Ley General del Ambiente
1. Los presupuestos mínimos ambientales
Del Campo (2004) afirma que:
La ley de presupuestos mínimos reglamenta —en parte— los derechos contenidos en esta
cláusula. Apareciendo la regulación de estos presupuestos mínimos en forma conjunta con
otras leyes de presupuestos mínimos sobre materias específicas. Ello, no solo importa
simplemente reglamentar un derecho, sino hacerlo en forma de establecer los
mecanismos apropiados para que los mismos logren hacerse efectivos en un sistema
jurídico como el nuestro; presentándose, además, como un desafío de coordinación entre
provincia y municipios. (https://lc.cx/FAWrfr).
El concepto de «presupuestos mínimos de protección ambiental» es introducido en el cuarto
párrafo del artículo 41 de la Constitución Nacional, al decir: “corresponde a la nación dictar las
normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias
para complementarlas, sin que aquellas alteren las jurisdicciones locales”1.
1 Constitución de la Nación Argentina [CN]. Ley 24.430 de 1994. 15 de diciembre de 1994. (Argentina).
Aquí se hace la distribución de competencias entre la nación y las provincias en referencia a la
cuestión ambiental. A la primera le corresponde dictar las leyes de presupuestos mínimos
ambientales, que tendrán uniformidad en toda la república; con esto, la nación se asegura que
exista un nivel mínimo de protección para todo el país. Las provincias podrán dictar las leyes que
complementen a las primeras, pero nunca podrán determinar niveles inferiores de protección. El
tema de la distribución de competencias ya ha sido tratado en el módulo precedente.
La norma constitucional dice que “corresponde a la nación dictar las normas que contengan los
presupuestos mínimos de protección”, pero ¿qué significa el término «mínimo»?
Falvo (2009), al respecto, dice:
Cabe aclarar que tal denominación no equivale a poco, ni escaso ni ínfimo, tampoco ha de
interpretarse como carente de rigor, laxo o abstracto, pues tales pautas de interpretación
no condicen con la tutela del ambiente cualificada, adjetivada y jerarquizada
constitucionalmente. (p. 77)
Por otro lado, la norma constitucional asigna la competencia a las provincias de dictar leyes
«complementarias» a las leyes de presupuestos mínimos de protección, en el sentido de
aumentar la protección mínima establecida en la ley nacional. En este sentido, Falvo (2009)
afirma que:
Se habla de «complementariedad maximadora», porque las normas complementarias de
competencia provincial son añadidura para maximizar lo mínimo, por eso, se habla de
«piso común». Complementar los presupuestos mínimos significa optimizar la protección,
extremar o agravar recaudos, reforzar el nivel de protección a través de normas más
rigurosas contra la polución, imponer restricciones más severas, limitaciones más fuertes
para ciertas industrias, razón por la cual la complementariedad que permite el artículo 41
de la Constitución Nacional no es sinónimo de reglamentación, la complementariedad
implicará más que reglamentar. (p. 77)
Esto significa que el contenido de las leyes de presupuestos mínimos no puede avanzar sobre las
especificidades correspondientes a las provincias, pues estas tienen la facultad de legislar tales
leyes complementarias. Lo complementario implicaría todo aquello que hace a las peculiaridades
de los ecosistemas propios de cada provincia o ecosistemas compartidos por dos o más
provincias. Así, la regulación complementaria se refiere a las especificidades de las actividades
económicas propias de cada provincia, las cuales deben respetar el principio de protección al
ambiente y al principio de desarrollo sustentable, establecidos en el artículo 41 de la Constitución
Nacional y regulados en las normas de presupuestos mínimos de protección ambiental.
También, esta regulación complementaria se refiere a la regulación de la preservación del
patrimonio natural y cultural específico de la provincia.
Todas estas características referentes a las competencias de las provincias, que son
complementarias, están fundadas en la naturaleza del Estado de la federación, donde cada
provincia tiene intereses diferentes.
El contenido de las normas de presupuestos mínimos de protección ambiental tiene doble
naturaleza: sustancial e instrumental. Es decir, entre las normas de presupuestos mínimos de
protección ambiental, hay normas jurídicas sustantivas y reglas instrumentales.
Además, en referencia al contenido de las leyes de presupuestos mínimos de protección
ambiental, es necesario agregar que incluye las reglas referentes a la protección de los intereses
difusos al ambiente, así como las normas relacionadas con las acciones procesales necesarias.
2. Observaciones sobre la Ley General del Ambiente
Ley General del Ambiente (LGA):
Fue promulgada parcialmente mediante Decreto 2413/2002; observándose, por parte del
Ejecutivo, los términos «operativas» (artículo 3) y «a ser consultada y» (artículo 19); «se
presume iuris tantum la responsabilidad del autor del daño ambiental, si existen
infracciones a las normas ambientales administrativas» (artículo 29); «asimismo, en su
sentencia, de acuerdo con las reglas de la sana crítica, el juez podrá extender su fallo a
cuestiones no sometidas expresamente a su consideración por las partes» (artículo 32).
De esta forma, y luego de ocho años de promesas constitucionales, las fundaciones
prometidas se concretaron en esta Ley General del Ambiente (Ley de Presupuestos
Mínimos), que se convirtió en nuestro principal ordenamiento jurídico vigente en materia
ambiental, de aplicación uniforme y común para todo el territorio de la nación, cuyo objeto
es la protección del ambiente de todo el país sobre la base de ciertas reglas mínimas que
deben ser observadas por la legislación provincial sobre la materia.
La ley 25.675 está dividida en su contenido de la siguiente forma:
1. Presupuestos mínimos para el logro de una gestión sustentable y adecuada del
ambiente, la preservación y protección de la diversidad biológica y la implementación
del desarrollo sustentable.
2. Objetivos y principios de la política ambiental.
3. Definición de presupuesto mínimo.
4. Competencia judicial.
5. Instrumentos de política y gestión.
6. Ordenamiento ambiental.
7. Evaluación de impacto ambiental.
8. Educación e información.
9. Participación ciudadana.
10. Seguro ambiental y fondo de restauración.
11. Sistema Federal Ambiental.
12. Ratificación de acuerdos federales.
13. Autogestión.
14. Daño ambiental.
15. Fondo de Compensación Ambiental.
16. Anexos: acuerdos federales (COFEMA) y Pacto Federal Ambiental.
Como ley «base», contiene los objetivos y principios de la política ambiental y presenta
una definición de presupuesto mínimo; adoptando una serie de instrumentos de gestión
ambiental que incorpora a los fines del cumplimiento de los objetivos allí expuestos.
