CENTRO DE INVESTIGACIONES Y ESTUDIOS
SUPERIORES EN ANTROPOLOGÍA SOCIAL
EXILIO HONDUREÑO EN MÉXICO DURANTE LA
DICTADURA DE TIBURCIO CARÍAS ANDINO, 1933-1948.
TESIS
QUE PARA OPTAR AL GRADO DE
MAESTRO EN HISTORIA
PRESENTA
ROLAN EDUARDO SOTO LÓPEZ
DIRECTORA DE TESIS DRA. DANIELA TRAFFANO
MÉRIDA, YUCATÁN, ENERO DE 2023
A Dilcia, primer eslabón en la cadena, impulsora de este proyecto de vida.
A mi familia y amigos por su acompañamiento.
ii
AGRADECIMIENTOS
Va mi profundo agradecimiento a la maestra Daniela Traffano, directora de la tesis,
por su atento seguimiento a esta investigación, con diligencia dedicó mucho tiempo
y atención a cada detalle. También expreso mi gratitud a los lectores de este trabajo:
al Dr. Adalberto Santana, investigador del exilio latinoamericano, dedicó su tiempo
a la revisión del proyecto de investigación y siguió de cerca cada avance y me brindó
un espacio en el proyecto “Dinámica de los exilios en Iberoamérica” de la
Universidad Nacional Autónoma de México. Al maestro Rolando Sierra, su
conocimiento de la historia de Honduras y sus sugerencias puntuales fueron vitales.
Al maestro Pedro Bracamonte por formar parte del sínodo, desde su conocimiento
de la historia de Centroamérica aportó valiosos comentarios.
Otros investigadores merecen una mención especial: la historiadora
hondureña Yesenia Martínez, por impulsar mi carrera; el investigador mexicano
Hugo Martínez, por asesorar y acompañar; el historiador hondureño Mario Argueta,
por leer atentamente cada capítulo de la tesis; el historiador salvadoreño Gerardo
Monterrosa, por dedicar tiempo a mi proceso formativo; y el Lic. Gustavo Figueras
por colaborar en la consulta de archivos.
También agradezco a mis compañeros de generación y maestros de la
Maestría en Historia del CIESAS Peninsular, al personal técnico y administrativo,
por ellos la experiencia en el posgrado fue gratificante.
Finalmente agradezco al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología
(CONACYT) y al Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología
Social (CIESAS) por los estímulos proporcionados durante el desarrollo de esta
investigación.
iii
RESUMEN
EXILIO HONDUREÑO EN MÉXICO DURANTE LA DICTADURA DE TIBURCIO CARÍAS
ANDINO, 1933-1948.
Rolan Eduardo Soto López
Esta investigación centra su mirada en los hondureños que se exiliaron en México
durante el gobierno de Tiburcio Carías Andino (1933-1948). Durante la
administración del Carías, estos opositores fueron perseguidos, silenciados y
encarcelados por lo que se vieron forzados al exilio.
Por este contexto, algunos perseguidos se trasladaron a países vecinos de
Centroamérica para huir del clima de represión. Sin embargo, el ambiente que les
recibió en El Salvador, Guatemala y Nicaragua, no les fue propicio, por este motivo
se dirigieron a México, país en donde a partir de la recepción del exilio español se
creó toda una imagen humanitaria de puertas abiertas.
Tomando en cuenta que el exilio hondureño ha sido integrado en estudios
generales que abordan el exilio centroamericano, nuestro estudio busca profundizar
en sus características y dinámicas propias.
Desde México, la oposición hondureña, conformada por exiliados y
emigrados, intentó derrocar a Carías, en alianza con sus connacionales esparcidos
en Centroamérica. Por esta razón nuestro análisis presta atención a las conexiones
y proyectos comunes entre compatriotas.
iv
INDICE
INTRODUCCIÓN ............................................................................................................... 1
CAP I HONDURAS Y MÉXICO: DEL CONTEXTO REPRESIVO AL PAÍS RECEPTOR
(1930-1950) ..................................................................................................................... 18
1.1 Introducción ....................................................................................................... 18
1.2 Inestabilidad política, intervención extranjera y dictadura ....................................... 19
1.3 Acciones opositoras ............................................................................................... 31
1.4 La represión como respuesta ............................................................................ 34
1.5 La vigilancia como control social: matriz político-punitiva del régimen de Tiburcio
Carías Andino .............................................................................................................. 37
1.6 El control de la disidencia: métodos, blancos y redes ........................................ 40
1.7 Base social del Cariato ...................................................................................... 49
1.8México como país de recepción .............................................................................. 52
1.9 México, contexto de recepción y su política de asilo .............................................. 54
CAP II DICTADURAS DE CENTROAMÉRICA Y EXILIO CENTROAMERICANO EN
MÉXICO .......................................................................................................................... 64
2.1 Introducción ....................................................................................................... 64
2.2 Dictaduras centroamericanas y dinámica política regional. ................................ 64
2.3 Disidencia política y represión dictatorial ........................................................... 70
2.4 El exilio centroamericano en México visto desde el activismo político de la
oposición ...................................................................................................................... 78
CAP III EXILIO Y OPOSICIÓN HONDUREÑA EN MÉXICO ............................................ 90
3.1 Introducción ....................................................................................................... 90
3.2 México ante el exilio .......................................................................................... 91
3.2.1 México ante el exilio hondureño: diplomáticos mexicanos y política
hondureña ................................................................................................................ 92
3.2.2 La campaña antiasilo del gobierno hondureño ......................................... 100
3.2.3 Recelos hacia México ............................................................................... 105
3.3 El exilio hondureño en México ......................................................................... 109
3.3.1 Las organizaciones políticas en el exilio ................................................... 113
3.3.2 La oposición en acción: espacios, medios y campañas ............................ 120
3.3.3 Entre la hospitalidad, la solidaridad y la vigilancia .................................... 141
CONSIDERACIONES FINALES .................................................................................... 147
BIBLIOGRAFIA .............................................................................................................. 151
INTRODUCCIÓN
En la historia hondureña, el fenómeno del exilio se manifiesta desde la cuarta
década del siglo XIX, Francisco Morazán es el primer exiliado político en Panamá.
Desde este país escribe su testimonio, conocido y divulgado bajo el título “Memorias
de David”.
En este caso, se investiga la comunidad de exiliados hondureños en México
durante la administración de Tiburcio Carías Andino, presidente de Honduras entre
1933 y 1948. Este periodo se caracterizó por la represión, vigilancia y persecución
a la disidencia política. Del aparato represivo fueron víctimas personajes
reconocidos de la política e intelectualidad nacional. Tal es el caso de Venancio
Callejas, diputado del gobierno de turno, quien al entrar en desacuerdo con Carías
creó el Partido Nacional Autonomista, por lo que fue perseguido y tuvo que salir
hacia El Salvador. La misma suerte corrió Adolfo Zúñiga Huete, líder opositor del
Partido Liberal que finalmente se estableció en México. Asimismo, el escritor
Alfonso Guillén Zelaya tuvo que exiliarse en tierras mexicanas.
Planteamiento del problema y preguntas de investigación
El inicio del siglo XX hondureño coincidió con la fundación de la «república
bananera»1, caracterizada como la era de las grandes concesiones a las compañías
bananeras y la intervención del capital extranjero, precisamente estadounidense.
Las primeras tres décadas fueron de inestabilidad política manifestada en
insurrecciones militares o levantamientos armados dirigidos por caudillos o
facciones políticas vinculadas a los grupos de poder. En 1911 Manuel Bonilla se
convirtió en presidente de la república, contando con el apoyo del empresario
bananero Samuel Zemurray, quien le proporcionó un barco de guerra y pertrechos
militares. De esta manera, vendría la alianza entre bananeros y políticos y
consecuentemente la intervención y presencia de los Estados Unidos en la política
nacional. Por medio del «enclave bananero» “se fue consolidando la hegemonía de
1
Periodo de 1912-1929.
1
los Estados Unidos en Centroamérica, sustentada por la combinación de poder
económico, militar y diplomático”2.
Este escenario antecedió al gobierno de Tiburcio Carías Andino. En 1932, se
efectuaron elecciones presidenciales. Carías representó al Partido Nacional y José
Ángel Zúñiga Huete al Partido Liberal. Ambos candidatos eran abogados, de
tradición política liberal, caudillos de sus partidos y miembros de la élite social y
política. Carías ganó la contienda electoral, según los resultados de los comicios,
Huete no aceptó el resultado y se vino la revuelta, que fue aplastada militarmente
por los seguidores de Carías. Éste asumió la presidencia en febrero de 1933, su
periodo debió finalizar en 1936 pero reformando dos veces la Constitución, en 1936
y en 1939 respectivamente, ocupó la silla presidencial hasta 1948.
A partir de la reelección de 1936, la administración de Carías tomó
características dictatoriales, impedimento a la libertad electoral, centralización de
los tres poderes del Estado, la supresión de la libertad de prensa, reunión y
locomoción. En este contexto, se agudiza la oposición de intelectuales y políticos
hondureños, quienes, desde la segunda década del siglo XX, ante la presencia
militar estadounidense y el «enclave bananero» crearon una “corriente
antiimperialista de nacionalismo”3.
Durante 1930 y 1940, al discurso antiimperialista se sumó el discurso
antidictatorial que denunciaba el continuismo, proponía la alternabilidad política y la
libertad de expresión. Por estas propuestas la oposición fue perseguida,
encarcelada o desterrada lo que llevó a la creación de comunidades de exiliados
hondureños en México, Guatemala, Costa Rica, El Salvador y Panamá.
En base a este panorama la pregunta guía de nuestra investigación es:
¿cómo el exilio de hondureños en México propició la creación de una red política de
2
Barahona, M. (2005). Honduras en el siglo XX. Una síntesis histórica. 1 ed. Honduras: Guaymuras. p. 75.
3
En 1909 inició la era de la ocupación militar de Nicaragua por los Estados Unidos, que continuó durante el
periodo de 1910-1933. Ante este marco político e ideológico intelectuales hondureños reacción desde un
discurso antiimperialista dirigido al país norteamericano. Barahona, M. (2005). Honduras en el siglo XX. pp.
74-75.
2
oposición ante la dictadura del presidente hondureño Tiburcio Carías Andino? Para
responder a esta inquietud de investigación, hemos propuesto los siguientes
objetivos: comprender el contexto hondureño y las condiciones que propiciaron el
exilio; conocer la diplomacia mexicana y su impacto en la acogida de exiliados
hondureños; explorar los espacios de lucha cimentados en México e indagar los
proyectos políticos de denuncia y solidaridad. En este sentido analizamos la
constitución de agrupaciones políticas hondureñas en el exilio, las acciones y
mecanismos de denuncia ante Carías Andino.
Atendemos al papel que desempeñaron Adolfo Zúñiga Huete y Rafael
Heliodoro Valle. El primero político hondureño y el segundo escritor y diplomático.
Ambos sirvieron de intermediarios entre los exiliados hondureños en México y la
oposición en Honduras. Más que la centralidad de estos actores, reconstruimos la
dinámica y experiencias de la comunidad de exiliados hondureños, enfatizando la
diversidad de proyectos y posturas políticas.
Como hipótesis proponemos que los exiliados hondureños en México
configuraron una red de lucha antidictatorial y proyecto político de oposición.
Daremos cuenta de la comunidad hondureña y sus proyectos; sus encuentros y
divergencias políticas e ideológicas, así como de los medios utilizados para
establecer lazos y contactos en busca de un objetivo común: el derrocamiento del
presidente Tiburcio Carías Andino.
Exilio centroamericano y hondureño en México: hacia un estado de cuestión
En Latinoamérica la constitución de espacios académicos para los estudios del
exilio es reciente. Los países de Sur América lideran el campo de estudios con sus
Jornadas de Trabajo sobre Exilios Políticos del Cono Sur en el siglo XX, surgida a
partir de las Jornadas de presentación de proyectos sobre Exilio y Política realizadas
en agosto de 2010 en la Universidad Nacional de La Plata. En la primera jornada
se propuso profundizar en la circulación y conocimiento de los trabajos que
actualmente se están desarrollando en distintos ámbitos y unidades académicas
3
sobre los procesos de exilios políticos que afectaron a Brasil, Argentina, Bolivia,
Chile, Paraguay y Uruguay durante la segunda mitad del siglo XX.4.
En Centroamérica no se puede hablar de un núcleo académico similar. Sin
embargo, desde esta región, en alianza con México, se están conformando redes y
creando espacios para divulgar resultados de investigaciones sobre el exilio
centroamericano. En este sentido sobresale la labor del Seminario Permanente
Exilio Iberoamericano del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el
Caribe de la UNAM que, junto a otras instituciones, en el 2017, organizó las
Primeras Jornadas Internacionales “Exilio, migración y diáspora en Centroamérica
y el Caribe” con sede en Puerto Rico.
El exilio centroamericano en la historiografía
Como lo ha mencionado Jensen, “hacer historia de los exilios requiere combinar
niveles y escalas de análisis múltiples; local, nacional, regional, internacional,
transnacional”5. En primer lugar, esto nos da a conocer los retos de los abordajes
del exilio. Metodológicamente se deben superar los estudios que se circunscriben a
lo nacional y encaminarse hacia enfoques que atiendan distintos marcos espaciales.
El estudio del exilio, al tomar en cuenta el país expulsor, el país de tránsito y el país
de acogida amerita la combinación de escalas.
Nos acercamos al estudio del exilio hondureño partiendo de las agendas de
investigación del exilio centroamericano, para entretejer supuestos teóricos y
metodológicos y alimentar los análisis sobre nuestro objeto de estudio. Como podrá
notarse se ha investigado el exilio con relación a la vigilancia en el país receptor; la
alianza de exiliados y su lucha antidictatorial; y la manera en que al interior de las
comunidades exiliadas surgen o se potencian asociaciones políticas, desde comités
hasta partidos políticos.
4
[Link] Sitio oficial de este espacio académico a través del que se difunde
todo lo relacionado a las Jornadas.
5
Silvina Jensen, “Exilio e historia reciente. Avances y perspectivas de un campo en construcción”, Aletheia
Vol. 1, Núm. 2 (2011) 1-21. [Link] Consultado el 12 de
julio de 2017.
4
Moreno investigó el exilio centroamericano en México, analiza el caso de los
guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y costarricenses. La autora rescata la
visión que tuvieron los organismos encargados de resguardar la seguridad del
Estado mexicano, acerca de la conducta de aquellos ciudadanos que se vieron
forzados a dejar su país por razones políticas durante la primera mitad del siglo XX.
A través de los informes confidenciales, la autora descubrió formas de organización
y el activismo de los exiliados, así como los temores y prejuicios ideológicos de los
vigilantes. En esta investigación algunos hallazgos resultan de importancia. Al
referirse al accionar de los exiliados centroamericanos en México, considera que
desde el exilio se consolidaron alianzas y se gestionaron apoyos. También se
establecieron relaciones entre connacionales en función de objetivos concretos y
prácticos6.
En la línea de la vigilancia, otro estudio sobre los exiliados latinoamericanos
en México, delimitado a la década de los 60 y 80, revela la pervivencia de la
dinámica de control y vigilancia y los motivos de ésta. En primer lugar, se buscaba
que el activismo político del exilio no interviniera en asuntos internos. En segundo
término, se trataba de medir el estado de las redes de solidaridad entre las
organizaciones del exilio latinoamericano y las formaciones políticas mexicanas y,
finalmente la vigilancia permitía estar al tanto de las activades de los exiliados para
tomar decisiones en materia de política exterior7.
En cuanto al exilio costarricense en México, se identifican dos enfoques de
lucha, por un lado, los unionistas y por el otro los figueristas. Los primeros, liderados
por Vicente Sáenz tenían dos objetivos; hacer frente a los Estados Unidos y dar fin
al autoritarismo, lo que sería posible por el concierto de fuerzas de exiliados
centroamericanos. Por su parte, los seguidores de José Figueres, mediante la vía
6
Moreno Rodríguez, Laura Beatriz, “Vigilar el exilio centroamericano. Informes confidenciales sobre su
presencia en México, 1930-1940”, Antropología. Revista Interdisciplinaria del INAH Núm. 101 (2016): 77-94.
[Link] Consultado el 15 de octubre de 2018.
7
Pablo Yankelevich, “Los rostros de Jano: vigilancia y control de los exiliados latinoamericanos en México
(1960-1980)”. Estudios Interdisciplinarios De América Latina Y El Caribe, Vol. 30 No. 1. (2019), 125-157,
[Link] Consultado el 9 de septiembre de 2019.
5
armada buscaron derrocar a los gobiernos centroamericanos de corte dictatorial y
a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana8.
Respecto al exilio nicaragüense en México, Laura Moreno analizó la llegada
a México de un grupo de exiliados provenientes de ese país, durante la dictadura
de Anastasio Somoza García. Este trabajo propone mirar a estos perseguidos
políticos a través de los documentos confidenciales que generaron los organismos
de seguridad mexicanos En primer lugar, esta investigación propone que, quienes
llegaron a México pertenecían a la oligarquía nicaragüense, de distintas tendencias
políticas e ideológicas. En segundo término, la autora refiere a los nexos con otros
centroamericanos, a través de la Unión Democrática Centroamericana, formada en
1943 en México, sus integrantes tenían un objetivo común, derrocar a los dictadores
de Centroamérica, a esta organización se unieron los nicaragüenses 9
Guadalupe Rodríguez de Ita investigó a los guatemaltecos exiliados en
México. Durante la dictadura de Jorge Ubico (1931-1944) se exiliaron
aproximadamente cincuenta personas originarias de ese país y perteneciente a
distintas generaciones. La mayoría eran destacadas figuras políticas, o bien,
jóvenes que apuntaban a serlo. Unos y otros se asumieron como exiliados y
regresaron a su patria al tener lugar el movimiento popular contra Ubico, en 194410.
La autora también recalca las formas abiertas y/o clandestinas que tomó el
activismo político, “exiliados antiubiquistas formaron abiertamente la Unión Popular
Guatemalteca lo mismo que el Frente Democrático Guatemalteco (FDG). A
mediados de siglo XX, otros exiliados formaron el grupo 20 de octubre con el que
buscaron mantener la unión y la solidaridad entre ellos y su patria”11
8
José Francisco Mejía Flores, Laura Beatriz Moreno Rodríguez, “El exilio costarricense en México en la década
de 1940”. Cuadernos americanos, Vol. 2. Núm. 152 (2015): 51-73, [Link]
costarricense-en-mexico-en-la-decada-de-1940. Consultado el 15 de octubre de 2018.
9
Moreno Rodríguez, L. (2013). Exilio nicaragüense en México. (1937-1947). México: UNAM.
10
Rodríguez de Ita, Guadalupe, “Exiliados guatemaltecos en México: Una experiencia recurrente”, en Pacarina
del Sur. Revista del Pensamiento Crítico Latinoamericano, edición de internet, ene-dic 2001.
[Link]
mexico-una-experiencia-recurrente. Consultado el 15 de octubre de 2018.
11
Ibid.
6
El caso salvadoreño es tratado por Monterrosa. En junio de 1935, en El
Salvador circuló una hoja volante impresa en México en la que se criticaba
fuertemente al presidente salvadoreño Maximiliano Hernández y de manera
específica reproducía un manifiesto que citaba la matanza de 193212. De esta
manera el investigador brinda pistas de las actuaciones de la oposición política de
los salvadoreños radicados en México. La matanza se dio cuando el partido
comunista se volvió más activo y ante las tensiones entre los indígenas, los
terratenientes y la guardia civil, sumado a la inestabilidad, corrupción y desigualdad,
Farabundo Martí y Feliciano Ama, organizaron una insurrección campesina. El 22
de enero de 1932, en Izalco, armados de machetes, miles de indígenas se
rebelaron, por órdenes del presidente Martínez más de 30 mil
indígenas/campesinos fueron ejecutados. Otro estudio de Monterrosa centra su
mirada en una petición dirigida a Lázaro Cárdenas en junio de 1936. Según este
autor, su firmante, el hondureño José María Zelaya, solicitaba armamento para
realizar una expedición en Centroamérica; se trataba de un proyecto que buscaba
sorprender a los dictadores de la región y “el signatario contaba con el apoyo de
Ángel Zúñiga Huete, político hondureño, con quien planeaban derrocar, primero, a
Carías Andino y luego a Somoza”13.
El exilio hondureño en la historiografía de Honduras
El exilio hondureño durante el «cariato»14 es tratado de manera breve por Mario
Argueta en su investigación sobre la dictadura de Tiburcio Carías Andino15. En su
apartado “la oposición en el exilio” Argueta considera que, la caída del dictador
salvadoreño Hernández Martínez y Jorge Ubico en Guatemala, en 1944, propició la
reactivación de los opositores en el exilio.16
12
Gerardo Monterrosa. (2019. La sombra del martinato: Autoritarismo y lucha opositora en El Salvador 1931-
1945. México: UNAM. p. 95.
13
Monterrosa Cubías, Luis Gerardo, “'Una propuesta para 'prender la flama revolucionaria en Centroamérica'.
Exiliados centroamericanos en México 1936”. Revista de historia de América Núm. 159 (2020):109-136.
[Link] Consultado el 5 de marzo de 2021.
14
Así ha denominado la historiografía hondureña al periodo de 16 años de gobierno del presidente Tiburcio
Carías Andino.
15
Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. Anatomía de una época. 2 ed. Honduras: Guaymuras.
16
Ibidem. pp. 280-294.
7
Argueta enlista las organizaciones formadas en México como el Comité
Liberal Demócrata, dirigido por Zúñiga Huete y el Frente Democrático Hondureño,
con Guillen Zelaya a la cabeza; en Costa Rica, Venancio Callejas y Vicente Mejía
Colindres presidían el Centro Democrático Hondureño; en Guatemala, se fundó el
Frente Democrático Revolucionario Hondureño, con Andrés Alvarado Puerto como
su secretario y en Panamá existía una filial del Comité Liberal Demócrata que
presidía Andrés Brown Flores. A través de su esbozo se puede bosquejar la
composición de estas organizaciones y sus programas políticos.
También Thomas Dood, dedica unas páginas de su investigación al exilio
durante el Cariato. Considera que la represión se lograba mediante la intimidación
de la que el exilio era una forma de castigo junto a la censura de prensa y el
encarcelamiento17. Los blancos de la represión y el exilio eran los miembros de
Partido Liberal, periodistas y editores de periódicos, ensayistas. Dood, de igual
manera que Argueta, brinda un esbozo de las agrupaciones hondureñas en el exilio
y su activismo, enfatizando los hechos sucedidos en torno a la reelección de 1937
y la masacre de San Pedro Sula, en 1944. Ambos investigadores coinciden en la
inefectividad de la oposición.
Por su parte Sagastume caracteriza a la oposición durante la dictadura de
Carías Andino. De 1933 a 1941, la oposición era clandestina, oral y escrita. Luego,
por influencia de la caída de las dictaduras en Guatemala y en El Salvador, el
movimiento opositor hondureño se volvió sistemático y abierto, “la propaganda
liberal anticariísta creció, volaron hojas y panfletos clandestinos y desde El Salvador
y México, Costa Rica y Guatemala se apoyaba a los opositores”18. Estos medios de
comunicación se convirtieron en el «blanco» de la Policía Secreta de Carías,
institución que tenía como objetivo neutralizar a la oposición mediante la vigilancia
y control de las correspondencias e impresos con mensajes «subversivos».
17
Dodd, T.J. (2003). Tiburcio Carías Andino: retrato de un líder político. Honduras: IHAH. p. 215.
18
Sagastume, A. (2001). La oposición y la dictadura. En O. Zelaya Garay (Comp.), Lecturas de historia de
Honduras. Antología. (pp. 317-323). México: Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán/ Pearson
Educación.
8
Conviene apuntar que, Darío Euraque ha realizado un estudio sobre las obras
que han abordado la dictadura de Tiburcio Carías Andino. Euraque ubica dos
momentos, en primer lugar, refiere a los libros escritos ante de la década de 1980,
según él, estos pueden ser catalogados como hagiográficos o anti-hagiofráficos.
Los primeros fueron elaborados por admiradores extranjeros de la dictadura y por
miembros leales al Partido Nacional. Con relación a los estudios anti-hagiográfico,
sus representantes son Ángel Zúñiga Huete y William Krehm. Ya para 1980,
Euraque plantea que existe una Nueva Historiografía que problematiza y contribuye
a las investigaciones anteriores. En este caso resalta las obras que hemos citado
anteriormente, principalmente la de Argueta y Dood19.
Hasta ahora, se ha integrado al exilio hondureño en obras generales y en
estudios que abordan el exilio centroamericano. Nuestra intención es investigar al
exilio hondureño, no desvinculado de otros exilios de la región, pero si atendiendo
a sus particularidades y dinámicas propias. Nuestra investigación descubre las
estrategias políticas surgidas en el exilio. Asimismo, pretende identificar los
proyectos comunes y divergencias al interior de la comunidad de exiliados
hondureños. Por su parte el activismo político y la oposición desde el exilio dará
cuenta de la creación y funcionamiento de las redes que entretejidas en México
buscaron incidir en la política hondureña. Estudios de esta naturaleza posibilitarán
puentes de diálogo hacia la comprensión de Centroamérica dentro de la dinámica
política latinoamericana. Además, de contribuir a análisis de la relación entre
Centroamérica y México, su política de asilo, sus relaciones bilaterales y sobre todo
su constitución como país de acogida.
Marco interpretativo/conceptual
Para investigar la comunidad de exiliados hondureños en México como una red de
lucha y proyecto político de oposición a la dictadura de Tiburcio Carías Andino, nos
auxiliamos de dos conceptos que guían nuestro enfoque interpretativo. En primer
lugar, exilio político, que se auxilia de red entendido tanto como un método como
19
Para un panorama más amplio véase Euraque, D. (2001). La Historiografía sobre la dictadura del General
Tiburcio Carías Andino (1933-1949). En O. Zelaya Garay (Comp.), Lecturas de historia de Honduras.
Antología (i-xx). México: Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán/ Pearson Educación.
9
también como un concepto. Aunque nuestro estudio no se ha planteado como es
un estudio de redes en específico, la consulta de fuentes nos permitió esbozar las
relaciones y lazos establecidos desde el exilio.
A partir de un estudio aplicado a América Latina, Roniger y Sznajder, definen
al exilio político como un mecanismo de exclusión que obliga a los involucrados en
la política y vida pública a abandonar su país de origen si son percibidos como un
peligro para quien detenta el poder. En este sentido “el exilio es una de las formas
principales de exclusión institucionalizada, una herramienta profusamente usada
por los estados para eliminar la disensión política”20 y el exiliado regresa a su país
solamente si las condiciones cambian, caso contrario permanecen fuera de
fronteras.
Algunos exiliados, desde el extranjero abandonan su activismo político, pero
otros ven al país que les acoge como una oportunidad para continuar sus proyectos
tanto vitales como políticos y llegan a identificarse con programas de connacionales
u otros actores. Visto desde esta perspectiva el exilio plantea retos en relación con
el país expulsor y con el país de acogida. Aquí el activismo político y la integración
social demandan la implementación de nuevas estrategias políticas y la constitución
de una comunidad puede convertirse en un recurso político. La organización es
clave y tanto emigrados como exiliados pueden identificarse con un proyecto político
y construir redes locales, nacionales e incluso internacionales.
El análisis de redes tiene su origen en las ciencias de la programación. Luego
sus supuestos teóricos fueron tomados por las ciencias sociales, la sociología en
un primer momento, hasta llegar a otras disciplinas como la historia. Para Bertrand
una red es “un conjunto permanente o temporal de vínculos de naturaleza diversa
que unen a los individuos entre sí. Estos lazos constituyen una verdadera
organización social, suponen entre los participantes lazos de solidaridad” 21.
20
Sznajder, M. & Roniger, L. (2013). La Política del destierro y el exilio en América Latina. México: Fondo
de Cultura Económica. p.31.
21
Bertrand, M. (2007). Las redes de sociabilidad en la nueva España: fundamentos de un modelo familiar en
México (siglos XVII-XVII). En G. Baudot, A., C. Arnauld y M. Bertrand (Coord.), Poder y desviaciones:
Génesis de una sociedad mestiza en Mesoamérica, siglos XVI-XVII [en línea] (pp. 103-133). México: Centro
10
En este caso se puede prestar atención a las redes. Podría hablarse de redes
exiliares y/o redes de solidaridad que los exiliados tienden a establecer con otros
exiliados y connacionales, con diversos grados de involucramiento social y
político22. Como veremos, los hondureños, desde México, gestionaron espacios y
propusieron acciones conjuntas; éstas iban desde la denuncia pacífica por vía
periodística hasta acciones armadas. Algunos fungieron como informantes o
mediadores de las comunicaciones epistolares y otros se sirvieron de medios de
comunicación escrita y radial.
En la constitución y relación de colectivos exiliados es clave el papel de
mediadores y dirigentes. Para el caso hondureño, Rafael Heliodoro Valle tuvo el rol
central hasta convertirse prácticamente en un estratega político. Su diligencia y
reflexividad, su capital social y red de contactos, hasta cierto punto posibilitó la
unidad y beligerancia de la oposición política. La filósofa política Judith Shklar,
propone que “los desterrados deben reformular los lazos paralelos que mantienen
en el sitio de asilo: lazos de lealtad, fidelidad y asociacionismo. Mientras muchos
exiliados tienden a mantener viejos lazos, al mismo tiempo se ven impulsados a
elaborar en nuevas formas tales lazos”23. En el caso de Valle, sin ser un exiliado, se
identificó con el proyecto político de sus connacionales y se volvió un miembro
activo de la oposición hondureña.
Los mediadores buscan que la unión de fuerzas y objetivos se dirijan hacia
el todo. La red de sociabilidad actúa en función de proyectos definidos según
consenso. En nuestra investigación es necesario preguntarse hasta qué punto la
comunidad de exiliados hondureños en México creó lazos y si éstos posibilitaron la
acción colectiva. Nuestra investigación intenta articular las acciones de Honduras
desde México hacia Centroamérica y desde estos países hacia el país de origen,
Honduras.
de estudios mexicanos y centroamericanos. [Link] Consultado el 5 de mayo
de 2021.
22
Sznajder, M. & Roniger, L. (2013). La Política del destierro y el exilio en América Latina. p. 39.
23
Judith Shklar en Roniger, Luis, “Exilio, teoría sociopolítica y enfoques trasnacionales”, en Migraciones y
exilios núm. 16 (2016): 33-56. [Link] Consultado el 20 de mayo de
2018.
11
Para la historiografía latinoamericana y el enfoque de redes, Melgar Bao y
Devés, sugieren prestar atención a las formas de comunicación sea personal o
escrita y atender a la participación en congresos o eventos organizativos. Así como
indagar sobre la publicación en los mismos medios y la participación en las mismas
campañas24. En nuestro caso, identificamos que los periódicos y revistas se
convirtieron en espacios de denuncia y plataforma antidictatoriales. Por su parte, la
correspondencia entre hondureños en México y Centroamérica sirvió de canal para
algunas actividades y campañas.
Las redes políticas configuradas en el exilio, sea entendidas como
comunidades o redes de solidaridad, se convirtieron en una práctica política
utilizada por los exiliados hondureños para retomar su activismo desde México.
El Fondo Rafael Heliodoro Valle de la Universidad Nacional Autónoma de
México (ERHC), conserva la correspondencia de este polígrafo que entregó mucha
y valiosa información sobre el proyecto político de la comunidad hondureña exiliada
en México y Centroamérica, las alianzas, divergencias ideológicas, alcances y
limitaciones de prácticas políticas pensadas desde el exilio. Seguimos la propuesta
de Imízcoz y Arroyo, quien señala “la correspondencia epistolar privada, es la única
fuente documental que revela interacciones directas –no mediatizadas
institucionalmente- entre actores sociales”25.
Fuentes y fondos documentales
Para comprender el contexto hondureño que propició el exilio, se aprovechó la
información contenida en los Documentos de la Policía Secreta de Carías, una
compilación que permite reconstruir la persecución y vigilancia a la que fue expuesta
24
Melgar Bao, R. (2018). Redes e imaginario del exilio en México y América Latina: 1934-1940.
México: UNAM. p. 16; Devés-Valdés, E. (2007). Redes de intelectuales en América Latina. Hacia la
constitución de una comunidad intelectual. Chile: Instituto de Estudios Avanzados, Universidad Santiago de
Chile. p. 32.
25
Imízcoz Beunza, José María & Arroyo Ruiz, Lara, “Redes sociales y correspondencia epistolar. Del análisis
cualitativo de las relaciones personales a la reconstrucción de redes egocentradas”. REDES- Revista hispana
para el análisis de redes sociales Vol.21, Núm.1 (2011): 98-138. [Link]
Consultado el 20 de abril de 2020.
12
la oposición26. El historiador Evelio Inestroza, clasificó la documentación según
cinco temáticas: particularidades del contexto, los emigrados, el espionaje, defensa
y seguridad nacional y presos políticos. La Policía tenía como objetivo neutralizar la
oposición política y contaba con una red de colaboradores en las distintas ciudades
de Honduras. Sus agentes se encargaban de controlar la circulación de
correspondencias, personas e ideas; las cartas eran abiertas y leídas en el correo y
se entregaban después de comprobar que no traían «mensajes peligrosos».
Este organismo de investigación retenía escritos que referían al gobierno de
Tiburcio Carías Andino. El estudio de estos documentos también permite ver la
colaboración de Estados Unidos y países vecinos con la Policía Secreta y el
gobierno de turno. El primero brindaba formación en materia de técnicas de
espionaje mientras que el gobierno costarricense permitía que las correspondencias
fueran revisadas antes de llegar a Honduras.
Para sopesar el papel de la diplomacia mexicana y su impacto en la acogida
de exiliados hondureños, se consultó el Archivo Histórico Genaro Estrada de la
Secretaría de Relaciones Exteriores de México (AHGE-SRE), que conserva
información de 1821-1988. Sus grupos documentales contienen asuntos sobre
relaciones internacionales y política exterior de México. Una de las funciones de
SRE es la de otorgar asilo diplomático o territorial. Pero según Hugo Martínez, la
Secretaría de Gobernación era la encargada de conferir la categoría de asilado,
haciendo del conocimiento de ello a Relaciones Exteriores, con el propósito de que
supiera la situación migratoria del solicitante a su llegada al territorio nacional. 27
Del AHGE-SRE, resultó de gran interés el grupo documental denominado III.
Dirección de Asuntos diplomáticos, que contiene expedientes de exiliados de
distintos países. También alberga las peticiones de asilo a representantes
mexicanos en el exterior y la comunicación entre éstos y la Secretaría de Relaciones
Exteriores. En nuestra investigación fue vital la revisión de los Informes Políticos
26
Inestroza, J.E. (2009). Documentos clasificados de la policía secreta de Carías (1937-1944). Honduras:
IHAH.
27
Martínez Acosta, H. & Fuentes Hernández, J. (2017). Fuentes diplomáticas para el estudio del exilio en
México”. En A. Santana & L. B. Moreno Rodríguez (Coords.), Exilio iberoamericano (pp. 267-277) México:
UNAM.
13
que los Encargados de Negocios o Embajadores enviaban a la SRE; aquí daban
cuenta de asuntos políticos, sociales, culturales, relaciones exteriores entre otros.
Acudimos al Archivo Histórico Genaro Estrada por dos motivos. Nuestro
trabajo de campo se realizó entre septiembre y diciembre de 2021. Para esas fechas
al acceso a los archivos en México estuvo limitado por la pandemia, el AHGE, era
el archivo que brindaba la mejor oportunidad de acceso, tres días por semana, cinco
horas de consulta en cada visita. Caso contrario al AGN, de difícil consulta por el
nivel de solicitudes de acceso. Además, en el archivo de Relaciones Exteriores
encontramos los Informes Políticos ya mencionados, valiosos además porque eran
acompañados de recortes de prensa hondureña y telegramas que trataban sobre
Honduras, su situación política y nuestro objeto de estudio.
Al final, el AHGE, se convirtió en un acervo vital por los motivos mencionados.
Pudiera parecer que, por la recurrencia a su documentación en la escritura del
segundo y tercer capítulo, estudiamos el exilio hondureño desde la percepción de
los diplomáticos mexicanos que enviaban esos Informes Políticos, pero más bien
recurrimos a ellos por la riqueza de la información que contienen. Vale otra
aclaración, estos Informes, nos permitieron subsanar en parte la dificultad de
acceder a los archivos hondureños, también inaccesible por el contexto de la
pandemia. El Archivo Nacional de Honduras (ANH) permaneció cerrado durante
mucho tiempo y abrió paulatinamente cuando nuestro trabajo de archivo se
encontraba en su etapa final. A través de los Informes Políticos accedimos a fuentes
hemerográficas hondureñas, tal como los diarios La Época y El Cronista.
Para explorar las redes y espacios que desde México cimentaron los
exiliados hondureños, así como los proyectos políticos de denuncia, de solidaridad
y de intercambio intelectual y cultural fue de gran utilidad el Fondo Rafael Heliodoro
Valle de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Valle, fue vicepresidente
del Comité Liberal Demócrata de Honduras en México, su correspondencia, permite
reconstruir el proyecto político de la comunidad hondureña exiliada en México, sus
relaciones, divergencias ideológicas y medios de oposición.
14
A pesar del difícil acceso se consultaron algunos expedientes del Archivo
General de la Nación. Desde estos fue posible acercarnos a la vigilancia de que fue
objeto el político hondureño Ángel Zúñiga Huete y el equipo editorial y administrativo
de las revistas En Marcha y Combate. Otra fuente consultada es la revista Futuro,
dirigida por el político mexicano Vicente Lombardo Toledano, quien brindó un
espacio para abordar temáticas sobre la situación política centroamericana y las
dictaduras en específico, información que es complementada con algunas
memorias e informes de la Confederación de Trabajadores de América Latina,
también liderada por Toledano.
Debemos reconocer tareas pendientes que pueden ser retomadas en
investigaciones futuras, entre estas la revisión de las Memorias de Gobernación y
Justicia conservadas en el Archivo Nacional de Honduras (ANH), que ayudarán a
entender la persecución política. Para 1933 y 1939 se calculan 4,036 presos por
cuestiones políticas28. Según Rolando Sierra “durante la dictadura de Tiburcio
Carías Andino (1993-1948) la Penitenciaría Central se convirtió en una especie de
símbolo del régimen. Si ha habido etapa en la cual las cárceles, presidios y
penitenciarias del país estuvieron llenas fue esta.”29. El ANH, también conserva el
Fondo Venancio Callejas, desde donde se podría ampliar sobre la persecución de
la disidencia política. Callejas fue Diputado del gobierno de turno, integrante del
Partido Nacional, luego formó el Partido Nacional Autonomista por lo que fue
atacado en 1935 y salió al exilio al siguiente año. Sin omitir la referencia al archivo
de Relaciones Exteriores de Honduras, durante nuestro trabajo de campo, había
cambiado de edificio. Esta situación, el factor tiempo, y las restricciones de la
pandemia Covid-19, dificultaron su acceso.
Con las fuentes mencionadas y la bibliografía pertinente estructuramos tres
capítulos. El primero, presenta aspectos generales de la historia y la política
hondureña entre 1930-1950. Objetivo central de este apartado es presentar el
contexto represivo durante la presidencia de Tiburcio Carías Andino. Sus políticas
28
Zúñiga Huete en Rolando Sierra Fonseca. Antigua Penitenciaria Central: un siglo de escenas de la vida
cautiva de la población hondureña. Concurso nacional de investigaciones históricas, culturales y creativas.
Producto Final: Informe del proyecto de investigación. Tegucigalpa, agosto de 2011. p. 112.
29
Rolando Sierra Fonseca. Antigua Penitenciaria Central. p. 75.
15
de espionaje, persecución y encierro provocaron el exilio hacia México. Cerramos
este capítulo con un esbozo de México en sus rasgos históricos, pero sobre todo
presentamos las condiciones que le convirtieron en país de destino, en este sentido
se esbozan sus políticas de asilo y el papel que jugaron los gobiernos de Lázaro
Cárdenas, Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán, a través de sus decisiones en
materia de política exterior. Sus administraciones coinciden con nuestro periodo de
estudio, y bajo los supuestos de leyes migratorias y postulados de las Convenciones
Internacionales en materia de asilo crearon una tradición de asilo en México.
El segundo capítulo, versa sobre el contexto centroamericano, enfatizando la
represión bajo los gobiernos de Anastasio Somoza en Nicaragua, Maximiliano
Hernández en El Salvador y Jorge Ubico en Guatemala, homólogos del presidente
Carías. A estos países llegaron algunos hondureños que huyeron de Honduras con
la intención de orquestar algunos proyectos antidictatoriales, pero se encontraron
con condiciones adversas. De esta manera enmarcamos el estado de la oposición
política hondureña en un panorama más amplio, el ambiente de hostilidad a la
disidencia fue un rasgo común en estos países. Al final, presentamos algunos
apuntes sobre el exilio centroamericano en México, visto desde el activismo político
de la oposición exiliada, lo que nos brindó pistas para acercarnos a nuestro objeto
de estudio.
La oposición hondureña llegó a los países centroamericanos con la finalidad
de planear algunas acciones en contra de Carías, pero el contexto no fue favorable.
Ante esta situación, México se presentó como un destino ideal para continuar su
activismo político. El último capítulo de esta investigación trata sobre el exilio y la
oposición hondureña en México. En primer lugar, presentamos la actitud de México
ante el fenómeno, focalizando el papel que jugaron los diplomáticos en la acogida,
de sus diligencias dependió el asilo de aquellos perseguidos por el régimen de
Carías. La administración hondureña del momento reaccionó creando una campaña
antiasilo y expresando recelos ante México, tocamos este punto. Acto seguido,
presentamos las organizaciones políticas en el exilio, creadas en un contexto que
les antecedía, recordemos que, por el legado del exilio español y el contexto bélico,
en México surgieron algunas asociaciones que tenían programas antitotalitarios,
16
antifascistas, antidictatoriales. Los exiliados centroamericanos y hondureños en
específico se identificaron con estos programas políticos.
El tercer capítulo también aborda los espacios, los medios y las campañas
de la oposición. Hablamos de la oposición en un sentido amplio porque la
comunidad opositora en México estuvo integrada por exiliados, pero también por
compatriotas que llegaron por motivos de trabajo y estudio, en fin, emigrados. Las
revistas se convirtieron en un medio de denuncia y desde estas se creó una
plataforma de denuncia. Tanto la revista En Marcha como Combate, dirigidas por
hondureños identificados con los programas políticos de los exiliados hondureños,
se convirtieron en un canal, pero también en un apoyo político. La revista mexicana
Futuro también fue en un espacio solidario con la situación de los exiliados
centroamericanos y desde sus páginas denunció a los dictadores de la región y en
específico al presidente hondureño Tiburcio Carías Andino. Cerramos este capítulo
con un apartado sobre la vigilancia de las autoridades mexicanas hacia el político
Zúñiga Huete y el equipo administrativo y editorial de las revistas En Marcha y
Combate, para ilustrar cómo la política de recepción del gobierno mexicano también
pretendió obstaculizar el activismo político de los asilados.
