3 Ian - & - Amy, - Asesinato - en - El - Castillo - Margotte - Channing - 1
3 Ian - & - Amy, - Asesinato - en - El - Castillo - Margotte - Channing - 1
ASESINATO EN EL CASTILLO
Margotte Channing
www.margottechanning.com
DOS
TRES
CUATRO
CINCO
SEIS
SIETE
OCHO
NUEVE
EPÍLOGO
UNO
Año 1208
Castillo de los Gunn, Kirkwall
Escocia
Logan estaba tremendamente emocionado porque por fin, a sus diecisiete
años, le habían dejado viajar “solo” con dos de los hombres de confianza de
su padre. Los tres días que habían tardado en llegar al castillo de los Gunn en
Kirkwall había disfrutado como un niño, acampando al aire libre y bebiendo
agua de los ríos helados que se habían ido encontrando.
Este viaje le estaba recordando a los que hacía junto a su padre, cuando lo
acompañaba a las reuniones que se hacían anualmente entre los jefes de los
clanes. Había empezado a ir tres años atrás para empezar a conocer cuáles
serían sus obligaciones cuando fuera el Laird de los Mackenzie
Estaba muy sorprendido al ver que la zona de las Highlands donde estaba
ahora no era tan agreste como las tierras de su familia, las colinas eran más
suaves y estaban llenas de vacas. Nunca había visto tantas reses juntas y
pensó que los Gunn debían de ser muy ricos.
Cuando llegaron al patio del castillo, intentó bajar de su caballo con toda
la dignidad que se esperaba del heredero del clan Mackenzie, sacó la espada
de la vaina colgada de la silla y se la colocó en el cinto, verificó que su tartán
estuviera bien colocado y, solo entonces, entró en el castillo seguido por los
dos soldados de su padre, Mac y Eiron, que eran tan grandes como él.
El laird Gunn lo esperaba de pie, con una sonrisa de bienvenida, junto a
una muchacha morena que mantenía la mirada agachada. Logan la miró
deseando que ella lo correspondiera, sintiendo que su corazón se aceleraba
por la emoción de saber, por fin, cómo era su futura esposa y la madre de sus
hijos. Y cuando ella lo miró, sus ojos azul pálido le dijeron que la curiosidad
era mutua, y, por primera vez desde que su padre le dijo que iba a conocer a
su prometida, pudo respirar profundamente. Inclinándose con respeto hacia
su anfitrión y futuro suegro, lo saludó tal y como le había enseñado a hacer su
madre muchos años atrás.
—Laird Gunn, muchas gracias por invitarme a tu casa. Mis padres te
envían saludos y esperan que te encuentres mejor de tu caída —el padre de la
muchacha era un anciano que se apoyaba en una gruesa vara de madera llena
de nudos.
—Nos alegramos de que hayas podido venir. Y en cuanto a la caída, ha
sido peor por mi edad, pero espero dejar de necesitar este bastón dentro de
poco —entonces, miró a su hija con una sonrisa —y, como imaginarás, esta
es mi querida hija, Moira.
Logan volvió a inclinarse doblando la cintura y ella le correspondió con
una pequeña reverencia.
—Es un placer. Veo que todo lo que he oído sobre tu belleza es verdad,
Moira —ella se ruborizó, pero su sonrisa le dijo que estaba muy complacida
y pasaron al salón, donde les esperaba la comida.
Logan miró a su alrededor, extrañado, porque estaban los tres solos en la
mesa del Laird. Faltaban la hermana pequeña de su prometida y la madre de
las muchachas, por supuesto.
El Laird se había dado cuenta de lo que pensaba.
—Imagino que te sorprende que no estén con nosotros mi esposa y mi
hija Margaret.
—Sí, mi madre me ha dado una carta para tu esposa, pero si no está, te la
puedo dar a ti para que se la entregues cuando vuelva —iba a sacarla de su
camisa, pero el laird hizo un gesto para que no lo hiciera.
—No es necesario, tú mismo se la podrás entregar más tarde. Han ido a
ver a una mujer del clan que acaba de tener un niño y que, por desgracia se ha
quedado viuda hace pocas semanas —su pecho se hinchó por el orgullo antes
de decir —Margaret, mi otra hija, tiene un corazón muy blando y siempre
sabe quién necesita ayuda dentro del clan — sus palabras extrañaron a Logan.
—Creía que era más joven que Moira.
—Lo es, un año menor. Acaba de cumplir quince años.
—Es muy loable que, siendo tan joven, se preocupe tanto por los demás.
Sonrió al recordar cómo era él mismo a esa edad, solo un par de años
atrás, y Moira se quedó mirando embobada su sonrisa hasta que vio la mirada
que le echó su padre.
—Hace dos años yo estaba hecho un salvaje. Solo quería salir de caza con
mis amigos y escabullirme de las tareas que me mandaba mi padre —su
futuro suegro contestó con una sonrisa sarcástica.
—Hace un par de años, ¿no? Lo cuentas como si hiciera mucho tiempo
—Logan se lo quedó mirando inocentemente y el laird soltó un gruñido, pero
siguió comiendo sin añadir nada más.
Más tarde, Moira enseñó a Logan el castillo. Iban acompañados por dos
mujeres que la seguían a todas partes, obedeciendo órdenes del Laird.
El Laird de los Gunn había aceptado la petición del padre del muchacho
para que los dos jóvenes se conocieran, pero sería bajo sus condiciones.
Esa noche había un pequeño baile, algo que a Logan no le hacía
demasiada gracia porque no se sentía cómodo bailando, pero conocía sus
obligaciones y se bañó en el río y se puso una camisa limpia debajo del
tartán, antes de acudir. Se miró en el trozo de espejo que llevaba en la bolsa e
hizo lo que pudo con su indomable pelo castaño, que le rozaba los hombros.
Su madre siempre le decía que lo llevaba como si se lo hubieran recortado
con un hacha, pero, a pesar de eso, había conseguido evitar que se lo cortara
antes del viaje. Se dio cuenta de que sus ojos en el espejo parecían negros,
aunque él sabía que eran de un color marrón muy oscuro y ensayó una
sonrisa, el rasgo que creía que le hacía más atractivo. Luego, con un suspiro,
guardó el espejo en la bolsa, la dejó sobre la cama y salió de la habitación.
Había llegado temprano y en el salón solo había una muchacha que al
principio creyó que era Moira. Estaba sentada, cantando junto al fuego
acompañándose de un arpa escocesa. Su voz era etérea, casi mágica y
mientras Logan se acercaba a ella, tuvo un presentimiento, el primero de su
vida. Supo, sin ninguna duda, que si hablaba con ella su mundo cambiaría,
pero nadie hubiera podido impedir que lo hiciera.
Margaret estaba ensimismada con su música y no escuchó ningún ruido
que la avisara de que alguien se estaba acercando hasta que, de repente, vio
junto a ella unas fuertes piernas de hombre semicubiertas por un tartán que no
era el de su clan y levantó la mirada para ver a quién pertenecían.
Logan se quedó sin respiración al ver esos ojos color miel y el rostro en
forma de corazón, y se sintió como si Dios le hubiera permitido contemplar el
rostro de un ángel. Emocionado, se inclinó haciendo una reverencia sin dejar
de mirarla a los ojos, antes de preguntar:
—¿Cómo te llamas? —ella ladeó la cabeza y sonrió dulcemente.
—Margaret —Logan hizo un gesto de extrañeza.
—¿Eres la hermana de Moira? —entonces, ella se puso seria, porque
adivinó quién era él.
—¿Y tú eres Logan, su prometido?
Él la contempló fijamente sin saber cómo contestar, porque acaba de
darse cuenta de que alguien había cometido un gran error.
Año 1226, en la actualidad.
Castillo de Dingwald, Escocia
El laird de los Mackenzie escuchaba lo que su segundo al mando,
Graham, le estaba contando, aunque no podía evitar que, mientras, sus ojos se
fueran detrás de Sheena, la muchacha que le estaba sirviendo la cena a su
hija. También intentaba escuchar lo que Catriona decía a la muchacha, pero
era imposible porque había mucho barullo. Normalmente, en el salón solo
cenaban la familia y los más allegados, pero esa noche gran parte del clan
había decidido hacer la última comida en el castillo y hasta le costaba
entender a Graham, a pesar de que estaba a su lado.
—No he visto nunca vacas mejor alimentadas, Logan ¡Da gusto verlas!, y
Fergus ha dicho que te las seguirá guardando hasta que acabe el invierno —
un fuerte ruido provocó que Logan entrecerrara los ojos mirando a su hija,
que se había puesto de pie y gritaba a Sheena, que estaba en el suelo con un
montón de comida esparcida a su alrededor. Sin dudarlo un segundo, se
levantó con gesto furioso y le dijo a Graham:
—Espera un momento —se dirigió a la mesa donde siempre se sentaba
Catriona con su madre y, a pesar de que le costó un gran esfuerzo, intentó no
levantar la voz, aunque lo que deseaba era zarandear a su hija hasta que le
castañetearan los dientes.
—¿Qué ha pasado? —se inclinó para ayudar a Sheena, que seguía en el
suelo, a levantarse. Después, sujetándola por el brazo con una sorprendente
actitud protectora, miró a su hija y Catriona se le encaró con una mueca de
enfado en su cara. Entonces, Allison, la madre de Catriona, se dio cuenta de
cómo cogía el Laird a la muchacha por el brazo e inventó una explicación
para que su hija no metiera más la pata. Su padre ya estaba bastante cansado
de ella y no iba a aguantar más tonterías.
—No ha sido nada. Sheena ha tropezado —Logan miró a la aludida,
aunque ella no levantaba la cara del suelo. Pero no hacía falta porque la
conocía. Sabía que sus ojos estarían llenos de lágrimas porque no entendía
por qué Catriona la odiaba tanto.
Lo que su hija no sabía era que Logan había visto cómo le ponía la
zancadilla a Sheena para que se cayera, al pasar junto a su mesa.
Estaba dispuesto a castigarla, pero dejaría que lo decidiera Sheena.
—Sheena, ¿eso es lo que ha ocurrido?
—Sí, ha sido culpa mía, no miraba por dónde andaba —la sonrisa que
esbozó la malcriada de su hija le revolvió el estómago, pero, haría lo que le
había pedido Sheena con la mirada.
—Está bien, vete si quieres —ella asintió y se marchó andando deprisa,
pero él esta vez no se fijó en su forma de caminar a pesar de que le encantaba.
No quería dar más que hablar. Aún no.
Volvió a su mesa enfadado y algo avergonzado por no ser capaz de sentir
ningún cariño hacia su única hija. Al contrario, la verdad era que, cuanto más
la conocía, menos la entendía.
Se sentó de nuevo frente a Graham con un suspiro.
—¿Tu hija ha vuelto a hacer de las suyas?
No tenía ganas de hablar sobre ella y menos aún sobre Sheena. No quería
que nadie supiera lo que había entre los dos, aunque ese secreto le estuviera
comiendo por dentro.
—Sigue contándome qué más te ha dicho el viejo Fergus —siguió
cenando y escuchando las noticias que había traído su amigo de su reciente
visita al clan de los Cameron.
Poco después, Logan subía los escalones que conducían al dormitorio de
su mujer y, cuando llegó, abrió su puerta anunciándose alegremente:
—¡Ya estoy aquí! Mac me ha dicho que querías verme —enmudeció al
ver que Ewan Mackenzie, el sacerdote de la aldea, esperaba de pie con las
manos entrelazadas como si hubiera estado rezando, junto a la cama de su
esposa.