Esta norma —en consonancia con el derecho-deber al ambiente establecido en la
Constitución Nacional— se presenta como una norma que da uniformidad a la exigencia
de utilización de determinados instrumentos de aplicación de los objetivos de política
ambiental. Así, por ejemplo, la evaluación de impacto ambiental aparece por primera vez
en su carácter de uniformidad en el deber de aplicación, para todo el territorio de la nación.
Se adoptan instrumentos como el ordenamiento ambiental; la EIA; la educación e
información ambientales; la participación ciudadana; el seguro ambiental; el fondo de
restauración; la autogestión, etc., los cuales, si bien no representan una novedad en
nuestro ordenamiento jurídico —ya que aparecían con anterioridad en normativa sectorial,
provincial y municipal—, sí resultan un avance al uniformar su aplicación en todo el
territorio argentino. Los instrumentos que en ella se adoptan se constituyen como de
fundamental importancia para el ejercicio del poder de policía ambiental. (Del Campo,
2004, https://lc.cx/FAWrfr)
Bien jurídico protegido
La Ley General de Ambiente establece, en primer lugar, el bien jurídicamente protegido (artículos
1-3).
El artículo 1 establece: “la presente ley establece los presupuestos mínimos para el logro de una
gestión sustentable y adecuada del ambiente, la preservación y protección de la diversidad
biológica y la implementación del desarrollo sustentable”2. Aquí, quedan fijados los objetivos de la
ley, entre los cuales está la gestión sustentable y adecuada del ambiente.
2 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 1. 28 de noviembre de 2002
La gestión ambiental es un objetivo operativo. Esto, en el sentido que va a poner acento en la
ejecución de las normas jurídicas contenidas en la ley. Es necesario observar que no se trata de
cualquier tipo de gestión, sino de gestión sustentable, en concordancia con lo establecido en la
Constitución Nacional, donde se da categoría constitucional al principio de desarrollo sustentable.
Es decir, la gestión ambiental debe respetar este principio, el cual está establecido en el artículo
41 de la Constitución Nacional: “ambiente apto para el desarrollo humano y para que las
actividades productivas satisfagan las necesidades presentes, sin comprometer las de las
generaciones futuras”3. Aquí surgen límites a la gestión ambiental, los cuales están constituidos
por el derecho al ambiente de generaciones futuras y a que estas satisfagan sus necesidades.
3 Constitución de la Nación Argentina [CN]. Ley 24.430 de 1994. Art. 41. 15 de diciembre de 1994. (Argentina).
Además, este artículo establece explícitamente el principio de desarrollo sustentable, pues
menciona, en su última parte, «la implementación del desarrollo sustentable».
Otro de los objetivos de esta Ley es la preservación y protección de la diversidad biológica. Aquí
no hace referencia al uso racional, sino a la preservación, porque la diversidad biológica debe ser
protegida. Esto deriva de la Convención de Diversidad Biológica en concordancia con las áreas
de preservación ambiental establecidas por la UICN, ambas receptadas por el derecho argentino.
De esta combinación, surge el concepto de preservación de la biodiversidad, que indica que esta
debe ser protegida, si no es consumida y desaparece. La Ley General del Ambiente es clara en
referencia a la protección de la biodiversidad, pues coloca esto como uno de sus objetivos.
Los objetivos de la política ambiental serán tratados en la siguiente sección.
Por otro lado, en la Ley General del Ambiente, termina la sección de bien protegido con el artículo
3, que establece:
La presente ley regirá en todo el territorio de la nación, sus disposiciones son de orden
público, operativas y se utilizarán para la interpretación y aplicación de la legislación
específica sobre la materia, la cual mantendrá su vigencia en cuanto no se oponga a los
principios y disposiciones contenidas en esta.4
4 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 3. 28 de noviembre de 2002
Aquí, hace referencia a que las normas contenidas en esta ley son de orden público, lo cual
implica que tal legislación protege intereses colectivos que hacen al bienestar social ambiental,
estando por encima de los intereses particulares.
En segundo lugar, debemos mencionar que las disposiciones de esta ley son operativas, y esto
tiene que ver con la gestión ambiental sustentable, la cual requiere de normas que hagan posible
la realización de aquellas.
En tercer lugar, el artículo establece que las disposiciones «se utilizarán para la interpretación y
aplicación de la legislación específica sobre la materia». Esto establece la relación entre esta ley
con las demás leyes de presupuestos mínimos de protección ambiental, así como con las leyes
provinciales de protección ambiental, observando que tales disposiciones servirán para la
interpretación y aplicación de las últimas leyes mencionadas.
Aquí se verifica la jerarquía superior de esta ley en referencia a las leyes de presupuestos
mínimos de protección ambiental sectoriales y las legislaciones de protección ambiental
provinciales, pues observa que «la legislación específica sobre la materia, […] mantendrá su
vigencia en cuanto no se oponga a los principios y disposiciones contenidas en esta».
Es decir que estas últimas legislaciones específicas, tanto nacionales como provinciales, precisan
estar de acuerdo con lo establecido en las disposiciones de la Ley General de Ambiente. La
fundamentación de esto reside en la necesidad de uniformidad de las leyes de presupuestos
mínimos de protección ambiental a nivel nacional con la Ley General de Ambiente, sobre la cual
ya se refirió anteriormente.
En este sentido:
Debemos recordar que la legislación ambiental cuenta con leyes de presupuestos
mínimos; reconociéndose, por tanto, que esta no es la primera expresión de «lo
ambiental» en nuestro ordenamiento jurídico. Esta ley pretende dejar subsistente la
normativa sectorial existente en la materia; en tanto, estas normas no se opongan a los
objetivos y principios de la misma. Así, quedarán subsistentes las normativas específicas
(sectoriales); aunque prevalezca la ley general de presupuestos mínimos –que se presenta
como eje sistémico— sobre las leyes específicas. La normativa vigente solo será
modificada por esta en la medida en que se oponga a los principios y objetivos de la ley
general; pero de ninguna manera las deja sin vigencia. (Del Campo, 2004,
https://lc.cx/FAWrfr)
La Ley General del Ambiente inicia su articulado diciendo que se establecen “los presupuestos
mínimos para el logro de una gestión sustentable y adecuada del ambiente, la preservación y
protección de la diversidad biológica y la implementación del desarrollo sustentable”5.
