0% encontró este documento útil (0 votos)
20 vistas23 páginas

Ould Cheikh

Cargado por

Laura Feliu
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
20 vistas23 páginas

Ould Cheikh

Cargado por

Laura Feliu
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

“Vanguardia”, programa disponible...

, busque “proletariado”
Los kadihin de Mauritania en la década de 1970

Abdel Wedoud ould Cheikh


Profesor emérito, Université de Lorraine

Introducción

El territorio de Mauritania fue conquistado por Francia entre 1902 y 1909, a pesar de
que la estabilización de la ocupación tuvo que hacer frente a diversas acciones de
resistencia armada hasta 1934. Este territorio estaba poblado principalmente por
nómadas, que se desplazaban con sus rebaños por vastas zonas desérticas y
semidesérticas. El control de esta región, que a lo largo de los siglos XVIII y XIX
presentó un cierto atractivo económico, sobre todo a causa de la goma arábiga de sus
poblaciones de acacias (Webb, 1995), tenía sobre todo un interés profiláctico para los
colonizadores, que querían proteger las zonas sudanesas "útiles" (Senegal, Malí, etc.) de
las depredaciones de los pastores con fama de salteadores, reacios a someterse a
cualquier autoridad administrativa. Administrada desde San Luís, en Senegal, y
compartiendo con este último país la mayoría de los servicios administrativos
establecidos por la colonización, Mauritania se benefició del paquete de independencia
concedido por Francia en 1960 a sus antiguas posesiones en el África Occidental
Francesa (AOF). Sin embargo, los primeros años de esta independencia supervisada van
a quedar marcados por una creciente incorporación al regazo económico del antiguo
colonizador, en particular a través de la compañía Minas de Hierro de Mauritania
(Mines de Fer de la Mauritanie, MIFERMA en sus siglas en francés), que contaba con
una mayoría de capital francés. Sin embargo, la situación nacional e internacional de la
década de 1960 favoreció la aparición de un vigoroso movimiento de contestación de lo
que sus principales líderes -conocidos como los kadihin (“trabajadores”, “proletarios”)-
llamaban el “orden neocolonial”, simbolizado, entre otras cosas, por el poder de
MIFERMA. En la siguiente exposición, ofreceré primero algunas indicaciones sobre el
contexto social que vio nacer las movilizaciones colectivas de la década de 1960 en
Mauritania antes de presentar brevemente la MIFERMA, para pasar a continuación al
movimiento de los kadihin, cuya agitación no fue ajena a la nacionalización de esta
empresa en 19741.
1
Una aclaración introductoria sobre las fuentes de este texto: como joven estudiante de la época, fui un
compañero de viaje no muy activo en el movimiento de los kādiḥīn, del tipo que los militantes veteranos
llaman “idiotas útiles”. Como tal, estaba algo familiarizado con la literatura del movimiento -
generalmente folletos y libelos ciclostilados, distribuidos bajo mano-, cuyos elementos encontré en mis
archivos personales o en los de amigos que gravitaban en su esfera (gracias en particular a Mohamed Fall
ould Bah). Estos documentos proporcionan algunas de las fuentes para mi discusión. También utilizaré
ampliamente el libro de Pierre Bonte, La Montagne de fer, París, Karthala, 2001, dedicado a la historia de
MIFERMA/SNIM. Además de haber participado, junto a Pierre Bonte, en las encuestas realizadas en
Una sociedad rural convulsa

La colonización tardía y relativamente breve de Mauritania -unos cincuenta años...- sólo


tuvo un impacto social limitado. Las estructuras de las sociedades precoloniales,
basadas en un sistema de órdenes (Ould Cheikh, 2017) -que a veces se ha comparado
con las castas-, y de tribus (qabila, pl. qaba'il), articulado en torno a lo que Ibn Ḫaldūn
denominó la ‛assabiyya, el “esprit de corps” (el principio de la solidaridad agnática),
con una base genealógica, continuaron, incluso a la sombra de la colonización,
organizando las solidaridades de proximidad que regían el orden de cosas precolonial.
Incluso la esclavitud, cuya erradicación fue una de las legitimaciones morales de la
colonización, perduró con intensidad bajo su égida.

La independencia concedida por Francia a Mauritania no agradó a las autoridades


marroquíes, ellas mismas emancipadas en fechas recientes (1956) de la tutela francesa,
de manera que no les importó orientar las energías de un "Ejército de Liberación"
(Jaysh al-Taḥrir), un actor importante en la lucha por la independencia que podía
resultar incómodo una vez adquirida la soberanía, hacia los confines meridionales de su
país.

De hecho, en 1955, 'Allāl al-Fāsī, líder del partido Istiqlal, en el exilio en El Cairo,
formuló con entusiasmo la idea de un “Gran Marruecos”, según el cual “… las fronteras
«históricas y naturales» del imperio jerifiano se extenderían hasta Senegal y Níger,
abarcando así no sólo las regiones de Colomb-Béchar, Tinduf y Mauritania, sino la
totalidad de las posesiones españolas del Sáhara” (De La Serre, 1966: 320). Adoptada
progresivamente por las autoridades oficiales del reino de Marruecos, esta
reivindicación fue desarrollada y sistematizada en un Libro Blanco hecho público por el
gobierno marroquí el 4 de noviembre de 1960, al que la administración autónoma
mauritana, en proceso de constitución, respondió con una publicación titulada La
República Islámica de Mauritania y el Reino de Marruecos (1960).

Por otra parte, la reivindicación de Marruecos sobre el territorio mauritano no se


limitará a las campañas de prensa y a un activismo diplomático destinado a bloquear el
camino hacia el reconocimiento internacional del joven estado saharo-saheliano.
También tendrá, en ocasiones, veleidades militares. La estrategia marroquí pudo
asimismo contar con el apoyo de algunas figuras políticas mauritanas que optaron por
respaldar la tesis imperial. Entre ellos se encontraba Aḥmadu wuld Ḥurma wuld Babāna
1999-2000, que proporcionaron una parte importante del material de base de este libro, éste tiene la gran
ventaja de haber sido escrito por un autor -Pierre Bonte- que pudo comparar el fruto de una investigación
exhaustiva que había realizado sobre el terreno treinta años antes (1969-71) con la situación que
observamos juntos en 2000. P. Bonte dio cuenta de las lecciones antropológicas de esta "vuelta al campo"
en: P. Bonte, "Trente ans après. De la MIFERMA à la SNIM...", en O. Leservoisier (ed.), Terrains
ethnographiques et hiérarchies sociales, París, Karthala, 2005, pp. 259-28.
(fallecido en 1979), antiguo diputado del parlamento francés que no consiguió ser
reelegido en dos ocasiones (1951, 1956) y que optó, en 1956, por unirse a Marruecos.
Contaban igualmente con el emir de Trarza, Muḥammad Vāl wuld 'Umayr (fallecido en
1965), así como con dos miembros del Consejo de Gobierno de la República Islámica
de Mauritania en proceso de independencia, ad-Day wuld Sīdi Bāba (fallecido en 1992)
y Muḥamd al-Muḫtār wuld ab-Bāh; los tres llegaron a Marruecos el 28 de marzo de
1958. Muḥamd Aḥmad wuld at-Taqī, expresidente de la Asociación de la Juventud
Mauritana, también estuvo entre los que se unieron a Marruecos, junto con los dos
ministros del partido Entente Mauritanienne de Ḥurma, que eran Wuld Sīdi Bāba y
Wuld ab-Bāh (Ould Daddah, 2003: 162).

En el plano militar, y al margen de algunos ataques puntuales, la expansión marroquí


hacia Mauritania se basó en los elementos del Jaysh al-Tahrir. Esta milicia algo dispar,
que se reclutaba principalmente entre las tribus del Sáhara bajo ocupación española
(Marchesin, 1992: 99), y que había permitido a Marruecos recuperar la provincia de
Tarfaya, se había incorporado en parte a las FAR (Fuerzas Armadas Reales). Pero
muchos “irregulares” siguieron actuando por iniciativa propia en las fronteras de los
territorios administrados oficialmente por España y Francia, en los límites del Sáhara
Occidental y Mauritania. Sin hallarse completamente bajo control de las autoridades
marroquíes, se les "incitó" a atacar a las tropas francesas establecidas en Adrar en 1957.
Este ataque de Choum/Teguel, que ponía de manifiesto la magnitud de la amenaza que
representaba el Jaysh al-Tahrir, estimuló a los ejércitos francés y español a poner en
marcha una operación conjunta, denominada “Ouragan”, -"Écouvillon" para los
franceses- que movilizó, en 1958, importantes medios (aviación, artillería, etc.), y que
ocasionó en consecuencia graves daños a lo que quedaba del brazo meridional del Jaysh
al-Tahrir2.

A la hostilidad de Marruecos amenazó también, durante un tiempo, con añadirse la de


un Malí que aspiraba, según al-Muḫtār wuld Dāddāh, a recuperar, tras la ruptura de su
federación con Senegal (1960), los círculos del Ḥawẓ (Hodh) de los que había sido
amputado en 1944 en favor de Mauritania (Ould Daddah, 2003: 212-258). Varios actos
hostiles cometidos en el este de Mauritania fueron, con toda probabilidad, planificados y
ejecutados desde bases malienses.

