DESARROLLO SOCIO-EMOCIONAL
El desarrollo psicosocial se refiere a la construcción de la personalidad a partir
de la interacción del individuo con su entorno. El proceso comienza en el vientre
materno, es gradual y continuo ya que el estado emocional y físico de la madre
durante el período de gestación influye en el desarrollo del embrión.
Cuando el niño nace, el contacto inmediato es la madre y por medio de la
lactancia transmite sus sentimientos y emociones. “El cambio y la estabilidad en
personalidad, emociones y relaciones sociales constituyen el desarrollo
psicosocial y este puede afectar el funcionamiento cognitivo y físico.”
Es importante recordar que el niño adquiere en familia los primeros fundamentos
de la vida de grupo obteniendo un sentido de seguridad por el hecho de
pertenecer a un núcleo familiar que ofrece protección. La familia es el ente que
influye de manera determinante en la conducta y personalidad del niño.
La socialización primaria, dada en los primeros años de vida en el núcleo
familiar, es el primer ambiente de contacto social que tiene el infante, el primer
referente para la enseñanza de las conductas preferidas, las costumbres y los
valores de su sociedad, es allí donde se transmite el bagaje de la cultura, con la
finalidad de prepararlos para su vida adulta, siendo uno de los determinantes del
futuro comportamiento social del niño
En los primeros tres años de vida el niño aprende a tener confianza, en las
personas que las cuidan, esto le ayuda a identificar a las personas extrañas a las
cuales regularmente les provoca miedo e inseguridad al tenerlas enfrente. Sin
embargo, no se debe olvidar que los tres aspectos más importantes en la niñez
son la socialización, el desarrollo de la autotomía y el surgimiento del sentido del
yo.
Posteriormente, en la etapa escolar el autoconcepto se mantendrá en constante
evolución a partir de las experiencias propias de su nuevo rol que le permitirá
“encontrarse e identificarse con nuevos otros significativos, nuevos grupos de
referencia y pertenencia, y desarrollar nuevos estándares para evaluarse a sí
mismo y a los demás”
Los niños que sostienen relaciones positivas con los pares “han experimentado
niveles más altos de bienestar emocional, tienen una convicción segura de sí
mismos, valoran las formas de comportamiento prosocial y sus interacciones
sociales son más fuertes y adaptativas
La socialización es parte del proceso de desarrollo de un individuo y los
principales elementos de la socialización son la familia, los maestros, compañeros
y vecinos de la comunidad en donde vive. Socializando es como el niño adquiere
la mayoría del conocimiento, no lo aprende porque se lo enseñen
sistemáticamente o se lo impongan, simplemente ve el ejemplo de las personas
que lo rodean y lo imita; según Albert Bandura es el método de aprendizaje por
observación o modelado.
A medida que se desarrolla y se socializa con su entorno, tendrá la oportunidad de
adquirir conocimientos y habilidades que le ayudaran a enfrentar la vida día a día.
Partiendo del contacto que tiene en la sociedad existe un factor muy relevante que
es el nivel económico, de aquí provienen muchas repercusiones que trascienden
en el desarrollo psicosocial, porque llegan a invadir al individuo con una serie de
daños físicos, emocionales y cognitivos tales como: desnutrición, frustración, baja
autoestima, falta de socialización, timidez, aislamiento, ansiedad, depresión y bajo
rendimiento académico.
Teorías del desarrollo psicosocial
La teoría del desarrollo psicosocial de Erikson, destaca los siguientes aspectos:
a) Diferencias individuales: los individuos difieren en cuanto a las fuerzas internas;
hombres y mujeres presentan diferencias de la personalidad debidas a las
diferencias biológicas.
b) Adaptación y ajustamiento: un ‘yo’ fuerte es la llave para la salud mental; deriva
de una buena resolución de las ocho fases de desarrollo del ‘yo’, con
predominancia de las fuerzas positivas sobre las negativas (confianza sobre
desconfianza, etc.)
c) Procesos cognitivos: el inconsciente es una fuerza importante en la formación
de la personalidad; la experiencia es influenciada por modalidades biológicas que
se expresan por medio de símbolos y juegos.
d) Sociedad: modela la forma con que las personas se desenvuelven (de ahí el
término ‘desarrollo psicosocial’); las instituciones culturales dan soporte a las
fuerzas del ‘yo’ (la religión da sustentación a la confianza y a la esperanza, etc). e)
Influencias biológicas: los factores biológicos son determinantes en la formación
de la personalidad; las diferencias de sexo en la personalidad son fuertemente
influenciadas por las diferencias del ‘aparato genital’.
f) Desarrollo del niño: se hace a lo largo de cuatro fases psicosociales, cada una
de ellas contiene una crisis que desarrolla una fuerza específica del ‘yo’.
g) Desarrollo del adulto: los adolescentes y los adultos se desarrollan a lo largo de
otras cuatro fases psicosociales; también ahí cada fase envuelve una crisis y
desarrolla una fuerza específica del ‘yo’.
