La Guerra Espiritual
Hermanos y hermanas en Cristo, hoy nos reunimos para hablar de un
tema crucial en nuestra vida cristiana: la guerra espiritual. La Escritura
nos enseña que nuestra lucha no es contra carne y sangre, sino contra
principados, potestades y fuerzas espirituales de maldad en las
regiones celestes (Efesios 6:12). En este contexto, quiero compartir
con vosotros cómo podemos enfrentar y vencer en esta batalla
espiritual.
1. Reconociendo la Realidad de la
Guerra Espiritual
La primera clave es reconocer que estamos en medio de una guerra
espiritual. Muchas veces, vivimos nuestras vidas sin ser conscientes de
las fuerzas espirituales que nos rodean. Satanás, el enemigo de
nuestras almas, trabaja incansablemente para alejarnos de Dios y
destruir nuestra fe.
Versículo: 1 Pedro 5:8 dice: “Sed sobrios y velad; porque vuestro
adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a
quien devorar.”
2. Equipándonos con la Armadura de
Dios
Para enfrentar esta guerra, Dios nos ha provisto de una armadura espiritual
descrita en Efesios 6:13-18. Cada pieza de esta armadura es esencial para
nuestra protección y victoria.
El Cinturón de la Verdad: La verdad de Dios nos sostiene y nos
mantiene firmes contra las mentiras del enemigo.
La Coraza de Justicia: La justicia de Cristo nos protege el corazón y nos
hace justos ante Dios.
El Calzado del Evangelio de la Paz: Nos prepara para llevar el mensaje
de salvación a todos.
El Escudo de la Fe: Con él, podemos apagar los dardos de fuego del
maligno.
El Yelmo de la Salvación: Protege nuestra mente y nos da la seguridad
de nuestra salvación.
La Espada del Espíritu: La Palabra de Dios es nuestra arma ofensiva
contra las mentiras y ataques del enemigo.
Oración: La oración en todo momento y por todos los santos es
fundamental para mantenernos fuertes y en comunicación con Dios.
Versículo: Efesios 6:13-18 dice: “Por tanto, tomad toda la armadura de
Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar
firmes.”
3. Conociendo y Usando la Palabra de
Dios
La Palabra de Dios es viva y poderosa. Conocerla y usarla es esencial para nuestra
victoria en la guerra espiritual. Jesús mismo usó la Escritura para resistir las
tentaciones de Satanás en el desierto (Mateo 4:1-11).
Versículo: Hebreos 4:12 dice: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más
cortante que toda espada de dos filos.”
4. Permaneciendo en la Oración y
Vigilancia
La oración es nuestra línea directa con Dios. Nos fortalece, nos guía y nos
protege. Además, debemos mantenernos vigilantes, discerniendo los
ataques del enemigo y respondiendo con la sabiduría y la fuerza que el
Espíritu Santo nos da.
Versículo: 1 Tesalonicenses 5:17 dice: “Orad sin cesar.”
5. Viviendo en Comunidad y Apoyo
Mutuo
No estamos solos en esta batalla. Dios nos ha dado una familia espiritual, la
iglesia, para que nos apoyemos y alentemos mutuamente. Juntos, somos
más fuertes y podemos resistir los ataques del enemigo.
Versículo: Hebreos 10:24-25 dice: “Y considerémonos unos a otros para
estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos,
como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más,
cuanto veis que aquel día se acerca.”
Queridos hermanos, la guerra espiritual es real y constante, pero no debemos temer. Dios nos ha
equipado con todo lo necesario para vencer. Mantengámonos firmes en la fe, revestidos de la
armadura de Dios, orando en todo tiempo y apoyándonos mutuamente. Recordemos siempre que,
en Cristo, somos más que vencedores (Romanos 8:37).
Que Dios nos bendiga y nos fortalezca en esta batalla espiritual. Amén.
Hay cuatro cosas que necesitamos hacer cuando estamos enfrentando una guerra
espiritual en nuestras vidas:
1. Reconocer al adversario. Satanás es real (1 Pedro 5:8-9). ¿Por qué
enviaría Dios a su Hijo a pelear con alguien que no existe? La Biblia dice en 1
Juan 3:8, “… pero el Hijo de Dios vino para destruir las obras del
diablo” (NTV). Cuando eres atacado, es una prueba de que eres un creyente.
Entre más impacto para Dios haces, más te ataca el diablo. Nunca lo
superas; solo se vuelve más intenso.
2. Aceptar la autoridad dada por Dios. La mayoría de los creyentes no
entienden sobre la autoridad que han recibido contra el diablo. Mateo 28:18-
19 “Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: ―Se me ha dado toda
autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de
todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo” (NVI).
3. Ponerte la armadura de Dios. Cuando Pablo escribió sobre toda la
armadura de Dios en Efesios 6:11-17, él estaba en prisión encadenado a un
guardia romano. Pablo usó el centurión romano como un modelo para la
armadura espiritual. Pablo dijo que al igual que un soldado romano estaba
apropiadamente vestido para la batalla, así nosotros necesitamos estar
vestidos para la batalla. Por ejemplo, a menudo oro: “Señor, me pongo el
casco de la salvación que me protegerá de los pensamientos que el maligno
intentará mandarme. No quiero tener malos pensamientos. No quiero tener
mis pensamientos. Quiero tener tus pensamientos, para poder ser una voz
tuya. Me visto el cinturón de la verdad. Señor, quiero compartir la verdad, no
la falsedad. Quiero guiar a las personas a la justicia”.
4. Apuntar la artillería. El campo de batalla para la guerra espiritual está
principalmente en tu mente. (2 Corintios 10:4-5). Las armas que Dios te da
para destruir los argumentos son humildad, fe, verdad y la alabanza. ¡Lleva
cautivo todo pensamiento!