Sea como fuere, tras la Operación Écouvillon, y tras la vigilancia que manifestaba la
discreta Operación Cornue de 1961 (Evrard, 2018), que le siguió en el tiempo, las
actividades hostiles de inspiración marroquí en Mauritania se limitaron a unos pocos

2
En opinión de Muḥammad wuld aš-Šayḫ, esta operación no fue ajena a la configuración política interna
de Mauritania: “La batalla de Choumtegguel (Teguel), al demostrar -escribió- que los marroquíes no se
limitaban a hablar de boquilla de Mauritania, reconfiguró el problema político de ese país y obligó a los
franceses a reexaminarlo, teniendo más en cuenta los deseos de la oposición, con el fin de cortar, en la
medida de lo posible, la hierba bajo los pies de las pretensiones marroquíes, dada la presencia en ese país
de Horma, al que pronto seguirán otros notables mauritanos, entre los que destacó el difunto Ould
Oumeir, emir de Trarza” (El Mauritanyi, 1974: 81).
ataques o intentos de ataques aislados, una vez conseguida la independencia de este
país. El primer presidente de la Mauritania independiente recordaba los siguientes en
sus memorias: el atentado fallido contra un oficial francés en Kiffa (4 de noviembre de
1960), el asesinato del diputado y alcalde de Atar, 'Abd Allāh wuld 'Ubayd (8 de
noviembre de 1960); el asesinato del jefe de la subdivisión nómada de Néma-sud,
Mohamed Lamine Sakho (26 de agosto de 1961); el atentado de Nema (29 de marzo de
1962), que costó la vida a tres soldados franceses e hirió a 13 franceses y mauritanos 3.
Wuld Dāddāh añadía que el 14 de junio de 1962, dos terroristas encargados de matarlo a
él y a Muḥammad w. aš-Šayḫ, se entregaron a este último, entonces Secretario General
de Defensa (Ould Daddah, 2003: 211-212 y 307).

Antes de abandonar estos episodios asociados a la reivindicación marroquí sobre


Mauritania, señalemos la importancia de la Miferma, de la que se hablará extensamente
más adelante, en el destino de este joven estado en vías de constitución, así como la
encrucijada que el préstamo solicitado por la futura empresa minera al BIRF (Banco
Internacional de Reconstrucción y Fomento, hoy día Banco Mundial) planteaba entre las
dos partes en conflicto: el gobierno mauritano en fase de autonomía interna y la
administración marroquí.

“Fue -escribe De La Serre- una iniciativa de la Société des mines de fer de


Mauritanie (Miferma) la que provocó la primera intervención marroquí en
el ámbito internacional. Con el apoyo de Francia, Mauritania solicitó a
principios de 1958 un préstamo al BIRF para explotar el mineral de hierro
de Fort-Gouraud. Alegando el carácter marroquí de Mauritania, el gobierno
marroquí trató inmediatamente de bloquear esta solicitud, pero a pesar de
los numerosos memorandos dirigidos al Banco Internacional, éste concedió
un préstamo de 66 millones de dólares a la Miferma en marzo de 1960” (De
La Serre, 1966: 326)4.

Sin embargo, a partir de 1963 (conferencia de Kayes del 15 al 17 de febrero de 1963), al


haber cedido Mauritania a Malí parte del territorio que le había sido arrebatado en 1944,
las relaciones entre ambos países comenzaron a tomar un cariz más amistoso. Y el
propio Marruecos acabó (1969) renunciando -oficialmente…- a sus reivindicaciones
sobre el territorio mauritano, ante la perspectiva de una próxima partición del Sahara
Occidental.

3
Citando un informe del embajador de Francia en Nuakchot, Camille Evrard sugiere que ese atentado
habría sido preparado por “hormistas” de la primera compañía del ejército mauritano, encargada de la
vigilancia de las fronteras mauritano-malienses desde Nema: “La investigación militar francesa concluyó
-según nos informa la autora- que se creó una célula “terrorista” en el interior de la compañía. Compuesta
por soldados del Adrar, mantenía estrechas relaciones con Horma Ould Babana por medio de los
comerciantes moros que viajaban entre Malí y el norte de Mauritania". (Evrard, 2018).
4
Véase también Herreman (1960: 8). El propio Ould Daddah (2003: 172-174) subrayaba en sus memorias
la apuesta crucial que representaba el préstamo solicitado por la Miferma y la dureza de la dificultad para
obtenerlo ante el alegato de los desertores mauritanos enviados por Marruecos.
Fueran cuales fuesen sus fluctuaciones, las fronteras trazadas por la colonización
francesa para el territorio de Mauritania agruparon a diversos grupos etnolingüísticos
(hassanófonos, pulaarófonos, soninké y wolof) que, antes de esta agregación, y si
prescindimos de las grandes formaciones sahelianas medievales (Gana, Malí, etc.), de
cuyo modo de organización preciso apenas tenemos referencias, no habían conocido una
unificación política duradera bajo una autoridad única. Esta multietnicidad, así como la
francofonía institucional de la que se veía acompañada, constituiría una fuente
permanente de disensiones internas para la Mauritania independiente.

A pesar de la adhesión de toda la población mauritana, comprendidos todos los grupos


étnicos, a un islam malikita-ash‛arita-cofrádico 5, así como de la existencia de una
tradición de alfabetización en árabe también ampliamente compartida entre las élites
religiosas de los distintos componentes de la población mauritana, la permanencia del
legado lingüístico colonial constituía una cuestión importante para las élites negras del
sur de Mauritania, formadas en francés. Conquistadas antes (1857-1890) que la zona
hassanófona, las comunidades negroafricanas de las orillas del río Senegal, compuestas
en su mayoría por agricultores sedentarios, iban a experimentar una administración de
“proximidad” más firme que esa especie de indirect rule al estilo francés que presidía,
en su mayor parte, el orden administrativo impuesto por la colonización a la sociedad
mora. Presentes en las dos orillas del río que la colonización establecería como frontera
entre el Senegal y la Mauritania independientes, las poblaciones negroafricanas
mauritanas, cuya historia postmedieval las vinculaba fuertemente a las movilizaciones
colectivas al sur del río, constataron cómo los franceses les reclutaban para sus unidades
militares y les aplicaban un sistema de impuestos individuales (el impuesto de
capitación), así como un "impuesto escolar" aplicado con más firmeza que el que se
había diseñado en relación con los nómadas moros.

Una de las consecuencias de estas circunstancias fue que, en el momento de la


independencia, entre los auxiliares de la pequeña administración mauritana había
proporcionalmente más “negroafricanos” que moros, por otra parte con escasa
disposición cultural para asumir tareas técnicas subordinadas, asimiladas a una
condición estatutaria tradicional considerada estigmatizante. Independientemente de
estas diferencias y “proporciones”, relacionadas por lo demás con grupos “étnicos” cuyo
peso exacto en la población de la Mauritania independiente se convertiría en sí mismo
en un problema y en un tema de controversia, el legado colonial en términos de
formación y educación fue muy modesto: según las cifras oficiales, un 7,3% como tasa
de escolarización en el momento en que Mauritania obtuvo la independencia en 1960
(De Chassey, 1972: 493)6.
5
De ahí la elección del nombre “República Islámica de Mauritania”, en una época, hay que recordarlo, en
la que el adjetivo “islámico” no tenía todavía las connotaciones militantes que podrían conferirle en la
actualidad.
6
No obstante, De Chassey constata un progreso notable en relación con la tasa de 1944: 1,6%. De todos
modos, las cifras absolutas de escolarización siguen siendo insignificantes: 1487 alumnos en 1942,
11.212 en 1960...
Sin embargo, la administración colonial había subvencionado un Instituto de Altos
Estudios Islámicos, abierto en Butilimit, y destinado a acoger a estudiantes de diversas
regiones de la AOF, con cursos impartidos exclusivamente en árabe. Un establecimiento
del que sin duda se esperaba la promoción de un “islam moderado”, frente al temido
contagio de un radicalismo de inspiración parcialmente islámica procedente de El Cairo
(Ṣawt al-‛Arab, una universidad de al-Azhar “nasserizada”...) y del norte de África
(guerra de Argelia...). Pero, por un ardid inesperado de la historia, este establecimiento
se convertiría en caldo de cultivo de los “nacionalistas árabes”, muchos de los cuales
procedían de medios zwaya de la Gibla (la región donde se encontraba el
establecimiento), licenciados (en árabe) condenados al desempleo o a la única profesión
de profesor, en un entorno en el que el francés conservaba entonces una poderosa
hegemonía.

Esos miembros de una sección doblemente dominada 7 de los estratos dominantes de la


sociedad mora (neo)tradicional liderarían un movimiento a favor de la arabización del
sistema escolar y de la administración mauritana, que perturbó la hegemonía adquirida
por las “élites” francófonas, y en particular, entre ellas, la de los “negroafricanos”. Así,
una reforma de los planes de estudio que instituía la obligación de enseñar el árabe en
los centros de enseñanza secundaria mauritanos desencadenó una fuerte reacción de
parte de los cuadros negroafricanos8, que la veían como una amenaza destinada a
acentuar la hegemonía política de los hassanófonos legada por la colonización,
considerada a su vez como una especie de usurpación. Así, en febrero de 1966, los
disturbios raciales que se iniciaron en el instituto de Nuakchot causaron varias víctimas
en la capital mauritana9. A partir de esa fecha, la oposición entre identidades étnicas,
más o menos (re)construidas10 y coaguladas en torno al antagonismo lingüístico árabe-
francés, ampliado ocasionalmente a las restantes “lenguas nacionales”, no dejará de
(des)estructurar el paisaje sociopolítico mauritano hasta nuestros días.