5 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. 28 de noviembre de 2002
Si bien la idea gira en torno de la gestión ambiental; ni aquí ni en ninguna parte de la ley
se determina previamente lo que se va a entender por ambiente (para luego recién dar las
bases generales de conducta para la protección del ambiente). En consonancia con ello,
tampoco se definen los términos utilizados en los diferentes conceptos; apareciendo como
tarea a futuro delimitar el significado de los términos que allí se adoptan; como, por
ejemplo, definir de manera uniforme para nuestro ordenamiento jurídico los términos
«preservar y proteger». Esta delimitación de conceptos nacidos de áreas específicas —
ajenas al derecho— será necesaria para su correcta interpretación y aplicación;
requiriendo, por tanto, de una apertura especial de los juristas, magistrados y abogados en
general, para comprender el sentido técnico de estos términos venidos de diferentes
disciplinas, como la ecología, biología, etc., a fin de lograr manejar el lenguaje común a «lo
ambiental» en tareas que demandarán de la interdisciplinariedad y que develan el carácter
transectorial de la gestión ambiental. (Del Campo, 2004, https://lc.cx/FAWrfr)
Retomemos el caso práctico. ¿Cómo se relaciona este con el concepto de «bien protegido»?
Principios ambientales
La segunda sección de la Ley General de Ambiente hace referencia a los principios de la política
ambiental, estableciendo, en su artículo 4, que “la interpretación y aplicación de la presente ley, y
de toda otra norma a través de la cual se ejecute la política ambiental, estarán sujetas al
cumplimiento de los siguientes principios”6.
6 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 4. 28 de noviembre de 2002
Es decir, la segunda sección vuelve sobre la interpretación y aplicación de la normativa y de las
legislaciones ambientales nacionales y provinciales, asegurando que estas deberán estar en
concordancia con la interpretación y aplicación de la Ley General de Ambiente, según los
principios establecidos en el artículo 4. La cuestión de los principios será tratada más adelante, en
la lectura 4.
Posteriormente, la Ley General de Ambiente se refiere a la competencia judicial, estableciendo,
en el artículo 7, que:
La aplicación de esta ley corresponde a los tribunales ordinarios según corresponda por el
territorio, la materia o las personas. En los casos que el acto, omisión o situación generada
provoque efectivamente degradación o contaminación en recursos ambientales
interjurisdiccionales, la competencia será federal.7
7 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 7. 28 de noviembre de 2002
Este artículo establece como regla la competencia ordinaria, al decir que “la aplicación de esta ley
corresponde a los tribunales ordinarios según corresponda por el territorio, la materia o las
personas”. Aunque, en la segunda parte, hace referencia a la competencia federal en caso de
conflictos interjurisdiccionales.
Sobre este punto, Del Campo (2004) explica:
El surgir de la competencia federal (artículo 7), […] se presenta como una de las notas de
federalismo.
En este orden de ideas, podemos remarcar el artículo 23, […] que establece un sistema
federal de coordinación interjurisdiccional, para la implementación de políticas ambientales
de escala nacional y regional. Lo allí expresado es, en cierta medida, contrarrestado por lo
expuesto en el principio de subsidiariedad establecido en el artículo 4, […] por el cual se
establece una «complementariedad» y, de ser necesario, un colaborar... Pero ¿necesario
en el marco de qué?, ¿del SFCI o complementariamente al mismo? (https://lc.cx/FAWrfr)
3. Política ambiental
Los objetivos de la política ambiental
Juliá y Del Campo (2023), en el Manual de Derecho ambiental, con especial énfasis en la gestión
ambiental, explican:
La política ambiental de nuestro país se encuentra incluida en los PMA, los cuales, junto
con los principios ambientales y una serie de instrumentos de gestión ambiental,
representan —en su implementación concreta y desarrollo— la política ambiental para
cada región.
La existencia de un conjunto de objetivos determinados por esta ley constituye el
despliegue de las obligaciones y deberes establecidos en la propia Constitución, en el
artículo 41, y conforman el marco normativo desde el cual se va a delinear la gestión
ambiental nacional.
Los objetivos de política ambiental enunciados en la Ley General de Ambiente son los siguientes:
a) Asegurar la preservación, conservación, recuperación y mejoramiento de la calidad de los
recursos ambientales, tanto naturales como culturales, en la realización de las diferentes
actividades antrópicas.
b) Promover el mejoramiento de la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras, en
forma prioritaria.
c) Fomentar la participación social en los procesos de toma de decisión.
d) Promover el uso racional y sustentable de los recursos naturales.
e) Mantener el equilibrio y dinámica de los sistemas ecológicos.
f) Asegurar la conservación de la diversidad biológica.
g) Prevenir los efectos nocivos o peligrosos que las actividades antrópicas generan sobre el
ambiente para posibilitar la sustentabilidad ecológica, económica y social del desarrollo.
h) Promover cambios en los valores y conductas sociales que posibiliten el desarrollo sustentable,
a través de una educación ambiental, tanto en el sistema formal como en el no formal.
i) Organizar e integrar la información ambiental y asegurar el libre acceso de la población a la
misma.
j) Establecer un sistema federal de coordinación interjurisdiccional, para la implementación de
políticas ambientales de escala nacional y regional.
k) Establecer procedimientos y mecanismos adecuados para la minimización de riesgos
ambientales, para la prevención y mitigación de emergencias ambientales y para la recomposición
de los daños causados por la contaminación ambiental.8
8 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 2. 28 de noviembre de 2002
Juliá y Del Campo (2023) continúan diciendo que:
Los incorporados objetivos de política ambiental constituyen el marco de referencia
permanente de la gestión ambiental, la cual, a su vez, incluye entre sus componentes el de
la información y la participación. Los mismos se integran como objetivos de política
ambiental al fomentar la participación social en los procesos de toma de decisión (artículo,
2 inciso c), lo cual va ligado al componente de información (artículo 41 de la CN),
incorporando a la ciudadanía en la gestión y siempre en el marco de nuestro sistema de
democracia representativa en los aportes al sistema de gestión.
Tomando algunos objetivos aleatoriamente —y su vinculación con los PMA—, se
encuentran los siguientes:
Promover el uso racional y sustentable de los recursos naturales. El uso racional se
despliega desde la cláusula ambiental, plasmándose —entre otras— en la Ley 25688,
denominada Régimen de Gestión Ambiental de Aguas. Esta ley busca la preservación de
las aguas, su aprovechamiento y uso racional (artículo 1). En la normativa se lee (artículo
7, inciso d): «la Nación deberá elaborar y actualizar el plan nacional para la preservación,
aprovechamiento y uso racional de las aguas; dicho plan contendrá, como mínimo, las
medidas necesarias para la coordinación de las acciones de las diferentes cuencas
hídricas». Este principio se despliega en algunos de nivel internacional, por ejemplo, el
principio de uso prudente que acompaña la racionalidad en los usos. El uso racional y
sustentable de los recursos naturales se inserta en la gestión provincial de los recursos
naturales como condición para el cumplimiento del objetivo metaconstitucional del
desarrollo sostenible.
