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Jubileo de la Esperanza 2025: Significado y Actividades

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DIÓCESIS DE MAGANGUÉ

JUBILEO DE LA ESPERANZA

I. INTRODUCCIÓN
Todo jubileo debe llevar a la comunidad creyente a considerar el pasado, proyectar el futuro
y expresar gratitud por los dones recibidos. Es una oportunidad que tiene la Iglesia para
ahondar su realidad histórica, iniciada en la encarnación del Hijo de Dios. Esto sugiere que
cada jubileo tiene un contexto histórico concreto, con acentos y problemas, con grandezas y
miserias propias de cada momento. En otras palabras, contemplar la historia de los jubileos
es contemplar la misma historia de la Iglesia. La comunidad de creyentes se enfrenta hoy a
un mundo y a una humanidad con rasgos que la hacen perteneciente a una época nueva. La
inteligencia artificial, el dominio de la tecnología, la globalización de algunos modelos
culturales, la universalidad de la comunicación, la amplitud de la secularidad, la debilidad
del pensamiento crítico y la extensión del bienestar que coexiste con la esclavitud del
hambre y la pobreza. Un mundo que parece contradecirse internamente porque, mientras se
ufana de mostrar sus grandezas, al mismo tiempo son evidentes sus miserias. Una
humanidad que reclama, pero que al mismo tiempo olvida los derechos humanos. Una
Iglesia que ha de salir al encuentro de este mundo con su única y perenne esperanza: el
Evangelio de Jesucristo. Solo el Evangelio hace al mundo capaz de ver luz donde solo
parece ver oscuridad, vida donde solo parece haber muerte. Triunfo donde solo parece a ver
derrota. Solo en el Dios que nos ha mostrado Jesucristo podemos llegar a vislumbrar
nuestra más grande esperanza: «es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los
signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a
cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad
sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas»
(GS, 4) Por ello, «es necesario poner atención a todo lo bueno que hay en el mundo para no
caer en la tentación de considerarnos superados por el mal y la violencia. En este sentido,
los signos de los tiempos, que contienen el anhelo del corazón humano, necesitado de la
presencia salvífica de Dios, requieren ser transformados en signos de esperanza» (SNC, 7),
porque como creyentes sabemos que la esperanza no defrauda. Con el Jubileo, por tanto, se
subraya no la penitencia y el dolor de cada uno por el mal, sino sobre todo la necesidad de
compartir con alegría los bienes recibidos. Es un peregrinaje, un camino hacia una puerta
abierta, hacia una Iglesia llena de luz y en fiesta. El fin no es sufrir las asperezas del
caminar.

II. ¿QUÉ ES UN JUBILEO?


Parece que dicha palabra deriva del instrumento utilizado para indicar el comienzo del año
jubilar: el cuerno de carnero (yobel), con cuyo sonido se anuncia el Gran Día de la
Expiación (Yom Kippur). Si bien es cierto que esta fiesta se celebra cada año, la misma
adquiere un significado particular cuando coincide con el inicio del año jubilar. A este
respecto, encontramos una primera idea en la Biblia: debía ser convocado cada 50 años,
porque era el año ‘extra’, debía vivirse cada siete semanas de años (cfr. Lv 25,8-13).
Aunque era difícil de realizar, se proponía como la ocasión para restablecer la correcta
relación con Dios, con las personas y con la creación, y conllevaba el perdón de las deudas,
la restitución de terrenos enajenados y el descanso de la tierra. Citando al profeta Isaías, el
evangelio según san Lucas describe de este mismo modo la misión de Jesús: «El Espíritu
del Señor está sobre mí; porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres,
a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los
oprimidos, a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19; cfr. Is 61,1-2). Estas
palabras de Jesús se convirtieron también en acciones de liberación y de conversión en sus
encuentros y relaciones cotidianos.

PARA RECORDAR
Jubileo deriva del instrumento utilizado para indicar el comienzo del año jubilar: el
cuerno de carnero (yobel), con cuyo sonido se anuncia el Gran Día de la Expiación (Yom
Kippur).