La forma en que Vygotski define el concepto de situación social del desarrollo, y
el peso que da a la vivencia en él, destaca la importancia del carácter singular del
desarrollo, pues cada niño y cada niña tendrá una organización psíquica diferente
como resultado de su historia de vida.
Cuando reconoce que la emoción es tan real como cualquier fenómeno del
mundo y que, por tanto, los trastornos psíquicos no están referidos a una
distorsión de la realidad, sino a la realidad de las emociones. Las emociones
constituyen una forma de registro de la realidad que no está mediada ni por los
procesos semióticos ni cognitivos. Vygotsky expresa: “Yo pienso que ustedes
estarán de acuerdo conmigo cuando yo digo que cualquier evento o situación en el
ambiente del niño tendrá un efecto diferente sobre él dependiendo de cuan
profundamente el niño entienda su sentido y significado”
Freud creía que la personalidad se desarrollaba a través de una serie de etapas
en la infancia en las que las energías o impulsos que buscan el placer de la
Identificación se enfocan en ciertas zonas erógenas. Esta energía psicosexual, o
libido, la describió como la fuerza impulsora detrás de la conducta.
AUTOESTIMA
Es la suma de la confianza, el respeto hacia uno mismo y la valía que le
atribuimos a nuestra competencia, lo que acaba conduciendo al juicio de valor
que hacemos sobre nuestra persona. En definitiva, es el amor que cada uno
siente por él mismo.
Se ha comprobado en varios estudios que la autoconfianza, la autoestima, la
seguridad, la capacidad de compartir y amar, e incluso las habilidades
intelectuales y sociales, tienen sus raíces en las experiencias vividas durante la
primera infancia.
La infancia intermedia es una época importante para el desarrollo de la
autoestima, dado que se empiezan a crear la autoimagen o autoevaluación, en la
que el niño se juzga a sí mismo por la manera en que interactúa con el contexto y
alcanza los patrones sociales; y las expectativas que se ha creado de su propio
autoconcepto.
De esta manera la autoestima es un concepto que normalmente se confunde con
el de autoconcepto y con frecuencia se usan como sinónimos, sin embargo, se
debe tener en cuenta que el autoconcepto se refiere a la descripción que un
individuo hace de sí mismo, mientras que la autoestima se relaciona más con una
evaluación que la persona hace de su autoconcepto.
El desarrollo de la autoestima es esencial en el proceso de formación y
crecimiento de cada individuo, ésta depende de la educación brindada por la
familia, la escuela y la sociedad en general, en donde se construye una buena
actitud consigo mismo.
Por lo tanto, tomar conciencia acerca de su importancia es determinante para
eficacia, la perfección y realización que se desea alcanzar en las personas, dado
que tiene influencia en todos los campos de interacción.
Por otra parte, la autoestima sirve para superar las dificultades personales, ya que
cuando se goza de buena autoestima se es capaz de afrontar los fracasos y
problemas que se presenten a lo largo de la vida. Además, fundamenta la
responsabilidad, apoya la creatividad, determina la autonomía personal, posibilita
una relación social saludable, garantiza la proyección futura de la persona y
constituye el núcleo de la personalidad (Alcántara, 2005).
Al investigar la autoestima es importante tener en cuenta la intercomunicación de
los siguientes componentes: cognitivo, afectivo y conductual:
El primero de ellos es el componente cognitivo, el cual se refiere a la idea,
opinión, creencia, percepción y procesamiento de la información que posee
la persona respecto a sí misma.
El segundo, hace referencia a la valoración de lo positivo y lo negativo, e
involucra sentimientos favorables y desfavorables que las personas
perciben de sí mismas. En definitiva, se trata de un juicio de valor sobre las
cualidades personales, es decir, la respuesta de la sensibilidad y
emotividad ante los valores y contravalores que advierten en ellos mismos
(Molina, Baldares y Maya, 1996).
El tercer elemento integrante de la autoestima es el conductual. Significa
tensión, intención, y decisión de actuar o de llevar a la práctica un
comportamiento consecuente y coherente. Es el proceso final de toda la
dinámica interna de la autoestima.
