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Prólogo cubano de El Hobbit por Chaviano

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1

Prólogo a la edición cubana


de El hobbit
Por Daína Chaviano

Publicado en la 1ª edición cubana de El hobbit, de J.R.R. Tolkien, La Habana: Edit. Gente Nueva,
1989.

Siéntate y escúchame un instante…. No. Primero cierra la puerta y entorna las


ventanas. ¿Ya estamos solos? Bueno, esta será una conversación breve. Pero
antes debo hacerte una confesión: alguien me ha arrojado un maleficio. Sí, estoy
convencida de que estoy hechizada; sufro de un mal para el que no encuentro
remedio: cada vez que tropiezo con un mago, me enamoro de él… Ya sé que
parece una locura, pero es la pura verdad.
Mi primer y más grande amor, aún no superado por ningún otro mago en el
universo, sigue siendo Merlín: esa enigmática y grandiosa figura que todavía
ronda al rey Arthur y a su reina Guinevere. Mi segundo gran amor es Gandalf: un
«mozo» de barba blanca como la de Merlín, al cual solo le basta un soberbio
gesto de brazos para provocar una tempestad. ¿Cómo crees que pueda resistirme
ante quien pueda hacer semejante prodigio?
Pero de esto precisamente te iba a hablar. Quiero presentarte a Gandalf. Y, de
paso, me gustaría que conocieras al dragón Smaug, a unos cuantos hobbits, a los
enanos, y a mis otros amores después de los magos: los elfos. ¿Nunca has visto
uno? Son seres luminosos, tan blancos que sus cuerpos centellean suavemente
mientras se mueven en la oscuridad. Cuando caminan, parecen flotar. Se dice que
las damas élficas son las criaturas más bellas que han habitado en los bosques del
planeta. Y los caballeros elfos serían capaces de hacer morir de amor a cualquier
mujer con una sola de sus miradas. 1

1
Téngase en cuenta que el prólogo fue concebido para adolescentes en Cuba, donde
nunca se había publicado este tipo de literatura. Ni siquiera existía una referencia
visual fílmica sobre los elfos porque la versión cinematográfica de Peter Jackson
aparecería doce años más tarde. (Nota de la autora)

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2

Por la cara que has puesto me doy cuenta de que ardes en deseos de conocerlos a
todos. Pero eso depende de ti, para llegar a ellos, solo tienes que seguir leyendo.
El camino es largo y pletórico de aventuras. Deberás emprender el viaje por la
novela que ahora tienes en tus manos: El hobbit. Luego tendrás que adentrarte
en el universo fascinante de El Señor de los Anillos, compuesto por tres tomos:
La hermandad del Anillo, Las dos torres y El regreso del rey.
¿Te parece una excursión agotadora? Pues te aseguro que resulta prácticamente
imposible encontrar a una persona que se haya leído ambas novelas y que no
decidiera volver a emprender el viaje. Aquellos que las leen regresan a ellas dos,
tres, cuatro, y más veces. Cierto periodista dijo que cinco veces no era un récord
extraordinario, y afirmaba haber conocido a una mujer que había perdido la
cuenta después de treinta lecturas completas.
El Señor de los Anillos ha resultado el éxito editorial más grande que haya
conocido la literatura fantástica contemporánea. Tiene más de doscientas
ediciones y millones de ejemplares vendidos. 2 Pero ¿sabes quién fue su autor?
El 16 de abril de 1891, dos jóvenes inmigrantes de Inglaterra ―Mabel Suffield y
Arthur Tolkien― celebraron su boda en la catedral de la Ciudad del Cabo. Nueve
meses más tarde, en la noche del 3 de enero de 1892, en el poblado sudafricano
de Bloemfontein, capital del estado de Orange, nació su primer hijo: John Ronald
Reuel Tolkien, cuyo nombre le daría la vuelta al mundo tras la publicación de una
obra plagada de seres legendarios y hazañas sin fin… Pero eso fue mucho más
tarde.
Mientras el pequeño crecía, el matrimonio tuvo su segundo hijo. En la primavera
de 1895, la mala salud de Mabel la obligó a regresar a Inglaterra con sus dos
hijos. Ninguno volvió a ver al padre, quien murió el 15 de febrero del año
siguiente. La familia se trasladó entonces de ciudad en ciudad, hasta que el 14 de
noviembre de 1905 los niños quedaron definitivamente huérfanos, cuando su
madre murió de diabetes. Beatriz Suffield, cuñada de Mabel, se hizo cargo de
ellos, aunque su tutor ―por decisión materna― era el padre Francis Xavier
Morgan, del Oratorio de San Felipe Neri, en Birmingham. Desde 1910 hasta 1915,
John Ronald estudió en la Universidad de Oxford. Allí se entusiasmó con la
literatura medieval inglesa y por el estudio de las lenguas anglosajonas y otras
germánicas, como el islandés.
El 22 de marzo de 1916, en plena Primera Guerra Mundial, contrajo matrimonio
con Edith Mary Bratt. El 16 de noviembre de 1917 nació el primero de los cuatro