La devastadora sequía de finales de la década de 1960 generó también una


sedentarización y un éxodo rural masivos, sobre todo entre los nómadas de la región de
Trarza, donde se encuentra la capital mauritana -Nuakchot-, cuya población creció en
dos cifras a lo largo de la década siguiente. Las víctimas de la sequía fueron
especialmente numerosas entre las tribus zwaya de la Gibla -la región más afectada por
7
Pertenecen al mundo de los zwaya que en su día estuvieron bajo la hegemonía de los hassan, y, en el
seno del orden “morabítico”, fueron dominados por los herederos “francófonos” de la administración
colonial, siendo estos dos grupos -los zwaya y los hassan-, como es sabido, los órdenes dominantes en la
sociedad mora tradicional.
8
Un libelo conocido como el “Manifiesto de los 19” expresó esta reacción al inicio de la arabización del
sistema escolar (Marchesin, 1992: 133 ss)
9
"El balance oficial (...) fue de 6 muertos y 60 heridos, de los cuales una veintena eran muy graves. Sin
duda, había muchos más” (De Chassey, 1972: 630).
10
El léxico de las agrupaciones étnicas -reivindicadas o asignadas desde el exterior- es testigo de las
luchas de clasificación (classement) a cuyo etiquetado sirven: “negroafricanos” (todas las comunidades
no hassanófonas), “árabes”, “árabo-beréberes”, “harratin”, “negromauritanos”
(“negroafricanos”+“harratin”), etc.
la desertificación- , que proporcionarían una parte importante de los cuadros del
naciente movimiento kadihin, al tiempo que al final de la década de 1960 se asistió al
inicio del declive del nacionalismo árabe, en su versión nasserista, tras la derrota árabe
de 1967 ante Israel, a la espera de que golpe de Estado de Qaḏāfī (1969) -y de sus
recursos petrolíferos- vinieran a insuflarle un nuevo impulso. Pero fueron sobre todo los
acontecimientos en las explotaciones mineras del norte de Mauritania, en manos de la
MIFERMA, los que impulsarían una convergencia, y el inicio de la superación, de los
nacionalismos “negro” y “árabe”, en el origen del surgimiento del movimiento kadihin.

2. Grandes empresas y pequeñas naciones

El fin del control colonial directo sobre los territorios africanos conquistados por
Francia a principios del siglo XX no significó simultáneamente el fin de la tutela de la
antigua potencia imperial sobre sus antiguos dominios. Los intereses económicos y
estratégicos, combinados con la “necesidad” de tener al amo de antaño, de contar con
sus “competencias” y su “protección”, contribuyeron a la renovación, bajo nuevas
formas, de los vínculos de dependencia, deseados y/o padecidos, con este antiguo tutor,
particularmente entre los pupilos coloniales que habían accedido "suavemente" a la
independencia, como fue el caso de Mauritania.

Mauritania consiguió escabullirse del proyecto de la Organización Común de las


Regiones del Sáhara (OCRS) (Ould Daddah, 2003: 198-199), desarrollado por las
autoridades francesas para consagrar bajo su amparo una vasta zona transfronteriza de la
región sahariana en vísperas de la descolonización de los estados sahelo-saharianos de
la AOF -y pronto de Argelia-. Un espacio en el que se realizaron pruebas nucleares
francesas y que contenía recursos minerales estratégicos (petróleo, uranio, etc.). Sin
embargo, los recursos minerales de Mauritania empezaron a interesar a las empresas de
la metrópoli colonial a última hora.

Así, en 1953 se creó la Compañía de las Minas de Cobre de Mauritania (Société des
Mines de Cuivre de Mauritanie, MICUMA en sus siglas en francés) para explotar el
cobre de Akjujt, en la que el Estado francés era el principal accionista junto con algunos
actores privados11. El destino de la empresa fue más efímero y su impacto mucho menor
que el de la poderosa Société des Mines de Fer de Mauritanie (MIFERMA), que se
fundó más o menos en la misma época.

La zona -el extremo noroeste de Mauritania- en la que se establecería la MIFERMA era,


hasta 1934, una región que aún no estaba totalmente sometida -se decía “`pacificada”- a
11
El grupo Rotschild (Peñarroya: 12,5%) y Paribas (10%). La MICUMA dio origen (1967), tras varios
cambios de accionistas, a SOMIMA, en la que la empresa sudafricana-rodesiana (zambiana), Charter
Consolidated, tenía una participación mayoritaria (44,6%). El estado mauritano, que poseía el 22%, acabó
haciéndose cargo de la empresa deficitaria (1975) antes de venderla a la SNIM (1978).
la administración colonial. En aquella época ya se sabía que había yacimientos de hierro
en el macizo de Kédia d'Idjill (Kǝdyǝt ǝj-Jǝll), pero la inseguridad y los efectos de la
crisis económica mundial de 1929 (que alcanzó su punto álgido en Francia en 1933-34)
-seguida por la guerra-, retrasaron la explotación del yacimiento.

A partir de 1950, el rapidísimo crecimiento de la producción de acero en el mundo


industrializado (la producción mundial pasó de 180 a 600 millones de toneladas entre
1950 y 1970) condujo a la utilización de nuevas fuentes de materias primas. La
mediocridad de los minerales europeos, la mucha mayor calidad de los yacimientos de
los países dominados, así como menor coste del transporte marítimo debido al aumento
del tamaño de los barcos de transporte de mineral y el coste mucho menor de la mano
de obra “indígena”, fueron factores que orientaron al capital (neo)colonial hacia la
explotación de los recursos minerales de las colonias y semicolonias.

Así nació, el 16 de febrero de 1952 la sociedad anónima de Mines de Fer de Mauritanie


(MIFERMA), dominada en gran medida por el capital público y privado francés.
Francia poseía el 60,92% del capital inicial de la empresa, del que un 27,15% provenía
del sector público12 y el resto se repartía entre varios accionistas privados franceses 13.
Las acciones restantes se hallaban en manos de varias empresas siderúrgicas europeas14.

Sin embargo, el inicio real de las operaciones mineras tuvo que esperar unos años. Sólo
después de obtener un importante préstamo 15 del BIRD en 1960, la empresa pudo
programar el inicio de las primeras obras.

Hubo que instalar grandes infraestructuras antes de que pudieran comenzar las
operaciones mineras propiamente dichas. Entre ellas, el puerto minero de Nuadibú y,
sobre todo, la línea de ferrocarril, de más de 600 kms., que debía permitir el transporte
de miles de toneladas de hierro entre Zuerat y Nuadibú por medio del que, según se
decía entonces, era el “tren más largo del mundo” (2 kms.), ya que la travesía mucho
más corta hasta el océano, a través del Sáhara (Español en aquella época), no se había
negociado de forma ventajosa. También era necesario preparar todos los equipamientos
(vivienda, abastecimiento de agua, comercios, sanidad, educación, ocio, etc.)
12
A través del Bureau de Recherche Géologique et Minière (BRGM, antes Bureau Minier pour l'Outre-
Mer).
13
8% para Union Sidérurgique du Nord de la France (USINOR); 6% para Compagnie Française pour
l'Outre-Mer (COFIMER); 5% para Denain-Anzin; 2,01% para el grupo Rotschild; 2% para Minerais et
Métaux; 1,5% para Mines de Fer de Giraumont; 1% para PLM asociada a Peñarroya y al Banque
d'Afrique Occidentale; 0,75% para Minière Normande; 0,50% para Mines et Produits Chimiques; 0,01%
para otras empresas privadas.
14
20% para British Steel Corporation (mineral); 15% para la industria siderúrgica italiana (Societa
Finanziera Siderurgica y Societa Mineraria Siderurgica); 3,38% para la industria siderúrgica alemana
(Thyssen). Además, Mauritania retenía una participación del 5%.
15
66 millones de dólares con un tipo de interés del 6,25%, garantizado por el estado mauritano (ley n°
59.061 del 10 de julio de 1959), que se estaba creando, y que habría apostado de manera entusiasta por el
inicio de las obras de la MIFERMA (Ould Daddah, 2003: 204-205).
indispensables para la acogida de cientos -y pronto miles- de empleados de todas las
categorías en la ciudad minera de Zuerat -creada ex-nihilo- y en el puerto minero de
Nuadibú.

El ambiente vagamente “western” (Bonte, 2001: 60) 16 de los primeros años de la


empresa minera llegó a su fin con la inauguración del ferrocarril (1963) y la llegada, ese
mismo año, del primer cargamento de mineral al puerto de Nuadibú.

Aunque la empresa era una importante fuente de empleo y de ingresos fiscales para una
Mauritania que acababa de liberarse del yugo colonial directo y buscaba
desesperadamente los medios para lograr la emancipación presupuestaria de sus
antiguos señores, la MIFERMA gozaba sin embargo de importantes privilegios y
libertades en el panorama administrativo mauritano de la época. Esos privilegios
adoptaron incluso, en “sus” ciudades del norte del país, Zuerat y Nuadibú, la apariencia
de una verdadera extraterritorialidad. En estos feudos, donde prácticamente todo, desde
las obras de las carreteras y los servicios de mudanzas hasta los restaurantes y hoteles,
pasando por las clínicas, clubes de ocio, colegios, etc., pertenecía a la MIFERMA, ésta
se comportaba como en los mejores tiempos de las empresas concesionarias del siglo
XIX. Durante un tiempo, incluso tuvo su propia milicia, con sus propias insignias,
jerarquía y armas17. La influencia de la compañía era algo menor en Nuadibú, un
pequeño puerto pesquero con actividades más variadas18, que en Zuerat, donde había
llegado a trasladar las pilas bautismales para sus propias necesidades, y donde incluso
“los representantes de la administración [mauritana] son alojados por la MIFERMA”,
señalaba Bonte (2001: 68).

