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VII Congreso Latinoamericano de Investigación Turística (CLAIT)
"Responsabilidad y ética del turismo para la preservación del patrimonio
natural y cultural"
Reflexión y análisis sobre las experiencias de turismo en América Latina
Eje temático: Políticas púbicas en turismo y hospitalidad
LA POLÍTICA TURÍSTICA ARGENTINA Y LAS DERECHAS, 1955-1983.
Mg. Daniela Castellucci
Grupo Turismo y Sociedad
Facultad de Ciencias Económicas y Sociales
Universidad Nacional de Mar del Plata
Mar del Plata, Argentina
dicastel@[Link]
Introducción
El presente trabajo se centra en las políticas públicas en turismo diseñadas e
implementadas por los gobiernos de derecha en Argentina, durante la segunda
mitad del siglo XX. Se aborda la política turística en Argentina durante el período
1955-1983 dado que este lapso representa la institucionalización del turismo en la
agenda pública del país y también su resignificación desde una perspectiva
económica a partir del golpe de Estado de 1955, tal como lo expresan Capanegra
(2015) y Shenkel (2013). Así como sucedió en otros países, durante este período
en Argentina se produce un cambio en el modo de pensar, construir e implementar
políticas públicas para desarrollar el turismo. Este cambio devino de las doctrinas
emanadas desde los organismos internacionales, particularmente Naciones
Unidas, que habían comenzado a concebir al turismo como factor de desarrollo,
en el marco del planteamiento del desarrollo como teoría y problemática a nivel
mundial (Capanegra, 2011).
Desde la caída del peronismo en 1955 hasta la primera década del siglo XXI la
historia argentina se ha caracterizado por la inestabilidad y el desacuerdo,
afectando y haciendo más complejos los procesos políticos, económicos, sociales
y culturales. En esta búsqueda de lograr un régimen político legítimo y estable y
políticas públicas que aseguren el progreso económico y social del país se han
ensayado diferentes regímenes democráticos, semidemocráticos y autoritarios
(Novaro, 2013). En estos regímenes han primado las ideas derechistas en sus
diversas tradiciones. La derecha se ha asociado a la idea que las diferencias entre
los hombres formarían parte de cierto “orden natural” en contraposición a la
izquierda que las ha asociado con las relaciones sociales. Asimismo, dentro de las
derechas se diferencia a los “moderados” de los “extremistas”, distinción
frecuentemente utilizada por gran parte de los estudios existentes sobre ideas
políticas en Argentina. De esta manera se ha asociado, dentro del campo más
general de “la derecha”, a los “liberales” con las tendencias moderadas y a los
“nacionalistas” con las posiciones más extremas. Si bien existe un importante
acuerdo en identificar la escisión entre las fracciones liberal y nacionalistas de la
derecha argentina hacia los años treinta, resulta más complejo acordar una
definición específica de cada fracción (Canelo, 2008).
En este trabajo se tomará la caracterización que plantea Paul Lewis (2001, citado
por Canelo, 2008) sobre las derechas. Para este autor los “nacionalistas”
presentarían un perfil más corporativo y militarista, defensor de la herencia
hispánica y de una alianza entre Iglesia y Ejército, mientras que los “liberales”
serían partidarios de una visión restringida de democracia, se identificarían con el
cosmopolitismo y promoverían la integración de la economía argentina con el
mundo occidental. Los primeros inculparían a los liberales su vinculación con los
intereses foráneos y su responsabilidad por un sistema económico que divide a la
Nación en antagonismos de clase. Mientras que éstos acusarían a los
nacionalistas de perpetuar el carácter subdesarrollado y cerrado de la economía, y
de integrar instituciones y grupos autoritarios de retórica y práctica violenta. Por
último, los liberales mostrarían una tendencia a desempeñarse como economistas,
ingenieros o administradores, en contraposición con la orientación literaria general
de los nacionalistas.
Respecto del estado de la cuestión, la revisión de la literatura revela que en la
historiografía internacional, el turismo ha sido objeto de atención académica desde
hace varias décadas (Pastoriza, 2012). En América Latina, y en particular en
Argentina, el interés en torno al turismo ha sido más reciente y los estudios han
sido llevados a cabo principalmente por los historiadores sociales, aunque también
se advierten trabajos realizados por especialistas de otras disciplinas con un
enfoque sociológico, económico o geográfico. En este país, la perspectiva que
prevalece en los estudios es la de la historia de las localidades turísticas
(Bertoncello, 2006) y han sido muy pocos los estudios generales sobre la política
turística nacional, provincial o municipal. En este sentido, se destacan las
investigaciones sobre las políticas turísticas en Argentina desde fines del siglo XIX
hasta mitad del XX realizadas por Capanegra (2010, 2011, 2015), Pastoriza (2002,
2011), Piglia (2011, 2012, 2014) y Schenkel (2013). Respecto de los antecedentes
de investigaciones sobre las derechas en los países del Cono Sur, se observa una
amplia producción principalmente de estudios comparados (Bohoslavsky, 2009;
Buchrucker, 2003; Mc GeeDeutsch, 1997). En particular sobre los gobiernos
militares y las derechas, también se encuentra una extensa producción entre las
que se destacan el trabajo de Canelo (2008) en Argentina; Castagnola y Mieres
(1996) en Uruguay; y Borges (2007) y Oliveira (2008) en Brasil.
