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Unholy - Koocest

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Andrea Izquierdo
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— Pueden sentarse. —dijo el pastor.

— Hoy especialmente, agradezco que se hayan tomado el


tiempo de venir a escuchar la palabra de Dios, a escuchar los consejos de un hombre como yo,
de un predicador. Últimamente, la sociedad va en decline y es algo lamentable pues, cada día
son más y más los casos de profanidades, de gente que va por el rumbo del mal, tomando el
camino del infierno.

Los negros ojos de Jeongguk se pusieron en blanco cuando decidió rodarlos, nuevamente
estaba hablando sobre "profanidades", actos inmundos y repugnantes, alardeando de lo mal
que estaban, y ocultando lo mucho que él también amaba hacerlos. Ocultando también el
rastro de sus pasos hacia el camino del infierno, disfrazado de un cristiano merecedor del
paraíso.

— Las redes sociales... Esta enfermedad llamada "Generación Z", la cual ya no sigue el modelo
original de la creación del padre. —abriendo los brazos y haciendo parecer la situación como
un apocalipsis, el pastor bajó de la tribuna para acercarse a los creyentes.— La plaga de los
incestuosos, la inmundicia de los homosexuales y los desviados, de todos aquellos que deciden
dejar su modelo original por querer llegar a la promiscuidad y a tener los privilegios de su
opuesto, haciendo que el innombrable retome su poder por sobre el de nuestro creador...5

Jungkook, el pequeño y tierno Jeon Jungkook, mordía discretamente su labio inferior tratando
de retener los gemidos que amenazaban con salir de su boca. Maldita sea, Jeongguk movía su
mano tan delicioso por sobre muslo, su toque tan cálido y suave que le hacía erizar los vellos
de su espalda. Un suspiro casi inaudible salió de su boca cuando el azabache rozó
"accidentalmente" su casi notoria erección, mientras que entre más escuchaba parlotear al
pastor de la iglesia, más le hacía sentir que aquel toque de su gemelo lo acercaba un paso más
hacia el infierno.3

Pero vaya que su camino estaba siendo tan jodidamente placentero.

— Mamá, voy al sanitario, Jungkook va a acompañarme.

La castaña asintió sin mucha importancia pues, le era muchísimo más importante aquella
plática sobre lo corrompido que estaba el mundo al aceptar una relación entre hombres o una
relación entre mujeres, prestando atención a cada palabra que salía de la boca de aquel
mentiroso que solamente disfrutaba en silencio de los pecados por los que señalaba al mundo.

Jeongguk y Jungkook salieron de la capilla en dirección al baño que se encontraba justo a la


entrada del templo, a no más de 3 metros de donde comenzaban las bancas para los
asistentes. Todos los presentes sabían lo normal que era ver a los gemelos juntos por todos
lados, siendo los hermanos más unidos que pudiesen llegar a conocer.+

Su hermandad, su cariño y el propósito que el creador les había dado de apoyarse y amarse
mutua e incondicionalmente, no era ningún juego. Literalmente.1

Una vez Jungkook cerró la puerta del baño con seguro, caminó a paso apresurado para
sentarse en el lavamanos y jalar con desesperación la camisa de su gemelo, apresando sus
labios apenas los tuvo cerca. Fuertes jadeos y algunos gemidos abandonaban su boca mientras
era víctima de lo bien que las manos de Jeongguk apretaban y amasaban sus muslos,
acariciando con rudeza esas piernas que en tantas ocasiones habían estado enredadas en su
cintura y algunas otras reposando sobre sus hombros mientras hacía al más chico gritar
rogándole que fuera más rápido.4

— Mi pequeño Jungkookie, mi pecado más delirante... —sus labios permanecían rozando los
rojizos del contrario, lentamente bajando por su mandíbula y llevándolos hasta su cuello
donde dió un nuevo beso seguido de un chupetón que en unos minutos quedaría de un color
morado bastante oscuro.— Mami ni siquiera sospecha que nosotros estamos aquí, en los
baños de su amada iglesia, haciendo todas las profanidades de las que tanto le ruega a Dios ser
salvada.3

— Si lo dices así, suena realmente lamentable —paseó rápidamente sus manos de sus
hombros hasta los primeros botones de su camisa, abriendo despacio cada uno y manteniendo
el contacto visual con esos hermosos orbes negros con los que tanto alucinaba.—, pero es tan
excitante, que podría rogarle a quien sea que incluso en el infierno, me follaras tan bien como
lo haces ahora.5