17
CAPÍTULO I
HONDURAS Y MÉXICO: DEL CONTEXTO REPRESIVO AL PAÍS RECEPTOR
(1930-1950)
1.1 Introducción
El tema central de nuestra investigación es el exilio hondureño en México durante
la presidencia de Tiburcio Carías Andino. Para su comprensión conviene presentar
algunos elementos de la historia nacional. En primer lugar, los inicios del siglo XX,
marcado por convulsiones sociales y políticas, el caudillismo y la presencia del
capital extranjero por vía de las empresas bananeras y con ello el poderío
económico y político de los Estados Unidos. Todo esto enmarcado en un contexto
centroamericano permeado por factores mundiales. Luego, nos centramos en el
periodo de 1930-1950, para enfatizar los elementos que caracterizaron al régimen
de Carías y el contexto represivo que convirtió a Honduras en un país expulsor de
la oposición política.
Nos auxiliamos de los informes políticos reglamentarios que enviaban los
diplomáticos asignados en la Legación y Embajada de México en Honduras, esta
documentación es conservada en el Archivo Histórico Genero Estrada de la
Secretaría de Relaciones Exteriores de México, con sede en Ciudad de México.
También acudimos a los Documentos de la Policía Secreta de Carías, que fueron
publicados por el historiador Evelio Hinestroza30.
Este capítulo cierra con un breve panorama del México en las décadas de
1930, 1940 y 1950. Con la finalidad de mostrar el contexto en el que la oposición
hondureña tuvo que exiliarse se dan a conocer los rasgos generales de las
administraciones Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán. Se
presenta al país mexicano como un espacio de recepción por lo que haremos un
acercamiento a los factores y políticas que le constituyeron en un lugar de acogida.
30
Inestroza, J. E. (2009). Documentos clasificados de la policía secreta de Carías.
18
1.2 Inestabilidad política, intervención extranjera y dictadura
Las primeras tres décadas del siglo XX hondureño están marcadas por la
inestabilidad política, que se manifestó en las insurrecciones militares o
levantamientos armados dirigidos por caudillos o facciones políticas vinculadas a
los grupos de poder. Nuestro periodo de estudio, 1933-1949, coincidió con la
Segunda Guerra Mundial, la presencia de Estados Unidos en Centroamérica y las
dictaduras de los países vecinos; Nicaragua, Guatemala y El Salvador.
Mapa 1.
Fernando Velásquez Recarte, 2022. Mapa político de Centroamérica [Mapa]. Inédito.
Según Tarracena, a partir de 1900, el capital norteamericano inició su
expansión en Centroamérica, sobre todo en Guatemala, Honduras y Costa Rica,
“las inversiones directas de Estados Unidos pasaron de 11.500.000 de dólares en
1897 hasta 76.000.000 de dólares en la víspera de la Primera Guerra Mundial”31.
Esa expansión de capital corresponde a la segunda etapa de las Reformas Liberales
en Centroamérica (1900-1919). Por su parte, la tercera fase (1920-1929), se
31
Tarracena, A. (1994). Liberalismo y poder político en Centroamérica (1870-1929). En V. H Acuña (Coord.),
Historia General de Centroamérica. 2da edición. Tomo IV (pp. 168-253). Costa Rica: FLACSO.
19
desenvolvió dentro de cierto progreso económico fomentado por el auge de la
posguerra, de las exportaciones de café y banano y por el reordenamiento
monetario. Sin embargo, la crisis de 1929 puso de manifiesto la debilidad del
esfuerzo desordenado y la desigual legitimación del Estado liberal oligárquico. A
inicios de los treinta llegó el momento de las dictaduras centroamericanas, una
muestra de la legitimidad no construida durante el proceso de Reformas Liberales.
Bulmer-Thomas coincide con esta línea argumentativa de debilidad del
Estado y propone que, “la recuperación económica en los años treinta no implicó la
liberalización política”. Para el autor, los regímenes centroamericanos que llegaron
al poder en los inicios de la depresión se convirtieron en fuertes dictaduras en las
que ninguna oposición era tolerada. En este caso se trata del ascenso al poder de
Jorge Ubico en Guatemala, Maximiliano Hernández en El Salvador, Tiburcio Carías
en Honduras y Anastasio Somoza en Nicaragua. Sólo en Costa Rica, donde la
tradición de elecciones libres y justas se mantenía, el descenso hacia la dictadura
fue evitado, pero incluso en este país el gobierno comenzó a manifestar un fuerte
carácter autoritario32.
Para la comprensión de las dictaduras en la región, es pertinente tomar la
propuesta de Bulmer-Thomas, respecto al peso de los Estados Unidos en el origen
de las dictaduras centroamericanas. El autor considera que el establecimiento de
las dictaduras en las repúblicas del Norte “debe ser explicado en función de la
eliminación o erosión de los obstáculos al desarrollo de un gobierno absoluto,
existentes antes de los años treinta. Esos obstáculos eran internos y externos,
siendo los segundos representados por el gobierno de Estados Unidos
principalmente”33.
Uno de los obstáculos que se oponían a la constitución de gobiernos
absolutos, era el Tratado de Paz y Amistad de 1923 que Washington hizo firmar a
todos los estados centroamericanos. Este recurso estableció los criterios mediante
los cuales los gobiernos recibirían o no el reconocimiento de los países extranjeros,
32
Bulmer-Thomas, V. (1994). La crisis de la economía de agroexportación (1930-1945. En V.H. Acuña
(Coord.), Historia General de Centroamérica. 2da edición. Tomo IV (pp. 325-397). Costa Rica: FLACSO.
33
Ibid.
20
“el propósito del Tratado era estimular los gobiernos constitucionales, la transición
pacífica de una administración a la otra mediante elecciones y el respeto a los
países vecinos”34. Pero la política estadounidense dio señales de un giro en 1933,
cuando caducó el Tratado y no se procedió a su renovación. Guatemala, Honduras
y Nicaragua reconocieron la dictadura de Martínez en enero de 1935, así como el
presidente Roosevelt y “esta fue una clara señal a todos los presidentes de
Centroamérica que deseaban perpetuar su mando a través del continuismo más
que de elecciones. Un importante obstáculo a la dictadura personal había sido
eliminado”.35
Del Tratado de Amistad de 1923 dependió, en primer lugar, la contención al
surgimiento de las dictaduras en Centroamérica. Pero su suspensión coadyuvó al
origen y afianzamiento de los gobiernos dictatoriales en el istmo del continente.
La política de Estados Unidos con respecto a Centroamérica puede
esbozarse de la siguiente manera: del no reconocimiento a gobiernos
inconstitucionales en la década de 1920, se pasó a la política del Buen Vecino de la
siguiente década, que implementada en las administraciones del presidente
Roosevelt (1933-1945), suponía el principio de la no intervención de los asuntos
internos de América Latina y el Caribe, hasta llegar a la política de asociación
estratégica en los años de guerra. Sobre las repercusiones y efectos de la política
estadounidense “ninguna de las políticas fue muy exitosa y el no reconocimiento no
logró evitar la consolidación de la dictadura de Martínez en El Salvador; la política
del buen vecino permitió a Ubico, Carías y Somoza, afianzar su brutal poder en sus
países y la asociación estratégica contribuyó a la supervivencia de los gobiernos
caudillistas en Honduras y Nicaragua”36.
Tanto la presencia como la ausencia de Estados Unidos ha sido determinante
en el origen y prolongación de las dictaduras. Por ejemplo, el Tratado de Paz y
Amistad de 1923, impidió que Somoza hiciera uso de las armas para perpetuarse
34
Ibid.
35
Ibid.
36
Bulmer-Thomas, V. (1994). La crisis de la economía de agroexportación (1930-1945. En V.H. Acuña
(Coord.), Historia General de Centroamérica. (pp. 325-397).
21
en el poder. En la década de 1930, en Nicaragua entró en funciones la Guardia
Nacional, un cuerpo militar propuesto por los Estados Unidos con la finalidad de no
recurrir a la presencia permanente de las tropas norteamericanas. Somoza fue el
primer director nicaragüense de la Guardia Nacional, situación que pudo ser
aprovechada para perpetuarse en el poder, pero el país norteamericano no podía
permitir tal situación, debido a que las administraciones de Estados Unidos “habían
invertido demasiado capital político en Nicaragua como para permitir que su
apariencia de mandato constitucional fuera súbitamente descartada, sin
contemplaciones”. Sin embargo, en 1939, el presidente guatemalteco Jorge Ubico,
fue invitado por el presidente Roosevelt, lo que también significó una señal de apoyo
de Estados Unidos al dictador Somoza37. Es así como Estados Unidos, cumplió la
función de mediador y juez en las acciones de los gobernantes centroamericanos.
Ubico ejerció en Guatemala, entre 1931 y 1944, una dictadura, durante la que
encarceló, asesinó y envió al exilio a la oposición. También desintegró las
organizaciones laborales y silenció las voces intelectuales disidentes.
La caída de este gobierno se dio al calor de la “Revolución de 1944”. A
principios de ese año, maestros y estudiantes guatemaltecos se manifestaron de
forma abierta y pública para comunicar sus inconformidades con el régimen. Los
estudiantes pedían autonomía universitaria y amenazaban con una huelga general,
mientras que los trabajadores urbanos demandaban mejores salarios. El
gobernante “acusó a los estudiantes de estar promoviendo ideas nazifascistas,
suspendió las garantías constitucionales y declaró estado de sitio en todo el país”38.
Estas acciones incitaron huelgas y disturbios que provocaron la renuncia de Ubico
el 30 de junio de 1944.
En relación con el país salvadoreño, también en el año de 1944 cayó el
dictador Maximiliano Hernández Martínez, quien ocupó la silla presidencial desde
1931. Martínez intentó prolongar su periodo presidencial. El mismo año de su caída
37
Ibid.
38
Rojas Bolaños, M. (1994). La política. En V.H. Acuña (Coord.), Historia General de Centroamérica. 2da
edición. Tomo V (pp. 85-163). Costa Rica: FLACSO.
22
inició un nuevo periodo de gobierno mediante una reforma introducida en la
Constitución Política de 1939. De la misma manera que en Guatemala, en El
Salvador se había acumulado el descontento; civiles de sectores medios y oficiales
graduados de la Escuela Militar se unieron y emprendieron una insurrección en abril
de 1944, misma que fue sofocada. Ante los intentos de sublevación, el régimen
respondió con represión. También en El Salvador, los universitarios se convirtieron
en protagonistas activos de oposición, decretaron huelga en abril de 1944 y ésta se
extendió hasta convertirse en huelga general. La convulsión política llevó a que el
presidente Martínez dejara la presidencia.
La dictadura de Anastasio Somoza García en Nicaragua tuvo sus inicios en
febrero de 1937. Según Rojas Bolaños, a pesar de que la oposición nicaragüense
había sido influenciada por lo sucedido en Guatemala y El Salvador, Somoza pudo
controlar la situación y sobrepasar los años 40. El mandatario “llegó a la presidencia
con el apoyo norteamericano; pero también de cafetaleros, comerciantes y
ganaderos -la vieja oligarquía nicaragüense-, quienes por encima de sus diferencias
políticas lo vieron como garantías de restauración del orden social perdido mucho
tiempo atrás”39.
El primer periodo de gobierno de Somoza duró hasta 1947. En 1949 fue
reelegido por una Asamblea Constituyente. Asumió nuevamente la presidencia de
la República el 1 de mayo de 1951, luego de triunfar por amplio margen sobre
Emiliano Chamorro, gobernó el país hasta 1957. En 1955 se reformó nuevamente
la Constitución con miras a la reelección de Somoza en 1957. Éste fue designado
candidato del Partido Liberal Nacionalista para las elecciones presidenciales de
1957, pero herido de muerte el 21 de septiembre, murió el 29 del mismo mes, lo que
marcó el final de su carrera política. Sin embargo, su administración marcó el origen
de lo que se ha denominado la Dinastía Somoza, ya que su gobierno fue sucedido
por su hijo mayor Luis Somoza, quien gobernó de 1957-1963. Anastasio Somoza,
estuvo diez seis años en el poder de la misma manera que su homólogo el
presidente hondureño Tiburcio Carías Andino.
39
Bolaños, M. (1994). La política. En V.H. Acuña (Coord.), Historia General de Centroamérica. 2da edición.
Tomo V (pp. 85-163).
23
Se ha presentado un panorama de los gobiernos dictatoriales de Guatemala,
El Salvador y Nicaragua. El caso de Costa Rica es singular pues su tradición de
elecciones libres y justas evitó la dictadura, aun así, el país presentó rasgos
autoritarios40. Se considera que producto de la crisis del 29, los Estados liberal
oligárquico de la región cayeron bajo presión a medida que la depresión se
agravaba “era de esperarse que la profundidad de la crisis favoreciera a la oposición
política, pero en Centroamérica -con la excepción de Costa Rica- la oposición era
demasiado débil para representar una fuerza política coherente, por lo que el
cambio simplemente representó un cambio de énfasis dentro de la élite dominante
hacia un modelo político basado en la coerción y la represión”41
En el caso de los primeros países, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, se
ha enfatizado lo que se denominado la “crisis política centroamericana de 1944”.
Según Barahona “en 1944 se presentó una coyuntura favorable al cambio en
Centroamérica, que se concretó en el derrocamiento de las dictaduras gobernantes
en el Salvador y Guatemala”42.
Hemos mencionado la manera en que, en estos países distintos sectores de
la sociedad se movilizaron para demandar la instauración de nuevos gobiernos que
dieran salida a la crisis política de la que las dictaduras eran responsables. La
oposición se volvió abierta y pública, el régimen respondió con la represión y
consecuentemente los gobiernos se volvieron insostenibles, los presidentes de
turno tuvieron que dimitir. Si bien es cierto que, para el caso de Nicaragua, el periodo
de Anastasio Somoza resistió a la crisis del 44, el contexto generado en Guatemala
y El Salvador avivó los ánimos de la sociedad nicaragüense. Los estudiantes
universitarios, en junio de 1944, pronunciaron su desacuerdo con las intenciones de
reelección de Somoza. Detenciones y cierre de la Universidad Nacional fue la
respuesta. Acá también se recurrió a la huelga general como mecanismo de presión
y la dictadura reprimió durante las protestas, pero la presión tuvo como efecto que
40
Bulmer-Thomas, V. La crisis de la economía de agroexportación (1930-1945). En V.H. Acuña (Coord.),
Historia General de Centroamérica. (pp. 325-397).
41
Ibid.
42
Barahona, M. (2005). Honduras en el siglo XX. p. 112.
24
Somoza el 3 de julio anunciara el veto a la reforma constitucional que permitía su
reelección.
En torno a la “Crisis Centroamericana” y el momento álgido de la política y
sociedad que marcó el año 1944, Celestino Herrera Frimont, encargado de
Negocios, a. i., de México en El Salvador, presentó un informe. En primer lugar,
apunta a las similitudes entre los gobiernos de la región y las formas de cooperación
entre estos, luego respecto a la “Crisis”, concluía que la crisis era un proceso de
carácter local y obedecía al descontento del pueblo contra los gobiernos tiranos,
que se había agudizado por la situación economía consecuente de la guerra y que
la política internacional había influido por medio de la Carta del Atlántica, documento
que propició el desarrollo de movimientos populares de liberación43.
El informe del Herrera Frimont, presenta la crisis dentro de un marco
internacional. La segunda guerra mundial implicó una baja en la demanda de
algunos productos centroamericanos de exportación que no eran de primera
necesidad en un contexto bélico. Además, por presión de los Estados Unidos, los
países centroamericanos declararon la guerra a los países del Eje, acciones que
cortaron vínculos comerciales con algunos países europeos. En palabras de
Bulmer-Thomas “en los años treinta aún no existía una verdadera alternativa al
modelo agroexportador […] la disminución de los mercados mundiales de
mercancías y de capital, creada por la guerra mundial era una grave amenaza a la
estabilidad económica, social y política de Centroamérica”44.
La desfavorable situación económica generada por la guerra cristalizó la
crisis política de los ya insostenibles gobiernos dictatoriales. Además, dio al traste
a la creencia de la necesidad de gobiernos fuertes para superar el estancamiento
que había dejado la depresión de 1929. Hay que recordar que algunos sectores
sociales y económicos veían a los dictadores como rescatadores del orden y del
43
Embajada de México en El Salvador, «Informe político reglamentario», julio de 1944. Archivo Histórico
Genaro Estrada de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México en adelante AHGE-SER, exp. III-2478-1.
No siempre se hace referencia a folios específicos de los que se extrae la información ya que la foliación es
incompleta, se mencionan las secciones o número de página del informe.
44
Bulmer-Thomas, V. La crisis de la economía de agroexportación (1930-1945). En V.H. Acuña (Coord.),
Historia General de Centroamérica. (pp. 325-397).
25
progreso. En el Salvador se creía que, “el general Martínez era el hombre
«providencial», predestinado para salvar la república cafetalera de la «barbarie
comunista» y garantizar orden y paz requeridos por los oligarcas del café”45
Volviendo al informe del diplomático mexicano en torno a la crisis
centroamericana de 1944, refiere que, la Carta del Atlántico, tuvo influencia en los
movimientos populares y sus acciones. La Carta fue una declaración conjunta entre
el presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt y el primer ministro del
Reino Unidos, Winston Churchill, mediante la que establecieron los objetivos de
paz de sus gobiernos para el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Con
este documento publicado el 14 de agosto de 1941, la nación norteamericana
declaró su apoyo al Reino Unido, conformando una alianza en contra de Alemania.
Posteriormente, la declaración fue respaldada por varios países e incorporada a los
propósitos de las Naciones Unidas.
Un punto de la Carta inspiró a los movimientos de liberación de
Centroamérica. Éste versaba sobre el respeto del derecho de los pueblos a elegir
su propia forma de gobierno y exigía la devolución de la soberanía arrebatada46.
Basada en estos principios, en 1943, la comunidad de exiliados hondureños en
México solicitó la renuncia del presidente Carías Andino, el abandono del poder
“devolviéndolo al pueblo que oprime y expolia, a fin de que este mismo pueblo en
un clima de efectiva libertad y de orden se dé su propio gobierno y restablezca sus
instituciones”47. Por su parte, Vicente Sáenz, intelectual costarricense crítico de las
dictaduras centroamericanas, desde México escribió “¡esto es lo que ha hecho
Centro América, buscando su sitió entre las naciones civilizadas, pues de acuerdo
con su Historia, con la Carta del Atlántico y con lo que se persigue en esta guerra,
45
Salazar Valiente, M. (2003). El Salvador: crisis, dictadura, lucha…. En P. González Casanova (Coord.),
América Latina: historia de medio siglo. Vol. 2. 12ª edición (pp. 87-138). México: Siglo XXI.
46
Martínez Lillo, P.A. & Pereira Castañares, J.C. (1995). Documentos Básicos sobre historia de las relaciones
Internacionales (1815-1991). España: Editorial Complutense. pp. 306-307.
47
Legación de México en Honduras, «Informe político reglamentario», diciembre de 1943, AHGE-SRE, exp.
III-246-2.
26
tiene sobrado derecho a vivir la democracia en todo lo que ella sea mejoramiento
social, plenitud humana, ansias muy explicables de libertad y de justicia”48.
Según Sáenz, la adhesión de Centroamérica a la Carta del Atlántico se debía
a la necesidad de salir de un contexto caracterizado por “la tiranía, los
encarcelamientos, las ejecuciones, las torturas; la crueldad y todo lo que implica la
ambición y el predominio de bárbaros y salvajes más o menos semejantes a Hitler
y Mussolini”49. En este sentido, la Carta de Atlántico y sus supuestos de libertad,
democracia, soberanía y autonomía se convirtió en un estandarte de las luchas
antidictatoriales de Centroamérica.
También el hondureño Rafael Heliodoro Valle se sumó a las voces
intelectuales de la época para comentar sobre la situación de Centroamérica en los
años cuarenta y posibles escenarios una vez concluida la Segunda Guerra Mundial.
Valle, esperaba que al final del conflicto se estableciera un verdadero entendimiento
entre América y Estados Unidos, que la política del Buen Vecino y sus postulados
de no intervención y solidaridad continental fueran una realidad. Sí el país
norteamericano declaraba que la política del Buen Vecino era un compromiso
internacional, el Derecho Americano haría una de sus más hermosas conquistas y
la Carta del Atlántico podría convertirse automáticamente en un pacto de
solidaridad continental50.
El escritor hondureño, crítico de estas políticas, reconocía que la Carta
recibida con beneplácito por los gobiernos amparaba el perfeccionamiento de sus
dictaduras y obstaculizaba las fuerzas populares que se les oponían. Para Valle los
grupos norteamericanos que habían intervenido en la economía y política
hondureña seguían apoyando a los regímenes dictatoriales a cambio de grandes
concesiones que menguaban la soberanía de los países débiles.
48
Sáenz, Vicente. "Pasado, presente y porvenir de Centroamérica". Cuadernos Americanos, n.º 6 (1944): 33–
61. [Link]
Consultado el 15 de febrero de 2022.
49
Ibid.
50
Valle, Rafael Heliodoro. "América Latina en el mundo de la post-guerra". Cuadernos Americanos, n.º 3
(1944) 7–17. [Link]
Consultado el 15 de febrero de 2022.
27
Pues bien, desde este marco mundial caracterizado por el contexto de la
segunda guerra mundial; las políticas estadounidenses en la región
centroamericanas y mediante un contexto centroamericano de cercanía a las
dictaduras de Somoza en Nicaragua, Martínez en El Salvador y Ubico en
Guatemala, nos aproximamos a la dictadura del presidente hondureño Tiburcio
Carías Andino y el marco histórico que le antecedió y caracterizó su tiempo.
En Honduras, el historial de inestabilidad política, insurrecciones militares o
levantamientos armados de las primeras décadas del siglo XX, sentarían las bases
del discurso de orden y paz, bajo el que Tiburcio Carías Andino justificaría su forma
de gobernar y la permanencia en el poder durante diez y seis años (1933-1948).
Durante la administración de Carías, resaltar la paz y tranquilidad absoluta se
convirtió en una costumbre “insiste más sobre dicha paz y tranquilidad, con motivo
de que ella se tome en cuenta para facilitar su continuismo en el poder”51.
Por otra parte, el mismo contexto convulso de los inicios del siglo XX
posicionó a Carías como caudillo, quien luego se perfilaría como líder político. En
1938, Eduardo Espinosa y Prieto, secretario Ad Interim de México, envió datos a la
Secretaría de Relaciones Exteriores de México, que retratan muy bien la trayectoria
militar y política de Carías.
En primer lugar, se le presenta como integrante de una familia con tradición
militar. Su padre, Calixto Carías y sus hermanos participaron en las guerras civiles
de su tiempo. En segundo término, Carías es identificado como un hombre
“enérgico, autoritario y violento” y presente en los campos de batalla, “el general
Carías es un hombre de acción, participó en la Revolución Liberal, de 1892 a 1894.
En 1902, volvió a tomar las armas y fue ascendido al grado de coronel. En la guerra
civil de 1907, se distinguió hasta ser ascendido Brigadier”52.
51
Legación de México en Honduras, «Informe político reglamentario», diciembre de 1939, AHGE-SRE, exp.
III-30-12-13.
52
Legación de México en Honduras, «Informe político reglamentario», marzo de 1938, AHGE-SRE, exp. III-
30-2-16.
28
Prieto, hace referencia a Carías y sus actividades políticas, perteneció al
Partido Liberal de Honduras hasta 1919, año en que volvió a la política, pero con el
partido conservador, apoyando la candidatura de Alberto Membreño, quien resultó
ganador. Al poco tiempo este último murió y el General Carías fue proclamado jefe
de los conservadores, concurrió a las elecciones de 1923, ganó sin el requisito de
mayoría absoluta que pedía la Constitución, por lo que fue arrojado a la rebelión. Al
final quedó como presidente Rafael López Gutiérrez. En 1928, Carías, volvió a
lanzar candidatura a la presidencia, pero perdió contra Vicente Mejía Colindres. Por
fin en 1932 logró triunfar contra el liberal Ángel Zúñiga Huete.
Esta es parte de la trayectoria de Carías, marcada por el componente
caudillista y militar “tanto para ocupar su cargo como para sostenerse ha tenido que
vencer resistencias, varias veces por medio de las armas. A cambio de tantas
dificultades para la presidencia, en 1937 ha hecho decretar la prolongación de su
periodo, por un sistema anticonstitucional que llaman aquí el ´continuismo´ y que
durará hasta 1943”53.
El continuismo de Carías se explica por fuerzas políticas y económicas
presentes en la historia hondureña desde inicios del siglo XX. La consolidación de
las empresas bananeras norteamericanas y su intervención en la política nacional
marcaron la época. La presencia de Estados Unidos y el capital económico sería
una constante en la vida social y política de Honduras. Estos elementos se
manifestaron en el periodo de gobierno de Tiburcio Carías Andino (1933 a 1948).
El 28 de octubre de 1934, se efectuaron las elecciones de diputados al
Congreso Nacional. En la lucha electoral, disputaron los dos partidos tradicionales
de Honduras, el liberal y el conservador, llamado también nacionalista “la
candidatura nacionalista obtuvo 70,200 votos contra 48,280 que registró la liberal”54.
Para J. Vázquez Schiaffino, ministro de México en Honduras, la victoria del Partido
Nacional se explica por dos razones; la ventaja de contar con la organización
gubernamental y por el despliegue de su campaña sustentada en recursos
53
Ibid.
54
Legación de México en Honduras, «informe político reglamentario», diciembre de 1934, AHGE-SER, exp.
III-30-6-14.
29
económicos a los que tenía acceso el partido. Afirmaba Schiaffino, “lo que parece
fuera de duda es que el Gobierno hondureño gastó en esta campaña electoral gran
parte del importe del préstamo de USD$ 150,000, que le hizo la Tela Railroad
Company (una filial de las compañías plataneras)”55.
Por el financiamiento se pagaría un préstamo con interés del 6% anual por
un plazo de 17 meses que quedaría garantizado con el importe de la recaudación
fiscal de las aduanas de Puerto Cortés, de Tela y de Puerto Castilla. Según juicio
de diplomáticos mexicanos, los mayores beneficiados de este proceso eleccionario
fueron las compañías bananeras, de gran influencia en los destinos de Honduras56.
Múltiples informes diplomáticos que datan de 1934 a 1950, registran el peso del
capital estadounidense en la vida política de Honduras.
En 1939, el cuerpo diplomático mexicano informó sobre las maniobras que
utilizó el gobierno de Carías para abrirse camino al continuismo. En esta ocasión,
Andrés Fenochio, Encargado de Negocios Ad Interim de México en Honduras,
comunicaba “teniendo en cuenta que el período presidencial actual termina hasta el
año de 1942, los diarios de esta capital han iniciado una intensa campaña a favor
de lo que aquí se llama ´continuismo´ o lo que es lo mismo, por la permanencia del
señor General Carías Andino en la Presidencia de la República, por un periodo de
6 años”57. Además, mencionó otros elementos que influían en la no alternabilidad
del poder, entre ellos el control absoluto del Partido Nacionalista sobre el pueblo y
el ejército y la ausencia de opositores de peligro, ya que los elementos del Partido
Liberal no contaban con suficiente prestigio y poder. El informe concluye “cuando
menos por ahora, no hay menor probabilidad de disturbios en Honduras. No es difícil
suponer que el actual mandatario logre su propósito, reelegirse por un nuevo
periodo de 6 años a partir de 1943”58 .
En enero de 1940 a la Secretaría de Relaciones Exteriores de México llegó
un informe reservado que comunicaba sobre la reforma de la Constitución.
55
Ibid.
56
Ibid.
57
Legación de México en Honduras, «informe político reglamentario», junio de 1939, AHGE-SRE, exp. III-
30-12-13.
58
Ibid.
30
Precisamente se sometió a discusión y votación del Congreso Nacional un proyecto
para reformar el artículo 202 de la Constitución Política de Honduras, con el fin de
prolongar el periodo del presidente Carías hasta el año de 1943, posteriormente
hasta 1949. La votación del congreso fue unánime informó Fenochio, quien ya
meses anteriores había augurado sobre la reelección59.
Los diez y seis años de mandato de Carías se caracterizaron por el
impedimento a la libertad electoral, la centralización de los tres poderes del Estado,
la supresión de la libertad de prensa, reunión y locomoción. En enero 1940,
transcurridos siete años de gobierno y en relación con las maniobras del Congreso
para extender los periodos del presidente Carías, un diplomático mexicano emitió el
siguiente juicio, “la tendencia en esta República es ir disminuyendo cada día más la
expresión de la voluntad popular”60. En octubre del mismo año, la misma Legación
mexicana presentaba la situación de Honduras en materia de política interna “hay
cierta libertad y aparentemente la nación está conforme con el régimen. Pero la
tranquilidad reinante es producto de métodos dictatoriales. La gente no se atreve a
expresar abiertamente sus opiniones por temor a represalias políticas y con cierta
frecuencia se descubren brotes de rebelión.”61
1.3 Acciones opositoras
Aun en medio de un contexto de supresión de libertades, fue notoria la oposición de
intelectuales y políticos hondureños quienes, desde la segunda década del siglo XX,
ante la presencia militar estadounidense y el “enclave bananero” habían creado una
“corriente antiimperialista de nacionalismo”62. Para la década de 1930 y 1940 al
discurso antiimperialista se sumó un discurso antidictatorial que denunciaba el
continuismo, proponía la alternabilidad política y la libertad de expresión. Por estas
59
Legación de México en Honduras, «informe político reglamentario», 5 de enero de 1940, AHGE-SRE, exp.
III-30-12-13. En anexo 1 del informe se encuentra el decreto 16 que prolonga la presidencia de Carías Andino
hasta el 1 de enero de 1949.
60
Legación de México en Honduras, «informe político reglamentario», enero y febrero de 1940, AHGE-SRE,
exp. III-31-1-23.
61
Legación de México en Honduras, «informe político reglamentario», octubre de 1940, AHGE-SRE, exp. III-
31-1-23.
62
En 1909 inició la era de la ocupación militar de Nicaragua por los Estados Unidos, que fue continua durante
el periodo de 1910-1933. Este hecho creó un marco político e ideológico ante el cual los intelectuales
nacionalistas hondureños comenzaron a reaccionar, especialmente por medio del antiimperialismo dirigido
contra los Estados Unidos. Véase Barahona, M. (2005). Honduras en el siglo XX. pp. 74-75.
31
propuestas la oposición fue perseguida, encarcelada o desterrada lo que llevó a la
creación de comunidades de exiliados hondureños en México, Guatemala, Costa
Rica, El Salvador y Panamá.
Paralelamente al ambiente opositor, en la década de 1930, se procedió a la
creación de un discurso político, que se amparó en los valores de “orden y paz” para
justificar la dictadura. Todo el discurso se creó en torno a la figura mesiánica de
Carías, que “convertía a los opositores al régimen en sospechosos de atentar contra
el orden y la paz, identificando toda conducta disidente con la voluntad de que
Honduras retornara a su perenne estado de inestabilidad63”. En nombre del orden y
paz los, actos de represión a las libertades públicas no se harían esperar.
Según Barahona, los indicios de métodos dictatoriales se evidenciaron en
1934 cuando se atentó contra la libertad de prensa. Desde el Congreso Nacional el
diputado Guillermo Campos solicitó castigo para el autor de unos comentarios
críticos del El Espectador, sobre los diputados y el Congreso Nacional.
Seguidamente, en 1935, el diputado Venancio Callejas, líder de partido gobernante,
fue asediado por lo que se exilió en El Salvador64.
Para Armando C. Amador, Encargado de negocios de México, en los años
cuarenta la libertad de prensa no existía. En la capital se publicaban solamente dos
periódicos diarios, La Época y El Cronista “el primero de ellos es servilmente
gobiernista y, sobre todo adulador del presidente, su director, el señor Fernando
Zepeda Durón es uno de los principales sostenes políticos del Gobierno”. Sobre El
Cronista, Amador lo catalogó como afín al gobierno ya que se guardaba de hacer
crítica directa a las autoridades65. Guatemala y El Salvador compartían la misma
situación, el presidente Ubico y el presidente Martínez ejercían la misma intolerancia
respecto de la crítica pública y la libertad de prensa estaba severamente limitada66.
63
Barahona, M. (2005). Honduras en el siglo XX. p. 107.
64
Ibidem. 101.
65
Legación de México en Honduras, «informe político reglamentario», octubre de 1940, AHGE-SRE, exp. III-
31-1-23.
66
Bulmer-Thomas, V. (1994). La crisis de la economía de agroexportación. En V.H. Acuña (Coord.), Historia
General de Centroamérica. (pp. 325-397).
32
Sagastume caracteriza la oposición durante la dictadura Carías Andino como
clandestina, oral y escrita entre 1933 y 1941 y a partir de este último año, por
influencia de los movimientos que dieron caída a las dictaduras de Guatemala y El
Salvador, el movimiento opositor hondureño se volvió sistemático y abierto. Hojas y
panfletos clandestinos se convirtieron medios de la propaganda liberal anticariista y
se recibía apoyo desde El Salvador, México, Costa Rica y Guatemala67. Estos
medios de comunicación se convirtieron en el «blanco» de la Policía Secreta de
Carías, institución que tenía como objetivo neutralizar a la oposición mediante la
vigilancia y control de las correspondencias e impresos por contener mensajes
«subversivos».
El ambiente de oposición se manifestó a través brotes de rebelión. En octubre
de 1940, se reportó un plan dinamitero para asesinar al presidente Carías. El
complot fue descubierto a tiempo y los principales actores; el general Salvador
Cisneros, el Dr. Jesús Castro, el Dr. Víctor Manuel Velásquez y el Lic. Guillermo
Dávila Córdova fueron encarcelados. Según el informe diplomático, ninguno de ellos
era un político de importancia. Aunque el complot no causó gran revuelo en la
opinión pública, alertó a las autoridades gubernamentales68.
Otro momento que denota los “temores” de la dictadura ante posibles actos
de agitación política es el siguiente. En septiembre de 1942, se conmemoró el
centenario de la muerte de Francisco Morazán. Considerado el héroe del Unionismo
Centroamericano, Morazán nació Honduras, fue fusilado en Costa Rica y sus restos
descansan en El Salvador69.
Para tal evento los intelectuales habían comenzado a organizarse, “tímida y
casi imperceptiblemente formaron agrupaciones estudiantiles y profesionales y esta
circunstancia estaba preocupando seriamente al Gobierno”70. Según Emilio
Calderón, diplomático que remite informe al respecto, los ideales progresistas que
67
Sagastume, A. (2001). La oposición y la dictadura.
68
Legación de México en Honduras, «informe político reglamentario», octubre de 1940, AHGE-SRE, exp. III-
31-1-23.
69
Véase Santana, A. (2019). El pensamiento de Francisco Morazán. El Salvador: Editorial Universitaria.
70
Legación de México en Honduras, «informe político reglamentario», mayo-junio de 1942, AHGE-SRE, exp.
III- 23-30-9.
33
identifican a Morazán incomodaron a la dictadura por las siguientes razones:
renacimiento del ideal unionista en Centroamérica, proyecto con el que Carías no
estaba de acuerdo; fundación de organizaciones. que amparadas en los principios
morazánicos podrían interesarse en la situación política de Honduras; y agitación
de las masas populares con probables disturbios de carácter político, aprovechando
las aglomeraciones que tendrían lugar en las diversas poblaciones del país en caso
de que se celebrara el centenario de Morazán71.
Se despertaron suspicacias porque los ideales morazánicos canalizados por
la conmemoración comunicaban una apología a la democracia y las libertades del
hombre. Esto podría provocar actos de sublevación, orientada por ese grupo de
interesados en el centenario de la muerte del prócer hondureño. Es así como se
implementaron medidas de control del espacio público y vigilancia, las personas o
instituciones interesadas en preparar actos u homenajes morazánicos debían
ponerse de acuerdo previamente con las autoridades gubernamentales72. Al final
los eventos se llevaron a cabo sin ningún suceso y la conmemoración no alentó
algún movimiento opositor.
1.4 La represión como respuesta
Los indicios y actos de rebelión provocaron al régimen de Carías, quien intensificó
sus métodos, recurriendo a la represión pública mediante las armas. Los hechos del
4 de julio de 1944 se convirtieron en un signo de la dictadura de Carías Andino. En
esta fecha, se realizó una manifestación en Tegucigalpa, capital política de
Honduras, en la que confluyeron mujeres y universitarios. Se exigió la renuncia del
dictador, la convocatoria a elecciones libres, libertad de presos políticos y militares,
el retorno de los exiliados, la libertad de prensa, el respeto de los derechos
ciudadanos y la reforma a la Constitución de 1936. Estas demandas tuvieron como
respuesta la represión por parte de la dictadura73.
71
Ibid.
72
Legación de México en Honduras, «informe político reglamentario», mayo y junio de 1942, AHGE-SRE,
exp. III-23-30-9.
73
Barahona, M. (2005). Honduras en el siglo XX. pp. 114-115.
34
Mapa 2.
Fernando Velásquez Recarte, 2022. Mapa político de Honduras. Inédito.
También hubo protestas en San Pedro Sula, capital industrial de Honduras,
el 4 y 6 de julio respectivamente. Se solicitó la renuncia de Carías, de no responder
a la petición se procedería a una huelga de brazos caídos desde el 14 de julio. Un
grupo de ciudadanos se adelantó a lo planeado y convocó a huelga desde el día 4
y el gobierno arrestó y persiguió a los dirigentes del movimiento. En respuesta se
creó un Comité de Huelga para organizar la protesta. El 6 de julio, el ministro de
Guerra Juan Manuel Gálvez autorizó la marcha, con la condición de que no se
dirigieran consignas o discursos que atentaran contra el orden. En el recorrido,
soldados y policías salieron al encuentro provocando a los participantes.
Fue una manifestación numerosa y el tránsito se volvió imposible por lo que
el Dr. José Antonio Peraza, conductor de la marcha, dirigió un discurso para indicar
que el acto había terminado pero sus palabras fueron seguidas por un disparo que
descargó el Mayor de Plaza, Ángel Funes, sobre el manifestante Alejandro Irías,
causando su muerte. Luego de este suceso “los demás sicarios, empezaron a
disparar sus ametralladoras de brazo, fusiles y pistolas por espacio de diez minutos,
35
dejando un saldo considerable de muertos y heridos”74. Peraza (1904-1981), estudió
medicina en la Universidad San Carlos Borromeo de Guatemala y se tituló en
Medicina, Cirugía y Farmacia en Honduras el 12 de febrero de 1929. Entre 1931 y
1932, viajó a España y a Francia, a nivel de posgrado se graduó en Medicina Infantil.
De 1944 a 1947 emigró como asilado político a Guatemala y Cuba, en este último
país se especializó en Parasitología y Enfermedades Tropicales, entre 1947 y 1949.
A partir de 1950, destacó en varios cargos; embajador en España de 1955-1958,
ministro de Salud entre 1965 y 1971. Fue un intelectual hondureño de alto nivel,
también fundó la Logia Masónica de San Pedro Sula y la Sociedad Médica
Sampedrana75. Peraza, fue miembro del Partido Nacional y director del periódico El
Heraldo de San Pedro Sula, desde este acusó a Carías por la extensión de su
periodo presidencial en 1936 y 1943, por lo que fue encarcelado, liberado y luego
obligado al exilio76.
Con este breve esbozo se ha dado a conocer como desde 1934, se atentó
contra la libertad de prensa, pero también se persiguió a líderes claves de la política
nacional, tal es el caso de Venancio Callejas (1886-1946). Odontólogo graduado en
Estados Unidos, Callejas, fue diputado y presidente del Partido Nacional entre 1925
y 1926. Participó activamente en la campaña presidencial de Carías en 1932, años
después en 1936, se opuso a la reelección de Carías y formó el Partido Nacional
Autonomista. Ciertamente desde 1925, en apoyo al presidente Paz Barahona,
sentenció que por la paz y reconciliación política era necesaria la eliminación de
Carías como jefe político77.
Las acciones opositoras que hasta 1941 fueron clandestinas, pasaron al
espacio público, las marchas y protestas del 4 de julio de 1944 son ejemplo de ello.
Los rasgos dictatoriales que caracterizaron la época pasaron del silenciamiento de
la oposición mediante la censura de los medios de comunicación, a la persecución
política hasta llegar al recurso de la represión armada violenta.
74
José Antonio Peraza en Barahona, M. (2005). Honduras en el siglo XX. p. 117.
75
Revista Honduras Pediátrica, 2003, “Pioneros de la pediatría hondureña”, en Honduras Pediátrica, vol. 23
Suplemento, Honduras, pp. 37-41. [Link] Consultado el
3 de noviembre de 2022.
76
Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. p. 218.
77
Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. p. 92.
36
1.5 La vigilancia como control social: matriz político-punitiva del régimen de
Tiburcio Carías Andino
A nivel de memoria colectiva, la masacre del 4 de julio es el acto más representativo
de la represión durante el Cariato78. Pero conviene analizar otros mecanismos de la
disidencia política, para ello se procede al análisis de los Documentos de la Policía
Secreta de Carías79.
La Policía tenía como objetivo neutralizar la oposición política, contaba con una red
de colaboradores en las distintas ciudades de Honduras. Sus agentes se
encargaban de controlar la circulación de correspondencias, personas e ideas. Por
ejemplo, las cartas eran abiertas y se entregaban después de comprobar que no
contenían «mensajes peligrosos». Este organismo de investigación retenía los
escritos que hacían referencia al gobierno de Tiburcio Carías Andino, incluso notas
del New York Times que analizaban la política centroamericana, en este caso un
reporte titulado “Situación geopolítica de Centroamérica y El Caribe”80. El estudio de
estos documentos también permite ver la colaboración de Estados Unidos y países
vecinos con la Policía Secreta y el gobierno, el primero brindaba formación en
materia de técnicas de espionaje mientras que el gobierno costarricense permitía
que las correspondencias fueran revisadas antes de llegar a Honduras.
Considerando el papel desempeñado por la Policía Secreta y el potencial de
la información que interceptó, analizamos la constitución del aparato de vigilancia y
su funcionamiento; los «blancos» de régimen de Carías y la acciones que según la
lógica del régimen ameritaban la represión; y la colaboración en la vigilancia y
persecución, tanto de los gobiernos centroamericanos como de los Estados Unidos.
Mediante estos elementos tratamos de reconstruir y analizar el contexto represivo,
para dar cuenta de la matriz político-punitiva del régimen de Carías. La oposición y
disidencia estuvo sometida a persecución, encierro y destierro. Este ambiente
generó el exilio de hondureños en México y Centroamérica.