Por consiguiente, se sugiere que el colegio continúe fortaleciendo la
autoestima mediante espacios de convivencia y comunicación, además de
impulsar actividades que motiven y enseñen a los niños la trascendencia que
tiene la autoestima para poder tener un desarrollo óptimo a nivel físico,
psicológico y social. Por ello, se propone que se trabaje la seguridad en los
estudiantes desde el ámbito familiar mediante una óptima relación entre
padres e hijos que fomente el diálogo en la solución de conflictos, buscando
que el niño afiance la confianza en sí mismo y esto genere unas buenas
competencias sociales que a su vez se reflejarán en una adecuada
autoestima.
En cuanto al ámbito escolar, dado que el docente cumple un papel importante
y ejerce cierta autoridad sobre los niños, es el que puede estar encargado de
ayudarlos en el proceso educativo y personal, a través de la realización de
talleres, actividades relacionadas con la consolidación de conocimientos e
incluso con el diálogo mutuo entre ellos, lo que los ayudará a tener un buen
concepto de sí mismos y un buen desarrollo en este ámbito.
SUGERENCIAS DE INTERVENCION
1. No sobreprotejas al niño. Los niños que han sido hiper protegidos tienen
poca iniciativa, son dubitativos, con miedos y con poca capacidad para
tomar sus propias decisiones. Además, pueden generar relaciones
dependientes pues no se sienten capaces de enfrentarse al mundo por sí
solos.
2. Ayúdale a que poco a poco adquiera responsabilidades. Enseñarles
desde pequeños cuáles son sus responsabilidades y como deben
encargarse de ellas, fomenta la autonomía e independencia, así como el
desarrollo de habilidades de implicación, interacción y participación, y todo
ello contribuirá al desarrollo de una buena autoestima.
3. Resolución de problemas o conflictos. Permite que sea tu hijo el que
pueda resolver alguno de sus problemas, de esta manera se entrenará y
desarrollará sus propias habilidades para solucionarlos y, en consecuencia,
fomentaremos la figura de una persona con capacidad resolutiva y
competente. Que su error se convierta en aprendizaje y no en castigo,
insatisfacción y desilusión; así aumentará las posibilidades de que el mismo
no se vuelva a dar y que mejore gracias al aprendizaje de sus propios
errores.
4. Permítele que poco a poco y con la edad vaya tomando
decisiones, que persigan los objetivos que él/ella desee, siempre
apropiados para su edad. Que los hijos tomen sus decisiones y no sean
siempre los padres los que lo hacen permite generar autonomía, reafirma la
figura del sujeto, desarrolla sentimientos de libertad y de capacidad para ser
quien uno quiere ser.
5. Refuerza sus logros y utiliza menos el castigo. Las actitudes y
conductas positivas del niño deben ser elogiadas, ello le genera confianza y
le da pista sobre lo que le hace sentir bien o mal y todo lo que ello conlleva.
6. Busca un espacio dedicado al niño exclusivamente. Por norma general
para un niño el que su padre o madre le dedique un tiempo exclusivo es
algo muy reforzante para él/ella. Le hace sentir especial e importante.
7. Cuando la conducta de un menor no es la adecuada debemos ser capaces
de transmitírselo de tal manera que no lo perciba como una crítica o
rechazo hacia su persona, sino como algo constructivo que puede cambiar
y mejorar. Este punto es muy importante porque si el niño siente ataques
hacia su persona de forma continuada, su autoestima se verá mermada
poco a poco.
8. Evitar las comparaciones. En determinadas edades, y en especial en la
adolescencia, los jóvenes tienden a compararse con otros para saber si son
mejores o peores, más o menos listos, más deportistas, etc. Los padres, al
igual que cualquier adulto que rodee al menor, deben evitar caer en
continuas comparaciones con otros jóvenes pues todo ello no solo no
construye, sino que puede generar daños en el menor. La idea es que el
joven se sienta especial siendo como es y no diferente, mejor o peor a los
demás.
9. Ayúdale a entender la importancia del esfuerzo y no tanto de los
resultados. Que desde pequeños entiendan el valor del esfuerzo y del
trabajo de conseguir las cosas, ayudará a que el niño no mida su valía
personal por aquello que consigue, pues si no, cada derrota será percibida
como una decepción personal y por ende irá destruyendo su autoestima.
10. Enséñale a reconocer sus emociones y sentimientos. Debemos prestar
especial atención cuando el niño nos comenta como se siente o aquello que
piensa; esto le ayudará a comprenderse mejor y a ser capaz de identificar
sus emociones y como resultado, reconocer lo que le hace sentir bien o
mal. Identificar y comprender sus emociones le permitirá usarlas en su
beneficio.
AUTOCONCEPTO
Se entiende el autoconcepto como “la estructuración de esquemas mentales, que
le permite a los sujetos tener un conocimiento muy articulado de sí mismos, de sus
destrezas y debilidades, sus logros y fracasos, sus preferencias, sus formas de
actuar, y, por tanto, como una forma muy particular de representar su realidad en
interacción con otras verdades ya legitimadas” (Amar, 1998).
