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Seminario Fisioterapia

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Repaso anatómico

La fascia plantar es una capa de tejido adiposo y conectivo cuya función es la de


soporte y protección de estructuras subyacentes del pie. Discurre longitudinal a lo largo de la
superficie plantar, profunda al tejido subcutáneo, cubriendo la musculatura plantar y
estructuras neuromusculares. La fascia plantar, el espesor de su estructura se origina en la
tuberosidad ínfero medial del calcáneo discurriendo por el arco del pie en forma triangular
distalmente hasta insertarse en la cabeza metatarsal y base de las falanges proximales de los
dedos, formando 5 bandas que se insertan por medio de cintillas pretendinosas en base de
falanges proximales, ligamento transverso metatarsal y vainas tendinosas de los flexores. Se
compone de 3 fascículos longitudinales, fibras centrales (aponeurosis plantar), las laterales
(fascia plantar externa) y las mediales (fascia plantar interna). Las fibras centrales son el
componente más largo de aprox. 1,5-2,0 cm. de ancho que a medida que va distalmente se
divide en 2 capas, una superficial cuya inserción forma bandas longitudinales y transversales y
otra profunda que forma tabiques sagitales que rodean los flexores.

Definición
La fascitis plantar (FP) o también llamada “talalgia plantar” es una patología dolorosa
del retropié, localizada en la parte inferomedial del talón y suele ser la causa más frecuente de
dolor en esta región en la población adulta. Se puede definir como “una inflamación del tejido
conectivo grueso que se encuentra en la planta del pie y que se fija en el talón”.
La palabra "fascitis" sugiere la inflamación de la fascia plantar, pero investigaciones
recientes indican que no siempre la hay. La presencia de microrroturas en la fascia derivadas de
traumatismos de repetición, producen la degeneración progresiva del colágeno ocasionando
tendinosis, degeneración de la fascia y necrosis.

Etiopatogenia
Origen y causas
El término fascitis plantar se definió como una inflamación de la fascia plantar
secundaria a la tuberculosis. Al descartarse esta causa, surge el papel del espolón calcáneo
como causa de la patología en la fascia plantar. El espolón no es causa de la fascitis, sino
consecuencia de la misma por el exceso de tracción en la inserción proximal del calcáneo.
Otras propuestas que intentaron explicar la causa de la fascitis plantar fue el
atrapamiento de la primera rama del nervio plantar lateral o el pinzamiento de la almohadilla
grasa plantar. Tradicionalmente, y aún a día de hoy, el término de fascitis plantar se ha
utilizado para referirnos a una inflamación aguda que surge en la fascia plantar que provoca
dolor.
Sin embargo, los últimos hallazgos histopatológicos demuestran la presencia de
degeneración mixoide, necrosis del colágeno, microrroturas en la fascia e hiperplasia
angiofibroblástica.
La inflamación que se produce se debe a la repetición de microtraumatismos en la
tuberosidad medial del calcáneo, donde se inserta la fascia plantar. Como consecuencia, se
pueden producir cambios degenerativos en el origen de la fascia y producir periostitis del
tubérculo medial del calcáneo.
Epidemiología
La fascitis plantar (FP) es la principal causa de dolor en el talón. Se estima que un millón de
personas la consultan cada año, afectando al 10% de la población general, principalmente
adultos entre 40 y 60 años. Un tercio de los casos afecta ambos pies, y es más común en
mujeres y personas con un índice de masa corporal mayor a 25. Los corredores tienen una
prevalencia de hasta el 22%.
Factores de riesgo
 Bipedestación prolongada: algunos estudios defienden su influencia por la solicitación
mantenida de la aponeurosis plantar.
 Práctica deportiva: la carrera prolongada, especialmente en terreno duro, facilita la
aparición de fascitis plantar, por esto es la alta incidencia entre corredores de largas
distancias.
 Mal uso del calzado: debido a una mala amortiguación o a no hacer cambios suficientes
generalmente relacionado con el tipo de práctica deportiva
 Edad: en personas no deportistas suele aparecer al pasar la edad adulta y en ancianos.
 Pronación excesiva del pie.
 Discrepancia de longitud de extremidades
 Defectos biomecánicos.
 Inicio de actividades deportivas fuertes sin un acondicionamiento progresivo.
 Calentamiento insuficiente en situaciones de estrés miofascial.
 Obesidad.
 Estilo de vida sedentario.
 Opresión del tendón de Aquiles y músculos intrínsecos del pie
 La debilidad muscular proximal del glúteo medio, glúteo menor, tensor de la fascia lata
o cuádriceps, pueden contribuir a posibles anomalías a nivel de la fascia plantar. Esto se
genera debido a la mala absorción de impactos y a la disminución del control de la
pronación.
 Embarazo: El aumento de peso repentino no permite ajustar el sistema
musculoligamentoso del pie, produciendo un exceso de carga.
 Un incremento de tensión en el tendón de Aquiles o en la musculatura intrínseca del pie
puede repercutir negativamente sobre la fascia plantar.
Clínica y Sintomatología
Signos y síntomas
Los síntomas de la fascitis plantar pueden desarrollarse gradualmente con el tiempo o,
en algunos casos, aparecer de repente después de realizar una actividad física intensa.
Reconocer los síntomas es esencial para una intervención temprana y un tratamiento adecuado.
Es importante tener en cuenta que la gravedad y la duración de los síntomas pueden
variar de una persona a otra. Los síntomas más comunes de la fascitis plantar incluyen:
 Dolor punzante en la parte interna del talón, acompañado de sensibilidad y, en
ocasiones de cierta inflamación de la zona.
 Los síntomas suelen aparecer tras realizar deporte o durante la actividad.
 Molestias intensas en el talón o el pie después de levantarse de la cama por la mañana o
después de períodos prolongados de descanso. Este dolor tiende a remitir después de
caminar unos minutos.
 La rigidez en el pie es común, en particular al despertarse o después de estar sentado
por períodos prolongados. Esta rigidez puede dificultar caminar con comodidad.

