La épica griega
Las primeras obras que nos ha legado la Literatura Griega son dos poemas
épicos heroicos: la Ilíada y la Odisea. Aparecen en torno al s. VIII a.C., y su autor,
según la tradición, se llamaba Homero. En realidad, estos poemas son el resultado
escrito de una larga tradición de poesía oral, interpretada por los aedos o cantores
itinerantes. La verdadera identidad de aquel que dio forma literaria a las tradiciones
es desconocida, aunque hoy se piensa que debió ser un poeta distinto para cada uno de
los dos poemas, ya que la Odisea presenta rasgos más tardíos.
El género de la poesía épica heroica que tiene su origen en la epopeya homérica
se caracterizará, en general, por rasgos como:
- estar en verso.
- gran extensión.
- carácter narrativo y estilo elevado.
- tener como materia o asunto la actuación de héroes (legendarios o históricos)
y, a veces, la intervención de dioses.
- narrar sucesos de importancia significativa para un pueblo o nación, en un
periodo significativo de su historia.
- constituir una expresión del carácter o los ideales del pueblo o nación al que
va dirigida.
- satisfacer el orgullo nacional a través de las hazañas protagonizadas por el
héroe, cuyos rasgos son más nacionales que individuales.
Características principales de la poesía homérica:
a) Composición oral. El estilo formular: La poesía épico-heroica griega es
de base oral, tanto en lo que se refiere a su composición, como a su ejecución y su
transmisión. Este carácter oral está en estrecha conexión con el estilo de composición
empleado, y que es denominado “formular”. Esta técnica de composición de los
poemas homéricos consiste en que el compositor construye su obra no a partir de
palabras, sino a partir de unidades más amplias llamadas fórmulas. Definiríamos la
fórmula como “expresión fija de un pensamiento en un esquema métrico
determinado”. Esto es, se trata de frases o miembros de frase que se adaptan
perfectamente a una parte del verso y que se repiten en idénticas condiciones para
expresar una misma idea.
Las fórmulas pueden alcanzar la dimensión de una parte de un verso, o bien de
un verso entero (los “versos repetidos”), o incluso de grupos de versos. Estos últimos
se conocen como “escenas típicas”: una misma acción es descrita cada vez en términos
idénticos o muy similares, a base de una sucesión de frases formulares (escenas de
combate, transmisión de un mensaje, anocheceres y alboradas, arribadas y partidas,
vestir el guerrero sus armas, la celebración de un sacrificio, etc.). La técnica de
composición formular facilitaba la construcción de los poemas para los compositores
(el poeta oral, iletrado, aprende “de oído” a combinar contenido y forma en su
composición), y la labor memorística para los recitadores.
b) Tradicionalidad: Homero estaría al final de una larga tradición de poesía
épica cantada por otros aedos (cantores), en la que se celebraba a los héroes del pasado,
y que estaba compuesta con recursos orales. Con anterioridad a Homero debieron de
existir poemas orales más breves sobre la guerra de Troya, que él utilizó para
componer su obra.
c) Contenido heroico: Se trata de poesía de temática mítico-heroica: cuenta
las hazañas de los héroes de un pasado remoto. En ella, la leyenda se mezcla con un
núcleo de verdad histórica. En el caso de los poemas homéricos, se remontan a la
expedición y conquista de Troya por parte de la civilización micénica, ocurrida en
torno al 1200 a.C., y transformada por la tradición poética en suceso maravilloso. En
este sentido, la épica es la primera “historia” de Grecia, transmitida oralmente hasta
convertirla en leyenda.
d) Valores morales: Está dirigida a una clase aristocrática, la clase noble
terrateniente (a pesar de ser poesía de gran calado popular). Esta poesía era recitada
en los palacios de los nobles de la época arcaica, que se consideraban los herederos de
los reyes de la época micénica. Éstos veían en los héroes de los relatos a sus
antepasados y los tomaban como modelos de vida. De los poemas extraían una serie
de valores morales, como la búsqueda de fama y de gloria, el sentido del valor y del
honor, o el sentido de la fidelidad al compañero, a la familia, al clan o pueblo.
e) Rasgos formales:
-La Ilíada y la Odisea están escritas en verso, empleando el llamado hexámetro
dactílico. Es un verso compuesto de seis unidades o metros de ritmo dactílico (de ahí
su nombre), basado a su vez en la sucesión de sílaba larga (−) más dos breves (∪ ∪)=
− ∪ ∪., sustituibles por una sucesión de dos largas (− −) Este verso se convirtió en la
marca formal de la épica griega y también de la latina, tanto en su variante heroica
como en su variante didáctica. Los griegos llamaban al hexámetro dactílico epos, y de
ahí deriva la denominación épica para este género poético.
-La gran extensión es característica de la épica heroica griega: Ilíada y Odisea
tienen, cada una, más de 12.000 versos, divididos en veinticuatro cantos.
-La poesía épico-heroica griega es de carácter narrativo: está contada en 3ª
persona. El narrador es anónimo, y no hay reconocimiento expreso de la autoría.
