EL ISRAEL CELESTIAL
Por William Soto Santiago
31 de marzo de 1994
Villavicencio, Colombia
Muy buenas noches, jóvenes, adultos y niños, en este V Congreso y I Taller
Latinoamericano y Caribeño “Los Siete Rayos de Luz en los Jóvenes del Futuro.” Es una bendición
muy grande estar con ustedes y ver cómo Dios tenía oculto de los sabios y de los entendidos, en la
América Latina y el Caribe, un grupo grande de escogidos, de hijos de Dios, que en el fin del tiempo
serían manifestados y recibirían la Pala-bra de Dios.
En esta noche quiero leer en el libro o carta de San Pablo a los Gálatas, en el capítulo 3,
verso 6 en adelante, y dice así:
“Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.
Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.
Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de
antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones (Y cuando
habla que serán benditas en él todas las naciones, está hablando de los gentiles).
De modo que los que son de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.
Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito
está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas la cosas escritas en el libro de la ley para
hacerlas.
Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe
vivirá.”
Este es el verso bíblico que leyéndolo Lutero recibió la revelación divina de lo que esto
significaba. Y este pasaje fue la Escritura que Dios manifestó, cumplió, para la edad luterana, donde:
“El justo por la fe vivirá.” Cuando Dios le dio a conocer lo que esto significaba a Lutero, se llevó a
cabo la edad de la justificación, que fue la edad luterana.
Para muchos religiosos de aquel tiempo, Lutero, quizás para algunos, estaba equivocado;
pero para otros estaba correcto en su Mensaje: ‘El justo por la fe vivirá.” Y permaneció firme en la
revelación que recibió. Sigue diciendo:
“Y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.
Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está
escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),
para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por
la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.
Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez
ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.
Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las
simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.
Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino
cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.
Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abra-
ham mediante la promesa.”
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Que Dios bendiga Su Palabra en nuestros corazones y nos permita entenderla.
El verso 25, dice:
“Venida la fe, ya no estamos bajo ayo,
pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;
porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.
Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos
vosotros sois uno en Cristo Jesús.
Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la
promesa (según la promesa hecha a Abraham somos herederos).”
Ahora veamos al Israel celestial. Si somos hijos de Abraham, y conforme a la Escritura nos
dice el mismo apóstol San Pablo, en Hebreos capítulo 12, verso 22 en adelante:
“sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la
celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,
a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de
todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,
a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de
Abel.”
Ahora, podemos ver que hay una congregación: la congregación de los primogénitos que
tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero en el cielo. Esos son el Israel
celestial. En el Israel terrenal ha estado reflejándose a través del tiempo, todo lo que en el Israel
celestial se llevará a cabo.
Encontramos que así como el Israel terrenal tuvo siete edades de la Iglesia hebrea, también el
Israel celestial ha tenido siete edades durante la Dispensación de la Gracia.
Así como bajo la Dispensación de la Ley el pueblo hebreo tuvo siete edades, y Juan el
Bautista fue el séptimo profeta mensajero de la séptima etapa o edad de la Iglesia hebrea bajo la Ley;
y Jesucristo fue el mensajero de la Edad de la Piedra Angular, edad eterna en la cual entraron los
discípulos del Señor Jesucristo, y en donde Jesucristo estaba realizando Su ministerio.
Por eso el ministerio de Jesús y el de Juan no estaban unidos; porque Dios no envía nunca
dos profetas mayores al mismo tiempo. Y si así lo hace, enviando dos profetas mayores al mismo
tiempo, a uno le toca menguar y al otro crecer.
¿Por qué? Porque cuando aparecen dos al mismo tiempo, lo que sucede es que aparece el
precursor, aparece el que le va a preparar el camino al que viene después de él. Y cuando aparece un
mensajero grande como Juan el Bautista y anuncia que después de él viene otro mayor que él,
entonces si viene uno mayor que él, es un mensajero dispensacional el que viene después de él.