Asegurar la conservación de la diversidad biológica. En este objetivo se enmarca el
conjunto de compromisos internacionales, como lo establecido en el Convenio de
Diversidad Biológica y, en general, los sistemas de áreas naturales. En tal línea, pueden
citarse, por ejemplo, la Resolución 3/2022 MAyDS y la Resolución MAyDS 151/17, por la
cual se adopta la estrategia nacional sobre la biodiversidad. Esto, mediante el artículo 1:
«créase el Grupo de Trabajo de Compensaciones por Pérdida de Biodiversidad, que
tendrá como objetivo establecer los lineamientos y metodologías para la implementación
de compensaciones por pérdida de biodiversidad en las políticas de conservación y
restauración de la biodiversidad, que surjan de los impactos residuales no mitigables
resultantes de los procedimientos de evaluación de impacto ambiental y de la evaluación
ambiental estratégica, bajo competencia del Ministerio de Ambiente y Desarrollo
Sostenible de la Nación».
Promover cambios en los valores y conductas sociales que posibiliten el desarrollo
sustentable, a través de una educación ambiental, tanto en el sistema formal como
en el no formal. En materia de educación ambiental, se han establecido leyes específicas,
destacando la importancia de la Ley Yolanda —en el marco de lo que implica en la gestión
funcionarios formados en materia ambiental—. La importancia de capacitar en diferentes
instancias y niveles es un objetivo claro en la ley. La ley de educación ambiental integral es
otra de estas normas de relevancia en la materia (las que trataremos más adelante).
Establecer procedimientos y mecanismos adecuados para la minimización de
riesgos ambientales, para la prevención y mitigación de emergencias ambientales y
para la recomposición de los daños causados por la contaminación ambiental. Por lo
general, la adopción de mecanismos de respuesta a incidentes ambientales se prevé
principalmente a nivel mundial y están referidos a sustancias específicas. En tal sentido,
por ejemplo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)
sobre accidentes ambientales, relativos a sustancias peligrosas y accidentes químicos,
adopta las decisiones D-88-84, D-88-85; la Recomendación R-2003-221, y la Resolución
68/2019 de la Secretaría de Control y Monitoreo Ambiental (RESOL-2019-68-APN-
SECCYMA#SGP). Sin embargo, las emergencias ambientales implican una variedad de
situaciones que no se agotan en este tipo de situaciones y que se amplía desde el ámbito
de la prevención al ámbito reactivo y en las diferentes áreas específicas encargadas.
En el Mercosur se prevé un instrumento jurídico para reglamentar las acciones de la
cooperación y asistencia ante emergencias ambientales en el Protocolo Adicional al
Acuerdo Marco sobre Medio Ambiente del Mercosur en Materia de Cooperación y
Asistencia ante Emergencias Ambientales.
Es diversa la regulación e inserción en la organización institucional de esta temática (en
general, cada área específica cuenta con su regulación concreta, creando sus sistemas de
control, auditorías, respuesta, etc., según sea la actividad en cuestión (por ejemplo,
defensa civil, áreas militares, bomberos, brigadistas, cuerpos específicos de respuesta
civil, etc.).
No se agota en esta mención ejemplificativa lo referente a las emergencias y desastres
ambientales y su minimización; si bien no quisimos dejar de mencionar su importancia en
particular en todo lo referente a los emergentes del cambio climático. (Juliá y Del Campo,
2023).
Instrumentos de política ambiental
Juliá y Del Campo (2023), en el Manual de Derecho ambiental, con especial énfasis en la gestión
ambiental, hacen referencia a estos instrumentos, al decir:
Los instrumentos de política ambiental son aquellos que aportan en la aplicación y
observancia de los objetivos y principios ambientales; permiten alcanzar los objetivos de
sustentabilidad y se despliegan en variadas modalidades e, incluso, reencauzan los
desvíos que pueden producirse en la observancia de las normas ambientales, ya que, a
través de ellos, la sociedad puede «vigilar» a las autoridades mediante —entre otros— los
mismos mecanismos que estos instrumentos prevén.
La distorsión en los fines de tutela ambiental por parte de quienes tienen a su cargo tal
función no es algo novedoso de mencionar, siendo la misma sociedad la encargada —con
base en estos mismos instrumentos— de accionar mediante las diferentes vías que se
habilitan a tales fines. Lamentablemente, la manipulación e inobservancia de algunos de
estos instrumentos ha terminado por convertirse en una de las vías de incumplimiento de
los fines de la normativa ambiental y, en consecuencia, de inobservancia de los derechos y
deberes ambientales.
Si los instrumentos de gestión y política son adecuadamente desarrollados, permiten
alcanzar los objetivos de sustentabilidad de manera más eficiente. Sin embargo, si tienen
fallas en su diseño, pueden producir efectos negativos sobre el ambiente, disminuyendo
las posibilidades de desarrollo y calidad de vida de algunos grupos de la sociedad,
generalmente aquellos que son más vulnerables.
Los instrumentos que la ley de PMA establece son los siguientes:
Ordenamiento ambiental
Evaluación de impacto ambiental
Educación e información
Participación ciudadana
Seguro ambiental y Fondo de restauración
El ordenamiento ambiental del territorio (OAT) es el primer instrumento establecido en el artículo 8
de la Ley General de Ambiente. Los requerimientos y objetivos que establece esquematizan sobre
la complejidad de este.
Uno de los principales lineamientos sobre el OAT es que se genera mediante coordinación
interjurisdiccional a través del COFEMA, tal como dispone el artículo 99.
9 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 9. 28 de noviembre de 2002
La descripción del proceso y sus particularidades está determinada en el artículo 10. En tal
sentido, el proceso debe tener en cuenta “los aspectos políticos, físicos, sociales, tecnológicos,
culturales, económicos, jurídicos y ecológicos de la realidad local, regional y nacional”10. Estos
amplios aspectos tienen la finalidad de “asegurar el uso ambientalmente adecuado de los
recursos ambientales, posibilitar la máxima producción y utilización de los diferentes ecosistemas,
garantizar la mínima degradación y desaprovechamiento y promover la participación social, en las
decisiones fundamentales del desarrollo sustentable”11. Todas las exigencias establecidas en la
elaboración y ejecución del instrumento se ven condicionadas por las prioridades que están
establecidas en la norma. Por otra parte, en la localización de las distintas actividades antrópicas
y en el desarrollo de asentamientos humanos, se deberá considerar —en forma prioritaria— los
siguientes aspectos:
10 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 10. 28 de noviembre de 2002
11 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 10. 28 de noviembre de 2002
1. La vocación de cada zona o región, en función de los recursos ambientales y la
sustentabilidad social, económica y ecológica.