-Las composiciones se inician con el llamado proemio épico, con dos partes
claramente diferenciadas: la invocación a la divinidad (las Musas, Apolo, etc.) para
que inspire al poeta, y la indicación breve del tema del poema.
-Para lograr una mayor extensión, la narración principal es interrumpida
regularmente por medio de recursos diversos: digresiones o “narraciones paralelas”,
catálogos o relaciones de personajes, y monólogos de un héroe o una divinidad.
-Se emplea una lengua arcaizante y artificial, mezcla de varios dialectos y
utilizando vocabulario de épocas diferentes, consecuencia de la pertenencia de estas
composiciones a una tradición ininterrumpida desde siglos atrás.
Ilíada y Odisea:
La Ilíada se basa en un episodio concreto de la guerra de Troya: en el décimo
año después del principio de la guerra, estalla “la cólera de Aquiles”. Éste ha sido
agraviado por Agamenón, máximo caudillo de los griegos, que le ha quitado a su
esclava Briseida (porque previamente Aquiles obligó a Agamenón a devolver su
esclava Criseida a su padre Crises, sacerdote de Apolo, para así poder aliviar la
epidemia que, como castigo, el dios había enviado al campamento griego). Aquiles se
retira del combate y ruega a su madre, la diosa marina Tetis, que los griegos sean
derrotados por los troyanos. Tetis se lo pide a Zeus, que accede. Ante el acoso del
bando troyano, liderado por Héctor, Agamenón se ve obligado a solicitar a Aquiles el
regreso al combate. Aquiles se niega, y sólo cede cuando Patroclo, su más querido
compañero, muere a manos de Héctor. Entonces Aquiles vuelve al combate, llevando
la destrucción al bando troyano, hasta matar al propio Héctor. El poema acaba con la
celebración de juegos fúnebres en honor de Patroclo, y la devolución al anciano
Príamo del cadáver de su hijo Héctor para ser enterrado.
La Odisea narra el retorno (nóstos) de Odiseo después de la toma de Troya. En
su patria, la pequeña isla de Ítaca, su esposa Penélope y su hijo Telémaco lo esperan
impacientes, asediados por los nobles de la isla, que pretenden casarse con la reina y
usurpar el trono. Tras superar peligros innumerables gracias a su astucia y valor,
Odiseo regresa a Ítaca, donde, disfrazado de anciano mendigo, tiende una emboscada
y da muerte a los pretendientes.
Otros poemas épicos:
En Grecia, entre los ss. VIII y V a.C., se cultivó, con mayor o menor profusión,
la épica heroica, tratando sobre todo de narrar los hechos relativos a la Guerra de Troya
que no habían sido incluidos en los poemas de Homero. También se dieron otros tipos
de épica, como la genealógica (que canta los orígenes de determinadas familias o
ciudades), o la localista (que narra leyendas locales, en torno a las hazañas de un solo
héroe).
Además de la épica heroica, hay otro tipo de épica que surge en paralelo,
conocida como épica didáctica. Su principal representante es Hesíodo, que compone
en torno al siglo VII a.C. sus obras Teogonía y Trabajos y días. Esta forma de épica
recoge tradiciones orales sapienciales (genealogías divinas, mitos cosmogónicos y
etiológicos, consejos, proverbios, fábulas, etc.), para elaborar una narración cuyo
objeto es enseñar al ser humano cómo actuar y cómo relacionarse con el mundo que
lo rodea. Más adelante, este subgénero de la épica incluirá también tratados
especializados sobre distintos temas (astrología, agricultura, caza, pesca, etc).
Siglos más tarde, se produce un resurgimiento literario de la épica heroica. En
época helenística, Apolonio de Rodas (III a.C.) escribe las Argonáuticas, sobre la
mítica expedición de los Argonautas, al mando de Jasón, en busca del vellocino de
oro. Se trata de un poema épico puramente literario, es decir, compuesto en su totalidad
por un solo autor, y puesto directamente por escrito, sin una tradición oral que sirva
de intermediaria. Aunque trata de imitar los rasgos de estilo de los poemas homéricos,
esta tradición épica posee una estructura y un lenguaje más cuidados, así como
elementos narrativos nuevos que aparecen por influencia de la sensibilidad y los gustos
literarios de la época (como la importancia que adquieren las historias de amor
romántico).
A su vez, los romanos recogen la herencia de esta épica heroica literaria, y la
desarrollan en su propio idioma, traduciendo los recursos literarios de la épica griega,
así como los mitos y leyendas de los dioses y heroes griegos. La primera obra épica
romana fue una traducción de la Odisea, la Odusia de Livio Andrónico, un liberto de
origen griego.
Dentro de esta tradición latina, destacan los Annales de Ennio (s. II a.C.), una
épica histórica sobre los orígenes de Roma, la Eneida de Virgilio (finales del s. I a.C),
sobre la leyenda de Eneas, príncipe troyano que huye tras la destrucción de la ciudad
y se establece en el Lacio, convirtiéndose en el antepasado mítico de los romanos, y
las Metamorfosis de Ovidio (también finales del I a.C.), un compendio de historias de
la mitología griega y romana que incluían transformaciones, o cambios de forma, de
los heroes o dioses implicados, y que solían caracterizarse por una trama amorosa.