De este modo, el autoconcepto se concibe como “el resultado de un proceso
activo de construcción, desarrollado a lo largo de toda su vida” (Franco, C. 2006),
que va ligado al desarrollo de la habilidad de percibir e interpretar las actitudes que
comunican los otros en el proceso de interacción social; siendo mayor el impacto
que ejercen las personas emocionalmente significativas la familia, el grupo de
iguales y profesores, en su contribución al enriquecimiento y desarrollo del
autoconcepto.
Son numerosas las investigaciones que resaltan la importancia de las habilidades
sociales, en el desarrollo de las fortalezas psíquicas del niño, la construcción de su
autoestima, la adopción de roles sociales, la autorregulación y el rendimiento
académico
AUTOCONTROL
El autocontrol ha sido definido por primera vez en 1973 por la American
Psychological Association como la habilidad para reprimir o la práctica de
represión de reacciones impulsivas de un comportamiento, deseos o emociones.
Freud (1922) ha defendido la idea de que el autocontrol estaba asociado al
desarrollo de la fuerza del ego.
Para Skinner (1953) el autocontrol no sería un rasgo o disposición y sí un proceso
por el cual el individuo cambiaría su probabilidad de respuesta, alterando las
variables en las cuales la respuesta es una función, teniendo una gran influencia
del entorno social.
Para Harter (1983) es importante destacar tres aspectos relevantes para el estudio
del autocontrol, siendo ellos, los procesos cognitivos básicos, los procesos de
internalización y los procesos afectivos y motivacionales. Principalmente en lo que
se refiere al papel de los procesos afectivos y motivacionales en el establecimiento
de patrones más aceptables de autocontrol.
El autocontrol forma parte de un grupo de habilidades que permite a niños y
adultos manejar sus pensamientos, acciones y emociones y así poder realizar las
cosas. Los expertos llaman función ejecutiva a este grupo de destrezas.
Tener autocontrol ayuda a los niños en todas las áreas de la vida, pero es
especialmente importante para la socialización. Tener control de sus acciones y
reacciones ayuda a los niños a integrarse y hacer amigos.
A medida que crecen, los niños desarrollan autocontrol en tres áreas:
Control de los movimientos para no estar moviéndose
constantemente en situaciones inapropiadas (hiperactividad).
Control de los impulsos para poner “frenos mentales” y detenerse
a pensar antes de hacer o decir algo.
Control de las emociones para seguir adelante incluso si suceden
cosas inesperadas o molestas.
Skinner (1970) hace referencia a esta concepción, diciendo: "cuando un hombre
se autocontrola, decide realizar una acción determinada, piensa en la solución de
un problema o se esfuerza por aumentar el conocimiento de sí mismo, está
emitiendo conducta" es decir, se está comportando. Y agrega, también: "se
controla a sí mismo exactamente igual que controlaría la conducta de cualquier
otra persona mediante la manipulación de variables de las cuales la conducta es
función".
El auto-manejo (Cautela, 1969; Mahoney, 1972) es definido como la respuesta de
un organismo para modificar la probabilidad de otra respuesta. Una característica
esencial del auto-manejo es que el organismo sea, él mismo, el agente del
cambio, (Mahoney, 1972).
La auto-regulación, por otra parte, se refiere al proceso mediante el cual un
individuo mantiene un patrón comportamental en ausencia relativa de estímulos
discriminativos o reforzantes inmediatos. Los procesos regulatorios se presentan
divididos en tres fases: auto-manejo, auto-evaluación, y auto-refuerzo, (Karoly y
Kanfer, 1974).
Por último, el término auto-control, parece tener dos acepciones: en el sentido
utilizado por Cautela (1969) parece denotar todos los AUTO-CONTROL: casos de
modificación del comportamiento auto-impuesta, mientras que en la forma utilizada
por Kanfer (1970) se designan, únicamente, casos de restricción o supresión.
Cuando los niños tienen problemas de autocontrol, les resulta más difícil que a sus
compañeros manejar este tipo de comportamientos:
Rabietas o arrebatos.
Interrumpir a los amigos y soltar de golpe respuestas en clase.
Hablar sin parar.
Estar demasiado activo o inquieto.
Agarrar cosas sin preguntar antes.
Adelantarse en la fila y tener dificultad para tomar turnos.
Frustrarse con facilidad y darse por vencido rápidamente.
Llorar cuando les hacen bromas sutiles.
Tener dificultad para aceptar críticas.