78
La historiografía ha denominado de esta forma al periodo de gobierno de Tiburcio Carías Andino (1933-
1948).
79
Inestroza, J.E. (2009). Documentos clasificados de la policía secreta de Carías.
80
Inestroza, J.E. (2009). Documentos clasificados. p. 79.
37
Reconstruir la matriz político-punitiva del régimen de Carías implica
acercarse a los mecanismos por los cuales este gobernante se mantuvo en el poder
desde 1933-1948. Según el historiador Mario Argueta esto fue posible por “una
combinación de represión y maniobras seudolegales” que legitimaron el
continuismo, entre ellas, el Decreto Legislativo No. 26 del 7 de enero de 1936, que
convocó a elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente81.
Desde 1935 se discutió si Carías podía continuar en el poder por otro periodo.
Cuarenta y cuatro diputados votaron a favor y seis en contra. A pesar de las
limitaciones del contexto represivo, estas acciones despertaron protestas, incluso
por parte de militantes nacionalistas que se oponían al continuismo. Lo que tuvo
como consecuencia la persecución. Un diplomático estadounidense reportó que el
diputado José E. Martínez se marchó a México de vacaciones, el gobierno negó
autenticar su pasaporte, en tanto que Román Bográn fue destituido como cónsul en
Nueva York.82
De esta manera se marcaba el modus operandi de la dictadura de Carías
Andino. En primer lugar, la legitimación de su continuismo partía de bases legales
e institucionales. En segundo lugar, se procedió a la inmovilización de la disidencia.
En 1936, los diputados Mariano Bertrand y Ramiro Carvajal fueron deportados.
Venancio Callejas fundó una rama disidente de corta vida, el Partido Nacional
Autonomista, fue perseguido, “el 13 de enero de 1936 —en víspera de la elección
de diputados a la Asamblea Constituyente que legitimaría el continuismo— Callejas
escapó de Tegucigalpa y se exilió en El Salvador83.
En las elecciones para la Constituyente de enero de 1936, los resultados
fueron: Partido Nacional, 132.948 votos; Partido Liberal, 46. Un representante
diplomático de Estados Unidos analizó el hecho, “estas elecciones no pueden ser
consideradas con justicia como representativas de la voluntad del electorado, ya
que prácticamente todos los líderes de la oposición han sido colocados bajo
81
Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. p.99
82
Carta de Keena al Departamento de Estado en Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. pp. 93-94
83
Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías p. 94
38
detención por el gobierno u obligados a dejar el país para escapar de ser
encarcelados”84.
Es así como, en ausencia de oposición se derogó la Constitución de 1924.
Según el partido oficial, se respondía al deseo de la mayoría de los ciudadanos que
pedían la emisión de una nueva Constitución que permitiría la paz, la reconstrucción
y el mejoramiento nacional. Con la promulgación de la Constitución de 1936 y
específicamente el artículo 117 se amplió el periodo de cuatro a seis años. Mientras
que el artículo 202, señaló la finalización del periodo presidencial para el 1 de enero
de 1943, el Decreto No. 16 del 18 de noviembre de 1939, ratificado por el Decreto
No. 2 del 7 de diciembre de 1940, modificó el año de entrega del poder de 1943 a
1949.
La derogación de la Constitución de 1924 y la promulgación de una nueva en
1936, es clave por las consecuencias que tuvo en la población y específicamente
en la oposición política. En primer lugar, el presidente se convirtió en «policía
mayor» de la nación, “ya que el artículo 121, atribución 28, le asignaba el poder de
«ejercer la suprema dirección de la Policía de Seguridad»”85. Además, las garantías
ciudadanas fueron reducidas, el voto secreto y directo fue abolido, así como la
prohibición de expulsar personas del territorio por parte del Ejecutivo. También se
restableció la pena de muerte.
En resumen, las reformas institucionales y legales tenían como finalidad dar
viabilidad a la permanencia de Carías y en este programa la disidencia se convirtió
en «blanco». La aprobación de la nueva Constitución dejó en evidencia que “las
pocas voces nacionalistas disidentes se autoexcluyeron o fueron forzadas a
abandonar el país. La disidencia al interior del Partido Nacional fue eliminada, al
igual que la del partido opositor. El régimen presidencialista aumentó sus poderes y
facultades a expensas del Legislativo y Judicial”86.
84
Carta de Keena al Departamento de Estado, telegrama del 21 de enero de 1936 en Argueta, M. (2008).
Tiburcio Carías. p. 97.
85
Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. p.100.
86
Ibid. p. 101.
39
Los intentos por inmovilizar a la oposición permiten conocer y analizar otros
mecanismos de control que van más allá de las maniobras legales. La disidencia
actuó más allá de los típicos espacios de toma de decisiones: en la vida cotidiana.
Pero un régimen que aspiraba al control social no podía descuidar la más mínima
expresión subversiva. La dictadura de Carías tendió sus redes de persecución y
vigilancia en la sociedad hondureña, pero sobre todo en actores claves, tal como se
presenta a continuación.
1.6 El control de la disidencia: métodos, blancos y redes
En 1944, se le dirigió una comunicación a Nelson Rockefeller, que es atribuida al
político liberal Ángel Zúñiga Huete. El diplomático norteamericano se encontraba de
gira por Honduras, en calidad de Coordinador de Asuntos Interamericanos. Huete
presentó un cuestionario que retrata el contexto hondureño durante la dictadura de
Carías, ¿hay libertad de prensa en los estados en que se suprimen los periódicos?,
pregunta. Le menciona que sus declaraciones pudieron ser publicadas en el diario
independiente El Cronista pero que este fue suprimido el 28 de diciembre de 1943.
El documento consta de 19 preguntas, pero para nuestros fines, se reproducen in
extenso las siguientes:
¿hay libertad de temor en los países donde los ciudadanos que externan sus ideas exclusivamente
sobre la política interna son vigilados día y noche, lo mismo que los miembros de la oposición y
donde se extrema tal vigilancia, respecto de los primeros 87, hasta impedirles todo contacto con sus
relaciones, hasta reducirlos a una clase especial de incomunicados?; ¿hay confianza y seguridad en
las naciones donde la discrepancia política interna ha hecho forzosa la emigración de numerosos
ciudadanos, muchos de ellos importantes y no pocos de reconocidas capacidades intelectuales?;
¿hay democracia en los países que son patrimonio de un grupo de individuos, donde la exclusión es
la norma, el favoritismo de unos logreros pauta y el parasitismo de unos cuantos tiene privilegio
indefinido?; ¿hay libertad individual en los Estados donde las cárceles están atestadas de prisioneros
políticos, retenidos durante muchos años?88.
87
El subrayado es nuestro.
88
Correspondencia atribuida a Ángel Zúñiga Huete dirigida al Nelson Rockefeller, Tegucigalpa, Honduras, 13
de marzo de 1944, en Inestroza, J. E. 2009. Documentos clasificados de la policía secreta de Carías (1937-
1944). Honduras: IHAH. pp. 90-92. Citado en delante como Documentos policía secreta.
40
No encontramos respuesta a la correspondencia de Huete, pero su
planteamiento en forma de cuestionario es un retrato del ambiente que imperó
durante la dictadura de Tiburcio Carías Andino: el impedimento a la libre expresión;
la vigilancia permanente y extrema a la oposición; la persecución de la discrepancia
política y su consecuente emigración y el encarcelamiento por motivos políticos.
Como líder de la oposición, Huete tenía la finalidad de denunciar a la dictadura ante
un diplomático estadounidense pero también dar a conocer la respuesta de
Rockefeller ante la opinión pública “usted puede considerar la importancia que
tendrán sus declaraciones y con qué enorme interés serán leídas en Honduras y el
resto de América”89
Documentación de la naturaleza del escrito de Huete era interceptada por la
Policía Secreta de Carías, en su afán de neutralizar la oposición. Panfletos,
manifiestos y correspondencias eran los mecanismos de denuncia, así como de
circulación de programas de acción.
Mediante un documento no fechado, don Abel Valladares habitante de Danlí,
El Paraíso, zona fronteriza con Nicaragua, informó sobre el ir y venir de personas
sospechosas y que la mayoría de estos correos eran mujeres disfrazadas de
comerciantes90. La zona de ubicación del informante es clave, pues se consideraba
que desde Nicaragua entraban “personas adictas a la causa rebelde”91, estos
podían ser nacionales de ese país u hondureños que habían migrado para planear
actividades contra el régimen. Esta zona de frontera se convertía en punto
estratégico de neutralización y control de correspondencias.
La circulación de personas y las correspondencias demandó la creación de
una red de espionaje. Como ilustra el caso anterior el gobierno contaba con la
colaboración de informantes locales. En mayo de 1937, al mando de la Policía
Secreta92 se le avisó de una mujer sospechosa de llevar correspondencia. El espía
89
Ibid.
90
Informaciones de Don Abel Valladares. Documentos policía secreta. p. 96.
91
Ibid.
92
Se trata del General Camilo R. Reina, director general de la Policía. Realizó gestiones para introducir la
dactiloscopia en el Departamento de Investigación. Seria clave la participación de EE. UU en este proceso. En
otro apartado se ampliará al respecto.
41
informó en estos términos “tengo a bien comunicarle que Zulema Membreño a quien
me he referido en partes anteriores, se fue el sábado para Choluteca. Esta mujer
lleva y trae comunicaciones de los enemigos del gobierno y puede que ahora ande
en esos pueblecitos del Sur desempeñando alguna comisión”93. El informe revela
que la señora Zulema había sido objeto de vigilancia constante. Además de los
tentáculos de la red de espionaje que trataba de cubrir distintas zonas del país, el
Sur de Honduras en este caso, a pesar de que Tegucigalpa, en la zona central y
San Pedro Sula en la zona norte eran considerados los sitios claves para tramar
planes subversivos.
El espionaje se convirtió en una práctica agresiva. Con el objetivo de
interceptar las comunicaciones de personajes claves de la política nacional, se llegó
hasta el extremo de invadir las viviendas que eran puntos de acopio de información.
El informe de un agente revela esta práctica “la carta de la que tanto le he hablado
está en casa de Chusita, no la he podido sacar. La carta en mención es del jefe
Zúñiga Huete, es de suma importancia: he oído que Changel [Ángel Zúñiga] está en
arreglos con los comunistas, tanto nicaragüenses como costarricenses y que
buscan una oportunidad para armarse”94. En este mismo informe se menciona la
búsqueda de una hoja suelta que era dirigida por el liberal Justo Umaña, líder de la
oposición que desde Guatemala había organizado una entrada a Honduras el 16 de
febrero de 1937.
El año de 1937 fue de mucha agitación, un año antes se había promulgado
una nueva Constitución que legitimaba el continuismo de Carías. En el país
hondureño, se percibían las aspiraciones por un nuevo orden. A oídos de un agente
llegó lo siguiente “la caída de Carías está aquí, en la capital. Se necesita poseer,
combinar y ejecutar un plan. Un plan militar arreglado de común acuerdo con el
militarismo disidente residente en esta metrópoli. También algunos civiles decididos
por la causa liberal.”95. Estas son las ideas del coronel José v. Gonzales, quien,
93
Informe al General Reina. Tegucigalpa, 30 de mayo de 1937. Documentos policía secreta. p.135
94
Parte del Agente Montefalcone. 5 de abril de 1937. Documentos policía secreta. p.122
95
Comunicación del agente J.R.N. 24 de febrero de 1937. Documentos policía pecreta. p. 117.
42
según el agente, fue recluido en la Penitenciaria Central al inicio de la administración
de Carías.
Para la vigilancia de personajes claves también se recurrió a las trabajadoras
domésticas. Ellas conocían detalles de la vida cotidiana de las familias
empleadoras, el acercamiento a ellas, de manera accidental o intencional se
convirtió en una táctica utilizada. Según el Departamento de Investigación, el 13 de
agosto de 1937, la señora Gradis, reveló las actividades de Rafael Callejas contra
el gobierno96. Debido a un robo en la casa de los Callejas la dama llegó a la Policía,
ocasión que fue aprovechada para interrogarle a cerca de las actividades de la
familia.
Los documentos de la Policía revelan dos declaraciones. La primera data del
15 de enero de 193797. Los puntos relevantes en la declaración son: la campaña
—entre diciembre de 1935 y enero de 1936 —de Rafael Callejas y algunos de sus
hermanos para enviar personas con armas y dinero, a las fronteras de El Salvador
y Nicaragua; la llegada de correos a casa del señor Callejas; la visita de varias
personas que hablan en contra de Carías; el acarreo de correspondencias por un
nicaragüense y la repartición de unos manifiestos firmados por Ángel Zúñiga Huete
y Venancio Callejas. La segunda declaración con fecha 13 de agosto de 1937, es
menos exhaustiva98. En esta ocasión se reconstruyen los hechos en torno al robo,
se mencionan algunos aspectos ya incluidos en la declaración precedente y se
agrega un nuevo elemento; el envío de correspondencia desde la residencia de
Rafael Callejas a doña Enma Bonilla
Bonilla, (1841-1968), se vinculó con los Callejas debido al matrimonio entre
su hermana Juana y Venancio Callejas, hermano de Rafael. Estas relaciones y su
militancia política le costaron la vigilancia e intimidación por parte del gobierno de
Carías. Venancio y Juana se exiliaron en Costa Rica y en su testimonio, Enma relata
96
Según Enma Bonilla, Rafael Callejas apoyó a Carías entre 1931 y 1932, luego él y sus hijos fueron
perseguidos. Luego volveremos al testimonio de Enma Bonilla, perseguida por Carías.
97
Declaración de la señora Trinidad Gradis Medina ante el Departamento de Investigación de la Policía
Nacional. 15 de enero de 1937. Documentos policía secreta. pp. 105-106.
98
Declaración de la señora Trinidad Gradis Medina ante el Departamento de Investigación de la Policía
Nacional. 13 de agosto de 1937. Documentos policía secreta. pp. 102-103.
43
que cuando la familia de Venancio estaba en el exilio, su familia fue víctima de
vigilancia, investigación y todo tipo de atropellos, entre estos sus correspondencias
eran abiertas y leídas en el correo99.
Las entrevistas a la señora Gradis, en general revelan dos aspectos. En
primer lugar, los métodos utilizados para extraer información sobre la oposición. Se
percibe como, a la Policía más que el robo le interesó investigar los planes de Rafael
Callejas. El interrogatorio de enero giró en torno a las actividades de Callejas. Se
le solicitaron detalles, nombres y características de los visitantes. En segundo lugar,
este acercamiento a la cotidianidad de Callejas puso al descubierto la relación de
éste con Zúñiga Huete, y su desarrollo de actividades de oposición desde el exilio,
en Costa Rica y México respectivamente. Por su parte la residencia de Rafael
Callejas se presenta como el centro de la subversión, en la que también participó
Enma Bonilla.
En este caso, quedan establecidos los «blancos» de régimen: Callejas, Huete
y Bonilla. En junio de 1937, se le comunicó a la policía que en la preparación de un
golpe contra el gobierno de Carías grandes cantidades de dinero eran remitidas a
casa de Doña Enma de Bonilla100. El 2 de septiembre de 1937, desde San José,
Costa Rica, Zúñiga Huete comunicó que Bonilla estaba recaudando dinero “podrán
disponerlo entre los correligionarios de más importancia que al tiempo desean hacer
su escape en el mes de diciembre101.
El involucramiento organizativo de Enma Bonilla le provocó vigilancia y
persecución. Se quejó de “un grupo de chismosos que se encargan de estar oyendo
lo que uno habla”. Bonilla refiere que se ponía en vigilancia a los liberales “enviando
a policías que sólo las balas le ofrecen a uno”102. Su testimonio fue publicado en
1989 en un volumen titulado Continuismo y dictadura. Aquí relata que su familia y
otras estaban vigiladas en cada uno de sus movimientos “se había establecido una
99
Bonilla, E. (1989). Continuismo y dictadura. Honduras: Litográfica Comayagüela. p. 24.
100
Comunicación del informante Bernardo Rodríguez. San Pedro Sula, 14 de junio de 1937. Documentos
policía secreta. p. 277.
101
Correspondencia de Ángel Zúñiga Huete dirigida a Alberto Rodríguez. San José, Costa Rica, 2 de septiembre
de 1937. Documentos policía secreta. p. 213.
102
Parte del Agente No. 4. Tegucigalpa, 4 de enero de 1937. Documentos policía secreta. p.108.
44
red de vigilancia que era la «Institución de la Orejas», su principal función era
transmitir lo que oían a la Oficina de la Policía Nacional”103.
El relato de Enma Bonilla también da cuenta de las personas que fueron a la
cárcel en calidad de presos políticos, entre ellos el General Francisco Valladares,
encarcelado en 1935, al ser acusado de planear una revolución contra el General
Carías. Valladares ingresó a la Penitenciaria Central y salió trece años después.
Según el historiador Rolando Sierra, a pesar de que la Penitenciaría estuvo en
función —desde 1886 hasta 1998— fue durante la dictadura de Carías que “se
convirtió en una especie de símbolo del régimen. Si ha habido etapa en la cual las
cárceles, presidios y penitenciarias del país estuvieron llenas fue esta”104.
La cárcel formó parte de la matriz punitiva del régimen, pero también un
centro clave desde el cual se articulaba la red de vigilancia. Según Inestroza, en los
trabajos de inteligencia intervenían diferentes escalones. Aunque no respondían
necesariamente al criterio de verticalidad, se identifica esta dinámica, “Fernando
Zepeda Durón, Director del diario oficial «La Época» recibía la información de San
Pedro Sula y la transmitía ya procesada, al Presidente; igual sucedía con Carías
Lindo, Director de la Penitenciaría Central, quien llevaba un registro pormenorizado
de las novedades ocurridas en el centro bajo su mando, especialmente lo
relacionado con los presos políticos y la comunicación de estos con sus familiares,
amigos o correligionarios”105. Encierro, entierro y destierro fue la máxima que
identificó al régimen de Carías, la cárcel fue uno de los destinos de la disidencia.
En 1944, fue apresado el señor Francisco López. Pero fue su compañero de
celda, Antonio Alvarado quién le delató como liberal opositor. Alvarado declaró que
López le comentó el motivo de su detención, “el 25 por la noche se tomó sus tragos
y encontrándose indignado en pleno Parque Central dio vivas al Partido Liberal y
vivas a la libertad”106. En su testimonio Enma Bonilla menciona algunas prácticas
de persecución y encierro, “se amontonaban los presos que recogían en todo el
103
Bonilla, E. (1989). Continuismo y dictadura. p.18.
104
Sierra Fonseca, R. Antigua Penitenciaria Central. p.75.
105
Inestroza, J.E. (2009). Documentos policía secreta. p.19.
106
Documentos policía secreta. p. 336.
45
país, cuando los consideraban «colorados peligrosos». A veces era un pobre
borracho que gritaba vivas al partido liberal y eso bastaba para que fuera llevado a
golpes a la cárcel. Por otra parte, se levantaban procesos con testigos falsos y con
toda clase de acusaciones”107.
Según Sierra, los prisioneros políticos eran sometidos a trabajo forzado y a
malas condiciones de vida. Durante la dictadura de Carías “el empleo de los
prisioneros se dio de forma permanente en la construcción de carreteras, calles,
edificios y actividades de mantenimiento” 108. Con relación a las condiciones de vida
de los reclusos, un observador extranjero presentó un panorama de prisioneros
atados por cadenas, sillas eléctricas para castigo y celdas húmedas “muchos de los
reclusos han perdido la razón, y otros han muerto. Los azotes se administran con
un látigo denominado ´verga de toro´, hecho con el órgano genital de una res,
distendido y seco, con un alambre atravesando su canal”109. Derivado de este
ambiente los reos sufrieron de varias enfermedades, entre ellas disenterías
amebianas, paludismo crónico y bronquitis.110
En un régimen que buscaba mantenerse en el poder bajo el discurso del
orden, las cárceles se llenaron de presos políticos. La Constitución de 1936 había
convertido a Carías en el «Policía Mayor» y el poder se concentró en el Ejecutivo,
“todo el andamiaje del Poder Judicial funcionaba a favor del caudillo. Claro está, era
nombrado directamente por el presidente y el Congreso Nacional, esto significaba
que para la oposición no había justicia”111
El delito de rebelión se convirtió en la principal razón de encierro. El opositor
que llegaba a la cárcel era obligado a renunciar a su partido o en otras situaciones,
el acusado ofrecía lealtad a Carías a cambio de su liberación. Tal es el caso de
Odilón Renderos, quien llegó a la penitenciaría en calidad de preso político. Éste
107
Bonilla, E. (1989). Continuismo y dictadura. p. 35.
108
Sierra Fonseca, R. Antigua Penitenciaria Central. p. 86.
109
William Krehm en Sierra Fonseca, R. Antigua Penitenciaria Central. p. 104. Krehm, periodista y
corresponsal de la revista “Times”, publicó el libro Democracias y tiranías el Caribe, con el sello editorial de
Unión Democrática Centroamericana, organización que reunió a los exiliados centroamericanos que desde
México buscaban acabar con las dictaduras de sus países de origen.
110
Para datos estadísticos ver Sierra Fonseca, R. Antigua Penitenciaria Central…pp. 105-111.
111
Sagastume en Sierra Fonseca, R. Antigua Penitenciaria Central. p .111.
46
peticionó y ofreció retribuir la benevolencia de Carías, “suplicarle como un favor
infinito me conceda la libertad, no pensando en estorbarle a su régimen en absoluto.
Y yo estoy dispuesto no solo a procurar el mantenimiento de la paz, sino también a
ayudarle decididamente en todo”112.
Las memorias de gobierno reportan un gran número de procesos militares
por rebelión: 1,428 procesos militares, entre 1933 y 1934; 260 procesos, entre 1935
y 1936; y 2,348, entre 1936 y 1937113. Entre los presos políticos figuraron: Lic.
Antonio Castillo Vega, Lic. Salvador Zelaya, Lic. Constantino Garay, Lic. Jorge
Alberto Paz Paredes, Dr. Presentación Centeno, Dr. José Jorge Callejas, Dr. Emilio
Gómez Rovelo, Gral. Toribio Ramos, Gral. Pedro Domínguez, Cor. Juan Pavón, Sr.
Joaquín Palma (periodista), entre otros114. A continuación, brindamos datos
biográficos de algunos de estos opositores.
Castillo Vega, perteneció al Consejo Supremo del Partido Liberal para las
elecciones de 1932, en las que Ángel Zúñiga Huete contendió con Tiburcio Carías.
En esta década, fungió como editor de El Ciudadano, estuvo preso durante dos
años y el periódico fue clausurado115. Por su parte, Gómez Rovelo (1904-1957),
miembro de la Asociación Médica Hondura y Administrador de la Revista Médica
Hondureña, dirigió un golpe contra Carías en 1943, acciones acompañadas por
miembros de la guardia nacional, liberales y otros disidentes del Partido Nacional,
entre ellos José Callejas, hermano de Venancio Callejas, quien tuvo que exiliarse
en 1935116. Salvador Zelaya, se exilió en El Salvador, aparece como firmante en un
documento mediante el cual, se creó un directorio en ese país el 3 de septiembre
de 1944, este órgano en reunión con Zúñiga Huete, acordó nombrar un gobierno
provisional, encabezado por Rafael Heliodoro Valle, al final la tentativa de alianza
no resultó117.
112
Documentos policía secreta. pp. 338-339.
113
Sagastume en Sierra Fonseca, R. Antigua Penitenciaria Central. p. 112.
114
Sagastume en Sierra Fonseca, R. Antigua Penitenciaria Central. pp. 112-113.
115
Dodd, T.J. (2008). Tiburcio Carías. p. 219; Argueta, M. (2008); Tiburcio Carías: anatomía. p. 72.
116
Revista Médica Hondureña. Tegucigalpa, Honduras, noviembre de 1933, núm. 37, portada; Argueta, M.
(2008). Tiburcio Carías. p. 224.
117
Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. pp. 288-289.
47
En el caso del Dr. Centeno (1888-1951), junto a otro reconocido de la
oposición hondureña, el Dr. José Antonio Peraza, organizó la marcha de San Pedro
Sula en julio de 1944, la que terminó en represión hacia los manifestantes. Centeno,
graduado de medicina en Guatemala, entre 1926 y 1929, se desempeñó como
ministro de Educación Pública y desde su cargo apoyó a la Sociedad Cultura
Femenina, proporcionando un local para sus actividades. La Sociedad, fue fundada
el 24 de octubre de 1926, la mayoría de sus precursoras e integrantes eran
maestras de educación primaria. Esta organización estuvo vinculada a los
trabajadores hondureños, promovió labores culturales y luchas por las
reivindicaciones económicas, sociales y políticas, para lograr estos fines fundó una
escuela nocturna para adultas, a la que concurrían trabajadoras y, con el objetivo
de desarrollar la labor cultural, organizó conferencias de destacados intelectuales,
uno de ellos, colaborador activo, fue el Dr. Centeno118. Otro opositor fue Jorge José
Callejas (1892-1966), también médico de profesión, hermano de Venancio Callejas,
este último exiliado en El Salvador en 1935, ambos con una larga trayectoria como
diputados en el Congreso Nacional, y en las instituciones de la salubridad pública119.
El general Domínguez, actuó en la escena política desde 1932, al calor del
resultado de las elecciones que llevaron a Carías al poder y generaron el
descontento de Zúñiga Huete y sus seguidores. Las revueltas recorrieron parte del
país, ya el 11 de noviembre, un grupo de liberales tomaron la ciudad de San Pedro
Sula, zona norte de Honduras, por su parte el Gral. José Ma. Fonseca se dirigió a
El Paraíso, zona oriental y Justo Umaña tomó La Esperanza, estas acciones eran
secundadas por los coroneles hermanos, Blas y Pedro Domínguez120.
Hemos presentado a estos opositores que sufrieron cárcel y persecución
para dar cuenta de la medida en que la oposición actuó prácticamente desde los
inicios de la presidencia de Carías, lo que llevó al estallido del descontento en julio
de 1944, las marchas en Tegucigalpa y San Pedro Sula son ejemplo de ello.
118
García, G. (1981). Páginas de lucha. Honduras: Guaymuras. p. 83.
119
Martínez, Y. Una generación y una red intelectual y política durante la dictadura de Tiburcio Carías Andino,
1933-1949. Inédito. Santa Lucía, Francisco Morazán, Honduras. Abril de 2021.
120
Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. pp. 81-82.
48
Como se propuso anteriormente uno de los objetivos de este capítulo es,
reconstruir el contexto represivo durante el gobierno presidente hondureño Tiburcio
Carías Andino. La vigilancia, la persecución, la represión y el encarcelamiento de la
oposición son elementos de la matriz político-punitiva del régimen dictatorial de
Carías. Sin embargo, Argueta considera que “Carías no se mantuvo en el poder
únicamente por una política basada en el terror, la represión y la delación”121, fue
posible, según el autor, por la «base social» que sostuvo al régimen. Entonces
también la constitución de la matriz político-punitiva fue posible gracias a la
presencia de un el conjunto de fuerzas, sectores y grupos que conformaron la base
social del Cariato.
1.7 Base social del Cariato
Paralelamente a la política de terror, Carías fomentó una “red de alianzas y lealtades
que permitió la adhesión, o al menos la tolerancia, de un sector de población” 122.
Los actores y grupos que sostuvieron al régimen fueron: terratenientes y
hacendados; el sector militar, su profesionalización en la rama aérea se inició
durante su gobierno; la empresa bananera United Fruit Company y la administración
del presidente Roosevelt. Estos dos últimos elementos merecen especial atención.
La United Fruit Co. era beneficiada por el sistema represivo por medio de la
prohibición de huelgas y otros movimientos de reivindicación laboral “destrucción de
sindicatos, persecución de dirigentes obreros y otorgamiento de todas las
demandas, concesiones, dispensas y exenciones”123 El gobierno por su parte
recibía préstamos para pagar empleados públicos, adquirir armamento, entre otras
necesidades.
Prestar atención al estatus económico de Honduras durante la primera mitad
del siglo XX, permite visualizar el poderío la United Fruit Company en este país. El
ministro mexicano Chávez, definió la economía hondureña en estos términos, “su
principal fuente de riqueza agrícola es el banano. De ahí depende su condición
121
Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. p. 108.
122
Ibid.
123
Ibid. p. 107.
49
económica, social y política. Quien controla la producción de banano en Honduras,
es el amo de Honduras. La United Company, monopoliza el banano no sólo en
Honduras, sino en Centroamérica”124.
La United también controlaba las vías de comunicación terrestre, los únicos
ferrocarriles hondureños les pertenecían, también la comunicación radiotelegráficas
y radiotelefónicas. El comercio interior estaba en manos de esta compañía por
medio de las concesiones que la autorizaban a importar mercancías libres de
derechos. Según Chávez el poderío de la United comprometía la voluntad de los
hombres en el poder y limitaba los derechos de la clase trabajadora. Sobre este
último aspecto, el diplomático mexicano señaló, “los 900 presos políticos (el uno al
millar de la población total) que hay en las cárceles hondureñas, no están integrados
exclusivamente por enemigos del Gobierno, sino también por enemigos reales o
supuestos de la United Fruit Co.”125.
El cuerpo diplomático mexicano, también reconocía que la influencia y el
poder de la United Fruit Co. en Honduras estaban determinados por el apoyo que
recibía del Gobierno de los Estados Unidos a través del ministro norteamericano y
por una aptitud psicológica de entrega total a los Estados Unidos por parte de
quienes estaban en el poder. Concluía un informe de la Legación de México en
Honduras “la actual administración es una dictadura que favorece a los intereses
económicos de una compañía extranjera muy poderosa. En consecuencia, el
Gobierno recibe el apoyo decidido de esta compañía y de esta suerte el poder de
aquel es incontrastable”126.
De esta manera queda delineado el poderío ejercido en Honduras por los
Estados Unidos y la empresa bananera United Fruit Company. Ambos controlaron
en gran medida los hilos de la política y economía nacional. Las simpatías de la
administración de Carías hacia los Estados Unidos es una constante en los informes
políticos de la Legación de México en Honduras. Se insistía en este asunto para
124
Legación de México en Honduras, «informe político reglamentario», febrero de 1941, AHGE-SRE, exp. III-
29-28-5.
125
Legación de México en Honduras, «informe político reglamentario», diciembre de 1940, AHGE-SRE, exp.
III-31-1-23.
126
Ibid.
50
sugerir que, el afianzamiento de la nación norteamericana en el país hondureño
podría significar un obstáculo para las relaciones entre México y Honduras127.
Anteriormente mencionamos que, en la base social del Cariato, es relevante
el papel que jugó el presidente norteamericano Roosevelt, su apoyo fue crucial, en
cuanto a “asistencia técnica y militar; venta de armas; derogación de los pactos de
Washington, a cambio de la estabilidad y protección de las inversiones
estadounidenses en el país y la celebración de una un tratado comercial favorable
a los Estados Unidos”128. Para los trabajos de inteligencia, la Policía Nacional contó
con asesoría de agencias especializadas de los Estados Unidos de América y con
la colaboración de gobiernos vecinos129. En relación con el registro científico de
información, desde 1935 se gestionó la introducción de la dactiloscopia en el
Departamento de Investigación de la Policía. Para 1944, el general Reina y el jefe
de investigación “se entrevistaron con agentes del FBI para el establecimiento de
una unidad que emplearía el método ya aprobado de clasificación de huellas
digitales para investigar criminales y como medio de control de inmigrantes y
enemigos extranjeros”130.
Es así como la administración de Carías se benefició del apoyo que le brindó
Estados Unidos en materia de formación policial. El conocimiento adquirido por los
agentes de la Policía Secreta fue empleado en el espionaje de la oposición.
Por su parte los gobiernos vecinos también colaboraron en la red de vigilancia
y consecuentemente en el sostenimiento de la dictadura de Carías. En 1937, el
embajador hondureño Julián López Pineda, informó de la colaboración de la
Guardia Nacional de Nicaragua en la intercepción de una carta, y de la cooperación
del país centroamericano “contamos aquí con la decidida cooperación del
presidente Somoza y sus subalternos de la Guardia Nacional. El gobierno de
Nicaragua y el de Honduras están unidos en tal suerte que forman un solo cuerpo
127
Al respecto véase informe político reglamentario de la Legación de México en Honduras correspondiente a
septiembre de 1940, AHGE-SRE, exp. III-31-1.23. sección: política exterior.
128
Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. p. 107.
129
Inestroza, J.E. (2009). Documentos policía secreta. p. 15.
130
Ibidem. p.16.
51
para mantener la paz en ambos países. La Guardia Nacional es como una
prolongación del ejército de Honduras en Nicaragua131.
En este panorama adverso actuaba la oposición. Las dictaduras
centroamericanas en nombre del orden y la tranquilidad establecieron pactos para
inmovilizar la disidencia política. Para 1944, parte del cuerpo diplomático mexicano
remitía un informe que hacía referencia a la colaboración entre dictadores, “cabe
observar la simultaneidad de estos gobiernos, que debido a su identidad señalada
[uso de violencia, protección militar, violaciones a la ley], establecen relaciones para
su afianzamiento y su supervivencia mediante una ayuda mutua, pese a las
diferencias de carácter personal como las habidas en un tiempo entre Ubico y
Martínez y entre Ubico y Somoza”132
Hemos presentado el contexto represivo durante la dictadura de Carías
Andino. La matriz político-punitiva del Cariato preparó el terreno para que el exilio
se convirtiera en un mecanismo de exclusión. Siguiendo la propuesta de Sznajder
y Roniger y su formato de tres niveles en la dinámica del exilio, el país expulsor, los
exiliados políticos y el país anfitrión, se ha atendido al primer elemento 133. A pesar
de la política de terror, la oposición siguió actuando por lo que el exilio se convirtió
en un mecanismo de eliminación de la disidencia. La respuesta de la oposición
desde el exilio queda reservada para el capítulo que abordará la constitución de
agrupaciones políticas hondureñas en México, las acciones y mecanismos de
denuncia ante la dictadura del presidente hondureño Tiburcio Carías Andino.
1.8México como país de recepción
En el apartado anterior hemos esbozado el contexto histórico hondureño, delimitado
a los primeros años del siglo XX. A partir de la tercera década de este siglo,
precisamente desde 1933 gobernó Tiburcio Carías Andino, extendiendo su periodo
hasta 1949. Se ha presentado un panorama general, enfatizando el papel de
131
Correspondencia de Julián López Pineda, Embajador hondureño en Nicaragua. Managua, Nicaragua, 21 de
junio de 1937. Documentos policía secreta. pp. 266-268.
132
Embajada de México en El Salvador, «Informe político reglamentario», julio de 1944, AHGE-SRE, exp. III-
2478-1.
133
Sznajder, M. & Roniger, L. (2013). La Política del destierro. pp. 101-103.
52
Estados Unidos y las empresas bananeras en vida nacional, tanto en sus
dimensiones sociales, económicas y políticas. También ha interesado presentar a
la administración del presidente Tiburcio Carías Andino y los elementos que
identificaron su régimen; la represión, la vigilancia y la persecución.
Ahora, conviene presentar de manera sucinta el contexto mexicano
delimitado a los años que van de 1930 a 1950. Estas décadas cubren el arco
temporal en que la oposición hondureña se exilió en territorio mexicano. Sobre todo,
enfatizamos las condiciones y políticas que convirtieron a México en un país de
asilo. Sí México se convirtió en un polo de atracción para los exiliados, es necesario
comprender la dimensión política del asilo en las relaciones regionales durante
nuestro periodo de estudio −1933-1949− y su impacto en el apoyo y/o solidaridad
hacia los exiliados centroamericanos, lo que se aborda en el segundo capítulo, y
hondureños en específico, tratado en el tercer apartado.
El contexto postrevolucionario y la imagen de país humanitario proyectado
por México, creó condiciones favorables para los centroamericanos, quienes veían
a la nación mexicana como destino ideal. Según Mejía y Moreno, México era un
país emanado de un proceso revolucionario que buscaba reivindicar el principio
básico de aquel movimiento armado: la justicia social. Esta imagen coadyuvó a que
el territorio mexicano, se volviese un polo de atracción para los exiliados de varias
partes del continente.134 Por su parte Sebastián Mir señala que, el escenario de
solidaridad creado por las autoridades gubernamentales mexicanas articuló el
apoyo hacia militantes políticos que buscaban la caída de los gobiernos dictatoriales
de sus países. Estos opositores se dirigieron hacia México a partir de 1930, entre
ellos cubanos, peruanos, venezolanos y centroamericanos135.
134
Mejía Flores, José Francisco & Moreno Rodríguez, Laura Beatriz, “El exilio costarricense en México en la
década de 1940”. Cuadernos americanos, Vol. 2. Núm. 152 (2015): 51-73, [Link]
exilio-costarricense-en-mexico-en-la-decada-de-1940. Consultado el 15 de octubre de 2018.
135
Rivera Mir, Sebastián. (2014). Militantes radicales de la izquierda latinoamericana en México: prácticas
políticas, redes y conspiraciones, tesis de doctorado, El Colegio de México, México.
[Link]
Consultado el 12 de junio de 2108.
53
Sznajder y Roniger, desde La política del destierro y el exilio en América
Latina, proponen una estructura de tres elementos, para investigar el exilio136. En
primer lugar, el país expulsor, que excluye del dominio público a los actores sociales
que se oponen a un gobierno de turno. Ante la persecución, estos ven la fuga al
extranjero como un medio para preservar sus vidas. Si no salen del país son
relegados, obligados al autoencierro o encarcelados. Un segundo elemento es el
exiliado político, que ante el contexto hostil considera rutas al exilio. Se desplaza
con la intención de continuar su actividad política desde el extranjero. Finalmente,
el tercer factor es el país anfitrión y sus políticas de asilo.
El país expulsor, Honduras en este caso, ha sido presentado en sus
dimensiones históricas y políticas de carácter general como en la especificidad del
contexto represivo dictatorial. El tercer elemento, el país anfitrión se presenta a
continuación mediante un abordaje panorámico, enfatizando su política de asilo, sus
bases jurídicas y las acciones políticas.
1.9 México, contexto de recepción y su política de asilo
Según Palma Mora, la tradición de asilo en América Latina se formalizó a partir de
1889, cuando se celebró el Tratado sobre Derecho Penal Internacional, en
Montevideo, Uruguay. Mediante este recurso se reconoció el derecho de asilo para
los perseguidos políticos y su inviolabilidad. El Estado asilante se comprometía a
impedir que en sus territorios el asilado realizara actos en contra de la paz pública
de la nación de origen137.
En el siglo XX, destaca el Acuerdo firmado en 1928 en la Convención de La
Habana, Cuba, donde se reiteraron los acuerdos existentes138. En esta ocasión se
concibió al asilo como “una facultad discrecional del estado receptor” el que
calificaba las causas del asilo. La protección se otorgaría solamente en casos de
urgencia, durante el tiempo necesario para que el refugiado protegiera su
136
Sznajder, M. & Roniger, L. (2013). La Política del destierro. 102-103.
137
Palma Mora, M. (2006). De tierras extrañas: un estudio sobre la inmigración en México (1950-1990).
México: SEGOB-Instituto Nacional de Migración-Centro de Estudios Migratorios/Instituto Nacional de
Antropología e Historia/DGE Ediciones SA de CV. p. 140.
138
Palma Mora, M. (2006). De tierras extrañas. p. 140.
54
integridad139. Posteriormente siguió el Tratado sobre Asilo y Refugio Político de
1939, firmando únicamente por países sudamericanos, Argentina, Bolivia, Chile,
Uruguay y Paraguay.
En esta ocasión se distinguió el asilo diplomático del asilo territorial. El asilo
diplomático, es otorgado en legaciones, navíos de guerra y campamentos o
aeronaves militares a personas perseguidas por motivos o delitos político, mientras
que el asilo territorial, siendo éste la protección que un Estado ofrece en virtud de
su soberanía territorial se concede en su territorio a las personas que ingresan con
procedencia de un Estado en donde sean perseguidas por sus creencias, opiniones
o filiación política140.
Para la segunda mitad del siglo XX, se llevó a cabo la Convención sobre Asilo
Diplomático y Territorial en Caracas, Venezuela. En 1954 se estableció que, el asilo
diplomático es un derecho de Estado, extendiendo el asilo político a los desertores
por motivos políticos y a los de nacionalidad distinta a la del Estado donde se lleva
a cabo la persecución. Además, el país asilante no está obligado a conceder el asilo
ni a explicar las razones de su concesión o negación. También el país de origen
debía otorgar salvoconducto para garantizar la vida, libertad y seguridad del
asilado141.
La práctica del asilo en México se fundamentó en los principios establecidos
en las Convenciones antes mencionadas, (Habana, Uruguay y Caracas) al ser
firmante de ellas. Es así como los gobiernos que van de 1930 a 1950, encabezados
por Lázaro Cárdenas del Río, Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán Valdés
actuaron bajo los principios establecidos en las Convenciones, pero la entrada de
extranjeros a México sea en calidad de migrantes, refugiados o asilados fue
regulada por leyes migratorias contenidas en las Leyes de Población.
139
Serrano Migallón en Palma Mora, M. (2006). De tierras extrañas. p. 141.
140
Gómez-Robledo Verduzco, A. (2003). Temas selectos de derecho internacional. México: UNAM. pp. 616-
617.
141
Palma Mora, M. (2006). De tierras extrañas. p. 141.
55
Pozas Horcazitas, divide el Gobierno de Lázaro Cárdenas (diciembre de
1934 a noviembre de 1939) en 3 etapas142. En la primera se asegura el fin del poder
cardenista frente a la estructura de poder establecida, encabezada por el Jefe
Máximo y abarca desde su dominación como candidato del Partido Nacional
Revolucionario (PNR) hasta el fin de la pugna Cárdenas-Calles en abril de 1936,
fecha en que el último es eliminado del juego político. La segunda cubre el periodo
en el que Cárdenas consolida su política nacionalista y reformista. Esta fase culmina
con la transformación del partido de individuos y personajes en un partido de masas,
el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), y la nacionalización de la industria
petrolera, ambas en 1938. La última etapa, corresponden al repliegue del
reformismo, la que se define a partir de 1938, inaugurando un nuevo periodo en la
historia del país que rebasa el Gobierno cardenista, el cual toca a su fin el 1 de
diciembre de 1940, con la toma de posesión del presidente electo Gral. Manuel Ávila
Camacho.
El gobierno de Cárdenas posibilitó la llegada de los españoles republicanos
que fueron expulsados de su país al calor de la guerra civil y la posguerra. En su
primer informe al Congreso de la Unión, el 1º de septiembre de 1935, dejó claro los
principios que iban a guiar a México en materia de política exterior. En primer lugar,
expresó que las relaciones entre este país y los demás serían de mutua cooperación
y entendimiento. En segundo término, refirió al interés de mantener un contacto
cercano con los países del continente americano y sobre todo refirió que, en su país
no se permitirían actividades en contra de otros gobiernos “sin que ello signifique
que México deje de ser un interesado asilo para refugiados políticos, en
determinadas ocasiones”143.
