Diplomado en Tanatología
Instituto Nacional de Neuroeducación
Formación Especializada y Científica a Docentes
El duelo 4
PREDICTORES DEL DUELO PATOLÓGICO.
Aunque no existe unanimidad en la bibliografía consultada, a cerca de las variables
pronóstico que van a provocar la transformación de una reacción de pesar normal
en una reacción de duelo patológico, señalaremos las siguientes: Predictores del
duelo patológico: - La falta de salud física o mental previa - La ambivalencia afectiva
con agresividad - Duelos repetidos - Mayor fragilidad en el varón - La muerte
repentina - La falta de salud física o mental previa es el mejor predictor de desenlace
negativo. Aumenta el riesgo de suicidio en sujetos alcohólicos. - La ambivalencia
afectiva con agresividad en la relación preexistente con el difunto. - La frecuencia
de duelos repetidos. - Se acepta una mayor fragilidad en el varón con respecto a la
mujer. - La muerte repentina no es un factor general que acentúe la intensidad de
los desajustes de los familiares. Incluso la prolongación de la enfermedad terminal,
puede provocar con mayor facilidad un desenlace negativo. - La presencia de los
siguientes síntomas de alarma: Síntomas de alarma en el duelo patológico: - Ideas
de suicidio en el primer mes - Retardo psicomotor - Culpabilidad morbosa.
Evaluación clínica y tratamiento. Retomando lo anterior, podemos decir que el duelo
es un evento común luego de que se da el fallecimiento de una persona allegada,
pero es necesario mantener vigilancia sobre las personas que lo viven para así
prevenir el duelo patológico, en la siguiente tabla se señalan los objetivos de la
valoración clínica: Objetivos a valorar en el duelo: - La gravedad del cuadro
depresivo - La presencia de un trastorno psicótico - La existencia de alcoholismo u
otra drogodependencia - El riesgo suicida. Una vez valorados los síntomas y/o
signos que presenta cada paciente, es necesario que el médico tratante inicie una
terapia medicamentosa, sí el duelo es considerado "normal", se puede de brindar el
tratamiento, pero sí se determina la aparición de algún tipo de duelo patológico es
recomendable referir lo más pronto posible al Psiquiatra, para que el cómo
especialista sea el encargado de dar no solo el tratamiento farmacológico, sino que
además el soporte que este necesita. (Vargas, 2003)
SUBJETIVACION DEL DUELO EN FREUD Y LACAN
Ejemplo clínico
Podríamos apelar aquí a innumerables ejemplos, pero vamos a citar uno de nuestra
clínica, donde podremos situar la función subjetivante del duelo como resultado de
la articulación de lo público, lo privado y lo íntimo. Tommy es un niño de nueve años
cuya mamá se suicida casi un año atrás, luego de una dolorosa convivencia y
separación matrimonial. Llamo Tommy a este niño, pues ése es el nombre de un
personaje de la TV. Un "Power Ranger", humano que toma el poder de un jefe que
está en "otra dimensión" y que le permite transformarse, junto a sus amigos, en
animales-robots gigantes, como "Dragozords", con tanto poder, que se hacen
invencibles bajo sus armaduras y cascos construidos con aleaciones
indestructibles. Juego con el que, desde sus fantasías, construye una coraza de
héroe desde donde sostendrá, en un recurso fálico, su duelo durante el tratamiento.
Sus padres se separaron hace dos años, tras lo cual, la madre y los hijos, que hasta
allí vivían en otra ciudad, se trasladan a Tucumán, lugar de origen de la familia
materna. Un año después, luego de una profunda melancolización, la madre de
Tommy se suicida. El niño tenía entonces 9 años. Posteriormente a la muerte de la
mamá, los niños (de 12, 9 y 7 años), no son reclamados por el padre, que luego del
velatorio y del entierro, regresa a su lugar de residencia, sin los mismos. Desde allí
viven con la familia materna. Estos familiares son los que consultan. Creen que
Tommy sabe la verdad acerca del suicidio de su madre, a pesar que se les dijo que
fue un accidente. Cosa que efectivamente el niño confirma: "Me dijo mi amiga que
mi mamá se mató, que se tiró de un edificio, pero eso no es cierto, no puede ser,
porque ella era muy feliz, estaba enamorada..." Los abuelos están preocupados por
las "explosiones" de Tommy. Dicen: se pone "como loco" "como ciego". Se
encoleriza, pelea con sus hermanos y con sus compañeros. Sube al techo de la
escuela, con el riesgo de caer. Él, luego me hablaría del vértigo y de su angustia.
