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27 en Pos de Dios

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DEVOCIONALES AYUNO DE 40 DÍAS: DE LUNES A DOMINGO

SERIE: INTIMIDAD Y AVIVAMIENTO


DÍA 27
EN POS DE DIOS

La expresión “en pos de” significa “en busca de”. Hoy hablaremos de buscar a Dios, porque cuando se trata de la vida
cristiana, la columna vertebral para el cristiano es y debe ser la intimidad con Dios. ¡No es el servicio! ¡No es tu hacer!
Y tampoco es conocimiento, porque esta es una teología del corazón, no de la cabeza.

Como ministros de Dios, pero aún más como adoradores, la búsqueda de la Presencia de Dios no es sólo algo clave o
vital: ¡Lo es todo!

Y esto necesitamos que se aprenda, se encienda, se reavive: ¡Que se despierte en nosotros el deseo de conocer las
realidades espirituales, de conocerlo a Dios! No podemos contentarnos con simples “interpretaciones” de la Palabra de
Dios. ¡Debemos anhelarlo a Él!

En la iglesia de Cristo hace falta la Presencia misma de Dios. Faltan hombres y mujeres que la busquen, corazones
verdaderamente sedientos de Él que no están contentos hasta que no beben de la fuente de agua viva.

Las almas no se alimentan sólo de palabras, sino de Dios. Y mientras los creyentes no encuentren al Señor a través de
una experiencia personal, las verdades que escuchan no los transformarán realmente. Leer y enseñar la Biblia no es un
fin en sí mismo, sino el medio para que lleguemos a conocer a Dios.

DIOS ES EL INICIADOR

Antes de que el hombre busque a Dios, Dios está buscándole. Antes que el hombre pueda pensar bien acerca de Dios,
debe haber en él una iluminación interior. ¡Buscamos a Dios porque Él ha puesto en nosotros el deseo de ir a Él!

“Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió…” Juan 6:44 LBLA.

“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” 1 Juan 4:19 RV60.

Dios siempre toma la iniciativa… Pero, en la práctica, el hombre debe salir en busca de Dios. Debe haber -de nuestra
parte- una respuesta recíproca a la atracción de Dios, si queremos disfrutar de la experiencia.

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,


Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;
¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” Salmo 42:1-2 RV1960.

La palabra “bramar” significa dar bramidos. Es el sonido de gemido que emiten los animales para expresar su angustia,
su desesperación, su necesidad…

En el Salmo 42 observamos un profundo llamado hacia lo profundo. ¡Así suena el corazón anhelante!

De la misma manera que el hombre de la ciencia moderna ha perdido a Dios entre las maravillas de Su mundo, los
cristianos corremos peligro de perder a Dios entre las maravillas de Su Palabra. Incluso leer la Biblia puede convertirse
en una práctica mecánica que tal vez aumenta el conocimiento, pero no nuestra experiencia. ¡La experiencia es el
encuentro con el Dios vivo de la Presencia manifiesta!

Nos hemos olvidado de que Dios es Persona. Y saben, es diferente conocer DE alguien que conocer A alguien. Y es
diferente CONOCER a alguien que TENER AMISTAD con alguien. ¡Es otro nivel de relación! Y AMISTAD es el nivel más
alto de relación e intimidad con Dios.

¿Y cómo llegamos ahí? Dios, para darse a conocer a nosotros, se nos presenta como una Persona. Por lo tanto, se puede
cultivar amistad con Él. No es posible conocer a alguien a través de un solo encuentro. Sólo al cabo de un prolongado
trato, compañerismo, relación y comunión, es que se logra ese pleno conocimiento, el desarrollo de esa amistad.

Dios es Persona y, en las profundidades de su poderosa naturaleza, Él piensa, tiene deseos, goces, sentimientos, amor,
etc., como puede tenerlos cualquier otra persona. Él se comunica con nosotros por medio de la mente, la voluntad o
nuestras emociones. Y ese intercambio ininterrumpido de amor y pensamiento entre el Señor y Sus hijos es la intención
del diseño de Dios desde el inicio.

Habiendo sido hechos a imagen suya, tenemos la facultad de conocerle. Cuando estamos en pecado, carecemos de ese
poder. Mas cuando el Espíritu nos da vida en la regeneración, cuando nacemos de nuevo, todo nuestro ser siente el
parentesco con Dios. Y esa facultad de conocerle se restaura.

Pero la regeneración o nuevo nacimiento no es el fin del proceso, sino simplemente el principio. No es que ya
encontramos a Dios en nuestra vida y se acaba. Es paradójico: ¡El haber hallado a Dios es, en realidad, para seguir
buscándole!

Ahí inicia la exploración. Y nadie puede decir dónde termina, porque es una búsqueda de las riquezas de Dios, de Él
mismo, quien es infinito. Una búsqueda de las misteriosas profundidades del Dios Trino y único que no tiene fin, como
un mar sin límites.

TALLER DE VIDA

1. Tu lectura de la Biblia, ¿te permitió tener un encuentro con el Dios vivo? ¿De qué manera?

2. ¿Crees que conoces a Dios? ¿Cuánto?

3. Este año, ¿te conformaste con lo que ya sabías de Él o avanzaste en tu intimidad?

4. ¿Tienes necesidad del Señor? ¿Lo buscas por Él mismo y no por lo que te puede dar o por lo que te prometió?

5. ¿Anhelas pasar tiempo con Él? ¿Deseas -con desesperación- escuchar Su voz, conocer lo que hay en Su corazón?

6. ¿Cuánto verdaderamente lo buscas cada día? ¿Qué sacrificio haces por estar con Él?