La práctica del asilo en México se fundamentó en los principios establecidos
en las Convenciones antes mencionadas, “pero el ingreso de perseguidos al país
es regulado, fundamentalmente, por la legislación migratoria contenida en las leyes
142
Pozas Horcasitas, R. (2003). La consolidación del nuevo orden institucional en México (1929-1940). En P.
González Casanova (Coord.), América Latina: historia de medio siglo. Vol. 2. 12ª edición (pp. 259-327).
México: Siglo XXI.
143
Secretaría de Relaciones Exteriores de México. (1976). México a través de los informes presidenciales: la
política exterior. México: Secretaría de la Presidencia. p. 362
56
generales de población”144. Para el asilo de los españoles en México, la voluntad
política de acogida pudo compatibilizarse con las normas migratorias; de esta forma
las decisiones políticas y la legislación fueron simétricas145. En este sentido el
artículo 7 de la Ley de Población de 1936, establecía que el gobierno podía
promover la llegada de extranjeros de nacionalidad, raza, sexo, edad, estado civil,
ocupación, instrucción e ideología que considere adecuadas. Mientras que el
artículo 56, aseguraba la entrada a extranjeros que huyeran de persecución política
en sus países146.
La investigadora Clara E. Lida, considera que el apoyo mexicano con
respecto a la situación española tiene tres momentos, la lucha diplomática, el apoyo
material y la “excepcional política de ayuda humanitaria a las víctimas”147. De esta
manera fueron claves las acciones de juristas y diplomáticos mexicanos que, por
mandato de su presidente, enunciaron y defendieron los postulados de Cárdenas
en materia de política exterior, sobre todo aquel que versa sobre el apego al
principio de no intervención. Desde aquí México asumió la postura de defender a
todo Estado jurídicamente constituido que sufriera agresión por parte de cualquier
potencia extranjera. En este caso, México protegía moral, política, diplomática y
materialmente a España, para contrarrestar la intervención de Alemania e Italia en
favor de las fuerzas anticonstitucionales148.
Según Migallón, desde 1937 se manifestó la política activa con respecto al
caso español, al recibir a más de 400 niños españoles. Un grupo de damas
mexicanas creó el Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español. Oficialmente,
el jefe del Ejecutivo mexicano “instruyó a Ramón Denegri, entonces embajador de
México ante la República española para tramitar su traslado”149. El costo de la
operación fue asumido por el gobierno mexicano, que se encargó del transporte,
144
Palma Mora, M. (2006). De tierras extrañas. p. 145.
145
Yankelevich, P. (2020). Los otros. Raza, normas y corrupción en la gestión de la extranjería en México,
1900-1950. México: El Colegio de México. p. 52.
146
Ley General de Población de 1936 en Yankelevich, P. (2020). Los otros. p. 52.
147
Lida, C. E. (2009). Caleidoscopio del exilio: actores, memoria, identidades. México: El Colegio de México.
p. 131.
148
Lida, C. E. (2009). Caleidoscopio del exilio. p. 132.
149
Migallón, F. (2002). “…Duras las tierras ajenas…” Un asilo, tres exilios. México: Fondo de Cultura
Económica. p. 51.
57
manutención y educación de los niños. A estos primeros refugiados en México se le
denominó los niños de Morelia, ya que se colocaron en la Escuela Industrial España-
México, ubicada en la capital de Michoacán.
El gobierno de Cárdenas también expresó su apoyo a través de medidas de
corte cultural, tal es el caso de la fundación de La Casa de España en 1938. Con
financiamiento del Estado Mexicano, este centro de investigación y de creación se
dedicó a recibir a intelectuales y artistas republicanos de alto nivel, quienes fueron
acogidos como miembros residentes. Múltiples instituciones educativas y artísticas
se beneficiaron de la labores y enseñanzas de los exiliados españoles, tal es el caso
de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto de Antropología e
Historia, el Hospital General, entre otros150. En 1940 La Casa de España se convirtió
en El Colegio de México151.
Para septiembre de 1939, Cárdenas, partiendo de deberes universales de
hospitalidad y ante “las desgracias colectivas de España”, comunicó al Congreso
sobre la apertura de México a los republicanos que no podían estar en su país
porque sus vidas peligraban152. Un año después, el 21 de agosto de 1940, en el
país mexicano fue asesinado el político, escritor e ideólogo León Trotsky, quien
recibió asilo durante la administración de Cárdenas153. En relación con este hecho,
el presidente mexicano, hizo público su rechazo a la violencia política y apelando al
respeto a la vida, expresó que los habitantes de la república mexicana debían acatar
el principio de consideración humana, “y en igual condición han de ser defendidos
todos aquellos que en territorio mexicano buscaron asilo político, al amparo del
respeto que el Gobierno guarda al refugiado”154. En esta ocasión, directamente se
refirió a los refugiados españoles para quienes México abrió las puertas brindando
su hospitalidad. Con sus implicaciones directas, sus acciones y decisiones políticas,
150
Lida, C. E. (2009). Caleidoscopio del exilio. pp. 89-90.
151
Véase Lida, C. E., Matesanz, J.A., & Vázquez, J.Z. (2000). La Casa de España y El Colegio de México:
Memoria 1938-2000. México: El Colegio de México.
152
Secretaría de Relaciones Exteriores de México. (1976). México a través de los informes presidenciales. p.
377.
153
Sobre la vida de Trotsky en México véase Gall, O. (2012). Trotsky en México y la vida política en tiempos
de Lázaros Cárdenas (1937-1940). 2da edición. México: UNAM.
154
Secretaría de Relaciones Exteriores de México. (1976). México a través de los informes presidenciales. p.
381.
58
el presidente Cárdenas “inició así uno de los esfuerzos nacionales de solidaridad
internacional más ejemplares del siglo XX”155
El gobierno de Ávila Camacho (1940-1946), coincidió con los inicios de la
Segunda Mundial, lo que tendría impacto en la política mexicana. Según Medina,
por el conflicto bélico, México y su sociedad estaba expuesta ante la posible
influencia de las ideologías totalitarias156. Se sumaban otros elementos, como ser
la oposición anticardenista, la izquierda oficial en estado crítico, además de la
combinación entre la derecha tradicional mexicana y la nueva, inspirada en
ideologías y tendencias importadas de Europa. El antiyanquismo fue otro elemento,
que preocupaban tanto al gobierno mexicano como al norteamericano “había gran
temor de que la cultura norteamericana conquistara a nuestro país y desplazara los
valores propios de México.”157
En este ambiente se eligió al Ávila Camacho, quien tenía que lograr la
coincidencia y encuentro de multitud de intereses, ambiciones y necesidades que
demandaba la sociedad mexicana. En su campaña electoral prevalecieron la
moderación y conciliación, lo que se manifestó por medio de “la integración del
gabinete el que procuró incorporar representantes de las más diversas y disímbolas
tendencias políticas emanadas del seno de la familia revolucionaria y fuera de
ella”158. En el sexenio de 1940 a 1946, Camacho tuvo que mediar el juego político
en el que se encontraba la izquierda y la derecha mexicana159.
En materia de política exterior, al hacerse cargo de la presidencia, el 1º de
diciembre de 1940, Ávila Camacho, se refirió a la unión de las Américas, según él
resueltas a defenderse contra todas las agresiones, las relaciones entre países
estarían mediadas por la doctrina continental de derecho, de respeto y decoro
recíproco. En resumen, recomendó relaciones pacíficas y justas, como “única
esperanza de salvación de las normas civilizadas de convivencia internacional, tan
155
Lida, C. E. (2009). Caleidoscopio del exilio. pp. 131-132.
156
Medina, L. (1978). Del cardenismo al avilacamachismo. México: El Colegio de México. p. 46.
157
Ibid.
158
Medina, L. (1978). Del cardenismo al avilacamachismo. p. 133.
159
Ibidem. p. 134.
59
necesarias en este mundo martirizado y sangrante. Nadas nos divide en esta
América Nuestra”160.
El presidente mexicano también hacía eco de los principios esgrimidos por
Cárdenas en materia de política exterior, en este caso Ávila Camacho llamaba a
mantener con firmeza la democracia y la defensa de la igualdad y la soberanía de
los pueblos libres.
En materia de asilo, el 1º de septiembre de 1943, en informe presidencial al
Congreso comunicó que México, siguiendo la tradicional política de asilo, había
ofrecido refugio a los españoles que se encontraban en África del Norte “un comité
Mexicano-Español se ha constituido a fin de encauzar las negociaciones
encaminadas a la selección y transporte del quienes deseen hacer uso de nuestro
ofrecimiento”161. En esta ocasión el costo económico del traslado e instalación de
los españoles sería proporcionadas por la Comisión Administradora de los Fondos
de Auxilio a los republicanos españoles.
Las diligencias de la administración de Ávila Camacho en materia de asilo
permiten ver la continuidad en las políticas de acogida del gobierno mexicano. Esta
aptitud de apertura se basó en la doctrina de igualdad internacional, la que incluyó
una política de abrigo al oprimido, al perseguido y al refugiado 162. El gobierno de
Ávila Camacho se desarrolló en el contexto de su posición a favor de los países
aliados durante la Segunda Guerra Mundial y el fortalecimiento de las relaciones
con los Estados Unidos. Factores que llevaron a la aceptación de residencia
temporal en México de cinco mil refugiados polacos163. De los cinco solamente
llegaron aproximadamente mil quinientos y a los que decidieron permanecer en
México se les otorgó permiso de residencia
160
Secretaría de Relaciones Exteriores de México. (1976). México a través de los informes presidenciales. p.
382.
161
Ibidem.
162
Gleizer Salzman, D. (2002). La política mexicana frente a la recepción de refugiados judíos (1934-1942).
En P. Yankelevich (Coord.), México, país de refugio. La experiencia de los exilios en el siglo XX (pp.119-138).
México: P y V editores-INAH.
163
Palma Mora, M. (2006). De tierras extrañas. p. 76.
60
Es pertinente puntualizar que algunos colectivos no gozaron de estas
prerrogativas, tal es el caso de los judíos164. Recordemos que la recepción del exilio
español, aunque es la más estudiada y conocida, no es la única que refleja las
políticas de asilo del gobierno mexicano. Lázaro Cárdenas declaró durante su
administración que México recibiría indiscriminadamente a los perseguidos por los
países totalitarios que desearan acudir a México. Sin embargo, según Gleizer, tanto
el gobierno de Cárdenas como el de Ávila Camacho proseguían con la política
restrictiva originada a fines de la década de los veinte la que afectaría
principalmente a la inmigración judía165.
Desde las políticas migratorias, México estableció criterios de deseabilidad
y/o exclusión de ciertos colectivos. Según Yankelevich, la Ley de Migración de 1926,
insertó preocupaciones por la selectividad de flujos migratorios bajo el argumento
de prevenir el peligro de una descomposición social, cultural y política, como
también una degeneración racial de la sociedad mexicana166. Al analizar la actitud
de los gobiernos de Cárdenas y Ávila Camacho ante los judíos, Gleizer plantea que
fue una política selectiva que tenía como base el grado de asimilabilidad racial y
cultural de los extranjeros167. Los judíos fueron considerados “no asimilables”,
conceptualización que correspondía con cierta xenofobia hacia los grupos étnicos
diferentes al mexicano.
La década de 1930 a 1940, presentó elementos que daban cuenta de una
constante en materia de criterios de selectividad. En febrero de 1934, a juicio de
las autoridades migratorias se estableció cuales extranjeros serían indispensables;
profesionistas, técnicos, artistas o deportistas les sería permitida su entrada y
establecimiento en México, siempre y cuando no representaran una competencia a
los trabajadores nacionales y demostraran solvencia económica168. Para 1947, se
reforzó el prohibicionismo de profesiones y actividades a través del establecimiento
164
Tampoco chinos.
165
Gleizer Salzman, D. (2002). La política mexicana frente a la recepción de refugiados judíos (1934-1942).
En P. Yankelevich (Coord.), México, país de refugio (pp.119-138).
166
Yankelevich, P. (2011). ¿Deseables e inconvenientes?: las fronteras de la extranjería en el México
posrevolucionario. México: Bonilla Artigas Editores. p. 36.
167
Gleizer Salzman, D. (2002). La política mexicana frente a la recepción de refugiados judíos (1934-1942).
En P. Yankelevich (Coord.), México, país de refugio (pp.119-138).
168
Yankelevich, P. (2020). Los otros. p. 109.
61
de cuotas de ingreso por nacionalidad de origen, lo que según Yankelevich era “en
realidad el criterio de exclusión étnica”169.
En los informes presidenciales al Congreso salían a relucir los criterios de
selectividad y deseabilidad que definieron la aceptación o el rechazo de ciertos
colectivos. Por ejemplo, Cárdenas, en su informe al Congreso de septiembre de
1939, explicó que la apertura a los republicanos españoles respondía a la finalidad
de salvaguardar su vida, pero también “por considerar, además, que se trata de una
aportación de fuerza humana y de raza afín a la nuestra en espíritu y en sangre,
que fundida con los aborígenes contribuyó a la formación de nuestra
nacionalidad”170. Por su parte Ávila Camacho, al finalizar la guerra aclaró que la
política migratoria mexicana no era discriminatoria desde el punto de vista racial,
sino selectiva171.
Miguel Alemán inauguró su periodo el 1 de diciembre de 1946 y estuvo en la
silla presidencial hasta el año de 1952. Según Medina, “si el maximato, el
cardenismo y sobre todo el avilacamachismo mismo habían sido proyectos políticos
que suponían la transacción, el combate y la cooperación entre fuerzas y grupos de
diferentes orientaciones ideológicas, pero que coincidían en el seno del régimen, el
alemanismo iba a ser lo contrario; definiría un nuevo perfil político, que excluiría por
principio todo lo que no fuera idéntico a sí mismo, a lo que el presidente, allegados
y colaboradores consideraban la interpretación ortodoxa de la Revolución
Mexicana, a la cual ellos personifican y encarnaban”172. El autor propone que, se
trata de una “modernización del autoritarismo”, que implicaba eliminar los saldos
ideológicos y grupales del pasado reciente y afinar el áspero nacionalismo que se
recibían de anteriores ejercicios gubernamentales y asociarlo con el anticomunismo.
Migallón expone que, a partir de la experiencia con Lázaro Cárdenas, las
estructuras del asilo como práctica política mexicana estaban completamente
169
Ibidem. p. 117.
170
Secretaría de Relaciones Exteriores de México. (1976). México a través de los informes presidenciales. pp.
377-378.
171
Gleizer Salzman, D. (2002). La política mexicana frente a la recepción de refugiados judíos (1934-1942).
En P. Yankelevich (Coord.), México, país de refugio (pp.119-138).
172
Medina, L. (1979). Civilismo y modernización del autoritarismo. México: El Colegio de México. p. 93.
62
definidas173. Es así como durante la administración de Miguel Alemán oleadas de
exiliados llegarían a México. En el caso centroamericano, la embajada de México
en Guatemala recibió a perseguidos que protestaban en favor del restablecimiento
constitucional y en contra de la dictadura del Gral. Jorge Ubico174. Los funcionarios
de la embajada mexicana diligenciaron para que estos asilados salieran del país. A
fines de junio de 1944, doce guatemaltecos acudieron al país mexicano. Con esta
experiencia coincide el caso de nicaragüenses, salvadoreños y hondureños tal
como se expone en el capítulo que sigue. Hemos presentado al país expulsor,
Honduras, y los elementos que marcaron el periodo de estudio. En los inicios del
siglo XX hondureño, el caudillismo, revueltas políticas y la presencia
estadounidense tanto económica como políticas, son elementos que dan las pautas
para comprender la constitución del régimen de Carías y su largo periodo de
gobierno, diez y seis años en el poder (1933-1949), en los que materialmente fue
clave el apoyo de las empresas bananeras y políticamente fue crucial el respaldo
de los Estados Unidos.
En resumen, hemos presentado las características generales de México en
el periodo de 1930 a 1950, enfatizando los factores que le convirtieron en un país
de acogida. Por lo que también hemos referido algunos elementos para comprender
su política de asilo, configurada mediante la firma de algunas Convenciones
internacionales y a través de disposiciones migratorias, éstas últimas definieron la
aceptación o rechazo de algunos colectivos.
Migallón, F. (2002). “…Duras las tierras ajenas”. p. 393.
173
174
Rodríguez de Ita, G. (2003). La política mexicana de asilo diplomático a la luz del caso guatemalteco.
México: Instituto Mora/Secretaría de Relaciones Exteriores de México. p. 54.
63
CAPÍTULO II
DICTADURAS DE CENTROAMÉRICA Y EXILIO CENTROAMERICANO EN
MÉXICO
2.1 Introducción
En el primer capítulo, hemos presentado las características generales del gobierno
de Jorge Ubico en Guatemala, Maximiliano Hernández en El Salvador y Anastasio
Somoza en Nicaragua y profundizado en la administración del presidente
hondureño Tiburcio Carías Andino. Sus políticas de intolerancia crearon un contexto
represivo, por este motivo, la oposición tuvo que exiliarse, en México principalmente.
Seguidamente, abordaremos dos aspectos, los mecanismos de represión
hacia la disidencia política y el exilio centroamericano en México, generado por las
dictaduras de la región. También reconstruimos la dinámica política regional,
partiendo del caso de los perseguidos políticos. Los gobernantes utilizaron a los
exiliados como un arma política y negociaron asuntos pendientes entre sus países.
Los procesos de negociación implicaron el control de la oposición.
La disidencia política se exilió en México para salvaguardar su vida y
continuar su activismo político. Abordamos el exilio centroamericano en México,
partiendo de casos específicos que muestran a una oposición que desde el exilio
utilizó distintas plataformas y mecanismos para denunciar al régimen expulsor.
Asimismo, presentamos algunos casos para ejemplificar la política de asilo del
gobierno mexicano.
El análisis se entreteje mediante documentación del Archivo Histórico Genaro
Estrada de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, con sede en Ciudad
de México; correspondencias diplomáticas, informes políticos reglamentarios y
telegramas.
2.2 Dictaduras centroamericanas y dinámica política regional.
Para el año de 1944, Celestino Herrera Frimont, encargado de negocios de México
en El Salvador, detectó un “carácter de identidad general” en las dictaduras de
64
Centroamérica. Según el diplomático, debido a los procedimientos por los cuales se
adueñaron del poder, los presidentes Maximiliano Hernández en El Salvador, Jorge
Ubico en Guatemala, Anastasio Somoza en Nicaragua y Tiburcio Carías, en
Honduras, configuraron una “identidad en las tiranías” de estos países 175.
El diplomático hacía referencia a los recursos utilizados por estos
gobernantes; violencia, protección militar y violaciones a la ley, estos elementos
configuraron una identidad común en las dictaduras de la región. Esto que hemos
señalado en el primer capítulo, lo retomamos para enfatizar la colaboración entre
dictadores quienes en vistas a neutralizar la oposición “establecen relaciones para
su afianzamiento y supervivencia, mediante una ayuda mutua”176
Frimont, también reconocía que esta simultaneidad existía a pesar de
diferencias de carácter personal entre Ubico y Martínez y Ubico y Somoza. Ya desde
1936, se comunicó una problemática entre el gobierno de Carías Andino y Anastasio
Somoza que sobrepasaba la esfera personal y tenía repercusiones políticas y
sociales para sus países. En este caso, los perseguidos políticos se convirtieron en
un arma política de negociación. Partiendo de la situación de los perseguidos
políticos podemos dar cuenta de la situación política regional de conflictos entre
países y de objetivos comunes e intereses en disputa.
En 1936, la Legación de México en Honduras, comunicó que el gobierno
hondureño se encontraba en un “problema serio”. El gobierno de Nicaragua se
interesaba en la renovación un Tratado de Libre Comercio. El Tratado, que había
expirado el 17 de junio de 1936 y beneficiaba a Nicaragua porque permitía la
importación de queso y ganado libres de derechos. Estos productos entraban por
Choluteca, región limítrofe ubicada en la zona sur de Honduras.
Las gestiones del gobierno nicaragüense respondían a un interés económico
mientras que, para el caso hondureño también existía un trasfondo político. Según
Pardo Bolland, encargado de negocios de México en Honduras, “el problema
175
Embajada de México en El Salvador, «Informe político reglamentario», julio de 1944, AHGE-SRE, exp. III-
2478-1.
176
Ibid.
65
consistía en que, Nicaragua ve una magnífica fuente de entrada para su riqueza
nacional en estas exportaciones que, el gobierno de Honduras permite para que en
Nicaragua no se de asilo a los desterrados políticos para que pongan en peligro la
estabilidad del gobierno de Carías”177.
El informe de Pardo enfatiza que de la renovación del Tratado dependía la
estabilidad del gobierno hondureño. Sí el gobierno de Somoza no llegaba a un
acuerdo con Honduras, el país nicaragüense podría favorecer a la oposición y el
gobierno de Carías se vería amenazado por sus enemigos políticos178. El
diplomático, cierra su informe anotando que dos factores podrían preocupar al
presidente hondureño Carías, “el factor económico y el apoyo de los países vecinos
en contra de la oposición”179. El gobierno hondureño encontró salida a la denuncia
del Tratado, mediante la entrega de fuertes sumas de dinero al gobierno
nicaragüense. Sin embargo, meses después Nicaragua insistía en la renovación del
Tratado180. Por su parte, con el gobierno salvadoreño, no existía tal problema,
debido la vigencia de un Tratado similar. De esta manera, el presidente Carías,
compraba el favor de los países vecinos.
El mismo año en que se llevaron a cabo las negociaciones del Tratado, la
oposición al gobierno de Carías intentó provocar levantamientos, principalmente en
las fronteras de El Salvador y Nicaragua. Los dirigentes del Partido Liberal, que
intentaban cruzar la frontera de Honduras por el lado de El Salvador, fueron
aprehendidos por el gobierno salvadoreño. Simultáneamente, en Nicaragua fueron
reducidos a prisión y después expulsados a Costa Rica los líderes Ángel Zúñiga
Huete y Venancio Callejas. Ante estas acciones, Bolland, reconoció que, “con estos
actos, el gobierno de Carías pudo anotarse en su favor un señalado triunfo de
carácter diplomático, pues gracias a la cooperación buscada y encontrada entre los
gobiernos vecinos se logró la captura de elementos opuestos al actual régimen”181.
177
Legación de México en Honduras, «informe político», julio de 1936, AHGE-SRE, exp. III-27-28-15, p. 2
del informe.
178
Ibid.
179
Ibidem. p. 3 del informe.
180
Véase AHGE-SRE, exp. III-27-28-15, «informe político» noviembre de 1936. p. 3.
181
Legación de México en Honduras, «informe político reglamentario», septiembre de 1936, AHGE-SRE, exp.
III-27-28-15, p. 1 del informe.
66
Las fricciones entre Honduras y Nicaragua continuaron hasta 1937, las
relaciones se alteraron por una disputa fronteriza, problema arrastrado desde las
últimas décadas del siglo XIX. La frontera terrestre de estos dos países fue
delimitada en 1986 mediante el Tratado Gámez Bonilla y el Laudo del Rey de
España Alfonso XIII, de 1906. Pero en 1912 Nicaragua objetó su validez. Las
negociaciones continuaron hasta 1930, año en que intervino el Departamento de
Estado de Estados Unidos. Por esta vía se firmó un protocolo en Managua, que
establecía cómo se delimitarían los puntos fronterizos que objetaba Nicaragua.
Honduras ratificó la propuesta en 1931, Nicaragua ratificó el protocolo y trazó la
línea fronteriza pero el gobierno hondureño rechazó tal acción.
En 1937 Nicaragua emitió un sello postal, en este La Mosquitia hondureña
aparecía como territorio en disputa. Según Argueta, esta acción probablemente fue
inducida por Anastasio Somoza, director de la Guardia Nacional que pugnaba por
alcanzar la presidencia. Éste obligó a renunciar al presidente Juan Bautista Sacasa
y asumió el poder en 1937, “necesitaba desviar la atención de la opinión pública de
su país, por lo cual reavivó la disputa fronteriza; esto le agenció el apoyo de diversos
sectores políticos y sociales nicaragüenses”182. De nuevo, la preocupación de
Carías era la oposición hondureña exiliada en Nicaragua. Según Argueta, para
alcanzar el poder, el presidente Somoza se había servido de centenares de liberales
emigrados en Nicaragua, situación que preocupaba a Carías porque si recibían
apoyo armado por parte de Somoza podían invadir Honduras183.
Los problemas de tipo comercial y fronterizo alteraron las relaciones entre
Honduras y Nicaragua, pero los presidentes de ambos gobiernos actuaron con
cordialidad en vista de sus intereses continuistas. Somoza obtuvo colaboración de
Carías para controlar los movimientos de la oposición. Por su parte, el gobernante
nicaragüense notificaba a Carías de los intentos de la oposición para entrar a
Honduras “cada cual se protegía las espaldas ya que sus respectivas políticas,
internas y externas, tenían como propósito fundamental permanecer en el poder”184.
182
Mario Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. p.99
183
Ibid.
184
Ibidem. p.208.
67
Para 1939, en Honduras se percibía un ambiente de simpatía hacia el
gobierno salvadoreño, los contantes comentarios favorables a la reelección del
presidente Martínez en El Salvador, eran muestra de tal actitud. El diplomático
Fenocchio, consideraba que este comportamiento no era de extrañar “tal actitud del
mandatario salvadoreño viene a reforzar la política seguida por el actual presidente
de Honduras”185.
Fenocchio, consideraba que las relaciones entre Honduras y El Salvador
eran de la más cordiales debido a que la misma ideología animaba a ambos
gobernantes y porque debido a la denuncia del Tratado de Comercio Libre entre
Honduras y Nicaragua, el país salvadoreño había ganado todo el mercado dentro
de sus posibilidades, ya que, entre este país y Honduras, continuaba en vigor un
tratado similar. Y continuaba, el ministro mexicano, “se ha llegado a decir que El
Salvador ofreció a Honduras en caso de un conflicto con Nicaragua, una ayuda
efectiva, consistente en hombres y pertrechos de guerra.”186. El agrado del gobierno
de hondureño por la reelección del presidente Martínez, se explicaba por los
ofrecimientos de cooperación hacia el presidente Carías.
Sí de Nicaragua y El Salvador el presidente Carías obtenía muestras de
colaboración, entre ellas el control de la oposición hondureña, las relaciones con
Costa Rica pintaban distinto. Esta actitud se derivaba del contexto de apertura con
el que se identificaba a este país, libertad de palabra y de pensamiento, “los
desterrados hondureños que ahora se encuentran en aquel país han dado rienda
suelta a sus pasiones con libertad, lo cual ha tenido un resultado, que ha
preocupado mucho a las autoridades hondureñas”187. Desde Costa Rica se creó
una propaganda radial que atacaba a Carías y a sus colaboradores. Para contener
esta campaña y evitar la radiodifusión se tomaron medidas, entre ellas bajar el
voltaje de la fuerza eléctrica a ciertas horas188. Debido a esta propaganda, Honduras
rehusó asistir a una conferencia de cancilleres centroamericanos, convocada por el
185
Legación de México en Honduras, «informe político reglamentario», enero de 1939, AHGE-SRE, exp. III-
30-12-13, sección: Política internacional, p. 1.
186
Ibidem. p. 2.
187
Ibid. p. 3 y 4 del informe.
188
Ibidem. p. 4 del informe.
68
país vecino, como acto previo a la Conferencia Internacional de Consolidación de la
Paz, que se celebró en diciembre de 1936 en Buenos Aires, Argentina.
La Conferencia centroamericana fue convocada para que, “los delegados
americanos fueran a San José con objeto de estudiar la forma de presentar un frente
único centroamericano en la Conferencia [de Buenos Aires]”189. La respuesta a este
evento permite medir los hilos de las relaciones y divergencias entre los países
centroamericanos, en específico es notoria la aversión o toma de distancia de
Honduras con respecto al país costarricense.
El ministro de Relaciones Exteriores de Honduras, Antonio Bermúdez Meza,
recibió la invitación de su homólogo en Costa Rica, pero rehusó ante tal solicitud.
Bermúdez comunicó a Bolland, ministro de México en Honduras, que la reunión no
se llevó a cabo al considerarse innecesaria en cuanto ésta se podía realizar en
Buenos Aires. Sin embargo, existieron otros motivos. Según Bolland, Honduras
decidió no concurrir en virtud de la propaganda de radio dirigida por la oposición
desde el país costarricense “esta campaña ha sido muy fuerte y abundante, sobre
todo en insultos al régimen actual. Este hecho y el temor de encontrarse allá la
delegación hondureña, con individuos dispuestos a todo, hicieron que se hiciera a
un lado la invitación”190.
Hemos presentado dos puntos. En primer lugar, la denuncia del Tratado de
Libre Comercio, que debía ser renovado en 1936, entre el gobierno de Honduras y
Nicaragua. En segundo lugar, entre esa problemática insertamos la situación de los
exiliados hondureños. Éstos se convirtieron en un arma política, de su control a
cargo del gobierno nicaragüense de Somoza, dependía la tranquilidad del
presidente hondureño Carías. Hay que recordar que, el año de estas negociaciones,
1936, coincidió con un momento álgido de la política hondureña, reforma la
Constitución Política que permitió que Carías extendiera su primer periodo de
gobierno. Ante estas acciones la oposición en el exilio se mostró activa y
189
Legación de México en Honduras, «correspondencia diplomática», 22 de septiembre de 1936, AHGE-SRE,
exp. III-L-E 343, folio 22.
190
Ibid.
69
denunciante, situación que aprovechó el gobierno nicaragüense, al ofrecer control
de la oposición exiliada a cambio de la renovación del Tratado de Libre Comercio.
2.3 Disidencia política y represión dictatorial
Los gobiernos dictatoriales centroamericanos obtuvieron respuesta de la disidencia
política, que se opuso y demandó formas democráticas de gobierno. La respuesta
de los distintos gobernantes fue la represión, persecución y muerte.
En 1944, Celestino Herrara Frimont, encargado de negocios de México en El
Salvador, tituló su informe mensual; “Integración de gobiernos tiránicos”; aquí éste
refirió que los gobiernos centroamericanos se sostenían por la colaboración de
dictadores, agrupados porque compartían características; recurso a la violencia,
irrespeto a la ley y protección militar. También apuntaba que, “ese mismo fenómeno
de agrupamiento se puede observar entre los elementos de descontentos de dichos
regímenes, que, ante la debilidad de sus fuerzas, las suman para una acción
conjunta, ya que los problemas políticos de los países mencionados son iguales”191.
Frimont sugiere la existencia de una red opositora y en este tenor es importante
mencionar la creación de la Unión Democrática Centroamericana. Esta surgió en
1943 en México, representó la unión de centroamericanos perseguidos y se
convirtió en una plataforma de oposición.
Los intentos de organización por parte de los opositores se enfrentaron en
primer lugar a las acciones conjuntas de los dictadores y en segundo lugar a la
debilidad y fragmentación de sus programas políticos. Ya desde 1936, Bolland,
identificó a una oposición desorganizada sin posibilidad de llevar a cabo algún
movimiento efectivo. Los investigadores Argueta y Dodd, coinciden con la
apreciación del diplomático mexicano192 Ante esta situación, el gobierno de Carías
estaba afirmado en el poder, por el apoyo del ejército y la colaboración de Somoza
“en Honduras, se tiene por seguro que, el gobierno de Nicaragua seguirá
combatiendo la oposición hondureña que por allá trata de derrocar al gobierno de
191
Embajada de México en El Salvador, «Informe político reglamentario», julio de 1944, AHGE-SRE, exp. III-
2478-1, p. 2 del informe.
192
Dodd, T.J. (2008). Tiburcio Carías: retrato de un líder político. p. 213; Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías.
p. 287 y ss.
70
Carías”193. Las acciones se concretaron cuando el gobierno nicaragüense llevó a
prisión a los liberales hondureños Ángel Zúñiga Huete y Venancio Callejas que
posteriormente fueron expulsados hacia Costa Rica194.
En este sentido podemos plantear que los dictadores de la región llevaron a
cabo una red de acciones para contrarrestar la disidencia política. Se trató de
obstaculizar la organización de exiliados que planeaban regresar a su país de
origen. Los hondureños agrupados en Centroamérica estaban bajo vigilancia de los
dispositivos de seguridad de cada país. En Nicaragua y en El Salvador, la oposición
permanecía inactiva debido la vigilancia constante, cooperación que Carías
compensó evitando la actividad política de los exiliados que desde esos países
llegaron a Honduras195. Asimismo, en cada nación centroamericana los dictadores
establecieron mecanismos de control hacia sus connacionales mediante el
hostigamiento, la vigilancia y la cárcel.
Como se ha comentado anteriormente, 1944 fue un año de mucha actividad
política en la región centroamericana. El descontento social llegó a un punto álgido.
El contexto dictatorial de violencia, crisis social y económica, crearon un clima de
convulsión social, las administraciones de Martínez en El Salvador, Ubico en
Guatemala, Somoza en Nicaragua y Carías en Honduras se volvieron insostenibles.
En este año cayeron los dos primeros, mientras que Carías y Somoza soportaron el
descontento.
Según Bulmer-Thomas, la situación económica durante la Segunda Guerra
Mundial convirtió el malestar general en un desafío a la dictadura 196. El café,
principal producto de exportación regional, dependía mayormente del mercado
europeo. La industria bananera también se vio afectada. Las flotas marítimas de las
compañías fueron requeridas por la Marina de Estados Unidos y se daba poca
193
Legación de México en Honduras, «informe político reglamentario», junio de 1936, AHGE-SRE, exp. III-
L-E 343, folio 4.
194
Véase, AHGE-SRE, exp. III-27-28-15, p. 2 del informe político.
195
Embajada de México en Honduras, «Memorándum confidencial», 6 de noviembre de 1943. AHGE-SRE,
exp. III-1964-1. p. 3 del memo.
196
Bulmer-Thomas, V. (1994). La crisis de la economía de agroexportación (1930-1945. En V.H. Acuña
(Coord.), Historia General de Centroamérica. (pp. 325-397).
71
prioridad a los insumos requeridos para el cultivo y producción del banano. En este
sentido el aumento en el costo de vida, alquileres, comida, ropa y el coste de las
importaciones ocasionó resentimiento entre la clase obrera urbana y rural pero
también entre miembros de la clase media urbana. Bosh, coincide con Bulmer-
Thomas y considera que los disturbios producidos en Centroamérica fueron
resultado de las limitaciones impuestas por la guerra. Escasearon los productos de
consumo y se promulgaron leyes que prohibían las huelgas, la petición de salarios
y otras acciones en beneficio de la sociedad; “el resultado fue un numero
impresionante de movimientos populares en cadena, que se produjeron en el
continente entre 1944 y 1945, favorecidos por la propaganda en favor de la
democracia” 197.
En Honduras, la dictadura de Carías se extendió hasta 1949, mientras que,
en Nicaragua, Somoza gobernó hasta 1957. En el país hondureño, los efectos de
los movimientos políticos generados en El Salvador motivaron marchas en las calles
de Tegucigalpa y San Pedro Sula. En la capital hondureña, mujeres y estudiantes
se convirtieron en dirigentes de actos de protesta y denuncia. El régimen de Carías
respondió con la represión, hasta causar la muerte de varias personas.
En el caso de Nicaragua, aunque Somoza soportó la crisis de los 40, el
descontento se hizo visible y consecuentemente la respuesta del régimen. Un
informe diplomático da cuenta del contexto de este país. El embajador de México
en Nicaragua identificó dos “defectos” en la administración de Somoza: intervención
del jefe de Estado en todos los negocios privados para su beneficio económico y
restricción de libertades ciudadanas198. Sobre el primer elemento, Calderón Puig,
comentó que la avaricia del presidente y su sed de oro provocaron la miseria del
pueblo nicaragüense y que esta era la causa principal del descontento popular,
capitalizado por políticos profesionales para derrocar al régimen199. Por su parte
William Krehm, periodista norteamericano que visitó Centroamérica en los 40 para
197
Bosch, J. (2009). Póker de espanto en el Caribe. 1ª edición mexicana. México: UNAM. p. 105. La primera
edición en Cuba data del año 1988. p. 106.
198
Embajada de México en Nicaragua, «informe político reglamentario», agosto de 1944, AHGE-SRE, exp.
III-255-5.
199
Ibidem. Folios 22 y 23.
72
investigar las dictaduras, aseveró “Nicaragua en verdad era una gallina demasiado
pequeña para el apetito voraz del presidente, siendo inevitable que apenas
quedaran los huesos lamidos como recuerdo del festín”200.
La riqueza de Somoza tenía dos fuentes, la ganadería y la minería. El
presidente prohibió la exportación de reses hacia Costa Rica, sobre todo en los
departamentos fronterizos, donde se encontraban las mejores tierras ganaderas de
Nicaragua. Sin embargo, vendió ganado ilegalmente a este país, exportaciones no
anotadas en los registros estadísticos nacionales, tampoco se reportó la venta de
ganado a Panamá y Perú. Respecto a la explotación de minas de oro, “a parte del
impuesto legal, las compañías entregan dos contribuciones adicionales a Tacho.
Esto equivale a unos 175.000 dólares al año”201.
Según Knut Walter, en Nicaragua, la oposición había formado parte de la
historia política desde el siglo XIX. Durante las primeras décadas del siglo XX,
liberales y conservadores buscaban fórmulas de co-gobierno, por lo tanto, Somoza
se enfrentó al desafío de la reconciliación nacional. Somoza tenía dos alternativas
para lograr tal proyecto “por medio de la fuerza para reprimir a la oposición, o
persuadiendo a la oposición de su inviabilidad como alternativa política, mientras
convencía a otros que el programa de gobierno de sus enemigos no constituía una
verdadera opción. En realidad, Somoza, utilizó ambas formulas”202.
Para Walter, la política de Somoza con respecto a la oposición fue evidente
en los incidentes ocurridos en 1944, 1947 y 1954, el régimen ante la amenaza de la
oposición cívica respondió fuertemente mediante la represión. La oposición también
era débil en su constitución, tal debilidad respondía a su fragmentación203. En 1944,
la clase trabajadora tenía una definición deficiente204 y sus intentos de organización
eran obstaculizados por el Estado. La respuesta de Somoza se expresó en el
200
Krem, W. (1960). Democracias y tiranías en el Caribe. Cuba: Edit. Popular de Cuba y del Caribe. p. 18.
201
Ibidem. p. 21.
202
Walter, K. (2004). El régimen de Anastasio Somoza: 1936-1956. Trad. Knut Walter. Nicaragua: UCA. p.
391.
203
Ibidem. p. 94.
204
Embajada de México en Nicaragua, «informe político reglamentario», agosto de 1944, AHGE-SRE, exp.
III-255-5.
73
encarcelamiento de dirigentes obreros. De manera similar a la situación
salvadoreña, en Nicaragua, el estudiantado fue el grupo más activo que inició las
manifestaciones populares. Sin embargo, estaba poco organizado y ante sus
acciones, el régimen procedió al cierre de las universidades de Managua, León y
Granada como también al encarcelamiento de varios estudiantes205.
Como pasó en Honduras y en El Salvador, en el país nicaragüense, la huelga
general se convirtió en un recurso de presión política que incluiría la participación
de profesionistas, comercio e industria, prensa, centros educativos, etc. Pero el
movimiento falló por falta de unidad. Estos sectores no soportaron las reacciones
del régimen “el comercio se desanimó por amenazas de cierre, confiscación y
cancelación de patente, los profesionistas fueron amenazados y encarcelados”206.
El gobierno nicaragüense contó con la lealtad del ejército como aparato de represión
que atentó contra la oposición reprimida con golpes de culata de rifle, bombas de
gas lacrimógeno y disparos al aire. Situación que provocó asilo en la embajada de
México207.
Algunos sectores de la sociedad nicaragüense quisieron aprovechar la
influencia del movimiento revolucionario surgido en El Salvador que dio caída a
Martínez, pero la oposición no pudo hacer frente a Somoza. A decir de la diplomacia
mexicana, faltó unidad y valor cívico del que dieron ejemplo los salvadoreños y
guatemaltecos. También la falta de dinero y armas, explicaban la debilidad del
movimiento popular208.
En El Salvador, el presidente Maximiliano Martínez asumió como presidente
en 1931 y se reeligió en 1935. Éste debía finalizar su segundo periodo en diciembre
de 1944, pero desde febrero de 1943, de la mano de su partido Pro-Patria, preparó
su continuación en el poder. Por su parte, la oposición al régimen obstaculizaba su
propósito209. La oposición estaba integrada por antiguos colaboradores de Martínez;
205
Ibidem. Folio 25 y 26.
206
Ibidem. Folio 28.
207
Ibid.
208
Ibidem. Folios 28 y 29.
209
Embajada de México en El Salvador, «informe político suplementario», enero de 1944, AHGE-SRE, exp.
III-255-4, p. 1 del informe.
74
un grupo de profesionistas que se había visto limitado políticamente por el grupo
cerrado del presidente; algunos capitalistas no favorecidos y por la mayor parte del
estudiantado. Estos sectores hicieron frente a los deseos continuistas del presidente
salvadoreño y sus acciones se identifican en dos momentos: la revolución armada
dominada por el gobierno de Martínez y el movimiento popular que se expresó en
la huelga de brazos caídos que dio origen a la caída del presidente210.
Según Monterrosa, el presidente Martínez aprovechó las insurrecciones para
controlar la población, propagar su justificación ideológica y ganar la lealtad de
diputados y asociaciones civiles, “la represión le permitió al régimen asentarse y
demostrar a propios y extraños que podía enfrentar los reclamos más airados” 211.
En palabras de Mora Plancarte, embajador de México en tierras salvadoreñas, la
lucha política adquirió caracteres de violencia212. Martínez procedió a la detención
de innumerables personas de significación en el campo oposicionista, expulsó a
algunos y censuró los periódicos independientes, tal es el caso de Diario Latino y
Diario de Hoy. Igual suerte corrió el Partido Democrático que, al carecer de
reconocimiento oficial, no tenía derecho a realizar ningún acto público; “en general,
no ha desaprovechado ninguna oportunidad para tomar represalias de quienes se
han perfilado como sus adversarios políticos”213.
La oposición al gobierno de Martínez se encontraba en desventaja. Ésta no
podía actuar en el espacio público; el partido de oposición hacia propaganda
clandestinamente, mientras el partido oficial Pro-Patria gozaba del apoyo oficial,
incluido en el aspecto económico. Y es que, siguiendo la propuesta de Monterrosa,
el gobierno de Martínez procedió a una desmovilización opositora implementado
acciones coercitivas destinadas a quienes eran reacios a la colaboración con el
régimen214.
210
Embajada de México en Guatemala, «oficio reservado», 10 de julio 1944, AHGE-SRE, exp. III-24-2478-1,
pp. 1 y 2 del oficio.
211
Monterrosa Cubías, L.G. (2019). La sombra del martinato: autoritarismo y lucha opositora en El Salvador
1931-1945. México: UNAM. p. 81.