Reaccionando, se acercó a ellos, extrañado.
—Padre ¡qué sorpresa! —miró a Margaret que le devolvió la mirada
durante un momento, pero , enseguida, la apartó —no sabía que estabas aquí
—el cura carraspeó, claramente incómodo.
—Logan, perdona que no te haya saludado abajo, pero Margaret me ha
avisado para que viniera urgentemente y acabo de enterarme del propósito de
esta visita —la explicación hizo que Logan adivinara que algo muy malo
estaba a punto de pasar. Incluso el cura observaba a Margaret con censura en
la mirada por primera vez en su vida.
Logan se acercó a ella con un mal presentimiento.
—Margaret ¿qué ocurre? —ella palmeó la cama, a su lado.
—Siéntate, por favor —luego miró al cura —Ewan, me gustaría hablar
con mi marido a solas.
El cura asintió, encantado de poder marcharse sabiendo lo que se
avecinaba.
—Por supuesto. Estaré en la iglesia, rezando —murmuró, pero, antes de
salir, echó una extraña mirada a la enferma —espero que él consiga que
cambies de opinión.
Cuando cerró la puerta detrás de él, Margaret miró a su marido,
observando la vitalidad que se desprendía de todo su cuerpo.
A sus treinta y seis años, Logan todavía tenía una espesa cabellera castaña
que empezaba a mostrar sus primeras canas, y sus ojos eran de un color
marrón oscuro, casi negro, que resultaban muy hermosos, al menos para ella.
Y gracias a que montaba diariamente, todavía se mantenía en forma. Si Dios
quería, viviría muchos años y podría tener una vida plena. Pero no sería con
ella.
—Logan —suspiró y alargó una mano escuálida y blanca que se vio
envuelta por la mano grande y morena de él —llevo semanas...no —rectificó
— meses pensando en algo y finalmente he tomado una decisión —él estaba
totalmente concentrado en ella. No hacía falta que le dijera que la quería, eso
ya lo sabía. Por eso le había costado tanto decidirse a hacer lo que iba a hacer
—si te hubieras llevado mejor con Alison, no estaríamos en esta situación,
pero… —Logan, enfadado, se levantó y se plantó ante ella con las manos en
las caderas.
—¡No me lo puedo creer! ¿otra vez? —ella sonrió, a pesar de la tristeza
del momento.
—No es lo que tú crees.
—¡Ah!, ¿no? Entonces, ¿me quieres decir qué se te ha ocurrido ahora?
—Logan, siéntate, por favor —volvió a palmear en el colchón junto a
ella, y él, como solía, hizo lo que le pedía.
—Está bien, pero no cogeré otra concubina —no podía decirle que ya
tenía una amante.
—Lo sé, aquello fue una locura. Debí profundizar más en el carácter de
Alison, pero parecía una buena chica —se sentía fatal por lo que iba a hacer,
pero no podía retrasarlo más —Logan, sabes que no puedes seguir así, el clan
necesita un heredero —su marido la miró con el cariño que sentía por ella
desbordando sus ojos, y Margaret tuvo que apartar la mirada —por eso, he
estado hablando con Ewan. Quiero que nos divorciemos. No debes
preocuparte por mí, he hablado con mi hermano y me acogerá en su casa.
—¿Estás loca? —la miró como si estuviera viendo a una extraña —¡no
pienso hacerlo, Margaret! —volvió a levantarse y la miró furioso,
comenzando a pasearse por la habitación —ya solucionaremos lo del
heredero.
—¡Logan, mírame! —él lo hizo, pero siguió mirándola de aquella manera
que no le permitía ver la realidad —no, Logan, mírame bien. De verdad. Soy
una anciana a tu lado, ojalá no hubiera sobrevivido a aquella caída…
—¡Margaret! —la escuchó incrédulo, porque era la primera vez que la oía
decir algo parecido.
—…pero lo hice, imagino que Dios lo permitiría por alguna razón,
aunque no imagino cual es. Pero lo que me duele no es estar siempre en esta
cama sin poder hacer nada, no, es no haberte podido darte un hijo y haber
impedido que fueras feliz. Y hace mucho tiempo que pienso que no tengo
derecho a seguir haciéndote algo así.
—No lo haré Margaret, no accederé al divorcio. Y si no estamos de
acuerdo, no podrás hacerlo tú sola.
—Hay otra posibilidad —se detuvo porque sintió que le faltaba la
respiración. Su marido, que sabía lo que le pasaba, la incorporó un poco más
recolocando sus almohadones y, poco después ella pudo continuar hablando,
después de respirar profundamente —gracias, Logan. Como te decía, hay otra
posibilidad y por eso he hecho venir a Ewan. Según una ley muy antigua, si
un laird no puede tener descendencia con su mujer, uno de los dos puede
poner fin al matrimonio. Solo hace falta que un sacerdote atestigüe que están
casados desde hace años y que no han dejado de vivir juntos —él la miraba
con el ceño fruncido.
—Nunca había oído tal cosa.
—Compruébalo si quieres, pero no te estoy mintiendo.
Logan fue hasta la ventana de la habitación y observó el hermoso valle
donde vivían con el corazón encogido.
—Sigo queriéndote Margaret —siempre la querría. Eso era lo más duro
de su situación.
—Lo sé, querido —lo conocía mejor de lo que creía, pero le sonrió con la
dulzura que siempre lo hacía — y yo a ti, pero eso no es de lo que estamos
hablando. Aunque si quieres que hablemos sobre eso… yo te quiero tanto que
quiero que vuelvas a sentir lo que vivimos en los primeros años de nuestro
matrimonio. Que al menos uno de los dos vuelva a sentirlo.
—No, Margaret —la enfrentó seguro de lo que hacía. A pesar de que
darle la razón sería lo más conveniente para él, no podía humillarla de esa
manera —te he escuchado y te entiendo, pero también debes tener en cuenta
mis deseos. Haz lo que tengas que hacer, pero lucharé contra ti. Y si la
jefatura del clan la tiene que heredar uno de mis primos, que así sea.
Con una última mirada triste, pero decidida, se marchó del dormitorio.
Pocas horas más tarde…
Logan se escabulló del castillo de madrugada. Caminaba deprisa, con el
corazón latiéndole con fuerza contra las costillas y con una sonrisa en el
rostro, al saber que en unos minutos volvería a tenerla entre sus brazos. Al
llegar junto a su puerta llamó una sola vez con los nudillos y esperó. Ella
abrió enseguida, como si hubiera estado esperándolo despierta y lo recibió
como hacía siempre, como si su visita fuera el mejor regalo que podía darle.
—¡Logan! —susurró con los ojos iluminados. Él entró y cerró detrás de
él.
—Amor mío —inclinó la cabeza y la besó bebiendo de su boca,
apretándola contra su cuerpo como si quisiera fundirse con ella. Cuando se
apartó para mirarla, ella cogió su mano y tiró de él para llevarlo a la cama.
Logan no podía esperar, ardía por ella desde que se había despertado esa
mañana. Siempre la deseaba. Esa era su penitencia por engañar a su mujer,
sentir un deseo continuo que solo podía satisfacer en contadas ocasiones, y a
escondidas. Y eso no lo saciaba porque era como un hombre que se estuviera
muriendo de sed y al que solo le dejaran beber, de vez en cuando, un sorbo de
agua.
Antes de tumbarla en la cama, le quitó el camisón y él se desnudó
después, dejando la ropa tirada en el suelo de la humilde cabaña, luego, la
abrazó, apretando sus senos desnudos contra su poderoso pecho. Sus
corazones latían uno junto al otro al mismo ritmo frenético. La aferró por la
nuca y aplastó su boca contra la de ella ahogando sus gemidos, en un beso
largo y devorador.
Después, la tumbó y enseguida lo hizo él encima de su esbelto cuerpo y le
abrió las piernas con una rodilla, entonces, Sheena, notó su verga ardiente,
palpitando sobre su muslo, mientras él avanzaba una mano para saber si
estaba preparada y le regaló una sonrisa al constatar que lo estaba. La penetró
con un par de dedos, despacio, consiguiendo que ella gimiera de placer y se
agarrara a su cuello, mientras lo apremiaba:
—Logan, hazlo ya —él sonrió y se inclinó para besarla de nuevo.
—Quiero que disfrutes como nunca.
—Si es mejor que la última vez, me moriré, así que hazlo ya —él soltó
una risita por lo bajo y le dio un último beso en la nariz, antes de penetrarla.
Ella, todavía poco acostumbrada a ello, le clavó las uñas en la espalda y
volvió a agarrarse a él como si temiera perderse si no lo hacía.
La húmeda boca de Logan se apretó contra la suya y su cálido aliento le
rozó la oreja.
—¡Dios del cielo!¡Sheena! —desde que se habían acostado la primera
vez, se había sorprendido de lo que le hacía sentir aquella chiquilla a la que
casi le doblaba la edad. Al notar un gesto de dolor en su rostro, porque
todavía no se había acostumbrado a su tamaño, la hizo colocarse de costado y
él hizo lo mismo, entonces enganchó un brazo bajo su rodilla y la subió hasta
la cintura de él. Ella se relajó al notar que así entraría mejor en ella y
escondió la cara en la curva de su cuello y lo abrazó con fuerza, saboreando
el calor y el sudor resbaladizo de su piel y el olor a almizcle de la pasión.
Logan empezó a moverse y ella notó que su cuerpo admitía sin dolor su
penetración y el placer empezó a llegar poco a poco, como las otras veces,
atravesándola con cada movimiento posesivo de él. El goce siguió
burbujeando dentro de ella, cálido y cosquilleante y su cuerpo se arqueó para
recibirlo y se repartió por todo su ser, hasta que se tensó pensando que no
podría soportarlo más. Pero lo hizo. Poco después, notó la descarga de él
dentro de ella y lo protegió con sus brazos cuando sintió su cabeza caer en el
hueco de su cuello, sujetándolo como él había hecho con ella. Y parpadeó
para despejar sus ojos, que siempre se le llenaban de lágrimas ante la dicha
que sentía cuando terminaban de amarse y se quedaban abrazados, como
ahora.
Cabaña de Ian y Amy, Clan de los Douglas.
Varias semanas después.
—¡Amy!, ¡maldita sea! ¿Dónde te has metido? —Ian dejó el caballo
suelto porque conocía el lugar y sabía que no se escaparía y fue al río a
buscarla, aunque esperaba que esta vez no estuviera allí. Pero estaba, por
supuesto. Su mujer, como siempre, hacía lo que le daba la gana, a pesar de
que ya habían discutido varias veces por este motivo.
—¡Amy! — estaba flotando tranquilamente boca arriba y totalmente
desnuda, hasta que lo oyó. Entonces, levantó la cabeza y lo saludó sonriendo,
pero, al ver su expresión, suspiró y nadó hacia la orilla.
Él bajó a buscarla intentando calmarse.
—No te enfades Ian. No he podido evitarlo, estaba hecha un asco —él
movió la cabeza pesaroso porque hacía con él lo que quería. Siempre lo había
hecho.
—¡Maldita sea, Amy!, ¡eres tan cabezota que no sé lo que te haría! —ella
empezó a secarse sin hacer caso a su enfado. Había notado que en sus ojos
estaba empezando a aparecer otra cosa que no tenía nada que ver con la rabia.
