacó la daga que llevaba sujetada
en el muslo. Luego preguntó a la somnolienta mujer: “No estás herida;
sólo dormías porque estabas cansada, ¿verdad? Pues ten. Toma esto.”
La mujer se resistió cuando Rishe le entregó la daga.
“Eh, espera un segundo. Tú…”
Rishe se levantó de un salto.
“¡Voy a ayudar al hombre que está fuera!” Dijo, y salió corriendo
de la cabaña.
Había dos escaleras que llevaban de la bodega a la cubierta del
barco. También había varias ventanas desde las que los marineros
podían saltar al canal.
¡¿Pero sólo quedan estos?!
Por las pisadas, calculó que sólo quedaban diez tripulantes. Por el
tamaño del barco, deberían haber sido entre treinta y cuarenta en total.
“¡Muévete, chica!”
Uno de los hombres blandió su alfanje para deshacerse de Rishe.
Ella desvió el ataque con la espada aún envainada en la mano. Agarró
al marinero por la muñeca, se la retorció por detrás y lo tiró al suelo
antes de golpearle en el cogote.
“¡Urgh!”
¿Cuántos quedan? Debemos asegurarnos de que no salgan del
barco.
En el tiempo que tardó en derrotar a dos hombres, pudo sentir que
Arnold se ocupaba de la mayoría de los demás. Justo entonces, sin
embargo…
“¡¿Qué están haciendo?! ¡Dejen la carga y salgan de aquí!”
“¡Como sea, podemos salirnos con la nuestra una de ellas! ¡No me
importa cuál sea, la arrastraremos si es necesario!”
Dos hombres más entraron en la cabaña situada entre Arnold y
Rishe, donde estaban retenidas las mujeres. Arnold noqueó al último
hombre que tenía cerca y se dirigió hacia la cabaña chasqueando la
lengua, pero Rishe sabía que las cosas irían bien aunque no pudiera
llegar a la cabaña a tiempo.
“¡Está bien, Príncipe Arnold!”
Arnold entrecerró los ojos inquisitivamente mientras una mujer
gritaba.
Inmediatamente después, algo se derrumbó dentro de la cabaña.
Arnold y Rishe llegaron a la puerta al mismo tiempo y se asomaron al
interior. Allí estaba la pelirroja vestida de rojo a la que Rishe había
dado la daga.
“Tsk, qué fastidio…”
Los dos fornidos marineros se habían desplomado en el suelo. La
pelirroja se agarró el dobladillo del vestido y luego se sujetó el cabello
largo con la misma brusquedad.
“Este vestido estorba. Y también este cabello. Haah… Ya les he di
una paliza a los malditos piratas, así que no hay necesidad de seguir
con esto, ¿verdad?”
“Ella es…”
“Sí. Es como usted sospecha, Príncipe Arnold.”
La peluca de cabello largo se deslizó hasta el suelo, dejando ver un
cabello corto y rizado del mismo tono rojo.
“Esta mujer se coló entre las demás… pero parece ser un hombre.”
El hombre miró con desprecio el vestido que llevaba y se lo quitó
sin miramientos para dejar al descubierto la fina camisa y los
pantalones que llevaba debajo. Bajo esta luz, su figura, que había
parecido grande para una mujer, parecía más bien esbelta para un
hombre.
El hombre apático bostezó.
“Tengo sueño…” Se frotó los ojos semicerrados y hundidos,
enmarcados por largas pestañas.
IMAGEN
Es el mismo de siempre, aunque no sé si eso es bueno.
En ese momento tendría diecisiete años, un año más que Rishe. Era
lo bastante mayor para ser considerado un joven, pero su esbelta
constitución le valió el apodo de “niño bonito” entre las mujeres. A
simple vista, sus ojos parecían marrones, pero eso se debía a que
siempre estaban medio cerrados a contraluz. Rishe sabía muy bien que,
a plena luz del sol, aquellos ojos resplandecían con un dorado brillante.
Me alojé con él durante toda mi vida de caballero.
Los marineros habían sido noqueados por la daga que llevaba en la
mano. Arnold observó al hombre en silencio, pues él mismo lo había
deducido.
Es el genio espadachín de la nación isleña de Siarga… En mi sexta
vida, murió protegiéndome del Príncipe Arnold.
Los ojos dorados del hombre se desviaron hacia Arnold.
¡Eres tú, Joel!
Todavía con la daga en la mano, Joel se acercó a Arnold, que se
interponía entre él y Rishe. Rishe se estremeció, recordando la actitud
habitual de Joel.
¡Oh no! ¡Si es el mismo Joel que conozco, definitivamente va a
provocar al Príncipe Arnold!
“Tú, el del cabello negro.” Sin embargo, en contra de la inquietud
de Rishe, Joel se limitó a preguntarle con voz adormilada: “¿Qué
relación tienes con esa chica de cabello rosa esponjoso que está detrás
de ti?”
¿Eh? ¿Yo? Fue entonces cuando Rishe se dio cuenta de que Arnold
se había puesto delante de ella, probablemente para protegerla de Joel.
“Um, ¿Príncipe Arnold?”
El príncipe no dijo nada a ninguno de los dos.
“Bueno, realmente no me importa en este momento. Sólo tengo…
tanto sueño…”
Un momento después, Joel se desplomó en el suelo. Rishe se
precipitó hacia delante, preocupada por si estaba herido, pero pronto
empezó a roncar.
Arnold le observó con mirada hosca antes de murmurar: “¿Qué le
pasa?”
“¡Pudo haber sido drogado! Echemos el ancla. ¡Tenemos que
detener el barco y asegurarnos de que todo el mundo está bien!”
Rishe estuvo ocupada durante un rato, sin tiempo para pensar en la
extraña forma en que se había encontrado con el hombre con el que
había planeado reunirse.
CAPÍTULO 2
Rishe se hizo caballera varios meses después de su sexto bucle. Por
aquel entonces, le costaba definir su carrera; tenía una lista
interminable de cosas que quería hacer y ser. Mientras deliberaba, su
barco fue atacado cuando se dirigía a un país insular, y tuvo que
enfrentarse a la situación con dos hombres que también se encontraban
a bordo.
A lo largo de sus vidas, a menudo Rishe se disfrazó de hombre por
seguridad. Además, tenía las habilidades con la espada que había
adquirido en su vida noble (y que había seguido practicando en
secreto), además de varias habilidades de combate que había
perfeccionado en su quinta vida.
No fue tan sorprendente cuando, tras la escaramuza, uno de los
hombres la invitó a unirse a los caballeros de su país. Se trataba del rey
de Siarga, el mismo país al que Rishe había viajado sin rumbo. Tras
desembarcar, el otro hombre —que resultó ser el compañero del rey—
acabó haciendo todo tipo de cosas para ayudar a Rishe.
“Tu habitación estará al final de este pasillo.” Era el comandante
de los caballeros, y había estado en el barco para vigilar al rey, que —
como Rishe— viajaba a menudo disfrazado. “No pensé que Su
Majestad ofrecería el título de caballero a un compañero de viaje, ni
que dicho pasajero diría: «¡Me encantaría!» con estrellas en los ojos.”
“Lo siento…”
“No te preocupes por eso. Es mi política hacer realidad cualquier
idea ridícula que tenga mi rey. Los caballeros suelen ir de dos en dos,
así que te he asignado una litera con Joel. No suele mostrar mucho
interés por otras personas, así que no creo que tengas mucho de qué
preocuparte.”
Resultó que el comandante de los caballeros no había tardado en
darse cuenta de que Rishe era una mujer, y él había sido el único. Eligió
a Joel como compañero de cuarto porque así no tendría que
preocuparse de que él descubriera su secreto.
Rishe, mientras tanto, ignoraba felizmente que su secreto había
salido a la luz. Mientras caminaba por el pasillo, preguntó al
comandante: “¿Joel siempre ha tenido su propia habitación?”
“No. Ha estado fuera del país, y acaba de regresar hace poco. La
asignación de habitaciones cambió mientras estuvo en Galkhein unos
meses en una misión.”
“Galkhein…” Murmuró Rishe, y el comandante le dedicó una
sonrisa bonachona.
“Por lo menos, las habilidades con la espada de Joel son de lo
mejor. Siempre ha sido el más joven aquí, así que como su primer
caballero novato, espero que puedas aprender algunas cosas de él.”
“¡Sí, señor! Estoy deseando hacerlo…” Rishe respondió con
entusiasmo al principio, pero su cabeza se desvió hacia el comandante
cuando por fin analizó sus palabras. “Señor, ¿a qué se refiere con que
espera que pueda?”
“No te preocupes. Él realmente no deja que muchas cosas le
molesten. Parece que tienes muchas cosas que hacer, así que será el
compañero de cuarto perfecto para ti. ¿No es genial?”
“T-Tengo un mal presentimiento sobre esto…”
“¡Bueno, seguro imaginas cosas!”
En cuanto se abrió la puerta, los ojos de Rishe se abrieron de par en
par. La persona que había dentro, que no era un niño pero tampoco un
hombre, yacía en el suelo de piedra con los ojos cerrados.
Rishe corrió hacia él de inmediato.
“¡Perdone! ¿Se encuentra bien?” El tipo de aspecto frágil y cabello
rojo rizado estaba completamente inerte. “¡Responde si puedes oír mi
voz! ¿Estás herido?”
“Mmn…” Abrió un poco los ojos, palmeó el suelo y refunfuñó:
“Ngh… Esta cama es tan dura…”
“¿Eh?”
“Lucius.” Tras dirigirse a Rishe por su seudónimo, el comandante
se disculpó: “Siento el susto, pero sólo está durmiendo. Acostúmbrate
a esto. Seguro que a partir de ahora lo verás todos los días.”
“¡¿Perdón?!”
“Realmente ayudará tenerte aquí. ¡Espero que cuides bien de Joel
por nosotros!”
“…”
La razón por la que Rishe no se había sorprendido demasiado la
primera vez que había sorprendido a Theodore durmiendo la siesta en
su campo era el “entrenamiento” que había recibido en su sexta vida
de Joel.
Su compañero de cuarto era famoso por no saber hacer otra cosa
que blandir una espada, o mejor dicho, por elegir para no hacer otra
cosa además de blandir una espada. Eso quedó claro desde el principio.
Todo en Rishe, especialmente la forma en que se había unido a los
caballeros, era anormal, pero cuando Joel por fin despertó y los dos
empezaron a hablar, su intercambio fue el siguiente:
“Encantado de conocerte, Joel. Tal vez te parezca extraño que me
haya unido a los caballeros tan de repente y que viva contigo, pero te
prometo que no soy nadie sospechoso. Mi nombre es Lucius Alcott.”
“Como quieras. Está bien.”
“¿Eh?”
Sin mostrar el menor interés por ella, Joel bostezó y dijo: “No hace
falta que te presentes. No es que vaya a recordar tu nombre. El tiempo
que pasaría contigo, preferiría pasarlo durmiendo o jugando con una
espada.” Sus profundos ojos se hundieron por la somnolencia, sus
largas pestañas proyectaban sombras desde arriba. “Puedes hacer lo
que quieras. Pero no me quites el sueño, ¿bien?”
“¡Um, Joel, creo que pronto será hora de cenar!”
“No hace falta que me avises. De hecho, ni siquiera necesitas hablar
conmigo. No tengamos nada que ver el uno con el otro, ¿de acuerdo?”
“Pero seguro que a partir de ahora lucharemos juntos en los mismos
campos de batalla…”
Joel miró a Rishe antes de decirle: “No, nunca lucharé «junto» a
nadie.” Estaba tan somnoliento como siempre, pero por un segundo,
hubo un brillo agudo en sus ojos. “Sólo me debilitaré si hago algo así.
Debes estar solo cuando luchas. Si pasas demasiado tiempo
preocupándote por los demás, morirás con demasiada facilidad cuando
por fin estés en una batalla de verdad.”
Rishe parpadeó sorprendida, pero la luz de los ojos de Joel
desapareció tan rápido como había aparecido.
“Si el comandante por fin volvió, debería ir a buscarlo para que
haga de sparring conmigo.” Con otro bostezo, salió de la habitación.
Ahora que Rishe estaba sola, pensó: ¿Realmente no hace otra cosa
que dormir y practicar con la espada? Recogió la manta de Joel, le
quitó el polvo y la dobló cuidadosamente.
El comandante dijo que ayer no estaba de guardia ni nada. Si su
sueño es irregular y tampoco come, entonces tal vez… Rishe no se
sentía cómoda dejando sola a una persona así, ya que antes había sido
boticaria. No quiere saber nada de mí, pero el comandante me pidió
que cuidara de él. Supongo que ni siquiera necesito pensar de quién
es la petición que debo cumplir.
Así comenzó la lucha de Rishe como compañera de habitación de
Joel y única caballero más joven que él. Su primera tarea fue
despertarlo todos los días a la misma hora para que pudiera levantarse
por la mañana sin problemas.
“¡Buenos días, Joel!” Subió la escalera junto a la cama y sacudió el
hombro de Joel en la litera de arriba. “Tenemos entrenamiento
matutino. El comandante dijo que la asistencia es obligatoria.”
“No. No me levantaré. Tampoco necesito ir al entrenamiento…”
“Ah, bueno. Entonces tendré que asegurarme de que te dé el sol
durante treinta minutos cada mañana. Bien, ¡voy a abrir las cortinas!”
“Ugh… ¡Tan brillante!”
Tras repetirlo varias veces, por fin pudo mantener con él algo
parecido a una conversación real, en lugar de la charla dormida que
había mantenido hasta entonces. En ese momento, Rishe pudo pasar a
la siguiente fase de su plan.
“¡Buenos días, Joel! Supongo que no podría interesarte en un
combate de sparring esta mañana, ¿verdad?”
“¿Quieres entrenar…?”
“¡Oh, estás despierto! ¡Es un nuevo récord! De acuerdo, seguiré con
esta estrategia a partir de ahora.”
“Sabes, peleas más como un mercenario que como un caballero. O
tal vez un arquero. No es divertido luchar contra gente que confía en
otras cosas que no sea la espada. Me vuelvo a dormir…”
“¡Aah! Oh, ¡entonces piensa en ello como una inversión para el
futuro! Prometo que mejoraré con la espada, ¡así que, por favor, dame
algunas lecciones para que pueda mejorar!”
Apelando a la afición de Joel por la esgrima, Rishe conseguía
sacarlo de la cama una de cada cuatro veces. Además, entrenando con
el “genio espadachín” Joel, las habilidades de Rishe mejoraban día a
día.
“¡Escucha esto, Joel! Gracias a tus consejos, ¡hoy he podido ganar
a diez personas en un entrenamiento!”
“¿Ah, sí?”
Sentado con Rishe en una mesa del comedor, Joel partía la carne de
su estofado en trozos más pequeños con la cuchara. Últimamente
pasaba más tiempo despierto, y cuando Rishe lo arrastraba con ambas
manos, él la seguía obedientemente al comedor para comer.
“Aunque en realidad no me importa contra quién ganes o pierdas.”
“¡Urk! Supongo que no…”
“Pero, supongo…” La miró con sus ojos marrones. “¿Lushe?
¿Ricius? Uh, ¿cómo era?”
“¡¿De verdad estás intentando recordar mi nombre?!”
Cuando se conocieron, él le había dicho que no se molestara en
presentarse porque no pensaba recordarlo. Ahora, se lo pensó un
momento y le dijo: “Últimamente te has puesto decentemente fuerte,
¿verdad?”
Rishe sólo pudo jadear en respuesta.
Después de eso, pasó cada vez más tiempo con Joel, pero su amor
por el sueño estaba tan arraigado como su amor por la esgrima.
“¡Buenos días, Joel! Últimamente te levantas mucho por las
mañanas. ¡Es un gran progreso! Creo que es hora de unirse al
entrenamiento.”
“No lo necesito. No iré. Puedes ir solo, Lucas.”
“¡Oh, estás tan cerca!”
La mayoría de sus mañanas acababan así. Sin embargo, tras un año
de convivencia, Joel empezó a comportarse cada vez más como un
mentor para ella. De hecho, parecía que le había tomado gusto a la
palabra.
“Soy tu mentor, así que te enseñaré algo que nadie más te enseñará.
Ya sabes, ya que soy tu mentor.”
Por supuesto, esto también llevó a que muchos de los caballeros
más antiguos se burlaran de Joel por reconocer finalmente que había
un nuevo recluta.
“Cuando quieras saltarte una de las conferencias del comandante,
hay dos formas de escabullirse: una es a través de estos setos y la otra
es por el acueducto de atrás. Debería mantener esto en secreto, pero
como soy tu mentor…”
“Gracias, Joel. No creo que nunca tenga una razón para usarlos,
pero estoy agradecido.”
“A cambio, puedes despertarme cuando me desmaye durante las
clases.”
“¡Claro que sí! ¡Ése es mi trabajo como tu subalterno!” Dijo Rishe
con sinceridad, poniéndose de pie.
Joel sonrió y soltó una carcajada en respuesta.
“Je, je. Estas siendo bastante adorable.”
No sé muy bien por qué, pero Joel está de muy buen humor.
Poco a poco, Joel se fue tomando más en serio su papel de mentor
de Rishe. Era el hijo menor de una casa noble y, desde que se unió a
los caballeros, había sido su miembro más joven, es decir, hasta que
llegó Rishe. En algún momento, empezó a llamarla “Lu” por la sencilla
razón de que decir Lucius cada vez era un fastidio. Sin embargo, junto
con el apodo, empezó a cuidar más de Rishe ahora que podía asumir
alguna responsabilidad por primera vez en su vida.
“¿Por qué esa cara larga? ¿Otra vez metiendo las narices en algo
molesto? Uff, qué pesado… Pero no quiero que te pierdas el
entrenamiento matutino, así que te ayudaré.”
En otra ocasión, ella le dijo que la habían invitado a una fiesta con
otro grupo, así que iba a pasar la noche en otra habitación, y por alguna
razón, él estaba muy preocupado por ella.
“No. No importa lo tarde que regreses, debes dormir aquí. Es
demasiado peligroso quedarse en otro sitio.”
“¿Peligroso? ¿No te preocupa que perturbe tu sueño cuando llegue
en mitad de la noche?”
“De cualquier manera, tienes que volver. Si no lo haces… no habrá
nadie que me despierte por la mañana.”
¡No puedo creer que esté más preocupado por mí que por su sueño!
A Rishe le preocupaba entonces que se hubiera enterado de alguna
manera de que era una mujer. ¿No me trataría al menos un poco
diferente si ese fuera el caso?
“¿Cuál es tu respuesta, Lu?”
“¡Oh, sí! ¡Te oigo alto y claro!”
Su primer año juntos transcurrió así, con Rishe recalcando que la
habían descubierto de vez en cuando pero convenciéndose de lo
contrario.
“¿Qué estás comiendo, Lu? ¿Estabas tan metido en el
entrenamiento que cerraron el comedor? Espera, eso no es razón para
comer nada más que una patata hervida con un poco de sal. Haah…
Oh bueno, te prepararé algo. Ven aquí.”
A veces le hacía señas para que se acercara y le preparaba una
comida desde cero.
“¿Te eligieron para la próxima expedición? Quizá yo también vaya.
Si no estás aquí, no podré levantarme de la cama por la mañana.”
Otras veces, mostraba gran aprecio por ella como despertador
matutino.
“Aunque cambie la asignación de habitaciones, siempre tienes que
dormir conmigo, Lu. Me despiertas para que no llegue tarde al
entrenamiento y yo te doy clases de espada de vez en cuando. No es
un mal intercambio, ¿verdad?”
“¡Muy bien! Aunque, si es posible, ¡me encantaría que me
enseñaras todos los días en lugar de sólo de vez en cuando!”
“¿Qué? No. Es demasiado trabajo.”
“¡Vamos, Joel!”
Con el tiempo, Rishe llegó al segundo año de su sexto bucle, y un
día, Joel le dijo somnoliento: “¿Recuerdas que mencionaste que
últimamente los movimientos de Galkhein parecían sospechosos, Lu?
Resulta que tenías razón.”
Su expresión parecía ligeramente más melancólica que de
costumbre.
“El príncipe heredero de Galkhein mató a su padre y usurpó el
trono.”
En ese momento, todo lo que Rishe podía pensar era: Así que esta
vida no será diferente.
*****
“Estoy de vuelta, Príncipe Arnold.”
Cuando Rishe llegó a la villa real, se saltó el deshacer las maletas
y se dirigió directamente al despacho de Arnold para ponerle al día.
“Terminé de tratar a las mujeres que estaban cautivas en el barco.
Las dejé al cuidado de un médico local. Creo que podremos
interrogarlas mañana.”
“Entendido.”
Oliver intervino: “Siento mucho que tenga que acompañar a milord
en semejante peligro. Siempre le digo que deje de abandonar a sus
guardias y se tome la justicia por su mano…”
“C-Creo que eso es mucho para pedirle, Oliver…”
Arnold no prestaba atención a su ayudante, pero el hombre hacía
arder los oídos de Rishe.
“También gracias por ocuparte de los primeros auxilios de las
mujeres.”
“¡Claro que sí! Me alegro de que las hierbas que tenía a mano
fueran eficaces para tratar sus dolencias.”
Las medicinas que había llevado no tenían nada de casual, pero se
lo guardó para sí.
Rápidamente borró la sonrisa de su rostro y le dijo a Arnold: “Sólo
pude escucharles fragmentos, pero la situación parece bastante clara.
Creo que es seguro decir que nos encontramos con piratas dedicados
al tráfico de personas.” Mirando fijamente a los ojos azules de Arnold,
Rishe añadió: “Pero usted sabía desde el principio que ese tipo de
incidentes estaban ocurriendo en esta zona, ¿verdad, Alteza?”
Arnold no respondió. Rishe esperaba que su actuación —es decir,
que acabara de darse cuenta ahora— fuera convincente. Ya había
engañado a todo tipo de personas como parte de sus negocios cuando
era comerciante, pero Arnold era el único al que no le inspiraba
confianza mentirle.
Conocía sus negocios aquí desde el principio, pensó Rishe mientras
le miraba fijamente a los ojos. Al fin y al cabo, también iba a investigar
el tráfico de esclavos.
Por eso había elegido a un artesano de Bezzetoria para terminar su
vestido de novia y también elegido un hilo determinado para el
bordado a pesar de saber que sería difícil de conseguir. Era todo para
organizar una visita a Bezzetoria en ese momento sin despertar las
sospechas de Arnold.
Rishe tenía un objetivo crucial que cumplir. Tengo que detener el
comercio de esclavos antes de que el arma caiga en manos del
Príncipe Arnold.
Arnold suspiró, con la barbilla apoyada en la mano.
“Hace unos días recibí una respuesta de Siarga a nuestra invitación
de boda, junto con una nota sobre el ataque de sus barcos en nuestras
aguas y el secuestro de sus ciudadanos.”
Era exactamente como lo había oído en su sexta vida. Justo en ese
momento, los piratas estaban dando serios problemas a Siarga.
“Según su propia investigación, pensaban que era muy probable
que sus bienes robados se estuvieran vendiendo en Galkhein. Sin
embargo, más que recuperar los bienes y el dinero, su principal
petición era ayuda para rescatar a sus ciudadanos secuestrados.”
“Y determinaste que los piratas usaban Bezzetoria como lugar de
negocios.”
“Es más fácil rastrear bienes robados si se venden en mercados más
pequeños. Bezzetoria parecía el lugar más probable para descargar
mercancías directamente de sus barcos.”
Rishe sabía que estaba ocurriendo en Bezzetoria porque había oído
hablar de ello a Joel en su sexta vida. Sin embargo, Arnold no había
utilizado más que su propio juicio para predecir con exactitud dónde
encontraría a los piratas delincuentes.
“No me importa qué tipo de actividad delictiva se desarrolle en
Siarga, pero los piratas son harina de otro costal. No están atados por
el mar a un solo país.”
“Cierto, no tienes ni idea de cuándo los piratas que amenazan los
mares de Siarga también pueden atacar aquí. Parece que ya están
utilizando Galkhein para vender sus mercancías robadas y sus víctimas
secuestradas.” Rishe agachó la cabeza y se agarró el vestido.
Así es como el arma de Siarga llega a Galkhein. El Príncipe Arnold
sólo la utiliza en su guerra en el futuro porque los piratas la vendieron
aquí.
Había una cosa más que Rishe quería averiguar, así que preguntó:
“¿También le ocultas esto a tu padre?”
“Sólo se convertirá en un problema mayor si se entera. Puedo
adivinar cómo reaccionará ese hombre ante la mayoría de las cosas.”
Por eso, una “escapada preboda” conmigo fue la excusa perfecta
para que el Príncipe Arnold visitara Bezzetoria.
Rishe quería evitar la guerra de Arnold, pero su deseo de detener a
los piratas y su tráfico de personas era igual de fuerte. También sabía
mucho sobre Joel de su sexta vida.
“Por favor, permítame ayudarle, Su Alteza.” Con su determinación
renovada, le volvió a rogar que le ayudara.
Arnold suspiró.
“Vamos, Rishe…”
“Lo siento. Sé que es astuto por mi parte preguntar cuando no
puedes rechazar mis peticiones sin más.”
Oliver miró a Arnold, que bajó los ojos. Al final, el príncipe dijo:
“Muy bien.”
“¡Oh! ¡Gracias, Alteza!” El rostro de Rishe se iluminó, aunque
volvió a disculparse ante Arnold en su fuero interno.
Mi objetivo es evitar que consigas el tuyo… La guerra, claro.
Rishe trabajaba esencialmente en su contra. Se esforzaba por
ponerle las cosas difíciles, sin dejar de ocultar sus cartas. Si él supiera
la verdad, nunca le permitiría salirse con la suya.
En cierto sentido, esto es una traición. Al menos tengo que hacer
lo posible por ayudarle en otros asuntos, pensó mientras Oliver se
dirigía al lado de Arnold.
“Si es así, milord, ¿qué quiere hacer con los guardias imperiales
que cuidan de las mujeres?”
“Es probable que haya más víctimas que localizar. Reconsideraré
las asignaciones de los guardias.”
Antes de que Arnold volviera por completo al trabajo, Rishe
levantó la mano para llamar su atención.
“¿Te importa si examino un poco a ese tipo de cabello esponjoso y
aspecto somnoliento?”
Las mujeres del barco habían sido confiadas a varios médicos
locales. Sólo Joel había sido trasportado a esta villa, ya que Arnold
determinó que tendría que interrogarlo por separado. Aunque conocer
a Joel fue un reencuentro para Rishe, en esta vida no debía saber aún
su nombre. Insegura de cómo llamarlo por ahora, se había decidido por
las características que le venían a la mente, pero su petición hizo que
Arnold frunciera el ceño.
“¿Quieres examinarlo?”
“Sí. Debería despertarse pronto. ¿No ayudaría a tu investigación si
escuchas lo que tiene que decir cuanto antes?”
Arnold se levantó en silencio y se acercó a Rishe, que ladeaba la
cabeza con gesto inquisitivo.
“Bien. Pero…”
“¿Hm?”
Arnold cepilló el cabello color coral de Rishe.
“Quiero que tengas cuidado.”
“¡Eep!” Rishe chilló ante el gesto íntimo y se tapó la boca con las
manos. Se encontró con la mirada de Arnold, con el rostro encendido.
“Me dirigiré allí cuando termine de asignar a los guardias a sus
nuevos puestos.”
“¡No es necesario! ¡Sé que está ocupado, Su Alteza! Ese hombre
es… ¡Bueno, no parecía mala persona! Sí, ¡parecía amable! ¡Y gentil!”
“…”
Supongo que Joel debió parecerle muy sospechoso al Príncipe
Arnold.
“Yo también voy.” Reiteró Arnold, asegurándose de que Rishe lo
entendía.
“Urgh…”
Se preocupaba por ella y eso la hacía feliz, lo que la confundía.
“¡Muy bien! Entonces… ¡nos vemos allí!”
Oliver le sonrió cálidamente.
“Por favor, tenga cuidado, Lady Rishe.”
“¡Aprecio tu preocupación, Oliver!”
Con eso, Rishe se apresuró a salir de la habitación del tercer piso y
descendió hasta el primer piso. ¡Mantén la calma, Rishe! En serio,
¡¿por qué el Príncipe Arnold me toca tanto el cabello?! Sé que no tiene
segundas intenciones, pero ¡vamos! Sacudió la cabeza mientras bajaba
trotando las escaleras. ¡Contrólate! Ahora mismo tienes que centrarte
en Joel.
Rishe llegó frente a la habitación de invitados y gritó: “¡Perdón!
¿Estás despierto?”
Después llamó a la puerta, pero no obtuvo respuesta. Empujó
suavemente la puerta, entró sin cerrarla y se acercó a la cama. Los
utensilios que había utilizado para tratar a Joel seguían sobre la mesilla
de noche.
Joel estaba profundamente dormido. Lo estudió y pensó: Qué cara
de dormido tan familiar.
Su esponjoso cabello rojo y su piel pálida. Las largas pestañas que
las mujeres envidiaban. Sus delicados rasgos faciales. Al observarlo
mientras dormía, Rishe sintió como si viera a un amigo después de sólo
unos meses de separación y al mismo tiempo se reencontrara con uno
del pasado.
Siento que mi sexta vida fue hace poco tiempo, pero también hay
una gran diferencia entre ella y mi vida actual.
Rishe podía recordar sus vidas pasadas con perfecta claridad, pero
existían fuera de una especie de barrera transparente de su vida
presente. Era como reflexionar sobre un sueño que acababa de tener
tras despertarse en la cama.
Una serie de recuerdos de su sexta vida afloraron a la superficie de
su mente. Los hechos habían ocurrido poco después de que Arnold
declarara la guerra a varios países.
“Sólo han pasado dos años desde que Arnold Hein mató a su padre
y usurpó el trono. No puedo creer que ya se haya reestructurado lo
suficiente como para declarar la guerra a otros países.” Dijo el rey a
sus caballeros, su tensa expresión carecía de su alegría habitual.
El comandante que estaba a su lado tenía el mismo aspecto adusto.
“Hemos estado ocupados con nuestros propios preparativos durante
estos dos últimos años. Y me imagino que aún tenemos algo más de
tiempo antes de que Galkhein nos invada.”
Con un suspiro, el rey respondió: “No te preocupes. Siarga es una
nación insular. Galkhein tendrá que resolver el problema de
abastecimiento de sus tropas antes de venir a la conquista. Hasta ahora,
sólo han hecho la guerra en su propio continente, así que no deben estar
curtidos en la guerra naval.”
“Pero, Majestad…”
“Preparen nuestras fuerzas. Nos aliaremos con Halil Rasha para
derrotar a Galkhein. Si los atacamos por tierra y mar, tendremos una
sólida oportunidad de victoria.”
Sin embargo, su línea de pensamiento resultaría ingenua. Siarga
formó su alianza y zarpó a la guerra con Galkhein, totalmente
preparada, pero pronto conocería la derrota.
“¡Informe urgente, Majestad!” Gritó un mensajero, con el rostro
pálido. “¡Barcos enemigos avistados en el mar! A juzgar por su
bandera de águila, ¡parecen ser de Galkhein!”
“¡No puede ser!”
Nadie podía creer el espectáculo que les recibía desde la orilla.
“¡¿Qué hace Galkhein con esos buques de guerra?!”
La guerra de conquista de Arnold Hein se adaptó al estado del
mundo en cada una de las vidas de Rishe. Ni siquiera Rishe, que tenía
recuerdos de sus invasiones anteriores, pudo predecir la velocidad con
la que había cruzado el mar en su sexto bucle.
Rishe recordó vagamente el último día de su sexta vida.
“¡Evacuen a Su Alteza y a su familia, rápido!”
“¡Nuestra luz, nuestro señor! ¡Protéjanlo con sus vidas! ¡Eliminen
al enemigo o mueran en el intento!”
Los cadáveres de sus camaradas caídos cubrían el suelo a su
alrededor.
Están todos muertos…
El bondadoso rey que había invitado a Rishe a unirse a sus
caballeros había muerto ante sus ojos mientras protegía a sus hijos.
Mientras los jóvenes miembros de la realeza lloraban la pérdida de su
madre y su padre, el comandante de los caballeros que había pasado
incontables horas entrenando a Rishe y a los demás caballeros también
morían protegiéndolos.
Como nación insular que había competido durante mucho tiempo
con otros países por los recursos, Siarga era considerada relativamente
poderosa como fuerza de combate. Sin embargo, ni siquiera ellos
habían sido capaces de plantar cara al ejército de Arnold Hein.
Rishe luchó desesperadamente por mantener a salvo a los niños.
Habían huido por uno de los “atajos” que Joel le mostró una vez, y
ahora mismo estaban frente a otro de ellos.
No me importa morir aquí. Lo que nos pase no importa. Sólo
necesitamos ganar más tiempo para que los niños escapen, ¡ya sea un
minuto o un solo segundo!
Joel había sido el único capaz de plantar cara a Arnold Hein y sus
fuerzas. Sin embargo, el Emperador Arnold Hein lo mató mientras me
protegía.
Había presenciado cómo la espada de Arnold desgarraba a Joel
desde las tripas hasta el gaznate.
Joel sonrió tan amablemente cuando vio que estaba a salvo…
aunque yo también morí un instante después, cuando la espada del
Príncipe Arnold me atravesó el pecho.
Ahora, en su séptima vida, Rishe era la prometida de Arnold.
Apenas podía describir lo que sentía al contemplar a Joel dormido,
como había hecho tantas veces antes en estas nuevas circunstancias.
“Mm…” Joel se removió y abrió lentamente los ojos.
Rishe se enderezó y le saludó de forma muy diferente a como lo
habría hecho en su vida anterior.
“Buenos días, Sir Espadachín.”
Tras unos parpadeos somnolientos, aquellos ojos dorados —
marrones a primera vista— se posaron en Rishe.
“Quería agradecerte lo que hiciste en el barco. Te drogaron, pero
luchaste para proteger a las mujeres.”
Joel se levantó y se frotó el sueño de los ojos con el dorso de la
mano.
“Te pido disculpas por obligarte a tomar las armas en esa situación,
pero supuse que tenías cierta habilidad con la espada debido a los
callos de tus manos.” Rishe hizo una reverencia. “Mi nombre es Rishe
Irmgard Weitzner.”
Mientras Joel la miraba sin pronunciar palabra, ella pensó: Tengo
ganas de presentarme, pero dudo que Joel tenga interés en mí. No le
interesé lo más mínimo cuando nos conocimos en mi sexta vida.
Sin embargo, sus siguientes palabras la sorprendieron.
“¿Disculpa?”
“¿Eh?”
Joel tomó a Rishe por la muñeca. Parpadeando sorprendida, evaluó
sus rasgos. Sus pálidos brazos eran delgados, pero su estructura ósea y
sus duros músculos eran bastante masculinos.
“Tu nombre. ¿Puedes volvérmelo a decir?” Su voz soñolienta
sonaba casi como una aguja. Rishe le había oído usar ese tono muchas
veces en su sexta vida.
Sorprendida, balbuceó: “Soy Rishe Irmgard Weitzner.”
“Rishe… Rishe, Rishe…” Sin soltarla de la muñeca, Joel repitió su
nombre para memorizarlo.
Había usado un nombre falso en su sexta vida, así que Joel nunca
la había llamado Rishe. Aún más desconcertante era que le hubiera
costado tanto esfuerzo conseguir que recordara su nombre en su última
vida y, sin embargo, ahora lo pronunciara con tanta facilidad.
“Oye, Rishe… ¿quieres jugar conmigo?”
“¡¿Qué?! Um…”
“Incluso después de que salieras de la cabaña, podía oír cómo
luchabas con sólo escuchar tus pasos. Esos pasos ligeros y de chica
eran tuyos, ¿verdad?” Curioso, Joel la miró de arriba abajo. “Es
extraño, pero… parecía que luchabas como yo.”
¿Pudo darse cuenta sólo por mis pasos, sin siquiera verme?
En su sexta vida, Rishe había perfeccionado el manejo de la espada
que había aprendido en su época de dama noble. La técnica de Joel,
que no se centraba en la fuerza sino en la agilidad y la flexibilidad,
había influido considerablemente en su estilo. Y parecía que Joel se
había dado cuenta con sólo escuchar sus pasos a través de una puerta.
“Entonces…” Su tono era suplicante y depredador a la vez.
“Juguemos y averigüemos quién puede matar a quién.”
Rishe se estremeció, alarmado por la voz de Joel, más grave de lo
normal.
Joel tenía cero interés en mí cuando nos conocimos en mi sexta
vida. Rishe tragó saliva. Esta vida es diferente. Desperté el interés de
un hombre cuyas únicas preocupaciones son dormir y luchar con
espadas…
En cierto modo, fue un error.
Rishe intentó retraer su muñeca.
“Señor espadachín… antes de seguir, ¿podría decirme su nombre y
posición?”
“¿Necesitamos mis datos para luchar?” Joel frunció el ceño
soñoliento. “Joel Milca Roivas. Soy un caballero de Siarga.”
“Entonces, Sir Joel.” Por fin podía llamarle por su nombre. Con
cuidado de no dirigirse a él demasiado a la ligera, continuó: “Le pido
disculpas, pero no puedo aceptar su invitación.”
El mal humor apareció en su mirada.
“¿Por qué no? Te dije mi nombre.”
“Bueno, porque…” Rishe se sacudió el agarre de Joel utilizando
una de sus técnicas de defensa personal. Le apartó los dedos con la
mano libre, giró la muñeca para escapar y le dio un ligero golpecito en
el hombro.
“Vaya…” Ese simple golpecito hizo que Joel se hundiera en la
cama, llevándose una mano a los ojos con un gemido. “Da vueltas…
Todo da vueltas…”
“Esos piratas te drogaron, ¿no es así? Te imploro que descanses. La
droga aún está en tu sistema.”
Rishe lo observó un momento. Por lo que oí en mi sexta vida, Joel
fue de incógnito a Galkhein y conoció al Príncipe Arnold tras rescatar
a las mujeres secuestradas.
En numerosas ocasiones le había rogado que hablara de ello antes
de acostarse porque quería saber más sobre Galkhein. Recordó las
muchas noches que pasó imaginando a Galkhein mientras escuchaba a
Joel desde la litera bajo la suya.
“Me sorprende que hayas podido evitar atacar a Arnold Hein,
Joel.”
“¿De verdad crees que sería capaz de hacer eso? Por supuesto que
le ataqué.”
“¡¿Lo hiciste?!”
“Jejeje…”
“¡Eso no es algo de lo que estar orgulloso, Joel!”
En respuesta, Joel había susurrado: “Pero… ni siquiera desenvainó
la espada.”
Con ese intercambio en mente, Rishe dirigió a Joel una mirada
sombría y suspiró.
“Hay algo que debo decirle, Sir Joel. Aquel caballero de cabello
negro en el barco era el príncipe heredero de Galkhein, Su Alteza
Arnold Hein.”
“¿Lo era?” Tal como ella sospechaba, esto despertó el interés de
Joel. Sus ojos dorados se entrecerraron; tal vez estaba tratando de
imaginarse a Arnold. “No me extraña que me pareciera tan formidable
con sólo oír sus pasos. Ese es el hombre que ganó tantas batallas él
solo…”
“Sir Joel.” Igual que en su sexta vida, Rishe le dijo a Joel: “No
debes desenvainar tu espada contra el Príncipe Arnold.”
“¿Por qué no?”
“Atacarle también está descartado.”
“¿Por qué?”
“¡¿Cuántas razones quieres que enumere?!”
Joel apretó los labios, reacio a aceptar sus palabras.
“No es que necesite tu permiso.” Refunfuñó.
Si ahora mismo nos viéramos por primera vez en mi sexta vida,
probablemente estaría perdida. Afortunadamente, creo que sé cómo
tratar con él.
En última instancia, el comandante de los caballeros había admitido
que Lucius era el único que podía controlar a Joel. Rishe sabía
exactamente qué decir para despertar el interés de Joel.
“Bien. Si no quieres jugar conmigo, iré a buscar al Príncipe
Arnold.”
“¿Hmm, Sir Joel?” Rishe sonrió mientras Joel intentaba sentarse de
nuevo en la cama. “¿Quieres que te ayude a negociar un combate con
el Príncipe Arnold?”
Prácticamente pudo ver cómo Joel levantaba las orejas como un
perro.
“¿Negociar un combate?” Repitió, con los ojos somnolientos
brillando.
“Imagino que una pelea justa sería más divertida para ti que tomarlo
por sorpresa, ¿no?”
“Una lucha justa…” Joel se incorporó lentamente, mirando a Rishe
desde el borde de la cama. “Quiero hacerlo.”
“Jee jee. Tenía el presentimiento de que dirías eso.”
Ahora Joel era mucho más receptivo a lo que Rishe tenía que decir.
Ella le pidió perdón de corazón. Lo siento, Joel. Lo único que te
prometí fue que te ayudaría a negociar con él. No te prometí un
combate. Es la táctica habitual de un mercader baboso, ¡pero todo
esto es por tu bien!
Le dolía manipularlo, pero no podía dejar que se lanzara de cabeza
a un incidente diplomático con Arnold. Todo parecía funcionar bien en
su sexta vida, pero no necesariamente sería igual esta vez.
“A cambio de mi negociación con el Príncipe Arnold, ¿te
importaría ayudarnos un poco?”
“¿En qué?”
“Parece que el Príncipe Arnold recibió una carta del rey de Siarga.
Supongo que está aquí desde Siarga para investigar la operación de
tráfico de personas de los piratas.”
Joel entrecerró los ojos con suspicacia.
“Ahora que lo pienso… ¿qué se supone eres?”
“¿Exactamente qué quieres decir con eso?”
“Bueno, eres toda… esponjosa, como un caramelo rosa, pero
saltaste al barco y luego luchaste contra los piratas con esos brazos
enjutos que tienes.” Joel se levantó y caminó hacia Rishe descalzo.
“¿Eres una chica, pero eres un caballero de Galkhein? ¿Y puedes
negociar directamente con el Príncipe Arnold? Eso es muy raro.”
“Sir Joel, volverá a marearse si se mueve así…”
“En el barco, el Príncipe Arnold se puso delante de ti, como si
intentara protegerte de mí.” Joel se acercó y miró a Rishe a la cara
como si intentara ver a través de su alma. “¿Qué eres tú para él?”
“Yo…”
Rishe había captado un segundo par de pasos que se acercaban a
ella por detrás, pero nunca habría podido predecir la situación de
emergencia que se desencadenó un momento después.
“¡Whoa!”
El hombre que estaba detrás de ella, Arnold, la había levantado en
el aire. Se agarró a su hombro para apoyarse, pero enseguida se
arrepintió de haberlo tocado. Cuanto más se apretaban sus cuerpos,
más le latía el corazón. Vio que Arnold dirigía a Joel una mirada de
intenso desagrado.
“Ella es mi esposa.”
“De momento, ¡estamos comprometidos y nada más!” Exclamó
Rishe mientras su rostro se sonrojaba.
Joel frunció el ceño con suspicacia antes de señalar a Rishe.
“Así que debería llamarte… ¿Su Alteza?”
“¡Dije que sólo somos novios!” Trató de explicar Rishe mientras su
interior zumbaba de pánico. Después de todo, estaba justo al lado del
hombre al que ahora sabía que amaba, y él la llevaba como si no pesara
nada.
¡No puedo respirar cuando estoy tan cerca de él!
Mientras aún podía hablar, suplicó en voz baja: “¡Alteza, por
favor!”
Él no respondió nada, pero su súplica debió de calarle. Arnold se
arrodilló con una mano en la espalda de Rishe. Podría haberla soltado
sin más, pero, por supuesto, tenía que hacerlo con suavidad.
“¿No estás herida?” Preguntó Arnold, preocupado.
Debió ver a Joel acercándose a mí y me llevó tan rápido como
pudo. Por eso me recogió…
Levantarla así había sido malo para su corazón, pero lo había hecho
pensando en su seguridad.
Rishe asintió.
“¡Estoy bien!” Le aseguró. “¡Puede que no lo parezca, pero es todo
un caballero, te lo prometo! No corrí ningún peligro. En absoluto. Fue
muy amable y yo estuve muy segura, ¡así que estoy bien!”
Arnold entrecerró los ojos y se hizo un largo silencio entre ellos.
Doblegándose bajo la presión de aquellos ojos azul océano, Rishe
apartó los suyos y balbuceó: “Su… su nombre es Sir Joel, y es un
caballero de Siarga, tal como esperábamos.”
El príncipe permaneció en silencio.
No podría importarle menos…
Mientras tanto, Joel observaba a Arnold, mirándole fijamente.
Entonces su mirada se desvió de repente hacia ella.
“Oye… entonces, ¿sobre esa negociación?”
“¿Negociación?” Dijo Arnold, mirando con más fuerza.
Rishe hizo un gesto frenético.
“¡Podemos hablar de eso en otro momento!” Si ella preguntaba
ahora y él decía que no, sería difícil conseguir que Joel volviera a
ayudarles. “Y lo que es más importante, Sir Joel, ¡su cutis es horrible!”
Joel siempre había sido pálido, pero ahora estaba prácticamente
azul. Se llevó una mano a la frente, como si oírlo de Rishe le hubiera
recordado su estado actual.
“Si me relajo un segundo, todo me da vueltas… Me siento
enfermo…”
“¡¿Estás bien?!”
Mientras Joel se desplomaba en el suelo, Arnold ni siquiera le
dedicó una mirada.
“Parece que no será de mucha utilidad ahora aunque esté despierto.
Rishe, vuelvo arriba.”
“Un momento. Sacaré a Sir Joel del suelo y lo llevaré a la cama.”
Arnold suspiró y levantó una mano para detenerla. Agarró el brazo
de Joel en lugar de ella.
“Levántate.”