A partir de este marco bibliográfico producido en Argentina se plantea el presente
estudio que busca identificar y analizar las ideas derechistas en las políticas
públicas en materia de turismo diseñadas e implementadas por los gobiernos
nacionales de Argentina, desde 1955 hasta 1983. En función de este objetivo se
realiza un estudio de carácter descriptivo e interpretativo. Se efectúa un análisis
documental y de contenido de diferentes instrumentos de política pública, como
planes y legislación nacional; a la vez que se ha complementado con otros
documentos de instituciones públicas. Dado que a la fecha aún no se ha concluido
con el proceso de localización de toda la documentación, en la presente
comunicación se expone el análisis de los escritos ubicados hasta el momento. En
cuanto al desarrollo del trabajo el período analizado se ha estudiado en tres
momentos: el primero recorre los años 1955-1966 donde se observan las primeras
manifestaciones en las políticas públicas del cambio de concepción del turismo
como factor de desarrollo para el país. El segundo momento, comprende el
período 1966-1976, cuando definitivamente se institucionaliza ésta concepción de
los organismos internacionales y el turismo internacional se resignifica como
política económica y se plantea su planificación. Y el tercer momento comprende
el período 1976-1983, correspondiente al Proceso de Reorganización Nacional,
cuando el turismo queda sin el andamiaje de la planificación sectorial.
1955-1966: El desarrollismo en la política turística
En el golpe de Estado de septiembre de 1955, llamada “Revolución Libertadora”,
los civiles y militares que participaron del derrocamiento de Juan Domingo Perón
estaban divididos en dos sectores. Por un lado estaban los “nacionalistas” y
católicos que rodeaban al General Lonardi, quienes entendían que los conflictos
que habían debilitado al gobierno de Perón se debían primordialmente a los vicios
y errores de su líder, sobre todo aquellos que los habían enfrentado a la iglesia
católica. Incluso algunos peronistas compartían esta opinión. Por otro lado,
estaban los “liberales” que consideraban que el peronismo había dado origen a un
estado autoritario, corporativo y corrupto que al igual que los aparatos sindicales,
debía ser desterrado. Se trataba de desarmar todo el sistema de poder para que el
país volviera a la normalidad (Novaro, 2013).
Más allá de las diferencias entre estas dos fracciones dentro del sector castrense,
en definitiva los militares se concentraron en evitar el retorno del peronismo al
poder y en combatir a la “subversión” promovida desde el exterior. En función de
estos objetivos adoptaron la Doctrina de la Seguridad Nacional, cuya tesis
principal era la siguiente: primero que la “subversión” constituía un enemigo oculto
y que formaba parte de una conspiración mundial del comunismo en contra de
Occidente. En segundo lugar, que el desarrollo económico y la seguridad nacional
estaban vinculados entre sí y que las Fuerzas Armadas no podían implementar el
primero sin el último; y en tercer lugar, los militares tenían el derecho de
supervisar y controlar a los gobiernos civiles y hasta de derrocarlos si estos
fracasaban (Rock, 1993).
Apenas Lonardi asumió la presidencia de la Nación en septiembre de 1955, se
dispuso a tomar el control del movimiento peronista bajo la consigna “ni
vencedores ni vencidos” con una clara intención política conciliatoria. Esta actitud
le valió la oposición de la fracción liberal de su gobierno, llena de odios y deseos
de venganza, de los partidos políticos y de los empresarios que aspiraban a una
depuración eliminando todo rastro de peronismo. En noviembre, a dos meses del
golpe, el General Lonardi fue obligado a renunciar y asumió como presidente de la
Nación el General Aramburu, de pertenencia ideológica de derecha liberal.
Decidido a eliminar todo vestigio de peronismo y argumentando defensa de la
democracia, Aramburu disolvió al partido peronista y todo aquello que lo vinculaba,
intervino la CGT, y anuló por decreto la Constitución Nacional de 1949
reinstalando la de 1853. De este modo se dio inicio a una reingeniería institucional,
represiva y supuestamente pedagógica, así los obreros y militantes sindicales del
peronismo no debían ser perseguidos, sino reeducados (Novaro, 2013).
Ahora bien, en lo que respecta al turismo el cambio en la conducción del país
devino también en un giro en la forma de concebirlo y estructurarlo. Así, con el
derrocamiento del peronismo, por un lado, el turismo social fue desplazado a un
plano secundario dentro de agenda pública del gobierno. Del turismo social se
pasó a un turismo especial destinado a los sectores sociales más vulnerables, “los
pobres”. De este modo, se retornaba a la desigualdad social tan ambicionada por
las fracciones liberales del gobierno. Por el otro, se comienza a asignar mayor
importancia al turismo internacional al concebirlo como “factor de desarrollo”, todo
ello bajo la influencia de la “doctrina” difundida por Naciones Unidas sobre la
importancia del turismo internacional, especialmente para los países
subdesarrollados1.