212
Ibidem. AHGE-SRE, exp. III-255-4, p. 3 del informe.
213
Ibidem. p. 1 del informe.
214
Monterrosa Cubías, L.G. (2019). La sombra del martinato. p. 84 y ss.
75
La vigilancia se convirtió un mecanismo de desmovilización y era destinada
a los desafectos al régimen, tal como pasaba en el caso hondureño, donde la policía
secreta de Carías vigiló a los actores claves de la oposición. Tanto en Honduras
como en Guatemala, el anticomunismo convirtió en blanco a los opositores. Pero
también, la violencia se volvió un recurso: “ahí donde la persuasión no rindió sus
frutos aparecieron la amenaza y el recurso de la violencia. En los primeros tiempos
del martinato abundan este tipo de ejemplos”215. En casos de complots, los castigos
iban desde la destitución de cargos hasta envío al paredón.
En Guatemala, gobernado por Jorge Ubico desde 1931, la disidencia política,
también se encontraba en condiciones poco favorables. Durante su administración,
Ubico se interesó por ampliar la infraestructura del país y fomentar su economía, “el
sistema ubiquista fue la respuesta política inmediata a la crisis del comercio de
exportación, o más bien dicho a sus efectos internos, y prosperó porque encontró
un piso abonado por la tradición autocrática, señorial, agraria, en las relaciones
políticas y sociales”216.
Además del interés en el mejoramiento material, el gobierno de Ubico, estuvo
marcado por tendencias continuistas y prácticas represivas. Entre 1934 y 1935, se
acudió al pretexto de complot contra el régimen para justificar una campaña
reeleccionista. De la misma manera que su homólogo Carías, habría que modificar
la Constitución y suspender la cláusula que prohibía la reelección. Los resultados
del plebiscito favorecieron la iniciativa, 834, 168 votos contra 1,227.217
En palabras de Grieb, Ubico, para posicionar a Guatemala en términos
económicos, aumentando la producción nacional, “utilizó métodos que deben
calificarse como propio de un régimen totalitario. Durante su gobierno trató de espiar
y restringir las actividades de todos los ciudadanos y la vigilancia policiaca se
215
Ibidem. p. 86.
216
Torres Rivas, E. (2003). Guatemala: medio siglo de historia política. En P. González Casanova (Coord.),
América Latina: historia de medio siglo. México, Centroamérica y el Caribe. Vol. 2. 12ª edición (139-173).
México: Siglo XXI.
217
J. Grieb, K. (2005). El gobierno de Jorge Ubico. En J.D. Contreras (Coord.), Historia General de Guatemala.
1ª reimpresión. Tomo V (43-60). Guatemala: Fundación para la Cultura y el Desarrollo.
76
extendió por doquier hasta imposibilitar el ejercicio de cualquier oposición” 218.
Dunkerley coincide con esta línea argumentativa al expresar que Ubico conservó su
gobierno a través de la fuerza policial y el espionaje, la represión de la movilización
popular y de los activistas radicales219.
Este contexto de vigilancia fue posible por el control y centralismo de Ubico.
El aparato burocrático estaba en comunicación directa con el presidente y los
informes policiales llegaban a sus manos, de manera similar circulaba la
comunicación en Honduras en donde, por ojos de Carías pasaban los reportes de
los “orejas”. Los agentes de policía se encargaban de intimidar a los conspiradores
políticos y cuando éstos emitían alguna opinión contraria iban a parar a las cárceles,
no existía libertad de acción ni de opinión y “las críticas al gobierno se consideraban
actos subversivos”220.
En la administración de Ubico, comunismo y oposición se convirtieron en
sinónimos. Los comunistas se convirtieron en un blanco especial, “para Ubico,
cualquiera que perturbara el orden público era automáticamente un comunista, casi
todas las protestas y revueltas antigubernamentales fueron atribuidas sin más
razonamiento al comunismo”221.
En este contexto, el movimiento obrero y el Partido Comunista de Guatemala
fueron considerados los principales objetivos de vigilancia y represión y se calificó
“a todo movimiento sindical como una fuerza de oposición al régimen”222. Los
sindicatos, a diferencia de la universidad e instituciones públicas no se sometían a
los deseos de Ubico, por lo que se procedió a una campaña de desintegración de
estas organizaciones y del Partido Comunista. A finales de 1931 “fueron detenidos
65 líderes obreros, de los cuales uno fue condenado a muerte y el resto a penas de
218
Ibid.
219
Dunkerley, J. (1988). Power in the Isthmus: a political history of modern Central America. Inglaterra: Verso.
p. 99.
220
J. Grieb, K. “El gobierno de Jorge Ubico”. En J.D. Contreras (Coord.), Historia General de Guatemala. 1ª
reimpresión. Tomo V (pp. 43-60).
221
Ibid.
222
Karlen, E. (2005). Orden y progreso en el gobierno de Jorge Ubico: ¿mito o realidad? En J.D. Contreras
(Coord.), Historia General de Guatemala. 1ª reimpresión. Tomo V (pp. 61-78). Guatemala: Fundación para la
Cultura y el Desarrollo.
77
prisión. Tras estas primeras acciones represiva, Ubico, destruyó sin
contemplaciones cualquier acción laboral, de manera que las organizaciones
obreras que tímidamente se abrían paso desde la década de 1920 acabaron por
desintegrarse”223. En 1934, quizás 300 personas fueron asesinadas tras el
descubrimiento de un complot de asesinato en contra de Ubico224.
El odio anticomunista como lo denomina Grieb225, también se concretó en
campañas que buscaron desacreditar a organizaciones de fuerzas renovadoras. Se
intentó movilizar a la población contra el comunismo, para crear opinión pública a
cerca de la amenaza comunista226. Recordemos que, para el caso hondureño, el
ciudadano opositor era catalogado como comunista, pero en verdad sólo se
buscaba una justificación para controlar no solo a la disidencia política si no a la
población en general. De manera similar, en Guatemala, “con el pretexto de su
cruzada contra el comunismo, podían permitirse pasar por encima de los derechos
fundamentales consagrados en la Constitución. El anticomunismo de Ubico, por lo
tanto, fue una excusa para reprimir en forma despiada cualquier tipo de protesta” 227.
2.4 El exilio centroamericano en México visto desde el activismo político de
la oposición
Ante la represión de la disidencia política, el exilio se presentó como una alternativa,
en primer lugar, para salvaguardar la vida, y en segundo término para continuar el
activismo político. El contexto dictatorial generó el exilio centroamericano en México.
Desde este país, distintos colectivos denunciaron la situación política de El
Salvador, Nicaragua, Guatemala y Honduras.
Laura Moreno, analiza el caso de los guatemaltecos, hondureños,
salvadoreños y costarricenses exiliados en México. A través de los informes
confidenciales descubre las formas de organización y el activismo de los exiliados,
223
Karlen, E. (2005). Orden y progreso en el gobierno de Jorge Ubico: ¿mito o realidad? En J.D. Contreras
(Coord.), Historia General de Guatemala. 1ª reimpresión. Tomo V (pp. 61-78).
224
James Dunkerley, J. (1988). Power in the Isthmus. pp. 99-100.
225
Kenneth J. Grieb., “El gobierno de Jorge Ubico”. En J.D. Contreras (Coord.), Historia General de Guatemala.
1ª reimpresión. Tomo V (pp. 43-60).
226
Karlen, E. (2005). Orden y progreso en el gobierno de Jorge Ubico: ¿mito o realidad? En J.D. Contreras
(Coord.), Historia General de Guatemala. 1ª reimpresión. Tomo V (pp. 61-78).
227
Ibid.
78
pero también los temores y los prejuicios ideológicos de los vigilantes. Desde el
exilio, las relaciones entre centroamericanos respondieron a la identificación de un
objetivo común, “el afán por lograr el derrocamiento de las dictaduras y la búsqueda
de la 'democracia' en Centroamérica”228.
La convulsión política del año 1944 que llevó a la caída de los dictadores
Maximiliano Martínez y Jorge Ubico, se presenta como el hecho que generó una
oleada significativa de exilios. La documentación consultada en el Archivo Histórico
de Relaciones Exteriores de México revela los efectos de esta coyuntura: las
diligencias políticas y diplomáticas en relación con las solicitudes de asilo; la política
de asilo de México y la no intervención en asuntos internos de estas repúblicas y la
denuncia antidictatorial desde el exilio.
En Nicaragua, la crisis política de 1944 no llevó al derrocamiento del
presidente Anastasio Somoza, pero si generó una ola de descontento que se
materializó en la organización de una huelga general que convocó a distintos
sectores. Por su parte Somoza, en consonancia con el ejército, reprimió, encarceló
y obligó a la oposición a asilarse en la embajada de México en Nicaragua y al
posterior exilio.
Ante la presión generada por el movimiento de 1944, Somoza envió al
Congreso el veto a la reforma constitucional que permitiría su reelección en 1947 y
prometió democratizar su régimen y garantizar las libertades fundamentales, entre
ellas la libertad de prensa229. Estas promesas son calificadas por Emilio Calderón,
Encargado de Negocios de México en Nicaragua, como “medidas incongruentes del
gobierno”. Según el diplomático la oposición no creía en la palabra del presidente,
está más bien continuaría latente y entraría en acción si los exiliados políticos
lograban apoyo moral en el exterior y armas para traer la revolución al país230.
228
Moreno Rodríguez, Laura Beatriz, “Vigilar el exilio centroamericano. Informes confidenciales sobre su
presencia en México, 1930-1940”, Antropología. Revista Interdisciplinaria del INAH Núm. 101 (2016): 77-94.
[Link] Consultado el 15 de octubre de 2018.
229
Embajada de México en Nicaragua, «informe político reglamentario», agosto de 1944, AHGE-SRE, exp.
III-255-5, folio 29.
230
Ibidem. Folio 31.
79
Los hechos justificaban la incredulidad de los opositores. Pues la libertad de
prensa duró unos cuantos días, después se estableció oficialmente la censura y a
los cuatro días volvió a quitarse la censura, dejando una especie de autocensura y
responsabilizando a los directores de periódicos. En ese mismo lapso fue
clausurado el diario La Prensa, el órgano más importante de la oposición. De hecho
“el control sobre la palabra escrita y hablada era fundamental para el régimen, tanto
para impedir las actividades de la oposición crecieran hasta desbordar la capacidad
represiva del régimen, como para establecer con claridad las reglas bajo las cuales,
en la práctica, se permitiría actuar a la oposición”231.
El Congreso aprobó el decreto de amnistía y lo envió al Ejecutivo para su
publicación en el Diario Oficial el 8 de agosto de 1944. Fueron puestos en libertad
los reos que se encontraban en el penal de Corn Island; sin embargo, la ciudad
capital seguía vigilada por la Fuerza Armada y ocurrían arrestos con alguna
frecuencia por cuestiones políticas232.
Las actividades de las organizaciones opositoras se vieron obstaculizadas
por las restricciones y castigos impuestos por el régimen. Algunos se apartaron del
sistema político y abandonaron el país por iniciativa propia, otros forzosamente se
marcharon de Nicaragua. Desde el destierro se difundió la situación política bajo la
administración de Somoza, “la oposición en el exilio se mostró particularmente
activa en Costa Rica y México, donde las oportunidades para publicar y organizarse
eran relativamente amplias. Desde estos países se divulgaban muchos
comunicados y volantes, denunciando al régimen”233. Asimismo, los espacios de
alcance internacional se convirtieron en una plataforma de denuncia.
Del 21 de febrero al 8 de marzo de 1945, en la ciudad de México, se realizó
la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de la Paz. En este
caso, la Unión Democrática Nicaragüense, conformada en México por opositores a
Somoza, envió de un documento extenso con tono de denuncia, de manifiesto y de
231
Walter, K. 2004. El régimen de Anastasio Somoza: 1936-1956. p. 357.
232
Ibidem, AHGE-SRE, exp. III-255-5. Folio 31.
233
Walter, K. 2004. El régimen de Anastasio Somoza. p. 359.
80
oposición234. De manera general, la Unión, presentó al régimen de Somoza como
déspota y de tendencia fascista. Particularmente se refirió a la abolición de
libertades de pensamiento, la circulación de diarios y revistas independientes y
publicaciones extranjeras desfavorables al régimen; al aprovechamiento de los
bienes públicos, corrupción y actos iliciticos; y a la situación de opositores. Respecto
al último indicaba “se confina o encarcela a destacados miembros de la sociedad
nicaragüense, de ambos sexos y de ambos partidos, en igual forma han sido
expatriados prominentes personas, y lo que es peor aún, Somoza ha ordenado que
ultrajen a señoritas, las que se han sustraído de esa infamia por el amparo oportuno
de la embajada de México”235.
Para enfatizar la situación de los opositores, el documento relata sobre las
medidas del régimen en su contra. Se les reprimía mediante la coacción personal,
multa, cárcel, torturas y destierros. A la oposición se le destituía de cargos públicos
y se les negaban créditos y prorrogas de pagos en los bancos. Así mismo se
alteraban los impuestos, tarifas de transporte y se les negaban permisos de
importación y exportación236. Ante la situación presentada, la Unión Democrática
Nicaragüense, solicitaba que, en nombre de la democracia, de la dignidad y de las
libertades humanas, los gobiernos americanos suspendiesen relaciones
diplomáticas con el gobierno de Nicaragua, mientras se elegían democráticamente
los funcionarios para regir los destinos de la nación237.
El caso presentado, en primer lugar, revela una de las tácticas y espacios de
denuncia a los que recurría la oposición: reuniones diplomáticas de alcance
internacional. La Unión, demandaba el no reconocimiento al gobierno nicaragüense,
presentado como fascista, “con su simpatía hacia el régimen de Mussolini y Hitler,
de quien colocaba una fotografía autografiada en su escritorio; con sus compras
clandestinas de armas y barcos al gobierno alemán”238. Para la Unión, la
234
Unión Democrática Nicaragüense, «Correspondencia dirigida a reunión de cancilleres», México, 21 de
febrero 1945, AHGE-SRE, exp. L-E 456. Los firmantes son el Dr. Pedro José Zepeda, el Dr. Alejandro César,
el Lic. Horacio Rosales C., el Gral. Carlos Pasos y el Gral. Alfonso Estrada.
235
Ibidem. Folio 57.
236
Ibidem. Folio 58.
237
Ibidem. Folio 61.
238
Ibidem. Folio 60.
81
administración contradecía los postulados democráticos que circulaban al final de
Segunda Guerra Mundial y que la misma Conferencia adoptaba referente al a
defensa y preservación de la democracia en América. En segundo lugar, la
comunicación enviada por la Unión a la Conferencia da cuenta del activismo de la
oposición exiliada en México, que buscaba “el apoyo moral en el exterior” al que se
refirió el diplomático Emilio Calderón, Encargado de Negocios de México en
Nicaragua239. Ante representantes internacionales, se buscó la manera de generar
opinión pública en torno a la situación centroamericana bajo las dictaduras,
aprovechado el evento diplomático. La prensa y la radio también se convirtieron en
plataformas de denuncia como lo veremos al abordar las tácticas de denuncia de
los exiliados hondureños en México.
La Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de la Paz,
también fue aprovechada por salvadoreños, hondureños y nicaragüenses, que
desde Guatemala, vía telegrama enviado a la Secretaría de la Conferencia, se
expresaron en los siguientes términos, “interpretando el sentir de millares de
emigrados de El Salvador, Honduras y Nicaragua, amparados ahora por
democracia de México, Guatemala y Costa Rica, pedimos declaración categórica
sobre no admitir en la Unión Panamericana a gobiernos que no representan la
voluntad popular”. En esta comunicación también refieren la base jurídica, política y
diplomática que justificaba sus demandas, “teniendo establecimiento definitivo los
postulados de la Carta del Atlántico y recta interpretación de la Política de Buen
Vecino, estableceríase [sic] con base, la firme democracia centroamericana,
cesarían las migraciones, prisiones políticas, torturas y demás vejámenes de
ciudadanos”240.
La petición estaba firmada por los salvadoreños Dr. Miguel Barahona, Dr.
Ángel Gochez Castro, Don José B. Cisneros y los hondureños Dr. José J. Callejas,
Dr. Ángel Zúñiga Huete y los nicaragüenses Gral. C.A. Castro Wasmer y el Dr.
Francisco Ibarra Mayorga. Desde Costa Rica, se unieron los “nicaragüenses libres”,
239
Embajada de México en Nicaragua, «informe político reglamentario», agosto de 1944, AHGE-SRE, exp.
III-255-5, folio 31.
240
Correspondencia dirigida a reunión de cancilleres, Guatemala, 26 de febrero 1945, AHGE-SRE, exp. L-E
456, folios 217-219.
82
para pedir que “consideren la suerte de pueblo oprimido, sancionando al tirano
Somoza”241.
Los discursos y acciones de la oposición estaban influenciados por
fenómenos de carácter global. En el contexto de la crisis de los gobiernos
dictatoriales de Martínez en El Salvador y Ubico en Guatemala, desde 1944, la
diplomacia mexicana había identificado que, después de los ataques de la armada
japonesa contra la base naval norteamericana en Pearl Harbor, los gobiernos
centroamericanos habían dado un viraje en su política para unirse a las
democracias, como táctica de afianzamiento. Se reconocía que los problemas
internos habían sido influenciados por la política democrática externa, lo que se hizo
sentir sobre todo a partir de la proclamación de la Carta del Atlántico. Sus
postulados habían esperanzado a los pueblos oprimidos, quienes veían la
posibilidad de tener gobiernos verdaderamente democráticos en un futuro
próximo242.
El origen de la crisis de los 40, la caída de los dictadores en Centroamérica
y la transición a gobiernos democráticos, es explicada por la influencia de políticas
externas. En este sentido, el giro de política de los gobiernos centroamericanos se
atribuye a los efectos de la Carta del Atlántico, pero ésta, que se convirtió en un
catalizador para la oposición, no generó resultados del todo satisfactorios. En 1944,
la Secretaría de Relaciones Exteriores de México envió una consulta a sus
representantes en Centroamérica. Estos debían responder sobre las causas de los
simultáneos movimientos revolucionarios en la región.
El Encargado de Negocios en Panamá, el embajador de México en Honduras
y su homólogo en Guatemala, coincidieron en que la Carta del Atlántico había sido
un “estímulo para los sentimientos democráticos latentes en la región” y proporcionó
un clima propicio para el origen de los movimientos populares centroamericanos.
Por su parte el embajador de México en Costa Rica expresó que la causa de las
241
Correspondencia dirigida a reunión de cancilleres, Costa Rica, 22 de febrero 1945, AHGE-SRE. Exp. L-E
456. Folio 247. Los firmantes eran Antonio Calavery, Chester Lacayo, Samuel Santos, Horacio Fernández y
Enrique Fernández.
242
Embajada de México en El Salvador, «Informe político reglamentario», julio de 1944, AHGE-SRE, exp. III-
2478-1, p. 3 del informe.
83
conmociones centroamericanas se encontraba en el cambio de orientación de la
política de los Estados Unidos, que pretendía lograr una concordancia aparente de
los gobiernos con los ideales consagrados en la Carta del Atlántico, aunque sin
aspirar a una variación sustancial en los regímenes de Centroamérica.
A pesar de las esperanzas que despertó la Carta del Atlántico, el auge de los
movimientos de oposición y el supuesto giro de la política estadounidense, el
embajador Córdova afirmaba que la oposición en la búsqueda de administraciones
políticas con arraigo popular y mayor independencia en sus asuntos exteriores se
vio defraudada, ya que las presidencias fueron entregadas a personas afines a
gobiernos anteriores243.
Hemos presentado el caso de Nicaragua, la situación política bajo el gobierno
de Somoza, el estado de la oposición tanto en Nicaragua como sus acciones de
denuncia desde México. Ahora conviene tratar sobre la situación guatemalteca y los
guatemaltecos exiliados en México con la finalidad de dar cuenta de la política de
asilo manejada por México.
Según Guadalupe Rodríguez de Ita, en años de la dictadura de Jorge Ubico,
1931-1944, un número aproximado de cincuenta guatemaltecos se exiliaron en
México. Opositores todos, unos eran destacadas figuras políticas, otros jóvenes que
aspiraban a serlo. Éstos se identificaron como exiliados y regresaron a su patria
para participar en el movimiento popular contra Ubico en 1944244. Para la autora,
estos exiliados se caracterizaron por dos aspectos. En primer lugar, eran activistas
políticos opositores a gobiernos autoritarios, que dejaron su país de origen para
preservar su vida y su libertad y, en segundo lugar, muchos regresaron a su patria
para luchar por sus ideales. Como Rodríguez lo explica, “las características de
243
Embajada de México en El Salvador, «Memorándum para acuerdo presidencial», 19 de julio de 1944,
AHGE-SRE, exp. III-2478-1, p. 4 del memo.
244
Rodríguez de Ita, Guadalupe, “Exiliados guatemaltecos en México: Una experiencia recurrente”, en
Pacarina del Sur. Revista del Pensamiento Crítico Latinoamericano, edición de internet, ene-dic 2001.
[Link]
mexico-una-experiencia-recurrente. Consultado el 15 de octubre de 2018.
84
estos exiliados fueron una constante en los que llegaron después a territorio
mexicano”245.
La libertad negada en los países bajo contexto dictatorial complicó el
activismo político. La libertad que se buscaba en el país receptor garantizaría las
actividades de denuncia y oposición. Al menos esa era la expectativa del exiliado.
Recordemos que, en el caso guatemalteco, la campaña anticomunista de Ubico, al
menos para su régimen, justificó el control y represión de todo tipo de actividad
opositora, “la verdadera oposición al régimen se encontraba en el exilio, en México
o en otros países de Centroamérica”246.
La concesión de asilo en tierras mexicanas implicaba la limitación de
acciones políticas en contra del régimen expulsor, no inmiscuirse en política
nacional y no planear acciones subversivas desde suelo de acogida era una
condición. Un telegrama girado por Relaciones Exteriores de México a la Embajada
de México en Guatemala es claro al respecto “Gobernación concede permiso a
Álvarez Castaño para que venga a México como exiliado político. Deberá someterse
a las leyes del país y abstenerse de actividades políticas”247. Además, los
mecanismos de vigilancia de Ubico, llegaron hasta la oposición exiliada, en primer
lugar, por medio de agentes secretos que espiaban a los exiliados y, en segundo
lugar, el mismo gobierno llegó a exigir la extradición de algunos opositores.
El gobierno de México se comprometía con la vigilancia de los asilados, pues
la permisividad de actividades políticas en contra de gobiernos centroamericanos
podría ser interpretadas como intromisión en asuntos internos. Cuando se
descubría o se rumoraba sobre un brote subversivo o desacato a las prerrogativas
de la política de asilo, las autoridades mexicanas reaccionaban ante los reclamos
de las autoridades centroamericanas.
245
Ibid.
246
Karlen, E. (2005). Orden y progreso en el gobierno de Jorge Ubico: ¿mito o realidad? En J.D. Contreras
(Coord.), Historia General de Guatemala. 1ª reimpresión. Tomo V (pp. 61-78).
247
Relaciones Exteriores de México, «telegramas recibidos», México, 15 de marzo 1937, exp. AHGE-SRE,
exp. A-3-1.
85
En 1937, el gobierno de Guatemala se enteró de los planes del Gral.
guatemalteco Antonio Ramírez. Desde Villahermosa dirigía un movimiento armado
hacia Honduras y Guatemala. Ante esta situación, el secretario de Relaciones
Exteriores de Guatemala solicitó que el gobierno mexicano procediera a vigilar y
controlar las actividades del coronel Ramírez. El Encargado de Negocios de México,
respondió que su gobierno demostraría diligencia en la medida de las posibilidades,
lo que despejaría el camino para dar permanencia y hacer fructífera la diplomacia
del buen amigo248. No encontramos información respecto a la conclusión de estas
gestiones, pero una determinación por parte de México en materia de asilo ilumina
respecto a la actitud de este país ante circunstancias similares.
Meses después de esta diligencia, desde México llegó la siguiente
comunicación dirigida a las autoridades nicaragüenses, “puede asegurarse esa
Cancillería nuestro gobierno no permitirá háganse en territorio gestiones tendientes
alterar tranquilidad interior países amigos”249. Lo que da cuenta del precepto de
acogida por parte de México: no permitir en su suelo actividades que ponen en
peligro la paz pública de los países de origen del asilado.
Partiendo del análisis de asilo guatemalteco en México, entre 1940 y 1950,
Ita afirma que la relación entre las dos naciones se mantuvo sin alteraciones
mayores debido a la diligencia de los diplomáticos mexicanos que “con relativa
celeridad y apego a la tradición legalista lograron solucionar las controversias”250.
A pesar del control y vigilancia al que se sometían, los exiliados utilizaron
distintos mecanismos para denunciar la situación política de su país de origen. Los
nicaragüenses recurrieron a la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la
Paz y de la Guerra celebrada en México en 1945; los exiliados guatemaltecos
utilizaron un espacio similar. En 1942, en el contexto de la Conferencia de Rio de
Janeiro denominada “La Tercera Reunión de Consulta de los Ministros de
248
Legación de México en Guatemala, «telegramas recibidos», Guatemala, 23 de febrero de 1937, AHGE-SRE,
exp. A-2-1.
249
Secretaría de Relaciones Exteriores de México «telegramas enviados», México, 19 de abril de 1937, AHGE-
SRE, exp. A-3-2.
250
Rodríguez de Ita, G. (2003). Guía de expedientes de la Embajada de México en Guatemala (1944-1954).
México: Instituto Mora-Secretaría de Relaciones Exteriores. p. 48.
86
Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas”, éstos protestaron ante el
llamado de los Estados Unidos de luchar contra las dictaduras totalitarias de Europa,
insistiendo “que era necesario liberar antes a Centroamérica y sus propios
regímenes dictatoriales”251.
Los exiliados salvadoreños en México también asumieron una actitud de
denuncia. Un caso presentado por el historiador Monterrosa, nos acerca a sus
mecanismos. En 1935, la Acción Revolucionaria Salvadoreña en México publicó
una hoja volante con un manifiesto que llegó hasta suelo salvadoreño. Éste
sintetizaba la ruta del presidente Martínez al poder, le acusaba por sus crímenes y
atropellos como también por su sed de poder y traición al dar Golpe de Estado al
presidente Arturo Araujo. Los disidentes, describían a Martínez en estas palabras,
“un militar con instinto criminal que ejercía una dictadura oprobiosa”, lo que
incomodó al presidente Maximiliano Martínez, quien convocó a Manuel de Negri, el
ministro acreditado en El Salvador, que con sus credenciales debía responder ante
el descuido de México de haber permitido la circulación del documento. El
diplomático lamentó la situación y prometió que su gobierno evitaría situaciones
similares252.
Lo que presenta Monterrosa, interesa a nuestros fines. Como veremos en el
siguiente capítulo, los soportes escritos se convirtieron en un medio de denuncia
para la oposición exiliada. Los exiliados hondureños también se sirvieron de este
mecanismo. Monterrosa presenta los rasgos de política de no intervención de
México en asuntos internos de las repúblicas centroamericana, asunto que hemos
tratado en páginas anteriores. Las autoridades mexicanas citaron a los autores del
manifiesto. En julio de 1936, ante la Secretaría de Gobernación, Adrián Piche y
Rafael Cisneros, salvadoreños y León de la Selva, nicaragüense, se
comprometieron a no intervenir en los asuntos internos de El Salvador, mientras
residieran en México253.
251
Frente Democrático en Karlen, E. (2005). Orden y progreso en el gobierno de Jorge Ubico: ¿mito o realidad?
En J.D. Contreras (Coord.), Historia General de Guatemala. 1ª reimpresión. Tomo V (pp. 61-78).
252
Ibidem. pp. 93-94.
253
Ibidem. p. 94.
87
Dar un vistazo a las actuaciones de las legaciones o embajadas mexicanas
en casos de asilo también permite vislumbrar la política de no intervención en
asuntos internos. Cuando los diplomáticos actuaban al margen de los protocolos,
desde la Secretaría de Relaciones Exteriores de México se exhortaba a apegarse a
lo establecido.
En 1948, a un agente diplomático se le reclamó por no establecer los motivos
de solicitud de asilo y las condiciones en que éste sería concedido254. En este caso
se trataba de la negligencia del embajador de México en Tegucigalpa, Honduras,
quien en una diligencia de asilo no determinaba claramente si el solicitante corría
peligro por persecución política, siendo este uno de los principios a considerar al
momento de conceder asilo. Al diplomático se le recordaba que, en materia de asilo,
según los principios del derecho internacional y las convenciones de La Habana,
Cuba (1928) y Montevideo, Uruguay (1933), correspondía al agente diplomático
resolver sí el asilo procedía o no. En otros casos, era más explicitó respecto al
principio de no intervención “el asilo no debe ofrecerse ni estimularse, por esto,
equivaldría a intervenir en asuntos internos de otros países”255.
Este es solo un caso que permite exponer los términos de la política de asilo
de México; al abordar el exilio hondureño atenderemos a otros asuntos internos o
hechos a los que se veían expuestos los agentes diplomáticos, las reacciones del
gobierno hondureño y las medidas tomadas por la Secretaría de Relaciones
Exteriores de México. También será necesario un acercamiento a las percepciones
que se generaron en torno a México por su actitud humanitaria hacia los
perseguidos políticos y la hospitalidad brindada a los asilados tanto en las
embajadas como en el destino final, México.
En este capítulo hemos presentados la dinámica política de Centroamérica
desde la situación de los perseguidos políticos. Remarcamos los casos en los que
éstos se convirtieron en especie de canjeo; control de la oposición a cambio de un
254
Secretaría de Relaciones Exteriores de México, «telegramas cifrados», México, 14 de octubre de 1948, exp.
AHGE-SRE, exp. SPR 23-1.
255
Secretaría de Relaciones Exteriores de México, «telegramas cifrados», México, 13 de febrero de 1948, exp.
AHGE-SRE, exp. SPR 17-3.
88
beneficio político. De esta manera presentamos las relaciones entre los países, pero
también los conflictos y negociaciones en las que el exiliado se vio inmerso. La
cordialidad entre dictadores respondía en gran manera al deseo de inmovilizar a la
oposición.
La cooperación entre dictadores tuvo su contraparte, el agrupamiento de la
oposición. Desde México la oposición presentaba demandas comunes a los países
centroamericano. O en su defecto la oposición agrupada en Centroamérica
colectivamente denunciaba a las dictaduras. Tanto desde sus países de origen
como desde el exilio, la oposición hizo eco de la situación política centroamericana.
Queda pendiente ver la manera en que distintas agrupaciones políticas colaboraron
con los exiliados hondureños, el papel de la diplomacia mexicana y profundizar en
las vías de denuncia antidictatorial.
89
CAPÍTULO III
EXILIO Y OPOSICIÓN HONDUREÑA EN MÉXICO
3.1 Introducción
Durante la presidencia del hondureño Carías Andino, los países centroamericanos
se presentaron como un lugar de tránsito o de destino para la oposición hondureña.
La proximidad geográfica era un factor determinante, pero también la identificación
con los proyectos políticos del grupo opositor ubicados en estos países. La
presencia de dictadores en Guatemala, Nicaragua y El Salvador y hacer frente a
sus gobernantes eran un proyecto compartido.
Centroamérica se concibió como un lugar de tránsito porque inicialmente la
intención no era radicar en los países vecino, más bien planear acciones en contra
de Carías. Sin embargo, estas naciones se convirtieron en lugar de destino porque
el contexto represivo hondureño impedía un regreso definitivo. Como vimos en el
capítulo anterior, la cooperación entre dictadores configuró un clima hostil para los
opositores hondureños, por lo que México se convirtió en otra estación de llegada.
Argueta considera que, al calor de los acontecimientos de 1944, la caída del
dictador salvadoreño Hernández Martínez y su colega Jorge Ubico en Guatemala,
permitieron reactivar la oposición en el exilio.256 En Costa Rica, Venancio Callejas y
Vicente Mejía Colindres presidían el Centro Democrático Hondureño. En
Guatemala, se fundó el Frente Democrático Revolucionario Hondureño, con Andrés
Alvarado Puerto como su secretario. Y en el caso de México, se organizó el Comité
Liberal Demócrata, dirigido por Zúñiga Huete y el Frente Democrático Hondureño,
con Guillen Zelaya a la cabeza.
Callejas, odontólogo graduado en Estados Unidos, desde la década de 1920,
se adhirió al Partido Nacional de Honduras, fue diputado y presidente del Congreso
Nacional de 1925-1926, pero al oponerse a la reelección de Carías en 1936, se
convirtió en un blanco de persecución. Médico y cirujano de tendencia liberal, Mejía
Colindres (1878-1966), fue presidente provisional de Honduras en 1919, también
256
Véase Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías: anatomía de una época. p. 280 y ss.
90
gobernó de 1929 a 1933, cuando Carías tomó la banda presidencial. Alvarado
Puerto (1917-2004) estudió jurisprudencia, militante del Partido Liberal, propuso la
constitución en México de una filial del Frente Democrático Revolucionario
Hondureño. Por su parte, Zúñiga Huete (1885-1953), doctor en leyes, periodista y
político, fue considerado el máximo opositor de Carías. En el caso de Guillén Zelaya
(1887-1947), destacó por su labor de escritor y periodista, pero también es
considerado un organizador de los hondureños exiliados en Centroamérica y
México257.
Este capítulo centra su atención en los hondureños exiliados en México, pero
por el carácter dispersivo que adquirió la oposición requiere que articulamos los
programas y proyectos políticos que se fraguaron desde México a Centroamérica y
desde estos países hacia Honduras. No presentamos una historia del exilio
hondureño en cada país de Centroamérica, pero si tratamos de establecer ciertas
conexiones entre la comunidad de hondureños exiliados en México y sus
connacionales en la región centroamericana.
Investigamos las actitudes de México ante este fenómeno: el rol que jugaron
los agentes diplomáticos mexicanos; el resultado y las reacciones del gobierno
hondureño ante las diligencias diplomáticas; las percepciones de las autoridades
hondureñas sobre México por su política de asilo y por último, las organizaciones
políticas hondureñas en México, sus proyectos, medios y campañas.
3.2 México ante el exilio
México ha consolidado una tradición de hospitalidad y solidaridad hacia colectivos
perseguidos por regímenes totalitarios y dictatoriales. El exilio republicano es uno
de los más representativos, en términos historiográficos y cuantitativos. Pero
también el nazismo y el fascismo generaron una ola de exiliados hacia el país
mexicano. Desde el Sur de América Latina llegaron otros grupos, argentinos,
chilenos, brasileños, entre otros. Estos fueron expulsados a partir de los contextos
represivos generados en esa región a partir de la dictadura de 1964 en Brasil. Y en
257
Erazo Peña, T. (Comp.) (2004). Alfonso Guillén Zelaya: escritos políticos y filosóficos. Honduras:
Renacimiento. p. 14.
91
el caso de Centroamérica, las dictaduras de 1930 a 1940, obligaron a la oposición
a exiliarse en México258.
Ante estos procesos históricos y políticos, México, tiene una trayectoria como
país de recepción, en este país se han establecido comunidades completas, hasta
integrarse social y culturalmente. Asimismo, se han configurado comunidades
políticas que no abandonaron del todo los ideales por los cuales lucharon en sus
países de origen, “en México pasaron a formar parte de un paisaje político pletórico
de promesas en torno a la construcción de una sociedad más igualitaria. Para los
sectores progresistas de América Latina y el mundo, el país terminó convertido en
vanguardia en asuntos económicos, sociales y culturales”259.
La llegada de estos colectivos fue posible por la imagen de un México
hospitalario, solidario y receptivo, lo que creó una tradición de asilo. Es así como,
los exiliados tomaron en cuenta estos elementos para ver a México como un lugar
de acogida “México ha sido un enorme promotor de las distintas iniciativas que
establecieron y regularon la práctica de otorgar protección a personas perseguidas
por motivos políticos”260. La tradición de asilo fue clave para que México se
convirtiera en polo de atracción para los exiliados, pero también la imagen
proyectada de un México revolucionario, así como la solidaridad de las autoridades
mexicanas261.
3.2.1 México ante el exilio hondureño: diplomáticos mexicanos y
política hondureña
Anteriormente, hemos enfatizado los hechos de 1944, que marcan la administración
del presidente Tiburcio Carías por la represión del 4 de julio, fecha en que se
realizaron manifestaciones de descontento en Tegucigalpa y San Pedro Sula, las
258
Para un balance historiográfico, véase Yankelevich, Pablo, “Migración, naturalización y exilios”, Historia
Mexicana, Vol. 71, Núm. 1 (2021): 441-468, [Link] Consultado el 10 de
diciembre de 2021.
259
Yankelevich, P. (2002). México, país de refugio. p. 10.
260
Ibidem, p. 11.
261
José Francisco Mejía Flores, Laura Beatriz Moreno Rodríguez, “El exilio costarricense en México en la
década de 1940”. Cuadernos americanos, Vol. 2. Núm. 152 (2015): 51-73, [Link]
exilio-costarricense-en-mexico-en-la-decada-de-1940. Consultado el 15 de octubre de 2018; Rivera Mir,
Sebastián. (2014). Militantes radicales de la izquierda latinoamericana en México (tesis doctoral).
92
dos ciudades más importantes de Honduras. Los manifestantes solicitaban la
renuncia de Carías, elecciones libres, libertad de presos políticos, retorno de
exiliados, entre otras demandas. Según Barahona, “la respuesta de la dictadura fue
reprimir a algunos de los involucrados en la protesta, provocando así una nueva ola
de exiliados”262. Por su parte, para Lucas Paredes “los acontecimientos del 4 de julio
en Tegucigalpa y la masacre en San Pedro Sula provocaron que se llenaran las
residencias diplomáticas de México, El Salvador y Nicaragua, con una multitud de
hondureños que buscaban exilio político”263.
En este caso se hace referencia a dos momentos del exilio hondureño. Se
habla de una nueva ola porque en 1936 el político Venancio Callejas se había
exiliado en El Salvador. Callejas había formado parte del Partido Nacional
Autonomista en 1935, ese mismo año contó con el apoyo de 8 diputados en el
Congreso, pero en las elecciones había perdido el apoyo de quienes lo seguían y
sumado al hecho de que sus aliados Mario Bertrand y Ramiro Carbajal, habían sido
expulsados del país, ante esa situación se vio obligado a huir de Tegucigalpa. Hay
que apuntar también que, en 1938, se organizó en México la Asociación
Revolucionaria Hondureña264.
El exilio de Callejas en 1936 y la creación de la Asociación Revolucionaria
Hondureña en México en 1938, nos indican un primer momento de exilio hondureño.
La segunda ola se generaría en 1944, producto del recrudecimiento de la represión.
En este contexto, la actuación de la diplomacia mexicana fue tanto necesaria como
evidente.
México se concibió como un lugar idóneo para ejecutar algunas acciones de
oposición. Según el diplomático Francisco Ursúa, en 1935 se rumoraba sobre
algunos planes desde tierras mexicanas por parte del líder liberal Zúñiga Huete,
quien solicitaría colaboración del gobierno para emprender una revolución. Sin
embargo, los liberales negaron esa versión aduciendo que “el viaje de este señor
obedece a razones personales y que, si en algo político se ocupara allá, será
262
Barahona, M. (2005). Honduras en el siglo XX. pp. 114-115.
263
Lucas Paredes en Barahona, M. (2005). Honduras en el siglo XX. p.115.
264
Mario Argueta, Mario (2008). Tiburcio Carías. pp. 283-284.
93
precisamente en contener a otros elementos liberales que pudieran
precipitadamente fraguar una revolución”265. Este hecho, sirve para ilustrar el lugar
que ocupaba México en la opinión pública o la forma en que fue percibido por la
oposición y por las autoridades del gobierno hondureño. Pero en otras ocasiones,
además de informar sobre asuntos internos, los agentes diplomáticos intervenían
directamente en asuntos de política hondureña.
En 1945, José Muñoz Cota, Embajador de México en Honduras intervino en
favor de presos políticos, “hace tiempo hemos venido haciendo gestiones en favor
de la libertad de los presos políticos, cuya prisión fue originada por los diversos
acontecimientos que parten desde el complot de 1943 y del 4 de julio de 1944”266.
Señaló que actuó con prudencia y respeto debido hacia los asuntos políticos
internos, pero “aprovechando las facilidades amistosas dadas a la Embajada”, logró
la libertad de tres de los principales detenidos: el periodista Alfredo Trejo Castillo,
aprehendido a causa de la manifestación de julio de 1944, según Cota uno de los
directores intelectuales de mayor prestigio en el movimiento opositor, “es tal la
importancia que se concede a este periodista que la sociedad pensó que no le
darían libertad nunca”267.
En su informe, Cota menciona la liberación del ingeniero Manolo Zúñiga
Canales, aprendido por una conspiración en mayo de 1945, éste, sobrino de Ángel
Zúñiga Huete, fue acusado de encabezar un movimiento armado, los machetes que
serían utilizados para tal evento fueron encontrados en la casa de su padre. Por su
parte, el teniente René Zelaya, joven militar graduado en el Colegio Militar de
México, señalado como parte del grupo director del complot de 1943 había sido
encarcelado en la Penitenciaria Central junto a sus compañeros, el teniente
Salvador Mendieta y Jorge Rivas.
265
Legación de México en Honduras, «Informe político reglamentario», abril de 1935, AHGE-SRE, [Link]-
27-28-15. pp. 1-2 del informe. Como se ha advertido anteriormente, no siempre se especifica el número de
folio, porque gran parte de la documentación carece de foliación. En los casos, en que, los informes están
numerados, al menos se especifica el número de página correspondiente al extracto citado. O en su defecto, la
sección: política interna, relaciones internacionales, etc.
266
Correspondencia del embajador José Muñoz Cota al secretario de Relaciones Exteriores de México.
Tegucigalpa, Honduras, 27 de octubre de 1935, AHGE-SRE, exp. III-450-2.
267
Ibid.
94
El embajador Cota, logró la liberación de estos tres disidentes, pero mediante
un acuerdo del presidente Carías, se obligó a Zúñiga y Trejo Castillo a abandonar
el país con dirección a Costa Rica y El Salvador, mientras el teniente Zelaya quedó
en Honduras bajo arresto domiciliario. En este contexto, a México llegaron noticias
sobre el fusilamiento de los involucrados en el complot y sobre su asilo en la
embajada mexicana, lo que alarmó a algunos círculos oficiales. Cota, señala que
rectificó esa suspicacia y se multiplicaron las atenciones por parte del presidente
Carías y su gabinete268.
