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UNIVERSIDAD CENTRAL DEL ECUADOR

Facultad de Ciencias Sociales y Humanas

Catedra de Teoría de la Cultura ll

Tema: Comparación entre la teoría de representación lingüística e icónica de Roger Chartier y


la dimensión cultural de Bolívar Echeverria

Por: Mauricio Sola 8vo Política

La cultura es un proceso histórico social en el que se desarrolla la capacidad de crear nuevas


formas a partir de contenidos inéditos. (Echeverria, 2001 pág. 20), podemos ver entonces que
todo proceso está sujeto a cambio o transformación, debido a las adaptaciones que se hacen con
la transición que surge en el pensamiento, lo que conlleva a que se vea la percepción de la
realidad desde los "otros puntos de vista", en este sentido existe una relación con Chartier, ya
que esté abordando a Marín, analiza cómo la modernidad construyó el concepto de
representación lingüística e icónica, es decir, el signo como presencia y ausencia, para producir
mecanismos de control simbólico y material, en sus modalidades del “hacer creer”(Chartier,
1996 págs.. 77,82,89), por consiguiente, la relación de estas dos ideas de distintos autores nos
permite ver que todo proceso esta en cambio o transformación como lo emana Echeverria y que
estos cambios se producen también en la imagen o el texto como formas de representación de lo
ausente.

El trabajo de Marín entonces nos permite comprender de qué manera los enfrentamientos
fundados en la violencia bruta entre la Edad Media y el siglo XVII se transforman en luchas
simbólicas (Chartier, 1996 pág. 84), es decir, en luchas que tienen las representaciones por
armas y por apuestas. “Una lucha a muerte, por signos de la fuerza o, mejor, señales o indicios
que no necesitan sino ser vistos, comprobados, mostrados, luego contados y relatados para que
la fuerza de la que son los efectos sea creída” (Chartier, 1996 pág. 84). Así, la fuerza no
desaparece con la transformación que la convierte en potencia, pues esta se hace manifiesta a
través del signo, instituyendo un ejercicio de dominación que transformó los enfrentamientos
sociales abiertos en luchas de representación, que terminan por instaurar un ordenamiento social
en el que cada grupo o individuo es definido en un rango reconocido, esto en relacion con
Echeverria esta inmerso en la dotación de sentido que se le da a la cotidianidad desde el punto
mas cercano, hasta transformaciones y procesos históricos. Así el signo solo seria una
representacion cuando esta dotada de sentido.

Un primer aspecto en el cual esta concepción de la representación impactó en el ámbito de los


historia de la cultura fue la insistencia puesta por Marin en los medios y los procedimientos de
la presentación de la representación (Chartier,1996 pag 82), en otras palabras, en los elementos
que indican el funcionamiento reflexivo de la representación que en el cuadro están constituidos
por el marco,la imagen como tal, su ornamentación, decorado, lo que representa, mientras que
en el caso de un texto, son el conjunto de dispositivos discursivos y materiales que constituyen
el aparato formal de la enunciación. De esta manera Chartier nos hacer observar que el trabajo
de Marin permitió desarrollar una noción de “texto” que se alejaba de las concepciones
semióticas, carentes de materialidad y de historicidad, enfatizando en la importancia de los
soportes materiales que dan el texto a leer y que condicionan sus formas de circulación. Esta
idea se relaciona con Echeverría ya que él realizaría una crítica en relación con el
pensamiento occidental sobre la cultura al tener un carácter categorizador, ya que
distingue las racionalidades entre las sociedades por ejemplo la de los “pueblos
primitivos”, que ejercían “un conjunto de operaciones “sobrefuncionales”,
instrumentalmente superfluas, de orden puramente ceremonial, “irracional” desde el
punto de vista económico.” (Echeverria, 2001, págs. 18-20), es decir, un pensamiento
eurocentrista “en donde la técnica moderna parece haber “desencantado” al mundo,
barrido con la magia y la superstición y logrado depurar al proceso de
producción/consumo de todo ingrediente ajeno a la efectividad instrumental”
(Echeverria, 2001, pág. 20), de este modo alude a la sociedad moderna en la relación
funcional/disfuncional bajo el carácter utilitarista de un modelo acumulativo.

Un segundo aspecto para destacar acerca de la influencia de la obra de Marin en los historia de
la cultura es el énfasis puesto en la historicidad y la discontinuidad en el funcionamiento de lo
simbólico, que constituyó un importante punto de apoyo para quienes se negaban a equiparar
todas las producciones simbólicas las imágenes, los rituales o “la invención de lo cotidiano” en
términos de Michel de Certeau con una textualidad pues, según Chartier, tal posición anula
todas las distinciones del trabajo histórico ya sea entre texto y la contextualización, entre el
discurso y la imagen, entre las prácticas y la escritura (Chartier, 1996 pág. 92).

Más allá de estas cuestiones concretas, la noción de representación asumió una dimensión más
amplia para designar al conjunto de formas teatralizadas y estilizadas mediante las cuales los
individuos, los grupos y los poderes construyen, proponen e imponen una imagen de sí y de los
grupos subalternizados. Pensado de esta forma, el concepto de representación conduce a
comprender el mundo social y el ejercicio del poder según un modelo relacional pues, en última
instancia, la eficacia de toda representación radica en la percepción y el reconocimiento de los
destinatarios y de la adhesión o la distancia con los mecanismos de persuasión puestos en
acción. Y este es uno de los aspectos en los que Chartier con base a Marin permiten relacionarla
con algunas de las proposiciones elaboradas por Echeverria ya que “cuando hablamos de cultura
pretendemos tener en cuenta una realidad que rebasa la consideración de la vida social como un
conjunto de funciones entre las que estaría la función específicamente cultural. Es la dimensión
del conjunto de todas ellas, una dimensión de la existencia social, con todos sus aspectos y
funciones, que aparece cuando se observa a la sociedad tal como es cuando se empeña en llevar
a cabo su vida persiguiendo un conjunto de metas colectivas que la identifican o individualizan”
(Echeverria, 2001 págs. 39-40), es decir que la dimensión cultural es algo que esta interiorizado
en el sujeto individual o colectivo de la sociedad y es lo que dota de sentido(en este caso a la
representación, traer presente lo ausente) a actos, normas, hábitos, estructuras, y sistemas
económicos políticos, sociales y culturales.

Bibliografía

Chartier, Roger (1996) Poderes y límites de la representación. Marín el discurso y la imagen. En


Escribir las prácticas

Echeverría, Bolívar (2001) Lección I: La dimensión cultural de la vida humana. En De finición


de Cultura. México: Ítaca., p.p., 17-46

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