EL PECADO
EL PECADO EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS
El conocimiento de Dios por la Revelación y el conocimiento del pecado van unidos.
Las religiones que no conocen un Dios personal, ni tampoco conocen que Dios ha
creado al hombre libre y responsable, consideraban el pecado como mera infracción de
código ético o de un tabú, como impureza ritual, como una “quiebra” por la que los dioses
debían ser aplacados. .
Es decir, la esencia del pecado es que se muestra como una OFENSA A DIOS, POR
MOTIVO DE QUE EL AMOR DE DIOS NO ES AMADO… La esencia del pecado es la
falta de correspondencia al amor de Dios. La imagen más aproximada es la del Corazón de
Cristo herido por nuestros pecados… Es decir, el amor es ofendido.
Son tres las imágenes bíblicas del amor:
* Amistad (Jn 15, 13-15) “A vosotros no os llamo siervos sino amigos, porque todo lo
que he oído a mi padre os lo he comunicado”
* Materno paterno filial (Is 49, 14-15) “¿Es que puede una madre olvidarse del hijo de
sus entrañas… pues aunque eso ocurriese, yo no me olvidaré de ti!”
* Esponsal: “Dios nos corteja como a su esposa” (Cantar de los Cantares 2, 8-10)
Paralelamente, tres son las imágenes del pecado, en cuanto rechazo de este amor de
Dios:
* Imagen de la amistad traicionada: al Señor le duele la traición del amigo que
compartía su intimidad (Ps 41,10).
* Imagen del hijo pródigo: (Lc (11-32). Se trata de una imagen que supera a la
anterior en el sentido de que la relación paterno-filial no es una elección de amistad que uno
pueda interrumpir voluntariamente, sino que uno se ve avocado a compartir en el futuro las
alegrías y penas de un Hijo…
* Imagen de la infidelidad, o del adulterio: Israel, la mujer miserable y deshonrada, la
que fue purificada y adornada por Yavé, la que él tomó como esposa, se prostituye después
indecentemente con el primero que pasa (Ez 16)…
NATURALEZA TEOLÓGICA DEL PECADO
Un matiz importante del sentido del pecado como ofensa a Dios:
En la revelación bíblica el pecado es siempre una ofensa contra Dios. Y no es que
nuestro pecado, al ofender a Dios, logre dañarle. Como Santo Tomás explica, «Dios no es
ofendido por nosotros sino en cuanto [pecando] obramos contra nuestro propio bien»
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(Summa C. Gentes III,122). Ofende a Dios porque daña al hombre, que es Su amado…
Los mismos pecados de blasfemia o idolatría, más directamente contrarios a Dios, ofenden al
Señor en cuanto destrozan al hombre mismo.
El pecado es renegar de la condición de HIJOS de Dios/ AMIGOS de Dios / ESPOSA
de Dios, BUSCANDO EL BIEN PROPIO AL MARGEN DE DIOS.
Por eso dice Santo Tomás: «El pecado mortal implica dos cosas: separación de Dios y
entrega al bien creado; pero la separación de Dios (aversio a Deo) es el elemento formal, y la
dedicación (conversio ad creaturam) es el material» (STh III,86, 4 ad 1m).
Por ejemplo; lo más grave de un pecado de fornicación, por poner un ejemplo, no es la
impureza en sí; lo peor es que esa persona trata de vivir separándose de Dios: ése es el
corazón mismo del pecado.
PRINCIPALES ERRORES SOBRE EL PECADO
* Algunos, como Lutero y Bayo (Dz 1950) confunden concupiscencia y pecado, sin
saber que no hay pecado en sentir la inclinación al mal, sino en consentir en ella.
* Hay ignorantes o escrupulosos que estiman posible el pecado sin advertencia («he
pecado haciendo tal cosa sin saber que estaba prohibida»); o que creen posible el pecado sin
deliberación voluntaria.
* Pero hoy en día, cada vez es más frecuente las desviaciones de otro tipo: la
concepción “horizontal” del pecado: “yo ni mato ni robo, yo no tengo pecados…” ¿y los
pecados de omisión, y los pecados de indelicadeza con Dios?
* “A mí no me remuerde la conciencia”… Culpabilidad por la conciencia
anestesiada… La indelicadeza de conciencia puede ser muy culpable….
** En definitiva, la mejor forma de descubrir el auténtico drama del pecado es
acercarnos a la redención de Jesucristo… Hasta que no descubrimos a Cristo crucificado no
nos damos cuenta de la gravedad de nuestro pecado…
Conversación con un joven: “yo no tengo pecados”… ¡¡qué bien, tú no necesitabas
que Cristo entregase su vida por ti!! ¡¡Cristo no ha muerto por ti!!