¿El Príncipe Arnold está ayudando a alguien? Rishe se sorprendió.
Aunque en el fondo era una persona bondadosa, tendía a interpretar el
papel de villano; cualquier acto de altruismo era raro.
Joel gimió y levantó la cabeza para mirar a Arnold. Por un segundo,
sus ojos dorados parecieron tener las pupilas rasgadas como las de un
gato.
“Me doy cuenta de que no desaprovechas el movimiento ni siquiera
cuando sólo das un paso adelante.”
Era igualmente impresionante que Joel pudiera percibir el calibre
de Arnold como luchador.
“Si invadieran nuestro país, apuesto a que podrían masacrarnos a
todos, a mí incluido.”
Arnold no mostró ningún interés por el asunto. Retiró la mano del
brazo de Joel y le dio un ligero empujón hacia la cama. Joel se
tambaleó hacia atrás y se sentó, luego respiró hondo.
“Hola, Princesa.”
Vamos, Joel… Una sonrisa divertida se dibujó en sus labios. En mi
sexta vida, Joel me cuidaba como un mentor. Pero no podemos tener
ese tipo de relación en esta vida. Viéndole a través de los ojos de la
prometida del Príncipe Arnold, no creí que pareciera tan frágil.
Las relaciones de cada uno cambiaban en función de su posición.
Este hecho la sorprendió en todos sus bucles, especialmente cuando se
reencontró con una cara conocida de un bucle anterior. El Joel que
tenía ahora delante era el mentor que conocía bien; al mismo tiempo,
era un caballero extranjero al que acababa de conocer.
“Prometes lo de la negociación, ¿verdad? Prometes…” Joel se dejó
caer en la cama. No tardó en roncar suavemente.
Arnold era lo suficientemente agudo como para notar los nervios
de Rishe.
“Rishe.”
Ella suspiró y se encontró con su mirada.
“Discutiremos el asunto de la negociación más tarde. ¿Volvemos
arriba por ahora?”
El príncipe se detuvo un momento.
“Claro.”
Gracias a Dios… Se sintió aliviada de que él hubiera accedido a
poner punto final a la discusión por el momento. Aun así, no podía
relajarse del todo.
Necesito concentrarme. Mi objetivo al venir aquí es resolver los
secuestros usando la información de Joel. Considerando las
habilidades del Príncipe Arnold, estoy segura de que podremos
resolver todo con bastante facilidad, pero… no puedo simplemente
confiar en él.
Observando la ancha espalda de Arnold mientras plantaba un pie
delante del otro, Rishe se recordó a sí misma: Este incidente es lo que
provoca la fuga de información de Siarga. Y cuando el Príncipe
Arnold llega a sus manos, la información se convierte en una poderosa
arma en su futura invasión…
Rishe nunca pudo olvidar lo que había visto en su sexta vida: los
innumerables barcos que aparecían desde más allá del horizonte en un
mar negro azabache.
“¡¿Qué hace Galkhein con esos buques de guerra?!”
Eran una de las poderosas herramientas del ejército de Arnold.
Esos barcos eran un secreto de estado de Siarga. Naves que
destacaban tanto en la guerra naval como en los viajes de larga
distancia. Rishe se encontró agarrando su vestido con puños apretados.
Los ingenieros de Siarga secuestrados por los piratas llevaron sus
técnicas a Galkhein. Como resultado, Galkhein adquirió la capacidad
de invadir países a través del mar.
Debo evitar que el Príncipe Arnold obtenga barcos que pueda usar
para librar su guerra.
Ese era el objetivo de Rishe al venir a esta ciudad.
*****
Los cursos de agua que fluyen por Bezzetoria eran del mismo azul que
el mar. Rishe, vestida con un ligero traje de paseo, contemplaba el agua
cristalina bajo el puente en el que se encontraba, con los ojos brillantes
y el corazón hinchado por el leve aroma de la brisa marina.
“¡Mira, Príncipe Arnold! ¡Peces!”
“Así que los hay.” Caminando a su lado, Arnold afirmó
desapasionadamente su observación. Sin embargo, cuando Rishe se
inclinó sobre la barandilla para ver mejor, le puso una mano en el
hombro.
“¡Whoa!”
“No te asomes tanto.” Cuando Rishe le miró a los ojos, dándose
cuenta de que sus rostros estaban demasiado cerca para sentirse
cómodos, prosiguió, de nuevo sin ningún sentimiento: “Hace viento.
Eres tan ligera que me imagino una ráfaga de viento tirándote del
puente.”
“¡¿Eh?! ¡Te puedo asegurar que eso no sucederá!”
“Je.” Arnold entrecerró los ojos con risa ante su apresurada
seguridad. La leve sonrisa de su rostro hizo que su corazón martilleara
aún más fuerte.
“Um, Príncipe Arnold…”
“¿Qué pasa?”
Rishe miró a su alrededor con torpeza.
“¿Servirá esto para mostrar a los ciudadanos lo cerca que estamos,
como sugirió Oliver?”
Arnold también escudriñó la zona, aunque parecía más molesto que
ansioso. Además de Rishe y Arnold, un grupo de guardias imperiales
estaba en lo alto del puente, haciéndoles sombra desde una ligera
distancia. Los curiosos habitantes de la ciudad que habían oído
rumores de su presencia se asomaban por detrás de ellos. Con los
caballeros manteniendo a raya a los ciudadanos, Rishe apenas podía
distinguir sus expresiones, pero sonreían mientras vigilaban a la pareja
real.
Antes, cuando Rishe y Arnold habían vuelto de la habitación de
invitados de Joel, Oliver les había dicho: “¿Quieren seguir con su
reunión de estrategia? Ja, ja, ja. ¿Qué estás diciendo?”
No dignificaron inmediatamente su comentario con una respuesta.
“Están aquí de escapada preboda, ¿o ya lo olvidaron? Deberían
estar pasando tiempo en la ciudad y mostrando a los ciudadanos su
estrecho vínculo.”
“¿Perdón, Oliver?”
“De lo contrario, sería antinatural que se ausentaras de la capital
imperial tan pronto antes de la ceremonia. Si desean discutir la
estrategia, ¿por qué no hacerlo de camino a la modista?”
“¡Pero planeamos ir mañana!”
“Entonces supongo que tendrán que dar un paseo por los canales.
Les imploro que muestren a los buenos ciudadanos lo armoniosa que
es la relación del futuro emperador y la emperatriz. ¡Bueno, será
mejor que vayan ya!”
“Espera, ¿eh?”
“…”
Así, se habían visto obligados a salir sumariamente a la ciudad.
Arnold frunció el ceño, tal vez recordando el mismo intercambio.
“Ignora a Oliver. Encontraría la manera de inventar la historia que
quisiera aunque nunca pusiéramos un pie fuera.”
No hace hincapié en ello, pero realmente confía en Oliver.
Volvió a echar un vistazo a los curiosos, que seguían observándoles
con una cálida sonrisa. Se sintió insoportablemente incómoda, así que
miró hacia el canal.
Sé que es mi trabajo como su prometida tener una buena relación
con Su Alteza. Lo sé, pero… No pudo evitar preocuparse. ¡¿No es esto
técnicamente un abuso de mi posición?! Después de todo, sólo había
sido elegida como su prometida por el misterioso motivo oculto de
Arnold. Incluso hice que me besara por mi cumpleaños usando la boda
como excusa. No puedo evitar sentirme culpable por esta cercanía
ahora que sé que estoy enamorada de él…
Arnold la miró extrañado mientras ella se revolvía en su
incomodidad, y luego pareció darse cuenta de algo.
“Ah, claro.”
“¿Qué pasa, Alteza?”
Su gran mano envolvió suavemente la de ella.
“Eep…”
La algarabía se extendió entre los espectadores lejanos.
Arnold llevó la mano de Rishe a su manga y le permitió agarrarla.
Rishe lo miró sorprendida y él volvió su suave mirada hacia ella.
“¿Bastará esto para tu «entrenamiento»?”
Rishe se estremeció al oír su tono amable. También le había tomado
la mano después de soltársela cuando estalló la pelea en el barco. No
significaba nada para Arnold, pero volvía a cumplir su petición.
“Gracias, Alteza.” Rishe le apretó fuerte la manga, bajando la
cabeza. Y lo siento mucho…
Aun así, no creía que fuera capaz de dejarlo ir por sí sola. Por
primera vez, se daba cuenta de lo problemático que era el amor.
Arnold miró los dedos de Rishe en su manga antes de volverse
hacia el canal.
“La venta de seres humanos está prohibida en muchos países.”
Rishe levantó por fin la cabeza al oír estas palabras.
“Eso también vale para este país, por supuesto, pero como tenemos
pruebas de mujeres secuestradas que son llevadas a Galkhein, es
seguro decir que de hecho hay trata de personas dentro de nuestras
fronteras.”
Eso es algo de lo que puedo hablar con cierta tranquilidad, pensó
Rishe con alivio.
“Las mujeres estaban drogadas, pero aparte de eso, no estaban
heridas y no había pruebas de que hubieran sido maltratadas
físicamente. Que los piratas fueran tan cuidadosos con ellas… Bueno,
no me gusta decirlo así, pero…”
“No debían venderse como esclavas baratas, sino como «productos
de alta calidad».” Terminó Arnold por ella.
Rishe asintió, aunque le dolía pensar en poner precio a los seres
humanos.
“Eso limitaría la clientela potencial de los piratas, ¿no?”
“Esa es la hipótesis con la que estoy trabajando. Estamos
investigando posibles lugares y fechas para la transacción, además de
las personas y comerciantes que pueden estar implicados.”
Así que por eso lo trajo a él con nosotros como uno de los Guardias
Imperiales, pensó Rishe, pensando en un hombre muy familiar de ojos
rojos.
“Hay una cosa más, Alteza. Por lo que pude oír mientras las trataba,
todas las mujeres secuestradas pertenecían a familias de alto rango.
Supongo que Siarga se dio cuenta y así fue como capturaron a Sir Joel
como cebo.”
Aunque Joel no era una mujer, él era el segundo hijo de una casa
noble. Podía haber utilizado su apellido para ir de incógnito. Rishe
nunca había oído los detalles en su sexta vida, pero supuso que así
había sucedido.
“El Sr. Tully me dijo una vez que la clave para hacer negocios era
moverse de forma que se generaran beneficios y se evitaran pérdidas.
Cuando vas a algún sitio a vender algo, en lugar de llevar sólo tus
beneficios, debes tener algo más para vender.”
“…”
“Príncipe Arnold, ¿y si los piratas no sólo vendían en Galkhein?”
Rishe le miró fijamente. “Sería un lugar perfecto para reponer sus
«existencias», un coto de caza para mujeres de alta cuna.”
Arnold no contestó. Estaba segura de que él ya había pensado en
eso. Del mismo modo que secuestraban mujeres en Siarga y las
vendían en Galkhein, era probable que los piratas también secuestraran
personas en Galkhein para venderlas en otros lugares.
Un caballero se acercó a ellos.
“Su Alteza, Lady Rishe, tengo un informe.”
El caballero sonriente se había unido recientemente a la Guardia
Imperial de Arnold. Al menos, ésa era la versión oficial de los hechos.
Según el propio individuo, estaba “prestando sus servicios a Arnold a
cambio de observar la estrategia de defensa nacional de Galkhein como
referencia”.
Raúl…
Raúl el cazador —el líder de una organización de inteligencia—
hizo una reverencia exagerada, con los ojos rojos entrecerrados por la
alegría.
“Pido disculpas por interrumpir a la encantadora pareja cuando
están claramente disfrutando de su mutua compañía. Me duele ser tan
grosero como para…”
“Ahórrenos el preámbulo. Sólo haz tu informe.”
“Oh, no me apure, Su Alteza. No cuando le he traído precisamente
la información que pidió.”
Los otros caballeros seguían a distancia, asegurándose de que
ningún ciudadano se acercara demasiado. Era poco probable que
alguien pudiera oír su conversación.
“A primera vista, hay muchas empresas que tratan con nobles y
plebeyos adinerados. Pero cuando se consideran los detalles, hay un
método de comercio que me llama la atención. Consiste en una fiesta
en un gran barco de pasajeros, a la que se invita a muchos clientes
adinerados para que examinen las mercancías y negocien su compra.”
“Una fiesta en un barco de pasajeros…”
“A una hora determinada, el barco abandona el puerto y ancla en
algún lugar mar adentro, donde los invitados comen y beben. A
primera vista, no es más que un animado banquete, pero cuando la lista
de invitados está tan estrictamente controlada, parece un buen lugar
para tratos secretos.”
Rishe tenía una buena idea de cómo funcionaba todo.
“Ahí es donde los eligen. Ya sean sus clientes para sus tratos
secretos… o las personas que secuestrarán para convertirlas en su
nueva mercancía.”
Miró a Arnold y éste suspiró. Seguro que el Príncipe Arnold ya
sabe exactamente lo que voy a decir…
Primero, sin embargo, le dijo a Raúl: “Confirma tus hallazgos con
las víctimas. Aunque no estén totalmente recuperadas, deberían poder
responder a algunas preguntas.”
“Sí, sí. Ni siquiera me quejaré de lo duro que me haces trabajar. Les
preguntaré si alguna vez han sido invitadas a una fiesta comercial en
un barco y dónde fueron secuestradas. Pero no podemos tomarnos
nuestro tiempo.” La mirada de Raúl barrió el mar al otro lado del canal.
“Por lo que he podido averiguar, el próximo banquete será esta noche.”
“¿Esta noche?”
“Tengo la lista de invitados aquí. Parece que muchos de los
pasajeros serán nobles extranjeros visitantes, no ciudadanos de
Galkhein.”
Raúl es realmente increíble. No puedo creer que fuera capaz de
encontrar tanto tan rápido.
Rishe miró por encima del brazo de Arnold la lista de invitados,
maravillada por las habilidades de Raúl.
“Es verdad. No veo a ningún noble de Galkhein en la lista.”
“Todos los nobles locales sabrían que estamos aquí de visita en este
momento. Habrían cancelado cualquier plan de esta naturaleza y nos
estarían enviando un sinfín de invitaciones para ganarse nuestro
favor.”
“Ahora que lo mencionas, he recibido algunas invitaciones para
tomar el té con varias damas nobles…”
“¿Y bien, Alteza? ¿Qué le parece?” Preguntó Raúl a Arnold.
Arnold expuso los hechos en tono neutral.
“Si están eligiendo a sus clientes en el banquete, entonces las
figuras centrales de la operación de tráfico humano también estarán
presentes. Rodear el barco y asaltarlo antes de que zarpe debería zanjar
el asunto…” Miró de reojo a Rishe, sin duda anticipándose a su
objeción.
“Príncipe Arnold, los piratas que apresamos hablaron como si
tuvieran otros secuestrados.”
“Seguro que sí. No puedo imaginar que esas mujeres fueran toda su
«mercancía».”
“Si el resto de las víctimas están retenidas en otro lugar que no sea
este barco, y capturamos a los traficantes de personas antes de
identificar la ubicación de las mujeres restantes, es posible que nunca
las encontremos.”
No había ninguna garantía de que obtuvieran información de los
delincuentes detenidos. Por el estado de las mujeres rescatadas, se
podía afirmar que, hasta cierto punto, sus captores se ocupaban de
ellas. Si la organización caía antes de que fueran rescatadas, era posible
que permanecieran en cautividad sin que nadie se ocupara de ellas.
“Tenemos que averiguar dónde retienen a las mujeres y garantizar
su seguridad antes de ir por los responsables.”
“Eso dices tú, futura princesa heredera.” Raúl se encogió de
hombros, con tono ligero. “Pero no sabemos cuándo será la próxima
velada. Sólo habrá más víctimas si no los aplastamos cuanto antes,
¿no? ¿Exactamente qué piensas hacer?”
“Bueno…” Rishe miró a Arnold, que arrugó la frente. “Príncipe
Arnold, tengo algo que me gustaría preguntarle.”
“Tengo una idea de lo que pretendes proponerme.” Dijo al cabo de
un rato.
Me lo imaginaba. Me conoce bien.
Sus perfiladas cejas se fruncieron aún más.
“El Príncipe Theodore me habló de la identidad que le hizo
falsificar el otro día, Alteza.”
“…”
Oliver fue quien transmitió la petición, pero Rishe se había
emocionado al saber que Arnold le había pedido algo así a su hermano.
Habría sido impensable sólo unos meses antes. Miró a Arnold a los
ojos, recordando el cálido sentimiento que floreció en su pecho por
aquel gesto.
“Lo hizo para que pudieras fingir legalmente que eres un noble de
Galkhein que no posee sangre imperial, ¿sí?”
“… Rishe.”
“¿Uh, Su Alteza? Su esposa le está lanzando miradas codiciosas
por una «identidad noble falsificada».” Raúl también empezaba a darse
cuenta. “Señorita, por favor no me diga…”
Rishe le ignoró y continuó con su petición.
“Si queremos averiguar todo lo que podamos sobre el comercio de
esclavos, hay dos formas de hacerlo. Una es convertirnos en clientes
suyos, pero un comerciante tarda tiempo en ganarse la confianza de un
cliente potencial. Si nos presentamos en la fiesta de esta noche de la
nada y les pedimos que nos vendan un esclavo, es mucho más probable
que nos eliminen por sospecha en lugar de darnos la información que
buscamos.”
Esa estrategia estaba descartada.
“Sólo hay otra opción. Y con ella, es mucho más probable que
tengamos otro encuentro con ellos después de nuestro contacto inicial.
Si sale bien, también averiguaremos la ubicación de las mujeres.”
“…”
“Afortunadamente, no asistirán otros nobles de Galkhein.” Rishe
sonrió mientras se lo explicaba a Arnold, aunque estaba claro que él ya
se había dado cuenta. “Me convertiré en mercancía potencial para
ellos. Sólo tengo que convertirme en un blanco atractivo y, una vez
que me hayan secuestrado, me llevarán directamente a donde están las
demás víctimas.”
Arnold cerró los ojos con resignación. Raúl hizo una mueca y dijo:
“Vamos, no puedes hablar en serio. ¿No es más obvio que Su Alteza o
yo nos disfracemos de dama?”
“Usted debe entender mejor que la mayoría que es difícil hacer que
incluso un caballero delgado como Sir Joel parezca una mujer
convincente. Usted y el Príncipe Arnold son ambos altos, y con la
constitución del Príncipe Arnold, sería toda una tarea disfrazar a
cualquiera de los dos de mujer.”
Ni siquiera un maestro del disfraz como Raúl intentaba hacerse
pasar por una mujer o un niño. Al fin y al cabo, la estatura y la
complexión de una persona son fundamentalmente inalterables.
“Aunque podría confiar la tarea a Sir Joel, nos es imposible saber
cómo se comportará en el barco. Creo que soy el único cebo lógico.”
La respuesta de Arnold fue completamente inesperada.
“Tengo una condición.”
“¿Eh?”
Rishe aún no se había dado cuenta de que Arnold se estaba
acostumbrando a sus extravagantes planes. O de que había encontrado
la forma de vengarse de ella por ellos.
“¡¿Disculpe, Su Alteza?! ¡Debe estar bromeando!”
Así, la propia estrategia propuesta por Rishe acabó tomando un
rumbo muy diferente.
*****
Aquella noche, hombres y mujeres magníficamente vestidos subieron
a bordo del gran buque de pasajeros atracado en el puerto. Un hombre
con chaleco se ocupaba de los trámites de embarque. Cuando se fijó en
Rishe, sonrió y se acercó a ella.
“Me alegro de que haya podido venir. Usted debe ser la joven que
el Duque Toona nos refirió…”
Rishe llevaba un vestido azul oscuro que dejaba al descubierto algo
más de piel que su vestuario habitual. Llevaba el cabello recogido con
elegancia y grandes pendientes colgaban de sus orejas.
Hizo una reverencia al hombre del chaleco.
“Es un placer conocerle. Soy Rize, hermana de Lord Bernstein.”
Vestida de gala y con un abanico en la mano, Rishe sonrió
alegremente. El nombre falso salió de sus labios como si llevara toda
la vida pronunciándolo. “Le pido disculpas por importunarle en el
último momento, pero no he podido resistirme después de enterarme
del acontecimiento por mi buena amiga Lady Cornelia.”
“Oh, no son necesarias las disculpas. En todo caso, nuestra empresa
debería disculparse por no habernos presentado antes a su familia.
Tengo entendido que su hermano acaba de recibir un título de nobleza
en Galkhein. El presidente de nuestra empresa se muere por
conocerle.”
Había sido toda una carrera organizarlo todo para colarse en la
fiesta con poca antelación. Rishe trató de disimular sus nervios,
sintiéndose apenada por las personas cuyos apellidos y nombres iban
lanzando para subir a bordo.
¿Cómo lo estoy haciendo? ¿Soy la “nueva nobleza que viene a
comprar”?
Rishe no era ajena a la actuación ocasional de aficionados. Su
ansiedad provenía principalmente de su actual acompañante. Esta vez
las cosas son un poco diferentes. Después de todo, esta noche me
acompaña…
“Mi señora, la buena Lady Rize, asiste sola esta noche. Su Señoría
no está con ella.” Dijo el hombre que estaba un paso detrás de ella.
“Eso no será un problema, ¿verdad?”
“Sí, sólo estoy yo aquí esta noche. Pero…” Rishe le devolvió la
mirada.
Arnold le devolvió la mirada en silencio.
Normalmente, en un acto como éste, se dirigían primero a su futuro
marido, el príncipe heredero. Sin embargo, hoy ese no era el caso.
Con el cabello peinado hacia atrás y la frente normalmente oculta,
Arnold parecía aún más maduro de lo normal. Dio un paso adelante y
sujetó la mano de Rishe, utilizando una forma de hablar mucho más
educada que a la que ella estaba acostumbrada.
“Su ropa se humedecerá cuanto más tiempo permanezca ahí.”
“Hrk…”
“Por favor, venga por aquí, donde las olas no la alcancen…
Milady.”
¡Eep!
Resultaba ridículo oírle decir eso vestido como su ayudante. Las
mejillas de Rishe ardían de vergüenza.
IMAGEN
El mercader sonrió, comprensivo.
“Ah, ¿le acompaña un guardia? Tenga en cuenta que prohibimos
las armas a bordo del barco.”
“S-Sí, ¡por supuesto!” Se apresuró a decir Rishe, esperando que no
se le notara demasiado el pánico. No pasó por alto la sonrisa divertida
que se dibujó en el rostro de Arnold mientras la observaba.
“Creo que no hace falta decirlo, pero te acompañaré.”
Esa era la “condición” que Arnold había impuesto en respuesta al
plan de Rishe.
“Pero, Alteza… aunque piquen el anzuelo y vayan por mí, dudo
que lo hagan esta noche. Imagino que harían un plan y llevarían a cabo
el secuestro más tarde, así que debería estar a salvo en la fiesta.”
“Esa no es la cuestión. Es más extraño que una joven noble salga
sola, ¿no?”
Tenía razón. Esto complicaba un poco las cosas, pero continuaron
su sesión de planificación suponiendo que Arnold la acompañaría.
“Si vamos a usar el apellido falso que nos dio el Príncipe Theodore,
entonces tendremos que ser de la misma casa. ¿Jugamos a ser marido
y mujer?”
“No estoy muy seguro sobre eso…”
“¿Hmm?” Rishe ladeó la cabeza y Raúl suspiró exasperado.
“Me abstendré de hacer demasiados agujeros en cualquier tontería
que se traigan entre manos, pero estoy de acuerdo con Su Alteza.
Marido y mujer no funcionará. Podría arruinar todo el plan.”
“¿Por qué?”
“Porque debes encajar en los criterios que ellos quieren si aspiras a
ser secuestrada como potencial esclava. Dado que las mujeres
rescatadas no sufrieron violencia, es seguro decir que sólo buscan
«doncellas puras». Por lo tanto, una mujer casada no servirá.”
“Ya veo…”
Eso complicó aún más las cosas.
“¿Qué hacemos entonces? Si decimos que estamos comprometidos,
necesitaremos otro apellido ficticio, que no podemos producir
exactamente con poca antelación…”
La identidad falsificada de Theodore no era sólo un nombre al azar.
Los registros de los logros de la familia y la dirección actual formaban
parte del paquete.
“Entonces ¿seremos hermanos?”
“Es igual de antinatural que un hermano y una hermana viajen tan
lejos para ir de compras, ¿no?”
“¿Lo es?” Rishe no creía que fuera cierto, pero como hija única, no
confiaba demasiado en su opinión.
“El cebo es el único que necesita ser de noble cuna. Yo
simplemente necesito interpretar el papel de alguien cuya presencia a
su lado no sería antinatural.”
“¿Hmm? ¿Quieres decir…?”
Arnold sonrió casi imperceptiblemente.
“Esta es mi condición para permitirle actuar como cebo.”
“¿Sí?”
¿Era sólo imaginación de Rishe la sonrisa maliciosa y casi
vengativa de Arnold?
A pesar de todo, lo siguiente que dijo fue esto: “Te acompañaré
como tu guardia y asistente.”
“¿Eh?” Dijo Rishe, y unos instantes después: “¡¿Qué?!”
*****
Nunca imaginé que algo como esto sucedería…
Ese fue el pensamiento de Rishe mientras agachaba la cabeza al
subir a la pasarela. Acababan de completar el procedimiento de
embarque. Miró a su acompañante, pero en lugar de prestarle el brazo,
Arnold sólo le tomó la mano, guiándola como lo haría un asistente
personal.
“Por favor, tenga cuidado al pisar en cubierta.”
Con el cabello recogido hacia atrás, la frente descubierta, los
guantes negros y un tono casi distante de cortesía, parecía un completo
desconocido. Rishe le miraba aturdida cada vez que bajaba la guardia.
“¿Se encuentra bien, Milady?”
“¡Uy! P-Por favor, perdóname…”
Arnold entrecerró los ojos ante la disculpa de Rishe.
“Su collar necesita un ajuste, si me lo permite.”
“¡Oh!”
Arnold acercó a Rishe y le susurró al oído: “Rishe.”
“Eep…”
“Ninguna dama habla así a su criado.” La reprendió.
Esforzó los oídos para oír las silenciosas palabras de Arnold por
encima del palpitar de su corazón.
“Hmm…”
Con voz ronca, presionó: “Puedes hacerlo, ¿verdad?”
“Ngh…” Rishe cerró los ojos, asintiendo. “¡S-Señor, sí, señor!”
“Hey. ¿Qué dije?”
“¡Ack!” Ahora estaba desesperada. “Lo entiendo, ¿bien? Puedo
hacerlo…”
Un pequeño rugido salió de la garganta de Arnold.
¡Se rio!
Arnold se apartó de Rishe, imperturbable como siempre.
“¿Su mano, milady?”
“Bien, gracias…”
Tras aquel incómodo intercambio, Rishe volvió a sujetar la mano
de Arnold, sin que sus nervios disminuyeran en absoluto debido a lo
que sentía por él.
“El barco está a punto de partir. No debería balancearse mucho con
este tamaño, pero tenga cuidado.” Le dijo uno de los mercaderes
mientras descendían a una cubierta inferior. La sala a la que llegaron
ya estaba repleta de juerguistas.
¡Vaya!
Una exuberante alfombra azul oscuro amortiguaba sus pies.
Innumerables lámparas incandescentes adornaban las paredes y el
techo. Hombres y mujeres bien vestidos charlaban y curioseaban con
bebidas en la mano.
En los mostradores forrados de terciopelo se exponían gemas,
accesorios y otros objetos raros. Los mercaderes sonreían con astucia
mientras hablaban de sus mercancías con los invitados.
Hay que reconocer que a Rishe le había intrigado mucho la idea de
hacer negocios así, por lo que no tuvo que fingir para disfrutar de las
vistas. Se volvió hacia Arnold.
“¿Ve eso, Su…?”
“…”
Se aclaró la garganta cuando él le lanzó una mirada de advertencia
y se puso en marcha como una noble dama charlando
despreocupadamente con su asistente.
“¡Mira allí! Todas las cosas que tienen aquí son increíbles.”
“No puedo adivinar el valor de estos objetos, pero si está
disfrutando, Ama, es todo lo que puedo pedir.”
Genial como siempre…
A diferencia de Rishe, no le inquietaban lo más mínimo sus
circunstancias. Estaba de todo salvo tranquila por el hecho de que
Arnold caminara detrás de ella en lugar de a su lado como había hecho
en cualquier otro acto social.
“Camina a mi lado.” Ordenó.
Arnold frunció el ceño, traicionando un indicio de agitación.
“Señora.”
“Estoy sola por la noche en un lugar en el que nunca he estado. Me
sentiré más a gusto contigo a mi lado, comprando conmigo.”
“…”
“No tienes que acompañarme. Sólo te quiero… a mi lado…”
Arnold suspiró y dio un paso adelante, a la altura del costado de
Rishe.
“¿Bastará con esto?”
Rishe asintió, aliviada, pero aún no se acostumbraba a su nueva
“relación”. Desvió los ojos con inquietud y se dio cuenta de que
muchas de las asistentes a la fiesta lanzaban ardientes miradas hacia
Arnold.
Incluso las miradas que recibe son diferentes de las que recibiría
en una fiesta en palacio…
Arnold era el príncipe heredero y tenía una prometida, además de
difundir intencionadamente rumores sobre su frialdad. En este
ambiente, la gente no tenía esos prejuicios sobre el criado a su lado, así
que las mujeres lo valoraban abierta y apasionadamente.
Por su parte, Arnold no dio muestras de haberse dado cuenta de que
todas las miradas estaban puestas en él. Se limitó a decir a Rishe:
“Vamos, milady.”
“Bien…” Aún nerviosa por su tono amable, Rishe se dijo a sí
misma: Está bien. Puedo hacerlo. Seré útil al Príncipe Arnold, y
entonces…
De repente recordó una conversación que había tenido con el
caballero comandante en su sexta vida.
“Históricamente, Galkhein sólo tiene experiencia luchando contra
otros países en su propio continente. Las guerras que han librado han
sido al servicio de la expansión de su propio territorio.”
Rishe escuchaba desde su asiento junto a Joel en un bar de la
capital. Como de costumbre, iba disfrazada de caballero.
“¡Tengo una pregunta, Comandante!”
“¿Sí? ¿Qué pasa, Lucius?” El comandante respondió a su
entusiasmo del mismo modo. Tenía las mejillas enrojecidas, quizá por
el alcohol que ya había consumido.
Rishe pidió otra cerveza y preguntó: “¿Quieres decir que Galkhein
no está equipada para hacer la guerra a un país al otro lado del mar?”
“En efecto. No tienen barcos con los que librar una guerra náutica.
No tienen ni los conocimientos ni la técnica para la construcción naval,
y es poco probable que tengan siquiera marineros capaces de
capitanear un buque de guerra.”
“¿Pero no son sus barcos para el comercio y los viajes superiores a
los de casi todas las demás naciones?”
“Tienen naves rápidas y ligeras para el comercio, sí, pero no se
parecen en nada a las robustas naves que se necesitan para hacer la
guerra. ¿Verdad, Joel?”
Joel estaba ocupado mordisqueando un poco de queso. Cuando la
conversación giró bruscamente hacia él, dijo somnoliento: “¿Eh? ¿Por
qué me preguntas a mí? Tú empezaste esta estúpida conversación,
borracho. Termínala tú.”
“Tremendo mentor estás hecho. ¿Ni siquiera puedes responder a la
pregunta de tu alumno?”
“Mentor…” Murmuró Joel, volviéndose hacia Rishe. “Lu, en una
batalla naval, abordas un barco enemigo y luchas con espadas…”
“¿Sí?” Preguntó.
“Pero primero, clavas la proa de tu barco en su costado. Así es como
los barcos luchan antes que los caballeros.”
“Así que las naves destinadas a la guerra tienen que ser capaces de
hacer daño y recibir golpes…”
Rishe supuso que los impactos debían de ser tremendos, teniendo
en cuenta que estaban destinados a abrir agujeros en la otra nave.
“Pero si haces una nave con capacidades ofensivas y defensivas,
¿no se hace muy pesado el casco? Llegar a cualquier parte con una
nave lenta llevaría tanto tiempo que podrías quedarte sin fondos de
guerra o perder todo tu ejército en un accidente.”
“Sí, supongo que sí. Por eso es tan impresionante que nuestras
naves sean fuertes, resistentes y rápidas. Al menos, eso es lo que
recuerdo que dijo Su Majestad una vez cuando estaba borracho…
¿tengo razón, Comandante?”
“Correcto. Siarga estaría acabada si no tuviéramos medios para
defendernos de las amenazas del otro lado del mar.”
Rishe asimiló las palabras del comandante mientras bebía su nueva
cerveza.
“Nuestro país destaca en la construcción naval porque no tuvimos
más remedio que construir buques de guerra para defendernos. De
hecho, nuestras técnicas son secretos de Estado, y quienes las conocen
nunca salen del país.”
“¡Secretos de Estado!” Repitió Rishe, asombrada. Tenía sentido
que hicieran todo lo posible por mantener esos conocimientos dentro
de Siarga.
Es como si esa conversación hubiera ocurrido ayer. Aunque nunca
pensé que la recordaría como prometida del Príncipe Arnold, Rishe
reflexionó mientras echaba un vistazo a las mercancías del barco. Las
batallas navales y las invasiones náuticas son más peligrosas que
luchar en tierra. Seguro que por eso Galkhein evita la guerra marítima
en la medida de lo posible.
Por ejemplo, Coyolles, al otro lado del mar. Sus amplios
yacimientos de oro lo convertían en un territorio valioso, pero el padre
de Arnold nunca lo había atacado de frente.
Lord Lawvine y Fritz hablaron de los barcos enemigos que
atacaban Ceutena en el norte. Arnold se había encontrado con el
enemigo, pero no en el agua. Los había atraído a tierra antes de
aniquilar a toda la fuerza. Al menos hasta hacía dos años, Galkhein
evitaba luchar en el agua.
Hasta ahora, Galkhein había carecido de las técnicas de
construcción naval y las capacidades marineras necesarias para
expandir sus invasiones más allá de su propio continente. Y el Príncipe
Arnold es quien cambia eso. Obtiene el poder para cruzar el mar y
conquistar incluso países lejanos…
Rishe levantó la vista hacia él, y él le devolvió la mirada de
inmediato. Aquellos ojos eran su color favorito en todo el mundo.
Las técnicas de construcción naval de Siarga son un secreto de
estado, y sus artesanos ni siquiera pueden salir. Debo suponer que en
mis vidas pasadas, uno de esos artesanos fue secuestrado por estos
piratas y se encontró con el Príncipe Arnold.
Para evitarlo, Rishe había organizado una visita a Bezzetoria para
cuando Joel estuviera allí, aunque eso significara que su vestido de
novia no estaría listo a tiempo.
Por lo que sabía, en Siarga se tardaba tres o cuatro años en fabricar
una sola nave. En Galkhein, donde no tendrían preparadas las
instalaciones necesarias, tardarían más de cuatro años. Para que Arnold
pudiera hacer uso de sus naves de guerra en su conflicto dentro de
cinco años, necesitaría obtener la tecnología de construcción naval en
estos momentos.
Ya que tenía esas naves cuando empezó la guerra, tendrá que
empezar a construirlas pronto. Aun así, nuestra mayor prioridad debe
ser rescatar a las mujeres secuestradas lo antes posible.
Examinando una serie de broches expuestos en la sala, Rishe dijo:
“Son todas piezas maravillosas, pero es una lástima…”
Habló con Arnold, pero se aseguró de que un comerciante cercano
pudiera oírla. El hombre estaba escuchando su conversación; tal vez la
vigilaba porque era una cara nueva.
“Tengo la prueba para mi vestido de novia mañana, ¿verdad?”
“… Sí.”
“Ojalá hubiera podido venir aquí después de la prueba y elegir un
accesorio a juego con el vestido.” Dijo Rishe con fingida decepción.
“¡Qué mala sincronización que la fiesta acabara siendo esta noche!”
Arnold respondió despreocupadamente: “Estoy seguro de que
cualquier accesorio le quedaría impresionante, Ama.”
“¡Hrk!” Ella sabía que estaban actuando, pero esto era malo para su
corazón. Rishe no pudo evitar ponerse nerviosa cuando Arnold
pronunció semejante frase, sobre todo ahora que era consciente de lo
que sentía por él. Aunque sólo lo hicieran para engañar a sus enemigos,
tuvo que agachar la cabeza, con las mejillas sonrojadas. “No seas
ridícula… Dicho esto, no se me da muy bien juzgar estas cosas. ¿Crees
que podrías elegir algo para mí?”
De momento, las cosas iban según lo previsto. Arnold examinó los
objetos a su derecha y nombró uno de ellos.
“¿Y esa tiara?”
Rishe admiró la hermosa artesanía de la pieza, pero hizo una mueca
y se encontró con la mirada de Arnold.
“Mi hermano me dijo que elija algo que no avergüence a nuestra
familia ahora que formamos parte de la nobleza. Esa tiara es muy
bonita, pero creo que debería ser algo con más gemas.” Hizo ademán
de contemplar las palabras de su hermano ficticio. “¿Ves algo más?”
“Entonces, ¿qué tal ese collar?”
“Me gusta el diseño, pero las gemas son un poco pequeñas, ¿no?”
“¿Qué tal la pieza cerca de la pared?”
“Ya tengo algo parecido. Esto es para mi boda. Debe ser
completamente único.”
“¿Veo algunos anillos por allí?” Sin duda, Arnold estaba
nombrando todos y cada uno de los objetos que le llamaban la atención.
Habían hablado de cómo él daba sugerencias y Rishe encontraba
razones para rechazarlas, pero ella respondió a esta sugerencia con
seriedad.
“Nada de anillos.” Dijo, cubriendo el anillo de zafiro que adornaba
su dedo anular izquierdo. “Ya tengo uno que atesoro…”
Arnold frunció el ceño. El anillo que llevaba era, por supuesto, el
que él le había regalado. Ella había pedido un bordado para su vestido
que hiciera juego con su diseño.
¡Oh! Finalmente se dio cuenta de lo que acababa de decir y se
apresuró a explicarse.
“¡Después de todo, mi futuro marido me regaló este anillo! La
piedra es mi color favorito en todo el mundo, ¡y le tengo mucho cariño!
¡Amo este anillo más que cualquier otra cosa que posea!”
“¿Es así?”
Rishe dejó caer la mirada hacia sus zapatos de tacón, incapaz de
encontrarse con los ojos de Arnold.
“Cuando mi futuro marido me puso este anillo en el dedo, me sentí
tan feliz…”
“…”
Al recordar aquel día, Rishe se dio cuenta una vez más: Ya debía
de estar enamorada del Príncipe Arnold entonces.
No podía creer que hubiera tardado tanto en darse cuenta.
Demasiado consciente de que sus orejas se ponían rojas, Rishe hizo
todo lo posible por interpretar el papel de noble dama prometida sin
que pareciera antinatural.
“Definitivamente voy a llevar este anillo para la boda.”
No había necesidad de fingir. Sólo tenía que asegurarse de que
nadie dedujera que el hombre que actuaba como su guardia era la
persona con la que se casaría.
“Lo llevaría a todas partes si no me preocupara perderlo o
estropearlo. ¡Así que no necesito más anillos que éste para el resto de
mi vida!”
Puede que acabara de soltar algo increíblemente embarazoso.
Arnold la estudió como si tuviera algo que decir, pero ella seguía sin
poder mirarle a los ojos y fingió no darse cuenta.
“Se me acaba de ocurrir una buena idea. ¡¿Por qué no elijo algo que
vaya con mi anillo?!”
“Creo que sería lo mejor.”
“Hmm, pero es una pena… Mi hermano dijo que me compraría un
accesorio para celebrar mi boda, pero…” Giró la cabeza a un lado y a
otro, totalmente decepcionada. “No veo nada que encaje con lo que
quiero.”
En el momento en que esas palabras salieron de sus labios, sucedió.
“Pido disculpas por el retraso en el saludo, Lady Rize.”
Al oír el nombre falso que había dado antes, Rishe se giró y vio que
un hombre se le acercaba.
“Soy el organizador de esta pequeña soirée.” Dijo. “Estamos muy
agradecidos de que haya podido asistir a la fiesta de esta noche.”
Aquí está. Rishe sonrió, manteniendo sus pensamientos divorciados
de su expresión.
“Buenas noches. Soy Rize Andrea Bernstein. Me disculpo por
irrumpir tan de repente.”
“Tonterías. Tuvimos algunas cancelaciones de última hora, así que
no podríamos estar más contentos por la oportunidad de mostrar
nuestros preciados productos a una estimada dama como usted.”
Rishe observó al organizador mientras hablaba. Si es el responsable
de este evento, debe de estar relacionado con los piratas. Debería
asegurarme de tenderle el cebo.
Radiante, Rishe dijo: “Me voy a casar pronto, ya ves.”
“¡Bueno, es una noticia fantástica! ¡Enhorabuena!” El organizador
tenía el porte de un comerciante de primera categoría. Su
comportamiento sugería respeto por su cliente, y parecía sincero y
cálido mientras interactuaba con Rishe.
Pero… Habiendo sido ella misma el mismo tipo de comerciante
una vez, la intención del hombre estaba perfectamente clara para ella.
También me está evaluando.
En su primera vida, su jefe, Tully, le había dicho, “Los mejores
comerciantes eligen a sus propios clientes”. El organizador la estaba
evaluando, decidiendo si elegirla.
Fingiendo no darse cuenta, Rishe interpretó el papel de la futura
novia sonrojada.
“Gracias. Mi hermano dijo que escucharía cualquier cosa que le
pidiera como regalo de bodas.”
“¿Es así? Entonces permítame decirle que es un honor que haya
elegido nuestra empresa para proporcionarle un artículo para su boda.”
“Jee jee. En mi opinión, es una tontería.” Rishe se volvió hacia
Arnold y soltó una risita. “Después de todo, hace poco me regaló tantos
vestidos y joyas que apenas caben en mi habitación. ¿Verdad?”
Actuando como su asistente, Arnold respondió con frialdad: “Su
Señoría la valora más que a nada en el mundo, Señora.”
“Bueno, sólo somos nosotros dos ahora que mamá y papá se han
ido. Pero es un poco embarazoso, la verdad. Tanto mi hermano como
mi futuro marido me miman como si fuera una niña…”
El organizador observaba la conversación entre ambos con una
cálida sonrisa en el rostro. Rishe sabía que estaba pendiente de cada
una de sus palabras. En su fuero interno, intentaba evaluar qué clase
de cliente sería ella y qué beneficios podría reportarle. Incluso las
conversaciones más triviales podían dar pistas sobre estas cuestiones.
Rishe lo entendía muy bien, y por eso soltaba mentiras aquí y allá.
“A veces me pregunto si es una competición entre ellos,
haciéndome regalos.” Se apoyó en su fachada de jovencita con
abundante riqueza. Una que no sabía mucho de cómo funcionaba el
mundo y que hacía sus compras sin preocuparse de nada, y que nunca
cuestionó el hecho de que siempre conseguía todo lo que quería.
Y por si fuera poco… Rishe pensó bajo la atenta mirada del
organizador.
“¿Por qué no elegir también el artículo que su prometido deseaba
comprarle, Ama? Tenía la impresión de que cambiabas tus accesorios
con cada lugar que visitabas para anunciar tu boda.”
“¡Pero él sólo me dio más regalos de los que sé qué hacer en mi
cumpleaños! No pareceré egoísta pidiendo algo más, ¿verdad? No
quisiera que mi prometido me odiara…”
La suave respuesta de Arnold fue: “Es deber del marido conceder
todo lo que su mujer desee.”
El corazón le palpitaba, pero no dejó que se le notara en la cara.
Discretamente, respiró hondo y continuó como si nada hubiera pasado.
“Bueno, entonces tendremos que visitar algunas joyerías, ¿no? Por
supuesto, sería mejor si pudiéramos encontrarlo todo aquí en esta nave,
pero…” Los ojos de Rishe se desviaron hacia el organizador, que le
devolvió la sonrisa.
“Nos encantaría proporcionarle todo lo que busca, Lady Rize.”
Dijo, con un tono más firme que antes. Fue un cambio intencionado,
por lo que ella pudo ver. Quería parecer seguro y digno de confianza
ante su nueva clienta. “¿Las cancelaciones que mencioné antes? La
verdad es que decidimos no exponer todos nuestros productos en la
fiesta de esta noche para ahorrar un poco en gastos de transporte.”
“Vaya, ¿en serio?” Rishe se tapó la boca con el abanico, fingiendo
sorpresa. “¿Puedo entender que tienes piezas aún más hermosas en
otros lugares?”
“¡Absolutamente! Puedo garantizarte que tenemos algo que
satisfará tanto a tu hermano como a tu prometido. ¿Qué te parece?” Le
preguntó con una sonrisa cortés. “¿Quizás podríamos concertar una
cita más adelante con el vizconde o tu prometido acompañándote?”
A Rishe se le borró la sonrisa por un instante. El organizador la
estaba sondeando.
Se animó y le dijo: “Desgraciadamente, los dos están muy
ocupados.” Ladeó la cabeza hacia Arnold. “¿No es cierto?”
“Efectivamente, Ama.”
“¿Es así?” El organizador asintió con simpatía y fijó sus ojos en
Rishe. “En ese caso, permítanos brindarle la oportunidad de hacer sus
compras por su cuenta, milady.”
Rishe fingió emoción.
“¿De verdad? Me muero de ganas.” Giró de nuevo hacia Arnold,
luciendo una gran sonrisa. “Ahora podré elegir el accesorio perfecto
después de la prueba del vestido de mañana. Estoy muy agradecida.”
“Será un placer. Por favor, disfruten de los artículos que tenemos
expuestos esta noche, y tomen un refresco. También habrá una
actuación en breve.”
