Modelos de Estado a lo largo de la Historia
Modelos de Estado a lo largo de la Historia
HISTORIA
-Conceptos:
1. Estado.
2. Principio retributivo.
3. Legitimación (divina, personal, popular y nacional).
4. Soberanía.
5. Derecho natural.
6. Pueblo.
7. Nación.
8. Contrato social. Sus partes. Soporte/s y contenidos esenciales.
9. Diferenciar entre súbdito y ciudadano.
10. Periplo general de las transformaciones del Estado y, en particular, las introducidas a partir de la
Edad contemporánea y las revoluciones liberales.
Pese a que atendiendo a la definición actual de “Estado” este concepto no existiría realmente hasta la
Edad Moderna, al definirlo como un aparato de poder podemos encontrar ejemplos de estados ya
desde la Antigüedad. Así, en este periodo el Estado se configuraba como un ente que ejerce su poder
de manera exclusiva y excluyente sobre la población de un territorio.
En estos primeros modelos estatales, la legitimación del poder es de origen divino, algo que se va a
prolongar hasta bien entrada la Edad Moderna.
En lo que respecta a la producción normativa, el texto legal más antiguo conocido es el denominado
Código de Hammurabi, un conjunto de 282 leyes procedente de Mesopotamia y cuyo origen data del
1700 a.C. Se trata de una columna en la que se representa al rey Hammurabi recibiendo las leyes del
Código de las manos del dios supremo, Shamash. En la base de la estela se recoge la denominada
“Ley del Talión”, caracterizada por la aplicación en sentido puro del principio retributivo: “ojo por
ojo, diente por diente”. No obstante, las sociedades antiguas pronto se dieron cuenta de que la
aplicación total de este principio no hacía sino debilitar a la sociedad, de ahí que posteriormente su
aplicación se realizase de forma mitigada. Cabe destacar, a su vez, que este principio retributivo
continúa presente en las normas actuales.
Por otro lado, una de las características de las sociedades antiguas es que existía un importante control
de la población por medio de códigos morales. En este sentido, la moral se constituye como un
elemento de control social. Tanto es así que, en el Antiguo Egipto, se desarrollaron diversas
revoluciones a través de las cuales la población pretendía reclamar la posibilidad de ganar la vida
ultraterrena.
También es destacable la importancia del papel de la sociedad. En efecto, en la Antigüedad el interés
individual estaba subordinado al interés general, en la medida en que el colectivo estaba por encima
de la individualidad. El ejemplo más claro del que disponemos es el de los pueblos de pastores, donde
los delitos que afectaban a la sociedad eran castigados con las penas más altas, al poner en riesgo la
subsistencia de la misma.
Desde la antigüedad se empiezan a plantear conceptos como el de justicia (desarrollado por los
romanos) y el de equidad (planteado por los griegos). La noción de equidad surge a raíz del
pensamiento de Aristóteles y continúa presente hoy en día, pues, aunque el Código Civil establece en
su artículo 3.2 que la equidad no es fuente de derecho y que únicamente podrá aplicarse en defecto de
una norma jurídica, sigue influyendo de forma indirecta durante la concreción de las sentencias o la
toma de decisiones ordinarias.
La idea de justicia, por su parte, fue expresada por Gayo como “dar a cada uno lo que es suyo”.
Surge una tendencia a la creación de un Derecho de Gentes: Un derecho para más de un Estado o
Imperio. Es el llamado ius Gentium romano.
La Edad Media se divide en Alta Edad Media y Baja Edad Media. Se trata de un periodo en el que los
Estados de la Antigüedad van a desaparecer.
A pesar de verse a la Edad Media como una etapa de oscuridad, caracterizada por el fraccionamiento
jurídico y la pérdida de grandeza en las artes; en este tiempo se sientan algunas de las bases
posteriores del Derecho. Así, en el plano de la filosofía destacan San Agustín de Hipona (Patrística
siglo IV-V DC) y Santo Tomás de Aquino (perteneciente a la Escolástica s. XIII DC).
