CARLOS MARX
(1918 – 193)
La obra de Karl Marx se desarrolla en el contexto del siglo XIX que es el siglo de la
revolución industrial y del triunfo definitivo de las revoluciones burguesas (revolución
francesa 1789). Esta época estará marcada por el surgimiento del capitalismo, el cual
supone la aparición de una nueva clase social, el proletariado, y nuevos movimientos
políticos y filosóficos relacionados con él.
La triple influencia recibida por Marx
Marx tuvo una triple influencia: la de la filosofía hegeliana, asimilada en sus años de
estudiante en Berlín; la de la economía política inglesa, en la que se inicia durante su
primer exilio en París; y la del socialismo francés, con el que también entrará en
contacto durante su primer exilio en París, (llamado posteriormente "socialismo
utópico", por contraposición a su propia interpretación del socialismo, conocida como
"socialismo científico").
a) De la filosofía hegeliana o, más bien, como resultado de su crítica del idealismo, tal
como lo presentaba Hegel, conservará algunos conceptos que resultarán fundamentales
en su pensamiento (especialmente las ideas de dialéctica y de historia como proceso
orientado hacia un fin.)
b) Del "socialismo utópico" francés (Saint-Simon, Fourier, Owen) tomará las ideas
socialistas y revolucionarias de su pensamiento político, como la idea de la lucha de
clases.c) De la economía política inglesa (Adam Smith y David Ricardo), tomará las
herramientas técnicas del análisis económico y sobre todo la idea del valor-trabajo como
eje articulador de toda actividad productiva.
No obstante, no se puede reducir su pensamiento a un simple desarrollo de estos tres
elementos, sino que el pensamiento de Marx va más allá de las implicaciones de cada
uno de ellos tomado aisladamente, no pudiendo reducirse tampoco a una mera síntesis
entre ellos; por el contrario, a partir de ellos Marx desarrolló un nuevo marco conceptual
sobre el que acabaría construyendo su pensamiento: un pensamiento original, creativo,
que ejercerá una influencia considerable en el desarrollo del pensamiento, (no sólo
político y social, lo que resulta indudable), de la segunda mitad del siglo XIX y a lo largo
de todo el siglo XX.
A) La crítica a la filosofía hegeliana
Marx rechazará la concepción de la realidad de Hegel, al considerar que no es la
conciencia, (el pensamiento), la esencia o elemento revelador y productor de la realidad,
sino, por el contrario la actividad material es el agente productor de la conciencia. Es
cierto que la realidad es, para Hegel, lo Absoluto, la totalidad de lo real, pero también lo
es que el Absoluto se concibe esencialmente como sujeto, como Espíritu, por lo que la
relación que establece la filosofía hegeliana entre el ser y el pensar conduce a la tesis de
que es el pensar el que determina y produce el ser de la realidad. Para Marx, por el
contrario, es el ser el que determina el pensar, por lo que la conciencia se produce, pues,
en el seno del desarrollo dialéctico de una realidad concebida como materia en
movimiento.
Además, para el idealismo, el ser humano es fundamentalmente espíritu, un espíritu
cuya esencia se resuelve en su autoconciencia, concepción que deriva de una
consideración puramente "abstracta" e irreal del ser humano. Para Marx, por el
contrario, el ser humano no puede ser identificado con una esencia o "naturaleza"
humana en general; el ser humano está siempre condicionado históricamente por las
relaciones en que interviene con los demás seres humanos y con la naturaleza, por las
exigencias del trabajo productivo: es un ente social, y socialmente determinado. Su
"naturaleza" viene definida por las condiciones de la sociedad en la que se desarrolla su
existencia. El idealismo es considerado, así, como un instrumento ideológico, al servicio
de la burguesía, cuyo objetivo no es otro que el justificar las formas de explotación
dominantes.
No obstante, Marx conservará de la filosofía hegeliana la idea de que la realidad es
dialéctica, es decir, que no puede concebirse como un conjunto de objetos, sino como
un conjunto de procesos, pero invirtiendo la dirección en que tal movimiento se
produce. En la medida en que se conserva la idea de que la realidad es dialéctica, se
mantendrá también la concepción del desarrollo de la realidad como historia: no como
un mero conjunto o sucesión de hechos, sino como el resultado de la oposición de
elementos contrarios que, superando sus antagonismos, la conducen a un mayor grado
de perfección y desarrollo. La concepción materialista de la realidad, la dialéctica y la
historicidad son elementos que se generan, pues, a raíz de la crítica de Marx al idealismo
hegeliano.
