0% encontró este documento útil (0 votos)
78 vistas29 páginas

Resistencia y Conflicto en Mutunsi

Cargado por

Laura Feliu
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
78 vistas29 páginas

Resistencia y Conflicto en Mutunsi

Cargado por

Laura Feliu
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Contexto y causas diversas del gazi de Mutunsi (18 de agosto de 1932)

Benjamin Acloque (EHESS y LAS, Collège de France, Paris) y Camille Evrard (IMAF, Aix-
en-Provence)

Desde el inicio de la penetración francesa en el Sáhara con la toma de Tombuctú (1893),


el espacio libre se fue encogiendo de modo alarmante. Durante largo tiempo, los más
resistentes a la dominación europea se exiliaron (hijra) y tomaron ocasionalmente las
armas. Dos figuras religiosas originarias de la región liderarían la lucha en los territorios
por aquel entonces franceses y españoles de Marruecos, Sáhara y Mauritania: el Sayj Ma’
el-ˁAynīn ould Sayj Moḥammed Vadhel y el Sayj ˁAbidīn ould Sidi Moḥammed el-
Kuntawi. Tras sus muertes, sus descendientes retomaron la lucha y se esforzaron en
movilizar a las qaba’il1 más celosas de su independencia. En la década de 1920, mientras
en el Rif tenían lugar combates más tradicionales, en el Oeste sahariano se produjeron
ataques esporádicos contra las tropas, los convoyes o los destacamentos, en los que
participaron principalmente miembros de las qaba’il Rgaybat y Awlad Dalim. Una vez
terminadas sus incursiones, los guerreros se refugiaban en la parte del Sáhara que España
aún no controlaba. Así, en 1924 y 1927, el puesto francés de Port Etienne, situado en la
frontera entre Mauritania y el Sáhara, repelió los ataques organizados por los primos de
Ma' el-ˁAynīn que agrupaban a combatientes de diversos orígenes tribales donde los
Awlad Dalim, antiguos amos de ese espacio, eran numerosos.

Las características de esas acciones 2, impropiamente definidas con el término “razzia”,


que ha pasado al vocabulario español, son de gran interés. Constituyen indicadores
preciosos, al mismo tiempo causa y efecto de las políticas coloniales francesas y
españolas erráticas en materia de control territorial y de administración de las qaba’il.
Interesarse por los gizan permite, pues, comprender a su vez la orientación de las
estrategias militares, así como el clima de las caóticas relaciones entre Francia y España;
pudieron tener, incluso, ciertas repercusiones en la opinión pública de las metrópolis, por
ejemplo a través de las novelescas aventuras de los aviadores secuestrados en la costa
occidental sahariana. Por último, esas movilizaciones armadas -a una escala más local,
que podemos observar con detalle en los archivos franceses- influyeron en la política
colonial, al polarizar las posiciones de los administradores y oficiales franceses. Militares
y civiles, administradores locales o territoriales, se oponían en relación con la actitud que
debían observar ante quienes designaban, bien como “bandidos o saqueadores”, bien
como “disidentes”.

Esas movilizaciones presentaban, además, una larga temporalidad que iba más allá del
momento destacado de la “batalla”; eran fundamentales en la economía de rapiña sobre
los grupos enemigos o dominados; podían durar varios meses, sufrir reveses o acumular
fuerza y honor ante unidades armadas de guerreros rivales o ante los grupos nómadas
(GN) coloniales; podían dividirse en varias formaciones con diferentes objetivos, o tener
1
Qaba’il (sg. qabila) se refiere a un grupo de parentesco y a una unidad política que estructura el espacio
sahariano. A menudo se traduce en castellano como tribu. Mantenemos el adjetivo “tribal” en este sentido.
2
Conviene recordar que esta práctica (gazi, pl. gizan) de equipar un pequeño ejército de más de 50 fusiles
con el objetivo de apropiarse de personas o bienes no está vinculada a la colonización, sino que forma parte
de las relaciones sociales y es un medio para que los guerreros adquieran un rango.

1
un liderazgo múltiple y una composición multitribal compleja. Además, los gizan mostra-
ban la existencia de líneas de fuerza diversas, colectivas o individuales, no sólo dentro de
la disidencia contra la administración colonial, sino también en la elección de los colabo-
radores. Ese aspecto es contrario a la lectura colonial, centrada en los líderes, en los
“grandes hombres”. De hecho, a menudo se producían tensiones, opiniones discrepantes,
a saber, peleas entre líderes, e incluso signos de disensión interna dentro de las qaba’il,
tal como sucederá en el gazi de Mutunsi.

El 20 de julio de 1932, una gran expedición armada, un gazi, partió del Wad Itghi, a unos
treinta kms. al sur del futuro El Aaiún. Compuesto en su mayoría por Awlad Dalim, si-
guió la línea de los pozos, cruzó la frontera franco-española cerca de Aghuyit, en el Ta -
siast, y cayó el 18 de agosto sobre tres destacamentos militares franceses que habían sali-
do a su encuentro. Esos 105 hombres acababan de tomar el rumbo hacia el norte después
de hacer agua en Mutunsi3. Murieron cinco de los seis oficiales y suboficiales franceses,
entre ellos el nieto del ex presidente Patrice de Mac Mahon, lo que no dejó de conmover
a la prensa metropolitana. También murieron 33 soldados: once tiradores senegaleses, en-
tre ellos un cabo, veintiún guardias meharistas y unos partidarios bidan4. El único miem-
bro superviviente del mando, el capitán Delange, reconoció “una sangrienta derrota” al
día siguiente de los combates. En su segundo informe, del 28 de agosto, endulzó su jui-
cio, admitiendo únicamente “un grave y doloroso fracaso”5.

El gazi que se halla en el origen del enfrentamiento de agosto de 1932 fue en muchos
sentidos comparable a otros de la época, aunque en este caso promovió lecturas y comen-
tarios opuestos, construidos en diferentes momentos, y que resonaron de forma diferente
según los contextos políticos. De forma caricaturesca, los partidarios de una lectura del
3
Fue allí donde se recogió el agua que abasteció a los obreros que construyeron la autopista entre Nuakchot
y Akjujt.
4
Los bidan (sing. bidani), maures en la denominación colonial francesa, constituían el grupo principal de la
Mauritania francesa y el Sáhara español, hablantes de hassaniyya, un dialecto árabe, y de cultura nómada.
5
SHD, 5H270/26 (N101). Los documentos de archivo proceden de varios fondos, la mayoría de los cuales
fueron creados por los franceses durante el periodo colonial. Los Archivos Nacionales de París (CARAN)
disponen de microfilms que reproducen una parte de los archivos de la AOF conservados en Dakar (ANS)
y, en particular, la correspondencia del Gobierno General (GGAOF) con el Gobernador de Mauritania(GM)
o los comandantes de círculo (por ejemplo, ANS, serie moderna, 9G18 “Oulad Delim” se reproduce en el
microfilm 200MI/2167 del CARAN). El Service Historique de la Défense (SHD) de Vincennes posee una
reproducción de una parte de los archivos militares producidos en San Luís y conservados en Nuakchot
(ARIM), y en particular la parte principal del expediente dedicado a “Moutounsi” (N101, código SHD:
5H270/26). Dos documentos extraídos directamente de los archivos de Nuakchot (Asuntos Políticos) nos
fueron enviados amablemente por Alberto López Bargados. El SHD conserva en su colección de
Marruecos (3H), los ricos documentos producidos por los círculos de los confines argelo-marroquíes. Por
último, un informe de inspección militar sobre la colonia española, que precede a Mutunsi por poco tiempo,
proviene de la Biblioteca Nacional de España. Las entrevistas para este artículo fueron realizadas por
Benjamín Acloque en Mauritania durante el invierno de 2019-2020, complementadas con otras recogidas
anteriormente y algunas aclaraciones por correo electrónico. Salvo indicación contraria, se realizaron en
francés. Queremos dar las gracias a quienes han respondido a nuestras preguntas y a quienes han hecho
posible estas entrevistas, en particular a Farida mint Habib, Brahim ould Ghadour, Abdel Baqi ould Arbi,
Sid Ahmed ould Maouloud y Mih ould Chibani. Por último, el testimonio de Baba ould Soueidat (ˁEleb)
procede de un vídeo de youtube fechado el 20 de agosto de 2017 que ha circulado desde entonces por
whatsapp. https://www.youtube.com/watch?v=YpznTT7s8tc

2
gazi como un ejemplo relevante de resistencia anticolonial -los Awlad Dalim, animados
por la llamada a la yihad de un pariente de Ma' el-ˁAynin, habrían atacado a los franceses
en su zona de control para defender su independencia- se oponen a los que simplemente
ven en el acontecimiento un ataque impulsado por el afán de lucro y el odio atávico de
los Awlad Dalim hacia los ˁEleb. No nos ocuparemos de los aspectos más recientes de
esta controversia, que deben analizarse en el marco de la historia nacional de Mauritania
desde su independencia en 1960, y más aún del equilibrio de poder existente en la socie-
dad bidan durante la presidencia de Mohamed ould Abdelaziz (2008-2019) (Evrard y Pe-
ttigrew, 2019). Pero hagamos hincapié en que las posiciones actuales en Mauritania, tal
como se refleja en el título de un reciente artículo, “Saqueadores vs. Traidores...” (Freire
y Ould Mohamed Baba, 2020), retoman en gran medida las lecturas coloniales de Mutun-
si -aunque con el cambio de la guerra santa a la resistencia anticolonial.

Este capítulo se centra en las interpretaciones del gazi de Mutunsi en el contexto de la


época. Intentamos demostrar que esta distinción entre los acontecimientos que se enmar-
can en la “resistencia” a la colonización o en la guerra religiosa, y aquéllos que se revelan
como simples episodios de vendetta o actos de pillaje, no es evidente cuando se intenta
desentrañar la gama de fuentes disponibles, ya estén archivadas o sean transmitidas por
los descendientes de los actores. La estructura de este texto sigue la lógica de los relatos
divergentes del gazi, después de haberlo contextualizado al retornar a la política colonial
francesa del periodo en el que tuvo lugar: alianza con ciertos grupos tribales y cuasi-auto-
nomía del Adrar, oscilación entre la represión y la negociación con otros grupos, y, como
telón de fondo, tensiones con las autoridades coloniales españolas vecinas. Se trata, pues,
de analizar las cuestiones tribales que estaban en juego en las motivaciones del ataque,
mostrando el impacto de la penetración colonial en el equilibrio político en el interior de
las qaba’il y entre ellas, para de ese modo situar las tensiones que las atravesaban en un
tempo más largo. A continuación, examinamos los motivos de carácter social, tanto en la
dimensión guerrera de la “ganancia de prestigio” que suponía la adquisición de bienes y
gloria, como en la motivación religiosa que se manifestaba en la exigencia de la yihad.

Con ello pretendemos mostrar la coexistencia de diferentes motivos para los ataques, así
como la complejidad de sus modalidades. La cuestión de la dinámica colectiva de las mo-
vilizaciones, en este contexto, parece muy difícil de determinar, ya que las decisiones de
participación parecen diversas y cambiantes. Si existe un “proyecto político”, se trata de
proyectos múltiples y entrelazados, que hay que destacar.

1. Gizan y política colonial entre 1923 y 1934

¿El fin de la “política de domesticación”? Una inflexión imposible de rastrear

Desde hace largo tiempo, se busca una fecha clave para la transición de una política “nó-
mada” basada en la persuasión, el control de los circuitos económicos y una libertad de
movimiento vigilada, a una actitud represiva y brutal destinada a poner fin a los ataques
de los disidentes bidan6. Los bandazos y desacuerdos internos en los distintos niveles de
6
Sophie Caratini (1989) estudiando los Rgaybat y Pierre Bonte (1993) situándose desde el punto de vista de

3
la administración deberían hacernos relativizar la periodización clásica, un tanto rígida,
que pretendía racionalizar la evolución de la política colonial en la región: “domestica-
ción” o “política del pilón de azúcar7”, luego “mano tendida y arma en ristre”, y final-
mente represión y control total.

Tras varios años de calma en las incursiones armadas organizadas desde Río de Oro al te-
rritorio de la Mauritania colonial, en 1923, 1924 y 1925 tuvieron lugar ataques a gran es-
cala instigados por los miembros de la familia Ma' el-ˁAynn y, en particular, por Wajaha 8,
así como por jefes rgaybat y de las restantes qaba’il del norte. Estos gizan estaban en re-
lación con la cambiante línea política colonial hacia los “extranjeros amigos” (Caratini,
1989: 164; López Bargados, 2003: 487), es decir, las qaba’il que vivían entre Mauritania
y el Sáhara Español, territorios que en aquel momento se hallaban en proceso de coloni-
zación, y cuya presencia configuró la organización político-militar de aquéllos. El Gober-
nador General del África Occidental Francesa (AOF) en Dakar, Jules Carde, temía que
esos ataques -con prédicas religiosas anticoloniales como telón de fondo, y dirigidos
contra unidades francesas y el puesto fronterizo de Port Etienne- indicaran un resurgi-
miento de la disidencia. Su respuesta fue la guerra 9. La colonia mauritana estaba dirigida
desde 1917 por Henri Gaden, quien había aplicado una política basada en la negociación
con las qaba’il nómadas del norte, Awlad Dalim y Rgaybat en particular, así como en sus
vínculos personales con muchos notables (Dilley, 2015).