— Eres una maldita perra, Jeon Jungkook, ofreciéndome tu culo tan descaradamente y casi
rogándome que te la meta.5

— Es lo que te estoy pidiendo, Jeonggukie~1

Las palabras de Jungkook saliendo en un agudo gemido que seguramente se habría escuchado
con claridad del otro lado de la puerta. Un nuevo beso se inició, más caliente y rudo que el
primero, la lengua de Jeongguk se enredaba con la del castaño, haciéndole abrir su boca y que
escurriera un grueso hilo de saliva por su barbilla, llevó sus manos hasta el botón del pantalón
del más chico y sin vacilar lo desabrochó para de una meter su mano en aquellas hermosas
bragas de encaje y tantear la húmeda punta de su glande, sintiendo sus propias prendas
apretar y su pene doler por lo duro que estaba.

El menor soltó un chillido algo fuerte cuando sintió su extensión ser masturbada firmemente,
con movimientos brutos y sin tacto, tal cual a él le encantaba. Jungkook se sintió correr cuando
la fría saliva del azabache cayó sobre la cabeza de su pene haciéndole erizar la piel, aquellas
manos podían hacer los mismos movimientos que hacían las suyas cuando se masturbaba y
gemía en alto el nombre de su hermano, pero jamás se compararía lo bien que este lo hacía
sentir. Uno, dos y tres movimientos más y el mayor se detuvo de pronto, haciéndolo jadear
ante la falta de contacto.

— Ven chiquito, abre bien la boquita para mí. —pidió Jeongguk con un tono ronco, indicándole
al otro que bajara, mientras rápidamente desabrochaba sus propios pantalones y dejaba salir
por fin su hinchado miembro, de su punta escurría ya el brillante líquido transparente que
Jungkook no dejó caer al suelo, abriendo su boca para este cayera en su suave lengua.

Oh, Jeon Jeongguk y su preciosa perforación en el glande... El castaño tomó la erección y la


metió de una sola a su boca succionando y dando un masaje en sus testículos, sintiendo como
con cada movimiento de su lengua estos se tensaban y endurecían más. Con la punta de su
lengua delineó todas las venas que se marcaban en el pene, dando unos cuantos besos
mientras subía nuevamente, jugueteando con la bolita de la pieza de acero que chocaba
ligeramente contra sus dientes. Jeongguk sintió el hormigueo en su vientre de tan sólo ver al
chico de rodillas y con esos brillantes ojos llenos de lágrimas por los roces de su glande en su
garganta.3

— Vamos, quiero que te escuchen mi amor. —sacó de un movimiento el pene de su pequeña


boca, dejando escurrir la saliva por sus testículos, sentía que llegaría pronto y que mejor que
hacerlo dentro de su pequeño Jungkookie.

Apoyó su espalda contra la pared y poniendo toda su fuerza en sus piernas, bajó rápidamente
los pantalones de su hermano, bendito sea Dios, porque justo en ese momento no imaginó
que Jungkook estuviera usando una bonita tanga roja. Escupió un poco sobre sus dedos y los
comenzó a deslizar dentro del apretado agujero provocando en el castaño un gemido agudo y
lo suficientemente fuerte para hacer eco por todo el pequeño espacio, necesitaba tanto sentir
ese hermoso culo apretando su pene y escuchar el sucio sonido que hacían sus pieles mojadas
al chocar mientras era montado.
En simultáneo, los últimos minutos del sermón de la misa estaba por terminar y el silencio que
necesitaban estaría por terminar, Jungkook no lo dudó y sacó los dígitos de su gemelo para
alinear su pene en su entrada y dar una honda inhalación, no estaba bien preparado y eso
dolería.

“Los pecadores, aquellas personas enfermas que todos podríamos tener en nuestras casas
llevándonos consigo también al reino del malévolo, desviando nuestro camino hacia el
paraíso...”

Jungkook bajó suave sintiendo cómo el falo profanaba su ano, haciéndole soltar un alarido de
dolor y placer cuando al dejarse caer sintió esa pieza de acero chocar contra si sensible punto
dulce. Comenzó dando brincos leves que hacían las piernas del otro temblar, apretando sus
caderas y mordiendo su hombro.3

“Demos gracias a nuestro creador, por traernos aquí a escuchar lo que es correcto y lo que no,
a saber cuándo es momento de culpar a un pecador profano que atente contra nuestro propio
bien...”