Juan el Bautista era el mensajero de la séptima edad de la Iglesia hebrea bajo la ley, y cuando
apareció Jesucristo, apareció en la Edad de la Piedra Angular y en una nueva dispensación: la
Dispensación de la Gracia, que estaba comenzando cuando Juan el Bautista bautizó a Jesús de
Nazaret; allí se estaba doblando una esquina, una nueva dispensación estaba comenzando.
Así que podemos ver que Dios no envía dos profetas mayores al mismo tiempo. Y si en
alguna ocasión los vemos al mismo tiempo dos profetas grandes, uno es de una edad y el otro de otra
edad o de otra dispensación, aunque estén ahí; pero al mismo tiempo, o sea, al mismo tiempo dos
profetas mayores para la misma edad, no pueden estar.
Y cuando se habla, aún más, cuando se habla de los profetas más grandes, o los profetas
mayores, son los profetas dispensacionales, y nunca pueden aparecer dos profetas dispensacionales a
la misma vez. ¿Por qué? Porque una dispensación está separada la una de la otra, y el mensajero de
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una dispensación siempre viene al final de la dispensación anterior y al comienzo de la nueva
dispensación.
Para el comienzo de una dispensación, ahí siempre aparece el mensajero de esa nueva
dispensación. Por eso el mensajero de una dispensación siempre recoge todo lo que los profetas, lo
que los mensajeros anteriores a él, hablaron; y todo lo que hablaron en edades pasadas y en
dispensaciones pasadas. ¿Por qué? Porque todo lo que él tiene que hablar ha sido ya reflejado en
edades y dispensaciones pasadas, y su ministerio también ha sido reflejado en mensajeros, en
profetas de Dios, de otras edades y de otras dispensaciones. Y él toma todo ese material que está
disponible, lo usa en la construcción de una nueva dispensación.
Ahora, hablando del Israel celestial, encontramos que hay hijos de Abraham según la carne,
o sea, hijos de Abraham, terrenales, y hay hijos de Abraham, según la fe.
Hay hijos de Abraham celestiales: estos hijos de Abraham son aquellos que por la fe en
Cristo reciben la bendición de Abraham. Por eso dice San Pablo:
“Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que
por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.”
Ahora podemos ver que la bendición de Abraham pasó por medio de Cristo a los gentiles
cuando el pueblo hebreo rechazó a Cristo.
Ahora, ustedes pueden ver que las bendiciones de Dios no se pierden, mas bien son personas
las que pierden la bendición de Dios; pero la bendición de Dios sigue hacia adelante. Y cuando una
persona o un pueblo la pierde, la recibe otra persona o la recibe otro pueblo.
Ahora, la bendición de Abraham ha pasado a través de Cristo a los gentiles. Y por esta causa,
a través de las siete etapas o edades de la Iglesia gentil han estado naciendo del agua y del Espíritu
los hijos de Abraham según la fe, los hijos de Abraham del cielo; han estado naciendo del Espíritu,
han estado naciendo en la sexta dimensión, por causa de que el nacimiento natural que han tenido
aquí en la Tierra no fue en la perfecta voluntad de Dios, sino en la permisiva voluntad de Dios;
porque la perfecta voluntad de Dios es que Sus hijos nazcan con vida eterna, para vivir por toda la
eternidad en el cuerpo que reciban.
Pero por cuanto hubo una caída allá en el Génesis, en el Huerto del Edén, entonces los hijos
de Dios han estado viniendo en un cuerpo mortal, corruptible, en un cuerpo que ha sido formado por
la unión de un hombre y de una mujer; por lo cual es temporal ese cuerpo. Y también el espíritu que
han recibido aquí en la Tierra al nacer es un espíritu del mundo, en la permisiva voluntad de Dios.
Por eso se requiere el nuevo nacimiento, se requiere que el ser humano nazca de nuevo,
nazca de un espíritu del cielo, de un espíritu celestial, y luego recibirá un nuevo cuerpo eterno y
glorioso aquí en la Tierra.