III. ¿QUÉ ES UN AÑO JUBILAR?


El propósito fundamental es “repartir” de una manera abundante entre los hijos de la Iglesia
las gracias que nos ha merecido Cristo y para concienciar a los fieles de la gran necesidad
que tenemos de la misericordia y de la esperanza que solo Dios nos puede dar. Para que la
gente pueda encontrarse con Jesucristo: que le motive preguntarse cómo está viviendo su
fe, cómo va llegando a ese encuentro y cómo eso tiene que ir transformando la vida de cada
uno. Un Año Santo consiste en otorgar el perdón general, es una indulgencia abierta a todos
(vivos y muertos). Es una oportunidad y propuesta especial para acercarse a Dios y al
prójimo, tiempo para la conversión personal y colectiva: para avivar las relaciones
comunitarias en el pueblo de Dios, para fortalecer y reparar las estructuras pastorales. El
término jubileo expresa alegría; no solo alegría interior, sino un júbilo que se manifiesta
exteriormente, por eso la celebración del año jubilar nos debe motivar e impulsar a
compartir nuestra experiencia de fe con todos nuestros hermanos, de manera especial con
quienes están alejados, llevándoles la buena noticia que es el Evangelio. El rito inicial del
Año Santo es la apertura de la Puerta Santa que solo se abre con ocasión del jubileo y
simboliza el camino extraordinario que se abre para que los católicos fortalezcan su fe y,
renovados por la gracia, la misericordia y la esperanza que viene de Dios. La puerta se
identifica con Jesús como entrada a él, de tratar de vivir en relación íntima y continúa con
él. El Jubileo es siempre una oportunidad de renovación personal sin olvidar la conversión.
Cuando uno entra en contacto con Cristo se puede dar cuenta de que su vida no es como Él
la quiere y necesita un cambio y, sobre todo, perdón. Es un tiempo de reconciliación
también, de que el Señor nos perdone y comenzar una nueva vida y es a la vez un espacio
para el compromiso social del cristiano en medio del mundo. Este mundo que Dios nos ha
dado, en el que vivimos, lo tenemos que cambiar y lo tenemos que cambiar según el
proyecto y el plan de Dios. Por lo tanto, el Año Jubilar de la Esperanza es una oportunidad
para comenzar un camino nuevo como Iglesia Universal que se confía en su Señor y
encuentra en Él la razón de ser de su más grande y fuerte esperanza.

PARA RECORDAR
El año jubilar es una oportunidad y propuesta especial para acercarse a Dios y al prójimo,
tiempo para la conversión personal y colectiva: para avivar las relaciones comunitarias en
el pueblo de Dios, para fortalecer y reparar las estructuras pastorales.

IV. LOS CRISTIANOS Y EL JUBILEO


"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado a anunciar la
buena nueva a los pobres, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a
poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año de gracia del Señor"(Lc 4,18-19).
Estas palabras de Isaías, en boca de Jesús, se convierten en el modelo de toda vida cristiana.
El "año de gracia del Señor" incluye gestos fundamentales: los destinatarios son los
"pobres", los últimos de la tierra, aquellos que no tienen ni poder político ni económico,
pero cuyos corazones están abiertos a la adhesión a la fe. Todo jubileo debe poner en el
centro de la Iglesia a los pobres, a los miserables, a los que externa e internamente
dependen de las manos de Dios y de sus hermanos. La libertad es también un acto jubilar:
Jesús se refiere a los prisioneros en un sentido estricto y metafórico, se anticipan las
palabras que dirá en la escena del juicio al final del relato: "Estuve preso y vinieron a
verme"(Mt 25,36). Hay otro compromiso jubilar: devolver "la vista a los ciegos", gesto
realizado a menudo por Jesús (el ciego de nacimiento). Éste era el signo de la llegada del
Mesías. En la oscuridad en la que está envuelto el ciego, no sólo está la expresión de un
gran sufrimiento, sino también un símbolo. Hay una ceguera interior que no coincide con la
física y es la incapacidad de ver en profundidad, con los ojos del corazón y del alma. Una
ceguera difícil de erradicar, quizá más que la ceguera física, que atenaza a tantas personas
en cuyas almas hay que inyectar un rayo de luz. Finalmente se propone la liberación de la
opresión, que no es sólo la esclavitud mencionada anteriormente a propósito del jubileo
judío, sino que incluye todo el sufrimiento y el mal que oprimen el cuerpo y el espíritu. Es
lo que atestiguará todo el ministerio público de Cristo. La meta ideal del auténtico jubileo
cristiano es, pues, es un compuesto espiritual, moral y existencial.