AUTONOMÍA
La autonomía es la capacidad que los alumnos adquieren a lo largo de su proceso
de aprendizaje para realizar por sí mismos todas aquellas tareas que se les
encomienda en el aula. Que los más pequeños adquieran autonomía es
imprescindible para su desarrollo
Según Piaget (1968), “la autonomía es un procedimiento de educación social” que
enseña al niño a liberarse del egocentrismo para socializar su conducta y
pensamiento tomando en cuenta el punto de vista moral e intelectual con el
objetivo de promover bienestar social y mejorar la calidad de las personas en
general. Afirma que los niños desarrollan de manera inseparable su autonomía en
el terreno moral e intelectual y que el fin de la educación debe ser el desarrollo de
este.
Para Piaget, la interacción con el medio es un principio básico que favorece la
construcción de conocimientos para el desarrollo de la autonomía. Esto, a través
de un ambiente motivador intrínseco y extrínseco, le permite al niño no solo
realizar e interiorizar la construcción, sino que en base a ello se convierte en un
pensador crítico con una opinión propia y con la voluntad de decisión.
Kant (1997) señala la autonomía como el sentido de la voluntad que proporciona
al ser humano el poder de decidir libremente en virtud de sus capacidades.
Según Vygotsky (1993), la autonomía integra dinámicamente al niño con el
entorno social que le pide ser parte de y que, asimismo, representa un papel
importante en el aprendizaje escolar, que ayuda al niño a construir conocimientos
desarrollando sus propias estrategias.
Por otro lado, Bornas (1994) menciona que el concepto de autonomía no solo
toma en cuenta la educación de hábitos (higiene, alimentación, socialización, etc.),
sino que existe un aspecto cognitivo que construye un conocimiento en el ser
humano permitiéndole tener la capacidad de ejercer independencia en la persona
y ser capaz de pensar críticamente por sí mismo y tener la libertad de elegir.
Goleman (1994) menciona que un niño emocionalmente inteligente es autónomo;
considera, además, que uno de los criterios importantes que el adulto debe
manejar es dejar que los niños intenten resolver sus problemas con la posibilidad
de que ellos aprendan a manejar las situaciones de conflicto en las que se
encuentren, a no ser que el niño pida ayuda cuando se encuentre en peligro;
entonces, será necesaria la intervención del adulto.
La escuela como un espacio que desarrolla vínculos significativos de autonomía
significa, inicialmente, reconocer el primer vínculo temprano que se establece con
los padres (relación de apego), lo cual determinará el modo de relación y la
disposición del infante frente a muchas situaciones de adaptación al medio que lo
rodea.
Para poder favorecer el desarrollo de la autonomía en el aula es necesario
trabajar con los niños desde la etapa de infantil, poniendo especial énfasis para su
obtención en las rutinas y rincones que se trabajan a diario. Este método parte de
la creación en el aula de diferentes grupos cooperativos donde cada alumno
adquiere un papel que deberá cumplir (respetando siempre los ritmos y
capacidades individuales).
El rol del docente es el de un maestro motivador y estimulador, el ofrece al niño un
ambiente motivador a través del juego, que le permitirá aprender cosas nuevas
con ilusión y dejando que él mismo realice las acciones. Su atención al niño será
apoyarle siempre que lo necesite y no intervenir de manera precipitada.
Cada niño es un ser único que tiene su propio ritmo de aprendizaje y un estilo de
trabajo, por lo que el trabajo del docente es crear un ambiente seguro y de
confianza en las posibilidades y capacidades de los niños, demostrando así que
respeta el desarrollo de sus potencialidades y limitaciones. Por ello, para que el
niño sea independiente, autónomo y responsable en sus acciones, necesitará de
la ayuda y el acompañamiento que lleve a cabo la docente, que se refleja en
actitudes y estrategias como: genera un espacio dentro del aula para los juegos
libres, propiciar juegos en equipo con diferentes escenarios que planteen la
comunicación, intercambio de ideas, y la construcción de conocimiento, brinda
espacios para que los niños se expresen espontáneamente.
También consideramos como estrategia desarrollar actividades de resolución de
problemas. Sumado a ello, consideramos otra estrategia igualmente notable para
una autonomía independiente y responsable: la docente propicia la toma de
acuerdos en conjunto con los niños para las normas de convivencia. Así, se los
inicia en la comprensión y desarrollo de la autonomía, y se reafirma en ellos su
identidad y autoestima.
SENTIMIENTOS
Se define sentimiento como el estado afectivo del ánimo que es provocado por
una emoción hacia una persona, animal, objeto o situación. Asimismo, sentimiento
también se refiere al hecho de sentir y sentirse.
Los sentimientos derivan de las emociones, que son las reacciones orgánicas o
instintivas que experimenta un individuo y por el cual responde a ciertos estímulos
externos. Por tanto, los sentimientos se originan de la conceptualización y
valoración racional de las emociones y de las causas de éstas.
