Viernes 01 Noviembre 2024
SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS
Primer Lectura (Apoc 7,2-4.9-14): Victoriosos con Cristo
San Juan nos da una visión de esperanza en el futuro último: Los que viven
conforme al evangelio serán victoriosos con él. Su número será incontable.
Segunda Lectura (1 Jn 3,1-3): Hijos de Dios
La clave para toda felicidad es el amor: La certeza de que Dios nos ama -“él
nos amó primero”- y de que somos sus hijos e hijas. Esta certeza nos hace
capaces de toda esperanza y amor.
Evangelio (Mt 5,1-12a): Las Bienaventuranzas:
Valores de Dios
Los valores del evangelio difieren claramente de los del mundo; sin
embargo, tenemos que vivirlos en el mundo para transformarlo en mundo
de Dios. Las Bienaventuranzas son la inspiración perfecta y exigente de una
vida cristiana.
El día 1º de noviembre celebramos con la Iglesia universal la festividad de
Todos los Santos. Es una fiesta litúrgica muy antigua. Desde mediados del
siglo IV en Oriente. En Roma, desde el siglo VIII, el culto se celebra y difunde
desde el Panteón de Agripa cristianizado.
Gregorio III, el Papa que fija esta fecha en el calendario litúrgico, declara
también el sentido de la fiesta: el recuerdo “de los Santos Apóstoles y de
todos los mártires y confesores, y de todos los justos hechos perfectos que
descansan en paz en todo el mundo”.
Para los creyentes es una fiesta familiar. Recordamos y honramos a cuantos
hermanos y hermanas nuestros han llegado ya a la Casa del Padre, han sido
recibidos por Dios con amor y misericordia infinitos, y viven ya para siempre
con Él.
No les celebramos como difuntos, sino como vivos en el Señor.
Festejamos la trayectoria de sus vidas que siguieron a Jesús mientras
estuvieron en la tierra. Disfrutaron todo lo bueno que Dios ha creado para
nosotros, soportaron con paciencia las adversidades de la vida diaria, no
decayeron en su deseo responder más plenamente cada día al amor de
Dios, que nos invita a ser santos como Él lo es. Y en sus conversaciones con
Dios se acuerdan de nosotros y nuestras necesidades.
Además del recuerdo gozoso de sus vidas, son también un estímulo para
que nosotros también vivamos la vida cristiana en la que todos somos
llamados a la santidad.
Celebramos, pues, su perfección y felicidad y renovamos nuestra
esperanza.
Palabras del Santo Padre
Hoy celebramos la solemnidad de Todos los Santos. A la luz de esta fiesta,
detengámonos un poco a pensar acerca de la santidad, en particular en dos
características de la verdadera santidad: es un don -es un regalo, no se
puede comprar- y, al mismo tiempo, es un camino. Un don y un camino.
En primer lugar, es un don. La santidad es un don de Dios que hemos
recibido en el Bautismo: si lo dejamos crecer, puede cambiar
completamente nuestra vida (cf. Exhortación apostólica Gaudete et
exsultate, 15). Los santos no son héroes inalcanzables o lejanos (…) seguro
que hemos conocido a algunos de ellos, algún santo cotidiano, alguna
persona justa, alguna persona que vive la vida cristiana en serio, con
simplicidad (…) La santidad es un don que se ofrece a todos para tener una
vida feliz. Y, al fin y al cabo, cuando recibimos un don, ¿cuál es nuestra
primera reacción? Precisamente que nos ponemos felices, porque significa
que alguien nos ama; y el don de la santidad nos hace felices porque Dios
nos ama. (…) La santidad es un camino, un camino de juntos, ayudándose
mutuamente, unidos con aquellos compañeros ideales que son los santos.
(Ángelus, 1° de noviembre de 2023)
Viernes 1 de noviembre de 2024.Todos
Santos
Todos los Santos
1. Abro el corazón a Dios.
Puede servir la repetición de alguna oración breve:
"Gracias Señor porque estás siempre a mi lado",
"Ayúdame a sentir tu cercanía",
"Quiero estar contigo, Jesús".
