Tema 3
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MANCEBO
8-10-2024
ÍNDICE
1. EPISTAXIS
1.1. Introducción y etiología
1.2. Vascularización nasal
1.2.1 Sistema carotídeo externo
1.2.2 Sistema carotídeo interno
1.3 Presentación clínica
1.3.1 Epistaxis en niños
1.3.2 Epistaxis en adultos
1.4 Tratamiento
1.4.1 Epistaxis anterior
1.4.2 Epistaxis posterior
1.4.3 Tratamientos adicionales
1.4.4 Tratamientos quirúrgicos
1.4.4.1 Ligadura endoscópica AEP y arterias etmoidales
1.4.4.2 Embolización
1.4.4.3 Ligadura de la de la arteria maxilar
2. TRAUMATISMOS NASALES
2.1 Diagnóstico
2.2 Tratamiento
2.3 Complicaciones
3. CUERPOS EXTRAÑOS NASALES
3.1 Diagnóstico
3.2 Tratamiento
4. TUMORES NASOSINUSALES BENIGNOS
4.1 Tumores del desarrollo embrionario
4.1.1 Meningoencefalocele
4.2 Tumores inflamatorios
4.2.1 Pólipo antrocoanal
4.2.2 Mucocele
4.3 Tumores epiteliales
4.3.1 Papiloma invertido
4.4 Tumores mesenquimales
4.4.1 Osteoma
4.4.2 Angiofibroma nasofaríngeo juvenil
4.5 Tumores fibrogénicos
4.5.1 Displasia fibrosa
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1. EPISTAXIS
1.1 Introducción y etiología
La epistaxis describe toda hemorragia de origen en las fosas o los senos paranasales que se
exterioriza a través de los orificios nasales, supone un frecuente motivo de consulta urgente. Las
etiologías de la epistaxis son multifactoriales. Se ha categorizado como primaria (70%) o secundaria.
Los factores que pueden determinar una epistaxis podemos agruparlos en dos grupos
principalmente: factores de tipo local y factores de tipo general.
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Una epistaxis aguda puede ser un evento alarmante para un paciente e induce un grado significativo
de ansiedad. Una hemorragia moderada puede parecer excesiva para un ojo inexperto, y los
pacientes a menudo requerirán la seguridad de que no han perdido mucha sangre.
Las epistaxis agudas severas son muy diferentes. Los pacientes generalmente tienen un episodio
único o una serie corta de episodios que conducen a una hemorragia unilateral importante. Puede
ser difícil diferenciar cuál es el lado hemorrágico en las hemorragias profusas.
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Los adultos también pueden presentarse con hemorragias nasales espontáneas recurrentes, pero su
historial médico a menudo es más complejo, particularmente con el paso de los años. El sangrado es
generalmente unilateral, pero puede prolongarse en pacientes mayores. El embarazo se asocia con
mayor incidencia de hemorragias nasales debido al aumento del flujo sanguíneo nasal por cambios
hormonales.
1.4 Tratamiento
Las indicaciones de tratamiento para la epistaxis dependen de la gravedad del sangrado, su ubicación
y de la historia clínica del paciente así como del posible trastorno de la coagulación (terapia de
anticoagulación oral o los inhibidores directos de trombina y del factor Xa).
1. Hacer la historia clínica: preguntar por patologías previas y si toma alguna medicación
antiagregante o anticoagulante.
2. Anamnesis y examen físico
3. Analítica de sanguínea y medir tensión arterial
4. A veces se realiza un examen radiológico (muy poco frecuente).
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Para su tratamiento, se ha de aplicar un vasoconstrictor tópico con anestésico y presionar las fosas
nasales durante al menos 15 min. Si esto no ha logrado controlar el sangrado y se ha identificado el
punto de sangrado, se puede intentar cauterizar con nitrato de plata, electrocauterio, diatermia
bipolar o láser (no se recomienda la cauterización bilateral, ya que pueden provocar una perforación
septal).