Ian intentó seguir regañándola, pero el color rojizo que le estaba subiendo
por el cuello, indicaba que ver a su mujer desnuda lo estaba afectando más de
lo que debería
—William quiere vernos. He ido a buscarte a la botica y al no
encontrarte, me he imaginado que estarías aquí —Amy terminó de secarse y,
todavía desnuda, se pegó a él e hizo que agachara la cabeza para darle un
largo beso en la boca.
—Lo siento, he estado ayudando en el parto de Leigh y he acabado toda
sudada. Necesitaba lavarme —él la abrazó y le frotó los brazos porque estaba
helada.
—Sabes que no me gusta que te bañes sola en el río —Amy volvió a
besarlo y lo llevó hacia la cabaña.
—Vamos, me visto enseguida y nos vamos.
—Está bien.
—¿Qué quiere William? — Ian se encogió de hombros.
—No lo sé. Cuando he vuelto de caza, Connor me esperaba para decirme
eso, que William quería que fuéramos a verle. Parece que ha venido alguien
del clan Mackenzie y nos necesita.
Amy se cambió en un par de minutos bajo la mirada de su marido, que se
tuvo que recordar a sí mismo que en unas horas volvería a hacer sus sueños
realidad. Al menos, ahora estaba seguro de que ella dormiría todas las noches
entre sus brazos.
Mientras, William, el laird de los Douglas, observaba al fraile larguirucho
y desgarbado que había aparecido en sus tierras sin avisar.
—Ian y Amy vienen de camino. Pero, mientras llegan…habéis dicho que
teníais algo muy importante que contarme, así que, hablad, fraile.
—Sí, señor, mi nombre es Jonás y vivo en la Abadía de San Juan, que
está a pocos kilómetros del Castillo de Dinwall —a pesar de estar sentado,
respiraba como si hubiera llegado corriendo debido a la angustia que sentía, y
aún se puso más nervioso al ver cómo el laird de los Douglas fruncía el
entrecejo, al escuchar el lugar de donde procedía.
—Continuad, fray Jonás.
—Sí. Bien, el padre Ewan, a quien creo que conocéis —William le dio la
razón con un murmullo —es mi tío. Vino ayer a la abadía y me dijo que debía
presentarme ante vos y daros esto en persona, e insistió varias veces que no
podía entregárselo a nadie más —de la limosnera que colgaba de su cintura,
sacó un documento doblado en cuatro partes y que llevaba el nombre de
William.
Él lo leyó enseguida, temiendo que se tratara de algún asunto grave.
Castillo de Dingwall
28 de abril del año 1226
Al Laird William Douglas
Estimado señor:
Os escribo estas líneas que os haré llegar a través de mi sobrino, Jonás,
para pediros ayuda, porque temo por el Laird Mackenzie.
Perdonad la falta de cortesía de esta carta, pero el tiempo apremia y no
soy capaz de entender lo que está ocurriendo en el clan desde hace
unas semanas.
Aunque yo estaba ausente porque tuve que viajar a Edimburgo, sé que
vinisteis al entierro de Margaret Mackenzie. Mi viaje estuvo motivado
precisamente para hacer una gestión en nombre de Margaret, y he
sentido mucho no haber estado aquí cuando todo ocurrió. Más aún
cuando algunos acontecimientos recientes me han hecho cuestionarme
acerca de la naturaleza de su muerte.
No me atrevo a escribir más sobre esta cuestión. Baste decir que, desde
que supe lo que había ocurrido, mi cabeza no deja de imaginar qué
puede haber pasado en realidad, ya que no creo demasiado en la
explicación que todos han aceptado, porque me parece que es
demasiado oportuna.
Por carta solo puedo añadir que Margaret había tomado recientemente
la más increíble de las decisiones, y creo que esa decisión es la que ha
desencadenado estos hechos terribles.
Pero hay algo que me preocupa aún más y es la salud mental de Logan.
Y es que, desde la muerte de su esposa no es el mismo, olvida cosas y
se imagina otras totalmente imposibles.
Hace tiempo me contasteis que había en vuestro clan una pareja que
había encontrado al responsable de un asesinato producido entre
vuestra gente. Os ruego que los traigáis aquí para intentar aclarar lo
ocurrido y, quizás de esa manera, Logan vuelva a recuperar su mente.
Os doy las gracias por anticipado.
Atentamente, Padre Ewan Mackenzie.
—Mi tío me dijo que os espera lo antes posible. La situación es muy
delicada —William se había quedado pensativo.
—No lo dudo.
Llamaron a la puerta. Eran ellos.
—Fray Jonás, estos son Ian y Amy —hizo un gesto a la pareja para que se
sentaran, después, les entregó la carta que leyeron los dos a la vez y mientras,
William invitó a desayunar al fraile, pero este le contestó que ya lo había
hecho. Cuando terminaron de leer la misiva, miraron al fraile con la misma
cara de sorpresa y el joven religioso carraspeó incómodo.
Pero William prefería hablar con ellos a solas.
—Fray Jonás, podéis marcharos a descansar. Saldremos hacia el Castillo
de Dingwall en pocas horas —el muchacho se levantó como un resorte y
salió de la habitación con cara de alivio.
DOS
William Douglas esperó a que se cerrara la puerta detrás del fraile, antes
de decir lo que pensaba.
—En un par de horas podemos salir hacia el territorio de Ross-Shire,
donde se encuentra el Castillo de Dingwall. Los dos vendréis conmigo para
investigar lo ocurrido —Amy lo miró con los ojos como platos, pero, por una
vez fue prudente y no dijo nada. Entonces, William, con un suspiro porque no
le gustaba tener que hacerlo, se explicó.
— Ya sabéis que asistí al entierro de Margaret, la mujer del Laird de los
Mackenzie, hace unas tres semanas —los dos lo sabían, aunque ninguno
conocía a fondo el porqué de esa amistad —Cuando estuvimos en guerra
contra los ingleses, Logan me salvó la vida en un par de ocasiones. Hemos
sido buenos amigos desde entonces, pero él ha tenido muchos…problemas y
hacía tiempo que no nos veíamos.
—¿Qué tipo de problemas? —aunque Amy había hecho la pregunta,
William miró a Ian, que se encogió de hombros porque los dos conocían la
curiosidad de su esposa. Que, por otro lado, era lo que le hacía tan buena
investigando.
—Cuando Logan era un niño, sus padres concertaron una alianza con un
clan muy poderoso por medio del matrimonio entre Logan y Moira, la hija
mayor del Laird del otro clan. A medida que fue creciendo, aumentó su
curiosidad por su futura esposa, pero sus padres solo le decían que era una
muchacha muy bella. Él estaba deseando ir a conocerla y cuando cumplió
diecisiete años, le dieron permiso para hacerlo. Cuando su futuro suegro se la
presentó, se quedó tranquilo confirmando la belleza y la simpatía de la
muchacha, pero, esa misma noche, conoció a otra joven de la que se enamoró
—miró a Ian y Amy que esperaban impacientes sus siguientes palabras,
porque William siempre había sabido cómo contar una historia —y, cuando
le preguntó su nombre ella le dijo que era la hermana menor de Moira,
Margaret, que solo tenía quince años. Pero ya no pudieron hacer nada porque
los dos se habían enamorado nada más verse.
—Y entonces, ¿qué pasó?
—Los padres de Logan y los de Moira y Margaret, se reunieron después
de hablar con sus hijos y todos estuvieron de acuerdo en que Margaret sería
la que se casaría con Logan. Después de todo, aún no había pasado nada que
no tuviera solución y Moira fue muy generosa al decir que solo quería que su
hermana fuera feliz. Poco después, Logan y Margaret se casaron —se quedó
pensativo durante unos instantes — creo que fue la pareja más enamorada
que he visto nunca —susurró —excepto vosotros, por supuesto —Ian sonrió
burlonamente porque conocía la facilidad de William para engatusar a sus
oyentes —desgraciadamente, fueron felices durante un corto espacio de
tiempo ya que, pocos años después, ella tuvo un accidente muy grave.
Estaban montando a caballo, cuando la yegua de Margaret se encabritó y se
le cayó encima. Desde entonces, no puede mover las piernas y está recluida
en su cama. Fue algo muy triste, porque es una mujer encantadora.
—¡Qué horror! —Amy había visto algún caso así y sabía lo horrible que
era tener que estar inmóvil, día tras día. Era como vivir la vida solo a medias.
—A pesar de todo, no han dejado de quererse.
—¿Y su hermana?
—Moira se trasladó a vivir con ellos cuando Logan y Margaret se
casaron, porque estaban muy unidas. Y en su nuevo hogar conoció a su
marido, Graham, el segundo de Logan.
—¿Sabes algo más?
Amy entrecerró los ojos al ver la expresión de su Laird.
—Quizás no sea nada, pero el día del entierro, Logan estaba como ido y
no pude hablar con él. Y aunque me quedé un par de días para intentarlo de
nuevo, fue imposible. No podía concentrarse lo suficiente para mantener una
conversación y, además, estaba la mayor parte del tiempo encerrado en su
dormitorio —se encogió de hombros —recuerdo que lo achaqué a que estaría
muy afectado por lo de Margaret.
—Cuando estuviste en el entierro, ¿pensaste en algún momento u oíste a
alguien decir que era posible que la hubieran asesinado?
—No —negó con la cabeza —por lo que me dijeron, la noche anterior se
encontraba bien, bueno, como siempre. Pero al día siguiente, sencillamente,
estaba muerta. Tened en cuenta que Margaret llevaba mucho tiempo postrada
y tenía varias dolencias provocadas por estar siempre en la cama. Años atrás
Logan me había contado que tenía un problema muy grave en los pulmones,
por el que había estado varias veces a punto de morir. Fue muy triste porque
era una mujer muy querida, pero no noté que nadie se extrañara porque
hubiera muerto —señaló el documento que Ian había dejado encima de la
mesa —por eso me ha sorprendido tanto esta carta —el matrimonio se miró
durante unos segundos y Amy dijo:
—Si son pocos días, puedo dejar a Cameron a cargo de la botica, —
William la miró como si no supiera de quién hablaba, por lo que Ian
intervino.
—Es el hijo de mi tío Tom, ¿recuerdas? El chico tiene aptitudes para la
curación y Amy lleva enseñándolo un par de meses.
—Sí, ahora me acuerdo.
Ian se lo había propuesto después de estar meses buscando a alguien para
que ayudara a Amy. El clan crecía cada vez más y ya no era suficiente con un
solo boticario. Y después de lo ocurrido con el último, William se negaba a
coger un nuevo médico. Al menos, de momento.
—¿Y ese muchacho ya está preparado? —Amy apretó los labios, e hizo
un gesto negativo con la cabeza.
—No, todavía está muy verde, pero ya sabe lo que debe hacer en los
casos más comunes. Los demás, a menos que sea algo grave —se encogió de
hombros —tendrán que esperar.
—¿Cuánto tiempo crees que podemos estar fuera, sin que esto se
convierta en un caos?
—Suponiendo que no ocurra nada inesperado, un accidente o algo
parecido…tengo preparados suficientes remedios para una semana, como
mucho para diez días. Después de eso, tendría que volver para que los
miembros del clan que van habitualmente a por su medicina, no se queden sin
ella —William sentía, por un lado, el peso de la deuda que tenía con su amigo
y por otro el deber para con su clan.
—No puedo dejar de ayudar a Logan, pero no puedo consentir que se
ponga en peligro la salud de los miembros de nuestro clan por ayudarlo —Ian
y Amy pensaban igual que él —así que nos marcharemos mañana a primera
hora y volveremos en una semana, ocurra lo que ocurra.