Mostraremos, en este caso, cuatro tiempos. 1º Tiempo: Momento de la angustia. El
niño, actinizado, con vértigo, en riesgo de pasajes al acto por proezas como subirse
a los techos, caídas, golpes, peleas y gritos. Luego de la separación de sus padres,
Tommy, su mamá y sus hermanos se trasladan desde la ciudad donde vivían, a
Tucumán, lugar de residencia de sus abuelos maternos. Habían abandonado al
padre, y con él, la ciudad donde nació y creció, la casa, los amigos, los juguetes...
Poco tiempo después, perdería también a su madre. Los abuelos, alarmados por la
violencia de Tommy y por las continuas actuaciones riesgosas que el niño realiza,
hacen la consulta. Durante las primeras entrevistas Tommy prefiere hablar. Habla
como adulto, de cosas de adultos. De su padre, dice: "Lo odio, lo odio, lo odio, lo
odio..." "Yo lo reventaría a ése..." ó "Voy a tomar venganza por mi madre..." Lo acusa
por los malos tratos a su mamá y por el abandono hacia ellos. De alguna forma no
explícita, lo acusa también por la muerte de la madre, revelando su sospecha acerca
de la responsabilidad del mismo sobre la tristeza y posterior suicidio de ella. Lacan,
en el Seminario VI, ubica la muerte de un ser querido en el orden de la Privación.
La pérdida de aquel, cuya falta fuimos, produce un agujero en lo Real. Rompe la
cadena significante, la cobertura, el disfraz con el que causo el deseo del Otro. La
escena fantasmática "se va de gira", se quiebra. Y el "yo era su falta", o "yo era su
causa", cae. ¿Con qué se encuentra un niño de 9 años cuando a esta suposición, o
a esta pregunta, se le contesta: "eres totalmente prescindible" "no me importas", "tu
causa es una causa perdida"? ¿No es como "matar con la indiferencia"?. Amar u
odiar son preferibles a la indiferenciaa Durante el análisis, Tommy muestra su
desconsuelo. Dice: "ella era feliz; estaba bien, estaba enamorada. Yo estaba
siempre con ella. Le hacía las compras, le llevaba los bolsos, ponía las papas a
hervir... ella no estaba sola". La madre de Tommy le mostró, brutalmente, que ella
no hace con él, diferencia alguna. Es in-diferente. Ni él, ni nadie podían evitar su
acto de morir por voluntad propia. Aquí, el trauma, como encuentro con lo Real,
borra la alteridad fantasmática; Tommy casi no encuentra marco en qué sostenerse;
esto lo lleva a "estar como loco", "estar como ciego". Su madre muerta ha devenido
TODO PODER y tienta a Tommy, a caer de los techos de la escuela, a donde se
sube en sus frecuentes actuaciones riesgosas. El niño está acorralado, merced a la
angustia. Dirá Marta Gerez Ambertínb "¿Qué implica este peligro de la pérdida de
objeto (de amor)?. Es el objeto a como perdido, el que se pierde. Esto es, el objeto
libidinal, investido libidinalmente y, por tanto, objeto que otorga envoltura a das-Ding
y hace sustitución de investiduras vía el camino de facilitación. Freudianamente, en
la carta 52: "El ataque de vértigo, el espasmo de llanto, todo ello cuenta con el Otro,
pero la más de las veces con aquel Otro prehistórico inolvidable, al que ninguno
podrá igualar ya". La tramitación del duelo consistirá en reconstruir alguna
cobertura, algún disfraz, alguna alteridad entre el sujeto y el objeto del fantasma,
que reubique la falta, que circunscriba el objeto a y pacifique al niño. 2º Tiempo:
Momento del despliegue de relatos fantásticos, paranoicos, en las sesiones, que
perimetran la angustia, hablan de su desconfianza en el Otro, pero admiten la
instauración de la transferencia. Posibilito, durante las entrevistas, que Tommy
despliegue sus relatos, a los que recibo "como si" verdaderos. Realizo una promesa:
No los desestimaré y, por supuesto, éstos serán absolutamente secretos. Con el
armado de estas escenas, donde el mundo se desmorona por la corrupción, la
violencia, las amenazas... él, Tommy, intenta "dar cuerpo" "darse cuerpo" a nivel
imaginario. Reconstrucción del yo que le permite una barrera a la angustia. Vemos
cómo en lo privado, relanza la pérdida a lo íntimo, a las fantasías. Despliega en lo
privado de las sesiones el horror que había quedado éxtimo - ni dentro ni fuera -
pero sin velos: sus actuaciones violentas contra otros, o de saltos al vacío o de
arrojarse bajo los autos, fueron montándose en escenarios de ficción que se relatan
como verdades. En estas entrevistas, escucho atentamente: Dibuja planos de
lugares que fueron "invadidos y dañados por los enemigos"; "cómo cavaron un canal
en la cancha de fútbol y, cuando la pelota cae allí, los chicos no quieren correr
riesgos, es difícil sacarla, nos podemos resbalar y caer, aunque capaz que la pelota