2. La distribución de la población y sus características particulares.
3. La naturaleza y las características particulares de los diferentes biomas.
4. Las alteraciones existentes en los biomas por efecto de los asentamientos humanos, de las
actividades económicas o de otras actividades humanas o fenómenos naturales.
5. La conservación y protección de ecosistemas significativos.
El OAT es un instrumento de política ambiental netamente preventivo que sirve para la
planificación y la toma de decisión en forma participativa; además, se puede usar como
complemento de los distintos instrumentos, a partir de un territorio ordenado, limitando —
especialmente en lo local—, para mitigar acciones que estén en detrimento de objetivos
ambientales.
En la actualidad —y a modo de ilustrar sobre la implementación de este instrumento—, se
encuentran diversos OAT en los distintos niveles. Así, por ejemplo, leemos, en la página web del
Gobierno, que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MAyDS) ejecuta el proyecto
OAT denominado «Incorporación de la conservación de la biodiversidad y el manejo sostenible de
las tierras en la planificación del desarrollo: operacionalizar el ordenamiento ambiental del
territorio en la Argentina - 19/ARG/G24», con el objetivo de generar múltiples beneficios para la
biodiversidad mediante el desarrollo de políticas, mecanismos de gobernanza e instrumentos
técnicos, económicos y financieros para el ordenamiento ambiental del territorio. Sus fines son los
de reducir la pérdida de biodiversidad y la degradación de tierras mediante la incorporación de los
enfoques de conservación de la biodiversidad y el manejo sostenible de las tierras en las
prácticas de producción agropecuaria, en la expansión de la infraestructura en áreas periurbanas
y el turismo, entre otras prácticas, a través de los procesos de toma de decisiones y la
planificación, en distintos niveles gubernamentales.
Si bien este es un proyecto piloto, nos ilustra sobre este proceso. El proyecto se enmarca en la
Estrategia Nacional sobre la Biodiversidad, el Programa de Acción Nacional de Lucha contra la
Desertificación, la Ley Nacional de Bosques Nativos (Ley 26331), la Ley Nacional de
Conservación de la Fauna (Ley 22421) y la Ley de Preservación de los Glaciares y del Ambiente
(Ley 26639).
Otros ejemplos son la creación del Comité para el Desarrollo Sostenible de las Regiones
Montañosas de La República Argentina, mediante la Resolución Ministerial 439/2020 MAyDS).
También encontramos la implementación del Inventario de Glaciares y Ambiente Periglacial y el
OT de bosque nativo.
La evaluación de impacto ambiental (EIA) es un instrumento de política ambiental netamente
preventivo que se realiza en forma previa a cualquier acción, obra o actividad que sea susceptible
de afectación ambiental.
Se encuentra definido en los artículos 11, 12 y 13 de la Ley General de Ambiente. Dice la Ley:
Toda obra o actividad que, en el territorio de la Nación, sea susceptible de degradar el
ambiente, alguno de sus componentes, o afectar la calidad de vida de la población, en
forma significativa, estará sujeta a un procedimiento de evaluación de impacto ambiental,
previo a su ejecución.12
12 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 11. 28 de noviembre de 2002
Iribarren (2005) hace referencia al EIA como:
Un procedimiento utilizado para identificar, prevenir y/o mitigar los impactos ambientales
negativos de una obra o proyecto; un método por el cual los efectos negativos en el
ambiente causados por algunas acciones humanas pueden ser predichos, identificados y,
en consecuencia, brindadas las alternativas de acción y sus correspondientes medidas
para su posterior eliminación o mitigación. (citado en Juliá, s.f., https://lc.cx/FHAeXI)
Desde otra perspectiva, pero reflejando algunos criterios señalados, para la Internacional
Association for Impact Assessment (IAIA), “la EIA es simplemente el proceso de identificar las
consecuencias futuras de una acción presente o propuesta” (citado en Juliá, s.f.,
https://lc.cx/FHAeXI).
El artículo 12 de la Ley General de Ambiente describe el procedimiento general y cómo se inicia
este, por medio de una declaración jurada, que puede tener diferentes denominaciones según la
jurisdicción. También, detalla que se deberá hacer un estudio de impacto ambiental (EsIA) a
requerimiento de las autoridades y cómo se realiza la declaración de aprobación o rechazo que
concluye el trámite. El artículo establece:
Las personas físicas o jurídicas darán inicio al procedimiento con la presentación de una
declaración jurada, en la que se manifieste si las obras o actividades afectarán el
ambiente. Las autoridades competentes determinarán la presentación de un estudio de
impacto ambiental, cuyos requerimientos estarán detallados en ley particular y, en
consecuencia, deberán realizar una evaluación de impacto ambiental y emitir una
declaración de impacto ambiental en la que se manifieste la aprobación o rechazo de los
estudios presentados.13
13 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 12. 28 de noviembre de 2002
Es importante distinguir entre la EIA del EsIA, debido a que la primera se refiere a la tarea
(análisis), el procedimiento, que realiza el Estado sobre la actividad y los estudios presentados;
mientras que la segunda es lo que el proponente presenta sobre un proyecto, acción u obra (su
declaración de la relación del proyecto, obra u acción sobre el ambiente).
Algunos autores consideran la EIA como una herramienta de vital importancia a los efectos de
definir la línea de base y riesgos asegurables. Es utilizada para hacer referencia al conjunto de
actividades técnicas y científicas destinadas a predecir los impactos ambientales, positivos o
negativos, de un proyecto y sus alternativas.
La actual ley de base chilena resalta, en cambio, su función como informe científico y lo
define como el «documento que describe pormenorizadamente las características de un
proyecto o actividad que se requiere llevar a cabo, el cual debe proporcionar antecedentes
fundados para su predicción, identificación e interpretación de su impacto ambiental y
describir la o las acciones que implementará o para impedir o minimizar los efectos
adversos». (Juliá, s.f., https://lc.cx/FHAeXI)
En la mayoría de los casos, son los organismos ambientales los responsables de implementar la
EIA, ya que —como instituciones encargadas de establecer las modalidades, el trámite, los
requisitos, las formalidades y las exigencias sobre los documentos que se presentan (avisos de
proyectos, declaraciones de impacto o EsIA)— tienen fundamentalmente a su cargo evaluar y
organizar el procedimiento y los recursos humanos que se requieren y luego su control. Esto
remarca la importancia de que el organismo ambiental sea el encargado de establecer un proceso
de administración ambiental que garantice las distintas instancias del trámite.