Estaba amaneciendo cuando los cuatro iniciaron el viaje hacia el Castillo
de Dingwald. William montaba delante junto al fraile, y detrás marchaban Ian
y Amy. Los caballos iban a un paso rápido, porque tanto William como Ian
querían llegar lo antes posible. Para llegar a las tierras de los Mackenzie,
tenían que atravesar las de dos clanes que no eran demasiado amistosos,
aunque nunca se habían enfrentado a los Douglas directamente.
Durante las primeras millas, Ian y Amy estuvieron hablando sin parar
principalmente acerca de sus planes para construir una casa cerca del pueblo,
algo que a los dos les hacía mucha ilusión, pero, poco a poco, ella empezó a
contestar solo con monosílabos a los comentarios de su marido y él vio,
divertido, cómo se le cerraban los párpados, aunque también notaba los
esfuerzos extraordinarios que hacía para mantenerse despierta. Cuando se dio
por vencida y empezó a cabecear, Ian frenó los dos caballos y la cogió en
volandas para colocarla delante de él, ya totalmente dormida. William acercó
su caballo para verla, riendo por lo bajo porque también sabía lo que la
pasaba cuando montaba. Sin embargo, el fraile preguntó, asustado, si le había
ocurrido algo y William lo tranquilizó contestando que era muy dormilona.
Ian ató la yegua de Amy a su silla, meneando la cabeza por la
imprudencia de su mujer y ella levantó un párpado, dejando ver un
somnoliento ojo ambarino,
—¿Me he quedado dormida?, lo siento… —él chasqueó la lengua,
abrazándola para que no se cayera y para que estuviera lo más cómoda
posible.
—Podías haberme dicho que tenías sueño —ella, con una sonrisa, le dio
un golpecito cariñoso en la mano y se acomodó como si él fuera una cama.
Segundos después, los tres hombres escucharon un ligero ronquido y, con una
sonrisa, los dos highlander azuzaron a los caballos para no perder tiempo. El
fraile los imitó enseguida, rezando para no caerse del caballo porque hacía
mucho tiempo que no montaba.
Hicieron una parada a media mañana para descansar y sacaron la comida
que la cocinera de William había preparado. Sentados junto a un río, al pie de
una enorme montaña compartieron pastel de carne, queso y vino.
William, masticaba un trozo de queso mirando la cumbre nevada y
pensando cuál sería la forma más rápida de llegar al castillo de Logan.
—No sé si es mejor que subamos ese camino a través de la montaña que
es más directo o que demos un rodeo; esto último parece más seguro, pero
creo que nos retrasaría.
Ian analizaba el camino preocupado por Amy, y ella, sin embargo, miraba
a su alrededor fijándose en las hierbas que crecían por la zona. Era una manía
que tenía, en todos los lugares nuevos que conocía buscaba plantas que le
pudieran servir para sus remedios. Para tranquilidad de Ian, fue el fraile el
que los sacó de dudas.
—Señor Douglas —William reprimió una sonrisa al escuchar cómo lo
llamaba —perdone, pero no creo que merezca la pena el peligro que
afrontaríamos al tomar el camino de la montaña. Verá, es tan peligroso que
hay que ir muy despacio y por eso nadie lo coge. Se tarda más o menos por
un sitio que por otro —William, entonces, se volvió hacia ellos, con las
manos en las caderas.
—De acuerdo, haremos lo que dice fray Jonás. Si ya habéis terminado de
comer, pongámonos en marcha que aún nos quedan un par de horas de viaje.
Entraron en el patio del castillo a la hora fijada y se dirigieron
directamente a los establos. Amy notó la mirada de extrañeza de Ian, que
estaba observando la empalizada que rodeaba el pueblo y el castillo con los
ojos entrecerrados.
—¿Qué ocurre?
—Es extraño que nadie nos haya preguntado qué hacemos por aquí. He
visto soldados en las almenas y en lo alto de la empalizada, pero nos dejan
continuar.
—Puede que conozcan a William…
—Aun así, no nos conocen a todos y no somos miembros del clan,
alguien nos tendría que haber preguntado antes de entrar qué queríamos, para
conocer nuestras intenciones.
—¿En casa lo hacen así? —Ian la miró con una sonrisa irónica.
—Si a alguno de mis hombres se le ocurriera dejar pasar a unos
desconocidos hasta el castillo sin preguntarles nada, te aseguro que se les
quitarían las ganas de volver a hacerlo.
—Ya —puso los ojos en blanco porque conocía el genio que tenía,
aunque ella también era de armas tomar.
Cuando llegaron a los establos, salieron dos chicos a recoger los caballos
y uno de ellos se dirigió a William.
—Hola, señor —miró el caballo de William y luego a él —me acuerdo de
usted — el Laird se rio.
—Más bien de mi caballo, ¿no, muchacho? —el jovencito asintió algo
colorado provocando la risa de William mientras bajaba de su enorme
caballo, pero cuando el muchacho vio el de Ian, que aún era más grande, se
acercó a él boquiabierto.
Ian ya había desmontado y estaba bajando a Amy de su yegua porque al
ser bajita, le costaba más hacerlo sola.
—¡Es el caballo más enorme que he visto en mi vida! —Antares,
sabiendo que hablaban de él, cabeceó y pateó un poco la tierra como si
celebrara que apreciaran sus encantos.
Amy miró a Ian con una sonrisa divertida, porque él siempre decía que
Antares estaba demasiado mimado y que era culpa de ella. El muchacho
cogió al animal por la brida con una admiración reverencial y se quedó
mirándolo. Entonces, Ian se acercó para hablar con él.
—Toma, esto es para ti —le dio una moneda, el mejor método que
conocía para conseguir información.
William había entrado en los establos para ver donde iban a quedarse los
caballos y se detuvo a un par de metros de ellos para escuchar la
conversación.
—Venimos a ver al laird Mackenzie —el chico miró a William, como si
supiera quien era y contestó, algo apurado.
—No creo que…el laird no se encuentra muy bien, señor. Pero pueden
hablar con Graham, es el que manda mientras el laird se recupera.
Al escuchar esas palabras, William se adelantó con gesto grave.
—¿Qué le pasa a tu Laird? —al escuchar su voz de enfado, el chico
retrocedió y movió la cabeza negando.
—No lo sé, señor, de verdad que no. Solo que no se encuentra bien, algo
le ocurre desde que se murió su esposa —Ian echó una mirada a William para
que se tranquilizara y se acercó al muchacho, hablándolo con voz tranquila.
—Muchas gracias, ¿cómo te llamas? —el chico desvió su mirada de
William a Ian y tragó saliva, nervioso.
—Cameron, señor, pero me llaman Cam —Cameron era un nombre muy
común.
—Gracias, Cam ¿Y al padre Ewan sabes dónde podemos localizarlo? —
Jonás se adelantó para decir que él sabía dónde encontrar a su tío, pero Ian le
echó una mirada que bastó para que cerrara la boca.
—Claro, sigan por esta calle unos metros y llegarán hasta una fuente,
luego, giren a la izquierda y enseguida encontrarán la iglesia. Allí suele estar
el padre.
—Gracias de nuevo, Cam y cuida bien de nuestros caballos.
Se alejaron un poco en la dirección que les había dicho el muchacho, pero
William se detuvo en cuanto estuvo seguro de que no podrían escucharlos.
—Esto no me gusta. Parece que tu tío tiene razón —le dijo al fraile —y
todos sabemos que solo hay una enfermedad que ningún clan confesaría que
tiene su Laird —Amy contestó pensativa.
—La locura —William asintió con los labios convertidos en una fina
línea, mientras echaba una rápida mirada al castillo.
Ian lo miró fijamente, antes de preguntar:
—¿Conoces bien a Graham? —Ian y Graham se habían visto en varias
reuniones de clanes y a Ian no le gustaba, pero casi no lo había tratado.
—Solo superficialmente, pero Logan tiene mucha confianza en él.
Recuerda que, además, son cuñados —William sacudió la cabeza intentando
despejarse —vayamos a ver a tu tío, fraile. Es inútil que nos quedemos aquí
imaginando cosas.
Siguieron a Jonás que temblaba pensando en el lío en el que le había
metido su tío.
TRES
Jonás los llevó hasta la pequeña iglesia, pero estaba vacía, después los
condujo a la sacristía, pero allí tampoco había nadie. Ian miró a su alrededor
donde se estaban las pocas cosas que el cura necesitaba para su trabajo.
—¿No se te ocurre algún sitio más donde pueda estar?
Jonás solo tardó un momento en responder:
—¡Sí, esperad!, puede que esté dando de comer a las gallinas. Es aquí al
lado.
Lo encontraron a pocas calles de allí. Estaba dentro de un pequeño
cercado por donde campaban a sus anchas una docena de gallinas bastante
ruidosas, que se peleaban por la comida que él les iba echando. Los tres
visitantes se quedaron atónitos al ver que un sencillo cura de pueblo, que
solían ser muy pobres, tuviera semejante caterva de aves.
—¡Tío! —Jonás, aliviado al verlo, saltó la cerca y lo abrazó durante un
momento.
El padre Ewan era un hombre larguirucho y muy delgado cuyo pelo, entre
castaño y rojizo, empezaba a escasear. Dio unos golpecitos cariñosos en el
hombro a Jonás, contento de que hubiera conseguido cumplir sus
instrucciones.
—Bien hecho, muchacho.
Después de guardar la escudilla con la comida de las gallinas, se acercó a
saludarlos.
—¡Cuánto me alegro de veros! —primero se acercó a William.
—Te agradezco mucho que hayas venido, William. Eres el único que
puede ayudarnos —William tenía el semblante preocupado cuando se volvió
hacia sus amigos.
—Te presento a Amy y a su marido, Ian. Son las personas de las que te
hablé y que me pedías en la carta que trajera —esperó a que se saludaran y
luego continuó —¿hay algún sitio donde podamos hablar en privado?
—Por supuesto, esa es mi casa —señaló una cabaña que había muy cerca
—venid, por favor.
La casa era la más sencilla en la que Amy había estado. Dentro solo había
un camastro, una mesa y dos sillas, y en una esquina, un lugar para hacer
fuego. William le pidió a Amy que se sentara junto al padre para que pudiera
preguntarle lo que quisiera. Él, Ian y Jonás se quedaron de pie, escuchando.
—Padre, necesito saber por qué cree que Margaret ha sido asesinada.
—Primero, es necesario que sepáis qué ocurrió pocos días antes de su
muerte —respiró hondo intentando ordenar sus ideas para expresarlas lo más
claramente posible —Hace un mes y medio, Margaret me llamó para que
fuera a verla —cambió de idea y rectificó antes de seguir hablando —no,
tengo que retroceder más aún y contaros cómo empezó todo. Sabéis que
estaba imposibilitada en una cama desde hacía muchos años, ¿no?
—Sí, William nos lo explicó.
—A pesar de su desgracia, Logan y Margaret se seguían queriendo, pero
ella…digamos que no había podido seguir cumpliendo con sus deberes
conyugales —se hizo un silencio en la pequeña habitación porque, por
primera vez, todos fueron conscientes del tipo de matrimonio que había
tenido Logan desde hacía mucho tiempo —durante los primeros años,
después del accidente, Logan y Margaret consultaron con todos los médicos y
curanderos que encontraron para que intentaran curarla, pero ninguno pudo
hacer nada por ella —movió la cabeza pesaroso, recordando la cantidad de
decepciones que habían sufrido en aquella época —hasta que asumieron que
nunca más volvería a andar. Entonces, Margaret se empeñó en algo que
provocó que, primero Logan y luego yo, discutiéramos con ella en muchas
ocasiones: buscó a una mujer del clan que quisiera hacer vida marital con él y
que pudiera darle un heredero.