quedó entre las rejas del canal y no se perdió". Texto en el que va desplegando su
temor a "resbalar y caer", pero también están las rejas que pueden "retener a la
pelota", lo que va dando cuenta de alguna "reja" transferencial que comienza a
instalarse. Sus relatos se deslizan hacia las injusticias que ubica en la escuela, en
el fútbol, en la policía y en "los políticos corruptos que se quedan con el dinero de
los jubilados", y en sus fantasías donde es capaz de "agarrar cualquier cosa y
partirles la cabeza" o "invadir con sus amigos (todos vestidos con armaduras de
Titanio) la casa de gobierno y darle la plata a los jubilados" o "detectar bandas de
policías corruptos que trafican drogas" o "los enemigos hacen negociaciones, toman
venganza"... Y siempre es el "héroe", que llevará a cabo una hazaña para
defenderse. Estas ideas separan al niño de la gravedad de las actuaciones, bordean
la angustia, la sitian, y con la amenaza persecutoria responde - en lo privado y en
lo íntimo - al descreimiento en el Otro. Podría decir que, dado el desamparo en el
que es arrojado Tommy, luego del suicidio de su madre y del abandono de su padre,
por la angustia, y por la ruptura del marco fantasmático que sostendría alguna
ficción, anudada a la Ley, en Tommy aparecería este episodio paranoico, ubicable
en la retaliación. Freud, en Tótem y Tabú, refiere al "delirio de persecución"c: "Aquí
es exaltada de manera extraordinaria la significación de una persona determinada,
se exagera hasta lo inverosímil la perfección de su poder y ello con el objeto de
imputarle tanto más responsabilidad de cuanta contrariedad sufra el enfermo..."
"...cuando el paranoico señala a una persona de su círculo de relaciones como su
perseguidor, con ello la eleva a la serie paterna, la pone en condiciones que le
permiten hacerla responsable, en su sentir, de toda su desdicha..." Recibo estas
historias de Tommy como verdaderos "tesoros secretos". Le aseguro una escucha
respetuosa (diferenciándome en este momento de su familia, que los desestima),
posibilitándole el despliegue de un saber que opera ya "sombreando", "disfrazando",
en el "como si", la angustia. Y sólo digo, que así como hay gobernantes y policías
corruptos, también hay jueces que, como sus abuelos, no lo son; y que es bueno
poder confiar en ellos. Me parecía oportuno que lo público - desde la justicia - le
legitimara un lugar en el que poder representarse: Quedaba inscripta legalmente la
responsabilidad de los abuelos sobre el niño. Ya no estaba tan desamparado. 3º
Tiempo: Intervención del Aparato Judicial. -Lo público- Sugiero a los abuelos
gestionar la "tenencia legal" de los niños. Esto resolvería cuestiones formales como
Obra Social, pago de Salario Familiar etc., pero sobre todo, les daría un marco
simbólico que le permitiría pacificarse. A partir de este trámite, la familia consigue
una orden del Juez para recuperar las pertenencias de los niños que quedaron aún
en otra provincia. Así, Tommy recupera sus juguetes, sus libros, su bicicleta, y sobre
todo, la confianza en el Otro simbólico. Las "verjas" del Otro Social sostienen y
ordenan ahora la vida del niño, desde esta intervención concreta del Aparato
Judicial. Desde aquí Tommy va a recostarse más confiadamente en el lecho del
Inconciente. Lo que abre otras puertas, otras vías, otros saberes... 4º Tiempo:
Pacificación y construcción de una fobia, que posibilita continuar su duelo. (Más
tranquilamente). Desde este momento, Tommy puede traer recuerdos de su primera
infancia; sus relatos fantásticos disminuyen, me pide jugar, como un niño, con
juguetes o juegos con reglas que determinamos previamente. Aquí los "Power", la
"malvada Rita", se despliegan en el juego. Alejados están de los relatos de sus
proezas y más aún de los acting-out del primer tiempo. Y así, me cuenta de su fobia:
-"El fantasma de Antonio Machado, en la escuela, asusta a los chicos. (Va a una
escuela que lleva el nombre del escritor). O los empuja y caen de los techos." Esto
comienza cuando en algún momento va con sus compañeros a una Iglesia, donde
supone que están los restos de Antonio Machado. Él se asusta, se esconde atrás
de una columna, y siente que algo pasa, "como un viento", "algo misterioso",
sospecha que es el fantasma de Antonio Machado. Cree que el alma del poeta
ronda por la escuela, sobre todo por los techos. Me dice: "Antes los chicos se
portaban mejor y el fantasma era buenito. Ahora se portan mal, hay cosas
misteriosas, un chico se cayó del 1º piso, sintió que algo lo empujaba y no vio nada.
