Desde que se firmaron los acuerdos en Ottawa, las exportaciones de carnes
argentinas comenzaron a descender a razón de un 5% mensual. La situación exigía
medidas rápidas, y acaso concesiones muy amplias por parte de nuestro país. El
gobierno nacional, pues, decide enviar en 1933 una importante misión a Londres,
encabezada por el vicepresidente Julio [Link]. (…) los resultados son concretos: el
Pacto Roca-Runciman, firmado por el vicepresidente y el ministro británico Walter
Runciman (…) el 1 de mayo de 1933.(…)Gran Bretaña, en práctica, sólo se obligaba
condicionalmente a conservar la cuota de importaciones de carnes argentinas, aún
reservándose el derecho de restringirlas cuando le conviniera. Por otra parte
reservaba a los frigoríficos extranjeros el 85% de esa cuota de exportación,
permitiendo que sólo el 15% restante fuese exportado por empresas argentinas que
“no persiguieran beneficio privado” [sin fines de lucro] y siempre que dichos
embarques fuesen colocados en el mercado por las vías normales, esto es buques y
comerciantes ingleses.
La Argentina, en cambio, se comprometía a: 1) mantener libres de derechos el carbón
y todas las demás mercaderías que entonces se importaban en esas condiciones; 2)
respecto de las importaciones inglesas, de cuyos derechos aduaneros el Reino Unido
gestionaba una reducción, volver a las tasas y aforos vigentes en 1930,
comprometiéndose el gobierno argentino a no imponer ningún nuevo derecho ni a
aumentar los existentes (…); 3) no reducir las tarifas ferroviarias; 4) destinar a
compras en Gran Bretaña la totalidad de las divisas provenientes de compras inglesas
en la Argentina, y en ningún caso establecer para las remesas a Gran Bretaña un tipo
de cambio menos favorable que para las destinadas a otros países.
Ciria, Alberto. “El pacto Roca-Runciman y el comercio de carnes: una gran clave”.
En: Ciria, A. “Crisis económica y restauración política”. Buenos Aires, Paidós, 1994.
Desde que se firmaron los acuerdos en Ottawa, las exportaciones de carnes
argentinas comenzaron a descender a razón de un 5% mensual. La situación exigía
medidas rápidas, y acaso concesiones muy amplias por parte de nuestro país. El
gobierno nacional, pues, decide enviar en 1933 una importante misión a Londres,
encabezada por el vicepresidente Julio [Link]. (…) los resultados son concretos: el
Pacto Roca-Runciman, firmado por el vicepresidente y el ministro británico Walter
Runciman (…) el 1 de mayo de 1933.(…)Gran Bretaña, en práctica, sólo se obligaba
condicionalmente a conservar la cuota de importaciones de carnes argentinas, aún
reservándose el derecho de restringirlas cuando le conviniera. Por otra parte
reservaba a los frigoríficos extranjeros el 85% de esa cuota de exportación,
permitiendo que sólo el 15% restante fuese exportado por empresas argentinas que
“no persiguieran beneficio privado” [sin fines de lucro] y siempre que dichos
embarques fuesen colocados en el mercado por las vías normales, esto es buques y
comerciantes ingleses.
La Argentina, en cambio, se comprometía a: 1) mantener libres de derechos el carbón
y todas las demás mercaderías que entonces se importaban en esas condiciones; 2)
respecto de las importaciones inglesas, de cuyos derechos aduaneros el Reino Unido
gestionaba una reducción, volver a las tasas y aforos vigentes en 1930,
comprometiéndose el gobierno argentino a no imponer ningún nuevo derecho ni a
aumentar los existentes (…); 3) no reducir las tarifas ferroviarias; 4) destinar a
compras en Gran Bretaña la totalidad de las divisas provenientes de compras inglesas
en la Argentina, y en ningún caso establecer para las remesas a Gran Bretaña un tipo
de cambio menos favorable que para las destinadas a otros países.
Ciria, Alberto. “El pacto Roca-Runciman y el comercio de carnes: una gran clave”.
En: Ciria, A. “Crisis económica y restauración política”. Buenos Aires, Paidós, 1994.