Diversos estudios psicológicos han determinado cómo los sentimientos, tras la
experiencia de una emoción, activan un conjunto de neurotransmisores en el
cerebro que permite a la persona reaccionar y dar respuesta de manera
consciente ante un hecho, individuo, animal u objeto.
Por tanto, los sentimientos generan una serie de procesos mentales que, para
algunos psicólogos, determinan la personalidad, sin embargo, esto puede variar
por causa de las tendencias dinámicas de los sentimientos que se experimenten.
Es decir, los sentimientos funcionan como una herramienta emocional que
permite la interrelación, toma decisiones, estado de ánimo e, incluso, estado
de salud y gesticulación de cada individuo.
Como ejemplo de un sentimiento se puede mencionar lo que ocurre cuando un
niño se cae y se lastima sus rodillas, lo primero que experimenta es la emoción de
miedo o susto. Luego, al darse cuenta de lo que sucedió le surge el sentimiento de
dolor y tristeza por la herida.
Los sentimientos derivan de la reflexión consciente de una emoción, de allí que se
relacionen con las posturas que el individuo tome con respecto a un hecho. En
este sentido, los sentimientos se pueden clasificar como positivos o negativos
según las acciones que promuevan y fomenten.
Los sentimientos positivos son aquellos que generan bienestar y se pueden
asociar con diversos valores morales, familiares, éticos o sociales. Algunos
sentimientos positivos son la alegría, el afecto, la admiración, la felicidad, el amor,
la gratitud, la satisfacción, el agradecimiento, el optimismo, la paz, la armonía,
entre otros.
Por su parte, los sentimientos negativos son aquellos que generan malestar,
rencor, tristeza, odio, envidia, venganza, dolor o celos. Estos sentimientos pueden
afectar más allá del estado de ánimo de una persona, también afectan su salud.
EMOCIONES
La palabra emoción deriva del latín emotio, que significa “movimiento”, “impulso”.
Se entiende por emoción el conjunto de reacciones orgánicas que
experimenta un individuo cuando responden a ciertos estímulos
externos que le permiten adaptarse a una situación con respecto a una persona,
objeto, lugar, entre otros.
Las emociones son disposiciones corporales dinámicas que especifican el
dominio de acciones de las personas y de los animales" (Maturana,2002).
Las emociones son las causantes de diversas reacciones orgánicas que pueden
ser de tipo fisiológico, psicológico o conductual, es decir, son reacciones que
pueden ser tanto innatas como estar influenciadas por las experiencias o
conocimientos previos.
Las emociones modifican el estado del cuerpo de una manera que puede o no
manifestarse a simple vista, son automáticas, aunque en ciertos casos
modulables, y no necesariamente tenemos plena conciencia de sus
consecuencias una vez que se disparan. Desde un punto de vista biológico, las
emociones están al servicio de nuestro organismo, de su bienestar y
supervivencia. Las emociones preceden a los sentimientos tanto en el momento
de experimentar una emoción, como evolutivamente (Damasio, 2005:34).
Damasio clasifica a las emociones en tres categorías efectivas a las cuales
considera provisorias: emociones de fondo, emociones primarias y sociales.
Emociones de fondono son especialmente visibles en nuestro
comportamiento, son expresiones compuestas de acciones reguladoras que
se intersecan en cada momento de nuestra vida. Podría decirse que se
relacionan con eso que denominamos estado de ánimo en un momento
determinado: bueno, malo o intermedio.
Las emociones básicas o primarias, son aquellas que tradicionalmente se
ha estado dispuesto a incluir como tales: ira, asco, sorpresa, miedo, tristeza
y felicidad. No son privativas de la especie humana, aunque se las
reconoce mayoritariamente en diversas culturas. El mayor conocimiento
actual acerca de las emociones proviene de la identificación de este grupo.
Las emociones sociales, incluyen simpatía, turbación, desdén,
admiración, gratitud, indignación, celos, culpa, etc. Son un complejo
entramado de respuestas reguladoras. Ellas tampoco diferencian a la
especie humana de otras especies animales, pueden encontrarse en
chimpancés, delfines, lobos y en los mamíferos en general, pero también en
ciertos grupos de insectos como las abejas y las hormigas.
Si bien las personas también disponemos de un considerable aparato emocional
fruto de la evolución, además desarrollamos emociones que tendrían un origen
inconsciente, producto de toda una vida de percepción, emoción y relación con
personas, grupos, objetos, actividades, lugares e instituciones.