En materia ambiental, cada nivel de gobierno ha asignado atribuciones, competencias y creando
espacios específicos para atender la problemática, exigiendo que las instituciones ambientales
utilicen esta herramienta de política y gestión en su actividad ambiental. Con esta ley de PMA se
homogeneizan las bases exigibles a los estudios, tal como establece el artículo 132 de la Ley
General de Ambiente: “los estudios de impacto ambiental deberán contener, como mínimo, una
descripción detallada del proyecto de la obra o actividad a realizar, la identificación de las
consecuencias sobre el ambiente y las acciones destinadas a mitigar los efectos negativos”14.
14 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 13. 28 de noviembre de 2002
En el proceso de elaboración del EsIA, se solicitan básicamente cuestiones tales como la
descripción pormenorizada del proyecto o actividad a realizar y sus alternativas; diagnóstico
ambiental del área de influencia geográfica; descripción y análisis de aquellos efectos o impactos
significativos del proyecto y sus alternativas; medidas para minimizar o eliminar efectos adversos;
planes, seguimiento monitoreos y contingencias, y un resumen de los impactos. Estas cuestiones
deben cubrir el ex ante, el durante, el funcionamiento u operación, el cierre y el poscierre.
Cubiertas las cuestiones de fondo, se agregan otros aspectos, como los objetivos específicos y
las necesidades de las acciones; obras o proyectos propuestos, y análisis costo-beneficio en
general. Si tomamos una guía —por ejemplo— de un análisis encontramos los siguientes
componentes básicos referidos al medio natural: medio antrópico, problemas ambientales
actuales y áreas de valor natural y cultural (en sus instancias de preproyecto, funcionamiento,
cierre y poscierre).
Entre los aspectos relevantes, se encuentra la incorporación de alternativas en un proyecto
susceptible de causar impacto, lo que es importante tener en cuenta desde el inicio del proyecto.
Se pueden mencionar como alternativas aquellas que tienen que ver con el sitio o localización, la
naturaleza del proyecto o tecnología, con ingeniería y diseño, fuentes de energía, abandono del
proyecto, el no proyecto y sus consecuencias, entre otros.
Otro aspecto que habitualmente se destaca es el área de influencia del proyecto, donde se debe
considerar el área geográfica en que se van a producir los efectos ambientales estimados;
pueden ser distintas áreas en un mismo proyecto. Las influencias pueden ser directas e indirectas
y, en ciertos casos, se requiere una síntesis de diagnósticos ambientales de dicha área.
Las modalidades en que debe describirse el proyecto son propias de las guías ambientales, más
que lo definido en las leyes, que establecen pocas pautas generales.
Cada jurisdicción utiliza esta herramienta, otorgándole particularidades de tipo administrativo y
respetando los requerimientos mínimos. En particular, el instrumento cuenta con los requisitos
esenciales de la información y de participación, como parte integrante del procedimiento.
La interjurisdiccionalidad complejiza la aplicación de la herramienta, sin embargo, puede leerse en
el anexo de la ley que “el COFEMA tendrá los siguientes objetivos: […] exigir y controlar la
realización de estudios de impacto ambiental, en emprendimientos de efectos
interjurisdiccionales, nacionales e internacionales”15. Pero, en concreto, no viene asumiéndose por
parte de este organismo la facultad asignada, lo cual trae muchos conflictos interjurisdiccionales
sobre la temática ambiental.
15 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Anexo 2. 28 de noviembre de 2002
La educación ambiental
La educación ambiental es un objetivo de la política ambiental, que está explicitado en el inciso h,
del artículo 2 de la ley. También, está definida en los artículos 14 y 15 de la ley, donde se
establecen los aspectos generales a tener en cuenta. La educación se define en el artículo 14 del
siguiente modo:
Constituye el instrumento básico para generar en los ciudadanos, valores,
comportamientos y actitudes que sean acordes con un ambiente equilibrado, propendan a
la preservación de los recursos naturales y su utilización sostenible, y mejoren la calidad
de vida de la población.16
16 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 14. 28 de noviembre de 2002
Mediante el artículo 15, se caracteriza a la educación como proceso continuo y permanente;
definiendo la política que debe seguirse. También se incorporan elementos a observarse, tales
como la constante actualización que, como resultado de la orientación y articulación de las
diversas disciplinas y experiencias educativas, deberá facilitar la percepción integral del ambiente
y el desarrollo de una conciencia ambiental.
La coordinación se plantea a través de los dos consejos federales —el COFEMA y el Consejo
Federal de Educación (CFE)—, en orden al diseño de planes y programas de educación formal y
no formal. Cada jurisdicción lo debe implementar de acuerdo con sus características específicas.
Estos requisitos mínimos establecidos se verán complementados por la Ley 27621, para la
implementación de la educación ambiental integral en Argentina.
La información ambiental
La información ambiental es el siguiente instrumento de la ley contenido en los artículos 16, 17 y
18. En el artículo 16, se define quiénes tienen a su cargo el deber de informar en materia
ambiental: “las personas físicas y jurídicas, públicas o privadas, deberán proporcionar la
información que esté relacionada con la calidad ambiental y referida a las actividades que
desarrollan”17.
17 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 16. 28 de noviembre de 2002
Como contrapartida, aparece el derecho a acceder a la información ambiental y los términos en
que puede obtenerse: “todo habitante podrá obtener de las autoridades la información ambiental
que administren y que no se encuentre contemplada legalmente como reservada”18.
18 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 17. 28 de noviembre de 2002
La definición de un derecho y un deber para los ciudadanos y las obligaciones que tiene el Estado
de administrar la información conforman el marco general de información ambiental (otorgando
los diferentes roles: «puedo acceder», «debo informar», «se debe administrar»).
La información ambiental forma parte de los derechos de acceso y se encuentra directamente
relacionada con la participación ciudadana y el acceso a la justicia.
Teniendo en cuenta la necesidad de generar y administrar la información ambiental existente, se
establece que, a través de la autoridad nacional, se deberá desarrollar un sistema de información
nacional integrado que administre los datos y evalúe la información disponible; el cual “deberá
proyectar y mantener un sistema de toma de datos sobre los parámetros ambientales básicos,
estableciendo los mecanismos necesarios para la instrumentación efectiva a través del Consejo
Federal de Medio Ambiente (COFEMA)”19.