Amy miró a su marido asombrada y él le cogió una mano sabiendo lo que
estaba pensando, lo desesperada que tenía que estar una mujer para hacer
algo así.
Ian se volvió hacia William:
—¿Tú lo sabías? —su Laird se encogió de hombros, algo incómodo.
—Supe que había tenido una hija con otra mujer, pero no sabía que había
sido idea de Margaret y tampoco que había convivido con ella.
El padre Ewan contestó enseguida.
—No llegó a convivir nunca con Alison, Logan se negó a hacerlo porque
creyó que sería una humillación para su mujer; pero sí tuvo una hija con ella,
Catriona.
—Entonces, ese nacimiento no resolvió el problema del heredero —
susurró Amy —y ¿qué pasó después?
—Lo que se veía venir, que Alison empezó a reclamar un lugar más
importante en la vida de Logan, hasta que él la desengañó y le dijo que eso no
ocurriría nunca. Al menos mientras su mujer siguiera viva —al escucharlo,
Amy se inclinó un poco hacia delante, expectante, porque ese parecía un
estupendo motivo para un asesinato —eso ocurrió hace muchos años y la
chica, ahora, es una mujer. Y tanto ella como su madre están bastante
amargadas por cómo se han desarrollado las cosas.
—¿Tanto como para asesinar a Margaret? —el cura se volvió hacia Ian.
—Eso no lo sé. El alma de cada uno de nosotros solo puede verla Dios.
En cualquier caso, solo os he dicho esto para que entendáis el resto de la
historia. Hace un mes y medio, Margaret me llamó para que fuera a verla. Me
dijo que había estado mucho tiempo dudando acerca de algo, pero que ya se
había decidido. Quería anular su matrimonio para que Logan pudiera volver a
casarse por la iglesia y, para conseguirlo, iba a acogerse a una antigua ley
escocesa según la cual, si un Laird no puede tener descendencia se puede
pedir la anulación de su matrimonio ante la iglesia —suspiró, recordando
aquel desagradable momento —por supuesto, no estuve de acuerdo con su
decisión, pero, después de días de discusiones, acepté hacer la consulta por
ella y viajé a Edimburgo, donde estuve en el despacho del obispo para
confirmar si existía esa posibilidad. Y cuando volví de viaje, estaba muerta.
—Y cuando se enteró de lo ocurrido, ¿qué pensó?
—Por supuesto, sentí mucho su muerte, pero creí que había sido una
muerte natural.
—¿Y por qué cambió de opinión?
—Cuando volví y hablé con Logan me pareció que había perdido la
razón, decía cosas que no tenían sentido y no parecía recordar que Margaret
había muerto. Cuando se lo dije a Graham, decidió que sería mejor que
Logan se quedara en sus habitaciones hasta que se recuperara, y fue cuando
empecé a pensar que era mucha casualidad que la muerte de Margaret se
hubiera producido justo cuando ella había decidido divorciarse.
—¿Y es usted el único que sospecha?
—No lo sé, porque estaba enferma desde hacía mucho tiempo. El médico
siempre decía que estaba bendecida por Dios porque llevaba muchos años
aguantando.
Unas fuertes pisadas acercándose por el camino de piedras que conducía a
la cabaña y que pudieron escuchar porque la puerta estaba abierta, hicieron
que todo el grupo mirara hacia fuera justo a tiempo para ver entrar a un
barbudo, rubio y musculoso que llevaba el tartán de los Mackenzie. Cuando
entró, se quedó mirándolos con un gesto inequívoco de autoridad, y William
se acercó a él para saludarlo.
—¡Graham, me alegro de verte! —el otro relajó un poco la mandíbula al
ver quién era y, a continuación, saludó a todos.
—Bienvenidos, perdonad que haya entrado así, pero en los establos me
han dicho que habían llegado unos desconocidos y que preguntaban por el
cura. He venido para asegurarme de que no había ningún problema.
Amy y el padre también se habían levantado, pero todos esperaron la
contestación de William.
—Hemos venido a ver primero al padre Ewan porque hemos viajado
acompañados por su sobrino y quería saludarlo, como es normal.
Graham se quedó mirando al joven fraile, que intentó aparentar
indiferencia, y se acercó a él con la mano extendida.
—Hola, creo que no nos conocemos —el fraile hizo un gesto negativo y
lo saludó, aunque Amy se dio cuenta de que tragaba saliva, nervioso.
Después, Graham se volvió hacia William.
—¿Estáis de paso? —el Laird de los Douglas le echó una de sus miradas
que dejaban clavado a cualquiera, pero en su voz no se notó lo que pensaba
de su pregunta.
—En parte sí, pero antes de seguir viaje quiero hablar con Logan largo y
tendido. Como sabes, intenté hacerlo varias veces después del entierro de
Margaret y fue imposible —entrecerró los ojos, mirando a Graham al que
igualaba en estatura, antes de añadir —y esta vez no me iré sin hablar con él.
A solas.
Graham se irguió, claramente contrariado. Ian a quien le pareció que
podría haber problemas, se acercó a ellos colocándose ligeramente entre su
Laird y él. Al ver su movimiento, Graham sonrió irónicamente.
—No recuerdo que nos avisarais de vuestra llegada.
—Hasta ahora tal cosa no había sido necesaria. Creía que nuestros clanes
eran amigos —replicó Ian, que era el más alto de los dos.
Él y Graham nunca se habían gustado demasiado y se midieron durante
unos instantes, hasta que el último claudicó.
—Por supuesto que lo somos, perdonadme si os ha parecido que
insinuaba otra cosa, es solo que todo este asunto de Logan nos tiene muy
nerviosos —enseñó las palmas de las manos en actitud pacífica.
—¿Qué es lo que le ocurre, Graham? —William no pensaba consentir
más tonterías, estaba harto de que nadie le dijera la verdad sobre su amigo.
—Mucho me temo que se ha vuelto loco.
La voz de Graham sonó muy triste y, después de eso, no hubo mucho más
que decir. Dejaron a Jonás con su tío y Amy susurró al pasar junto al padre
Ewan que volvería y los tres visitantes siguieron a Graham, que iba a
acompañarlos al castillo y a ordenar que les prepararan un par de
habitaciones.
Graham entró antes que ellos en el castillo y una mujer corrió hacia él
muy nerviosa mientras balbuceaba algo, sin darse cuenta de que ellos lo
seguían.
—¡Graham!, ¿qué ha pasado? —el aludido la cogió por la cintura y la
interrumpió para que no siguiera hablando:
—Moira, ¡mira quién está aquí! ¡William Douglas! —William miraba a
Graham con los ojos entrecerrados, pero se acercó a saludar a su mujer como
si no se hubiera dado cuenta de nada. Parecía que allí todos ocultaban algo —
ha venido con dos miembros de su clan, Ian y Amy, y los tres se van a quedar
a pasar unos días.
Moira, era una mujer muy bella tal y como les había dicho William, y
miró a Graham durante un instante como si estuviera loco, aunque, enseguida
se repuso y los saludó como la mejor de las anfitrionas.
—Graham, por favor, acompáñalos al salón para que descansen un
momento y que tomen algo. Mientras, avisaré a la señora Gordon para que
prepare sus habitaciones.
Después de pocos minutos, lo que indicó a Amy que la casa estaba muy
bien organizada, los dormitorios estaban preparados y subieron la escalera de
piedra que había frente al salón, siguiendo al ama de llaves, la señora
Gordon.
Graham y su mujer se quedaron en el salón.
Amy decidió hablar con la anciana por eso salió detrás de ella al pasillo,
dejando a Ian en la habitación que les había asignado. Pensaba que, estando
las dos solas, sería más fácil que hablara.
—Señora Gordon, perdone —susurró.
La anciana se volvió y la miró a los ojos. Era bajita y regordeta y llevaba
el pelo blanco peinado con un moño suelto. Parecía una mujer muy
agradable.
—¿Sí, querida?
—Verá —miró hacia las escaleras para estar segura de que no las
interrumpían —es que nuestro Laird, William, es muy amigo de Logan. No
sé si lo sabe —la otra asintió, y Amy se dio cuenta de que, al nombrar a
Logan, una sombra había atravesado su semblante —William está muy
preocupado por él y no conseguimos que nadie nos diga qué le pasa de
verdad —la mujer siguió mirándola fijamente y luego suspiró.
—Amy, mire, eso tendrán que hablarlo con Graham o con Moira, yo
realmente… —se acercó hasta estar casi pegada a ella.
—Escuche, soy sanadora. Y soy buena en mi trabajo, y si de verdad está
enfermo, estoy segura de que puedo ayudarlo. Es posible que no pueda
curarlo, pero debo intentarlo. Soy la boticaria del clan Douglas —la mujer,
entonces, la miró con más respeto.
—¿Es usted la nueva boticaria? —Amy asintió —creí que sería más
mayor, es usted muy joven para tener tanta fama.
—¿Fama?, creo que me está confundiendo con otra persona.
—No. Oímos que, al anterior boticario, Archie, lo habían asesinado y que
la nueva boticaria era aún mejor que él. Y, además, que ella y su marido
habían encontrado al asesino, que era alguien del clan ¿Es así?
—Sí.
—Entonces hablaré contigo, pero ahora no puedo entretenerme mucho
porque seguro que me están esperando abajo —echó un vistazo hacia la
escalera —solo te diré que creen que Logan se está volviendo loco por la
pérdida de su mujer, pero no quieren que se entere nadie porque no sabemos
quién sería el nuevo Laird, ya que Logan no tiene hijos.
—¿Quién lo está tratando?
—Aileen, la boticaria del castillo. La pobre hace lo que puede, pero se
está quedando ciega y, además, es muy mayor.
—Mañana me gustaría hablar con ella , pero necesitaré que alguien nos
presente —ella lo entendió enseguida.
—Sí, no te preocupes, querida, esta noche la veré. Solemos cenar juntas.
Por cierto, tutéame, me llamo Rosslyn.
—Claro ¿Podemos quedar mañana, para hablar sobre algunas cosas más?
—Búscame antes del desayuno. A esa hora suelo estar dando un paseo
por el huerto, cerca del pozo.
—De acuerdo. Muchas gracias, Rosslyn. —la anciana sonrió y se marchó.
Ian la esperaba de pie, cerca de la puerta.
—¿Lo has oído?
—Sí.
—Al menos ya sabemos por qué actúan de esa manera tan rara.
—Sí. Ahora hay que conseguir que nos dejen verlo, pero me temo que eso
será más difícil.
—¿Su habitación estará en este mismo ala? — Ian hizo un gesto negativo.
—No, las habitaciones de la familia estarán en la torre del homenaje, en
todos los castillos es así.
—Cierto —se quedó pensativa, pero dejó de hacerlo en cuanto sintió las
manos de Ian en sus pechos y a él tras ella, presionando su cuerpo contra el
suyo. Sonrió, divertida —me parece que noto que tienes un músculo rígido y
como curandera y como tu mujer… —consiguió que la dejara darse la vuelta
para poder verlo de frente, y frotó con la palma de la mano la protuberancia
que abultaba de manera antiestética su tartán, y que siempre le daba tanto
placer y dijo —es mi deber calmar y relajar todos tus músculos —Ian soltó
una carcajada.