Rishe disfrutó del resto de la noche, arrullando vertiginosamente
las mercancías y escuchando la actuación de la pequeña orquesta. Poco
más de una hora después, ella y Arnold desembarcaron.
*****
“¡Uf!” Exclamó Rishe aliviada después de que subieran juntos a un
carruaje. Tenía la sensación de haber estado conteniendo la respiración
todo el tiempo que había actuado como «Rize».
Se volvió hacia Arnold cuando el carruaje empezó a moverse
lentamente.
“Gracias por seguirme la corriente, Alteza. Creo que pude actuar
bien, gracias a usted.” Rishe sonrió, recordando la fiesta. “Como noble
dama con un hermano cariñoso, eso es. Siendo la solitaria hija única
que soy, no tenía mucho en lo que inspirarme.”
Arnold la miró y dijo: “Fue exactamente como sospechabas. Ese
hombre sin duda te estaba evaluando.”
Es increíble que pueda decirlo sin tener experiencia como
comerciante.
Rishe asintió, intentando no mostrar su sorpresa.
“Sí, como producto y no como cliente. Esa no era la mirada de
alguien evaluando a un cliente potencial… Estaba juzgando si yo sería
un buen objetivo para secuestrar y vender.” Arnold frunció el ceño y
Rishe se apresuró a añadir: “¡Pero todo salió exactamente como estaba
previsto!”
“…”
“A una joven adinerada con una familia cariñosa y un prometido la
buscarían con bastante rigor si desapareciera. El mejor objetivo posible
para ellos es una chica de familia acomodada cuya piel y cabello estén
bien cuidados y que no sea más que una carga para su familia.”
Por eso Rishe había interpretado el papel de tal chica.
“Un hermano realmente obsesionado por su hermana nunca le
permitiría aventurarse sola a un local comercial nocturno donde se
sirviera alcohol. Y aunque no tuviera más remedio que enviarla con
protección, no se conformaría con un solo hombre custodiándola.”
Desde la perspectiva del organizador, Rishe tenía que estar
mintiendo sobre su situación, ya que sólo tenía un guardia con ella.
“Vio el anillo que llevaba, así que seguro que no duda de que mi
familia es rica. Sólo debe creer que miento sobre ser tan querida por
mi hermano y mi prometido.”
“Cierto. De ahí su promesa de darte un lugar donde comprar por tu
cuenta.”
Al final de la conversación, el organizador había tanteado el terreno
preguntándole si podría llevar a su hermano o a su prometido otro día.
Rishe se había mostrado incómoda con la pregunta y, cuando le dijo
que no podrían asistir, él le sugirió que preparara una oportunidad para
ir de compras sola.
No puedo creer que proponga algo así. A Rishe le costó aceptar el
comportamiento del hombre, habiendo sido ella misma comerciante.
“Imagino que será allí donde secuestren a «Lady Rize».” Dijo.
Arnold suspiró y cerró los ojos.
Le agarró de la manga, recordando que había algo que debía
comentar a la primera oportunidad.
“Para cambiar de tema, Su Alteza…”
“¿Qué pasa?”
Le miró a los ojos azules y frunció el ceño, frustrada.
“¡¿Cómo demonios eres tan bueno haciendo de asistente?!”
El príncipe enarcó una ceja y cambió de tema.
“Déjame preguntarte algo.”
“¡Mmph!”
Aplastó las mejillas de Rishe con sus grandes manos.
“¿Qué creías que estabas haciendo, intentando beber ese vino? No
bebas cosas alegremente en un lugar sombrío como ése.”
“Hrmgh… Bueno, si no bebes un poco en un fugar como ese, es
sospechoso.” Rishe hizo todo lo posible por protestar a pesar de que
Arnold le sujetaba las mejillas. “Y tú fuiste quien…”
Recordó la fiesta. En el momento en que Rishe había tomado una
copa de vino que le habían proporcionado en el barco, Arnold se la
había arrebatado de la mano, aun haciendo de “asistente”.
“Vaya, ¿este vino es importado de Siarga? Qué maravilla. Debo
tomar un poco… ¡Oh!”
“Le sugiero que se abstenga por esta noche, milady. Sabe que no
aguanta bien el alcohol.”
Le había quitado la copa con tanta naturalidad y fluidez. Habían
tenido la oportunidad de beber juntos varias veces, así que debería
haberse dado cuenta de que ella era una buena bebedora y, sin
embargo, había mentido con una expresión tan convincente.
“No creo que hayan puesto algo allí. ¿No sería más sospechoso ser
cáustico?”
“Aun así, no puedo creer que te arriesgases a beber algo preparado
por tus potenciales secuestradores.”
Rishe suspiró. Tenía que admitir que era un argumento
perfectamente sólido. También tuvo que reconocer que le costaba
mantener la calma con la cara de Arnold tan cerca de la suya.
¿El Príncipe Arnold cree que aplastar mis mejillas así es un
castigo? Si ése era su objetivo, lo estaba consiguiendo. Rishe estaba
insoportablemente avergonzada y sus mejillas se encendían por
momentos.
Evidentemente, su angustia se le notaba en la cara. Arnold soltó un
suspiro y dijo: “Entiendo que es parte de tu plan… pero no te muestres
tan indefensa delante de ellos.” Retiró las manos y le dirigió una
mirada tranquila pero penetrante. “No olvides que pretenden hacerte
daño.”
Los ojos azules y claros de Arnold eran de una frialdad pasmosa.
Sé que ni siquiera necesitas seguir mi plan. Podrías usar el
abrumador poder militar de Galkhein para destruir el comercio de
esclavos en un instante si quisieras. Sólo se resistía a hacerlo para
complacer el deseo de Rishe de salvar al resto de las mujeres cautivas.
Y sé que realmente eres una persona bondadosa. Por eso siempre
consideras la forma más rápida de resolver una situación, aunque te
lleve al sacrificio. Y por eso yo…
Rishe se enderezó y le dijo a Arnold: “Haciéndome pasar por una
presa indefensa, he invitado al enemigo a bajar la guardia. Eso hará
que sus movimientos sean mucho más predecibles.”
“…”
“No te preocupes. Usaremos cualquier cosa que necesitemos para
rescatar a esas mujeres.” Con su determinación renovada, Rishe
frunció el ceño y murmuró: “Es frustrante que ahora no podamos hacer
nada más que esperar su invitación.”
Las mujeres que habían sido secuestradas probablemente no habían
sospechado nada de aquel organizador, ¿y por qué iban a hacerlo?
Habría sido impensable que un mercader les hiciera daño. Al fin y al
cabo, la relación entre un mercader y su cliente se basaba en la
confianza y en el supuesto de que ambas partes se beneficiarían de su
comercio.
Me pregunto si mi actuación de esta noche fue suficiente. Siento
que podría haber hecho que las cosas se movieran un poco más rápido
si lo hubiera intentado…
“Rishe.”
Se sobresaltó cuando Arnold puso una mano sobre la suya.
Entrelazó sus dedos y ella se dio cuenta de que se había estado
agarrando el vestido.
Rishe dejó escapar el aliento que no sabía que estaba conteniendo
cuando Arnold le dijo en voz baja: “Mañana tienes la prueba del
vestido de novia, ¿verdad?”
“S-Sí. Por la noche…”
Lo que habían hablado en el barco no había sido todo mentiras para
que los traficantes de esclavos se aferraran a ellas. La razón aparente
de Rishe para venir a esta ciudad era dar los últimos retoques a su
vestido de novia.
“Te serviré de guardia cuando te vayas. ¿Te importa esperarme?”
“¡¿Eh?! ¿Me acompañará, Alteza?” Preguntó Rishe, con los ojos
muy abiertos.
“Hablamos de hacerlo delante de los traficantes de esclavos, ¿no?”
Respondió, despreocupado. “Como existe la posibilidad de que nos
descubran en la ciudad, deberíamos asegurarnos de seguir actuando.”
Así que la farsa tenía que continuar. Eso tenía sentido para Rishe,
pero también la preocupaba un poco.
“Pero, Alteza… lo más probable es que mañana hablemos del
bordado y la ornamentación del vestido. ¿No se aburrirá esperando a
que terminemos?”
“¿Por qué iba a aburrirme?” Arnold la miró con ternura. “Si vas a
llevar tu vestido de novia, quiero verlo.”
Rishe jadeó, el calor le inundó el pecho. Estaba utilizando el vestido
de novia como parte de su estrategia para evitar la guerra, pero también
había estado deseando probárselo en secreto. Las palabras de Arnold
hicieron aflorar toda su emoción.
Debió de notar que su corazón estaba a rebosar.
“Si necesitas joyas a juego con el vestido, elige todas las que
quieras. Si no hubieran robado la mercancía de ese barco, te las habría
comprado todas.”
“¡Eso sí habría sido sospechoso!” Balbuceó Rishe, pero no pudo
evitar sonreír.
Está intentando mimarme… La idea le encantó.
“Dígame, ¿Príncipe Arnold?” Una súplica seductora llenó los ojos
de Rishe cuando los dirigió a Arnold. “Hay algo que me gustaría
pedirte mañana…”
Cuando Rishe le dijo lo que quería, Arnold frunció el ceño en
respuesta.
CAPÍTULO 3
Después de salir del puerto donde estaba atracado el barco de los
traficantes de esclavos, el carruaje de Rishe y Arnold entró en un
pequeño callejón de la ciudad costera de Bezzetoria. Aunque se habían
asegurado de que no les seguían, serpentearon por las callejuelas y
cambiaron de carruaje varias veces para mayor seguridad.
Arnold dejó todo esto en manos de Rishe. Cuando le seguían, solía
manejar las cosas de un modo más… directo, así que observó a Rishe
dar instrucciones al cochero con gran diversión.
Cuando por fin llegaron a la villa real, Rishe se volvió hacia Arnold
y le preguntó: “¿De verdad va a acceder a mi petición, Alteza?”
Arnold le lanzó una mirada amarga mientras se sacudía la chaqueta
y se la entregaba a Oliver. “Lo haré. Pero…” Se inclinó para susurrarle
al oído, y ella chilló. “Tú mantendrás ya-sabes-qué en secreto, como
prometiste. ¿Puedes hacer eso por mí?”
Rishe se retorció al sentir el cosquilleo de su voz en el oído. Se tapó
la boca, asintiendo frenéticamente. Se dio cuenta de que su cara se
ponía roja, pero no podía hacer nada para evitarlo.
Arnold se apartó de Rishe, en silencio, aunque parecía que aún tenía
algo que decir.
Tras ver el intercambio, Oliver dijo: “No debería burlarse de su
pobre prometida, milord.”
“No me estoy burlando de ella. Si no dejo absolutamente claras mis
expectativas, se pondrá en peligro como si fuera lo racional.”
¡Uf! ¡Él sabe exactamente lo que hace!
Oliver dio en el clavo. Arnold era muy consciente del efecto que
causaba en Rishe; le gustaba tomarle el pelo.
“¡Voy a darme un baño! ¡Buenas noches a los dos!” Gritó Rishe,
corriendo escaleras arriba. Mientras tanto, Arnold probablemente le
contaría a Oliver lo que le había pedido.
De todos modos, mañana por la mañana tengo preparativos antes
de la prueba del vestido. Estoy impaciente por conocer al especialista
que Oliver concertó… ¡Oh!
De camino al cuarto de baño del tercer piso, sintió que alguien se
le acercaba. Cuando llegó al rellano de la escalera, encontró a las dos
personas que esperaba.
“Hola, Raúl. Sir Joel.”
De pie detrás de Joel, Raúl le dirigió una sonrisa pícara.
“Hola, princesa. Llegas tarde.”
Joel estaba tan somnoliento como siempre, apenas mantenía los
ojos abiertos.
“¿Cómo se siente, Sir Joel? En este momento la droga debería estar
casi fuera de su sistema, pero por favor no se presione.”
“Mm…”
“El espadachín acaba de despertar, Alteza. Como hablamos, le
expliqué la operación encubierta.”
“¿En serio? Gracias, Raúl.”
“Era lo menos que podía hacer. Los oí llegar hace un momento, así
que iba a su encuentro.”
Joel miró sin comprender cómo Raúl se inclinaba. Raúl
acompañaba al caballero de Siarga por orden de Arnold.
“Ese espadachín tiene información de Siarga y es probable que
haya visto algunas de las caras de los hombres que dirigen el comercio
de esclavos. No hay necesidad de trabajar por separado si es más
eficiente servirse de él.” No obstante, el príncipe había ordenado a
Raúl que permaneciera al lado de Joel.
Ahora mismo el Príncipe Arnold no puede juzgar la fiabilidad de
Joel. Raúl es la persona perfecta para vigilarlo.
Como líder de una organización de “cazadores”, Raúl estaba
especializado en rastrear y localizar personas. Rishe había aprendido
de él todo lo que sabía sobre recopilación de información en su quinta
vida.
A pesar de todo, desconfiaba un poco de esta situación. El Príncipe
Arnold utiliza a Raúl como si fuera una herramienta conveniente. Me
cuesta creer con qué facilidad confía en él.
Raúl obedeció a Arnold porque el príncipe había tendido una mano
de ayuda a su tierra natal de Siguel. Su servicio fue en agradecimiento
por la aventura conjunta de Galkhein y Siguel en la acuñación de papel
moneda.
Ya sé que el Príncipe Arnold es de los que hacen uso de cualquier
cosa que encuentra conveniente sin dudarlo… y quizá sólo esté
aplicando la herramienta más adecuada para el trabajo, pero aun
así…
Utilizó a Raúl un poco demasiado fácilmente, ¿no?
No puedo pensar en esto delante de Raúl. Se dará cuenta
enseguida.
Rishe se relacionó con los dos hombres como siempre. Si Raúl se
dio cuenta, no lo demostró.
“Nunca dejas de sorprenderme. Hacer que el príncipe heredero
juegue a ser sirviente y ofrecerte a pesar de ser princesa heredera…”
Raúl se burló de ella con fingida exasperación.
“Te lo sigo diciendo, ¡todavía no estamos casados!”
Fue entonces cuando Joel, que los había estado observando
somnoliento, se acercó a Rishe.
“Hey.” La miró a la cara desde demasiado cerca.
“Um… ¿Sí, Sir Joel?”
“Simplemente no tiene sentido. El Príncipe Arnold es
definitivamente más fuerte si lucha solo.” Los ojos de Joel, que
parecían contener una luz ilimitada, se clavaron en Rishe. “¿Para qué
te necesita?”
“¿Eh?” Rishe parpadeó rápidamente, incapaz de procesar lo que
acababa de decir.
Joel estudió a Rishe y murmuró: “Si realmente te necesitara para
algo, supongo que tendría sentido, pero no veo qué utilidad podrías
tener para él.”
“Vamos, Sir Joel…”
“Bueno, ¿no tengo razón? Es más fuerte que yo, eso puedo decirlo.
Sin embargo, está siguiendo tu estúpida estrategia, protegiéndote. Es
extraño que esté tomando un camino tan indirecto para manejar las
cosas. Sólo tiene sentido si lo hace para complacer los caprichos de su
mujer…” Joel ladeó la cabeza, con una sincera confusión en los ojos.
“¿Por qué su marido le sigue la corriente?”
A Rishe le desconcertó la pregunta. No puedo creer que Joel se
interese de verdad. El Joel que conocía de su sexta vida sólo se fijaba
en el trabajo de los demás, pero ahora parecía realmente interesado en
Arnold como persona. No obstante, intuía de dónde procedía esa
curiosidad.
“¿Siente un cierto parentesco con el Príncipe Arnold, Sir Joel?”
Joel abrió mucho los ojos, sorprendido.
Un genio con la espada. Alguien abrumadoramente más fuerte que
cualquiera a su alrededor… El Príncipe Arnold debe de ser la primera
persona que Joel conoce que se le parece tanto.
“¿Cómo puedes saberlo?” Preguntó Joel, un poco molesto.
“Tuve esa sensación al ver tu cara.”
En su sexta vida, había estado completamente perdida intentando
averiguar cómo relacionarse con él cuando se conocieron. Pero Joel es
una persona muy directa.
Si prestaba suficiente atención, podía ver las emociones que se
escondían tras su rostro inexpresivo. Había llegado a conocerle lo
suficiente como para saber cuándo le emocionaba un espadachín fuerte
o cuándo tenía un hambre insoportable. Podía distinguir entre cuando
estaba realmente cansado y cuando simplemente dormía porque no
tenía nada mejor que hacer.
También sabía que cuando la acompañaba a algún sitio “como su
mentor”, era porque estaba preocupado por ella. También se había
dado cuenta de que sonreía más cuanto más fuerte crecía ella, y del
orgullo con que la miraba.
Al ver su peculiar sonrisa, Joel murmuró: “Tú también eres extraña,
¿lo sabías? Realmente extraña… Tal vez seas más fuerte que la media,
pero es obvio que no eres tan fuerte como yo. Simplemente no veo lo
que el Príncipe Arnold ve en ti.”
“¿Oh? ¿Quién dice que no me haré más fuerte con el tiempo?”
“Claro, supongo, pero ahora estás débil.” Una de las manos pálidas
y huesudas de Joel alcanzó a Rishe. “Quiero decir, eres tan pequeña y
delicada y suave… Eres sólo una chica.”
Raúl los había estado observando sin decir palabra, pero su mano
se soltó y agarró la muñeca de Joel.
“Oh.” Dijo Joel con aburrida sorpresa.
“¿Raúl…?” Sobresaltada, Rishe miró los entrecerrados ojos rojos
de Raúl.
IMAGEN
Tras un breve silencio, Raúl soltó el brazo de Joel.
“¡Uy! Eso estuvo cerca. Su Alteza nunca me ordenó proteger a su
esposa. Casi hago un trabajo por el que no me pagan.”
Rishe gimió. Sin embargo, le dedicó una sonrisa irónica. Estaba
bromeando al respecto, pero era obvio que había intervenido porque
estaba preocupado por ella.
“Gracias, de todos modos.”
“Sí, de nada.” Dijo encogiéndose de hombros, y su mirada se posó
en Joel. “En fin, Sir Espadachín, te sugeriría que no toques a la princesa
tan descuidadamente si no quieres que Su Espantosa Alteza te asesine.
Puedo dar fe personalmente del peligro.”
“Mm. Me doy cuenta por cómo el Príncipe Arnold protegió a Rishe.
Tal vez si no puedo conseguir que se enfrente a mí, alzaré a Rishe
delante de él.”
Raúl se echó a reír.
“Yo en tu lugar no lo haría.”
Al escucharlos, Rishe recordó de pronto algo que Joel le había
dicho cuando se conocieron en su sexta vida.
“Sólo me debilitaré si hago algo así. Deberías estar solo cuando
luchas. Si pasas demasiado tiempo preocupándote por otras personas,
morirás con demasiada facilidad cuando por fin estés en una batalla
real.”
En ese momento, Rishe no había aceptado esas palabras. Pero fue
tal como él dijo. A cambio de cuidar de mí en el campo de batalla, él…
¿Qué había pasado por la mente de Joel en sus últimos momentos
protegiendo a Rishe de ser abatida por Arnold? La propia Rishe había
muerto un instante después, así que no había tenido ocasión de pensar
en ello.
Los maestros de la espada como él son más fuertes cuando luchan
solos. Y eso vale no sólo para Joel, sino también para el Príncipe
Arnold.
La preocupación se apoderó de su corazón.
*****
Al día siguiente, Rishe se encerró en el baño después del desayuno.
“Mm…”
El agua de la bañera desprendía un aroma dulce y reconfortante. El
agua estaba ligeramente fría, pero se añadía agua caliente con
frecuencia para evitar que se enfriara demasiado.
Está tan caliente… Se siente bien.
Rishe se remojó en el baño lechoso, con los ojos entrecerrados.
“¿Cómo está el agua, Señora Novia?” Preguntó una mujer detrás de
ella.
“¡Es tan relajante!”
“Me alegra oírlo. Sólo háganos saber si algo le incomoda, ¿de
acuerdo?”
La mujer le estaba lavando el cabello. Y no era sólo ella; había otra
mujer lavándole la piel y otra masajeándole los hombros. Incluso había
una hidratándole la cara y otra cuidándole las yemas de los dedos y las
uñas. Lo único que tenía que hacer Rishe era tumbarse y dejarlas
trabajar.
Una de las mujeres sonrió y dijo: “Después de todo, tenemos que
arreglarte antes de tu boda.”
Este convite Oliver lo arregló para mí. ¿Podría ser…? Bajo el
cuidadoso trato de las mujeres para que luciera lo mejor posible su
vestido de novia esta noche, Rishe se preguntó: ¡¿Será éste el primer
paso hacia la vida de absoluta pereza con la que he soñado?!
Por alguna razón, Arnold le preguntaba a veces: “¿Todavía no te
has dado por vencida?”
La pregunta no tenía sentido para ella. En su mente, cada una de
sus acciones conducía a esa vida despreocupada que tanto ansiaba.
Las mujeres atendieron a Rishe en el baño, dándole todos los
tratamientos de belleza que pudiera concebir.
“Tiene un cabello tan bonito y suave. He terminado de aplicar el
tratamiento, así que ahora voy a trabajar con una toalla caliente, ¿de
acuerdo?”
“También le daremos un masaje en el cuero cabelludo y en la cara.
Lee mucho, ¿verdad? Vamos a relajar esos músculos.”
“El agua también la calentó, así que su circulación debería
mejorar.”
Vaya… Rishe dejó que sus ojos se cerraran de felicidad ante los
suaves pero minuciosos servicios que las mujeres le proporcionaban.
¡Esto sí que es trabajo de profesionales!
El agua ni siquiera estaba tan caliente, pero todo su cuerpo se sentía
perfectamente cálido. Se había untado bastante crema en la piel y,
cuando se la limpiaron con un paño especial de tejido fino, su tez se
volvió tan clara que era casi translúcida. De hecho, la luz del sol que
entraba en el cuarto de baño hacía que su piel pareciera casi
luminiscente.
En todas mis vidas sólo me he hecho mis propios tratamientos de
belleza. Poder dejarlo todo en manos de otras personas es algo tan
nuevo para mí…
Estas criadas trabajaban principalmente en la limpieza, el lavado de
ropa y las tareas académicas para prepararlas para cualquier empleador
que pudieran tener. Rishe solía bañarse sola, así que nunca había
experimentado nada parecido.
Incluso hay una bebida fresca y deliciosa cerca. No tengo que
mover un dedo, y me estoy arreglando para mi boda… ¡Esto es vida!
¡Una vida de relajación total!
Suspiró soñadoramente mientras le aplicaban otra crema de belleza
en la cara.
“Siéntase libre de echarse una siestecita si quieren.”
“Es una sugerencia muy atractiva, pero antes…” Rishe abrió los
ojos y preguntó a la mujer que le aplicaba la crema: “A juzgar por el
aroma, ¿esta crema utiliza pétalos de néctar de melocotón?”
“Vaya, ¿se nota?”
“¡Sí! ¡Son tan valiosos! ¡No puedo creer que puedas usar tantos
así!”
La mujer parpadeó sorprendida, y Rishe siguió con sus preguntas.
“¡Y los capullos deben haber sido arrancados una hora antes de que
los pétalos se abrieran! ¿Estoy en lo cierto? Son tan raros, y es
increíblemente difícil determinar la temporada correcta para
recogerlos, por lo que casi nunca aparecen en el mercado, ¡¿verdad?!”
“Es exactamente como dice. ¿Cómo lo ha sabido?”
“La crema tiene un ligero aroma cítrico. Es un aroma particular que
solo desprenden los brotes de néctar de melocotón cuando se arrancan
justo antes de florecer, y los pétalos tienen sorprendentes poderes
reconstituyentes en esta fase…”
Rishe había investigado mucho con estas flores en su vida de
boticaria y alquimista. Nunca pudo llegar muy lejos porque eran muy
difíciles de conseguir, pero recordaba bien su olor característico.
“También hay baya de naranja de miel en la crema, ¿no? ¿Además
de miel y…?”
“Y-Yogurt. También hay puré de cielito y brotes de hierba
olhuveli…”
“¡Hierba de olhuveli! La uso en un protector solar que hago. Es
muy hidratante, ¿verdad?”
“¡¿Un protector solar que usted hace, Señora Novia?!”
Los ojos de las mujeres brillaron y se inclinaron hacia Rishe.
“Y yo que pensaba que solo tenía una piel maravillosa bien
defendida contra el sol. ¡¿Luego podría compartir su régimen con
nosotras?!”
“Por supuesto. Me encantaría saber más sobre sus propias técnicas.
Cada una es tan asombrosa… ¡Puedo ver cómo estos tratamientos
ganan en popularidad!”
Los planes empezaron a formarse en la mente de Rishe, su corazón
saltaba con las posibilidades.
En esta vida, utilizo los conocimientos que adquirí en mis vidas
como boticaria y alquimista para elaborar mis propios maquillajes y
lociones. Nunca me atreví a comercializarlos, ya que hay que seguir
ciertas normas de uso, pero si me uniera a especialistas en la materia,
¡podría resolver el problema! Primero, lo comercializaría entre los
nobles. Una vez que las mujeres con capacidad para contratar
especialistas vieran los beneficios de su uso, entonces podría… ¡Oh!
Finalmente recobró el sentido cuando se dio cuenta de en qué estaba
empleando toda esa energía cerebral.
“¿Señora Novia?”
“¡No es nada! ¡Por favor, continúen!”
Se había sentado sin pensarlo, pero volvió a hundirse en el agua.
Esto no puede ser. Necesito relajarme y no pensar en el trabajo.
Incluso la medicina funciona mejor cuando la mente y el cuerpo están
tranquilos. Ahora que lo pienso, hay una región en el este donde usan
aguas termales para tratar heridas, ¿no? ¿Y si se pudieran utilizar
lociones en el baño de forma similar para el cuidado de la piel? Lo
primero que viene a la mente es la rentabilidad, pero en este caso…
¡espera, no!
Rishe se sacudió desesperadamente los pensamientos.
“Todas, gracias, de verdad. Estoy tan emocionada de llevar mi
vestido de novia después de todos sus cuidadosos tratamientos.”
“Oh, ¿Señora Novia? No se trata sólo del vestido de novia,
¿verdad?”
“¿Hmm?” Rishe ladeó la cabeza y la mujer le sonrió.
“¡Necesitamos hacer su piel agradable y suave para llamar la
atención de su marido!”
“¡¿Qué?!”
“¡Aah! ¡¿Señora Novia?!
Rishe resbaló contra la bañera y su cabeza se sumergió en el agua.
Se levantó tosiendo, pero el corazón le latía con fuerza.
“¡¿Mi marido?! ¡¿Su atención?! ¡¿Eh?!
“Bueno, ¿no es natural? Como princesa heredera, tendrá ciertos…
deberes nupciales.”
Un sonido estrangulado escapó de su garganta mientras la cara de
Rishe ardía. ¡Cálmate! No pasa nada. No va a pasar nada. Quiero
decir… Respiró hondo, aspirando el aire dulzón del cuarto de baño. El
Príncipe Arnold ya declaró que esto es un matrimonio arreglado…
Cuando habían visitado la Gran Basílica, Arnold la había
despeinado y le había dicho: “Incluso después de casados, no me
aprovecharé de ti.”
Las palabras sirvieron como eco de otra promesa que le había
hecho: “No necesitas ser decidida para convertirte en mi esposa.”
Rishe agachó la cabeza y sintió un fuerte dolor en el pecho.
Aquellas palabras le habían dolido tanto porque ya estaba enamorada
de él.
Su Alteza incluso dijo que odiaba los métodos de su padre, pero
que había usado esos mismos métodos para casarse conmigo. Desde
otro punto de vista, eso significaba que tenía alguna razón para casarse
con ella que lo llevaría a tales extremos. Pero, ¿cómo puedo culparlo
por ocultar cosas cuando yo le estoy haciendo lo mismo? Tengo tantos
secretos y he dicho tantas mentiras para detener su guerra. Debo
terminar las cosas si alguna vez voy a decirle lo que siento…
Cuando llegó tan lejos, se dio cuenta de algo extraño en sus
pensamientos.
“¿Hmm?”
“¿Pasa algo, Señora Novia?”
Rishe levantó la cabeza.
“Lo siento. No es nada.” Dijo, haciendo un voto en su corazón.
Aunque no sepa lo que piensa el Príncipe Arnold… si no es el papel
de esposa o emperatriz lo que desea de mí, aún puedo permanecer a
su lado como yo misma.
Y si ése era el caso, sólo podía hacer una cosa.
Cuando Rishe se sumió en sus pensamientos, las mujeres
murmuraron entre ellas e intercambiaron miradas.
“Hay todo tipo de cosas de las que preocuparse antes de una boda,
por lo que puede ser fácil caer en un estado de ánimo bajo. Pero, por
favor, ¡anímese, Señora Novia!”
“¡Sí! Tienes la prueba del vestido esta noche, ¿no?”
Las mujeres hablaron amablemente con Rishe, intentando
levantarle el ánimo.
“Una vez que terminemos aquí, ¿qué tal si se lo toma con calma
hasta la noche? Tiene algo divertido que esperar, ¡así que estoy segura
de que su humor mejorará enseguida!”
“G-Gracias, señoras…” Rishe aceptó sus sentimientos con gratitud,
reprimiendo su vergüenza.
Estoy agradecida, pero al mismo tiempo me duele. Iré a mi prueba
de vestido de esta noche, pero…
Una vez que Rishe estuvo arreglada y lista, salió de la villa.
Aquellas mujeres nunca habrían podido adivinar adónde se dirigía.
*****
“Por favor, inspeccione el estado de nuestra seguridad a su gusto,
Alteza.” Dijo a Arnold el capitán de la guardia de Bezzetoria.
De pie detrás del príncipe, Rishe observó al capitán. Se había hecho
una idea de su estado por la palidez que presentaba cuando apareció
Arnold.
Este capitán debe estar en algún tipo de oposición al Príncipe
Arnold. O esta inspección es simplemente inconveniente para él o está
recibiendo órdenes del padre de Su Alteza.
Según el hermano de Arnold, Theodore, el príncipe heredero tenía
muchos enemigos.
Rishe volvió a concentrarse y preguntó a Arnold: “¿Por dónde
empezamos, Alteza? Sé que dijo que deseaba ver todo lo que pudiera
de la ciudad portuaria, ya que esta inspección le brindaba la
oportunidad.”
Se limitó a mirarla, demasiado lleno de posibles respuestas para
elegir sólo una.
Plenamente consciente de su mirada, Rishe, no obstante, hinchó el
pecho.
“¡Su humilde aprendiz de Guardia Imperial Lucius Alcott le
acompañará a donde desee, Alteza!”
Arnold sólo pudo suspirar.
Con un uniforme de la Guardia Imperial sobre la piel recién pulida,
Rishe le sonrió.
*****
“Hay algo que me gustaría pedirte.” Había empezado Rishe en el
carruaje la noche anterior. “Me gustaría confirmar el estado de la
seguridad en la ciudad antes de la prueba de mi vestido mañana.”
Aunque sabía que nadie más la escuchaba, acercó la mano al oído
de Arnold y le susurró: “¿Crees que podría acompañarte como
aprendiz de caballero?”
Arnold se echó hacia atrás y ladeó la cabeza, frunciendo el ceño.
“¿Por qué?”
“Un factor que los traficantes utilizan en su beneficio es la
insuficiente inspección de la carga de los barcos. Al menos uno de los
funcionarios a cargo de la zona debe estar en la operación. Tú
sospechas lo mismo, estoy segura.” Supuso que ya le había pedido a
Oliver que lo investigara.
“Nuestra presencia aquí debe haber puesto nerviosos a esos
funcionarios, ¿no crees? Es posible que su cautela eche por tierra
nuestro plan.”
“Los delincuentes tienden a ser más descarados cuando aumentan
las sospechas y temen que los vayan a pillar.”
“Por el contrario, se sienten más tranquilos cuando piensan: «Me
salí con la mía. Soy más listo que mis enemigos».”
Si la pareja real les daba una falsa sensación de seguridad, no se
sentirían amenazados. Sin embargo, la misma expresión amarga
persistía en el rostro de Arnold.
“Eso no es lo que estaba preguntando. ¿Por qué tienes que hacer el
papel de caballero?”
“Bueno, porque su Guardia Imperial es demasiado competente,
Príncipe Arnold. No sería natural que uno de ellos pasara por alto algo
obviamente sospechoso.”
Por el contrario, era casi un hecho que un “aprendiz” no detectaría
alguna actividad turbia. Rishe y Joel habían aprovechado su apariencia
poco imponente para pasar desapercibidos en su sexta vida. Así había
adquirido mucha experiencia investigando y deteniendo a
delincuentes.
“Me traje una peluca corta y zapatos por si necesitaba ir disfrazada
a la ciudad. En cuanto a la talla, puedo tomar temporalmente el
uniforme de alguien para que me quede bien… Supongo que sería una
molestia para los caballeros de verdad, ¡así que tomaré prestado el de
Raúl!”
“…”
“Digamos que soy el hijo sin talento de un noble influyente, así que
no tuviste más remedio que acogerme en tu Guardia Imperial. ¿Qué te
parece esa historia de fondo?”
Arnold entrecerró los ojos, acercándose a Rishe.
“¿Es una venganza por mi actuación como tu asistente?”
“¡Ajaja, claro que no! Desde luego, no pienso que parecías
divertirte bastante con el papel que interpretabas o que quizá eras un
poco malo.” Dijo Rishe con una brillante sonrisa.
Arnold suspiró profundamente.
El mero hecho de que supusiera que ella quería “venganza”
significaba que era consciente de cómo la había hecho sentir al
divertirse.
*****
“¡Su Alteza, he terminado de revisar los registros de entrada al puerto!”
Informó Rishe con crudeza.
Su disfraz consistía en una peluca marrón y maquillaje para parecer
más masculina, y había ajustado su porte para que se pareciera más al
de un chico. También llevaba un chaleco de cuero bajo la camisa y
botas de suela gruesa para cambiar su estatura y complexión. Nadie
conocía realmente a Rishe en esta ciudad, y era poco probable que los
mercaderes que había conocido en el barco la noche anterior la
reconocieran.
Aunque el propio Arnold hubiera destacado, poca gente podía
relacionarse estrechamente con el príncipe heredero. En consecuencia,
nadie se fijaba demasiado en el disfraz de Rishe, por lo que podía
pasear por los almacenes de ladrillo de los muelles sin levantar
sospechas.
“Capitán, señor, ¿también puedo ver los objetos que ha incautado?”
Preguntó Rishe con estrellas en los ojos. Estaba interpretando muy
bien el papel de joven caballero sobre exaltado en su primera misión.
El capitán de los caballeros que supervisaban la seguridad en
Bezzetoria asintió con la cabeza, sonriendo cálidamente a Rishe.
“Sí, por supuesto. Lo que necesite.”
“¡Gracias, señor! Por favor, déjemelo a mí, Su Alteza.” Rishe
chirrió, y luego inspeccionó cuidadosamente la zona.
Si yo fuera un cazador que tuviera que esconderse y ocultar a su
presa… Vio varios lugares en el hermoso distrito de almacenes que
podrían servir para ese propósito. La naturaleza humana busca la
seguridad en los escondites, pero a la gente corriente le sorprendería lo
escasos y distantes que eran.
Y si yo fuera un caballero que tuviera que desenmascarar
semejante actividad criminal… Rishe recorrió el edificio con la mirada
y se detuvo en una caja de madera. Allí.
Se acercó trotando a una pila de ellas apiladas descuidadamente
fuera del almacén. Arnold no la perdía de vista y observaba al capitán
de los caballeros al mismo tiempo. Al sentir su mirada, prestó atención
a las presencias que la rodeaban.
Si tengo que adivinar, el capitán suspiró de alivio. Eso demostraba
que no había nada sospechoso en la caja a la que se había acercado. Su
reacción significaría un fracaso si realmente estuvieran intentando
encontrar algo aquí hoy, pero era aceptable para su objetivo actual.
Lo que realmente busco es la trampa que nos has tendido.
El capitán no tenía forma de saber que todo iba según lo planeado
por Rishe y Arnold. Nunca escondería algo que no quisiera que le
encontraran. Aun así, no es demasiado obvio, por lo que es el lugar
perfecto para que el caballero novato se aferre.
Rebuscó en la caja con las manos enguantadas, con cuidado de no
dejar traslucir sus pensamientos.
Al observarla, el capitán de los caballeros sonrió irónicamente.
“Un joven ingenuo, ¿verdad? Un hijo que no heredará la casa que
le endosó un noble influyente, según he oído. Tiene mucho con lo que
lidiar, ¿verdad, Alteza?” Dijo en tono de conspiración, sin intención de
que Rishe le oyera.
Arnold no reaccionó en absoluto.
Su Alteza es el mismo de siempre. Eficiencia por encima de todo.
Rishe se rio entre dientes mientras examinaba el contenido de la
caja. El polvoriento surtido de objetos que contenía no parecía merecer
mucho la pena.
Una lámpara de caparazón que Halil Rasha prohíbe exportar… o
al menos, una falsificación hecha para parecerlo. Se supone que la
superficie brilla con los colores del arco iris cuando está encendida,
pero aquí la frontera entre el amarillo y el naranja es demasiado
descuidada.
Levantó el objeto y cerró un ojo, examinando cuidadosamente la
costura. Sabía perfectamente cómo detectar una falsificación, ya que
había manejado este tipo de objetos en su primera vida.
¿Por qué crearían contrabando falso para sus tiendas?
Levantó la cabeza por encima de la caja y se limpió la nariz con el
dorso de la mano. Se dio la vuelta y levantó la lámpara para mostrársela
al capitán.
“¡Capitán, señor! Esta es una lámpara de Halil Rasha, si no me
equivoco.” Dijo, fingiendo creer que era auténtica. “¡No creo que
mucha gente lo sepa, pero la exportación de estos caparazones está
realmente prohibida! ¡¿Este cargamento procedía de un barco que
atracó aquí?!”
“Ah, buena captura, Sir Lucius.” El capitán asintió, levantando las
manos en señal de apaciguamiento. “Tienes toda la razón. La
distribución de estas lámparas podría convertirse en un problema
diplomático entre nuestro país y Halil Rasha. Descubrí el objeto
personalmente en una inspección, y el resto de los objetos a bordo de
la nave están siendo investigados a fondo.”
Me lo imaginaba. Es un atrezo para que parezca que el capitán y
sus hombres hacen su trabajo. Dicho esto, era una falsificación muy
bien hecha. Sería difícil identificarlo como falso sin llamar a un
mercader para que lo tasara.
No había mucha gente familiarizada con los productos de Halil
Rasha en Galkhein. Resulta que yo tengo experiencia como
comerciante debido a mis bucles, pensó Rishe mientras volvía a meter
la lámpara en la caja y se encaraba de nuevo con el capitán.
Parece mucho más relajado que antes. Sigue parpadeando
bastante y mirando demasiado al Príncipe Arnold, pero por lo demás,
parece volver a la normalidad.
Rishe estaba segura de que Arnold se había dado cuenta de lo
mismo que ella. Sus miradas se cruzaron, así que ella le dijo: “¡Ahora
me gustaría comprobar ese almacén, Alteza!”
“¿Está la puerta abierta?”
“Llamaré a alguien para que la desbloquee inmediatamente, si me
da un momento.”
Arnold se volvió hacia el capitán de los caballeros.
“¿Quiere decirme que el capitán no sabe dónde están guardadas sus
propias llaves?”
El capitán se puso en guardia antes de que Arnold pudiera insistir.
“¡Claro que no, Alteza! Iré a buscarlas yo mismo de inmediato. Un
momento, por favor.”
Se marchó a toda velocidad, sólo un poco vacilante, dejando a
Rishe y Arnold solos en el callejón de ladrillos.
“A juzgar por lo nervioso que estaba, yo diría que pasará algún
tiempo antes de que llegue con la llave.” Dijo Rishe, corriendo hacia
Arnold.
Suspiró, acercándose a su cara.
“Tienes la mejilla sucia.” Con el pulgar enguantado, le limpió la
cara con cuidado. “No puedo creer que estés aquí haciendo trabajo
sucio por tu propia voluntad justo antes de la prueba de tu vestido de
novia.”
“Me daré otro baño antes de la prueba. No pasa nada.” Rishe dejó
que le limpiara la mejilla, recordando otra vez que él había hecho esto.
En comparación con entonces, ella estaba mucho más nerviosa.
Cuando ella cerró los ojos, Arnold pareció darse cuenta de algo. Se
inclinó y acercó la nariz al cuello de Rishe.
“¿Qué es, Su Alteza?”
Podrían haber estado solos, pero era una cercanía inapropiada para
un caballero y su señor. El aliento de Arnold cosquilleó la piel de Rishe
mientras murmuraba: “Huelo algo dulce.”
¡Ack!
Su voz era tan llana como siempre, pero, por alguna razón, eso sólo
hizo que Rishe se sintiera más avergonzada. Debía de haber olido las
lociones que le habían aplicado en la piel durante los tratamientos de
belleza.
Rishe retrocedió apresuradamente, tapándose la boca con las manos
acaloradas.
“¡No pensé que dificultaría mi disfraz!”
“Imagino que no. Tendrías que estar muy cerca para notarlo.”
Gimió al pensar que Arnold había estado tan cerca de ella. Tenía
que dejar de pensar en ello, así que se enderezó y adoptó la actitud de
un caballero.
“¡En cualquier caso, lo más importante es rescatar a las mujeres
secuestradas y evitar más víctimas!” Rishe avanzó a grandes zancadas,
manteniendo su pretensión investigadora mientras ella y Arnold
entraban en un estrecho callejón. “Creo que es seguro decir que
estamos tranquilizando al capitán con nuestra pequeña farsa. Sé que ya
rescatamos a algunas de las mujeres el día que llegamos, pero
esperemos que esto haga que los traficantes de esclavos bajen la
guardia…”
“No queremos que escapen. No tenemos forma de atraparlos con
nuestras propias naves.”
Como pensaba, es consciente de la inferioridad de Galkhein en
materia de guerra naval.
Un barco con grandes velas se deslizó por el callejón. Los ojos de
Rishe se dirigieron hacia él y se fijó en la escritura de las cajas que
había a bordo.
“¡Oh! ¡Mire, Su Alteza—ese barco es de Ceutena!”
Ceutena era una ciudad portuaria del norte de Galkhein. Rishe
pensó en su amigo mientras sus ojos brillaban al ver aquel lugar tan
familiar. Me pregunto cómo estará Fritz. Lo último que supe es que
había vuelto a Ceutena con Lord Lawvine.
Rishe se había disfrazado de chico y había participado en el
entrenamiento de candidatos a caballeros de Lawvine con Fritz hacía
un mes y medio. El vertiginoso número de acontecimientos ocurridos
entre entonces y ahora la hacían sentir como si lo hubiera hecho en otra
vida.
Me resulta difícil visitarle ya que me disfrazaba cuando nos
conocimos, se lamentó mientras se volvía hacia Arnold.
“Me pregunto cómo estará Lord Lawvine. Debe estar ocupado
manteniendo las cosas funcionando en Ceutena.”
“Quién sabe.”
“Vaya, parece tan desinteresado. ¡Y sin embargo lo valoras tanto
cuando se trata de entrenar a tus caballeros!”
“Admito que es un instructor hábil.” El tono de Arnold se había
vuelto más frío que hace un momento. “Pero ni una sola vez lo he
considerado mi vasallo.”
Las palabras eran demasiado convincentes viniendo del hombre
que le masacraría sin piedad en el futuro.
Rishe se agarró a la manga de su uniforme, que aún le quedaba un
poco grande a pesar de su rápida labor de aguja.
“¿Es… porque sirve a tu padre?”
“¿Qué se supone que significa eso?” Arnold sonrió con
satisfacción, desafiándola. “Te diste cuenta hace tiempo, ¿verdad?”
Rishe sólo podía rezar para que Arnold no notara cómo le latía el
pecho en respuesta a su pregunta. Cálmate… No está diciendo que sabe
que yo conozco el futuro, se dijo a sí misma, respirando
tranquilamente.
Dejó caer la cabeza y se adelantó. Volvió a tener el aire de un
caballero aprendiz entusiasmado en su primera misión.
“Algo ha estado molestándome durante algún tiempo. Lord
Lawvine era quien intentaba apresar al Profesor Michel en el incidente
de la pólvora, ¿verdad?”
Rishe recordó el incidente que Michel había intentado instigar
mientras ella participaba en la formación de candidatos a caballeros.
“Lord Lawvine se comportaba como si actuara bajo las órdenes del
emperador, pero ¿no parecía que intentaba ocultar a Su Majestad la
existencia del profesor Michel?”
Arnold entrecerró los ojos en lugar de un gesto de confirmación.
No estaba segura de por qué lo había pensado, pero recordaba
claramente la advertencia que le había hecho a Lawvine.
“No tengo nada más que decir. Retírate inmediatamente. Si esto va
a más, no puedo prometer que mi padre no se entere.”
Los rumores que Rishe había oído sobre Lawvine en sus vidas
anteriores lo describían como un leal servidor de la familia imperial, y
su impresión de él tras conocerlo en esta vida coincidía con eso. Aun
así, había algunas cosas en su forma de actuar que la molestaban.
Lord Lawvine habló sobre las fechorías del futuro Emperador
Arnold Hein y fue atrozmente asesinado por ello. Pero eso no
concuerda con lo que ahora sé del Príncipe Arnold.
Los labios de Rishe se afinaron ante la teoría que le vino a la mente.
Tal vez lo que el Príncipe Arnold realmente eliminó en el futuro fue—
Una fuerte campana sonó justo cuando doblaba una esquina en el
distrito de almacenes. Se sobresaltó y dirigió su atención hacia una
iglesia a orillas del agua. Una campana dorada se balanceaba desde el
campanario que se elevaba en el cielo azul, y en lo alto había una
hermosa estatua de mármol de la diosa.