O sea, que el nuevo nacimiento, del cual habla el Señor Jesucristo, le imparte a los hijos de
Dios un nuevo espíritu de parte de Dios, y también le impartirá un nuevo cuerpo en la resurrección
de los muertos en Cristo para todos los que han nacido de nuevo. Y si han partido, pero son simiente
de Abraham, escritos en el Libro de la Vida del Cordero, esos son los elegidos de Dios, los
primogénitos de Dios escritos en el cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; entonces serán
resucitados en cuerpos incorruptibles, y entonces comenzarán ellos, y nosotros juntamente con ellos,
a vivir eternamente en un cuerpo eterno.
Y si la experiencia de vivir en estos cuerpos mortales es hermosa, ¿cómo será en el cuerpo
eterno? Porque por más que nos quejemos de nuestra vida aquí en este cuerpo mortal, con todo y eso
sabemos que es buena, es buena porque nos ha dado la oportunidad de estar manifestados en este
planeta Tierra, y nos ha dado la oportunidad de trabajar en el programa de Dios; y ese es un
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privilegio y oportunidad única que nosotros estamos teniendo.
Trabajar en un cuerpo temporal, mortal, como El nos ha concedido, es un privilegio grande,
el cual todo ser humano debe agradecer a Dios y aprovechar bien el tiempo que nos ha dado en estos
cuerpos mortales.
Miren, estar vivos es un milagro. Hay tantas cosas en este planeta Tierra que se oponen a
nuestra vida en estos cuerpos, que es un milagro estar vivos. Pero el Creador de los Cielos y de la
Tierra es el que está sosteniendo la vida del ser humano; y El es el que en Su Amor nos ha dado la
oportunidad a nosotros de vivir en el fin del tiempo, y aún más, de vivir en el occidente, en el
territorio en donde El estaría llevando a cabo Su obra final, la obra con la cual El llevará a todos Sus
hijos a la transformación de nuestros cuerpos, para los que estamos vivos, y a la resurrección de los
muertos en Cristo.
Estamos viviendo en el territorio donde la trompeta final o gran Voz de trompeta, que es la
Voz de Cristo, el Mensaje final de Cristo, resuena y llega hasta el corazón de todos los hijos de Dios,
para hablarle un Mensaje de amor divino, y darle a conocer quiénes son las personas que están
viviendo en el continente latinoamericano y caribeño, y darle a conocer que es en este territorio
donde El tiene los escogidos finales de entre los gentiles, donde El rugirá como León de la tribu de
Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, y los siete Truenos emitirán sus voces, y nos revelará
el gran misterio de la Segunda Venida de Cristo como el León de la tribu de Judá, como Rey de
reyes y Señor de señores.
Por eso en el templo que hizo Moisés y el templo que hizo Salomón, la parte más importante
de ese templo estaba en el occidente: en el occidente estaba el lugar santísimo, en el occidente
también estaba la puerta donde Efraín tiene su símbolo.
Porque Efraín tiene el símbolo del águila. Y águila representa profeta, y representa a Cristo,
y representa a Dios. Y siendo el símbolo del águila, encontramos que es bajo el símbolo del águila
que el ministerio final obrará en bien de los escogidos de Dios.
Y así como hubo la unión de Cordero y Paloma, pues cuando Jesús fue bautizado siendo el
Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo, al cual Juan presentó como el Cordero de Dios,
el Espíritu Santo en forma de paloma vino sobre Jesús, y allí estaban la Paloma y el Cordero; allí
estaba el Espíritu Santo, y allí estaba el velo de carne, el Cordero de Dios, que quitaría el pecado del
mundo; allí estaba el sacrificio que Cristo colocaría por cada uno de nosotros.
Porque el que no tenga un sacrificio por sí mismo delante de Dios, perecerá. Pero tenemos al
Señor Jesucristo, al Cordero de Dios, y lo hemos reconocido como nuestro sacrificio por el pecado.
Y por eso estamos tranquilos; porque un sacrificio ha sido ofrecido por todos nosotros.
Todo eso fue reflejado en los sacrificios que el pueblo hebreo realizaba por el pecado; y
luego Cristo lo actualizó realizando El mismo, con Su propio cuerpo, el sacrificio por el pecado.