Durante el gobierno de Perón (1943-1955) la política turística había tenido como
propósito hacer efectiva y concreta la Justicia Social2. Para Perón la “justicia
social” significaba transformar el status y las condiciones materiales de las masas.
El nacionalismo de Perón3 se identificaba con el progreso económico y social de
las clases populares (Rock, 1993). De este modo, el peronismo había intentado
crear una nueva dignidad y el orgullo de pertenecer al “pueblo” (como
contrapuesto a oligarquía), creando en el imaginario popular la representación de
1
En los primeros años de la II posguerra el intenso crecimiento de viajes internacionales advirtió al
Consejo Económico y Social de Naciones Unidas la necesidad de convocar a una Conferencia
Internacional sobre el Turismo y los Viajes Internacionales. Esta se celebró en 1963 en Roma con
la participación de todos los Estados miembros. En esta Conferencia se proclamó la tesis sobre la
función e importancia del turismo internacional como factor de desarrollo, especialmente para los
países subdesarrollados, debido a la capacidad de atenuar el déficit estructural en sus balanzas de
pagos. Se lo concibe como materia invisible de exportación. Luego se elaboraron manuales y
recomendaciones y se brindó asistencia técnica desde Naciones Unidas (Capanegra, 2011).
2
Según David Rock (1993) en términos prácticos la “justicia social” era un eufemismo cuyo
significado principal era la configuración de un sistema sindical controlado por el Estado, que
tendría que evitar la penetración comunista, proveyendo simultáneamente a los nacionalistas de
instrumentos para establecer su dominación política. Pero, en particular los nacionalistas y Perón
discrepaban en la forma de entender la “justicia social”. En la versión nacionalista, ésta implicaba
“tutela”, “jerarquía y “valores”.
3
Sobre la relación entre nacionalismo y peronismo ver Rubinzal, M. (2005) La derecha y la
cuestión social en la Argentina. La cuestión obrera en la perspectiva del nacionalismo en Buenos
Aires (1935-1943), Tesis de licenciatura (Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral).
una edad de oro (Capanegra, 2006). Mediante el impulso y desarrollo dado
principalmente al Turismo Social, las clases populares habían tenido la posibilidad
de acceder fácilmente a mayor tiempo libre tras la conquista de las vacaciones
como un derecho. Así, en los dos planes quinquenales (1947-1951 y 1952-1957)
se puede observar la política turística que adoptó el peronismo, siempre
circunscripta al área social como estrategia para hacer efectiva la Justicia Social.
Pero con el nuevo gobierno de facto, se inició un proceso para desperonizar
también al turismo. Esto se puede observar en diferentes manifestaciones,
haciendo visible el desprecio que sentían los facciones liberales por todo aquello
que tuviera que ver con el peronismo. Esto queda ilustrado en el relato que realiza
Fernández Balzano (1973):
Las Unidades Turísticas fueron desmanteladas cuando la llamada
Revolución Libertadora asumió el poder. Se quemaron sábanas frazadas,
alfombras, cortinasK por el sólo hecho de llevar el sello Fundación Eva
Perón. La depredación llegó incluso a las unidades de alta montaña: Puente
del Inca y Las Cuevas, donde se llegó a tirar al río Mendoza vajilla y
cristalería importada de Finlandia y Checoslovaquia (p.16).
Asimismo es posible observar las ideas derechistas en documentos e informes
oficiales. Así, en un trabajo editado por el Ministerio de Trabajo y Previsión en
1956, bajo el título Tiempo libre y colonias de vacaciones, se plantea en su
introducción que se publican esos apuntes con la aspiración de realizar un aporte
útil como punto de partida para una reestructuración del sistema nacional de
aprovechamiento del tiempo libre de los trabajadores. En el capítulo IV Estado
actual del turismo social, se puede observar la necesidad de que el gobierno
militar comenzara a promover cambios en las concepciones, criterios y políticas
turísticas nacionales de cara al futuro. Se menciona la necesidad de promover el
turismo extranjero “para la reconstrucción económica nacional” dado que se lo
considera como una “industria de exportación invisible” siguiendo el camino
iniciado por los países europeos, es posible advertir el giro en la forma de concebir
al turismo. Con ello se estaría sentando las bases sobre la función que se le
asignaría al desarrollo del turismo en Argentina años más tarde por sus beneficios
principalmente económicos, desplazando al turismo social a un plano secundario.
De este modo, se observa la omisión por parte del gobierno militar a las políticas
públicas sobre turismo social llevada a cabo por el peronismo, o su eventual
mención en forma tangencial. Además, se deja en claro que aún cuando los
trabajadores cuenten con una legislación sobre vacaciones pagas, no poseen los
medios económicos y financieros suficientes para afrontar los gastos que
demanda la realización de un viaje de descanso, y el Estado tampoco estaría en
condiciones de financiarlo. Los trabajadores en su condición de “pobres” dejarían
de contar con este beneficio que le había dado el gobierno peronista. De esta
manera se observa como las ideas derechistas liberales iban impregnando las
políticas públicas en materia de turismo que el nuevo gobierno de facto quería
comenzar a imponer en el país.
