La Edad Media es un amplio período histórico, que abarca mil años o más, dependiendo de la
periodización que se escoja para ello. Desde las interpretaciones más económico-sociales, que la
sitúan entre los siglo III y XIV, a las más tradicionales, de corte político-militar, para las cuales los
tiempos medievales se extienden desde la caída del Imperio romano de Occidente (476) a la caída
del Imperio romano de Oriente (1453), pasando simplemente por aquellas que denominan estos
tiempos históricos como “los tiempos del medio”, comprendidos entre la Antigüedad grecolatina y
el Renacimiento. Estamos en presencia de un período histórico muchas veces mal conocido o
cargado de prejuicios, según nos dicen autores como Giuseppe Sergi o Jacques Heers.
Si bien establecer límites cronológicos precisos resulta inadecuado, no quedan dudas de que en los
siglos III al XV tienen lugar procesos, diálogos, transformaciones que no vacilamos en denominar
medievales. Estos siglos medievales, a su vez, se agrupan en una periodización interna, con al
menos, tres períodos bastante definidos: la Alta Edad Media, que se extiende desde la caída de
Roma al año mil, la Plena Edad Media, que abarca los siglos XI al XIII y la Baja Edad Media, que
comprende los siglos XIV y XV. Estos períodos fueron designados por Nilda Guglielmi como
“tiempos de cambio”, “tiempos de renovación” y “tiempos difíciles”.
En cada uno de ellos podemos encontrar elementos o rasgos característicos. En la Alta Edad Media
centraremos el análisis en el surgimiento de lo que José Luis Romero llamó “la cultura occidental”
y de los reinos romano-germánicos (también llamados reinos de síntesis), en la constitución de la
Europa carolingia y en las consecuencias de su fragmentación; en la Plena Edad Media, el
feudalismo, el crecimiento y la expansión demográfica, económica, cultural y territorial de Europa
occidental constituirán temas centrales; finalmente, en la Baja Edad Media, las crisis del XIV y los
caminos de recuperación, que implican transformación, serán esenciales para comprender el
tránsito del mundo medieval al mundo moderno.
Los tiempos medievales fueron tiempos de diversidad, de contacto entre culturas y grupos
diferentes, tanto a nivel local y regional (el vecino, el habitante de la comarca cercana) como a
nivel nacional e internacional (el veneciano, el franco, el griego). Estas diversidades también
fueron confesionales (el cristiano, el judío, el musulmán), sociales y económicas (el noble, el
burgués, el campesino, el siervo, el esclavo), sexuales y etarias (el hombre, la mujer, el niño, el
joven, el adulto, el viejo).
Los seiscientos años que van desde los momentos finales del Imperio romano hasta los inicios de
lo que se considera la Plena Edad Media fueron muy complejos. Y esto se muestra tanto o más
cabal cuando nos enfrentamos a una historiografía dividida, que aún se disputa una cronología y
una terminología reconocible y que por ello carece de un norte que pueda colaborar en dar luz a
una etapa que cubre aproximadamente medio milenio. En parte y para dar cuenta de esta
situación, surgió el proyecto denominado Las transformaciones del mundo romano.
Los años finales del Imperio romano, su posterior desmembramiento, la cristalización del
cristianismo y su difusión por el territorio oriental y occidental, la formación de los reinos romano-
germánicos, el desarrollo del Imperio carolingio y su desaparición, han sido y continúan siendo
para los estudiosos, momentos complejos; dado que su interpretación y valoración dependen
tanto de una selección del contenido temático, cronológico y documental como de las
posibilidades de las periodizaciones y el enfoque historiográfico asumido.
Las perspectivas planteadas para explicar el paso de la Antigüedad a la Edad Media, son los
siguientes: la interpretación en términos de transición, cuyo núcleo central está en las
explicaciones económicas y sociales que llevarían de la forma de producción esclavista, propia del
mundo antiguo, a la forma de producción feudal, propiamente medieval. La misma se liga con la
historiografía marxista y, en cuanto a términos temporales, se superpone con la tardoantigüedad o
con el altomedioevo según los autores enfoquen la transición. La conformación de una Temprana
Edad Media, coloca el acento en la caída del Imperio romano y la conformación del nuevo marco
político e institucional de los denominados reinos romano-germánicos.