Los archivos muestran, sin embargo, que no hubo una disensión real entre Gaden y el
Gobierno General, ni tampoco un final abrupto de la política de negociación tras su salida
en 192710. Sin embargo, el importante margen de maniobra de que disponían los Coman-
dantes de Círculo debe relativizar el papel del gobernador en el impulso de las políticas y
en sus efectos. En la región del Adrar, la llegada del comandante Dufour a la jefatura del
círculo11 en 1928 supuso un evidente endurecimiento 12. Las eventuales respuestas a los
gizan centraron los desacuerdos regulares entre la capital de la colonia y el círculo del

las poblaciones del Adrar, señalan 1925; Alberto López Bargados (2003: 503), en su estudio sobre los
Awlad Dalim, señala en cambio 1927 y la llegada del gobernador Chazal.
7
Política atribuída a Henri Gaden, que designa un tipo de gratificación fundada sobre un recurso essencial
(el azúcar) en una sociedad poco monetarizada.
8
Moḥammed Taqyulla ould ‘Eli Cheikh ould cheikh Moḥammed Vadhel, más conocido por el apodo de
Wajaha, era sobrino del Sayj Ma' el-ˁAynin. Después de intimidar a sus adversarios en Chreïrik en 1923,
Wajaha fracasó en la toma del puesto fronterizo de Port Etienne en 1924 con combatientes de diversos
orígenes tribales. Wajaha murió dos meses después en la batalla de Bu Garn, el 5 de mayo de 1924. Su
hermano Moḥamd el-Mamūn, que estuvo en los combates de 1924 y murió en 1927 en Agli tras otro ataque
a Port Etienne, no debe confundirse con su primo homónimo, del que se habla a continuación.
9
Caran 200Mi/2166 (ANSsm 9G3), GGAOF Carde al GM Gaden, 16-05-1925.
10
Ibid., Gaden a Carde, 16-06-1925; Informe del GGAOF Carde sobre la política seguida en Mauritania,
20-09-1928. René Chazal se instaló en San Luís durante un año, luego Albert Choteau durante otro, y
Chazal volvió hasta mediados de 1931.
11
El Círculo, dirigido por un «comandante de círculo», a menudo civil, era la principal subdivisión
administrativa en las colonias francesas del África Subsahariana. Supervisaba uno a varios puestos
administrativos, a los que se adscribían las qaba’il o fracciones de aquéllas. Sin embargo, existía un mando
militar paralelo que no dependía del Gobernador de Mauritania, sino del general comandante de las tropas
del AOF en Dakar. La tutela de los GN era ambivalente en el interior de esa doble jerarquía.
12
Ibid.

4
Adrar, que ocupaba la primera línea contra los disidentes del norte. Sin embargo, Adrar
contaba con un buen número de bidan auxiliares de las fuerzas coloniales que mantenían
antiguas disputas con las qaba’il del norte. Allí donde las unidades oficiales francesas no
podían perseguir a los disidentes, los definidos como bidan “sumisos” explotaron la si-
tuación para ajustar sus propias cuentas.

Mientras que los años 1929 y 1930 fueron escenario de muchas discusiones y reproches
mutuos entre las autoridades francesas y españolas (Martínez Milán, 2003) -sobre el tráfi-
co de armas, los prisioneros moros, la colaboración fallida, etc.-, se avanzó claramente
hacia la desaparición del estatus de “extranjeros amigos” atribuido a los Awlad Dalim y
Rgaybat, y que también afectaba de manera menos formal a los Awlad Bu Sbaˁ, Awlad
al-Lab y Ahl Barikalla. Se intensificó la competencia con los españoles para atraerlos, lo
que derivó en más presión sobre las poblaciones (Caratini, 1989; López Bargados, 2003).
Todo ello se vio acompañado de una injerencia cada vez mayor en los asuntos tribales del
noroeste de Mauritania (Acloque, 2011), facilitada por la re-creación del puesto de Akjujt
en 1930 y más tarde del círculo del Inchiri en 1931, que estrecharon el cerco del control,
oficialmente para retener a los gizan que descendían de Río de Oro. Parece que la llegada
del gobernador Gabriel Descemet en 1931 supuso un punto de inflexión. En cualquier
caso, esta era la opinión del general Duboc (1935: 303), un antiguo meharista que enterró
definitivamente la política de domesticación con la llegada del trío de Descemet en San
Luís, Freydemberg (el general de mayor rango al mando de las tropas de la AOF) en
Dakar y Bouteil como comandante de círculo del Adrar.

Esto se corresponde con la aparición en 1931 de una nueva figura de la predicación reli-
giosa antifrancesa, Moḥamd el-Mamūn ould sayi Moḥammed Vadhel ould ˁAbeydi (véa-
se infra), y con la multiplicación de los ataques contra las unidades francesas. Ya en di -
ciembre, Bouteil se tomó muy en serio la capacidad de Moḥamd el-Mamūn de llamar a la
yihad, así como su potencial fuerza “destructiva”, por lo que alarmó a sus superiores pa-
sándose de la raya13:

“Mohamdel Maamoun querría atacarnos, con el mayor número posible de


fusiles, con el fin de lograr la destrucción de las fuerzas del Adrar; destruc-
ción que, de conseguirse, provocaría deserciones y le haría dueño del Adrar,
región en la que podría reunir a toda la gente que quisiera hacernos retroce-
der hasta el río [Senegal]. Un sueño grandioso, que Mohmadel Maamoun,
que ha visto nuestras pérdidas en el Rif, puede muy bien acariciar y hacer
entrever a sus partidarios”.

En marzo de 1932, el emir del Adrar, que había cooperado mal que bien con los france-
ses, desertó, al tiempo que se deterioraban las relaciones entre los franceses y Awlad Da-
lim (López Bargados, 2003: 522). Siguió una fase de efervescencia y un clima cada vez
más tenso, en cuyo contexto intervino la derrota del grupo nómada de Trarza en Mutun-
si14. La política colonial evolucionó hacia una actitud de intransigencia durante este mis-
13
5H270/22 (N91), 182-184, Comandante de círculo del Adrar (CCA) (Bouteil) al GM, 29-12-1931.
14
Este clima de paranoia y presión psicológica se observa bien en 5H260/26 (N101), Rapport sur l’activité

5
mo periodo, pero no es fácil determinar si la disidencia armada condujo a la recuperación
del control colonial o lo contrario.

Una constante: la autonomía de los actores

Más que las inflexiones de la política colonial, lo que conviene retener son las constantes.
Subrayarlas permite poner de relieve las condiciones de las movilizaciones de la época y
las reacciones que suscitaron. Las nuevas reglas de juego coloniales guiaban las lealtades
de los individuos o grupos, pero éstas seguían siendo básicamente cambiantes: el princi-
pal error cometido por las autoridades coloniales, sobre todo las francesas, fue confundir
una alianza casual con una lealtad duradera. Además, los problemas de escala en el seno
de la administración francesa, entre civiles y militares, entre la federación de la AOF, la
colonia de Mauritania y los círculos del norte, también favorecieron la autonomía de los
oficiales a nivel local, a pesar de la relativa claridad de las instrucciones (Evrard, 2015:
85-90).

Para las tribus cuyas familias vivían a ambos lados de las recientes fronteras coloniales,
el problema era doble: sus notables podían aprovecharse –“subastando” su rendición- de
las disensiones entre las potencias coloniales francesa y española, que competían entre sí,
pero también se encontraban en una posición muy delicada porque vivían en cierto modo
en la “línea del frente”. Eran incapaces de elegir un bando ante las acciones de disidencia
o las represalias que se derivaban. Es el caso, por ejemplo, de los distintos subgrupos de
Awlad Dalim, que fueron objeto de un análisis en términos de “faccionalismo fronterizo”
(López Bargados, 2003). Allí donde los administradores coloniales percibían en su falta
de constancia la influencia nociva de los predicadores o de otros jefes de gazi veteranos
(sobre todo Rgaybat), hay que entender esencialmente una estrategia de adaptación a la
presión colonial (López Bargados, 2003: 524) y a su política cada vez más estricta de
control territorial y de injerencia en los asuntos internos de las poblaciones de la región.

Estos análisis se aplican también a los individuos que eligieron actuar como intermedia-
rios ante los franceses en una forma de administración indirecta, como el emir de Adrar 15,
o a los grupos de partidarios que apoyaron el ejercicio del control efectuado por las uni-
dades militares meharistas.

La composición y el uso de las unidades militares meharistas se hallaban en el centro de


la cuestión del control territorial, y provocaron numerosas disputas en el seno de la admi-
nistración colonial francesa. Esas unidades asumieron los saberes locales de los gou-
miers16 bidan, al tiempo que se apoyaban en la presencia de soldados regulares -los tira-
dores, procedentes del sur de Mauritania o de las restantes colonias del AOF (Caratini,
du groupe nomade du Trarza pendant le 2e semestre 1932(Delange), 25-12-1932.
15
Sid’ Ahmed ould Ahmed: respaldado por los franceses en sus funciones de emir por primera vez en 1913,
luego en 1920, este jefe consagrado que se había enfrentado tantas veces al ejército colonial partió en
disidencia en febrero de 1932. Hizo matar al teniente Mussat cuando intentó llevarlo a Atar el 14 de marzo,
y él mismo fue fusilado por el capitán Le Cocq en represalia el 19 de marzo de 1932 (Bonte, 1993: 69-79).
16
En este contexto, “goumiers” designa los soldados auxiliares surgidos del mundo nómada, enrolados en
las unidades montadas francesas en el Sáhara (Evrard, 2018: 18).

6
2009; Evrard, 2015)- supervisados por oficiales franceses. El examen de las respuestas
adoptadas ante los campamentos o los gizan reales o supuestos muestra claramente la di-
versidad de puntos de vista entre la sede del gobierno en San Luís y el mando del círculo
de Adrar en Atar durante este periodo de alternancia de negociaciones, represión brutal y
reorganización militar de la colonia. El uso de colaboradores y de goumiers de los grupos
nómadas franceses estuvo en el centro de esas discusiones. A veces, en San Luís, se tenía
la impresión de que a los oficiales franceses les faltaba claridad al permitirles llevar a
cabo “contra-razzias”17 que socavaban la política de “domesticación”. A menudo se les
criticaba por resultar poco fiables, susceptibles de desertar en cualquier momento, o im-
previsibles durante los combates. Por el contrario, los oficiales de las unidades de meha-
ristas así como los diversos comandantes de círculo del Adrar, defendieron a “su gente”,
pues criticaban la imposibilidad formal de perseguir a los gizan en la zona española (Mar-
tínez Milán, 2003). En cualquier caso, los auxiliares bidan eran presa fácil ante una políti-
ca colonial errática.

Aunque esos debates se prolongaron durante muchos años, hay que destacar que la pro-
gresiva modernización de los medios técnicos de que disponían las autoridades militares
y civiles de la colonia contribuyó en varios aspectos a transformar la relación de fuerzas.
La radio y la aviación, en particular, pusieron a Atar al alcance de San Luís, y facilitaron
tanto el control jerárquico dentro de la estructura colonial como el control territorial sobre
las poblaciones que se deseaba someter. Sin embargo, la respuesta a los ataques del norte
no podía resolverse por completo sin una evolución de las relaciones con el vecino espa-
ñol.

En la segunda mitad de la década de 1920, se multiplicaron los intentos de negociar a ni-


vel diplomático el derecho de persecución a través de la frontera entre Mauritania y Río
de Oro, pero las reiteradas peticiones de San Luís y Dakar no consiguieron invertir una
balanza decantada por las cuestiones marroquíes (Martínez Milán, 2003: 288-300). La
falta de control español sobre el interior del territorio sahariano 18 dio lugar a quejas cada
vez más vehementes por parte mauritana: cada acto de guerra por parte de los bidan -ya
fuesen gizan o secuestros- daba a las autoridades coloniales francesas la oportunidad de
señalar con el dedo a las de Villa Cisneros o Cabo Juby19.

Más allá de la acusación de ineficacia, se llegó a sospechar que los españoles perjudica-
ban deliberadamente los intereses franceses en la región. Los informes franceses de esta
época daban a entender a menudo que los líderes de los ataques recibían el apoyo de las
17
Esta terminología, que procede de la visión militarista francesa, evita hablar de expedición punitiva,
tiende a asimilar las movilizaciones armadas (de diversa índole, por tanto) con actos militares banales, y
hace una distinción entre actos de guerra ilegales y represión colonial que no tiene sentido para la
población. Hay que recordar que los colaboradores, en estos casos, no estaban dirigidos por oficiales
coloniales.
18
En 1925, sólo 120 hombres defendían Río de Oro desde Villa Cisneros, por 160 en La Güera, mientras
que en Cabo Juby, la defensa estaba asegurada por una guarnición de 400 hombres. La presencia española
estaba así reducida a unos pocos enclaves costeros.
19
El secuestro de los aviadores franceses Reine y Serre en territorio español a finales de junio de 1928 y la
posterior negociación sobre el rescate es un buen ejemplo de ello (Informe del GGAOF Carde sobre la
política seguida en Mauritania, 20-09-1928, 200Mi/2166 (9G3).