Otro indicador de la nueva función que se le estaba comenzando a asignar al
turismo fue la creación de la Dirección Nacional de Turismo (DNT), mediante los
decretos leyes 6325 (11-04-56) y 8014 (16-06-57), dejando de formar parte así de
la Dirección Nacional de Parque Nacionales. Como entidad autárquica dependería
de la Secretaría de Transportes del Ministerio de Obras y Servicios Públicos, con
el fin de ejercer todas las funciones esenciales al fomento y organización del
turismo interior y exterior hacia el país y de promover el turismo educacional y
social; dando las bases técnicas y científicas necesarias para que la acción del
Estado asegure la valoración, estímulo y aprovechamiento de los elementos e
intereses turísticos, a fin de ponerlos al servicio del “pueblo” y de la “economía” de
la nación. Su régimen financiero la facultaba para administrar sus propios fondos y
los asignados al Fondo Nacional de Turismo. La DNT inició su actividad el 1° de
febrero de 1958. Sin embargo, una de las peculiaridades más negativas de su
gestión haya sido la constante sucesión de directores. Durante los 15 años de
actividad se continuaron cerca de dieciséis directores (Fernández Balzano, 1973).
La falta de continuidad de sus directores posiblemente explique la brecha entre la
política enunciada y la política efectivamente implementada en turismo durante
este período.
Durante el gobierno democrático de Arturo Frondizi (1958-1962)4 se aprobó la Ley
de Turismo Nº 14574. En el debate parlamentario sobre el proyecto de ley5 es
posible observar la visión que se tenía del turismo como política de estado al
concebirlo como estrategia de política económica. En este sentido, el Senador de
la UCR, por Capital Federal, Dr. Armando Luis Turano expresaba que era
necesario “contribuir a su desarrollo” entendiéndolo como un acto de “patriotismo".
Así, se fue consolidando la idea de “desarrollar” el turismo, en tanto es
considerado como otra “industria” más con capacidad de exportación. Esto
permitiría generar nuevos beneficios económicos y financieros a fin de equilibrar la
balanza de pagos ocasionado por el ingreso de divisas al país. Se sostenía que el
mayor problema que afrontaba la nación era la necesaria disponibilidad de medios
financieros. Se entendía que existían tres fuentes para equilibrar y llegar al
superávit en la balanza de pagos: la actividad agrícola ganadera, la industria y el
turismo. Y en particular este último se constituía en el medio menos dificultoso y
que más rápido reactivaría la economía nacional. Se hacía evidente así las
potencialidades del desarrollo turístico. La necesidad del gobierno desarrollista de
Frondizi de contar con importantes inversiones de origen extranjero, dada la
4
Cuando Arturo Frondizi llegó a la presidencia en 1958, lo hizo con el apoyo de los nacionalistas.
Sostenían que Frondizi habría de ser “fiel a la tradición del país, a su soberanía y a la justicia
social”. Pero apenas asumió la presidencia, los deseos de los nacionalistas se frustraron
nuevamente. Frondizi asumió una posición anticlerical en torno a la cuestión educativa, abandonó
su programa nacionalista en el orden económico y estableció una alianza con las corporaciones
multinacionales (Rock, 1993)
5
Se ha tomado para su análisis la cita publicada por Capanegra (2011) en la ponencia “La
construcción social del turismo como factor de desarrollo, Argentina 1958-2005”. XI Jornadas
Internacionales y V Simposio Internacional de Investigación-Acción en Turismo, Argentina.
insuficiencia de capitales de origen nacional, lo llevó a adoptar un programa de
corte liberal en lo económico, incluyendo al turismo dentro de las políticas
económicas.
1966-1976: La planificación para el desarrollo como política turística
El golpe de Estado de 1966 que derrocó a Illia, autodenominado la “Revolución
Argentina”, catapultó al General Onganía al control casi total del Estado. El “Acta
de la Revolución Argentina” usaba, como sus predecesores, el lenguaje de los
nacionalistas: “una pésima conducción de los negocios públicos por el gobierno
anterior”, “la ruptura de la unidad espiritual del pueblo argentino”, “la apatía y la
pérdida del sentir nacional”, “la ausencia de orden y disciplina”. Desde el principio
su gestión se caracterizó por un accionar paternalista, fuertemente autoritario, un
carácter tecnocrático muy marcado y apolítico (Romero, 2013). Con la idea de que
las Fuerzas Armadas sólo podrían cumplir con su objetivo de defender la
seguridad nacional convirtiéndose en agentes de la modernización económica y
social, entendían que en el “desarrollo económico” se encontraba la llave de la
seguridad y el mejor reaseguro en contra de la subversión, de acuerdo a la
Doctrina de Seguridad Nacional. Con esta convicción el gobierno creó el Consejo
Nacional de Desarrollo (CONADE) y el Consejo Nacional de Seguridad (CONASE)
señalando que ambos organismos debían trabajar de manera conjunta (Rock,
1993).