Una estatua de la diosa de la Cruzada… Rishe parpadeó
lentamente, mirando fijamente a la diosa. La diosa que el Príncipe
Arnold desprecia. La diosa cuya sangre heredó su madre sacerdotisa.
Rishe jadeó. Arnold la había alcanzado por detrás y le había tapado
los ojos, atrayéndola hacia él.
Su voz estaba en su oído, el mundo oscuro a su alrededor.
“Es algo que no necesito.”
Ella no respondió. ¿Estaba hablando de la diosa? Sólo se dio cuenta
de que no lo hacía cuando él continuó.
“Por lo tanto, no tengo ninguna razón para mantener Lawvine a mi
lado en el futuro.”
Rishe se quedó inmóvil en las garras de Arnold. Tragó saliva,
incapaz de comprender sus acciones. ¿Lo hizo para impedir que
mirara la estatua de la diosa?
En cierto modo, robarle así la visión era robarle la libertad, pero
Arnold nunca le había obligado a nada fuera de lo relacionado con su
seguridad hasta ahora. Ni siquiera le había prohibido nada aparte de
ponerse en peligro.
La mano de Arnold se apartó de su cara y dio un paso atrás. Rishe
se dio la vuelta, oyendo pasos que venían de donde acababan de estar.
Eran los pasos de alguien que normalmente caminaba en silencio
anunciando su presencia.
“Su Alteeeeza. Ah, y Lucius el caballero novato también está allí,
¿no?”
Es Raúl.
Vestido con uniforme de caballero, Raúl se acercó a ellos,
jugueteando con una llave en la mano. Rishe corrió hacia él,
interpretando su papel.
“¡Buen trabajo, señor!”
“Lo es, ¿no? ¿Y cómo va tu investigación con Su Alteza?”
“¡Estamos esperando que el capitán vuelva con una llave para poder
revisar el siguiente almacén, señor!” Compartió su estatus, tratándole
como si fuera un caballero de rango superior.
Raúl sonrió satisfecho y le tendió la llave en la mano a Rishe.
“Supongo que Su Alteza va a despedir a ese capitán antes de volver.
Perder una llave así es un percance bastante grave, ¿no te parece?”
“Yo no haría algo tan fastidioso. Tengo pruebas más que suficientes
de irregularidades para despedirle ya.”
Rishe sostuvo la llave a la altura de los ojos mientras hablaban. El
capitán caballero que ahora mismo buscaba frenéticamente esa llave
probablemente aún no se había dado cuenta de su destino.
“También tengo dos mensajes para ti. El primero es del artesano
encargado del vestido de novia de Lady Rishe. Le gustaría posponer la
prueba.”
Rishe estuvo a punto de gritar de sorpresa, pero “Lucius” logró
contener la lengua. Aunque todavía no había rastro de nadie más a su
alrededor, quiso ser precavida por si acaso.
“¿Y eso por qué?”
“Parece que vio ayer a Su Alteza y a Lady Rishe en su paseo por la
ciudad y se dio cuenta de que el bordado actual del vestido no
complementaba lo suficiente la belleza de la dama. Desea mejorar el
diseño.”
El pobre modista se está complicando la vida. Debió de decidir que
el vestido que había imaginado no le quedaba bien a su portadora
después de verla en persona. Rishe apreció su entusiasmo, pero se
sintió mal por haberle hecho sentir que tenía que esforzarse más.
“¿C-Crees que el modista tendrá tiempo de terminar?” Preguntó.
“Bueno, él mismo solicitó el aplazamiento. Todo depende de si
Lady Rishe aprueba el retraso.”
“Por supuesto, es lo que estoy seguro que ella diría…”
Naturalmente, Rishe quería que su vestido fuera lo más bonito
posible, y como había pedido el bordado específicamente para
complementar el anillo que Arnold le había regalado, estaba deseando
probarse las dos prendas juntas.
Supongo que es un poco decepcionante que no pueda ponérmelo
hoy… pero eso sólo significa que podré saborear mi emoción durante
mucho más tiempo.
“En cuanto al otro mensaje, Príncipe Arnold, el Sr. Oliver desea
que regrese. Así que si fuera tan amable de concluir su parte en esta
investigación…”
Estaba segura de que el tono juguetón de Raúl estaba calculado al
cien por cien. Aparte de eso, sin embargo, se comportaba con
demasiada perfección como el leal servidor de Arnold.
“El pequeño Lucius, Sir Joel y yo terminaremos aquí.” Añadió.
Sin cambiar de expresión, Arnold le dijo a Raúl: “Pues no dejes de
observarle.”
“Sí, sí. Iré a buscarlo.”
La mente de Rishe dio vueltas al ver a Raúl retroceder por donde
había venido.
“¿Raúl es alguien que desea mantener a su lado, Príncipe Arnold?”
“No particularmente. Sólo utilizo lo que me parece útil. No hay
nada más.”
Dice eso, pero hay una clara diferencia en su forma de pensar
sobre Raúl frente a Lord Lawvine.
¿Realmente estaba siendo pragmático, o había alguna otra razón
para su aversión al señor del norte?
Rishe miró directamente a Arnold y le hizo otra pregunta.
“¿Le estoy resultando útil, Alteza?”
Le había preguntado una y otra vez por qué se le había declarado,
pero no creía que fuera capaz de volver a hacerlo. Ahora tenía
demasiado miedo de la respuesta.
“Ha habido…” Empezó Arnold, bajando la mirada al suelo. “…
varias cosas que no podría haber conseguido sin tu presencia.”
Rishe jadeó ante la inesperada revelación.
Los ojos de Arnold eran más azules y hermosos que el mar. La luz
del sol que se filtraba por sus largas pestañas hacía bailar sombras
sobre el océano de sus ojos.
“Y estoy seguro de que habrá muchas más en el futuro.”
“Oh, Su Alteza…”
“Te lo garantizo.”
A Arnold no le gustaban las incertidumbres, así que su seguridad
fue, cuando menos, una sorpresa. Rishe se sintió abrumada por su
respuesta. No podía decir nada, no fuera a ser que su voz temblara de
emoción.
No… Ella también se apresuró a mirar al suelo, incapaz de
encontrar su mirada.
“Supongo que tendré que compensarte.” Murmuró.
“¿Perdón?”
“Dijiste que te parecía bien, pero también te decepcionó, ¿verdad?
Esta noche tendré que enseñarte otra cosa que creo que te gustará.”
Rishe levantó la cabeza. Le pasó un pulgar por debajo del ojo,
aunque no había lágrimas.
“A cambio de que se posponga la prueba… ¿te parece bien?”
Rishe no sabía cómo expresar las emociones que le embargaban.
“Gracias.” Fue todo lo que consiguió decir.
Hoy había aprendido algo nuevo: cuando se llenaba demasiado de
felicidad, no sabía qué hacer con su cara. Aun así, quería expresar lo
que sentía de alguna manera, así que chilló: “Eso me hace feliz… muy,
muy feliz…”
“Bien.” Dijo Arnold tras una pausa. Rishe no tenía la sensación de
haber expresado bien sus sentimientos, pero él debía de haber captado
algo. Desgraciadamente, el tono suave con el que había respondido
sólo hizo que se sintiera más avergonzada.
“¡¿Entonces volverá con el Sr. Oliver, Su Alteza?! Si me disculpa,
iré a ayudar a Sir Raúl.” Ella corrió a ayudar a Raúl, que sin duda
estaba luchando para dominar a Joel.
Naturalmente, no había forma de que viera la mirada con la que
Arnold la miraba mientras se marchaba.
*****
Rishe trotó por las estrechas callejuelas del distrito de almacenes y
llamó a Raúl cuando lo alcanzó.
“¡Ra—quiero decir, Sir Raúl!”
Raúl giró sobre sí mismo, sonriendo mientras Rishe se detenía para
recuperar el aliento.
“Ja, ja. Me encanta que digas mi nombre con tanto respeto.”
“Bueno, sólo soy un aprendiz.”
Mientras Rishe seguía actuando, Raúl se comportaba como de
costumbre. Esto era señal de que no había necesidad de montar una
actuación para nadie. Raúl era un hombre frívolo a primera vista, pero
era el jefe de una organización de inteligencia. Era capaz de cambiar
de modo en un instante, así que no sentía la necesidad de mantener la
treta indefinidamente como hacía Rishe.
Rishe miró a su alrededor, sus ojos se posaron en un callejón
delante de ellos.
“Sir Joel está por allí, ¿verdad? Puedo sentirlo desplomado contra
la pared, durmiendo…”
“Como siempre, esos sentidos tuyos están a la altura de alguien en
mi línea de trabajo o de un verdadero caballero.”
“Me halaga que piense así, señor. Aunque todavía soy un caballero
novato. Dicho esto…” Rishe miró a Raúl a los ojos, sonriendo con un
dedo sobre los labios. “¿Supongo que no puedo pedirle un favor a usted
también, Sir Raúl?”
“¿Ah? ¿Y un simple novato está en condiciones de pedirme un
favor?” Preguntó Raúl con el ceño exasperado. Debía de ver venir algo
así.
“No te obligaré, por supuesto. Si no crees que puedas hacerlo,
tendré que hacerlo yo, y sé que no sería capaz de hacerlo tan bien como
tú…”
“¡Uf, ya lo entiendo! Nunca podré devolverles lo que han hecho por
mí, así que dime lo que quieres.”
“¡Gracias!”
A Rishe se le iluminó la cara y enumeró sus peticiones para Raúl.
Por dentro, sin embargo, le observaba con atención.
También hará lo que yo le pida. Podría ser que siguiera las órdenes
del Príncipe Arnold simplemente por el sentido de la obligación que
siente, y tal vez no haya nada más, pero…
Por lo que Rishe sabía de Raúl en su quinta vida, él era una persona
profundamente leal cuando sentía que se lo debía a alguien.
Si Raúl colabora con el Príncipe Arnold por algún motivo que no
sea obligación o lealtad, será porque sus intereses coinciden de algún
modo. Sin embargo, no hay forma de que lo sepa ahora mismo.
Además, Raúl se daría cuenta inmediatamente si lo estudiara
demasiado.
“¡Te lo dejo a ti entonces, Sir Raúl! Sólo queda uno…” Rishe trotó
hacia el callejón, asomándose por la esquina. “¡Sir Joel!”
“Mm…”
Sentado en el suelo estaba Joel, vestido con el mismo uniforme de
caballero que Rishe. Estaba dormitando, con su cuerpo, más delgado
que la media, acurrucado sobre sí mismo.
Raúl la alcanzó y se encogió de hombros.
“Su Alteza me dijo que me quedara cerca y lo vigilara, pero ¿qué
se supone que debo hacer cuando se deja caer y se duerme? Está así
porque lo drogaron, ¿no? Pensé que debía hacer que lo examinaran,
por eso lo dejé aquí.”
“Sir Joel, si me permite…” Rishe le sujetó la muñeca y le tomó el
pulso, pero cada simple examen que realizaba conducía al mismo
resultado.
“Zzz…”
¡Es sólo su somnolencia habitual!
Rishe suspiró y retrocedió unos pasos.
“¿Qué quiere hacer? El capitán podría sospechar que no es un
caballero de verdad cuando vuelva. Ja, ja, ¿quieres dejarlo aquí?”
“A Su Alteza no le gustaría eso, ¿verdad?” Dijo Rishe, luego miró
una de las pertenencias de Raúl. “¿Supongo que no podría tomarla
prestada?”
Raúl parpadeó sorprendido antes de suspirar señalando.
“Creo que Su Alteza estaría más molesto por eso, personalmente.”
“¡Está bien! Su Alteza nunca se enfada conmigo a menos que haga
algo peligroso.”
“Tengo la sensación de que tienes una definición de la palabra
«peligroso» ligeramente diferente a la de la mayoría… ¡pero toma!”
Raúl soltó el objeto y se lo lanzó a Rishe.
La tomó con una mano y se la lanzó a Joel. Al verla girar en el aire,
Rishe se llevó la mano a la cadera y gritó: “¡Joel!”
Pronunció el nombre del genial espadachín de la misma forma que
lo habría hecho una vez, desenvainando la fina espada que guardaba
en la cintura como parte de su disfraz de caballero.
Esta es la única manera de despertarlo.
Lo que había lanzado era la espada de Raúl. En el momento en que
la espada entró en el alcance de Joel, Rishe levantó su propia espada y
gritó: “¡¿Puedo solicitar un combate?!”
Los ojos de Joel se abrieron y la luz brilló en sus iris parduscos.
Parpadeó una vez, revelando su verdadero color dorado, y un instante
después…
“¡Ngh!” Rishe gruñó cuando la espada de Joel golpeó la suya desde
arriba. Su hoja reflejaba la luz del sol, y la punta surcaba el aire como
una estrella fugaz. Rishe saltó hacia atrás para esquivarla y luego se
lanzó hacia delante, blandiendo su propia espada.
Se oyó un agudo clang cuando sus espadas se encontraron.
“Buenos días… Joel…”
“Peleas como un espadachín, un mercenario y un arquero a la vez.
Por la forma en que te mueves, parece que dependes de otras cosas
aparte de tu espada, pero tu técnica también es como la mía…”
Con su cara a un pelo de la de ella y sólo sus espadas entre ellos,
ella podía ver la feroz luz que ardía en sus ojos.
“Ustedes son más débiles que yo, y el Príncipe Arnold es con quien
más me gustaría luchar, pero también es divertido luchar contra
ustedes. Aunque no sé por qué.”
“¡Argh!”
Sus espadas se empujaban la una contra la otra, y los brazos de
Rishe temblaban por el esfuerzo de igualar la fuerza de Joel.
Joel se lamió los labios y sonrió divertido.
“Sí, tú también me gustas.”
“¡Ugh!” Rishe dio un salto hacia atrás por reflejo cuando los ojos
de Joel rebosaron de sed de sangre. Se mantuvo a una distancia
prudencial de él mientras cambiaba de empuñadura, calculando la
mejor forma de acercarse a ella.
Como en mi última vida, es como un gato que extiende
juguetonamente sus garras para jugar con un ratón cada vez que
coincidimos…
No obstante, había una clara diferencia entre cómo actuaba
entonces y cómo lo hacía ahora. En esta vida, no mostraba nada de la
consideración que había tenido por Rishe cuando era el caballero más
joven del que era mentor. Le había costado siglos sacar su lado
cariñoso, pero ahora no se veía por ninguna parte.
“Vamos. Date prisa, Rishe.” Tenía el porte de un enemigo que sólo
pensaba en cómo luchar contra la persona que tenía delante, dónde
cortar para derribarla. “Si no vas a venir a mí, yo iré a ti.”
Se abalanzó sobre ella, acuchillándola.
¡Oh, no! Ésta no era la velocidad que se usa en un combate
amistoso. La espada de Joel se dirigía hacia ella, y si no hacía nada,
recibiría un golpe limpio. Instintivamente, se dio cuenta: ¡No puedo
bloquearlo con mi espada!
“Oye, ¿quieres calmarte ya?”
Por el rabillo del ojo, vio que Raúl sacaba un cuchillo arrojadizo.
Pero tenía una idea, así que dejó la espada en su sitio para protegerla y
levantó la pierna sin vacilar.
Si no puedo vencerle con la espada, ¡tendré que recurrir a otros
métodos!
Los ojos de Joel se abrieron de par en par. Se oyó un fuerte whunk
cuando la espada abandonó su empuñadura.
“¿Qué…?”
Rishe había dirigido una patada a la empuñadura de la espada de
Joel, impactando en sus nudillos y enviando la espada hacia arriba. La
hoja voló de su empuñadura y se incrustó en el pavimento a poca
distancia.
Joel se quedó sin habla.
“Gracias por el enfrentamiento, Sir Joel.” Rishe suspiró aliviada e
hizo una reverencia. Estaba sin aliento, quizás por lo rápida e
intensamente que había necesitado concentrarse.
Raúl los miró estupefacto. Joel estaba ante Rishe, con cara de haber
cometido un grave error de cálculo.
“La chica que se va a casar con el príncipe heredero me pateó…”
Es un poco extraño oír a Joel llamarme chica. Sobre todo teniendo
en cuenta que ahora estaba vestida de chico.
Todavía algo sin aliento, Rishe se disculpó ante Joel.
“Siento no haberme ceñido a la esgrima, pero hay alguien que se
preocupa terriblemente cuando me hieren, así que me vi obligada a
defenderme…”
No esperaba que Joel fuera tan agresivo en un simple combate.
Debía de haber sido suave con ella en su última vida porque entonces
era su mentor.
Joel miró la espada que sobresalía del suelo, con expresión
complicada.
“Ni siquiera los caballeros experimentados mezclan tan a menudo
las artes marciales con el manejo de la espada. Y menos con tanta
fluidez.”
Es como él dice. La mayoría de los caballeros valoran demasiado
la caballerosidad como para ensuciar su técnica con la espada.
Pero Rishe había aprendido otro tipo de esgrima en Galkhein.
“Debes luchar por tu propia supervivencia sin preocuparte por tu
aspecto. El que se preocupa por mí cree que esa es la forma más fuerte
de luchar.”
Raúl no dijo nada.
Rishe pensó en el primer combate que había tenido con Arnold y
en cómo se había colado en el entrenamiento de los caballeros vestida
de chico hacía unos dos meses. Desde entonces, Rishe había practicado
los métodos de entrenamiento que había aprendido siempre que tenía
tiempo libre. Arnold la instruía él mismo de vez en cuando, e incluso
hacía de sparring con ella cuando creía que podía enseñarle algo.
“Eres más adecuada para guiar a un oponente que para un
enfoque más ortodoxo”, le había dicho una vez Arnold mientras la
llevaba de vuelta de su enfrentamiento. Como siempre, después estaba
tan agotada que no podía mantenerse en pie.
“¿Guiar? ¿En serio?”
“Eres veloz, con un núcleo fuerte que te permite reacciones
rápidas. No sólo conoces cada uno de los puntos débiles del cuerpo
humano, sino que puedes usar un arco y una espada al mismo nivel…
Además está tu afición a la «creatividad».”
“¡¿Soy yo o estabas insinuando algo con eso último?!”
Desde entonces, Rishe había entrenado utilizando los
conocimientos que había adquirido desde que llegó a Galkhein, sin
dejarse llevar demasiado por la forma o la caballerosidad.
Me emociona saber que algunas de las cosas que me enseñó el
Príncipe Arnold empiezan a calar. Sintió que sonreía mientras
estudiaba sus manos.
Joel se limitó a mirarla y murmuró: “El Príncipe Arnold Hein,
¿eh?”
“¿Ocurre algo?” Rishe se movió para mirarle a la cara, pero Raúl
la agarró del cuello por detrás y tiró de ella hacia él.
“Bien, bien. Lucius, Joel, terminen. ¡Suficiente de holgazanear!”
“Pero, Ra—Sir Raúl…”
“Si vas más lejos, el príncipe me dará un buen escarmiento. Ya
hiciste lo que viniste a hacer, ¿no? Terminemos de engañar al capitán
y sigamos adelante de una vez.”
Rishe asintió. No podía discutirlo. Ya que tenía tiempo libre tras el
aplazamiento de la prueba del vestido, quería emplearlo en algo
productivo.
Al menos ya no parece que Joel quiera matarme.
Joel se apoyó en uno de los almacenes de ladrillo, aún aturdido por
el sueño.
“¿Moverme adónde? Saben que no sirvo para nada excepto para
pelear, ¿verdad? ¿Todavía tengo que ir con ustedes?”
“¡Al menos finge que puedes hacer otras cosas!”
“Sólo llámame cuando tengamos que luchar contra alguien. Una
base enemiga donde podamos acabar con todos los que están dentro
sería genial…” Puntuó esto con un enorme bostezo.
Sonriendo ante las habituales payasadas de Joel, Rishe se centró en
la tarea que tenía entre manos.
*****
En otro lugar, un hombre alto estaba recostado en un sofá. A su lado
había una chimenea encendida a pesar del verano. El hombre dirige
una mirada aburrida a un legajo de documentos que está hojeando. A
cada página que pasaba, arrojaba a la chimenea lo que ya había leído.
Su mano se extendía lánguidamente, arrojando las páginas al fuego.
Finalmente, murmuró: “Arnold Hein…”
Las luces danzaban sobre el agua fuera de la ventana del hombre
como estrellas brillantes. Sin perder de vista el exterior, el hombre
soltó la última hoja de papel.
“Supongo que es hora de pedir audiencia con ese príncipe heredero
de sangre sucia.”
*****
Cuando Rishe reflexionaba sobre su sexta vida, la mayoría de sus
recuerdos eran de Joel. Después de todo, había sido su compañero de
litera, su mentor y el genio que le enseñó a manejar la espada.
“Lucius… Oye, Lu, por aquí. Ven aquí.”
Con el tiempo, a medida que se habían ido acercando, Joel empezó
a llamar a Rishe por un apodo y a mimarla como a un hermano
pequeño.
“¡Joel! Sé que tu peinado de recién levantado es algo habitual,
¡pero no puedes presentarte así delante de Su Majestad! Es más, ¡el
comandante te regañará!”
“Si te molesta, entonces haz algo al respecto. Voy a dormir hasta
que tengamos que irnos… Haahm…”
“¡Ugh, Joel!”
El comportamiento felino de Joel siempre había desconcertado a
Rishe. Peine en mano, había intentado utilizar las habilidades que
había perfeccionado en su cuarta vida, sólo para que Joel sonriera
satisfecho.
“Un novato debe escuchar a su superior. Sí.” Habiendo sido el más
joven hasta la llegada de Rishe, le había dicho a su primer novato: “A
cambio, tu superior te protegerá.”
“Joel…”
Sólo oía las mismas cosas sobre Joel. Siempre estaba somnoliento
y holgazaneando. Nunca intentaba encajar y no le importaba nada la
caballerosidad. Sin embargo, era un espadachín tan genial que
compensaba sus muchos defectos. Nunca trabajaba con nadie más y
siempre luchaba solo, pero a pesar de todo era capaz de exhibir todo
su potencial.
“Joel nunca forma equipo con nadie. Después de todo, no hay
nadie que pueda igualar su habilidad con la espada.” Le había dicho
una vez su comandante. “Probablemente seas la única persona en el
mundo a la que ayudaría en el campo de batalla, Lucius.”
Efectivamente, Joel había ayudado a Rishe. Al final, la había
protegido y había perdido la vida ante la espada del Emperador Arnold
Hein.
Rishe pensó en todo aquello mientras Arnold la guiaba por la
ciudad portuaria en ésta, su séptima vida. Joel murió aquel día porque
luchaba a mi lado. Si eso es cierto, ¿le ocurrirá lo mismo al Príncipe
Arnold?
Sosteniendo un farol en la ciudad de noche, Rishe observó a Arnold
mientras caminaba delante de ella. Se imaginó lo que más temía,
escuchando el fluir de los cursos de agua bajo el cielo estrellado.
Podría ponerlo en peligro luchando a su lado…
“Rishe.” Llegó la voz de Arnold.
Levantó la cabeza y vio que Arnold se había dado la vuelta. El
corazón se le subió a la garganta. Parecía que le había leído el
pensamiento.
Arnold la miró con sus ojos azules.
“¿Perdida en tus pensamientos?”
“¡Oh, no! Lo siento, iba despacio, ¿no?”
Podía ver a través de ella. Sabía que nunca sería rival para él. Aun
así, se sacudió sus pensamientos mientras se apresuraba a alcanzarlo.
“No hace falta que te des prisa.”
“Pero yo…
“Rishe.”
El paseo al borde del agua estaba pavimentado con piedra marrón
rojiza. A Arnold debía preocuparle que corriera con tacones.
“Ven aquí.” Le dijo, ofreciéndole su gran mano. Ella la sujetó
tímidamente.
Había empezado a llamarla así hacía una o dos semanas, imitando
la forma en que Rishe había hecho señas a un gato. Nunca le había
hablado así a nadie, y menos con tanta suavidad. A Rishe siempre le
inquietaba oír tanta dulzura en una voz normalmente carente de
emoción. La forma tan tierna en que le tomó la mano hizo que sus
dedos se crisparan de inquietud.
“¿Qué pasa?”
“¡N-Nada! Sólo estoy un poco nerviosa de que me acompañe, Su
Alteza…”
“¿Qué se supone que significa eso?” Le frunció el ceño con
desconfianza, pero no era como si ella pudiera admitir que se debía a
sus sentimientos por él.
Rishe escudriñó los alrededores, con la esperanza de que él tomara
sus nervios simplemente como producto de haber interpretado los
papeles de “dama y asistente” la noche anterior y de “príncipe heredero
y caballero novato” esta tarde.
“Realmente es hermoso, ¿no?” Dijo Rishe, contemplando el curso
de agua junto a ellos. El baile de las olas reflejaba las luces de la ciudad
como una lluvia de meteoritos acuáticos. Rishe sonrió, profundamente
agradecida por sus sentimientos. “Me conmueve que haya querido
mostrarme esto, Alteza…”
Los ojos de Arnold se ablandaron por un momento.
“Lo que realmente quiero enseñarte está más adelante.”
“¿En serio?” Ya era tan hermoso. ¿Había realmente algo mejor?
Los ojos de Rishe brillaron de emoción.
“¿Puedes llegar un poco más lejos?” Preguntó Arnold.
“¡Por supuesto!” Respondió ella, apenas capaz de contener su
entusiasmo. Arnold se echó a reír y, cuando reanudaron la marcha, ella
se apresuró a preguntar: “Soy como una niña pequeña emocionada,
¿verdad?”
Una pausa.
“¿No?”
¡No puedes engañarme! ¡Sé lo que significa esa sonrisa!
Rishe frunció los labios, volviendo a escudriñar su entorno. No
percibo a nadie cerca. Los caballeros deben estar vigilando para que
nadie interrumpa nuestro pequeño paseo.
Intentando no centrarse demasiado en la mano de Arnold en la suya,
Rishe le dijo: “Tengo un informe sobre nuestros progresos.”
“Oigámoslo.”
Rishe asintió, con el orgullo en el corazón por su segunda y sexta
vidas.
“Tras quitarme el disfraz, una vez más examiné a las mujeres
secuestradas. Creo que las drogas administradas por los piratas han
abandonado por completo sus sistemas.”
“Oí lo mismo en un informe. Parece que tu medicina hizo efecto.”
“Sí, ya no me preocupan sus condiciones. Es más, como hemos
probado que un antídoto es efectivo…”
Arnold suspiró, adivinando lo que ella quería decir.
“Sabes que puedes anular la droga somnífera de los piratas.”
“Precisamente. Estoy aún más segura de que seremos capaces de
llevar a cabo nuestro plan si actúo como cebo.”
La parte más importante de su plan era hacer que los piratas
secuestraran a “Lady Rize”. Este paso era esencial para determinar la
ubicación de los secuestrados restantes, pero no tendría sentido si
Rishe no pudiera actuar después de ser secuestrada.
“…”
“¿Qué pasa, Su Alteza?”
Por alguna razón, Arnold pareció desconcertado por el comentario
de Rishe.
“No debería tener que decirte esto, pero tienes que priorizar tu
propia seguridad sobre el éxito del plan.”
“Lo siento.”
Rishe se reprendió a sí misma por preocupar a Arnold, al verlo con
el ceño fruncido. Aun así, se trataba de una operación de tráfico de
personas que abarcaba varias naciones. Si Rishe no lo sacaba todo
adelante de forma satisfactoria, no podrían reducir los daños al
mínimo.
Es lo mismo que su guerra. Incluso reprendida por la persona que
más le importaba, Rishe no podía permitir que su determinación
flaqueara.
“Nos aseguraremos de estar totalmente preparados cuando
llevemos a cabo el plan. Afortunadamente, la Compañía Comercial
Aria acaba de abrir una sucursal en Bezzetoria, así que imagino que
podremos obtener cualquier cosa que necesitemos con bastante
facilidad.”
“¿Tienes suficientes manos para hacer tu medicina? No se trata sólo
de tener suficientes ingredientes, ¿verdad?”
“En teoría no debería haber problemas, pero si parece que no voy a
tener suficiente, te lo haré saber enseguida. Aprendí la lección en la
Gran Basílica, no te preocupes.”
“Bien.”
Hacía varios meses, el cuello de Rishe había sido rozado por una
flecha envenenada justo después de haber enviado todos sus antídotos,
incluida una dosis de repuesto. Su intención era estar preparada para
cualquier problema que pudiera surgir durante la entrega, pero le había
llevado tiempo conseguir su propio antídoto.
La verdad es que he venido con una gran cantidad de antídoto
preparado. Pero no debo dejar que Su Alteza se entere, o descubrirá
que yo sabía lo que pasaría antes de venir aquí.
Rishe se serenó y luego informó a Arnold de algo que le
preocupaba.
“Las mujeres parecen haber recuperado la compostura. Es casi
impresionante que incluso tengan los medios para agradecer nuestra
ayuda. No sufrieron daños excesivos, pero su calvario debió de ser
aterrador.”
Cada una de ellas había agradecido a Rishe con gracia durante su
examen.
“Muchas gracias por salvarnos, Lady Rishe. Pensar que la propia
prometida del príncipe heredero nos echaría una mano
personalmente… No puedo agradecérselo lo suficiente.”
“Por favor, no dejes que te moleste. Todo lo que pido a cambio es
que te relajes y te concentres en tu propia recuperación.”
Como alguien que había servido como caballero de Siarga en su
sexta vida, Rishe sentía que la gente de Siarga estaba bajo su
protección. A menudo había custodiado a mujeres nobles como ellas,
y estar cerca de ellas le traía recuerdos de haber trabajado hasta la
extenuación para salvaguardar sus sonrisas.
“Si hay algo más que pueda hacer, por favor, hágamelo saber.
Haré lo que haga falta para que estés tranquila.” Rishe sujetó la mano
de una mujer sentada en su cama y le dijo con firmeza: “Daría
cualquier cosa porque volvieras a sonreír.”
“Santo cielo…” La mujer se quedó boquiabierta, con los ojos muy
abiertos. “Suenas casi como un caballero de verdad.”
“¡Oh! L-Lo siento.” La devoción caballeresca por el sexo débil le
había sido inculcada en su sexta vida. Buscó palabras de consuelo más
apropiadas, avergonzada de que su viejo hábito hubiera resurgido.
“Puede que te sientas incómoda en esta tierra extranjera, pero ya
hemos avisado a Siarga. Deberías poder volver pronto a casa, así que
por favor descansa hasta que te veamos regresar sana y salva.”
La mujer tenía una mirada lejana mientras murmuraba: “Entonces
supongo que tendré que casarme de verdad.”
“¿Hmm?” Rishe parpadeó, y la mujer le ofreció una sonrisa triste.
“Es un matrimonio que mis padres arreglaron para mí. Se dice que
el hombre con el que me voy a casar es estricto consigo mismo y con
los demás, así que… me encuentro un poco asustada.”
“Ya veo…”
“Aun así, supongo que no es tan aterrador como los piratas.”
Aunque tensa, la sonrisa de la mujer se iluminó, así que lo único
que Rishe pudo hacer fue devolvérsela con torpeza.
“Las mujeres secuestradas…” Empezó Rishe, con la cabeza gacha
mientras caminaba junto a Arnold. “Bueno, parece que están lidiando
con una profunda soledad, aunque todas eran futuras novias que se
acercaban al día de su boda.” Preguntar más habría sido una intrusión
que Rishe no se sentía cómoda haciendo.
“…”
“Imagino que los piratas cayeron en nuestra estratagema porque
existía un precedente similar. Todas las damas parecían proceder de
entornos similares a los de la poco amada Lady Rize.” A Rishe le dolía
el corazón cuando pensaba en sus circunstancias.
Mientras tanto, Arnold se dio cuenta de su bajo estado de ánimo.
Ya había aminorado el paso para adaptarse al de ella, y ahora lo hizo
aún más.
“Ser víctima de un maligno matrimonio de conveniencia no es tan
diferente de convertirse en esclavo.”
El corazón de Rishe palpitaba, pero no sólo porque su propio
matrimonio fuera también uno de conveniencia. La madre del Príncipe
Arnold fue víctima de un matrimonio así…
La madre de Arnold, la sacerdotisa real por cuyas venas corría
sangre de diosa, había sido ofrecida al padre de Arnold por la Iglesia
en un intento de evitar una invasión de Galkhein. Ahora su madre
estaba muerta, asesinada por las propias manos de Arnold, si las
historias eran creíbles.
Arnold miró a Rishe y soltó un suspiro.
“Cierra los ojos.” Dijo. Rishe inclinó la cabeza y Arnold se detuvo.
“Ya casi hemos llegado a nuestro destino. Te cargaré el resto del
camino, así que no abras los ojos hasta que yo lo diga.”
“¡¿Me cargaras?! ¡¿P-Por qué?!”
“Estoy por hacerlo.”
“¡Aaaah!”
Rishe se abrazó a él por reflejo y cerró los ojos por impulso, e hizo
todo lo posible por mantenerlos cerrados mientras Arnold la acunaba.
“¡Príncipe Arnold! ¿Q-Qué crees que…?”
“No te he traído aquí para que pongas esa expresión en tu cara. Si
vas a estar tan triste, mejor mantén los ojos cerrados.”
“¡¿Y me llevas porque no confías en que pueda caminar con los
ojos cerrados?!”
Era consciente de que abusaba de su buen carácter con regularidad,
pero aun así la inquietaba sobremanera cuando él era quien imponía su
voluntad.
“¡Siento haber bajado el ánimo cuando me trajiste aquí para
animarme! Puedo caminar sola, así que ponme en el suelo…”
“Imagino que te estás conteniendo para no involucrarte demasiado
con esas chicas, y crees que no te corresponde interferir. Pero creo que
deberías seguir tus convicciones como siempre haces.”
Rishe le miró boquiabierta, y Arnold continuó: “No olvides que tu
marido cumplirá cualquier deseo que tengas siempre que esté en su
mano hacerlo.”
Su amable sinceridad le oprimió el pecho.
“Lo diré una vez más. Cierra los ojos.”
“¡Oh! ¡Cierto!” Rishe volvió a cerrar los párpados. Le pareció oír
una risita de Arnold.
“Dame lo mejor de ti, como siempre lo has hecho. Es en lo que eres
mejor, ¿no?”
“¡Yo no diría eso! ¡¿Y cuánto tiempo se supone que vamos a
mantener esto?!”
“Acabamos de llegar.” Dijo Arnold, dejándola en el suelo.
Sus pies aterrizaron en el mismo pavimento de piedra, por lo que
aún debían de estar al borde del agua.
“Puedes abrir los ojos.”
“Bien…” Estaba extrañamente nerviosa mientras echaba un
vistazo, con el corazón palpitándole. Cuando vio el panorama que se
extendía ante ella, se le cortó la respiración. “¡Vaya!”
Innumerables farolillos de papel flotaban en el agua. En su interior
ardían velas, cuya luz danzaba maravillosamente sobre la superficie
del agua. El espectáculo era mágico. Parecían estrellas titilando en lo
alto. Desde arriba, el espectáculo parecía sacado de un sueño.
“Es como si estuviéramos sobre un río hecho de un cielo
estrellado…”
Arnold se había girado para mirarla. Aquel paisaje vibrante era lo
que había querido mostrarle.
“¿Qué son esas linternas?” Rishe no pudo contener su curiosidad
ante la impresionante escena que tenía delante. Se acercó al agua y
Arnold la tomó de la mano con atención.
“Tengo entendido que son una especie de ofrenda de oración.”
“Una ofrenda…”
Arnold dirigió su mirada al suelo, atento al paso de Rishe, mientras
le decía: “Los marineros las colocan antes de los viajes largos para
rezar por un viaje seguro.”
“¡Oh!” Rishe dio un paso adelante, confiando en la guía de Arnold.
Sus ojos brillaban tanto que rivalizaban con las luces de los faroles.
“Hay escrituras de la Cruzada sobre fragmentos de estrellas en el agua
que guían a los barcos hacia mares tranquilos, ¿no? Creo que he oído
hablar de esto. Los faroles están hechos para imitar a las estrellas.”
“Aunque estoy seguro de que para ellos es más importante seguir
el flujo de las mareas por la noche que ese tipo de superstición.” La
mirada de Arnold apuntaba hacia el mar. No podían verlo desde donde
estaban, pero podían oler el leve aroma a sal de la brisa. “Tienen que
pedir permiso antes de realizar este rito, ya que el canal tiene que estar
cerrado al tránsito público para llevarlo a cabo.”
“Ya veo. Así que por eso sabías que pasaría esta noche.”
Le resultaba difícil imaginar que Arnold prestara normalmente
mucha atención a las solicitudes de ritos religiosos, pero podía creer
que se le había quedado grabado en algún rincón de la mente si era
consciente de ello.
“La mujer que me enseñó medicina me habló de esto. Hace ya tanto
tiempo…” Rishe miró el brillante canal y se colocó un mechón de
cabello detrás de la oreja. “Me dijo que en otra tierra la gente rezaba
enviando linternas por el canal y que su luz llenaba el curso de agua y
era un espectáculo fantástico. Dijo que no recordaba el nombre exacto
del lugar, lo que me decepcionó mucho.”
Eso ocurrió en su segunda vida. La mujer en cuestión había sido
Hakurei, su maestra boticaria. Rishe había buscado la coincidencia con
su descripción en sus viajes a lo largo de todas sus vidas posteriores.
No era de extrañar que nunca fuera capaz de encontrarla.
“Ella estaba hablando de Galkhein…”
Los faroles flotantes estaban en un país que Rishe nunca había
visitado en todas sus vidas anteriores.
“¡Ooh! ¡Mire allí, Alteza!” Rishe apretó la mano de Arnold sin
querer y señaló la vía fluvial. “¡Ese farol! Es casi del mismo azul que
tus ojos.”
“Tienes razón.”
“Ese azul es el color más bonito que hay…”
Sin embargo, la luz era débil porque el papel azul era casi negro.
Supuso que los faroles estaban teñidos, pero un azul tan intenso no
dejaba pasar mucha luz.
“Tal vez experimentar con tintes sería un buen proyecto de
alquimia. Hay un país en otro continente donde el tinte azul se cotiza
más caro que el oro, ¿sabes?”
“Cierto. La demanda también podría aumentar en este país. Es
probable que todo el país ande detrás de las técnicas de bordado de esta
ciudad por el bordado que pediste en tu vestido de novia.”
“¡Ja, ja! Pensar en el efecto dominó económico de una nación por
una gran boda imperial es divertido, ¿no?”
Había más cosas que quería hacer después de contemplar aquella
hermosa vista. Pero, por muy emocionada que estuviera, Rishe volvió
a preocuparse de parecer una niñita atolondrada.
Aun así, Arnold parecía tener ojos sólo para ella. Rishe ladeó la
cabeza, encontrándolo extraño.
“¿Qué pasa, Su Alteza?”
“Eras feliz sólo con ver las calles de la ciudad el primer día que
llegaste a Galkhein. Por aquel entonces, no podía entender qué veías
en semejante paisaje, pero…”
Debía de referirse a la conversación que habían mantenido en el
balcón del palacio independiente, cuando Rishe acababa de empezar a
limpiarlo.
Deseosa de escuchar su opinión, Rishe le preguntó: “¿Ahora estás
más cerca de entenderlo?”
“No.” Tras esta simple negación, el tono de Arnold se suavizó.
“Pero entiendo que lo aprecies.”
A Rishe se le cortó la respiración.
Pero este rito viene directamente de las escrituras de la Cruzada…
Arnold no podía tener ningún sentimiento de cariño por él, ya que
detestaba a la Iglesia. Y aun así me trajo a verlo.
Al igual que las parpadeantes llamas de la falsa luz de las estrellas
guiaban a los barcos que partían, encendían un cálido fuego dentro del
corazón de Rishe.
“Gracias, Príncipe Arnold.” Rishe sonrió, y Arnold le devolvió la
mirada como si fuera demasiado brillante para mirarla directamente.
“Es tan, tan hermoso…”
El príncipe debió darse cuenta de que ella estaba a punto de llorar.
Le llevó la mano libre a la mejilla y le rozó el rabillo del ojo, apartando
las lágrimas que aún no habían caído. No había emoción en sus ojos
cuando los bajó, pero su voz era suave cuando dijo: “No conozco nada
tan hermoso como tú.”
Rishe volvió a quedarse sin aliento. Podía ver las luces de la linterna
reflejadas en sus ojos azul mar. Su mirada y el roce de su dedo contra
sus pestañas la reconfortaron profundamente.
“Hm… Bueno…” Rishe agachó la cabeza, sin palabras. El corazón
le martilleaba en el pecho y sentía que le ardían las mejillas.
Pero él es más hermoso que cualquier otra cosa…
Aun así, Arnold por fin había encontrado algo que consideraba
bello, e incluso lo había compartido con ella. Ella quería celebrarlo,
pero el sentimiento estaba envuelto en una vergüenza que amenazaba
con abrumarla, porque lo que él consideraba bello era ella.
“Rishe.”
A Arnold le pareció extraño que Rishe ya no pudiera levantar la
cabeza. Seguramente no había sido su intención ponerla tan nerviosa.
Se tapó una oreja con la mano libre, desesperada por ocultar cómo le
ardían.
“Tengo la cara roja, así que no puedes mirármela…” Consiguió
decir largamente, decidida a inculcarle que su estado actual era culpa
suya. Pero Arnold no le quitaba los ojos de encima. De todas las cosas
que podría haber hecho, le puso un dedo en la mejilla.
Se resistió.
“¡Eep!” Si ella no quería que él viera su cara enrojecida, entonces
él debería haberse dado cuenta de que comprobar la temperatura de su
mejilla también estaba fuera de los límites. “¡Ugh, Príncipe Arnold!”
Rishe levantó la vista para protestar, pero se encontró mirándole
con los ojos muy abiertos.
Tras comprobar el calor de la mejilla de Rishe, Arnold rio con
auténtica diversión. La sonrisa que iluminaba su rostro le hacía parecer
años más joven. Luego, con voz ligeramente burlona, volvió a tocar la
mejilla de Rishe.
“Estás roja.”
Rishe soltó un aullido ahogado mientras un tornillo de banco le
oprimía el corazón. Casi nunca veía a Arnold sonreír así y esta vez no
podía mirarle a los ojos. No podía hablar mientras el corazón le
golpeaba la caja torácica. Sus pensamientos se hacían papilla. No podía
respirar cuando Arnold la tocaba, pero no quería que su mano se
separara de la suya.
Estuvo a punto de darle la espalda, pero no podía huir con sus dedos
entrelazados y, desde luego, no podía librarse de su agarre.
¡¿Cómo se las arregla alguien para estar enamorado?!
Rishe cerró los ojos, sin saber qué hacer. Arnold le acarició la
cabeza.
Sin embargo, un pensamiento aleccionador se le había hecho
demasiado claro. Por ahora tengo que reprimir este sentimiento, se
dijo a sí misma, respirando entrecortadamente. Si quiero detenerlo… y
si quiero cumplir mi voto…
Se puso una mano en el pecho. El corazón que Arnold había
atravesado una vez con su espada ahora le anhelaba.
El mundo está cambiando, poco a poco. Y los cambios en el
Príncipe Arnold seguramente conducirán a un futuro diferente.
Abrió lentamente los ojos y apretó con más fuerza la mano de
Arnold.
“¿Podemos hacer cosas así de vez en cuando?” Le ardía la cara,
pero se armó de valor y le miró. “¿Puedes seguir enseñándome las
cosas que quieres que vea?” Preguntó.
Arnold la miró con los ojos azules más hermosos del mundo.
“Sí.” Prometió.
Rishe no tenía palabras para expresar su felicidad. Se quedó
callada, sabiendo que si decía algo, le temblaría la voz. Sonrió
haciendo todo lo posible por no llorar.
Una clara esperanza floreció en su corazón. Tal vez ahora el
Príncipe Arnold elija un camino distinto a la guerra.
Cuando recién se comprometió con él, su tarea le había parecido
casi ridículamente desalentadora, pero muchas cosas habían cambiado
desde entonces.
Sea cual sea su objetivo, estoy segura de que llegará a comprender
que no tiene que matar a su padre y empezar una guerra para cambiar
el mundo.
Rishe volvió a admirar los faroles, con la mano de Arnold entre las
suyas.
“Espero que estas hermosas oraciones floten eternamente.”
Murmuró en una plegaria propia.
Una extraña sensación la invadió y vislumbró el perfil de Arnold.
Su mirada estaba clavada en algún lugar sobre el agua.
“Ya veo.” Murmuró.
A Rishe se le heló el corazón.
Sus ojos son… tan fríos.
Quería creer que no había nada que interpretar en su respuesta. Se
limitaba a reconocer el deseo de Rishe; a primera vista, eso era todo.
Pero él había decidido no estar de acuerdo con ella, y eso, combinado
con la sed de sangre en sus ojos, hizo que Rishe se diera cuenta.
En todas mis vidas pasadas, Arnold reestructuró el canal más
grande de Galkhein para lanzar su invasión.
Habiendo sido una vez caballero de una nación enemiga, Rishe
sabía exactamente lo que Arnold había hecho para iniciar su guerra.
Justo antes de matar a su padre, se aseguró de que tendría un
puerto desde el que podría invadir cualquier país que deseara.
El testamento del Príncipe Arnold… Una convicción lo bastante
fuerte como para aplastar sus esperanzas arraigó en el corazón de
Rishe. No ha cambiado. Sigue igual de decidido a matar a su padre y
hacer la guerra al mundo.
No quería arrepentirse de haberle tomado de la mano, pero sabía lo
espabilado que era. ¿Puede saber lo asustada que estoy por tomarme
de la mano?