B) La influencia del socialismo utópico francés
Las ideas que predominaban por aquel entonces eran las del conde de Saint-Simon y de
Fourier, en las que se destaca la importancia de la "industria" y el deseo de un estudio
científico de la realidad social, así como el cooperativismo y la lucha contra las
desigualdades sociales, se encontraban formulaciones visionarias y moralizantes, que
provocarán el rechazo de Marx y la crítica de este socialismo "utópico", alejado de un
socialismo realista y científico.
No obstante, el rechazo de las desigualdades sociales, la necesidad de una revolución
social y la idea de la lucha de clases, entre otras, pasarán a formar parte, reformuladas
desde el socialismo científico, de su pensamiento.
C) La influencia de la economía política inglesa
También de la época de su primer exilio en París, en 1843, data el interés de Marx por
la economía política inglesa, sumergiéndose en la obra de Adam Smith y Ricardo, lo que,
sumado a su contacto con las ideas y actividades políticas de los socialistas, supondrá
un nuevo giro de radicales consecuencias en su pensamiento.
La necesidad de comprender, de estudiar el trabajo en la sociedad industrial se le
impone como una prioridad. De ahí el interés por la economía política inglesa,
representada fundamentalmente por Adam Smith y David Ricardo. Los economistas
ingleses habían considerado ya el papel del trabajo en la actividad industrial, con más
precisión y amplitud que la que se podría encontrar en el resto de economistas
europeos.
Marx encontrará en la teoría del valor de David Ricardo el punto de partida para su
propia teoría del trabajo. Según Ricardo, el valor del trabajo equivale a lo que cuesta
renovar, regenerar, la capacidad de trabajo consumida. El patrón ha de pagar al
trabajador, pues, lo necesario para que éste recupere sus fuerzas y esté en condiciones
de seguir trabajando, lo que abocaba a los trabajadores a la percepción de salarios de
estricta supervivencia. No parece haber ahí ningún elemento que permita explicar la
generación de las desigualdades: el trabajo se presenta como una mercancía por la que
se paga un precio (salario) que al trabajador le permite regenerarla por otra equivalente
a la consumida.
Pero el trabajo, observa Marx, es una mercancía especial: su consumo no sólo satisface
una necesidad (como hace cualquier otra mercancía) sino que, además, genera un
producto que es superior a lo consumido, genera plusvalía. Al retribuir al trabajador,
mediante el salario, lo necesario para recuperar su "fuerza de trabajo", esa plusvalía no
se le restituye, sino que queda en manos del patrón. Y la acumulación de esas plusvalías
es lo que da origen al capital. De ahí la producción de las desigualdades sociales, de la
división en clases, de la conversión del trabajo en instrumento de alineación y esclavitud,
en lugar de realización y libertad de los seres humanos.
EL MATERIALISMO DIALÉCTICO
El materialismo dialéctico se opone al idealismo, en el sentido en que considera que no
existe más realidad fundamental que la materia; pero la materia no es una realidad
inerte, sino dinámica, que contiene en sí la capacidad de su propio movimiento, como
resultado de la lucha de los elementos contrarios
Las propiedades que el materialismo dialéctico atribuye a la materia derivan de su
concepción de la misma como única realidad objetiva, que es captada mediante los
sentidos, permitiendo así su conocimiento. Del análisis de la materia se desprende que
es infinita en duración, extensión, profundidad y movimiento. Que la materia es infinita
en duración quiere decir que es eterna, increada e indestructible, por lo que el tiempo
será concebido como una forma de existencia de la materia, constituyendo la eternidad
y la temporalidad dos contrarios dialécticos de la materia. Que es infinita en extensión
supone afirmar la infinitud del espacio. La afirmación de que es infinita en profundidad
se refiere a la inagotable variedad de formas materiales, que se encuentran sometidas
a un cambio perpetuo, es decir, a un movimiento infinito: movimiento y materia son
inseparables.
Las leyes de la dialéctica
El materialismo dialéctico nos propone, pues, una interpretación de la realidad
concebida como un proceso material en el que se suceden una variedad infinita de
fenómenos, a partir de otros anteriormente existentes. Esta sucesión, no obstante, no
se produce al azar o arbitrariamente, ni se encamina hacia la nada o el absurdo: todo el
proceso está regulado por leyes que determinan su evolución desde las formas más
simples a las más complejas, y que afectan a toda la realidad, natural y humana
(histórica).