En este período el organismo público de turismo continuó mutando su figura
orgánica de acuerdo a la visión del gobierno de turno en la forma de gestionar el
turismo a fin de que contribuya al desarrollo económico del país. El 6 de junio de
1967 al crearse la Secretaría de Difusión y Turismo, por Decreto 3921/67 y Ley
17301, se dispuso la transferencia de la DNT a dicha Secretaría. Sin embargo, la
complejidad de las actividades de difusión no permitieron dedicarle una debida
atención al turismo. Es por ello que se decide crear en 1971 la Secretaría de
Turismo, directamente vinculado a la Presidencia de la Nación. Creada por
Decreto 1472/71, su estructura orgánica es aprobada con la inclusión de una
Dirección General de Planeamiento y Desarrollo y una Dirección General de
Asuntos Turísticos, por decreto 6348/71, al entender que su estructura permitirá
alcanzar los objetivos y metas establecidos en el Plan Nacional de Desarrollo y
Seguridad 1971/75 (Fernández Balzano, 1973). De a poco se va consolidando una
gestión centrada en la planificación para el desarrollo del turismo bajo los
lineamientos que imponía la Doctrina de Seguridad Nacional.
Es por ello que se considera que en este período se dio inicio a la planificación
económica del turismo en el país, a fin de impulsar su desarrollo. En rigor, la
consideración de la planificación como un instrumento necesario para el desarrollo
económico de Argentina, ya se había incluido en las discusiones entre los
intelectuales a comienzos de los años treinta; y luego a mediados de la década del
cuarenta con el trabajo de Adolfo Dorfman quien incorpora la discusión
internacional sobre planificación y desarrollo disponible hasta el momento. Si bien
durante el gobierno peronista se había impulsado la planificación a escala
nacional, justificada a la luz de la necesidad de prevenir a la economía local de
las fluctuaciones del comercio exterior (Rougier y Odisio, 2016), y se había
incorporado en ellos al turismo, es recién en la década del sesenta cuando se
inicia su planificación sectorial.
La planificación como instrumento al servicio del ordenamiento turístico había
tenido su origen en los países centrales alrededor de 1955, cuando los estados
tomaron conciencia que la rentabilidad privada no bastaba para garantizar el
desarrollo turístico de las regiones. Así, y de acuerdo a lo planteado por Gemelli
(1986), en Argentina esta tendencia aparece recién hacia mediados de la década
del sesenta. En efecto, el organismo nacional de turismo conformó un equipo
interdisciplinario para elaborar los primeros estudios de base en pos del desarrollo
turístico del país. A partir de ahí los organismos de turismo de las provincias, por
sí mismos o a través del Consejo Federal de Inversiones, también comenzaron a
producir los primeros estudios, planes y proyectos de desarrollo turístico. A estos
emprendimientos se sumaron los aportes realizados por los organismos
internacionales a través de la asistencia técnica de capacitación para la puesta en
valor de los principales recursos turísticos del país (Gemelli, 1986).
El primer antecedente de planificación turística a nivel nacional lo constituye las
Bases metodológicas para la planificación del turismo como factor de desarrollo
regional, en el año 1967, trabajo dirigido por Georges Celestin y Bringas José
Manuel. Este documento corresponde al Informe de la Misión de asistencia
técnica, efectuada por expertos de la Organización de Estados Americanos (OEA)
a un equipo interdisciplinario de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la
Universidad de Buenos Aires (UBA) asignado a la Dirección Nacional de Turismo.
Este equipo buscaba estudiar la incidencia del fenómeno turístico en las
economías regionales. Al año siguiente, en 1968, la Dirección Nacional de
Turismo elabora otro informe denominado Primer documento de trabajo, con
asesoramiento técnico de la OEA. Este documento se confecciona a modo de
base para la planificación del desarrollo turístico del país. Entre sus objetivos
figuraba la confección de una metodología para la planificación del desarrollo
turístico de las áreas y zonas turísticas identificadas considerando al turismo como
el motor de desarrollo regional. Estos dos documentos se consideran
fundamentales en tanto representan la consolidación del desarrollo turístico en el
país al elaborar las bases conceptuales y teóricas para su planificación a nivel
provincial, regional y/o nacional (Capanegra, 2015).
Por otra parte, también se firma un convenio entre la Facultad de Arquitectura y
Urbanismo de la UBA y la Dirección Nacional de Turismo, con el fin de diseñar una
política pertinente para el desarrollo turístico. En este documento se argumenta
que a partir de ahí comenzaría la metódica planificación central del turismo.
Primero se realiza un estudio para la elaboración de un Plan de desarrollo turístico
de Misiones, y luego se elaboró el Plan de Desarrollo Turístico del Noroeste
Argentino en colaboración con el CONADE6, contando con la asistencia técnica de
Naciones Unidas. Si bien durante este lapso de tiempo se elaboraron todos estos
documentos, se puede afirmar que hasta entonces no existiría un plan turístico
definitivo. Además, el turismo tampoco aparecía integrado como sector en la
planificación general de desarrollo del país (Wallingre, 2007).