A San Agustín de Hipona le debemos la formulación de un concepto esencial para el derecho: el libre
albedrío, o concurso de la voluntad en las acciones del ser humano. El libre albedrío es el origen de la
idea de voluntariedad en el Derecho.
Se pregona la capacidad de ganarse la gloria o condenarse sobre su capacidad del libre albedrío.
Donde no hay voluntad no habrá posibilidad de cometer un delito. Se establece la concurrencia de
voluntad como elemento esencial del Derecho.
Santo Tomás de Aquino será el máximo representante de la Escolástica medieval. Sus influencias
provienen de las fuentes de la antigüedad clásicas vía Mediterráneo y del saber oriental andalusí. En
este sentido, destaca el “descubrimiento” de la obra de Aristóteles.
A partir de estas lecturas crea el concepto de lo natural, que le sirve para formular el denominado
derecho natural. Santo Tomás explica que existe una ley divina (derecho divino) que lo rige todo,
tanto las normas de convivencia como las leyes de la naturaleza. La ley divina no es cognoscible en su
integridad para el ser humano, que únicamente puede alcanzar una parte de la misma: la ley natural
(derecho natural). En el último escalón, encontramos la ley de los hombres (derecho de los hombres),
que regula las relaciones entre personas y se mueve en dos vertientes:
➢ Acorde con la ley divina: por los que los seres humanos siguen lo establecido por Dios.
➢ Desacuerdo con la ley divina: que se da bajo el gobierno de un tirano. En estos casos, está
legitimada la revolución contra el tirano, puesto que ha de prevalecer la ley divina, emanada
de Dios.
El derecho natural se trata de un concepto potentísimo, en la medida en que crea un argumento de
autoridad superior al de cualquier poder terrenal, algo que, en materia de pensamiento jurídico, era
esencial dada la ausencia de un argumento que permitiera imponerse al poder en este periodo.
Así, la fe es el elemento justificador último del poder y del derecho, y la legitimidad del Estado está
basada en Dios.
La Edad Moderna es el periodo comprendido entre 1492 y 1789, con una inflexión interna en torno a
1648. Se trata de un periodo de menor duración pero de gran intensidad.
-Conquista de América:
En 1492 tiene lugar el descubrimiento de América, un hito fundamental en la configuración de los
nuevos grandes Estados unificados. También en esta etapa se produce la conquista de nuevas tierras y
la capitalización de los centros de poder europeos.
Dentro del pensamiento político es destacable la obra de El Príncipe, de Maquiavelo (1553), que
constituye un importante aporte a la concepción moderna de la política.
También debe resaltarse que, en este tiempo, se empieza a construir la idea de la soberanía, que será
un concepto capital en la construcción y desarrollo del Estado moderno y cuya formulación se la
debemos a Jean Bodin. Bodin fue un intelectual que acuñó el término de soberanía durante un proceso
de reflexión sobre el origen de la legitimidad del Estado. Así, Bodin afirmó que “soberanía es poder
originario, no es tributario por ningún otro”. Para él, ese poder corresponde al monarca, y no a Dios, y
no puede ser de nadie más porque lo adquiere una persona por motivo de su nacimiento.
Por otro lado, en el siglo XVI va a producirse el culmen del pensamiento iusnaturalista teológico
cristiano, representado por la escuela española de derecho natural. Se trata de una escuela que va a
desarrollar el pensamiento jurídico para hablar por primera vez de los derechos de los indígenas,
considerando que cada indigena merece una esfera de protección que le debe ser garantizada por el
emperador. Se trata de una escuela que realizará aportaciones de gran importancia, como las de
Francisco de Vitoria, padre de los Derechos Humanos, en relación a los derechos de los indios.