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Evaluación semiológica
Durante la anamnesis, se debe preguntar al paciente si nota un intenso dolor matinal
que va cediendo a lo largo del día, siendo el síntoma patognomónico de esta patología, y de
esta manera se evalúan los posibles factores de riesgo. En la exploración física, comprobamos
si el paciente sufre dolor a la palpación en la región inferior del talón, en la tuberosidad
anteromedial del calcáneo y en el trayecto de la fascia plantar, o si la sensación de dolor
aumenta con la flexión dorsal forzada del pie y los dedos, con la extensión de la rodilla o
cuando se camina sobre los propios dedos.
Es importante palpar las prominencias óseas y los recorridos y puntos de inserción
tendinosos para valorar la sensibilidad y descartar otras patologías como posibles entesitis o
tendinitis del músculo tibial posterior, el tibial anterior o el peroneo lateral largo que pueden
producir dolor en la zona medial del mediopié. También es recomendable explorar el músculo
flexor corto de los dedos y el abductor del hallux ya que una miositis de sus vientres
musculares podría ser interpretada como un dolor con origen en la fascia al tener una
localización cercana.
Inspección: Para objetivar de observar hay alguna alteración morfológica en el pie.
Debemos inspeccionar la función estática y dinámica del pie y la extremidad inferior
observando si se produce una pronación excesiva en bipedestación y posibles alteraciones de la
marcha al caminar, en ocasiones podemos encontrar marchas antiálgicas con una posición de
supinación acentuada del pie apoyando el borde externo para evitar la presión en la zona
dolorosa.
Pruebas semiológicas
 Windlass test: Dicho test consiste en realizar una dorsiflexión de tobillo y dedos pasiva
con el objetivo de estirar la fascia (mecanismo Windlass). Se considera positivo si
reproduce el dolor.

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Palpación local: en el trayecto de la fascia plantar, viendo los puntos de dolor.

 Test dorsiflexión-eversión: se trata de un test de afectación neural que se empleará