Ahora, para el fin del tiempo la unión es de León y Aguila, así como la unión de la Primera
Venida de Cristo fue Cordero y Paloma.
El Espíritu de Dios en el fin del tiempo estará realizando, materializando, estos simbolismos
apocalípticos, para así realizar Su obra de reclamo, de todo lo que El redimió con Su Sangre
preciosa, y llevarnos de regreso a la vida eterna, en donde viviremos como Reyes y Sacerdotes.
Y gracias a Dios que la posición grande y maravillosa la tendremos estando en el nuevo
cuerpo; porque si en este cuerpo llegamos a tener la posición más alta, y en el otro cuerpo ninguna
posición, miren ustedes lo que pasaría: sería temporal nuestra posición. Pero por cuanto es una
posición para toda la eternidad, por eso será en el nuevo cuerpo en donde estaremos en este planeta
Tierra literalmente como Reyes y Sacerdotes.
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Mientras tanto vivimos en esta Tierra como Reyes y Sacerdotes espirituales en lo que llega
el nuevo cuerpo, y entonces estaremos vestidos con el manto o vestidura real de Reyes y Sacerdotes.
Ahora, siendo el Israel celestial, podemos ver que así como el pueblo hebreo pasó por
diferentes etapas, también el Israel celestial ha estado pasando por diferentes etapas. Y hemos
llegado al fin del tiempo, en donde el Israel celestial se va a entrelazar con el Israel terrenal.
Así como hubo un entrelace del Israel terrenal y el Israel celestial dos mil años atrás,
aproximadamente, cuando el Evangelio pasó de los hebreos a los gentiles, pues el pueblo hebreo
estaba recibiendo el Mensaje de la Dispensación de la Gracia, y sólo un grupo de personas del
pueblo hebreo lo recibió, pero el pueblo hebreo como nación no lo recibió; mas bien declaró aquel
camino divino, en el cual estaban los cristianos primitivos, como un camino hereje; porque
aparentemente era contrario a la religión hebrea. Y, como en todos los casos ocurre, estaba
ocurriendo en aquel tiempo, que para una nación o una religión o secta religiosa si aparece algo
diferente a lo que ellos tienen, lo miran como enemigo y en seguida tratan de atacarlo.
Y así pasó con el pueblo hebreo, que vio el cristianismo, a Jesús y a Sus discípulos, como
enemigos, en vez de verlos como amigos en los cuales estarían cumpliéndose las promesas hechas a
Abraham y también a Adán, y a todos los demás profetas; pero fue en esa forma. Pero ya Dios lo
había visto, y había dicho de antemano que todo eso acontecería.
Ahora, con el Israel espiritual ha estado pasando en la misma forma. Y ahora en el fin del
tiempo, en el cual nosotros vivimos, estamos nosotros en la cuarta generación, así como el pueblo
hebreo en el éxodo regresaría a la tierra prometida en la cuarta generación.
Ahora nosotros estamos en la cuarta generación del reino de los gentiles, estamos en el
tiempo de los pies de la estatua que vio Nabucodonosor; pies de hierro y de barro cocido, que
representa el fin del reino de los gentiles. Y esos pies, al estar completamente consolidados, será el
reino o imperio del anticristo, y le pertenece al anticristo ese imperio en el fin del tiempo por un
corto tiempo. Y luego de esos tres años y medio de la gran tribulación todos los reinos de este
mundo pasarán a Cristo.
Eso es lo que nos dice el libro del Apocalipsis, aquí en el capítulo 11 y verso 15, donde nos
dice:
“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos
del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los
siglos.”
Aquí podemos ver que no solamente el reino de Israel pasará a las manos de Cristo, sino los
reinos de este mundo.