7
autoridades españolas: se les recibía, se les atendía, se les suministraba comida y a veces
incluso armas20. Por otra parte, estos reproches contrastaban con los que los españoles
formulaban contra los franceses, a los que responsabilizan de la circulación de gran nú-
mero de armas en la región, bien porque delegaban el control de ciertas zonas en colabo-
radores a los que equipaban21, bien porque entregaban armas durante las negociaciones
para la liberación de los prisioneros tomados durante los gizan.

A falta de pruebas que puedan acreditar un doble juego español en aquel momento, con-
viene subrayar que esas críticas mutuas eran sobre todo signo de una competición entre
ambas administraciones militares coloniales que tenía por objeto la seducción de persona-
lidades importantes de las comunidades bidan: se trataba de saber quién iba a ser el pri -
mero en ganarse su lealtad, en particular a través del servicio en el ejército o de diversas
responsabilidades a cambio de “regalos”.

Ese cruce de reproches vecinales entre Francia y España, que condujo a un clima de sos-
pecha generalizada, fue evidente a lo largo de ese período. Pero también hay que contar
con la incapacidad de franceses y españoles para imaginar que los bidan fuesen por si so-
los capaces de provocar tales quebraderos de cabeza. Según una retórica bien conocida
entre las administraciones coloniales, éstos últimos habían de ser necesariamente apoya-
dos, o acaso manipulados, por fuerzas más poderosas.

2. Relaciones de fuerza y luchas de enclasamiento22

La presencia colonial perturbó las relaciones de poder preexistentes. Tradicionalmente, la


aparición de un notable dentro de una qabila, si se producía en el marco de las genealo-
gías habituales, se basaba en el carisma propio, un carisma que era continuamente cues-
tionado por otros actores y por los propios acontecimientos. Entre los hassan23, la capaci-
dad de lograr la victoria en batalla y de mostrar bravura era primordial, aunque, como tal,
inestable. Por el contrario, el interés de la potencia colonial consistía en disponer de un
interlocutor permanente. El cuestionamiento incesante de la autoridad que suponía la me-
cánica tribal entraba en contradicción con ese interés. Por ello, los franceses tendieron a
fijar las relaciones de fuerza, a consolidar los poderes y a multiplicar los aspirantes frus-
trados. La fluidez de las posiciones sociales dentro de las qaba’il quedó en suspenso a
causa de la administración colonial.

20
Informe del GM (Fournier) al GGAOF, 3-07-1927, 5H270/37 (N139).
21
Por ejemplo, los Awlad Dalim proporcionaron seguridad en el noroeste de Mauritania con armas
francesas entre 1924 y 1927 (Mauritania a GGAOF, Rapport sur la situation politique de la Mauritanie au
1er août 1924, 200Mi/2166 (9G3)). Sobre todo, los numerosos goumiers del Adrar o de Trarza estaban
armados, y algunos de ellos a veces desertaban para unirse a los gizan.
22
Classement en el original en francés, un concepto que suele asociarse a la obra de Pierre Bourdieu, y que
hace referencia a una competición de naturaleza jerárquica (N. del T.)
23
Los hassan, o ˁarab, constituían el grupo estatutario dominante entre los bidan. Portadores de armas,
luchaban por la hegemonía política reivindicando un código del honor guerrero. Por debajo, los zwaya o
tolba, se remitían a valores islámicos en sus apelaciones de nobleza.

8
En segundo lugar, como hemos señalado, al armar a sus aliados, luchar contra las poten-
cias concurrentes y distribuir la “renta de los goumiers 24” (Evrard, 2018), los franceses
concedieron una fuerza adicional a ciertos actores a expensas de otros. Los frágiles equi-
librios entre las potencias regionales y, en particular, entre Awlad Dalim y Trarza, se ha-
bían roto irremediablemente. Así, a la sombra de esa fuerza supratribal que fue la admi-
nistración colonial, una suerte de prefiguración del futuro estado que reforzaría su inje-
rencia en los asuntos internos de las tribus, algunos grupos aprovecharon su proximidad a
la autoridad colonial para intentar superar a sus competidores. En este caso, Río de Oro
no fue sólo el lugar donde se formaron los gizan, sino también donde los grupos de cola-
boradores, auxiliares del ejército colonial, dieron rienda suelta a la violencia, a salvo de
las constricciones impuestas por sus comandantes europeos.

Mutunsi es en gran medida una respuesta a la ruptura de esos antiguos (des)órdenes.

Preeminencia, jefatura y jerarquía

A finales de la década de 1920, los franceses intentaron administrar más estrechamente


las qaba’il del norte. Para ello, buscaron interlocutores únicos a los que trataron de refor-
zar a cambio de su colaboración. Sin embargo, eso agravó las disensiones internas, crean-
do “luchas de enclasamiento”, como señala P. Bourdieu. Por eso, en función de sus pro-
pios intereses, en los dos campos de Mutunsi se encontraban -sin participar directamente-
parientes próximos, bien situados en la jerarquía tribal.

Hoy en día suele decirse que lo que permitió organizar el gazi de Mutunsi fue una combi-
nación de orgullo herido y desafío al honor guerrero. Los franceses solían requisar los
animales de carga para el abastecimiento de sus destacamentos e indemnizar a sus propie-
tarios. Así, ˁOmer ould ˁEli ould Aḥmed, de la tribu Awlad al-Lab, había sido convocado
una vez se estableció el destacamento de Akjujt. Cuando concluyó un transporte desde
Podor, un desacuerdo sobre la compensación, que no habrían querido saldar ni el coman-
dante de círculo, que lo habría despedido sin contemplaciones, ni tampoco el jefe de la
tribu, su propio hermano Moḥammed alias Mamaḥa 25, habría conducido a la siguiente
bravuconada: “Entonces, ya me tomaré mi indemnización” 26. A finales de junio de 1932,
de acuerdo con su pariente Aḥmed Salem ould Deyne 27, ˁOmer se habría vengado apode-
24
Metáfora que hace referencia, en el contexto colonial del Sáhara francés, a la multiplicación de las
unidades meharistas de control del territorio y de sus poblaciones. Ese sistema se fundó sobre las ventajas
múltiples que se prestaban a los “intermediarios” meharistas bidan: el prestigio del oficio de armas, un
salario, ascendiente sobre los civiles y, sobre todo, un medio de adaptarse a las nuevas reglas del juego
colonial conservando al mismo tiempo en lo posible su modo de vida.
25
Son los hijos de ˁAbdallahi ould Eli ould Aḥmed, es decir, el único hijo de Ghmug (infra).
26
Sin conocer la realidad de este desacuerdo financiero, cabe señalar que, tras Mutunsi, “los guerreros del
oeste [...] manifestaron su descontento porque [...] habían sido empleados sin ser pagados”, lo cual es falso
según la administración, pero muestra el tipo de reivindicaciones que se daban (Comandante de círculo de
Trarza (CCT) a Gbr, 20-09-1932, 5H270/26 (N101)).
27
Fue guardia del grupo nómada hasta el mes de abril, donde servía como ametrallador (Ahmed ould
Hassena (Awlad al-Lab), conversación telefónica, julio de 2020). En los archivos, descubrimos que un
tercer colaborador de Awlad Bu Sbaˁ (Awlad al-Baggar) participó en el motín (Rapport…25-12-1932,
5H270/26 (N101)). Se trató de Aḥmed ould Gharabi (Ahmed ould Mohammed (Wlād eḷ-Ḷabb), Burjeymat

9
rándose, durante el pastoreo, de buenas monturas, de sus arreos y de las armas de sus cui-
dadores. Se dice que un goumier ˁelbi (pl. ˁelbiyin, miembro de la tribu ˁElb) murió durante
la acción y, según la documentación de archivo, “tres colaboradores de Trarza” fueron
asesinados28. Algunas fuentes creen que fue así como nació el proyecto de un gazi y se
reunieron los medios materiales para su realización29.

Sea como fuere, este asunto, que precedió en un mes la puesta en marcha del gazi, puso
de manifiesto la rivalidad entre ambos hermanos, de los que sólo uno se benefició de la
consideración de la administración. Jefe por voluntad discrecional de los colonizadores,
Mamaḥa se aprovechó de la distribución de armas de calidad y del poder simbólico que
ambas circunstancias conferían. Con esa maniobra, ˁOmer acumuló una buena dosis de
prestigio, que acrecentará aún más en Mutunsi, al tiempo que arruinó por mucho tiempo
la autoridad de su competidor30. La memoria del acontecimiento, así como su lectura, nos
hablan de las rivalidades por la preeminencia que se hallaban presentes.

Encontraremos, pues, Awlad al-Lab a ambos lados en el combate de Mutunsi, contando


con una muerte en cada bando. No es excepcional que una qabila ataque a sus propios
miembros31. Por otra parte, hay que señalar que la pertenencia a las unidades meharistas
no comportó una represión indiscriminada de los “disidentes”. Un ejemplo de ello nos lo
proporciona el gazi al-Graˁ (denominado así, a pesar de su escaso número, por su valor),
qabila que contó con la plena confianza de la administración desde que en 1927 provoca-
ron la muerte de de Mohamd el-Mamūn ould ˁEli Cheikh tras su ataque a Port Etienne.
Éste último se cuidó de no disparar contra el grupo de Brahim Salem ould Moychan,
quien se había distinguido en Mutunsi poco antes, cuando incendió una caravana de su-
ministros en Tanoudaret. Una vez lo identificó, como “se llevaban bien”, se contentaron
con hacerle huir32. El respeto mutuo y la proporcionalidad de la violencia iban más allá de
las obligaciones policiales y de la lealtad postiza a la potencia colonial. Además, aunque
nueve Graˁ habían sido enviados para unirse a las tropas desplegadas en Mutunsi, dijeron
inexplicablemente que no las encontraron33.

Aunque es probable que la toma de armas y monturas por parte de ˁOmer ould ˁEli ould
Aḥmed hiciera posible la organización de la expedición, en la que por otra parte pareció

(Inchiri), marzo de 2002).


28
Otro relato recuerda a dos asesinados, Kra'dhib (ˁEleb) y un ḥarṭāni del Awlad Aḥmed (Ahmed ould
Mohammed, conv.cit.).
29
Según un relato proporcionado por Mohammed Lemin ould Kamal (Barikalla), Burjeymat (Inchiri),
enero de 2020.
30
Véase, en particular, el entusiasmo suscitado entre los Awlad al-Lab por el éxito del gazi de Mutunsi
(Testimonio de Ahmed ould Ghouli, Hartani Ahl Barikalla (transmitido por Ahmed ould Cheikh, 17-09-
1932, 5H270/26 (N101)) y lo que en 1935 dijo Aubinière (1984: 25) sobre la falta de autoridad de
Mamaḥa.
31
Ya en abril de 1932, bajo el mando de Sidi ould Cheikh L-ˁArūsi, algunos Awlad Bu Sbaˁ se habían unido
a Awlad Dalim para saquear a otros Awlad Bu Sbaˁ (de la fracción Ahl Sidi ˁAbdallah) en Ndegbaˁd (Ficha
de información (FI) sobre Soueidi Ould Chikh Ould Arroussi Ould Chia, 17-09-1932, 5H270/26 (N101)).
32
Ahmed Lejouad ould Lavriyat (al-Graˁ), Nuadibú, enero de 2020, conversación en hassaniyya traducida
por Farida mint Habib.
33
Transmisión de la subdivisión militar de Mauritania al GM, 223/C, 07-09-1932, 5H270/26 (N101).

10
actuar como guía34, el grueso de los combatientes eran Awlad Dalim. Pero entre ellos,
más aún que entre los Awlad al-Lab, prevalecían las rivalidades por el poder. Ya en la
primavera de 1911 había estallado una grave disputa entre Hamoyin ould l-ˁArūsi ould
Chiˁa, el líder de la fracción Ludaykat, y Debeyzi (Aḥmed ould ˁAli ould Aḥmed Zin) de
Awlad Ba ˁAmar. Fiel a su deseo de consolidar los poderes centralizados, la administra-
ción colonial había convertido al primero en el “sayj de la tribu” en noviembre de 1910,
para gran disgusto del segundo (Marty, 1915: 23-24). “Enviado a Mederdra, Debezi fue
severamente amonestado por el Comisario del Gobierno General” para obligarle a aceptar
la autoridad de su pariente, lo que comportó que se sumara de inmediato a la disidencia
con todos los Awlad Ba ˁAmar y muchos Awlad Jaligat 35. Diecinueve años más tarde, el
cisma no estaba resuelto y, en una estrategia alentada por la administración colonial fran-
cesa, el-Būn, el hijo de Hamoyin que condujo a la fracción Ludaykat a aceptar la presen-
cia francesa en 1916, desató una guerra contra los Ayt Usa (Tikna Ayt Uthman) con el
“objetivo de atraer a toda la tribu, o al menos al grupo de los Loudeikat, a Mauritania, ha -
ciendo peligrosa su estancia en Río [de Oro]” y viendo así cómo se lograba la unidad en
torno a su persona36.