El año que viene yo voy a estar en el piso de arriba". Y agrega, a modo de
jaculatoria: "Que por favor descanse en paz y haga que los chicos sean buenos y
que los asuste de una vez, así se portan bien". Fobia que habla de su culpa y va
construyendo la posibilidad de dar un texto, alguna respuesta a esa culpa. Su madre
se llamaba Adriana, y el apellido comenzaba con M. Claro valor significante del
objeto fobígeno; el fantasma de Antonio Machado (Adriana M) que, como metáfora
fallida, o significante comodín, se ubica, como el naipe, en el lugar necesario, dando
cobertura fálica y, cual bisagra, posibilita "la verja" "el misterio" "los barrotes",
aunque también, puede empujar a los chicos cuando se portan mal. Tommy también
habla de su "miedo al vértigo": "Me invitó mi amigo a la montaña, y no fui; por el
miedo a las alturas; no voy a ir". Hacia sus últimas sesiones, me dice: "Ya encontré
la fórmula para no tener miedo al fantasma de la "otra dimensión". No tienes que
mirar para atrás. No tienes nunca que mirar para atrás, porque te puede convertir y
te podes morir". Construcción de una fobia que circunscribe la angustia por el
desamparo al haber perdido a su mamá, a su papá, y a su ciudad natal, y que habla
de que la función de lo público y de lo privado reinstalaron lo íntimo pacificando al
niño. Freud dice en Tótem y Tabú, que las fobias de los niños se sostienen en las
prohibiciones y en la tentación a traspasar la prohibición. Cual bisagra, la fobia
sostiene el pasaje de la angustia al deseo anudado a la ley, posibilitando las
sustituciones. Al comienzo del tratamiento Tommy no encontraba respuesta a su
pregunta "¿puedes perderme?", dirigida a sus padres, (porque la respuesta era del
orden de la certeza: ¡SÍ! Puedo abandonarte brutalmente). Hacia el final, mediando
la colaboración de la justicia y de sus abuelos, se reinstala alguna creencia, soporte
de la transferencia. Esto abre las puertas a la reescritura de su novela familiar y a
la construcción de una fobia, ya como metáfora del sujeto. Al finalizar su análisis, y
a modo de despedida, me dice: "Antes yo sentía una cosa rara... Era como mi
mamá. Vomitaba cuando iba al cementerio. Ahora ya no. Ya no soy igualito a mi
mamá". (Elmiger. 2010)
Citando a Castro (2015), se mencionan algunos aspectos sobre el duelo:
El duelo y los sentimientos
Al ser humano le duele lo que ama y cuando pierde ese objeto, situación o
sujeto de su amor, elabora un proceso doloroso; el duelo duele, por tanto, la
manera de salir avante es viviendo ese proceso; no se trata de evadirlo sino
de enfrentar el dolor y sufrimiento que esto conlleva: "Mientras más te amo,
más me duele perderte."
Podemos encontrarnos con términos que podrían confundirse; por tanto,
cabe aclararlos:
• Aflicción. Sinónimo de pérdida. Corresponde al hecho objetivo de la
privación o pérdida, algo que fue y que ahora ya no es.
• Luto. Del latín lugere = llorar. El luto es la respuesta social ante la pérdida;
corresponde a los rituales o signos externos de comportamiento social que
marca la conducta que ha de seguirse.
• Pena. Duelo, del latín dolos = dolor, es la respuesta emocional ante la
pérdida.
La función del duelo es restituir o sanar; por tanto, no elaborarlo puede
conducir a la persona a duelos no sanos o patológicos.
Los duelos pueden ser:
l. Anticipados o anticipatorios: Es el que se inicia y después llega la pérdida.
Continúa hasta cerrar el ciclo.
2. El duelo que se inicia en el momento en que se presenta la pérdida.
En ambos casos los duelos pueden ser:
a) Normales. Se llevan a cabo todas las etapas del proceso, sin "atorarse" en
ninguna de ellas.
b) Patológicos o anormales. Se caracterizan por:
• La intensidad. Puede ser que la persona no manifieste dolor o, por el
contrario, que el dolor le impida vivir.
• La duración. Que se exceda de dos o dos años y medio.