Desde México, los opositores liberales se pronunciaron sobre el complot que
buscaba asesinar a Carías y acerca del encarcelamiento de Trejo Castillo, Manolo
Zúñiga y René Zelaya. Para esta organización política, los connatos revolucionarios
y el complot de 1943 eran signos elocuentes de que el largo período de mando del
presidente, sin el apoyo del voto popular, carecía de confianza pública, y que por
este motivo la inconformidad contra el Gobierno se mantenía latente. Además, se le
pedía a Carías que abandonara el poder y lo devolviera al pueblo oprimido “a fin de
que este mismo pueblo, de acuerdo con la ley y en conformidad con los postulados
de la Carta del Atlántico, en un clima de efectiva libertad y de orden, se diera su
propio Gobierno y restableciera sus instituciones”269.
Volviendo a la diplomacia mexicana y su colaboración con los perseguidos
políticos hondureños, en algunas ocasiones sus diligencias complicaron las
relaciones entre Honduras y México, este último percibido como un colaborador de
la oposición. Según Cisneros, agente de la policía secreta de Carías, “los emigrados
aseguran también que la Embajada [de México], tenía orden de extender pasaporte
a Umaña como mexicano y que a ellos se les ha ofrecido la protección de México
en cualquier emergencia. Como ve, hay un peligro latente del lado de México” 270.
Justo Umaña, principal caudillo militar liberal, asilado en Guatemala, organizó una
268
Correspondencia del embajador José Muñoz Cota al secretario de Relaciones Exteriores de México.
Tegucigalpa, Honduras, diciembre de 1943, AHGE-SRE, exp. III-246-2. p. 3.
269
Ibid.
270
Informante Milla Cisneros en Inestroza, J.E. (2009). Documentos clasificados de la policía secreta. p. 320.
95
entrada armada a Honduras en 1937. Su proyecto no tuvo éxito y tuvo que regresar
a Guatemala.
La suposición de que la embajada de México estaba a las órdenes de los
perseguidos en cualquier emergencia, permite referirnos a la política de asilo del
país mexicano y en específico el proceso burocrático por el que se concedía asilo.
Respecto al ofrecimiento de protección al liberal Umaña por parte de la Embajada
de México, debemos apuntar que según protocolo ningún agente diplomático podía
ofrecer el asilo.
En este caso presentamos la política de asilo de México, según una
comunicación de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México. En primer lugar,
se estipulaba que la base jurídica del asilo, la constituían Convenciones de La
Habana y de Montevideo; segundo, que el asilo no debía ofrecerse ni estimularse,
porque esto equivaldría a intervenir en asuntos internos de otros países y; tercero,
el asilo debía concederse cuando se reunían las condiciones que fijaban las
mencionadas convenciones 271.
La Convención sobre Asilo, de la Habana, había sido firmada por México el
20 de febrero de 1928 y ratificada por este país el 6 de febrero de 1929. Por su parte
la Convención de Montevideo había sido firmada el 26 de diciembre de 1933 y
ratificada el 27 de enero de 1936. En la primera se estableció que no era lícito
brindar asilo en legaciones u otros espacios a personas que habían cometido delitos
comunes. Y es en el Tratado sobre Asilo y Refugio Políticos firmado en Montevideo
el 4 de agosto de 1939, que se hacía una distinción entre asilo político y asilo
territorial, y afirmaba que no se concedía asilo a los acusados de delitos políticos
que anteriormente hubieran sido procesados o condenados por delitos comunes.
Como vemos se puede matizar lo afirmado por el agente Cisneros, referente
a la actitud de la Embajada de México y su ofrecimiento de colaboración a la
oposición hondureña. A los perseguidos políticos tampoco se les podía ofrecer
pasaporte para el traslado hacia México, ya que la salida del país implicaba el
271
Secretaría de Relaciones Exteriores de México, «telegramas para cifrar», México, 13 de febrero de 1948,
AHGE-SRE, exp. SPR 17-3.
96
seguimiento estricto de un protocolo establecido. En primer lugar, “los problemas de
asilo, además de inspirarse en sentimientos humanitarios, tienen carácter
internacional, por lo que deben resolverse entre dos Estados”272. Esto indica que,
para el caso de la salida de Umaña, mediante gestiones del cuerpo diplomático
mexicano el Estado hondureño extendería un salvoconducto. En algunas ocasiones
este era negado argumentando que el solicitante no sufría persecución política.
La negación de salvoconducto de salida del país puede ser ilustrada a partir
de los hechos de julio de 1944, cuando en Honduras algunos sectores organizaron
protestas contra Carías y se procedió a la represión. Según el Embajador Muñoz
Cota, después de la manifestación, el presidente permitió que se iniciara un periodo
de persecución violenta. Cota se entrevistó con Carías quien lo inquirió sobre los
asilados “seguramente que lo han de estar molestando mucho -me dijo- yo no me
explico porque han buscado asilo, cuando yo no persigo a nadie”. Cota le respondió
expresando que esperaba que autorizara a la Secretaría de Relaciones Exteriores,
para que se extendieran los salvoconductos a las personas que desearan irse a
México. El diplomático mexicano también aseguró que los asilados estarían
obligados a no inmiscuirse en ninguna actividad política273. También planteó la
posibilidad de que, sí se ofrecían garantías, los asilados podían renunciar al asilo y
regresar a sus casas.
En el mismo informe, Cota expresa que, la política del gobierno consistió en
negar sistemáticamente la persecución mediante artículos y editoriales de prensa
que versaban sobre un mismo punto: no se perseguía a los opositores y quien
acudía al asilo lo hacía voluntariamente274. En esta ocasión, los asilados de manera
formal renunciaron al asilo y el Subsecretario de Relaciones Exteriores de
Honduras, pidió a Cota que solicitara el salvoconducto y las garantías mediante una
nota. Las gestiones del Embajador tuvieron como resultado la negación del
salvoconducto, pero se logró el ofrecimiento de garantías.
272
Secretaría de Relaciones Exteriores de México, «telegramas para cifrar», México, 30 de mayo de 1947,
AHGE-SRE, exp. SPR 13-1.
273
Embajador José Muñoz Cota, «informe reservado», Tegucigalpa, Honduras, 16 de agosto 1944, AHGE-SRE,
exp. III-255-1.
274
Ibidem. Sección: caso de asilados.
97
Este hecho, también da a conocer los principios que rigen el asilo, las
responsabilidades del agente diplomático y las condiciones en las que se renuncia
a este recurso. Según la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, se debe
tratar a los asilados de manera atenta y velar cuidadosamente porque se le
concedan garantías establecidas en las Convenciones de la Habana y de
Montevideo. El asilo podía terminar si se daba uno de estos escenarios: porque
desaparecían las causas que lo motivaron, sí los asilados aceptaban las garantías
que le ofrecían las autoridades y porque deseaban salir del país275.
Cualquier desviación de los protocolos establecidos en materia de asilo,
como también en otros asuntos de relaciones diplomáticas, contradecía la política
exterior de México, basada en la Doctrina Estrada. Ésta tiene su origen el 27 de
septiembre de 1930 y fue propuesta por Genaro Estrada, quien fungía como
secretario de Relaciones Exteriores de México. La Doctrina, contempla los principios
de libre determinación de los pueblos y la no intervención de México en asuntos
internos de los Estados, es decir, el derecho que tiene los pueblos para mantener o
sustituir a sus gobiernos276. El seguimiento estricto de los procedimientos era
imperativo, de lo contrario el gobierno mexicano se vería expuesto a reclamos, los
que iban desde la solicitud de no intervención en política interna, hasta la acusación
de propaganda del comunismo relativo a Centroamérica
En torno a la política exterior de México, la actitud de este país ante la
presidencia nicaragüense permite ampliar sobre las implicaciones de los dos
principios claves de la Doctrina Estrada; la no obligatoriedad de México a reconocer
o no a otros gobiernos, cuando estos llegan por un medio no previsto en su
Constitución y la abstención de emitir juicios sobre estos, solamente mantiene o
retira sus relaciones. Sobre las fricciones con el gobierno nicaragüense, Relaciones
Exteriores de México señalaba que la Doctrina Estrada no implicaba “la obligación
de reconocer automáticamente a gobiernos de facto”, pues según ésta, el gobierno
275
Secretaría de Relaciones Exteriores de México, «telegramas para cifrar», México, 29 de mayo de 1947,
AHGE-SRE, exp. SPR 13-1.
276
Sánchez Múgica, A. (2020). Doctrina Estrada. En E. Devés, E. S. T. Álvarez (Eds.), Problemáticas
internacionales y mundiales desde el pensamiento latinoamericano. Teorías, Escuelas, Conceptos, Doctrinas,
Figuras (pp. 217-219), Chile: Ariadna Ediciones.
98
mexicano se limita a mantener o retirar cuando lo crea procedente a sus agentes
diplomáticos. También desmentía la suposición de se hubiera apartado de la
Doctrina Estrada pues no había calificado sobre el derecho que tenían las naciones
extranjeras para mantener o sustituir a sus gobiernos o autoridades. Y finalizaba
señalando “como indica referida doctrina, en ningún momento hemos hablado de
otorgar o no otorgar reconocimiento a actual gobierno nicaragüense”277.
Las directrices giradas al embajador Teja Zabre sobre las elecciones de 1948
en Honduras, también ilustran la política exterior mexicana. Se sospechaba sobre
la posibilidad de que algunos políticos acudieran a él, “con tendenciosa finalidad de
dejar impresión de apoyo directo de nuestra embajada, lo que daría pretexto para
suposiciones erróneas sobre intervencionismo de nuestra diplomacia” 278. Al
embajador se le sugirió tomar las medidas adecuadas para evitar dicho peligro y se
le recomendó cuidar particularmente su actuación.
Respecto a la conducta de los agentes diplomáticos, en casos de asilo de
perseguidos hondureños, desde la Secretaría de Relaciones Exteriores de México,
se sugería una conducta que reflejara su política exterior. En 1944, el Embajador de
México en Honduras, comunicó que las manifestaciones y descontento popular en
El Salvador en contra del presidente Maximiliano Hernández, tenían resonancia en
Honduras y que la oposición se mantenía agitada. Cota informó “el gobierno
hondureño trata de descubrir mi actitud, la oposición hace lo mismo”279. Para el
gobierno mexicano, la conducta oficial y privada del embajador debía reflejar
claramente la política de México de absoluta no injerencia en asuntos internos. De
presentarse solicitudes de asilo debía actuar con discreción y prudencia, se le
advertía de no ofrecer asilo espontáneamente para no incitar actuaciones violentas.
Además, debía otorgar asilo invariablemente por motivos humanitarios cuando
277
Secretaría de Relaciones Exteriores de México, «telegramas para cifrar», México, 27 de junio de 1947,
AHGE-SRE, exp. SPR 12-2.
278
Secretaría de Relaciones Exteriores de México, «telegramas para cifrar», México, 19 de agosto de 1948,
AHGE-SRE, exp. SPR 22-1.
279
Embajador José Muñoz Cota a Relaciones Exteriores de México, Tegucigalpa, Honduras, 25 de mayo de
1944. AHGE-SRE, exp. III-255-2.
99
estuviera justificado, “tanto a personas de oposición como a elementos del
gobierno”280.
La actuación del Embajador Muñoz Cota en Honduras permite ver que estos
agentes diplomáticos estaban expuestos a dos fuegos; a las demandas y solicitudes
de los perseguidos políticos y a las presiones de los gobernantes; Carías y su
gabinete en este caso. Por la coyuntura de 1944 y la crisis centroamericana que
llevó a la caída de los dictadores Hernández Martínez en El Salvador y Jorge Ubico
en Guatemala, Muñoz Cota estuvo a cargo de la embajada de México en un
momento álgido de la política hondureña y centroamericana.
El 30 mayo de 1944 el diario mexicano Novedades, reprodujo una nota
intitulada “Que informe Muñoz Cota. Gran revuelo en el Senado”281. Este diario
recibió información sobre la negación de asilo en la embajada de México en
Honduras a dos salvadoreños que huían de la revolución de su país. La denuncia
fue realizada por los subtenientes salvadoreños Salvador Crespo y Rafael Orellana.
Según Novedades, por las acciones de Cota, el gobierno de México se ponía en
entredicho ante países donde había gozado de indiscutible prestigio. El 31 de mismo
mes, Cota desmintió la información divulgada en el diario antes mencionado, “por
gestiones mías, el presidente Carías les salvó la vida. Les permitieron la fuga,
dándoles oportunidad de llegar a esta [Honduras]. Aquí el gobierno a pedimiento
mío no los persiguió ni molestó”282.
3.2.2 La campaña antiasilo del gobierno hondureño
Paralelamente al recrudecimiento de la represión expresada en la matanza de julio
en San Pedro Sula, el gobierno hondureño creó toda una campaña antiasilo. Para
eso la administración de Tiburcio Carías se sirvió de su medio oficial: La Época.
280
Secretaría de Relaciones Exteriores de México, «telegramas para cifrar», México, 30 de mayo de 1944,
AHGE-SRE, exp. III-255-2.
281
AHGE-SRE, exp. III-255-2.
282
Embajador José Muñoz Cota a Relaciones Exteriores de México, Tegucigalpa, Honduras, 31 de mayo de
1944. AHGE-SRE, exp. III-255-2.
100
En primer lugar, este medio periodístico refirió sobre “una ridícula
propaganda”, organizada por emigrados hondureños desde Centroamérica y
México. Según La Época, los planes consistían en solicitar que sus simpatizantes
establecidos en Tegucigalpa buscaran asilo en las legaciones, aduciendo que eran
perseguidos políticos, mediante esta táctica orquestaban una “propaganda desleal
y mentirosa”283.
La prensa recurrió al principio de “no intervención” para criticar al asilo como
recurso y como derecho. El diario Honduras Nueva, señaló que ningún país del
continente estaba dispuesto a apoyar revoluciones o revueltas, en contra de otros
países vecinos y amigos. Y añadía que según la política de “no intervención” los
pueblos pensaban y accionaban de acuerdo con su sentir, pensar y querer284. Acto
seguido, refiere directamente a los emigrados políticos, quienes “están en la precisa
e ineludible obligación de respetar el asilo que les brinda el Estado al cual se acogen
para vivir. No pueden ni deben los Estados convertirse en cuarteles generales de
enemigos de la paz y el orden de los Estados vecinos”285.
En este caso la referencia a la política de no intervención y la crítica al asilo
demuestran una preocupación de las autoridades hondureñas: el asilo se podía
convertir en un aliado de los perseguidos políticos y sus acciones, dirigidas en
Honduras y desde los países asilantes. Respecto a los hondureños disgregados por
Centroamérica, se consideraba que estaban “pugnando por traer la revuelta
fratricida al suelo hondureño. Con complicidad de ciertos elementos consiguieron
alguna cantidad de armas y atacaron San Marcos de Ocotepeque, donde fueron
derrotados”286.
Además del asilo, las actuaciones de algunos diplomáticos se convirtieron en
foco de atención, a estos se les denominó “los enemigos de la Honduras tranquila”.
283
Diario “La Época”. Tegucigalpa, Honduras, 28 de junio de 1944, “Truco de los conspiradores simulando
que son perseguidos” en Oficio de José Muñoz Cota a Relaciones Exteriores de México, Honduras, 1 de
diciembre de 1944, AHGE-SRE, exp. III-255-2. Recorte en sección anexos.
284
Diario “Honduras Nueva”. Tegucigalpa, Honduras, 5 de diciembre de 1944. “La posición de Honduras”
[editorial] en Oficio de José Muñoz Cota a Relaciones Exteriores de México, 5 de diciembre de 1944, AHGE-
SRE, exp. III-255-2. Recorte en sección anexos.
285
Ibid.
286
Ibid.
101
El asilo se presentó como un recurso utilizado para trastornar el orden y la
tranquilidad, un arma de ataque de grupos encargados de hacer agitaciones contra
las leyes. También se señaló que los hondureños salieron voluntariamente de
Honduras y en connivencia con más de alguna representación diplomática,
enfatizando que después de la manifestación del 4 de julio, Tegucigalpa, presenció
la intromisión de un ministro que no comprendió sus deberes e “hizo de su Legación
un hotel de pensionados o una pensión de asilados” 287.
La campaña antiasilo, fue una constante a lo largo de 1944. El 30 de
noviembre, el diario oficial La Época anunció que los diputados del Congreso
Nacional de Honduras trataron sobre los efectos del Derecho de asilo. Al asilo
otorgado a hondureños en las legaciones establecidas en Honduras, se le
conceptualizó como una bandera de agitación, de refugio y de amparo de
opositores. En seguimiento al tema, La Época hacía saber a los diputados que, en
Tegucigalpa, una legación acogió a muchos individuos que sin ser perseguidos
fueron a terminar sus conspiraciones dentro de su recinto288.
Varios abogados estaban dedicados al estudio del asilo con el fin de exponer
sus ideas a los gobiernos y éstos denunciarían las inconveniencias de las
Convenciones sobre esta materia. El 7 de diciembre de 1944, el diario La Época
reprodujo lo siguiente, “el asilo político no es un derecho sino una humanitaria
tolerancia de los Estados que QUIEREN DAR [sic] asilo a los reos políticos que no
han sido apresados”289.
Hemos presentado, el debate sobre el asilo para enfatizar algunos elementos
o constantes en el discurso oficial. En primer lugar, al exiliado político se le
categorizó como “emigrado voluntario”, lo que implicó la negación del estado de
287
Diario “La Época”. Tegucigalpa, Honduras, [5] diciembre de 1944. “Los enemigos de la Honduras tranquila”
en oficio de José Muñoz Cota a Relaciones Exteriores de México, 5 de diciembre de 1944, AHGE-SRE, exp.
III-255-2.
288
Diario “La Época”. Tegucigalpa, Honduras, 30 de noviembre de 1944. “Poco a poco señores” en oficio de
José Muñoz Cota a Relaciones Exteriores de México, 2 de diciembre de 1944. AHGE-SRE, exp. III-255-2.
Recorte en sección anexos.
289
Diario “La Época”. Tegucigalpa, Honduras, 7 de diciembre de 1944. “Breves consideraciones sobre el asilo
político” por Pompilio Bertot, en oficio de José Muñoz Cota a Relaciones Exteriores de México, 11 de
diciembre de 1944, AHGE-SRE, exp. III-255-2. Recorte en sección anexos.
102
persecución al que fueron expuesto algunos opositores290. En segundo lugar, el
asilo se convirtió en una preocupación para el régimen de Carías, se le consideró
un recurso que protegía y daba alas a los planes de la oposición. En tercer lugar, la
defensa de esta campaña antiasilo se argumentó apelando a los principios de no
intervención, mismos que defendía México a través de su Doctrina Estrada. Desde
esta campaña, difundida a través del diario oficial La Época, se intentó poner en
entredicho el asilo como derecho y se criticó a las actuaciones de los delegados
diplomáticos
Sobre la negación de la condición de perseguido político, conviene señalar el
caso de un hondureño, el Dr. Peraza, quien se antepuso a ese discurso y reivindicó
su condición de “emigrado político”. Él comentó un proyecto de amnistía y refirió
“esperaré para acogerme a esa amnistía, pues no quiero que se me haga otra
humillación como la que recibí año pasado en la cárcel del San Pedro Sula”291. Por
su parte, Heliodoro Valle ante la correspondencia de Peraza, sentenció “en cuanto
a la amnistía que va a dar el Congreso de Honduras, entiendo que será un paso
para demostrar automáticamente que hay emigrados políticos y no turistas, como
han dado a llamarlos”292.
Por la coordinación del movimiento de protesta en julio de 1944 en San Pedro
Sula, Peraza fue encarcelado, lo que demuestra que era un blanco de persecución
por lo que posteriormente salió al exilio como un emigrado político y no en condición
de “emigrado voluntario”. Con esto queremos apuntar que la campaña antiasilo
también implicó la negación de la condición de perseguido, de emigrado por razones
políticas, exiliado político según nuestra propuesta.
Convienen precisar algunos elementos conceptuales. Emigrado político,
perseguido político y exiliado político son términos que usamos en este apartado.
En primer lugar, es preciso aclarar que, como emigrado político se identificaba aquel
290
Plutarco Muñoz, P. (1944). Contestación del señor presidente del Congreso Nacional Dr. Plutarco Muñoz P.
al Mensaje del señor presidente de la república doctor y general Tiburcio Carías Andino. Honduras: Talleres
Tipográficos Nacionales. p. 6.
291
Correspondencia de José Antonio Peraza a Rafael Heliodoro Valle. Guatemala, 7 de diciembre de 1945,
ERHC, caja 87, exp. 1510, doc. 1, folio 1.
292
Ibidem. Doc. 2, folio 1.
103
hondureño perseguido en su país por cuestiones políticas y por lo mismo obligado
a salir al exilio. Por su parte, con exiliado político, en nuestra investigación nos
referimos al “involucrado en la política y la vida pública, o alguien que, quienes
detentan el poder, perciben de ese modo. Éste es forzado o presionado a abandonar
su país de origen o lugar de residencia, imposibilitado de regresar hasta que haya
una modificación en las circunstancias políticas”293. También veremos que por parte
del régimen de Carías a éstos se les refería como emigrados voluntarios. Entre
exiliado y emigrado, el primer concepto, sintetiza de mejor manera las condiciones
políticas que generan el exilio. La emigración puede responder a causas
económicas, sociales, culturales, mientras que el exilio conlleva esencialmente
razones políticas.
Para el régimen de Carías el derecho de asilo era un peligro, un arma de la
oposición. El embajador Muñoz Cota comentó sobre la campaña antiasilo: “obedece
a propósitos de denunciar tratados y convenciones de asilo en unión de El Salvador
y Nicaragua, según me manifestó Zepeda Durón y como medidas que eviten el asilo
a futuras revoluciones. Maniobra que consiste en provocar que la Cámara de
Diputados y la prensa lleven al gobierno a denunciar dichos tratados y
convenciones”294. Fernando Zepeda Durón fungía como secretario de la Cámara de
diputados de Honduras y era director del diario La Época durante la dictadura de
Carías.
Desde México a Muñoz Cota se le autorizó para que expresara su opinión
sobre el asilo en consonancia con el espíritu de la SRE de México “el derecho de
asilo es una institución de Derecho Público consagrada por larga práctica
internacional que se basa en sólidos fundamentos filosóficos y jurídicos” 295.
293
Sznajder, M. & Roniger, L. (2013). La Política del destierro. p.31.
294
Oficio de José Muñoz Cota a Relaciones Exteriores de México, 2 de diciembre de 1944, AHGE-SRE, exp.
III-255-2. Recorte en sección anexos.
295
Oficio de José Gorostiza al embajador José Muñoz Cota, México, 22 de diciembre de 1944. AHGE-SRE,
exp. III-255-2.
104
3.2.3 Recelos hacia México
Ahora conviene presentar las percepciones del gobierno de Carías sobre México,
que redundaron en el recelo. En 1942 el encargado de negocios Puig, informó sobre
la suspicacia con que la representación diplomática mexicana era vista en
Honduras, por suponerla encubridora de conspiradores296.
Meses después Puig señaló que en general las relaciones con Honduras eran
cordiales. La sociedad hondureña admiraba al pueblo mexicano y el gobierno
hondureño al actuar como pueblo experimentaba los mismos sentimientos pero que
“al actuar como gobierno, ha tenido siempre suspicacias por lo que se refiere a la
representación de México y a lo que ella puede significar en el campo de
penetración ideológica, ya que nuestros sistemas sociales difieren mucho de los
que aquí se encuentran vigentes”297. Ciertamente desde la década de 1930, es
posible rastrear las actitudes del gobierno de Honduras hacia México En los que el
elemento ideológico fue provocando el recelo. En algunas ocasiones las
actuaciones diplomáticas y México en general se convirtieron en blanco de la crítica
por considerarlo colaborador de la oposición.
En 1935 Francisco A. Ursúa, encargado de negocios de México en
Honduras, observaba un panorama nada favorable para la relación de ambos
países, “un profundísimo recelo empaña [las relaciones] por parte de Honduras”. Tal
resentimiento tenía como origen la sospecha de que México ayudara al partido de
oposición y que las ideas de justicia social e independencia económica de esa
república con respecto al extranjero se conocieran en un país que respiraba un
ambiente hostil hacia ambas cosas298.
Ursúa aclaraba que esta actitud venía principalmente de las clases dirigentes
que daban privilegio a la riqueza y adulaban a las potencias dominadoras: los
Estados Unidos por su gran comercio internacional e Inglaterra vinculada al país por
296
Legación de México en Honduras, «Informe reglamentario», mayo-junio de 1942, AHGE-SRE, exp. III-23-
30-9. Sección: el problema de nuestras relaciones con Honduras, p. 11 del informe.
297
Ibidem. Sección: situación política, p. 1 del informe.
298
Francisco A. Ursúa, encargado de negocios a.i. de México en Honduras al secretario de Relaciones Exteriores
de México, Tegucigalpa, Honduras, 6 de mayo de 1935, AHGE-SRE, exp. III-27-26-8. p. 2 del oficio.
105
sus préstamos. Cerraba este punto Ursúa refiriendo que, también para los Estados
Unidos, la presencia de México en Honduras causaba incomodidades “puede
percibirse claramente el temor de los gobernantes, a un contacto muy íntimo con
México y una medida en favor de nuestro país que perjudique los intereses de las
naciones que ejercen aquí su hegemonía”299. Según Ursúa, un diplomático
mexicano en el país hondureño, pero también en Centroamérica, tenía que vencer
la frialdad ante el acercamiento de México, por los motivos ya mencionados.
Para inicios la cuarta década del siglo XX, las referencias al recelo de
Honduras hacia México se mantenían como también los elementos que explican tal
actitud. Según Pedro C. Amador, encargado de negocios a.i. en Honduras, al
prevalecer la influencia norteamericana en el país, cualquier paso de acercamiento
entre México y Centroamérica, era visto con desconfianza por parte de los Estados
Unidos. También se pensaba que los hechos políticos y sociales de inicios del siglo
XX en México habían llevado a desacuerdos entre ambos países y que la
penetración de la ideología revolucionaria podría amenazar la estabilidad del
gobierno de Carías, “hay personas que creen que el grupo de exiliados políticos
hondureños que dirige Ángel Zúñiga Huete en México cuenta con ayuda, o por lo
menos tolerancia benévola para sus actividades de parte de algunos connotados
políticos mexicanos”300.
En este caso, vemos la referencia a la oposición exiliada en tierras mexicanas
y el apoyo brindado a sus proyectos. Como veremos más delante esta agrupación
contó con la colaboración del reconocido político mexicano Vicente Lombardo
Toledano, quien al ofreció un espacio en la revista Futuro para la divulgación de la
situación política hondureña. Por lo que la percepción de un México colaborador con
los exiliados estaba fundada en razones objetivas. En el caso de la relación de los
agentes diplomáticos de México en Honduras, para 1947, se habló de presuntos
nexos del embajador Muñoz Cota con exiliados hondureños “quienes
299
Ibidem. p. 3 del oficio.
300
Legación de México en Honduras, «Informe político de la Legación de México en Honduras», septiembre
de 1940. AHGE-SRE, exp. III-31-1-23, folio 71.
106
imprudentemente comentan sus esperanzas de recibir apoyo para combatir a
Carías”301.
En Centroamérica se pasó del recelo hacia México hasta la acusación de
propaganda comunista. Se llegó incluso a la creación de una campaña
antimexicana. Durante mucho tiempo “se tenía la idea de que México estaba
empeñado en hacer propaganda ideológica y se le atribuían propósitos de
inmiscuirse en la política interna de los mismos. En algunas ocasiones, actitudes no
siempre prudentes de parte de algunos de nuestros representantes diplomáticos,
parecían justificar esa creencia.”302.
En este punto, rescatamos la información que circuló en 1937, cuando se
acusó a agentes diplomáticos de fomentar el comunismo en Centroamérica. En este
sentido, la labor de Baumbach, encargado de Negocios de México en Nicaragua,
se interpretó “como propaganda de tendencias políticas inconvenientes para dicho
país”[Link] evitar fricciones que perjudicaran a México, el diplomático, fue
trasladado a la Embajada de Chile.
La Legación de México en El Salvador también se vio envuelta en esta
problemática. Desde Relaciones Exteriores se le solicitó que aclarara que el país
mexicano injustamente estaba en esa situación y que no permitiría que a su nombre
se realizara propaganda política en cualquier sentido, “es absolutamente falso que
agentes diplomáticos mexicanos hayan hecho o estén haciendo propaganda para
fomentar comunismo en Centroamérica”304. Se recomendaba exponer los principios
de no intervención y sostener conversaciones particulares en Honduras y
Nicaragua. En este último país, a raíz de un brote revolucionario el gobierno
nicaragüense atribuyó la responsabilidad a “propaganda comunista de México,
cuyos agentes desde hace tiempo vienen agitando a las masas [del país]”305. El
301
Herrera Celis, «telegrama descifrado», San Salvador, 6 de febrero de 1947, AHGE-SRE, exp. SPR-8-4.
302
Memorándum Confidencial, México, 6 de noviembre de 1943, ERHC-SRE, exp. III-1964-1, pp. 3 y 4 del
memo.
303
Telegrama de Relaciones Exteriores de México a la Legación de México en Nicaragua, México, 25 de
febrero de 1937, AHGE-SRE, exp. A-3-1.
304
Ibid.
305
Telegrama de Denegri a Relaciones Exteriores de México, El Salvador, 15 de febrero de 1937, AHGE-SRE,
exp. A-2-1.
107
gobierno de Nicaragua estaba decidido a tomar medidas enérgicas y de ser
necesario solicitar el retiro de la representación diplomática mexicana 306.
La prensa fue otro medio promotor de la propaganda contra México. El diario
El Cronista, con sede en Tegucigalpa, mediante editoriales atacó a México,
“tachándolo de ser un país comunista enemigo del orden, favorecedor de la causa
española, etc.”307. Según las notas editoriales, México había cometido un desacierto
al vender armas a España y admitir en México a elementos enemigos del
capitalismo, refriéndose a la recepción de exiliados españoles.
Pardo Bolland, encargado de negocios en Honduras, comunicó a Relaciones
Exteriores de México que trataba de contrarrestar esas informaciones por medio de
conversaciones con personas de influencia y de serle autorizado también
aprovecharía otros espacios, como la Universidad “haré una exposición seria y justa
de nuestras instituciones, de las conquistas de la revolución, todo tendente a
demostrar que México no es un país comunista, sino un Estado organizado, de
acuerdo con sus necesidades y problemas netamente particulares”308.
Desde México, el secretario de Relaciones Exteriores, el Gral. Eduardo Hay,
lamentaba que Bolland no hubiera procedido a rectificar públicamente las
informaciones de El Cronista. La Legación de México en Honduras, recibía material
de propaganda enviada por la Secretaría y el Partido Nacional Revolucionario, para
documentar boletines de prensa en momentos de crisis, pero para este caso parecía
ser insuficiente, aun así se rechazaba la negligencia del encargado de negocios
Bolland, quien “debió haber señalado mediante boletín de prensa, la inflexible
tenacidad con que nuestro gobierno viene rechazado las teorías comunistas, por
exóticas e inconvenientes para el pueblo mexicano. También hubiera podido
señalar que rompimos en 1930 nuestras relaciones con la U.R.S.S.”309.
306
Telegrama de Denegri a Relaciones Exteriores de México, El Salvador, 24 de febrero de 1937, AHGE-SRE,
exp. A-2-1.
307
Legación de México en Honduras, «Informe político social», noviembre de 1936, AHGE-SRE, exp. 27-28-
15. Sección: cuestiones internacionales, ítem: propaganda contra México.
308
Ibid.
309
Oficio reservado de Eduardo Hay a Salvador Pardo Bolland, México, 26 de diciembre de 1936. AHGE-SRE,
exp. 27-28-15.
108
El secretario Hay, acompañó el oficio enviado a Bolland de un memorándum,
previendo un nuevo ataque de la prensa, con “los puntos de doctrina que sustentan
nuestro gobierno, sus objetivos, como lo que respecta a su actitud frente al
comunismo”310. Éste sería utilizado como base para un boletín que refutaría las
acusaciones que se hicieran al gobierno de México.
Lo que podemos ver es una actitud de defensa ante esa campaña, hasta
cierto punto, antimexicanista. El comunismo era el blanco para establecer la
propaganda de ataque. Las reacciones de México ante problemáticas europeas, la
guerra civil española y las actitudes de recepción del consecuente exilio le valieron
las críticas de ser país abierto al comunismo. Los cuestionamientos también surgían
debido al lugar que ocupaba México en esos momentos álgidos de la política
hondureña.
Los mismos diplomáticos mexicanos reconocían que el recelo hacia su país
partía de hechos concretos. Un memorándum de la legación de México en Honduras
refiere una sociedad llamada “Amigos de México”, que buscaba ganar el apoyo de
esa legación “el resultado fue que, a los ojos del gobierno (y en lo objetivo no deja
de estar justificada) la legación se convirtió en el centro de la oposición contra
Carías”311. De esta manera se reconocía que los oposicionistas en Honduras y en
Centroamérica buscaban un apoyo en México y sus representantes para la
realización de sus propósitos. Las delegaciones mexicanas, en Honduras en este
caso, se encontraba en un dilema, no cerrar las puertas y cultivar la amistad con
estos grupos, pero a la vez, “no permitir que se sirvan de la misión diplomática de
México como punto de apoyo para sus actividades políticas”312.
3.3 El exilio hondureño en México
El apartado que sigue aborda el exilio hondureño en sus prácticas y el encuentro de
exiliados hondureños con sus compatriotas emigrados; la conformación de una
comunidad política de oposición; los planes, proyectos y acciones; las plataformas
310
Ibid.
311
Memorándum Confidencial, México, 6 de noviembre de 1943, AHGE- SRE, exp. III-1964-1, p. 7.
312
Ibid.
109
y medios de acción; y finalmente, la solidaridad encontrada las tierras mexicanas
como también los obstáculos y la vigilancia.
Parece ser que, el año de 1944 o la “crisis centroamericana”, marca un punto
en inflexión en la situación de los exiliados centroamericanos en general y
hondureños en específico. Por ejemplo, en la documentación consultada en el
Archivo de Relaciones Exteriores de México, es posible ver alusiones a una posible
revolución, reconcentración de exiliados e invasiones armadas de los opositores en
sus países de origen, solo por mencionar algunos casos; situaciones que se
explican por el contexto generado por las revueltas populares en El Salvador,
Guatemala, Nicaragua y Honduras, que llevaron a la caída de los presidentes de los
dos primeros países.
Partimos de dos años claves en la política hondureña y en nuestro periodo
de estudio, en primer lugar, la reelección de 1936 y, en segundo término, la “crisis
del 44”. Veremos en qué medida estos hechos influyeron en la activación de la
oposición en Honduras, la represión dictatorial y la gestación del exilio hondureño
hacia México.
Recordemos que, en 1936, el político hondureño Venancio Callejas, por
desacuerdo con las ideas continuistas de Carías se exilió en El Salvador. Desde las
elecciones de 1932, Callejas se interesó por la candidatura presidencial. En 1936,
rechazó su postulación a la vicepresidencia por el Partido Nacional. También los
diputados Ramiro Carvajal y Mariano Bertrand Anduray fueron deportados el 16 de
octubre de 1935, debido a su apoyo a Callejas y por atacar la corrupción y las
políticas fiscales del gobierno. El Gobierno de Carías, también destituyó a Román
Bográn de su cargo de cónsul en Nueva York313. Sobre Anduray, la Legación
mexicana informó en 1936, “uno de los elementos revolucionarios que se
encontraban en El Salvador, el general Anduray, se rindió ante el gobierno del
313
Véase Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. pp. 269-270.
110
general Carías. Este es un elemento de importancia, sobre todo, como periodista y
militar”314.
Este informe de la legación mexicana también refiere a la reunión de dos
jefes de la oposición: Venancio Callejas y Ángel Zúñiga Huete. Los mencionados
habían llegado a Nicaragua, desde donde fueron expulsados por solicitud del
gobierno hondureño en cuanto “celebraron una entrevista en San José [Costa Rica].
Se pusieron de acuerdo para luchar contra el gobierno de Carías, formando un
frente único”315.
Desde México, el 16 de enero de 1936, Zúñiga Huete se dirigió vía epistolar
a Froylán Turcios, escritor hondureño radicado en Italia para comentarle sobre una
“indignación general en todo el país”. Esta correspondencia, menciona a Adolfo
Miralda, uno de los integrantes de la Asociación Revolucionaria Hondureña,
constituida en México en 1938. Al calor de esta “indignación” se organizaba una
expedición hacia Honduras entre Carlos Lagos y Justo Umaña, el referido Miralda
era “el ministro general de esta empresa”. Y continuaba Huete, “el resultado de esta
empresa a mi juicio tendrá el mérito de ser el primer grito de rebeldía contra los
usurpadores, y, por otra parte, puede ser el principio de acontecimientos de mayor
importancia”316.
Insertamos parte del contenido de esta correspondencia para plantear que,
estos planes desde el exilio responden al momento en que se iniciaron las
maniobras que llevarían al continuismo de Carías. El primer recurso continuista fue
el decreto No. 26 del Legislativo del 7 de enero de 1936, que convocó a elecciones
para una Asamblea Nacional Constituyente, hasta promulgar una Constitución que
extendió el periodo presidencial de cuatro a seis años y fijó la finalización del periodo
presidencial para el 1 de enero de 1943.
314
Legación de México en Honduras, «informe político social», octubre de 1936. AHGE- SRE, exp. 27-28-15,
p. 4 del informe.
315
Ibid.
316
Zúñiga Huete, J.A. (1997). Algunos fragmentos del Epistolario Político de José Ángel Zúñiga Huete para
Froylán Turcios en la primera etapa de la dictadura del Gral. Tiburcio Carías Andino. En Partido Liberal de
Honduras, Concejo Central Ejecutivo (Edit.), Pensamiento doctrinario de José Ángel Zúñiga Huete (27-155).
Honduras: Graficentro Editores
111
La indignación general en Honduras mencionada por Huete tuvo su
expresión en los movimientos de la oposición por el territorio nacional. Éstos eran
planeados en algunas ocasiones desde zonas fronterizas de los países vecinos,
“ciertos elementos de la oposición actúan en la línea divisoria con Nicaragua” 317.
Según Argueta, las fuerzas revolucionarias parecían estar organizadas en tres
grupos: el primero en San Marcos de Colón, cerca de la frontera con Nicaragua,
dirigido por el coronel Inés R. Dueñas, con seiscientos hombres; el segundo se
ubicaba en Trujillo, dirigido por el general Justo Umaña y el tercero en Ocotepeque.
Las acciones irían en este orden: atacar la Costa Norte, capturar algunas
poblaciones y apoderarse de la capital318.
A los momentos de agitación, mediante distintos mecanismos, el régimen
respondió con acciones encaminadas a controlar la oposición, “cuando existe algún
trastorno, la vigilancia a los miembros de oposición que residen en esta capital
[Tegucigalpa, Honduras] es naturalmente más cuidadosa que de costumbre,
llegándose a veces a efectuar aprehensiones o vigilar sus casas”319. En este tenor,
Pardo Holland, encargado de negocios en Honduras ante Relaciones Exteriores de
México, presentaba el caso de Ricardo Alduvín, destacado en las letras hondureñas
y exministro de Honduras en México, quien había solicitado asilo en la Legación
mexicana aduciendo que estaba bajo amenaza. Pero intervino Antonio Bermúdez,
secretario de Relaciones Exteriores de Honduras, quien prometió a Holland que el
señor Alduvín no corría peligro y que se le darían las garantías necesarias.
Al parecer el caso Alduvín estaba resuelto, pero un día después de la
entrevista sostenida entre el diplomático mexicano y Bermúdez, la hija del Dr.
Alduvín fue maltratada. Holland, acompaña su informe con una carta de Alduvín, en
la que expone, “su hija fue maltratada por esbirros que violaron las garantías
constitucionales sobre el domicilio”320. Ante estas situaciones, el encargado de
317
Legación de México en Honduras, «Informe político social», noviembre de 1936, AHGE-SRE, exp. 27-28-
15, sección: situación política.
318
Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. p. 274.
319
Legación de México en Honduras, «Informe político social», noviembre de 1936, AHGE-SRE, exp. 27-28-
15, sección: situación política.
320
Ibid.
112
negocios solicitaba indicaciones a la Secretaría de Relaciones Exteriores de México
para proceder en materia de asilo.
En agosto de 1937, el Dr. Ricardo Diego Alduvín, se dirigió a Rafael Heliodoro
Valle, desde Estados Unidos, para comunicar su deseo de entrar a México en
calidad de exiliado político. Inmediatamente Valle se puso en contacto con un amigo
conocedor de temas de migración y comunicó a Alduvín, “es conveniente que tú
también presentes solicitud de ingreso a México ante el Cónsul de este país en esa
ciudad [Chicago], demostrando que eres un exiliado político”321. Al siguiente mes,
Alduvín aun no entraba a México. Valle continuaba las gestiones para su ingreso,
considerando que sería posible ya que el Instituto Panamericano de Geografía e
Historia lo había invitado a continuar un estudio que había iniciado en la capital
mexicana322. Años después, Ricardo Alduvín, formó parte del Frente Democrático
Revolucionario Hondureño (FDRH) constituido en México en 1945.
3.3.1 Las organizaciones políticas en el exilio
Si el exilio es un mecanismo de exclusión institucionalizada, utilizada por los
Estados para eliminar la disidencia política, la constitución de una comunidad de
exiliados se convierte en un recurso político por “su grado de politización y su
activismo político y la capacidad de volverse vectores centrales de una comunidad
de desplazados, a partir de su habilidad de organizar a los recién llegados y de
presentarlos a todos como exiliados, de cara a organizaciones y redes locales,
nacionales e internacionales”323. En el caso del exilio hondureño, el activismo
político se viabilizó a través de asociaciones, frentes y comités. Estas instancias
permitieron la integración de la comunidad política que a su vez estableció lazos o
identificación con otras organizaciones.
A dos años del exilio de Venancio Callejas y de su reunión con Huete en
Costa Rica, en 1938, se organizó la Asociación Revolucionaria Hondureña (ARH),
321
Correspondencia de Rafael Heliodoro Valle a Ricardo D. Alduvín, México, 27 de agosto de 1937, ERHC,
exp. 48. Sin número de caja, ni número de documento.
322
Correspondencia de Rafael Heliodoro Valle a Venancio Callejas, México, 14 de septiembre de 1937, ERHC,
caja 23, exp. 355, doc. 9.
323
Sznajder, M. & Roniger, L. (2013). La Política del destierro. p. 236.
113
que luego, en 1945, se convertiría en el Frente Democrático Revolucionario
Hondureño. El exilio de Venancio Callejas, la persecución política a sus seguidores
y la conformación de la ARH, marcaron un primer momento de exilio hondureño.