Es posible que el descontento cundiese sobre todo entre el gran número de excluidos que
engendraba esa política de privilegios restringidos. Muchos de los participantes en Mu-
tunsi procedían de familias sometidas a la autoridad francesa. Incluso dos de los hijos de
el-Būn ould Hamoyin ould Chiˁa37 formaron parte del gazi. Sidi ould Cheikh l-ˁArūsi ould
Chiˁa, quien asumirá el liderazgo, era su primo hermano 38. En este caso nos encontramos
con una disputa por el poder entre ambos primos que recuerda, de forma más aguda, a lo
que ocurría entre los Awlad al-Lab. “Los dos primos están en grave desacuerdo: Al Boun,
en el norte, trató de hacer asesinar a Soueidi”, nos informaba el servicio de inteligencia 39.
Sin embargo, Sidi realizó una efímera sumisión en octubre de 1924, aunque saqueara la
región de Akjujt a partir de marzo de 1925. Tras iniciar nuevas conversaciones de sumi-
sión en Port-Etienne, fingió reconciliarse con el-Būn y se puso bajo su protección en
1929 para aprovechar los pastos del lado francés de la frontera. La situación se hizo ofi-
cial en octubre, pero en abril de 1932 reanudó los gizan de rapiña40.

La administración francesa se mostró incapaz de elaborar una lista de los participantes en


los combates. En una elaborada a toda prisa, estimó su número en 230, pero sólo propor-
cionó 66 nombres41. La lista no sólo era incompleta, sino también muy inexacta. Más de
34
Testimonio de Baba ould Soueidat (ˁEleb), video en hassaniyya traducido por Boulahi ould el Boukhari.
35
Carta 197/AP del 14-09-1933 a la Dirección de Asuntos Políticos y Administrativos (DAPA) por el
Gabinete Militar a.s. de la sumisión de los Awlad Dalim, ARIM E2/52.
36
Descemet, carta 199P/CF del GM al GGAOF el 17-10-1932, 200Mi/2167 (9G18).
37
Junto a Dah y Lhareytani, los hijos de Baba wull Buseyf, escribió en el transcurso de julio en nombre de
la jamaa de Awlad Dalim protestas por esa sumisión al gobernador de Port Etienne (trad. de Ahmed Ba de
las cartas del 12 y 20 de julio de 1932, 200Mi/2167 (9G18)).
38
[Segundo] Informe del capitán Delange sobre Mutunsi, Nuakchot, 28-08-1932, 5H270/26 (N101).
39
FI Soueidi, 17-09-1932, 5H270/26 (N101).
40
Ibid.
41
Liste par fraction des guerriers ayant pris part au gazi de Oum et Tounsi qui ont pu être identifiés par
renseignements (5H270/26(N101)).

11
la mitad de los nombres estaban mal colocados. Incluía seis miembros de Awlad Teggedi,
cuando esta fracción no estaba representada. Informaciones posteriores estimaron el nú-
mero de combatientes entre 150 y 200. Hoy en día circulan diversas listas, entre ellas una
entre los Awlad Dalim, que se enorgullecen de su implicación. De los 117 nombres que
proporciona, 85 son Awlad Dalim42. Así, aunque probablemente se omitiesen unos 30
nombres, los Awlad Dalim formaban la inmensa mayoría de los combatientes, a los que
debían añadirse grupos afines (Awlad al-Lab (9 a 11 43), Skarna (2), al-Graˁ (1), Awlad Ti-
drarin (1) y, al parecer, muchos parientes por alianza 44. Los principales grupos secunda-
rios eran los Awlad Bu Sbaˁ (tal vez 15) y los Rgaybat Swa'd (9).

Con el liderazgo garantizado para los Awlad Dalim a causa de su participación masiva,
cada fracción habría nombrado un candidato para la dirección general. En esta ocasión,
los Awlad Jaligat propusieron a Levghi ould ˁAmar, el jefe tradicional, en lugar de Bra-
him Salem ould Moychan45. Entre los Ludaykat, Sidi ould Cheikh l-ˁArūsi era el más ma-
yor, y esa fue la razón que se adujo para elegirlo como sayj el-gazi46. Pero esta elección
tuvo consecuencias, pues provocó el abandono de los Awlad Teggedi 47. Quizá por ello,
unos días antes del ataque, un sbaˁi (pl. sbaˁiyin, miembro de la tribu Awlad Bu Sbaˁ) de
Awlad Azūz (ˁAliyīn ould Zeyni), ante las disensiones internas, consideró que “la forma-
ción de un gazi era absolutamente imposible”48. Fue así como el gazi, formado por unas
150 personas, con una clara mayoría Awlad Dalim, dirigido por Sidi ould Cheikh l-ˁArūsi
y secundado por Brahim Salem ould Moychan, se aprestó a atacar el 18 de agosto de
1932 a tres compañías coloniales, a 80 km. al norte de Nuakchot. ¿Qué pudo llevar a la
elección de dicho objetivo?

La vendetta

En la actualidad, se suele mencionar la existencia de un conflicto secular entre Awlad


Dalim y ˁEleb, especialmente entre estos últimos. Hay que examinar los antecedentes que
anteponen esa lectura frente a otras tensiones regionales. En el transcurso del siglo XIX,
cuando los Awlad al-Lab aún formaban parte del Awlad Dalim, tuvieron lugar una serie
de venganzas entre aquéllos y los ˁEleb. Estos últimos, que se representan a sí mismos
como la cobertura norte del emirato de Trarza, entraban regularmente en conflicto con los
Awlad Dalim y, en particular, con los Awlad al-Lab, que constituían su grupo más meri-
dional (Inchiri, Tijirit) y, bajo el liderazgo de Ghmug (Vincent, 1861), sus dirigentes du-
rante un cierto tiempo.

42
Ahmed Vall ould Chein (Ludaykat), Nuakchot, enero de 2020.
43
Estas cifras indicativas son el resultado de nuestras propias estimaciones y no pueden darse por
definitivas.
44
Mohammed ould Ali Salem (Awlad Ba ˁAmar), Nuadibú, enero de 2020.
45
Ibid.
46
Edde ould Buseyf (Awlad Jaligat), Nuadibú, enero de 2020, conversación en hassaniyya traducida por
Farida mint Habib ; Mohammed ould Ali Salem, conv. cit.
47
Ibid.
48
Rapport… , 25-12-1932 (5H270/26 (N101)).

12
Sin embargo, debemos evitar esencializar las oposiciones tribales. Sus relaciones no eran
unívocas, y es preciso distinguir entre los ˁEleb del sureste (chargiyya) y los del noroeste
(saheliyya). Son especialmente estos últimos 49 quienes tenían problemas con los Awlad
al-Lab; los restantes, que contaban con más grupos de dependientes en el norte, solían
presentar un modus vivendi más pacífico; de hecho, ambas secciones tenían tributarios en
los territorios dominados por sus rivales, por lo que solían autorizarse recíprocamente a
recolectar los tributos. Además, existían muchos intermatrimonios50.

En Mutunsi, donde los Awlad al-Lab eran claramente minoritarios en relación con el
número de Awlad Dalim, no intervino esta distinción, puesto que murieron siete ˁEleb
chargiyya (el octavo era un hartani) y sólo uno sobrevivió. Pero parece que eran los que
rodeaban al teniente Mac Mahon junto con tres tiradores, lo que bastaría para explicar la
causa de su muerte, pues murieron todos los que se hallaban en el ala derecha, junto con
el teniente, mientras que el que se hallaba en la retaguardia pudo escapar 51. Por otra parte,
de la consulta de los archivos se desprende que el destacamento de Mac Mahon era un
objetivo específico52.

Las relaciones de los ˁEleb con los Awlad Dalim que forman las actuales cinco
fracciones53 son más distantes, aunque sólo sea por la distancia geográfica. En otro
tiempo, el elbi Sidna ould Mayeghbe había matado al poderoso líder de los Ludaykat,
Cheikh ould l-ˁArūsi54. En este caso, pareció entrar en juego la venganza, ya que fue su
hijo Sidi quien dirigió el gazi de Mutunsi. Sin embargo, este es, hasta donde sabemos, el
único asesinato memorable cometido por los ˁEleb y dirigido específicamente contra los
Awlad Dalim desde su separación de los Awlad al-Lab (presumiblemente a finales de la
década de 1860) y antes de la conquista francesa. Ahora bien, la recomposición de la
relación de fuerzas como consecuencia de la presencia colonial iba a cambiar las cosas.

Hasta entonces, los ˁEleb temían a los Awlad al-Lab y Awlad Dalim en sus territorios del
norte. Al enrolarse en las tropas francesas, los ˁEleb adquirieron prestigio y poder, así
como el acceso a armas de primera calidad. A pesar de “toda suerte de precauciones para
evitar actos de hostilidad”, se emplearon treinta colaboradores ˁEleb en el momento de la
entrega de los camellos de sumisión de los Awlad Dalim en 1910 55, lo que ciertamente
constituyó una humillación. Como otros grupos, en particular los Awlad Qaylan y los
Awlad Bu Sbaˁ, que saquearon en diversas ocasiones a los Awlad Dalim, se volvieron
más audaces y pronto sacaron partido de su nueva posición. Todo se desarrolló como si
49
Y ni siquiera, pues tampoco lo eran los Ahl Debezni de la fracción Le-Ghwaviv.
50
Por otra parte, hacer la guerra o casarse son las dos caras de una misma moneda: reconocer una
equivalencia en el interior de ese estatus. Para una exposición de esas mismas lógicas paradójicas entre los
zwaya, nos remitimos a Acloque, 2020.
51
Mustave ould Meski (Lebweydat), Nuakchot, diciembre de 2019, conversación en hassaniyya traducida
por Issa ould Hameidi.
52
5H270/26 (N101).
53
Ludaykat, Srahna, Awlad Ba ˁAmar, Awlad Jaligat y Awlad Teggedi.
54
En 1899, con ocasión del gazi Muley. Ver Le Matin del 6-7-1900 y Ahmedou ould Mohammed Malum
(Euleb), Nuakchot, diciembre de 2019, conversación en hassaniyya traducida por Issaould Hameidi.
55
Notes sur les Oulad Delim (1909-1931), ARIM, E2/52.

13
los ˁEleb, obsesionados por su conflicto ancestral con los Awlad Dalim, hubieran entrado
en su propio ciclo de vendetta, mientras que la actitud recíproca, a tenor de la diversidad
de grupos que les atacaban, no parece tan evidente56. Porque en aquel momento, los
Awlad Dalim parecían haber abandonado cualquier deuda pendiente y las estrategias
francesas tendían a suavizar los desacuerdos. Sin duda, fue la obsesión de los ˁEleb la que
determina la trágica cadena de acontecimientos57.

El 21 de noviembre de 1930, dos goumiers, un ˁElbi 58 y un Tibari (es decir, de los


Twabir) vigilaban el rebaño del grupo nómada Akjujt en Le'bara, cerca de Turarin, en el
Inchiri. Aprovechando la situación, habían degollado para comer una oveja preñada que
pertenecía a un hartani Ahl Barikalla 59, y pasaban el rato bajo la jaima. Para el testigo
ḷabbi que nos relató estos hechos, todas las desgracias fueron provocadas porque no
tuvieron en cuenta las súplicas del santo de los Barikalla, Sidiyye ould Adde. Pues fue
entonces cuando tres Methlutha (Awlad Bu Sbaˁ) en busca de botín, dirigidos por
Moḥamd el-Hassan ould Dahi, los mataron para apoderarse de sus armas y monturas60.