2
Cifra válida en 1989. Cuando apareció la saga filmada por Peter Jackson, las
ediciones de esta obra se multiplicaron ad infinitum por todo el planeta. (Nota de la
autora)

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3

hijos que tendría en el matrimonio: John Francis Reuel, al que siguieron Michael
Hilary Reuel, Christopher Reuel y Priscila.
Cuando John Ronald cumplió los treinta y dos años, obtuvo el rango de
catedrático en la Universidad de Leeds. En 1922, publica su Vocabulario de
inglés medio. Tres años después sale una edición crítica del poema anónimo Sir
Gawain y el Caballero Verde (siglo XIV), realizada en colaboración con Eric V.
Gordon. En 1931, dio a conocer otro estudio: Chaucer como filólogo. Después
fueron publicados ensayos como Beowulf: los monstruos y los críticos y Sobre
los cuentos de hadas.
Se supone que la escritura de El hobbit se inició por esa época, y su primera
edición fue en 1937. El Señor de los Anillos demoró trece años en terminarse
(1936 a 1949), y sus tres tomos fueron apareciendo entre 1954 y 1955. Otros
libros que complementaron el universo de Tolkien fueron: El Silmarillion, Las
aventuras de Tom Bombadil, Egidio el granjero de Ham, El herrero de Wootton
Mayor, y algunos más.
Después de haber recibido numerosos homenajes en reconocimiento de toda su
obra literaria y crítica ―entre ellos, el título Honoris causa de las universidades
de Oxford, Irlanda y Lieja (Bélgica), y la Orden del Imperio Británico que le
confirió la reina Isabel en el palacio de Buckingham―, J.R.R. Tolkien murió de
una úlcera perforada el de 2 septiembre de 1973, con ochenta y un años de edad.
Fue enterrado en Oxford junto a su esposa Edith, quien había muerto dos años
antes.
Así dejó de existir el autor de estos libros que ahora se publican en Cuba. Y quizás
ya te has preguntado: ¿por qué si El hobbit y El Señor de los Anillos son dos
obras diferentes se van a imprimir como si fueran novelas de continuidad? La
razón es muy sencilla.
Aunque algunos nieguen la conexión estilística entre ambas ―pues la sencillez de
la primera la asemeja a una obra para niños, y la complejidad de la segunda la
acerca más al mundo adulto―, no existe duda de que existe un hilo temático que
las une. El hobbit viene a ser una novela prólogo, cuya lectura sirve de
antecedente «histórico» para comprender mejor la obra posterior.
Esta última, por vierto, ha dado lugar a muchas interpretaciones. Pero aunque su
autor negó que existiera algún mensaje o significado oculto en ella, admitió que
cada persona podía aplicar sus propias vivencias o proyectar el medio en que
vivía a la anécdota. Y este es, sin duda, uno de sus mayores méritos.
En un trabajo publicado en otra parte, hice referencia a la similitud que existía
entre el reino de Mordor y la Alemania nazi. Por un lado, los orcos ―fuerza de
combate utilizada por Sauron, Señor de las Sombras, y por Saruman, mago de
Isengard― llevaban en su vestimenta militar unos cascos, en cuya visera podía
verse una letra S en blanco; y las tropas de asalto hitlerianas también poseían

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4

sobre sus cascos un escudo blanco donde resaltaban las letras SS. En esta
epopeya, el gutural idioma del enemigo se asemeja al alemán. Pero, además,
mientras releía la novela descubrí algo asombroso.
Al superponerse el mapa de la Tierra Media sobre uno de Europa, dibujado en la
misma escala, hice coincidir la Comarca de los hobbits con la zona suroeste de
Inglaterra (de la que se tomaron los contornos para dibujar la Tierra Media), y
resultó que Mordor, el reino el malvado Sauron, concuerda en el mapa real con lo
que hace cuarenta años ―momento en que se escribía la epopeya― era la
Alemania nazi.
Quisiera repetir ahora las reflexiones que me asaltaron en aquel momento: «Las
coincidencias y alusiones entre Mordor y la Alemania nazi son demasiado
evidentes para que resulten fortuitas. De un modo u otro, Tolkien debió
identificar (incluso de manera inconsciente) el reino del Mal con el absolutismo
alemán. Es un mérito incuestionable de la saga, aunque no haya sido la intención
premeditada del autor. Todos aquellos que escriben conocen bien las triquiñuelas
de las subconciencia ―¡sobre todo cuando jugamos con los mitos!―; solo al final
nos damos cuenta de eso que dijimos “sin querer”. Incluso si, como su autor
insiste, la mayoría de los hechos fueron concebidos antes de que la guerra
estallara, habría que concederle el mérito premonitorio que han tenido muchas
obras (principalmente aquellas de ficción científica o vinculadas a la fantasía)
cuyos creadores han logrado vaticinios sorprendentes porque han sabido
procesar y asimilar la información respirable en el entorno. Algunos individuos
de pensamiento racional ―filósofos y científicos― logran este resultado
mediante procesos lógicos; otros, de pensamiento más intuitivo ―artistas― ,
llegan a él gracias a mecanismos mentales aún desconocidos… Y Tolkien ―¿qué
duda cabe?― pertenecía a estos últimos».
Otra cuestión que ha sido motivo de abundantes polémicas es la clasificación
literaria de El hobbit y El Señor de los Anillos. ¿Qué clase de libros son estos?
¿Pertenecen al género de aventuras o al de ciencia ficción? ¿Se trata de novelas
de caballerías o de cuentos de hadas?
La obra de Tolkien se corresponde con una rama literaria que ha alcanzado un
auge extraordinario en nuestro siglo: la fantasía heroica, a la cual algunos
denominan épica fantástica. 3
La fantasía heroica es un híbrido de varios géneros, entre los que se encuentran
los ya mencionados ―y otros más―, pero que no es ninguno de ellos. ¿Cuáles son
sus características? ¿Por qué se denomina así? En primer lugar, el universo que
aparece en una obra de fantasía heroica tiene elementos parecidos a los de
nuestro mundo ―el paisaje y las criaturas vivas son semejantes a los ya
conocidos―; sin embargo, la presencia de lo mágico es una ley que transforma