Estos primeros siglos eran considerados medievales por la historiografía y su revisión estaba
incorporada en dos categorías historiográficas según los autores: la Temprana Edad Media y la Alta
Edad Media. En Argentina, Romero introdujo estas etapas, señalando que la Temprana Edad
Media abarca los años finales del Imperio romano hasta el Imperio de Carlomagno. Lo que puede
notarse es que la noción de Temprana Edad Media en estos tiempos ha quedado en desuso y los
estudios se inclinan mayormente por la denominación Alta Edad Media, aunque algunos autores
prefieren llevar su límite temporal hasta el año 800 o bien hasta el 1000. Aquellos que optaban
por utilizar ambas denominaciones incorporaban en la primera la formación de los reinos romano-
germánicos y dejaban al Imperio carolingio integrado en la segunda.
Etapas de la Edad Media
La Edad Media fue el periodo histórico que comenzó con la caída del Imperio romano occidental en
año 476 (siglo V) invadido por los pueblos bárbaros y terminó con la caída del Imperio romano oriental
o Imperio bizantino en 1454 conquistado por el imperio turco u otomano. Se puede separar en tres
subetapas [1]:
1. La Alta Edad Media desde 476 al año 1000 (del siglo V al X). Los pueblos germanos ocuparon el
Imperio romano occidental porque tuvieron que abandonar sus tierras como consecuencia
del enfriamiento del siglo V. Nació el islam y se expandió por el este y el sur del
mediterráneo. Terminó cuando acabó la expansión musulmana y comenzaron las
invasiones vikingas causadas por el deshielo y del calentamiento del siglo IX. También coincidió con
las plagas de peste bubónica que diezmo a gran parte de la población. La primera fue la peste
de Justiniano en 541 y luego hubo varios rebrotes hasta que la última de este período fue en el 750.
De esta época son los estilos artísticos prerrománicos.
2. La Plena Edad Media desde el año 1000 al 1300 (del siglo XI al XIII). Coincide con la crisis del
califato árabe y con un cambio climático: el período cálido medieval, un período de altas temperaturas
entre el año 900 y el 1300 por lo que aumentó la producción y fue aumentando el comercio. En este
período se consolidó el feudalismo y se desarrolló el estilo artístico románico.
3. La Baja Edad Media desde el 1300 al 1454 (del siglo XIV al XV). Coincide con el comienzo de
la Pequeña Edad de Hielo (1300-1850) momento en el que bajaron las temperaturas, provocando
malas cosechas sobre todo en el norte. En 1348 se extiende por Europa una intensa epidemia de peste
negra que acabó con casi un tercio de la población durante ese siglo. Esto favoreció el nacimiento y la
expansión del Imperio mongol en el centro de Asía. A medida que la crisis sanitaria se iba reduciendo
fue creciendo y expandiéndose el comercio y las ciudades crecieron. De esta época fue el estilo
artístico gótico.
Invasiones en la Alta Edad Media
Entre los siglos III y XI se producen grandes migraciones de pueblos bárbaros ("extranjeros" para los
romanos) que llegaron a Europa del sur y a la zona del Mediterráneo.
Primero fueron los pueblos germanos que desde el siglo IV que migraron desde el norte y el
este de Europa e invadieron el Imperio Romano Occidental. Desde el siglo V formaron
nuevos Estados de tipo monárquico, los reinos germánicos: francos, vándalos, visigodos, etc. Estos
últimos se asentaron en la península ibérica formando el reino de Hispania con capital en Toledo. En
un primer momento los germanos y los romanos formaban grupos sociales diferentes, pero con el paso
del tiempo se dio un proceso histórico de unificación. Los germanos se romanizaron (idioma, religión,
moneda, códigos de leyes) pero también se produjo cierta germanización de Europa, es decir, la
adopción de la Europa latina de algunos elementos culturales de los pueblos germanos. Entre los
elementos germanos que se mantuvieron estuvo el sistema de monarquía electiva por el que la
nobleza elegía nuevo monarca a la muerte del anterior, lo que provocaba frecuentes guerras civiles.
Con el tiempo las monarquías se hicieron hereditarias. En un primer momento eran arrianos, una
corriente cristiana no que rechaza la trinidad (creer que Dios, Cristo y el Espíritu Santo son la misma
persona). Pero luego se convirtieron al catolicismo como el resto de la población. La
única institución que sobrevivió del Imperio romano fue el cristianismo dirigido en cada región por
obispos. El rey Franco Clodoveo en el 496 y el rey visigodo Recaredo I en el 589.
Después llegaron a Europa oriental los pueblos eslavos (a partir del siglo V), ocupando los
territorios del este que habían abandonado los germanos. A partir del siglo IX se van convirtiendo al
cristianismo de tipo oriental.
A partir siglo VII por el sur llegaron los pueblos musulmanes desde el norte de África y desde la
península de Anatolia.