En caso de que la cauterización no tenga éxito, hay que colocar gasas empapadas en una solución
con anestésico y vasoconstrictor, y realizar un taponamiento nasal anterior. Los taponamientos
(reabsorbibles y no reabsorbibles) se realizan de forma delicada para no traumatizar la mucosa nasal,
cuando no se evidencia el punto de sangrado.
3- Taponamiento nasal
Los pacientes con epistaxis a menudo toman un anticoagulante que puede afectar a la función
plaquetaria o a la vía de coagulación. Debe considerarse el consejo de un hematólogo si el sangrado
no se controla por completo o recurre.
Este tratamiento es extrapolable para epistaxis posteriores y epistaxis severas refractarias a un taponamiento,
sin punto anterior identificable.
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La ligadura de la AEP (clips vasculares, cauterización bipolar o ambas), al igual que las arterias
etmoidales, generalmente se realiza de forma endoscópica.
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1.4.4.2 Embolización
La angiografía con embolización selectiva de la arteria maxilar interna es una alternativa terapéutica
a epistaxis refractaria a las ligaduras endoscópicas o malformaciones vasculares, coagulopatías,
tumores, traumatismos o pacientes con riesgos anestésicos elevados. Las contraindicaciones de este
tratamiento son variadas, dentro de las cuales destacamos la embolización cuando existe un
sangrado de la arteria etmoidal anterior.
Como última alternativa terapéutica hay que mencionar la ligadura de la de la arteria maxilar
mediante un abordaje de Caldwell-Luc o ligadura de la carótida externa a nivel cervical en caso de
epistaxis catastróficas que no ceden ante las medidas anteriormente mencionadas. Son medidas más
extremas.
2. TRAUMATISMOS NASALES
Las fracturas nasales (FN) forman parte de los traumatismos frecuentes de la región mediofacial y su
tratamiento óptimo es fundamental para evitar secuelas funcionales o estéticas en los pacientes.
2.1 Diagnóstico
Se evalúan los signos y síntomas que pueden existir en una FN (obstrucción nasal, epistaxis y
deformidad estética). La inspección nasal identificará la existencia de heridas sangrantes,
deformidades, edema… Al palpar los huesos nasales y faciales, se constatará si existe movilidad,
crepitación y acabalgamiento. En la rinoscopia hay que descartar si existe hematoma septal o
formación de absceso.
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2.2 Tratamiento
En las fracturas tipo I, debido a que no se encuentran desplazadas, se deberá instaurar un manejo
conservador (aplicar medios físicos fríos, analgésicos y antiinflamatorios)
Para las fracturas tipo II y III de menos de 4 h se hará una reducción cerrada, se colocará una férula
nasal, se efectuará un taponamiento nasal anterior y se aplicarán medios físicos fríos
(antiinflamatorios y analgésicos como en tipo I).
En las fracturas tipo IV se realizará TC, reducción abierta, si lo precisa se colocará un injerto
columelar y se reforzará con una férula.
En las fracturas tipo V se efectuará una reducción temprana y fijación interna y/o externa.
2.3 Complicaciones
Una de las principales complicaciones es el hematoma septal, este debe ser diagnosticado y drenado
en las primeras 24 h para evitar la infección y la pérdida del cartílago por necrosis; posteriormente
debe realizarse un buen taponamiento nasal bilateral y/o suturas transfixiantes.
Existe coincidencia en que cuanto antes se intente su reducción, más posibilidades hay de éxito. Se
recomienda que una vez se presenta el edema se debe esperar a que este haya cedido antes de
intentar la corrección. El tiempo que puede transcurrir desde el momento de la fractura hasta su
reducción es de 24-72 h como mínimo y un máximo de 5-10 días.
Otras complicaciones de una fractura nasal incluyen deformidad septopiramidal (requiere de una
septorrinoplastia), desviación septal (septoplastia) , rinosinusitis y anosmia o hiposmia.