para emitir un diagnóstico diferencial y averiguar si las últimas ramas del nervio tibial
están comprometidas, pudiendo producir dolor.
 Goniometría de la articulación del tobillo y de la 1ª MTF.
Diagnóstico diferencial
Es importante descartar una serie de lesiones que pueden hacernos sospechar de la
presencia de una FP.
Lesiones de carácter neurológico
 Lesión del nervio aproximador del quinto dedo: Sensación de quemazón o prurito, o
la lesión del nervio tibial posterior y sus diferentes ramas; nervio plantar medial y
lateral.
 Patologías de carácter neuropático: Producen dolor difuso en la planta del pie de
instauración sobre todo nocturna o el conocido síndrome del túnel tarsiano
(caracterizado por quemazón y hormigueos en la planta del pie).
Lesiones de estructuras blandas
 Tendinosis o tendinitis aquílea: Dolor en la cara posterior del talón y durante los
gestos de impulso.
 Ruptura de la fascia: Sensación violenta de hachazo, impotencia funcional y dolor
intenso en la cara interna del pie.
 Tendinopatía del tibial posterior: Cursa con dolor en la zona de paso del tendón sobre
el maléolo interno, especialmente durante los gestos de supinación
 Bursitis retrocalcánea: Dolor en la cara posterior del calcáneo asociado en ocasiones a
edema.
Lesiones de carácter óseo
 Fractura calcánea por estréss: síntomas característicos de fractura (dolor, inflamación
e impotencia funcional) en la zona del calcáneo.
 Epifisiolisis o epifisitis calcánea: dolor en el talón característico en adolescentes.
 Enfermedad de Sever: dolor posterior en el talón. Típico en adolescentes.
 Tumor: dolor profundo y en ocasiones difuso y de carácter nocturno en el hueso.
(Carro, J. 2023)

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Estudios complementarios
En general, no se requieren demasiados estudios complementarios para el diagnóstico
de la FP, las radiografías simples pueden mostrar calcificaciones crónicas en la inserción de la
fascia plantar o eventualmente trastornos del apoyo asociados, como pie plano o cavo varo; la
ecografía y la resonancia magnética confirman el diagnóstico al mostrar la inflamación, la
degeneración o el engrosamiento de la fascia plantar y son útiles también para evaluar
situaciones agregadas o descartar otras causas de dolor de talón
1. Resonancia magnética
La resonancia magnética (RM) es la mejor prueba de imagen para evaluar las
causas de dolor del talón, así como la extensión y el alcance de la lesión.
Los hallazgos diagnósticos de FP mediante RM incluyen engrosamiento
fusiforme proximal de la fascia plantar con aumento de la intensidad de señal, edema de
la almohadilla grasa del talón y los tejidos blandos adyacentes y edema medular
limitado en la región subcortical de la tuberosidad del calcáneo, en el punto de origen
de la fascia plantar, que puede acompañarse de la formación de un espolón calcáneo.

2. Radiografía
No son necesarias para diagnosticar la fascitis plantar (FP), pero pueden ser
útiles para descartar otras causas de dolor en el talón si el tratamiento no es efectivo o si
se sospecha de una patología ósea. Es posible evaluar indicadores de FP en una
proyección lateral del pie, como el aumento del grosor de la fascia y anomalías en la
almohadilla grasa plantar, que pasa de una apariencia triangular a una más estrecha o
ausente en personas con FP. Las proyecciones laterales también permiten observar la
presencia de espolones calcáneos, aunque estos tienen un valor diagnóstico limitado, ya
que pueden encontrarse en personas asintomáticas y pueden estar ausentes en quienes
tienen la patología. (Parra, A. 2014)

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3. Ultrasonido
Para diagnosticar la fasciosis mediante ultrasonido, se coloca el transductor sobre
la tuberosidad del calcáneo.
Los hallazgos ecográficos principales son:
 Engrosamiento de la fascia (superior a 4 mm es indicativo de fasciosis).
 Ecotextura hipoecogénica con pérdida del patrón fibrilar.
 Bordes borrosos.
 Derrame perifascial (menos frecuente).
En la fasciosis plantar aguda, la ecografía Doppler puede mostrar hiperemia en la
fascia y partes blandas adyacentes, mientras que en casos crónicos (más de 12 meses) no
se observa hiperemia.