La ARH, estaba conformada por el Dr. Manuel Flores Rosa, presidente,
Antonio Miralda, secretario, Lic. Martín Paz, secretario, Guillermo Alvarado,
tesorero, Valentín Miralda, Santiago Buck, Arturo Guillermo, Julio Bueso, Arturo
Barahona, Luis Alonso Lopez y Adolfo Miralda 324. El poeta y periodista Paz (1896-
1950), fundó la revista Argos en 1919 y en 1921 formó parte de la redacción de Los
Sucesos y El Ateneo de Honduras. En 1923 emigró a México donde estudió derecho
en la UNAM, y publicó dos poemarios, Iniciales y Marinas en 1931. Entre otras
organizaciones mexicanas, fue miembro del Bloque de Obreros Intelectuales, el
Club de Escritores y La Casa del Artista de la que fue co-fundador325. Adolfo Miralda
(1876-1954), periodista con trayectoria en el Partido Liberal, desde La Ceiba, ciudad
ubicada en el Norte de Honduras, publicó el periódico El Espectador, en la década
de 1930 y en marzo 1946 dirigió La Tribuna, un “biseminario de doctrina, orientación
y comentarios", que para el 30 de abril de 1947 cambió a “bisemanario, Órgano del
Partido Liberal y del Frente Democrático contra la Dictadura”326.
La ARH, se guiaba por principios de unidad, justicia y libertad. Sobre la
revolución, proponía que no terminaba con la obtención del poder, sino que buscaba
en las fuerzas necesarias para su desenvolvimiento327. Esta agrupación estaba en
contra de las aspiraciones personales y sostenía que, tanto la lucha armada como
la lucha cívica podrían ser anuladas por la división y muchos menos convenía una
lucha armada en la que su anulación por las divergencias llevaría a un desangre
inútil y criminal.
324
Véase Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. pp. 283-285.
325
Véase Martínez, J.F. (1987). Literatura Hondureña y su proceso generacional. Honduras: Editorial
Universitaria. p. 475 y ss.; Enciclopedia de la Literatura en México. “Martín Paz”, en Enciclopedia de la
Literatura en México, edición de Internet, sección Autores, enero de 2018,
[Link] Consultada el 3 de noviembre de 2022.
326
Información recuperada en el Sistema Bibliotecario de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.
Signatura: Año I, no.1 (9 mar. 1946). [Link]
[Link]?biblionumber=94942&query_desc=kw%2Cwrdl%3A%20Adolfo%20Miralda. Consultado el 3 de
noviembre de 2022.
327
Antonio Miralda y Martín Paz, en Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. p. 283.
114
La Asociación Revolucionaria Hondureña cambió su nombre por Frente
Democrático Hondureño, liderado Alfonso Guillén Zelaya (1887-1947). Conocido
como un gran intelectual, Zelaya, estudió Derecho y fue director de diario El Pueblo
y El Cronista, ambos de la capital hondureña. En México fue miembro activo de El
Popular y desde este espacio, como periodista se dedicó a criticar y combatir los
regímenes dictatoriales instaurados en Centroamérica durante las décadas de 1930
y 1940. Su pensamiento también tomó tintes antifascistas 328.
En México también se conformó el Frente Democrático Revolucionario de
Honduras (FDRH) en 1945. El Frente tuvo su origen en Guatemala y desde este
país su secretario general, Andrés Alvarado Puerto solicitó a Valle que en México
se procediera a la constitución de una filial; en El Salvador ya existía representación
y se estaba organizando en Costa Rica. En mayo de 1945 Alvarado Puerto envió a
Valle la Declaración de Propósitos y Principios del FDRH. El membrete de esta
Declaración expresa “por la libertad y el imperio definitivo de la democracia en
Honduras”. Esta organización tenía como objetivo general unificar a todos los
hondureños en un solo frente, sin discriminaciones de ninguna índole
Nuestra agrupación no es un pacto entre los partidos políticos tradicionales, sino el centro rector y
director de todas las energías fundamentales que persiguen estos cuatros principios: a)
derrocamiento de la tiranía cariísta; b) castigo a los culpables de los delitos cometidos por la tiranía;
c) garantizar la libertad del sufragio; y d) establecer y sostener un gobierno auténticamente
democrático329.
Para el FDRH, la participación de la juventud era clave y debía asumir la
dirección y responsabilidad del movimiento revolucionario. Su programa también se
identificó con la lucha contra el totalitarismo en solidaridad con las Naciones Unidas.
Por otra parte, uno de los primeros principios propuestos para romper el continuismo
de Carías era la no reelección y en caso de irrespetar este precepto, al pueblo se le
328
Mendoza Pérez, Ernesto Josué. (2020). Sueño acariciado de Centroamérica: el antifascismo unionista de
Alfonso Guillén Zelaya y Vicente Sáenz en las páginas de El Popular (1938-1946), tesis de maestría, CIDE,
México. [Link] Consultado el 2 de noviembre 2022; Santana,
Adalberto, “Alfonso Guillén Zelaya y el exilio en México”, Utopía y Praxis Latinoamericana, vol.15, n.48
(2010): 115-124. [Link]
Consultado el 2 de noviembre de 2022.
329
Correspondencia de Andrés Alvarado Puerto a Rafael Heliodoro Valle, Guatemala, 10 de mayo de 1945,
EHRC, caja 7, exp. 81.
115
debía reconocer el derecho de rebelión. También se consideró necesaria la
descentralización de poderes y el restablecimiento de la autonomía municipal.
Asimismo, se proponía una “campaña cívica” para la divulgación de principios
democráticos que combatirían el servilismo, la delación y la corrupción política.
Heliodoro Valle se identificó con este programa y atendió el llamado de Alvarado
Puerto de fundar una filial330.
En México, el FDRH estaba conformado por Antonio Miralda Santos como
secretario general, Ricardo Alduvín Abaunza, Roberto Bermúdez Bográn, Jeremías
Rivera Mejía, Virgilio Cardona y Rodolfo Aguiluz Berlíoz. El acta constitutiva fue
firmada también por Ángel Zúñiga Huete, Ricardo Diego Alduvín, Enrique Aguiluz
Meza, Guillermo Alvarado, Manuel Flores Rosa y Leonardo López331.
Diego Alduvín (1883-1961), médico de profesión graduado en 1906, intentó
validar sus estudios en México el mismo año, con la intención de ejercer en ese
país, pero su solicitud fue rechazada y regresó a Honduras. Durante el gobierno de
Carías fue encarcelado, en esta ocasión Heliodoro Valle y otros amigos radicados
en México diligenciaron y lograron su libertad e ingreso a México donde fue
nombrado médico en la Oficina de Educación Higiénica del Departamento de
Salubridad332. Enrique Aguiluz (1892-1967), perito mercantil de profesión y líder del
Partido Liberal de Honduras, fue perseguido en 1924 y por este motivo se dirigió al
país vecino de El Salvador y posteriormente a Guatemala. En estos países se
dedicó a la venta de seguros de vida. Para la década de 1940, como integrante del
Frente Democrático Hondureño en Guatemala, mantuvo comunicación con Rafael
H. Valle, informando de la situación política hondureña y las aspiraciones políticas
de sus compatriotas, en especial el propósito de derrocar al presidente Carías.333
330
Correspondencia de Rafael Heliodoro Valle a Andrés Alvarado Puerto, México, 1 de junio de 1945, ERHC,
caja 7, exp. 81.
331
Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. p. 282.
332
Villaseñor, Federico, “Figuras médicas: Ricardo Alduvín”. Salud Pública de México Vol. 4. Núm. 1 (2014):
173-176. En [Link] Consultado el 5 de noviembre de
2022; Correspondencia de Ricardo Diego Alduvín a Rafael Heliodoro Valle. Washington, Estados Unidos, 12
de septiembre [roto]. ERHC, exp. 48, doc. 19.
333
Correspondencia de Enrique Aguiluz a Rafael Heliodoro Valle. Guatemala, 24 de enero de 1944. ERHC,
exp. 34.
116
El año de 1935, según testimonio de Huete, llegó a México en calidad de
exiliado político, extendiendo su estadía hasta 1936, y reingresando en 1937334. En
tierras mexicanas presidió el Comité Liberal Demócrata de Honduras (CLDH), su
creación fue comunicada en 1944 mediante un “Mensaje al pueblo de Honduras”335.
El propósito del Comité era “reunir energías y opiniones destinadas a operar en el
momento oportuno, en pro de la efectiva liberación material, intelectual, económica
y de todo orden, del sistema que al presente esclaviza a nuestro pueblo”336.
El Mensaje del CLDH tenía como base la proclamación de la Carta del
Atlántico, considerada un símbolo y estandarte de la libertad del mundo del futuro.
Bajo estos conceptos se solidarizó con el pueblo hondureño y propuso una empresa
liberadora para el restablecimiento del imperio de la ley y de la justicia. También se
reconoció el pacto de mutua cooperación suscrito en Costa Rica entre Ángel Zúñiga
Huete, como representante del liberalismo y el Dr. Venancio Callejas, en nombre
del Partido Nacional Legalista. El CLDH, consideró a México como “una tierra de
libertad que hospitalariamente abre sus brazos a los que luchan por un mundo
mejor”337.
Sobre la organización del FDRH en Guatemala y México y la creación del
CLDH, podemos apuntar algunos rasgos comunes. En primer lugar, buscaban la
unidad de la oposición para hacer frente a Carías. Al final como apunta la
investigación de Argueta, la oposición no logró este cometido, al contrario, ésta se
mostró dividida e intransigente338. En segundo término, quedan demostrada las
conexiones establecidas entre los opositores radicados en México y sus
connacionales en Centroamérica, el proyecto común era lograr la caída de Carías,
a pesar de algunas divergencias de ideas y programas políticos. Un tercer elemento
es la percepción de México como un espacio ideal para la conformación de
334
Departamento de Investigaciones Políticas y Sociales de México, oficio enviado al secretario de
gobernación, México, 14 de enero de 1944, AGN, caja 796, exp. 8. folio 2.
335
Según Chapa Bezanilla, el CLDH fue creado paralelamente a la Unión Democrática Centroamericana, esta
surgió el 14 de enero de 1943. Véase Chapa Bezanilla. (2044). Rafael Heliodoro Valle, humanista de América.
UNAM: México. p. 243.
336
Comité Liberal Demócrata de Honduras en México, «Mensaje para el pueblo de Honduras», México, 1 de
enero de 1944, AGN, caja 796, exp. 8, anexo 1.
337
Ibid.
338
Argueta, M. (2008). Tiburcio Carías. p. 287.
117
agrupaciones y la propuesta de acciones. Finalmente hay que señalar el rol jugó
Rafael Heliodoro Valle en la comunidad de exiliados “como intelectual cumplió un
papel sumamente importante en ese movimiento, pues gracias a sus relaciones y
amistad con destacadas personalidades hispanoamericanas logró apoyo y simpatía
para la causa hondureña”339. Valle fue un mediador, un diplomático y porque no
decirlo un estratega de la oposición.
Entre las décadas de 1930 y 1950, en México confluyeron agrupaciones
políticas desde distintas partes del mundo que, a pesar de sus diferencias
ideológicas, compartían el estandarte la democracia y la lucha contra regímenes
totalitarios y dictatoriales
El exilio político español no escapó a la creación y organización de cientos de organizaciones
antifascistas en sus diferentes formatos: clubes, juntas oficiosas, movimientos de liberación,
organizaciones independientes, etcétera, que hicieron su aparición desde inicios de la década de
1940 pero que formalmente existieron a partir de 1943 como precisamente sucedió con la creación
de la Unión Democrática Centroamericana (UDC).340
La UDC, se formó en la ciudad de México el 3 de enero de 1943. Esta
organización aglutinaba a la emigración política de Centroamérica y se identificaba
con ideas unionistas, libertarias, anti totalitarias, anti nazistas y antifranquista, en
fin, antidictatorial, pues los gobiernos dictatoriales de la región centroamericana y
su lucha ante ellos había reunido a intelectuales y políticos. Con estos principios se
identificó la oposición hondureña y por méritos, Heliodoro Valle, fue invitado por
Zúñiga Huete a formar parte de la UDC.
En 1943, se orquestó un complot contra el presidente hondureño Carías, que
respondió con la detención de algunas personas. Ante estos hechos, la UDC se
dirigió al presidente mexicano Ávila Camacho para que interviniera y los detenidos
no fueran fusilados, “para que los ideales democráticos que defienden las Naciones
339
Chapa Bezanilla, M. A. (2004). Rafael Heliodoro Valle. p. 241
340
Mejía Flores, José Francisco, “La Unión Democrática Centroamericana en México y su solidaridad con los
republicanos españoles, 1943-1945”, Revista Estudios núm. 38 (2019).
[Link] Consultado el 8 de octubre de 2019.
118
Unidas no sean una excepción en Centroamérica”341. Entre los firmantes de esta
petición se encontraba el hondureño Dr. Ricardo D. Alduvín. Para esta gestión, la
UDC se basaba en los “brillantes antecedentes sentados por México, que siempre
se ha distinguido por la valiente defensa que ha hecho de pueblos oprimidos”342. La
respuesta de Relaciones Exteriores a esta solicitud se argumentó desde los
principios de no intervención de México en asuntos internos de otros Estados 343;
sin embargo, Relaciones Exteriores, se interesó por el número de personas
detenidas como también por las sanciones que serían aplicadas344.
A un año de esta petición, la UDC solicitó a Carías una entrevista, la comisión
representante de la UDC estaría conformada por el Dr. Ricardo Alduvín, el Dr.
Guillermo Alvarado y Rafael Heliodoro Valle, “que lleva una alta finalidad de
convencerle que se llegue a una solución pacífica”345. Esta gestión se realizó en el
marco de las protestas de julio de 1944 e incursiones armadas de la oposición. Por
estos acontecimientos se pensó que Carías iba a ceder346.
En este año la oposición se mostró activa, por ejemplo, Zúñiga Huete se
dirigió desde México a Guatemala, posteriormente iría a Honduras en compañía de
los hondureños J. Medina Planas, Héctor Medina Planas y del Gral. J. Benito
Mendoza, con la finalidad de precipitar la dimisión de Carías347. También se informó
de la presencia de rebeldes en algunas localidades de Tegucigalpa, en Suyapa y
San Juancito respectivamente. Por su parte en San Pedro, se dio muerte a dos de
los ametralladoristas que llevaron a cabo la matanza en julio de 1944348. Ingeniero
de profesión, Planas, formó parte de espacios literarios y culturales de Honduras,
341
Unión Democrática Centroamericana, telegrama dirigido al presidente Manuel Ávila Camacho, México, 12
de diciembre de 1942, AHGE-SRE, exp. III-246-2.
342
Ibid.
343
Ezequiel Padilla, secretario Relaciones Exteriores de México, telegrama dirigido a la Unión Democrática
Centroamericana, México, 16 de diciembre de 1943, AHGE-SRE, exp. III-246-2.
344
Relaciones Exteriores de México, telegrama dirigido a la Embajada de México en Honduras, México, 17 de
diciembre de 1943, AHGE-SRE, exp. III-246-2.
345
Correspondencia de Rafael Heliodoro Valle a Alfredo B. Reina, México, 6 de agosto de 1944, ERHC, caja
94, exp. 1651, doc. 7.
346
Correspondencia de Rafael Heliodoro Valle a Alfredo B. Reina, México, 10 de julio de 1944, ERHC, caja
94, exp. 1651, doc. 7
347
Ibidem. doc. 13
348
Correspondencia de Rafael Heliodoro Valle a Alfredo B. Reina, México, 26 de noviembre de 1944, ERHC,
caja 94, exp. 1651, doc. 20.
119
como ser el Ateneo Literario de Honduras, fundado en 1912 y el Repertorio
Americano, revista de geografía, historia y cultura, fundada en Costa Rica en 1919.
En la década de 1940, Planas, fungió como coordinador general del Comité Liberal
Demócrata de Honduras en Costa Rica. En 1944, comunicó la posición de este
Comité sobre la matanza de San Pedro Sula, responsabilizando al ministro de
Guerra Juan Manuel Gálvez y en esta ocasión a Rafael H. Valle le solicitó textos
sobre los hechos para su difusión en las radiodifusoras costarricenses349.
3.3.2 La oposición en acción: espacios, medios y campañas
Hemos reseñado algunas acciones planeadas por la oposición desde México y
Centroamérica. Pero queremos profundizar en las plataformas, los espacios, los
medios y las campañas. Aclarando que no se miden los resultados de las acciones,
más bien se enfatizan los mecanismos la oposición que se implementaron desde el
exilio en México.
Los exiliados hondureños en alianza con otros opositores crearon
asociaciones que ciertamente configuraron una comunidad política. Es preciso
aclarar que la comunidad hondureña en México se integró por exiliados políticos
como por otros que no podrían ser categorizados de la misma manera. Por citar dos
ejemplos, Jacobo V. Cárcamo y Rafael Heliodoro Valle. El primero, escritor
hondureño que llegó a México por motivos de estudios, becado por el gobierno de
Carías y se integró al cuerpo diplomático hondureño y el segundo que, llegando por
motivos de estudios, desarrolló una carrera académica, literaria, periodística y
diplomática. Ambos formaron parte de la comunidad de hondureño que desde
México lucharon contra Carías; Cárcamo se desempeñó como jefe de redacción de
dos revistas y Valle fungió como estratega y mediador de la oposición.
[Link] Prensa de oposición en México: la revista En Marcha y la revista
Combate
Los exiliados hondureños canalizaron sus campañas de denuncia desde distintos
espacios, “las comunidades de exiliados operan en espacios diversos para ejercer
349
Correspondencia de Héctor Medina Planas a Rafael Helidoro Valle, Costa Rica, 23 de julio de 1944. ERHC,
Exp. 1302, doc. 11
120
su actividad política, dependiendo de la actitud del gobierno anfitrión, de las redes
de solidaridad, de las organizaciones internacionales y transnacionales”350.
Un primer espacio que podemos identificar, para el caso hondureño, es el de
la comunicación, a través de la prensa. La oposición hondureña creó plataformas
propias de denuncia, pero también acudió a la solidaridad brindada por medios
escritos mexicanos. Trataremos para el primer caso las revistas En Marcha y
Combate y, para el segundo, la revista mexicana Futuro.
Seguimos los planteamientos de Bao y Devés-Valdés quienes sugieren que,
para investigar a una comunidad y sus lazos, es preciso prestar atención a la
comunicación reiterada, los intercambios epistolares, las prácticas concertadas, la
publicación en los mismos medios y la participación en las mismas campañas351.
Proponemos que el periodismo se convirtió en una práctica política de oposición y
un medio de denuncia, desde el cual la comunidad hondureña en México canalizó
su campaña opositora.
En Marcha, de publicación quincenal, se declaraba órgano del Comité Liberal
Demócrata de Honduras en México. El equipo de esta revista estaba conformado
por los hondureños Marco Antonio Estrada, director; Jorge Girón Velásquez,
subdirector; Jacobo Cárcamo, jefe de redacción; Francisco Inestroza M.,
administrador; Martín Paz, José Santos Maradiaga y Raúl Rivas352.
Marco Estrada, entró a México el 27 de diciembre de 1939, en calidad de
inmigrante, como estudiante de Ciencias Químicas. Laboralmente, en 1948 se le
ubicó como laboratorista y políticamente como integrante del grupo liberal
coordinado por Ángel Zúñiga Huete. Por su parte, Jorge Girón, entró a México, en
calidad de estudiante el 19 de marzo de 1938 y reingresó como turista el 7 de agosto
de 1946. También integrante del grupo coordinado por Huete. Jacobo Cárcamo,
350
Sznajder, M. & Roniger, L. (2013). La Política del destierro. p. 311.
351
Melgar Bao, R. (2018). Redes e imaginario del exilio en México. p. 16; Devés-Valdés, E. (2007). Redes de
intelectuales en América Latina. p. 32.
352
Embajada de Honduras en México, oficio enviado a la Dirección General del Servicio Diplomático de
México, México, 10 de enero de 1948, AGN, caja 796, exp. 8, folios 126 y ss.; Revista “En Marcha”, 1 de
noviembre de 1947, núm. 1, México. p. 4, sección: indicador.
121
entró a México el 8 de febrero de 1939, según confesión ante autoridades
mexicanas, como Agregado de la Embajada hondureña, después fue secretario del
Consulado general de Honduras en México hasta 1942. Además de desempeñar
como jefe de redacción de En Marcha, también lo fue para la revista Caribe, editada
en la capital mexicana por el dominicano Valentín Tejada. Sobre Francisco Inestroza
se sabe que estaba en México como inmigrante condicional, trabajó en una empresa
de empaques y gerenció una empresa del Sr. Henri S. Dabdon353.
La revista En Marcha y su equipo, son un claro ejemplo de los hondureños
que, aunque no identificados como exiliados se solidarizaron con la causa defendida
por ese grupo político de exiliados, los integrantes de Comité Liberal Demócrata de
Honduras en México. El caso de Jacobo V. Cárcamo también deja ver que, aunque
favorecido por la administración de Carías en los inicios de su carrera, se distanció
luego del régimen y lo combatió con sus letras, tanto desde la poesía como desde
el periodismo. En su momento se abordará la poética denunciante de Cárcamo, por
ahora vamos a centrarnos en el contenido de En Marcha.
El primer número de En Marcha fue publicado el 1 de noviembre de 1947.
Hasta el 16 de febrero de 1948 se habían divulgado ocho números. Hay que apuntar
que su publicación se da en el contexto de los últimos años de la dictadura de
Carías; cuando se esperaba que éste dejara el poder, y en efecto no volvió a lanzar
su candidatura; sin embargo, fórmula presidencial para el siguiente periodo,
confiada a Juan Manuel Gálvez, se consideraba una prolongación de la dictadura.
La postulación de Gálvez salió del seno de la administración de Carías, éste había
ocupado el puesto de ministro de guerra, y se le responsabilizó por la matanza de
San Pedro Sula, en julio de 1944.
El lema de En Marcha era “con la verdad hacia la justicia y la democracia”.
Un análisis del contenido de su primer número permite ver que se había
abandonado la revolución armada como medio de oposición y se confiaba en a las
ideas. En su portada se reproduce un fragmento de José Martí “trincheras de ideas
353
AGN, caja 796, exp. 8, folio 129.
122
valen más que trincheras de piedras”354. La oposición hondureña exiliada en
Centroamérica llevó este punto a la escena del debate en cuanto consideraba que
la revolución debía de llevarse a cabo por medio de las armas. Esto según lo
expuesto por el Dr. Antonio Peraza, médico y cirujano hondureño, principal director
de las protestas en julio de 1944 en San Pedro Sula. Su protagonismo le valió la
cárcel ese mismo año, luego se exilió en Guatemala, donde desempeño su
profesión. Peraza consideraba que la fuerza armada era el único recurso para
derrocar a Carías, “si a pesar de nuestro deseo pacífico y nuestra lucha cívica esa
aurora no lleva, entonces, no tenemos más remedio que buscar en la fuerza de las
armas lo que no podemos obtener con el espíritu”355.
El juicio de Peraza se daba en el contexto de los intentos conciliadores
llevados a cabo por Rafael Heliodoro Valle, quien viajó a Honduras para
entrevistarse con Carías y proponer una salida pacífica. Peraza no veía
posibilidades de una “propaganda de civismo en Honduras”, pues el terror sembrado
por Carías imposibilitaba el acompañamiento de posibles aliados.
Para la divulgación de una campaña antidictatorial, En Marcha publicaba
artículos sobre el origen de las dictaduras y específicamente sobre la dictadura del
presidente hondureño Carías Andino. Desde sus páginas criticó los conceptos
recurrentes en la retórica del gobierno hondureño, la paz y el orden, discurso de los
funcionarios e intelectuales defensores del régimen. El13 de diciembre de 1944,
mediante decreto, el Congreso Nacional proclamó a Carías como Benemérito de la
Patria y Fundador de la Paz Nacional356. Un artículo del diario en mención expuso
que la paz no engendra la democracia, “esta [la democracia]es la que establece la
primera”. Así se criticaba la paz pregonada por la administración de Carías: “la paz
de los tiranos, paz de las calles, soledad de los caminos, silencio de voces y
354
En Marcha, año I. núm. I. México, 1 de noviembre de 1947. Portada.
355
Correspondencia de José Antonio Peraza a Rafael Heliodoro Valle. Guatemala, 6 de enero de 1946, ERHC,
exp. doc. 3, folio 2.
356
Nota publicada en Diario “Honduras Nueva”, Tegucigalpa, Honduras, 14 de diciembre de 1944. Ver en
anexos al oficio enviado por la Embajada de México enviado a la Secretaría de Relaciones Exteriores de
México, Tegucigalpa, 15 de diciembre de 1944, AHGE- SER, exp. III-255-2.
123
obscuridad de conciencias. No existe en ella armonía entre las autoridades y el
pueblo”357.
La revista En Marcha, también se convirtió en un espacio que buscaba
develar las “mentiras” del régimen de Carías, comunicadas desde la pluma de los
intelectuales que formaban parte de su aparato burocrático. En este sentido, se
procedió a la publicación de una columna titulada “Figuras de la tiranía”. La primera
entrada de esta columna fue dedicada a Julián López Pineda, quien representó a
Honduras en Francia en 1933, y en Nicaragua en 1936, desde este último país,
publicó en 1941 el libro “Democracia y redentorismo”, que presentaba a Carías
como demócrata y redentor358.
La columna mencionada comenta dos obras de Pineda, “La reforma
constitucional de Honduras” y “Democracia y redentorismo”. Según En Marcha, el
primer libro, publicado en 1936, era una tesis que apoyaba la violación a la
Constitución de 1924 y una guía para la Constituyente de 1936, mediante la que se
extendió el periodo de Carías hasta 1943. De la segunda obra se expone un
fragmento en el que López Pineda explicaba que, para alcanzar el orden debía de
surgir un gobernante fuerte “preparado para hacer el bien, que tenga el valor de
establecer una dictadura inteligente, resuelta a cortar de raíz todo conato de
revuelta, a dominar las ambiciones de los políticos […] necesitamos un hombre que
asuma todas las responsabilidades, inclusive la de mancharse las manos de
sangre”359.
A Julián López Pineda se le reconocía como amante del estudio y de la
investigación, un intelectual en todo el sentido de la palabra. Sin embargo, sus
argumentos merecen, según En Marcha, las siguientes apreciaciones:
1) Que Julián López Pineda, se ha puesto al servicio de Carías, sin importarle lo que ha
vivido el pueblo, durante los 15 años de tiranía. 2) Que la dictadura se ha manchado de sangre, pero
no ha sido ni inteligente ni constructiva como lo pretende afirmar López Pineda, el pueblo se
encuentra sumido en miseria y un abandono cultural y material que nunca había sufrido Honduras.
357
Jorge Jirón Velásquez, 1947, “Democracia, paz y progreso”, En Marcha, núm. 1, México, p. 2.
358
González, J. (2016). Carías y los intelectuales de su época. Honduras: Ediciones Guardabarranco.p. 35.
359
En Marcha, 1947, “Figuras de la tiranía, Julián López Pineda”, núm. 1, México, pp. 3 y 4.
124
3) Que en el estado tiránico establecido por Carías y su camarilla, se encuentran abolidas todas las
formas de libertad360.
Como plataforma de denuncia, En Marcha buscaba exponer los “terribles
verdugos” del régimen ante la opinión pública, sus perfiles, sus acciones y
desenmascarar la base intelectual del cariato, para quienes se buscaba “la más
grave sanción y represión histórica”361.
Otro de los temas fue la denuncia de la candidatura de Juan Manuel Gálvez,
quien aspiraba a la presidencia mediante las elecciones de 1948. En especial se
denunciaba al periódico oficial La Época por hacer “propaganda presidencial del
asesino de San Pedro Sula, Juan Manuel Gálvez”362. La candidatura de Gálvez fue
criticada por ser él, según la redacción, servidor incondicional del imperialismo,
colaborador de la consolidación de Carías en el poder y ejecutor de la matanza de
San Pedro Sula de 1944363.
Se presenta a este candidato como un servidor obediente a los designios de
Carías Y, ante su personalidad, se opone el perfil de hondureños que por su rebeldía
sufrieron persecución y destierro. En este sentido, se refiere a Rafael Díaz Chávez,
en algún tiempo incondicional del nacionalismo quien luego de ser removido de un
ministerio se exilió en El Salvador; pero también a Venancio Callejas, “alma del
partido Nacionalista” disidente exiliado en El Salvador, a Felipe Reyes y Rufino
Solís. Éste último fue comandante militar en departamento de Atlántida, en el Norte
de Honduras, asumió una actitud casi independiente dentro del Partido Nacional,
por lo que fue removido de su cargo y se le llegó a considerar posible candidato
opositor364.
La amnistía para presos y exiliados políticos también ocupó un espacio en la
revista En Marcha y sus páginas comunicaron los acuerdos surgidos de una sesión
extraordinaria celebrada por Comité Liberal Demócrata de Honduras en México. El
360
En Marcha, 1947, “Figuras de la tiranía, p. 4.
361
En Marcha, 1947, “Figuras de la tiranía, p. 1.
362
En Marcha, 1947, “Editorial”, núm. 4, México, p. 1.
363
En Marcha, 1948, “Editorial”, núm. 5, México, p. 1.
364
Embajada de México en Tegucigalpa, «informe político reglamentario», mayo de 1947, AHGE-SRE, exp.
III-979-5, p. 2 del informe.
125
segundo punto del acta reprodujo la moción del Dr. Antonio Miralda, “la urgencia de
dirigirse al Congreso, reclamando la amnistía general para los presos y exiliados
políticos, a fin de que puedan concurrir a las elecciones presidenciales en octubre
próximo”365. De no aceptar tal petición, el Comité consideraría ilegales las
elecciones de 1948 porque gran número de hondureños se quedaría sin derecho a
votar. Se aprobó la moción y se designó a Roberto Alduvín y Raúl Zúñiga Rivas
como redactores de un cablegrama que sería dirigido al Congreso.
La solicitud representaba la voz de los exiliados políticos de Honduras en
México, quienes esperaban que, paralelamente al decreto de convocatoria a
elecciones, fuera emitido un “decreto de amplia amnistía, en favor de los prisioneros
y perseguidos por delitos políticos y conexos, o simplemente por sus opiniones”.
Para el Comité, la aprobación de esta solicitud sería una señal de que el gobierno
elegiría autoridades por “vías legales y bajo un clima de libertad, democracia y
justicia”366.
A la gestión de los exiliados hondureños en México aglutinados en el Comité
Liberal Demócrata, se unió su organización hermana, el Comité Liberal Demócrata
de Honduras en Guatemala, expresándose de la siguiente manera la “convocatoria
a elecciones sin amnistía no se viene con decantados propósitos dar elecciones
libres al pueblo, y defrauda ideales de democracia, libertad y justicia” 367. Así fue
como En Marcha difundió varias peticiones sobre la amnistía368.
Ya desde 1942 Rafael Heliodoro Valle había realizado gestiones con relación
al tema de la amnistía. En comunicación con el ministro de Honduras en Washington
comentaba, “hayo oportuno y conveniente que el gobierno del general Carías, de
una amplia amnistía a fin de que regresaran a Honduras, emigrados políticos que
malamente pululan en el exterior369. Valle consideraba que una amnistía bien
365
En Marcha, 1948, “Un minuto de silencio por las víctimas inocentes y un cablegrama al Congreso”, núm. 7,
México, p. 1.
366
En Marcha, 1948, Un minuto de silencio por las víctimas inocentes. p. 4.
367
En Marcha, 1948, “Un cablegrama al Congreso “, núm. 9, México, p. 4.
368
Véase “La emigración se dirige al Congreso”, “La lucha por la democracia en la Intervención
interamericana”; En Marcha, 1948, “Un cablegrama al Congreso “, núm. 9, México, p. 1 y ss.
369
Correspondencia de Rafael Heliodoro Valle a Julián R. Cáceres, México, 9 de julio de 1942, ERHC, exp.
342, doc. 41, folio 4.
126
implementada cimentaría la paz y tranquilidad de Honduras y su gobierno, en este
sentido el mandatario Carías debía preocuparse por esa medida humana, “los
trabajos y sin sabores que la emigración experimenta en el exterior son terribles. Yo
soy testigo de los sufrimientos de muchos hondureños. Algunos mueren de
miseria”370.
Valle también participó en una campaña para la liberación de los presos
políticos. En 1945 viajó a Honduras, se entrevistó con Carías y negoció la libertad
de algunos, sin embargo, “no fueron libertados los prisioneros que el Gral. Carías
me prometió”371. Ante tales resultados adversos, continuó sus gestiones escribiendo
a Carlos Izaguirre, intelectual cercano a Carías, “ahí te envió dos recortes que han
tenido vasta resonancia (me refiero a las noticas), aunque tu desdeñas lo que afuera
digan los periódicos. Fíjate que Franco acaba de decretar la libertad de 2,000 reos
políticos”372.
Las gestiones de Valle en busca de amnistía de presos y exiliados políticos
tenían en primer lugar el objetivo de lograr una conciliación de la oposición con el
gobierno de Carías. Además, Valle consideraba que la oposición desde el exterior
poco podía lograr, más bien era necesaria su presencia en Honduras373 y que era
importante que tomara una actitud cívica, no armada. La labor de ésta debía
consistir en “hacer una obra constructiva”, lo que implicaba el abandono de ataques
personales e injurias; solo así se forjaría una unidad cívica “de orientación para ir a
elecciones”374.
Hemos conectado la labor desarrollada desde la revista En Marcha con las
acciones desarrolladas en Centroamérica por parte de la oposición, en primer lugar,
para dar cuenta de cómo se entretejían acciones de hondureños en el exilio, en
segundo lugar, para mostrar el papel de mediador de Rafael Heliodoro Valle ante la
370
Ibidem. folios 4 y 5.
371
Correspondencia de Rafael Heliodoro Valle a Carlos Izaguirre, México, 26 de mayo de 1945, ERHC, exp.
1080, doc. 11.
372
Correspondencia de Rafael Heliodoro Valle a Carlos Izaguirre, México, 8 de junio de 1945, ERHC, exp.
1080, doc. 12.
373
Correspondencia de Rafael Helidoro Valle a José Antonio Peraza, México, 5 de mayo de 1946, ERHC, caja
87, exp.1510, doc. 4.
374
Ibid.
127
situación de este colectivo. Pero volvamos a la prensa opositora, en este caso a la
revista Combate.
De publicación mensual, Combate, bajo la dirección de Jacobo Cárcamo,
tenía como principal propósito la denuncia del régimen de Carías. Como
administrador colaboraba Francisco G. Medina375 quien había entrado a México en
septiembre de 1943, en calidad de turista. Medina trabajó como agente de
publicidad y como cantante. Según información de la embajada de Honduras en
México, la revista solamente publicó un número en 1948376.
En su primer número, del 1 de enero de 1948, Combate se presenta como
una revista directamente anticariista, pero también antigalvista. Es decir, el blanco
de sus publicaciones era Carías, pero al acercarse las elecciones con Gálvez como
candidato a la presidencia, la propaganda se volcó en su contra, “la colonia
centroamericana en México está percatada de lo que en Honduras sucede y se
mantiene atenta ante los próximos sucesos377.
En su portada, el titular afirmaba: “No será presidente de Honduras Juan
Gálvez, masacrador del pueblo de San Pedro Sula”. El articulo narraba los hechos
del 6 de julio de 1944: la matanza. Refería que los locales se preparaban para
celebrar una manifestación en favor de las Naciones Unidas y en contra del eje
totalitario. Los organizadores habían solicitado el permiso debido al ministro de
guerra, Juan Manuel Gálvez, quien había accedido. Sin embargo, los manifestantes
fueron agredidos “ante el tableteo de las ametralladoras, cayeron niños, mujeres y
hombres. Así se perpetró una de las matanzas más despiadas y cínicas que registra
la historia de Centro América”378. Se reclamaba la escogencia del “inescrupuloso y
gaznápiro” Gálvez, por parte de Carías para las contiendas electorales. Otro título
375
Embajada de Honduras en México, oficio enviado a la Dirección General del Servicio Diplomático de
México, México, 10 de enero de 1948, AGN, caja 796, exp. 8. folio 126 y ss.
376
Ibid.
377
Combate, 1948, “Editorial”, núm.1, México, p. 1.
378
Combate, 1948, “No será presidente de Honduras Juan Manuel Gálvez, masacrador del pueblo de San Pedro
Sula”, núm.1, México, p. 1.
128
va en estos términos, “El carnicero de San Pedro Sula, implorando el voto del pueblo
que ametralló”.
La revista también reproducía artículos sobre Francisco Morazán, hondureño
reconocido en Centroamérica por su proyecto unionista durante el siglo XIX. En este
caso, Ángel Zúñiga Huete, reconoció en Morazán a “un representativo de la
democracia americana”379.
Combate presenta una novedad, en sus páginas incluyen un apartado
dedicado a la poesía con intenciones denunciantes. Hasta ahora se ha planteado la
dimensión política del exilio. Sin embargo, en el exilio salen a flote otros elementos
de carácter subjetivo, “pavadas las que uno inventa en el exilio para de algún modo
convencerse de que no se está quedando sin paisaje, sin gente, sin cielo, sin
país”380. Benedetti y su obra Geografías, nos permite acercarnos a otra dimensión
del exilio, el plano existencial. Tanto así que se puede hablar de un exilio poético o
de una poética del exilio; una poética que puede dar cuenta del desgarre que se
vive al dejar una patria atrás pero también del contexto que ha generado el exilio.
Para conciliar la historia y la literatura y a su vez considerar la obra del escritor
Cárcamo, se sigue la propuesta de Jablonka; quien sostiene que “la literatura no es
necesariamente el reino de la ficción. Adapta y a veces anticipa los modos de
investigación de las ciencias sociales. El escritor que quiere decir el mundo se erige,
a su manera, en investigador”381.
Tomando en consideración esa dimensión artística, que comunica lo
existencial, lo testimonial pero también lo político, para nuestros fines interesa la
obra del escritor hondureño Jacobo V. Cárcamo, jefe de redacción de las revistas
En Marcha y Combate. El poeta publicó en México el poemario “Laurel de Anáhuac”.
En sus letras es posible ver referencias a los bosques hondureños, la flora, la fauna
y los héroes nacionales; llama también la atención su crítica y denuncia del gobierno
379
Combate, 1948, núm.1, México, p.2.
380
Benedetti, M (1984). Geografías. Argentina: ediciones La cueva. Sección introductoria.
381
Jablonka, I. (2016). La historia es una literatura contemporánea. Manifiesto por las ciencias sociales. Trad.
Horacio Pons. Argentina: FCE. p. 12.
129
de Carías Andino. La obra de Cárcamo presenta en sus inicios una Honduras idílica
pero luego su poética militante alude a un país lacerado por la tiranía.
Jacobo Cárcamo publicó entonces el “Poema de Emigración y fe”, del que
reproducimos unos fragmentos a continuación. En un primer momento, el autor
alude a la condición del emigrado y al extrañamiento de su lugar de origen.
Lejos del verde cuenco de la patria…/ sin luz de sus hermanos, / sin fulgor materno …/ el emigrado
acendra su coraje382. / Su voz es pura y ancha…/ condenatorio océano…/ justiciera avalancha…/
campana de hombres libres / con badajos de sangre y humanitarios timbres…/ Bajo el profundo cielo,
/ el emigrado es un laurel de hierro / Sus manos son las manos de su pueblo…/ su sueño es una
humana procesión / por cárceles, / por tumbas, / por álgidos espacios de opresión. / Madres
muertas…/ niños lívidos…/ ancianos de fe tensa / desembocan protestas / en su sangre concreta.
El tono poético habla del terruño, pero también del sufrimiento, la violencia y
la opresión que sufre el país que se extraña: Honduras. Luego, el emigrado se erige
a voz denunciante y condenatoria. Según Rojas, existe una fuerte componente
social en la poesía de Cárcamo, “su alarido poético trazó amplios surcos en la
conciencia de los pueblos. Y es que su canto está hecho para sacudir las entrañas
mismas del pueblo y prepararlo para las grandes dignificaciones humanas”383
Es un roble de cielo el emigrado…/ arroyo vertical que en su curso denuncia / al déspota del mundo
y al fascista de Honduras. / El emigrado es la patria en sus abrojos / la libertad despojos /Y la protesta
/ es águila sombría…/ flechazo de Lempira …/ maldición perenne y fría / sobre el lodo y la muerte
de tiburcio carías384.
En el poema “Tiranía de Honduras”, su autor señala directamente al tirano y
se le identifica con sus homólogos. En este sentido, José Muñoz Cota, quien fungió
como embajador de México en Honduras y se dedicó a la creación literaria, a la
muerte de Cárcamo expresó “su voz, tan cordial, tan amiga, tan hermanable,
cobraba cólera sin límite cuando de los tiranos se hablaba. Fue el enemigo natural
382
Énfasis nuestro.
383
Felipe Elvir Rojas, en Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Comp.) (1992). Antología de Jacobo
Cárcamo. Honduras: Editorial Universitaria. p, 216.
384
Jacobo Cárcamo, 1948, “Poema de emigración y fe”, en Combate, núm. 1, México, p. 2. Este poema fue
incluido luego en el poemario Laurel de Anáhuac, en 1954, bajo el título el emigrado, véase Universidad
Nacional Autónoma de Honduras (Comp.). 1992. Antología de Jacobo Cárcamo. pp. 260-261.
130
de las injusticias, de las discriminaciones, de los atropellos y de las tiranías” 385.
Reproducimos algunos fragmentos del poema “Tiranía de Honduras”
Tiburcio Carías: / Hitler de mi doliente Patria, / escorpión de los silos de América, /Mussolini de lata:
/ el justiciero instante se aproxima. / La Carta del Atlántico levanta/ sobre cada tirano / su guadaña;
/ desde oscuros sepulcros / mil dedos te señalan, / «indispensable» sátrapa / recostado en un lecho
de bayoneta y sangre, /estiércol de la historia de mi Patria. / Hirohito mestizo, / Mussolini de lata. /
La sangre que has vertido es una ola / que está cubriendo ya tus negras plantas; / Hirohito mestizo,
/ Mussolini de lata. / Mi pueblo inerme, pero unido, / espera su aurora de venganza .../ sin temor a
prisiones ni a matanzas. / El justiciero instante se aproxima, / Hitler de mi sangrante Patria / Hirohito
mestizo / Mussolini de lata386.
Conviene ahora presentar la relación entre Cárcamo y Carías y su
distanciamiento, que dejaron huellas en su poesía. Antes de viajar a México,
Cárcamo fungió como director de la revista nacionalista Zambrano, el primer número
fue publicado el 31 de enero de 1937 y “la revista estaba concebida como un órgano
de divulgación de la dictadura, probablemente para contrarrestar las posibles
protestas a raíz del autogolpe continuista de 1936”387. Sobre el giro de su poesía,
que en algún momento fue más estética que política, influyó según testimonió un
compañero en su etapa colegial, la lectura de libros que cuestionaban la utilidad del
arte y la literatura vanguardista; la inestable situación política internacional “; y quizá
lo más importante, el ‘autogolpe de Estado’ que realizó Carías para decretar su
continuismo. Estos factores orientaron la estética y ética de Cárcamo, en un
principio guiada por principios del bien y la belleza, girando luego hacia la justicia y
la denuncia388. Así Jacobo Cárcamo pasó de ser colaborador de Carías a
convertirse en su opositor y su agencia en el espacio periodístico, las revistas En
Marcha y Combate son un claro ejemplo de su creación literaria y de su conversión
política.