En 1971 el CONADE y el CONASE elaboran el Plan Nacional de Desarrollo y
Seguridad 1971/75. Este plan incluye el tema Turismo en su capítulo XVII (pág.
219 a 221). En la introducción se mencionan muy brevemente las características
del turismo en el país, la evolución de la demanda turística externa e interna, de la
oferta turística y los desajustes entre ambas que señalan las características
específicas del desarrollo del sector. Entre los objetivos del plan se destacan:
promover el desarrollo del turismo interno, especialmente el social; promover el
turismo internacional como medio de proyección del país al exterior y como fuente
de divisas; asegurar la preservación y promover el conocimiento de las bellezas
naturales del país, su flora y su fauna; entre otros. De este modo, se observa que
se vuelve a la idea de fomentar principalmente el turismo internacional por
posibilitar el ingreso de divisas al país, en tanto la promoción del turismo interno
quedaría centrada en el turismo social y en un segundo plano.
En 1973, tras siete años de gobiernos militares,el peronismo volvía a gobernar el
país. De esta manera los nacionalistas comenzaron inmediatamente a reconstruir
las instituciones corporativas que habían utilizado en el período de 1946 a 1955
(Rock, 1993). En ese año Fernández Balzano elabora un informe para los Equipos
Nacionales Tecnológicos Peronistas denominado El turismo en la República
Argentina desde la Fundación Eva Perón hasta la creación de una secretaría
específica. En este documento se plantean los lineamientos de base para el
desarrollo de una firme política en materia de turismo de corte fundamentalmente
nacionalista. Entre sus argumentos se destacan: el establecimiento del rol de la
autoridad turística nacional el cual deberá ser esencialmente nacionalista y no
liberal; la necesidad de fomentar principalmente al Turismo Interno dado que
propicia el conocimiento de la “Patria” y el de los compatriotas, pero no así el
Turismo Externo el cual se deberá “combatir” ya que significa una evasión de
capital; y por último, la conveniencia del Turismo Receptivo (internacional) en tanto
aporta divisas extranjeras al país. El aparato oficial debía ser dotado de una
dinámica Justicialista, extendiendo sus beneficios a todos los sectores sociales,
porque “El hombre debe ser sujeto y protagonista del Turismo y no un mero objeto
de la explotación turística” (p.33). Fundamentalmente, el turismo debía insertarse
al servicio de la Patria y al de los compatriotas. Se plantea la necesidad de
consolidar una “auténtica industria” del turismo y para ello se requiere de una
planificación con “mentalidad científica”.
6
La CONADE inició una serie de estudios diagnósticos sobre las características y posibilidades del
desarrollo del turismo en diferentes regiones del país e intervino en la formulación de diversos
planes nacionales de desarrollo, contando con distintas asistencias técnicas de Naciones Unidas
(Capanegra, 2011).
De este modo, en 1973, el nuevo gobierno democrático elabora el Plan Trienal
para la Reconstrucción y la Liberación Nacional (1974-77). En este plan se incluye
muy escuetamente el tema turismo entre los objetivos y metas a alcanzar en los
distintos aspectos de importancia en la vida económica y social del país. La
propuesta comprende dos niveles: Turismo social y el Plan de desarrollo turístico
propiamente dicho. Este último estaba orientado en dos direcciones: promover el
turismo interno y el flujo turístico internacional, para lo cual se debería desarrollar
la infraestructura, el equipamiento y los servicios y acondicionar los centros
turísticos a fin de satisfacer esos dos tipos de demanda (Gemelli, 1986). Este plan
si bien se aggiorna al contexto actual al otorgarle importancia al turismo
internacional, le da mayor relevancia al turismo interno y recupera el turismo social
para la clase trabajadora y de menores recursos.
Al año siguiente el Ministerio de Bienestar Social, la Secretaría de Estado de
Deportes y Turismo, y la Subsecretaría de Turismo definen los objetivos generales
del plan que consistían en diseñar estrategias para los dos tipos de turismo,
turismo interno y turismo externo. Luego de analizar la situación de la oferta, de la
demanda, de la balanza de pagos referidos al ingreso y egreso de viajeros y de la
legislación vigente, se proponía un programa de Desarrollo Turístico. La estructura
turística que se planteaba para el desarrollo del sector se basaba en la
zonificación del país en áreas de valor nacional e internacional atendiendo a los
dos tipos de demanda y en ellas se localizarían los mayores esfuerzos de
planificación e inversiones. Sin embargo, todos estos planes mencionados fueron
afectados por la falta de recursos y la mayoría de los proyectos no pudieron
ejecutarse (Wallingre, 2007).
1976-1983: La política turística sin planificación
El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 fue promovido por una alianza cívico-
militar. Estos tenían un diagnóstico común respecto de la naturaleza de la crisis
argentina y de los instrumentos que debían ser aplicados para concluirla.