Predicaba que, conforme al derecho natural, el emperador de las Españas tenía que proteger a los
indios (como si Dios así lo dispusiera). Así, nos encontramos con la semilla de los derechos
fundamentales. Por su parte, Francisco Suárez, gran pensador y jesuíta, incorpora la razón al
pensamiento, aunándola con la fe. Él justifica que fe y razón pueden ir de la mano para darle
respuestas a los asuntos que nos planteamos. Por último, Juan de Mariana sostiene, a su vez, el
derecho natural de los súbditos a resistirse a la ley injusta y al gobernante tirano.
Estos pensadores se lo ponen crítico a los reyes y, en particular, a Carlos I y a los monarcas católicos
apostólicos romanos.
En 1648 se firma la Paz de Westfalia, por la que se pone fin a las guerras de religión y a la unidad
católica de Europa. Este tratado implica, en la práctica, un punto de inflexión, y su importancia se
debe a que, a pesar de que lo que se firmasen fueran las tablas y el rendimiento de los países
contendientes por agotamiento, en él se reconoce la libertad para que cada Estado, dentro de sus
fronteras, siga el modelo que considere más conveniente. Representa el triunfo del nuevo modelo. La
libertad religiosa se extiende y comienza a ser cada vez mayor. En algunos países se tratará incluso de
desplazar el poder del Papado, como en el caso de Inglaterra y la iglesia anglicana o el apoyo de los
príncipes alemanes a Lutero.
Esto desencadenó una crisis de legitimación del Estado, pues si no existe ningún poder por encima de
él, ¿quién o qué, además de Dios, puede legitimar el Estado?
Se produce, entonces, la migración del eje de legitimación del poder, pasando de la legitimación
divina a la legitimación personal en la figura del monarca, que pasará a ser un primus inter pares.
Comienza, por tanto, un proceso de concentración de poder en el monarca que desembocará en el
establecimiento de las monarquías absolutistas en Europa.
Este absolutismo monárquico puede definirse por medio de la expresión de Luis XIV de “El estado
soy yo”, en la que se hace referencia al incremento y concentración del poder, que tiene como cabeza
visible al monarca. No obstante, la transformación que se está produciendo realmente no es el
incremento del poder del monarca sino el del Estado, que de acuerdo a Hobbes se asocia a la figura
bíblica del Leviatán.
Esta revolución recibe su nombre de Oliver Cromwell, que será el hombre fuerte que la protagonice.
Se trata de un acontecimiento histórico que ayuda a explicar las transformaciones políticas, sociales y
económicas que van a triunfar con las revoluciones liberales posteriores.
Nos encontramos ante una revolución en la que participan todas las clases sociales con el fin de
oponerse al rey Carlos I de Inglaterra.
La revolución de Cromwell estalla en un contexto de asfixiamiento económico, en una época en la
que la burguesía comenzaba a tener un cierto peso en la sociedad gracias a las transformaciones
ligadas a la Primera Revolución Industrial. Los burgueses están insatisfechos con el sistema tributario
inglés, hecho al que se añade, además, el intento de Carlos I de dar marcha atrás a la reforma religiosa
para que Inglaterra volviese a la senda del catolicismo y a estar bajo el poder del Papado. Esta
situación provocó el descontento general de las masas sociales, y tuvo como resultado el
levantamiento de la clase burguesa y las clases bajas.
El rey, por su parte, demuestra una capacidad nula de negociación que lleva a que también la
aristocracia le retire su apoyo, dejándolo completamente aislado.
Finalmente, Carlos I será decapitado en 1649.
Esta revolución se construye sobre unas bases ideológicas que apuntan a la modernidad, y en ella se
distinguen tres capas:
Como puritanos, se oponen a la reforma religiosa del monarca, y emigran a las colonias de la costa
este norteamericana.
Carlos I termina decapitado. Cromwell se convierte en Lord Protector de Inglaterra durante varios
años. Impuso una dictadura durante 9 años, pero consiguió algunas conquistas: la expansión de la
frontera, saneamiento del reino, la dominación del territorio por las armas. Cromwell consigue estar al
frente del estado y que éste prospere y subsista sin monarca, un hecho de gran relevancia en una época
en la que la legitimación del monarca aún es esencial.