Rishe estudió sus zapatos, incapaz de mirar hacia él. Había oído lo
mismo una y otra vez en su sexta vida.
“Cerró las fronteras del país inmediatamente después de usurpar
el trono y no permitió filtraciones de su plan de reestructuración del
canal.”
Eran noticias que habían llegado demasiado tarde de otro país
mientras Rishe y los demás caballeros de Siarga luchaban
desesperadamente contra la embestida de los buques de guerra de
Galkhein.
“Mató a tanta gente como fuera necesario para asegurarse de que
no saliera ninguna información.”
Rishe sólo había deseado un futuro alternativo, que las hermosas
oraciones de los marineros que se marchaban no cambiaran. ¿Fue la
fidelidad de Arnold la única razón por la que no le prometió que así
sería?
He visto todos los documentos relativos a proyectos recientes de
obras públicas. No hay registros públicos de planes para reestructurar
el canal de Bezzetoria. Si no vuelvo a ver las luces flotantes en el agua,
es porque el Príncipe Arnold está promulgando sus planes en secreto.
Su corazón latía con fuerza por un motivo totalmente distinto.
Sus palabras podrían no haber significado nada en absoluto. Sólo
me molestaron porque conozco sus futuras acciones. Deseó poder
reírse de ello como si fuera demasiado sensible.
¿Podría estar manteniendo a Raúl cerca para su golpe de Estado?
En el momento en que dio con una explicación para lo que la había
estado molestando, Arnold le preguntó en voz baja: “¿Qué pasa?”
Una vez más, su voz era suave y tierna, tanto que Rishe sintió
nuevas lágrimas punzándole los ojos. Pero eso sólo la hizo estar más
segura de que la razón por la que él siguió el camino sangriento en el
futuro fue por alguna convicción inquebrantable en su corazón.
Profundamente consciente de su propio egoísmo, Rishe apretó más
fuerte la mano de Arnold. El Príncipe Arnold matará a su padre. E
invadirá el resto del mundo. Sigue preparándose para hacerlo,
¡incluso después de que yo llegara a Galkhein!
Rishe tenía que impedir que cometiera actos violentos. Admiró su
hermoso rostro; sus ojos la miraban fijamente.
Príncipe Arnold… Mi querido esposo. Él era la única persona que
Rishe había anhelado de esta manera. No importa lo que haga, siempre
seré su enemiga.
“Rishe…”
Y justo después de darse cuenta…
“¡Ah!” Divisó algo río arriba y sus ojos se centraron en un gran
velero.
“Ese barco…”
Se dirigía lentamente hacia el mar. ¿Quizá estaba a punto de
emprender un viaje?
Arnold lo vio al mismo tiempo y apartó la mano de la de Rishe. La
luz de una linterna se balanceaba en lo alto del barco, sostenida por la
mano de una mujer.
“¡Príncipe Arnold!”
No era imposible que una mujer estuviera a bordo de un navío que
partía tan de noche, pero Rishe la reconoció.
“¡Es una de las mujeres que salvamos de los piratas!”
Un momento después, Arnold tiró de Rishe para acercarla. Al
mismo tiempo, una flecha pasó cerca de ellos desde la orilla. Desde el
abrazo protector de Arnold, Rishe identificó inmediatamente la
trayectoria de la flecha. Como un pájaro blanco surcando el cielo
nocturno, la flecha volaba directa hacia la mujer.
“¡Ah!” Gritó Rishe cuando la flecha golpeó la lámpara de cristal de
la mujer. Se hizo añicos y la mujer gritó.
¡No!
La cubierta quedó inmediatamente envuelta en llamas.
Rishe se giró, pero no pudo ver al arquero que había lanzado la
flecha. Atrapar al culpable podría quedar para luego; la seguridad de
los pasajeros del barco debía ser lo primero.
Unas botas militares pisaron el pavimento cuando varios guardias
imperiales se acercaron corriendo. Los hombres de talento habían
estado vigilando, así que debieron de darse cuenta de que algo pasaba.
“¡Su Alteza! ¡¿Qué está pasando?!”
Puedo dejar apagar el fuego y contactar a las autoridades
pertinentes al Príncipe Arnold. Lo que queda es…
Le llamó la atención una cuerda que terminaba en un gancho
afilado, del tipo que los marineros utilizaban para tirar de los barcos
pequeños hacia la orilla arrojándolos a un muelle. Agarró la cuerda y
echó a correr.
“¡¿Qué está haciendo, Lady Rishe?!”
Mientras corría, ignoró los gritos de sorpresa de los caballeros que
resonaban en el aire.
Arnold frunció el ceño, pero no la detuvo.
“Podría producirse un incendio a gran escala. Que todo el mundo
forme escuadrones: uno para apagar el fuego, otro para evacuar a los
ciudadanos y otro para ayudar a los marineros. Que alguien contacte
con Oliver inmediatamente y convoque a más guardias.”
“¡Sí, señor!”
“Reúnan a algunos marineros que puedan ayudar de las residencias
cercanas. Yo tomaré el mando.”
¡Lo siento! ¡Y gracias por dejarme hacer lo que me plazca,
Príncipe Arnold!
Estaba segura de que estaba preocupado por ella. Le pidió disculpas
en su corazón mientras corría junto al barco.
¡Incluso con el aceite de la lámpara, ese fuego se está extendiendo
demasiado rápido!
Los marineros subían a toda prisa por la cubierta y se daban la
vuelta al ver la velocidad a la que se propagaban las llamas,
probablemente se dirigían bajo cubierta para recuperar los barriles de
agua que había a bordo.
Esa mujer… Estaba allí de pie, distraída, mirando las llamas. Era
la mujer con la que Rishe había hablado antes.
“Entonces supongo que tendré que casarme de verdad.”
“Es un matrimonio que mis padres arreglaron para mí. Se dice que
el hombre con el que me voy a casar es estricto consigo mismo y con
los demás, así que… me encuentro un poco asustada.”
No había indagado en las circunstancias de la mujer, pero había
sido un error.
No sé qué está haciendo a bordo de ese barco, pero por ahora, sólo
tengo que asegurarme de que está a salvo.
Rishe encontró un cubo cerca, recogió agua del canal y se la echó
por la cabeza. Luego clavó los tacones en las grietas del pavimento y
se los arrancó. Con la daga que llevaba atada al muslo, se hizo un corte
en el vestido. Cuando se hubo envuelto las manos en tela, sujetó el
garfio que había encontrado y lo hizo girar para tomar impulso.
Había aprendido este truco en su quinta vida. Era una técnica que
había utilizado muchas veces para cazar presas y escalar muros. Se
enganchó a un tejado cercano y trepó. Cuando llegó al tejado, el barco
en llamas estaba frente a ella.
¡Una vez más!
Desenganchó la cuerda, la hizo girar de nuevo y la lanzó hacia el
mástil del barco. Una vez que se aseguró de que estaba bien sujeta,
agarró la cuerda con las manos envueltas y se balanceó hacia el barco
como un péndulo.
Los guardias imperiales que la observaban gritaron su nombre
cuando subió al barco. Sus músculos subdesarrollados ya temblaban,
pero sabía que lo lograría utilizando los salientes del costado del barco
como puntos de apoyo y asideros.
Una vez fui caballero de Siarga. Me inculcaron las batallas
navales, las escaramuzas a bordo y la protección de los civiles.
Subió a cubierta y percibió los movimientos de los marineros.
“¡Rápido, apaguen el fuego!” Gritaban los miembros de la
tripulación, llevando barriles de agua a la cubierta.
A su vez, Rishe les dijo: “¡Dejen de apagarlo!”
Estaban conmocionados por su repentina aparición. A pesar de sus
esfuerzos, el fuego en la cubierta del barco no hacía más que
extenderse.
“¡La cubierta fue empapada con un acelerante! ¡El agua no lo
apagará! ¡Usen el agua para protegerse!”
“¡¿Quién eres tú?! ¡¿Y qué quieres decir con «un acelerante»?!”
“¡Leven anclas y acerquen el barco a tierra! ¡El Príncipe Arnold
Hein ya está tomando el mando de los esfuerzos de socorro en tierra!”
Al oír el nombre de Arnold, los marineros se sobresaltaron. No
tardaron en darle la razón cuando vieron a qué se refería con lo del
incendio.
“¡La chica tiene razón! ¡Acerquémonos a tierra para poder usar una
escalera para llegar a tierra! ¡Entonces podremos apagar el fuego!”
“¡Evacuar es la primera prioridad! ¡Miren, el viento ya sopla hacia
la orilla! ¡Que alguien despliegue las velas, y entonces podremos echar
el ancla!”
El barco aún no se había hecho a la mar, por lo que las velas seguían
enrolladas. Cuando el marinero dio la orden, Rishe ya estaba trepando
por el mástil. Llegó fácilmente al mástil más bajo con la cuerda que
había tirado. Al no tener tiempo de desatar con cuidado las cuerdas que
las sujetaban, la daga de Rishe las atravesó.
“¡Augh!” Se deslizó por la cuerda para que la vela no la golpeara
en la cabeza al abrirse. Sintió el calor de la fricción a través de los
jirones del vestido que le rodeaban las manos, pero no se quemó.
“¡Bien hecho, chica! ¡Deberíamos llegar a la orilla antes de que la
vela se queme con este viento!”
“¡¿Todos están bien?! ¡Que nadie salte al agua, no desde esta
altura!”
Rishe escudriñó rápidamente la cubierta mientras los marineros
corrían de un lado a otro, pero no divisó a su objetivo.
“¡¿Viste a una mujer?! ¡Ella estaba de pie en la cubierta antes de
que el fuego comenzase!”
“¡¿Una mujer?! Esto es un barco mercante, ¡no tenemos pasajeros
a bordo!” Gritó un marinero y luego se dirigió hacia las llamas. Antes
de ayudarles a apagar el fuego, tenía que asegurarse de que aquella
mujer estaba a salvo.
No saltó al agua, ¿verdad? Desde esta altura, era muy difícil
aterrizar con seguridad en el agua si no se estaba acostumbrado a
hacerlo. Rishe palideció antes de ver una falda revoloteando al otro
lado de las llamas.
¡Oh, menos mal! Exhaló un suspiro de alivio. Sin embargo, no
había tiempo para averiguar qué estaba haciendo en esta nave ahora
mismo.
“¡Ahí estás! Por favor, espere, voy enseguida a ayudarle…”
“¡Aléjate!”
Rishe jadeó ante el rechazo. La mujer se quedó allí en estado de
alerta, casi asustada de Rishe.
“Lo siento, Lady Rishe…”
“Por favor, cálmate… Sólo quiero llevarte a un lugar seguro.”
Las llamas escupían un humo oscuro, las velas y las jarcias
empezaban a arder. No obstante, se dio cuenta de que el barco se
acercaba a la costa, donde marineros y caballeros esperaban con
escaleras y agua para apagar el fuego.
“Por favor, aléjese de las llamas. Te lo ruego, ven por aquí.” Rishe
extendió la mano.
La mujer negó con la cabeza, las lágrimas brotando de sus ojos.
“No… ya no puedo volver…”
“Eso no es verdad. Todo irá bien. Te lo prometo.”
Sin embargo, la mujer se abrazó con fuerza a sí misma y gritó: “¡Yo
fui quien organizó que todas fueran secuestradas por los traficantes de
esclavos!”
Los ojos de Rishe se abrieron de par en par ante la inesperada
confesión.
“¡Pensé que haciéndolo podría ser libre!”
“¿Tú lo hiciste…?”
“No he sido más que una herramienta para mi familia desde que
nací, sin más valor que el de un peón al que casar. Mi único camino en
la vida era someterme a cualquier hombre que mis padres decidieran,
¡sólo porque nací noble!”
Los hombros de la mujer temblaban mientras lidiaba con el terrible
peso de su carga.
“Me dije muchas veces que era afortunada por poder vivir sin
preocuparme por mi próxima comida. Estaba decidida a soportarlo.
Trabajé muy duro.”
Sus palabras escocían.
La brisa marina avivó las llamas. Saltaron aún más alto entre Rishe
y la mujer, como un muro de fuego.
No puedo simplemente ponerla a salvo. Es demasiado peligroso
noquearla y llevarla a través de las llamas. Por no mencionar que no
había nada más que el borde de la nave detrás de ella, y sería igual de
malo si saltaba. Para empeorar las cosas, sus palabras, demasiado
familiares, calaron hondo.
“Lo sé… sé que es sólo una excusa, ¡que yo me lo busqué todo!
¡Pero ellas también querían huir! Todas nos juntamos, chicas en las
mismas circunstancias, con la intención de huir en grupo. No sabía que
era el barco de un traficante de esclavos… No sabía que pasaría todo
esto…” Retrocedió lentamente, con las lágrimas manchando sus
mejillas, y dijo con voz hueca: “Sólo nos dijo que nos llevaría en su
barco…”
Sólo querían ser libres. Rishe comprendía tanto que dolía.
Creyeron elegir la libertad, seducidas por las dulces promesas de
alguien que se aprovechaba de su desesperación.
Esos hombres no sólo secuestraron a mujeres nobles inocentes con
las que debían hacer negocios. Las atrajeron a la esclavitud con
promesas de libertad. Fue una horrible traición a su confianza.
Rishe conocía bien el dolor de vivir como una herramienta y la
alegría de encontrar un futuro más allá. Era fácil imaginar la
desesperación de la mujer después de que se lo arrancaran todo de
cuajo, por no hablar de la culpa por haber envuelto en ello a las demás
mujeres.
“Por eso intenté huir. Es natural que no me encontrara aquí…”
¡Alguien le dijo que huyera en este barco! Rishe necesitaba más
información, pero ahora no era el mejor momento para sonsacársela.
En primer lugar, tenía que calmarla y sacarla de este barco en llamas.
“Lo siento, Lady Rishe. No puedo irme… ¡No puedo abandonar
esta nave!”
Está llena de culpa, terror y pánico por haber hecho algo de lo que
no puede retractarse. Y el fuego no ayuda.
“De todos modos, ahora no tengo adónde ir. Debería…”
Deseando que sus palabras llegaran a oídos de la mujer, Rishe dijo
con firmeza: “Entonces pensemos en una forma de morir aquí, juntas.”
Los ojos de la mujer se abrieron de par en par, pero Rishe no se
refería a una muerte real.
“Quiero que te lo imagines. ¿Qué pasaría si murieras aquí y
volvieras al peor momento de tu vida hasta ahora?” Rishe habló lo
suficientemente alto como para que la mujer pudiera oírla por encima
de las rugientes llamas. “¿Tomarías las mismas decisiones? ¿Vivirías
tu vida igual que la primera vez?”
La mujer parpadeó una y otra vez. Sacudió la cabeza, primero
vacilante y luego con firmeza.
“¡No!”
Saltaron chispas y el barco se balanceó como si le hubieran dado
un tirón. Debía de estar amarrado a la orilla.
“No quiero… repetirlo todo.”
Su voz era tranquila. Se abrazó a sí misma, clavándose las uñas en
los hombros.
“Si pudiera volver atrás, lo haría de otra manera…”
Rishe sonrió, complacida por la firme voluntad en la voz de la
mujer.
“Entonces deberías pivotar aquí en lugar del pasado. Hay cosas que
puedes hacer de otra manera, empezando aquí y ahora.”
“No puedo…”
“¿En el pasado sabías que tomabas una decisión de la que te
arrepentirías? Sólo recordándolo ahora te das cuenta de que te
equivocaste.”
El rostro de la mujer se arrugó, las lágrimas seguían brotando de
sus ojos. Estaba atrapada entre el deseo de aferrarse a las palabras de
Rishe y la incapacidad de permitirse hacerlo.
“Puede ser difícil hacerlo sola, pero yo te ayudaré.”
“No puedo compensar lo que he hecho… ¡Mis errores no tienen
perdón!”
“Aun así, ¡debes intentarlo! ¡Debes encontrar el camino que
realmente deseas seguir!”
Rishe sabía que otras personas no podían hacer las cosas que ella
había hecho, pero ésa era una razón más para sentir que tenía que
convencerlas de que lo intentaran.
“Aún tienes la libertad de elegir qué hacer de forma diferente.”
“¿Libertad…?”
“Por favor, no dejes que las llamas te lleven… ¡No dejes que
alguien te prometa que te llevará!” Rezó Rishe, creyendo en el valor
interior de la mujer. “Elige el camino que quieras tomar en lo más
profundo de tu corazón.”
La mujer dio un paso tembloroso hacia Rishe. Aún había llamas
entre ellas, pero si se acercaba, Rishe podría tomarla de la mano y
ponerla a salvo. Estaban muy cerca.
“En serio, ustedes sí que hablan.”
Rishe se giró al oír aquella voz antinaturalmente jovial.
¡¿Quién es ese?!
Había un hombre alto vestido con una capa negra y una capucha
que le cubría la cara. Rishe se dio cuenta al instante de que la capa era
de un material ignífugo.
“Sabía que hablarías demasiado si te dejaba vivir.”
“Ah…” La voz de la mujer tembló cuando el hombre sonrió y
corrió hacia ella.
¡Tiene una cuchilla!
Era obvio lo que el hombre pretendía, y desde su posición, Rishe
no tenía forma de detenerlo.
Se lanzó hacia delante, protegiendo el cuerpo de la mujer con el
suyo propio. Su mente recordó el día en que protegió a la dama a la
que servía, cuando fue alcanzada por aquella flecha envenenada.
No quiero que vuelva a mirarme así. Sabía que había alguien que
se preocupaba por su bienestar desde el fondo de su corazón, así que
abandonó cualquier idea de contraatacar y se centró únicamente en
evitar recibir una herida mortal. Pero justo entonces, sintió que alguien
la agarraba.
Rishe jadeó y levantó la cabeza, dándose cuenta de que alguien la
había protegido. Cuando lo vio allí, pronunció su nombre aturdida.
“Príncipe Arnold…”
IMAGEN
La expresión de Arnold era imperturbable, pero sangraba por el
costado. Él la había protegido. A Rishe se le heló la sangre.
Su Alteza está sangrando…
Los recuerdos de su sexta vida se agolpaban en su mente. El
caballero que había sido Rishe había empuñado su espada y apuntado
con ella a Arnold Hein. Luchó con todas sus fuerzas y finalmente logró
asestarle un único golpe en la mejilla. Entonces su sangre también
había goteado de la herida.
En comparación con entonces, ahora Rishe sentía un terror mucho
mayor.
Un instante después, Arnold cortó la muñeca del hombre, sin
inmutarse lo más mínimo por la sangre que manaba de su costado.
El intruso dejó caer la espada con un siseo. La fuerza del golpe de
Arnold reverberó en el aire.
Una vez que la hoja enrojecida cayó a la cubierta con un clang, la
mujer gritó y el hombre saltó hacia atrás. La conmoción sacó a Rishe
de su trance.
Lo que necesito hacer ahora es…
“Rishe.” Arnold le lanzó su espada. Protégete con esto, fue como
Rishe interpretó el gesto. Pero en cuanto tomó la espada, se apartó de
la mujer que tenía detrás.
El hombre intentaba recuperarse para otro ataque cuando Arnold lo
agarró por el cuello. Echó la pierna hacia atrás y le hincó la rodilla en
las tripas.
“¡Ugh!”
Rishe oyó crujir un hueso, pero no era una costilla. El hombre se
había defendido rápidamente con los brazos.
Con los ojos aún cubiertos por la capucha que cubría su rostro, el
hombre sonrió divertido.
“Arnold Hein…”
Debía de llevar una espada bajo la capa. Desenvainó una segunda
espada, pero antes de que pudiera cargar contra el príncipe heredero,
sonó otro agudo clang y la espada salió volando de sus manos. Rishe
había aparecido inesperadamente de su punto ciego. La fría pero
poderosa sed de sangre de Arnold y las llamas la habían ocultado de
su vista.
“¡Su Alteza!”
Arnold volvió a blandir la pierna y el hombre la esquivó por un
pelo. Su pie rozó la capucha del hombre, pero lo único que se veía bajo
ella era una máscara.
“¡Uy!” Tras esquivar la patada de Arnold, Rishe le lanzó la vaina
de la espada. Toda su fuerza estaba detrás del golpe, pero el hombre
tomó la vaina fácilmente con una mano.
Le tendió la mano libre. Arnold le propinó otra fuerte patada que lo
apartó de ella. Aun así, no le habían hecho ningún daño grave. El
hombre rio, recuperando el equilibrio sobre la nave en llamas. No les
estaba dando la oportunidad de acortar distancias y asestarle un golpe
decisivo.
¡Es fuerte!
La expresión de Arnold seguía siendo tan fría como siempre, pero
el sudor de su frente y la sangre que salpicaba la cubierta demostraban
que no estaba en plena forma.
¡Debo detenerlo!
Rishe se dispuso a cargar de nuevo cuando el hombre sacó otra
espada, pero ésta la lanzó hacia la mujer que aún temblaba al otro lado
de las llamas.
Arnold lo sujetó, su voz claramente por encima del estruendo.
“Rishe.”
“Ngh…”
Con la mujer aún cerca, no podían dar todo lo que tenían. Arnold
lo sabía y por eso había llamado a Rishe, obligándola a retroceder y
proteger a la mujer en lugar de ir tras el hombre. Siempre sabía cómo
hacer que ella hiciera lo que él quería.
Rishe apartó otra hoja con la espada de Arnold y se la devolvió
mientras él intercambiaba su lugar con ella. Rishe se acercó a la mujer
y Arnold al hombre, dándose la espalda.
Agarró la mano de la mujer y tiró antes de que el infierno de velas
ardiendo sobre ellos se viniera abajo.
“¡Por aquí!”
“¡Bien!”
Cuando Rishe se volvió hacia Arnold, ya estaba blandiendo su
espada. Había llevado al hombre hasta el borde de la cubierta, donde
su hoja negra atravesó inequívocamente el estómago del hombre.
Rishe observó con los ojos muy abiertos su exhibición de esgrima.
¡Su trabajo con la espada es asombroso incluso en esta situación!
El hombre respiró entrecortadamente. Entonces su mano se cerró
en torno a la de Arnold, que agarró la empuñadura de su espada.
Mientras la sangre goteaba de la boca del hombre, sonrió.
“No puedes… luchar contra tu sangre… ¿verdad?”
Arnold frunció el ceño. Rishe lo miró fijamente mientras abrazaba
a la mujer para protegerla de las llamas.
¿Alguien que conoce al padre del Príncipe Arnold?
Eso ya era sorprendente, pero nunca esperó las siguientes palabras
del hombre.
“Ese llamativo rostro tuyo es igual al de tu madre.”
La nave se tambaleó y la mujer gritó en los brazos de Rishe.
Rishe hizo todo lo posible por consolarla.
“¡Todo va bien! Todo va a salir bien.”
El hombre volvió a sonreír y dio un gran paso atrás. La espada se
deslizó fuera de sus entrañas y la sangre brotó a torrentes. Justo antes
de que Arnold pudiera volver a agarrarlo por el cuello, cayó de
espaldas al canal.
“¡Oh, no!”
“Rishe.” Arnold se sacudió con calma la sangre de su espada,
deteniéndola cuando intentó ponerse de pie. “No necesitas ir tras él.”
Ella apretó los labios, incapaz de oponerse a su suave voz. Oyó el
fuerte splosh de cuando su enemigo cayó al agua. Unos caballeros se
lanzaron hacia ellos desde el otro lado del incendio.
“¡Su Alteza, Lady Rishe! ¡El fuego ya no puede detenerse! ¡Dense
prisa y escapen!” Uno llamó, sin darse cuenta de la herida de Arnold.
“Establezcan un perímetro alrededor del canal. Si encuentran a un
hombre con el estómago y el brazo heridos, arréstenlo.”
“¡¿Qué?! ¡Sí, señor! ¡Entendido!” El caballero asintió. Arnold se
había comportado con tal naturalidad que el caballero no pudo darse
cuenta de la sangre que manaba de su costado.
Está ocultando su lesión. No puedo hacer una escena si no quiere
que nadie lo sepa…
El barco se derrumbaría pronto. Los caballeros estaban ocupados
procurando una vía de escape para Arnold y Rishe utilizando los
barriles de agua.
“Lady Rishe, por favor déjenos a esta mujer a nosotros. ¡Nos
aseguraremos de que esté a salvo!”
“Gracias.” Logró decir Rishe, agarrando la manga de Arnold. Había
visto innumerables heridas como boticaria, como cazadora, como
caballero… pero sus dedos no dejaban de temblar.
Arnold bajó la mirada y colocó su mano sobre la de ella,
acariciándola. Lo único que les quedaba por hacer era escapar de la
bola de fuego flotante en que se había convertido la nave.
CAPÍTULO 4
Unas horas antes, Raúl se enteró de que el barco había ardido en el
canal y algo le pareció extraño.
¿Un barco se incendió? ¿Y justo cuando esos dos están dando un
paseo junto al canal?
El príncipe heredero de Galkhein y su futura esposa habían salido
juntos después de la cena. Habían traído a varios guardias de
seguridad, pero Raúl se había quedado en la villa para vigilar a Joel,
como se le había ordenado.
Por los frenéticos intercambios entre los Guardias Imperiales y
Oliver, el ayudante de Arnold, parecía que el fuego se había declarado
justo cuando el barco pasaba junto a Arnold Hein y su prometida.
¿Esto es lo que Su Alteza me advirtió que podría ocurrir?
Apoyando la barbilla en la mano y el codo en la barandilla, Raúl negó
su propia idea. No… habría mucho más pánico si así fuera.
A juzgar por las órdenes que Oliver daba en la entrada principal,
sólo había un barco en llamas. Es más, Arnold Hein y esa chica estaban
presentes en el lugar del incendio.
Esto no es lo que debería priorizar ahora mismo. Con esa pareja
de monstruos haciéndose cargo de la escena, sería extraño que las
cosas no estuvieran bajo control ahí fuera, se dijo Raúl para sofocar el
mal presentimiento que se había instalado en su corazón.
Se vio obligado a admitir que estaba equivocado cuando vio la cara
de Rishe al subir las escaleras pasada la medianoche.
“¡Raúl!”
Supuestamente acababa de salir del baño, pero sus mejillas estaban
tan cenicientas como si se hubiera dado un chapuzón en un lago helado.
Raúl había estado esperando en las escaleras para encontrarse
“casualmente” con ella. Inmediatamente se dio cuenta de que estaba
desorientada mientras subía a su dormitorio, inquieta y apática al
mismo tiempo.
Se esfuerza por actuar como siempre para que nadie descubra que
algo va mal.
Su cabello coral aún húmedo era prueba suficiente de que ni
siquiera estaba en condiciones de bañarse adecuadamente en ese
momento.
Raúl también se había dado cuenta de que Arnold se dirigía a la
cama unos momentos antes. ¿Debería haber salido aunque eso
significara desobedecer las órdenes de Su Alteza? Pero arrepentirse
ahora no cambiaría nada.
Reprimiendo las ganas de maldecirse a sí mismo, le dijo a Rishe:
“Les diré a los criados y a los caballeros que nadie suba a este piso.”
Rishe jadeó suavemente.
“«La princesa heredera no se encuentra bien, así que prefiere que
no la molesten». Haré que Oliver me respalde.”
En realidad, Oliver no había entrado en la villa desde hacía tiempo.
Puede que hubiera rumores de que la propia Rishe intentaba mantener
a la gente alejada, pero si uno de sus “caballeros” hacía correr la voz
de que quería algo de intimidad, la gente al menos no debería enterarse
de que tenía algo que quería ocultar desesperadamente.
“Gracias, Raúl.”
“Descansa un poco. Dulces sueños.” Raúl le hizo un gesto con la
mano para que se fuera, pero en el fondo le preocupaba que se perdiera
un paso al subir corriendo el resto de la escalera. Así de fuera de sí le
había parecido la Rishe de corazón robusto.
Entonces… Había algunas cosas de las que tenía que ocuparse antes
de que el durmiente Joel se despertara.
Sin hacer ruido, Raúl se escabulló escaleras abajo.
*****
Hasta ahora Rishe había reprimido el pánico. Había estado trabajando
separada de Arnold, tratando y calmando a la mujer que habían
rescatado y ayudando en las tareas de evacuación.
Pero incluso después de regresar por fin a la villa real, reprimió su
impaciencia y se bañó para no despertar sospechas, no fuera a ser que
subiera las escaleras cubierta de hollín. Había abandonado la idea de
engañar a Raúl desde el principio, pero estaba bastante segura de que
nadie más se había dado cuenta de que algo iba mal.
“¡Príncipe Arnold!”
Cuando por fin irrumpió en su dormitorio, Arnold estaba sentado
en la cama con el mismo aspecto de siempre. Incluso tenía unos
papeles en la mano. A Rishe se le llenaron los ojos de lágrimas al sentir
el alivio de que estuviera vivo y la frustración de que no estuviera
descansando.
“¡Debe acostarse y descansar, Alteza!” Corrió a su lado y se sentó
en el suelo junto a su cama.
Observando cómo estaba sentada, completamente agotada, Arnold
le puso la mano en la mejilla. Su pulgar trazó círculos relajantes sobre
su piel.
“No hay necesidad de entrar en pánico.”
“¡Pero estás herido!”
“Ya paré la hemorragia. No era una herida muy profunda.”
Rishe negó con la cabeza, pensando en la ubicación de la herida y
la cantidad de sangre en la cubierta.
“Por favor, permítame examinarla.”
“Rishe.”
“No digo que no confíe en usted para tratar sus propias heridas, Su
Alteza. Sólo… por favor.”
Probablemente Arnold no quería que nadie viera sus heridas, ya que
era una muestra de debilidad. Aun así, Rishe le suplicó, aferrándose a
sus sábanas.
“Por favor, Su Alteza.”
Cuando vio que ella estaba al borde de las lágrimas, Arnold dejó
los papeles a un lado. Se cruzó de brazos, agarró el dobladillo de la
camisa y se la puso por encima de la cabeza. Su torso tonificado y
esculpido quedó al descubierto ante Rishe. Cuando asomó la cabeza
por el cuello de la camisa, la sacudió con irritación y el cabello revuelto
volvió a su sitio. Siempre parecía delgado cuando estaba vestido, pero
cuando su musculoso cuerpo quedaba al descubierto, su diligencia en
el entrenamiento se hacía patente.
Si no pasara nada, Rishe probablemente se sentiría avergonzada al
ver su escultural físico. Ahora mismo, lo único que sentía era
preocupación y agitación.
IMAGEN
Tenía dos heridas graves en el cuerpo. Una era la vieja cicatriz de
su cuello. La otra estaba cubierta de vendas blancas frescas.
“Adelante.” Arnold puso la mano de Rishe sobre sus vendas. “Haz
lo que quieras.”
“Gracias.”
Con su permiso, Rishe las desenvolvió lentamente, fijándose en la
forma única en que estaban atadas al final. Debía de ser la forma en
que Arnold había aprendido a vendar sus propias heridas mientras
luchaba en el campo de batalla. Desde su asiento en el suelo, Rishe se
tomó su tiempo para deshacer el nudo. Arnold empezó a aflojar las
vendas él mismo, incapaz de mirar.
Las vendas se desprendieron con un crujido, dejando al descubierto
su macizo abdomen. Rishe clavó los ojos en la herida del costado y
gimió al verla.
Luego tomó el desinfectante de la mesilla de Arnold. Le había
pedido a Oliver que se lo entregara de entre sus pertenencias. Una vez
se hubo desinfectado las manos con él, le dijo: “Por favor, cierre los
ojos un momento, Alteza.”
Arnold obedeció en silencio.
Rishe le tocó la herida con cuidado de no hacerle daño. Trazó una
línea sobre su piel y preguntó: “¿Puedes decir lo que acabo de hacer?”
“… Moviste tu dedo por mi piel.”
Se sintió aliviada al saber que tenía sensibilidad en la zona. Tenía
la piel caliente cerca de la herida, pero no parecía demasiado
descolorida por la hemorragia. Rishe tomó la muñeca de Arnold con la
otra mano y le tomó el pulso.
Es un poco rápido… pero aun así bastante relajado para alguien
que acaba de ser apuñalado. Si estuviera sufriendo un terrible dolor o
angustia, su ritmo cardíaco habría sido mayor. Le miró a los ojos, pero
él se limitaba a observarla, con el rostro neutro de siempre.
La herida había dejado de sangrar y, a juzgar por su ángulo, era
poco profunda. Rishe imaginó la daga que había caído en cubierta y
calculó la profundidad de la herida, basándose en la cantidad de sangre
que había en la hoja.
“Voy a presionar suavemente y a mover la mano. ¿Es aquí donde
el dolor se detiene?”
“Sí.”
Si fue apuñalado en este ángulo y realmente sólo duele hasta este
punto, entonces realmente no es una herida grave, tal como dijo.
Pero…
La hemorragia se había detenido demasiado rápido. Era posible que
ella no fuera capaz de captar el dolor que él sentía. Si ese era el caso,
entonces tenía que ser más cuidadosa con su examen. Justo cuando
llegó a esa conclusión…
“Es la sangre de la diosa.”
Rishe dio un respingo ante las inesperadas palabras de Arnold.
“Hace que mis heridas cicatricen más rápido.” Arnold,
descendiente de la diosa, le dedicó una sonrisa autocrítica. “Si te dijera
eso, ¿me creerías?”
Se lo pensó. Por lo que ella sabía, Arnold era realista. No era el tipo
de persona que bromearía con algo así, y mucho menos que se lo diría
a otra persona. Pero a Rishe le estaban quedando claras varias cosas.
Eso explicaría la herida en su cuello.
La espantosa herida había sido claramente el producto de muchas
puñaladas repetidas. Teniendo en cuenta el lugar, era un milagro que
hubiera sobrevivido a algo así. Por no mencionar que la herida apenas
limitaba su movilidad después de curada. Sin embargo, Arnold era
capaz de mantener la cicatriz en secreto para casi todos los que le
rodeaban. Incluso no tenía parangón en el campo de batalla, sus
habilidades con la espada no tenían comparación, con herida o sin ella.
Estoy segura de que el Príncipe Arnold se entrenó con un rigor
increíble desde niño, pero ¿y si también poseyera una capacidad de
recuperación excepcional?
Pensó en su cuarta vida, cuando había servido a Millia. La niña
también estaba emparentada con Arnold, y poseía la misma sangre
divina que su madre. Millia era una niña muy activa. Siempre estaba
corriendo por aquí y por allá, pero casi nunca se hacía rasguños ni
moratones.
Rishe tragó saliva.
Si la sangre de la diosa tiene alguna capacidad curativa natural,
entonces…
Arnold dejó escapar un suspiro, sonriendo suavemente.
“No pensé que te lo tomarías tan en serio.”
“¡Bueno, no se me ocurre otra razón para que la hemorragia se haya
detenido tan rápido! Quiero decir, la herida es tan poco profunda que
apenas puedo creer que te apuñalaran.”
“Sea cual sea la razón, ¿estás satisfecho de que la herida sea
superficial?”
“¡Pues…!”
Ella había confirmado tanto con sus propios ojos y manos. Si se
tratara de un examen normal, sería la parte en la que Rishe sonreía para
consolar al paciente y le decía que no se preocupara. Pero su corazón
seguía martilleando dolorosamente.
Sé que la herida no es profunda, pero tengo mucho miedo.
Mientras lo examinaba, había podido concentrarse lo suficiente
para que sus dedos se mantuvieran firmes, pero ahora que sentía
siquiera una pizca de alivio, el terror había vuelto con toda su fuerza.
“Lo siento, Príncipe Arnold.” Ella apoyó la mejilla en su rodilla.
“Todo esto es porque tú me protegiste…”
Oyó un suspiro por encima de ella. Entonces Arnold se agachó y la
levantó. La puso en su regazo y la abrazó.
Rishe se quedó con los ojos muy abiertos.
“¿P-Príncipe Arnold?”
Arnold la abrazó con fuerza. Sentada como estaba sobre su regazo,
sus rostros estaban uno junto al otro. Sin embargo, Rishe no podía
olvidarse de su herida, así que intentó escapar de su agarre.
“¡No debe, Su Alteza! ¡Es malo para su herida!”
“Si te preocupas por mí, entonces deja de luchar.”
“Ugh…” No había manera de que ella pudiera oponer resistencia.
Rishe al menos intentó relajarse para que la herida de Arnold
sufriera menos presión. Cuando lo hizo, Arnold empezó a darle
palmaditas suaves en la espalda.
Me está tocando como… Rishe recordó la primera vez que había
dormido en la misma cama que él, el día después de que Theodore la
secuestrara. Había ocurrido un mes después de conocerse. Se había
tumbado a su lado y le había acariciado el pecho para simular los
latidos del corazón, diciéndole que así se relajaría. Ahora Arnold
estaba haciendo lo mismo por ella.
Su vida acababa de estar en peligro, y debía de estar sufriendo, pero
aquí estaba poniendo a Rishe por encima de todo. Ella lo entendía tan
bien que quería llorar.
“Nunca fue mi intención asustarte así.”
Rishe se estremeció. Le había mostrado su terror desnudo cuando
resultó herido a bordo del barco en llamas. Aunque tenía ganas de decir
algo, temía que se le escapara un sollozo. Reprimió las ganas de llorar
lo mejor que pudo.
“¿Me vas a regañar?” Le preguntó Arnold suavemente.
Ella se apresuró a negar con la cabeza, y él soltó una carcajada que
le hizo cosquillas en el oído.
“No tienes que disculparte porque te proteja.”
Eso sólo hizo que Rishe quisiera llorar aún más.
“Olvidas algo importante. Te hirieron haciéndolo…” Logró decir,
sin poder evitar romper a llorar. Le costaba sostenerse, así que se aferró
a la espalda de Arnold. Su piel era suave y cálida, y tocarla
directamente le dejó muy claro que su sangre aún bombeaba bajo ella.
“Contigo…” Apoyó la frente en su cuello, negándose rotundamente
a mirarle a los ojos. “Contigo a mi lado, Príncipe Arnold, siento que
puedo hacer cualquier cosa.” Ella frotó su cara contra su vieja herida,
hasta sus labios. Aunque estaba actuando afectuosamente, ella sabía
que él podía notar que su voz estaba entrelazada con pequeños
temblores. “Siempre creí que la gente podía hacer más uniendo sus
manos… pero Sir Joel dice que eres más fuerte cuando luchas solo.”
Sus palabras exactas resonaron en su cabeza como una campana.
“No veo qué utilidad podrías tener para él.”
“Bueno, ¿no tengo razón? Es más fuerte que yo, eso puedo decirlo.
Sin embargo, está siguiendo tu tonta estrategia, protegiéndote. Es
extraño que esté tomando un camino tan indirecto para manejar las
cosas.”
Y Rishe conocía a alguien que era más fuerte cuando luchaba solo.
Joel…
El genio espadachín había muerto protegiendo a Rishe. Conozco la
fuerza de Joel mejor que nadie.
Es cierto que Arnold probablemente lo habría derrotado, pero si
Joel hubiera luchado por su cuenta, tal vez habría sobrevivido lo
suficiente para asegurarse de que la familia real pudiera ponerse a
salvo. Entonces no habría habido ninguna razón para que permaneciera
en el palacio, y tal vez incluso podría haber escapado.
“Príncipe Arnold…” Rishe dejó que la pregunta muriera en su
garganta.
¿Qué clase de vida tuviste en todos esos futuros después de mi
muerte? Rishe sólo podía saber lo que había ocurrido hasta su propia
muerte. ¿Obtuviste el objetivo que tanto deseabas que llevó a una
persona amable y gentil como tú a iniciar una guerra?
El Emperador Arnold Hein hizo la guerra al mundo, invadiendo
cualquier país que se interpusiera en su camino. ¿Llevó su conquista
hasta el final, o su violencia acabó por detenerse? Rishe no tenía forma
de saberlo. No sabía nada del mundo más allá de los cinco años
siguientes, a pesar de haber vivido su vida una y otra vez.
Rishe alargó los dedos temblorosos y tocó la piel caliente cerca del
costado herido de Arnold. Ni siquiera sé si viviste o moriste…
Nunca, hasta ahora, había pensado en la muerte de Arnold. En
cierto modo, creía que Arnold Hein el emperador era todopoderoso,
una fuerza que nadie podía detener. Ahora mismo, sin embargo, la idea
de su muerte le producía un terror infinito.
“Tu fuerza disminuye conmigo a tu lado, Príncipe Arnold.” Rodeó
a Arnold con sus brazos y enterró la cara en su cuello.
“Rishe, eso…”
“Si me dijeras que no es verdad…”
Rishe sabía que era injusto que le suplicara con lágrimas en los ojos,
pero aun así lo hizo. Lloriqueó como una niña ante su amable
prometido.
“Entonces, por favor, por favor.” Le suplicó ella, acercando sus
labios a la cicatriz de su cuello. “Nunca más vuelvas a hacerte daño.”
Arnold le acarició suavemente el cabello.
“Nunca más, ¿eh?” La abrazó y enterró los labios en su cabello con
una risita irónica. “Lo siento.”
Aunque permitió su arrebato egoísta y se disculpó por preocuparla,
no le hizo ninguna promesa.
El futuro que ve… Rishe sabía mejor que nadie que no era de los
que hacen promesas que no pueden cumplir. No importaba lo que le
ocultara, al fin y al cabo nunca había roto una promesa. Era su
sinceridad lo que la desolaba tanto.
Lo que desea se encuentra en algún lugar lejano en el futuro,
después de su guerra. Rishe cerró los ojos lentamente, intentando
contener las lágrimas. Frotó su mejilla contra él, conteniendo
desesperadamente sus emociones. Nunca lo alcanzaré tal y como soy
ahora. Aún estoy tan lejos, incluso después de siete vidas…
Sin embargo, había una cosa de la que estaba segura. Usaré todo lo
que he cultivado para el futuro del Príncipe Arnold.
Arnold no podía saber lo que Rishe se proponía hacer, pero no le
envidiaba que se aferrara y le acariciaba el cabello una y otra vez.
Arnold empezó a vendarse el costado. Mientras le ayudaba, Rishe
volvió a apoyarle la frente en el cuello y le suplicó: “¿Puedo quedarme
con usted un poco más, Alteza?”
Probablemente no quería a nadie cerca de él mientras estuviera
herido. Por eso había atendido sus propias heridas mientras Rishe
trataba a la mujer que habían rescatado. Pero Arnold cedió y entrelazó
sus dedos con los de ella.
“Claro.”
Rishe se sintió aliviada. Sin embargo, esto sólo hizo que quisiera
pedir más.
“¿Puedo quedarme para siempre?”
“No me importa.”
Por fin sintió que se relajaba, sólo un poco. Rishe se acurrucó contra
Arnold como lo haría un niño. No podía ver su expresión, pero sus
dedos rozaban cariñosamente los suyos. Seguro que sonreía.
Abrumada por la emoción, Rishe intentó que no se le saltaran las
lágrimas mientras murmuraba: “Pareces más caliente de lo normal
cuando te abrazo.”
“¿En serio?” Preguntó Arnold al cabo de un rato.
Le había tocado lo suficiente como para saber que su temperatura
corporal solía ser más baja que la de ella. El calor de su piel debía de
estar relacionado con su herida.
“Puede que tengas fiebre…”
Arnold cayó de espaldas sobre la cama, con los brazos aun
rodeándola.
“¡Ack!”
Se tumbó con un suave whump, Rishe cayendo encima de él. Ella
luchó por bajarse.
“¡Oh no! ¡Tú herida se reabrirá!”
“Te lo dije, ya dejé de sangrar.”
Sin embargo, Rishe se levantó y miró el costado de Arnold. No
podía ver la herida, recién vendada, pero no había ninguna mancha roja
en las vendas.
¿De verdad es cosa de la sangre de la diosa?
Arnold puso la mano en la nuca de Rishe y la obligó a apartar los
ojos de la herida. Dejó que lo volviera a atraer hacia su pecho y se
tumbó sobre él mientras le acariciaban el cabello.
Cuando pensó con calma en que estaba tumbada encima de un
Arnold semidesnudo, la vergüenza amenazó con devorarla. Aun así,
sintió su calor y el consuelo que le proporcionaba con mayor
intensidad.
Puedo oír los latidos de su corazón.
Bajó lentamente los párpados y expresó su alivio en voz alta.
“La sangre que heredaste te protege…”
Arnold se estremeció.
“¿Qué pasa, Príncipe Arnold?”
“Nunca puedo predecir lo que estás pensando.” Arnold pasó un
dedo sobre el anillo de Rishe. “Cualquier efecto que la sangre de la
diosa pueda producir es un hecho mezclado con ficción en este
momento. He estudiado a fondo las escrituras sagradas en la antigua
lengua de la Cruzada, pero nunca he podido llegar a una conclusión
concreta.”
Arnold ya le había contado que había aprendido Cruzada, la lengua
de la diosa, de niño. Era una lengua increíblemente difícil, pero estaba
estrechamente ligada a su madre. De niño debía de estar solo, leyendo
libros que un adulto desecharía frustrado.
“Ese hombre…” Murmuró Arnold, y Rishe pensó en el individuo
encapuchado al que se habían enfrentado a bordo de la nave.
Ese hombre conocía a la madre del Príncipe Arnold.
Rishe se incorporó ligeramente y llevó la mano al cuello de Arnold.
Tocó la cicatriz que había besado en secreto hacía un momento y
carraspeó: “Esta herida… ¿Te la hizo tu madre?”
Ella le había preguntado cómo se había hecho la cicatriz la primera
noche que se la vio en la fiesta justo después de conocerse, pero Arnold
no le había dicho nada entonces.
Ahora él le contestó, con una voz tan suave que le hizo llorar.
“Sí.”
Se sintió desolada al ver confirmadas sus sospechas.