Durante los primeros años de la independencia, fue esencialmente al sector minero,


apoyado por las inversiones de la MIFERMA, al que Mauritania debió el inicio de su

16
Bonte evoca, a partir del testimonio de algunos de los participantes en esta aventura, en particular el
testimonio escrito de P. Flambard, Le grand serpent du désert. Mauritanie 1960-1980 (París, ed. Golden),
las difíciles condiciones de estos años pioneros en los que personas con un pasado a veces problemático
(antiguos legionarios, aventureros de todo tipo en busca de ganancias rápidas al precio de un trabajo
agotador, etc.) transportaron hasta la ciudad de Zuerat, con ayuda de máquinas enormes, las miles de
toneladas de material necesario para la construcción de la línea ferroviaria. J. Audibert, que fue director
de la MIFERMA durante mucho tiempo, elaboró una historia “positiva” de esta empresa en: MIFERMA:
une aventure humaine et industrielle en Mauritanie, París, L'Harmattan, 1991.
17
Entre 1962 y 1963, la MIFERMA reclutó a la casi totalidad (casi 300 hombres) del Groupe Nomade,
que sirvió en el ejército mauritano y fue desmovilizado al final de las operaciones contra el Jaysh al-
Taḥrir. Contrató a un antiguo funcionario de la OEA para supervisar a estos reclutas. La empresa
mantuvo hasta 1964 un gran arsenal de armas individuales y colectivas. La milicia regulaba el tráfico,
imponía multas e incluso llegaba a rendir honores a los directores de la empresa cuando se hallaban de
viaje.
18
Nuadibú era una cuasi creación de otra empresa francesa -la Société Industrielle de la Grande Pêche
(SIGP), fundada en 1919, heredera de La Marée des Deux Mondes-, que ejercía allí, bajo la dirección de
su sempiterno director -Henri Bruno, marido de ǝṃ-Ṃathä mint ‛Aḅāḅä- una hegemonía señorial. Sin
embargo, se contaba también con la presencia de una pequeña comunidad de pescadores canarios
expulsados por la Guerra Civil española, así como algunos miembros de las tribus nómadas de la zona, en
particular de la fracción Ähl Lǝġzāl de los Graa.
salida del vacío infraestructural e industrial legado por la colonización. Un antiguo
asesor del presidente mauritano de la época vio en el espectacular progreso de este
sector la promesa de una transición del "crecimiento yuxtapuesto" al "crecimiento
distribuido" (Pujos, 1964), que habría beneficiado al anémico sector agrícola. Según un
informe de las Naciones Unidas de 1974, la economía mauritana creció a un ritmo anual
de entre el 10 y el 11% entre 1960 y 196919.

Esta evolución estaba evidentemente ligada a la construcción de infraestructuras


promovidas por la MIFERMA y al inicio de las exportaciones del hierro mauritano, que
aquéllas hicieron posible. El tonelaje de mineral exportado pasó de 1.294.470t en 1963,
año de inicio de las exportaciones, a 11.666.431t en 1974, año de la nacionalización de
la empresa.

El impacto sociológico de las instalaciones construidas para lograr este espectacular


resultado es especialmente evidente en Zuerat, donde los yacimientos mineros y la
propia ciudad fueron creados ex novo por iniciativa de la MIFERMA. De manera más
general, el injerto de esta empresa minera en una sociedad mauritana esencialmente
rural tendrá importantes consecuencias en los modos de vida y podría incluso decirse
que en el destino colectivo de las poblaciones de la región directamente afectadas. La
intrusión del equipamiento industrial, los métodos de gestión y organización del trabajo
que éste exige, así como las jerarquías que conlleva, en un entorno humano y material
de tradición beduina, son factores que alimentarán el choque cultural generado por este
injerto, que ante todo perseguía la maximización capitalista del beneficio a obtener de
los recursos minerales de Mauritania, y no, por supuesto, las necesidades y
preocupaciones de las poblaciones locales.

Este “mal encuentro” entre el mundo rural sahariano y el universo industrial es a la vez
una cuestión de cultura y de mentalidad, pero también de tipo de formación. El sistema
tradicional de enseñanza local (en árabe), que sólo llegaba a una pequeña parte de la
población, se centraba esencialmente en cuestiones teológico-jurídicas y literarias, muy
alejadas de los oficios mineros. En cuanto a la herencia colonial en términos de
formación “moderna”, era, como ya he señalado, muy limitada, y en cualquier caso, no
preparaba para las cualificaciones requeridas para trabajar en las instalaciones mineras.
Por ello, la MIFERMA tuvo que recurrir masivamente, desde el principio de su
creación, a una mano de obra extranjera, esencialmente francesa -para sus sectores más
cualificados- y senegalesa -para su componente menos cualificado-. En consecuencia,
toda la historia profesional de la empresa hasta su nacionalización (e incluso un poco
más allá) estuvo marcada por una profunda dualidad jerárquica entre un personal
directivo europeo y un mundo subalterno surgido de la Mauritania rural.

19
Informe de la Oficina de Desarrollo Industrial de las Naciones Unidas, ONUDI, IS/MAU/74/011, p. 58.
Según el mismo informe, este ritmo de crecimiento se redujo considerablemente en el período 1970-1973,
hasta situarse entre el 3 y el 4%. Véase también Vergara (1979: 221).
A pesar del establecimiento de un sistema de formación para las profesiones mineras,
cuyos resultados resultaron decepcionantes20, la “inadecuación” del personal mauritano
a las exigencias y limitaciones del trabajo minero siguió siendo una coartada
permanente para su exclusión de casi todas las funciones cualificadas dentro de la
empresa minera. “A finales de los años 60, el grado de M3 (M=Maestro) marcaba la
frontera entre las dos poblaciones: sólo un expatriado tenía un grado inferior, y sólo 26
mauritanos de los casi 3.500 empleados mauritanos habían alcanzado este nivel en la
empresa”, señalaba P. Bonte (2001: 80).

Las cifras que recogió durante esta misma investigación muestran la importancia del
turn-over en las filas de los trabajadores mauritanos de la MIFERMA. “En cinco años
[1965-1970] se renovó casi el 80% del personal de la empresa” (Bonte, 2001: 145). Sin
embargo, a principios de la década de 1970, comenzó a producirse una cierta
estabilización.

La alta movilidad de los empleados mauritanos de la MIFERMA (abandono del puesto


de trabajo, no retorno tras una baja, etc.) no se debía únicamente a la falta de formación
o de “adaptación” al mundo del trabajo por turnos. Fue, más bien, el producto de un
conjunto de condiciones sociales que hicieron que su integración en este nuevo mundo
fuese permanentemente precaria: el nivel mediocre de los salarios, la presión del
entorno familiar, las condiciones de la vivienda, etc. La crisis climática de finales de la
década de 1960 “desorientó” literalmente a una parte de la población rural que vio
perecer sus rebaños y secarse sus campos. Así, pasaron en gran número a engrosar las
filas de los que en aquel momento se denominaban takusu o tanusu (=algo así como
“los desorientados”, justamente), los desempleados errantes de las nuevas
aglomeraciones, donde la MIFERMA reclutó a buena parte de su personal de base. Los
trabajos que se ofrecían no estaban bien remunerados21. Quienes los ostentaban, sin
alojamiento propio, se veían obligados, en su mayoría, a residir en los barrios de
chabolas de Zuerat y Nuadibú, que se estaban ampliando, y a acoger en sus casas a
familiares víctimas de las mismas dificultades que provocaron su propio éxodo en busca
de trabajo22. El deber de redistribución, consagrado en los códigos de conducta
tradicionales (el “honor”, las responsabilidades para con los afines, ya fuesen antiguos
“soberanos” o dependientes, etc.) condujo a menudo al endeudamiento y a la necesidad
de un segundo empleo23 para intentar aumentar unos ingresos salariales insuficientes.

20
Esto es especialmente cierto en el caso del “Centro Mamadou Touré”, inaugurado en noviembre de
1960, sobre el que un antiguo director de la MIFERMA emitió con severidad el siguiente juicio: "Tras un
año de funcionamiento del centro, la conclusión es obvia: la empresa es un fracaso total. De los 70
candidatos, 12 obtuvieron el CAP, y la mitad de ellos volvieron a casa. A finales de 1961, el centro sólo
contaba con cuatro alumnos". (Audibert, 1991: 96).
21
“Un estudio preciso, realizado durante un período largo, del presupuesto de 12 familias (2 maestros, 8
obreros, un artesano y un comerciante) revela la necesidad de un ingreso de unos 20.000 francos CFA al
mes para satisfacer sus necesidades en Zuerat. En seguida se ve que casi el 60% de los trabajadores de la
MIFERMA en Zuerat estaban en aquel momento por debajo de estos ingresos”, escribe Bonte,
resumiendo los datos de su investigación de 1969-70 (2001: 141).
22
“Así, cerca del 25% de las viviendas de Zuerat agrupan a personas emparentadas, casadas o no, y cerca
del 30% de las familias acogen a uno o varios parientes cercanos ..." (Bonte, 2001: 135).
Todo ello contribuyó a la precariedad del empleo asalariado, a frenar la plena
“liberación”/mercantilización de la fuerza de trabajo y a atenuar el “efecto de
proletarización” de una masa de trabajadores que permanecía en gran medida inscrita en
los marcos sociales de referencia tradicionales proporcionados por la pertenencia
familiar, tribal, estatutaria, etc.

La investigación realizada por Pierre Bonte a finales de la década de 1960 mostraba, sin
embargo, el inicio de la competencia entre estos marcos y una conciencia obrera
emergente. Aunque la mentalidad “tradicional” articulada en torno a los valores rurales
estatutarios se resistió enérgicamente24, la referencia a la categoría profesional -
convertida en gori en hassaniyya- estuvo cada vez más presente entre los empleados de
la MIFERMA. Esta conciencia obrera, asociada confusamente con la identidad
nacional, debido a esa suerte de apartheid que caracterizaba el paisaje sociológico de la
explotación minera, especialmente en Zuerat, donde a la extrema jerarquía de estatus y
puestos de trabajo en favor del personal europeo se le sumaba una segregación espacial
marcada por el muro que separaba el poblado de chabolas (indígena) de la propia ciudad
minera -esencialmente europea-, vino acompañada de un rechazo progresivo de las
condiciones impuestas a los trabajadores y de una actitud reivindicativa cada vez más
asertiva. La huelga de mayo de 1968, con sus trágicas consecuencias, fue uno de los
momentos clave de esta evolución, al mismo tiempo que abrió el camino a un
movimiento de mayor alcance, el de los kadihin, responsable de una movilización de
alcance nacional que pretendía actuar no únicamente en defensa de las reivindicaciones
de todos los trabajadores, sino también por la emancipación definitiva de la propia
Mauritania de todo control extranjero, del que la MIFERMA constituía el símbolo por
excelencia.