* Aún hemos de señalar otro error, el de quienes dicen: «El pecador no suele conocer
la maldad de su pecado; y por tanto apenas es culpable». Es verdad que en la cruz dijo Jesús:
«Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Pero también dijo en otra
ocasión: «Todo el que obra el mal odia la luz y no viene a la luz, para que no se manifiesten
sus obras; en cambio el que realiza la verdad viene a la luz, para que se manifieste que sus
obras están hechas en Dios» (Jn 3,20-21); y es que «amaron más las tinieblas que la luz» (Jn
3,21).
Además, una cosa es que el pecado sea ofensa a dios, y otra cosa es pensar que todo
pecado sea cometido con la intención directa de ofender a Dios…
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* Pero quizá el error más común es el pecado sin referencia a Dios, es decir, el
pecado entendido como una falla personal que humilla la soberbia («no supe dominarme, y
bebí hasta perder la conciencia»), o como un fracaso social que hiere la vanidad («todos me
vieron borracho perdido»). Para otros que tienen un hondo sentido estético moral, el pecado
es simplemente algo feo, degradante («estuve borracho, grité a la gente, rompí cosas: fue algo
horrible»). El pecado, sin duda, es falla personal, fracaso social y algo muy feo; y así
entendido, puede producir gran dolor y también lágrimas ─que serán, por cierto, muy
amargas─. Pero el pecado es algo mucho más serio que todo eso: es ofensa de Dios,
separación de él, rechazo de sus dones. Sólo si el pecador entiende y vive así su pecado,
podrá llegar al verdadero arrepentimiento.))
EFECTOS DEL PECADO
El pecado original produjo en el hombre y en el mundo terribles consecuencias,
efectos que se ven actualizados en cierta medida por todos los pecados personales posteriores.
El pecado, enseña Trento, deja al hombre sujeto al Demonio y enemigo de Dios. La
creación entera se hizo hostil al hombre, por cuyo pecado fue «maldita la tierra» (Gén 3,17),
y quedó sujeta a «la servidumbre de la corrupción» (Rm 8,21).
El pecado mortal separa al hombre de Dios, lo arranca del Cuerpo místico de Cristo,
y desnudándole del hábito resplandeciente de la gracia, profana el Templo vivo de Dios. El
pecado aniquila de algún modo la persona humana, al separarla de Dios, al romper en ella la
imagen de Dios. Por él se pierden todos los méritos adquiridos por las buenas obras ─aunque
la vuelta a la gracia puede hacerlos revivir (STh 111,89,5)─.
El pecado mortal es algo tan terrible… (tres condiciones: materia grave, plena
advertencia, y perfecto consentimiento de la voluntad, porque puede separar de Dios, es
decir, puede causar la muerte del pecador.
El pecado venial no mata al hombre, pero le debilita y enferma; le aleja un tanto de
Dios, aunque no llega a separarle de él. Las funestas consecuencias de los pecados veniales
podrían resumirse en estas cuatro 1.-Refuerzan la inclinación al mal, dificultando así el
ejercicio de aquellas virtudes que, con los actos buenos e intensos, debieran haberse
acrecentado. 2.─Predisponen al pecado mortal, como la enfermedad a la muerte, pues «el que
en lo poco es infiel, también es infiel en lo mucho» (Lc 16,10). 3.─Nos privan de muchas
gracias actuales que hubiéramos recibido en conexión con aquellas gracias actuales que por el
pecado venial rechazamos. Uno, por ejemplo, rechazando por pereza la gracia de asistir a un
retiro…. 4.─Impiden así que las virtudes se vean perfeccionadas por los dones del Espíritu
Santo.
No es extraño ver a tantos religiosos» que no llegan a la perfección evangélica
«después de haber permanecido en estado de gracia cuarenta o cincuenta años», con misa y
oración diarias, ejercicios piadosos, etc… pero el CONSENTIMIENTO CON LOS
PECADOS VENIALES LES HA CONDENADO A LA MEDIOCRIDAD
¿Nos damos cuenta del daño que los mismos pecados veniales hacen en nosotros y en
los prójimos, tanto en lo espiritual como en lo material? El mal genio ocasional de un cura
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puede alejar de la Iglesia a una persona de poca fe. Las manías de un profesor hacen que la
asignatura resulte odiosa y los alumnos no aprenden, lo cual luego pagarán otros…
Por eso, es muy grande la importancia de un arrepentimiento intenso, pues cuanto
más profunda es la contrición por el pecado… para que nos arranque también del hábito de
los pecados veniales…
LA LUCHA CONTRA LAS TENTACIONES
La vida del hombre sobre la tierra es milicia (Job 7,1). El cristiano, como «buen
soldado de Cristo Jesús» (2 Tim 2,3), ha de librar «el buen combate» (1 Tim 1,18).