Entendían que la solución a la larga “decadencia nacional” sólo podía arribarse a
través de la concreción de dos objetivos inseparables: la denominada “lucha
antisubversiva” y la “normalización” económica. En la distribución de cargos dentro
del gabinete, la cartera de economía quedó bajo el mando de un funcionario civil,
el Dr. José Alfredo Martínez de Hoz, un economista de ideas liberales,
determinando así la orientación que tendría la política económica del nuevo
gobierno de facto. Los objetivos perseguidos por esta política comenzaron a
mostrar su incompatibilidad con la ideología nacionalista al que adherían gran
parte de los elencos militares. El “antiestatismo” del nuevo equipo económico
suscitaba fuertes molestias entre quienes entendían que el Estado debía ser un
activo promotor del desarrollo económico y actor privilegiado de la planificación
(Canelo, 2008).
En efecto, los nacionalistas con sus concepciones desarrollistas también habían
encontrado adeptos entre los “burócratas” militares y civiles, y se hallaban al frente
del complejo militar-industrial y de las empresas del Estado. Eran estos miembros
de la corriente “industrialista” que le confería a las Fuerzas Armadas objetivos
extramilitares, vinculados con el desarrollo económico y social. Este sector había
sumado a su repertorio clásico de “crítica del individualismo liberal y de la
partidocracia, apología de la autoridad, el orden y la unidad del cuerpo nacional un
particular entusiasmo por el industrialismo y la modernización económica del país.
A la vez, su anticomunismo y antiperonismo, y sus concepciones corporativistas
en el plano político, los llevaban a rechazar cualquier acercamiento con las
organizaciones políticas y con los sindicatos (Canelo, 2008).
Los objetivos de esta política económica de corte liberal eran incompatibles con
los valores e intereses de los militares nacionalistas, quienes entendían que el
Estado debía ejercer un rol importante en la promoción económica a la vez que
ser un actor privilegiado de la planificación. Así, entre fines de 1976 y mediados de
1977 se crea el Ministerio de Planeamiento, impulsada por las fracciones
nacionalistas. Esta creación generó una fuerte reacción de la opinión pública
liberal ya que entraba en contradicción con la “filosofía económica” del Proceso de
racionalización de la administración pública, al recuperar la idea de planificación
estatal. El General Díaz Bessone, designado como responsable de esta cartera,
redactó el primer plan político del régimen, el Proyecto Nacional. En particular
sobre este documento, Canelo (2008) sostiene que dentro del imaginario de sus
autores “convivían tanto componentes del más rancio liberalismo conservador
como del nacionalismo más corporativo” (p.11).
En definitiva el Proyecto Nacional, hasta ese momento, era coherente con el
retraimiento social que requería el plan económico de Martínez de Hoz y el
accionar represivo del gobierno. En mayo de 1977, los militares apoyaron las
propuestas de Planeamiento mediante el documento Plan Nueva República,
elaborado por el Secretario General del Estado Mayor del Ejército. El mismo, a
tono con el desarrollismo del Proyecto Nacional, recomendaba “encarar por el
sector público el incremento de la infraestructura requerida para el desarrollo” y el
“desarrollo de industrias básicas” y “polos de desarrollo” en el interior del país
(Canelo, 2008).
En este contexto, sin embargo, la política turística careció de la elaboración e
implementación de un Plan específico para su desarrollo. En este sentido, el
organismo oficial de turismo en 1977, y a partir de la falta de concreción de los
planes elaborados anteriormente, reconocía que la planificación turística argentina
había sido esporádica y parcial (Wallingre, 2007). Se consideraba que había sido
parcial dado que hasta ese momento no se había podido planificar el turismo
dentro del marco general de la planificación nacional.
Por otra parte, durante este período se elaboró un documento denominado El
Turismo en la República Argentina, en el año 1977. Trabajo encarado por la
Subsecretaría de Turismo con la participación de técnicos del Cicatur-OEA. Este
documento tuvo por objetivos, por un lado, poner en evidencia lo que el turismo
representaría en el presente y futuro del país; y por el otro, servir de base para
investigaciones y estudios que los enriqueciera y complementase. Además,
buscaba elaborar futuros planes sectoriales que se insertasen en la planificación
nacional. Constaba de tres secciones: la primera definía al turismo, la segunda
analizaba la evolución del turismo en el país, y la tercera parte contenía y
justificaba una propuesta conceptual. Los resultados del documento dan cuenta
que el turismo era considerado un sector alternativo en el desarrollo
socioeconómico nacional, y entendía que delinear una política turística no era una
tarea exclusiva del sector ni público ni privado.
Asimismo, y durante el Proceso de Reorganización Nacional, la Subsecretaría de
Turismo organizó una serie de Reuniones Nacionales de Turismo y se elaboraron
informes. De las trece reuniones celebradas entre 1976 y 1980, sólo en las dos
primeras reuniones se trabajó sobre la planificación en el turismo, en el resto de
las reuniones se trataron temas como: señalamiento turístico, interpretación de la
naturaleza, inventario turístico, áreas forestales de recreación y otras en función
de la planificación turística.