3. Bi-smi-llāhi lāhi nakdaḥ, askī!25...

23
“Entre un cuarto (Nuadibú) y un tercio (Zuerat) de los trabajadores mauritanos de la MIFERMA se
dedicaban simultáneamente a otra actividad”: trabajo en negro, actividades rurales tradicionales (el
“huerto/palmeral de las cloacas” de Zuerat ...), comercio, etc., según los datos recogidos por Bonte para
1969-70 (Bonte, 2001: 144).
24
Una expresión común en ḥassāniyya de aquellos años resume con orgullo el rechazo a convertirse en un
empleado del mundo industrial: mānna jyā‛ u lā ništaġlu ǝl MIFERMA (“no nos morimos de hambre y no
trabajamos para la MIFERMA”).
25
"Subversión" de un verso importante de las alabanzas al Profeta del Islam (madḥ), que se declina como
sigue: bi-smi-llāhi lāhi namdaḥ, askī ! ... (“En el nombre de Allah, alabaré al Profeta con entusiasmo... “),
donde la palabra namdaḥ (“alabaré al Profeta”) fue sustituida por un verbo cuasi-homófono, nakdaḥ (“me
convertiré en kādiḥ”), pues difieren por una sola letra ("k" en lugar de "m"), para denotar así la voluntad
de unirse a “la filosofia” de los kadiḥin, convertirse en kadiḥ. Dado que el madḥ era una especie de
gospel recitado principalmente por los antiguos esclavos (ḥarratin), ese verso, que se podía escuchar en
ciertos eventos musicales de la época, daba cuenta del fervor casi religioso que acompañaba (a veces) la
adhesión al movimiento kadihin en algunos círculos de la juventud mauritana. El resto del verso decía:
¡ b-asm ǝṯ-ṯawra lāhi nakdaḥ, askī! (“¡En nombre de la revolución, voy con entusiasmo a convertirme en
kādǝḥ!”).
La revuelta de 1968 fue precedida por otros movimientos que combinaban
reivindicaciones salariales, condiciones de trabajo y protestas contra el desprecio y el
racismo de los que se juzgaba culpable a la empresa y a su dirección exclusivamente
europea. A partir de 1964, estallaron huelgas casi todos los años, lo que subrayaba la
urgencia de encontrar soluciones a una u otra de esas demandas. En el trasfondo de la
huelga de 1965, por ejemplo, se encontraba la demanda de una “pausa para el té” 26 y el
final de la discriminación en el transporte de europeos (trasladados en autobús) y
mauritanos (trasladados en la parte trasera de camiones y otras pick-up) al lugar de
trabajo.

Todas las razones mencionadas parecen haberse combinado en la revuelta de mayo de


1968: los salarios, la vivienda, las condiciones de trabajo, el acceso de los mauritanos a
los puestos directivos, etc.27 Y las fuertes discrepancias entre europeos y mauritanos
proporcionaron a ese movimiento la apariencia de una revuelta global contra el control
extranjero, contra los privilegios reservados a los nsara (“los franceses”, “los
cristianos”). Toda la aglomeración de Zuerat parece haber participado en aquella
insurrección contra la presencia europea en la ciudad. Cuando la amenaza contra esa
comunidad se hizo más evidente, las autoridades mauritanas enviaron un destacamento
del ejército que el 29 de mayo de 1968 puso fin al movimiento sin contemplaciones,
provocando, según las versiones, la muerte de 8 o 9 personas y decenas de heridos.

La rebelión obrera de Zuerat, que tuvo lugar en una coyuntura internacional presidida
por un viento de contestación mundial contra los órdenes establecidos 28, se tomó como
punto de partida del Movimiento Nacional Democrático (MND) o movimiento de los
kadihin (“los trabajadores”, “los proletarios”). Mientras que la mayoría de las
movilizaciones colectivas anteriores se basaban en marcos tribales, étnicos, regionales o
cofrádicos, marcadas en particular por el antagonismo entre los etnonacionalismos
“árabe” y “negro”, el MND desarrolló, por el contrario, una retórica y una acción
unificadoras, dirigidas, sin distinción de etnia, contra el “neocolonialismo” y la
dominación extranjera, de la que la MIFERMA se consideraba el símbolo. De ahí su
afiliación a la insurrección dirigida en Zuerat contra esa empresa, contra su jerarquía
blancocrática y contra su apropiación de los recursos mauritanos.

26
Este producto extranjero -se importa de China- proporciona, como es conocido, la bebida nacional de
los mauritanos.
27
Véanse los testimonios recogidos por Bonte (2001: 149-150) y la versión ofrecida por el director de la
MIFERMA de la época (Audibert, 1991: 168).
28
El año 1968 vio el nacimiento del FPLP de G. Habash en Palestina, la intensificación de la guerra del
Vietnam, las rebeliones armadas en América Latina tras la muerte del Che Guevara (1967), la difusión
mundial de las consignas y los instrumentos de propaganda de la "Gran Revolución Cultural Proletaria"
en China, etc.
Una de las figuras históricas de los kadihin, Muḥammadun Wuld Išiddu29, al
conmemorar recientemente la huelga de Zuerat, celebró así “la revolución” (al-ṯawra)
emprendida contra ese “estado dentro del Estado, o mejor, un estado más poderoso que
el Estado", que era MIFERMA.

En su relato, Wuld Išiddu introdujo a Sīdi Muḥammad wuld Sumayda‛ (fallecido en


1970), un estudiante muy joven, pero ya una figura pionera del movimiento kadihin, en
la génesis de los acontecimientos que sacudieron las instalaciones mineras del norte de
Mauritania. Fue, dice, “el primer eslabón” (awwal ḥalqat waṣl) en la unión de
intelectuales y trabajadores. La “carnicería” (majzara) de Zuerat del 29 de mayo de
1968 no fue, según sugería Wuld Išiddu,

“… un final, como algunos hubieran deseado, sino el comienzo de una


nueva era nacional (bidāyat ‛ahd waṭanī jadīd). Aquel día, entre los
trabajadores insurrectos no había “ni blancos ni negros” y entre ellos se
borraron las distinciones de estatus o de estrato tradicional…” continuaba el
autor. Eran simplemente “trabajadores mauritanos unidos para exigir sus
derechos y los de su patria”.

La noticia de este acontecimiento se difundió muy rápidamente, y el 3 de junio de 1968


“… saltó la chispa que hizo arder toda la llanura (al-šarāra al-latī aš‛alat al-sahl
kulluhu)”30 escribió Wuld Išiddu. Se trató de una manifestación iniciada por los
estudiantes del liceo de Rosso para protestar contra la matanza de Zuerat, una
manifestación en la que aparecerán los nombres de algunos de los elementos más
activos del naciente movimiento de los kadihin31. En esta manifestación, señalaba Wuld
Išiddu, “participaron, por primera vez desde los dolorosos acontecimientos de 1966,
estudiantes de todos los componentes étnicos (mutẖalaf al-mukawwināt al-‛irqiyya). La
manifestación exigía el fin del neocolonialismo (nihāayat al-isti‛mār al-jadīd), la
expulsión de los europeos y la nacionalización de la MIFERMA (ta'mīm MIFEREMA)”.
Al día siguiente, se multiplicaron movimientos de protesta con consignas similares en
Nuakchot y otras ciudades de Mauritania.

29
Texto (en árabe) consultado en su página web (ichidou.net) el 29/05/2020. Antiguo escribiente
convertido en abogado, Wuld Išiddu se ha alejado, al parecer, bastante de sus ideales revolucionarios de
juventud al convertirse recientemente (2021) en el decidido defensor del antiguo presidente golpista de
Mauritania, Muḥammad w. 'Abd al-'Azīz, acusado, entre otras cosas, de ser el “padrino” de un colosal
sistema de malversación de bienes públicos durante su década en el poder (2008-2018). Otro testimonio
sobre la importancia de los acontecimientos de Zuerat para el surgimiento del MND y el fortalecimiento
del movimiento sindical es el del antiguo dirigente sindical negroafricano, Ladji Traoré: "En souvenir du
massacre de Zouérate du 29 mai 1968: contexte, conséquences et acquis/par Ladji Traoré, secrétaire
général et député APP", consultado el 19/06/20 en el sitio: adrar-info.net.
30
Título de una carta de Mao Tse Tung del 30 de enero de 1930.
31
Išiddu citaba en particular al gran poeta Aḥmadu w. ‛Abd al-Qādir, Yaḥyā w. ‛Umar, ‛Abd al-Qādir w.
Ḥammād, Muḥammad Sālim w. Ḥayy, Bā Adama Jibrīl, Ndiay ‛Abdulāy, Dia Mamadu, etc.
Wuld Išiddu atribuía la coordinación de toda esta movilización popular, sin duda
bastante fragmentada y, en esta fase, sin un liderazgo claramente identificable, a Sīdi
Muḥammad w Sumayda’, investido retrospectivamente con las funciones de padre
fundador del kadihismo. La huelga de Zuerat, la agitación a la que dio paso, y las
consecuencias inmediatas y a medio plazo32 a las que se supone que condujo, parecen, al
menos a los ojos de los principales animadores de este movimiento, estar íntimamente
relacionadas con el nacimiento y desarrollo del kadihismo. Wuld Išiddu no decía otra
cosa cuando escribe:

“Este fue el punto de partida del Movimiento Nacional Democrático, que


incorporó a todos los componentes de la población, y que se organizó en
torno a las reivindicaciones de las manifestaciones que siguieron a los
acontecimientos de Zuerat. Creció con fuerza y se extendió por todo el país.
En menos de cuatro años, la presión nacional llevó a la revisión de los
acuerdos coloniales entre Mauritania y Francia y a la creación de la moneda
nacional. Dos años después (el 28 de noviembre de 1974), el presidente al-
Muẖtār wuld Dāddāh proclamó ante el parlamento, en un ambiente de gran
fervor nacionalista, la nacionalización del coloso del hierro MIFERMA. Así,
pasó a ser propiedad de la nación mauritana, que hasta entonces sólo poseía
el 5% de su capital. Tomó el nombre de SNIM, y su gestión se confió a un
ejecutivo mauritano competente (...). La sangre y los sacrificios de los
mártires de Zuerat, del MND y de todas las fuerzas nacionales no se
derramaron en vano. Gracias a ellos, el país ha recuperado sus derechos, los
trabajadores han adquirido libertad, dignidad e igualdad. Fue el fin de la era
de la injusticia (al-baġī), de la imposición del hambre (al-tajwī‛), de la
segregación racial (al-faṣl al-‛unṣurī). Los mauritanos se convirtieron en
dueños de sus tierras y recursos (aṣbaḥa al-mūrītāniyyūn sādata arḍihim wa
ṯarawātihim)”

En las páginas de sus memorias dedicadas a lo que denomina “nuestras medidas


revolucionarias. Abril de 1972 - noviembre de 1974”, Moktar ould Daddah (2003: 553-
578) se cuida de no atribuir ningún papel a los kadihin, “un partido de oposición
clandestino pero tolerado” (2003: 573), en la génesis de las decisiones que condujeron a
estas medidas. Sólo señala que, bajo el liderazgo de "Mariem", el apodo mauritano de
su esposa francesa, Marie-Thérèse Gadroit, se integraron, en su mayoría, en el PPM, y
que en 1978, cuando éste perdió el poder, sólo quedaban en sus filas algunos opositores
“intratables” pero “realmente minoritarios” (2003: 574) a la integración en el
mencionado PPM.

32
Išiddu mencionaba, en tanto que resultados inmediatos de la intifaḍa de Zuerat y de las
manifestaciones que la siguieron: "... las limitaciones infligidas a la tiranía (jabarūt) y a la opresión
(ṭuġyān) de la MIFERMA con el establecimiento de la autoridad estatal en el norte del país y la expulsión
del personal de dirección considerado persona non grata. También se han satisfecho algunas de las
demandas de los manifestantes, así como un tímido inicio de la mauritanización de ciertas funciones...”.
¿Qué era exactamente el Movimiento Democrático Nacional, cuál era su orientación y
acción?

En un principio, se trataba principalmente de un movimiento de jóvenes estudiantes,


indignados, como acabamos de ver, por la suerte de los huelguistas de Zuerat. Algunos
de esos antiguos “nacionalistas árabes”33, algunos de los cuales procedían del Instituto
de Butilimit o de otros establecimientos de formación tradicional (maḥāẓir), y que
habían quedado algo decepcionados por la derrota árabe en la llamada “Guerra de los
Seis Días”, ayudaron a liderar este movimiento. Pero su novedad y fuerza radicaba en
que consiguió federar a “arabisants” y “francisants” -como se decía entonces-, es decir,
tanto a moros como a negros. El itinerario de Sīdi Muḥammad w. Sumayda‛ ilustra muy
bien el camino que llevó a parte de la juventud mauritana hacia el kadihismo. Su padre,
profesor de árabe en el colegio de Atar, pertenecía a la tribu zwaya de los Idayqǝb,
parte, como sabemos, del conjunto Tashumsha, lo que le proporcionó una fuerte
impregnación inicial de la cultura árabo-musulmana. Sin embargo, había seguido el plan
de estudios francófono que le llevó del liceo de Nuakchot a la Universidad de Dakar,
donde empezó a estudiar literatura. Tras pasar por el nacionalismo árabe de influencia
nasserista, se decantó -entre los primeros, al parecer- por una visión marxista de la
“cuestión nacional”, lo que le valió ser una figura de referencia para el MND tras su
muerte, que desgraciadamente llegó muy pronto.

Bastante dividido en sus inicios, el movimiento de los kadihin no tardaría en


estructurarse en una clandestinidad impuesta34 que justificaría, en gran medida, su
doctrina y sus formas de actuación. El modelo leninista (¿Qué hacer?), reinterpretado a
la luz de lo que los elementos más activos de los kadihin conocían de las prácticas y
escritos del Partido Comunista Chino de Mao Tse Tung, serviría de guía a la dirección
del movimiento. Sin que pueda delimitarse la fecha exacta de su nacimiento 35, un núcleo
que se definía como “partido de vanguardia marxista-leninista” -el Partido de los
kadihin de Mauritania (PKM)- aparecerá como la columna vertebral clandestina del
MND. La clandestinidad, unida a una enérgica represión por parte de las autoridades
administrativas, contribuyó a que la dirección y la vida interna del PKM quedaran
envueltas en una espesa sombra de misterio, que en gran parte permanece hasta hoy. El
“centralismo democrático”, y la tendencia un tanto genética a la caporalización que
conlleva, sólo será objeto de debate interno en el momento de la escisión definitiva del
PKM, cuando hubo que decidir sobre la “integración” -equivalente de hecho a la
disolución- en el seno del partido único del estado mauritano, el Partido del Pueblo
Mauritano (PPM), tras la nacionalización de la MIFERMA (1974). Hasta entonces, el

33
Principalmente, de la corriente nasserista, más que de la del baazismo.
34
Las instituciones mauritanas de la época sólo toleraban la existencia de un partido, el Partido del Pueblo
Mauritano. La prensa electrónica mauritana ha difundido recientemente (marzo-mayo de 2021) los
recuerdos de diversos actores (Biddin wuld 'Abidīn, Aḥmad Sālim al-Muḫtār Šaddād...) enfrentados a las
dificultades y los peligros de la acción clandestina, en torno, sobre todo, a la difusión del boletín del
Movimiento, Ṣayḥat al-maẓlūm. Por ejemplo: http://adrar-info.net/?p=69074 del 16/03/2021; http://adrar-
info.net/?p=69882 del 20/05/2021, etc.
35
En algún momento entre finales de 1968 y principios de 1970.
PKM orquestó, en la sombra, las acciones de las “organizaciones de masas” (sindicatos,
jóvenes, mujeres, etc.) que había ayudado a crear.

Las ideas y los lemas del movimiento se difundieron a través de un periódico


clandestino36, así como mediante folletos y campañas de grafitis. Las huelgas y
manifestaciones que el MND protagonizó a principios de la década de 1970, poco
apreciadas por las autoridades políticas mauritanas que aspiraban al monopolio del
discurso público, fueron respondidas con una enérgica represión. Pero los despidos, los
encarcelamientos y los malos tratos infligidos a sus miembros más activos no
debilitaron la determinación y el espíritu de lucha del PKM, al menos hasta que el
gobierno tomó medidas que se consideraron decisivas en 1973-74. El movimiento de los
kadihin generó una contracultura de protesta, con su literatura (poesía, etc.), sus figuras
heroicas, su fraternidad de lucha y sus rituales, y a lo largo de estos años mantuvo una
agitación que acabó extendiéndose a casi todas las regiones de Mauritania, sin
escatimar, en ocasiones, sus representaciones diplomáticas en el extranjero.

Sin embargo, en 1973, el gobierno mauritano decidió abandonar la zona del franco,
herencia monetaria de la colonización, dejando un margen de decisión muy estrecho a
los países (las antiguas colonias de la AOF) que compartían esta sujeción monetaria al
franco francés. Mauritania decidió entonces crear su propia moneda, la uguiya.
Anteriormente había emprendido una importante revisión de sus acuerdos de
cooperación con la antigua metrópoli colonial, acuerdos que prolongaban, bajo un
espíritu de aparente reciprocidad37, los vínculos de dependencia existentes durante el
período colonial. A estas disposiciones siguió la nacionalización de la MIFERMA,
proclamada el 28 de noviembre de 1974, en el 14º aniversario de la independencia de
Mauritania.

Las reformas adoptadas por el gobierno de Moktar ould Daddah, combinadas con la
pérdida de impulso del movimiento debido a la represión a la que había sido sometido
desde sus primeras manifestaciones, provocaron una profunda perturbación en las filas
del PKM. Estas medidas, juzgadas como decisivas por un grupo importante de la
dirección del partido, que veía en ellas un avance notable en el camino hacia la
verdadera independencia nacional, se presentarían por esta corriente del PKM como
prueba de un giro progresista y “antiimperialista” que el gobierno mauritano habría
36
De hecho, un modesto documento ciclostilado de unas pocas páginas, que lleva el nombre de Ṣayḥat al-
maẓlūm (“El grito del oprimido”)
37
“La pérdida de funciones de la reciprocidad, y por tanto su ridícula insignificancia del lado africano,
convirtiéndose en una mera cláusula retórica que permite a Francia mantener las apariencias mientras
dicta a los africanos sus cuatro deseos. Ejemplo: si una de las partes contratantes descubre materiales o
sustancias estratégicas (a continuación figura la lista de sustancias entendidas como tales), no tratará con
un tercero sin notificarlo previamente a la otra parte (...). Si Francia descubre uranio en su propio país,
debe notificarlo a Níger (¡no se rían!) para que la industria nuclear y electrónica nigerina pueda, si así lo
desea, explotarlo”, escribía Mohamed Ould Cheikh (El Mauritanyi, 1974: 53-54). La condición simbólica
de esos acuerdos y su dimensión hegemónica se expresaba en el hecho de que el embajador francés en
Nuakchot era necesariamente el decano del cuerpo diplomático, aunque fuera el más joven y recién
acreditado de sus colegas.
tomado en respuesta a las luchas y reivindicaciones llevadas a cabo por los kadihin. Al
mismo tiempo, el Partido del Pueblo (PPM), partido único del estado mauritano, abrió
sus puertas a los militantes del PKM dispuestos a renunciar a la clandestinidad y
resueltos a unirse a las filas del partido-estado para contribuir con toda legalidad “a la
construcción nacional”.