—Estamos de acuerdo, querida esposa. Así que…¡vamos a ello! —sin
previo aviso, la cogió en brazos y la tiró sobre la cama y se tumbó encima
provocando que ella riera a carcajadas, pero las risas de los dos se fueron
apagando paulatinamente siendo remplazadas por gemidos de placer.
CUATRO
Había tantas cosas que organizar que no sabía cómo les iba a dar tiempo a
hacerlo, pero Amy, mientras Ian y William se encargaban de preparar la
distracción y la huida, se ocupó de ir a hablar con Jonás, a quien necesitaban
para que participara voluntariamente en la farsa que iban a representar.
Lo encontró dando de comer a las gallinas de su tío, que debían de ser las
gallinas más tragonas de toda Escocia, pero él no parecía divertirse
demasiado. No había rastros del padre Ewan por ningún sitio.
—Hola, Jonás —en cuanto la vio, lanzó el resto de la comida a las aves
que se lanzaron como fieras a por las semillas y, luego, se recogió el hábito
para saltar la verja y se acercó a ella sonriendo.
—¡Hola, Amy!, ¿cómo estás?
—Bien, bien, gracias. Vengo a pedirte un favor bastante gordo.
—Claro, ¿qué quieres? —Amy miró a su alrededor porque estaban a la
vista de todo el que pasara por el camino.
—¿Podemos entrar en la casa de tu tío?
—¡Sí, sí!, vamos. Perdona, es que no suelo tratar con mucha gente.
—Creía que vivías en comunidad en un monasterio.
—Bueno, en principio es así, claro, pero tengo algunos problemas de
rebeldía —entraron en la austera casa del padre Ewan y, cuando se sentaron,
continuó —y el prior cree que, estando aislado la mayor parte del tiempo,
cambiaré.
—Vamos, que te castiga —él suspiró y asintió con una mueca de tristeza
y, aunque no era el momento adecuado y tenía bastante prisa, sintió la
obligación de preguntarle —¿te gusta vivir allí?
—No lo he pensado nunca. Vivo allí porque es mi vocación.
—¿Estás seguro de eso? —pareció sorprendido.
—Claro.
—¿Por qué?
—No te entiendo.
—A ver, Jonás. ¿por qué entraste en el monasterio?, no, olvida esa
pregunta, ¿por qué te hiciste fraile?
—Pues somos ocho hermanos, y yo soy el quinto y mis padres…
—Ya, no me digas más —levantó una mano, para que no siguiera
hablando —escucha Jonás, aunque ahora vivas en un monasterio, no estás
obligado a pasar así tu vida, si no te gusta. Si es lo que quieres hacer, me
parece muy bien, pero, si no es así, no lo hagas.
—Pero…, no sé…, ¿qué podría hacer?
—¿Qué edad tienes?
—Diecisiete años.
—Entonces puedes hacer lo que quieras, eres tan joven que puedes
aprender cualquier oficio que te propongas. Si en estas tierras te resulta difícil
cambiar, puedes venir a mi clan, al menos hasta que decidas. Ian y yo te
ayudaremos. Solo tienes que pensar qué es lo que te gustaría hacer de verdad.
—Nadie me había preguntado nunca qué quería hacer. Muchas gracias,
Amy, me lo pensaré ¿Qué favor necesitas? —los dos se sobresaltaron al
escuchar cómo se abría la puerta. Era el padre Ewan que los miraba ceñudo.
—¿Ocurre algo? —Jonás salió en defensa de Amy, demostrando que era
tan listo como ella había imaginado.
—Tío, Amy necesita nuestra ayuda —el cura dejó el sombrero colgado de
un clavo que había en la pared y se dirigió a ella:
—¿En qué te podemos ayudar? —el muchacho se levantó para que su tío
pudiera sentarse y él se quedó de pie junto a ellos. Amy esperaba que el padre
Ewan estuviera tan preocupado por Logan como les había dicho.
—Hemos estado con Logan hace un rato —los dos la miraron admirados
porque hubieran conseguido tal cosa —y está bastante mal, no dudo de que,
si sigue así, morirá en poco tiempo —Jonás hizo un aspaviento, pero su tío se
pasó la mano por el pelo y comentó:
—Sabía que pasaba algo malo —la miró fijamente —¿no puedes curarlo?
—Me temo que no es una enfermedad común, sus síntomas son claros —
se miraron extrañados —lo están envenenando —el cura se quedó tan
sorprendido que no supo qué decir —por eso, debemos alejarlo de aquí,
¿entiende?
—Sí, hija, por desgracia lo entiendo muy bien. Aunque nunca me hubiera
imaginado algo como esto, porque conozco a Graham de toda la vida y
siempre lo he considerado un buen hombre ¿Qué quieres que hagamos?
—Necesito que Jonás nos ayude. Esta madrugada tendrá que entrar
gritando fuego en la torre del homenaje y conseguir que los guardias se vayan
—miró al muchacho — debes decirles que Graham te ha pedido que vayas a
buscarlos, para que ayuden a apagar el fuego. Y tienen que creerte.
—Pero enseguida se darán cuenta de que no hay fuego y volverán —ella
sonrió a Jonás dándose cuenta de que no se había equivocado con él.
—No te preocupes. Habrá fuego, pero no será dentro del castillo sino en
la cabaña, donde guardan los aperos de labranza. Está lo bastante lejos como
para que nos dé tiempo a sacar a Logan del castillo y llevárnoslo.
—¡Ah!, ya entiendo —a los dos les brillaban los ojos como si les
encantara formar parte del plan. Pero, de repente, el cura preguntó:
—Y ¿después?¿dónde lo vais a llevar?
—A nuestras tierras, claro. No podemos quedarnos por aquí.
—¿No es un viaje demasiado largo para un hombre tan enfermo?
—Sí, pero si no hay más remedio… —se encogió de hombros.
A ella tampoco le gustaba que tuviera que montar a caballo tantas horas,
pero por más vueltas que le habían dado, no se les ocurría otra cosa, y no
podían dejarlo aquí sabiendo que lo estaban asesinando poco a poco.
—Existe otra posibilidad —el padre miró a Jonás un momento antes de
seguir —podéis llevarlo al monasterio.
Amy se quedó extrañada.
—¿Al de Jonás?
—Sí, y él os puede llevar hasta allí. De cualquier manera, se tendrá que ir
del pueblo después de lo del fuego.
—Eso es verdad —acordó Amy.
—Entonces, podéis viajar todos juntos. Yo os daré una carta para que os
reciba el prior.
—¿Está seguro de que lo hará?
—Sí, es bastante cabezota y demasiado rígido, pero lo hará. Escribiré la
nota ahora mismo —mientras cogía lo necesario para hacerlo, Jonás volvió a
sentarse frente a ella y preguntó.
—Exactamente, ¿qué es lo que tengo que decir?
Harta de no dormir, se levantó intentando no hacer ruido, pero nunca
había podido hacer tal cosa sin que él se despertara.
—No entiendo que te puedas dormir sobre un caballo y que en la cama
seas tan inquieta.
—Y yo no entiendo que puedas dormir con la que vamos a liar dentro de
poco.
—Hay que aprovechar para descansar mientras se pueda —Ian se sentó
en la cama observando la figura de su mujer en la oscuridad —acuéstate,
cariño, podemos hablar mientras llega la hora de levantarnos —bostezó
involuntariamente.
—No, estoy harta de no poder dormir.
—Está bien —Ian se levantó, rápido como una serpiente y la cogió en
brazos llevándosela a la cama —entonces, intentaré distraerte.
—¡Ni se te ocurra! —susurró —¡Ian!, que tenemos que estar vestidos y
preparados dentro de poco… —acallada momentáneamente con un beso
apasionado, rio al escuchar su contestación.
—Creo que para dentro de tres horas, habré terminado contigo. No te
preocupes.
Terminó mucho antes, lo suficiente para que ella durmiera un rato antes
de tener que levantarse. En realidad, al final, Ian tuvo que despertarla.
Eran las tres de la mañana cuando un horrorizado Jonás abría la puerta de
la torre del homenaje y recorría corriendo los escasos metros que lo
separaban del primer guardia.
—¡Socorro, socorro! —el soldado lo miró al entrar, asombrado —¡fuego,
hay fuego fuera! —cogió al guardia por el pecho y lo zarandeó un poco, tal y
como le había dicho Amy que hiciera, para parecer muy nervioso.
—Padre, tranquilo —era evidente que el soldado no conocía el
tratamiento correcto que había que dar a los frailes —¿qué ocurre?
—¡Escucha, me manda Graham!, dice que vayáis los dos a ayudar a
apagar el fuego.
—Pero él nos ha dicho que no podemos movernos de aquí —en ese
momento apareció el otro guardia que había bajado las escaleras, preocupado
al escuchar el ruido.
—¿Qué pasa? —le contestó directamente su compañero.
—Graham lo ha enviado para avisarnos de que hay fuego y que debemos
ir a ayudar.
—¿Se está quemando el castillo? —al ver su rostro, Jonás se dio cuenta
de que el que acababa de llegar, era más miedoso que el otro.
—No, creo que es en la cabaña de las herramientas, pero tienen miedo de
que el fuego se extienda, por eso os pide que vayáis. Necesitan hombres para
acarrear cubos de agua —el nuevo asintió, pero el antiguo aún se resistió un
poco.
—Pero tenemos que quedarnos a vigilar… —su compañero lo contradijo.
—Aunque viniera alguien sin que estuviéramos nosotros, no podrían
entrar en la habitación. La puerta está cerrada con llave y es maciza, no
podrán echarla abajo —Jonás decidió darles un último empujón:
—Yo me puedo quedar a vigilar y si veo algo raro, os aviso.
Los dos soldados siguieron dudando hasta que avisó:
—Graham parecía muy alterado —entonces, salieron corriendo.
Segundos después entraban Amy, William e Ian que subieron corriendo
las escaleras y Jonás salió al pasillo a vigilar que no viniera nadie, mientras
intentaba que su corazón volviera a latir a un ritmo normal. Cuando apareció
su tío por la izquierda del pasillo, casi le da un infarto.
—¡Tío!
—Tranquilo soy yo, ¿cómo ha ido?
—Bien, pero me parecía que podían oír los latidos de mi corazón. Creía
que me iba a dar algo —el cura le revolvió el pelo con cariño.
—Iré a veros en cuanto pueda.
—Gracias, tío.
Ian y William ya salían, casi corriendo, de la torre llevando en volandas a
Logan, y Amy los seguía. Cuando el cura vio a su Laird, se santiguó porque
parecía un cadáver, por el color de su piel y porque, aunque tenía los ojos
abiertos, no parecía ver. Pasaron junto a él y se dirigieron a una de las puertas
traseras donde esperaban los caballos. Amy se paró un momento junto a
ellos.
—Tenga, padre y muchas gracias —le dio la llave que había que devolver
a Rosslyn, para que no pudieran involucrarla en lo ocurrido.
—Ahora mismo subo a echársela por debajo de su puerta, tal y como
quedasteis con ella. Así no sabrá quién se la ha devuelto.
—La está esperando, ¿vamos, Jonás? —el muchacho asintió, pero antes
de marcharse se abrazó durante un instante a su tío y luego corrió tras Amy,
que ya estaba llegando a la puerta trasera.