El sonido del choque de pieles comenzó a hacerse presente mientras que los jadeos y gemidos
de los gemelos se comenzaban a escuchar para los cristianos sentados cerca del baño.
Jeongguk comenzó a masturbar a su pequeño mientras succionaba y lamía la extensión de su
cuello, marcando esa blanca y tersa piel que desde siempre le había pertenecido.

“Cuidemos a nuestros hijos e hijas de las tentaciones carnales, de los lujuriosos deseos de
fornicar sin un propósito de procrear, alejemos a nuestra descendencia del mal...”

Un manazo fue propinado en la suave pierna de Jungkook y este gritó, sentía que su estómago
se contraía con cada salto que daba, puso sus manos sobre la pared del frente y abrió más sus
piernas para poder acelerar sus movimientos, el azabache veía como su pene era tragado
deliciosamente por el culo de su hermano, y le encantaba tanto la vista que en un momento
había detenido el sube y baja de su muñeca dejando completamente desatendida la erección
del contrario. Su diestra se abrió paso hasta el pecho del más chico, llegando hasta sus
pezones y apretandolos suavemente para hacer al otro gritar más fuerte.1

Los presentes comenzaron a cuchichear sobre los obsenos sonidos que provenían del baño,
haciendo casi un escándalo cuando alguien interrumpió el sermón y gritó alto "algo está
sucediendo en el sanitario", el pastor hizo completo silencio y, claramente, se escuchaba la voz
de Jungkook, aquella melodiosa voz que gritaba y rogaba un "Jeonggukie dame más, muévete
más rápido"...18

Los ojos marrones de la madre de los gemelos se abrieron y corrió hacia donde sus hijos
habían estado hacía más de diez minutos, oraba y le rogaba al cielo para que todo fuera una
pesadilla de la que estaba a punto de despertar, y mientras sus tacones hacían un estruendoso
sonido contra el suelo, el choque de la blanca piel del culo de Jeon menor se hacía más y más
fuerte.4

Jeongguk escuchó el alboroto y sonrió con lascivia mientras se levantaba y recargaba el pecho
de su menor contra el lavamanos, tomando fuerte sus caderas y dando estocadas fuertes
mientras el otro gemía y bombeaba su desatendido pene, a punto de llegar a su ansiado
orgasmo. Quitó el seguro de la puerta pues, en ese momento, le parecía excitante en demasía
que lo vieran follándose a su hermano, manoseando de la peor forma su piel y haciéndolo
temblar.8
— JUNGKOOK QUÉ ESTÁN... — la voz fuerte de su madre fue detenida cuando al abrir la
puerta, encontró a sus hijos ahí, follandose mientras todos los demás los veían, algunos con
morbo y otros con completo asco. Su amado y correcto Jeongguk empujando sus caderas
contra las de su tierno Jungkook, aquel niño santo que durante tanto tiempo se amarró a los
mandamientos de la iglesia.3

Un grito de horror salió del pecho de su madre, suficiente para que Jungkook volteara a ver al
montón de gente que los miraba y sus ojos se pusieran en blanco mientras sus piernas
temblaban y su manos seguía en su pene, dando el último alarido donde el nombre de su
hermano fue lo último que salió de su boca dándole paso después a su orgasmo, chorreando el
líquido blanco por todo el piso de loseta negra, y, dejando a Jeongguk salir de su cuerpo,
manchando la tela de sus pantalones.

El pastor tragaba saliva ante la imágen de los dos chicos terminando, ¿qué tan impuro sería
haber deseado que fuera él y no Jeon Jungkook? El viejo deliró cuando la sonrisa de Jeongguk
se ensanchó y cerró la puerta nuevamente.10

La profana mente de todos aquellos que, ese mismo día, deseaban poder haber visto más, o de
aquellas recatadas mujeres y hombres que deseaban haber estadó en el lugar del menor de la
familia Jeon. Aquellos desviados que deseaban haber estado detrás de Jungkook, escuchando
su propio nombre salir de su boca.

Si Dios no permitía que esos impuros deseos llegaran a quienes merecían el paraíso, ¿por qué
todos sentían algo? ¿Qué era verdad? Y todavía peor...

¿Quién era el verdadero pecador entonces?

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