Aristóteles cuestiona la concepción dialéctica de las emociones a partir del hecho
de que: las afecciones del alma parecen darse con el cuerpo: "valor, dulzura,
miedo, compasión, osadía, así como la alegría, el amor y el odio. El cuerpo, desde
luego, resulta afectado (páschei) ". Para Aristóteles muchas emociones están
asociadas con creencias y juicios, como sería el caso de la compasión; otras como
la ira, están vinculadas con impresiones evaluativas.
Cómo establecerlos límites con los niños
Enseñar normas para la vida es fundamental para que los niños encuentren
contención, seguridad y se sientan amados La ausencia de límites puede ser uno
de los orígenes de los problemas áulicos. Las normas de convivencia se trabajan
desde el primer día de clase y a lo largo de todo el año… PARA CONVERTIRLAS
EN HÁBITOS.
Las normas de convivencia DEBEN SER CLARAS Y BREVES:
1. Trabajamos con pocas normas.
2. Damos las instrucciones en forma específica.
3. Las acordamos con el grupo.
Cuando se trabajan las normas en el aula, estamos dejando en claro:
Qué se espera de los alumnos;
Qué pueden esperar ellos del docente y de sus pares.
El límite es un derecho del niño y una obligación del adulto, ya que, con su
incorporación, aprenderá a distinguir lo que está bien y lo que está mal.
Establecerlos desde la primera infancia fomenta la seguridad en los niños.
¿Para qué sirven los límites?
Cuando los niños son pequeños pueden no entender lo que es correcto e
incorrecto.
Son los adultos quienes actúan, ponen límites y permiten ir incorporando la
tolerancia a la frustración, evitando futuros problemas.
Cuando esto no se hace, el niño puede tener dificultades para aceptar
cualquier límite.
Las consecuencias de no poner límites las encontramos en niños inmaduros,
dependientes de sus padres, caprichosos, que no toleran la frustración.
Decir “no” a los niños y ponerles límites puede posibilitarles percibir el mundo
como un lugar previsible, lo que a su vez puede ayudarles a sentirse seguros. Un
mundo sin límites claros ni restricciones resultaría caótico y estresante.
La investigación científica ha demostrado que existe una mayor probabilidad de
problemas de conducta en los hijos de familias demasiado permisivas (apenas
imponen reglas de comportamiento a los hijos) o autoritarias (son muy estrictas
con sus hijos y usan demasiadas órdenes y reglas). Parece, por tanto, que en este
caso se cumple también la regla de que la virtud está en el término medio.
Es importante cuidar la forma en que se transmiten a los niños las órdenes y las
reglas. Para conseguir que se obedezcan, conviene utilizar sólo las que resulten
imprescindibles y expresarlas de forma adecuada. Algunos de los aspectos a tener
en cuenta son:
Las órdenes favorecen la realización de la conducta si se formulan en
calma (sin utilizar gritos), cerca del niño y mirándole a la cara.
Se deben dar las órdenes una a una y en número reducido (no más de las
que sean estrictamente necesarias). También es importante que unas
órdenes o normas no entren en contradicción con otras.
Para ser efectivas, las peticiones deben ser cortas, claras y específicas.
Debe informarse de forma concreta al niño sobre aquello que se espera que
haga, y conviene relacionarlo con una consecuencia (“si… entonces…”).
Las órdenes deben formularse de forma positiva, educada y respetuosa con
el niño.
Una vez dadas las órdenes pertinentes y establecidas las normas a seguir,
es necesario que los padres se comporten de forma coherente, siguiendo
adelante, aunque se presenten dificultades.
Berrinches y su manejo con los niños
Un berrinche es un estallido emocional violento, en general en respuesta a una
frustración. Por lo general, los berrinches aparecen hacia el final del primer año,
son muy frecuentes de los 2 años de edad (los terribles dos) a los 4 y son
infrecuentes después de los 5 años de edad. Si los berrinches son frecuentes
después de los 5 años de edad, pueden persistir durante toda la infancia.
Las causas de los berrinches son frustración, cansancio y hambre. Los niños
también pueden tener berrinches para buscar atención, obtener algo o evitar hacer
algo. A menudo, los padres se culpan a sí mismos (porque se imaginan que han
criado mal al niño) cuando la causa real suele ser una combinación de
personalidad del niño, circunstancias inmediatas y conducta normal del desarrollo.
Rara vez, la causa puede ser un problema de base mental, físico o social, pero
esto es probable sólo si los berrinches duran > 15 min o se producen muchas
veces al día.
Los berrinches pueden consistir en
Gritar
Chilar
Llanto
Revolcarse
Rodar por el suelo
Pisar fuerte
Arrojar objetos
El niño puede ponerse rojo y dar golpes o patadas. Algunos pueden dejar de
respirar voluntariamente durante algunos segundos y después reanudan su
respiración normal (a diferencia de los espasmos del sollozo, que también pueden
suceder a episodios de llanto causados por frustración).