PARA RECORDAR
Todo jubileo debe poner en el centro de la Iglesia a los pobres, a los miserables, a los que
externa e internamente dependen de las manos de Dios y de sus hermanos.

V. HISTORIA DE LOS JUBILEOS


Como se ha dicho antes, cada jubileo responde a un momento histórico concreto. Por eso,
hablar de la historia de los jubileos es hablar de la historia de la Iglesia, de acontecimientos
que la han marcado en sus entrañas más profundas. Se relaciona a continuación la fecha y
el Papa que los convocó:

1300: Bonifacio VIII (los jubileos cada 100 años: ir a las tumbas de Pedro y Pablo)
1350: Clemente VI (los jubileos serán cada 50 años, se busca el regreso del Papa a Roma)
1390: Urbano VI (los jubileos serán cada 33 años, en recuerdo de la vida de Jesús)
1400: Bonifacio IX (se busca la unidad de la Iglesia)
1425: Martín V (se celebra el regreso del Papa a Roma)
1450: Nicolás V (el “jubileo de los Santos”, el “Año de oro”)
1470: Pablo II (se establece que los jubileos serán cada 25 años)
1475: Sixto IV (el Jubileo comienza a llamarse también Año Santo)
1500: Alejandro VI (rito de apertura y el paso por la puerta santa en San Pedro)
1525: Clemente VII (Jubileo de la crisis religiosa en Europa)
1550: Pablo III-Julio III (Jubileo en el tiempo del Concilio de Trento)
1575: Gregorio XIII (Aparecen nuevas asociaciones seglares y religiosas)
1600: Clemente VIII (para celebrar los frutos del Concilio de Trento)
1625: Urbano VIII (se da la indulgencia también a quien estaba fuera de Roma)
1650: Inocencio X (se busca renovar el rostro de la Iglesia)
1675: Clemente X (canonización de Santa Rosa de Lima)
1700: Inocencio XII-Clemente XI (el Jubileo en el siglo de las "luces")
1725: Benedicto XIII (el Año Santo del rescate de los esclavos)
1750: Benedicto XIV (El Año Santo de los predicadores y de la cruz en el Coliseo)
1775: Clemente XIV-Pío VI (el Jubileo más breve de la historia)
1800: Pío VI (El Jubileo no se celebra, el Papa es desterrado de Roma)
1825: León XII (El único Jubileo del siglo XIX)
1850: Pío IX (no se convoca porque el Papa está ausente de Roma)
1875: Pío IX (convocado, pero no hubo apertura de la Puerta santa)
1900: León XIII (La Puerta Santa se reabre en un clima de reconciliación)
1925: Pío XI (El Año Santo de la pacificación y de la paz)
1933: Pío XI (El Año Santo extraordinario de la Redención)
1950: Pío XII (El Jubileo "del gran retorno y del gran perdón"; dogma “Asunción de
María”)
1975: Pablo VI (el Jubileo de la reconciliación y de la alegría)
1983: Juan Pablo II (jubileo extraordinario de la Redención)
2000: Juan Pablo II (El Gran Jubileo: año 2000)
2016: Francisco (Jubileo extraordinario: Año Santo de la Misericordia)
2025: Francisco (Peregrinos de la esperanza)

PARA RECORDAR
hablar de la historia de los jubileos es hablar de la historia de la Iglesia, de
acontecimientos que la han marcado en sus entrañas más profundas.