Ilustración 9 Imagen US donde podemos ver las diferencias de espesor


entre la extremidad afectada de PF (izquierda) y la asintomática (derecha)
Imagen disponible en:
https://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/2445/60247/1/60247.pdf
6
Complicaciones
Si no se trata adecuadamente, puede dar lugar a varias complicaciones. Una de ellas y
la más común es la formación de un espolón calcáneo, que es un crecimiento óseo en el talón
que puede contribuir al malestar en el área afectada.
Además, la fascitis plantar crónica puede alterar la marcha y la postura, aumentando la
presión en otras partes del pie y provocando problemas en las articulaciones y la columna
vertebral.
Puede causar desgarros en la fascia, que podrían convertirse en una ruptura si se
realizan actividades de alto impacto o se usa calzado inapropiado.
La calidad de vida también puede verse afectada debido a la limitación en la realización
de actividades diarias y deportivas.
Tratamiento
Conservador
El tratamiento conservador es la principal estrategia para tratar la fascitis plantar (FP)
tanto en deportistas como en personas sedentarias. Este enfoque es altamente efectivo,
resolviendo el 80% de los síntomas en 12 meses y el 90% en 10 meses, con solo un 1% de los
pacientes necesitando cirugía. Los objetivos a corto plazo incluyen manejar la inflamación y el
dolor agudo al inicio de la enfermedad, mientras que los objetivos a largo plazo se enfocan en
reducir la tensión excesiva de la fascia plantar, abordando los factores de riesgo y la
biomecánica para prevenir la cronificación y recurrencia de la lesión. Es crucial considerar la
causa subyacente del FP al planificar el tratamiento. En casos agudos o traumáticos, el
tratamiento a corto plazo puede ser suficiente, pero en casos crónicos o subagudos, se
recomienda un enfoque integral que abarque tanto los objetivos a corto como a largo plazo. La
falta de medidas a largo plazo puede llevar a la recurrencia de FP debido a que no se corrigen
los defectos biomecánicos subyacentes. (Dominguez, 2016)
Farmacológico
Los antiinflamatorios no esteroideos disminuyen y alivian el dolor temporalmente.
Además, pueden mejorar la curación ya que se incrementa la tolerancia a los ejercicios. En este
sentido, y tras haber consultado a especialistas, se está proponiendo el uso de los analgésicos
como terapia complementaria. (Diaz, A. 2015)
La infiltración de la fascia plantar con corticoides cuenta con evidencia intermedia que
sustenta su aplicación, sin embargo, su efecto beneficioso más allá de las 4 semanas no está
probado, además presenta las complicaciones sistémicas de la aplicación de corticoides y los
inconvenientes inherentes a la aplicación local, como ser la ruptura, la degeneración de la
almohadilla, etc. (Coloma, 2011)
El uso de terapias innovadoras en el campo de la Podología ha ido en aumento en los
últimos años. Una de ellas es la técnica de infiltraciones de PRP (Plasma Rico en Plaquetas),
que ha demostrado ser beneficiosa para tratar diversas afecciones podológicas.
El PRP (Plasma Rico en Plaquetas) es un producto biológico obtenido de la propia
sangre del paciente.

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Se basa en concentrar una mayor cantidad de plaquetas, células responsables de la
coagulación y la liberación de factores de crecimiento. Estos factores de crecimiento son
esenciales para la reparación y regeneración de tejidos. (Sánchez, E. 2023)
Quirúrgico
Como última solución se puede recurrir a la fasciotomía o tratamiento quirúrgico. Tiene
unas consecuencias más serias a largo plazo, como pueden ser el incremento de la tensión de
los ligamentos plantares, pie plano progresivo o síndrome del túnel del tarso, aunque no existe
suficiente evidencia de las técnicas quirúrgicas para el tratamiento de la fascitis plantar. La
técnica consiste en una liberación completa de la fascia plantar, extirpando las zonas
degeneradas y eliminando el espolón calcáneo si se encuentra presente. Posteriormente se
realizará una inmovilización postoperatoria con yeso durante un mínimo de 3 semanas y
después se implantará una plantilla de soporte. (Diaz, A. 2015)
Tratamiento Kinésico
Etapa aguda
Objetivos
 Corregir posibles causas biomecánicas de sobrecarga
 Controlar el dolor
 Disminuir la inflamación
 Evitar caminar en exceso, correr o saltar
 Evaluar el calzado
Agentes físicos
 Crioterapia
El uso de frío se emplea en una fase aguda del dolor, como cualquier otra
patología inflamatoria. Se pueden usar bolsas de hielo-gel o cualquier bolsa congelada
de una forma más casera. (López, D. 2014)
Se aplica un masaje sobre la zona durante 10’ a 20’, no más de 30’ y 3 o 4 veces
al día. Actualmente existen aparatos especiales para focalizar la crioterapia. El frío
disminuirá el dolor, la inflamación y el hematoma. Además, será el tratamiento más
eficaz después de correr o al acabar el día. (Torrijos, 2009)
 Ultrasonidos y sus variantes (crio-ultrasonidos)
De manera continua o alterna. Se usa en la fase post aguda de la lesión (a las 48
h de la misma). Tiene un efecto térmico debido a la fricción, que produce la liberación
de sustancias vasodilatadoras y un aumento de la permeabilidad de las membranas
celulares, favoreciendo el intercambio celular y la reabsorción de líquidos y desechos
metabólicos. El uso del ultrasonido combinado con frío aporta los beneficios de la
terapia ultrasónica con la crioterapia. (Carro, H. 2023)
En cuanto a la frecuencia utilizada de acuerdo con la localización de la lesión se
puede aplicar frecuencias de 1 Mhz ya que estas se absorben en tejidos profundos. La
intensidad de las ondas ultrasónicas que permite aprovechar sus efectos en procesos
inflamatorios como la fascitis plantar en estado agudo oscila entre 0.3 y 1.2 W/cm2, 7
minutos aproximadamente. (Palacios, D. 2011)
 TENS
En el caso de procesos agudos, se emplean frecuencias altas entre 80 y 120 Hz.
Para obtener mejores resultados y más rápido.
Hi tens, 100HZ umbral sensitivo, 20 minutos. (Palacios, D. 2011)