3.5. La Ilustración:
A mediados del siglo XVIII, surge un movimiento cultural en Francia que pondría en tela de juicio al
Antiguo Régimen y a la monarquía Absoluta: la Ilustración. Este movimiento defendía el uso de la
razón y la lógica como medio de conocimiento. Serán los Ilustrados los que asienten las bases para
movilizar a las masas en la revolución, pues se trataba de un grupo relativamente reducido de
aristócratas que no contaban con la logística suficiente para lograr el triunfo ellos solos.
No se puede hablar de una sola Ilustración, sino de varias según los focos que se extienden por toda
Europa. La Ilustración inglesa será la más adelantada debido a la anterior revolución del Siglo XVII.
Los focos ilustrados:
-Ilustración inglesa:
Es la más abanderada por su prontitud y trascendencia en las posteriores. Su pensador más importante
fue John Locke (1632-1704): Se le considera el padre del liberalismo clásico. Rompió con la idea de
monarquía absoluta y de concentración y monopolización del poder en una persona a través de un
primer acercamiento a la teoría de la división de poderes, deudora de la idea de Check and Balances.
Según Locke, existían tres poderes: el legislativo, el ejecutivo y el confederativo. Este último entabla
y pone orden a las relaciones del propio Estado con otros.
Es el padre del liberalismo. La libertad fue el valor principal durante las revoluciones en esta etapa. El
liberalismo defendía la libertad individual ante cualquier intromisión injustificada por parte del poder.
También le debemos la formulación del concepto de los “derechos naturales”. Aunque entronca
mucho con la idea de Derecho Natural de Aquino (iusnaturalismo teológico), los Ilustrados reelaboran
el concepto.
Los Ilustrados estarán mucho en la línea de buscar lo que es “natural” al hombre, lo que en el ámbito
jurídico se tradujo en la existencia de una serie de derechos innatos al ser humano:
- Libertad
- Vida (con cierta relatividad)
- Propiedad
- Resistencia al tirano
-Ilustración española:
En España, no tendremos un foco Ilustrado demasiado potente, ni tampoco libre, pues en la mayoría
de los casos las ideas y reformas propuestas por los ilustrados serían formuladas por aristócratas de la
mano de la Administración del monarca, para la que trabajaban. De ahí que la ilustración española
esté bastante teñida de las ideas del despotismo ilustrado.
Es por ello por lo que España tendría ciertas dificultades para salir del viejo modelo en la antesala del
Siglo XIX.
-Ilustración francesa:
En Francia, a pesar de que vivirán despotismo, se gesta un movimiento ilustrado más potente, más
alejado del poder político, donde hay más autores que piensan de una manera independiente. Este es el
caso de Montesquieu y de los creadores de la gran obra de esta época: La Enciclopedia Francesa.
La Enciclopedia tenía por objetivo el cultivo intelectual colectivo, por medio de una obra en la que se
recogiesen todos los saberes y que permitiera al ser humano pasar de su estado natural de salvajismo
al de civilización. Esta concepción se explica porque en esta época imperaba el optimismo
antropológico (contrario al pesimismo de Hobbes), que consideraba que el ser humano es bueno por
naturaleza, y que es la sociedad y la falta de cultura y de educación lo que lo corrompe.
Esto inserta, a su vez, una idea muy potente, la de la escuela pública.
La guillotina es también un invento ilustrado, a fin de humanizar las penas de muerte.
El punto de partida del Estado Contemporáneo son las revoluciones liberales acontecidas durante el
periodo comprendido entre finales del siglo XVIII y mediados del siglo XIX, siendo la primera de
ellas la Revolución de las Trece Colonias Americanas en 1773.
Estas revoluciones traerán consigo la superación del absolutismo monárquico, la separación entre el
ámbito público y el privado, la conquista de libertades individuales, la separación de poderes, la
soberanía popular y el poder representativo.
