La ansiedad es un sentimiento de miedo, temor e inquietud.
Puede hacer que sude, se sienta
inquieto y tenso, y tener palpitaciones. Puede ser una reacción normal al estrés. Por ejemplo,
puede sentirse ansioso cuando se enfrenta a un problema difícil en el trabajo, antes de tomar
un examen o antes de tomar una decisión importante. Si bien la ansiedad puede ayudar a
enfrentar una situación, además de darle un impulso de energía o ayudarle a concentrarse,
para las personas con trastornos de ansiedad el miedo no es temporal y puede ser
abrumadora.
Los trastornos de ansiedad son afecciones en las que la ansiedad no desaparece y puede
empeorar con el tiempo. Los síntomas pueden interferir con las actividades diarias, como el
desempeño en el trabajo, la escuela y las relaciones entre personas
No se conoce la causa de la ansiedad. Factores como la genética, la biología y química del
cerebro, el estrés y su entorno pueden tener un rol.
Para diagnosticar los trastornos de ansiedad, su profesional de la salud le preguntará sobre
sus síntomas e historial médico. También es posible que le hagan un examen físico y pruebas
de laboratorio para verificar que otro problema de salud no sea la causa de sus síntomas.
Si no tiene otro problema de salud, recibirá una evaluación psicológica. Su proveedor puede
hacerlo, o puede ser derivado a un profesional de salud mental para ello.
Factores de riesgo
Los siguientes factores pueden incrementar el riesgo de padecer un trastorno de ansiedad:
Trauma. Los niños que soportaron maltratos o traumas o que presenciaron eventos
traumáticos tienen mayor riesgo de manifestar un trastorno de ansiedad en algún
momento de sus vidas. Los adultos que atraviesan un evento traumático también
pueden manifestar trastornos de ansiedad.
Estrés debido a una enfermedad. Tener un problema de salud o una enfermedad
grave puede causar gran preocupación acerca de cuestiones como el tratamiento y el
futuro.
Acumulación de estrés. Un evento importante o una acumulación de situaciones
estresantes más pequeñas de la vida pueden provocar ansiedad excesiva, por ejemplo,
la muerte de algún familiar, estrés en el trabajo o preocupaciones continuas por la
situación financiera.
Personalidad. Las personas con determinados tipos de personalidad son más
propensas a sufrir trastornos de ansiedad que otras personas.
Otros trastornos mentales. Las personas que padecen otros trastornos mentales,
como depresión, a menudo también padecen un trastorno de ansiedad.
Tener familiares consanguíneos que padecen un trastorno de ansiedad. Los
trastornos de ansiedad pueden ser hereditarios.
Drogas o alcohol. El consumo o el uso indebido o la abstinencia de drogas o alcohol
pueden provocar o empeorar la ansiedad.
Complicaciones
El trastorno de ansiedad no implica solamente estar preocupado. También puede ocasionar, o
empeorar, otros trastornos mentales y físicos, como los siguientes:
Depresión (que a menudo se produce junto con un trastorno de ansiedad) u otros
trastornos de salud mental
Abuso de sustancias
Problemas para dormir (insomnio)
Problemas digestivos o intestinales
Dolor de cabeza y dolor crónico
Aislamiento social
Problemas en la escuela o el trabajo
Mala calidad de vida
Suicidio
Prevención
No es posible prever con certeza qué causa que una persona presente un trastorno de
ansiedad, pero puedes tomar medidas para reducir el impacto de los síntomas si te sientes
ansioso:
Pide ayuda enseguida. La ansiedad, como muchos otros trastornos mentales, puede
ser más difícil de tratar si te demoras.
Mantente activo. Participa en actividades que disfrutes y que te hagan sentir bien
contigo mismo. Disfruta la interacción social y tus afectos, que pueden aliviar tus
preocupaciones.
Evita el consumo de alcohol o drogas. El consumo de alcohol y drogas puede
provocar ansiedad o empeorarla. Si eres adicto a cualquiera de estas sustancias, la idea
de dejar de consumir puede hacerte sentir ansioso. Si no puedes dejar de consumir por
tu cuenta, consulta con tu médico o busca un grupo de apoyo para que te ayuden.
Para algunas personas, la ansiedad puede estar relacionada con un problema de salud oculto.
En algunos casos, los signos y síntomas de ansiedad son los primeros indicadores de una
enfermedad. Si el médico sospecha que la ansiedad que tienes puede tener una causa
médica, quizás te indique análisis para buscar los signos del problema.