En la primera reunión se elaboró el documento El planeamiento turístico: su
difusión dentro del concepto actual del turismo. Ese informe daba cuenta de la
importancia del mismo para el turismo, y partía de definir el planeamiento como la
proyección de un futuro deseado y la determinación de los medios efectivos para
lograrlo; considerando que de todas las clases y jerarquía que forman un
planeamiento, las que han recibido un análisis más profundo son las evaluaciones
de inversión.
En la segunda reunión, también celebrada el 1976, se elaboró el informe Primeras
bases para el Plan Nacional de Desarrollo Turístico. Esa propuesta partía de la
definición del turismo, teniendo en cuenta para la formulación de los objetivos
nacionales las consecuencias, tanto económicas como sociales que tiene esta
actividad. Como objetivo internacional buscaba influir positivamente sobre la
balanza de pagos. Proponía una estrategia para la captación de turismo receptivo,
actuando prioritariamente sobre los países que componen la región sudamericana.
De esta manera, esto hace evidente que las fracciones nacionalistas del elenco
militar, aún habiendo estado preocupadas por la planificación estatal creando para
ello un ministerio abocado a ello, no parece que le hayan otorgado una mayor
significación a la necesidad de generar un plan sectorial para el turismo. En
definitiva, para el Proceso de Reorganización Nacional, y en línea con el ideario
neoliberal, la búsqueda del turismo internacional ya sería un objetivo
incuestionable para su política económica a fin de equilibrar su balanza comercial,
aunque exento de una planificación sectorial.
Conclusiones
El presente trabajo ha pretendido realizar una primera aproximación a la
problemática de las políticas públicas en turismo diseñadas e implementadas por
los gobiernos de derecha de Argentina, durante la segunda mitad del siglo XX. Es
por ello que se entiende que no se ha agotado el análisis pasible de realizarse
atendiendo sus diversas aristas y planteadas desde otras perspectivas que
permitan echar más luz sobre dicha problemática. A partir de los trabajos
realizados por Pastoriza, Piglia, Schenkel y Capanegra, se ha intentado
complementar el análisis de las políticas turísticas incorporando la identificación de
las ideas derechistas, distinguiendo en nacionalistas y liberales, a través de la
observación de varios instrumentos de políticas públicas y de documentos oficiales
durante tres momentos históricos.
De esta manera se pudo observar, en el período 1955-1966, las primeras
manifestaciones en las políticas públicas del cambio de concepción del turismo
como factor de desarrollo para el país, bajo los lineamientos fijados por la Doctrina
de Seguridad Nacional. Esta veía en el desarrollo económico el instrumento para
luchar contra la subversión. Para ello, las fracciones liberales impulsaron al
turismo internacional, al concebirlo como una industria de exportación que
permitiría el ingreso de divisas, contribuyendo de esta manera a la reconstrucción
económica nacional. Así, el turismo internacional desplazaría al turismo social a un
segundo plano, quedando restringido a un turismo para “pobres”.
En el período 1966-1976, es cuando definitivamente se institucionaliza ésta
concepción de los organismos internacionales y el turismo internacional se
resignificaría como política económica y se plantearía la necesaria planificación
para su desarrollo. Durante este período se elaboraron documentos de bases para
la planificación específica del turismo y dos planes generales. En el Plan Nacional
de Desarrollo y Seguridad, de 1971, se impulsaba el fomento del turismo
internacional, y el turismo interno y social quedaban relegados en un plano
secundario. Este documento da cuenta de la ideología derechista liberal en la
concepción del turismo como instrumento de desarrollo, en tanto es utilizado como
estrategia para el ingreso de divisas mediante el turismo internacional. En 1973 el
peronismo elabora el Plan Trienal, de corte nacionalista, donde se reivindicaría al
turismo social para los trabajadores y concebiría un Plan de desarrollo turístico
que incluía al turismo interno e internacional.
Finalmente, durante el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983),
caracterizado por una política económica liberal, el turismo internacional siguió
manteniendo su importancia por posibilitar el equilibrio de la balanza de pagos. Sin
embargo, la significación que la fracción nacionalista del gobierno militar le asignó
a la planificación, creando para ello un Ministerio especial, no llegó al turismo,
quedando esta actividad sin el andamiaje de la planificación sectorial.
En suma, los gobiernos de derecha en Argentina no fueron cuerpos monolíticos ni
homogéneos, todo lo contrario. En sí los elencos gubernamentales se
caracterizaron por ser heterogéneos, y a veces hasta contradictorios, y con ello
también sus políticas públicas. A partir de los documentos analizados se observa
que es durante el período 1955-1983 donde no sólo se incorpora al turismo en la
agenda política del país, sino también que adquiere un nuevo significado desde
una perspectiva principalmente económica. En definitiva, el cambio en la
concepción del turismo como política pública habría sido impulsado desde un
ideario derechista con una preeminencia del tipo liberal, especialmente en la faz
económica, por sobre el de corte nacionalista, particularmente en la faz social.
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