El tiempo huye
El tiempo huye y no hay forma de pararlo. Horacio, en su famosa oda Carpe diem,
propone a su amante Leucónoe, como solución, que no piense en el futuro y que se
agarre a los pequeños placeres que la vida le ofrece cada día. Esta oda ha sido muy
manoseada por todos los vendedores de felicidad al por mayor con sus libros de
autoayuda. Pero los verdaderos discípulos de Epicuro saben que no todos los días son
buenos para agarrarse a ellos a modo de salvación, porque hoy el mundo está en poder
de los criminales e idiotas, hasta el punto de que hay días en que Horacio y su novia
darían lo que fuera por quedarse en la cama. Por mi parte, no tendría inconveniente en
seguir el consejo del poeta latino siempre que ese día al que hay que agarrarse se me
permitiera fabricarlo a mi gusto. Debería ser un día de abril, de junio o de septiembre
con sus luces y sus frutos correspondientes. Me tendría que despertar el canto de los
mirlos y, durante una agradable somnolencia, después de estirarme como lo hace mi
perra, mientras sonaba el concierto de Brandeburgo de Bach, comprobar con grata
sorpresa que no me dolía nada del cuerpo ni del alma. Un sol amoroso de 25 grados me
permitiría pasear junto al mar para sentarme luego a media mañana en una terraza a la
sombra de los plátanos ante una cerveza fría y unas aceitunas amargas y leer el
periódico en el que no habría noticias de niños destrozados por las bombas ni políticos
rebuznando. Luego tendría una comida divertida con mis amigos y precisamente ese
día al caer la tarde se produciría esa llamada tan deseada. Una voz muy segura por
teléfono me haría saber que el sueño que he acariciado durante tanto tiempo por fin se
había cumplido. Nunca sabría quién me había llamado ni de qué sueño se trataba. Y de
nuevo en la cama me gustaría quedar dormido con las gafas caídas en la punta de la
nariz y unos poemas de Walt Whitman entre las piernas.
Manuel Vicent, El País, 21 de enero de 2024
Comentario de texto (según lo solicitado en el examen).
1- Enuncia el tema en una sola oración que resuma la idea central del contenido.
Características de un día ideal para el autor.
2- Inventa un título para el texto.
El día perfecto para el último día.
3- Analízalo lingüísticamente.
Respecto a los elementos de la comunicación implicados en este texto, podemos
decir que el emisor es el autor del mismo, el escritor Manuel Vicent, que nos explica lo
que debería tener un día perfecto, a su parecer. Cualquier lector del periódico El País,
con un nivel cultural mediano, se convierte en potencial receptor del mensaje enviado
por Vicent, al leer su columna, pues eso es el discurso analizado. El contenido del texto
es el mensaje, mensaje que nos describe, a tenor de las circunstancias actuales, tan
angustiosas, cómo sería un día perfecto para el periodista, expresado en lengua
española, que constituye el código en que se ofrece la información.
En cuanto a las funciones lingüísticas, podemos hablar de un predominio de la
función expresiva, pues es el autor el que toma el mando del discurso, planteando las
características que harían de un día cualquiera el más feliz que pudiera tener; para ello,
el autor se expresa en primera persona a partir de la fórmula ‘Por mi parte’, en la que
empieza la descripción de dicho día, que consiste en cosas pequeñas a las que, en
ocasiones, apenas damos importancia; desde la fórmula señalada hasta el final del
texto, el tiempo verbal principal es el condicional, expresando a la vez el deseo y la
posibilidad de que lo descrito suceda. Aparece también la función poética en algunos
fragmentos como el que empieza ‘Un sol amoroso’ y finaliza con ‘políticos rebuznado’,
al crear una antítesis (y también algo de hipérbole) entre el día perfecto y el habitual;
igualmente, el uso de ciertos adjetivos como ‘amoroso’ para referirse al sol, o ‘fría’ a
cerveza, refuerzan el uso de esta función. Podemos hacer referencia, de algún modo
también, a la función apelativa, pues en el texto se ofrece, entre líneas, una llamada de
atención a la realidad oscura que nos rodea, y a reflexionar sobre ella. Evidentemente,
la función representativa está, como en todos los textos, presente, pues el escrito aporta
información, como se puede ver, sobre todo, en la primera parte, escrita en tercera
persona y con una mezcla de presente histórico y atemporal, tiempos predominantes en
estas frases de inicio.
El registro del texto es formal, pero es importante señalar las alusiones a cuatro
autores clásicos y a dos de sus obras, quizá no conocidos en profundidad por todos los
lectores; el vocabulario, salvo en este aspecto comentado, no presenta problemas para
un lector de cultura media, pues no hay ningún término de difícil comprensión.
Podemos hablar también de algunos rasgos humorísticos en ejemplos como ‘Horacio y
su novia darían lo que fuera por quedarse en la cama’ o ‘políticos rebuznando’. Aunque
las oraciones compuestas son las más abundantes, no perturban la comprensión del
texto, pues están expresadas con gran claridad.
4- Señala que rasgos justifican su adscripción a un modo discursivo y tipo textual
determinados.
El modo de expresar el discurso comentado contempla dos formas. La primera parte,
durante casi ocho líneas, responde a la exposición-argumentación, pues el autor nos
habla de la fugacidad del tiempo (expresado, precisamente con la corta longitud de la
primera oración del texto), a través de la más que famosa frase ‘Carpe diem’ y su
verdadero significado, hilándolo, con argumentos, con el oscuro presente. La segunda
parte está dominada por la descripción, ya que es el momento en que el autor nos
explica las características que le gustaría tuviera un día perfecto para él, con profusión,
por lo tanto de adjetivos calificativos (y los ‘epítetos’ señalados arriba): ‘fórmula
señalada’, ‘niños destrozados’, etc. Sobre la tipología textual, diremos que nos
encontramos ante un texto de carácter periodístico, pues se trata de una columna
firmada por el escritor y periodista Manuel Vicent, y se encuentra en la última página
del periódico, lugar en el que dicho autor presenta su texto los domingos.
Como texto firmado, hemos explicado anteriormente que el autor toma en la mayor
parte del escrito la primera persona, para explicarnos el deseo de tener un día perfecto
y describir como debería ser; se trata, por tanto, de un texto subjetivo, en el que el
autor, a través de la comparación entre su día ‘perfecto’ y las características que
comenta en lugares concretos acerca de la actualidad, ofrece una antítesis angustiosa
entre la realidad y el deseo, por tomar el título de Cernuda, si se nos permite.
El texto tiene una estructura muy cuidada, por cuanto comienza en un tono casi
humorístico para hablar del aprovechamiento del tiempo y sus ‘inventores’, para pasar
a describir un día maravilloso, con una delicadeza y una ternura deliciosas, en la que
inserta, de repente, una comparación con la realidad, de una crudeza e ironía extremas.
El dominio de la técnica expresiva del autor, gran escritor, es evidente en todo el
escrito, por lo que resulta un placer –y un revulsivo- leer la columna de la que se ha
tratado.
[Esto sería lo básico del comentario; evidentemente, para completarlo, tendríamos que
desmenuzar un poco más lo explicado, sobre todo en la pregunta 3, con más ejemplos,
que argumenten lo señalado. Esto es solo un guion para que os pueda servir como base,
pero con algo similar el comentario sería correcto].
María Ángel Somalo
Profesora del Grado