385
José Muñoz Cota, “oración fúnebre a Jacobo Cárcamo” en Universidad Nacional Autónoma de Honduras
(Comp.) (1992). Antología de Jacobo Cárcamo. p. 9.
386
Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Comp.) (1992). Antología de Jacobo Cárcamo. pp. 276-277.
Poema inicialmente publicado en México en 1955, en el poemario Pino y Sangre.
387
Flores, O. (2003). “Que no nos llore nadie…”. Vida y obra de Jacobo V. Cárcamo. Honduras: Editorial
Universitaria. p. 75.
388
Ibidem. p. 72.
131
[Link] Espacios de solidaridad: la revista Futuro” y la C.T.A.L.
Hemos presentado espacios propios de denuncia de oposición hondureña radicada
en México. Ahora daremos un vistazo a la solidaridad prestada desde la revista
Futuro, dirigida por Vicente Lombardo Toledano, y publicada por la Universidad
Obrera de México entre 1933 y 1946. En esta revista se reproducen artículos
referentes a Centroamérica y en específico a las dictaduras de los años cuarenta y
cincuenta.
Shklar propone que “los desterrados deben reformular los lazos paralelos que
mantienen en el sitio de asilo: lazos de lealtad, fidelidad y asociacionismo. Mientras
muchos exiliados tienden a mantener viejos lazos, al mismo tiempo se ven
impulsados a elaborar en nuevas formas tales lazos”389. La conexión de los
hondureños con la Revista Futuro permitió aprovechar un espacio periodístico para
divulgar sobre la dictadura de Carías, pero también se establecieron lazos de
solidaridad. Su fundador, Lombardo Toledano desde la Confederación de
Trabajados de América Latina (CTAL) y sus giras realizadas en Centroamérica, les
brindó un espacio para tratar el tema de las dictaduras y los presos políticos.
Futuro dio cobertura a las dictaduras de Centroamérica. Un artículo de 1937
refiere a la marcha acelerada hacia la implantación en Centroamérica de un solo
régimen dictatorial, con base en Guatemala, por obra del imperialismo
norteamericano390. En este sentido se presentaba al presidente guatemalteco Jorge
Ubico como un modelo dictatorial que extendió sus influencias hasta el Salvador,
Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
Respecto al papel de los Estados Unidos y sus intereses en la región,
Callejas comentaba: “necesita el imperialismo norteamericano, el sometimiento de
los pueblos de Centroamérica, para que sus designios de control sobre la economía
pública no encuentren oposición alguna”391. El artículo también denuncia la muerte
de César Augusto Sandino, a manos de Anastasio Somoza, quien gobernó
389
Judith Shklar en Roniger, Luis, “Exilio, teoría sociopolítica y enfoques trasnacionales”.
390
José María Callejas, 1937, “El imperialismo en Centroamérica”, en Futuro, núm.14, México, p. 38.
391
Ibid.
132
dictatorialmente bajo el fomento de las empresas bananeras y sus cómplices, Ubico,
Carías y León Cortés.
Callejas también consideraba que la combinación entre imperialismo y
dictaduras tenían dos fines: subalternar totalmente la economía nacional y
“estructurar barreras infranqueables que impidan la penetración de la ideología
vindicativa”. Debido a la alianza y conveniencia entre imperialismo norteamericano
y las dictaduras de la región, sería imposible que la oposición cerrara el paso a esas
dos fuerzas aplastantes, “las dictaduras circunvecinas hostilizan el movimiento
libertador, a tal punto que hasta el derecho de asilo les es negado o restringido
arbitrariamente a los refugiados políticos”392.
El artículo de Callejas, decididamente antiimperialista y antidictatorial iba en
consonancia con los principios de la Unión Democrática Centroamérica (UDC)
desde donde los exiliados centroamericanos en México habían establecido su
plataforma de lucha. Los exiliados hondureños en Costa Rica confiaban una misión
especial a esta organización; al respecto Callejas afirmaba: “La U.D.C.A. es a mi
concepto, la agrupación que responde a las aspiraciones de los centroamericanos
libres. Esa constancia con que ustedes trabajan en contra de las dictaduras de
Centro América ha de dar el fruto que perseguimos”393.
Callejas también acusaba y denunciaba directamente la dictadura del
presidente hondureño Tiburcio Carías Andino, quien había permitido la intervención
extranjera y entregado el país al capital norteamericano, específicamente a las
empresas bananeras. Desde 1936, un diplomático mexicano, observó la inclinación
hacia los Estados Unidos por parte los gobernantes y algunos servidores públicos
que eran patrocinados por la bananera United Fruit Co.394. En 1939 el presidente
Carías, entrevistado por el periodista H. R. Knickerbocker, respecto a su actitud
hacia los Estados Unidos, expresó: “mi política es la de cooperar por todos los
medios concebibles con los Estados Unidos. Siempre ha sido mi íntima convicción
392
Ibid.
393
Correspondencia de Venancio Callejas a Rafael Heliodoro Valle, San José de Costa Rica, 14 de marzo de
1944, ERHC, caja 23, exp. 355, doc. 22.
394
Legación de México en Honduras, «informe político», octubre de 1936, AHGE-SRE, exp. 27-28-15, p. 5.
133
personal, que en todo tiempo y bajo cualquier circunstancia, la política de este país
[Honduras] debería ser la de ir con América [Estados Unidos]”395. Años después
Heliodoro Valle, consideraba que no había que confiar en EE. UU. “no hay que hacer
ilusiones respecto a lo que digan contra esos dictadores los políticos yanquis porque
los intereses capitalistas son más poderosos”396
Futuro denunció directamente la persecución, la cárcel y el exilio de los
opositores hondureños, de esta manera procedió solidariamente con el colectivo
exiliado en México y Centroamérica para quienes “todas las libertades elementales
han sido abolidas por las dictaduras imperialistas centroamericanas; y no hay que
hablar de libertades sociales, al audaz que las concibe, en pensamiento tan solo,
las dictaduras lo tachan de comunista y lo destinan al cadalso o al asesinato 397.
Cerraba su artículo Callejas, alertando que el futuro de México, con respecto al
imperialismo, podría ser el mismo de Centroamérica.
La denuncia también ocupó un espacio en las reuniones de la CTAL. Del 8
al 13 de diciembre de 1946 se llevó a cabo la reunión del Comité Central en San
José, Costa Rica. En primer lugar, la Asamblea reconocía que en Honduras existía
supresión de libertades, persecución, encarcelamiento, torturas inhumanas contra
la clase obrera y contra todos los sectores. En base a este panorama, los reunidos
acordaron “condenar el oprobioso régimen que preside el general Tiburcio Carías
Andino en la República de Honduras, que constituye una de las dictaduras más
abyectas de la América Latina, y un ejemplo de desvergonzada entrega de los
intereses nacionales a la voracidad del imperialismo”398. Para contrarrestar esta
situación se invitaba a las filiales de la CTAL a colaborar con pueblo hondureño y
su clase obrera en la conquista de sus libertades. También se denunciaba la
participación de los monopolios extranjeros en el mantenimiento del despotismo y
395
Legación de México en Honduras, «informe político», febrero de 1939, AHGE-SRE, exp. 30-12-13, p. 2.
396
Correspondencia de Rafael Heliodoro Valle a Venancio Callejas, México, 11 de julio de 1946, ERHC-SRE,
caja 23, exp. 355, doc. 32.
397
José María Callejas, 1937, “El imperialismo en Centroamérica”.
398
Lombardo Toledano, V. (2013). El papel histórico de la Confederación de Trabajados de América Latina.
Resolución de sus Asambleas. México: Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo
Toledano. p. 197.
134
la explotación, específicamente se atacaba a la bananera United Fruit Co. y a la
minera Rosario Co.
La CTAL también asumió una postura crítica hacia el gobierno de Anastasio
Somoza en Nicaragua, donde el desarrollo del movimiento sindical estaba
imposibilitado por las detenciones que sufrían algunos dirigentes. Y enfatizaba
sobre “la presencia en el resto de los países centroamericanos y en México, de
exiliados, obreros, dirigentes sindicales y democráticos”399.
La revista Futuro y la CTAL se convirtieron así en una plataforma solidaria;
desde estos espacios se configuró una campaña para proyectar la situación política
de Honduras y de Centroamérica. La CTAL y la Universidad Obrera, cumplieron
una función crucial en este sentido, “miles de folletos, libros, periódicos, hojas
volantes, fueron impresas por la CTAL y distribuidos a los trabajadores de América.
En los treinta y cuarenta, la CTAL, centró toda su actividad en la unidad, en la lucha
contra el fascismo y la guerra, sin abandonar la lucha que realizaban los pueblos en
contra de los dictadores”400.
[Link] La prensa opositora en Honduras
Desde México, las revistas Combate, En Marcha y Futuro comunicaron la situación
política de Centroamérica bajo las dictaduras. Estos medios escritos se convirtieron
es un espacio de solidaridad y de oposición. También en Honduras se aprovecharon
estos recursos de denuncia.
En general la oposición hondureña tanto desde su país de origen como desde
el país de acogida se sirvió de este recurso, motivo que llevó al exilio a algunos
periodistas. Peraza, exiliado hondureño en Guatemala comunicó a Heliodoro Valle
lo siguiente; “Don Vidal Mejía, director de El Norte, de San Pedro Sula, se encuentra
ya en Guatemala. Tuvo que salir huyendo de la persecución del gobierno. También
399
Ibidem. p. 198.
400
Lombardo, M. (edit.) (2009). Lombardo, la C.T.A.L. y los problemas de la clase trabajadora y los pueblos.
Homenaje a Vicente Lombardo Toledano en su XL aniversario luctuoso. México: Centro de Estudios
Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano. p. 241.
135
están en Guatemala los periodistas Víctor F. Ardón, director de El Libertador de
Comayagüela, y el director de Orientación de Tegucigalpa”401.
Según Heliodoro Valle la prensa de oposición debía cumplir con una función
orientadora, una labor sería, constructiva, cuando no servía a tal fin, criticaba sus
desaciertos “que procure dar al pueblo una verdadera orientación. Eso de lanzar
injurias y calumnias producirá a la larga un resultado desastroso”402. Para Valle, esta
era uno de los signos de la intransigencia de la oposición.
El mismo Zúñiga Huete atacó a Valle en sus escritos “es una lástima que los
liberales no hayan aprovechado la relativa libertad de imprenta, pues nada podrá
arreglarse con injurias y procacidades. Me sigue ofendiendo en sus escritos [Zúñiga
Huete]”403. Con esto Valle aludía a una propaganda mal dirigida, porque el uso de
lo impreso debía de estar dirigido a la orientación no a la división, que afectaba a
los proyectos opositores.
Para Valle la prensa debía crear opinión pública en momentos críticos, sin
caer en la injuria, desempeñando un rol de orientadora. Como estratega en estos
temas comentó: “me parece que es el momento admirable para seguir moviendo el
agua a través de la prensa en el Continente”404. La recomendación de Valle se daba
en el contexto de la actitud que había tomado la Asamblea de Panamá respecto a
las dictaduras y del gobierno de Guatemala; en este evento se pretendía anular y
revisar las concesiones otorgadas a las compañías extranjeras. En este sentido, los
temas de denuncias eran las dictaduras en sí y el intervencionismo económico. Pero
las gestiones de Valle iban más allá de lo escrito en el papel, “hablé con el actual
ministro de Relaciones Exteriores de Panamá, Dr. Ricardo Alfaro, en dos ocasiones,
401
Correspondencia de José Antonio Peraza a Rafael Heliodoro Valle, Guatemala, 30 de junio de 1946, ERHC,
caja 87, exp. 1510, doc. 7, folio 2.
402
Correspondencia de Rafael Heliodoro Valle a Andrés Alvarado Puerto, México, 9 de junio de 1946, ERHC,
caja 87, exp. 81.
403
Correspondencia de Rafael Heliodoro Valle a Venancio Callejas. México, 23 de mayo de 1946. ERHC, caja
23, exp. 355, doc. 30.
404
Correspondencia de Rafael Heliodoro Valle a Venancio Callejas, México, 7 de diciembre de 1945, ERHC,
caja 23, exp. 355, doc. 28, folio 1.
136
[…] su gobierno ha pedido que se haga una investigación respecto a los
dictadores”405.
La prensa en Honduras fue censurada desde inicios de la presidencia de
Carías Andino. En enero de 1934, el Congreso solicitó castigo al redactor de unas
críticas hacia los diputados, publicadas en El Espectador de la Ceiba406. En la
década de 1940, a criterio del ministro mexicano Armando Amador, la libertad de
prensa no existía. En la capital hondureña, solo se publicaban dos periódicos, La
Época y El cronista. El primero, periódico oficial “servilmente gobiernista”, en
palabras de Amador, y el segundo, independiente y “considerado de oposición, pero
nadie cree esto último leyendo su columna, pues se guarda bien de hacer crítica
directa a las autoridades”407. En San Pedro Sula, existía El Norte, otro diario servidor
y defensor de los intereses extranjeros.
Respecto a diario El Cronista, habría que matizar sobre su inclinación por el
régimen ya que en 1944 fue clausurado por el gobierno de Carías, por
considerársele enemigo del régimen. Ante esta situación se solidarizó el Grupo
América, autodenominada como Asociación Internacional de ideales americanos
con la Asociación de Periodistas de El Salvador. El maestro y periodista
nicaragüense, Juan Felipe Toruño, presidente del Grupo América, se dirigió a
Carías en estos términos “pedimos suprima orden que impide publicación de ‘El
Cronista’. Principios democráticos demandan actitudes libertarias en estos
momentos de justicia y derechos humanos”. Por su parte, Guillermo Machón,
secretario de la Asociación de Periodistas de El Salvador, se expresó como sigue,
“en nombre del ideal Panamericano y solidaridad del pensamiento libre del
Continente, pídele reaparezca ‘El Cronista’ y libertad de presos políticos”408.
Según un recorte anexo al informe de la Embajada de México en Honduras,
el conflicto de diario El Cronista con el gobierno de Carías se originó por la
405
Ibid.
406
Barahona, M. (2005). Honduras en el siglo XX. p. 101.
407
Ibid. En su primera etapa, se cataloga al “Cronista” como simpatizante de Carías. Véase Contreras, C. (2000).
Hacia la dictadura Cariísta: la campaña presidencial de 1932. Honduras: Editorial Iberoamericana. p. 9.
408
Oficio del embajador Muñoz Cota al secretario de Relaciones Exteriores de México, Tegucigalpa, Honduras,
17 de junio de 1944, AHGE-SRE. Exp. III-255-2. Sección anexos.
137
publicación de columnas dedicadas al derrocamiento o renuncia de algunos
presidentes de Latinoamérica y se le recriminaba por no reproducir notas sobre
atentados padecidos por estos presidentes y específicos al presidente Carías. El
diario oficial La Época comentaba, “aquí en Honduras, el quintacolumnismo en
acción, ni siquiera ha reprobado por ética o por humanidad o por cortesía, por
cálculo el atentado frustrado contra la vida del señor presidente de la República”409.
En primer lugar, El Cronista aducía desconocer sobre atentados a
presidentes de América Latina. Además, se negaba a dejar de publicar noticas
“sensacionales que interesan al público” pues trabajaría contra sus propios
intereses. Sobre el atentado al presidente Carías, el diario en mención justificaba
su silencio de esta manera “El Cronista, optó por guardar silencio, porque no
deseaba atraerse responsabilidad y precisamente por ética y por humanidad
respecto a las detenciones que pudiera llevarse a cabo, y las que de haber hecho
tales reproducciones [de notas de la prensa oficial], habría contribuido”410.
Partiendo de este caso, podemos apuntar algunos comentarios respecto a la
prensa de oposición. En primer lugar, esta prensa recibía ataques si no reproducía
notas acordes a la línea política de la prensa oficial, lo que según el gobierno de
Carías justificaba su censura. En segundo término, se percibe la solidaridad de la
prensa centroamericana. Y un tercer elemento a considerar es el distanciamiento
paulatino del régimen por parte del mismo diario El Cronista.
La aversión hacia este periódico también puede explicarse por un editorial
que el opositor liberal Alfredo Trejos Castillo divulgó en 1943 y que atacaba al
presidente nicaragüense por promover reforma a la Constitución de su país y al
gobierno de Honduras por la reelección, también denunciaba la situación de los
presos políticos. El régimen amparándose en el Estado de sitio, respondió con un
409
Oficio del embajador Muñoz Cota al secretario de Relaciones Exteriores de México, Tegucigalpa, Honduras,
3 de julio de 1944. AHGE-SER, exp. III-255-2. Sección anexos.
410
Ibid.
138
decreto de censura a la emisión de pensamiento por la prensa o cualquier otro
medio, como la correspondencia epistolar411.
La prensa de oposición en Honduras debía actuar bajo los preceptos de la
“Ley Fernanda”, aprobada por el Congreso Nacional el 7 de marzo de 1946,
nombrada así porque fue propuesta por el diputado nacionalista Fernando Zepeda.
Como una medida antitotalitaria y anticomunista, ésta contrarrestaría las actividades
disociadoras tanto de extranjero como de nacionales, quien violara sus preceptos
sería recluido. En ese mismo año en el país hondureño surgieron dos partidos
políticos, el Partido Democrático Hondureño (PDH), en San Pedro Sula y el Partido
Demócrata Revolucionario (PDR), en Tegucigalpa. Ambos se unificaron en 1947,
para formar el Partido Democrático Revolucionario Hondureño (PDRH) 412. Los
principios de estos partidos enfatizaban la necesidad de una democracia efectiva
en Honduras, la restauración de la producción nacional, la defensa de las
instituciones republicanas y el respeto a la Constitución. Además, consideraban
necesaria la unificación nacional, la oposición al caudillismo, el divisionismo y el
mesianismo -representado en Carías Andino y Zúñiga Huete- sin dejar de lado el
problema de la presencia del capital extranjero y la injerencia de Washington en los
destinos del país413.
Al calor de la emergencia de estos partidos, se fundó Vanguardia
Revolucionaria, como órgano oficial del PDH, en donde se abordaban los
fenómenos sociales, se exigía el respeto del pueblo hondureño, se criticaba los
atentados a los derechos democráticos y se esforzaba por promover nuevos
sistemas, ideas, prácticas e instituciones414.
El surgimiento de estos partidos de oposición fue aplaudido por los
hondureños que se encontraban en México y Centroamérica. Respecto al PDH,
Heliodoro Valle, manifestó “creo que los principios que sustenta son los que pueden
411
Embajada de México en Honduras, telegrama a la Secretaría de Relaciones Exteriores de México,
Tegucigalpa, Honduras, 11 de junio de 1943, AHGE-SRE, exp. III-246-2.
412
Argueta, M. (2016). Un desafío al tradicionalismo político: el PDRH (1946-1954). Honduras: Ediciones
Subirana. pp. 34-36.
413
Ibidem. pp. 36-38.
414
Argueta, M. (2016). Un desafío al tradicionalismo político. p. 53.
139
permitir la solución del problema”415. Sobre el órgano de difusión del partido,
expresó “los jóvenes en San Pedro Sula publican Vanguardia, podrían hacer mucho,
ojalá que se conduzcan con equilibrio y no vayan a ser víctimas de una agresión
que eche por tierra todo lo que han podido construir”416. Como hemos visto, Valle
siempre adoptó una postura sensata respecto a la propaganda política de la
oposición. Tácticamente no convenía la clausura de estos medios por lo que
consideró que las revistas y periódicos debían actuar lejos de las injurias y orientar
debidamente a la población.
La censura fue una constante en el régimen de Carías y como ha sostenido
Valle en algunas ocasiones la prensa, de oposición desaprovechó el poco margen
de libertad. Desde Centroamérica la opinión pública se generaba en condiciones
similares, a excepción de Costa Rica. Luego de la Caída de Martínez y Ubico, en El
Salvador y Guatemala, la oposición hondureña encontró un sutil apoyo, situación
que incomodaba a las autoridades hondureñas.
A la caída de Jorge Ubico en Guatemala, Juan José Arévalo asumió la
presidencia, una de sus iniciativas de fue el unionismo centroamericano, al que se
opuso la administración de Carías. Según Carlos Izaguirre, intelectual de la
dictadura, uno de los grandes motivos que sostenía esa oposición, era el contexto
convulso que imperaba en la región y la ausencia de medios de conciliación. El
indicador de esta situación eran las libertades de algunos países de Centroamérica
y el apoyo a la oposición: “la agitación en que está envuelta Centroamérica desde
el año anterior ha provocado distanciamientos y recelos entre los diferentes
gobiernos, motivados por la actitud agresiva de la prensa y por la conducta
observada entre los mismo gobiernos” 417. Izaguirre consideraba que los países
vecinos apoyaban a los movimientos revolucionarios que se dirigían contra
Honduras provocando allí resentimientos muy profundos.
415
Correspondencia de Rafael Heliodoro Valle a Venancio Callejas. México, 23 de mayo de 1946, ERHC, caja
23, exp. 355, doc. 30.
416
Correspondencia de Rafael Heliodoro a Antonio Peraza. México, 9 de enero de 1947, ERHC, caja 87, exp.
1510, doc. 11.
417
Correspondencia de Carlos Izaguirre a Rafael Heliodoro Valle. Tegucigalpa, Honduras, 8 de junio de 1945,
ERHC, caja 63, exp. 1080, doc.12, folio 1.
140
Antes estas condiciones de censura de pensamiento, la prensa de oposición
hondureña, actúo bajo los límites impuestos por el medio. Pero también desde el
exterior su actuación a veces poco definida era un síntoma de la división. Como
vimos, desde México, revistas como Combate y En Marcha, aprovecharon el
margen de libertad para establecer una plataforma de lucha en la que la prensa se
convirtió en medio de denuncia. Queda pendiente indagar de los apoyos materiales
a estos proyectos de divulgación, así como su circulación y recepción. De lo que si
daremos cuenta es la medida en que estos medios escritos se convirtieron en un
blanco de la vigilancia mexicana.
3.3.3 Entre la hospitalidad, la solidaridad y la vigilancia
La recepción de exiliados en México implicaba, según mandato constitucional, la
limitación de actividad política en el país receptor en cuanto ésta podría intentar
contra la tranquilidad del país de origen. En los trámites de asilo, el solicitante se
comprometía a cumplir tal prerrogativa. Las autoridades hondureñas se cercioraban
en que los exiliados en México se sujetaran a las limitaciones y, cuando no,
reclamaban al gobierno mexicano. En tal sentido era preciso vigilar las activades de
los exiliados418.
Uno de los organismos mexicanos de vigilancia era el Departamento
Confidencial, fundado por Plutarco Elías Calles en la década de 1920419. Ya para
1928, bajo el Gobierno de Cárdenas, mediante reglamento interno de la Secretaría
de Gobernación se comunicaron las atribuciones de la Oficina de Información
Política y Social que practicaría investigaciones sobre la situación política del país
y prestaría servicios a altos funcionarios de la Secretaría de Gobernación 420. En
agosto, la Oficina de Información Política pasó a denominarse Departamento de
Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS); ésta colaboró con otras naciones en
418
Véase Pablo Yankelevich, “Los Rostros De Jano: Vigilancia Y Control De Los Exiliados Latinoamericanos
En México (1960-1980)”. Estudios Interdisciplinarios De América Latina Y El Caribe, Vol. 30 No. 1. (2019),
125-157, [Link] Consultado el 9 de septiembre de 2019.
419
Valdez, C. (2021). Enemigos fueron todos: vigilancia y persecución política en el México posrevolucionario
(1924-1946). México: Bonilla Artigas Editores. p. 55.
420
Cáceres Parra, O. R. & Jasso López, L. C. (2021). Los servicios de inteligencia en México, ayer y hoy.
México: UNAM: p. 72.
141
materia de información estratégica y, al calor del contexto creado por la Segunda
Guerra Mundial, funcionó como “un servicio de inteligencia aplicado principalmente
al control de extranjeros sospechosos o simpatizantes de ser enemigos de la nación
o potencias aliadas”421.
Para tratar sobre la vigilancia hacia emigrados y exiliados hondureños
identificados con la oposición, presentaremos el caso del líder político liberal Zúñiga
Huete y del equipo encargado de las revistas Combate y En Marcha. La última,
órgano oficial del Comité Liberal Demócrata de Honduras en México, coordinado
por Huete, mientras que Combate, también era dirigida por hondureños. Como ya
hemos señalado, en ambas revistas el emigrado Jacobo Cárcamo desempeñaba
como jefe de redacción. Enfatizamos la vigilancia de que fueron objeto tanto Huete
como el equipo administrativo y editorial de las revistas.
José Ángel Zúñiga Huete, doctor en Leyes, periodista y político, nació el 4 de
junio de 1885 en el departamento de Francisco Morazán, Honduras. En 1919 se
adhirió a la candidatura presidencial de Rafael López Gutiérrez y junto con Manuel
Barahona se hizo responsable de la publicación del periódico El Constitucional,
órgano del Partido Liberal. Bajo la presidencia del Francisco Bográn, octubre de
1919 - febrero de 1920, Huete fue Encargado de Negocios en Nicaragua. También
se desempeñó como gobernador y comandante de armas de Tegucigalpa, ministro
de Gobernación, diputado del Congreso Federal y gobernador del Distrito Federal.
En 1930, fue postulado a la presidencia de Honduras contendiendo con la
candidatura de Tiburcio Carías Andino, quien resultó ganador. El 26 de noviembre
de 1932 emigró a Nicaragua y luego se trasladó a México donde vivió gran parte de
su exilio422.
En 1943, desde la Embajada de México en Honduras, reconocía que la paz
en el país se mantenía no por la falta de descontento, si no por el uso de la fuerza
máxima, las deportaciones y el encarcelamiento. Acerca de la oposición refería, “los
421
Ibid.
422
Ortez Turcios, A. (1997). Semblanzas de José Ángel Zúñiga Huete y de Froylán Turcios. En Partido Liberal
de Honduras, Concejo Central Ejecutivo, Pensamiento doctrinario de José Ángel Zúñiga Huete (85-167).
Honduras: Graficentro Editores.
142
enemigos políticos del régimen de mayor significación se encuentran fuera del país.
Uno de ellos, es Ángel Zúñiga Huete, vive en México desde hace varios años,
seguramente está a la espera de una oportunidad que le permita volver a la política
militante de su país, en la que figuró con brillo, durante los regímenes anteriores al
gobierno de Carías”423. Vemos aquí el reconocimiento del liderazgo de Huete y que
su actuación en la política nacional lo convirtió en un blanco de la dictadura.
En 1944 Huete fue requerido por el Departamento de Investigaciones
Políticas y Sociales (DIPS) de México, encargado de la vigilancia de individuos y
colectivos, incluyendo extranjeros. Ante el citatorio del DIPS, Huete respondió por
la vía escrita. En primer lugar, reconoció que se le había solicitado por su vinculación
con el Comité Liberal Demócrata de Honduras en México. El citado refirió que las
actividades del Comité eran lícitas y legales, tal como lo estipulaba la Constitución
mexicana, acatada y respetada por los integrantes de su organización424.
Huete señalaba otras agrupaciones españolas, centroamericanas,
sudamericanas y europeas en general que se habían constituido sin sufrir ningún
acto de cancelación o vigilancia por lo que no entendía la situación en la que se
encontraba el Comité. En su defensa además expresaba que otros centros políticos
similares al que dirigía no eran obstaculizados por lo que esperaba que su
organización no fuera discriminada425.
Ciertamente las diligencias investigativas del DIPS, respondían a una
solicitud del gobierno hondureño, que desde 1925 había realizado la primera gestión
“Doctor Huete, prominente hondureño de régimen caído ha salido de San Salvador
para México. Gobierno teme lleve intenciones de comprar armas. Se lo comunico
por si cree pertinente vigílesele”426. La comunicación fue transcrita a la Inspección
General de Policía para que ordenara la vigilancia427.
423
«Memorándum confidencial», 6 de noviembre de 1943, AHGE-SRE, exp. III-1964-1. p. 3 del memo.
424
Ángel Zúñiga Huete, declaración ante el Departamento de Investigaciones Políticas y Sociales, México, 14
de enero de 1944, AGN, caja 796, exp. 8, folio 1.
425
Ibid.
426
AGN, caja 206, exp. 6, folio 1.
427
Ibidem. Folio 2.
143
En noviembre de 1925, el Encargado de Negocios de Honduras brindó la
dirección del domicilio de Huete al jefe del Departamento Confidencial para que se
le advirtiera sobre su estadía en México, que era sujeta a la condición de “no
desarrollar actividades que puedan redundar en prejuicio de las relaciones de
México con Centroamérica”428. En octubre del mismo año, el jefe del DIPS solicitó
a un agente que visitara a Huete para que compareciera de inmediato ante el
Departamento429.
En diciembre, un agente comunicaba que Huete había salido del país hacia
El Salvador donde radicaría según información de su connacional Porfirio
Hernández y el Encargado de Negocio de Honduras430. Nuevamente en 1933, la
Legación de México en Honduras comunicaba la salida de Huete de este país hacia
México y que en compañía del aviador José Aguilar se había reunido con Matías
Oviedo con intenciones de “formar centro director de movimientos hostiles contra
este gobierno [Honduras]”, se solicita su vigilancia431.
Como vemos, hasta 1943, fecha del citatorio a Huete, en tres ocasiones se
denunciaron sus planes de “conspiración” y se procedió a su vigilancia. Lo que da
fe en primer lugar, de la colaboración del gobierno mexicano ante las demandas de
gobierno hondureño y, en segundo lugar, de lo que representó Huete en la política
nacional. A este personaje se le tenía en la mira, llevara o no a cabo sus planes. Al
menos en México, logró conformar el Comité Liberal Demócrata, una agrupación
que desde el exilio incomodó al régimen. Desde el destierro, Huete se dio la tarea
de escribir y divulgar manifiestos y otros textos en contra la dictadura432.
Otro colectivo, fue citado y vigilado por el DIPS de México. A inicios de 1948,
el embajador de Honduras en México entregó un memorándum que contenía
428
Ibidem. Folio 7.
429
Ibidem. Folio 8.
430
Ibidem. Folio 10.
431
Ibidem. Folio 13.
432
Entre sus escritos: “Ídolo desnudo”, publicado en México en 1939, en el que critica el texto “Biografía de
un hombre” una apologética de Carías; Un gobierno de facto ¿Por qué es inconstitucional el régimen que preside
Tiburcio Carías Andino, dictador de Honduras?”, publicado en 1943; “Carta Abierta a Tiburcio Carías Andino,
dictador de la República de Honduras”, publicada en 1943, en nombre de los integrantes del Comité Liberal,
solicita a Carías la dimisión del poder; “La Carta del Atlántico”, escrito de 1943 donde comenta el contenido la
Carta, publicada el 14 de agosto de 1941, esta se convirtió en base ideológica a la oposición.
144
información referente a Jorge Jirón Velázquez y Marco Antonio Estrada. También
se comunicaba que no existían antecedentes de Jacobo Cárcamo, Francisco
Hinestroza M. y Francisco G. Medina433. En este caso, se trataba del equipo
responsable de la revista En Marcha desde noviembre de 1947, órgano del Comité
Liberal Demócrata de Honduras en México.
El memorándum contiene detalles de la revista; Estrada funge como director,
Jirón subdirector, Cárcamo, jefe de redacción e Hinestroza su administrador y
enfatiza “las personas responsables de esos periódicos [En Marcha y Combate],
todos hondureños, abusan de la hospitalidad mexicana de que gozan, como
asilados políticos y estudiantes, dedicándose a actividades que le son
expresamente prohibidas por las leyes mexicanas”434.
En el extenso memorándum, el Embajador hondureño refiere que esas
publicaciones no contribuyen a relaciones cordiales entre los dos gobiernos y que
en nada colaboran al enaltecimiento de la patria hondureña y cierra “todos los
hondureños tendrán pleno derecho de hacer propaganda política sin restricción de
ninguna clase. Ya existen periódicos de la oposición dedicados a la propaganda
eleccionaria sin que se lo impidan las autoridades”435. Aquí dos actitudes de las
autoridades hondureñas, por una parte, se solicita la censura de En Marcha y, en
segundo lugar, también se presenta a una Honduras como un país en donde la
libertad de pensamiento e imprenta son garantías
Ante la diligencia del diplomático hondureño, el equipo de En Marcha fue
citado, compareciendo ante el DIPS el 14 de marzo de 1948. Todos se reportaron
a excepción de Jacobo Cárcamo, se les tomaron sus generales y una declaración
sobre los fines de las revistas y sus posturas políticas. Aceptaron formar parte de
En Marcha, reconocieron como su líder a Zúñiga Huete y confesaron ser opositores
433
Oficio de la Dirección general del Servicio Diplomático de México al secretario de Relaciones Exteriores,
México, 29 de enero de 1948, AGN, caja 796, exp. 8, folio 126.
434
Ibidem. Folio 127. Memorándum anexo.
435
Ibidem. Folio 128. Memorándum anexo.
145
al presidente hondureño Carías y sobre todo se comprometieron a suspender las
actividades periodísticas436.
Ese capítulo parecía cerrado, pero seis días después, En Marcha se dirigió a
la Secretaría de Gobernación. Ante este órgano, la revista se presentó como
representante y vocera del pueblo hondureño en el exterior, en un momento crítico
de la historia de Honduras. Bajo estos supuestos “sin tratar de rebelarnos contra las
autoridades mexicanas”, solicitaron el permiso para seguir publicando su periódico
437.
En este caso identificamos un patrón o constante en la actitud de defensa de
estos colectivos. En el caso de Huete, cuando se le requirió, señaló que otras
organizaciones políticas en México actuaban en libertad sin ser sujetas a vigilancia
y control. En el caso de En Marcha, sus integrantes recurrieron al mismo argumento,
comentando que la Unión Democrática Centroamericana imprimía libremente el
periódico América Libre, “que atacaba no solo una dictadura, si no a las cuatro que,
por aquellos años, sojuzgaban al istmo centroamericano”438.
Es así como En Marcha acudía a los antecedentes y la libertad de estas
organizaciones para proteger su actuación política. En su defensa también
comentaron sobre la revista “Caribe” órgano opositor al dictador de Santo Domingo
Rafael Leónidas Trujillo y “determinados periódicos mexicanos como la revista
Todo, hacen propaganda favorable a la despótica tiranía cariísta, sin considerar que
esto perjudica al sentir democrático y de justicia que reclama el pueblo
hondureño”439.
De esta manera El Comité Liberal Demócrata de Honduras y su órgano En
Marcha, contrarrestaban el argumento de las autoridades hondureñas, con relación
a que sus actividades perjudicaban las relaciones entre México y Honduras.
También apelaban a los principios libertarios y democráticos que en la Constitución
436
Informe del Departamento de Investigaciones Políticas y Sociales, AGN, caja 796, exp. 8, folio 138.
437
AGN, caja 796, exp. 8, folio 146.
438
Ibidem. Folio 147.
439
Ibidem. Folio 148.
146
mexicana sustentaban la inviolabilidad del derecho a escribir y publicar y el derecho
a la libertad de prensa.
CONSIDERACIONES FINALES
Esta investigación parte de tres niveles de análisis, el país expulsor, Honduras; los
países de tránsito, Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua,
respectivamente y el país receptor, México.
En el primer capítulo, hemos presentado el contexto represivo de la
administración del presidente hondureño Tiburcio Carías Andino. Tomando en
cuenta que para al análisis del exilio es pertinente presentar las condiciones que lo
generaron. Es capital demostrar que la disidencia política fue perseguida,
encarcelada y desterrada. Partiendo de la vigilancia en la que la Policía Secreta de
Carías fue clave, dimos cuenta de una matriz político-punitiva que estableció
mecanismos de hostigamiento, persecución, censura y espionaje, todo con la
finalidad de inmovilizar a la oposición.
Sobre los países de tránsito, tratados en el segundo capítulo, hemos
apuntado que, se presentaron como una oportunidad para fraguar planes en contra
de Carías. Sin embargo, la oposición hondureña encontró un clima hostil. Aun en
este panorama sus intentos de entradas armadas a Honduras fueron recurrentes.
Por su parte, los dictadores de la región aprovecharon la condición de perseguidos
de los opositores y negociaron asuntos pendientes con los países vecinos,
delimitaciones territoriales y asuntos comerciales, por ejemplo. A pesar de existir
fricciones políticas entre los gobernantes centroamericanos, les unía una finalidad:
contener a la oposición. Por el otro lado, a la disidencia política se le identificaba
con un proyecto: derrocar a los dictadores. Sobre esto último, queda abierta la
pregunta acerca de la colaboración entre opositores centroamericanos, apoyo
material y/o de otra índole. Un estudio comparado, permitiría ver hasta qué punto
actuaron en red o si existió una red opositora y su contraparte una red de dictadores
El segundo capítulo también presentó algunos rasgos del exilio
centroamericano en México. En un interno de enmarcar al exilio hondureño en un
147
contexto más amplio, referimos a los mecanismos de que se sirvieron los
nicaragüenses, salvadoreños y guatemaltecos para denunciar la situación de sus
países de origen, lo que nos dio pistas para ver las plataformas que utilizó la
oposición hondureña.
En el tercer capítulo abordamos el exilio hondureño en México. Iniciamos con
un acercamiento a la política de asilo de este país y pudimos comprobar que en
muchas ocasiones los agentes diplomáticos asignados a la representación en
Honduras rompieron los protocolos establecidos para auxiliar a los opositores
perseguidos, hasta arriesgar en primer lugar sus asignaciones como también
tensionar las relaciones entre ambos países. Podemos plantear que los Encargados
de Negocios y Embajadores, en varias ocasiones actuaron al margen de lo
estipulado por la política exterior mexicana. Señal de esto, fueron los reclamos
realizados por Relaciones Exteriores de México. En este sentido, a nivel
centroamericano se pasó del recelo hasta una campaña antimexicana que señalaba
a los diplomáticos como agentes de propaganda comunista. Este aspecto, abre
preguntas respecto a otras expresiones de antimexicanismo en Centroamérica.
México ha tenido una cercanía política hacia la región centroamericana y
hondureña440, pero convendría ver por qué a pesar de las misiones culturales y de
otra índole, se gestó este sentimiento antimexicanista. Para nuestro periodo y tema
de estudio, las diligencias de apoyo y solidaridad hacia los hondureños perseguidos
explican el recelo hacia México, pero la inquietud se puede aplicar a otros periodos.
Todo lo dicho sin dejar de considerar la presencia estadounidense en la región como
elemento que pudo convertirse en competidor político y diplomático de México.
Pareciera que los dictadores de Centroamérica se dieron la tarea de hostilizar a los
agentes diplomáticos, como hemos visto en el caso de Honduras, Carías y sus
funcionarios estructuraron una campaña antiasilo y señalaron a los embajadores
como enemigos de la tranquilidad y colaboradores de la oposición.
440
En este sentido es sugerente la investigación de Santana, A. (1999). Honduras-México: una relación
horizontal. Honduras: Ediciones Subirana.
148
Por otra parte, para la campaña de denuncia antidictatorial orquestada por la
oposición hondureña desde México, fue crucial en primer lugar la asociación de
emigrados y exiliados, el encuentro y concierto de connacionales; y éstos también
consideraron necesaria la conexión con sus compatriotas disgregados por
Centroamérica. La creación paralela e interacción entre organizaciones políticas es
el mejor ejemplo y es aquí en donde cada exiliado hondureño en la región
centroamericana cumplía una función de informante. Cada dirigente de estos
colectivos estaba en constante comunicación con los líderes establecidos en México
y servía de apoyo moral y concreto, para algunos planes revolucionarios que
proyectaban que estos exiliados se unieran a las invasiones armadas organizadas
desde México. Los hondureños en Centroamérica también apoyaban la circulación
de los medios de difusión y divulgación enviados desde el exilio; manifiestos, hojas
volantes, correspondencias, entre otros. En tiempos de comunicaciones lentas y
peligros de censura, era clave asegurar que la comunicación llegar al lugar de
destino.
La oposición hondureña en México, también se sirvió de un contexto
favorable en temas de organización. La identificación de principios y fines políticos
con instituciones como la Unión Democrática Centroamericana, le permitió formar
parte de una amplia comunidad política. Es así como los hondureños construyeron
una red de solidaridad, pues se encontraron con organizaciones que por sus ideales
simpatizaban con sus demandas. En este caso la Confederación de Trabajadores
de América Latina, bajo la dirección de Vicente Lombardo Toledano, como brazo de
apoyo, se sumó a la campaña de la oposición hondureña.
Los opositores consideraron que era clave proyectar la situación política de
Honduras a otras latitudes. Siendo Rafael Heliodoro Valle uno de los estrategas en
materia de generación de opinión pública, constantemente enfatizó la necesidad de
utilizar la prensa para estos fines. En Honduras, bajo condiciones de censura,
difícilmente se podía crear una propaganda que aprovechara estas instancias. Es
así como se aprovechó de la libertad que garantizaba México para dar vuelo a una
campaña de denuncia antidictatorial. Las revistas En Marcha y Combate
representaron este esfuerzo. Este proyecto periodístico constituye un gran ejemplo
149
de cómo los emigrados llegaron a identificarse con los programas políticos de
aquellos hondureños que llegaron en calidad de exiliados. Estas revistas atacaron
directamente a Carías y una señal de que llegó a incomodar al régimen fueron las
gestiones del gobierno hondureño para que sus dirigentes fueran vigilados y
posteriormente cerradas las revistas; solicitudes que las autoridades mexicanas
atendieron con diligencia.
Considerar la vigilancia al equipo administrador y editorial de las revistas y,
al mismo exiliado Ángel Zúñiga Huete, nos permitió abordar esa condición propia
del país receptor: que los exiliados no se inmiscuyeran en la política interna y
externa. Las instituciones mexicanas de inteligencia vigilaron a Huete y los citaron,
por primera vez en 1925, luego en 1933 y finalmente en 1943. Lo que nos permite
concluir que, respecto a los perseguidos y exiliados hondureños, México fue
solidario, lo que tiene su correlato en las diligencias diplomáticas; hospitalario, signo
de ello es la acogida en tierras mexicanas; pero también representó, con la
vigilancia, un obstáculo para los planes de la oposición.
Como en toda investigación, quedan muchas interrogantes. Por ejemplo,
sobre la integración de este colectivo hondureño en la sociedad mexicana, en lo
laboral, académico, cultural, etc. Al tratar el periodismo de oposición, también
surgen pistas para investigar a otros profesionistas, médicos, profesores, y
escritores, lo que permitiría construir perfiles colectivos e individuales. La prensa de
oposición en el exilio también sugiere inquietudes a cerca de la circulación de estas
revistas, su recepción y su producción material.
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