Aún era tan joven… Oliver le había contado la historia de cuando
conoció a Arnold, un niño de nueve años con vendas ensangrentadas
alrededor del cuello. Y lo apuñaló suficientes veces como para dejarle
todas esas marcas…
A Rishe se le llenaron los ojos de lágrimas. Lo que sabía de la
madre de Arnold por boca de él mismo la ponía ansiosa, pero también
quería saber por qué las cosas se habían puesto tan mal entre ellos.
En cambio, las primeras palabras que salieron de sus labios fueron:
“Debió doler mucho…”
“¿Oh?”
La expresión de Arnold no había cambiado lo más mínimo cuando
le habían apuñalado protegiéndola, pero era imposible que no sintiera
dolor.
Rishe trazó las líneas de su cicatriz con los dedos y apretó los
labios. Que su propia madre le hiciera esto… No puedo ni imaginarme
cómo se habría sentido.
Arnold suspiró y acarició el cabello de Rishe.
“La verdad es que no recuerdo el dolor.” Ella murmuró su nombre,
y él pareció captar la pregunta que ella no podía formular. “Lo que más
destaca en mi mente es el recuerdo de luego haberla matado.”
A Rishe se le cortó la respiración mientras Arnold seguía
acariciándole el cabello.
“¿Cómo era tu madre?” Le preguntó.
En un rincón del palacio imperial había un cenador reservado para
ella. Una estructura nueva que no mostraba signos de uso.
“No tengo forma de saberlo.” Los ojos azules de Arnold se
vidriaron; tal vez estaba recordando algún paisaje lejano en el que
había posado sus ojos hacía mucho tiempo. “La madre que conocí
siempre fue como una muñeca sin alma.”
Era raro que hablara así, en metáfora. Rishe lo miró fijamente
mientras sus dedos torneados le peinaban el cabello.
“Se derrumbaba cuando me veía, así que nunca tuve una
conversación en condiciones con ella hasta justo antes de que muriera.
Apenas recuerdo haber oído su voz y puedo contar con los dedos de
una mano las veces que nos vimos.” Arnold habló sin emoción,
completando la información que Rishe quería saber como si siguiera
una rutina sin pensar. “Aquel día me topé con ella y provoqué uno de
sus ataques. Yo estaba cubierto de sangre, probablemente por eso se
puso así.”
“¿Sangre? ¿Por qué?”
“Estaba en mi camino de regreso a la torre después de matar a mi
hermana recién nacida.”
Rishe jadeó. Ya le había hablado una vez de los horribles actos de
su padre. El padre de Arnold tomaba novias de otros países como
rehenes, pero sólo permitía vivir a los niños que heredaban fuertemente
su propia sangre. Los demás morían siendo bebés. Como su heredero,
Arnold había sido obligado a participar en la matanza a una edad
temprana.
“Se acercó a mí tranquilamente, como si no pasara nada. La única
pista era la única mirada que le había echado a la espada de mi cadera.”
Rishe podía imaginárselo. La madre de Arnold, la sacerdotisa real,
habría tenido el cabello violeta como el de Millia. Si Arnold se parecía
a ella, entonces debía de ser impresionantemente hermosa.
Normalmente era como una “muñeca sin alma”, pero había caminado
hacia el maldito Arnold por su propia voluntad. ¿Qué expresión podría
haber tenido entonces el rostro del joven Arnold?
“Juzgué mal la situación.” Arnold bajó los ojos suavemente. “Mi
madre me sonrió, maldijo mi nacimiento y me clavó la espada.”
Le acarició la mejilla cuando vio que se le empañaban los ojos.
“No hace falta que me mires así.”
“Pero…”
“Te dije que no recuerdo el dolor. Es verdad.”
Rishe se mordió el labio y sacudió la cabeza. Con voz apenas un
susurro, Arnold dijo: “Lo último que perforé fue su propia garganta.”
Sus ojos estaban tranquilos, como el mar en un día sin brisa.
“Creo que me maldijo una vez más mientras su sangre me cubría.”
“Oh, Su Alteza…”
“No murió rápidamente. Sufrió. La herida que se había hecho era
mortal, pero si la sangre de la diosa realmente ayuda a una persona a
curarse, lo único que sirvió para ella fue para prolongar su dolor.”
Rishe comprendió de inmediato el curso de acción que había
tomado el joven Arnold.
“Liberaste a tu madre de su sufrimiento.”
Por eso se decía que había matado a su madre. Rishe también
comprendió por qué había tenido que matar a sus hermanos y
hermanas. Arnold no había obedecido ciegamente las órdenes de su
padre; estaba segura de que le habían obligado a tomar esa decisión.
Al igual que con su madre, los niños habían sido puestos en situaciones
en las que la muerte era la única forma de salvarlos.
Por eso cree que casarse conmigo es algo tan terrible. Que me
obligó a ello.
Rishe agachó la cabeza y rodeó a Arnold con los brazos. Lo atrajo
hacia sí y volvió a enterrarle la cara en el cuello, y él le devolvió el
abrazo con suavidad.
“Por favor, no llores.” Susurró. Era raro que Arnold suplicara, pero
Rishe no pudo evitar atrincherarse como una niña malcriada. Arnold
la llamó por su nombre para calmarla. Le besó el cabello.
Ser obligado a matar a su madre y a sus hermanos y hermanas
recién nacidos… Lo soporta todo como si fuera su pecado. Era bondad
hasta la médula, en lo que a Rishe se refería.
“Aquellos malditos días de tu infancia…” Dijo lentamente,
deseando que su voz no temblara. Aún no se le habían acabado las
lágrimas. Arnold esperó pacientemente mientras ella reunía las
palabras que quería decir. “Eso es lo que el matrimonio significa para
ti.”
Su padre había hecho la guerra al mundo, y los países que había
conquistado le habían ofrecido novias como rehenes a cambio de esos
fugaces días de paz. Arnold lo había visto todo a través de sus ojos azul
océano. En cambio, como casi todos sus hermanos habían muerto, las
esposas del emperador no veían a Arnold más que con amargo
resentimiento.
“Por eso me respetas como individuo y no como consorte, y por eso
me das tanta libertad…”
“Eso no es verdad.”
Sus dedos se aventuraron a bajar de su cabello, rozándole la oreja
y la mejilla. Rishe se asomó desde el reconfortante pliegue de su cuello
y sus miradas se cruzaron. Nunca había dejado de mirarla con aquellos
tranquilos ojos azules.
“Simplemente lo disfruto.” Arnold le puso la mano en la nuca y
volvió a acercarla a él. “Tu libertad.” Su voz ronca en su oído era como
el rugido del mar. “Tu fuerza. La forma en que arrastras todo y a todos
contigo mientras luchas por lo que hará más felices a todos.”
Siempre fue así. Afirmaba la forma en que ella quería vivir como
si fuera algo natural. Probablemente él nunca habría podido vivir como
deseaba, pero permitía que Rishe eligiera lo que era más importante
para ella, incluso después de que ella ya hubiera vivido su vida una y
otra vez… sin que él lo supiera.
Me deja salirme con la mía aunque eso nos enfrente. Cuando
rechazó la alianza con Coyolles o cuando intentó acabar con la vida
del arzobispo, nunca negó a Rishe la opción de luchar contra él.
Es tan fuerte y tan amable. Debió pensar que había metido a Rishe
en sus planes después de traerla de vuelta a Galkhein.
¿Y si le dijera que estoy enamorada de él? Rishe rechazó la idea de
inmediato. No, no puedo. Eso no haría cambiar de opinión a Arnold.
Ella podría convertirse en un pesado grillete que lo atara, pero él
seguiría adelante.
“Hay algo que me gustaría preguntarle, Su Alteza.” Aunque no iba
a exigir una respuesta, era algo que necesitaba decirle. “Si, digamos…
cuando cumpla veinte años, pierdo mi vida…”
“No quiero oírlo.” Dijo rotundamente. Otra rara muestra de
egoísmo en la que rechazaba sus caprichos. Pero Rishe esta vez no
pudo escucharle.
Lo siento.
Arnold le había pedido que no lo hiciera, pero ella continuó. Rishe
sabía muy bien lo frágil que era su propia vida. Este hombre había sido
la causa de su muerte en todas y cada una de sus vidas hasta el
momento. Recordando el dolor que había sentido cuando él había
acabado personalmente con su vida en su sexto bucle, dijo: “Si
muero… también quiero ser tu novia en mi próxima vida.”
La mano de Arnold se congeló sobre su cabeza.
Si esta vez mi deseo de vivir una larga vida no se hace realidad…
Rishe sujetó la mano de Arnold con la izquierda, la que llevaba el
anillo, y entrelazó sus dedos con fuerza. Si no acaba ahí, y se vuelve a
repetir…
Hasta ahora, cada vez que había muerto y regresado a ese día, su
corazón había bailado ante las nuevas posibilidades que se abrían ante
ella. Aunque perdiera todo lo que había construido hasta entonces, el
panorama que se abría ante ella parecía lleno de oportunidades.
Pero ahora, en su séptima vida, Rishe no podía dejar de desear una
cosa y sólo una cosa: En mi octava vida, y en mi novena vida, y en mi
décima… Nunca podría elegir otra cosa, y ni siquiera lo sentía como
una restricción.
“Quiero estar a su lado, Alteza.”
“Rishe…”
No importaba la vida que viviera a partir de ahora, quería que
Arnold estuviera allí con ella. Anhelaba ir de la mano con él en todos
sus futuros y rezaba.
“Por favor.”
Ella le había dicho una vez en una capilla que estaba decidida a ser
su esposa. Arnold la había besado entonces y le había dicho que no
hacía falta que lo fuera.
“Si no es una resolución sino un deseo.” Dijo ella, muy consciente
de lo débil que era su agarre a él. “¿Lo permitirías?”
Arnold apretó ligeramente la mano de Rishe y ella levantó
tímidamente la cabeza de su cuello. Él la miraba fijamente con sus ojos
azul océano. Tenían el mismo aspecto que cuando la besó en la capilla.
Ojalá asintiera y dijera: “Bien”, con su voz suave.
Sin embargo, no fue eso lo que hizo. Simplemente cerró los ojos y
atrajo su mano hacia él, reafirmando su agarre. Luego le dio un suave
beso en el anillo del dedo.
“Su Alteza…”
El gesto significaba una proposición de matrimonio para ambos.
No había ninguna tradición que lo dictara así, pero cuando él le había
dado este anillo y Rishe le había pedido una vez más que fuera su
marido, le había besado el anillo igual que aquella tarde en la orilla.
Era imposible que Arnold lo hubiera olvidado. Los ojos de Rishe
volvieron a humedecerse, precisamente porque el beso no era un
rechazo a su deseo.
No me dará una promesa en palabras…
En un instante, Rishe se apretó contra su pecho.
“Rishe.”
Casi parecía haber un deseo propio en la fuerza con que la sujetaba.
Pero Arnold nunca expresaría ese deseo.
Sólo oía los latidos de su corazón.
Detesta la forma de hacer las cosas de su padre. Aun así, me
propuso matrimonio y me mantiene a su lado, aceptándome. Arnold
pensaba que incluso eso era un pecado.
Es muy amable. Más lágrimas brotaron de sus ojos y ya no pudo
contenerse. La amabilidad de Arnold la devastó.
¡No quiero que el Príncipe Arnold sienta más dolor! No quería que
le hicieran daño por su bien.
Arnold la miró fijamente, recorriendo sus húmedas pestañas con el
pulgar.
“Ngh…”
“Rishe.”
Cuando él la llamó por su nombre, ella negó con la cabeza. Y
durante un tiempo, Rishe se derrumbó delante de él como lo había
hecho una vez. No importaba cuántas veces le acariciara el cabello o
murmurara su nombre, sus lágrimas no parecían terminar nunca.
Agobió al amable Arnold durante algún tiempo después de aquello.
*****
“¿Te has calmado?”
“Sí…”
Rishe resopló y hundió la cara en la almohada. Había guardado el
botiquín y se había puesto un camisón que no dejaba mucha piel al
descubierto. Arnold se había puesto un camisón y apoyaba la cabeza
en una almohada junto a la de Rishe.
La ligera manta de verano casi daba demasiado calor con los dos
debajo, pero a Rishe el calor corporal de Arnold le resultaba demasiado
agradable como para abandonar la cama.
“¿De verdad no te importa que me acueste contigo?” Preguntó
tímidamente.
“Preferiría que volvieras a tu habitación y descansaras como es
debido.”
“Hrk…”
“Pero si piensas quedarte a mi lado toda la noche, al menos quiero
que duermas en vez de quedarte despierta.”
Era exactamente la situación opuesta a la noche en que Rishe había
sido alcanzada por aquella flecha envenenada. En aquella ocasión, fue
Arnold quien quiso vigilar a Rishe toda la noche, así que ella había
montado en cólera para que descansara. Habían acabado compartiendo
la misma cama.
Nunca esperé que Su Alteza hiciera lo que yo hice.
Metida en las mantas hasta la nariz, Rishe echó una mirada furtiva
a Arnold. Se sentía avergonzada por sus propias travesuras infantiles
y, al mismo tiempo, atormentada por la misma tristeza de antes.
Siempre he sabido que tengo que demostrarlo con hechos y no
convencerlo con palabras. No puedo limitarme a llorar y decirle que
no se haga daño. Debo asegurarme de ello, se dijo a sí misma,
aferrándose a la manta. Si lo que quiere va más allá de su guerra —la
que librará aun a riesgo de su propia salud—, entonces tengo que
impedir que suceda y ofrecerle un medio alternativo a su objetivo.
Renovando su determinación, Rishe pensó: Cuando volvamos a la
capital, debería intentar verlo antes de la boda…
Se dio la vuelta para mirar a Arnold.
“Diga, Su Alteza…” Arnold le devolvió la mirada, tumbado boca
arriba. “¿De verdad su herida está mejor?”
Su cara debía de mostrar claramente su ansiedad. Arnold respondió:
“Estoy bien.”
“¿No lo dices para que no me preocupe?”
“Tu misma la vendaste y examinaste la herida a fondo.”
“Pero, ¿y la fiebre que parecías tener antes?”
Arnold le acarició la mejilla con una mano.
“Compruébalo tú misma.”
A Rishe le latía el corazón. Intentó no mostrarlo, extendiendo
lentamente la mano por encima de las sábanas. En cuanto tocó la mano
de Arnold, él agarró la suya.
“Oh…”
Con los ojos cerrados, Arnold apretó la mano de Rishe contra su
propia mejilla y se acurrucó contra ella.
“¡Eep!”
Ahora era difícil saber quién consentía a quién.
Arnold abrió lentamente los ojos, la sombra de sus pestañas
cayendo sobre el azul más hermoso del mundo.
“Estás más caliente.”
“Bueno, yo…”
La temperatura corporal de Arnold solía ser más baja que la de
Rishe, pero le pareció que podía haber otros factores que contribuyeran
a la diferencia en su calor relativo.
¡Estaba bien hace un momento! Protestó Rishe.
Hacía poco que había visto el pecho desnudo de Arnold, se había
sentado en su regazo, se había tumbado sobre su cuerpo semidesnudo
y le había pedido afecto. Los hechos de la situación hicieron que su
cara ardiera más y más.
¡¿Soy yo o me he estado comportando muy inmodestamente?!
Arnold se rio al ver cómo Rishe se mordía el labio. Estaba
claramente divertido, pero no retiró la mano. El amable —y a veces
burlón— Arnold acarició el dedo anular de Rishe, al descubierto ahora
para dormir.
“Tus expresiones cambian bastante.”
“Mmgh…” Rishe estaba a la vez frustrada por no tener réplica y
aliviada de que las cosas volvieran a estar como estaban entre ellos. La
herida de Arnold no parecía realmente grave.
Apretando débilmente su mano a cambio, Rishe rezó: Que tu dolor
se calme pronto.
“La mujer del barco está descansando en una habitación bajo
vigilancia de la Guardia Imperial.” Le dijo. “Como me pediste, le dejé
las cosas a Oliver después de terminar con su tratamiento.”
Antes de ocuparse de su herida, Arnold había dado una serie de
órdenes a sus vasallos. Rishe había ido con la mujer, curándole los
rasguños y tranquilizándola, preparándose para ignorar la herida de
Arnold para que nadie se enterara.
En realidad, no estaba en condiciones de calmar a otra persona. Si
perdía la concentración un momento, le temblaban las manos, así que
había hecho todo lo posible por mantener la compostura ante los
guardias imperiales.
Recordó la forma en que Oliver la había consolado al visitar la villa
donde tenían a las mujeres que habían acogido. Acababa de ponerse al
día.
“Lady Rishe, por favor permítame tomar el mando. He oído los
detalles de milord, así que veré si puedo conseguir más información
sobre lo que pasó antes de que el barco fuera incendiado.”
“Gracias, Oliver.”
“Por favor, ni lo menciones. A cambio, sólo te pido que detengas a
milord si insiste en trabajar en su dormitorio.” La forma bromista en
que había hablado seguramente pretendía tranquilizarla.
Rishe se había vuelto hacia el hombre de confianza de Arnold y le
había dicho: “Oliver, te diré lo que ya he oído de ella…”
Le dijo a Arnold ahora lo que le había dicho a Oliver entonces.
“El hombre de la capa era el mismo que sedujo a las mujeres para
que se unieran a él en su barco en Siarga.” La mujer había estado
segura de ello cuando lo vio. “Tampoco le vio la cara, por supuesto,
pero estaba segura de que era el mismo hombre por su voz y
complexión.”
Arnold no respondió nada.
“Cuando se conocieron, tenía el cabello rubio y los ojos azul
oscuro. Di su descripción a los caballeros, pero podría haberse
disfrazado. Están centrando su búsqueda en individuos con heridas que
coincidan con las suyas.”
Arnold había apuñalado al hombre en el estómago y le había roto
el brazo. Heridas así serían mucho más difíciles de ocultar que el color
del cabello o de los ojos. Aun así, no podían ser optimistas sobre sus
posibilidades.
“Seguro que se escapa.” Murmuró Arnold.
“Cierto.”
En esto estaban de acuerdo.
La Guardia Imperial de Arnold era excelente. Sin embargo, tras
enfrentarse directamente a él, Rishe pudo comprobar que las
habilidades de aquel hombre eran muy superiores a las suyas. Eso
estaba bastante claro por los problemas que Arnold tenía con él,
aunque estaba herido y protegiendo a Rishe mientras luchaban.
Luego estaba la forma en que saltó sin vacilar al canal desde esa
altura. Si Raúl hubiera estado allí, tal vez habría podido seguirle la
pista, pero…
Era un hombre con la fuerza de un caballero y la movilidad de un
cazador. Aunque la Guardia Imperial hiciera todo lo posible por
encontrarlo, sin duda había tomado medidas para evitar su captura.
“El nombre que le dio era Tadeo, pero estoy segura de que es falso.”
Una pista más grande de su identidad fue lo que le había dicho a Arnold
al final. “¿Es cierto que se parece a su madre, Su Alteza?”
Rishe dudaba en preguntarle cosas de esta naturaleza. La última vez
que había visto a su madre, habría sido un espectáculo espantoso.
En la cara de Rishe debió de verse que se sentía fatal por hacerle
recordar algo así, ya que Arnold se dio la vuelta para mirarla. Sus
almohadas estaban una al lado de la otra y sus dedos seguían
entrelazados. En esta posición, se miraron a los ojos sin apenas
distancia entre ellos. Ella estaba preocupada por la herida del costado
de él, pero con ese costado levantado, la carga sobre su herida debería
haber disminuido.
“Objetivamente hablando, supongo que sí.”
Arnold volvió a apretarle la mano. Tenía las manos ásperas por
blandir la espada casi a diario, pero la forma definida de sus huesos y
articulaciones también las hacía hermosas, como obras de arte. Rishe
bajó los párpados y se sintió reconfortada por la fuerza de su apretón.
“¿Entonces ese hombre sabía que tu madre era la sacerdotisa real?”
“También podría haberla conocido después de casarse con mi
padre.”
No sería extraño que existieran retratos de la antigua sacerdotisa
real en alguna parte, pero debía de haber muy poca gente que supiera
que era la madre de Arnold. Incluso si el hombre sólo la hubiera
conocido como la madre biológica de Arnold, eso también debería
haber reducido su posible identidad por un buen margen.
“A la torre donde residían las esposas del emperador sólo se podía
llegar a través de la vivienda de mi padre.”
Rishe pensó en cuando había visto al padre de Arnold, iluminado
por la luna en lo alto del cielo a sus espaldas. No había estado cerca de
él, pero su terrible sed de sangre era palpable. El aire a su alrededor
había bajado unos grados, hasta el punto de que le había resultado
difícil respirar en su presencia.
“Los únicos que podían entrar eran los criados que cuidaban de sus
esposas, pero ya están todos muertos.”
Haciendo una mueca ante la injusticia de todo aquello, Rishe
preguntó: “Entonces, ¿sólo habría tenido la oportunidad de conocer a
tu madre como la sacerdotisa real antes de que viniera a Galkhein?”
“Si fue el caso, sólo tendría vínculos con unos pocos individuos de
alto rango en la Iglesia.”
Rishe tragó saliva.
“Alguien vinculado a la Iglesia, con un barco que puede llevarle a
través del mar, que hace negocios con la nobleza como mercader…”
Tuvo una extraña sensación de déjà vu.
Si tenemos en cuenta sus habilidades de combate como caballero y
sus movimientos como cazador, es…
Rishe frunció el ceño, perpleja.
¿Es… como yo?
Agarró con más fuerza la mano de Arnold.
“¿Qué pasa?”
“No es nada.” Le preocupaba que esos ojos azules la descubrieran,
tan agudos como eran. “Está claro que este hombre que se hace llamar
Tadeo no es un simple traficante de esclavos.”
Rishe fingió que ésa era su verdadera preocupación.
“Este incidente internacional de tráfico de personas está resultando
mucho más complicado de lo que esperaba.” Pensando en varias cosas
que habían ocurrido recientemente, añadió: “Lo que más me preocupa
es la posibilidad de que este hombre pretenda perjudicar a Galkhein de
alguna manera.”
Arnold bajó la mirada.
La familia real de Fabrania fabricó moneda falsa para debilitar a
Galkhein. Pero no fue idea del Rey Walter; alguien le llevó a ello.
No ha sido el único incidente de maniobras clandestinas hasta la
fecha.
Quienquiera que estuviera detrás de ese incidente también intentó
involucrar en sus planes a mi antiguo prometido, el Príncipe Dietrich.
Y esto fue probablemente otra trampa diseñada para hacer daño al
Príncipe Arnold y Galkhein.
Galkhein era una gran potencia mundial con un importante poderío
militar. Había influido en la historia de casi todas las demás naciones
de este mundo en algún momento y seguiría haciéndolo, dado lo que
Rishe sabía del futuro. Innumerables personas desconfiaban de
Galkhein, querían aprovecharse de ella o deseaban ver destruida toda
la nación.
“Ese hombre debe ser…”
Arnold entrecerró los ojos y se movió.
“En cualquier caso…”
Rishe jadeó cuando Arnold golpeó su frente contra la de ella.
“Conceder tu deseo es lo primero.” Relajó la mano, retiró los dedos
y rodeó la de ella con la suya. “Quieres rescatar a las víctimas del
tráfico de personas, ¿verdad? De momento será más eficiente
concentrar nuestros esfuerzos allí.”
“Cierto, supongo.”
Trazó el borde de sus uñas con el pulgar, el tacto le hizo cosquillas.
El gesto era casi juguetón. Nunca imaginó que Arnold pudiera tocar a
alguien así en ninguna de sus vidas pasadas.
“Hoy te has esforzado demasiado.” Le dijo.
“Ugh… Habla por ti.” Dijo ella, segura de que esta vez tenía las de
ganar.
Ella hizo un mohín y él le soltó la mano, alargando la suya para
tocarle la mejilla.
“Ngh…” Rishe encorvó los hombros cuando sus dedos la rozaron
cerca de la oreja. Sin embargo, Arnold seguramente se había dado
cuenta de que ella no se resistía. Apenas capaz de soportar la vergüenza
que sentía, Rishe empezó tímidamente: “Eh, Príncipe Arnold…”
“¿Qué?”
“Hoy estás un poco necesitado, ¿no?”
Arnold se limitó a parpadear.
Quiero decir, no dejas de tocarme y todo eso. Obviamente, su toque
pretendía calmarla, pero también se aventuró en el terreno de la burla.
“¿Seguro que no te molesta la herida?”
“…”
“¿Le resulta incómodo estar en esa posición? Si le duele tumbarse
de espaldas y de lado, lo mejor sería disminuir la carga sobre la herida
en la medida de lo posible.” Si tuvieran una manta de invierno más
gruesa, podría proporcionarle algo de apoyo; las delgadas almohadas
de verano probablemente no le ayudarían mucho.
Rishe se lo pensó un momento y luego se acurrucó más cerca de
Arnold.
“… ¿Rishe?”
“Um, una almohada puede aliviar un poco tu dolor.” Se armó de
valor y lo miró fijamente. El mejor objeto para servir de «almohada
corporal» era la propia Rishe. “Le imploro que me abrace como quiera,
Su Alteza…”
Arnold la miró fijamente, con ojos aún desprovistos de emoción.
Su mano, sin embargo, dejó de acariciarle suavemente la mejilla y, en
su lugar, le alborotó el cabello.
“¡¿Ngh?!”
Rishe recordaba cómo, de niña, solía acariciar un peluche que le
encantaba. La forma en que la tocaba ahora era menos necesitada o
tranquilizadora y más regañona, si tenía que adivinar.
“¡Ack! ¡Su Alteza!”
“No puedo creerte.” Por fin la soltó, exhalando un corto suspiro
cuyo resoplido parecía cargado de significado.
“Lo siento.” Era una sugerencia ridícula. No había manera de que
estuviera más cómodo con Rishe en sus brazos. De hecho,
probablemente sólo exacerbaría sus heridas.
“Sólo desearía que, de alguna manera, hubiera alguna forma de
ayudarte a tener un sueño más reparador. Siento que no hay nada más
que pueda hacer por ti.”
Era dolorosamente consciente de lo poco que podía ofrecer, incluso
con todos sus conocimientos médicos y su formación de sirvienta.
Cuando una persona estaba gravemente herida, nadie más que la diosa
podía hacer mucho por ella.
“Lo entiendo.” Dijo Arnold tras una larga pausa. Sus ojos azules
brillaban. Esta vez, peinó suavemente el cabello alborotado de Rishe y
dijo: “En ese caso, acepto la propuesta.”
“¿Eh?”
Al momento siguiente, la envolvió en un abrazo. Rishe chilló
cuando él la atrajo hacia sí con un brazo y le rodeó la espalda con el
otro. Enterró la cara en su pecho, temporalmente incapaz de respirar
debido a su cercanía.
Puedo sentir el calor de Su Alteza…
Rishe sintió que se ponía roja hasta las orejas. Su corazón dio un
vuelco cuando él apoyó parte de su peso sobre ella, prácticamente
pegándose a ella. Con cada latido de su corazón, Rishe recordaba lo
que sentía por Arnold. Se le apretó el pecho y se aferró a la camisa de
Arnold.
“Supongo que estoy siendo un poco necesitado contigo.” Susurró
Arnold, apretando un beso en la frente de Rishe.
“¿De verdad…?”
No continuó, pero Rishe intuyó lo que podía estar pensando. Una
vez me dijo que convertirme en su esposa, mantenerme a su lado, era
sólo un aspecto de su objetivo.
Arnold nunca se perdonaría lo que consideraba sus pecados.
Aunque la propia Rishe deseara casarse con él, despreciaba las cosas
que él y su padre habían hecho. Probablemente concebía que Rishe se
casara con él como sacrificarse a sí misma. Aunque interfiriera en sus
planes más de lo que nadie podría hacerlo. Era una esposa terrible que
estaba decidida a detener su guerra y guiarle hacia un futuro más
amable.
Rishe rodeó la espalda de Arnold con los brazos y también se agarró
a él. Arnold pareció un poco sorprendido por el gesto, pero le acarició
el cabello con suavidad.
“Que tenga buenos sueños, Alteza.”
“¿Oh?”
Arnold le había dicho que sus pesadillas desaparecían cuando
dormía a su lado. Rishe esperaba que volvieran a alejarse esta noche.
“Ojalá llegue un día en que seas capaz de desear incluso una
bendición tan pequeña para ti…”
Escuchando los latidos del corazón de Arnold, Rishe cerró los ojos
mientras él le acariciaba el cabello con su gran mano. Había querido
permanecer despierta hasta que él mismo se durmiera, pero ya se
estaba hundiendo en un cálido mar de sueño. Acurrucando la mejilla
contra el calor de su amado, Rishe se sumió en el sueño.
Arnold se apartó ligeramente de Rishe y volvió a entrelazar sus
dedos con los de ella.
“No desearé tal bendición.” Dijo, aunque sus palabras no llegaron
a alcanzarla.
Bajó la mirada, besó el dedo anular de Rishe y le dijo: “Pero espero
que algún día hagas realidad mi deseo.”
Para esta última expresión, su voz era fría y premonitoria.
IMAGEN
CAPÍTULO 5
Mientras los chefs daban los últimos toques al desayuno a la mañana
siguiente, Rishe permanecía de pie en un rincón de la cocina,
preparando medicinas en una olla hirviendo.
En primer lugar, debe contrarrestar los efectos del somnífero.
Rishe había terminado de preparar las hojas de xeris y la hierba
crolaine el día anterior. Las llevaba secas y ayer las remojó en agua
para asegurarse de que habían reabsorbido toda la humedad. Las echó
en un mortero grande y las molió hasta hacer una pasta. Una vez hecho
esto, partió un fruto seco de nevila roja y extrajo sus semillas.
Las semillas calientan el cuerpo, así que las guardaré para otra
cosa.
Añadió la carne de la nevila al mortero y la machacó hasta
convertirla en pasta, luego comprobó la olla donde hervía el néctar de
firinz. Cuando levantó la tapa, salió vapor que llenó la cocina de un
olor dulce y penetrante. Revolviendo la olla con una gran cuchara de
madera, añadió la pasta del mortero, mezclando con cuidado para
minimizar la entrada de aire en el brebaje.
¡Qué verde tan bonito! Nunca se podría adivinar en esta etapa que
termina de color ámbar cuando esté terminado. Tengo que decir, sin
embargo…
Rishe miró detrás de ella mientras removía la olla.
“Um…” Llamó al joven que miraba a su alrededor con curiosidad,
observándola mientras trabajaba. “Sir Joel, ¿exactamente qué está
haciendo aquí?”
“Hrmm…”
Su antiguo mentor se asomó a la olla y parpadeó lentamente,
somnoliento como siempre. Como Rishe se movía entre la mesa y la
olla mientras trabajaba, Joel la seguía detrás como un patito. Además,
como el deber de Raúl era vigilar a Joel, el cazador se sentó en una
silla detrás de ellos para observar.
“Bueno, ¿qué estás haciendo? Eso no es el desayuno.”
“Los cocineros han preparado un delicioso desayuno que está ahora
mismo en el comedor de invitados. Estoy haciendo medicina.”
“Medicina.”
“¡Sí!” Rishe asintió y levantó la cabeza con orgullo. “¡Es un
antídoto para que cuando actúe como cebo para los esclavistas no me
afecten sus drogas!”
“¿La novia del príncipe heredero está haciendo medicina para que
la usen de cebo y la capturen?”
“¿Eh?” Rishe parpadeó varias veces. Joel la miraba con el ceño
muy fruncido.
Su mirada se deslizó hacia Raúl, que parecía estar de acuerdo con
el caballero extranjero.
“Mi querida princesa, ese marido tuyo aceptó tu propuesta como si
fuera algo completamente natural, pero extrañarse es la reacción
normal ante una idea así.” Dijo, señalando a Joel.
“¡Todavía no soy la princesa, y él no es mi marido!” Protestó,
aunque sabía que no se trataba de eso. Pero si tomaba esta medicina de
antemano, no debería verse afectada por la droga que los piratas habían
usado con Joel y las mujeres secuestradas.
Lo ideal sería probarlo primero con una dosis de la droga, pero…
Había renunciado a esa idea, ya que dudaba que pudiera conseguir
alguna cantidad. Michel la habría regañado por precipitarse sin
experimentar adecuadamente, pero Hakurei le habría dicho: “Siéntete
orgullosa de tu experiencia e intuición.”
Lo único de lo que tengo que preocuparme es de la cantidad que
necesitamos, pero me traje algunas del palacio y he hecho más desde
entonces.
Rishe echó un vistazo a otra olla que hervía cerca. Ésta no contenía
el antídoto para la droga somnífera, sino un ungüento para heridas con
efecto analgésico. También lo había preparado con antelación, pero el
ungüento era más potente en las primeras veinticuatro horas tras el
último paso de su preparación.
Cuando Rishe despertó, Arnold seguía dormido. Ella se había
separado cuidadosamente de sus brazos y él no había dado señales de
despertarse. Su corazón se estremeció al recordar su indefenso rostro
dormido.
Espero que haya descansado bien… aunque cabe la posibilidad de
que simplemente estuviera agotado debido a su lesión.
Sin embargo, no podía expresar aquí lo preocupada que estaba por
él. Que apuñalaran al príncipe heredero era un asunto grave para un
país, como mínimo. Sobre todo cuando lo formidable de ese príncipe
heredero en la batalla servía de freno a cualquier potencia extranjera
con designios sobre Galkhein.
Probablemente por eso Arnold no había querido que nadie supiera
que estaba herido. Así, Rishe se obligó a comportarse como siempre.
Joel, que no sabía nada del tormento interno de Rishe, bostezó.
“Hoy me levanté temprano.” Dijo, mirando su olla con total
desinterés. “Porque se supone que tenemos una reunión de estrategia,
¿no? Puede que tenga que luchar pronto, así que me levanté algo
emocionado…”
Sí, tendías a despertarte antes cuando teníamos reuniones para
planificar nuestras expediciones, ¿verdad?
Rishe había hecho todo lo posible por despertarlo esos días, pero
podría haberse levantado a tiempo incluso sin su ayuda si ella hubiera
decidido no molestarse. O eso creía ella, pero seguía sin imaginárselo
acudiendo a aquellas reuniones de otra forma que no fuera con cabello
de recién levantado y frotándose el sueño de los ojos. Incluso ahora, el
cabello pelirrojo de Joel estaba más esponjado que de costumbre.
Parece tan vulnerable cuando no está sosteniendo una espada.
Rishe encontró sus pensamientos vagando a un período en su sexta
vida antes de Arnold mató a su padre y comenzó su guerra.
“Si podemos atraerlos a una batalla naval, será nuestra victoria.”
Su entrenamiento de aquel día había tenido lugar en mar abierto, a
bordo de varios buques que navegaban en paralelo. Se trataba de una
operación de entrenamiento conjunta con la nación desértica de Halil
Rasha, uno de los aliados de Siarga. El gobernante de Halil Rasha, el
Rey Zahad, se encontraba en el barco más grande del grupo. Mientras
lo miraba con nostalgia de vez en cuando, Rishe había escuchado la
conferencia de Joel con gran interés.
“Nuestros barcos no perderán contra nadie más. Y los caballeros a
bordo de esos barcos son más hábiles luchando en el agua que los de
cualquier otro país.”
Sus naves formaban como un pájaro con las alas desplegadas. La
nave en la que viajaban Rishe y Joel hacía las veces de pico del pájaro.
Había viento de popa, pero la marea fluía en sentido contrario.
“La marea fluye en nuestra contra, pero estamos en la mejor
formación posible para este combate.”
En cuanto empezara el simulacro, su nave se enfrentaría primero al
enemigo. Cargarían contra la formación enemiga y comenzaría la
lucha.
“No se parece en nada a una pelea en tierra Hay un gran riesgo de
ser arrojado desde un barco que se balancea… Has practicado la caída
montones de veces, ¿verdad, Lu?”
“¡Sí! Aterricé boca abajo y me desmayé un par de veces, ¡pero
ahora tengo confianza!” Respondió alegremente, provocando las
sonrisas de los caballeros cercanos que escuchaban.
“No hay muchos novatos que se tiren directamente al agua en su
primer simulacro de caída como Lucius. No creo haber visto a nadie
más hacer eso aparte de Joel.”
“Bueno, es el primer novato luego de que Joel se uniese. ¿Lo
heredaste de tu mentor, Lucius?”
“Eh, se están burlando de mí, ¿verdad?” Joel hizo un mohín antes
de volverse hacia Rishe. “En fin, hasta aquí puedo llegar hoy contigo,
Lu.”
La bandera que señalaba el comienzo del ejercicio se izó en el barco
que llevaba a los dos reyes. No participarían directamente en la batalla,
pero vigilarían los combates de sus soldados y tomarían el mando en
caso de emergencia.
“Te dejaré atrás cuando empiece.”
“¡¿Qué?! ¡Pero el comandante nos dijo que actuáramos en parejas!”
“Ya sea en un entrenamiento o en un combate real, sólo serás más
débil luchando junto a alguien.”
Las velas de todos los barcos se desplegaron a la vez. Con un whap,
atraparon el viento y salieron disparadas hacia delante sobre el agua.
“Si no quieres morir, lucha solo.”
Rishe jadeó ante la velocidad de las pesadas naves. ¡Uf! ¡Estos
barcos sí que son rápidos! Las aguas también estaban agitadas aquel
día, y las olas prometían agitarse aún más. Su barco se balanceaba con
gran fuerza.
“Aquí vienen.”
Su compañero de prácticas ya estaba aquí. Rishe se agachó, se
agarró a una cuerda sujeta a la cubierta y se preparó para el impacto
como le habían enseñado.
Al instante siguiente, un estruendo sacudió la nave. Los temblores
eran tan fuertes que parecían una catástrofe natural, como si les hubiera
caído un rayo o un terremoto. Barriles y otros objetos que deberían
haber estado bien sujetos salieron volando, cayendo al mar.
¡Siento que la cuerda me va a arrancar los brazos, pero…! Rishe
se enderezó rápidamente y pateó la cubierta. Había aprendido que
podía moverse más rápido que nadie con su cuerpo ligero y diminuto.
En ese instante, alguien pasó junto a ella y vislumbró la espalda de un
hombre que parecía muy libre.
¡Joel!
Ya había desenvainado su espada y su capa de caballero ondeaba
al viento tras él.
“Vigila bien a ese mentor tuyo, Lucius.” Uno de sus otros
caballeros mayores sonrió como si estuviera presumiendo de su
hermano pequeño. “Ese chico es la punta de lanza de nuestras fuerzas.”
Las gotas de rocío marino brillaban como estrellas, reflejando la luz
del sol. Rishe sintió que el corazón le daba un vuelco cuando Joel
corrió delante de ellos, abriéndoles camino.
Cuando saltó sin miedo a la nave enemiga, ella le siguió sin vacilar,
y aunque Siarga estaba en desventaja en el entrenamiento de aquel día,
al final habían sido ellos los que se habían alzado con la victoria en el
ejercicio.
“Sir Joel…”
En ésta, su séptima vida, Rishe no podía ayudar a Joel como su
subalterna, y Joel no le enseñaría ni la entrenaría como su mentor.
Consciente de ello, Rishe dejó la cuchara en la mesa.
“Tengo algo que me gustaría pedirte. Algo que sólo tú puedes
hacer.” Le dijo, y Joel le dio la respuesta exacta que ella esperaba.
“No quiero.”
“Jee jee.” Sintiéndose nostálgica, Rishe continuó: “Oh, por favor,
no seas así. Si haces lo que te pido, ¡significará luchar en una
circunstancia única!”
Eso despertó su interés.
“¿Lucha con espadas?” Preguntó al cabo de un rato.
“Sé que aprecia la esgrima pura, Sir Joel, pero imagino que también
disfruta luchando con restricciones para un pequeño desafío añadido.”
Rishe sonrió y se llevó un dedo a los labios. “No creo que pueda
organizar ese combate con el Príncipe Arnold hasta dentro de un
tiempo, pero puedo hacer que las cosas sean divertidas mientras tanto.”
Rishe lo sabía todo sobre lo que Joel encontraría divertido.
También sabía que el distante líder cazador tenía también un lado
inesperadamente cariñoso.
“Me sentiría aliviada si tú también me ayudaras, Raúl… ya que es
algo que estoy segura que eres el único en el mundo que puede hacer,
al menos que yo sepa.”
“Vamos, querida princesa…” Dijo Raúl, con una sonrisa cansada
en el rostro. “Si no dejas de llevarnos la contraria, tu marido va a dar
bastante miedo, ¿sabes?”
“¿Qué quieres decir?” Preguntó ella, pero Raúl no se explicaba.
Cuando terminó de preparar su medicina, todos habían terminado
de desayunar y de prepararse para la mañana y se habían reunido en el
salón.
*****
Tras ayudar a Arnold con su preparación matutina, Rishe se sintió
aliviada al saber que su herida había cicatrizado bien desde la noche
anterior. Se dirigieron juntos al salón y se sentaron uno al lado del otro
en uno de los cómodos sofás de la sala.
Joel parece somnoliento, sin duda. Su invitado de Siarga estaba
sentado frente a ellos. Pero éste está motivado, exaltado, de hecho.
El pelirrojo era bastante inadecuado para cosas como las reuniones
de estrategia. Pero teniendo en cuenta que Siarga les había enviado una
petición oficial de ayuda, su presencia era necesaria si querían hablar
de la operación de tráfico de personas que asolaba a sus dos naciones.
De pie junto a Arnold, Oliver empezó.
“Permítanme comenzar con una revisión de la información que
obtuvimos ayer.”
Arnold estaba sentado con la barbilla apoyada en la mano, tan
neutral como siempre. Ya se había curado bastante y también le
ayudaba el analgésico de Rishe, pero su fortaleza también era
sencillamente impresionante.
Aun así, seguro que Raúl se dio cuenta de su herida. Miró a Raúl,
que estaba de pie junto a la puerta, y él hizo un zorrito con la mano,
moviendo los dedos para imitar su boca abriéndose y cerrándose.
Incluso cuando bromeaba, su capacidad de observación era
impresionante.
“El hombre que se hace llamar «Tadeo» se presentó como
comerciante en Siarga.”
Como era de esperar, no habían localizado al encapuchado. Incluso
ahora seguían buscando rastros de él.
Ojeando unos papeles que sin duda había reunido él mismo, Oliver
prosiguió: “Tiene el cabello rubio, los ojos azules y, al parecer, rasgos
llamativos. Parece que se relacionó con las mujeres cuando apareció
en una fiesta a la que asistían muchas de ellas… Pero no estaba allí por
invitación de un noble. Más bien, otro mercader se lo había presentado
al anfitrión.”
“¿Has encontrado la empresa de referencia, Oliver?”
“Era la «Compañía Comercial Culetta», pero no hay registros de
que esta empresa haya hecho negocios en Galkhein.”
Era propio de Oliver tener ya la información que Rishe consideraba
valiosa. Plenamente consciente de por qué Arnold lo mantenía a su
lado, le dijo: “Preguntémosle entonces al Sr. Tully, de la Compañía
Comercial Aria, que averigüe más sobre ellos utilizando sus
conexiones comerciales. Incluso si este «Tadeo» no es realmente un
comerciante, será beneficioso identificar a cualquiera que pudiera
haber tenido tratos con él.”
“Una vez más estoy impresionado por la amplitud de las
conexiones que ha forjado para nosotros, Lady Rishe.” Dijo Oliver
pensativo, y luego asintió. “Si me permite molestarla para que escriba
una carta a la Compañía Comercial Aria, me encargaré de que sea
entregada.”
“Por supuesto. Creo que el jefe está en la capital, así que lo haré
enseguida.”
Oliver sonrió, le dio las gracias y continuó con su informe.
“Tadeo era un hábil negociador y se ganó el corazón de varias de
las damas nobles de la fiesta. Tuvo cuidado de mantener el control de
estas relaciones, comportándose con las mujeres secuestradas como si
se abriera a solas con ellas en un intento de forjar lazos más estrechos.”
“Uf… Es el truco más viejo del libro.” Murmuró Raúl, y todas las
miradas de la sala se centraron en él. Se encogió de hombros y habló
desde la perspectiva de un cazador que podía matar o secuestrar a quien
su señor deseara. “Es la forma más eficaz de secuestrar a alguien. Te
ganas la confianza del objetivo y prácticamente se secuestra a sí
mismo. Es despreciable.”
“Es como dice Raúl.” Convino Oliver. “Como resultado, las
mujeres encerradas en ese barco esclavista tuvieron problemas para
sospechar de «Tadeo» incluso después de haber sido llevadas hasta
Galkhein.”
Arnold entrecerró los ojos.
“¿Estás seguro de que nadie ha entrado en la posada donde
alojamos a las mujeres?”
“Estoy seguro. La mujer que se escabulló lo hizo para ir a una
reunión concertada.”
“¿Concertada?” Rishe se hizo eco. Aquello fue inesperado.
“Sí. Tenía instrucciones de escabullirse y encontrar el barco más
grande del puerto si eran descubiertas y «rescatadas» por un tercero
antes de llegar a su destino.”
“¿Tan cuidadoso era?” Rishe frunció el ceño y se encontró con la
mirada de Arnold. “Su Alteza, esta operación realmente es…”
Arnold estaba pensando lo mismo que Rishe.
“Sí. Su objetivo no es ganar dinero con el comercio de esclavos.”
“¿Hmm? ¿No lo es?” Joel ladeó la cabeza somnoliento. “Pero iban
a vender a las chicas, ¿verdad?”
“Ese era uno de sus objetivos. Pero han hecho demasiados
movimientos que serían impensables para los comerciantes reales.”
Era reacia a llamar “comerciantes” a quienes secuestraban y
vendían seres humanos. Sin embargo, independientemente de los
sentimientos personales de Rishe, había “comercio” en la trata de
esclavos, y la gente que estaba detrás de este incidente no actuaba de
forma que tuviera sentido.