VI. ¿POR QUÉ UN AÑO JUBILAR DE LA ESPERANZA?


El Papa Francisco nos dice que este año es para que "el testimonio de los creyentes sea para
nuestro mundo fermento de auténtica esperanza, presagio de cielos nuevos y de una tierra
nueva donde los hombres y las mujeres habiten en justicia y armonía, en la espera gozosa
del cumplimiento de las promesas del Señor. Todo el mundo sabe lo que es esperar”. La
esperanza nace del amor que, en última instancia, procede de Jesús en la cruz. El Año
Jubilar de 2025 es una Peregrinación de la Esperanza. Francisco insiste en que "el primer
signo de esperanza debe ser el deseo de paz en nuestro mundo". Se pide que tengamos
entusiasmo por la vida y "disponibilidad para compartirla". Esta petición contrasta con el
alarmante descenso de la natalidad en muchos países, que achaca al "ritmo frenético actual,
a los temores sobre el futuro, a la falta de seguridad laboral y de políticas sociales
adecuadas, y a modelos sociales cuya agenda está dictada por la búsqueda del beneficio
más que por la preocupación por las relaciones." Se hace un llamado a la comunidad
cristiana para que sea signo de esperanza, al tiempo que pide "de todo corazón que se
conceda esperanza a los miles de millones de pobres, que a menudo carecen de lo esencial
para vivir", y recuerda a los lectores que "los bienes de la tierra no están destinados a unos
pocos privilegiados, sino a todos". Hace un llamado para que se reorienten las prioridades
financieras: "para que con el dinero que se gasta en armamento y otros gastos militares,
establezcamos un fondo mundial que pueda acabar de una vez con el hambre y favorecer el
desarrollo de los países más empobrecidos, para que sus ciudadanos no recurran a
situaciones violentas o ilusorias, o tengan que abandonar sus países para buscar una vida
más digna." Este año jubilar también coincide con el 1700 aniversario del primer concilio
ecuménico de la Iglesia, el de Nicea, al que el Papa Francisco ha calificado de "hito en la
historia de la Iglesia", pues trató de preservar la unidad de la Iglesia y debatió sobre la
plena divinidad de Cristo, estableciendo el concepto de su "consustancialidad" con el Padre,
incorporándolo a un Credo que aún hoy se recita.

PARA RECORDAR
Este año es para que "el testimonio de los creyentes sea para nuestro mundo fermento de
auténtica esperanza, presagio de cielos nuevos y de una tierra nueva donde los hombres y
las mujeres habiten en justicia y armonía, en la espera gozosa del cumplimiento de las
promesas del Señor”.

VII. RESUMEN DE LA BULA SPES NON CONFUNDIT


La esperanza constituye el mensaje central del próximo Jubileo. Francisco que alerta de
encontrar "con frecuencia personas desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y
pesimismo, como si nada pudiera ofrecerles felicidad". Por eso, anima a que el Jubileo sea,
para todos, ocasión de reavivar la esperanza. La Palabra de Dios nos ayuda a encontrar sus
razones".

Fechas importantes: 24 de diciembre de 2024: apertura de la Puerta Santa en San Pedro;


29 de diciembre de 2024: apertura de la Puerta Santa de San Juan de Letrán, que el 9 de
noviembre de este año celebrará los 1.700 años de su dedicación. Se cerrará el 28 de
diciembre de 2025; 29 de diciembre de 2024: los obispos diocesanos celebrarán la
Eucaristía como apertura solemne del año jubilar; 1 de enero de 2025, apertura de la Puerta
Santa de la basílica de Santa María la Mayor. Se cerrará el 28 de diciembre de 2025; 5 de
enero de 2025: apertura de la Puerta Santa de la basílica de San Pablo extramuros. Se
cerrará el 28 de diciembre de 2025; 6 de enero de 2026: clausura.

Guerra, odio y deuda ecológica: Es la esperanza lo que se invoca como don en el Jubileo
2025 para un mundo marcado por el choque de las armas, la muerte, la destrucción, el odio
al prójimo, el hambre, la "deuda ecológica" y la baja natalidad. La esperanza es el bálsamo
que Francisco quiere extender sobre las heridas de una humanidad que, "ajena a los dramas
del pasado", se ve sometida a "una prueba nueva y difícil" que ve a "tantas poblaciones
oprimidas por la brutalidad de la violencia" o atenazadas por un crecimiento exponencial de
la pobreza, a pesar de que los recursos no faltan y se destinan sobre todo a gastos militares.

Propuestas dirigidas a los gobiernos: La Bula contiene súplicas, propuestas (como la


dirigida a los gobiernos para que amnistíen o indulten las penas de los presos o la de un
Fondo Mundial para eliminar el hambre con el dinero de las armas), luego llamamientos en
favor de los presos, los enfermos, los ancianos, los pobres, los jóvenes.