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Técnicas kinésicas
 Vendaje neuromuscular: para la fascitis plantar es utilizado para aliviar el estrés en la
fascia plantar, debido a que este limita su movimiento. En deportistas puede ser
aplicado en la mañana para reducir la tensión durante el día o para mantener la fascia
plantar sin mucho movimiento durante la actividad física. (Palacios, D. 2011)
 Estiramientos: es una opción de tratamiento fácil, consiste en estirar la fascia plantar
de manera progresiva y la musculatura intrínseca del pie para disminuir el dolor.
 Masajes miofasciales: están indicados ya que favorecen el aumento del flujo
sanguíneo en la zona lesionada fomentando así la curación. (Diaz, L. 2015)
Etapa subaguda
Objetivos
 Eliminar signos y síntomas.
 Aumentar la llegada de fibroblastos y luego disminuir su actividad.
Agentes físicos
 Ultrasonido: emisión continua, con una intensidad de 2W/cm2
 TENS: médium tens, 50HZ, umbral motor, 20 minutos.
 Ondas de choque: producen microroturas en la fascia plantar, lo que produce un efecto
inflamatorio en la fascia favoreciendo la angiogénesis y la revascularización zonal.
 Acupuntura y variantes tipo electroacupuntura: La aplicación de puntos concretos de la
medicina tradicional china, en algunos casos asociado a la estimulación eléctrica ha
demostrado grandes efectos sobre el tratamiento de la FP.
 Magnetoterapia: Aunque muchos autores incluyen la magnetoterapia como uno más de
los tratamientos combinados en la fascitis plantar, solamente se ha encontrado un
estudio donde se analice la eficacia de la magnetoterapia frente a la ultrasonoterapia
como única medida de tratamiento. Así, la Dra. Tareysi Telleria e t al, llegaron a la
conclusión de que ambas eran efectivas por su acción analgésica y antiinflamatoria,
pero que no existen diferencias significativas entre ellas. También concluyó en que se
necesitan 15 sesiones de tratamiento con campo magnético como límite inferior para
lograr una evolución satisfactoria en la fascitis plantar, la cual comenzaría generalmente
a partir de la 7ª sesión.
 Láser: tiene efecto bioestimulador en el tejido fibroconectivo, acelera su reparación y
actúa como un agente antiinflamatorio
 Tecaterapia: Permite tratar desde el interior del organismo, patologías del aparato
locomotor agudas y crónicas. Profundizando mucho más que otras técnicas. Reduce de
forma significativa el TIEMPO de recuperación.

Mecanismo de acción:
1. Incremento de la microcirculación.
2. Efecto de vasodilatación.
3. Incremento de la temperatura.
Técnicas kinésicas
 Masoterapia: se realiza normalmente de manera descontracturante en el tríceps sural
para mejorar la relación fascia- tríceps sural y mediante pequeños círculos en la fascia
para que se reabsorba el edema (si existe) y reducir el espasmo muscular, disminuyendo
así los síntomas del paciente.