Habían sentado a Logan delante de William, en su mismo caballo. Era la
única manera de asegurarse de que no se caería. Ian esperaba con el resto de
los animales echando pestes por la tardanza de Amy y, cuando apareció, la
subió a su yegua con una mirada airada antes de montar él mismo, siendo
imitado por Jonás. Después, pusieron los caballos al paso hasta que salieron
de la empalizada y, a partir de ese momento, los dejaron galopar.
Y, tal y como había sucedido a su llegada, nadie los detuvo.
El monasterio estaba en plena montaña, a una hora de viaje y debido a lo
escarpado del camino no podían ir deprisa, por lo que Ian a veces se
desesperaba.
—William ¿quieres que lo lleve yo un rato? —conocía la dificultad de lo
que estaba haciendo su Laird.
En alguna ocasión en la que él había tenido que llevar de esa manera a un
compañero herido, había precisado de mucha fuerza para hacerlo, además,
era muy cansado ya que tenías que sujetarlo continuamente para que no se
cayera al suelo.
—Ya te he dicho que no. No seas pesado, Ian —Amy intervino para que
Ian se calmara.
—Déjalo ya. Tiene razón, es su amigo. Seguramente preferirá hacerlo él
—su marido asintió y volvió a hacer que su caballo retrocediera unos metros
para comprobar si todo estaba tranquilo a su espalda.
Volvió junto a Amy y Jonás cuando se aseguró de que no los seguían.
—¿Has visto a alguien? —negó con la cabeza sin mirarla porque estaba
observando a William y pensando en el problema en el que se habían metido.
Esperaba que todo saliera bien porque lo que habían hecho podía terminar
con una guerra entre los dos clanes.
—Confío en que estemos haciendo lo correcto —murmuró.
—Pues claro que es lo correcto, no podíamos hacer otra cosa.
Cuando llegaron, el fraile que estaba en la entrada abrió, somnoliento,
solo una rendija la puerta y miró a través de ella, hasta que vio a Jonás,
entonces sonrió y dijo:
—¡Jonás! ¡menos mal que has vuelto! ¡empezaba a creer que no lo harías!
Cuando abrió de par en par para que pudieran pasar, Amy se dio cuenta
de que debía de tener la misma edad que Jonás, aproximadamente.
—Vengo con unos amigos, Niall. Déjanos pasar y luego, tendrás que
avisar al Prior, porque traigo una carta que debe ver lo antes posible —su
amigo hizo lo que le pedía y, después de cerrar el portón metálico a cal y
canto, salió corriendo a buscar al prior con el hábito recogido con una mano
para no tropezar.
Jonás los condujo hasta una pequeña habitación que había junto a la
entrada donde había varias sillas, pero él volvió a salir.
—Voy a guardar los caballos —Ian le puso la mano en el hombro para
que lo esperara.
—Te acompaño, fraile —a Amy le hacía gracia que Ian no se decidiera a
llamarlo por su nombre, a pesar de que, por otro lado, lo tratara como a un
muchacho.
Aprovechó para observar cómo estaba Logan al que habían sentado en
una silla, y que no se había movido por propia voluntad desde que lo habían
sacado de su habitación. Era como un muñeco.
William se acercó a ella.
—¿Está peor?
—No lo creo. Sigue bajo el influjo del veneno, pero no esperaba otra
cosa. No hasta que consigamos que su cuerpo se purifique.
—¿Cuándo vas a empezar con la cura?
—Si puedo, ahora mismo. Quiero darle la primera infusión limpiadora
cuanto antes.
Su conversación se vio interrumpida por una fuerte voz.
—¿Qué está pasando aquí?
Amy se levantó para enfrentarse al Prior del monasterio que no parecía
exactamente contento de tenerlos en sus dominios.
SIETE
Sheena y Logan se habían sentado en la cama con las manos cogidas, aún
sin poder creerse que estaban juntos.
—¿Entonces, es cierto? ¿Estás embarazada? —ella asintió. Se sentía muy
feliz, pero necesitaba saber.
—¿Qué te ha pasado, Logan? La última vez que estuvimos juntos no
parecías tú. He venido con el padre Ewan, pero no me ha contado nada, solo
que estabas enfermo y que tenías que quedarte aquí para que te curaran —él
acarició su amado rostro, con la memoria poblándose de nuevo de los
recuerdos olvidados durante semanas y sintiendo cómo, a pesar suyo, se le
humedecían los ojos al pensar en lo cerca que había estado de no volver a
verla y de no saber que iba a tener un hijo suyo.
Tenía derecho a saberlo. El problema era que, él mismo, todavía no
entendía muy bien lo que le había ocurrido.
—Al parecer, alguien me ha estado haciendo beber un tónico que me
hacía perder la voluntad. Me lo ha explicado la sanadora de los Douglas. No
recuerdo gran cosa de estas semanas, después de la muerte de Margaret —la
miró apenado —ni siquiera recordaba que había muerto hasta esta mañana.
Lo veía todo a través de un velo y nada me importaba. Pero ya estoy mucho
mejor —besó la palma de su mano — la sanadora que ha traído William me
ha salvado.
—¡Bendita sea por ello! —volvió a abrazarlo con fuerza, pero él la separó
de su cuerpo, aunque a regañadientes. Había muchas cosas de las que debían
hablar.
—Sheena, después de lo que ha ocurrido, estoy más decidido que nunca a
que nos casemos. Hay muchas cosas que voy a tener que solucionar en
cuanto vuelva al clan, pero lo primero que quiero es que hagas de mí un
hombre honrado —ella sonrió por la broma, aunque estaba muy emocionada
—así que, luz de mi corazón, ¿quieres casarte conmigo? —por toda
respuesta, ella se abrazó a él con toda la fuerza que pudo.
Amy fue a buscar a Ian y a William a la ermita para hablar con ellos, pero
tuvo que esperar a que terminaran de subir una estructura de madera que
tenían en el suelo. Se veía que era muy pesada porque estaban utilizando una
polea y de la cuerda tiraban ellos dos, además de los dos frailes jóvenes que
había en el monasterio: Jonás y Niall. Cuando la tuvieron de pie, apoyada
contra la pared y ya no había peligro de que se cayera, Ian, con el sexto
sentido que siempre tenía hacia ella, se dio la vuelta y sonrió al verla. Y se
acercó a donde estaba en cuatro zancadas. Ella le dio la jarra de agua que
había traído para que bebiera, pero él la conocía muy bien y en cuanto dio un
par de tragos, se lo pasó a William que acababa de llegar y preguntó:
—¿Qué pasa?
—Acaba de llegar el padre Ewan con una… amiga —ya se enterarían de
los detalles más tarde, pero no los engañó porque los dos guerreros la miraron
con los ojos entrecerrados, aunque ella continuó como si no lo hubiera notado
—bueno, el caso es que acabo de hablar con él y con su… quiero decir, con
el prior —eso también se lo contaría más tarde —y nos ha dicho que Graham
y Moira han huido y que no sabía si decírselo a Logan. Yo le he dicho que
todavía no está bien para cargar con semejante responsabilidad… —William
la interrumpió.
—¡Amy!, no puedes ocultárselo ¡Ten en cuenta que ahora mismo su clan
está sin jefes! ¿qué ocurriría si alguien los atacara?
—Lo entiendo, William, pero Logan no está bien todavía. Solo llevamos
aquí dos días y ya no parece un muerto andante, pero aún le faltan fuerzas
para poder con algo así.
—Pero nos tiene a nosotros para ayudarlo —William miró agradecido a
Ian, que era el que había contestado. Cualquiera de los dos, sabían lo que
preferirían si estuvieran en el lugar de Logan: saber la verdad.
—¿Vosotros queréis decírselo?
—Logan tiene que saberlo —William pensó cuál sería la mejor forma de
decírselo —si está aquí el cura, quizás sea mejor dejar que él se lo diga. Él
sabrá cómo hacerlo mejor.
Amy fue a buscarlo y quedaron todos en la habitación de Logan, incluso
el prior que estaba resultando el peor de los cotillas, aunque ahora que
conocía su profesión a Amy no le extrañaba.
Cuando ella llegó con los dos hermanos, la puerta de la habitación estaba
abierta y dentro esperaban, junto a Logan y a Sheena que estaban sentados
muy juntos, William, Ian y Jonás. El prior se quedó apoyado en la puerta con
expresión impasible.
Logan reconoció al padre Ewan y lo saludó. El religioso se emocionó al
verlo y se acercó para abrazarlo, luego, el Laird de los Mackenzie volvió a
entrelazar sus dedos con los de la muchacha que estaba a su lado. Amy se fijó
en que Sheena tenía la otra mano reposando sobre su vientre, en el típico
gesto de protección que solían hacer las mujeres embarazadas. Cuando todos
aseguraron que estaban cómodos, Logan se dirigió al cura.
—Ewan, Sheena me ha dicho que tienes algo que contarme —el cura
carraspeó nervioso y, sorprendentemente, miró a la muchacha que asintió,
como si lo animara a hacerlo sabiendo, ahora que lo había visto y había
hablado con él, que Logan lo resistiría.
—Logan, durante estas semanas en las que has estado enfermo Graham
ha tomado el control del clan ayudado por Moira. Te mantenían encerrado
todo el tiempo. Incluso cuando vinieron a verte estos amigos —hizo un gesto
abarcándolos a todos — no querían dejarles hacerlo —Logan entrecerró los
ojos claramente molesto.
—Desde ayer, gracias a Amy tengo la mente más despejada, y me he
dado cuenta de que tuvo que ser Moira la que me envenenó. Ella sabe de
hierbas porque siempre le han gustado, pero ¿Graham? Él y yo nos criamos
juntos…
William intervino.
—Logan, ella no podría haberlo hecho si él no hubiera estado de acuerdo.
Tenías dos guardias custodiándote continuamente en tu dormitorio para que
no pudieras escapar, y para que nadie pudiera acercarse a ti. Pero siempre has
tenido amigos que se han preocupado por ti, entre otros, estás aquí gracias a
Aileen y a Rosslyn.
—Y a él —Ian señaló al cura. Logan estaba muy serio y volvió a mirar al
padre Ewan instándolo a que continuara, lo que hizo enseguida:
—Graham y Moira desaparecieron ayer. Cuando estos amigos te
rescataron, Graham tomó varios hombres y te estuvieron buscando por los
alrededores, pero a nadie se le ocurrió que pudieras estar aquí. Debieron de
pensar que te llevarían a las tierras de los Douglas.
—Entonces ¡han dejado el clan sin protección! —bramó.
Esa fue la primera vez que Amy lo vio en todo su esplendor, seguía
manteniendo en su enorme mano la pequeña de Sheena, pero todo su cuerpo
vibraba deseando volver a su casa. William miró a Ian.
—Si quieres, podemos adelantarnos nosotros para evitar que haya
problemas.
—¡No, ya estoy mejor y volveré hoy mismo! Es poco más de una hora de
camino, ¡maldita sea! —ahora sí se soltó de Sheena que se mordió el labio
preocupada mirando a Amy. Pero la sanadora había cambiado de opinión con
respecto al viaje, al ver la reacción de Logan.
—Tiene que seguir durante unos días con el tratamiento, pero creo que
puede ser bueno para él volver, siempre y cuando tenga mucho cuidado con
lo que come y con lo que bebe.
—Cuenta con nosotros para lo que necesites, Logan. Tendrás que
deshacerte de los que hayan sido leales a Graham, traicionándote de una
manera tan vil —William, como Laird de los Douglas, sabía de lo que
hablaba y que no se podía consentir una traición semejante. Para un clan era
el peor crimen, después del asesinato y solía castigarse con la muerte o el
destierro.