Algunos ejemplos de problemas médicos que pueden estar relacionados con la ansiedad
incluyen los siguientes:
Enfermedad cardíaca
Diabetes
Problemas de tiroides, como el hipertiroidismo
Trastornos respiratorios, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o el
asma
Uso inadecuado de sustancias o abstinencia
Abstinencia del alcohol, de medicamentos contra la ansiedad (benzodiazepinas) o de
otros medicamentos
Dolor crónico o síndrome de intestino irritable
Tumores poco frecuentes que producen hormonas de reacción de “luchar o huir”
En ocasiones, la ansiedad puede ser un efecto secundario de algunos medicamentos.
Es posible que la ansiedad que te aqueja esté causada por una enfermedad oculta en los
siguientes casos:
Si no tienes parientes consanguíneos (como padres o hermanos) que tengan trastornos
de ansiedad
Si no tuviste un trastorno de ansiedad en la infancia
Si no evitas ciertas cosas o situaciones a causa de la ansiedad
Si la ansiedad se presenta de forma repentina sin estar relacionada con los eventos de
la vida o si no tienes antecedentes de ansiedad
Este fenómeno es el que definimos como ansiedad. La preocupación no es real, ni es
externa, si no una creación de nuestro propio cerebro.
Y esta ansiedad no siempre es mala. La evolución ha puesto esta capacidad a nuestro
servicio para que podamos defendernos mejor de los peligros externos.
El problema es que, cuando nuestras redes cerebrales no están bien reguladas, este
mecanismo de defensa de nuestro cuerpo puede convertirse en una patología.
El cerebro tiene la capacidad de poner en marcha hasta un total de 21 áreas cerebrales
distintas y todas ellas trabajando en redes.
La Amígdala
Es el órgano ejecutivo de la ansiedad y el miedo.
La amígdala es muy rápida y automática. Analiza todos los estímulos que podrían ser causa
de peligro.
La amígdala envía la señal de alarma inicial y su conexión con la Sustancia Gris
PeriAcueductal (SGPA) provoca una sensación de miedo intensa, alerta, huida y
paralización.
El sistema Noradrenérgico Ascendente
Inicia la vigilancia constante y la atención selectiva al peligro.
En este circuito se encuentran núcleos como:
o el Sistema de Activación Reticular (SAR) que forma parte de nuestro sistema de
activación, excitación y vigilia. Nos mantiene atentos, concentrados y focalizados.
o el Locus coeruleus, que es el principal núcleo productor de noradrenalina, el
neurotransmisor que utiliza el Sistema Nervioso Simpático y que forma parte de las
reacciones de pánico y estrés.
o Paralelamente la amígdala envía señales al hipotálamo.
El hipotálamo
Regula las emociones y el miedo y aumenta el ritmo cardiaco, la respiración, tensión
muscular, necesarios por si tenemos que huir o luchar.
El hipotálamo, pone en marcha el eje hipotálamo-Hipófisis-Adrenal y da como resultado la
producción y secreción de cortisol, la hormona del estrés.
El córtex prefrontal
Los lóbulos frontales son los órganos ejecutivos del cerebro, procesan la información a un
nivel superior. Dan órdenes de cómo se debe organizar y ejecutar una acción. Un rol
importante es el de análisis de estímulos y situaciones complejas.
Tiene diferentes roles en el control de las emociones y los estados de ánimo
El córtex prefrontal tiene comunicación directa con la amígdala y a través de esta interacción,
la potencia o la inhibe.
Supongamos que estamos en el cine viendo una película de terror, nuestros sentidos están
siendo estimulados por imágenes y sonidos aterradores. Sin embargo, no saltamos del
asiento o salimos corriendo del cine. Esto es debido a que los lóbulos frontales tienen la
capacidad de conocer lo que es el concepto de película, saben que es una historia, una
fantasía y por tanto envían la señal de inhibición a la amígdala.
Supongamos ahora que estamos en una excursión por el campo, se está haciendo de noche y
entramos en un camino oscuro. En este ejemplo, quizá el córtex frontal comienza a dar
órdenes de búsqueda de cualquier señal que pueda significar una amenaza y se ponen en
marcha todos los mecanismos de análisis: la agudización de los sentidos, la atención, la
concentración y la vigilancia constante. Si oímos un ruido detrás de un árbol, la amígdala se
pone en alerta, el hipocampo hace una revisión de registros de memoria… ¿qué puede ser
esto?, los lóbulos frontales escanean y hacen una revisión exhaustiva de la situación y puede:
1. Confirmar que la señal es de peligro y permitir que la amígdala continúe con su
función de desencadenar la reacción de defensa
2. Inhibir la amígdala y abortar la señal de alarma.
3. Activación del Hipocampo
El Hipocampo
Es un núcleo esencial para la formación y consolidación de la memoria y es necesario para la
activación de alarma. Cuando nuestros sentidos detectan señales que pueden significar
peligro, el hipotálamo hace un repaso de los archivos de memoria, si el resultado es positivo,
pone en marcha los mecanismos de alerta.