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 Liberación miofascial del tríceps sural y fascia plantar, automovilización del tobillo,
flexibilidad dinámica en la cadena posterior y un masaje profundo en la fascia plantar.
En el trabajo muscular es fundamental el trabajo de fuerza de la muscular
intrínseca del pie con el objetivo ayudar a la fascia a la sujeción del arco longitudinal.
 Automasajes con frío: Utilizaremos una botella de agua congelada o un rodillo de
masaje. Colocaremos el pie sobre la botella o rodillo y comenzaremos a hacerla rodar
con la planta del pie, de atrás adelante y viceversa. Este ejercicio proporciona un masaje
a toda la zona de la fascia plantar.
Puede hacerse durante 5 – 10 minutos.

 Además de estos ejercicios, antes de levantarnos, podemos realizar un masaje haciendo


movimientos circulares en toda la zona de la planta del pie y estirando la punta de los
dedos, esto puede ayudarnos a minimizar las molestias. (Palacios, D. 2011)

 Estiramiento con una toalla: colocando una toalla o cinta elástica de estiramiento
debajo de la zona metatarsal del pie sosteniéndola por ambos extremos, tirando
suavemente de la toalla o cinta mientras mantiene la rodilla estirada

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 Con una pelota de golf o pelota pequeña de goma dura, situarla en la planta del pie, y
hacerla rodar por todo el arco del pie en ambos pies, con cuidando de no presionar en
exceso la zona, y mantendremos especial cuidado en el centro del talón.

 Ejercicios excéntricos del gemelo: para estimular la generación de fibras musculares


en serie y, por tanto, la elongación del músculo. Poner la punta del pie en el escalón y
con las rodillas estiradas, bajar lentamente el talón.

 Apoyándose contra una pared, un poste, etc. dejar una pierna estirada detrás mientras la
otra queda flexionada delante. Inclinarse adelante hasta que se note el estiramiento en la
pierna trasera.

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 Estiramientos de la fascia plantar, gemelo y sóleo: sentado en una silla, cruza la pierna
derecha sobre la izquierda, sujeta los dedos del pie (derecho) y estíralos hacia ti.
Manteniendo 30 segundos y realizando 3 repeticiones de cada uno de los músculos.

Vendaje para el arco longitudinal


Se aplican tiras de tape (esparadrapo) de 2,5 cm de ancho en forma de 8 en el arco
longitudinal. El paciente se coloca con el tobillo en posición neutral. Lo primero que hacemos
es colocamos una tira de anclaje a la altura de los metatarsianos, asegurándonos de no impedir
el movimiento de los dedos. (fig. a)
Las siguientes tiras empiezan y terminan sobre las cabezas de los metas; la primera de estas
tiras la colocamos a nivel de la cabeza del tercer meta descendemos pasando por el centro del
arco longitudinal del pie, rodeamos el talón y ascendemos pasando de nuevo por el centro del
arco hasta llegar a la tira de anclaje. Repetimos la operación para cada uno de los metas.
Por último, realizamos unos refuerzos con tiras perpendiculares a las anteriores.
12
Vendaje del arco longitudinal con soporte de la cara anterior del pie
La posición de partida del paciente es con el tobillo en posición neutral y pie relazado.
Utilizamos tepa de 2,5 cm de anchura. Colocamos una tira de anclaje alrededor de los
metatarsianos, sin impedir el movimiento de los dedos. La tira siguiente empieza en el borde
del pie en la base del primer dedo. Descendemos rodeando el talón por el borde lateral y luego
ascendemos pasando por el centro del arco hasta llegar al punto de partida.
La siguiente tira es igual que la anterior, pero empezando en la base del 5 dedo. Cada
montaje de tira se cierra colocando esparadrapo alrededor de la articulación metatarsiana y se
colocan normalmente tres por cada lado solapando cada una de ellas con la anterior.

Técnica de Lowdye:
Utilizaremos tape de 2,5 cm de 5 cm y molesquín o cualquier material de
almohadillado. Se cortan tiras de 7,5 cm de molesquín con la forma de la planta del pie. Debe
cubrir la cabeza de los metatarsianos y el calcáneo. El paciente debe estar sentado con el pie en
posición neutral y el dedo gordo y la parte interna del pie en flexión plantar.
Se coloca el acolchado en la planta del pie. Colocamos nuestro pulgar debajo de las
cabezas de los metas 2 y 5, empujando ligeramente hacia arriba, con la punta del segundo y
tercer dedo empujando hacia abajo sobre la primera cabeza metatarsiana. Con el pie en esta
posición, colocamos dos o tres tiras de tape de 2,5 cm lateralmente, empezando en la del quinto
meta y terminando en la cabeza del primer metatarsiano. Se colocan tres tiras solapadas unas
con otras. Las tiras han de pasar por debajo de los maléolos.
Se asegura el acolchado y las tiras laterales con tape rodeando la parte anterior del pie
con cuatro o cinco tiras de 5 cm. Estas tiras nunca rodean el pie de una sola pieza; es decir,
rodeamos el pie utilizando dos trozos de tape superpuestos. (Bernal, E. 2001)

