INTRODUCCION
San Pedro de Nora es una iglesia perteneciente al prerrománico asturiano. Fue edificada en el periodo del reina-
do de Alfonso II el Casto (791-842). La referencia documental más antigua es el 20 de enero del año 905, fecha
en que se consigna, en un documento real, su donación a la Catedral de Oviedo por Alfonso III, junto con la de la
Iglesia de Santa María de Bendones. Su estructura es la misma que la de Santullano, a pesar de tener algunos ras-
gos diferentes, como son la ausencia de crucero (intersección formada por la nave principal y el transepto, en una
planta de cruz latina o griega).
Se encuentra en el municipio de Las Regueras, a unos 12 km de Oviedo y situada a la derecha del río
Nora.
Al comenzar la guerra civil, se incendió y sufrió graves daños, pero en 1940 comenzaron los trabajos
de reconstrucción a cargo del arquitecto Luis Menéndez Pindal, trabajos que se prolongaron hasta los
años setenta.
Declarada Monumento Nacional el 3 de Junio de 1931.
Las interpretaciones sobre el origen y la función de este espacio han sido muy diversas, sin que la actuali-
dad exista un consenso.
Desde un punto de vista práctico, se ha dicho que quizás fue construida como cámara del tesoro, pero lo
cierto es que se encuentra demasiado a la vista como para ser así.
También se ha dicho que pudo ser una especie de prisión, un lugar de meditación de los monjes, un alma-
cén de grano o quizás algún tipo de espacio simbólico donde conservar las reliquias. No hay duda de que
estos espacios tienen una función estética, pues contribuyen a regularizar los diferentes volúmenes, por lo
que quizás, fue éste su destino.
DESCRIPCIÓN
EXTERIOR
Las medidas del edificio configuran un edificio esbelto.
En el exterior, sus muros perimetrales son de sillarejo (sillares pequeños), y en las esquinas, hay sillares de
mayor tamaño.
Los arcos de las ventanas están realizados con ladrillos, que también envuelven la ventana trifora (ventana
dividida en 3 vanos) de la cámara suprabsidal.
En la cabecera del edificio, hay parejas de contrafuertes.
Los aleros (parte inferior del tejado) de las cubiertas se sitúan bajo unos pequeños modillones (Saliente, ge-
neralmente en forma de voluta, con que se adorna por debajo una cornisa) de rollo único, que se encuentra
también en las iglesias de San Julián de los Prados y en la de San Tirso.
En los muros laterales, se abren dos puertas dispuestas en dos alturas.
Las últimas excavaciones arqueológicas realizadas, han evidenciado que junto al cuerpo de la iglesia había
dos capillas, de las que nada se conserva en la actualidad, salvo estos dos pequeños vanos uno encima del
otro, que demuestran que estos espacios tenían dos alturas, y los restos del arranque de sus muros en los
lienzos.
Las puertas que darían acceso a estas dos capillas se encuentran cegadas en la actualidad, y al edificio se
entra a través de un vestíbulo situado en el lado oeste, cuya construcción no es contemporánea al resto de
la iglesia. A este vestíbulo se accede por medio de una puerta enmarcada con dos pilares cuadrangulares,
apoyados en capiteles moldurados muy similares a los del interior, que a su vez sostienen un arco de medio
punto ligeramente peraltado (continuado en sus extremos por dos porciones rectas). El vestíbulo es de
pequeñas dimensiones, y da acceso a la iglesia, por medio de una puerta adintelada reforzada por un arco
de descarga, con dovelas (elemento constructivo que forma un arco) de ladrillos.
INTERIOR
Se trata de un edificio de planta basilical, con tres naves diferenciadas en altura. Éstas se encuentran sepa-
radas entre sí, por medio de cinco pilares cuadrangulares realizados en sillarejo con basas molduradas, que
dividen cada una de las mismas en cuatro tramos.
El edificio no presenta un trabajo de escultura destacable, pues los capiteles de estas pilastras se encuen-
tran moldurados, conformando una línea de imposta (marca la línea divisoria entre un elemento ar-
quitectónico que sustenta (columna, pilar o muro) y otro sustentado curvo (que puede ser
un arco o bóveda), en donde se apoyan cuatro arcos de medio punto ligeramente peraltados.
La nave central, de mayor altura y anchura que las laterales, se cubre con una armadura de madera a dos
aguas. Cómo es habitual en las iglesias del prerrománico asturiano, la iluminación del interior del edificio se
realiza por medio de tres vanos que se abren en el muro, que marca la diferencia de altura.
La luz también penetra al interior de la iglesia por medio de un gran ventanal, que se abre en el muro oeste,
sobre el vestíbulo, y por las tres pequeñas ventanas que hay cada uno de los ábsides.
Las tres naves desembocan en otros tantos ábsides cuadrangulares, que se cubren con una bóveda de ca-
ñón recubierta mediante ladrillos.
Las tres capillas que generan los ábsides se comunican, entre sí, por medio de una puerta revestida de la-
drillo, que debió de abrirse seguramente en un momento posterior.
En cada uno de los ábsides se abre una ventana adintelada con jambas (Elemento vertical que, a modo de
pilar o columna, sostiene un arco o el dintel de una ventana o una puerta) monolíticas (de una sola pieza de
piedra), que se recubren con unas celosías (tablero calado para cerrar vanos) modernas.
Originalmente, todo el interior de la iglesia se encontraría adornado con pinturas sobre estuco.
Se ha encontrado algún pequeño resto de pintura de difícil interpretación, pero que hace supo-
ner que las pinturas seguirían una temática vegetal.
Entre el mobiliario que encontramos en la iglesia, tenemos una imagen sedente de San Pedro,
sentado en su cátedra, de madera policromada, obra de Luis Fernández de la Vega, imaginero
(escultor o pintor de imagenes religiosas) asturiano del siglo XVII, y un crucificado, también de
madera, que se sitúa en la nave principal, en la pared que da entrada al ábside central.