Hoy en día se recuerda que ould Dahi, mientras huía, habría gritado: “¡A mí los Awlad
Dalim, vamos!” o algo parecido. ¿Hizo gala de este maquiavelismo o bien los ˁEleb
estaban ya persuadidos de la participación de aquéllos? En cualquier caso, comenzó una
persecución. Mientras el teniente Jacotin trataba de contener a sus guardias, Hamdumu
ould Lagtatt desobedeció y cruzó la frontera a la cabeza de una docena de ˁElbiyin. Tras
perder la pista de los atacantes, en Aghuyit atacaron a un grupo de pacíficos Awlad
Dalim que regresaban de la maḥadra de Qari 61, de los Ahl Mohammed Salem, y mataron
a cuatro hombres. A los franceses, los ˁEleb les dijeron que el campamento de Awlad
Dalim los había recibido con disparos. Los franceses no estaban convencidos, pero no
pudieron comprobarlo62. Mucho más tarde, señalarían que la matanza de los Awlad
Dalim en Aghuyit fue “un acontecimiento cruel para la tribu, que era demasiado
56
En particular los Awlad Qaylan, que aprovecharon en 1928 la disputa con los franceses para, con la
aquiescencia del comandante Dufour en Atar, atacar indiscriminadamente a los Awlad Dalim, en particular
en Tachaktemt en la zona española (López Bargados, 2003: 506; carta del GM 99P a la GGAOF,
Inteligencia sobre el Norte, 14-08-1928 y anexos, 200Mi/2167 (9G18); informe de la GGAOF Carde sobre
la política en Mauritania, 20-09-1928, 200Mi/2166 (9G3). Este asunto explica el gazi Charwat, el último
combate en el que participaron los Awlad Dalim (dirigidos por el labbi Aḥmed ould Kori y en el que esta
vez participaron los Awlad Teggedi) en marzo de 1934, y que tuvo como objetivo los Awlad Qaylan.
57
Los ˁEleb que participaron en Mutunsi habrían solicitado poco antes a su sayj, 'Abderrahman ould Buh
(Idjedj Chara Habiballa), que provocara un encuentro con el fin de vengarse (Cheikh Saad Buh ould
Boukhari (Bārikaḷḷa), Nuakchot, enero de 2020).
58
Bukhari ould Mahmuda, alias 'Aymar.
59
De los Alweymin, harratin de origen Lagwaydsat. Los harratin poseen un estatus subalterno que se
considera de origen servil.
60
Lhmeyde ould Buhade (Awlad al-Lab), Burjeymat (Inchiri), abril de 2002, conversación conducida y
traducida por Sid Ahmed ould Maouloud ; cf. López Bargados (2003: 516-517).
61
Apodo de 'Abd el-Qader ould ˁAbdallahi. Una mahadra es un espacio de estudio bajo la jaima.
62
Descemet, carta 199P/CF del GM al GGAOF, 17-10-1932 (200Mi/2167 (9G18)).

14
orgullosa para no albergar un profundo resentimiento contra aquellos a los que acababa
de tender la mano”63.

Para calmar la herida que aún supuraba, la oficina política dirigida por Bonafos organizó,
por cuenta de la administración francesa, una ceremonia de tˁargiba en Port Etienne, en
presencia del gobernador. Además de casi 30.000 francos de indemnización y una
promesa de armas, se sacrificaron dos camellos “en nombre del gobernador” en un ritual
de humillación de múltiples significados (véase Bonte, 1999). Bachmann creía que de ese
modo se defendió el prestigio francés y que la ceremonia “calmó los espíritus
sobreexcitados y frenó la disidencia masiva”. Una nota anónima la consideró, en cambio,
un error fatal: “Este acto de sumisión nos hizo perder enteros a los ojos del Oulad Délim
y provocó el ridículo general en el país”. Sobre todo, como los franceses querían estar a
bien con los ˁEleb, éstos mantuvieron la cabeza alta 64 y, como reconoció Bachmann, “los
Oulad Délim conserva[ro]n el recuerdo de la sangrienta afrenta hecha por la gente de
Trarza y considera[ro]n que no ha[bía] habido reparación moral”65. De hecho, en la
medida en que los pastos habían mejorado en el norte, los Awlad Dalim dejaron de
frecuentar el territorio bajo dominio francés: “Desde entonces, los Oulad Delim se
quedaron en Río [de Oro], y esta estancia coincide con la llegada del Cherif Mohamed El
Mamoun al Oued Noun”66.

Estas consideraciones tuvieron lugar a posteriori, pero en aquel momento nada parecía
preocupante. Más de un año después de los asesinatos, estaba claro que no se había
resuelto nada. El Gobernador de Mauritania Descemet rendía cuentas a su superior:

“En la noche del 1 al 2 de diciembre, dos guardias del Grupo Nómada de


Trarza, que formaban parte de un chouf [centinelas indígenas] de vigilancia
de 3 hombres en Ahmeyim, fueron asesinados por tres Oulad Délim
Loudeikat (una fracción con la que se había pactado, pero que no era
administrada por Francia); el tercer guardia de la patrulla fue dominado,
desarmado y liberado por los atacantes. Los asesinos huyeron a Río de Oro,
con las armas y municiones de las víctimas”.

63
Bachmann, correo n°162/P delComandante de círculo de la Bahía del Lévrier (CBL) al GM, 21-09-1932,
ibid.
64
Hamdoumou ould Legtatt, el guardia que había dirigido el grupo de ˁEleb cupable del triple homicidio,
fue condenado por Bonafos a un año de prisión (La politique française suivie à l'égard des Oulad Delim
ARIM E2/121, citado par Lopez Bargados, 2003: 544, n. 102).
65
Bachmann, correo n°162/P del CBL al GM, 21-09-1932, (200Mi/2167 (9G18)) y Notes sur les Oulad
Delim (1909-1931) (ARIM E2/52).
66
Borrador de carta de la DAPA del AOF al MinCol, 26 de diciembre de 1932 (200Mi/2167 (9G18)).

15
En la misma carta, se identificaba a uno de los asesinos como “Mahfoud ould Khon, un
guardia meharista español de permiso”67. En este caso, el ajuste de cuentas tribal es
evidente: de los tres guardias, los dos ˁelbiyin fueron asesinados, mientras que antes de
ser liberado, el tercero, un labbi llamado Lejwekani, fue rodeado con esta exclamación:
“¡Tú, eres nuestro primo, a tí no te matamos!”68.

Así pues, el combate de Mutunsi ocupó su lugar en un ciclo de represalias vengativas


entre qaba’il rivales, aunque no pueda reducirse simplemente a ello.

Otro aspecto a tener en cuenta es el de la revancha regional. Mientras que Trarza -con el
emir Ahmed ould Deid a la cabeza, que acababa de ser entronizado por los franceses
sobre un vasto emirato unificado tras la muerte de su rival Ahmed Saloum III en 1930 69-
se benefició plenamente de la presencia francesa, el Sahel y el Adrar se sintieron
agraviados. Ould Deid era especialmente activo y temido como jefe de goum. Sin
embargo, la percepción general consideraba que estaba aumentando su propio poder, y no
actuando como auxiliar de las tropas coloniales. Por último, Akjujt, que acababa de
convertirse en Círculo, se había desgajado del Adrar y quedaba bajo la protección del
“goum del emir” de Trarza. Por otra parte, la deserción del emir de Adrar se produjo al
mismo tiempo que se formó el gazi de Mutunsi70.

Tras la batalla de Mutunsi, “las gentes del Norte o del Sahel”, incluso las aliadas de los
franceses, se “alegraron del fracaso sufrido por la gente de Trarza”, pues “son sobre todo
enemigos o rivales de Trarza”; se rumoreaba que un nuevo gazi estaba preparándose,
pero “que sólo perseguían a la gente de Trarza, en particular a los Eulebs; que todos los
demás moros no tenían nada que temer”. En efecto, el 6 de diciembre de 1932, cerca de
Bir Igni, un grupo de 25 Awlad Dalim, Awlad al-Lab, Rgaybat Swa'd y otros, masacraron
a una patrulla, perdonando a la gente del Adrar71. En cambio, poco después, la gente de
Trarza mostraba su descontento porque “no se les permitió desde el principio vengarse
libremente de los Oulad Delim, que les robaron camellos y mataron hombres en los
rezzou precedentes. Los O. Delim no pueden pensar que los Trarza les tienen miedo. Los
Trarza no tienen miedo de nadie, pero sí vergüenza, y están cansados de que se les

67
Descemet, correo 185 AP/CF del GM al GGAOF Brevié, 9-12-1931(200Mi/2167 (9G18)).
68
Lhmeyde ould Buhade (conv.cit.), confirmado a grandes rasgos en 1935; se sabe que Moḥammed Nefa,
uno de los ˁelebi asesinados, habría insultado la memoria de los muertos de Aghuyit (Exposé sommaire
affaire Ahmoyime (Bir Iguini) d’après les archives, 10-10-1935, 5H270/22 (N91)).
69
Hasta entonces, los dos rivales ejercían su autoridad sobre la mitad de Trarza. Los franceses reconocieron
cuatro emiratos, entre ellos Trarza y Adrar. El Sahel (del Inchiri a Río de Oro) no tenía ninguno.
70
Lhmeyde ould Buhade, conv.cit. Sobre la rebelión y la muerte del emir Sid Aḥmed ould Aḥmed, véase
Bonte 1993.
71
Rapport…25-12-1932 (5H270/26 (N101)).

16
insulte”72.

Dos meses después de Mutunsi, el 26 de octubre de 1932, los notables de cuatro


fracciones de Awlad Dalim, excluyendo a Ludaykat, en nombre de la jamaa de toda la
qabila, enviaron una carta al círculo del Adrar, donde, para resarcirse del ataque sufrido
por los franceses, retomaron la idea de un ajuste de cuentas tribal 73. Después de confirmar
su adhesión a los acuerdos cerrados con los franceses, la carta aludía a los últimos
acontecimientos, fruto de un largo ciclo de vendettas: “La gente de Trarza, o más bien los
Euleb, nos han hecho lo que ustedes ya saben. Los días se suceden; a veces favorables, a
veces desfavorables -tal es la situación que siempre ha existido entre los Euleb y
nosotros. Sólo queríamos alcanzar a los Euleb”. Luego, a modo de prueba, llamaban la
atención sobre cómo habían evitado enfrentarse con los grupos de colaboradores
dominados por las familias emirales de Adrar y Trarza o con las tropas francesas de Atar
o Akjujt, y añadían: “Fuimos directamente a por nuestros enemigos”. Por último,
insistían en el objetivo de la carta: “Sólo queremos la paz y la amistad con vosotros” 74.
Cuando se desplazaron a Port Etienne para negociar su rendición a partir de abril de
1933, la delegación encabezada por el-Būn ould Hamoyin retomó ese argumento, pero el
comandante Tournadre se mostró indeciso al verle reeditar “las viejas historias entre
O/Delim y Trarza, para mostrar a estos últimos como eternos provocadores, y el viejo
tópico de la fatalidad en el asunto Moutounsi” 75. Por lo demás, unos días más tarde
reconocieron el contencioso con los franceses: “Los jefes y los notables, hasta el día en
que fueron saqueados por colaboradores de O/Gheilane, creían estar en paz con [los
franceses]”76. Lo que se denunciaba de manera tangencial eran los ataques de las fuerzas
auxiliares francesas.

Muchos, entre las qaba’il del norte, guardan silencio sobre la querella intertribal,
mientras otros llegan incluso a negarla77. Pero algunos la convierten en el único motivo
de la expedición78. De hecho, los motivos se entremezclan, ya que los ˁEleb, al igual que
los Awlad Qaylan anteriormente, adujeron su condición de auxiliares de las tropas
francesas79. Y es innegable que los Awlad Dalim eran conscientes del desafío que
planteaban ante la potencia colonial. Mientras organizaban Mutunsi, se les hizo notar
que, puesto que “están registrados [con los franceses], que nunca han dejado el Inchiri y
el Tasiast, harían bien en dejar correr ese asunto. Sidi ould Cheikh ould l-ˁArūsi
72
Testimonio de Chikhouma ould Daddah (O. Biri), 02-1933, 200Mi/2167 (9G18).
73
Parece ser que esta carta fue objeto de mediación por parte de los españoles en Villa Cisneros, Véase
Proyecto de carta de la DAPA de la AOF al MinCol, 26-12-1932, 200Mi/2167 (9G18).
74
Op. cit., 5H270/26 (N101).
75
Carta al GM del 15-04-1933, 60/P, (200Mi/2167 (9G18)).
76
Tournadre, correo 64/P del CBL al GM, s.d. (200Mi 2167 (9G18).
77
Bamba ould Ahmed Eybe (Wlād eḷ-Ḷabb), Nuakchot, diciembre de 2019, conversación en hassaniyya
traducida por Issa ould Hameidi.
78
Edde ould Buseyf, conv. cit.
79
Abbe ould Mohammed Saleh, conv. cit.

17
respondió que iba a golpear duro a los franceses”80.

3. Los agitadores

Desde el punto de vista de la administración colonial, cuyos colaboradores más


implacables, sobre todo en el círculo del Adrar, sólo pensaban en términos represivos, los
graves acontecimientos del periodo fueron obra de alborotadores. Pero a menudo, los
mismos administradores avanzaban en paralelo dos lecturas de esa agitación. Por un lado,
se decía que los franceses se enfrentaban a salteadores de caminos, que debían ser
tratados con la severidad destinada a la delincuencia organizada: la policía sabría tratar
con los ladrones. El segundo eje de análisis era político: el germen de la propaganda
anticristiana agitaba a la población y el liderazgo religioso agrupaba, bajo la amenaza de
la yihad, un descontento de todo género: se trataba de una revuelta que debía ser
sometida, y de grupos sociales que debían ser divididos. No había una lectura
nacionalista, porque obviamente aún no se movilizaba un espíritu nacional. Estas dos
lógicas que justificaron la brutalidad represiva, y cuya construcción ad hoc es
cuestionable, se basaban en dos hechos fundamentales. Por un lado, el gazi proporcionó
un importante botín y, por otro, Moḥamd el-Mamūn llevaba más de un año predicando la
yihad. Intentemos arrojar algo de luz sobre estas dos cuestiones y su potencial
movilizador.