La integración en el PPM, lejos de concitar unanimidad en la esfera dirigente del


kadihismo, daría lugar a acalorados debates entre partidarios y detractores de la
disolución dentro de las estructuras del partido único oficial, debates que se agudizaron
con la anexión (1975) por parte de Mauritania del tercio sur del antiguo Sáhara español,
cuya independencia reivindicaba por el Frente Polisario, en el que se observó, entre los
círculos dirigentes, la presencia de algunos militantes surgidos de las filas de los
kadihin mauritanos.

La incorporación al PPM conducirá efectivamente a una virtual desaparición como


fuerza autónoma del PKM y de los kadihin del paisaje político mauritano, aunque las
sospechas “masónicas” sigan pesando hasta hoy (2021) sobre individualidades o grupos
identificados con su antigua pertenencia (más o menos) conocida al movimiento de los
kadihin. E incluso si queda algo de esta sensibilidad en las orientaciones políticas
actuales38, el propio PKM parece, en cualquier caso, haberse extinguido como una
rambla en el desierto que lo vio nacer.

Para dar una idea del ambiente en el que se han desvanecido esas movilizaciones
colectivas y esa aventura ideológica, me gustaría recordar algunos elementos del debate
en torno a la integración de los kadihin en el PPM a partir de documentos en los que se
expresaban los agravios y las acusaciones de las dos líneas antagónicas -la favorable y
la contraria a la integración-, que chocaban en torno a la cuestión de la disolución dentro
del partido-estado de Mauritania. Los libelos 39 que he podido recopilar como fuentes
para estos comentarios, aunque no siempre es fácil precisar la fecha exacta de su
redacción, abarcan un periodo que va desde 1975 hasta los inicios de la década de 1980,
lo que sugiere que el PKM todavía gozaba de una cierta existencia en ese momento.

Para dar cuenta de la polémica existencial que lo atravesaba desde mediados de la


década de 1970, conviene subrayar antes que nada la referencia común a un mismo
marco teórico, el del marxismo-leninismo en su versión china (el “pensamiento Mao
Tse Tung”), que las dos tendencias enfrentadas en el seno del PKM reivindicaban. La
cuestión consistía más bien saber quién era el “verdadero” marxista-leninista y quién
usurpaba esa etiqueta. El PKM se describía como una organización de “vanguardia
revolucionaria”, un “partido del proletariado”, con muchas referencias a Lenin, Stalin,
Mao, etc. Los partidarios de la línea que finalmente se impuso tachaban a sus

38
Parece que se encuentran sobre todo en el actual partido (2021) Unión de Fuerzas de Progreso (UFP).
39
Se trata de pasquines.
adversarios, hostiles a la integración en el PPM, de “anarquistas”, “anarco-trotskistas”,
“anarco-izquierdistas”, “anarquistas pequeñoburgueses”, etc.40; éstos últimos, en
cambio, tildaban a sus críticos de “liquidadores”, “capitulacionistas”, “oportunistas”,
“achantados”, etc. Este intercambio de sutilezas, y los ataques ad hominem contra tal o
cual persona de uno u otro bando de los que a veces se veían acompañados, se
inspiraban en gran medida, y como debe ser, en el vocabulario y la historia de las luchas
faccionales en el seno del movimiento comunista internacional 41. En este caso, parece
que se articuló en torno a los tres ejes temáticos siguientes: (a) la cuestión de la
organización, (b) el análisis “de clase” de la situación nacional mauritana, (c) la
evaluación de la situación internacional y la actitud a adoptar ante el conflicto del
Sahara Occidental.

a) Los defensores de la integración en el PPM invocaban la necesidad de que un partido


marxista-leninista respetara y aplicase las reglas del “centralismo democrático”. En uno
de sus documentos (clandestinos) de 1975-7642 podía leerse: “La esencia de nuestras
divergencias con los anarquistas: su rechazo al centralismo democrático como principio
rector de la organización marxista-leninista”. Porque constituirían una minoría que no
quería reconocerse como tal. El documento continúa:

“Lenin dice: «La unidad es imposible sin organización y la organización es


imposible sin la sumisión de la minoría a la mayoría». No hay un solo
marxista-leninista que no sepa que la principal característica del PKM
marxista-leninista es la firmeza de su organización y la disciplina. Y esta
disciplina significa sobretodo la sumisión de la minoría a la mayoría, la
sumisión de los órganos inferiores a los órganos superiores, la sumisión del
individuo a la organización y la sumisión de todo el PKM al comité central
(...) No hay un solo marxista-leninista que no conozca la prolongada lucha
librada por Lenin, Stalin, Mao y Hua Kuo Feng contra el fraccionalismo y
los fraccionalistas”. Lo que permitía a los “mayoritarios” extraer la siguiente
conclusión definitiva en relación con “la acción nefasta y ultrarreaccionaria
del grupúsculo de los pequeñoburgueses anarquistas (PBA)”: “Todo esto
hace de este grupúsculo un grupo que se desvía por completo de la línea del
ml-pmtt [marxismo-leninismo-pensamiento de Mao Tse Tung], una panda
de revisionistas que son servidores objetivos del imperialismo, en particular
del hegemonismo, y de sus agentes”.

Refiriéndose a Lenin, que sostenía, según su opinión, que la organización debía estar
sometida a la línea del partido, los adversarios de los “liquidadores” declaraban por su

40
Se les denominaba con los alias impuestos por el régimen clandestino (“Youssouf”, “Aji”, “Bandam”,
“Bayyada”...), nombres que a su vez se utilizaban, en la literatura clandestina consultada, para denominar,
con una connotación estigmatizante, a las corrientes: "Youssoufismo", "Ajismo", etc.
41
Comunistas contra anarquistas, bolcheviques contra mencheviques, estalinismo contra trotskismo,
maoísmo contra Liu Shao Shi, la "banda de los cuatro", etc.
42
"Una breve exposición sobre nuestra táctica actual"
parte, en uno de sus documentos43 que la tesis de éstos últimos “se basa en concepciones
ajenas al marxismo, según las cuales los principios organizativos están por encima de
todo”. Refiriéndose a la autoridad de una obra titulada Conocimiento de Base del
Partido Comunista Chino, escribían: “Los principios organizativos marxistas-leninistas
sólo pueden y deben respetarse en el marco de una línea política e ideológica
verdaderamente marxista-leninista”. “La corriente liquidadora -continuaban, citando a
Lenin- refleja la influencia de la burguesía sobre el proletariado”. En relación con la
cuestión a sus ojos decisiva, es decir, el problema de la integración del PKM en el PPM,
se planteaban las siguientes interrogantes: ¿impondrá el “proletariado” su hegemonía a
la “burguesía nacional” o por el contrario sufrirá la de aquélla? La organización, es
decir, el partido, no sería, a sus ojos, más que el instrumento capaz de inclinar la balanza
a favor de una u otra de las ramas de esta controversia.

b) En lo que concierne al análisis “de clase” de la sociedad mauritana, la oposición entre


las dos corrientes opuestas dentro del PKM en relación con la disolución en el seno del
partido único del estado mauritano no supuso, por lo que se ve, una divergencia
significativa en la forma en que ambas representaban el paisaje sociológico mauritano.
En todo caso, parece que los “integracionistas” intentaron “afinar” su visión de este
panorama para justificar la búsqueda de alianzas con los grupos más “frecuentables”,
desde el punto de vista “proletario”, entre los círculos de poder influyentes de
Mauritania. Las diferencias entre los “integracionistas” y los opositores a la disolución
en el seno del PPM se basaban más bien en opciones “estratégicas” y en sus
derivaciones inmediatas sobre el futuro del MND en su relación con los detentadores
del poder en ese momento; en la cuestión de saber quién, por parte del “proletariado” o
de la “burguesía nacional”, iba a dirigir el proceso de la “revolución democrática
nacional”. Así, por ejemplo, en un documento 44 que data probablemente de finales de
1977, los “integracionistas” proponían las siguientes distinciones. Dentro de la
“pequeña burguesía”, habría “cinco corrientes” (de hecho, el documento sólo nombraba
cuatro): (a) “la de los intelectuales liberales sin partido, los technos 45, vacilantes y
asustadizos”; (b) la corriente de los “nacionalistas oscurantistas” (al-qawmiyyīn al-
ẓalāmiyīn): qaḏāfistas, hermanos musulmanes... muy anticomunistas, que constituían el
“frente de rechazo” de los kadihin...; (c) “la corriente baazista”, poco numerosa, que
puede aliarse con el PKM... (d) la corriente de los “pequeños burgueses anarquistas”
(al-burjwāziyyīn al-ṣiġār al-fawḍawiyyīn), “enemigos irreductibles” (a‛dā' aliddā') del
PKM: “este grupo, conocido por su actividad dirigida particularmente contra el
marxismo-leninismo y la vanguardia revolucionaria en nuestro país, está objetivamente
del lado del enemigo principal desde un punto de vista estratégico”. Sin embargo, “débil
y aún no movilizado bajo la bandera del trotskismo, todavía puede ser un posible aliado
para el PKM, como lo fue durante el congreso de la juventud del PPM”.
43
Titulado: "Sobre la crisis de nuestro partido", fechado en abril-mayo de 1976.
44
Documento en árabe titulado: "La situación actual y nuestras tareas en este momento" ( ‫الوضع الراهن و‬
‫)مهمتانا اآلنية‬
45
Este era el apodo que se daba a algunos cuadros universitarios, calificados de “tecnócratas”, que
entraron en el gobierno mauritano en 1971, pero el propio Moktar ould Daddah, en sus memorias (2003:
177) mencionaba este término, como aplicable -con “una connotación peyorativa”, dice- ya en 1964, a la
“decena de universitarios” que había en Mauritania en aquella época, y que habrían sido “llamativamente
hostiles al todavía incipiente Partido Único”.
En el seno de la “burguesía nacional”, el documento distinguía dos corrientes
principales, cada una de las cuales abarcaba varias orientaciones: (a) “la burguesía
nacional asociada al estado” (al-burjwāziyya al-waṭaniyya li-l-dawla), de la que se decía
que estaba “unida en torno a la soberanía económica del país”. Su ala más próxima al
PKM se identificaba con Marie-Thérèse46 y Aḥmad w. Dāddāh47. (b) Esta ala se oponía
a la “corriente formada por los empresarios, cercanos al ala derecha del régimen” (...)
Los kadihin percibían claramente sus reservas hacia ellos.