A lo largo del siglo XVIII se desarrolló en los territorios americanos la denominada Ilustración
Americana (American Enlightenment). De hecho, los padres fundadores fueron políticos e
intelectuales de tendencia ilustrada: George Washington, Alexander Hamilton, Benjamin Franklin,
Thomas Jefferson, John Adams, James Wilson, etc.
-Revolución Americana:
Se trata de la primera revolución propiamente liberal.
Durante la década de los 60 comienzan las tensiones entre Gran Bretaña y las Trece Colonias
(Virgina, Massachusetts, Main, Washington, Carolina…), si bien la revolución se inicia realmente a
raíz del motín del té (tea party).
Las colonias constituían una sociedad que no estaba sometida al rígido sistema estamental europeo,
con la metrópolis lejos, y que estaba acostumbrada a defenderse por sí misma.
A partir del nacimiento de los Estados Unidos, emitieron su moneda y comenzaron a entablar
relaciones diplomáticas. Durante el conflicto, Francia y España apoyan a los alzados, por rivalidad
geopolítica con el Reino Unido, no por afinidad ideológica con los alzados.
Fruto de esta revolución sería la posterior Constitución norteamericana, en la que se recogen una serie
de planteamientos ideológicos:
Asimismo, se trata de una constitución que va a dar lugar a una rama del liberalismo asociada al
republicanismo (independencia de una metrópolis considerada corrupta). El republicanismo es un
elemento esencial para la tradición norteamericana, y este se caracteriza por la existencia de más
libertades que derechos, pero también por llevar injertos muchos elementos de deber.
En 1789 se produce la toma de la Bastilla, un hito histórico que representa el momento inaugural de la
Revolución Francesa. En ella se observan tres tendencias o grupos revolucionarios: los girondinos (de
ideas moderadas), los jacobinos (de ideas más radicales) y los sans-culotte o masas populares.
Con todo, el elemento esencial de la Revolución francesa es la idea orgánica de pueblo, que recibe el
nombre de nación y que se incorpora al nuevo modelo. Este término no estuvo presente en la
revolución americana pero sí en las continentales. La nación implica la concepción del pueblo como el
conjunto de un todo, como un organismo superior a cada uno de sus integrantes. La Revolución
francesa arranca sobre la idea de nación antes que de la de pueblo.
Así, los países de la europa continental son de base de soberanía nacional, orgánica, más que de
soberanía popular, propia de los países anglosajones. La diferencia entre ambas reside en que la
soberanía nacional considera al pueblo como un todo indivisible, mientras que para la soberanía
popular, el pueblo es un conjunto de miembros individuales, por lo que es fraccionable. La soberanía
popular llega primero a la historia.
A raíz del nacimiento de este concepto de nación, surge la idea del nacionalismo de primera
generación. Este nacionalismo implica un sentimiento favorable a la pertenencia a un estado y tiene
un elemento activo de construcción del Estado.
En 1791, se redacta una declaración de derechos (Carta de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano), en la que la libertad, la igualdad (reconocimiento del principio de la igualdad formal) o la
fraternidad (antecedente de la solidaridad), entre otros, se consagran como valores centrales. Esta
declaración no se incluiría dentro de la Constitución pero se la consideraría como parte del contrato
social, dando pie a la idea del bloque de constitucionalidad. De ahí que debamos a los franceses el
concepto de bloque constitucional: el contrato social no incluye solo la constitución, sino también el
conjunto de derechos y deberes de los ciudadanos.
Tras la derrota de Napoleón se celebra la Convención de Viena de 1815, con la que se pacta la paz y
se produce la aceptación del nuevo modelo, al declarar que un estado no invadirá a otro para imponer
un determinado modelo político. Triple alianza.
Sigue el avance del reconocimiento de las libertades, que se enriquecen en su contenido, alcance y
protección. Fueron reconocidos en los textos de la segunda mitad del siglo XVIII, por lo que los siglos
posteriores ampliarán la cobertura protectora y la extensión a nuevos titulares; en este proceso,
sobresale la generalización del voto y del asociacionismo.