A finales del siglo VIII empezaron los ataques de los vikingos o pueblos normandos por el
norte. Se desplazaron como consecuencia de una subida de temperaturas en Europa a partir del siglo
IX. Los normandos eran politeístas, adoraban a dioses como Odín (dios principal de la sabiduría, la
magia y la guerra) o Thor (dios de la tormenta y las batallas).
En los siglos IX y X, desde la zona central del Danubio realizan sus incursiones los magiares o
húngaros.
El Imperio bizantino
El Imperio romano Oriental, conocido como Imperio bizantino, resistió a las invasiones germanas y se
mantuvo durante toda la Edad Media. El poder político estaba centralizado en el Emperador y en su la
capital, Constantinopla. Con Justiniano I y Teodora (siglo VI) el Imperio alcanzó su máximo esplendor.
Creó el código de leyes más importante de su época, que lleva su nombre. Su
general Belisario conquistó Italia y el norte de África, por lo que Bizancio controló el mediterráneo.
Pero con la aparición del Califato árabe (siglo VII), perdió más de la mitad de su territorio, sus
provincias africanas y orientales. Después mantuvo una posición defensiva y resistió los ataques de los
musulmanes (desde este y el sur) y de los pueblos eslavos (desde el norte).
La sociedad, igual que en los reinos germánicos, se dividida entre una nobleza terrateniente y el resto
de la población que tenía que pagar altos tributos a los anteriores. Además había funcionarios al
servicio del Emperador. Al principio su economía prosperó gracias al comercio, las rutas
comerciales bizantinas unían Europa, África y Asia.
El arte bizantino se caracteriza por sus basílicas con cúpulas (cubiertas semiesféricas), y por su rica
decoración con mosaicos (formados por piedrecitas o teselas de colores) e iconos (pinturas de santos
o, Cristo que usa pan de oro). La principal construcción bizantina fue la Basílica de Santa Sofía, en
Constantinopla.
El Imperio musulmán
El Imperio carolingio
En el siglo IX el rey franco Carlomagno amplió su reino hasta controlar gran parte de Europa
Occidental. Se alió al Papa León III y en el año 800, le coronó emperador. Situó su capital en Aquisgrán.
Para controlar su imperio nombró a:
Duques, cargo que existía antes, que gobierna en un gran territorio.
Condes que gobiernan en un territorio pequeño o condado
Marqueses que gobiernan una zona fronteriza que recibe ataques. Incluye varios condados.
Hubo un renacimiento de la cultura, el renacimiento carolingio. Las principales manifestaciones
culturales fueron las copias de libros antiguos, decorados con miniaturas (pequeños dibujos)
Pero la unión territorial de Europa occidental duró poco, tras su muerte sus sucesores dividieron el
imperio en varios reinos con del tratado de Verdún (843). Los títulos de nobleza (condes, duques,
marqueses), que al principio eran nombrados por el soberano, se acabaron haciendo hereditarios.
El cristianismo
La religión predominante en la etapa final del Imperio romano, la cristiana, se mantuvo durante la Edad
Media. Las principales creencias del cristianismo son:
1. Creencia en la existencia de un solo dios (monoteísmo) con tres naturalezas: Padre, Hijo y
Espíritu Santo (trinidad). Se rechaza el cristianismo que establece dos divinidades, una buena y otra
mala (dualismo, marcionismo) y el que no es trinitario.
2. Creencia en la existencia de un alma inmortal.
3. Creencia en la existencia de un pecado original por la acción desobediente de Eva y Adán. Se
rechaza a los cristianos que negaban la existencia del pecado original (pelagianos)
4. Creencia en el papel redentor de Jesucristo, es decir, fue enviado a la tierra por Dios para que
se sacrificara (pasión de Cristo) y librarnos así del pecado original. Se rechaza por tanto la idea de los
cristianos que pensaban que la salvación se alcanzaba mediante el conocimiento espiritual (los
gnósticos)
5. Creencia en la existencia de un juicio final que castigará a los pecadores cuando se produzca
la segunda venida de Jesucristo, que se creía inminente.
La naturaleza de Jesucristo fue el origen de la mayoría de las discusiones doctrinales y de las
persecuciones religiosas entre cristianos. La que se mantuvo como mayoritaria apoyada por católicos y
ortodoxos fue la siguiente: Jesucristo es una persona con dos naturalezas: humana y divina. Se rechazó
por tanto las siguientes desviaciones doctrinales:
Ebionismo: Jesucristo es el mesías pero no es Dios. Es solo humano y no tuvo un nacimiento
virginal.