Supongamos que tenemos alguien al lado y que, en un momento determinado, levanta la
mano, el hipotálamo detectara si ese movimiento significa una amenaza y si lo es, mandara la
señal para iniciar el sistema de defensa.
En el análisis de la amenaza colaboran el hipocampo y los lóbulos frontales.
Supongamos que, en el ejemplo anterior, la persona que tenemos al lado, fuera un amigo que
estuviera bromeando y que, al levantar el brazo, la señal de amenaza, fuera en realidad una
broma, el hipotálamo verificaría la señal como de amenaza, pero el córtex frontal que es
capaz de interpretar lo que es un chiste, una broma o el sarcasmo, inactivaría la amígdala,
impidiendo así que se desencadenara la reacción del miedo.
Síntomas
Los signos y síntomas de la ansiedad más comunes incluyen los siguientes:
Sensación de nerviosismo, agitación o tensión
Sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe
Aumento del ritmo cardíaco
Respiración acelerada (hiperventilación)
Sudoración
Temblores
Sensación de debilidad o cansancio
Problemas para concentrarse o para pensar en otra cosa que no sea la preocupación
actual
Tener problemas para conciliar el sueño
Padecer problemas gastrointestinales (GI)
Tener dificultades para controlar las preocupaciones
Tener la necesidad de evitar las situaciones que generan ansiedad
Existen varios tipos de trastornos de ansiedad:
La agorafobia es un tipo de trastorno de ansiedad en el que temes a lugares y
situaciones que pueden causarte pánico o hacerte sentir atrapado, indefenso o
avergonzado y a menudo intentas evitarlos.
El trastorno de ansiedad debido a una enfermedad incluye síntomas de ansiedad o
pánico intensos que son directamente causados por un problema de salud físico.
El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza por una ansiedad y una
preocupación persistentes y excesivas por actividades o eventos, incluso asuntos
comunes de rutina. La preocupación es desproporcionada con respecto a la situación
actual, es difícil de controlar y afecta la forma en que te sientes físicamente. A menudo
sucede junto con otros trastornos de ansiedad o con la depresión.
El trastorno de pánico implica episodios repetidos de sensaciones repentinas de
ansiedad y miedo o terror intensos que alcanzan un nivel máximo en minutos (ataques
de pánico). Puedes tener sensaciones de una catástrofe inminente, dificultad para
respirar, dolor en el pecho o latidos rápidos, fuertes o como aleteos (palpitaciones
cardíacas). Estos ataques de pánico pueden provocar que a la persona le preocupe que
sucedan de nuevo o que evite situaciones en las que han sucedido.
El mutismo selectivo es una incapacidad constante que tienen los niños para hablar en
ciertas situaciones, como en la escuela, incluso cuando pueden hablar en otras
situaciones, como en el hogar con miembros cercanos de la familia. Esto puede afectar
el desempeño en la escuela, el trabajo o en la sociedad.
El trastorno de ansiedad por separación es un trastorno de la niñez que se
caracteriza por una ansiedad que es excesiva para el nivel de desarrollo del niño y que
se relaciona con la separación de los padres u otras personas que cumplen una función
paternal.
El trastorno de ansiedad social (fobia social) implica altos niveles de ansiedad, miedo
o rechazo a situaciones sociales debido a sentimientos de vergüenza, inseguridad y
preocupación por ser juzgado o percibido de manera negativa por otras personas.
Las fobias específicas se caracterizan por una notable ansiedad cuando la persona se
ve expuesta a un objeto o situación específicos, y un deseo por evitarlos. En algunas
personas, las fobias provocan ataques de pánico.
El trastorno de ansiedad inducido por sustancias se caracteriza por síntomas de
ansiedad o pánico intensos que son el resultado directo del uso indebido de drogas,
como tomar medicamentos, estar expuesto a una sustancia tóxica o tener abstinencia a
causa de las drogas.
Otro trastorno de ansiedad específico y no específico es un término para la
ansiedad y las fobias que no cumplen con los criterios exactos para algún otro trastorno
de ansiedad pero que son lo suficientemente relevantes para ser alarmantes y
perturbadores.
Los estudios realizados han mostrado, que como ocurre con otras manifestaciones
complejas del sistema nervioso central, no existe una región única encargada de la
integración de la ansiedad. Existen, por el contrario, numerosos centros nerviosos que
participan en su producción y modulación. Mediante los enfoques señalados han sido
implicadas varias regiones cerebrales que corresponden en su mayor parte al llamado
sistema límbico. Destacan entre ellas diversas porciones de la corteza cerebral (región
que, como su nombre sugiere, envuelve al cerebro), el septo lateral, localizado en la
parte medial de los hemisferios cerebrales, y la amígdala, una región situada a ambos
lados de la base del cerebro que, por su forma de almendra, comparte su nombre con
aquellas estructuras que poseemos en el fondo de nuestra boca
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