Aunque suele ser eficaz suministrar un contexto seguro para que los niños se
serenen (p. ej., un tiempo muerto), muchos de ellos tienen dificultad para
interrumpir un berrinche por sí mismos. En la mayoría de los casos, encarar el
origen del berrinche sólo lo prolonga. Por consiguiente, es preferible reorientar al
niño ofreciendo una actividad alternativa en la cual concentrarse. El niño puede
beneficiarse si se lo retira físicamente de la situación.
INTERVENCIONES PARA LOS BERRINCHES
No pierdas el control.
Intenta agacharte al hablar con él
Usa palabras simples
No grites.
Ofrece una alternativa.
Nada de explicaciones largas.
Cuando al fin se le haya pasado el berrinche, habla con él más
pausadamente.
Procura reconocer cuál fue el detonante.
Planifica (dentro de lo posible) una forma para que no ocurran estos
berrinches nuevamente
REFERENCIAS:
Álvarez, S. (2015). La autonomía personal y la autonomía relacional. Análisis
Filosófico, XXXV (1), 13-26. [Fecha de Consulta 4 de Junio de 2021]. Disponible
en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=340042261002
Bautista, Y. (2005). La autonomía del alumno en el aprendizaje. Reto del nuevo
Modelo Educativo del IPN. Innovación Educativa, 5(25),41-54. [fecha de Consulta
4 de Junio de 2021].Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?
id=179421454005
Bordignon, N. (2005). El desarrollo psicosocial de Eric Erikson. El diagrama
epigenético del adulto. Revista Lasallista de Investigación, 2 (2), 50-63. [Fecha de
Consulta 3 de junio de 2021]. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?
id=69520210
CAMPO, L.(2014). EL DESARROLLO DEL AUTOCONCEPTO EN NIÑOS Y
NIÑAS Y SU RELACIÓN CON LA INTERACCIÓN SOCIAL EN LA
INFANCIA. Psicogente, 17 (31), 67-79. [Fecha de Consulta 4 de Junio de
2021]. ISSN: 0124-0137. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?
id=497551994006
Fernandes, F., Marín, F. y Urquijo, S. (2010). RELACIÓN ENTRE LOS
CONSTRUCTOS AUTOCONTROL Y AUTOCONCEPTO EN NIÑOS Y JÓVENES.
Universidade São Francisco, Itatiba, Brasil.
http://www.scielo.org.pe/pdf/liber/v16n2/a11v16n2.pdf
García Cardona, Ader Augusto (2014). CARACTERÍSTICAS COGNITIVAS,
EMOCIONALES Y CONDUCTUALES DE NIÑOS PREESCOLARES DEL
PROGRAMA BUEN COMIENZO EN EL NOROCCIDENTE DE MEDELLÍN .. EL
ÁGORA USB, 14 (2), 637-645. [Fecha de Consulta 3 de Junio de 2021]. ISSN:
1657-8031. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=407747670016
LAS TEORÍAS DE LAS EMOCIONES Y SU RELACIÓN CON LA COGNICIÓN:
UN ANÁLISIS DESDE LA FILOSOFÍA DE LA MENTE. Cuadernos de la Facultad
de Humanidades y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Jujuy, (49),13-38.
[fecha de Consulta 2 de Junio de 2021]. ISSN: 0327-1471. Disponible
en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=18551075001
Otero, M. (2006). Emociones, Sentimientos y Razonamientos en Didáctica de las
Ciencias. Revista Electrónica de Investigación en Educación en Ciencias, 1(1),24-
53. [fecha de Consulta 2 de junio de 2021]. Disponible
en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=273320433004
Reduendes, G. (2001). Reseña de "Teoría de los sentimientos" de C. Castilla del
Pino. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 21(77),154-163.
[fecha de Consulta 4 de Junio de 2021]. Disponible
en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=265019674016
Rezk, M. (1976). Auto-control: nociones básicas e investigación
fundamental. Revista Latinoamericana de Psicología, 8(3),389-397. [fecha de
Consulta 4 de Junio de 2021.Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?
id=80580303
Trueba, C. (2009). La teoría aristotélica de las emociones. Signos
filosóficos, 11(22), 147-170. Recuperado en 04 de junio de 2021, de
http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-
13242009000200007&lng=es&tlng=es.
Villalobos, Ana. (1999). Desarrollo psicosexual. Adolescencia y Salud, 1 (1), 73-
79. Obtenido el 2 de junio de 2021 de http://www.scielo.sa.cr/scielo.php?
script=sci_arttext&pid=S1409-41851999000100011&lng=en&tlng=es.