En relación con la duración, es importante ver los casos de manera individual,
ya que cada persona vive su duelo de diferente manera; algunas viven sus
procesos de forma más lenta y otras más rápidamente; la duración del duelo
depende también de otros factores.
Existen casos verdaderamente difíciles: ver cómo la muerte y las pérdidas
que ésta conlleva afectan a todo un sistema familiar, observar que algunos
integrantes viven en lo que denominamos la "conspiración del silencio", en la
cual cada uno de los dolientes se va a un rincón a "lamerse las heridas"'
solos, sin compartir ni buscar ayuda o apoyo de otros familiares o amigos.
Y no lo compartimos porque tenemos la falsa creencia que al hacerlo vamos
a hacer sufrir a los otros con lo que nos pasa, como si los sentimientos fueran
una enfermedad contagiosa, y en este proceso nos perdemos de la esencia
del compartir, de mostrarnos internamente y que los demás aprendan a
separar entre lo que es suyo y lo que no.
Por tanto, tendemos a negar lo que sentimos cuando nuestros hijos o seres
queridos nos preguntan: "¿Estás triste?"; respondemos: "No, se me metió
una basurita en el ojo, por eso lloro."
Analicemos el caso de María, que se encontraba en fase terminal con un
cáncer de estómago. Ella expresó que tenía mucho miedo ya que sentía que
el final se acercaba, pero algo que realmente le aterrorizaba era ver cómo
sus hijos, hermanos y su madre no le hablaban de lo que se acercaba ... "su
muerte". Esta situación le preocupaba, porque cuando ella pretendía hablar
de sus pendientes y preocupaciones, los demás manifestaban que no
pasaría nada y que muy pronto se recuperaría y todo estaría bien.
Por otro lado, sus familiares manifestaron su tristeza por la inminente muerte
de María; entre ellos no hablaban de lo que estaba ocurriendo ni de sus
sentimientos, ya que no querían preocupar a los demás. Al asistir a la terapia,
comenzaron a hablar y a expresar lo que sentían, se sintieron liberados y de
esta manera ayudaron a María a realizar un buen trabajo de muerte. Una
situación como ésta sólo provoca una gran soledad y generalmente los
dolientes se quedan "atorados" en duelos difíciles.
Cuando perdemos a un ser querido nos desesperamos al darnos cuenta de
que ya no podemos hacer nada por él.
Desafortunadamente, en nuestra sociedad todo está arreglado para evitar
que nos enfrentemos a la realidad. Por ejemplo, se maquilla el rostro del
difunto para que parezca que está vivo y no nos impacte ver el caJáver. Se
nos olvida que es esto lo que nos ayuda a salir de la fase de negación. Los
rituales que se viven ante la muerte tienen como finalidad ayudar a los
sobrevivientes a despedirse y a iniciar el duelo.
Otra acción muy recurrente es recetar calmantes para que los deudos no
sufran y, de ser posible, que ni se enteren de lo que está sucediendo. Si
alguien suelta en llanto, lo alejan del féretro o la tumba.
A los niños no se les permite asistir a velorios o entierros, ya que se les puede
crear un trauma. Sin embargo, lo que les ayuda a elaborar el duelo es
precisamente que asistan a velorios y entierros de personas significativas
(padres, abuelos, hermanos o cualquier persona que sea importante para
ellos), y se les debe acompañar durante todo el proceso. Si los niños son muy
pequeños quizá únicamente deban asistir por un breve tiempo, siempre
acompañados de un adulto que los guíe y les explique lo que ocurre.
Ante la conspiración del silencio y la negación de sentimientos, los niños
pueden aprender los mismos patrones de conducta de los adultos y repetirlos
al crecer.
Con todas estas acciones lo único que hacemos es frenar el proceso de
duelo. Se nos olvida que el duelo significa dolor (dolos), y tenemos que
enfrentarlo y vivirlo, ya que ésta es la única manera en que podremos salir
bien librados de esa batalla. (pp. 83-86)
Referencias
Castro, M. (2015). Tanatología, La inteligencia emocional y el proceso de duelo.
(2nd ed.). Editorial Trillas.
Elmiger, María Elena. (2010). La subjetivación del duelo en Freud y Lacan. Revista
Mal Estar e Subjetividade, 10(1), 13-33. Recuperado em 17 de feveiro de 2024, de
http://pepsic.bvsalud.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1518-
61482010000100002&lng=pt&tlng=es.
Vargas Solano, Rosa Elena. (2003). Duelo y pérdida. Medicina Legal de Costa Rica,
20(2), 47-52. Retrieved February 17, 2024, from
http://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-
00152003000200005&lng=en&tlng=es.