c). En la visión que tenían de la situación internacional y sus derivaciones en el


conflicto regional nacido de la partición (1975) del ex Sahara español entre Marruecos y
Mauritania, los kadihin, de todas las orientaciones, se apoyaron en el análisis que
proponía la dirección del Partido Comunista Chino (PCC). Este análisis articulaba,
como es sabido, una tripartición del mundo en la que el “imperialismo”, el
“hegemonismo” de las dos superpotencias (EEUU y URSS), se oponía a los intereses de
las potencias medias del “segundo mundo”, constituidas sobre todo por Europa
Occidental, y más aún a los intereses del Tercer Mundo, foco principal de la revolución
mundial, de la “lucha contra el hegemonismo”, según la doctrina maoísta de la época.
Esa visión se refería a una “social-fascistización imperialista” del Partido Comunista de
la URSS a partir del XX Congreso, y veía en ese país un peligro aún mayor que su rival
estadounidense. “Si el tigre estadounidense ha perdido (algunos de) sus dientes, el
soviético todavía los tiene todos, según una imagen utilizada por Mao”, informaba el
documento citado en el párrafo anterior.

Si bien se consideraba inevitable una guerra mundial, según la tesis de los “tres
mundos”, aquélla podría retrasarse mediante el establecimiento de un “frente mundial lo
más amplio posible”, y en particular mediante una lucha unida de los países del Tercer y
del Segundo Mundo contra el “hegemonismo”. En esta línea de pensamiento,
desarrollada en particular por los “integracionistas”, era conveniente evitar oponer a los
“progresistas” y a los “reaccionarios” en África, y más aún, oponerlos a sus antiguos
amos coloniales, pues una convergencia de intereses con estos últimos podría servir a la
lucha antihegemónica.

En opinión de los “integracionistas”, sus oponentes -los “anarquistas”- creían que la


guerra del Sáhara enfrentaba a la revolución (Frente Polisario, Argelia...) con la
contrarrevolución (Marruecos, Mauritania, Francia...). Apoyaban sin reservas al Frente
Polisario y el deseo de independencia de los saharauis, sostenidos por una Argelia que
46
Esposa -muy activa políticamente- del presidente mauritano Moktar ould Daddah. Los kādiḥīn
partidarios de la incorporación al PPM eran, además, a veces, en su momento, apodados "los kādiḥīn de
Marie-Thérèse", ya que fue ella quien más se esforzó en atraerlos y en proporcionarles un marco de
movilización dentro del PPM. (Ould Daddah, 2003: 179-80).
47
Medio hermano del presidente Moktar Ould Daddah, gobernador del Banco Central de Mauritania en el
momento (1974) de la creación de la uguiya, cuyos primeros pasos acompañó. Posteriormente, lideró la
principal oposición política al régimen o regímenes militares a partir de la década de 1990.
se juzgaba progresista. Sin embargo, según estos “integracionistas”, el Frente Polisario
era un movimiento “nacional burgués” cuyas “desviaciones” podían acabar por
convertirlo en un movimiento reaccionario, como demostraban sus acciones
“terroristas” en Mauritania. El Frente Polisario y sus defensores consideraban, siempre
según los “integracionistas”, a la URSS como un “aliado natural”, cuando en realidad
era el más “feroz enemigo de los pueblos”, especialmente de los africanos. Eso condujo
al Frente Polisario, en su opinión de manera inconsciente, a debilitar la unidad del
Tercer Mundo, de África, del mundo árabe... El derecho a la autodeterminación que
reclamaba el Frente Polisario no era un derecho absoluto, y debía tomar en
consideración tanto los imperativos como el entorno del momento. La guerra a la que se
enfrentaba no era una “guerra imperialista”, según el documento citado anteriormente,
sino una guerra “entre amigos” (bayn al-aṣdiqā'). Su solución “marxista-leninista”
revelaba “contradicciones en el seno del pueblo” (al-tanāquḍāt fī ṣufūf al-ša‛b). Sin
embargo, “el camarada Mao nos enseña”, escribían, “que la forma correcta de resolver
las contradicciones en el pueblo es mediante la persuasión, no la violencia y la guerra”.
Los opositores a la integración en el PPM en los círculos de los kadihin denunciaban,
por su parte, la alianza con Marruecos y exigían la retirada de Mauritania (y Marruecos)
de la antigua colonia española.

Tales fueron, brevemente resumidas, las principales divergencias surgidas en el seno del
PKM cuando se hallaba en proceso de disolverse en el Partido del Pueblo Mauritano,
que a su vez desapareció inmediatamente tras el golpe de Estado que puso fin al
gobierno civil de Moktar Ould Daddah el 10 de julio de 1978.

Conclusiones

El final de la década de 1960 conoció el desarrollo de una contestación radical en todo


el mundo, que encontró una causa y un estímulo decisivos en las luchas del Tercer
Mundo, y más concretamente en la resistencia de Vietnam a la invasión estadounidense.
En Mauritania, la protesta contra el orden establecido, que comenzó con una huelga
brutalmente reprimida en la industria minera del norte del país en mayo de 1968, no
escapó a ese contagio. Allí surgió un movimiento de inspiración maoísta llamado los
kadihin o Movimiento Nacional Democrático, que defendía con vigor consignas y
reivindicaciones en dirección a una posible revolución igualitaria y antiimperialista. El
surgimiento de esas movilizaciones colectivas, que abarcaron el periodo 1968-1974, se
debió en buena medida a la devastadora sequía que azotó a Mauritania durante esos
años, y que empujó a oleadas de agropastores arruinados, muchos de los cuales eran
originarios de las tribus zwaya de la Gibla (Idägajṃällä, Tǝrkǝz, Tägunānǝt, Idāblǝsen,
Tashumsha, etc.), hacia las chabolas y jaimas de una capital recién fundada. En cuanto a
la dimensión maoísta de estas movilizaciones, aunque no fuese muy original para la
época, dado el impacto planetario de la “Gran Revolución Cultural Proletaria”, nada nos
impide conjeturar que se vio favorecida, en este caso, por una tradición de
memorización piadosa -la cultura del maḥāẓir, los centros educativos tradicionales de
los zwaya- en la que el Pequeño Libro Rojo -el sagrado Corán de la Revolución
Cultural- y el culto divino del “Gran Timonel” no habrían tenido demasiadas
dificultades para encontrar su camino.

Referencias
Audibert, J., (1991), MIFERMA : une aventure humaine et industrielle en Mauritanie,
L’Harmattan, Paris
Bonte, P., (2001), La Montagne de fer, Karthala, Paris
Bonte, P., (2005), "Trente ans après. De la MIFERMA à la SNIM…", in O. Leservoisier (dir.),
Terrains ethnographiques et hiérarchies sociales, Karthala, Paris, pp. 259-283.
de Chassey, F., (1972), Contribution à une sociologie du sous-développement. L'exemple de la
R.I.M., Thèse, Université Paris V, Paris
De La Serre, F., (1966), “Les revendications marocaines sur la Mauritanie”, Revue française de
science politique, 16-2, pp. 320-331.
Evrard, C. (2018), “Mauritanie 1956-1963 : les multiples dimensions d’une indépendance
contestée”, L’Année du Maghreb, 18, pp. 149-167.
https://doi.org/10.4000/anneemaghreb.3687
Herreman, P., (1960) “Les revendications marocaines sur la Mauritanie placent les pays
africains devant un choix difficile à l’O.N.U.”, Le Monde Diplomatique, octobre
Littérature clandestine des Kadihin (tracts, etc.)
Marchesin, P., (1992), Tribus, ethnies et pouvoir en Mauritanie, Karthala, Paris
El Mauritanyi, H. (1974), L'indépendance" néo-coloniale, Editions des Six Continents, Paris
Ould Cheikh, A. W., (2017), La société maure, Centre des Recherches Sahariennes, Rabat
Ould Daddah, M., (2003), La Mauritanie contre vents et marées, Karthala, Paris
Pujos, J., (1964), Croissance économique et impulsion extérieure. Etude sur l'économie
mauritanienne, PUF, Paris
République Islamique de Mauritanie (1960), La République islamique de Mauritanie et le
Royaume du Maroc, Diloutremer, Paris.
Royaume du Maroc, Ministère des Affaires Etrangères (1960), Livre Blanc sur la Mauritanie,
Rabat.
Vergara, F., (1979), "L'économie de la Mauritanie et son développement", in Collectif,
Introduction à la Mauritanie, CNRS, Paris, pp. 177-234
Webb, J. L. A., (1995), Desert Frontier, Ecological and Economic Change along the Western
Sahel, 1600-1850, The University of Wisconsin Press, Madison

También podría gustarte