2033, dos mil años de la Redención. En el punto 6 de la Bula, Francisco dice: “este Año
Santo orientará el camino hacia otro aniversario fundamental para todos los cristianos: en el
2033 se celebrarán los dos mil años de la Redención realizada por medio de la pasión,
muerte y resurrección del Señor Jesús. Nos encontramos así frente a un itinerario marcado
por grandes etapas, en las que la gracia de Dios precede y acompaña al pueblo que camina
entusiasta en la fe, diligente en la caridad y perseverante en la esperanza (cf. 1 Ts 1,3)”.

Urgencia: apoyo a la natalidad: el Papa llama a recuperar el entusiasmo por la vida, hoy
"se asiste en varios países a una preocupante disminución de la natalidad" por diversos
motivos: "los ritmos frenéticos de la vida", "los temores ante el futuro", "la falta de
garantías laborales y tutelas sociales adecuadas", "los modelos sociales cuya agenda está
dictada por la búsqueda de beneficios más que por el cuidado de las relaciones". "Por el
contrario, en otros contextos, 'culpar al aumento de la población y no al consumismo
extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas'". Urge que,
además del compromiso legislativo de los Estados, haya un "apoyo convencido" de los
creyentes y de la sociedad civil al "deseo" de los jóvenes de engendrar nuevos hijos. "La
comunidad cristiana no se puede quedar atrás en su apoyo a la necesidad de una alianza
social para la esperanza, que sea inclusiva y no ideológica, y que trabaje por un porvenir
que se caracterice por la sonrisa de muchos niños y niñas que vendrán a llenar las tantas
cunas vacías que ya hay en numerosas partes del mundo".

PARA RECORDAR
La esperanza constituye el mensaje central del próximo Jubileo, que él sea para todos,
ocasión de reavivar la esperanza. La Palabra de Dios nos ayuda a encontrar sus razones.

VIII. SIGNIFICADO DEL SÍMBOLO DEL JUBILEO


El Logo representa cuatro figuras estilizadas para indicar la humanidad que proviene de los
cuatro puntos cardinales. Se abrazan, para indicar la solidaridad y fraternidad que debe unir
a los pueblos. Se notará que el primero de la fila está aprehendido a la cruz. Es el signo no
sólo de la fe que abraza, sino de la esperanza que nunca puede ser abandonada porque la
necesitamos siempre y sobre todo en los momentos de mayor dificultad. Es útil observar las
olas que están abajo y que están agitadas para indicar que la peregrinación de la vida no
siempre se mueve en aguas tranquilas. Frecuentemente las vicisitudes personales y los
acontecimientos del mundo imponen con mayor intensidad el llamado a la esperanza. Por
eso hay que destacar la parte inferior de la Cruz que se prolonga en forma de ancla, que se
impone al movimiento de las olas. Como sabemos, el ancla se ha utilizado a menudo como
metáfora de la esperanza. El ancla de la esperanza, de hecho, es el nombre que recibe en el
lenguaje de los marinos el ancla de reserva, utilizada por las embarcaciones para realizar
maniobras de emergencia para estabilizar la barca durante las tormentas. No se debe pasar
desapercibido que la imagen muestra cómo el camino del peregrino no es un hecho
individual, sino comunitario, con la impronta de un dinamismo creciente que tiende cada
vez más hacia la Cruz. La Cruz no es estática, sino también dinámica, se inclina hacia la
humanidad, sale a su encuentro y no la deja sola, ofreciéndole la certeza de la presencia y la
seguridad de la esperanza. Finalmente, se ve claramente, en color verde, el Lema del
Jubileo 2025, Peregrinantes in Spem (peregrinos de esperanza).

PARA RECORDAR
Es el signo no sólo de la fe que abraza, sino de la esperanza que nunca puede ser
abandonada porque la necesitamos siempre y sobre todo en los momentos de mayor
dificultad.