2. Lectura del Evangelio. Escucho.
San Mateo 5, 1-12a
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se
acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
-«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán
saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de
Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino
de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de
cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra
recompensa será grande en el cielo,»
3. Reflexiono y rezo. Respondo.
¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio
en mi vida?
En la solemnidad de Todos los Santos, la Iglesia nos ofrece como Evangelio
este texto único de las Bienaventuranzas, que bien se pueden llamar el
corazón de la Biblia. Son un retrato de Jesús: fue pobre materialmente y se
sintió pobre y necesitado de su Padre del cielo, lloró con los que lloraban,
fue sufrido... Podemos dedicar un rato de nuestra oración saboreando los
momentos de la vida de Jesús que nos vengan a la cabeza cuando leamos
cada bienaventuranza.
Jesús quiere que seamos bienaventurados, felices, dichosos. Y nos marca un
camino. Damos una mirada a nuestra vida. Hay bienaventuranzas que
vivimos más y podemos dar gracias por ello. Otras nos cuentan mucho,
pedimos fuerza. para hacerlas vida cada día un poco más
Finalmente recordamos a personas que se acercaron mucho al retrato de
las bienaventuranzas. Algunas viven cerca de nosotros, otras, han muerto
ya y disfrutan de la bienaventuranza, de la felicidad eterna. Otras están
canonizadas, en los altares de las iglesias. Damos gracias por todo lo que
nos aportaron y nos siguen aportando.
Gracias, Señor, por todas las personas humildes y limpias de corazón, que
se fían de Dios; por las que comparten con misericordia las lágrimas de los
tristes y se duelen con las injusticias; por las que tienen hambre de justicia
y trabajan por la paz; aunque sean incomprendidas y perseguidas.
Gracias, Señor, porque crees en mis posibilidades de mejorar y me llamas
para que avance por el camino del Evangelio, camino de la santidad. Con la
ayuda de la comunidad y la fuerza del Espíritu, con el ejemplo de los santos
y de tantas personas buenas, crecerá mi amor a Ti y a cuantos me rodean.
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Dichosos quienes mantienen sus lámparas encendidas
y las comparten y llevan bien altas para que alumbren
y guíen a quienes andan a ras de tierra sin ellas,
perdidos entre laberintos, heridas y quejas.
Dichosos quienes permanecen en vela,
con el espíritu en ascuas y el cuerpo en forma,
y están siempre despiertos y atentos para quien llega
a medianoche, de madrugada o cuando el sol calienta.
Dichosos quienes se comparten y entregan,
y son fieles a mi deseo y palabra más sincera
y saben vivir como hijos y hermanos,
tengan cargos o sólo mandatos en su haber humano.
Dichosos quienes no buscan quedar bien, ni excusa
en el cansancio, la edad y la dignidad,
ni en el tiempo que pasa, ni en el premio que se retarda,
y mantienen su entrega para quienes los necesitan.
Dichosos quienes, estén dentro o fuera,
no tienen miedo a tormentas ni a sequías,
ni a huracanes, ni a calmas sin brisa,
y mantienen abierta su choza o su casa solariega.
Dichosos quienes no les importa ser pocos
y, menos aún, quedarse sin nada,
porque saben que el Padre está con ellos y les ama,
y les regala cada día lo necesario para el camino.
Dichosos quienes respetan y sirven sin queja
a sus hermanos, aunque les sean extraños,
y quienes ni comen ni engordan sus cuentas
a costa de otros pueblos y de sus ciudadanos.
Dichosos quienes se saben enviados
y se sienten, sin agobio, responsabilizados,
y aceptan ser hijos y hermanos de todos,
y al servir no se sienten humillados.
¡Dichosos mis discípulos!
¡Dichosos vosotros!
¡Dichosos quienes necesitan vuestro servicio!
Florentino Ulibarri
4. Termino la oración
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...
Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea