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Mas Que Nada

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—¿Quieres apagar a lámpara? —Des preguntó suavemente.

—De acuerdo. —A Shayne realmente le gustó la idea. Si estaba oscuro,


bien, Des no vería sus defectos o trataría de adivinar que estaba pensando. Él se
incorporó y giró el interruptor dejando la sala oscura, excepto por un pequeño rayo
de luna que entraba por las rendijas de la persiana de la ventana.
Des cogió su mano y envolvió sus dedos alrededor de la palma de Shayne.
—¿Cuánta experiencia tienes, Shayne?
Decidió ser sincero. No tenía sentido mentir. —Un poco.
—¿Cómo qué?
Se encogió de hombros en la oscuridad. —Fui con mi madre y mi abuela el
verano a visitar a mi familia en Ohio. Había un tipo que vivía cerca de mis
parientes y nosotros tonteamos.
—Cuando dices que tonteasteis, tú…
Shayne tomó aire. —Sí. Sólo un par de veces, de todos modos. Las otras
veces nosotros solo nos tocamos el uno al otro e hicimos algunas mamadas.
Des había comenzado a mover sus dedos a lo largo de la mano de Shayne,
por su muñeca y brazo. Un hormigueo de conciencia le atravesó y fue directo a su
polla, provocando que se endureciera al instante.
—¿Estabas tú… él follándote? —Des preguntó.
Él sintió sus orejas arder, era tonto ruborizarse cuando estabas tumbado en la
oscuridad. —Sí.
—¿Te gustó? ¿No te hizo daño?
—Me gustó y, no, él no lo hizo.
Esos fantásticos dedos acariciaban ahora su bíceps, dibujando pequeños
círculos.
—¿Me dejarías follarte?
«Oh, Dios.»
Él abrió su boca para contestar, pero todo lo que pudo decir fue…
Shayne Ralston salió de la librería de la universidad con los brazos llenos de
libros de texto, demasiados libros, comprendió muy pronto, ya que rápidamente se
deslizaron de sus brazos y cayeron al suelo delante de él. Rodando sus ojos ante su
propia estupidez, se arrodilló para recoger sus compras.
—Aquí, déjame —una voz dijo desde arriba.
En un principio Shayne no estuvo seguro de que el chico detrás de la voz le
hablara a él, pero entonces alguien se arrodilló junto a él y colocó sus
desparramados libros en un montón. Shayne miró hacia arriba, listo para agradecer
su ayuda, y se encontró con los ojos verdes más intensos que nunca había visto.
—Hola.
Shayne parpadeó. No solo los ojos eran espectaculares, sino que el resto del
chico hacía juego con ellos. Pómulos altos, oscuro pelo ondulado, bonitos dientes
blancos y rectos, y hoyuelos.
—Um —Shayne susurró. Él rodo sus ojos a sí mismo de nuevo.
Su ayuda estaba ahí de pie, estirándose hacia abajo con su mano extendida,
poniendo a Shayne sobre sus pies. —Debes conseguir una bolsa de libros o una
mochila. Hace más fácil el llevarlos —miró hacia abajo a los que él sostenía con su
gran mano—. Cursos difíciles.
Shayne asintió, sabiendo que era un idiota, mirando fijamente al alto, ancho
de hombros, dios de los hombres.
—Des, ¡vamos! —alguien gritó.
—Tengo que irme. —El hombre entregó los libros a Shayne—. Nos vemos
por ahí.
Y entonces corrió hacia varios tíos fornidos, todos con ese aspecto de
deportistas.
«Duh, Shayne ¿Y qué más?»
—¿Qué estás haciendo? —su mejor amigo, Bart Smith, le preguntó, de
repente allí a su lado.
—Demostrando lo idiota qué soy, en mi primer día, como de costumbre —
Shayne dijo, sacudiendo su cabeza—. ¿Quién era ese? El chico que me ayudó.
Bart, un pelirrojo, bajo y delgado, había sido su mejor amigo desde el jardín
de infancia. —¿Estas bromeando? ¿Debajo de que piedra vives? ¿No le conoces?
Shayne frunció el ceño. —No. ¿Por qué?
Bart suspiró dramáticamente. —Fue a nuestro instituto. Era un sénior
cuando nosotros éramos estudiantes de segundo año. Desmond Stratton. Presidente
del club de estudiantes. Mariscal de campo. También está en el equipo de la
universidad. Todos esos tipos lo están. Se rumorea que llegará a profesional en
algún momento.
—Oh. —Shayne se quedó mirando a la dirección por dónde los deportistas
se habían ido.
—Totalmente fuera de nuestra liga, Shayne —Bart le dio unas palmaditas en
su brazo—. Además, estoy bastante seguro que él está en lo de las tetas y culo.
Él asintió. —¿No lo están todos? Además, no estoy aquí para encontrar
novio. Estoy aquí para obtener mi título en historia.
Bart resopló. —Aburrido. Económicas es donde está la diversión. Vamos.
Consigamos algo para comer. Estoy muerto de hambre.
Unas horas más tarde y con un par de clases bajo su cinturón, Shayne abrió
la puerta de su vieja camioneta destartalada aparcada en el estacionamiento de la
universidad. Miró al cielo y frunció el ceño ante las nubes que se acercaban. Por la
mañana, cuando tuvo que estar dentro, había sigo un día brillante y soleado.
Entrando en su camioneta, Shayne dio vuelta a la llave de encendido y…
nada.
—Oh, por favor, no.
Haciendo muecas, lo intento otra vez… y otra vez.
—¿Necesitas un empujón?
La repentina profunda voz junto a su ventana hizo que Shayne gritara como
si fuera una víctima en una película de terror. Su rostro ardía cuando Shayne volvió
la cabeza para ver a Desmond Stratton de pie junto a su ventana mirando
avergonzado.
Shayne bajo su ventana. —Eh, hola.
—Lo siento, no quise asustarte.
—No me asustaste, eh, exactamente.
—Gritaste —Desmond señaló.
—Un grito de sorpresa, eso es todo. ¿Qué quieres? —Él parpadeó ante lo
cortante que sonó su voz.
—Te pregunté si necesitabas un empujón. Suena como si fuera la batería.
Mordiendo su labio. Shayne asintió. —Tal vez. ¿Sabes de coches?
Desmond se encogió de hombros. —No realmente, pero tengo cables para la
batería y se cómo usarlos. Desmond Stratton.
Cuando Desmond estiró su mano, Shayne pensó que debería tomarla. Su
mano parecía muy pequeña contra la gran mano de Desmond.
—Shayne Ralston. Mucho gusto, Desmond.
—Des. Así es como todos mis amigos me llaman. Traeré mi coche aquí y
podremos dar ese empujón. Enseguida vuelvo.
Shayne miró a Des correr hacia otro grupo de coches aparcados. Suspirando,
se bajó de la camioneta y abrió el capó. Él podía no saber una mierda sobre coches
pero sabía que eso se tenía que hacer.
Parecía que estaba destinado a hacer el ridículo delante de Des. No es como
si realmente importara. El hombre no estaría interesado en alguien como Shayne,
ni tan siquiera como amigo. Y si él se daba cuenta de que Shayne era gay, él
probablemente le golpearía.
Un minuto más tarde, un Mustang negro paró en el lugar libre al lado de la
camioneta de Shayne. Tomó mucha de su fuerza de voluntad no rodar los ojos ante
el coche deportivo. Directo como una maldita flecha.
Des salió llevando sus cables. Su sonrisa era hermosa, brillante. —¿Cuántos
años tiene esta camioneta?
—Bueno, um, es bastante vieja. Era de mi abuelo, realmente. No estoy
seguro de que año es. Yo sólo necesitaba una manera de llegar a las clases.
—Bueno, eso es cool —dijo Des—. Vamos a ponerle en marcha.
Shayne vio como Des fue a su coche y levantó el capó, luego conectó los
cables entre los dos vehículos.
—Está bien, Shayne, entra y trata de arrancarlo —Des indicó.
Él asintió y regresó a su camioneta. Después de dos intentos, su camión
volvió a la vida. Y Shayne lanzó un suspiro de alivio.
Des dio la vuelta acercándose al lado del conductor de su camioneta. —
Vamos a dejarlo por un rato. Yo apostaría a que realmente necesitas una batería
nueva. ¿Vas directo a casa?
—Sí.
—¿Vives por aquí cerca?
—A unos veinte minutos más o menos —dijo Shayne.
Des arrugó su cara. —Espero que sea suficiente para cargarla. Si tienes
problemas por la mañana es posible que tengas que cargarla otra vez. ¿Quieres mi
número de móvil en caso de que necesites llamarme para que te arranque?
Shayne parpadeó. El pensamiento de Des arrancándole aceleró su pulso e
hizo que se pusiera ridículamente caliente. Por no mencionar medio duro. Cosa
qué, por supuesto, rogaba a Dios para que Des no lo notara. Y, duh, Des no quería
decir ese tipo de arranque de ninguna manera.
—Tengo el Club del Auto —soltó de pronto. Una parte de él quería patear su
culo por eso, pero en realidad, contra más a menudo viera a Des, el atleta se daría
cuenta claramente de que Shayne claramente era gay y probablemente material de
saco de boxeo.
—Oh, está bien. —La hermosa sonrisa de Des no disminuyó ni un poco—.
Eh, si no tienes prisa por llegar a casa, algunos de los chicos y yo estamos
acercándonos a Mario’s Pizza. ¿Tal vez te gustaría unirte a nosotros allí?
Pánico instantáneo le asaltó. ¿Un lugar de pizza lleno de homófobos
deportistas? Ni en un millón de años. No era tan estúpido. Shayne solo esperaba no
verse tan mareado como se sentía.
—Yo realmente tengo que llegar a casa —dijo suavemente
Des asintió. —Sin problema. En otro momento, ¿tal vez?
—Seguro.
—Voy por los cables. —Des se fue y desconectó todo. Él agitó los cables—.
Nos vemos, Shayne.
—Gracias de nuevo, Desmond.
—Des.
—Uh, sí, Des.
Shayne salió del aparcamiento y condujo alejándose, sintiéndose un poco
como si tal vez él se hubiera0 perdido algo, pero no estaba realmente seguro de lo
que podía ser. Le restó importancia e hizo el corto trayecto a casa. Estacionó en la
entrada del garaje y a regañadientes apagó el motor. Si no arrancaba por la mañana
suponía que podría tomar el autobús a clase o pedir a Bart que le llevara, a pesar de
que Bart no tenía clases por la mañana.
—Eh, mamá, estoy en casa —llamó mientras caminaba dentro de la sencilla
vivienda unifamiliar que consistía en tres dormitorios, un baño, una sala de estar,
una salita, cocina y comedor. Las casas del Valle San Fernando habían sido
construidas en algún momento en la década de los 50 y Shayne había crecido allí.
—Estoy aquí —ella gritó desde el comedor.
Él sabía, mientras se acercaba, que su madre estaba a mitad de arreglar el
pelo de alguien. Probablemente tiñéndole por el olor que llegaba. Su madre había
sido esteticista de un salón hasta que la tienda para la que había trabajado durante
veinte años cerró debido a la muerte del propietario. El salón fue dejado en
herencia al hijo del dueño y a la nuera que lo habían vendido. Desde entonces, su
madre, Jan, arreglaba el pelo en su cocina o comedor.
Efectivamente ahí estaba su madre de metro y medio, con el pelo rubio
platino colocado alto sobre su cabeza en un río de rizos, sus dedos enguantados
aplicando con cuidado un color parecido al magenta en la cabeza de una de sus
mejores clientas, la Sra. Flores. La clienta se sentaba en una silla en el comedor
que su madre había comprado con la intención de atender a sus clientas. Por
supuesto no tenía licencia para arreglar el pelo en casa, pero hasta ahora ella estaba
saliéndose con la suya.
—Hola, dulce, ¿cómo fue la escuela? —Ella le ofreció la mejilla para que la
besara.
—No ha estado mal. Compré todos mis libros. Son una barbaridad. —
Gracias a las ayudas de financiación, él había podido permitirse el lujo de ir a la
Universidad. De lo contrario, suponía que estaría trabajando de dependiente y
soñando.
—Shayne. —Su madre suspiró.
—Lo siento.
La Sra. Flores rio suavemente. —Deja al chico. Él ya no es un bebé. Ahora
es un chico universitario.
Shayne calculaba que sin llegar al metro setenta no era exactamente grande,
¿pero quién era él para discutir?
—¿Necesita que le traiga un café Sra. Flores?
—Ahora mismo no, cariño —ella le despidió.
Asintiendo él se giró hacia su madre. —Voy a saludar a Gramps.
—Bien, calentaré las sobras para la cena más tarde.
Eran solo tres en casa ahora. Su papá había abandonado a su familia cuando
Shayne tenía cinco años. Él tenía otra familia ahora, al otro lado del país en
Pensilvania. En algún lugar, ahí, Shayne tenía tres medio hermanos que nunca
había conocido. En realidad ni tan siquiera intercambió un correo electrónico con
ellos. Él los busco en Facebook y casi solicitó su amistad, pero decidió que no se
molestaría. Ellos no estaban interesados en tener noticias de su viejo hermanastro
mayor.
Él tampoco tenía una verdadera relación con su papá. Hasta que cumplió los
dieciocho, Shayne había recibido una tarjeta de cumpleaños, siempre tarde, con un
billete de veinte dentro. Shayne, diligentemente, siempre le había dado las gracias
a su padre. Aunque una vez que cumplió los dieciocho, las tarjetas cesaron.
También la obligación de preocuparse, supuso.
Solían ser su mamá, él y sus abuelos. Pero su abuela había fallecido hacía
tres años y Gramps nunca había vuelto a ser el mismo.
Encontró a su frágil abuelo sentado sobre el sofá de la salita. La televisión
conectada, pero Gramps tenía puestas sus gafas de lectura y leía detenidamente el
periódico que había doblado sobre su regazo sin hacer caso a lo que emitían en la
televisión. Un vistazo a la pantalla mostró el programa del Dr. Phil.
Shayne sonrió y se sentó al lado del papá de su madre en el sofá. —Eh,
Gramps, ¿cómo estás?
—Bien, ¿cómo fue el primer día de instituto? —Gramps preguntó, sus gafas
deslizándose por su fina nariz.
—Universidad. Ahora estoy en la universidad.
—Ah, correcto.
—De todos modos, todo fue bien. Las clases a las que hoy he ido parecen
bastante cool.
Gramps frunció el ceño. —Ah, entonces, probablemente deberías llevar
jersey, Shayne.1
Su corazón se apretó, Shayne rio y acarició la pierna del anciano. —Tienes
razón, Gramps. Lo haré.
—¿Encontraste alguna bonita muchacha en tu primer día?
—No. ¿No te acuerdas? Soy gay —explicó pacientemente.
El anciano asintió. —Es verdad —él pareció considerar eso y luego sonrió—
. ¿Encontraste a algún bonito muchacho?
Shayne sonrió. —Vi unos cuantos. Realmente no encontré ninguno. —No
contando a Desmond Stratton, por supuesto. Pero, él no contaba. No realmente—.
¿Algo interesante en el periódico?
Gramps resopló. —La misma basura de siempre. Ese tipo fue asesinado, este
banco fue robado, este político traicionó a su esposa. Ha sido así desde que yo
tenía tu edad.
Él asintió. —Sí, algunas cosas no cambian nunca. ¿Quieres que te traiga una
taza de té?
—Sí, ¿cómo la que me hiciste el otro día con esas nuevas hiervas?
—¿El verde?
Su cara se animó, Gramps sonrió. —Sí, ese me gustó. Hazme un poco de
ese.
Shayne se levantó y se inclinó hacia abajo para besar la cima de la cabeza
calva de su abuelo. —Ahora vuelvo, Gramps.
Tarde o temprano, se imaginaba, él y su madre tendrían que sentarse y
hablar del futuro de Gramps. No era algo sobre lo que cualquiera de ellos quisiera
1
El abuelo confunde «cold» con «cool»
pensar. Shayne preferiría morir antes de dañar a su abuelo. Él había sido el único
padre que Shayne realmente había tenido.
Y ahora él había logrado deprimirse. Se estaba volviendo demasiado
sentimental.
—Necesito echar un polvo —refunfuñó mientras llenaba la tetera.
¿Por qué ese pensamiento trajo la bonita sonrisa de Desmond Stratton a su
mente?
—¿Estoy perdiendo mi toque? —Desmond Stratton preguntó a su primo,
Evan Caruthers, mientras alcanzaba un trozo de la enorme pizza de 28 pulgadas
por la que Mario’s era famoso.
—Absolutamente —Evan dijo sin pausa.
—Gracioso. Hablo en serio —Des echó un vistazo a la mesa con sus
compañeros de equipo. La mayor parte de ellos estaban devorando la pizza a una
velocidad alarmante. Así que estaban prestando muy poca atención a Evan y a él.
Evan, un rubio alto y delgado, inclinó su cabeza para mirar a Des. —¿Te
refieres a tu brazo de lanzador?
—No, no en el futbol —Des se aclaró la garganta—. Sexualmente.
Su primo resopló. —¿De que estas hablando?
Des suspiró. —Esta mañana y esta tarde también, traté de conectar con mi
encanto y…
—Espera, espera —Evan se rio—. ¿Dices que alguien no cayó a tus pies
desmayado?
Frunciendo el ceño, Des bebió un sorbo de su Cola. —No. Bien… sí, él no
lo hizo.
Y joder, eso picaba. Shayne era caliente. Él había pensado que el tipo del
pelo oscuro, con la mirada oscura y emotiva de artista había sido apuesto en el
instituto, pero ahora, después de no haberlo visto durante unos años, Des apenas
podía apartar la vista cuando Shayne estaba alrededor. Él estaba hipnotizado.
Evan sonrió. —¿Estás seguro de que esos tipos eran gais?
—Un tipo. Las dos veces. Y mi radar gay lo detectó todas las veces. Ya me
había fijado en el antes en el instituto, en realidad.
—Espera, ¿recuerdas a ese tipo del instituto?
—Sí, Shayne Ralston.
Evan sacudió su cabeza. —No puedo decir que le recuerde.
Des resoplo. —Estabas jodiendo con Sandy todavía.
Evan enrojeció. —Ella era bonita y una animadora. Lo estaba intentando.
Él asintió. —Lo sé. Y para ser justos él era un estudiante de segundo año. Tú
probablemente no les prestabas mucha atención.
—Nunca le mencionaste. ¿Tienes un enamoramiento?
—No, no es un enamoramiento, exactamente. Solo que siempre he pensado
que era lindo del tipo de artista bohemio. Con esos ojos oscuros emotivos y la piel
pálida. —Se movió, dándose cuenta de que Shayne le había golpeado duro. Y
ahora Shayne estaba más caliente que nunca. En el presente las puntas de su pelo
negro estaban teñidas de azul fluorescente, lo que Des encontraba realmente
atractivo.
Evan sonrió. —Uh… uh. Lo pillo. Él definitivamente es tu tipo.
—Era. No creo que él se fijara en mí en absoluto.
Evan tomo un mordisco de pizza.
—¿Cómo lo sabes? ¿Qué ocurrió exactamente?
Des se encogió de hombros. —Bien, la primera vez solo recogí los libros
que se le cayeron, de modo que no fue un gran encuentro, imagino, pero esta tarde
su camioneta no arrancaba así que le ayudé a arrancarla.
—¿Y?
—Le pregunté si quedábamos luego y dijo no.
Evan se estremeció. —Ah.
—Sí, ah.
—¿Qué le dijiste que haríais? —Evan agarró otra rebanada de pizza.
—Venir a Mario’s esta noche.
Su primo rodó sus ojos. —Tío, tal vez es tímido y no quiere que su primera
cita sea con el equipo de fútbol de la universidad.
Des abrió su boca y luego la cerró. Él pensó en ello. —Bien, no le dije que
era con el equipo, solo le dije que eran algunos tipos.
—Él probablemente sabe con quién sales si te recuerda y si no lo hace no
haría falta ser un genio para imaginárselo.
—Bien, ¿entonces piensas que debería intentarlo otra vez?
—Tal vez él no esté interesado.
Des frunció el ceño, lo que hizo que Evan se riera. —Nunca lo sabrás si no
lo preguntas. La mayoría de los hombres gais que conozco están interesados en ti.
Des resopló. —Ahora estas exagerando.
Evan hecho un vistazo a los otros en la mesa, luego sacó su cartera, extrajo
un par de dólares, y los sacudió sobre la mesa. —Por poco. Me tengo que ir.
Prometí a mi hermana que la llevaría a ella y a sus amigas a Target.
Él sonrió. —Eres un buen tipo.
Evan se ruborizó. —Lo que sea. Te veré más tarde. Y pregúntale a ese tipo
otra vez.
Des aparcó calle abajo de su casa y apagó el motor, pero no se bajó. Había
sitios más cerca, pero entonces alguien de su familia miraría por la ventana y
notaría que él estaba en casa. No estaba listo para esto aún.
A veces era un infierno vivir una mentira. Una mentira de ese tipo de todos
modos. No estaba exactamente fuera, pero tampoco estaba dentro. Eh, lo que sea.
Ciertos amigos íntimos y confidentes lo sabían. Él y su primo, Evan, habían
sido con el que cada una de ellos había salido en el instituto. Los dos habían estado
fingiendo. Evan incluso había llegado a tener una novia. Des había tenido también
unas cuantas, tratando de encontrar la magia que le haría olvidar que le gustaban
los tipos. No había pasado por supuesto.
Des sabía que si él quería una carrera en el fútbol profesional algún día, no
podía ser abiertamente gay. Esto era el modo en que funcionaba. Así que había
llegado a una conclusión, hasta que se decidiera de una u otra manera… hasta que
averiguara que ofertas tendría, tendría que permanecer en el armario para la
mayoría de la gente, y eso incluía a su familia.
Su padre era de la vieja escuela. Muy macho y duro. Aunque no era
exactamente homofóbico, su padre era más bien de «estar de acuerdo contigo
mientras tú no le decías a nadie que eras gay». «No preguntes, no digas» era la
norma en su casa.
Ahora mismo lamentaba no poder ser él mismo delante de su familia. Sí, era
su opción el ocultarlo, pero eso no le hacía sentirse menos miserable.
Había pensado decírselo a su hermana, Ángela, que parecía ser la que tenía
la mente más abierta de su familia, pero sabía que su hermana no guardaba los
secretos muy bien. Su hermano mayor, Matt, se parecía demasiado a su padre. Y él
sabía que su madre no quería saber que su hijo era gay. Ella había hecho los
suficientes comentarios durante años para darle esa pista.
Así que, ¿por qué estaba interesado en ver a Shayne? Des no estaba seguro.
Por lo general solo tenía conexiones ocasionales, nada serio. Él no pensaba en
relaciones porque no era justo pedir al otro tipo que lo ocultara. Aun así, Shayne no
parecía del tipo de conexión ocasional. Y Des no pensaba que lo fuera tampoco.
Desde luego, hasta ahora, considerando el desinterés de Shayne, todo era
bastante discutible. Des sacudió la cabeza y finalmente salió del coche. No podía
evitar a su familia para siempre, pero eso también le recordó que cuanto antes
consiguiera su propio lugar, mejor. Su padre le había preguntado si quería quedarse
en un dormitorio durante el primer año de universidad, pero el lado práctico de Des
había dicho que no, desde casa estaba casi igual de cerca de la universidad. Ahora
lamentaba aquella decisión.
Se acercó al paso de peatones entre dos perfectamente recortados arbustos,
cortesía de su madre, Des inmediatamente fue saludado por el perro de la familia
que había podido abrir la puerta mosquitera con la pata.
El feliz Golden Retriever saltó sobre él, poniendo sus patas delanteras sobre
su estómago.
—¡Eh!, Bree —Des se rio y frotó su cabeza—. Abajo, chica.
Continuó meneando su cola y todo su cuerpo mientras entraban en la casa.
El olor a pollo asado y patatas al horno le golpeó en cuanto dio un paso dentro.
La perfecta familia de clase media. O eso parecería desde fuera.
Él dio la vuelta a la esquina encontrándose con su madre, el delantal atado
alrededor de ella como si fuera Mrs. Cleaver o algo así, saliendo de la cocina con
la bandeja del pollo.
Ella sonrió, pero su sonrisa carecía de calor. Típico de su familia; eran todo
un espectáculo. —Aquí estas. Pensé que te perderías la cena. Ya está todo listo.
Des sacudió su cabeza. —Comí con los chicos en Mario’s.
Su boca se torció. —No sé por qué me complico haciendo la cena para esta
familia. Son todos un montón de mocosos malcriados.
—Lo siento, mamá.
—¿Tú lo sientes? Dame un respiro. Cuando seas seleccionado por la NFL
será mejor que cuides de mí por una vez. —Ella se fue hacia el comedor y cerró
del golpe la puerta—. Sal de mi vista.
Él se dio la vuelta y se dirigió a la escalera que conducía al segundo piso a
los dormitorios. Durante los últimos años había oído la misma cosa siendo repetida
por cada miembro de su familia. «Cuando seas seleccionado. Cuando seas
famosos. Cuando seas el quarterback estrella…»
Ninguno de ellos parecía dar una mierda por lo que él quería. Una parte de él
quería ser un quarterback en la NFL. Por supuesto, hacer millones sería fantástico.
Pero otra parte estaba tan cansada de fingir, huir de quien era y gritar por libertad.
Después de que llegó a su dormitorio, cerró la puerta y giró la llave. La
gente en su casa tenía tendencia a ignorar las fronteras personales.
Tumbándose sobre su espalda en su cama, su mente una vez más volvió a
Shayne. Quería a Shayne, no había ninguna razón para mentirse a sí mismo. Por un
pequeño momento, cuando él le había dado los libros a Shayne esta mañana, pensó
ver un pequeño atisbo de interés en los oscuros ojos del hombre. Pero esta tarde
cuando lo ayudó con su camioneta definitivamente no estaba ahí.
Él solamente debería olvidar a Shayne y mantenerse en la línea de las
conexiones ocasionales. No podía tener nada serio antes de que tomara una
decisión sobre el fútbol. Si quería seguir ese camino, con quien quiera que
estuviera tendría que ocultarse durante toda su carrera de quarterback. Des no
podía pedir eso a nadie, y por alguna razón, sobre todo no a Shayne.
Des resopló. Como si eso importara a menos que pudiera conseguir mostrar
a Shayne su interés una vez más.
El cerró sus ojos y evocó los besables labios de Shayne. Des quería
probarlos. Quería hacer que Shayne gimiera, aferrándose a Des mientras ellos se
besaban como si necesitaran ese contacto más que nada.
«Mierda, ¿cuándo me volví tan jodidamente tonto?»
Gimiendo, Des decidió tomar una ducha, y estaba bastante seguro de que
pasaría una gran parte de esa ducha masturbándose mientas pensaba en Shayne.
Henri’s Diner no estaba lejos del campus universitario así que no era ningún
sorpresa que estuviera atestado de estudiantes cuando Shayne y Bart llegaron al día
siguiente después de las clases de la mañana.
—Quince minutos de espera —la camarera que estaba masticando un chicle
les dijo.
Bart se colocó en un taburete de plástico rojo para esperar. Shayne, notando
que su amigo había cogido el último sitio, se colocó de pie a su lado, enfrente del
mostrador de la camarera.
—No mires ahora, Shayne, pero Stratton y sus seguidores acaban de entrar.
Por su puesto en cuanto alguien decía no mirar, pues tú mirabas. Shayne se
giró ligeramente y revisó por encima de su hombro hacia la puerta. En efecto
Desmond Stratton y un grupo de otros tres chicos había entrado en el comedor.
Suspirando con pesar, Shayne murmuro. —Voy al baño de los chicos. Ahora
vuelvo.
Atravesó la multitud de gente que estaba en el vestíbulo y fue por el corto
pasillo a los servicios. Shayne estaba en el baño, acababa de meterse de vuelta sus
vaqueros cuando la puerta se abrió y Desmond Stratton entró.
—Hola de nuevo —Desmond dijo. Sonrió y fue al wáter.
Shayne apartó la mirada. Le gustaría ver cómo era la polla del hombre, pero
la última cosa que necesitaba era que algún deportista golpeara su cabeza porque
estaba mirando su polla.
—Hola. —Fue al lavabo y limpió sus manos.
Desmond sonrió. —Pienso, basándome en los libros que dejaste caer ayer,
que podríamos estar en algunas clases juntos.
—¿Lo estamos?
—Sí. ¿Cuál es tu especialidad?
Shayne se estiró por las toallas de papel. —Historia.
—¡Um! ¿Qué planeas hacer con eso?
—Enseñar probablemente.
Desmond sonrió de nuevo. —Serias un buen profesor.
Él no estaba seguro de si era un elogio o no. —¿Qué harás tú, Desmond?
—Llámame Des, ¿recuerdas? Biología, en realidad.
La mandíbula de Shayne cayó. —¿Biología? ¿Tú?
—Lo sé, ¿verdad? ¿Un deportista como yo con cerebro?
Su cara se calentó y él aparto la mirada. —Yo… yo lo siento.
Des se rio. —Está bien. Conozco el estereotipo. Conseguí matricula en el
instituto. Y mi asignatura favorita siempre ha sido ciencias.
—Lo siento. Odio los estereotipos. Debería saberlo. —Shayne dio un paso
alejándose, demasiado consciente del hombre cerca de él—. Debería regresar con
mi amigo, Bart. Esperamos por una mesa.
—¿Sois solo vosotros dos? —Des preguntó.
—Sí.
—Tal vez podemos decirle a la camarera que nos sentara a todos juntos, así
seriamos seis.
—No sé si es una buena idea. —Podía imaginase cuánto le querría matar
Bart.
—Oh, ¿estás en una cita? ¿Vosotros queréis estar solos?
—¿Una cita? No.
—¿Bart no es tu novio?
Oh, Dios mío.
—¿Sabes que soy gay? —Lo soltó antes de que pudiera controlarse. Y luego
se ruborizó hasta las raíces de su cabello.
Des sólo le dio una hermosa sonrisa perfecta. —Sí. ¿Así qué Bart y tú no
estáis juntos?
—Nosotros solo somos amigos.
—Entonces vamos, sentaros con nosotros. No te preocupes, los chicos son
cool, Shayne.
Shayne mordió su labio inferior. —No creo que Bart se sienta cómodo.
—Ve a preguntarle —Des empujó la puerta para abrirla y se dirigió de
nuevo al vestíbulo.
«Oh, mierda.»
Él se apresuró detrás de Des. Bart iba a matarle. Se congeló de golpe cuando
vio que Des ya había alcanzado a Bart. La mirada fija de su amigo se dirigió a
Shayne, los ojos azules estrechados una fracción. Shayne se estremeció y articuló,
«lo siento».
De mala gana, Shayne se acercó a ellos.
Des se giró —¡Eh! Aquí estas. Bart dijo que lo dejaba en tus manos.
«Bien, ahora voy a matar a Bart.»
Su estómago se apretó, abrió la boca para contestar cuando uno de los tipos
que estaba con Des vino y colocó su brazo alrededor de los hombros de Des.
—¿Qué pasa, Des?
—¡Eh! Evan. Solo estaba invitando a Shayne y Bart a comer con nosotros.
Evan un rubio atlético, que parecía más bien escandinavo, inclinó su cabeza,
echó un vistazo a Bart durante un momento, entonces volvió a Des. —Bien.
¿Quieres que le diga a la camarera que prepare una mesa para seis?
—¿Shayne? —Des preguntó.
Forzando una sonrisa, dijo—: Bien, ¿por qué no?
—Me debes una grande —Bart susurró furioso mientras ellos siguieron a la
camarera a la mesa.
—No ha sido culpa mía, él insistió.
Bart rodó sus ojos. —Ellos van a patear nuestros culos en el aparcamiento.
Él sacudió su cabeza. —No lo creo. Des parece estar bien.
—¿Des? Dios. De todos modos, estoy seguro de que solo están jugando con
nosotros. Espera y verás. —Bart se dirigió al otro lado de la mesa para sentarse
junto a la ventana y Shayne comenzó a dirigirse allí para sentarse a su lado.
—Shayne, ven siéntate a mi lado —Des agarró su brazo y lo llevó a un
asiento al otro lado de Bart en cambio.
Bart había sido abusado mucho en la escuela porque él era pequeño, delgado
y bonito. Por tipos iguales a Des y sus amigos. Él nunca se lo perdonaría si estos
tipos se comportaban con Bart como los gilipollas que le habían jodido en el
instituto.
—Eh, ¿qué está mal? —Des preguntó, inclinándose sobre Shayne para
preguntarle con voz tranquila.
—Esto… pienso que esto es un error.
Des frunció el ceño. —¿Qué? ¿Por qué?
Él suspiro. —Mira. No sé de qué va esto, pero no quiero ser tu víctima y
estoy seguro como el infierno que no quiero que Bart lo sea.
—¿Victima? Shayne, ¿de qué demonios estás hablando?
Shayne apretó sus dientes. —Tus chicos aterrorizan a Bart.
Des les echó un vistazo. —No te entiendo.
—Le asustan los tipos como tú, ¿vale? Él piensa que os estáis sentando con
nosotros para terminar golpeándonos. —Shayne se estremeció, odiaba el miedo y
la desesperación que oyó en su propia voz.
—¿Realmente tienes una opinión tan baja de mí? —Des sacudió su cabeza—
. No me senté contigo para hacer nada. Solo pienso que eres bonito. Vosotros
chicos podéis iros si es lo que queréis. No va a pasarte nada. Tienes mi palabra.
La humillación quemaba su garganta, Shayne dijo—: Lo siento.
Des se encogió de hombros. —Lo que sea. No es gran cosa.
La amenaza de las lágrimas picaba en sus ojos. Shayne sabía que tenía que
salir de allí y rápidamente. Él no quería que Des o cualquiera de sus amigos le
viera llorar. No es que fuera a hacerlo, por supuesto.
Shayne apartó su silla y se levantó. Sin mirar a ninguno de los tipos en la
mesa, se dio la vuelta y se apresuró por el comedor hacia las puertas, no paró hasta
que llegó al aparcamiento. Tomó su inhalador del bolsillo y aspiró.
—¡Eh! ¿Estás bien? —Bart preguntó, saliendo del restaurante
precipitadamente hacia él.
Él asintió. —Sí. Lo siento.
—¿Qué pasó ahí atrás?
Shayne tomó otro soplo, luego metió el inhalador en su bolsillo.
Pellizcándose el puente de su nariz. —No lo sé. Lo jodí a lo grande.
—Bien, solo vamos a salir de aquí. ¿Quieres ir por comida rápida?
—Podemos ir si tú quieres. Realmente ya no tengo hambre.
Bart agarró su mano y lo condujo hacia el viejo Nissan de Bart. —¿Te dijo
algo desagradable?
—No. Él solo… eso no importa. Siento habernos metido en ese estúpido lío.
Bart rio. —Primera semana de nervios en la escuela ¿eh?
—Sí, eso creo —Shayne rio—. Espero que se haga más fácil.
—¿Qué demonios fue eso? —Evan exigió. Sus dos compañeros de equipo,
Doug y Frank, hablaban del próximo partido y los prestaban poca atención.
Des gimió y alcanzó el café que la camarera acababa de traerle. Después de
que ella tomara su pedido, él dijo—: Me imagino que fui demasiado directo
Evan rodó los ojos. —¿Así que ese es el tipo del que hablabas ayer?
—Sí. ¿No te acuerdas de él?
Su primo se encogió de hombros. —No. Ahora, el otro tipo. ¿Bart? Es
caliente.
—Bart Smith. Sabía que pensarías así. Por eso estoy sorprendido de que no
le recuerdes del instituto.
—Aún no he conseguido una oportunidad para hablar con él —Evan se
encogió de hombros—. Lo que algunos pierden otros lo ganan.
Des no estaba tan seguro de si estaba listo para tirar la toalla en lo
concerniente a Shayne. Le gustaban los desafíos y la baja opinión que Shayne tenía
de él definitivamente era un desafío.
—Él está en algunas de mis clases, a juzgar por sus libros. O al menos
espero que lo esté. —Des no había pensado en ello, pero era posible que las clases
de Shayne fueran a diferentes horas.
—¿Bart?
—No, idiota. Shayne. —Echó un vistazo a Doug y Frank para ver que ellos
seguían sin prestarles atención. Él bajó la voz, y dijo—: No estoy listo para
rendirme. Pienso que tal vez pueda convencerle.
Evan sonrió con satisfacción. —¿Para meterte en sus pantalones?
—Desde luego. Dos o tres veces parecía que estaba casi listo para darme una
oportunidad, así que hay esperanza.
La camarera llegó y colocó sus platos.
—Incansable optimista. —Evan apuñaló sus cebollas doradas a la sartén—.
Tal vez pueda conseguir un tiro con Bart entonces.
Doug le miró. —¿Qué están conspirando ustedes?
—Nada —Des dijo—. Solo videojuegos.
Doug asintió. —¿Qué pasa con esos dos idiotas a los que invitaste a sentarse
con nosotros?
—Ellos fueron al instituto con nosotros. Son tipos agradables.

Su compañero de equipo resopló. —Espero que no planees comprometerte


entonces. Ellos no son del tipo Omega Sigma Tau2.
—No. —Des no estaba seguro de que él lo fuera, pero su familia siempre
había ido a aquella universidad y todos los hombres de su familia siempre se
comprometían con la fraternidad OST. Des había hecho lo que se había esperado
de él. Pero nunca expondría a Shayne a las gilipolleces de una fraternidad.
—Bien —dijo Frank—. Y sin ofender, Des, pero la próxima vez que quieras
comer con esos tipos, no me incluyas. Tú puedes estar de acuerdo con los
maricones, pero mi religión me dice que no deberían ser tolerados ni animados.
Su mandíbula se apretó.
—Déjalo ir —Evan susurró.
Des sacudió su cabeza. —Bien, realmente es una ofensa. Tú puedes pensar
lo que quieras, Frank, pero no vuelvas a usar ese término a mí alrededor de nuevo.
¿Lo pillas?
Frank rodó sus ojos. —Lo que sea.
Des abrió su boca y Evan empujó una patata frita en ella.

2
Según Internet, es una Fraternidad asiática de la UCLA.
—Déjalo ir —dijo Evan otra vez—. Él es un imbécil. No merece la pena.
Él asintió. —Bien, pero no está invitado a cualquier cosa que yo haga de
ahora en adelante, Evan. No puedo aguantar esa mierda.
—De acuerdo —Evan suspiró—. Vale, solo consigue la cuenta y salgamos
de aquí.

Des estaba yendo a su clase de microbiología un par de tardes después


cuando descubrió a Shayne apoyado contra una pared de ladrillo. Shayne no estaba
solo. Otro estudiante, de espaldas a Des, se apoyaba muy cerca de Shayne,
invadiendo su espacio personal, algo que preocupaba a Des. Apretó sus manos
mientras veía al otro tipo inclinar su cabeza y besar a Shayne. Fue como si un
viento helado le atravesara.
¿Shayne tenía novio? Ahora que lo pensaba, Shayne sólo le había dicho que
no estaba con Bart, no que él no tuviera un novio distinto.
Shayne rompió el beso, se rio y luego juguetonamente tocó el pecho del tipo.
Apartando una punzada de celos, Des se dio la vuelta alejándose de la vista. No
tenía ningún derecho de preocuparse por a quien besaba Shayne. Y debería llegar a
clase de todos modos.
Des se alejó, su humor más bien agrio ahora. Tal vez era el menor mal de
todos modos. Aunque algunas personas supieran de su sexualidad, la mayoría no lo
hacían. Entre las becas y el dinero que sus padres le daban él estaba pagando la
universidad, y Des se imaginó que si sus puritanos y religiosos padres se enteraban
de su sexualidad le cortarían los fondos para la universidad. Tal vez incluso
cortaran con Des.
—Eh, Des. —Sabía de quien era esa voz como mantequilla derretida sin
mirar. Durante varias noche él había soñado con esa voz que gritaba su nombre una
y otra vez mientras Des bombeaba en él.
Y solo así, todos los pensamientos de no hacer caso a Shayne salieron
volando por la ventana. Se dio la vuelta para afrontar a Shayne, que le sonrió
tentadoramente. El pelo negro del hombre estaba ligeramente despeinado como si
el tipo con el que había estado besándose hacía un rato hubiera pasado sus dedos
por su pelo.
—Hola.
—Escucha —Shayne dijo suavemente—. Quiero pedirte perdón por lo del
otro día. Largarme del restaurante así y, bueno, las cosas que dije.
Des asintió. —Está bien. Aunque lamento que salieras corriendo. Realmente
quería llegar a conocerte. Aunque, no sabía que tenías novio.
—¿Novio? Nah, no tengo.
Él frunció el ceño y señaló hacia la pared contra la que Shayne
recientemente había estado apoyado. —¿Entonces quién era ese tipo con su lengua
en tu garganta?
Shayne rodó sus ojos. —No es mi novio, quería salir conmigo. Él es un
poco…
—¿Invasivo?
Shayne rio bajo. —Yo iba a decir persuasivo.
—Bien, sin ofender pero, parecías estar bien con eso —Des luchó para evitar
fruncir el ceño, sabiendo perfectamente que no sería apropiado.
El otro hombre se encogió de hombros. —Él es bueno besando.
Su mandíbula se apretó. —Umm.
—De todos modos, realmente quería pedir perdón. En mi defensa, Bart tiene
algunas experiencias pasadas con deportistas bastante malas, y adivino que soy un
poco protector con él.
—No todos somos iguales, Shayne.
Shayne se puso rojo. —Lo sé. Bueno, intento asimilar eso. Sé honesto…
¿eres gay? Yo no pensaba que lo fueras.
Des dio un paso más cerca de Shayne hasta que ellos quedaron a solo unas
pulgadas de distancia. Otros estudiantes pasaron por delante de ellos camino a sus
clases, pero Des no les prestó atención.
—Sal conmigo y te lo mostraré —Des se oyó decir. Tal vez un poco directo
pero nunca nadie le había acusado de ser suave.
—Bien…
Y sin pensar el ello, Des se inclinó para besar a Shayne. Si el otro tipo era
bueno besando Des quería ser asombroso. Pero cuando los ojos oscuros de Shayne
se ensancharon, Des supo que no podía besarlo. No aquí, donde cualquiera pudiera
verles. Él se apartó, sintiéndose como el burro que seguramente era.
—Shayne —Des se aclaró la garganta—. ¿Cuándo vas a salir con ese tipo?
Shayne frunció el ceño. —El viernes, ¿por qué?
—Sal conmigo esta noche. —Si él tenía algo que decir, Shayne rompería la
cita con el otro tipo.
—¿Esta noche?
—Sí, déjame llevarte a una cena agradable. Incluso iré a recogerte.
—No sé, Des.
Des suspiró. —¿Crees que soy feo?
Shayne sacudió su cabeza.
»¿Poco atractivo de alguna manera?
—Bueno…
Su corazón se hundió. —Oh.
—No.
La mano de Shayne se apoyó en el antebrazo de Des. Él no podía apartar su
mirada de la vista de Shayne tocándole. Incluso ese pequeño contacto le hacía
volverse loco.
—Lo que quiero decir es que te encuentro realmente atractivo. Solo… yo no
me cito con tipos como tú.
—¿Por qué nos encuentras tontos y superficiales? —Des se rio—. Sé que
tienes una opinión muy baja de mí. Déjame cambiar eso. Nunca lo sabrás si no me
das una oportunidad.
El otro hombre apartó la mirada unos segundos, pero no movió su mano,
todavía agarrando el brazo de Des y él no podía menos que sentirse esperanzado
debido a ello.
Finalmente le miró; los ojos oscuros de Shayne penetrando muy dentro del
alma de Des. —Ok.

Exactamente a las siete de esa noche, Des paró su Mustang hasta que se
detuvo delante de la casa cuya dirección Shayne le había proporcionado. Su plan
era llevar a Shayne a un restaurante junto al mar en Pacific Coast Highway en
Malibu. Sí, estaría demasiado oscuro para apreciar la vista, pero sería romántico y
también lo suficientemente lejos de la universidad lo que hacía mucho menos
probable que alguien reconociera a Des y conjeturara que él estaba en una cita.
Comprobó su aspecto en el espejo retrovisor para asegurarse de que no tenía
nada fuera de su sitio. No quería quedar en ridículo si aparecía en su cita con un
moco en su nariz o algo así. Satisfecho de que estaba presentable, Des se bajó y se
dirigió por el paso de peatones a la puerta de la casa.
Des se había vestido con pantalones caqui y una camisa marrón. El
restaurante era bastante casual, pero quería dar una buena impresión tanto a Shayne
como a su familia si es que los conocía. Probablemente estaba pasado de moda el
pensar así.
Él toco el timbre y esperó.
Después de lo que pareció una eternidad, la puerta se abrió y un frágil
anciano se asomó mirándole más bien con desconfianza.
—¿Qué está haciendo aquí en mi puerta? —el anciano preguntó.
—Yo… yo he venido a ver a Shayne.
—Ya era hora de que aparecieras. —Él se apartó para dejar a Des pasar.
—¿Cuándo fue la última vez que le viste?
—¿Qué?
—No importa. Estás aquí ahora. Shayne, tu papá está aquí.
Des sacudió su cabeza. —Espere, ¿qué?
—¿Mi papá? Gramps, que… —Shayne que entraba en el vestíbulo, se
detuvo—. Gramps, este no es mi papá.
—¿No lo es? —El anciano se dio la vuelta para inspeccionar a Des—. Bien,
¿entonces quién es usted y qué quiere?
—Este es Desmond, mi cita —Shayne explicó pacientemente.
Durante un momento, el abuelo de Shayne siguió mirando confuso, pero
entonces se rio y se giró hacia Des, ofreciendo su mano.
—Harvey Young. Yo soy el padre de la madre de Shayne.
Des estrechó su mano. —Des Stratton. Encantado de conocerle, Sr. Young.
—Tráele a la cocina, Shayne —una mujer dijo desde dentro de la casa.
Shayne rodó sus ojos y sus orejas enrojecieron, pero gesticuló hacia la
entrada. —Por aquí.
Ellos atravesaron una sala de estar más bien desordenada pero acogedora y
pasaron delante de un comedor que parecía que estaba preparado para un negocio
más que para comer. Una peluquería, por lo que Des podía imaginar gracias a la
silla ajustable, el espejo y la colección de productos para el pelo.
Shayne aclaró su garganta y mordió su labio. —Mi, eh, madre es peluquera.
En la cocina estaba una mujer bastante baja, rechoncha con rizos rubio
platino que caían en torrentes sobre su espalda. Estaba en el fregadero, lavando los
platos. Ella se dio la vuelta y se limpió las manos sobre el paño de cocina y se
acercó.
—¡Tú debes ser Desmond! He oído hablar de ti.
—Mamá —Shayne murmuró conteniendo el aliento.
Ella no le hizo caso y estudió a Des con ojo crítico antes de sonreír una vez
más. —Eres tan apuesto como Shayne dijo.
—¡Yo no dije eso!
Ella agitó su mano. —Algo parecido. Así que ¿vais a salir a cenar?
—Sí, señora —Des dijo.
—Y educado, también. —Ella inclinó su cabeza—. ¿Alguna vez has
pensado darte algunos toques de luz?
Él frunció el ceño —¿Toques de luz?
—Para tu pelo. Ah, es bonito, pero sería aún más bonito con tal vez un poco
de color ciruela brillando en él.
—Oh por… nosotros mejor nos vamos —Shayne agarró su brazo—. Ella
está obsesionada con conseguir que todo el mundo tenga un pelo único. ¿Por qué
piensas que tengo mi pelo teñido?
—Me gustan tus puntas azules.
—¡Ves! —dijo la madre de Shayne triunfante mientras ellos se apresuraban
a salir.
—No la animes.
Ellos salieron y Shayne se relajó al instante, exhalando suavemente.
—Ellos parecen muy agradables.
Shayne asintió. —Lo son. Lamento lo de mi abuelo. Él viene y va.
Él sonrió. —Está bien. Venga, vamos a cenar.
—Esto es realmente agradable —Shayne dijo, después de que les habían
sentado en una mesa para dos en la esquina junto a la ventana. La mesa tenía una
vela y servicio para dos. El anfitrión había quitado las dos copas de vino vacías.
Des sonrió. —Lamento que no haya mucha luz para apreciar la vista. Es
asombroso en el verano.
Él levantó el menú para estudiarlo. —¿Traes a muchas citas aquí?
—En realidad, tú eres el primero. Aunque he estado aquí con mi familia.
Cuando era un niño. No venimos por aquí desde hace tiempo.
Él no se perdió la tristeza en la voz de Des, entonces bajó su menú. Estaba
bastante claro que Des tenía un pequeño ceño en su cara.
—Es una lástima. ¿Alguna razón en particular?
Des apartó la vista de la mesa, entonces su mirada se levantó. —Las familias
se distancian cuando ellos no tienen nada en común. Nosotros tenemos intereses
diferentes. En aquel entonces todos éramos más felices, más libres. Sin tanta
presión sobre nosotros.
—¿Te sientes presionado, Des?
—A veces me aplasta —él sacudió su cabeza—. Pero no quiero deprimirnos.
Esto se supone que es sobre tú y yo y nuestra primera de muchas citas.
Shayne sonrió. —Un optimista.
—Tengo que serlo en lo que a ti respecta. Tú sigues apartándome.
—No lo hago. —Shayne se mordió su labio cuando Des levantó una ceja—.
Bien, vale, tal vez lo hago. Es solo… los tipos como tú generalmente están fuera de
mi liga.
—¿Quiénes son los tipos como yo?
—Atletas, deportistas machitos, chicos de fraternidad, esa clase. —Él sintió
que se ruborizaba y lamentaba no poder meterse lentamente bajo la mesa, pero era
la verdad. Des era todo eso y Shayne era solo un tipo normal.
La camarera llegó y tomó su órdenes de bebida, té helado para los dos y Des
pidió un aperitivo de camarones para ellos.
—Seguro que hay muchos tipos que encajan en los estereotipos habituales,
Shayne, pero yo no soy uno de ellos. Estoy muy atraído por ti y muy interesado.
Creo que eres magnífico.
Shayne estaba bastante seguro de que él no era magnífico, nunca lo había
sido y nunca lo sería, pero no quería ser uno de esos tipos que intentaban ser
humildes y terminaban por sonar todo lo contrario, entonces él sonrió. —Gracias.
Des también sonrió. —Ahora que hemos sacado esto del camino, adivino
que llegamos a la parte de la cita donde averiguamos más el uno sobre el otro. ¿Por
qué no empiezas tú?
Él rodó sus ojos. —Sabía qué ibas a hacer eso.
—Es que soy… predecible.
Shayne resopló. —Bien, tú has conocido a mi familia. Solo somos mi mamá,
Gramps y yo. Mi abuela murió hace tres años.
—Tú papa se marchó, ¿verdad?
Él se estremeció, recordando a Gramps pensando que Des era el padre de
Shayne. —Sí, cuando yo era solo un niño. Él ahora tiene una nueva familia.
Realmente no le conozco. Gramps, eh, él está en las primeras etapas del
Alzheimer. Mamá y yo lo vigilamos de cerca, desde que ella trabaja en casa es
sobre todo su trabajo. Yo ayudo cuando estoy en casa.
Des asintió. —¿Trabajas a media jornada o algo?
—Debería, probablemente sería una ayuda, pero aún no. No puedo trabajar
demasiadas horas de todos modos y conseguir la ayuda económica para pagar la
universidad. ¿Qué hay de ti?
—Con el fútbol y la escuela, francamente, no tengo tiempo para un trabajo
ahora mismo —admitió Des—. Conseguí una beca que paga la mayor parte. Gasto
el dinero de mis padres y de una herencia de mi tía.
Él pensó que debería ser agradable tener un fondo fiduciario y ser un atleta
estrella con el mundo a tu entera disposición, pero Shayne no era estúpido. Él sabía
que todo venía con un precio y Des ya había admitido que sentía mucha presión.
—¿Y sobre el fútbol? ¿Vas a hacerte profesional? —Shayne no sabía mucho
de deportes, ya que nunca había estado ni remotamente interesado, pero no vivía en
una burbuja y sabía lo que Bart le había dicho; Des era un gran estratega y tenía a
muchos equipos interesados en él.
Des se encogió de hombros. —Es muy posible que lo haga. Depende de las
ofertas. Mientras tanto, trabajaré en mi licenciatura.
—¿Qué piensas hacer con eso? Digo si hacerte jugador profesional no
funciona.
La camarera se acercó a la mesa con sus tés helados y el cóctel de camarón.
—¿Chicos están ya listos para pedir?
Des sonrió a Shayne. —Lo estoy. ¿Qué hay de ti?
Él realmente no había mirado mucho el menú, pero echó un vistazo rápido y
luego lo cerró. —Tomaré la ensalada de atún. El aliño a un lado, por favor.
—Buena elección —dijo Des—. Yo tomaré el mahi mahi, a la parrilla, sin
mantequilla, con verduras cocidas al vapor.
Shayne se imaginó que siendo un atleta Des no comería nada como pescado
con patatas fritas. Él decidió pedir algo sano para sí mismo así no tendría que
escuchar una conferencia sobre arterias o algo de eso. Una vez, durante el verano,
Shayne había estado en una cita con un tipo que quería ser nutricionista. El tipo
tuvo un ataque cuando Shayne pidió una hamburguesa.
—De todos modos —Des dijo, colocando su pajita en el vaso de té helado—
. Imagino, que yo siempre he pensado que tal vez sería un doctor. Así qué, la
respuesta a tu pregunta es, una vez que consiga el grado en biología, continuaría en
la facultad de medicina. He estado tomado algunas clases dirigidas a esa
posibilidad.
—Guau, ¿un doctor? Nunca lo habría pensado.
—¿La cosa del deportista otra vez? —Des sonrió satisfecho.
Shayne tuvo la gracia de volver a ruborizarse. Él aclaró su garganta. —Eh,
no. Solo… yo no sé por qué. Apuesto a que tus padres preferirían que escogieras
ser médico.
Des sacudió su cabeza. —Para nada. Ellos están por el futbol profesional
incondicionalmente. Mi papá jugó en el instituto, pero nunca fue lo bastante bueno.
—¿Así que vive su sueño en ti? —Shayne volvió a pensar en el comentario
sobre la presión.
—Demasiado. El fútbol siempre ha sido una gran cosa en mi familia.
—¿Tienes hermanos?
—Sí, mi hermano, Matt y mi hermana, Ángela.
Shayne asintió. —¿Tu hermano también juega?
—Algo en el instituto, pero él entró en el ejército. Quiere ser piloto —Des se
encogió de hombros—. También es una carrera que mi familia aprueba.
—De todos modos, yo pienso que medico también lo sería.
—Seguramente ellos no me repudiarían y hablarían con orgullo de su hijo el
médico, pero tanto mejor si hablan de su hijo el famoso quarterback.
Él descubrió más que un poco de amargura en el tono de Des, pero decidió
dejarlo pasar. Ya que ésta era su primera cita, las opciones de Des apenas eran su
asunto. Y él no podía negar que sentía cierta obligación hacia su propia familia.
—Prueba los camarones —dijo Des, señalando al cóctel de camarón en una
gran copa entre ellos—. Es fantástico.
Un rato más tarde, sus tripas llenas y el postre terminado, Des sacó su
cartera para pagar la cuenta. Shayne buscó la suya en su bolsillo trasero.
—No, yo te invité a cenar —Des apartó su dinero.
Ya que Shayne no tenía mucho dinero decidió no discutir el tema. Si ellos
salían otra vez habría nuevas oportunidades para que él pagara.
En el camino de vuelta a su casa, Shayne se preguntó si invitaría a Des
dentro. Era más tarde de las nueve, así que su abuelo se habría acostado y sabía
que su madre tampoco les molestaría. Ellos tendrían privacidad si Des quería ir a
su dormitorio. Sospechaba que Des lo haría de buen grado, pero ¿quería Shayne?
Él lo hacía, por supuesto, pero ¿eso lo convertía en una puta? Y si lo hacía, ¿le
preocupaba?
—¿Quieres entrar un rato? —preguntó cuándo Des maniobró su Mustang
hasta que lo paró delante de su casa.
—¿A tu familia no le importará?
Shayne sacudió su cabeza. —No, puedo tener toda la intimidad que quiero.
Des sonrió —Entonces, me gustaría.
Ahora que había preguntado y había sido aceptado, Shayne se sentía
increíblemente nervioso. ¿Qué si Des decidía que realmente no le gustaba Shayne?
¿Qué si se reía? ¿Qué si…?
—¡Eh! ¿Estás bien? —Des cogió la mano de Shayne mientras ellos recorrían
el camino hasta la puerta.
Él forzó una risa despreocupada. —Seguro.
Abrió la puerta y, como pensaba que sería, la casa estaba tranquila y sólo
una lámpara estaba encendida en la sala de estar, dejada para él por su madre.
—Mi habitación es la primera a la izquierda —Shayne explicó. Dejó que
Des fuera delante de él y apagó la luz. Pudo ver un brillo suave bajo la puerta de su
madre, así que sabía que ella probablemente estuviera leyendo o viendo la
televisión, pero no había ninguna luz saliendo del cuarto de su abuelo.
Cuando abrió la puerta de su propio cuarto, Shayne se estremeció. Tenía
algo de ropa en el suelo y un plato de papel vacío sobre el que había tenido una
tostada un par de días antes colocado sobre su escritorio.
Sintió que su cara ardía, Shayne rápidamente recogió un par de calzoncillos
y los vaqueros y los puso en el cesto de la ropa sucia, luego lanzó el plato a la
papelera. —Lo siento.
Des se rio. —No te preocupes. Mi cuarto se ve igual. ¿Te importa que cierre
la puerta?
—No, buena idea.
Des cerró la puerta del dormitorio de Shayne y casi le preguntó para
bloquearla, pero realmente no sabía si su madre o abuelo vendrían corriendo a su
cuarto a no ser que él gritara que estaba siendo asesinado.
Tragándose el impulso de decirle a Des que se fuera después de todo,
Shayne apagó la luz del techo, dejando su cuarto iluminado sólo por una pequeña
lámpara de dragón verde que había comprado en una feria el año anterior. Esta
estaba sobre la mesilla al lado de la cama de matrimonio de Shayne, que estaba
colocada al otro lado de la ventana de la habitación.
—¿Está bien si me siento sobre tu cama? —Des preguntó, y Shayne asintió,
feliz de que Des tomara un papel activo ya que él no estaba seguro de que hacer o
cómo afrontar esto.
Des se quitó sus zapatillas de loneta, pero dejó su ropa intacta y se acostó
sobre el lado de la cama más cercano a la ventana. Él acarició el espacio al lado
suyo.
Siguiendo su ejemplo, Shayne descartó sus zapatos y se colocó al lado de
Des, sobre su espalda, como Des había hecho. Él contuvo el aliento, preguntándose
si Des podría adivinar que era un poco friki.
Des se giró un poco de lado para poder mirar a Shayne, así que Shayne hizo
lo mismo. Parecía grosero no mirar a Des si él le estaba mirando. Des se rio
suavemente pero Shayne se sintió aliviado cuando solo vio amabilidad y deseo
sexual.
—¿Quieres apagar la lámpara? —Des preguntó suavemente.
—Bien. —A Shayne realmente le gustaba la idea. Si estaba oscuro, Des no
vería todos sus defectos o trataría de adivinar lo que él estaba pensando. Él se
estiró y apagó la lámpara, el cuarto se volvió oscuro, salvo por un pequeño halo de
luz de la luna que entraba por las rendijas de la persiana.
Des cogió su mano y envolvió sus dedos alrededor de la palma de Shayne.
—¿Cuánta experiencia tienes, Shayne?
Él decidió ser honesto. Mentir no tenía sentido. —Sólo un poco.
—¿Cómo qué?
Él se encogió en la oscuridad. —Fui con mi madre y mi abuelo durante el
verano a visitar a la familia en Ohio. Había un tipo que vivía cerca de mis parientes
y jugueteamos.
—Cuando dices juguetear, tú…
Shayne tragó. —Sí. Únicamente un par de veces. Las otras veces solo nos
masturbamos el uno al otro e hicimos algunas mamadas.
Des había comenzado a acariciar con sus dedos la mano de Shayne, por su
muñeca y hasta su brazo. Escalofríos le recorrieron y fueron directos a su polla,
causando que se endureciera al instante.
—¿Eras tú…? ¿él te folló? —Des preguntó.
Él sintió sus orejas ardiendo, era tonto ruborizarse cuando todo estaba
oscuro. —Sí.
—¿Y te gustó? ¿Él no te hizo daño?
—Me gustó y, no, él no me hizo daño.
Aquellos fantásticos dedos ahora acariciaban su bíceps, dibujando pequeños
círculos. —¿Me dejarías follarte?
«Oh, Dios».
Él abrió su boca para contestar, pero todo lo que salió fue un chirrido.
»Seré amable, Shayne.
—Bien —él finalmente logró decir la palabra—. ¿Con cuántos has estado
tú?
—No mucho. Tres.
—¿Y los follaste?
Los dedos de Des se deslizaron sobre el pecho de Shayne y acariciaron sobre
su camisa. —Sí. Pero no me preocupaban. No quiero hablar de ellos. Sólo quiero
hablar de ti. Nosotros. Juntos.
Shayne apenas podía pensar, mucho menos formar una respuesta cuando
Des paso su pulgar sobre su labio inferior. Su polla se apretó dolorosamente contra
sus pantalones, estirándose, pulsando. Él movió la mano a su entrepierna para
apretarla buscando alivio.
Era como si Des pudiera ver en la oscuridad, porque de repente su mano
estaba sobre la de Shayne, presionando su polla. Un gemido llegó a sus labios, pero
él no pudo contenerlo.
—¿Tienes material? —Des susurró cerca del oído de Shayne.
—¿Material?
—Condones y lubricante.
El mordió su labio y cerró sus ojos. —Maldición. No tengo condones.
El aliento caliente de Des acarició su cara justo antes de que Shayne sintiera
sus labios sobre su mandíbula.
—Tengo un condón pre lubricado en mi cartera, no te preocupes por eso,
pero necesitamos más lubricante.
Shayne contuvo el aliento. —Lo tengo.
—Excelente. Espero que esté al alcance de la mano porque no quiero que te
muevas. —Una gran mano caliente resbaló bajo su camisa—. Tienes una piel
asombrosa.
—¿Tú crees?
—Definitivamente. Por eso quise apagar la luz. Quería que los únicos
sentidos fueran el tacto, el gusto y el olor.
Él tembló mientras Des pellizcaba su barbilla. —Y sonidos.
—Umm… sí, definitivamente no quiero olvidarme de eso. Quiero oír cada
jadeo que salga de tus labios mientras hago que te corras. —Las manos de Des
bajaron la cremallera de los vaqueros de Shayne—. Vamos a quitarte estos.
—Bien, deja que consiga el lubricante. —Él se giró hacia su lado así podría
alcanzar la mesita de noche donde estaba la lámpara y abrir el cajón de abajo.
Buscó alrededor la pequeña botella que guardaba allí con ciertos objetivos.
Finalmente sus dedos se cerraron alrededor de ella y se la dio a Des.
—Gracias. Me pondré con esto pronto —Des dijo—. En este momento tengo
algo más en mente.
—¿Qué?
—Besarte una y otra vez. —Él ahueco la mandíbula de Shayne, volviendo la
cabeza hacia él—. He estado imaginando el gusto de estos labios desde la primera
vez que te vi.
Todo el cuerpo de Shayne tembló mientras Des se cernía sobre él, su boca a
menos de una pulgada de distancia de la suya ahora. —¿En la librería?
—No —susurró Des, cepillando sus labios sobre los de Shayne demasiado
brevemente, probando.
—¿No? ¿Entonces cuando?
—Te noté en el instituto —Des admitió—. Te quise entonces.
Shayne no podía creerlo y casi llamó a Des mentiroso, pero entonces se
imaginó que Des solo intentaba mostrar su encanto, así que él no discutió el punto.
Los dos iban a conseguir lo que querían de todos modos.
Shayne cerró sus ojos mientras la boca de Des cubría la suya una vez más,
esta vez fue un verdadero beso en lugar de un toque. Des le besó profunda y
duramente, casi doloroso, pero a Shayne le gustaba eso. Oyó un gemido y con
cierta vergüencita supo que había venido de él.
Mientras se besaban, Shayne sintió las manos de Des por todas partes,
tirando de sus pantalones y ropa interior, quitando su camisa. Él se levantó un poco
cuando fue necesario pero de todos modos dejó que Des tomara el mando y de
repente estaba en la oscuridad sobre su cama, desnudo, mientras Des continuaba a
su lado totalmente vestido.
Estaba demasiado excitado para sentir su vulnerabilidad y las manos que
ahora vagaban por su desnuda piel le parecían el cielo. La mano de Des se cerró
sobre la dura polla de Shayne y él gritó lo bastante alto para que los vecinos se
enteraran, pero la boca de Des poseyó la suya, tragando cualquier sonido que
hiciera.
Des apretó su polla, acariciándola sin descanso, tanta sensación era casi
insoportable.
—Des, por favor —logró romper el contacto de sus labios lo suficiente para
suplicar.
—Sí, por favor —Des estuvo de acuerdo—. Por favor córrete. Y después de
que lo hagas, te haré correrte otra vez.
Shayne sacudió su cabeza. —No creo que pueda.
—Puedes, ya verás.
Como si quisieran demostrarlo, las bolas de Shayne se apretaron, y su polla
pulsó con la necesidad de correrse. —Des.
Des sonrió contra sus labios. —Shayne.
Y el sonido de su nombre en la boca de Des finalmente terminó con su
control mientras lanzaba un chorro de semen fuera de su polla y sobre los dedos de
Des que todavía le acariciaban. «Bien, así que de este modo es mejor que hacértelo
tú mismo».
Tratando de recuperar su aliento, Shayne se empujó en la mano de Des,
intentando conseguir que parara de acariciar su carne demasiado sensible.
—Ah, no —Des se rio—. Te lo dije, quiero que te corras otra vez.
—Dame… dame un minuto, ¿por favor?
Des suspiro. —Vale, pero solo uno corto.
Shayne asintió, aunque Des no pudiera verlo en la oscuridad. —¿Qué hay
sobre ti quitándote la ropa ahora?
Des le besó otra vez hasta que estuvieron si aliento. —Podría hacer eso —
dijo cuándo se separó—. Pero creo que la primera vez que te joda, voy a tener mi
ropa puesta.
Él le oyó desatando sus pantalones y sintió el movimiento de Des a su lado
mientras se los bajaba, sin embargo sólo lo justo, al parecer, para exponer su polla.
Shayne se lamió sus labios y se preguntó como de grande era Des en realidad. Solo
había un modo de averiguarlo.
Él se estiro a por la polla de Des.
—Ah, maldición —dijo Des gimiendo mientras el pulgar de Shayne rozaba
sobre su punto. Él era grueso y largo, como Shayne había esperado.
Definitivamente necesitaría mucho lubricante para ser capaz de tomar a Des.
—Tú eres, uh, bastante grande —susurró, sintiendo como se ruborizaba.
—¿Te pone eso nervioso? —Des se giró un poco para afrontarlo, empujando
su eje más cerca del agarre de Shayne. Antes de que Shayne pudiera contestar, Des
robó unos cuantos besos más, ellos se alternaban entre cortos, tentadores y
profundos besos que robaban el alma como si quisiera mantener el interés de
Shayne.
—Un poco. Él tipo con el que estuve no era muy grande. Él era más o menos
de la misma altura y peso que yo y su polla calificaría en una talla bastante
promedio.
—Seré tan paciente como necesites, Shayne, te lo prometo.
Él se preguntó si Des era demasiado bueno para ser verdad. Parecía que lo
era. —Bien.
—¿Bien? Así que, ¿puedo comenzar a tocarte otra vez? —Des preguntó, con
un poco de humor en su voz.
Shayne se rio. —Sí, toca todo lo que quieras.
Y él tocó. Las manos de Des y sus labios estaban por todas partes sobre él,
mientras Shayne siguió acariciando la dura polla de Des. Los dientes pellizcaron su
garganta, sus pezones, sus abdominales. Él jadeaba con cada nueva sensación.
Realmente la reclamación de Des hizo que Shayne sintiera que su propia
polla se revelaba, llenándose otra vez como si no acabara de correrse. Cada vez que
los dedos de Des agarraban su pelo, su polla se engrosaba en apreciación.
—No puedo contenerme mucho más, Shayne. ¿Dónde pusiste el maldito
lubricante?
Los dos comenzaron a buscar en la oscuridad hasta que Des hizo un sonido
de satisfacción.
—Sobre tu estómago —él ordenó. O le pareció una orden a Shayne. De
todos modos accedió, girando para acostarse, aunque deslizó su mano entre el
colchón y su cuerpo para tocar su polla.
Girando su cabeza en la almohada mientras oía el bote de lubricante abrirse,
Shayne esperó para sentir el líquido resbaladizo sobre su piel. No tuvo que esperar
mucho tiempo, un dedo grueso empujó dentro de él, atravesando el anillo de
músculo. Mordió su labio ante la quemadura.
—¿Está bien? —Des preguntó suavemente.
Él tragó. —Claro.
Des empujo su dedo dentro y fuera unas cuantas veces y cada vez la
picadura era un poco menor. Shayne contuvo el aliento.
—Añade otro.
Más lubricante fue lanzado y dos dedos estaban dentro de él, trabajándole,
extendiéndole. La picadura era menor pero todavía hacia que el contuviera el
aliento.
—¿Demasiado rápido? —Los dedos de Des se pararon.
—No, está bien. Solo acostumbrándome.
Des colocó un suave beso en cada una de sus mejillas. —¿Listo para un
tercer dedo?
Él fue a asentir, pero entonces recordó la oscuridad. —Uh, uh.
Añadió más lubricante, por lo que Shayne estaba agradecido. Decidió
entonces que nunca podía haber demasiado lubricante y que si seguía viendo a Des
definitivamente tenía que salir y comprar más. Y también condones.
Los tres dedos empujándose en él le hicieron gemir.
—¿Malo?
—No, no, bueno. —Aunque un poco de la quemadura estaba todavía ahí, lo
bueno pesaba más que lo malo y de repente quería sentir la polla de Des en su culo.
—Estoy listo.
Él oyó como Des tomaba aire. Los dedos se retiraron y Des se sentó hacia
atrás. Oyó el sonido de la hoja de metal al ser rasgada.
La anticipación le sacudió y Shayne se alzó y separó sus rodillas, esperando
que Des le llenara. Él trabajó con dureza sobre su propia polla, sabiendo que estaba
cerca de correrse otra vez.
Los vaqueros de Des rozaron la piel desnuda de Shayne mientras se
colocaba para entrar en Shayne. —Dios, no puedo esperar.
—No lo hagas.
Des gimió, agarrando las nalgas de Shayne para apartarlas, y despacio
empujó su dura polla en el agujero de Shayne.
—Ah, joder, estas tan apretado, Shay.
Él no podía hacer ningún sonido, las palabras atrapadas en su garganta
mientras Des le estiraba y le llenaba. La quemadura de vuelta y él intentando
relajarse lo mejor que podía para dejar entrar a Des. Él quería eso.
Desesperadamente.
»¿Shay? ¿Está todo bien?
—Emm.
—¿Qué significa eso? —La voz de Des parecía amortiguada, su respiración
baja—. ¿Shay?
—Sí, más. —Su cuerpo tembló, sus bolas volviéndose extremadamente
apretadas.
La polla de Des se deslizó más lejos, haciendo todo su camino, y Shayne y
Des gimieron al unísono. Des retrocedió y comenzó a empujar más rápido y
profundo. De algún modo el sentir la ropa de Des rozando contra Shayne mientras
Des se empujaba en él le excitaba. Shayne enterró su cara en la almohada,
sofocando sus gemidos de placer mientras la comezón de otro orgasmo recorría su
espina dorsal.
—Jodidamente bueno —Des dijo, sus caderas agitándose una y otra vez.
—Dessss —siseó, semen cubriendo su mano mientras su polla se liberaba.
—Ah, joder. —Los dedos de Des se clavaron en él mientras se puso rígido y
lleno el condón.
Des se derrumbó sobre él, su aliento saliendo en pesados y cortos jadeos.
Shayne se movió bajo el hombre mucho más pesado y más grande.
—Ah, lo siento —Des se apartó, colocándose junto a él—. ¿Demasiado
pesado?
—Un poco —Shayne sonrió en la oscuridad, el agotamiento haciendo que
sus párpados se cerraran. —Guau.
—Sí, guau. Tenemos que hacerlo de nuevo.
—Ah, Dios.
Des se rio suavemente. —Bien, no ahora. Esperaré hasta mañana antes del
desayuno.
—¿Mañana? —Sus párpados se abrieron y miró fijamente a Des en la
oscuridad—. ¿Tan pronto?
Des se sentó y dio un tirón a su camisa, lanzándola fuera de la cama.
Entonces se acostó y se sacó sus vaqueros. —Oh, sí.
—¿Qué pasa con no tener otro condón?
—Lo que pasa es que guardo una tira de ellos en mi cartera. Yo era un niño
explorador —Des se inclinó y tomó posesión de los labios de Shayne—. ¿Puedo
quedarme? Pienso, solo estoy asumiéndolo.
—Umm. Sí, puedes quedarte.
—Agradable.
Shayne sonrió. —Sí, agradable.
Des se despertó en un cuarto semioscuro, enfrentado a una pared con una
ventana, su brazo alrededor de un cuerpo caliente. Durante un momento, su mente
no podía encontrarle el sentido a nada de esto.
Shayne.
Ahora recordaba, aunque su polla seguramente ya lo hacía. Estaba lo
suficientemente dura como para clavar clavos y adolorida por estar dentro del
hombre que le abrazaba. Shayne se puso de lado poniendo su espalda y culo contra
el pecho y la polla de Des. La posición era perfecta para algo más de diversión. Y
ya que parecía que era demasiado pronto para que nadie se levantara, Des no vio
ninguna razón para no hacerlo.
Alcanzó detrás de sí para sentir el alféizar de la ventana; ahí había puesto la
tira de condones de su cartera y el lubricante la noche anterior antes de dormirse.
Siempre listo, pensó con una sonrisa.
Sin despertar a Shay, rasgó el envoltorio e hizo rodar el condón sobre su
erección, mordiendo su labio para contener el gemido mientras agarraba su polla.
Si no quería correrse antes de estar dentro del hombre en la cama, mejor que no se
tocara demasiado.
Se inclinó cerca de la nuca de Shayne y colocó un beso allí. Después de
todo, él no quería joder a Shayne mientras todavía dormía.
Des movió sus labios a la oreja de Shayne, mientras rozaba su polla
enfundada contra el pliegue del culo de Shayne. —Shay —susurró.
Shayne se revolvió, moviéndose solo un poco, pero sin abrir sus ojos. No
estaba seguro de si estaba despierto o no. Des mordisqueó el lóbulo de la oreja de
Shayne. Una toma de aire brusca le dijo que Shayne se había despertado.
—¿Des? —Shayne parecía desorientado ¿o era ese su modo de despertar?
—Buenos días. —Él arrastró sus labios sobre la oreja de Shayne abajo al
pulso de su garganta—. Te deseo.
Shayne gimió y empujó su culo atrás contra la dolorida polla de Des. —Eso
es obvio.
Des roció el lubricante por todas partes sobre sus dedos. —No creo que
nadie este despierto todavía.
—Ah, sí —dijo Shayne, doblando su cuello para permitir que Des tuviera un
mejor acceso—. Son sólo las cinco y media. Nadie se levanta tan temprano.
Excepto tú, al parecer.
Des se rio bajo y chupó el cuello de Shayne, seguramente había dejado una
marca, pero le gustaba esa idea. Él tenía que hablar con Shayne más tarde sobre
algunas cosas, una de las cuales era que no saldría con el tipo con el que Des le
había visto.
Él levantó la pierna de Shayne con una rodilla e introdujo un dedo lubricado
dentro de la entrada de Shayne. Ante el silbido de Shayne, Des hizo una pausa,
pero entonces Shayne gimió y se empujó contra la intrusión. Tragándose su propio
gemido, Des añadió un segundo dedo, extendiendo a Shayne.
—¿Estas lastimado por otra noche? —Se detuvo para preguntar mientras
pellizcaba el hombro de Shayne.
—Uh, uh.
Vacilante, Des preguntó—: ¿Quieres que me detenga?
—Joder, no. Te mataré si lo haces.
Sonriendo, Des retiró sus dedos y empujó la punta de su polla entre las
perfectas mejillas apretadas de Shayne
«Dios.»
Él estaba listo de correrse con solo introducir la punta, pero empujó adelante
atravesando el anillo de músculos y más lejos aún, hasta que sus bolas golpearon el
culo de Shayne.
—Dios, Des, jódeme —dijo Shayne, jadeando.
Des enganchó su brazo alrededor de la cintura de Shayne y colocó sus
rodillas entre sus piernas para así tener un acceso más fácil mientras aporreaba
dentro de él. Había tenido a otros tipos antes, Des no era ningún virgen. Aunque
siempre había practicado la discreción en su encuentros, nunca había encontrado a
un tipo que deseara como a este, para varias veces, una y otra vez. Tener a Shayne
como novio, es lo que Des admitía que quería. Podría ser difícil, pero tenía la
intención de hacer todo lo posible para convencer a Shayne para que se quedara
con él.
Una de las manos de Shayne trabajó con furia sobre su polla, tirando en
breves empujes frenéticos. Los únicos sonidos en el dormitorio, en ese momento
cuando despuntaban los primeros rayos del alba, eran sus alientos fatigosos y el
golpe de piel desnuda contra piel desnuda mientras Des se empujaba en Shayne
una y otra vez.
»Des, me corro.
Sus propias pelotas apretándose en respuesta. —Gracias a Dios, no puedo
aguantar mucho más tiempo.
Shayne gruñó bajo en su garganta mientras el semen salía disparado sobre su
mano. Des movió sus caderas más rápido, montando su propia poderosa liberación
y enterrando su cara en el cuello de Shayne, tratando de impedir gritar tanto que
despertara a todo el mundo en la casa.
Cuando pudo moverse, Des salió de Shayne despacio, y luego, después de
desechar temporalmente el condón sobre el alféizar, le atrajo cerca. Bostezando
preguntó—: ¿Tienes alguna clase esta mañana?
—Mi primera clase es a las diez —dijo Shayne fatigado—. ¿Tú?
—No hasta esta tarde. —Él suponía que tendría práctica de fútbol pero no
estaba en su mente ir sobre ello esta mañana. No tenía ganas de ir a ningún sitio
aún. Antes de que el sueño lo alcanzara, él realmente quería dejar una cosa clara.
—¿Shay?
—¿Umm?
—No vas a salir con ese tipo el viernes por la noche, ¿verdad? —Esperó no
sonar tan vulnerable como se sintió al hacer esa pregunta. No estaba seguro de lo
que diría si Shayne todavía pensaba ver al otro tipo.
—¿No quieres que lo haga?
—No, no quiero. —En algún nivel, Des sabía que era una equivocación
pedir ahora a Shayne que solo le viera a él, era algo de lo que quería hablar más
tarde cuando ellos estuvieran más despiertos. Pero esto era algo que quería—. Ya
sé que tal vez es un poco demasiado pronto para hablar de ser exclusivos. Eso es lo
que yo quiero. Tenemos que hablar de ello, pero puede esperar hasta que nos
levantemos.
—Bien.
—¿Ese bien significa qué no verás al otro tipo? —Des probó suerte.
Shayne se rio suavemente. —Sí, Des. Pero lo mismo va contigo.
Él sonrió en la semioscuridad. —Confía en mí, no necesitas preocuparte por
eso.
Y luego oyó a Shayne roncar suavemente.

Des despertó por segunda vez esa mañana con la luz del sol brillando a
través de las persianas parcialmente abiertas y la cama vacía. Su mano acarició el
lado del colchón donde Shayne había estado no mucho antes.
De vuelta a la realidad, supuso. Se estiró y se giró hasta el borde de la cama
para ver la hora en el reloj digital de Shayne. Casi las siete y media.
Él salió de la cama y buscó sus pantalones. Pescando su teléfono del bolsillo
trasero, mandó un mensaje a Evan para decirle que no iría al entrenamiento de las
ocho, y luego se puso los vaqueros. Conocía el tipo de casa donde vivía Shayne y
estaba bastante seguro de que solo había un cuarto de baño y estaría en el vestíbulo
junto a los tres dormitorios. Esta era una típica casa en San Fernando Valley
construida en los años cincuenta y todas eran así. Y maldición, Des tenía que hacer
pis.
Des abrió la puerta del dormitorio y asomó su cabeza. No vio que nadie
estuviera al acecho en el vestíbulo, entonces él atravesó la puerta y fue por el
pasillo. Lamentablemente, la maldita puerta del cuarto de baño estaba cerrada y él
podía oír el agua de la ducha. Sin duda a dónde Shayne se había escapado cuando
le había dejado en el dormitorio.
Y entonces cuando se giró para volver al cuarto de Shayne, se dio de lleno
contra la madre de Shayne. —Um, lo siento, Sra. Ralston.
Ella todavía llevaba su pijama y una bata color lila, pero su pelo rubio que le
llegaba hasta el hombro ya había sido peinado y recogido. Ella sonrió. —Lo
primero, llámame Jan. No he sido la Sra. Ralston desde que el papá de Shayne nos
abandonó. Segundo si tienes que ir al cuarto de baño, solo entra. Sólo esta Shayne
dentro. Tercero, cuando hayas terminado, vienes hacia la cocina. He hecho café y
el desayuno casi está terminado.
Él le devolvió su sonrisa, relajándose. —Oh, genial. Gracias.
Ella le guiñó un ojo y desapareció por el pasillo en la dirección de lo que
asumió sería su dormitorio.
Des decidió que tenía que hacer pis con tanta urgencia como para hacer lo
que ella sugirió y dio un golpe corto en la puerta del baño, él giró la manilla y
descubrió que Shayne no había cerrado.
—¿Shay?
—Sí.
—Solo soy yo. Tengo que hacer pis. —El vapor se arremolinaba alrededor
de la ducha y se preguntó como de caliente Shayne la mantenía. Shayne estaba
detrás de una cortina de baño azul tan opaca que, lamentablemente, él no consiguió
ni un vistazo.
—Bien, sigue adelante —Shayne dijo.
Des se ocupó de su negocio, decidió no tirar de la cadena en caso de que eso
quitara agua a la ducha, y luego rápidamente lavó sus manos. —Todo terminado.
—Bien, te veo en un momento —contestó Shayne desde la ducha—. Casi he
terminado.
Des comenzó a ir a la puerta, pero hizo una pausa delante de la cortina del
baño. ¿Importaría que echara una miradita? Anoche había estado demasiado oscuro
para ver mucho e incluso, esta mañana, los rayos de sol no habían sido lo
suficientemente fuertes para que se diera verdadera cuenta del cuerpo de Shayne.
Su mano se curvo sobre el borde de la cortina y la apartó.
Shayne estaba de pie bajo el roció de la ducha, su espalda y culo frente a
Des. A pesar de que Shayne no era una atleta, tenía un musculoso trasero y sus
nalgas eran redondas y perfectas. Des casi se tragó la lengua.
—Pervertido —Shayne dijo sin girarse.
Des se rio. —Lo siento, no puede resistirme.
—Aparentemente. ¿Quieres una vista de frente, también?
—Desde luego, si me la ofreces.
Shayne suspiró. —Bien pero un vistazo rápido. —Él se giró para afrontar a
Des, su paquete de seis solo salpicado levemente de bello. Sus bíceps claramente
definidos y sus pectorales rivalizaban con los de algunos de sus compañeros de
equipo, esculpidos y musculosos sin ser tipo culturista.
—Maldición, Shay, eres jodidamente caliente.
Shayne resopló. —Correcto.
—Es cierto. Demonios, estoy cachondo de nuevo.
—¿Alguna vez no estas cachondo?
Él tenía un punto, Des lo entendía. —Vale, no.
—Márchate. No tendré sexo contigo en la ducha de mi familia —Shayne
agitó sus manos hacia él y se giró para mostrar su culo.
Con un gemido, Des dejó caer la cortina de la ducha, le dijo a su polla que se
comportara y salió del cuarto de baño. Después de recuperar su camisa del
dormitorio y ponérsela, Des fue hacia la cocina.
La madre de Shayne estaba al lado de la cocina, ahora vestida con unos
pantalones y una especie de delantal que Des cálculo que usaba para trabajar d
peluquera. El abuelo de Shayne estaba sentado en una pequeña mesa de desayuno,
un perico en la mano y una taza de café delante de él.
—Buenos días —Des dijo. Él nunca había desayunado con la familia de
nadie con el que hubiera jodido la noche antes. De hecho, él nunca se levantaba
con nadie al día siguiente después del sexo, nunca había pasado la noche en la casa
de nadie antes. No estaba muy seguro de cómo actuar.
—Buenos días. —La madre de Shayne le señaló la cafetera con una
espátula—. Sírvete tú mismo. Puse algunas tazas a su lado. Puedes usar cualquiera.
Des recogió una taza verde y la llenó de la poción que estaba humeando. Al
lado de la cafetera ella también había colocado distintos condimentos para añadir.
Des vertió una gran masa de crema de avellana en su taza. —¿Cómo le gusta a
Shayne?
Ella rio. —Solo con crema.
Des vertió el café en una taza roja y añadió crema en él. Tomó ambas tazas y
se dirigió al pequeño comedor a sentarse frente al abuelo de Shayne.
El anciano bajó su periódico y miró a Des. —¿Quién eres?
Shayne entró en la cocina en aquel momento, vestido con unos vaqueros
holgados y una camiseta marrón, sus pies todavía descalzos y secándose su pelo
negro con una toalla. —Buenos días, Gramps, este es mi amigo Desmond. Salimos
anoche.
—Ah. —Su abuelo asintió—. Y tú has pasado la noche aquí.
Los labios de Shayne se fruncieron. —Sí, así es. ¿Es ese mi café?
Des sonrió. Él no podía dejar de pensar como de jodidamente adorable era
Shayne. Y su familia también. Podría acostumbrarse a eso. Tan diferente de la
actitud distante de su propia familia. —Lo es.
—Gracias. —Él se sentó con Des a un lado y su abuelo al otro—. ¿Cómo
has dormido, Gramps?
El anciano se encogió de hombros. —No demasiado mal. Me desperté
algunas veces porque oía algo de ruido. Pero adivino que deben de haber sido
vosotros, chicos.
Des se atragantó con su sorbo de café. Sintiendo que su cara ardía. Él echó
un vistazo a Shayne esperando ver una reacción similar, pero Shayne sonreía con
calma.
—Puede que lo fuéramos —Shayne reconoció—. Trataremos de ser más
silenciosos la próxima vez.
Su abuelo sacudió la cabeza. —No, no fue nada. Me volví a dormir. Y los
chicos son chicos.
—Eso es cierto —dijo la madre de Shayne desde la cocina—. ¿Tocino o
salchichas o los dos, Des?
Su estómago retumbó como si la mera mención del alimento le recordara
que estaba hambriento. —Los dos, por favor.
—Gran opción —Shayne sonrió abiertamente—. Tocino para mí, mamá.
Ella rodó sus ojos. —Ya lo sabía. Tú puedes comer tu peso en tocino.
Shayne se rio y el alegre sonido llenó a Des de tanto que calor que no pudo
evitar sonreír abiertamente. Sí, él definitivamente podría acostumbrarse a esto. Si
Shayne estuviera de acuerdo con sus condiciones. Pero Des tenía miedo de que
Shayne le mandara a la mierda.
—¿Qué van a hacer esta noche, chicos? —la mamá de Shayne preguntó.
—No estoy seguro, mamá, ¿por qué?
Ella se encogió de hombros. —Voy a hacer espaguetis con albóndigas para
cenar si Des quiere venir.
Le gustaba como sonaba eso y echó un vistazo a Shayne para ver su
reacción. Shayne sonreía.
—Suena genial, si Des quiere.
Des asintió. —A mí también me parece genial. ¿A qué hora debería estar
aquí?
—Aproximadamente a las siete. ¿Cómo quieres los huevos?
Más tarde, después del desayuno, Des dio un rápido beso a Shayne en el
dormitorio cuando le siguió. Había ido a recoger su mochila llena de libros. Él
sabía que probablemente debería hablar con Shayne ahora sobre no estar
exactamente
«fuera y orgulloso», pero eso podría esperar. Al menos otro día más o menos. Des
no quería estropear las cosas y realmente le gustaba Shayne.
—Te veré esta noche —Des dijo, dando un beso más, demasiado breve.
La risa de Shayne era simplemente adorable. —Sí te veré esta noche.
Él vaciló. —Tal vez, sabes, quizás…
—Tal vez, quizás… ¿qué?
Des hizo todo lo posible para parecer despreocupado. —Podría pasar la
noche otra vez.
Shayne levantó una ceja. —Tal vez, quizás.
Él se rio, empujando la puerta del dormitorio de Shayne para abrirla. —Bien,
te veo esta noche.
—¡Eh!, Bart, espera —Shayne llamó a su mejor amigo cuando descubrió al
pelirrojo andando hacia la biblioteca de la universidad unos pasos por delante de
él.
Bart se paró y se dio la vuelta con una sonrisa. —Hola. No te vi.
—Lo sé. Estabas en tu propio pequeño mundo. ¿Estás bien?
Durante un momento los ojos azul cristal de Bart se nublaron. Pero entonces
él sacudió su cabeza y sus ojos estuvieron claros. —Estoy bien. Solo pensaba en un
trabajo de clase.
—¿Vas a la biblioteca?
—Uh huh. ¿Tú tienes otra clase?
—No, gracias a Dios he terminado el día. Iré a casa en un rato. —Shayne
siempre estaba un poco preocupado de Bart. Su amigo era delgado y Shayne
pensaba que no comía suficiente. Además, Bart vivía en un pequeño apartamento
con su hermana pequeña y su padre maltratador. Shayne siempre comprobaba a
Bart buscando lesiones. Al menos en las partes del cuerpo que no podía cubrir. Él
no vio ningún daño nuevo—. Escucha, mi mamá cocina espaguetis con albóndigas
esta noche y estoy seguro que habrá para dar y regalar. ¿Quieres venir? —Esperaba
que a Des no le preocupara que invitara a Bart. Él sabía que a su mamá no le
importaría.
Los gruesos labios de Bart se torcieron. —Suena realmente bien, pero tengo
planes.
—¿Planes? ¿Tú no trabajas esta noche, verdad? Pensé que eran los
miércoles.
—No, no voy al trabajo. —Bart se volvió tres tonos más oscuros de rojo, lo
que casi emparejó con su pelo.
Shayne frunció el ceño. —Bien, entonces… espera. ¿Tienes una cita?
Bart rodó sus ojos. —Sí, vale, la tengo.
—Ah, Dios mío. ¿Con quién?
Su amigo miró a lo lejos, a ningún lugar concreto, pero un poco hacia abajo.
—Preferiría no decírtelo. Por ahora.
—¿Por qué?
—Sólo… es un poco pronto. No estoy seguro de si seguiremos y realmente
no quiero hablar sobre ello ahora.
Instantáneamente en alerta, Shayne tocó el brazo de Bart. —¿Estás seguro de
eso? Quiero decir, ¿quién es? Tú no has mencionando a nadie.
—Ahora no, Shayne. Sé lo que piensas, pero no creo que este tipo se parezca
al tipo aquel del instituto.
—¿Pero es un deportista? —Shayne conocía el tipo de chicos por los que
Bart se sentía atraído. Tipos muy similares a Des. Tipos atléticos, dedicados al
deporte. Como el gilipollas del instituto. Este había decepcionado a Bart muchas
veces porque como muchos deportistas, si a ellos les gustaban los chicos, lo que
era un gran sí, no iban por los del tipo de Bart.
Bart asintió. —Sí.
Él soltó un suspiro. —Bien, solo sé cuidadoso.
—Lo sé.
—En realidad yo también estoy viendo a alguien —dijo Shayne, decidiendo
cambiar la atención para aliviar la obvia incomodidad de Bart.
—¿Lo haces? ¿Quién?
—Des Stratton.
La mandíbula de Bart cayó. —¿Qué? ¿Desde cuándo?
Él sabía que estaba sonriendo ampliamente como un idiota, pero no podía
evitarlo. Hasta ahora las cosas iban muy bien con Des. Mejor de lo que había
esperado, realmente, considerando su nerviosismo inicial. Desde luego era muy
pronto y él todavía podía joderlo.
—Salimos anoche y él se quedó a dormir.
Su amigo parpadeó, sus ojos muy abiertos. —¿Tú ya lo hiciste?
Ahora era su momento de ruborizarse. —Sí. Y él viene esta noche.
—Ah, Dios mío. ¿Él es… era… tú sabes… bueno?
—Demonios sí. Fue asombroso.
Bart solo asintió, sus ojos azules redondos y amplios como un dibujo
animado.
—¿Tú, um, no lo has hecho todavía con el tipo que estás viendo?
—No, esta noche es nuestra primera cita —Bart admitió—. Dudo que él
quiera hacerlo.
—¿Qué pasa contigo? ¿Quieres hacerlo? —Shayne trató de mantener la
preocupación fuera de su voz. Él se preocupaba demasiado por Bart. Toda la
mierda que pasó en el instituto con el gilipollas nunca estaba muy lejos en su
memoria.
Bart se encogió de hombros. —Dudo que pase.
—¿Y si lo hace?
—Entonces, imagino que ya veré. No lo sé. No quiero decidirme antes de
que pase.
Shayne sonrió. —Vale. Bien, sigue adelante y consigue lo que necesitas de
la biblioteca. Llámame mañana porque quiero información de tu cita.
Bart inclinó su cabeza. —Bien. Te veo luego, Shayne.
Le tentaba seguir a Bart mientras iba hacia la biblioteca, pero Shayne no lo
hizo. Él no podía ayudar con sus instintos sobreprotectores. Bart era un adulto,
pero en el pasado él había mostrado que no sabía cuidar muy bien de sí mismo. No
es que Shayne fuera un tipo grande y duro, pero haría lo que fuera necesario para
proteger a Bart de sufrir como antes.

Cuando Shayne llegó a casa después de clases él se aseguró de subir


directamente a su habitación y coger su portátil, así podría conseguir todos sus
trabajos de clase realizados antes de que Des llegara.
Gramps estaba durmiendo la siesta y su madre todavía tenía la casa llena de
clientes de la peluquería. Él dejó la puerta de su dormitorio abierta para escuchar
en caso de que su abuelo necesitara algo, así que podía escuchar los chismes de las
damas. Él intentó ignorar la mayor parte.
«—Ella llegó a casa y lo encontró en la cama con el ama de llaves.
—Ah, Dios mío. Espera ¿Betty tiene ama de llaves?
—La tiene desde hace dos años.
—¿Cómo puede permitírselo?
—No tengo ni idea. ¿Pero puedes creerlo?
—¿Estaban ellos en el acto cuando ella llegó?
—Ella estaba encima, montándole arriba y abajo.»
Shayne rodó sus ojos y gimió. Se moría de sed y quería un té helado, pero
eso significa atravesar por donde estaban todas esas mujeres. Separó su silla del
escritorio y se dirigió a la cocina.
—Oh, mira, Jan, ahí está tu chico.
Su madre se giró. —Eh, dulce.
—Solo voy por una bebida. No pasa nada.
Las señoras, había tres, además de la que estaba peinando su madre, le
sonrieron. Él les devolvió la sonrisa.
—¿Ya has conseguido una novia? —una de ellas preguntó.
—Myrtle, el chico es gay —la que estaba a su lado le dijo.
—¿Gay?
—Homosexual. No le gustan las chicas, le gustan los chicos.
—Ah.
Shayne sintió que sus orejas ardían. Agarró la jarra de té de la nevera.
«Coge tú té helado y date a la fuga.»
—¿Ya has conseguido un novio? —La misma mujer preguntó.
Su madre se rio. Él quería matarla.
—Él está en ello —declaró—. Estuvo con un muy guapo joven la noche
pasada y él viene otra vez esta noche.
Apretando sus dientes, él vertió el té en un vaso lleno de hielo. —Mamá.
—¿Estoy mintiendo?
—Es demasiado pronto para llamarle mi novio —Shayne refunfuñó.
—Vale, vale, si tú lo dices. ¿Se quedara otra vez?
Todos los ojos estaban sobre él mientras salía de la cocina y atravesaba el
salón comedor. Shayne lamentaba que ellas no hubieran seguido hablando del
marido, la mujer y el ama de llaves. Tal vez debería haber hecho sus deberes de
clase en la biblioteca con Bart. Demasiado malo que le gustara mantener un ojo
sobre Gramps.
—No lo sé. Bien. Um, tengo que volver a estudiar.
Cuando él llegaba a su cuarto oyó a su madre decir—: Es tan tímido.
Des había llegado un poco temprano, lo que estaba bien para Shayne, él se
había alegrado de verle. Eso también significaba que su mamá no había terminado
de hacer la cena, así que ellos dos estaban en el patio trasero sentados en un
columpio pasado de moda.
Esta era una vieja casa con un patio trasero demasiado grande, y ahora,
gracias a la pereza de Shayne, la hierba crecía demasiado. Antes cuando su abuela
estaba vivía, ella había mantenido un jardín donde cultivaba verduras y bayas.
Lamentablemente para el jardín, ninguno de ellos tres, él, Gramps o su madre, eran
jardineros y esto se había convertido en una selva con nada más que hierbajos.
Todo el terreno necesitaba ser segado y supuso que debería hacerlo uno de
estos días. El trabajo de jardinería siempre era una de las cosas más difíciles de su
existencia.
—Esto es agradable —Des dijo, sentándose a su lado, inspeccionando el
patio.
Shayne se rio. —Necesita un corte, lo sé. Me haces sentir culpable.
—¿Por qué?
—Bien, nunca salimos con los invitados y ahora que tú estás aquí puedo ver
como se verá a tus ojos. Mi abuela cuidaba de todo esto y yo solo dejé de hacerlo.
Apesto.
Des alcanzó su mano y mantuvo sus manos entrelazadas sobre su regazo. —
No es tan malo. Solo necesita un poco de cuidado. Yo podría segar el césped para
ti si tienes un cortacésped.
—¿En serio? ¿Harías eso?
Des sonrió abiertamente. —Seguro.
—Ah, Dios mío, creo que estoy enamorado.
—No sabía que fuera tan fácil ganar tu amor.
Shayne resopló. —Bien, tal vez no amor, pero definitivamente mucha
lujuria.
Des asintió. —Puedo trabajar con eso.
Él suspiró. —Lamento que no podamos permitirnos un jardinero. En
realidad, lamento que no podamos permitirnos muchas cosas.
—¿Andáis justos de dinero?
—Eso es un eufemismo. Vivimos con la pensión de Gramps y lo que mamá
consigue en la peluquería. Quería trabajar a media jornada, pero es difícil con la
beca para pagar la universidad y mi mamá desalentándome también. Ella me dijo
que tendría mucho tiempo para trabajar una vez que consiga mi título. Además,
ella me quiere alrededor por las tardes para ayudar con Gramps.
—Ella tiene razón en eso.
—Mientras tanto, el dinero escasea y ni mi mamá ni yo tenemos seguro
médico. Y siempre estoy preocupado por la peluquería. No tiene licencia para
hacer esto en casa y algún vecino envidioso podría arruinarlo todo.
—Sí, entiendo eso —dijo Des—. ¿Ha pensado en buscar un trabajo en una
peluquería?
—Ella trabajó en una durante años hasta que el propietario murió. Ha estado
buscando por la zona pero la mayor parte de los sitios sólo quieren peluqueras a
media jornada debido a la crisis económica —Shayne movió sus pies—. Y luego
está Gramps. Estoy seguro de que has notado que no está totalmente centrado. Me
preocupa que necesitemos llevarle a una residencia. No podemos permitirnos eso.
—Lo siento, Shay —Des atrajo las manos de Shayne a sus labios y colocó
un breve beso sobre los nudillos de Shayne—. Yo no sabía que las cosas fueran tan
malas. Debe ser bastante agotador.
—Ya, y lo siento. Debo parecer un quejica.
—Tú no eres un quejica. Lamento no poder llevarme toda tu tensión y los
problemas de dinero.
Él sonrió. —Gracias. Me siento un poco mejor solo teniendo a alguien con
quien hablar de ello. No me gusta mucho hablar de ello con mamá porque eso
también la preocupa. Y Bart… él tiene sus propios problemas y son peores que los
míos.
—¿Sí?
—Sí, él vive con su papá y su hermana menor. Su papá es un borracho
abusivo que usa a Bart como saco de boxeo.
Des se estremeció. —¿Por qué no se marcha?
—Yo le haría venir a vivir aquí si pudiera, mamá está de acuerdo con eso,
pero Bart no abandonará a su hermana y ella todavía es una menor. Él dice que
cuando cumpla los dieciocho y termine el instituto, ellos dos se irán de allí.
—¿Su mamá está fuera del cuadro?
—Ella murió de cáncer de mama hace cinco años. Ellos perdieron su casa y
el papá de Bart se hizo un borracho. No lo sé. Bart trabaja a media jornada en un
lugar de comida rápida. Parece que yo también debería hacerlo.
—Lo entiendo, Shay, pero tú no puedes vivir tu vida basada en lo que Bart
piensa hacer —Des lo dijo con cuidado.
—Lo imagino.
La estrecha puerta blanca que conducía de la cocina al patio trasero se abrió
y su mamá sacó la cabeza. —La cena, chicos.
—Ñam, estoy hambriento —Des declaró, levantándose y llevando a Shayne
con él.
—No estás demasiado lleno, ¿verdad? —Shayne preguntó a Des mientras
cerraba la puerta de su dormitorio. Ellos había cenado, limpiado la cocina, e
incluso jugado al Trivial con su mamá y abuelo—. Te comiste dos platos de
espagueti y algo así como dos cestas de pan de ajo.
Des se rio. —No lo hice. Me comí tres rebanadas.
Shayne se inclinó al lado de su mesilla y recogió la bolsa de plástico de la
droguería que había conseguido en su camino a casa desde la universidad. La bolsa
contenía dos cajas nuevas de condones y más lubricante.
Des agarró la bolsa de condones y el lubricante de sus manos y lo dejó en la
cama. —Dulce.
Shayne se mordió el labio y miró a Des. ¿Cómo exactamente él diría lo que
quería hacer? ¿Solo soltarlo? Él se imaginó que sí. —¿Des?
—¿Sí?
—¿Tienes estás…? ¿Siempre estás arriba?
Des sonrió. —Claro.
—Yo me preguntaba si era posible que tú quisieras…
Des se volvió hacia él y le atrajo. —¿Qué me quieres preguntar, Shay?
¿Quieres joderme?
Él enterró su cara en el cuello de Des. —Um, tal vez, sí.
Des puso un dedo bajo la barbilla de Shayne para levantarla así sus miradas
se encontraban. —No seas tímido. Pienso que es una gran idea.
Shayne parpadeó. —¿Lo crees?
Des sonrió abiertamente. —Oh, sí. No puedo pensar en nadie más que
quisiera que me jodiera salvo tú, Shay.
Y entonces Des cubrió sus labios con los suyos en un beso tan apasionado
que le quitó el aliento a Shayne. Shayne colocó sus brazos alrededor de la cintura
de Des, tirando sus cuerpos todavía más cerca.
Un gemido retumbó en su pecho y su polla se levantó y se llenó
dolorosamente rápido. Sus manos se movieron de la cintura de Des hasta el culo
del hombre, redondeado y perfecto. El pensamiento de enterarse en esa estrechez le
tenía temblando de lujuria.
—Es tiempo de desnudarse —Des susurró. Él fue hacia la lámpara de lava y
la encendió, luego apagó la lámpara del techo así que el dormitorio estaba
suavemente iluminado.
Durante un momento, Shayne solamente miraba fijamente como Des se
quitaba su camiseta. El cuerpo del hombre era perfecto, tan entonado, tan
musculoso, como esperarías que fuera el cuerpo de un quarterback. Su piel era de
un tono ligeramente dorado como si pasara mucho tiempo al sol sin su camiseta.
Su mirada fija sobre los pectorales de Des. Él no podía imaginarse como un dios
como este saldría con un flacucho como él.
—Shay, la ropa.
Él parpadeó. —Sí.
Shayne puso sus dedos sobre el dobladillo de su camiseta y tiró por encima
de sus hombros y sobre su cabeza. Mantuvo su mirada baja, decidiendo que la
visión de Des sólo le distraería, y tan agradable como Des era de mirar, él quería
llegar mucho más allá que a eso. Se deshizo de sus vaqueros y sus calzoncillos
blancos deslizándolos por sus caderas, debajo de sus piernas hasta el suelo.
—Joder Shay, eres tan hermoso.
Su mirada voló hasta los ojos de Des, esperando ver… Bien, no sabía. No
una burla, exactamente, pero no el fuego que inundaba sus ojos verdes. Des estaba
desnudo, su polla dura y revelándose entre sus piernas.
La boca de Shayne se secó.
Des le tendió su mano y Shayne la tomó, cayendo en su cama con Des, sus
bocas se fundieron juntas. Sus dedos extendidos por el suave pelo negro de Des,
profundizando el beso. Sus lenguas enredadas, sus manos vagaron por la piel
desnuda del otro, explorando, buscando.
Él decidió en ese momento que Des tenía que ser el mejor tipo besando de
todo el planeta. No es que tuviera mucho con lo que comparar, pero eso no
importaba. Des solamente lo era. Él frotó su dolorida polla contra la pierna de Des,
la fricción casi demasiado.
El beso se rompió, ambos respirando con dificultad, los ojos de Des
desenfocados por la lujuria y Shayne estaba bastante seguro de ver su reflejo en
ellos.
—Espero que estés listo para joderme, no puedo aguantar mucho más
tiempo —Des dijo, su mano vagó entre sus cuerpos para cerrarse alrededor de la
polla de Shayne.
—Oh, Dios mío, si sigues tocándome así voy a correrme mucho antes de
llegar a estar dentro de ti.
—Entonces consigue un condón.
Shayne se colgó del borde de la cama para buscar la bolsa de plástico de la
farmacia y la tiró encima. Se sentó solo el tiempo necesario para abrir la caja y
sacar uno de los envoltorios metálicos. También agarró el lubricante, después lanzó
la bolsa de nuevo al suelo. Des se puso sobre su espalda, su mano acariciando su
propia polla, su mirada fija en la de Shayne. —¿Cómo me quieres?
—Ah, um, no sé. ¿Sobre tu estómago?
Des sonrió abiertamente y asintió, y luego se giró, exponiendo su
maravillosamente apretado culo.
«Ah, Dios.»
Al principio sus manos temblaban, rasgó la envoltura del condón y le hizo
rodar sobre su polla. Él sabía que tenía que hacerlo rápido mientras todavía tenía
alguna capacidad de pensar.
Entonces abrió el lubricante. Sabía cómo se hacía, desde luego. Aun así, la
perspectiva de resbalar sus dedos lubricados en el culo de Des lo tenía
increíblemente excitado.
Des miró hacia atrás a él, sobre su hombro, una ceja levantada como si
dijera, «¿Y bien?»
—¿Un poco impaciente? —Shayne sonrió e hizo salir el suficiente
lubricante que él probablemente podría lubricar un tractor. Hizo rodar su ojos
mientras un poco se derramaba por la pierna de Des. El hombre simplemente
sonrió abiertamente hacia él.
Y luego él puso un dedo en el agujero de Des, yendo lentamente, cuidadoso
para no apresurarse. Cuándo todo lo que Des hizo fue abrir sus piernas, él añadió
un segundo dedo, todavía siendo tan tranquilo como podía.
—¿Todo va bien?
Des asintió, ahora su cara enterrada en la almohada.
Shayne mordió su labio. —Entonces di algo.
Des gimió. —Bueno. Muy bueno. Más. Tu polla. Ahora.
Mareado por el alivio, Shayne retiró sus dedos, lubricando su polla
envainada y se empujó dentro de Des.
—Oh, Dios.
Des asintió otra vez, pero no dijo nada, solo meneó su culo mientras Shayne
se deslizaba más profundamente. Cuando Shay estuvo totalmente enterrado en él,
comenzó a empujarse dentro y fuera, despacio, intentando no causar demasiada
incomodidad.
—Más rápido. Más duro.
—¿Estás seguro?
—Shayne —Des dijo, apretando sus dientes.
Él se habría reído si todos sus pensamientos no hubieran estado enfocados
en su polla. Hizo lo que Des exigió, aumentando la velocidad y el poder de sus
empujes. La mano de Des estaba debajo, moviéndose con furia sobre su propia
polla.
Ahora Shayne sabia porque a algunos tipos les gustaba estar arriba. Dios, el
canal apretado se cerraba alrededor de él, sintiéndose jodidamente increíble. No es
que a él no le gustara ser jodido también. Él era más que feliz de hacer las dos
cosas.
Alcanzó la mano libre de Des y entrelazó sus dedos mientras pulsaba dentro
de Des, preguntándose como su cama chirriaba como si no pudiera soportar la
actividad. Todo su cuerpo tembló mientras sentía los primeros escalofríos de su
liberación inminente. Todo era demasiado, demasiado nuevo, él no podía durar
mucho tiempo.
—Des, voy a…
Pero no terminó la frase antes de que sus pelotas se apretaran y él llenara el
condón con tres duros empujes. Debajo de él, Des se puso rígido, tembló y gimió
mientras encontraba su propia liberación.
Luchando para respirar, Shayne salió de Des y eliminó el condón. Se
preguntó durante un momento si él necesitaba su inhalador, pero entonces su
respiración se clamó.
El brazo de Des le rodeó. —¿Estás bien?
Él asintió. —Solo tengo que recuperar el aliento.
Des se inclinó sobre él, frunciendo el ceño. —Estas jadeando un poco.
—Tengo asma. Solo un poco jadeante. Estoy mejor ahora.
—No te ves mejor.
Él sonrió y empujo un mechón de pelo fuera de los ojos de Des. —Eso es.
Yo estoy bien. Fue asombroso. ¿Qué piensas tú?
Des le besó y le devolvió la sonrisa. —Fue genial. Casi tan bueno como
cuando yo te jodo.
—¿Casi?
—Nosotros tenemos nuestras preferencias. Definitivamente haremos esto
otra vez —Des dijo—. Después de que me haya enterrado en de ti unas cuantas
veces más.
Él sabía por el calor en su cara que se había ruborizado, pero se rio. —
Espero que no pienses hacerlo esta noche.
Des sacudió su cabeza. —No. Solo te follaré una vez esta noche. Cuando te
recuperes.
Shayne gimió, solo se preguntaba cuánto sueño conseguiría teniendo a Des
alrededor.
Des forzó una sonrisa en su cara, mientras su tripa se retorcía nerviosamente,
cuando el abuelo de Shayne le abrió la puerta de la calle. —Hola, Gramps.
El abuelo de Shayne le había dicho a Des que él también podía llamarle
Gramps como hacia Shayne.
Gramps rió. —Entra. Jan todavía está cortando el pelo.
Él dio un paso dentro. —¿Y Shay?
—Él está por aquí en algún sitio —Gramps anduvo hacia el sofá y se sentó a
leer su periódico.
Des sabía que ya no podía retrasar el momento de hablar con Shayne de sus
opciones. Él había pasado casi cada noche de las últimas dos semanas con Shayne
y se sentía como un canalla. Desde la primera noche que había tomado a Shayne
después de cenar, ellos habían estado pasando tiempo juntos.
Su familia apenas había parecido notar su ausencia, envueltos como estaban
en sus propias vidas. Hacía aproximadamente una semana Des simplemente le dijo
que él se quedaba con un amigo que vivía más cerca del campus. Fue suficiente
para su familia. Ellos sólo se preocupaban por cuanto del dinero de su futura
carrera en el futbol le traería.
De todos modos, él tenía que hablar seriamente con Shayne. A riesgo de
perderlo, Des sabía eso. Eso le carcomía, retorciendo su estómago y haciendo que
su corazón latiera más rápido.
—Shayne está en el patio trasero.
Des sonrió a la madre de Shayne. Jan todavía trabajaba en el pelo de una
clienta. —Gracias. Lamento interrumpir.
Ella agitó en el aire el peine que estaba usando en el pelo de la mujer. —Sin
problema.
Des estudió a Shayne en secreto, localizándole sentado sobre el columpio
con un manual en su mano. Él alzó la vista cuando Des se acercó.
—Hola, llegas temprano —Shayne dijo, saludándole con un beso cuando él
se sentó al lado de Shayne.
—Lo sé. El entrenamiento terminó temprano. El entrenador no se sentía
bien.
—Hace un día tan agradable que decidí estudiar fuera. El lugar se ve mejor
ahora que has cortado el césped —Shayne sonrió abiertamente.
Él apretó la mano de Shayne. —Hay una suave brisa. Escucha, um, hay algo
que tengo que hablar contigo.
Shayne sonrió tentadoramente. —Seguro.
—Lo primero, ¿puedo solo decir que eres asombro y atractivo y que te
adoro, a ti y a tu familia? Cada minuto que paso contigo solo me hace sentirme
más loco por ti. —Y él quería decir cada palabra. Si Shayne le mandaba a la
mierda, lo cual tenía todo el derecho de hacer, Des sabía que le dolería como el
demonio.
—Eso no parece tan malo —Shayne dijo. Entonces mordió su labio—.
Tengo la sensación de que hay un pero.
Des suspiró. —Tal vez uno pequeño. Shayne, sé que sólo nos hemos estado
viendo durante un par de semanas, pero no quiero ver a nadie más. Estoy bastante
seguro de que me he enamorado de ti.
Shayne asintió, su mirada seria. —Bien, porque siento lo mismo.
—Espero que todavía lo hagas cuando te diga lo que tengo que decirte.
Shayne no contestó, solamente mantuvo su mirada fija en la cara de Des,
esperando.
»La cosa es, tú sabes que juego al fútbol.
—Sí, Des, solo déjalo salir.
Él suspiro. —Cómo sabes, hay una posibilidad en mi futuro de hacer carrera
en el fútbol profesional, básicamente, la cosa es que no estoy exactamente fuera.
Tengo algunos amigos íntimos, como mi primo Evan, que saben que soy gay, pero
la mayoría de la gente, mi familia incluida, y mis compañeros de equipo, no lo
saben.
—¿Qué significa eso… exactamente?
—Los ojeadores pasaran durante el curso y tengo que tomar una decisión
sobre si voy a decidir este año o esperar hasta que termine la universidad. O no lo
voy a hacer. No estoy realmente seguro de si aún quiero una carrera futbolística.
Solo, bien, hay mucha incertidumbre.
—Bien, ¿qué más?
—Por ahora, tenemos que ser discretos sobre vernos el uno al otro. —Él hizo
una pausa y pasó su mano por el pelo—. La cosa es, el deporte profesional todavía
es bastante machista y la homosexualidad apenas es tolerada, si lo es de algún
modo. Se ha hecho algún progreso, pero va muy lento. El resultado podría ser que
al firmar con un gran equipo por una cantidad insana de dinero, nunca serías capaz
de venir a mi casa como mi novio o algo así y nosotros tendríamos que ser
cuidadosos cuando seamos vistos en público o siendo cariñosos delante de otros y
ese tipo de cosas.
Shayne siguió mirándole fijamente. —Ya veo.
Él tragó. —Lo sé, es horrible. Soy un bastardo de mierda. ¿Me odias?
Shayne cerró sus ojos, luego inclino su cabeza. —No, no te odio. Pero, bien,
Des, yo estoy fuera. Es imposible fingir que soy de otra manera. Además no quiero
hacerlo.
—Lo sé.
—Es mucho para pensar. No sé si quiero ver a alguien que quiere ocultarse
tan a fondo.
—Lo siento. Sé que es jodido.
—Sí. Nosotros no tendríamos que ocultarlo aquí en casa —Shayne dijo con
suavidad—. Pero básicamente si por todas las demás partes. Es por eso que
básicamente nos hemos mantenido por aquí, ¿no es así?
Él se odió en ese mismo momento. Quería golpear su propia cara, pero se
forzó a asentir. —Sí, lo siento.
—Entonces, se supone que soy un secreto hasta que decidas lo que quieres.
Tal vez tú nunca salgas. Quiero decir, piensa en ello, Des. ¿Conoces a algún
jugador abiertamente gay en el fútbol profesional?
Des lamentó admitir que no conocía ninguno, pero no podía mentir. —No.
Shayne, yo… yo sé es mucho pedir. Por favor, ¿puedes darme una oportunidad?
—No lo sé, Des. Tengo que pensarlo.
Des asintió resignado. No le gustaba la respuesta pero no podía culpar a
Shayne. —Lo entiendo. —Él lo hacía. Solo que no había querido oírlo. Él contuvo
el aliento—. Así que, ¿me imagino que no quieres ir a comer conmigo ahora?
—¿Comer contigo?
—Sí, iba a preguntarte si querías ir a Henri’s Diner a encontrarnos con Evan
allí. Iba a ser algo casual.
—¿No tienes miedo de que alguien se imagine que eres gay por pasar el rato
conmigo?
Des se estremeció. Él se lo merecía, sí, pero aun así todavía picaba. —No,
voy allí todo el tiempo con los chicos del equipo. Nadie presta atención.
Por un momento pensó que había descubierto un leve temblor en el labio
inferior de Shayne, pero no podía estar seguro. —Bien.
—¿Tú… iras?
Shayne asintió. —Sí, pero cuando terminemos, solo me dejaras en casa, Des.
Su pecho se apretó. —Sí, lo haré. Lo siento.
—Bien —Shayne se levantó—. Vamos.
Cuando él estacionó en el aparcamiento de Henri´s, Des notó que el Honda
de su primo ya estaba allí. Decidió que al menos era un poco prometedor que
Shayne hubiera estado de acuerdo con venir. Al menos no había lanzado a Des a la
calle totalmente y le había dicho «jódete». No estaba seguro de que haría si Shayne
lo hiciera.
Una vez dentro del restaurante, descubrió la cabeza rubia de Evan en una
cabina del rincón. Su espalda hacia la puerta y a su lado sentado un tipo con el pelo
rojo oscuro. Des frunció el ceño mientras pensaba por que el perlo rojo le resultaba
vagamente familiar.
—¿Qué demonios? —Shayne refunfuñó a su lado. Entonces marchó hacia la
cabina, Des siguiéndole de cerca.
—Shay, que…
Y entonces él supo por qué el pelo rojo le era familiar. Bart. El mejor amigo
de Shayne, Bart, estaba sentado al lado de Evan, en el interior del banco. El pelo
rojo de Bart brillaba un poco como si tuvieran algún espray de brillo y sus
brillantes ojos azules estaban delineados con un lápiz de ojo azul brillante. En una
oreja él llevaba un pendiente con estrellas de plata y hadas volando.
Des parpadeó. —Hola.
Bart sonrió tímidamente pero Evan sonrió abiertamente. —Ah, llegasteis,
sentaros.
—Solo un minuto —dijo Shayne apoyándose en la mesa—. Bart, ¿es este el
tipo que has estado viendo?
—Um —Bart asintió.
—No puedo creerlo.
Des tocó su brazo. —Shayne.
Shayne miró a Des, sus ojos estrechándose. —¿Puedo hablar contigo un
minuto?
—Shayne, por favor —Bart dijo suavemente.
—Está bien, Bart. Sólo quiero hablar con Des rápidamente. Ahora
volvemos. —Shayne se alejó, obviamente esperando que Des le siguiera.
Evan levantó una ceja. ¿Qué fue todo eso?
—No estoy seguro. Uh, pídeme una Coca cola y a Shayne un té helado.
Él siguió a Shayne, quien estaba saliendo. Shayne se giró hacia él cuando
salió del restaurante.
—¿Es él como tú?
—¿Cómo yo?
—¿Él oculta quien realmente es? ¿No está fuera? —La mandíbula de Shayne
estaba rígida.
—No exactamente como yo, no. Evan no quiere una carrera en el fútbol y ya
ha decidido que este es su último año en el equipo. Él le ha dicho a sus padres y a
algunos amigos íntimos que es gay.
Shayne asintió. —Escúchame, Des. Él… si él está jugando con Bart…
—¿Jugando con él?
—Usándole para después reírse de él a lo grande, o algo así.
—Shay, no. ¿Por qué incluso preguntas algo así?
Shayne se giró alejándose, mientras se abrazaba. —En el instituto Bart fue
herido realmente mal.
—¿Herido?
—Había un tipo en el equipo de baloncesto. Bart realmente estaba detrás de
él. Ese tipo lo averiguó y le pidió a Bart salir. Todo lo que él quería hacer era
gastar una broma a Bart. Él… bien, tuvo sexo con Bart, su primera vez. Después,
al día siguiente en la escuela, el tipo y todos sus amigos se rieron de Bart delante
de muchos de los chicos de la escuela. Después le siguieron a casa y le golpearon
bastante duro. Probablemente habría sido peor, pero algunos de los amigos de Bart
decidieron comprobar cómo estaba porque sabían cómo le había trastornado lo que
pasó. Los tipos salieron corriendo cuando llegamos.
La tripa de Des se retorció. —Oh, Dios mío.
—Sí —Shayne mordió su labio—. Bart terminó en el hospital. Su papá
rechazó denunciarlo porque Bart se lo merecía, dijo, por ser un mariquita.
—Gilipollas.
—Soy un poco demasiado protector con él ahora. Bart no tiene mucha gente
que se preocupe por él y que le cuide.
—Puedo ver eso, Shay, pero te aseguro que Evan no haría nada de eso. Si él
está viendo a Bart, es porque le gusta.
Soltando un suspiro, Shayne asintió. —Bien. Confió en ti, así que te creeré.
El interior de Des se calentó un poco al escuchar a Shayne decir que
confiaba en él. Estaba bien saberlo. —Volvamos dentro.
Cuando ellos alcanzaron la cabina una vez más, Des no se perdió la mirada
nerviosa que Bart lanzó a Shayne. Él dejó que Shayne entrara primero y luego
tomó asiento enfrente de su primo.
—¿Todo bien? —Bart preguntó.
Shayne rio. —Oh, seguro. Solo pensé algo que quería preguntarle a Des. Lo
siento. —Él giró su cabeza para mirar a Evan—. ¿Cómo estas, Evan?
Los labios de Evan temblaron. —Estoy bien. Parece que las cosas van bien
para vosotros dos.
—¿Nosotros dos? —Shayne continúo sonriendo—. Ah, no. Lo pillo. Des y
yo solo somos amigos.
—Shayne —Des gruñó.
—Umm —Evan alcanzó su Coca cola y puso la pajita en la boca.
Des miró la mano de Evan cubrir la de Bart sobre la mesa. Él no podía evitar
sentirse un poco envidioso. Bien, tal vez mucho. Y era su maldita culpa. Él cogió
su menú. —¿Qué vas a pedir?
—No lo sé —Shayne dijo—. Pero probablemente deberíamos pedir a la
camarera ordenes separadas.
Él suspiró y echó un vistazo a Shayne. —¿Por qué?
—Solo somos amigos.
—¿Pararías por favor? —él suplicó.
Shayne no dijo nada, aunque sus ojos oscuros se estrecharon, y él volvió a
mirar el menú.
Evan aclaró su garganta. —Bart y yo vamos a pedir la empanada de carne.
Es enorme así que habrá de sobra para los dos.
Des asintió. —Suena bien. Tal vez nosotros también deberíamos compartir,
¿Qué piensas, bebé?
Shayne le echó un vistazo por encima de su menú. —¿Qué?
Él sonrió. —¿Quieres compartir algo?
—Creo que solo voy a pedir una sopa y ensalada.
—Bien, pediré algo más entonces.
La camarera llegó con las bebidas para él y Shayne y todos hicieron sus
órdenes. Des término pidiendo el sándwich Rubén. Se alegró de que Shayne
mantuviera su boca cerrada sobre los pedidos separados. Realmente lamentaba
hablar con Shayne de la necesidad de ser discreto. Sí, era cierto que él quiso decir
eso, pero ahora parecía que todo se había vuelto torpe entre ellos. Tal vez no
debería haber presionado para ir a cenar y haber dado tiempo a Shayne para que él
lo asimilara, pero Des había tenido miedo de que si le daba demasiado tiempo a
Shayne para pensar no le gustara el resultado.
—Así que, Evan —dijo Shayne rompiendo el silencio que se había asentado
sobre ellos cuatro en la mesa—. ¿Has presentado ya a Bart a tu familia? —Bart
saltó un poco en la cabina—. Ouch. ¿Qué demonios fue eso?
—Deja de ser un gilipollas, Shayne —Bart dijo, fulminando con la mirada a
su amigo—. Sólo hemos salido unas cuantas veces.
—Pero…
—Pero nada. Tómate un respiro. No necesito un guardián —Bart insistió.
Evan se aclaró la garganta otra vez. —En realidad, Bart conoció a mi papá la
otra noche. Conocerá al resto de la familia este fin de semana, ya que Bart se
quedara allí.
Shayne se mordió el labio y asistió. Él miro abajo a su vaso de té helado. —
Esto es una mala idea.
—Shay.
Sin mirarle, Shayne sacudió su cabeza. —¿Puedo solo irme?
Des sonrió disculpándose ante Bart y Evan. —Lo siento, chicos. Voy a
llevar a Shayne a casa. —Él sacó su cartera y puso algo de dinero sobre la mesa—.
Chicos podéis comeros nuestra comida o llevarla a casa, lo que queráis.
Bart suspiró y pareció que iba a decir algo pero Evan apretó su mano y él
cerró su boca.
Des salió de la cabina y esperó a que Shayne le siguiera.
—Lo siento —susurró Shayne mientras se movía hacia la puerta.
—¿Él está bien? —Evan preguntó.
—Sí. Esto es culpa mía —Des soltó un suspiro—. La jodí a lo grande.
Hablaré contigo más tarde.
Él encontró a Shayne esperando en su Mustang. Sus ojos oscuros se veían un
poco acuosos cuando él levantó la vista hacia Des. —Lo siento. Sé que soy una
mierda.
Él sonrió despacio. —No, yo soy el que lo siente. No debería haberte traído
aquí esta noche.
Ellos entraron en el coche y Des llevó a Shayne a casa en silencio. Su
corazón se sentía pesado y su garganta cerrada, pero no sabía que podía decir para
que las cosas fueran mejor. Sí es que aún podía. Aparcando delante de la casa de
Shayne, él apagó el motor.
—¿Puedo entrar?
—Des.
—Por favor.
Shayne comenzó a sacudir su cabeza. —No creo…
—Por favor. Por favor. Te necesito, Shayne.
—Esto no es un maldito juego, Des —Shayne dijo, su voz gruesa.
Él apretó sus ojos. —Lo sé. Te necesito.
—No, no lo haces.
Abriendo sus ojos, él tiro a Shayne cerca, o tan cerca cómo podía con el
freno de emergencia entre ellos. —Lo hago. Sé que soy un cabrón. Te necesito. Por
favor, no me dejes fuera porque tenga la cabeza metida en mi culo.
—Eres un bastardo —Shayne susurró.
Des apretó sus brazos alrededor de él. —Lo sé.
—Bien, ven dentro.
Él fue empujado contra la pared del dormitorio, Des aplastando su cuerpo
con el propi. Largos dedos tiraron de los mechones de su pelo, una boca cubrió la
suya, con fuerza y exigencia.
—Shay, te quiero tanto —Des dijo, gimiendo. Empujó la camisa de Shayne
por encima de sus brazos, luego dio un tirón sacándola por encima de la cabeza de
Shayne.
Muriéndose por respirar, Shayne miró cómo los dedos de Des trabajaban
sobre la cremallera de sus vaqueros. Los vaqueros y sus calzoncillos fueron
empujados abajo y luego Des se arrodilló delante de él.
—Des…
Su polla se sumergió en la caliente boca de Des, sus pelotas rodaron en la
palma de Des.
Oh, Dios mío.
Des tomó la polla de Shayne profundamente, trabajando rápido y duro. Sus
pelotas se apretaron mientras Des le tragaba. Entonces su polla pulsó y se vació
profundo en la garganta de Des.
Su amante le liberó y estuvo de pie, arrancando su propia ropa, robando sus
besos y acariciándole por todas partes. Después de recuperar su aliento, Shayne
desató sus zapatos de lona y se quitó los vaqueros y calzoncillos el resto del
camino.
Des llevó a un desnudo Shayne a su cama, cubriéndole con su propio cuerpo
desnudo. Ellos habían dejado sólo la lámpara de lava encendida, pero era lo
suficiente para que Shayne viera el hambre desesperada en los ojos de Des. Los
dedos largos de Des acariciaron su pelo y él atrapó su mirada con la de Shayne.
—Lo siento —Des dijo suavemente—. No quería hacerte daño de ninguna
manera.
Shayne asintió, su garganta cerrándose con demasiadas emociones
inundando sus pensamientos. Sí él cediera ante el dolor, expresando sus
pensamientos entonces, sabía que sólo abriría las puertas. Él no quería gastar estos
preciosos momentos cediendo ante la angustia. Finalmente tenía lo que quería solo
para decirle que realmente no lo tenía después de todo.
—Shay. —El pulgar de Des se deslizo a través del labio inferior de Shayne.
Él cerró sus ojos, incapaz de soportar la mirada suplicante de Des clavada
en él un segundo más. Tiró de la cabeza de Des abajo y unió sus bocas con un
gruñido que se convirtió rápidamente en un gemido.
La boca de Shayne abierta, dejando que la lengua de Des entrara,
rindiéndose al beso que se hacía más profundo, del hombre del que tenía miedo de
haberse enamorado. Esto solo podía terminar mal.
Des se presionó contra él, su viejo colchón casi tragándoselo. Los labios
sobre él eran intensos; buscando, exigiendo del modo que Des hacía, y Shayne
emparejó sus besos desesperados queriendo quemar su alma con ellos.
Su polla estaba dura otra vez, tan dura, pero por ahora él estaba contento con
solo probar los labios de Des, tal vez ellos se besarían durante horas o días. Él
sacudió su cabeza ante sus propias tonterías imaginarias.
Des rompió el beso durante un momento, frunciendo el ceño hacia él. —
¿Qué?
—Bésame, fóllame, solo… —Él presionó su boca con la de Des una vez
más. Sin conversación.
Pasó sus manos a través del musculoso trasero de Des, empujándole aún más
cerca, si fuera posible. Deslizando una mano entre sus cuerpos Shayne buscó la
polla de Des.
—¡Shay!
—Condón —él dijo contra los labios de Des.
Des asintió, pero no rompió el beso. Alcanzó hacia atrás a ciegas, hacia la
mesilla de noche, sintiendo el envoltorio. Él suspiró en la boca de Shayne.
Con el condón momentáneamente olvidado, sus labios se fundieron,
inclinados el uno sobre el otro una y otra vez. Manos acariciando sobre la piel
desnuda, trazando, acariciando por todas partes.
Shayne agarró a Des, su puño bombeando su polla dura como una piedra,
sacando pequeños gruñidos atractivos de Des. Entonces, con una maldición sorda,
Des se apartó. Los párpados de Shayne se abrieron, observo a Des rodar el condón
por su gruesa erección. Su tripa se apretó anticipando lo que vendría. Él recuperó
el lubricante de encima de la mesita de noche y lanzó un gran chorro.
—¿Qué estás haciendo? —Des preguntó.
—Mira. —Él dobló sus rodillas, insertando sus dedos lubricados en su culo,
preparándose para la polla de Des.
—Oh, Dios, Shay —Des susurró, inclinándose hacia delante para chupar el
labio inferior de Shayne entre sus dientes. Él agarró el lubricante y lanzó un chorro
a uno de sus propios dedos, y lo añadió al agujero ya estirado de Shayne. Los
dedos de los dos le jodieron mientras Des tomaba posesión de los labios de Shayne
una vez más.
Usando su otra mano para rodear su polla, Shayne se acarició al ritmo que
los delicados dedos le jodían. Su orgasmo estaba llegando demasiado rápido.
—Des, voy…
—Sí, por favor, bebé, ahora —Des le animó, moviendo sus labios hasta el
pulso de la garganta de Shayne y chupando. Sus dedos trabajaban el interior de
Shayne rápidos y furiosos.
La fuerza de su orgasmo le hizo lanzar un grito mientras hebras de semen
caliente se extendían desde su polla. Des lo sostuvo apretado mientras su liberación
llegaba y luego sustituyó sus dedos por su polla, empujando despacio en el cuerpo
excitado de Shayne.
Des le giró para estar sobre su lado, levantando una de sus piernas por
encima mientras se empujaba dentro de Shayne. Girando la cabeza de Shayne solo
un poco, lo justo para que Des volviera a devorar los labios de Shayne, unos besos
tan intensos que robaban el aliento de Shayne.
Cerró los ojos, le gustaba sentir a Des mecerse contra él, sosteniéndole
cerca. Sentir los temblores que atravesaban a Des, él sabía que su amante estaba
cerca de correrse.
Luchando por respirar, él rompió el beso, tomó una gran bocanada de aire
antes de decir. —Des, por favor.
—Shay, te amo. —Y luego él se corrió, gimiendo contra el cuello de
Shayne.
Shayne se quedó dónde estaba, sus ojos cerrados, sintiendo la suave
respiración de Des. Le gustaba la cercanía, sentir los brazos de Des a su alrededor.
Las tres palabras que Des había dicho se repetían en la cabeza de Shayne. Pero él
tenía que endurecer su corazón para esto.
Tomando aire, él se separó, sintiendo la perdida de Des cuando lo hizo, y
entonces Shayne se sentó.
—¿Shay? —Des murmuró con voz somnolienta.
—Des, no puedes quedarte —susurró.
—¿Umm?
Él pasó sus dedos por su desordenado pelo. —Quiero que te vayas a casa.
Des se sentó derecho, sus ojos de repente abiertos de par en par. —¿Qué?
—Quise decir lo que dije antes. Necesito tiempo.
—Lo sé, pero, pensé…
Shayne suspiró y sacudió su cabeza. —Nada ha cambiado. Tú no estás fuera
y no quieres estarlo, al menos por ahora, y yo lo estoy. Todavía tengo que decidir
si estoy dispuesto a dejar que todo el mundo piense que solo soy tu buen amigo
gay.
Des inclinó su cabeza. —Pero, ¿no puedo quedarme esta noche?
Él casi cedió, pero tenía mucho miedo de que si dejaba que Des se saliera
con la suya, dejándole dormir allí como había estado haciendo, entonces Shayne
sólo aceptaría ser el sucio secreto de Des. Él no sabía si alguna vez podría
aceptarlo pero estaba seguro de que no estaba listo para tomar esa decisión ahora
mismo.
Su garganta se cerró, Shayne sacudió la cabeza. —No. Necesito tiempo,
Des. Quiero que te marches.
Des le miró fijamente, claramente sorprendido de que Shayne le despidiera.
—Shayne, te dije… te dije que te amo.
—Lo sé. Lo siento, Des. Pero tengo que pensar. —Él salió de la cama y
alcanzó la ropa que se había quitado antes de que tuvieran sexo—. Lo que dijiste,
esas fueron bonitas palabras y todo…
—¿Bonitas palabras? ¿Piensas que son solamente bonitas palabras?
—Eso no cambia nada, Des. Por favor, dijiste que entendías que necesitaba
tiempo.
Des permaneció quieto por un momento, entonces también salió de la cama
y se puso su ropa. —Solo estoy asustado, Shay.
—¿Asustado?
Él tomó las manos de Shayne en las suyas y las mantuvo apretadas. —Tú
puedes decirme que desaparezca. Qué no quieres veme otra vez. —Él se inclinó
hasta que sus frentes se tocaron—. Qué me odias.
—Nunca te odiaré, Des.
—Pero podrías pedirme que desaparezca.
Shayne no podía mentir a Des. Él asintió. —No lo sé.
Soltando un suspiro cansado, Des se enderezó y dejó caer las manos de
Shayne. —Bien. Me voy.
Cuando ellos estuvieron totalmente vestidos, Des dejó el dormitorio de
Shayne, y Shayne le acompañó a su coche. El vecindario estaba oscuro y tranquilo.
Durante un segundo, Shayne casi le pidió a Des que se quedara. La idea de los
brazos de Des rodeándole mientras dormían no parecía una idea tan mala. Des se
paró junto a su coche y se giró hacia Shayne. —¿Cuándo puedo verte otra vez?
—No estoy seguro.
—¿En serio?
—Sí —él dijo suavemente.
Des se giró, pasando su mano por su pelo. —Bien. ¿Al menos puedo
llamarte?
—Sí.
—¿Todos los días?
—Sí, todos los días.
Des asintió y luego llevó a Shayne a sus brazos y lo sostuvo tan apretado que
se preguntó sí Des había roto alguna de sus costillas. Él devolvió el abrazo a Des,
apoyando su cabeza sobre el hombro del chico más grande.
Y entonces Des lo liberó y fue hacia el lado del conductor de su coche.
Abrió la puerta y entró sin mirar a Shayne.
Mordiendo su labio, el pecho de Shayne se apretó. Él miró a Des arrancar e
irse. ¿Por qué no Des no podía solo estar fuera? ¿Por qué se había enamorado de
un deportista que solo quería permanecer en el armario… indefinidamente?
Cuando él volvió dentro de la casa, encontró a su abuelo esperándole en la
sala de estar, vestido con su pijama de franela.
—Gramps, ¿no te desperté, verdad?
—No duermo como hacía antes. Ya que estamos los dos levantados, pensé
que tal vez tendríamos una taza de ese té verde juntos.
Shayne sonrió. —Me parece bien, vamos a la cocina.
El colocó a su abuelo en una silla en el rincón de desayuno y luego empezó a
hacer dos tazas de té verde.
—¿Desmond no quiso quedarse a dormir? —Gramps preguntó.
—Quería —Shayne admitió—. Es un poco complicado.
—El amor normalmente lo es.
—¿Amor? —Él sacudió su cabeza—. No sé si yo iría tan lejos.
—Así que, ¿no le amas entonces?
Shayne suspiró. —Apenas le conozco. Sólo han sido unas semanas.
—Bien —Gramps dio una cabezada—. ¿Pero él te gusta muchísimo?
—Sí.
—Las relaciones románticas suponen esfuerzo, Shayne. Normalmente,
esperamos, eso lo vale.
Shayne puso una taza de té delante de Gramps y luego se sentó a su lado con
la suya. —¿Respecto a ti y la abuela? Siempre parecían tan perfectos juntos.
—Lo éramos. Pero trabajábamos en ello. —Gramps pareció perdido en sus
recuerdos por un momento, mirando fijamente al vacío—. Nos encontramos en el
instituto, sabes.
Él sonrió. —Lo recuerdo.
Gramps resopló. —Ella no quiso saber nada de mí.
Shayne se rio. —Eso es difícil de imaginar. Ella te idolatraba.
—La gané —Gramps sonrió abiertamente—. Mi familia acababa de mudarse
al área, entonces yo era nuevo en la escuela. No tenía ningún amigo. Mi primer día
ella estaba en una de mis clases. Incluso así no me miró.
—¿Qué hiciste?
—Empecé a lanzar tacos de papel por encima de su cabeza.
Él parpadeó. —¿Tacos de saliva? ¿Le lanzaste tacos de saliva?
—No, no puse saliva. Eso es asqueroso. Solo papel. Más tarde escribí una
nota en una de las pelotas de papel.
—¿Qué decía?
Su abuelo pensó en ello. —«Sales conmigo», o algo así. No lo recuerdo
exactamente.
—¿Y ella que hizo?
—Casi nada. Mujer obstinada. Ella me la devolvió con la palabra «no»
escrita. Nosotros estuvimos así durante una semana —él se rio—. Finalmente
escribí, «esta es la última vez que voy a preguntar».
Shayne bebió un sorbo de su té. —Entonces ella dijo sí.
—No. Pero esa tampoco fue la última vez que yo le pregunté.
Los dos se echaron a reír.
—De todos modos, si algo se interpone entre tú y ese chico, eso se arreglará.
—Sí, tal vez. No lo sé.
Gramps le estudió. —¿Quieres hablar de ello?
—Básicamente, Des necesita aclarar sus ideas, si él quiere fichar para el
futbol profesional este año o esperar hasta que se haya graduado o no querer
hacerlo nunca.
—Bien. ¿Y tú no quieres que lo haga?
—La cosa es, Gramps, que Des está en el armario.
—¿En el armario?
Él asintió. —Nadie sabe que es gay. O muy pocas personas. Incluso su
familia y sus compañeros de equipo. Él quiere que eso siga así.
—¿Por cuánto tiempo?
Shayne suspiró, mordiendo su labio. —Tal vez para siempre. Si él realmente
se hace profesional, ¿cuáles son las posibilidades de que aparezca como el primer
quarterback abiertamente gay del futbol profesional? No puedo vivir mi vida en
secreto. No digo que espero que nos casemos y elijamos cortinas, ¿pero es
demasiado pedir que me reconozca como una parte de su vida privada? ¿Tengo que
verle citándose con modelos calientes mientras me siento en casa y le veo jugar por
la televisión?
—No lo sé, Shayne. No sé la respuesta a nada de eso.
—Yo tampoco.
Gramps terminó el último sorbo de su té y se puso de pie. —Pero he visto la
forma en que el chico te mira. Y eso es algo. Tengo el presentimiento de que el
resto se resolverá.
Él forzó una sonrisa. —Eso espero.
—Me voy a la cama. ¿Y tú?
Shayne se levantó y aclaró las tazas en el fregadero. El pensamiento de ir a
su cama vacía no le animaba, pero él había tomado esa decisión. —Sí, también
voy.
—Te echo de menos —Des dijo, pellizcando el puente de su nariz. Él estaba
tumbado sobre la cama en su cuarto, hablando por teléfono, odiaba el hecho de
estar aquí y no con Shayne. Él no sabía cuándo su casa familiar había dejado de ser
un hogar. Tal vez nunca lo había sido en realidad.
—Yo también te echo de menos.
Él cerró los ojos. Había pasado una semana desde que él había dejado la casa
de Shayne en medio de la noche. Una semana completamente miserable. —
¿Entonces, cuánto tiempo esto va a continuar, Shay?
—No lo sé, Des.
Parecía que ellos tenían la misma maldita conversación cada día. —Si no vas
a querer estar más conmigo, desearía que sólo me lo dijeras.
—Des, no es tan fácil. Quiero estar contigo.
—Entonces…
—No sé si que estemos juntos es justo para alguno de nosotros.
—¿Justo para nosotros? —Él frunció el ceño y se sentó—. ¿Qué quieres
decir?
Shayne suspiró. —Tú has pasado la mayor parte de tu vida trabajando para
ser un quarterback profesional. Eres bueno jugando al futbol. Será un gran logro si
consigues ser seleccionado, tanto si es este año como si es después de que termines
la carrera. No es justo pedirte que solo renuncies a todo eso por estar conmigo,
alguien que sólo conoces desde hace unas pocas semanas.
—Shay…
—Déjame terminar. He estado fuera desde que tenía catorce años. Fue una
decisión dura de tomar, pero lo hice, y mi familia y amigos me aceptaron. Estaba
asustado pero también fue un alivio no tener que ocultar mi atracción hacia los
chicos. He querido tener un novio desde entonces, alguien a quién podría presentar
con orgullo como mi novio. Tal vez eso es erróneo.
Él trago el nudo de su garganta. —No, eso no es un error.
—Des, algunas veces el amor no es suficiente.
—Pero otras veces lo es.
—Sí —Shayne dijo suavemente.
—Estás listo para rendirte, ¿verdad? —u pecho se apretó y su estómago se
anudó.
—No, no lo estoy. También te echo de menos. Mucho.
Él lo intentó otra vez. —¿Puedo verte?
—Yo… vale.
Su corazón golpeó con fuerza. —¿De verdad?
Shayne hizo una pausa. Por un largo momento, Des temió que él se
arrepintiera. Contuvo su aliento, el latido de su corazón pulsando en sus oídos.
—Sí. ¿Por qué no vienes? Cuando termines en la universidad o en el
entrenamiento o lo que sea.
Él se puso de pie. —Voy ahora. Estaré allí en un momento.
—Bien. Te veo pronto —Shayne colgó.
Des agarró una bolsa de viaje y puso un cambio de ropa en ella. Shayne no
le había dicho que podía quedarse a pasar la noche, pero si él tenía algo que decir
sobre ello, no se marcharía.
Cuando él abrió la puerta de su dormitorio, vio a su madre venir por el
pasillo hacia él. Ella notó la bolsa de viaje en su mano.
—¿Vas a quedarte en casa de tu amigo?
—Sí.
—Parece que deberías haber conseguido una habitación. Nunca estas en
casa. —Ella cruzó los brazos sobre su pecho—. ¿Quién es ese amigo de todos
modos? ¿Una chica?
Des la miró fijamente. —No, madre. No es una chica. Me quedo con un
chico llamado Shayne y su familia.
Ella frunció el ceño. —¿Shayne qué más?
—Shayne Ralston. No le conoces.
—¿Es uno de tus compañeros de equipo?
Des suspiró. —No.
—Bien, Dios, Desmond, ¿cómo conociste a ese tipo? ¿Él no es tú
distribuidor o algo así?
Él se rio ante eso. —¿Mi distribuidor? No, no tomo drogas.
Ella suspiró. —Vale, no es como si hablaras con nosotros o nos dijeras algo
últimamente. Tú apenas estas por aquí. ¿Estás preparándote para los ojeadores?
—No creo que lo haga. Creo que quiero graduarme y conseguir mi título
primero.
—¿Por qué? Si eres ojeado y llamado por un equipo no necesitarás un título,
tendrás millones.
Des asintió. —Seguramente y eso es con lo que tu cuentas en realidad.
—¿Qué se supone que eso significa?
—Soy la gallina de los huevos de oro, o tú y papa esperan que lo sea de
todos modos —Des suspiró—. Ahí está el problema, madre. No sé si seré
seleccionado en absoluto. El deporte profesional no ve con buenos ojos a los gais.
Su madre perdió dos tonos de color mientras enfrentaba él. —Desmond
Robert Stratton, ¿qué estás diciendo?
Él dio un paso atrás por la fuerza de su toque. Golpeando la puerta del
dormitorio. —Soy gay y Shayne es mi novio.
Ella le golpeó con fuerza atravesando su cara con la palma de su mano. Su
cara quemaba y su cabeza chocó contra la puerta con un ruido sordo.
—Cierra tu boca —ella dijo con ira—. Ningún hijo mío es un maricón.
Des sintió el principio de las lágrimas formándose en sus ojos. ¿Realmente
qué había esperado?
Esto. Él había esperado esto.
Al menos su familia no le había sorprendido.
—Salgo —él dijo a su madre, cruzando por delante de ella.
—No te alejaras de mí.
Des no le hizo caso y siguió yendo hacia las escaleras. Él las bajó de dos en
dos y salió de la casa.

Parecía más importante que nunca ver a Shayne, y cuando aparcó delante de
la casa de éste esa sensación le abrumó. El lugar había sido más su casa en las
pocas semanas pasadas que la suya propia durante años.
Él agarró su bolsa de viaje del asiento trasero y prácticamente corrió hacia la
puerta. Esta se abrió mientras levantaba su puño para golpear en ella.
Y la vista más hermosa que había tenido en mucho tiempo estaba ahí. Él
simplemente miró fijamente. Shayne, vestido con vaquero y una camiseta negra, su
pelo negro ligeramente desordenado como si hubiera estado jugando con él, las
puntas azul eléctrico. Él le sonrió a Des y entonces Des estuvo perdido.
—Shay —susurró casi reverentemente. Y luego estaba abrazando a Shayne,
tirándole en sus brazos y sosteniéndole tan apretado que no estuvo sorprendido
cuando su amante dio una especie de gruñido—. Dios te eché tanto de menos.
Shayne se acurrucó más cerca. —Yo también te eché de menos. Vamos
dentro.
Él liberó a Shayne el suficiente tiempo para entrar en la casa y que Shayne
cerrara la puerta. Él olió algo que olía como a Galletas Pillsburi y crema de setas.
—¿Has comido? Mamá tiene una cazuela recién salida del horno y algunas
galletas.
Des sólo podía sonreír, incapaz de formar palabras sobre cuánto le gustaba
estar ahí. Él amaba la casa, la comida, a la mamá de Shayne, a Gramps, pero sobre
todo, amaba a Shayne.
¿Des?
—Te amo —las palabras salieron de sus labios antes de que pudiera pararlas.
Él lo quería decir, desde luego, y lo había dicho antes, pero de algún modo esta vez
significaba más.
Shayne le abrazó. —También te amo, Des.
Sus brazos se cerraron apretados alrededor de Shayne, él susurró. —Se lo
dije a mi mamá.
—¿Qué le dijiste?
—Sobre nosotros. Sobre mí.
Shayne se retiró y le miró fijamente. —¿Tú…? ¿lo hiciste?
—Sí.
—¿Y…? Espera. —Shayne tocó su cara, acariciando su mejilla, notando la
clara señal roja allí—. No se lo tomó bien. ¿Ella te hizo esto?
Él asintió y sintió la picazón de las lágrimas otra vez. —No, ella no se lo
tomó bien.
—Lo siento, Des.
—Yo también. Lo sabía antes de que pasara. Siempre lo he sabido. Las
cosas que ellos dirían, el modo en que actuarían. Pero tú sabes, siempre hay un
pequeño resquicio de esperanza de que estés equivocado.
—Lo sé.
—No lo estaba. Pero ahora lo sé —Des agarró la mano de Shayne y lo
dirigió al sofá—. Y hay otra cosa, Shay. Es algo loco, lo sé, pero me parece que tú
y yo somos el uno para el otro. He tenido un flechazo contigo desde el instituto.
—¿Qué?
Él sonrió abiertamente. —Sí. ¿Loco, eh? Tú eras demasiado joven y estaba
demasiado enfocado en mí mismo. Pero ahora estamos aquí. Hoy le dije a mi
madre que soy gay y el mundo no se ha terminado. Es jodido, pero va a estar bien.
Puedo tratar con ello si ellos no me quieren alrededor. Encontraré algún sitio donde
vivir si ellos me echan. Tengo el dinero que mis abuelos me dejaron y puedo
trabajar mientras termino la universidad.
—Puedes vivir aquí. A mamá y a Gramps les gustaría eso.
—Sería genial, podemos hablar de ello, si llega a ser necesario.
Shayne se apartó. —Tú estás prácticamente aquí todo el tiempo, de todos
modos —él frunció el ceño—. Espera. ¿Finalizar la universidad? Así que, ¿no vas
a apuntarte para la selección este año?
—No. Voy a conseguir mi título. Hablaré con el entrenador mañana. Voy a
decirle todo.
—¿Todo?
Des asintió, su estómago retorciéndose. —Sí, Shay. Voy a decirle que soy
gay y que espere a la selección para después de mi graduación. Si ellos todavía me
quieren en el equipo de la universidad, sí soy seleccionado entonces, bien, no
significa que lo hagan. Si lo hacen, seré el primer quarterback profesional
abiertamente gay.
—Eso es tomar muchos riesgos.
—Lo sé. Las posibilidades no van a mi favor. Me imagino que al menos la
mitad de mis compañeros de equipo no querrán saber nada de mí. Dejaré la
fraternidad. No paso nada de tiempo con esos tipos de todos modos.
Shayne puso su brazo alrededor de Des. —¿Estás seguro?
—Pensé que esto era lo que tú querías, Shay.
—Oh, bebé, solo quiero que nosotros estemos juntos, sin escondernos, pero
también quiero que tú consigas tus sueños. No quiero que tú renuncies a todo por
mí.
Des le atrajo más cerca. —Yo no lo veo así. Todo se resolverá, Shay. Estoy
harto de ocultar quién soy. He estado harto de ello durante un tiempo pero dejé que
el miedo y la preocupación por un futuro me impidieran admitir quién soy
realmente. Si el deporte profesional no está listo para un jugador gay continuaré en
la facultad de medicina después de licenciarme en biología. Tú puedes enseñar
historia —él movió sus cejas—. Esto da un nuevo significado al profesor caliente.
Shayne se rio, pero entonces se puso serio otra vez. —No quiero ningún
arrepentimiento.
—Yo tampoco quiero ninguno. Que es por lo que tengo que hacer esto,
Shayne.
—Apesta que tengamos que plantearnos esto. No debería importar cuáles
son tus preferencias sexuales.
—Tal vez algún día esto no suceda.
—La cena esta lista. —La madre de Shayne llamó desde la cocina—.
Chicos, consigan sus bebidas.
La cena fue una reunión acogedora, maravillosa, algo incluso más especial,
Des supuso, considerando la reacción de su propia madre ante la verdad sobre su
hijo. Shayne, él, Gramps, y Jan se rieron y comieron hasta que su estómago dolía.
Y luego, él y Shayne cargaron los platos en el lavavajillas. Con besos medio
robados. Después de que ellos se prepararon para ir a dormir, y ponerse en los
brazos del otro desnudos, cambiaron a besos más profundos, prometedores.
—Yo me he hecho la prueba —Des le dijo a Shayne mientras rodaba un
condón por su dolorida polla engrosada.
—¿La prueba? —Shayne jadeó, extendiendo sus piernas cuando los dedos
lubricados de Des entraron en él.
—Para las enfermedades de transmisión sexual. Tal vez, tú sabes, tal vez en
algún momento podríamos querer ir sin condón.
—Ah —Shayne asintió—. Buena idea. Me haré una también.
—Confío en ti.
Shayne sonrió y le besó. —Lo sé Pero los dos vamos a tener las pruebas de
todos modos.
Des asintió, la conversación momentáneamente olvidada, mientras él
sustituía sus dedos por su polla, empujando profundamente dentro de su amante. Él
se había perdido esto. Sí, sólo había sido una semana, pero él era patético.
Él hizo lentamente el amor a Shayne, sus empujes lentos, acariciando con
sus manos cada pulgada de piel desnuda del hombre más joven. Él quiso tener esto,
tener a Shayne, concedido.
Su mano se cerró alrededor de la polla de Shayne, sus dedos se cerraron para
hacer un puño mientras el bombeaba.
—Des, Des, por favor.
Entonces Shayne se corrió, chorros blancos lanzados sobre la mano de Des.
—Dios, eres tan hermoso —dijo, mirando el placer de su liberación pintado
en la cara de Shayne. Shayne se movió bajo él, aprontando los músculos de su culo
mientras sus piernas rodeaban la cintura de Des y de repente él no follaba a Shayne
lentamente.
—Joder —él gimió, bombeando sus caderas una y otra vez mientras su
propio orgasmo le alcanzaba.
Más tarde, después de que él desechara el condón y haberse limpiado solo lo
justo, Des sostuvo a Shayne cerca, la cabeza de Shayne descansando sobre su
pecho.
—Realmente me perdí esto. Dormir juntos, sosteniéndote —él sonrió
abiertamente—. Dios, soy tan bobo.
Shayne se rio. —Tal vez. Pero eres mi bobo.
—Puedo trabajar con eso.
—Todavía va ha haber bastantes días difíciles delante de nosotros, Des.
¿Piensas que estarás bien?
—No hay ninguna garantía en la vida, sé eso. Pero pienso que tenemos una
posibilidad bastante buena de que todo salga bien para nosotros, Shay —él se
inclinó hacia abajo para besar la cabeza oscura de Shayne—. Gracias.
—¿Por qué?
—Arriesgarte conmigo. Diciéndome que sí la primera vez que te pedí salir.
No diciéndome que me jodiera. Por tantas cosas. Pero sobre todo, por quererme.
Shayne le apretó. —Lo hago. Te amo, Des.
—También te amo. Más que nada.

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