“Esta no es forma de hacer negocios.” Rishe frunció el ceño,
diciéndole a Joel lo que le parecía tan extraño de todo esto. “En primer
lugar, Galkhein está sencillamente demasiado lejos de Siarga. Cuanto
más largo es un viaje por el agua, más peligro y gastos acarrea.”
Cuando empezó la guerra en su sexta vida, la gente de Siarga habían
juzgado que disponían de cierto tiempo para prepararse para las
hostilidades con Galkhein. Habían calculado mal, por supuesto, pero
sus suposiciones no habían sido infundadas. Si el Emperador Arnold
Hein no hubiera obtenido la tecnología de las naves de guerra de
Siarga, su invasión habría llevado mucho más tiempo.
“El beneficio que obtendrían vendiéndolas como esclavas no
merece la pena.”
Joel volvió a ladear la cabeza.
“Pero los esclavos son caros, ¿no? Se lo oí decir a nuestro rey una
vez. Dijo que los plebeyos ricos también los compran, no sólo la
realeza y los nobles, así que la demanda es alta. También dijo que una
vez capturaron un barco sospechoso en aguas cercanas, y que la bodega
estaba repleta de gente que había sido secuestrada.”
“Ese es un ejemplo del comercio regular de esclavos, ciertamente.”
Dijo Arnold. “Este incidente es diferente. No se limitaban a reunir a
tanta gente como podían para venderla.”
“Sólo secuestraban nobles solteras, ¿verdad?” Intervino Rishe. De
ahí que se ofreciera voluntaria como cebo.
Joel parpadeó.
“¿No las venden sólo a la gente que quiere eso?”
“No puedo asegurar que no haya personas que busquen comprar
esclavos con tales preferencias…” Después de todo, algunos clientes
exigen mucho. “La cuestión ahí es cuántos mercaderes tratarían de
forma realista con tales clientes.”
“Entonces, aunque haya gente que ofrezca mucho por ellos, ¿no
habrá necesariamente personas dispuestas a venderlos por la cantidad
de gastos y riesgos que conllevan?”
“Exactamente, Sir Joel.” Todos los aspectos del comercio tenían
que llevar al beneficio de alguna manera. “Incluso si yo fuera el tipo
de mercader que se ensucia las manos con el comercio de esclavos,
ciertamente no pondría tanto tiempo y energía en tratos como éste…
No a menos que hubiera algo más en ello para mí.”
“Ya veo.”
“Secuestrar gente en Siarga y venderla en Galkhein es simplemente
ineficiente desde el punto de vista de un comerciante. Secuestrar a más
gente en Galkhein para venderla en otro lugar sería lo mínimo que
tendrían que hacer para optimizar su negocio.” Los comerciantes
estaban planeando eso, lo que mostraba cierto grado de previsión por
su parte. “Pero incluso eso acarrearía costes y requeriría mucho
personal. No merece la pena, sobre todo si transportan su «mercancía»
por la peligrosa vía marítima.”
“Entiendo.” Dijo Joel, sonando un poco más despierto que antes.
Se despeinó con frustración. “Así que realmente hay algo más para
ellos. O la venta de las chicas es sólo una parte de un plan mayor.”
“Es lo más probable.” Rishe miró de reojo a Arnold. “Príncipe
Arnold, Siarga solicitó ayuda a Galkhein en este asunto a través de
canales oficiales, ¿correcto?”
“Así es. Un marqués de Siarga sirvió de mensajero, trayendo
consigo una carta firmada por el rey.”
“Entonces, ¿puedo preguntarle si fue usted quien recibió esa carta?”
Arnold tenía que saber lo que Rishe le estaba preguntando
realmente. Sus ojos azules brillaron mientras sonreía y le decía lo que
ella esperaba oír.
“Fue mi padre.”
Lo sabía. Rishe tragó saliva. Una carta oficial del rey debería
haber ido al emperador. Sin embargo, es el Príncipe Arnold quien
realmente está manejando las cosas.
El primer día habían tenido este intercambio en relación con la
investigación de Arnold sobre el comercio de esclavos:
“¿También se lo ocultas a tu padre?”
“Se convertirá en un problema mayor si se entera. Puedo adivinar
cómo reaccionará ese hombre ante la mayoría de las cosas.”
No había querido decir que su padre ignorara el incidente. Su
Majestad simplemente ignoró la petición de ayuda de Siarga.
Se lo calló porque Joel y Raúl estaban presentes, pero Arnold
probablemente se había dado cuenta de lo que Rishe había notado.
Hay muchas razones por las que podría haber ignorado la petición,
pero por lo que me ha dicho el Príncipe Arnold, una de las
motivaciones de Su Majestad podría ser…
Rishe se detuvo un momento y reformuló así sus pensamientos:
“Este «Tadeo» es un traficante de esclavos, pero no creo que el tráfico
de personas sea su principal objetivo aquí. Creo que lo que busca es un
deterioro concreto de las relaciones entre Siarga y Galkhein.” Se
agarró el vestido y agachó la cabeza, murmurando: “Pretende instigar
una guerra…”
Este incidente estaba relacionado con la guerra de Arnold en el
futuro.
Apoyado contra la pared, Raúl murmuró: “Un belicista… Un
mercader de la muerte, ¿eh?”
Rishe deseó no haberle oído.
Arnold bajó la mirada y dijo: “El hombre con el que luché en aquel
barco tenía unas espadas de exquisita factura. Incluso con los muchos
herreros hábiles de Galkhein, los que pueden producir espadas así son
pocos y distantes entre sí.”
Rishe no había podido observar las hojas de cerca, pero por la forma
en que brillaban, también le había quedado claro que eran de gran
calidad.
Esa es una de las razones por las que la herida del Príncipe Arnold
está sanando tan bien. Las hojas que no hacen cortes limpios producen
heridas peores. La calidad del arma de su enemigo había sido tan
beneficiosa para la curación de Arnold como su sangre divina. Rishe
no estaba segura de cómo se sentía al respecto, pero no era pertinente
para el tema que nos ocupaba.
“Ese hombre probablemente también comercia con armas.” Dijo.
“Y no con cualquieras.”
“Aviva las llamas del conflicto entre naciones y se beneficia de las
guerras resultantes. Ese es el tipo de comerciante que es.” Dijo Arnold
desapasionadamente.
Rishe llegó a una conclusión inquietante. Puede que en realidad no
sea el “enemigo” del Príncipe Arnold…
La noche anterior en el barco, Rishe había creído que el
encapuchado pretendía hacer daño a Arnold, pero ahora se veía
obligada a admitir que podía haber sido un error.
Tragó saliva. Y si el futuro Príncipe Arnold, el Emperador Arnold
Hein, alistara a aquel hombre a su servicio?
Era posible que así fuera como el futuro Arnold obtuviera la
tecnología naval de Siarga.
Quizá no es que los constructores navales de Siarga fueran
secuestrados por casualidad y llevados a Galkhein. Es mucho más
probable que alguien los secuestrara intencionadamente y se los
presentara al Príncipe Arnold para ayudar en sus esfuerzos bélicos…
De la misma manera que Michel había elegido a Arnold como
destinatario de su pólvora.
El Príncipe Arnold atraería a un mercader de guerra. Es una de
las pocas personas que podrían librar una guerra contra el mundo
entero y cambiar la historia.
Rishe sólo podía esperar que nadie se hubiera dado cuenta de la
razón por la que se había congelado en su asiento.
Ahora sé que el Príncipe Arnold es una persona amable. Pero
también sé que no se detendrá ante nada para conseguir lo que quiere.
Rishe respiró hondo, deseando que el miedo que se apoderaba de
su corazón no se reflejara en su rostro.
Aun así, esta vez cambiaré las cosas. Haciendo ese voto silencioso,
observó a Arnold a su lado. Mi séptima vida es claramente diferente a
las anteriores. Estar a su lado y obligarle a protegerme de la espada
de ese hombre significa que el futuro ya ha cambiado.
Como mínimo, ahora eran enemigos. Rishe no quería sentirse
aliviada por el hecho de que Arnold ganara enemigos, ya que estaba
trabajando muy duro para ganarle aliados, pero necesitaba jugar con
todo lo que tuviera a su disposición si quería ganarle.
“No podemos permitirnos ser quisquillosos a la hora de hacer las
cosas, pase lo que pase.” Con varias capas de significado en sus
palabras, le dijo a su amado: “Ahora que lo pienso, la entidad que tiene
como objetivo a Galkhein también ha involucrado a un país diferente
en cada uno de sus planes.”
“…”
“Si estos incidentes no pretenden debilitar a Galkhein sino provocar
un conflicto internacional, probablemente estén tramando todo tipo de
cosas para desencadenar la guerra.”
Arnold aspiró y entrecerró los ojos hacia Rishe.
“¿Por eso necesitas ser el cebo para rescatar al resto de las
víctimas?”
Al ver la expresión de su cara, Rishe se dio cuenta de que estaba
siendo sardónico. Pero no era así como se sentía realmente.
“¿Sientes que me utilizas para resolver uno de los problemas de
Galkhein?” A Rishe le hizo gracia el consiguiente ceño fruncido. “Je.
Si es así, te equivocas.”
“¿Qué?”
Era raro que Arnold se equivocara. Le miró a los ojos azules y
sonrió.
“Tengo responsabilidades y me enorgullezco de ellas.” Su sonrisa
se hizo más amplia. “Yo soy la novia del príncipe heredero de
Galkhein, ¿verdad?”
Arnold no dijo nada. Aunque él no permitiera su resolución o su
deseo, el hecho de su compromiso no cambiaba. Rishe levantó la
cabeza y alzó los puños.
“Además, ¡no hay por qué preocuparse! He confirmado la forma en
que estaban atadas las mujeres en el barco. Si me atan de la misma
manera, ¡confío en que podré escapar!”
“… No estamos hablando de eso.”
Oliver rio, observando su intercambio.
“Ni siquiera usted es rival para Lady Rishe, Alteza.” Arnold lo
fulminó con la mirada y Oliver se disculpó, aunque seguía sonriendo.
Rishe hinchó el pecho y proclamó con orgullo que era su futura
esposa: “Llevaré a cabo mi misión. No sólo por el bien de las víctimas,
¡sino también por el bien de las relaciones entre Siarga y Galkhein!”
Arnold volvió lentamente la mirada hacia ella.
“Estoy trabajando con los Guardias Imperiales para determinar
nuestro mejor curso de acción después de que te capturen, pero no
podemos dar cuenta de todo.” Observó la vía fluvial a través de la
ventana. “Intentarán huir, estoy seguro. La batalla final probablemente
tendrá lugar en un barco.”
Oliver estuvo de acuerdo.
“Luchar contra ellos en el mar será difícil. Hay que tener en cuenta
todo tipo de cosas que difieren de la lucha en tierra, y nuestros barcos
no van a ser necesariamente capaces de combatir a los suyos.”
“En ese sentido…” Los ojos de Rishe se posaron en cada uno de
ellos y sonrió. “Resulta que tenemos aquí mismo al aliado más
poderoso que podríamos pedir.”
Se volvió hacia Joel, que la miraba fijamente. Rishe sabía
exactamente qué clase de persona era y cómo luchaba.
“Este hombre es un caballero del país más conocido por su dominio
de la guerra naval. Y ya ha prometido ayudar.”
“Vaya, Lady Rishe…” La sorpresa apareció en el rostro de Oliver,
mientras Arnold fruncía el ceño con disgusto.
Así, les había convencido de su plan para actuar como cebo.
*****
Esa tarde, Rishe estaba trabajando duro en el puerto de Bezzetoria.
“¡¿Alguien no ha bebido lo suficiente?!” Gritó, y varias manos se
alzaron entre la alborotada multitud a la que servía. Los brazos curtidos
y fornidos pertenecían a quienes se ganaban la vida haciendo trabajos
duros.
“¡Eh, Lady Rishe! ¿Puedo tomar una más antes de volver?”
“¡Sí, por supuesto! ¡Muchas gracias por ayudar con el fuego
anoche!”
Sacó una botella de una caja y se la entregó a un guardia imperial
que la ayudaba. Estaban repartiendo bebidas a los marineros que
trabajaban en este puerto. Estos hombres habían ayudado a apagar el
fuego la noche anterior, y luego se habían ido a pescar al amanecer.
Sólo ahora tenían la oportunidad de relajarse y descansar. Tras su
reunión estratégica matutina, Rishe había salido a comprar un montón
de bebidas y se había dirigido al puerto con ellos.
“No hay mucho que agradecer, pero tomen todo lo que quieran. Si
hay alguien que no beba, ¡también hay mucha fruta!”
“¡Ooh! ¿Esto es del continente sur?” Los ojos de un marinero
brillaron al ver la botella que Rishe le entregó. “¡Gran elección! Usted
sí que sabe de bebidas, señora.”
“Jee jee. A mí también me gustaría saber qué tipo de bebidas te
gustan en Galkhein. Me interesan especialmente las cervezas caseras
que no sean demasiado caras.”
“¿Quieres probar lo que bebe la gente común? No lo habría
esperado de la futura emperatriz. Bueno, este es tu hombre si quieres
saber sobre la bebida. ¿Verdad?”
“¡Déjamelo a mí! No sé si se adaptarán a tu paladar, pero las
bebidas populares por aquí son…”
Rishe conversó con los marineros durante un rato, transmitiéndoles
siempre su gratitud por su ayuda con el incendio. Se sintió mal al
obligar a los Guardias Imperiales a ayudarla, pero se alegraron de
hacerlo cuando supieron que Arnold también lo había solicitado.
Se organizó una fiesta por todo lo alto y, aunque Rishe no participó,
se divirtió observando desde la distancia. Aplaudió sus cantos, bailes
y demás payasadas hasta que hubo repartido todas las bebidas.
“Realmente eres buena envolviendo a la gente alrededor de tu dedo
meñique, Princesa.”
Rishe se dio la vuelta.
“¡Raúl!”
El cazador estaba sentado en un cajón de madera, pero su mirada
se fijó en Joel, a quien Raúl había arrastrado. El caballero roncaba
tranquilamente.
“Veo que Sir Joel se quedó sin energía…”
“No, siempre está así.” Respondió Raúl. Joel había trabajado
bastante durante la reunión de estrategia, es decir, se había levantado
temprano. Al menos para él.
“Bueno, los marineros parecen bastante contentos, aunque no estoy
seguro de lo que usted y Su Alteza están pensando. La popularidad de
la princesa heredera seguro que se volverá a disparar, pero ahora
tenemos que preocuparnos de ese misterioso enemigo.”
“Casi deseo que venga a mí aquí. Además, tengo a la Guardia
Imperial conmigo.”
Los guardias antes mencionados estaban limpiando las cajas. Rishe
se había ofrecido a ayudar, pero habían insistido con bastante firmeza
en que descansara.
“No parece que haya habido nada extraño en el canal o en el mar
esta mañana.”
“¿También estabas recopilando información? Estoy asombrada.”
Raúl se encogió de hombros. Rishe bajó la voz para preguntar: “¿Te
han preguntado el Príncipe Arnold y Oliver por Tadeo, Raúl?”
“Mm… Les dije todas las posibles vías que podría usar para
escapar, pero Su Alteza no parecía esperar que lo atrapáramos. En su
lugar, se ha centrado en encontrar pruebas o testigos.” Raúl pareció
estar de acuerdo con el príncipe en eso. “Cuando se persigue a una
presa que escapó a través del agua, lo normal es seguir el rastro líquido
que deja tras de sí, pero las calles de piedra blanca de esta ciudad lo
dificultan. Ya es bastante difícil darse cuenta cuando están mojadas
durante el día, y él huyó en la oscuridad de la noche.”
“Sin mencionar que es verano. La brisa marina también ayudaría a
secarlo. Incluso si alguien se cruzó con él mientras aún estaba
empapado, habría sido difícil distinguirlo en la oscuridad.”
“Bueno, también podría haber muerto en el agua. Sería bastante
impresionante si fuera capaz de alejarse nadando con su pesada ropa,
con un brazo roto, y después de saltar al mar desde esa altura.”
Rishe acechó a su presa una vez en un río poco profundo en su
quinta vida. El frío era lo más agotador de la experiencia, pero la
pesada capa que llevaba parecía robarle más calor que la corriente del
río. Cada vez que la gruesa capa se mojaba, pesaba una tonelada más.
“No dejaré que vuelva a escaparse.” Murmuró Rishe, y Raúl
suspiró.
“Ustedes dos son muy parecidos. Ambos asumen que lucharán en
el frente.”
“¿Eh?”
Raúl se inclinó cerca de su rostro, con una expresión abiertamente
exasperada; más de lo habitual, en cualquier caso.
“¿No debería centrarse en una forma de regresar sana y salva
después de ser secuestrada, «Lady Rize»?”
“De acuerdo.” Rishe asintió, tocándose el anillo de la mano
izquierda. “Ahora sé cuánto le preocupo.”
“Muy bien.” Raúl se encogió de hombros, y Joel se removió en el
pavimento. “Oh, ¿está despierta la Bella Durmiente? ¿Hola?” Se
arrodilló y acarició la mejilla de Joel. El pelirrojo frunció el ceño y se
incorporó lentamente.
“Buenos días, Sir Joel.”
Joel parpadeó y se frotó los ojos, olfateando el aire.
“Lo sabía… Es el mismo olor.”
Rishe ladeó la cabeza.
Sin perder un segundo, la escrutó y le dijo: “¿Anoche te acostaste
con el Príncipe Arnold?”
Raúl tosió mientras Rishe se quedaba paralizada, con la mente
hecha un desastre.
“¡¿Eh?! ¡¿Cómo…?!”
Pensó que habían ocultado bastante bien cómo había dormido en su
habitación. No quería causarle problemas a Arnold, ya que esas cosas
estaban mal vistas antes del matrimonio y, lo que era más importante,
la idea de que alguien lo supiera la mortificaba. Se giró hacia Raúl,
preguntándose si él también se habría dado cuenta, y él, a su vez, giró
la cabeza para evitar su mirada.
Joel la miró, sin comprender por qué estaba tan nerviosa.
“Hueles a flores. El Príncipe Arnold olía igual en la reunión.”
¡Mi jabón!
Interactuar con una persona herida cuando estaba sucia podía
introducir complicaciones en el proceso de curación, por lo que Rishe
había utilizado un poco del jabón de néctar de melocotón para su boda
cuando se bañó anoche.
“Um, y-yo…”
Había pasado la noche con él preocupada por su herida, pero no
podía explicárselo a Joel. La única excusa que se le ocurrió fue que esa
noche habían dormido juntos por casualidad.
Mientras ella perdía la cabeza, Raúl le dio ánimos.
“Bueno, ustedes son marido y mujer. No es para tanto, ¿verdad?”
“Te lo sigo diciendo, ¡todavía no somos marido y mujer!”
“Marido y mujer…” Dijo Joel pensativo antes de que su tono se
volviera enfurruñado. “Bueno, da igual.”
“¿Qué pasa, Sir Joel?”
“Está bien, está bien.” Intervino Raúl. “Empecemos a prepararnos,
¿sí? Si ya has terminado de dar las gracias a los marineros y de reunir
información, entonces ya no hace falta que estés aquí, ¿no? Si quiero
cumplir tu pequeña petición aún tengo cosas que recoger.”
“Supongo que tienes razón. Realmente debería ayudar a todos a
limpiar, aunque…”
Cuando Rishe bajó del cajón en el que estaba sentada, los marineros
la saludaron alegremente. Se dirigían a casa para pasar la noche.
“¡Hey, Lady Rishe! Gracias por las bebidas. Estaremos todos en el
desfile para celebrar que se han casado, ¿sí?”
“¡Idiota! ¡Estamos hablando del príncipe heredero! ¡Llámalo
«ceremonia nupcial»! De verdad, felicidades. ¡Salud a la futura
princesa!”
Todos los marineros hicieron gestos como si estuvieran brindando
por ella.
Rishe sonrió, feliz de recibir sus buenos deseos.
“¡Gracias a todos!”
Al verlos partir, se irguió un poco más. Haré mi parte como novia
del Príncipe Arnold, como futura princesa heredera.
En un abrir y cerrar de ojos, llegó el día de su secuestro.
*****
Una joven noble llamada Rize se presentó en una pequeña mansión a
las afueras de Bezzetoria para una reunión de negocios. Como era
pleno día, se presentó a la reunión con solo una criada. Durante las
conversaciones, fue conducida a una pequeña habitación para probarse
un vestido, donde desapareció de repente.
Pero la desaparición de esta joven noble no causó ningún revuelo
en Bezzetoria, y la tarde transcurrió con normalidad en la ajetreada
ciudad portuaria.
*****
“¡Hup!”
Cuando los esclavistas se marcharon, Rishe abrió los ojos y se sentó
en una celda en penumbra. Le habían atado las muñecas a la espalda y
los tobillos. Con una mordaza de tela en la boca, Rishe evaluó su
situación.
Hasta ahora ha ido como se esperaba…
Interpretando el papel de Lady Rize, Rishe había hablado de
negocios con un mercader mientras tomaban el té y había entrado en
un probador después de terminar su bebida. Allí, había fingido perder
el conocimiento, y la habían traído directamente a esta celda.
Estaba preparada para que me trataran con un poco de
brusquedad, pero no me hicieron ni un solo moratón. ¿Por qué iban a
cometer delitos de este tipo si cumplen tan estrictamente sus normas
sobre el trato cuidadoso de la mercancía?
Ni siquiera habían tocado su ropa, tal vez porque se suponía que
sus “bienes” eran sólo para doncellas puras.
Rishe respiró hondo y frunció el ceño. Ni siquiera me registraron
en busca de armas… Para ser esclavistas son demasiado indulgentes.
Le resultaba totalmente extraño, pero no podía negar que eso jugaba a
su favor.
La única fuente de luz era una lámpara situada más allá de los
barrotes de hierro. Rishe se acercó a la esquina de la celda y dio un
codazo a su criada.
Vamos, Joel…
“Mm…” Vestido con un uniforme de sirvienta, Joel se removió
somnoliento. Tenía las mangas abullonadas y el delantal cubierto de
volantes para disimular su físico. Puede que fuera pequeño y delicado
para ser un hombre, pero Raúl había contribuido a idear un atuendo
que lo disimulara mejor.
Para eso Rishe había pedido ayuda a Joel y Raúl. Joel tenía un
rostro andrógino, así que cuando se vestía con ropa de mujer y Raúl le
maquillaba un poco, podía pasar por una mujer sin mayores problemas.
¡Joel!
“Mmn…”
Renunció a despertarle y se acercó a su oreja.
¡Lo tengo!
Le quitó con cuidado el pendiente de metal. Le había colocado una
pequeña cuchilla y un alfiler que cortarían las ataduras de cuerda y
forzarían la cerradura de la celda. Eran herramientas que “por
casualidad” había traído consigo y que podían combinarse con un par
de pendientes que tenía, y parecía que iban a resultarle muy útiles.
Valía la pena manipular las posiciones de mis muñecas cuando me
ataban. Con esta amplitud de movimiento, cortar la cuerda debería
ser bastante sencillo.
Pellizcó la hoja del pendiente entre los dedos y cortó la cuerda con
cuidado. Cuando la hubo cortado lo suficiente, la rompió flexionando
las muñecas. Con las manos libres, le quitó la mordaza y le cortó
también las piernas. Luego le quitó la mordaza a Joel y lo sacudió un
poco más fuerte que antes.
“Sir Joel… ¡Sir Joel!”
Joel abrió los ojos lentamente. Estaba somnoliento como siempre,
pero no era el tipo de somnolencia inducida por las drogas.
“Menos mal. Veo que el antídoto también está funcionando en ti.”
“Hey…”
“¿Puedes separar los brazos para que la cuerda esté tensa? Así es
más fácil cortar.”
Se sentó e hizo lo que ella le pedía. Le cortó las muñecas y luego
las piernas. Mientras tanto, Joel la miraba como si fuera la cosa más
extraña que hubiera visto nunca.
“En serio, ¿quién eres? Esos tipos también me ofrecieron té, así que
me lo bebí, pero no me cansé en absoluto… Y no es fácil usar una
cuchillita así con las manos atadas a la espalda.”
“Es una suerte que nos ataran con cuerdas. Si hubieran usado
grilletes, habría tardado en escapar incluso con un alfiler para forzar la
cerradura.”
“Sí, ellos son terriblemente laxos cuando se trata de tomar
prisioneros. Quiero decir, cuando tomas un prisionero de guerra, lo
menos que deberías hacer es…”
La voz de Rishe se superpuso a la de Joel.
“«Vigilarlos de cerca, regístralos a fondo, desnudarlos, atarles los
brazos y las piernas, atarlos a una columna y romperles todos los
miembros».”
Joel se quedó boquiabierto cuando dijeron exactamente lo mismo.
Luego le dirigió una mirada aún más extraña.
“En serio, ¿quién eres?”
“¡Jee jee!”
El día en que su comandante se lo inculcó, Joel parecía estar
durmiendo como siempre en un rincón del campo de entrenamiento,
pero debía de estar escuchando. Descubrirlo después de tanto tiempo
la hizo feliz.
“Bueno, mientras pueda luchar, supongo que no me importa. Ya
puedo quitarme esta ropa con volantes, ¿no?” Joel se quitó el uniforme
de sirvienta, mostrando la fina camisa y los pantalones que llevaba
debajo. Casi parecía decepcionado de que ambos llevaran todavía los
cuchillos atados a las piernas.
“Si hubiera sabido que iban a ser tan descuidados al registrarnos,
seguro que habría traído una hoja más larga.”
“Bueno, habría sido malo si lo hubieran encontrado, así que creo
que esto está bien… Pero sí que son descuidados con sus cautivos,
¿no?”
Rishe se sentó junto a los barrotes de la celda y metió las manos,
buscando la cerradura al otro lado. Clavó dos alfileres en la cerradura
y pegó la oreja a ella, escuchando atentamente mientras continuaba su
conversación con Joel.
“Raúl estaba vigilando el lugar de nuestro secuestro. Si pudo
seguirlos, no debería haber posibilidad de que nos perdiera.”
“¿Qué? Entonces, ¿va a llegar la ayuda antes de que pueda luchar?”
“Por desgracia, imagino que será difícil.” Cuando observó
detenidamente su entorno a la luz de la única lámpara, se dio cuenta de
que no estaban en una celda. “Después de todo, estamos en un barco.”
Estaban en una jaula.
“Imagino que ya hemos dejado el puerto y llegado al mar.”
Joel también tenía que ser consciente de que estaban en un barco.
Una docena de jaulas más les rodeaban, ocupadas por mujeres
inconscientes.
El pelirrojo gruñó y apoyó la frente en los barrotes.
“¿De verdad es tan difícil luchar en el océano o en los barcos?”
“Hace falta cierto nivel de maniobrabilidad, así que estoy deseando
verte en acción.” Rishe sintió que el metal se movía bajo los pasadores
de la cerradura. Abrió la puerta de la jaula y volvió a mirar a su
alrededor.
¿Mantenían a las mujeres dormidas para que no hicieran
escándalo en sus jaulas? No había que preocuparse de que gastaran
demasiada energía mientras las mantenían dormidas, pero Rishe tenía
otras preocupaciones por su salud, tanto física como mental.
“Dicho esto, primero tenemos que salvar a estas mujeres.”
“…”
“Sir Joel, ¿podría pedirle que me ayude a garantizar la seguridad de
las mujeres antes de luchar?”
Rishe sabía que no le diría que sí aunque se lo pidiera. No tenía
motivos para ayudarla ahora que no era su mentor; probablemente
saldría de la bodega y desenvainaría la espada. Los ojos de Joel sólo
brillaban de vida cuando empuñaba una espada.
¿Me dirá que me deja atrás? Como hizo en mi sexta vida…
Pero Joel se limitó a parpadear.
“Bien.” Dijo al cabo de un rato.
“¿Eh?” Rishe se quedó con los ojos muy abiertos cuando Joel tomó
la lámpara que colgaba de una viga y se arrodilló delante de una jaula.
“Es la primera vez que encuentro a alguien que me pide que haga
algo que no es luchar.”
Tal vez sea cierto… pero sé de alguna vez en la que enseñaste a
alguien un atajo y le hiciste merendar.
Aunque no habían trabajado juntos a menudo en el campo de
batalla, Joel la había ayudado de innumerables maneras. Eran
recuerdos preciosos para Rishe, y la razón por la que lo idolatraba tanto
como su mentor.
¿Está contento de tener a alguien que confía en su ayuda? Se
preguntó.
¿Le ayudaría a iluminar su trabajo con la lámpara mientras ella
abría las jaulas?
Joel la miró fijamente y ladeó la cabeza.
“Ya sé «quédate». ¿Soy un buen chico?”
“Sí, así es.” Rishe sonrió, se arrodilló al lado de Joel y metió sus
alfileres en el ojo de la cerradura bien iluminado. “Gracias, Sir Joel.”
“Mm.”
Joel había nacido en una familia noble y tenía hermanos mucho
mayores. Ella no lo había conocido como un novato en esta vida, pero
tal vez él estaba feliz de ser capaz de actuar como un hermano mayor
ante alguien más joven.
No, hubo muchas veces en las que actuó como si fuera más joven
que yo, incluso cuando yo era más joven que él.
Rishe abrió la jaula, pensando con cariño en su sexta vida.
Comprobó el estado de la mujer que había dentro, cortó la cuerda que
le rodeaba los tobillos y le ató las muñecas a los barrotes de la jaula en
una posición que no supusiera tensión para su cuerpo.
“Oye, ¿por qué las atas a las jaulas en vez de quitarles las cuerdas
del todo?”
“Para evitar que los esclavistas intenten escapar con ellas o las
arrojen al mar cuando empiece la lucha.”
En su primer encuentro con los esclavistas, intentaron llevarse a
algunas mujeres y huir cuando se dieron cuenta de que no eran rivales
para Arnold.
“Duermen tan profundamente que dudo que los esclavistas puedan
despertarlas y hacerlas correr. Abriré el resto de las jaulas, ¿puedes
encargarte de las cuerdas?”
Con la ayuda de Joel, pudo examinar rápidamente a todas las
mujeres. Ninguna parecía necesitar tratamiento urgente, pero por el
estado de sus cabellos y sus uñas, le preocupaba que muchas de ellas
estuvieran anémicas.
“Ahora bien. Gracias por su paciencia, Sir Joel.” Rishe se puso de
pie y sacó la daga oculta bajo su vestido. “Vamos arriba. Tomaremos
el control del barco y la mantendremos en su sitio hasta que las naves
de Galkhein puedan alcanzarnos.”
“Espera.” Joel detuvo a Rishe, su voz aguda. “Seguiré solo.”
Se adelantó y le arrebató la lámpara.
“Eres más débil que yo, pero no te protegeré mientras lucho. Así
que…” Con la mano en la puerta, la miró por última vez. “¿Por qué no
te quedas aquí y proteges a las mujeres?”
“Pues—”
“Lo sé. Crees que deberíamos ayudarnos y luchar juntos, ¿verdad?”
Joel probablemente había oído esas palabras innumerables veces.
Era necesaria cierta cooperación y dedicación a un plan para vencer en
el campo de batalla. Rishe había intentado convencer a Joel de ello en
su sexta vida. Sin embargo, él siempre la dejaba atrás cuando
empezaba la lucha, y la única vez que pensó que por fin podrían luchar
juntos, él había muerto por ella.
“Pero seré más débil si hacemos eso.”
“Sir Joel…”
“Por eso tengo que luchar por mi cuenta.”
Rishe clavó los ojos en Joel y le dijo de frente: “Mi papel aquí es
proteger tu libertad.”
Joel jadeó.
“Siéntete libre de seguir tu propio camino solo si quieres, pero yo
estaré allí para despejártelo.”
“Tú…”
“No te preocupes por vigilarme. Yo me ocuparé de lo que tú no
hagas.”
Rishe sabía exactamente cómo le gustaba luchar a Joel. Corría por
el campo de batalla con los ojos más brillantes que nadie. Ese era el
tipo de espadachín que era Joel, el mentor de Rishe.
“No hay necesidad de que me protejas o luches por mí. Sólo estaré
ahí para ayudarte a luchar por tu cuenta.”
“¿No estás enfadada conmigo?”
“Por supuesto que no.” Rishe sonrió, pensando en Arnold. “Sé lo
alentador que es que te digan: «Haz lo que quieras. Yo te respaldaré».”
No creía que esto expiara el haberle dejado morir, pero quería
devolverle de algún modo todo lo que había hecho por ella. Aunque
nunca pudiera llegar al hombre que había sido su mentor en su última
vida.
“Vamos, Sir Joel.” Ella le abrió la puerta. “Este es tu campo de
batalla.”
Tras dedicarle una mirada significativa, Joel le alborotó el cabello.
Ella se estremeció; el gesto le recordó su sexta vida, y le devolvió la
mirada con los ojos muy abiertos.
Entonces Joel saltó de la tenue bodega como un pájaro que levanta
el vuelo desde una ventana abierta.
Había dos presencias justo al otro lado de la puerta. Probablemente,
algunos de los marineros iban a ver cómo estaban sus prisioneros. Los
marineros de este tipo de operaciones ilegales solían ser piratas
acostumbrados a luchar. A diferencia de los marineros típicos,
llevaban sables en la cintura.
Cuando vieron a Joel, se sobresaltaron confundidos. Joel se había
movido tan rápido que no habían podido procesar lo que habían visto.
“¡¿Eh?!”
La daga de Joel brillaba a la luz de las lámparas. El pelirrojo se
acercó en un instante, clavando su pomo en la tripa de un pirata. Se
agachó y se retorció mientras se lanzaba hacia delante. Era bueno
aprovechando su peso.
“¡Guh!”
“¡¿Quién demonios…?!”
Cuando el primer marinero se desplomó sobre la cubierta, el
segundo desenvainó su alfanje. Pero para entonces, él también se
desplomó con un aullido anticlimático.
“Mm…” Joel se lamió los labios, con los ojos brillantes como si
fuera un niño pequeño a punto de devorar su golosina favorita. “No
eran muy fuertes, pero… hacía tiempo que no luchaba.”
Como siempre, es como un rayo.
Rishe tragó saliva, sosteniendo su lámpara en alto para él. Se sentía
como si acabara de ver un rayo caer del cielo y eliminar a sus enemigos
en una fracción de segundo. Su manejo de la espada no tenía nada que
envidiar al de Arnold, cuyos golpes resultaban increíblemente pesados,
pero también era un genio con la espada.
Aunque no podía limitarse a mirar.
“¡Sir Joel, tome este alfanje!”
Rishe tomó las espadas curvas de los dos marineros caídos, le lanzó
una a Joel y se quedó con una para ella. En su sexta vida, se entrenó
con estas espadas, que eran más largas que las dagas, pero más
adecuadas para la lucha a bordo que las espadas rectas. Rishe empuñó
su espada y bloqueó el golpe de un tercer marinero, que acababa de
aparecer detrás de Joel.
El impacto que recibió en el brazo no se pareció en nada al que
recibió cuando bloqueó la espada de Arnold. Rishe giró la hoja y apartó
el arma de su adversario.
“¡¿Qué…?!” Los ojos del tercer marinero se abrieron de par en par.
Cuando perdió el equilibrio, Rishe se agachó.
“¡Sir Joel!”
Ni siquiera tuvo que hacerle una señal. Ya se había lanzado hacia
delante, golpeando con su espada aún envainada en la frente del
hombre.
“¡Gah!” El marinero se desplomó justo cuando Joel aterrizó.
Rishe se puso en pie, exhalando asombrada ante la exhibición en
primer plano de la habilidad de Joel con la espada.
¡Qué movimientos tan suaves! Ese es mi mentor, sin duda. Hay
mucho que aprender sólo con verle de cerca. Aunque sabía que era
una técnica que él sólo podía realizar con su agilidad y su densa
musculatura, seguía admirándola.
Joel se limitó a lanzarle una mirada dubitativa.
“Qué rara eres.”
“¿Perdón?”
“Nunca he pensado que fuera más fácil luchar con otra persona,
pero…”
Rishe no pudo evitar deleitarse con aquellas palabras de su antiguo
mentor, pero ahora no era el momento de rememorar.
“Vamos. No siento a nadie cerca, así que la cubierta debe estar
varios niveles por encima… ¡Ack! ¡Espere, Sir Joel!”
Cuando Joel subió corriendo las escaleras, Rishe se apresuró a
seguirle mientras hacía todo lo posible por apoyarlo. Subió las
escaleras con una lámpara en una mano y un alfanje en la otra,
noqueando a cualquiera que se encontraran. La pareja hizo todo lo
posible por evitar que los marineros alertaran a sus compañeros, pero
cuanto mayor era el alboroto que armaban, más marineros se reunían
junto a ellos.
Pero los ojos de Joel brillaban con más intensidad cuantos más
enemigos tenían enfrente. Cada vez que aparecía un enemigo de
aspecto fuerte, corría hacia él mientras Rishe se encargaba de los que
no le llamaban la atención. Los pasos de Joel eran una danza propia, y
Rishe entendía perfectamente el ritmo.
“¡Trataré con estos enemigos! ¡Siga haciendo lo que quiera, Sir
Joel!”
Cuando se enfrentaba a un adversario más experimentado, Joel
daba su particular valoración de la habilidad del enemigo.
“Tú eres el postre, por lo que veo… Pareces más sabroso que el
resto.”
Sonriendo irónicamente, Rishe abrió la puerta de un camarote,
llamando la atención de los enemigos que había dentro.
“¡Mujerzuela!” Rugieron, pero ella tenía ventaja en un espacio tan
reducido.
Dejó la lámpara sobre la mesa y sostuvo un alfanje en cada mano.
Incluso luchando con dos espadas, tuvo cuidado de no ensuciar
demasiado el interior de la cabaña.
“¡Augh!”
Rishe tomó aire después de que el último hombre cayera con un
aullido.
“Espera, ¿qué pasa con este mapa?” Éste debía de ser el camarote
donde el navegante guardaba sus registros. Rishe frunció el ceño ante
la carta marina de la pared.
Ese marcador, es… Se acercó a él y señaló la zona con el dedo. Era
un puerto marítimo del norte de Galkhein, el lugar más cercano a
Coyolles.
“¿Por qué Ceutena?” Era la ciudad gobernada por Lord Lawvine,
el leal vasallo que Arnold ejecutaría en el futuro.
“Hey. Vamos.”
“¡Oh, claro!” Rishe apartó los pensamientos sobre Ceutena y se
apresuró a seguir a Joel. Le sorprendió que se hubiera molestado en
llamarla antes de seguir adelante.
Se abrieron paso hasta la cubierta, donde podían tomar el control
de la nave. Subiendo por una inestable escalera de cuerda, Rishe se dio
cuenta de que el nuevo piso tenía ojos de buey.
¡Ya casi llegamos a la cubierta! Pero…
El cielo se veía blanco a través de las ventanas redondas. Rishe hizo
una mueca cuando por fin llegaron a la cubierta superior.
“¡Mira esta niebla!”
Joel estaba de espaldas a ella, mirando a su alrededor. Podían ver
hasta el otro extremo de la cubierta, así que la niebla no era
absurdamente espesa, pero no tenían ni idea de lo que había en el mar
a su alrededor.
Con esta niebla, puede que nuestros refuerzos no nos encuentren.
Preparada para esa posibilidad, Rishe apretó con fuerza su alfanje. El
resto de la tripulación, que ya se había dado cuenta del caos que reinaba
bajo cubierta, se situó ante Joel y Rishe.
“Me preocupaban los perseguidores.” Dijo uno. “No pensé que se
colarían a bordo.”
Supuse que estarían listos.
“¡Sir Joel, no se preocupe por mí!” Llamó Rishe a su espalda.
La miró de reojo.
“Lo sé.”
Joel salió disparado y los enemigos se lanzaron contra él.
Aun así, ¡hay tantos!
Rishe cambió a su daga envainada y la lanzó a la mandíbula de uno
de los marineros que apuntaban a Joel. Golpeó un punto débil con
fuerza y el hombre cayó a cubierta, pero sólo había eliminado una
amenaza.
Tengo ganas de un arco. Aunque necesitaría que este balanceo se
detuviera si quisiera dispararlo de verdad.
El barco llevaba ya un rato balanceándose violentamente. Rishe
echó un vistazo a la popa, donde el timonel giraba el timón para hacerlo
tambalear a propósito.
Tengo que ayudar, así que…
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Rishe mientras calculaba
la mejor ruta a seguir.
“¿Eh?”
Había divisado una sombra en el mar, como una pequeña isla en la
niebla. Era otro barco. Cuando la niebla lo enfocó lentamente, vio sus
velas destrozadas. El mascarón de proa de la diosa estaba agrietado y
podrido, y sonreía con un ojo arrancado. Rishe se estremeció al verlo.
Tuvo la sensación de que, de algún modo, había llamado la atención
del mascarón de proa.
¡Es como un barco fantasma!
Sin embargo, sabía que no lo era, a juzgar por las figuras que se
movían en cubierta. Habían cubierto las velas nuevas y la madera con
las viejas para dar a cualquiera que los viera la impresión de que eran
inofensivos. Este viejo navío de aspecto abandonado era sin duda un
barco pirata.
Rishe hizo una mueca y gritó: “¡Refuerzos enemigos!”
El otro barco les lanzó cuerdas lastradas, que se engancharon en la
barandilla de cubierta. El barco fue arrastrado hacia el suyo y se
balanceó una vez más.
“Ngh…”
“¡Sir Joel!”
En el lugar donde Joel había plantado el pie, había un marinero
desplomado tendido en cubierta. Joel perdió el equilibrio justo cuando
una espada enemiga se abalanzaba sobre él.
¡No!
Rishe recordó a Arnold protegiéndola y su sexta vida. Joel se había
convertido en su escudo. Le había sonreído cuando vio que estaba a
salvo.
Saltó delante de él, cortando el brazo del marinero con su alfanje.
“¡Gah!” El marinero retrocedió, agarrándose el brazo sangrante.
Pero Rishe sabía mejor que nadie que no era suficiente.
“¡Maldita arpía! ¿Cómo te atreves?” Otro hombre intentó agarrarla
del cabello. Rishe se preparó para el dolor cuando una hoja pasó a un
pelo de su cara.
¿Joel?
Empujó a Rishe a un lado y derribó al marinero. El hombre gritó al
caer a cubierta. Pero Joel no se había recuperado del todo de perder el
equilibrio hacía un momento. El barco volvió a balancearse y Joel se
golpeó contra la cubierta.
“¡Agh! ¡Ay!”
Ese escalofrío había sido por el impacto de los piratas abordando el
barco.
¡Esto es malo! Fueron separados, y Joel fue rodeado primero
porque se había lesionado.
“Sir Joel, ¿está herido?”
Su única respuesta fue un siseo de dolor.
¡Se golpeó la cabeza! Aunque se haya agarrado al caer, no se
recuperará enseguida.
Rishe levantó su alfanje por encima de la cabeza y esquivó el golpe
de su espada. Barrió las piernas del hombre y, aprovechando el
balanceo del barco, golpeó su nuca con la vaina.
¡Necesito abrirme paso a través de ellos y llegar primero a Joel!
Joel no podía volver a ponerse en pie, pero seguía oponiendo
resistencia con su alfanje. Utilizó sus reflejos para rodar por la cubierta,
esquivando a múltiples enemigos mientras intentaba enderezarse.
Rishe se abrió paso entre los enemigos y utilizó sus dos espadas
para derribar a los tres más cercanos. Al sincronizar sus movimientos
con el molesto balanceo de la nave, golpeó las cabezas de los dos
hombres siguientes.
“¡¿Cómo se mueven tan bien estos marineros de agua dulce en este
barco que se balancea?!”
“¡Sir Joel, deme su mano!”
“Estoy bien… Sólo sal de aquí…” Joel jadeaba con fuerza mientras
se retorcía en la cubierta. Estaba demasiado preocupado luchando
contra su mareo como para tomar la mano de Rishe. “No te ayudaré
más… No puedo ayudarte, así que…”
“¡No me importa! Por favor, sólo por esta vez, ¡no intentes luchar
solo!”
“No te necesito.”
Uno de los hombres intentó clavar su espada en Joel, pero éste
apartó la hoja sin siquiera mirarla. Rodó por la cubierta para evitar el
siguiente ataque, pero no había forma de que aguantara así mucho
tiempo.
“¡Vamos!”
“Vete…” Joel apuntó sus ojos desenfocados hacia el mar y los
entrecerró. “Si no lo haces, vendrán más enemigos…”
Otro barco había aparecido en la niebla.
“Lucharé. Por mi cuenta.”
“No…”
“Si no lo hago, yo…”
“No, Sir Joel!”
Rishe observó el nuevo barco. Los marineros le siguieron,
desconcertados por su llegada. El barco era un tamaño mayor que éste,
y no tenía la bandera podrida de un barco fantasma en lo alto de su
mástil.
“Esa es…”
Era el águila de la bandera nacional de Galkhein.
En cuanto Rishe la vio, alguien saltó a bordo del barco. Aterrizó
grácilmente frente a ella, redujo en un instante a los marineros cercanos
y la miró con sus ojos azules.
“Rishe.”
Incluso en esta niebla tenue, sus ojos eran del azul brillante del mar.
Con esa voz suya tan querida, le preguntó como siempre: “¿Estás
herida?”
“¡P-Príncipe Arnold!” Le temblaba la voz, y no sólo de alivio al ver
su cara. Sabía que había venido a salvarla. Sin embargo, no podía dejar
de preocuparse por la herida de hace unos días, así que no pudo evitar
expresar su queja egoísta. “¡Le pedí que no viniera, Su Alteza!”