3
Hoy el término más generalizado es «fantasía épica». (Nota de la autora)

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5

ese universo en algo completamente distinto. Casi siempre se produce una


búsqueda que conduce al (o a los) protagonista(s) a un final donde el Bien triunfa
sobre el Mal, después de haber enfrentado numerosos peligros y tentaciones.
Esta actitud moralizante, en medio de grandes aventuras, lo emparenta con el
género épico o heroico de las epopeyas y los cantares de gesta. El término
fantasía viene dado porque la trama puede ocurrir dentro o fuera de nuestro
planeta; pero aunque el entorno siempre es del «tipo terrestre», jamás sería
posible reconocerlo como tal. Por ello, muchas obras literarias van acompañadas
por mapas o señalizaciones para impedir que el lector se pierda durante la
búsqueda que emprenden los personajes.
Existen obras bellísimas de este género, escritas durante la presente época de
racionalismo y artefactos electrónicos. Y esto es algo que no deja de resultar
simpático: la fantasía heroica florece en los albores del siglo XXI.
Debido a ese anhelo de soñar que jamás abandona al ser humano, ya no nos
bastan las hadas, los duendes y los gnomos del pasado. Ahora los artistas
inventan nuevas mitologías para enriquecer las ya existentes.
De ese modo, Tolkien creó a los hobbits. Especie de hombrecillos hechos a
imagen y semejanza del propio autor, quien comentó en una ocasión: “… yo, en
efecto, soy un hobbit en todo, menos en tamaño. Me gustan los jardines, los
árboles, el campo sin mecanizar; fumo en pipa y disfruto de la buena comida
casera”. Así de simples son estas criaturas de carácter bondadoso y vida
sosegada.
Según un investigador, la palabra hobbit podría provenir de un vocablo
anglosajón que hace referencia a la construcción de madrigueras y agujeros
(holbytla) donde viven estos seres. Pero se me ocurre que el término también
pudiera haber surgido del inglés hob, que significa hada, espíritu o elfo.
Por si fuera poco, Tolkien incluye numerosos fragmentos de canciones, poemas y
conjuros en diversas lenguas y dialectos de su invención. En realidad, el mismo
autor confesó que “tenía pocas esperanzas de que otra gente se sintiera
interesada en esta obra, porque su inspiración era básicamente lingüística y su
objetivo inicial fue proporcionar el trasfondo necesario a la «historia» de las
lenguas élficas”.
Pero vaya si logró atraer la atención de otros. Aunque el motivo que dio origen a
estos libros fue esa obsesión suya por la creación de lenguajes, la epopeya que les
sirve de marco cautivó los corazones de millones de lectores en el mundo.
El hobbit y su continuación, El Señor de los Anillos, siguen siendo objeto de
simposios, tesis de grado universitarias, asociaciones y clubes de interesados, y
veladas nocturnas entre conocidos… Ya me parece oírte hablar de tal episodio o
más cual personaje, recomendarle el libro a alguien, discutir con un amigo sobre
algún capítulo, y luego ir a buscarlo para verificar quién está en lo cierto.

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6

No hay peligro de que la controversia se extinga. La fuente que le dio origen es un


manantial inagotable… Tan inagotable como las imágenes que muestra el Espejo
mágico de Galadriel, la reina de los elfos, o como los hechizos que conoce y
dispersa en el viento mi adorado Gandalf.

© 2013 Daína Chaviano. Todos los derechos reservados.


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