19 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 17. 28 de noviembre de 2002
La obligación de las autoridades responsables de informar —establecida en el artículo 18— sobre
el estado del ambiente y los posibles efectos de las actividades antrópicas actuales y proyectadas
se exige concretamente. Dice la Ley:
El Poder Ejecutivo, a través de los organismos competentes, elaborará un informe anual
sobre la situación ambiental del país que presentará al Congreso de la Nación. El referido
informe contendrá un análisis y evaluación sobre el estado de la sustentabilidad ambiental
en lo ecológico, económico, social y cultural de todo el territorio nacional.20
20 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 18. 28 de noviembre de 2002
Los informes anuales constituyen la información existente a nivel nacional, la valoración de la
gestión realizada por el propio organismo y se conforma como elemento base para contar con
información actualizada. La elaboración anual es una obligación que debe realizar el Ministerio de
Ambiente y Desarrollo Sostenible.
Participación ciudadana
La participación ciudadana se encuentra reglada como PMA en los artículos 19, 20 y 21 de la Ley
General de Ambiente. En primer término, aparece como el derecho que tiene toda persona a ser
consultada y a opinar en procedimientos administrativos que se relacionen con la preservación y
protección del ambiente, que sean de incidencia general o particular, y de alcance general (siendo
observado el «a ser consultada» por el Poder Ejecutivo).
La participación, como derecho a opinar, a formar parte de la toma de decisión, se concentra
particularmente en los casos en que las acciones, actividades u obras pudieran afectar el
ambiente. Para estos casos —que no es el único o la única modalidad de participar—, la ley
incorpora una herramienta específica: las audiencias públicas.
Las autoridades deberán institucionalizar procedimientos de consultas o audiencias
públicas como instancias obligatorias para la autorización de aquellas actividades que
puedan generar efectos negativos y significativos sobre el ambiente. La opinión u objeción
de los participantes no será vinculante para las autoridades convocantes; pero, en caso de
que estas presenten opinión contraria a los resultados alcanzados en la audiencia o
consulta pública, deberán fundamentarla y hacerla pública.21
21 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 20. 28 de noviembre de 2002
La audiencia pública como instrumento de participación ciudadana ha recibido multiplicidad de
críticas en su implementación. Se dice que se pierde el objetivo o que se acota básicamente a
«escuchar», más que en ser escuchados. Se demanda habitualmente que sean vinculantes,
cuando es una característica propia de las audiencias públicas —como instrumento de
participación indirecta— que no sean vinculantes. Además, configuran un espacio donde se
presentan las dudas, las inquietudes, los posibles impactos; es una instancia que debió
configurarse más certeramente para opinar y para que los ciudadanos sean escuchados (en
forma reglamentada y acotada) más que para escuchar. El Estado, en tal sentido, aún debe
implementar las variadas modalidades de participación ciudadana que no se agotan en la
instancia de la audiencia pública y que permitan viabilizar el ejercicio de este derecho.
La ley determina en qué casos debe asegurarse especialmente la participación: “en los
procedimientos de evaluación de impacto ambiental y en los planes y programas de ordenamiento
ambiental del territorio, en particular, en las etapas de planificación y evaluación de resultados”22.
22 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 21. 28 de noviembre de 2002
En general, la variedad de los instrumentos de gestión ambiental no se agota en estos, sino que
son ampliados y especificados, en algunos casos, en la normativa sectorial de PMA, incluso en
los PMAC de cada provincia. Un ejemplo de ello es la EAE (evaluación ambiental estratégica)
orientada a la evaluación de políticas públicas, que se centra principalmente en la participación e
información interna, en su primera fase.
El mayor o menor desarrollo de estos y otros instrumentos, y su concreta aplicación en las
diferentes provincias, permite tener un espectro sobre la gestión ambiental en cada territorio.
Los instrumentos de política y gestión están orientados, por una parte, a los sectores
gubernamentales para la toma de decisión, la planificación, el control y fiscalización de
actividades, entre otros. En general, son de carácter preventivo. Por otra parte, algunos
instrumentos están más orientados al habitante, al ciudadano, de tal manera que le permita
controlar las acciones y decisiones gubernamentales, informarse, participar, etc.
La interjurisdiccionalidad complejiza su eficiencia en muchos casos y es allí donde tiene
importancia el rol concreto de organismos con funciones también específicas.
Los efectos que la norma ambiental busca —en la mayor parte de los casos— requiere de la
aplicación de instrumentos de gestión ambiental para llegar al terreno, a la situación, al caso, al
evento. Es esa misma norma la que atribuye funciones y atribuciones en órganos de aplicación,
los cuales son los principales responsables por velar por su correcta observancia.
El seguro ambiental y el fondo de restauración son enumerados como instrumentos de política y
gestión ambiental en el artículo 22 de la ley. Se instituye el seguro ambiental como del siguiente
modo:
Toda persona física o jurídica, pública o privada, que realice actividades riesgosas para el
ambiente, los ecosistemas y sus elementos constitutivos, deberá contratar un seguro de
cobertura con entidad suficiente para garantizar el financiamiento de la recomposición del
daño que en su tipo pudiere producir.23
23 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 22. 28 de noviembre de 2002
La necesidad regular este seguro desde los aspectos ambientales y con los requerimientos de la
Superintendencia de Seguros llevó a importantes tratativas para fijar los requisitos y condiciones
para los tipos de actividades que iban a quedar inmersas en esa obligación.
Asimismo, la ley establece que “según el caso y las posibilidades, se podrá integrar un fondo de
restauración ambiental que posibilite la instrumentación de acciones de reparación”24. Esto —
explican Juliá y Del Campo (2023)— generó debates sobre quién administraría el fondo, de qué
manera, cuáles serían las prioridades a la hora de ejecutar los fondos, etc.
24 Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. Art. 22. 28 de noviembre de 2002
Sistema Federal Ambiental
Juliá y Del Campo (2023), respecto al Sistema Federal Ambiental, explican:
Entre los objetivos de la política ambiental está el de establecer un Sistema Federal
Ambiental de coordinación interjurisdiccional para la implementación de las políticas a nivel
nacional y regional. Mediante el artículo 23 [de la Ley General de Ambiente], se explicita
un sistema federal ambiental, cuyo objeto es desarrollar la coordinación de la política
ambiental tendiente al logro del desarrollo sustentable entre el gobierno nacional, los
gobiernos provinciales y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El organismo definido por
la ley, como el encargado de articular este sistema, con la responsabilidad de
instrumentarlo, es el Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA), cuya acta
constitutiva se realiza en 1990, producto del Pacto Federal Ambiental y se reconoce e
integra formalmente en la Ley General del Ambiente.
La ley general ha operativizado en la forma más clara, el concepto y la definición del Dr.