El botín

El argumento del afán de lucro es una constante en la aprehensión de los actos bélicos por
parte de la administración colonial y constituye el objetivo explícito de los gizan. Pero a
menudo era el único que se consideraba. Por ejemplo, en la ficha informativa elaborada
por Asuntos Indígenas, Brahim Salem ould Moychan, cuyo genio táctico y aura de
bravura eran conocidos, era descrito como un “jefe de banda” o “líder de un pequeño
grupo de jóvenes decididos y sin escrúpulos”, especialista en “la guerra del corso” que “a
veces saquea por su cuenta”; multiplicó su demanda de “gratificaciones” tras su acto de
sumisión de 1927 para conservar “a sus compañeros de pillaje” 81. Cualquier dimensión
religiosa, de prestigio, honor o costumbre queda excluida de la descripción. Lo que queda
es un saqueador influyente e interesado. El juicio es menos severo con el noble Sidi ould
Cheikh l-ˁArūsi. Cuando, poco después de su sumisión, en octubre de 1929, un oficial
francés le preguntó por sus sentimientos, su respuesta lo dice todo sobre la renuncia a un
modo de vida y a una forma de ser: “Preguntado por las ventajas que obtiene de su
80
Lhmeyde ould Buhade, conv. cit.
81
FI (5H270/26 (N101)).

18
sumisión en comparación con los peligros de su vida aventurera, responde: «La paz tiene
sin duda un gran valor, pero el sudor de las travesías no se ha secado aún en mis
ropas»”82. También habla del encanto que ejerció sobre el oficial, y quizás de la estima
por un alter ego.

Sin embargo, no se puede negar la facilidad y rapidez con la que los gizan permitían la
acumulación de bienes y prestigio. El periodo es ejemplar desde este punto de vista.
Durante el año 1932, el éxito de las múltiples incursiones sobre los rebaños del norte de
Mauritania prometió un rápido enriquecimiento a los jóvenes guerreros necesitados de
reconocimiento: “el espectáculo de los saqueos fructíferos en el Adrar continuó, y la
gente de los rezzous y mejbours83, de retorno, no escatimó en burlas y vejaciones a los
Oulad Délim. La djemaa84 tenía dificultades diarias con unos y otros. La juventud de
Oulad Délim estaban agitada, y quería hacer caso omiso de las prohibiciones de los
notables. Estos, por su parte, estaban desbordados”. Más adelante, Bachmann, destinado
en Port Etienne, añadió que el “joven Oulad Délim [...] participó en la incursión [de
Mutunsi] mucho menos a causa de su hostilidad hacia nosotros que por el placer de los
jóvenes guerreros deseosos de probar suerte. Desde hace cinco años, en efecto, los Oulad
Délim, bien conocidos por su espíritu batallador, se mantienen inactivos” 85. Según parece,
el gazi de Bollé, el 27 de abril, dirigido por Ahmed ould Hammadi y Ali ould Meyara
(Tahalat, Rgaybat Sahel), despertó particularmente la codicia86.

Si, como señalaba la administración colonial, los Awlad Dalim más jóvenes tenían todas
las de ganar en las batallas, ese no era el caso de la generación superior: “Los notables
tienen mucho interés en mantener buenas relaciones con las autoridades francesas, porque
perciben el peligro que supondría para ellos que se les prohibiera el acceso a nuestro
territorio, bien para buscar pastos, bien para encontrar, si fuera necesario, un refugio
contra sus enemigos del Norte, con los que actualmente mantienen una tregua, a todas
luces precaria”87. Los franceses comprendieron perfectamente la adhesión de los mayores
al statu quo, pero para los participantes en el gazi de Mutunsi, se invocó un “viejo
instinto de saqueo”. Sin embargo, en la economía política del Oeste sahariano, entre los
guerreros, el ascenso personal en riqueza y prestigio está estrechamente ligado al gazi y a
las proezas que en él se despliegan. Tanto es así que los propietarios de rebaños del sur la
consideraban la principal motivación: “Los O. Delim no luchan contra los cristianos, son
nuestros rebaños los que persiguen”88. Por otra parte, si el gazi no se prolongó no fue

82
ibid.
83
El majbur es un gazi de menos de cincuenta fusiles.
84
La jamaa es una asamblea de notables que dirige la qabila.
85
Bachmann, correo n°162/P del CBL al GM, 21-09-1932, (200Mi/2167 (9G18)).
86
Descemet, carta 199P/CF del GM al GGAOF, 17-10-1932, ibid.
87
Idem.
88
Informaciones proporcionadas por Chikhouma ould Daddah, de los Oulad Biri, Dakar, 02-1933
(200Mi/2167 (9G18).

19
porque el ataque a las tropas francesas le hubiera puesto fin. A los Awlad al-Lab les
hubiera gustado saquear más al sur, pero los Awlad Dalim “no fueron más allá de la
sangre”, es decir, se negaban a continuar si uno de los suyos fallecía o resultaba herido89.

Para los jóvenes guerreros, se trataba de adquirir un capital material (armas, rebaños,
esclavos) y simbólico (valentía, resistencia, destreza) que sus mayores ya habían podido
obtener, y cuyo interés se cifraba sobre todo conservarlo. Esta acumulación determinaba
en parte el rango social y las posibilidades de matrimonio en una sociedad en la que el
rango relativo de los cónyuges era primordial. Esta oposición de intereses entre jóvenes y
mayores, entre aventureros temerarios y notables conservadores, forma parte del
argumento presentado por estos últimos para tomar distancias de las actividades del gazi.
No era tanto el camino seguido lo que condenaban los mayores, sino la ausencia de freno,
de medida, signos de madurez90. En la jerarquía colonial afloró, pues, un error de lectura,
tal vez deliberado, con el objetivo de exculpar a los notables, ya que no se trataba tanto
de la fuerte reprobación moral que sugería “desviado” como de un modesto “lo normal es
que la juventud se pase”.

En Mutunsi, muchos de los combatientes, aproximadamente un tercio 91, estaban


desarmados, y dependían del combate para adquirir un arma. El acceso a armas de
calidad era el medio para asegurarse la supremacía y prever nuevas expediciones y un
nuevo aumento de capital92. Por eso también era necesario atacar a un goum. Las capturas
fueron importantes. Los franceses contabilizaron la pérdida de 46 mosquetones, una
ametralladora y 94 camellos (incluyendo los muertos) 93. Rápidamente, los rumores
amplificaron el número de armas capturadas, mostrando su importancia simbólica. Se
hablaba de una sesentena de fusiles incautados, dos ametralladoras y 90 camellos 94. Pero
de estas armas, muy pocas cayeron en manos de los Awlad Dalim que sin embargo
formaban la inmensa mayoría de las tropas95. Según la inteligencia francesa, dieciséis de
los mosquetones de 1916 capturados en Mutunsi constituían la parte del botín de los
Awlad Dalim96. Este fue el número de fusiles -sustituidos por modelos de 1892- que se
89
Testimonio de Ahmed ould Ghouli, hartani Ahl Bārikaḷḷa (transmitido por Ahmed ould Cheikh, 17-09-
1932, 5H270/26 (N101).
90
Lo que explica el uso del término sevih (pl. suvâhâ), que remite a la ausencia de dominio de sí de la
juventud.
91
Bamba ould Ahmed Eybe, conv.cit.; Abbe ould Mohammed Saleh (Awlad Ba ˁAmar), Nuadibú, enero de
2020.
92
Por eso encontramos un gran número de desertores que huyeron con sus armas -se habla de cinco o seis
desertores españoles (Abbe ould Mohammed Saleh, ibid.) en Mutunsi, capturadas a goums, pero también
probablemente de armas de dotación. De hecho, en un gazi era habitual que se prestasen armas y monturas
a cambio de una parte del botín.
93
DAPA, 169/AP, 16-09-1932, 5H270/26 (N101).
94
Testimonio de Mohamed ould Ely (Awlad al-Lab) (5H270/26 (N101)).
95
Según el ˁelbi Baba ould Sweydat, Ahmed ould Deych ould le-Hbib de los Ludeykat les dijo: “Buscamos
a uno de los vuestros para matarlo, los Rgaybāt buscan esclavos y los Awlad Bu Sbaˁ buscan rifles [ˁdda]”.
96
Descemet, radiotelegrama oficial cifrado, Mauritania al CBL, 586/AP, s.f., 200Mi 2167 (9G18).

20
comprometieron a entregar, junto con veinte camellos de montar, como multa para saldar
Mutunsi97; lo hicieron tras la captura de más de 500 camellos en una “contra-razzia” 98. Se
desconoce el destino de los treinta fusiles restantes.

La yihad

La perspectiva de una yihad era la obsesión de los franceses. Porque creían que un
guerrero podía ser comprado, o la unidad tribal dividirse en función de intereses
particulares, pero nada parecía capaz de frenar el fanatismo religioso. Sin embargo, en la
tradición sunní, para que haya yihad deben cumplirse las condiciones legales, incluida la
de un imán que la convoque. Y este imam debe ser un descendiente de la qabila del
Profeta, un quraychí (Madelung, 1990 [1971]). En aquel momento, los Awlad Dalim no
tenían tales pretensiones genealógicas. Por lo tanto, no podían iniciar una yihad por sí
mismos.

Pero a principios de 1931, Moḥamd el-Mamūn llegó a Wad Nun, y con su “predicación
inflamada”, llamó a la yihad99. Moḥamd el-Mamūn ould Sayj Moḥammed Vadhel ould
ˁAbeydi era un primo lejano del Sayj Ma' el-ˁAynin 100. En el momento de la entrada de
los franceses en el suroeste de Mauritania, abandonó el Adrar para dirigirse a Marruecos,
y en 1907 hizo la peregrinación a La Meca. Regresó a Fez en 1910 y participó en varias
revueltas contra la penetración colonial, incluido el Rif, bajo el liderazgo de Abdelkrim
el-Khattabi. Se sometió en febrero de 1926, pareció establecerse, se comprometió con los
franceses, se hizo imán y enseñó en Taza, desde donde publicó diversas obras. Más tarde
se desplazó al Sus, en el sur de Marruecos, la zona que los franceses aún no habían
ocupado (Anónimo, 1932; Rivet, 1973: 6, n. 6). Allí, parece que su primo Merebbi
Rebbu, que había heredado el sultanato de el-Heyba (Agrour, 2009: 262), frenó sus
ambiciones. Pues los Ahl Ma' el-ˁAynin, que se reivindicaban chorfa, descendientes del
Profeta, tenían toda la legitimidad para disputar el sultanato. El propio Moḥamd el-
Mamūn, además, ya se había postulado como tal en 1913, en la zona del río Muluya
(Anónimo, 1932). A inicios de 1931 se desplazó aún más al sur, donde trató se sublevar a
las qaba’il predicando la yihad.

97
En otro lugar (Correo 232/C/AP del GM al GGAOF Brévié, a.s. seguridad de los confines, s.f., 200Mi
2167 (9G18)), se dice que la entrega de estos camellos y fusiles se hacía “a titulo de targuiba”, lo que
demuestra una falta de comprensión del ritual de sacrificio y una utilización de la palabra como sinónimo
de sumisión.
98
Tournadre, correo 64/P del CBL al GM, s.f. (200Mi 2167 (9G18)) y GM al gabinete militar, DAPA, 15-
05-1933, 120/AP-CF, (200Mi 2167(9G18). Véase también 5H270/22 (N91).
99
Descemet, carta 199P/CF del GM al GGAOF, 17-10-1932 (200Mi/2167 (9G18).
100
El ancestro común es de cinco generaciones para uno y seis para el otro. Su madre fue Saviyye mint
ˁAbdallahi ould Heylahi ould Avelwat de los Barikalla (Ahl Mawlud).

21
La amenaza de las prédicas de Moḥamd el-Mamūn asustó a los franceses. En efecto, no
satisfecho con sus pretensiones genealógicas o con su experiencia en las sublevaciones
anticoloniales, gozaba de una “reputación de taumaturgo [...] considerable” 101. Como tal,
encajaba bien en el linaje de los Ahl Sheikh Ma' el-ˁAynin, cuya aura religiosa se
acompañaba de los poderes sobrenaturales necesarios para inflamar el ardor guerrero. Sin
embargo, ninguno de los participantes en Mutunsi era telmidi (discípulo, a saber,
mujahid) de los Ahl sheikh Ma' el-ˁAynin, aunque l-ˁArūsi, el abuelo de Sidi, lo había
sido102. En julio de 1925, Sidi ould Cheikh l-ˁArūsi había participado en un gazi contra un
destacamento francés en Azueiga a las órdenes de un pariente cercano de Ma' el-
ˁAynin103; sin embargo, no parecio ceder a los cantos de sirena de su primo. El primer
gran éxito de Moḥamd el-Mamūn ould cheikh Moḥammed Vadhel ould ˁAbeydi tuvo
lugar en Tujunin, en el Adrar, los días 6 y 7 de septiembre de 1931, a la cabeza de un
grupo de Rgaybat (conocida como el combate de Shaiman por los franceses). Pero en esta
ocasión Brahim Salem ould Moychan se negó a acompañarle. La capacidad de
movilización personal de Moḥamd el-Mamūn se vio, así, limitada. Brahim Salem no se
uniría a él hasta julio de 1932, cuando se estaba preparando Mutunsi 104. Parece ser que los
primeros Awlad Dalim que se le unieron fueron los tres que habían atacado el chouf de
Ahmeyim en diciembre de 1931. Su principal éxito consistió en “apaciguar, al menos
momentáneamente, las disputas de los Oulad Délim con sus vecinos”105. En efecto, hemos
visto que, hasta entonces, alentada bajo mano por los franceses, la guerra hacia estragos
entre los Awlad Dalim y los Ayt Usa.