Etapa de reeducación analítica


Objetivos
 Fortalecer la musculatura
 Reinstalar la función sin dolor

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Técnicas kinésicas
 Punción seca: es una técnica invasiva que consiste en estimular los puntos gatillo
miofasciales. El objetivo de la punción es eliminar los puntos gatillo de la musculatura
intrínseca del pie y del tríceps sural, disminuyendo la actividad eléctrica espontánea de
la fibra muscular esquelética, disminuyendo por lo tanto el dolor y mejorando la
biomecánica.
 Ejercicio de tonificación de musculatura intrínseca del pie (músculos flexores de los
dedos, interóseos y lumbricales). Consiste en agarrar y soltar repetidamente un objeto
tipo lápiz, bolígrafo, etc.
 Liberación miofascial del tejido de la planta del pie mediante el

rodamiento de un objeto circular sobre la planta del pie (botella, lata de refresco, pelota
con relieves, enfriados), al final del día durante 5 minutos en cada pie.

 Levantar canicas con los dedos de los pies coloque unas canicas o garbanzos en
el suelo al lado de una taza y usando los dedos de los pies trate de levantar las
canicas y colocarlas dentro de la taza. (Lafuente, A. 2007)

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 Elevación de talones con extensión de los dedos, colocando una toalla enrollada
de los dedos de los pies para provocar una elevación de estos, elevar ambos
talones, buscando la máxima altura posible.
El objetivo de este ejercicio es aumentar el estímulo de tracción sobre la fascia
plantar durante la elevación de los talones mediante la colocación de la toalla.
(Lafuente, A. 2007)

 Ejercicio de propiocepción sobre un plano blando inestable (Bosu) que


nos permite trabajar el equilibrio, coordinación, fuerza muscular y facilitar así una
rearmonización de los grupos musculares implicados en la lesión que puedan estar
desequilibrados en consecuencia. Si no se dispone de Bosu, se puede emplear cualquier
elemento que genere inestabilidad a la bipedestación estática (colchoneta, elemento
esférico, etc).
Estado del arte
 La punción seca elimina los puntos gatillos miofasciales de musculatura
relacionada con la fascia plantar, como puede ser el tríceps sural o la musculatura
intrínseca del pie. Al eliminar ese punto gatillo, eliminas el dolor y mejoras la
funcionalidad, pero lo hace en la misma medida que otros tratamientos no invasivos.
No está recomendada en la fasciosis plantar (a no ser que los tratamientos no invasivos
hayan fracasado) al ser un método invasivo que puede tener efectos adversos; dolor al
introducir la aguja, infecciones, aumento del dolor plantar, etc.
 El plasma rico en plaquetas (PRP) es un concentrado utilizado con fines
terapéuticos para tratar diversas patologías musculoesqueléticas debido a su capacidad
para reparar huesos y tejidos con baja capacidad curativa y su aparente seguridad. Las
plaquetas desempeñan un papel crucial en la hemostasia y la curación de lesiones
gracias a su contenido en tejido conectivo y factores de crecimiento. En la sangre, el
nivel de plaquetas varía entre 200.000 y 75.000, pero el PRP requiere una
concentración de más de 1 millón por microlitro para ser efectivo. El PRP se obtiene a
partir de sangre venosa, que se centrifuga para separar las diferentes fracciones, y la
concentración de plaquetas se encuentra en la zona más cercana a los hematíes, siendo
esta la fracción utilizada para el tratamiento.
Actualmente, las infiltraciones con PRP están mostrando buenos resultados y
parecen ser seguras. Se utilizan para tratar diversas afecciones, incluyendo la tendinosis
aquílea y la fascitis plantar (FP). La primera referencia del uso de PRP en fascitis data
de 2004, y se ha demostrado que ayuda a aliviar el dolor y mejorar la funcionalidad.

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