—Lo sé y gracias, William. Por supuesto, acepto tu ofrecimiento.
—Entonces, ¿a qué esperamos? —Ian estaba deseando entrar en acción.
Amy lo miraba fastidiada porque solo le faltaba frotarse las manos pensando
en pelear ¡El muy bruto!
Pero William les recordó algo.
—¡No podemos irnos hasta que no terminemos la estructura de la ermita,
lo hemos prometido! —Logan preguntó, extrañado.
—¿A qué te refieres?
—Vinimos aquí porque no queríamos que montaras tantas horas, pero,
para poder quedarnos, el prior nos hizo prometer —puntualizó con algo de
resentimiento —que Ian y yo ayudaríamos en las obras de la ermita.
Logan entrecerró los ojos al conocer el trato, pero enseguida encontró una
solución:
—Eso no es problema. En cuanto pueda, le enviaré varios hombres para
que se queden aquí unos días y que ayuden a terminarlas ¿Le parece bien?
El prior inclinó la cabeza dignamente y todos se movieron hacia la puerta
como si hubieran entendido que ese era el final de la charla.
—Una última pregunta —todos se detuvieron, aunque Logan se dirigía a
Amy —¿podrías saber, viendo el cadáver de Margaret, si fue envenenada? —
ella lo miró fijamente, no porque no estuviera segura de sus capacidades, sino
porque no sabía si él estaría preparado para la verdad cuando la descubriera.
—Sí, ya lo he hecho antes.
—Entonces, en cuanto volvamos, si a William no le importa que siga
utilizando tus servicios, quiero que sea lo primero que hagas.
—Así lo haré.
Después, salieron del dormitorio, excepto Logan y Sheena que se
abrazaron en cuanto se cerró la puerta. Ella había apoyado la cabeza en su
pecho y estaba abrazada a su cuello, y él la tenía presa por la cintura
pensando que haría lo que fuera por protegerlos a ella y al hijo que llevaba
dentro.
Solo hacía dos horas que habían llegado y ya habían huido todos los
cómplices de Graham, que habían resultado ser media docena de soldados.
Logan había ordenado a otros diez que le eran totalmente fieles que siguieran
las órdenes de Ian y le había pedido que fueran tras ellos y tras Graham y
Moira. Antes de salir, Ian había buscado a Amy para darle un beso feroz en la
boca, lo que hizo delante de Aileen provocando la risa de la anciana. La había
levantado a pulso y ella, pegando sus labios a su oído, le advirtió:
—Ten cuidado, so bruto, porque estoy embarazada y tu hijo y yo
queremos que vuelvas de una pieza —sintió cómo la apretaba durante un
momento con más fuerza y luego cómo la bajaba de nuevo al suelo con un
cuidado infinito. Después la tomó por la barbilla, mirándola a los ojos, y
confesó sin ninguna vergüenza porque la anciana estuviera escuchando:
—Es imposible que nunca pueda llegar a amarte más que en este
momento —después, le dio un último beso con tanta ternura que consiguió
que se le llenaran los ojos de lágrimas. Y se marchó.
Cuando miró a Aileen, se estaba limpiando las lágrimas con un pañuelo,
con el que después se sonó con fuerza:
—¡Ay, Dios mío! ¡ojalá hubiera tenido uno como este para mí! —Amy
sonrió mostrando sus hoyuelos y se acercó a su silla.
—No siempre nos hemos llevado tan bien. A veces hemos tenido una
relación difícil, pero ahora no lo cambiaría por nada del mundo.
—Serías tonta si lo hicieras, pero sigue con lo que me estabas contando,
¿Rosslyn tenía razón? ¿Logan estaba con una chica antes de que muriera
Margaret? —por la forma en que lo había preguntado, le pareció que iba a
criticarlo por lo que se apresuró a decir:
—No creo que dejara de querer a Margaret, pero el amor también se
mantiene gracias al contacto físico, no se puede pretender que…
—¡Para, para, muchacha!, que no iba a decir nada en contra de él. Creo
que ya te conté cuando nos conocimos, que esos dos se querían muchísimo y
que entendía que él hubiera cogido una amante. Lo intentó con esa Allison,
pero —se encogió de hombros —entonces, ¿qué ocurrió con Margaret?, ¿la
asesinaron entre Graham y Moira?
—Todavía no lo sabemos. Mañana van a desenterrarla para que pueda ver
el cadáver y, después, espero poder saber cómo murió —Aileen se santiguó.
—¡Por Dios!, ¿lo dices en serio?
—Sí.
Para ella también era algo muy desagradable, pero había descubierto en
su primer caso que, estudiar el cadáver, era necesario para descubrir si una
persona había muerto envenenada o no.
Logan, mientras, estaba en el salón con William hablando sobre las
noticias que acababan de llegar. Ian había enviado un soldado para decirles
que habían encontrado un rastro que parecía ser de Graham y Moira, y les
avisaba de que se adentrarían un poco más en la montaña para seguirlo.
El día había llegado. Al alba, cuando el sol aún no había salido del todo,
cuatro soldados seguidos por Logan, Ian y William, llevaron el cuerpo de
Margaret hasta el sótano donde estaban los dominios de Aileen, que era
donde Amy lo iba a estudiar. Les indicó que lo colocaran encima de la mesa
donde solía trabajar la boticaria y esperó a que todos se fueran.
William cogió a Logan por el brazo para acompañarlo, pero este, antes de
marcharse, puso la palma de la mano sobre la cabeza de su mujer, cuyo rostro
tenía un gesto tranquilo que la muerte y la enfermedad no habían podido
borrar.
—Adiós, cariño.
Después, dejó que William lo sacara de allí. Ya había dicho que cuando
Amy terminara, él no los acompañaría al camposanto, porque no se sentía
con fuerzas para volver a enterrarla.
Amy miró a su marido extrañada de que no saliera, pero él seguía de pie,
a su lado, mirándola preocupado. Y no hacía falta que le dijera nada para
saber lo que pensaba.
—Ian, vete tranquilo, no pasa nada. Me encuentro bien —él se marchó,
pero ella sabía que estaría preocupado hasta que volviera a verla. Ya había
supuesto que, estando embarazada, su afán de protección hacia ella sería
todavía mayor.
Aileen, al ver que se quedaban solas, se remangó y preguntó:
—¿En qué te puedo ayudar?
—En nada, solamente tengo que verificar un par de cosas —por un
momento, sintió un escalofrío al recordar la muerte de su querido amigo
Archie, pero se obligó a concentrarse en el cadáver y le abrió la boca para ver
de qué color era la lengua. Y cuando lo vio, lo supo.
Solo media hora después, estaba comunicándoselo a Logan.
—¿Estás segura?
—Sí, la lengua se ha puesto negra y las uñas azules. Son síntomas claros
de envenenamiento.
Logan se levantó y anduvo hasta la ventana frotándose la nunca. En
realidad, la contestación de Amy era la que esperaba, pero aún no podía
asumir que su mujer hubiera sido asesinada por su propia hermana.
—Está bien —a través del cristal observó cómo sus soldados llevaban el
cadáver, de nuevo amortajado, hacia el cementerio. Iban acompañados por el
padre Ewan que había insistido en rezar ante la tumba antes de enterrarla de
nuevo.
En ese momento, vio que volvía Ian con los soldados que se había llevado
y alguien más al que llevaban en un caballo. Enseguida, comenzó a andar
hacia la puerta.
—Ven conmigo, creo que traen a alguien herido.
Amy bajó corriendo las escaleras hasta el patio donde vio que Ian traía de
la brida el caballo donde viajaba el herido, que no era otro que Graham. Tenía
todo el tartán ensangrentado y, aunque Ian le había puesto su camisa sobre el
pecho atándola con las mangas, intentando evitar que siguiera sangrando, no
había servido de mucho.
Logan parecía haberse quedado mudo, pero Amy no.
—¡Bajadlo a la botica!
Corrió delante de ellos para preparar las cosas que necesitaría para
curarlo, pero, en cuanto le cortó la camisa y el tartán ayudada por Ian y vio la
fea cuchillada que tenía en el pecho, supo que no tenía solución. Y las
palabras de Graham le confirmaron que él también lo sabía.
—No te molestes, sanadora, sé que no tengo cura. Solo he aguantado
hasta ahora para hablar con Logan.
El aludido se mantenía en el umbral de la habitación y parecía reacio a
acercarse más. Todos lo miraban, pero él seguía parado en el mismo sitio
hasta que Graham susurró:
—Logan, por favor, no dejes que muera sin pedirte perdón —sus palabras
fueron decisivas y el Laird pasó a través de sus soldados que estaban sucios y
cansados, y junto a Ian y William.
Amy iba a preparar una poción para quitarle el dolor, pero Aileen la
sujetó por el brazo, negando con la cabeza, acostumbrada a saber cuándo una
muerte era inminente.
—Habla —era curioso ver que los dos hombres parecían tener la misma
expresión de angustia.
—Lo siento. Sé que eso no es bastante, pero quería tanto a Moira que
cuando supe que había matado a Margaret, no fui capaz de decírtelo. Aunque
sabía que obraba mal.
—No importa cuánto la quisieras, eso no hace que dejes de ser un traidor.
—Lo sé y purgaré mis penas en el más allá, pero déjame terminar —
intentó levantar la mano para coger la de Logan, pero no pudo —lo que más
siento, porque eso sí que lo consentí, fue lo que te hizo a ti. Para mí fue como
si yo también muriera un poco cada día al verte así —Logan necesitaba que le
respondiera solo a una pregunta.
—¿Por qué lo hizo?
—Moira no estaba de acuerdo con la decisión de Margaret de divorciarse
de ti, porque desde que se quedó inválida, disfrutaba mucho con su posición
en el clan, sustituyendo a su hermana. Quería que todo siguiera igual, por eso
la mató y luego te empezó a dar esas pócimas, para tenerte controlado y
seguir mandando en el clan.
—Y a ti no te venía mal ser el nuevo Laird, ¿no es cierto?
—Nunca he ambicionado tu puesto, creo que lo sabes. Pero el amor que
le he tenido a Moira ha sido superior a todo, incluso a mis principios. Cuando
William y sus amigos te sacaron de aquí, enseguida me di cuenta de que te
recuperarías y huimos con algo de dinero. En el camino de la montaña Moira
se volvió contra mí y me clavó un puñal que yo no sabía ni que llevaba,
forcejeamos y ella se despeñó. Murió al instante, ha sido más afortunada que
yo —sonrió con los dientes llenos de sangre —bueno, creo que eso es todo —
después, Graham murió.
En la sala se hizo un silencio sepulcral y, ante la sorpresa de todos, Logan
cerró los ojos de su antiguo amigo y puso la mano en su frente durante un
instante. Luego, se marchó.
EPÍLOGO
FIN
¡Hola!
Soy Margotte Channing, la escritora de esta novela
Quiero invitarte a participar en un SORTEO que realizo solo con mis lectores, para ganar una de
mis NOVELAS GRATIS (puedes elegir la que quieras cuando ganes).
Si estás interesado o interesada solo tienes que ir al enlace www.margottechanning.com/sorteo y
rellenar con tu nombre, correo electrónico y muy importante, ¡el código secreto! “AMY”
A final de mes realizaré el sorteo y te mandaré un correo con el ganador.
Muchas gracias por tu atención, y ¡buena suerte!
Margotte Channing
www.margottechanning.com