Bouteil, comandante del círculo del Adrar, pareció tomarse por la vía trágica la
propaganda antifrancesa y la capacidad de importunar de Moḥamd el-Mamūn. Hemos
visto que, a finales de 1931, Bouteil alertó a sus superiores sobre una amenaza esencial
para la colonia. En aquel momento, Bouteil exageró los riesgos, a la manera de un
incendiario. En consecuencia, a principios de junio de 1932, abogó por “llevar la guerra a
los campamentos disidentes” Rgaybat como acción preventiva ante la inminente
incursión organizada por Moḥamd el-Mamūn, para que así obtuviera menos apoyos
durante la ruta106. Vemos, de ese modo, que los franceses no creían que sus prédicas
amenazasen con seducir a los Awlad Dalim 107. El hecho es que, en general, la
administración se mostraba más circunspecta ante el peligro que los comandantes del
círculo del Adrar, a quienes hemos visto independientes y combativos.

101
DAPA, 169/AP, 16-09-1932, 5H270/26 (N101).
102
Taleb Khyar ould Mamin (Ahl sheikh Ma' el-ˁAynin).
103
Moḥamd el-Mamūn ould 'Eli Sheikh ould Moḥammed Vadhel murió tras el ataque de 1927 a Port
Etienne (FI Soueidi, 5H270/26 (N101)).
104
Ibid. Aún recibía subsidios importantes de los franceses a inicios de 1932.
105
Descemet, carta 199P/CF del GM al GGAOF, 17-10-1932 (200Mi/2167 (9G18)).
106
Informe CCA Bouteil, 1-06-1932 (5H270/22 (N91)).
107
Tanto es así que a ellos se les atribuye el ataque de Mutunsi en el artículo sobre Moḥamd el-Mamūn en
L’Afrique française (noviembre de 1932).

22
En efecto, en el verano de 1932, Moḥamd el-Mamūn se trabajó a los Awlad Dalim para
que se unieran a su yihad. Lo sabemos por una carta de el-Būn ould Hamoyin ould Chiˁa
a Port Etienne, fechada el 20 de julio:

“El sheriff vino a pedirnos que fuéramos a saquear con él; nadie quería darle
satisfacción, excepto los «Soufahas» (los jóvenes inexpertos) o los
malhechores108. El propio sheriff añadió que, si no respondíamos a su
llamada, se vengaría y que, si yo no le seguía en persona, al menos mis hijos
deberían seguirle: estos últimos, que temían la venganza de Mohamed al
Mamoun, le han seguido. En cualquier caso, por lo que hace a ustedes, no
deben temer nada de ellos”109.

Así pues, en aquel momento, creyó, o fingió creer, que Moḥamd el-Mamūn formaba un
gazi, y que los franceses no serían el objetivo. Sin embargo, ese mismo día tuvo lugar la
salida desde Izik, en el valle del Wad Itghi, a unos cien kilómetros al sur de Cabo Juby110.

Según el Gobernador de Mauritania, Moḥamd el-Mamūn era, en efecto, el principal


animador de la reunión de Izik, a quien todos iban a seguir, cuando la noticia de que el
destacamento de Mac Mahon era presa fácil precipitó la salida del gazi111. Sin embargo,
este relato transmitido a un superior presenta una contradicción, ya que añade que Sidi
ould Cheikh l-ˁArūsi se marchó “sin esperar al imam”, sugiriendo así su ausencia. Parece
probable que Descemet estuviera organizando informaciones fragmentarias para darles
un sentido que se adaptase a su argumentación: algunos aventureros Awlad Dalim se
vieron arrastrados a la yihad de Moḥamd el-Mamūn. El mismo razonamiento quedó
plasmado en la carta del Gobierno General al Ministro de Colonias112.

Hoy en día, los Awlad Dalim reconocen que, en aquella ocasión, se negaron a seguir a
Moḥamd el-Mamūn, para actuar de modo independiente 113. Pero también se dice que
108
El término malfaiteur (“malhechor”) parece referirse aquí a su primo y competidor Sidi ould Cheikh
L'aroussi, así como a los desertores asesinos.
109
Correo de El Bouen Ould Hamoïn Ould Chia y la Gran Djema de Oulad Delim, 20-07-1932, 200Mi
2167 (9G18).
110
Transmisión de la subdivision militar de Mauritania al CST AOF y al GM, 223/C, 07-09-1932 & DAPA,
169/AP, 16-09-1932, (5H270/26 (N101)).
111
Descemet, carta 199P/CF del GM al GGAOF, 17-10-1932 (200Mi/2167 (9G18)).
112
Borrador de carta de la DAPA delAOF alMinCol, 26-12-1932 (200Mi/2167 (9G18)).
113
Edde ould Buseyf (Wlād Khaligge), Abbe ould Mohammed Saleh (Wlād Ba ˁAmar) y Brahim ould
Boidaha (Sraḥne), Nuadibú, enero de 2020. Según este último, se habría producido una reunión que implicó

23
Chiyakh ould Cheikh ˁAbidīn, que fue uno de los dos kunta participantes del gazi, habría
asumido ese cargo. Sus hermanos y, antes que ellos, su padre, ˁAbidīn ould Sidi
Moḥammed el-Kuntawi, fallecido en 1927, descendiente de un prestigioso linaje, fueron
feroces combatientes de los franceses desde su entrada en Tombuctú y predicaron la
yihad, inicialmente entre los tuaregs y más tarde entre los bereberes del sur de Marruecos
y los Rgaybat. Instalados junto al Wad Draa, organizaron numerosas expediciones, en
particular hacia la curva del Níger, su región de origen, y obsesionaron a los militares
franceses (Aouad-Badoual, 1993). En todo caso, el papel de imán que habría
desempeñado el último hijo de ˁAbidīn parece haber sido muy secundario y no es
reconocido por ningún testigo actual. En cambio, los franceses se dieron cuenta
progresivamente de que Sidi ould Cheikh l-ˁArūsi había “decidido actuar por su
cuenta”114. Para Bachmann, este hecho era en sí mismo significativo: “para manejar las
susceptibilidades de la gran mayoría de los Oulad Délim, los jóvenes decidieron no hacer
causa común con Mohamed Al Mamoun, enemigo de los franceses, sino ir a vengar el
honor de la tribu matando a la gente de Trarza. Por otra parte, algunos disidentes de
Trarza asesoraron la agresión, actuando como guías”. Llevado por su análisis, les eximió
de toda intención contra los franceses: “Las circunstancias dictaron que (al no tropezarse
con ningún grupo de Trarza durante su ruta) el razzi se viera abocado a combatir contra el
grupo nómada. Los acontecimientos habían superado la intención original de los Ouled
Délim que formaban el razzi”115.

Parece que, dadas las circunstancias, Moḥamd el-Mamūn y los partidarios del Sayj Ma'
el-ˁAynin en general tenían mucho menos ascendiente sobre los Awlad Dalim 116 que
sobre los guerreros de Trarza. Así, cuando se produjeron contratiempos, y en particular la
destrucción de un experimentado chouf en Bir Igni (Tijirit) en diciembre de 1932, los
guardias de Trarza se persuadieron “de que la gente del Norte que sigue el llamamiento a
la guerra santa de Mohamdel Mamoun, Cheikh Sghhir o/ Abidine y otros morabitos
venerados, goza de baraka divina, mientras que los Trarzas, leales a los Roumis
[cristianos], están malditos”117. Por el contrario, según un informe español confirmado
con posterioridad, a principios de 1933, los Awlad Dalim se desvincularon de Moḥamd
el-Mamūn: “abandonado por los O/Délim, [él] se dirigió a la región del Cabo Juby y se
refugió con los Izarguiine”118.

a Sidi ould Cheikh l-ˁArūsi (Ludaykat), Moḥammed Salem ould Boidaha (Srahna), Brahim Salem ould
Moychan (Awlad Jaligat), Sheikh ould ˁAmar (Awlad Jaligat) y Aḥmed ould Khattat (Ludaykat) en Wad
Wareg, en las cercanías de Bir Nasran, donde se habría tomado la decisión de crear un gazi autónomo
(Brahim ould Boidaha (Srahna), conversación telefónica, septiembre de 2020).
114
FI Brahim Salem, 5H270/26 (N101).
115
Bachmann, correo nº 162/P del CBL al GM, 21-09-1932 (200Mi/2167 (9G18). Los “disidentes de
Trarza” en cuestión parecen ser los dos labbiyyin enrolados anteriormente en el círculo de Trarza en Akjujt.
116
Esto es así, al menos, para los que vivían más al sur y estaban sometidos a la tutela de otros marabouts,
en particular la de los Barikalla: Ahl cheikh Moḥamd el-Ṃāṃi (Awlad Jaligat y Awlad Teggedi), Ahl Sidi
Abdallah ould Vadhel (Ludaykat) o Ahl Bukhari ould Vilali (Srahna). En el norte, los Awlad Ba ˁAmar
estaban a su vez, en su mayoría, bajo el control del Sayj Ahl Ma' el-ˁAynin.
117
Delange, Rapport... 25-12-1932 (5H270/26 (N101).
118
Tournadre, CBL al GM, 4-02-1933, 29/P (200Mi 2167 (9G18)).

24
Aunque Sidi ould Cheikh l-ˁArūsi murió a consecuencia de sus heridas 119, fue en cierto
modo santificado de inmediato, y su tumba es hoy objeto de ziyara, de visitas piadosas.
Salka mint ˁAbdellahi ould Khattat, cuyo padre murió en la batalla, solía invocarlo para
obtener su intercesión ante Dios120. Y Moḥammed ould ˁAbdallahi ould Najemi envidió la
muerte en martirio de su compañero de armas sbaˁi 121. Todos fueron considerados shahid
(mártires). Pero a la inversa, los hijos de Sayj Sidiyya Baba, muy influyentes a causa de
su apoyo a la presencia francesa, defendían la idea del martirio para los colaboradores 122.
Pero la guerra justa es una cuestión de puntos de vista, y el honor del guerrero una
justificación fundamental. En definitiva, intervinieron muchos factores, y en grados
diversos: la defensa de la independencia tribal, el honor individual y colectivo, las
hazañas bélicas, la acumulación de bienes, las ambiciones políticas, las motivaciones
religiosas…. Casi un siglo más tarde, es imposible desentrañar en qué orden y grado.

Conclusiones

Hasta el final del periodo -impropiamente llamado- de “pacificación”, la administración


colonial en Mauritania y San Luís estuvo marcada por fuertes discrepancias sobre el
modo de comprender y abordar la “política de las tribus” y, en particular, sobre la actitud
que debía adoptarse hacia los disidentes del norte. También estuvo presidida por una
relación neurótica con sus vecinos españoles, y la producción administrativa de ambas
colonias, así como la observación de las acciones de sus representantes, arrojó una
imagen de gran irracionalidad. Esa misma irracionalidad que, asociada con el prejuicio
del desorden, cuando no de la anarquía, se empleó más tarde para describir el
comportamiento de los bidan. Sin embargo, la meticulosa investigación sobre los motivos
y las modalidades del ataque de Mutunsi que hemos realizado aquí demuestra que no fue
tal.

En efecto, los motivos del gazi son múltiples y están entrelazados, y en la comprensión
de Mutunsi hay razones para tomar en serio tanto las disputas tribales como la
acumulación de bienes, el prestigio o el honor. Si el argumento de la yihad es débil, no
119
Murió en Akwayjat de Tin Brahim, cerca de los campamentos de Sidi Mbarek ould sheikh el-Mokhtar
(Awlad Bu Sbaˁ Dmoysat) (Informe del Chouf en Agneitir del 18-08-1932, 5H270/26 (N101)).
120
Jamal ed-Din ould Ahmed Bezeid (Barikalla), Nuakchot, enero de 2020.
121
Sidi Mohammed ould Habib (Barikalla), Nuakchot, enero de 2020. Este fue sin duda Sidi Moḥammed
ould Aḥmed Baba ould Cheikh el-Mokhtar.
122
Declaración dictada por los “hijos de Cheikh Sidia ”, 24-08-1932, trad. Malamine Tandia, 5H270/26
(N101). El periodista Perrigault (1933: 46) recogió estas palabras de ˁAbdallahi ould Cheikh Sidiyya sobre
Moḥamd el-Mamūn: “Os digo que ese hombre es un traidor a nuestra religión cuando afirma haber recibido
de Alá la misión de luchar contra los franceses, porque sé que los franceses son protectores del Islam”.