IX. AÑO JUBILAR E INDULGENCIAS


Durante el año jubilar de la esperanza se pueden ganar indulgencias, que se pueden aplicar
por nosotros o por personas difuntas. Pero ¿qué son las indulgencias? El verbo “indulgeo”
significa “ser indulgente” y también “conceder”. La indulgencia es algo que se nos
concede, benignamente, en nuestro favor. En la indulgencia no se perdonan los pecados,
esto se hace mediante el sacramento de la confesión (cf Catecismo, 1486). Pero el pecado
entraña una “pena eterna” (privación de la comunión con Dios) y una “pena temporal”
(sufrimiento que comporta la purificación del desorden introducido en el hombre por el
pecado). El que peca mortalmente pierde la amistad con Dios, privándose, si no se
arrepiente y acude al sacramento de la penitencia, de la unión con Él para siempre. Aunque
la confesión entraña la remisión de la pena eterna, subsiste aún la llamada “pena temporal”.
Esta pena ha de purgarse en esta vida o en la otra (en el purgatorio), para que el fiel
cristiano quede libre de los rastros que el pecado ha dejado en su vida. El pecador que ha
sido perdonado de sus culpas, aunque está salvado, liberado de la pena eterna merecida por
sus pecados, tiene aún que reestablecerse por completo, sanando las consecuencias del
pecado, purificando las penas temporales merecidas por él. Existen dos clases de
indulgencias: plenarias (borran todo resto de pecado dejando el alma dispuesta para entrar
inmediatamente en el cielo) y las parciales (borran parte de la pena o deuda que los pecados
cometidos reclaman).

PARA RECORDAR
La indulgencia es algo que se nos concede, benignamente, en nuestro favor. Existen dos
clases de indulgencias plenarias (borran todo resto de pecado dejando el alma dispuesta
para entrar inmediatamente en el cielo) y las parciales (borran parte de la pena o deuda
que los pecados cometidos reclaman).

X. ¿CÓMO GANAR INDULGENCIAS EN EL AÑO JUBILAR?


La Iglesia establece los modos puntuales en que los fieles cristianos pueden acceder a las
indulgencias en el año jubilar. Entre ellas tenemos:

Peregrinaciones: las cuatro basílicas papales mayores de Roma (San Pedro, San Juan de
Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros); y las basílicas del Santo Sepulcro
en Jerusalén, de la Natividad en Belén y de la Anunciación en Nazaret. En nuestra Diócesis
se pueden visitar la catedral Nuestra Señora de la Candelaria, en Magangué; la Basílica del
Santísimo Cristo, en Mompox; o la Ermita de la Virgen Original, en Simití.

La Indulgencia se puede obtener participando “devotamente” en la santa misa en el lugar, o


participando en una Liturgia de la Palabra, la Liturgia de las Horas (Oficio de Lecturas,
Oración de la Mañana, Oración de la Víspera), el viacrucis, el rosario, el Himno Akathisto
(de liturgia griega) o un servicio penitencial que incluya confesiones individuales. Los
fieles deben dedicar un tiempo “adecuado” durante su visita a la adoración y meditación
eucarística, concluyendo con la recitación del padrenuestro, cualquier forma legítima del
credo y las invocaciones a la santísima Virgen María. Quienes no puedan peregrinar o
visitar un lugar sagrado por motivos graves podrán obtener la indulgencia dondequiera que
se encuentren, uniéndose espiritualmente a quienes lo hagan, y recitando el padrenuestro, el
credo y otras oraciones relacionadas con el Año Santo, ofreciendo además sus sufrimientos
o penurias.

Obras de misericordia y penitencia: existe la posibilidad de obtener la Indulgencia


mediante la realización de obras de misericordia y penitencia. Pueden hacerlo participando
en misiones populares, ejercicios espirituales o actividades de formación sobre los
documentos del Vaticano II y el Catecismo, según el sentir del Santo Padre; o visitando a
los necesitados (“en cierto sentido, peregrinando a Cristo presente en ellos”). Del mismo
modo, pueden ofrecer actos de penitencia (como el ayuno y la abstinencia), hacer
donaciones a los pobres, apoyar obras religiosas y caritativas (“especialmente en defensa de
la vida en todas sus fases”), o participar en otras actividades de voluntariado.