La dialéctica nos ofrece, leyes generales, no la particularidad de cada proceso. Que son
leyes generales quiere decir que son el fundamento de toda explicación de la realidad,
pero también que afectan a toda la realidad (naturaleza, sociedad, pensamiento) y que
son objetivas, independientes de la naturaleza humana. Marx y Engels enunciarán las
siguientes tres leyes de la dialéctica:
1. Ley de la unidad y lucha de contrarios.
Parte de considerar que la realidad es esencialmente contradictoria. Todos los
fenómenos que ocurren en la Naturaleza son el resultado de la lucha de elementos
contrarios, que se hallan unidos en el mismo ser o fenómeno, siendo la causa de todo
movimiento y cambio en la Naturaleza, en la sociedad y en el pensamiento. Con esta ley
se explica, pues, el origen del movimiento.
Entre los argumentos que se aportan para justificar esta explicación predominan los
procedentes de las ciencias (Física, Ciencias naturales, Matemáticas, Economía), pero
también de la Historia y de la filosofía. Entre las parejas de contrarios puestas como
ejemplos podemos citar: atracción y repulsión, movimiento y reposo, propiedades
corpusculares y ondulatorias, herencia y adaptación, excitación e inhibición, lucha de
clases, materia y forma, cantidad y cualidad.
2. Ley de transición de la cantidad a la cualidad.
Hablamos de cambio cualitativo cuando una cosa se transforma en otra que es
esencialmente distinta. ¿Por qué unas cosas se transforman en otras que tienen
propiedades diferentes a las de las cosas de las que proceden? Según la ley de transición
de la cantidad a la cualidad, el aumento o disminución de la cantidad de materia influye
en la transformación de una cosa en otra distinta. La acumulación o disminución de la
materia es progresiva, mientras que el cambio de cualidad supone una modificación
radical de la cosa, una revolución. Con esta ley se explica el desarrollo de los seres y los
fenómenos naturales, sociales, etc.
Todos los objetos de la Naturaleza poseen características mensurables, por lo que su
esencia, su cualidad, es inseparable de los aspectos cuantitativos. Cuando una cosa pasa
de poseer una cualidad a poseer otra hablamos de "salto cualitativo". Como todo
movimiento es el resultado de la lucha de elementos contrarios, el salto cualitativo
supone la resolución de una contradicción, que da lugar a una nueva realidad, que
representa un avance en el desarrollo de la Naturaleza. El salto cualitativo no supone el
mero cambio de una cualidad por otra, sino por otra que supera, de alguna manera, a la
anterior.
3. Ley de negación de la negación.
La ley de negación de la negación completa la anterior, explicando el modo en que se
resuelve la contradicción, dando paso a una realidad nueva que contiene los aspectos
positivos de lo negado. El primer momento del movimiento dialéctico, el de la
afirmación, supone la mera existencia de una realidad; el segundo momento, el de la
negación, supone la acción del elemento contrario que, en oposición con el primer
momento, lo niega. El tercer momento, negando al segundo, que era ya, a su vez, la
negación del primero, se presenta como el momento de la reconciliación, de la síntesis,
recogiendo lo positivo de los dos momentos anteriores.
Una vez alcanzado este estadio del movimiento nos encontramos ante una nueva
realidad que entrará de nuevo en otro ciclo de transformación dialéctica, dando lugar,
así, al desarrollo progresivo de la Naturaleza, de la sociedad humana y del pensamiento.
Un desarrollo que se dirige hacia formas más completas, más perfectas, más
integradoras, de la realidad.
EL MATERIALISMO HISTÓRICO
En la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas,
necesarias e independientes de su voluntad, en relaciones de producción que
corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuerzas productivas
materiales. El conjunto de estas relaciones constituye la estructura económica de la
sociedad, o sea, la base real sobre la cual se alza una superestructura jurídica y política
y a la cual corresponden formas determinadas de la conciencia social. En general, el
modo de producción de la vida material condiciona el proceso social, político y espiritual
de la vida. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino al contrario,
su ser social es el que determina su conciencia. En un determinado estadio de su
desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con
las relaciones de producción existentes o, por usar la equivalente expresión jurídica, con
las relaciones de propiedad dentro de las cuales se habían movido hasta entonces. De
formas de desarrollo que eran las fuerzas productivas, esas relaciones se convierten en
trabas de las mismas. Empieza entonces una época de revolución social.
Marx afirma: las relaciones de producción son independientes de la voluntad de los
seres humanos, y el modo en que los seres humanos producen la vida material
"condiciona el proceso social, político y espiritual de la vida".
El conjunto de los elementos relacionados con la producción, así como los elementos
socio-políticos e ideológicos, es decir, el conjunto de los elementos que forman parte de
una sociedad, en un momento determinado de su desarrollo histórico, constituyen una
determinada formación social, una totalidad social concreta, históricamente
determinada.