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3.1 Diagnóstico
Incidentalmente, en una exploración por otro motivo, podemos encontrarnos con el CE. En las fosas
nasales podemos ver estructuras que parecen tumores (por encontrarse rodeados de fibrina) o
incluso de aspecto calcáreo (las que llevan mucho tiempo, incluso años). Tras años se calcifica el
material y hay una presentación radiopaca con forma irregular. Aunque la imagen de rinolito es
altamente sugestiva, debe plantearse diagnóstico diferencial con aspergilomas, tumores, pólipos,
dientes desplazados e implantes dentarios migrados.
Las pruebas de imagen como la TC se suele efectuar si existe sospecha de CE de larga evolución y
para evaluar patlogías concomitantes (rinosinusitis crónica) u otro diagnóstico diferencial; sospecha
franca y eondoscopia negativa, o si se puede encontrar en el seno etmoidal o maxilar (implantes
dentarios).
3.2 Tratamiento
Cuando el paciente colabore, la exploración y extracción pueden realizarse bajo anestesia tópica y
local; en caso contrario y exploración negativa con alta sospecha, debemos efectuar una exploración
bajo anestesia general. Es esencial sonar fuerte la nariz para expulsar secreciones. La técnica más
apropiada es el arrastre exterior. Existen instrumentos especialmente diseñados, forma curvada o
terminal en forma de gancho con punta roma. Se introduce dirigiéndolo hacia arriba y se profundiza
hasta sobrepasar el cuerpo extraño, se gira logrando que el extremo del gancho quede situado en el
extremo posterior del cuerpo extraño, se presiona suavemente contra el suelo de la fosa nasal y se
arrastra hacia el exterior con firmeza. No emplear pinzas ni instrumentos que pretendan atraparlo, el
CE resbala o el paciente realiza movimientos que lo desplazan a una mayor profundidad.
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Los cuidados postextracción no son necesarios si no se han provocado lesiones mucosas evidentes o
no hay sangrados: lavados nasales con suero fisiológico durante 1-2 semanas para evitar las costras y
la formación de sinequias. En el caso de pilas o algún otro producto que contenga compuestos
(ácidos o básicos) agresivos para la mucosa, además de los lavados nasales, deben indicarse
controles médicos para descartar la formación de sinequias y estenosis de las fosas nasales.
A pesar de ser lesiones benignas, algunas pueden degenerar en procesos tumorales malignos. Esto,
unido a su naturaleza expansiva, su potencial comportamiento agresivo y a la proximidad con
estructuras sensibles como la órbita o la base del cráneo, implica que deben ser tratados
rápidamente desde que se diagnostican.
Son tumores de diagnóstico tardío puesto que los síntomas iniciales son inespecíficos (obstrucción y
congestión nasal, rinorrea, algias faciales, etc.) y se suele diagnosticar a la aparición de signos más
específicos (diplopía, epistaxis, parestesias faciales, etc.)
En consulta, la endoscopia nasal revelará una masa endonasal de aspecto variable (vascular,
verrugosa, lisa, friable, etc.). El estudio se debe complementar con imágenes radiológicas mediante
una tomografía computarizada (TC), una resonancia magnética (RM) e incluso, en ocasiones, son
necesarios estudios angiográficos si se sospecha naturaleza vascular. El diagnóstico definitivo lo
determina el estudio histopatológico.
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4.1.1 Meningoencefalocele
Se diagnostica mediante endoscopia nasal y pruebas de imagen (TC, RM). El tratamiento del
meningoencefalocele tiene como objetivo prevenir la rinolicuorrea y las complicaciones como la
meningitis, el neumoencéfalo o el absceso cerebral. El tipo de abordaje y la técnica reconstructiva
dependen de la etiología y de la localización del meningoencefalocele y del tamaño del defecto de la
base craneal, si bien la mayoría son subsidiarios de un abordaje endoscópico. Consiste en la resección
del tejido herniado y reparación del defecto craneal con tejido autólogo (grasa, fascia, mucosa,
cartílago), colgajo nasoseptal pediculado o pericraneal.
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4.2.2 Mucocele
Entre los factores desencadenantes se encuentran las displasias fibrosas, rinosinusitis crónica,
cirugías previas nasosinusales, traumatismos o fracturas faciales, y manifestaciones nasosinusales de
enfermedades sistémicas. La obstrucción conduce a una acumulación gradual de secreciones,
causando el crecimiento progresivo del mucocele. Esta complicación puede ocurrir muchos años
después de la cirugía. Se estima una prevalencia tras la cirugía endoscópica del 13,1%.