Pedro J. Frías del federalismo de concertación en materia ambiental, y esta idea, en la
cual se alinean muchos constitucionalistas para defender el federalismo, se manifiesta en
la manera de formular y ejecutar la política ambiental en el marco del sistema.
Las leyes de PMA han delegado en el COFEMA muchos aspectos a consensuar en forma
previa, que van a permitir la implementación de las leyes de presupuestos mínimos
(ejemplo de ello es la determinación de los niveles de riesgo en la Ley 25612).
Si se analizan todas las leyes, a excepción de la referida a gestión ambiental de aguas
(Ley 25688, que es la única que no remite a discusión o consenso en el COFEMA), existe
una permanente remisión al COFEMA para el acuerdo, consenso y definición de muchos
de los temas.
El desarrollo del COFEMA, desde su creación en 1990, ha conformado una historia de
acuerdos y disensos de los representantes de las provincias y regiones, otorgando a la
dinámica de discusión de la política ambiental una particular característica.
Los consejos federales en sí mismos tienen una vocación y un rol trascendente en la
definición de las políticas relacionadas con el tema para el cual fueron creados, como en el
caso que nos ocupa: el ambiente.
La diversidad y extensión de nuestro territorio, así como las características geográficas y
climáticas, han conformado regiones con características diversas y problemáticas
comunes que comparten algunas provincias y otras no. Es evidente que las
administraciones provinciales comparten un conjunto de problemas comunes sobre los
cuales pueden intercambiar experiencias, coordinar políticas y reflexionar acerca de sus
problemas en distintos ámbitos, como los que han dado origen a los consejos federales.
Existen, por otra parte, áreas en las que distintas administraciones necesariamente
confluyen en sus competencias y jurisdicciones, como son algunos temas
interjurisdiccionales donde se ven involucradas dos o más provincias y la Nación en su rol
de coordinador de políticas, y que han motivado, en muchos casos, la conformación de
ámbitos para el acuerdo, el consenso y la resolución de conflictos en los cuales los
distintos actores involucrados compartan una instancia en común.
Las provincias, en uso de sus propias atribuciones, han generado la creación de consejos
federales como el ámbito propicio para la discusión, el debate, la coordinación política, la
generación de acuerdos y consensos para la ejecución de políticas sobre ciertas temáticas
determinadas.
Los consejos federales conforman un ámbito donde todos los actores, gestores de una
política en común, se sientan a la mesa del diálogo en igualdad de condiciones. Ellos son
los representantes de las administraciones provinciales, el representante de la
administración nacional y también el de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Los temas que convocan a la creación de un consejo federal tienen la amplitud propia de
los ámbitos administrativos que representan y que forman parte de la estructura
organizacional de las administraciones públicas, tanto nacionales como provinciales, y que
se encuentran convocadas y aunadas por una temática común que deben gestionar.
La vocación federal de ciertas áreas de Gobierno ha sido el motor para incentivar la
conformación de ámbitos de participación y discusión de los problemas compartidos por
las distintas administraciones en los diferentes ámbitos jurisdiccionales.
Las provincias argentinas han tenido un constante protagonismo en los consejos federales
en las diversas temáticas que hoy existen y les han dado jerarquía y relevancia a través de
las discusiones, los acuerdos, la políticas concertadas y consensuadas en su seno,
informando y difundiendo sus logros, objetivos y problemas.
En materia administrativa, nada impide la actuación conjunta de organismos, los cuales,
en el marco de sus atribuciones, pueden llevar a cabo una serie de actividades tendientes
a la prevención y tareas de inspección, control y fiscalización.
La coordinación interjurisdiccional supone un esfuerzo mayor, ya que la relación entre los
distintos niveles gubernamentales es de mayor complejidad, existiendo numerosas formas
e instancias para su implementación.
La ley define los objetivos de la política, los instrumentos de aplicación y gestión, pero la
formulación y ejecución la discute en el ámbito creado para concertar en materia
ambiental, el COFEMA.
Esta nueva propuesta requiere un nuevo ejercicio democrático que va a demandar una
importante labor política y técnica en los distintos ámbitos o niveles gubernamentales
dedicados a atender la problemática ambiental.
El sector asignado en el gabinete del gobierno nacional, para formular los requerimientos
en la materia y destinado a ejecutar la política ambiental nacional, va a estar condicionado
a concertar con las provincias y la ciudad de Buenos Aires. Tendrá que sentarse a la mesa
de la concertación como uno más, junto a las provincias y a la ciudad de Buenos Aires, en
un pie de igualdad a la hora de concertar en materia ambiental.
A la política nacional ambiental se la ha pensado concertada, coordinada y limitada, en lo
que hace a su ejecución interna, por el respeto a los principios incorporados en la ley. Todo
ello teniendo en cuenta que se ve, en algunos casos, condicionada por los compromisos
internacionales que ha asumido, y asume, el Gobierno argentino en el concierto de
estados al fijar la política exterior Argentina.
Este ejercicio se traslada a cada una de las provincias que componen la nación, ya que
van a llevar a la concertación (en el marco del COFEMA) su problemática interna de
estado, donde deberán acordar con municipios y comunas los aspectos relevantes de la
región.
«Lo federal» queda finalmente reafirmado —en las cargas— en el principio de solidaridad:
«la nación y los Estados provinciales serán responsables de la prevención y mitigación de
los efectos ambientales transfronterizos adversos de su propio accionar, así como de la
minimización de los riesgos ambientales sobre los sistemas ecológicos compartidos», y en
el principio de cooperación: «los recursos naturales y los sistemas ecológicos compartidos
serán utilizados en forma equitativa y racional. El tratamiento y mitigación de las
emergencias ambientales de efectos transfronterizos serán desarrollados en forma
conjunta». Ambos principios se destacan en su valor preventivo.
Referencias
Del Campo, C. (2004). Un nuevo desafío municipal: las nuevas leyes de presupuestos mínimos.
¿Por dónde comenzar?
http://municipios.unq.edu.ar/modules/mislibros/archivos/del%20_campo_cristina.pdf
Juliá, M. (s.f.). Algunas consideraciones legales acerca de la evaluación de impacto ambiental.
https://users.exa.unicen.edu.ar/catedras/evaia/Apuntes%20y%20Clases/Lecturas%20sobre%20EI
A/1.%20ALGUNAS%20CONSIDERACIONES%20LEGALES%20ACERCA%20DE%20LA%20EVA
LUACION%20DE%20IMPACTO%20AMBIENTAL.pdf
Juliá, M. y Del Campo, C. (2023). Manual de Derecho ambiental, con especial énfasis en la
gestión ambiental. Advocatus
Ley 26675 de 2002. Política Ambiental Nacional. 28 de noviembre de 2002