Miren ustedes todo el tiempo que el Señor Jesucristo ha tenido que esperar. Y el diablo, dos
mil años atrás, le ofreció los reinos de este mundo al Señor Jesucristo; pero El no los quiso. ¿Por
qué? Porque si Cristo aceptaba los reinos de este mundo en aquel tiempo, estaba aceptando el reino
de los gentiles en la etapa de las piernas de hierro; por lo tanto Cristo no podría destruir el reino de
los gentiles, porque la piedra no cortada de manos hiere a la imagen en los pies; por lo tanto Cristo
tendría que ser un servidor, un esclavo, del reino de los gentiles, y el diablo se encarnaría en aquel
cuerpo; pues le dijo: “todos estos reinos te daré si postrado me adoras.”
Ahora, vean ustedes, el diablo le daba los reinos del mundo, pero le exigió que tenía que
establecer la religión que adoraría al diablo, y el mismo Cristo sería un adorador del diablo. Y, miren
ustedes, le daba los reinos de este mundo sin un sacrificio, por lo tanto seguirían siendo unos reinos
pecadores; y las piernas de hierro no llegarían a los pies, sino que continuarían por toda la eternidad.
O sea, el diablo estaba evitando la destrucción de su reino, no quería que su reino llegara a
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los pies de hierro y de barro cocido, sino que quería evitar su destrucción.
Ahora, podemos ver que las piernas de hierro son la cuarta etapa de ese reino; y los pies de
hierro y de barro cocido pertenecen también a esa cuarta etapa; pues la cuarta etapa del reino de los
gentiles tiene dos partes.
Como también por el lado del programa divino la semana número setenta de Daniel está
dividida en dos partes: la primera parte se cumplió en los días del Señor Jesucristo, en donde tuvo un
ministerio de tres años y medio, y a la mitad de la semana le fue quitada la vida al Mesías (y no por
sí, sino que lo crucificaron); y luego la segunda parte pronto se les va a cumplir, se cumplirá en la
misma parte o en el mismo tiempo en que se cumplirá la parte de los pies de hierro y de barro cocido
del reino de los gentiles.
Por otro lado, se cumplirá la segunda parte de la semana número setenta de la profecía de
Daniel, donde le será confirmado el pacto al pueblo hebreo, y donde ellos entenderán; pues Dios los
va a despertar en un nuevo Día dispensacional, los va a despertar en la Dispensación del Reino.
Por eso es que no han podido convertir al pueblo hebreo al cristianismo, porque ellos
despertarán en la Dispensación del Reino con el Mensaje del Evangelio del Reino.
Y así como los hebreos trajeron del Este el Mensaje del Evangelio de la Gracia a los
gentiles; los gentiles, los escogidos de Dios, con el ministerio que Cristo coloca en medio de ellos,
llevarán el Mensaje del Evangelio del Reino, del Occidente -donde estará en el fin del tiempo- al
Oriente, a la tierra de Israel.
El Mensaje para el pueblo hebreo les llega a ellos de lejanas tierras; pero serán buenas
nuevas de lejanas tierras. Lo más lejos para el sol es el Oeste, donde termina su trayectoria; y de lo
más lejos, del Occidente, le llegará el Mensaje al pueblo hebreo, el Mensaje del Evangelio del
Reino.
El Mensaje que ellos esperan es por lo tanto un Mensaje del Oeste hacia el Este, ese es el
Mensaje del Evangelio del Reino, en donde Cristo se manifiesta como el León de la tribu de Judá,
como Rey de reyes y Señor de señores, a la simiente de Abraham, al Israel celestial; en el cual Cristo
estará manifestando, cumpliendo, realizando, la Bendición de la Primogenitura, la bendición de
Abraham que pasó por medio de Cristo a los gentiles.
Y recuerden que la bendición de Abraham fue pasando de Isaac a Jacob, y así por el estilo; y
en cada ocasión en que era bendecido uno de ellos (por ejemplo Abraham, Isaac, Jacob y también
José, y también Efraín), encontramos que esa Bendición de la Primogenitura era la más importante.
Y ahora la bendición de Abraham ha pasado a los gentiles. La bendición que tenía Abraham,
Isaac y todos estos hombres importantes del programa divino, está en la actualidad entre los gentiles.