PARA RECORDAR
En el año de la esperanza las indulgencias se pueden ganar con peregrinaciones, obras de
misericordia, ejercicios espirituales, actos penitenciales y actividades de formación.
XI. PROGRAMA DEL AÑO JUBILAR EN LA DIÓCESIS
a. Programa del año jubilar diocesano:

- Apertura de las puertas santas, por fechas (Zona sur: Ermita de la Original, Simití, 28 de
diciembre; Zona Norte: Catedral Nuestra Señora de la Candelaria, Magangué, 04 de enero
de 2025; Zona centro, Basílica del Santísimo Cristo, Mompox, 18 de enero)
- Peregrinaciones (lugares donde tuvo lugar la apertura de las puertas santas)
- El gran día del perdón (en el contexto de la cuaresma 2025)
- Retiros de silencio (motivados por cada comunidad parroquial)
- 40 horas de adoración (durante la cuaresma)

b. Los jubileos diocesanos


- Jubileo de los comunicadores (24-26 de enero)
- Jubileo de la Policía y las Fuerzas Armadas (8-9 de febrero)
- Jubileo de los artistas (15-18 de febrero)
- Jubileo de los Diáconos y de los aspirantes a diaconado permanente (21-23 de febrero)
- Jubileo del mundo del voluntariado (8-9 de marzo)
- 24 horas para el Señor (28 de marzo)
- Jubileo de los misioneros de la misericordia (28-30 de marzo)
- Jubileo de los enfermos y trabajadores de la salud (5-6 de abril)
- Jubileo de los adolescentes (25-27 de abril)
- Jubileo de personas con discapacidad (28-29 de abril)
- Jubileo de los Comerciantes (1 de mayo)
- Jubileo de los trabajadores (1-4 de mayo)
- Jubileo de los empresarios (4-5 de mayo)
- Jubileo de los músicos (10-11 de mayo)
- Jubileo del ecumenismo (12-14 de mayo)
- Jubileo de las hermandades y cofradías (16-18 de mayo)
- Jubileo de los Profesionales (20 de mayo)
- Jubileo de las familias, de los niños, de los abuelos y de los mayores (30 mayo-1 de junio)
- Jubileo de los Campesinos (2 de junio)
- Jubileo de los movimientos, Asociaciones y pequeñas comunidades (7-8 de junio)
- Jubileo de la Santa Sede (9 de junio)
- Jubileo del deporte (14-15 de junio)
- Jubileo de los gobernantes (20-22 de junio)
- Jubileo de los seminaristas (23-24 de junio)
- Jubileo de los Obispos (25 de junio)
- Jubileo de los sacerdotes (25-27 de junio)
- Jubileo de Pescadores (9 de junio)
- Jubileo de los Chaluperos (25 de junio)
- Jubileo de los profesionales (8 de julio)
- Jubileo de los Mineros (14 de julio)
- Jubileo de los Conductores (15 de agosto)
- Jubileo de los Jóvenes (28 de julio-03 de agosto)
- Jubileo de la Consolación (15 de septiembre)
- Jubileo de los trabajadores de la Justicia (20 de septiembre)
- Jubileo de los catequistas (26-28 de septiembre)
- Jubileo del Mundo Misionero (4-5 de octubre)
- Jubileo de los Migrantes (4-5 de octubre)
- Jubileo de la Vida Consagrada (8-9 de octubre)
- Jubileo de la espiritualidad Mariana (11-12 de octubre)
- Jubileo del Mundo Educativo (31 de octubre-2 de noviembre)
- Jubileo de los Pobres (16 de noviembre)
- Jubileo de los Coros y Corales (22-23 de noviembre)
- Jubileo de los mototaxistas (1 de diciembre)
- Jubileo de los presos (14 de diciembre)

XII. ORACIÓN DEL PAPA POR EL JUBILEO DE LA ESPERANZA


Padre que estás en el cielo, la fe que nos has donado en tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano,
y la llama de caridad infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo, despierten en
nosotros la bienaventurada esperanza en la venida de tu Reino. Tu gracia nos transforme en
dedicados cultivadores de las semillas del Evangelio que fermenten la humanidad y el
cosmos, en espera confiada de los cielos nuevos y de la tierra nueva, cuando vencidas las
fuerzas del mal, se manifestará para siempre tu gloria. La gracia del Jubileo reavive en
nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el
mundo entero la alegría y la paz de nuestro Redentor. A ti, Dios bendito eternamente, sea la
alabanza y la gloria por los siglos. Amén.

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