También hacen acto de presencia en las Constituciones nuevos derechos: los llamados derechos
sociales.
Los siglos XIX y XX son los siglos del reconocimiento de los derechos humanos en la segunda
generación: los llamados derechos sociales, económicos y culturales. El siglo XIX tiene algunos
precedentes, pues en realidad es en el siglo XX el que da entrada a esta clase de derechos en los textos
positivos a raíz de la Primera Guerra Mundial. Y, tras la Segunda Guerra Mundial, estos derechos
sociales se consolidan ampliamente en las nuevas constituciones post bélicas: La Constitución Italiana
de 1947, la Ley Fundamental de Bonn de 1949, la reforma constitucional francesa de 1958, etc. El
siglo XIX es todavía la etapa de grandes movimientos populares, reprimidos una y otra vez por la
alianza de la aristocracia y la burguesía.
La solidaridad es concebida como una cuestión del Estado y no confinada a la esfera privada de las
relaciones humanas. El poder público debe atender a las necesidades de la persona como ser social y
situada en un entorno.
El denominador común de estos nuevos valores subraya el carácter social del nuevo Estado. No valen
ya la voluntad de Dios o la razón del hombre, sino las exigencias del hombre en la sociedad.
El sujeto de los derechos no es solo el individuo, sino el grupo o colectivo social. Las declaraciones y
constituciones liberales del siglo XVIII en adelante van universalizando el sujeto titular de derechos.
Pero, en todo caso, el sujeto de derechos es la persona en un sentido individualista. La Constitución de
Weimar de 1919 da un paso adelante en el reconocimiento de los grupos sociales como titulares de
derechos. Presenta preceptos concretos de reconocimientos de derechos de las mujeres, jóvenes…
Las constituciones del Estado social reconocen un panel de limitaciones que afectan tanto a las
libertades individuales como a los derechos sociales; limitaciones que comportan una socialización de
las libertades y un conservadurismo de los derechos sociales.
Se imponen ciertos límites a los derechos, que dejan de ser derechos absolutos para depender de su
ejercicio de la conjugación con otros derechos. Los límites a los derechos contrastan con el carácter de
las libertades del Estado Liberal: sagradas, inalienables e imprescriptibles, esto es, cualidades que
denotan un carácter absoluto.
En el marco de las libertades, es afectado primordialmente el derecho de propiedad sujeto a la función
e interés social que debe regir la organización económica. En el lado de los derechos sociales, el
derecho a la huelga no puede ejercitarse sin la reserva y protección de los servicios mínimos a la
comunidad.
-El intervencionismo del Estado en defensa de los derechos sociales: los deberes del Estado social:
El Estado social avanza una serie de garantías de los derechos: el desarrollo por ley de los derechos, a
salvo de la mediatización de la Administración, y el carácter intervencionista del Estado para hacer
posible la satisfacción de los derechos sociales. El Estados Social introduce una serie de nuevos
derechos que no pueden ser satisfechos si no es con la directa colaboración del nuevo Estado. Esto
supone la transformación del pasivo Estado liberal en el Estado Social.
Otro modelo de Estado son los los Estados sociales y comunistas: Corea del Norte, Cuba, la
revolución bolchevique… La diferencia esencial para entender estos Estados es que para ellos el
sujeto de derecho no es el ciudadano individualizado, sino la clase social, el proletariado.
El Estado comunista no obedece a un modelo determinado, pues presenta diversas concreciones
históricas. Las traducciones históricas de este modelo han tenido escasa duración, a excepción del
comunismo soviético, chino y cubano. Los caracteres del Estado soviético, que coinciden de forma
general con los de otros estados comunistas, son:
El Estado Pluricéntrico no es un nuevo estado, sino el punto de llegada de la evolución del Estado de
Derecho. Es un Estado pluricéntrico porque frente al unitario estado de derecho clásico presenta
diversos centros de poder y capacidad normativa, que rompen la unidad funcional del Estado clásico.