Y así como la bendición más grande en el templo estaba en el lugar santísimo, ahora la
bendición más grande está en el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Jesucristo, en la parte del
Occidente, en la América Latina y el Caribe, en el Israel celestial, que somos todos nosotros.
Es tan grande la bendición que Dios tiene entre nosotros, que todavía nosotros no hemos
comprendido plenamente lo grande que es esa bendición que El tiene entre nosotros: Es una
bendición tan grande que nos transformará y nos llevará a la vida eterna con un cuerpo eterno. Y
todo esto es así, porque somos el Israel celestial.
Que Dios nos continúe bendiciendo a todos, que Dios nos guarde, y que Dios nos ayude en
todo y nos abra el entendimiento espiritual cada día más y más para que podamos comprender el
privilegio que tenemos en el programa divino. Y podamos decir: “las cuerdas nos han caído en
lugares deleitosos, en el Lugar Santísimo de Su Templo espiritual, y grande es la heredad que nos ha
tocado.”
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Que Dios nos continúe bendiciendo a todos, que el Angel del Pacto continúe guiándonos, y
que pronto entremos a la tierra prometida del nuevo cuerpo, y luego a la tierra prometida del
glorioso Reino milenial.
Mañana continuaremos viendo el programa de Dios que corresponde al fin del tiempo y
estaremos viendo nuestra posición en ese programa, para que así estemos conscientes de lo que
estaba en el inconsciente del cuerpo místico del Señor Jesucristo; pero que todo estaba ahí, aunque
no estaba revelado. Pero ahora, lo que estaba en el inconsciente, se está haciendo consciente, está
siendo revelado, para que así podamos nosotros recibir todas las bendiciones que Dios tiene para
nosotros.
Será entonces hasta mañana, Dios mediante. Estaremos en la mañana también, como todos
los días, y luego en la tarde o en la noche estaremos nuevamente con ustedes, aquí en este mismo
lugar, luego de los talleres que han de tener.
Quiero darles un consejo a los jóvenes: Aprovechen bien esos talleres, y no pierdan tiempo
fuera del lugar del taller que les corresponde, sino estén ahí. Y estén atentos, porque en pocos días
pueden recibir todo lo que les estarán dando y ser de mucha ayuda para cada uno de ustedes.
Aprovechen bien el tiempo, porque ustedes también han venido para aprovechar bien el
tiempo, y así regresar a vuestros países con una hermosa experiencia. También, como les dijo
Miguel, acuéstense cada uno temprano, no muy tarde, para que al otro día esté bien despierto para
recibir todo lo que se tenga durante ese día y durante la noche para todos ustedes.
Y cualquier otro consejito que Miguel les tenga, también es bueno que se los dé, porque lo
que queremos para ustedes es lo mejor, que se beneficien y que le saquen el máximo de provecho a
lo que han invertido en vuestros pasajes y en lo demás que han gastado para estar aquí, y en el
tiempo que han tomado para estar con nosotros aquí, y nosotros con ustedes, compartiendo las
bendiciones de Dios.
Aprovechen bien el tiempo. Sepan que tenemos la Bendición de la Primogenitura. Y
recuerden que, por ejemplo Jacob, no perdió nunca el tiempo, aprovechó bien el tiempo luchando
por la Primogenitura. Cuando la tuvo aprovechó bien el tiempo trabajando; y esa Primogenitura le
produjo grandes beneficios.
No tengan miedo para trabajar; y trabajen conscientes de que tienen la Bendición de la
Primogenitura que se tiene que materializar en grandes beneficios para ustedes y para toda la labor
que ustedes llevan a cabo. Bueno, eso es material de otro tema, pero como aquí también hablamos
un poquito de la Primogenitura, es bueno que estemos conscientes de las bendiciones que hay en la
Primogenitura. Se manifiesta en todos los aspectos de nuestra vida.
Así que Dios les continúe bendiciendo con todas las bendiciones contenidas en la
Primogenitura. Con nosotros Miguel Bermúdez Marín. Dios les bendiga.
“EL ISRAEL CELESTIAL.”