Los mucoceles se dan mayoritariamente en la edad adulta, siendo raros en la población pediátrica,
en cuyo caso debería descartarse la fibrosis quística. La localización frontoetmoidal es la más
habitual, pero también pueden aparecer en los senos esfenoides y maxilar. Debido a su naturaleza
expansiva y a su proximidad a la órbita, los mucoceles pueden causar una variedad de
complicaciones oftalmológicas locales, incluyendo dolor periorbitario, proptosis, disminución de la
motilidad ocular, diplopía y neuropatía óptica.
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Se han identificado secuencias de ADN del virus del papiloma humano (VPH-6, 11, 16 y 18) en
relación con la recurrencia de la enfermedad y hacia la progresión a carcinoma de células escamosas
nasosinusal, aunque en esto último parece ser que también existen factores genéticos
determinantes.
La técnica diagnóstica de elección es la TC con cortes finos. La RM puede ser útil en el diagnóstico
diferencial con otras lesiones, para confirmar la presencia de un mucocele y en caso de afectación
intracraneal u orbitaria.
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Se trata de un tumor encapsulado, bien delimitado salvo en lesiones muy grandes, de aspecto
lobulado, esponjoso al corte y color rojo vinoso, características debidas a su composición de tejido
vascular y fibroblástico. La etiología es incierta.
Los síntomas de presentación suelen ser discretos, tales como obstrucción nasal
progresiva (80-90%), rinorrea y epistaxis unilateral recurrente (45-60%). Si el
crecimiento tumoral produce obstrucción de los senos paranasales, el paciente
puede presentar rinosinusitis crónica con cefalea, inflamación malar, así como
otitis seromucosa por bloqueo tubárico. La extensión tumoral hacia la fisura
orbitaria inferior puede producir limitación de los movimientos oculares y
proptosis. En los casos de afectación a la fosa infratemporal, el paciente puede
manifestar trismus por compresión de los músculos del espacio masticatorio. Es
más infrecuente la invasión tumoral intracraneal.
La embolización prequirúrgica del ANJ proporciona una reducción de la probabilidad de riesgo del
sangrado intraoperatorio. Debe ser realizada entre las 24-48 h previas a la cirugía para su mayor
efectividad, aprovechando el procedimiento angiográfico. El manejo terapéutico del ANJ es
quirúrgico y la elección de su abordaje se basa en conseguir la resección completa del tumor con la
menor morbilidad posible. El papel de la radioterapia es controvertido, pues aunque su aplicación
puede detener el crecimiento tumoral, no es capaz de involucionarlo y puede conllevar un riesgo de
malignización. La vía de abordaje más utilizada es la cx endoscópica endonasal, aislada o combinada.
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La displasia fibrosa (DF), es una lesión pseudotumoral benigna caracterizada por una anomalía
proliferativa en el desarrollo del hueso cuyos elementos no se han diferenciado en formas maduras.
La DF craneofacial afecta con mayor frecuencia al maxilar superior y al seno frontal, y es menos
frecuente en mandíbula, hueso temporal, parietal y occipital.
Por lo general, el tumor crece lentamente y tiende a manifestarse en mujeres durante la pubertad y
la adolescencia, como una inflamación asimétrica e indolora. Puede existir un dolor indefinido,
aunque el principal signo clínico es la deformidad estética por el bulto. Rara vez, y según la evolución,
puede manifestarse como obstrucción nasal, exoftalmos y disfunción por atrapamiento de pares
craneales altos. La malignización es rara (0,5%). El aspecto clásico radiológico de la TC y la radiografía
simple es el espacio medular en “vidrio deslustrado” rodeado por unas corticales intactas. Cuando
esta apariencia típica está presente en un paciente asintomático, no se requiere confirmación
histológica, y el control radiológico seriado es suficiente para el seguimiento.
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