Docetistas, monofisismo: Jesucristo es solo divino, lo humano es solo apariencia.
Nestorianos: Jesucristo es la unión de dos personas independientes: la humana y la divina .
Adopcionistas y arrianos: Jesucristo no es Dios, sino una creación o adopción de Dios,
Modalismo, monarquistas: Dios es solo una persona que se manifiesta de varias formas:
Cristo, Espíritu Santo, etc.
La dirección espiritual del cristianismo en cada ciudad o territorio era responsabilidad de un obispo.
Durante el Imperio Romano y el comienzo de la Edad Media, a los obispos más importantes se les
llamaba patriarcas o papas. Los patriarcas mandaban sobre los obispos de su región, que se
correspondía con los territorios del Imperio Romano. Los principales eran el de Roma, el
de Constantinopla, el de Alejandría, el de Antioquía y el de Jerusalén. Aunque el obispo de Roma era
considerado la cabeza espiritual de la cristiandad y el de Constantinopla el segundo más importante, su
liderazgo era simbólico y tenía mayor autoridad que el resto. Cuando había que tomar alguna decisión
importante, se convocaba un concilio al que acudían patriarcas y obispos para llegar a un acuerdo.
Al desaparecer el Imperio Romano de occidente, el obispo de Roma León Magno y el de
Constantinopla decidieron reafirmarse como líderes de la Iglesia en el concilio de Calcedonia (451). Los
patriarcas de Alejandría y de Antioquia no aceptaron las decisiones de este concilio y años después se
separaron dando lugar a las iglesias cristianas copta y siriaca (ortodoxa siria).
La conquista de Alejandría, Jerusalén y Antioquía por parte del Califato árabe, debilitó a estos
patriarcas, porque en sus territorios el cristianismo irá retrocediendo frente al islam.
Desde el concilio de Calcedonia el obispo de Roma es el único que usa el título de papa, pero su poder
se había reducido mucho:
La crisis económica y social del final del imperio, habían reducido la población de la ciudad y
casi estaba deshabitada.
Los reinos germánicos le habían quitado peso político a Roma y algunos habían formado su
propia Iglesia cristiana, la arriana, así que no obedecían al papa.
La mayor parte de Italia, incluida Roma, estaba bajo el control político del Imperio bizantino.
En cambio el patriarca de Constantinopla contaba con el apoyo del imperio más poderoso de Europa, el
bizantino, y además ejercía sobre la ciudad más grande de la cristiandad.
Los Estados pontificios
La Iglesia fue la única institución del Imperio romano que se mantuvo en píe tras su caída. Poco a poco
el papa de Roma fue recuperando su autoridad en la zona occidental del cristianismo:
Conversión de Clodoveo (era arriano), rey de los francos, al cristianismo católico (496-500).
Conversión de Recaredo (era arriano), rey de los visigodos al cristianismo católico en el 587.
El papa Gregorio II salió reforzado de su enfrentamiento contra el patriarca de Constantinopla.
Cuando el patriarca adoptó medidas iconoclastas (prohibir la adoración de imágenes) en el 722, todos
los obispos de la zona occidental (contrarios a la iconoclasia) juraran lealtad directa al obispo de
Roma y este acaba adquiriendo el derecho de nombrarlos y destituirlos.
El Imperio bizantino no pudo proteger Roma cuando fue invadida por el reino lombardo en el
751. Entonces el papa pidió ayuda al nuevo rey franco Pipino el breve, que había accedido al trono de
forma ilegítima. Pipino venció a los lombardos en el 757 y concedió al papa poder total sobre la zona
central de Italia, fundando un nuevo Estado llamado Estados pontificios. A cambio la Iglesia consagró
a Pipino como rey legítimo de los francos.
Años después, en el 775, el hijo de Filipo, Carlomagno, invadió y sometió a los lombardos,
enemigos de los papas. En el año 799, Carlomagno repuso al papa León III cuando fue depuesto tras un
golpe. León en agradecimiento, le nombró emperador en el año 800, aprovechando que se había
nombrado a una emperatriz en Bizancio.
Los estilos artísticos prerrománicos
Los estilos artísticos de los pueblos germánicos se llaman prerrománicos, se caracterizan por las
pequeñas iglesias rurales sostenidas por columnas (soportes verticales cilíndricos) con una
de planta (dibujo en el suelo) rectangular, con tres naves (pasillos hacia el altar, separados por
columnas) una cabecera (donde está el altar y se sitúa el sacerdote) una fachada (entrada principal) sin
decoración y cubiertas planas.