25
puede sin embargo descartarse definitivamente. Por todo ello, inscribir Mutunsi en el
marco de una movilización colectiva o un movimiento social que comprometiese a todas
las poblaciones de la región parece muy arriesgado. Eso presupondría la existencia de un
espíritu supratribal trascendente o, al menos, de una causa que aglutinara a muchos
combatientes más allá de las coordenadas tribales y de las ambiciones personales,
posiblemente bajo la bandera de la yihad. Al final de nuestra investigación, en la que todo
nos remite a objetivos tradicionales, no hay nada que sugiera esto, lo que hace que la idea
de una motivación “nacionalista” o “protonacionalista” resulte aún más anacrónica.

Después de Mutunsi, y tras múltiples investigaciones sobre las circunstancias del gazi, el
gobernador de Mauritania Descemet pareció dar crédito a la explicación de un ajuste de
cuentas tribal, pero consideró que el ataque deliberado al grupo nómada francés no podía
quedar impune. Hemos visto que la década anterior había sido escenario de profundos
desacuerdos sobre la “política de las tribus” en el norte de Mauritania, y que en particular
la administración militar y civil del Adrar (tanto en la capital, Atar, como entre los
oficiales meharistas del GN) se caracterizó por la intransigencia hacia las qaba’il
disidentes, la frustración ante la imposibilidad de tomar represalias y una actitud de
“francotiradores”. En cierto modo, Descemet fusionó el enfoque “diplomático” con una
represión más brutal, es decir, con la autorización de represalias de parte de las tropas y
los colaboradores, especialmente del Adrar123. Sin embargo, la impresión de que el ataque
de Mutunsi constituyó una conmoción sin precedentes y un punto de inflexión, debido a
la tinta que se derramó tanto en los informes administrativos como en los artículos de la
prensa metropolitana, debe relativizarse. Sobre todo, pareció ofrecer la ocasión para
desplegar los últimos esfuerzos con el fin de completar el dominio colonial francés, en
particular mediante la construcción de puestos fronterizos.

Por otra parte, la evolución de la situación después de Mutunsi y, en particular en lo que


se refiere a los Awlad Dalim, dependió en buena medida de la evolución de la actitud
española, hasta entonces tan criticada por las autoridades francesas de Mauritania 124. A
partir de la primavera de 1933, los informes franceses señalaron una inflexión en la
actitud de Cabo Juby y Villa Cisneros hacia los disidentes, que finalmente les abocó a
abandonar su perfil bajo. Aunque el acuerdo sobre el derecho de persecución no se llegó
a firmar jamás, a pesar de las conversaciones regulares entre 1924 y 1933 (Martínez
Milán, 2003: 288-312; Evrard, 2015: 54-60), la presión ejercida sobre los Awlad Dalim
aumentó a partir de enero125. En febrero, se constató que las autoridades españolas no
123
Pero también el gazi Aubinière, que abandonó Akjujt y atravesó durante un mes territorio español hasta
la Saqiyat al Hamra en 1934, sin la aprobación del gobernador (Aubinière, 1984).
124
Inmediatamente después de Mutunsi, la tensión se mantuvo, ya que San Luís acusó a los españoles, no
sólo de haber proporcionado atención médica a los miembros heridos del gazi, sino también de minimizar
la responsabilidad de los Awlad Dalim al invocar la “fatalidad” en lugar de una “animosidad real”,
5H270/26 (N101), 304 y 285-287.
125
El gobernador de Villa Cisneros informó a la jamaa de Awlad Dalim en mayo de 1933 que “los
franceses y los españoles están de acuerdo en imponer la paz y hacerla prevalecer". [...] Los tiempos han

26
habían elevado “ninguna protesta por las dos últimas operaciones llevadas a cabo en la
colonia ibérica por nuestra gente, que había partido tras las huellas de los «medjbour»
que habían operado en territorio francés”126. La situación fue descrita y analizada por el
gobernador Descemet en sus largos informes de fin de misión: la crisis política que
atravesaban los españoles en la metrópolis durante 1933 127 pareció comportar “una
colaboración tácita pero real” por parte de las autoridades de Villa Cisneros 128.

Esa nueva entente se corresponde con lo que la memoria local recoge como el período de
“la confluencia de poderes” (melge l-'ahkama, Acloque, 2007: 365), decisiva en la serie
de sumisiones de 1933. El acuerdo de liquidación de Mutunsi se firmó el 23 de mayo de
1933129. En junio, la inteligencia francesa en el Sáhara español indicó que los Rgaybat se
hallaban en Cabo Juby para concluir un acuerdo: “una de las cláusulas de la sumisión
concedida por los españoles sería el cese de toda hostilidad contra nuestros
constituyentes”130. Posteriormente, los españoles fundaron El Aaiún, cerca del punto de
partida del gazi de Mutunsi, y ocuparon Smara, centro de actividad de los Ahl Ma' el-
ˁAynin; también consolidaron sus unidades meharistas131 nombrando como jefes a los
últimos grandes líderes de gizan, como Ahmed ould Hamadi e Ismail ould Bardi (López
Bargados, 2003: 536). En cuanto a los combatientes que quedaron demasiado
comprometidos en Mutunsi, como Omer ould Eli ould Ahmed o Ahmed Salem ould
Deyna, condenados a muerte en rebeldía, se sumaron a la aventura franquista al enrolarse
con los amotinados españoles132.

Finalmente, en enero de 1935 se organizó la visita de una delegación (ṣorba) de los


Awlad Jaligat y Awlad Teggedi a Dakar, mientras Eli ould Baba y Cheikh ould Amar
presentaban una petición de perdón en Mederdra, ante el propio emir de Trarza y
Moḥammed Salem ould Nah, el jefe de los ˁEleb, dos de cuyos hermanos habían muerto
durante los sucesos. Ould Deid rechazó la compensación económica propuesta (diyya) y
acogió favorablemente la reconciliación con una lujosa recepción. A sugerencia discreta
cambiado [...] y debéis buscar una situación mejor”. 200Mi/2167 (9G18), Gbr de Villa Cisneros a la jemaa
Oulad Delim, s.f., traducción del 16-05-1933.
126
200Mi/2167 (9G18), GM a la DAPA, a.s. Oulad Delim, 2-02-1933.
127
Precisemos que el 31 de octubre y el 1 de noviembre de 1932, el presidente del Consejo Edouard Herriot
se desplazó a Madrid para discutir sobre el Sáhara Español con su homólogo Azaña y el presidente Alcalá
Zamora, que fue condecorado con la Gran Cruz de la Legión de Honor en esa ocasión. La proclamación de
la joven Segunda República española, que Francia se apresuró a reconocer, hizo posible un acuerdo en las
colonias. Chicago Daily Tribune, 2-11-1932.
128
200Mi/2167 (9G18), Descemet al GGAOF, 21-08-1934.
129
Ibid., Convención.
130
Ibid., Descemet al GGAOF, 22-06-1933, copia.
131
Biblioteca Nacional de España, DGMICRO/69532: Visita de inspección a Cabo Juby del coronel de
infantería don Salvador Múgica, Cabo Juby, 6-05-1932.
132
Ahmed ould Mohammed, conv. cit. ; DAPA al GGAOF, a.s. reclutamiento en el Sahara español, 22-06-
1937 (200Mi/2166 (9G3)); Renseignements sur les Maures en service dans les unités espagnoles, 2-10-
1938 (3H2112).

27
del administrador Charbonnier, los Awlad Dalim ofrecieron un camello de tˁargiba al día
siguiente: “frente a la tienda del emir, y según el rito habitual [hicieron] el gesto de
inmolación. La gente de Trarza quedó plenamente satisfecha” 133. Aunque, de las dos
fracciones señaladas, sólo los Awlad Jaligat estuvieron implicados en el combate de
Mutunsi, el conflicto intertribal no volvería a resurgir hasta el advenimiento de la
independencia.

Referencias

Acloque, B. (2007), "L'idée de frontière en milieu nomade : héritage, appropriation et


implications politiques actuelles (Mauritanie et Sahara occidental)", en Villasante
Cervello, ed., Colonisations et héritages actuels au Sahara et au Sahel. Problèmes
conceptuels, état des lieux et nouvelles perspectives de recherche (XVIIIe-XXe
siècles), vol. II, L'Harmattan, Paris, p. 353-382.
Acloque, B. (2011), « Mémoire et enjeux territoriaux sur la côte mauritanienne », en
Boulay y Lecoquierre (ed.), Le littoral mauritanien à l'aube du XXIe siècle :
peuplement, gouvernance de la nature, dynamiques sociales et culturelles, Karthala,
Paris, p. 125-150.
Acloque, B. (2020), « Querelles mystiques et clientèles religieuses : concurrence des
cheikhs Ma’ el-ˁAynīn et Saˁd Bū dans la zone d’influence des Bārikaḷḷa ». en Y. Ben
Hounet, A.-M. Brisebarre, B. Casciarri y A. W. ould Cheikh (dir.), L'Anthropologie en
partage ; autour de l'œuvre de Pierre Bonte, Paris, Karthala, p. 247-264.
Agrour, R. (2009), Le mouvement hibiste et les tribus berbères de l’Anti-Atlas : une
histoire de la périphérie (Sud-Ouest marocain) face au pouvoir central (1910-1934),
Thèse de doctorat d’histoire, Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne.
Anonyme (1932), « En Mauritanie - Mohamed Mamoun », Bulletin du comité de
l'Afrique française, 11, p. 672-677.
Aouad-Badoual, R. (1993), “Le rôle de ’Abidine el Kounti dans la résistance nomade a la
conquête française de la Boucle du Niger (1894-1902)”, Les Cahiers de l’IREMAM, 4,
Aix-en-Provence, p. 35-48.
Aubinière, Lt ( 1984 [1934]), « Le raid du Lt Aubinière en 1934. Rapport officiel –
Avant-propos du Gl Claude Le Borgne », Le Saharien, 90, p. 19-26.
Bonte, P. (1993), « L’Emir et les colonels : pouvoir colonial et pouvoir émiral en Adrar
mauritanien (1920-1932) », en Bernus et al.(ed.), Nomades et commandants :
administration et sociétés nomades dans l’ancienne A.O.F., Karthala, Paris, p. 69-79.
Bonte, P. (1999), « Symboliques et rituels de la protection. Le sacrifice tˁargîba dans la
société maure », en Bonte et al., (dir.), Sacrifices en islam ; Espaces et temps d’un
rituel, CNRS Éditions, Paris, p. 239-261.
Caratini, S. (1989), Les Rgaybāt vol.1, L’Harmattan, Paris.
Caratini, S. (2009), La dernière marche de l’Empire : une éducation saharienne, La
Découverte, Paris.
Dilley, R. (2015), Henri Gaden à travers l’Afrique de l’Ouest (1894-1939). Fils de
133
200Mi 2167 (9G18), Informe del 2-02-1935 en San Luís al GM.

28
Bordeaux, aventurier africain, L’Harmattan, Paris.
Duboc, A.A.L. (1935), Mauritanie, Fournier, Paris.
Evrard, C. (2015), De l’armée coloniale à l’armée nationale en Mauritanie : une histoire
militaire sahélo-saharienne, de la conquête à la guerre du Sahara, Thèse de doctorat
d’histoire, Paris 1 Panthéon-Sorbonne.
Evrard, C. (2018), « Policer le désert : ordre colonial, « guerriers nomades » et État
postcolonial. Mauritanie et Niger (1946-1963) », Vingtième siècle Revue d’histoire,
n°140, p. 15-28.
Evrard, C. & Pettigrew, E. (2019), “Du baptême du nouvel aéroport de Nouakchott à la
réforme constitutionnelle (fin 2015-2018). Politiques de l’histoire en Mauritanie”,
L'Année du Maghreb, 21, p. 295-319.
Freire, F. & Ould Mohamed Baba, E. (2020), “Looters vs. Traitors: The Muqawama
(“Resistance”) Narrative, and its Detractors, in Contemporary Mauritania”, African
Studies Review, 63/2, p. 258-280.
López Bargados, A.(2003), Arenas coloniales: los Awlād Dalīm ante la colonización
franco-española del Sáhara, Barcelona, Bellaterra.
Madelung, W., (1990 [1971]), « Imâma », Encyclopédie de l’Islam (nouvelle édition, t.
III), Brill & Maisonneuve et Larose, Leide & Paris, p. 1192-1198.
Martínez Milán, J. (2003), España en el Sahara Occidental y en la zona sur del
Protectorado en Marruecos, 1885-1945, UNED, Madrid.
Marty, P. (1915), Les tribus de la Haute Mauritanie, Comité de l’Afrique française,
Paris.
Perrigault, J. (1933), On se bat dans le désert, L. Fournier, Paris.
Rivet, D. (1973), « Le commandement français et ses réactions vis-à-vis du mouvement
rifain 1924-1926 », colloque pour le cinquantenaire de la République du Rif (Paris,
18-20 janvier 1973), dactylo.
Vincent, H. (1861), « Voyages et expéditions au Sénégal et dans les contrées voisines :
Voyage dans l’Adrar et retour à Saint-Louis », Le Tour du Monde, III, p. 49-64.

29

También podría gustarte