ORACIÓN

• Para que cada cristiano llegue a tener amistad profunda e íntima con Dios.

¿QUÉ NOS IMPIDE IR EN POS DEL SEÑOR?

1. La carencia de un deseo vivo de Dios

Es la carencia de ese deseo, de esa hambre, lo que produjo en nosotros, en la Iglesia de Cristo, la actual situación de
desgano, tibieza y desinterés.

Los enemigos del crecimiento espiritual se levantaron con fuerza y son:

• La vida religiosa, fría, mecánica.


• El mucho HACER y DECIR, pero poco SER.
• Nuestra propia complacencia.

Y si no sentimos deseos vivos de verle, Cristo nunca se manifestará a Su pueblo. ¡Él quiere que lo deseemos!

En la Biblia hay varios ejemplos de hombres y mujeres que imploraban Su presencia, que tenían ansias de Dios y le
buscaban día y noche.

Moisés es uno de ellos. Él ya conocía a Dios. Sin embargo, eso no le impidió hacerle un pedido: ¡Conocerlo más!

“Si es cierto que me miras con buenos ojos, permíteme conocer tus caminos, para que pueda comprenderte más a fondo
y siga gozando de tu favor. Y recuerda que esta nación es tu propio pueblo” Éxodo 33:13 NTV.

A Dios le agradó tanto ese despliegue de de anhelo por Él, que le ordenó a Moisés que subiera al monte. ¡Y allá le hizo
ver toda Su gloria!

David también fue un torrente de deseos espirituales y en sus salmos abundan los clamores del que busca… Y las
exclamaciones del que encuentra:

“Dios, Dios mío eres tú;


De madrugada te buscaré;
Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,
En tierra seca y árida donde no hay aguas,
Para ver tu poder y tu gloria,
Así como te he mirado en el santuario.
Porque mejor es tu misericordia que la vida;
Mis labios te alabarán.
Está mi alma apegada a ti;
Tu diestra me ha sostenido” Salmos 63:1-3, 8 RV60.

En el Nuevo Testamento encontramos a Pablo quien afirma que el deseo más grande de su corazón era hallar a Cristo:

“Es más, todo lo considero una pérdida comparado con el supremo valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo
he perdido todo y lo considero basura, con tal de ganar a Cristo” Filipenses 3:8 NBV.

“Me decidí más bien, estando entre ustedes, a no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo y de este crucificado” 1
Corintios 2:2 NVI.

2. La mala costumbre de buscar a Dios junto con otras cosas

Esta pésima costumbre nos impide hallarle a Él mismo y que nos revele toda Su plenitud. En esos EXTRAS está el
problema.

La realidad es que, si dejamos esa vana búsqueda adicional, ¡muy pronto encontraremos a Dios! Y es probable que en
Él hallemos todo lo que deseamos con ansias.

Lo que Él quiere es la sencillez. Que lo busquemos con corazón humilde y sincero… Buscarlo a Él y no a sus dones o
bendiciones.

“Porque yo conozco los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a
fin de darles un futuro y una esperanza.
Entonces ustedes me invocarán, vendrán a suplicarme y yo los escucharé.
Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón.
Me dejaré encontrar —afirma el Señor—…” Jeremías 29:11-14 NVI.

Cuando Dios dividió la tierra de Canaán entre las tribus de Israel, la tribu de Leví no recibió ninguna porción. Los levitas
se encargarían de todo lo relacionado con el tabernáculo y, después, con el Templo. Ellos eran los únicos consagrados
y estaban a cargo de la adoración, las alabanzas, las ofrendas, los sacrificios a Dios...

¿Por qué Dios no les dio nada? Porque Él tenía algo mejor para ellos cuando les dijo: “Yo soy su parte y su heredad”.

“…En Israel, todas las tribus han recibido como herencia su propio territorio. Pero a los descendientes de Leví no les daré
ningún territorio, pues yo seré su única herencia” Números 18:20 TLA.

“El SEÑOR dijo a Aarón: «Tú no tendrás herencia en el país, tampoco recibirás ninguna porción de tierra, porque yo soy
tu porción; yo soy tu herencia entre los israelitas” (NVI).

El hombre que tiene a Dios por su posesión, ¡tiene todo lo que necesita! A él no le falta nada.

TALLER DE VIDA

1. En tu relación con el Señor ¿caíste en el desgano, la tibieza y el desinterés? ¿Qué sucedió?

2. Lee, de nuevo, quiénes son los enemigos del crecimiento espiritual. ¿Alguno de ellos prevaleció contra ti? ¿Por qué?

3. Si tienes un deseo vivo de Dios, escribe 3 oraciones donde le expreses -con sinceridad- tus sentimientos por Él.

4. ¿Alguna vez buscaste al Señor junto con otras cosas? ¿Con qué? ¿Qué resultado obtuviste?

5. ¿Experimentaste un encuentro genuino con Dios después de ir tras Él con un corazón humilde y sencillo? ¿Qué pasó?

6. En cierto momento, ¿no recibiste lo que esperabas de parte del Señor, pero después llegó algo mejor para ti? Relata
lo que viviste.

ORACIÓN

¡Oh Dios! He probado tus bondades y a la par que ellas me han satisfecho, me dejaron muy sediento.
Reconozco que necesito más y más gracia. Estoy avergonzado por mi falta de interés en ti.
Oh Señor, quiero tener más vivos deseos de ti. Anhelo que me llenes de esos deseos.
¡Quiero que me des más hambre y sed de ti!
Te ruego que me hagas ver tu gloria, para que pueda conocerte mejor.
Comienza dentro de mí una nueva obra de amor. Dile a mi alma: “¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven
conmigo!” (Cantares 2:10 LBLA).

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