La singularidad del Estado pluricéntrico estriba en que los nuevos centros se sitúan fuera y dentro del
Estado.
Hay en la constitución española de 1978 numerosas normas que apoyan el esbozo de este nuevo
Estado. Por un lado, las normas que supeditan al Estado español a las normas internacionales. Por
otro, todo un capítulo de la Constitución dedicado a la configuración del Estado de las Autonomías.
En este proceso de la traslación de la soberanía, se produce una clara y preocupante contradicción: los
Estados presentan una estructura democrática, de la que carecen las organizaciones supraestatales que
les limitan y condicionan. Un caso similar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en el que
solamente están representadas las grandes potencias mundiales con derecho a veto.
El Estado pierde soberanía por arriba, trasfiriéndola de facto a entes supraestatales, y la pierde por
abajo abandonándola a entes territoriales. El grado mayor en la transferencia reguladora y de
competencias culminaría en el nuevo “Estado independiente”.
Anarquismo, libertarismo
-Nuevos retos:
Nuevas clases sociales. El Precariado. ¿Hacia dónde va el Estado?
El Estado social ha ido evolucionando y se incorporan nuevos derechos y programas. No es lo mismo
un derecho (puedo reclamarlo) que un programa social pues está el tiempo que dure dicho programa y
no generan derechos subjetivos. La idea del sufragio llegará poco a poco en base a la idea de
soberanía popular. Todos estos cambios sociales se deben a que las clases sociales fueron cambiando.
Hoy en día, también surgen nuevas clases sociales.
En número globales la clase media ha ido paulatinamente durante los últimos años reduciéndose
inflando la clase baja. Por otro lado, la clase alta se ha reducido en número pero ha aumentado su
capacidad económica.
Precariado: clase social de gente extremadamente formada pero con dificultades de estabilizarse
económicamente. En esta nueva clase diferenciamos el funcionariado y un “cinturón” del precariado
(asalariados privadamente).
Fácticamente, los partidarios de esta tesis argumentan que el Estado es un hecho, una realidad
histórica que surge cuando en la organización política confluyen varios elementos: hacienda y ejército
propios, centralización del poder, soberanía como principio básico.
Teóricamente, el Positivismo jurídico ha defendido que el Derecho procede del Estado. El Estado es el
hecho social creador del Derecho.
Fácticamente, los partidarios de esta posición afirman que el derecho necesita una coacción para
imponerse, y está procede del Estado, al poseer el monopolio de la coacción física legítima. Sin el
Estado, el Derecho es norma social pero no jurídica.
Fácticamente, los profesos de esta tesis aseguran que el Derecho no puede desenvolverse al margen
del Estado, pues poco se escapa a su control. Incluso las nuevas modalidades de Estado siguen
manteniendo el mismo monopolio respecto al Derecho que el modelo de Estado tradicional. También
los espacios autónomos que parecen estar fuera del control del Estado dependen del Derecho estatal
para mantenerse, pues estos existen porque el Estado lo permite.
La divergencia entre Derecho y Estado significa que puede existir un derecho distinto al Derecho del
Estado, e, incluso, contrario a él.
Hay una segunda fase en la evolución del pluralismo jurídico, que ya no se reduce a una pluralidad de
fuentes sino a una diversidad de derechos. Aparecen derechos alternativos al Derecho estatal, que se
colocan en el papel de reguladores de determinadas comunidades, como complemento del Derecho
estatal o en una posición enfrentada a este.
Fácticamente, hoy en día hay países en el que el único derecho no es el Derecho del estado, sino que
éste convive con otros. Normalmente, estos otros derechos no se oponen al Estado, pues sólo
reclaman un espacio territorial donde se respete su vigencia. Piden una alternancia jurídica
complementaria pero no opuesta al Derecho estatal.