Las actitudes del cristiano en su lucha contra el pecado están igualmente bien
definidas:
1º.- Ante todo la confianza en la gracia de Cristo Salvador: «Todo lo puedo en
aquel que me conforta» (Flp 4,13). Fuera todo temor desordenado, pues Cristo nos asiste, y
además, como dice SanAgustín, «necesitamos» las tentaciones, «ya que nuestro progreso se
realiza precisamente a través de la tentación, y nadie se conoce a sí mismo si no es tentado, ni
puede ser coronado si no ha vencido, ni vencer si no ha combatido, ni combatir si carece de
enemigo y de tentaciones» (CCL 39,766). Hemos de decir que Dios permite las tentaciones
como Pruebas para provocar el avance de nuestra vida espiritual. Como las virtudes crecen
por actos intensos, y como la persona no suele hacerlos como no se vea apremiada por la
situación, por eso Dios permite en su providencia ciertas pruebas que aprietan al hombre
─enfermedades, éxitos, desengaños,etc.─, dando su gracia para que sea ocasión provechosa
la dificultad que ha permitido (Rm 8,28). Dios nos pone a prueba para acrisolar nuestro
corazón (Dt 13,3; Prov 17, 3; 1 Pe 4,12-13). Y con la prueba, da su gracia: «Fiel es Dios, que
no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas, sino que dispondrá con la tentación el
modo de poderla resistir con éxito» (1 Cor 10,13).
2º.- Y con la confianza, la humildad, pues Dios «resiste a los soberbios, pero da su
gracia a los humildes» (Sant 4,6; 1 Pe 5,5). Nadie se fíe de su propia fuerza, y «el que cree
estar de pie, mire no caiga» (1 Cor 10,12) Los soberbios se exponen, sin causa, a ocasiones
próximas de pecado, y caen en él: «El que ama el peligro caerá en él» (Sir 3,27). A veces
Dios permite que un defecto ─el mal genio, por ejemplo─ humille a un cristiano muchos
años, por más que haga para superarlo. Y sólo cuando el cristiano llega a la perfecta
humildad, es entonces cuando Dios le da su gracia para superar ese pecado con toda
facilidad. Ya no hay peligro de que el cristiano considere esa gracia, no como un don, sino
como fruto de sus propias fuerzas.
3º.- Tomar Las armas principales del cristiano en la lucha contra la tentación:
Palabra divina, sacramentos y sacramentales, oración y ascesis. Como Jesús venció la
tentación en el desierto (Mt 4,1-11), así hemos de vencerla nosotros. La oración y el ayuno
(Mc 9,29), y sobre todo la Palabra, nos harán poderosos en Cristo para confundir y ahuyentar
al Demonio, que como león rugiente busca a quién devorar (1 Pe 5,8-9).
«Reforzáos en el Señor y en el vigor de su fuerza. Revestíos la armadura de Dios para
que podáis resistir a las maniobras del diablo: pues vuestra lucha no es contra sangre y carne,
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sino contra los principados, contra las potestades, contra los Dueños mundanales de las
tinieblas de este siglo, contra los espíritus del mal que hay en los espacios cósmicos. Por eso,
tomad la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y manteneros en pie
después de realizarlo todo.» (Ef 6,10-18).
4º.- Utilizar Las tácticas convenientes para vencer las tentaciones (las que nos sido
reveladas):
* La tentación hay que combatirla desde el principio, desde que se insinúa. Hay que
apagar inmediatamente la chispa, antes de que haga un incendio.
* Por otra parte, la tentación debe ser vencida o por las buenas («si tu ojo es puro, tu
cuerpo entero estará iluminado», Mt 6,22) o bien por las malas («si tu ojo te escandaliza,
sácatelo y arrójalo de ti», 5,29), sin temor alguno a las medidas radicales ─cambiar de
domicilio, dejar de ver a alguien, renunciar a un ascenso─.
* Por último, otra táctica importante es manifestar al director espiritual los propios
combates, con toda humildad.
Hablando de los antiguos monjes, decía Casiano: «Se enseña a los principiantes a no
esconder, por falsa vergüenza, ninguno de los pensamientos que les roen el corazón, sino a
manifestarlos al anciano [maestro espiritual] desde su mismo nacimiento. De este modo el
astuto enemigo ya no puede embaucar al principiante aprovechándose de su inexperiencia e
ignorancia» (Instituta 4,9).
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