“Y te dije que no accedería a eso.” Dijo Arnold, tirando de ella
hacia él.
Un momento después, la nave volvió a balancearse. Rishe se
preparó, tratando de no forzar a Arnold. Recuperó el equilibrio
rápidamente y Arnold le puso un fardo en los brazos.
“¡Oh!”
Era un arco, un carcaj y dos espadas, una de ellas probablemente
para Joel. Ahora que estaban al descubierto, sería más ventajoso luchar
con espadas más largas.
Arnold siempre sabía lo que ella quería.
“¡Gracias!”
Los marineros fulminaron a Arnold con la mirada y se abalanzaron
sobre él.
“¡Maldita sea! ¿Quién demonios…?” La voz del hombre se cortó
al caer.
Arnold estudió fríamente a sus enemigos y luego se centró en Joel.
El pelirrojo por fin se había puesto en pie. Aunque respiraba
entrecortadamente, tenía el centro de gravedad bajo y la espada bien
agarrada. El enemigo lo acuchilló, pero él esquivó rápidamente sus
ataques y en su lugar los cortó.
¡¿Cómo es que ahora lucha aún más rápido?!
Arnold sólo entrecerró los ojos al ver la esgrima de Joel.
“¡Sir Joel, aquí!” Rishe le lanzó una espada, y Joel la sujetó por
encima de la cabeza tambaleándose. Dudaba que se estuviera
imaginando el estado confuso en que se encontraba.
“¡Su Alteza! Sir Joel me ayudó, pero está herido. No creo que pueda
luchar por mucho más tiempo.”
“Los caballeros pueden unirse a nosotros cuando el barco deje de
balancearse.”
Rishe asintió y tensó la proa. Desde aquí no podía alcanzar al
timonel, bloqueado por las velas, pero podía ayudar a Joel y Arnold.
“Tomaremos el timón.”
“Te apoyaré. ¡Por favor, no se esfuerce, Su Alteza!”
Rishe clavó una flecha mientras Arnold se dirigía hacia el enemigo.
*****
¿Por qué?
Joel rebosaba sentimientos que no podía comprender mientras
observaba a Arnold y Rishe. Le palpitaba la cabeza, tenía náuseas y
veía borroso. En su estado, el traqueteo del barco sólo le hacía sentirse
más miserable.
Aun así, los miembros de Joel reaccionaron a la sed de sangre que
percibía a su alrededor, y su cuerpo se movió con naturalidad para
combatirla sin pensar. Pero su atención se centró menos en la gente
que intentaba matarle y más en la pareja que luchaba junta al otro lado
del barco.
El Príncipe Arnold la está protegiendo… aunque eso debería
debilitarlo…
Joel era muy consciente de ello.
“Realmente eres un genio con la espada, Joel. No hay otra forma
de decirlo.”
Se lo había dicho un caballero instructor mientras recibía clases de
espada con otros jóvenes nobles.
La primera persona que le había enseñado a usar una espada había
sido su hermano mayor. Fue lo primero que Joel había encontrado
divertido. Había pasado la mayor parte del tiempo durmiendo por falta
de ganas de hacer otra cosa.
Siempre que estaba despierto, pensaba en la espada. Cuando su
hermano estaba en casa, Joel le rondaba, acosándole para que le
entrenara. Su hermano había sido paciente con él, pero cuando sus
estudios como próximo jefe de familia empezaron a consumir su
tiempo libre, le preguntó a Joel: “¿Quieres tomar las mismas clases de
espada que yo? Todos los demás serán mayores que tú, pero estoy
seguro de que podrás seguir el ritmo, Joel.”
Su hermana llevaba a Joel a las clases, y éste aprendía con docenas
de alumnos que le llevaban cinco o seis años. Pero al tercer día de
clase, Joel les había ganado a todos y cada uno de ellos.
“¡Joel! ¡Eres realmente increíble!” Dijeron todos los caballeros
mayores, dándole palmaditas en la cabeza. Entonces en verdad había
sido un niño, y se sintió feliz de recibir sus elogios.
“¡Espero que te unas a los caballeros como nuestro subalterno,
Joel!”
“Es tranquilizador que podamos estar luchando a tu lado.”
“Sí… lucharé con ustedes.”
Joel lo esperaba con tantas ganas que se esforzó aún más en su
entrenamiento. Blandía su espada de madera incluso cuando sus
mayores descansaban. Bebía leche a pesar de que no le gustaba, porque
había oído que le haría más alto, y corría de un lado a otro tratando de
ganar músculo, viviendo una vida que nunca podría imaginarse
viviendo ahora.
“¿Quieren acompañarme?” Preguntó una vez a sus mayores, que
negaron con la cabeza, con sonrisas amargas en sus rostros.
“Eres el único que puede entrenar así, Joel.”
“Sí. Tenemos que hacer las cosas a nuestra manera.”
Creía que cada uno entrenaba duro a su manera, pero nunca se
volvían más difíciles de combatir. En todo caso, Joel sentía que cuanto
más fuerte se hacía él, más débiles se volvían los demás. Y no era sólo
porque la diferencia entre sus habilidades fuera tan grande. En realidad
eran cada vez más débiles.
Joel lo entendió por fin cuando tenía nueve años. Estaban en el
océano, entrenándose para luchar en los barcos, algo necesario para los
futuros caballeros de Siarga.
“¡Ayuda!”
Habían salido a mar abierto y se habían topado con piratas. Puede
que aún no tuvieran experiencia real en combate, pero todos eran
chicos nobles que llevaban años entrenándose. Pero la escena que Joel
tenía ante sí no se parecía en nada a lo que había imaginado, y lo único
que pudo hacer fue quedarse allí de pie, con la mirada perdida.
“¡Joel, date prisa!”
Los niños mayores lloraban y pedían su ayuda.
“¡Hey! ¡¿Qué pasa, Joel?!”
El caballero retirado que les servía de instructor había sido
apuñalado primero y había perdido el conocimiento. Sin embargo, los
chicos mayores no habían hecho nada por ayudarlo, sino que habían
clavado una espada a Joel —el más joven de ellos— y lo habían
empujado hacia los piratas.
“¡¿Eres un genio, verdad?! ¡¿Puedes vencer a todos los piratas tú
solo, cierto?!”
Se habían reído y habían dicho que sería tranquilizador luchar a su
lado, ¿no? Pero ahora empujaban a Joel contra el enemigo y le
gritaban. Incluso había rabia en sus voces.
“¡Date prisa y sálvanos!”
Oh. No es que estuviera triste por verse obligado a luchar solo. Se
debilitaron por mi culpa.
Eso era lo que había aprendido aquel día.
Cuando los fuertes protegen a los débiles, éstos se debilitan. Tanto
el protegido como el que protege.
Joel venció él mismo a todos los piratas y también curó las heridas
del instructor. Cuando volvieron a tierra, todos se deshicieron en
elogios hacia él y le agradecieron que luchara por su bien, pero él ya
no podía aceptar su afecto.
Los hice débiles.
Si él no hubiera estado con ellos, seguramente habrían muerto. Fue
entonces cuando Joel tomó su decisión.
Debo luchar por mí mismo. Cualquiera que confíe ciegamente en
otra persona tendrá una muerte patética en cuanto pise un campo de
batalla real.
Si alguna vez luchaba junto a alguien, tenía que ser alguien más
fuerte que él. De lo contrario, dependerían de él y morirían.
Ya no necesito que nadie alabe mi habilidad con la espada. Y
tampoco entrenaré más… No puedo dejar mi vida en manos de esta
gente. Es más fácil no confiar en ellos.
Tras decidir no volver a luchar junto a nadie, la habilidad con la
espada de Joel no hizo más que mejorar. Tal vez, simplemente, nunca
se le dio bien actuar en conjunto con otras personas.
Los fuertes se debilitan porque los débiles les ponen trabas. Los
débiles se debilitan porque dependen de los fuertes.
Había estado seguro de ello, pero la forma en que Arnold Hein y
Rishe luchaban en lo alto del barco contradecía su creencia.
¿Cómo es que el Príncipe Arnold es tan fuerte mientras lucha por
protegerla?
Mecido por esta increíble realidad, Joel abatió a los enemigos que
tenía delante.
No era sólo Arnold; la propia Rishe estaba derribando piratas con
sus flechas, mucho más firme que antes.
Lo mismo le pasa a ella. Sus pasos son mucho mejores que cuando
luchaba sola.
Joel reprimió las náuseas que le producía la herida en la cabeza y
entornó los ojos.
También está… luchando mejor que conmigo.
Cuando luchaba con Arnold, Rishe mostraba una fuerza digna que
resultaba evidente incluso para Joel.
*****
Rishe disparó a un enemigo que se acercaba a Joel en la pierna para
inmovilizarlo, y luego corrió tras Arnold. Los pies del príncipe eran
tan estables en el barco que costaba creer que tuviera tan poca
experiencia luchando en el agua.
No sólo su manejo de la espada es increíble, sino también su
dominio del cuerpo.
Comprendió perfectamente por qué Arnold había abordado el barco
por su cuenta, dejando atrás a sus Guardias Imperiales. Incluso cuando
aparecieron más marineros, embarcando desde el otro barco, la
expresión de Arnold no cambió ni un ápice.
Pero…
Había cajas y barriles por toda la cubierta, y cada vez que el barco
se tambaleaba, la pareja se acercaba, utilizando los obstáculos móviles
como cobertura.
¡Ya sé lo que tengo que hacer!
Rishe se echó el arco al hombro y se agarró a una escalera de cuerda
que colgaba del mástil. Subió hasta una altura decente y enganchó un
brazo alrededor de la escalera para no caerse. Clavó otra flecha desde
allí, disparó a un enemigo frente a Arnold y gritó: “¡A dos metros a las
once, detrás del cajón!”
Arnold pateó inmediatamente el cajón y se precipitó hacia delante.
En cuanto derribó a los dos enemigos que se ocultaban tras él, Rishe
saltó sobre el cajón y disparó a un hombre que se ocultaba tras un
barril, al que ahora podía ver desde su nuevo punto de observación.
El timón estaba a treinta metros de distancia, pero los enemigos
seguían saliendo de la nada. Con un ojo puesto en Joel, Rishe dijo a
sus aliados: “¡Están virando el barco a estribor! Lo próximo será virar
a la izquierda.”
Arnold abatió a varios enemigos, abriendo espacio a su lado.
“Rishe. Aquí.”
“¡Sí, Príncipe Arnold!” Rishe saltó al lugar que él había hecho para
ella, y el barco se balanceó. Arnold le rodeó la cintura con el brazo. La
caja sobre la que estaba se estrelló contra un pilar y se hizo añicos.
Se separaron rápidamente, alzaron sus espadas y abatieron a los
enemigos que estaban desequilibrados por el último turno. Junto a
Arnold, Rishe cambió la espada por el arco.
Desperdicié algunas flechas. Incluso con esta niebla y el balanceo
del barco, Raúl no habría fallado.
“Rishe.” Arnold levantó su espada hacia el enemigo, protegiéndola
a sus espaldas. “Detendré a los piratas. ¿Puedes quitar a ese hombre
del timón?”
Sólo me queda una flecha… El timonel estaba oculto por la niebla,
pero Rishe mantuvo la cabeza alta y, confiando su espalda a Arnold,
respondió: “¡Déjamelo a mí!”
“Lo haré.” Rishe estaba segura de que su amable respuesta no era
imaginación suya.
Quizá sí le debilite para protegerme. Rishe era muy consciente de
ello tras la herida que había sufrido Arnold. El Príncipe Arnold es
práctico, y sólo mantiene a su lado a quienes necesita. Eligió a Oliver
y a Raúl…
Respiró hondo y clavó su última flecha.
Es la misma razón por la que forjó una alianza tecnológica con
Coyolles, formó una empresa conjunta de fabricación de papel
moneda con Siguel e indultó al Profesor Michel… Tampoco tendría
nada de extraño aliarse con este mercader de la muerte.
Incluso si Rishe hubiera evitado que sucediera aquí y ahora, lo más
probable es que Arnold obtuviera la tecnología de construcción naval
de Siarga en algún momento. Esto no era como la pólvora. Era
tecnología que otro país poseía y que Galkhein no, y Arnold nunca
permitiría que su nación siguiera siendo inferior a otra.
¡Pero por eso necesito dejar algo claro!
Rishe entrecerró lentamente los ojos y apuntó. Se aseguró de
mantener la estabilidad, buscando el equilibrio que pudo en la oscilante
cubierta.
“¡Oye, no estarás planeando en serio dispararle desde aquí,
¿verdad, nena?! Ja, ja, nunca acertarás… ¡argh!”
Creía que Arnold la protegía a ella y a Joel. Aunque estaba
preocupada por su lesión, había decidido confiar plenamente en él.
Necesito que todo aquel que me vea a partir de ahora sepa una
cosa. Rishe contuvo la respiración, concentrando cada nervio de su
cuerpo. ¡Su Alteza Arnold Hein, el príncipe heredero, es más fuerte
con su novia al lado!
Se fijó en su enemigo.
Si lo consigo, hasta el Príncipe Arnold tendrá que pensar lo
mismo… Me convertiré en la opción lógica frente a un traficante de
armas que destruirá el mundo.
Si no podía convertirse en una novia digna de eso, entonces no
podría cambiar el futuro.
No dejaré que recorras ese maldito camino solo.
Transmitiendo en silencio su determinación al hombre que tenía a
su lado, Rishe dejó volar su flecha.
¡Te haré elegir un futuro conmigo!
La flecha se clavó en la niebla, apuntando al timonel. Nunca le daría
en este ángulo. Pero justo entonces, el barco empezó a inclinarse hacia
la derecha.
“¡Gah!”
La flecha impactó en el brazo del hombre y éste gritó, soltando el
timón. El timón, que giraba incesantemente, se soltó por fin y la nave
se sacudió una última vez.
“¡Su Alteza, le di!”
“Todos a cubierta.” Ordenó Arnold inmediatamente. Su voz era
indiferente, pero se oía bien.
Con la cubierta finalmente un campo de batalla decente, los
Guardias Imperiales descendieron sobre el barco a la vez.
¡Ya casi está!
Con tantos caballeros de su lado, el herido Arnold y Joel no tendrían
que luchar más, pero aun Rishe no podía bajar la guardia. Joel seguía
rodeado, sus oponentes levantaban las espadas para atacar.
“¡Sir Joel!” Rishe empezó a correr hacia él, pero Arnold la detuvo.
“Está bien.”
Tenía razón. La espada de Joel centelleó en un círculo, el final de
su magnífica danza.
¡Joel!
Al despejarse la niebla, su espada reflejó un tenue rayo de sol. Sus
enemigos cayeron, y un camino se abrió ante él. Cuando la vio, sonrió
casi como aliviado.
Menos mal. Rishe también dejó escapar un suspiro de alivio.
Uno de los Guardias Imperiales se apresuró e informó: “¡Su Alteza,
Lady Rishe! ¡Hemos localizado a once mujeres confinadas en el barco!
Las rescataremos inmediatamente.”
Todos los enemigos en cubierta estaban inconscientes.
Envainando su espada, Arnold le dijo a Rishe: “Esas once
conforman el resto de las mujeres dadas por desaparecidas en Siarga.
Confiscaremos este barco y el otro como prueba.”
“Pero, Alteza, ¿no movilizó el barco en el que llegó con poca
antelación? Con una sola tripulación, ¿cómo va a llevarlos a todos de
vuelta a puerto?”
Arnold miró la bandera de Galkhein que ondeaba en su barco.
Ahora que la niebla se había disipado un poco, Rishe podía ver gente
saludando en cubierta.
Sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa.
“¡Son los marineros que nos ayudaron a apagar el fuego!”
Los mismos a los que Rishe había invitado a unas copas al día
siguiente como agradecimiento.
“El cazador propuso que los contratáramos temporalmente. Oliver
hizo los arreglos. Al parecer, todos y cada uno de ellos se ofrecieron
voluntarios para el trabajo sin tener en cuenta su trabajo real cuando se
enteraron de que era para ti.” Arnold miró a Rishe con afecto. “Ése es
tu poder.”
A Rishe se le hinchó el corazón al oírlo, aunque no fuera cierto. En
realidad, esto había surgido gracias a la sugerencia de Raúl y a las
maniobras de Oliver. Todo este plan tampoco habría funcionado sin
Joel y Arnold. El día en que Rishe cambiara la fuerza de Arnold aún
estaba lejos en el futuro.
Aun así…
Extendió la mano y se aferró a Arnold. Entre sus brazos, le preguntó
despreocupada: “¿La herida te dejó de doler?”
Sabía que la única manera de que hablaran sin que nadie los oyera
era que ella se aferrara a él de esa manera, aunque tal vez sólo fuera
una excusa.
“Sí.” Dijo Arnold tras una pausa, acariciando el cabello de Rishe.
Le susurró al oído: “Desapareció por completo, gracias a ti.”
Si le respondía de inmediato, sentía que le temblaría la voz. Rishe
enterró la cara en el pecho de Arnold, aferrándose a su ropa. Por fin
pudo soltarlo cuando unos pasos más ligeros que los de los caballeros
se acercaron a ellos.
“Sir Joel…”
Joel frunció el ceño cuando vio a Rishe en brazos de Arnold.
“Gracias. Por salvarme.”
“No hay necesidad de eso.”
Rishe había sido salvada por él innumerables veces en el pasado.
No podía decírselo, pero le estaba sinceramente agradecida. Había
hecho tanto por ella que nunca podría devolvérselo.
“Eres mucho más fuerte cuando estás con el Príncipe Arnold.” Dijo
Joel, con voz suave a pesar de la falta de expresión en su rostro.
¿Podría ser…? Rishe tuvo la sensación de que podría entender un
poco lo que Joel había estado sintiendo. ¿Joel lucha solo para que sus
aliados tengan más posibilidades de sobrevivir? Si ella se lo
preguntaba directamente, él probablemente lo negaría.
Rishe volvió a mirar a Arnold y él la soltó lentamente.
“Sé que las personas fuertes que llevan cargas por sí mismas y
luchan solas no quieren hacer daño a los demás.” Le dijo a Joel.
Rezando para que nadie se diera cuenta de lo mucho que echaba de
menos el calor de Arnold mientras se alejaba de ella, continuó: “Pero
por eso quiero hacerme más fuerte… para que esa persona no tenga
que volver a salir herida.”
Arnold arrugó los ojos en señal de comprensión.
“Ya veo.”
Metiéndose la espada en el cinturón, Joel dedicó a Arnold una rara
sonrisa y dijo: “Sí… No estuvo mal.”
Abrió la mano de su espada, la estudió y la cerró. Tras el gesto de
prueba, dejó la mano en la empuñadura de la espada y dijo con
satisfacción: “Ahora recuerdo que siempre quise luchar con otras
personas.”
“¡Vaya, Sir Joel!”
Sólo había luchado junto a Joel una vez en su sexta vida, justo antes
de morir. ¿Había recordado lo mismo entonces, cuando murió por ella?
Él no lo recordaría, reconoció, luego hizo un juramento en su
corazón. Detendré al Príncipe Arnold. Evitaré el futuro sangriento de
Su Alteza y la muerte de Joel. Para hacer eso, yo…
Se agarró a la manga de Arnold y el príncipe le acarició el cabello.
Rishe sonrió, resistiendo el impulso de volver aferrarse a él.
En ese momento, Joel murmuró: “Tengo sueño.” Y se desplomó
sobre la cubierta.
En el barco reinó el bullicio durante algún tiempo.
EPÍLOGO
Después de tratar a Joel y a las secuestradas, Rishe regresó a la villa,
donde se encerró con Arnold en su habitación. Necesitaba comprobar
el progreso de su curación y volver a aplicarle el ungüento.
El príncipe estaba sentado en la cama, con el torso desnudo. Rishe
se sentó en una silla frente a él y lo miró una vez hubo terminado su
examen.
“Parece que el efecto curativo de la sangre de la diosa es más
potente en la fase crítica de una herida.” Fue su determinación.
Abrió el frasco que contenía el ungüento y lo frotó con un pincel
que sólo utilizaba para ese fin. Arnold no parecía muy interesado en lo
que decía, pero seguía escuchando.
“Dejaste de sangrar rápidamente la noche en que te hirieron, pero
desde entonces ha cicatrizado a un ritmo normal. No hay indicios de
que la herida vaya a curarse del todo pronto.”
“Ya veo.”
“Realmente tengo que imaginar que duele cuando te mueves…”
Arnold era demasiado bueno ocultándolo. La vieja cicatriz de su
cuello debería haber causado algunas diferencias en la forma en que
movía sus lados derecho e izquierdo, pero apenas dejaba que nadie se
diera cuenta.
“¿De verdad no te estás esforzando?” Rishe lo estudió atentamente,
pero la expresión de Arnold no cambió. En lugar de eso, le sujetó la
cara, aplastándole las mejillas.
“O-Oh, ¡¿podrías dejar de molestarme?!”
“Je.”
Por alguna razón, sólo disfrutaba con sus protestas. Rishe hinchó
las mejillas, irritada, mientras volvía a aplicarle el ungüento.
“¿No estás herida ni enferma?” Le preguntó esta vez.
“Le aseguro que estoy ilesa en mente y cuerpo. No esperaba que
fueran tan amables conmigo, sinceramente.”
Arnold frunció el ceño, pero esto era importante.
“Me molesta lo extraño que fue el trato que nos dieron. Claramente
tenían cuidado con nosotros como piezas de mercancía, pero ni
siquiera se molestaron en registrarnos en busca de armas ocultas… No
puedo imaginar que el comercio de esclavos sea su principal negocio.”
“Seguro que no.”
“Luego está el mapa que le mencioné antes, Su Alteza.” Ella le
había dicho de vuelta en la cubierta. “Ese barco pretendía parar en
Ceutena.”
No respondió, pero Rishe no esperaba que lo hiciera. Se había dado
cuenta de que habían dejado a Raúl en el barco cuando partieron.
Ceutena es un puerto del norte, camino de Coyolles. No es un
destino inusual para un barco que sale de esta ciudad, pensó mientras
envolvía la herida de Arnold con una gasa. Pero Ceutena es dominio
de Lord Lawvine. No puedo olvidar la frialdad que Su Alteza mostró
hacia Lord Lawvine.
Había un hombre que se hacía llamar Tadeo detrás del comercio de
esclavos. Probablemente era traficante de armas, y lo siguiente más
rentable para un hombre como él después de la guerra era la rebelión.
Esto es sólo una hipótesis, pero… Lord Lawvine no estaba allí el
primer día que participé en el entrenamiento de cadetes de caballero
de diez días.
Había empezado a instruirles el segundo día.
“Los jóvenes como tú siempre deben aspirar a superarse. Los
ayudaré en su instrucción a partir de mañana. Estoy deseando ver
cómo se desenvuelven.”
“Me han retenido más tarde de lo previsto, así que no he podido
asistir al entrenamiento de hoy. ¿Qué opinas?”
Eso era lo que Lawvine había dicho entonces, pero teniendo en
cuenta el cuidado y el esfuerzo que ponía en su entrenamiento, ¿qué
podía haber hecho que se perdiera su primer día? Kyle, otra persona
concienzuda, había llegado al día siguiente, a la hora exacta que Arnold
esperaba de él.
Si Lord Lawvine sólo estaba allí para mantener a raya al Príncipe
Kyle, entonces no tiene sentido que llegara a después del Príncipe
Kyle. Si considero la peor razón posible por la que los planes de Lord
Lawvine podrían haberse retrasado…
Las manos de Rishe se ralentizaron mientras preparaba las vendas
de Arnold.
¿Podría Lord Lawvine haber pasado por Bezzetoria?
Recordó haber visto mercancías de Ceutena en un barco en la
ciudad hace unos días. No habría sido extraño que Lawvine visitara
Bezzetoria si hacía negocios con algunos de los barcos de aquí. Si casi
nunca salía de su región, no sería extraño que pasara por aquí como
parte de su viaje a la capital de Galkhein.
Pero el Príncipe Arnold mata a Lord Lawvine en el futuro…
¿Y si no hubiera sido porque se había manifestado en contra de las
atrocidades del Emperador Arnold Hein, sino porque había estado
tramando algún otro delito grave?
“Rishe.”
“¡Oh!”
La mano de Arnold se posó sobre la suya, que aún sostenía las
vendas.
“Yo lo haré.”
Debió de adivinar lo que ella estaba pensando. Rishe se sentía
culpable y quería ayudar en su tratamiento de alguna manera, así que
acabó proponiéndole algo voluntarioso.
“Lo haremos juntos.”
“¿Juntos?”
“S-Sí.”
Era consciente de lo extraño de su sugerencia, así que murmuró
entre dientes mientras lo alcanzaba. Era más fácil vendarse el abdomen
uno mismo que pedirle a otro que lo hiciera. Rishe lo sabía, así que se
limitó a ayudar.
Aun así, ella también puso una oración en su ayuda.
“Que tu herida sane rápido…”
Mientras Rishe seguía rezando, Arnold la contemplaba con su
mirada indiferente pero, en cierto modo, amable. En cuanto terminó de
vendar, posó una mano sobre la cabeza de Rishe. Rishe parpadeó
lentamente, reconfortada por la sensación de sus dedos peinando su
cabello.
“¿Qué pasa, Alteza?”
“Tienes sueño, ¿verdad?”
Eso no era cierto en absoluto. Ella negó con la cabeza, pero él siguió
acariciando sus mechones.
“No tengo sueño.”
“Me pregunto.”
“¡No lo tengo! Espera, ¿eh?” Hizo todo lo posible por negarlo, pero
los párpados le pesaban de repente.
“Sé que no has dormido desde la noche del incendio.”
Rishe agachó la cabeza, incapaz de defenderse. Sentía que estaba a
punto de derretirse donde la tocaba la cálida mano de Arnold.
“¿Te rindes?”
“… Sí.”
“Entonces duerme hasta la noche.”
Ella sabía por qué había especificado noche, por supuesto.
Rishe parpadeó, bajó la mirada y sujetó lentamente la mano de
Arnold, suplicando como una niña pequeña: “¿Puedo… dormir aquí?”
Arnold respiró hondo y volvió a acariciarle el cabello.
“Claro.”
Rishe sonrió sin querer, tan contenta estaba de oír aquello.
Y cuando se despertó justo antes del anochecer, terminó todos sus
preparativos y se dirigió con Arnold al lugar de encuentro.
*****
Rishe estaba sentada junto a una ventana, muy nerviosa, mientras la
luz dorada del atardecer empezaba a entrar en la habitación. Las
mujeres que la habían ayudado a cambiarse habían abandonado la
habitación tras terminar sus últimas comprobaciones. Una vez más se
inspeccionó en el espejo, también comprobando su espalda, antes de
que una voz llegara desde el otro lado de la puerta.
“Rishe.”
Jadeó cuando Arnold la llamó por su nombre.
“¡Un momento, por favor!”
Se miró por última vez en el espejo y jugueteó con su flequillo.
Llevaba el cabello suelto, pero empezaba a pensar que debería
habérselo peinado hoy en lugar de dejárselo así para la ceremonia.
Pero no podía posponerlo para siempre.
¡Necesito pensar en el Príncipe Arnold! ¡Está herido, así que no
puede esperar en el pasillo mucho tiempo!
Rishe respiró hondo, se armó de valor y gritó: “¡Pasa!”
“De acuerdo.”
¿La puerta se abría lentamente porque el corazón de Rishe latía muy
deprisa?
Arnold entró en el probador y la miró fijamente. Rishe sintió que le
ardían las mejillas cuando el objeto de su amor unilateral la miró
fijamente.
¡Augh!
La visión de Rishe vestida de novia se reflejó en los ojos azules de
Arnold.
El vestido blanco parecía brillar al ceñirse a la figura de Rishe,
dándole una silueta esbelta. El vestido dejaba al descubierto sus
hombros y clavículas, pero también utilizaba mucho encaje, por lo que
lograba un buen equilibrio entre la piel que ocultaba y la que dejaba al
descubierto. Incluso la piel pulida como el néctar de Rishe parecía
brillar a la luz del atardecer gracias al vestido. La larga cola caía al
suelo como un charco de leche. El vestido estaba confeccionado con
mucha tela, pero era tan ligero como el aire. Cada vez que Rishe se
movía, el vestido fluía a su alrededor con elegancia, como las olas del
mar. La espalda abierta contrastaba con la larga cola.
Los bordados y las piedras preciosas incrustadas eran producto de
los artesanos de esta ciudad. Habían utilizado abundantes hilos de oro
y plata para crear bordados con tanto detalle como dimensión. No sólo
representaban hermosas flores y mariposas revoloteando, sino también
polvo de estrellas en forma de diminutos diamantes y zafiros.
“Estos zafiros…” Rishe bajó la cabeza avergonzada, contándole a
Arnold lo que las costureras acababan de decirle. “Los artesanos
fueron muy particulares con ellos. Desde que se enteraron de que yo
atesoraba un anillo con un zafiro azul…”
“…”
“Así que…” Rishe se estaba poniendo nerviosa porque Arnold no
decía nada.
¡¿Tiene algo de extraño?!
IMAGEN
El pensamiento cruzó su mente y Rishe se apresuró a decir:
“Escuche, Príncipe Ar…”
Arnold la abrazó de repente. Su voz era más baja de lo habitual
mientras le susurraba al oído: “¿De verdad tengo que dejar que los
demás vean esto?”
La ardiente pasión de su voz hizo que el rostro de Rishe se
encendiera aún más. Su tacto era tan sincero que se sintió atrapada
entre sus brazos. Sabía que la estaba halagando, pero aun así preguntó
vacilante: “¿Me veo… mal?”
“Por supuesto que no.” Acariciando el cabello de Rishe, Arnold
dijo, con voz ronca: “Te lo dije, ¿no?” Su voz se endulzó como la miel
al transmitir su mensaje a Rishe. “Eres lo único hermoso que conozco.”
La temperatura corporal de Rishe aumentó ante las palabras
directas de Arnold. Su espalda estaba expuesta casi hasta la cintura y
se sintió especialmente consciente de la mano de Arnold sobre su piel
desnuda. Enterró la cara en el pecho de Arnold para intentar disimular
el calor que corría por sus venas.
Y ni siquiera me dejas desear ser tu esposa en todas mis vidas
futuras… Hizo un mohín hasta que Arnold la llamó suavemente por su
nombre.
“Rishe.”
Le besó la coronilla. Ella levantó la vista, sorprendida, pero él la
miraba como si nada. Ansiaba decirle lo mucho que le había apretado
el corazón con sus burlas.
“Urgh…”
“Ya veo.” Dijo Arnold. “Así que aún no he dicho lo suficiente.”
Rishe negó con la cabeza. No era cierto, pero ya le había suplicado
un regalo egoísta en su cumpleaños: el beso de ensayo para su boda.
Sería una avaricia por su parte alegrarse aún más de que el hombre al
que amaba la felicitara por su vestido.
Temblando, Rishe dijo: “Sería un abuso de autoridad…”
Arnold no podía saber por qué había dicho eso, pero bajó la mirada
y tomó la mano izquierda de Rishe, besándole el dedo anular.
“¡Ngh!” Sus hombros desnudos saltaron. Rishe agarró la manga de
Arnold sin pensar y se encontró suplicando: “Una vez más…”
No era justo que suplicara así. Lo sabía, pero no podía contenerse.
Aun así, Arnold no la regañó.
En lugar de volver a besarle el dedo, Arnold le sujetó la barbilla.
Los ojos de Rishe se abrieron de par en par cuando sus labios se
encontraron. Luego dejó caer los párpados. Sintió una punzada en el
pecho ante la embriagadora mezcla de emociones al entrelazar sus
dedos con los de Arnold.
Debe haber pensado que quería volver a practicar los besos.
Porque ahora estoy vestida, así que será diferente…
Ella lo sabía, pero aun así le dolía el corazón ante su suave beso.
Sus labios se separaron, se volvieron a juntar y Rishe cerró los ojos.
Se besaron una y otra vez, pero Rishe nunca sintió que mejorara en
ello. Después de uno de ellos, Rishe dejó escapar un suspiro acalorado
y apretó la cara contra el pecho de Arnold para ocultarlo.
“Eres terrible…” Se calló todo lo demás que quería decir y lo dejó
así.
Como si pudiera leerle la mente, Arnold acarició el cabello de Rishe
y murmuró: “Lo sé.”
Era amable y terrible a la vez. Le permitió besarle tanto para
practicar. Jugó con ella todo el tiempo, ya que no mejoraba en eso.
Nunca me prometerá un futuro feliz con él, lo que más quiero.
Por eso Rishe tenía que ganárselo, costara lo que costara.
“Hay algo que quiero pedirte, Príncipe Arnold… para poder
casarme contigo.”
“¿Sí?”
Apretó con fuerza a Arnold y le dijo: “Por favor, déjame reunirme
con tu padre.”
*****
Esa noche, una fila de carruajes llegó a Schiengisse, la capital de
Galkhein. Los carruajes estaban finamente decorados hasta el más
mínimo detalle. Incluso los caballos llevaban arreos llamativos.
En el interior de uno de los vagones, un hombre sentado sobre
cojines de vivos colores, con la barbilla apoyada en la mano, bebía
alegremente una copa.
“Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que visité
Schiengisse, ¿verdad?”
Había comprado las bebidas que disfrutaba en cada uno de los
países por los que había pasado de camino a Galkhein: licores baratos
que disfrutaba la gente corriente. Le encantaba probar las bebidas que
habían arraigado en la cultura local y contemplar cómo sus vidas
influían en los sabores.
“Aunque no puedo creer que el pequeño Arnold haya tomado una
esposa.” Dejó la copa de oro a su lado y sonrió alegremente. “Tengo
que preguntarme qué clase de mujer podría hacerle cambiar de opinión
cuando me miraba con tanto desprecio por mi harén.”
El Rey Zahad del país del desierto Halil Rasha soltó una carcajada.
“Estoy deseando conocerla.”
Continuará…
HISTORIA EXTRA:
Dulce Práctica, a Menudo Repetida
Rishe conocía bien la importancia de la práctica repetida. Aunque al
principio tuviera problemas con algo, comprendía que si se esforzaba
en practicar, algún día podría mejorar. Por eso, mientras viajaban en el
carruaje de vuelta a la capital, Rishe miraba la mano de Arnold con las
mejillas encendidas.
Arnold estaba sentado a su lado, dormido, con la cabeza apoyada
en su hombro. Hacía media hora había estado haciendo papeleo como
de costumbre. Rishe había estado procesando unas flores medicinales
que había obtenido recientemente, con el pañuelo abierto sobre el
regazo, cuando sintió un peso posarse sobre su hombro.
“¿Príncipe Arnold?”
Se había dado cuenta de que parpadeaba más despacio, pero nunca
había esperado que se durmiera sobre ella. Al principio se sintió
nerviosa, pero acabó calmándose al escuchar su respiración tranquila.
Ahora ella le tendió la mano, luego jadeó y la retiró.
“…”
Miró su mano, la levantó y besó su dedo anular.
Ngh… No, sin éxito.
Rishe apartó los labios y ladeó la cabeza antes de cambiar
ligeramente el ángulo y volver a besar su propia mano.
“¿Hm?”
Tampoco era eso. Parpadeó mientras observaba su mano y luego
volvió a mirar a Arnold, sus ojos se posaron en su propia mano que
descansaba indefensa sobre su regazo.
Necesito más práctica.
Justo cuando estaba a punto de volver a besar su propia mano…
“¿Qué estás haciendo?”
“¡Ack!”
Arnold le sujetó la mano.
“¡Lo siento! ¡¿Te desperté?!”
“No.”
Arnold podría haber incluido la siesta en su agenda, por lo que ella
sabía. Pero siguió apoyado en ella, entrelazando los dedos.
“Oh…”
“Rishe.” Su voz era baja y ronca por el sueño. Ocasionalmente la
había tocado de esta manera desde que fue herido en el incendio de la
nave. Esto hacía difícil saber quién estaba complaciendo a quién.
La forma en que pronunció su nombre dejó claro que quería una
respuesta a su pregunta anterior.
Rishe cedió y confesó: “Estaba pensando que se te daba muy
bien…”
“¿Qué cosa?”
“¡Hrk! Um, bueno…” Ella apretó su mano nerviosamente.
“Besando… el dorso de mi mano…”
Sintió que acababa de revelar exactamente lo mucho que había
estado pensando en aquel beso, lo que la mortificó. Se incorporó,
apartándose para observarla. Rishe, mientras tanto, no podía mirarle a
los ojos. Evitaba a toda costa que viera su rostro sin duda enrojecido.
“No creo que sea algo en lo que se pueda ser bueno.”
“¡Pues sí! Es totalmente diferente cuando lo hago yo.” Dijo
vagamente, incapaz de describir lo que quería decir. Ni siquiera fue
capaz de darse cuenta de que sus dedos seguían entrelazados.
Rishe había besado el dorso de la mano de Arnold en la playa de
Vinrhys, pero el beso que le había dado con su voto había sido mucho
más torpe que el de Arnold.
“Así que estaba… practicando con mi propia mano…” Debió de
oírla a pesar de que su voz se apagó hasta prácticamente desaparecer
cuando llegó al final de la frase.
Debe de estar completamente asombrado de que practique algo tan
disparatado, pensó, con los nervios a flor de piel.
Arnold la miró fijamente unos instantes antes de levantar las manos
entrelazadas y llevarlas a los labios de Rishe.
“Ten.”
“¿Eh?” Rishe levantó la vista y se encontró con la tranquila mirada
de Arnold. “¿No te importa?”
“Haz lo que quieras.”
Le estaba dando permiso para practicar con él. Por alguna razón,
parecía que había decidido seguirle el juego a la extraña idea de Rishe.
La vergüenza y un ligero sentimiento de culpa se agitaron en su
interior.
Es injusto por mi parte tocarle así cuando estoy ocultando mi amor
por él.
Aun así, Rishe aceptó su oferta y le acercó la mano. Mientras el
corazón le latía con fuerza y las orejas se le ponían rojas, Rishe besó
la base del dedo anular de Arnold. Sus labios se apartaron con un ligero
toque. Miró a Arnold; realmente no sentía que lo hubiera hecho bien.
Arnold la miraba con el mismo desinterés de siempre, así que ella lo
tomó como un permiso para continuar y volvió a besarle la mano.
“Mm…”
Tampoco quedó satisfecha con el segundo beso y arrugó la cara,
confundida.
“¿Mmm?”
Cambió la forma de entrelazar los dedos y lo besó por tercera vez,
luego cambió el ángulo y lo besó por cuarta vez, pero seguía sin poder
hacerlo como Arnold. A modo de prueba, mordisqueó el dedo con los
labios, pero estaba segura de que ésa no era la respuesta.
Oh, ¡cómo deseaba que él le dijera el truco! Lo llamó por su nombre
en señal de capitulación, y él suspiró y le soltó la mano.
Tiene razón. Lo intenté muchas veces. Es suficiente práctica por
ahora…
En cuanto se sintió decepcionada, la mano de Arnold se posó en la
suya y sus ojos se abrieron de par en par.
“¡Oh!”
Arnold le besó el dorso de la mano. Apretó los labios contra el
mismo dedo que ella, con un tacto suave y dulce, casi como si fuera a
derretirse. No se parecía en nada al beso de Rishe.
Sin embargo, Arnold rozó su piel con los labios, le sostuvo la
mirada y declaró: “No creo que estemos haciendo nada diferente.”
“¡Es completamente diferente!” Rishe se atragantó, aun cuando
sentía que le iba a dar un infarto.
Decidió practicar un poco más antes de que el carruaje llegara a la
siguiente parada, pero cada vez que lo intentaba, su mente se llenaba
de besos de él en su mano. Estaba segura de que no iba a mejorar
pronto.
HISTORIA EXTRA:
En el Que la Dulzura Triunfa Sobre el
Sueño
Al día siguiente del incendio del barco, llegó la hora de retirarse a
dormir. Una vez que Rishe se hubo bañado, ayudó a Arnold a
desinfectarse la herida en su dormitorio. Tenía intención de volver a
dormir allí. Arnold acababa de dirigirle su habitual mirada inexpresiva
pero, en cierto modo, conmovedora. Al final, le había permitido hacer
lo que quisiera. Así pues, Rishe se preparaba para volver a servirle de
almohada.
Aunque…
“¿Qué pasa?”
Sentada en medio de la cama, Rishe frunció el ceño con
preocupación. Arnold, también sentado en la cama, preguntó por el
origen de su malestar.
Rishe lo estudió. Acababa de bañarse, como ella. Normalmente
llevaba el cuello de la camisa bien abotonado para que nadie pudiera
ver su cicatriz, pero ahora estaba vestido para dormir con ropa ligera
con la que podía relajarse. Podía verle hasta las clavículas.
Se abrazó a una de las muchas almohadas de la cama y tiró de la
manga de Arnold, preguntándole: “¿Usa un jabón con una fragancia
sutil, verdad, Alteza?”
“Si no, sería una distracción.” Respondió tal y como ella esperaba.
A Arnold no le debían gustar los olores fuertes.
Se llevó el dorso de la mano a la nariz e inspiró.
“Mmm…”
“Rishe.” Volvió a llamarla por su nombre en lugar de repetir su
pregunta.
Rishe le dijo vacilante: “Verá… esta mañana, Sir Joel, bueno, hizo
un comentario…”
“¿Qué clase de comentario?”
Abrumada por la vergüenza, agacha la cabeza antes de continuar:
“Se dio cuenta de que de los dos salía el mismo olor…”
Arnold debe haber visto lo roja que estaba su cara, lo que sólo la
puso más ansiosa.
Rishe se agarró a su propia ropa de dormir y se apresuró a explicar:
“Hoy he intentado ponerme menos loción después del baño, pero creo
que seguiré oliendo más fuerte que usted, Alteza…”
“…”
“Iré a volver a limpiarme antes de acostarme. Me quitaré todo el
olor que pueda antes de meterme en la cama contigo, así que deberías
irte y… ¡ep!” Chilló Rishe cuando Arnold la alcanzó.
Su gran mano rodeó su espalda y tiró de ella para acercarla. Luego
acercó la nariz al cuello de Rishe.
El cabello negro de Arnold le hacía cosquillas donde rozaba su piel.
“¡Ngh!”
Con la cara aún pegada a su piel, murmuró: “Huele dulce.”
“Sí, ¿verdad? Lo siento, iré a quitar…”
“Pero.” Dijo, apartándose con total despreocupación. “Creo que
sólo eres tú.”
“¿Eh?” Los ojos de Rishe se abrieron de par en par antes de que
pudiera digerir lo que quería decir.
“No es desagradable. No necesitas ir a deshacerte de tu olor, así que
date prisa y duérmete.”
“Pero…”
“Vamos. Estoy por apagar la lámpara.”
Ante su insistencia, Rishe se escabulló bajo las sábanas. A él no
pareció importarle y no dijo nada cuando ella se acurrucó contra él.
Lo que acaba de decir… No, seguro que no tenía ningún
significado profundo.
Sentía calor, y no porque acabara de darse un baño. Le dio la
espalda a Arnold, esperando que no se diera cuenta.
Si mi calor corporal aumenta, ¡sólo reforzará el olor!
Por supuesto, Rishe tenía intención de servir de almohada a Arnold,
pero antes necesitaba refrescarse un poco la cabeza. Le pidió a Arnold
que aplazara el apagado de la lámpara, a lo que él accedió, dándole
tiempo para serenarse.
Palabras del Autor
Hola, soy Touko Amekawa. ¡Muchas gracias por adquirir 7th Time
Loop Volumen 6!
Este volumen gira en torno a las personas que Rishe conoció en su
sexta vida, ¡y también se presenta un nuevo personaje!
Al igual que Raúl, Joel estuvo enamorado de Rishe en su vida
pasada. Aunque no se menciona en la historia principal, ya que es
desde la perspectiva de Rishe, ¡me haría feliz que lo tuvieras en cuenta
mientras lees sobre su relación en esta vida!
El medidor de afecto de Arnold (no sus sentimientos, sino la
expresión de los mismos) ha alcanzado un siete sobre diez en la escala
en el epílogo del Volumen 6. Esta vez muestra una nueva faceta de sí
mismo a Rishe. Esta vez ha mostrado una nueva faceta de sí mismo a
Rishe, ¡pero te agradecería que siguieras velando por ellos con cariño
mientras se acercan aún más en el futuro!
Muchas gracias como siempre a mi editor; al ilustrador, Wan ☆
Hachipisu-sensei; al artista de la adaptación al manga, Hinoki Kino-
sensei; ¡y también al editor del manga! ¡La historia crece día a día
gracias a todo su gran trabajo!
Finalmente, ¡el anime de 7th Time Loop comenzó a emitirse el 7 de
enero de 2024! He informado al equipo de los secretos que se esconden
tras la historia y de cómo termina, y ellos han incluido detalles sobre
esas cosas en la adaptación. La crearon con mucho amor. Estoy
deseando que la vean. Mientras tanto, seguiré poniendo todo mi
empeño en las novelas. Espero seguir contando con su apoyo.
Palabras del Traductor
En esta ocasión la traducción de esta historia fue posible gracias a RZ.
Espero que tú y quienes lean esto disfruten tanto o más que yo.
Qué buena historia de amor es esta.
Qué bella es Rishe dándole vueltas y más vueltas al amor que siente
hacía Arnold.
En cuanto a porque inicia la guerra que manda todo al carajo…
sospecho que Arnold fue inevitablemente inclinado a ello.
Muy seguro de que Arnold también ama a Rishe, sin más nos
leemos (?) en otra ocasión.
Para todos de Darth Ferindrad.
Frase Final
El descubrimiento más grande de mi
generación es que un ser humano puede
cambiar de vida cambiando de actitud
mental.
WILLIAM JAMES.
Filósofo estadounidense.
(1842-1910)