1. EL MODO DE PRODUCCIÓN
A cada formación social le corresponderá un determinado modo de producir
socialmente los bienes necesarios para la existencia, un determinado modo de
producción, es decir, una determinada estructura productiva, compuesta por el
conjunto de los elementos relacionados con la producción material de la existencia, que
constituyen la base sobre la que se asientan, y de la que derivan, el conjunto de
elementos jurídico-políticos e ideológicos, que forman la superestructura de dicha
formación social. El concepto de modo de producción se refiere, pues, "a la totalidad
social global, es decir, tanto a la estructura económica como a los otros niveles de la
totalidad social: jurídico-político e ideológico".
El modo de producción es el resultado de la síntesis de tres elementos estructurales: la
estructura económica, la superestructura jurídico-política y la superestructura
ideológica.
1.a. Estructura económica. Fuerzas productivas y relaciones de producción. Por fuerzas
productivas entiende Marx, en primer lugar, la materia objeto de transformación, a
partir de la que se espera obtener un producto determinado. En segundo lugar, la
actividad del trabajador, su capacidad de trabajo, que es denominada fuerza de trabajo.
En tercer lugar, los medios para realizar el trabajo (útiles, herramientas, máquinas, etc.)
necesarios para obtener los productos deseados.
Las relaciones sociales de producción derivan de la clasificación que podemos
establecer entre los agentes que participan en el proceso de producción en cuanto a la
propiedad o no de los medios de producción, es decir, si son propietarios o no son
propietarios de los medios de producción.
Las relaciones de producción favorecen inicialmente el desarrollo de las fuerzas
productivas; pero a medida que las fuerzas productivas se van desarrollando, terminan
por entrar en contradicción con las relaciones de producción existentes, convirtiéndose
éstas en una traba para el desarrollo de aquellas, lo que provoca una revolución social,
que concluye en la sustitución de las viejas relaciones de producción por otras nuevas,
adecuadas al grado de desarrollo de las fuerzas productivas.
1.b. Superestructura jurídico-política. La superestructura jurídico-política está formada
por el conjunto de normas, leyes, instituciones y formas de poder político que,
condicionadas por la estructura productiva, ordenan y controlan el funcionamiento de
la actividad productiva de los ciudadanos. Las formas del Estado son, los instrumentos a
través de los cuales las clases dominantes ejercen su poder sobre las clases sometidas.
1.c. Superestructura ideológica. La superestructura ideológica la constituyen, el
conjunto de las ideas, creencias, costumbres, etc., plasmadas en las formas ideológicas
de la cultura, la religión, la filosofía, etc., con las que se justifica la "naturalidad" y
"legitimidad" del modo de producción del que derivan y cuya realidad social
enmascaran.
La superestructura jurídico-política e ideológica está condicionada en última instancia
por la estructura económica.
LA ALIENACIÓN
Para comprender la situación de los oprimidos en toda sociedad de explotación
(esclavista, feudal, capitalista) emplea Marx el concepto de alienación (enajenación,
extrañamiento). Toma esta noción de Hegel, que la había utilizado para explicar el
proceso por el cual la Idea pone asimismo como Naturaleza, es decir se pone a sí misma
como lo absolutamente otro, se enajena. Marx hace una interpretación materialista de
dicha noción puesto que, para él, el sujeto de la alienación no es el Espíritu o Dios sino
el hombre, y la causa de la misma no es teológica sino económica y política: la alienación
es la condición histórica en la que se encuentra el hombre a consecuencia de la
propiedad privada de los medios de producción. La propiedad privada aliena al hombre
porque lo transforma de fin en medio, de persona en simple instrumento para la
producción, ignorando sus necesidades, exigencias y dignidad. En el sistema de
producción capitalista el hombre se hace cosa, mercancía, usada por el propietario de
los medios de producción como un simple instrumento más en la cadena de producción
de bienes. En el trabajo, el hombre se enajena, no es dueño, de sus propias facultades
creadoras ni de los objetos de su trabajo, que se convierten en seres ajenos y llegan a
dominarlo. La preocupación esencial de Marx fue la liberación del hombre de un tipo de
trabajo que lo transforma en cosa y lo convierte en esclavo de las cosas. Su crítica de la
sociedad capitalista se dirigió principalmente a su modo de producción: Marx suponía
que la enajenación del trabajo, aunque existente a lo largo de toda la historia, alcanza
su cima en la sociedad capitalista y que la clase trabajadora es la más enajenada. Marx
no se limitó a reivindicar la emancipación de la clase trabajadora, sino que buscó la
emancipación general del ser humano, y la creación de un orden social en el que el
hombre, y no la producción de cosas, sea el fin.