LUIS PORTA
Jonathan Aguirre | Laura Proasi | Francisco Ramallo | María Marta Yedaide LUIS PORTA
Pasiones : Luis Porta / Jonathan Aguirre ... [et al.]. - 1a ed. - Mar del Plata : EUDEM,
2023.
Libro digital, PDF
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-8997-30-8
1. Biografías. I. Aguirre, Jonathan.
CDD 860.9982
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723 de Propiedad Intelectual.
Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio o método,
sin autorización de los autores.
ISBN: 978-987-8997-30-8
Primera edición: noviembre 2023
© 2023 Eudem
Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata
Jujuy 1731, Mar del Plata, Argentina.
Colección Pasiones; dirigida por el Dr. Luis Porta y la Dra. Cristina Martinez
Diseño de la colección: Pulpa Lab
Diseño y maquetación: Candelaria Giungi
COLABORADORAS
Alicia Camilloni, Cecilia Colombani e Isabel Molinas
PARTICIPANTES (ENTREVISTADOS)
Octavio Porta, Lorena Porta, Laurena Bottini, Lola Bottini,
Cristina Cingolani, Eduardo Vázquez (Tío Negro), Elsa Cabrer,
Laura Vázquez, Zulema Porta, Maria Elena (Male) Solaberrieta,
Nora Solaberrieta y Leonor (Nina) Solaberrieta
NARRADORES
Agustina Ibañez, Alejandro Busto, Alicia Villagra, Andrés
Moliterno, Boris Chumbi, Braian Marchetti, Carolina Abdala,
Claudia De Laurentis, Cristina Cingolani, Daniel Suárez,
Emilce Vuyovich, Enrique Andriotti Romanín, Federico
Ayciriet, Gabriela Cadaveira, Gladys Cañueto, Graciela Di
Franco, Graciela Flores, José Tranier, Liliana Sanjurjo, Lorena
Niubó, Luciana Berengeno, Maite Alcalá , María Alejandra
Estifique, Marcela Ristol, María Galluzzi, María Cristina Sarasa,
María Victoria Crego, Mariana Maggio, Mari Fierro, Mariana
Foutel, Majo Cosentino, Marilina Lipsman, Mónica Marquina,
Noemí Conforti, Paula González, Rossana Godoy Lenz, Sabrina
Dippólito, Sebastian Trueba, Silvia Branda, Silvia Grinberg,
Silvia Siderac, Silvia Sleimen, Susana Lazzaris, Tiago Ribeiro,
Violeta Guyot, Ximena Magalí Villarreal, Yamila Amos,
Zelmira Álvarez.
ÍNDICE
09. Prólogo
19. Introducción
Paisajes atávicos
39. Primera Parte
Unas lentes sensibles para acercarnos a Luis
177. Segunda Parte
Luis Porta y una vida fecunda, sagaz y sensible
269. Tercera parte
Resonancias
327. Coda Autobiográfica
PRÓLOGO
Alicia Camilloni1
Es un placer y un honor esta oportunidad de participar en
una obra que responde al deseo y tiene la intención de rendir
un homenaje a un colega que, como Luis Porta ha realizado
una labor tan encomiable en el campo de la educación. Es un
trabajo prolífico en todos los sentidos, por sus acciones en la
gestión académica, sus actividades en la docencia de grado y
posgrado, en la formación de discípulos, en la investigación
y en una nutrida y compacta producción escrita de excelente
factura. En todos estos aspectos de la tarea profesional Luis ha
exhibido caracteres manifiestos de gran laboriosidad, seriedad,
honestidad, responsabilidad, curiosidad, comunicatividad,
generosidad, estudiosidad (si la palabra existiera) y ética. Tareas
todas desarrolladas en acuerdo con principios e intereses que
no se limitan a lo estrictamente pedagógico, sino que cruzan y
se entrecruzan con distintos campos de la cultura.
Por ende, son diversas las cuestiones a las que podría alu-
dir en este momento de tan merecido homenaje. Voy a poner
el acento en sus investigaciones y, particularmente en sus
intereses y sus ideas con respecto a la construcción de un apa-
rato meta teórico para la investigación en un tema que es tan
importante para la educación, como son sus estudios sobre los
docentes. El esquema conceptual, la naturaleza y el alcance de
1. Profesora Emérita de la Universidad de Buenos Aires. Reconocida
especialista nacional e internacional en el campo de la Didáctica y de la
Educación Superior.
prólogo .9
la comprensión y la explicación, los propósitos de la explora-
ción y de la interpretación de los resultados en la investiga-
ción son definitorios de la validez que se puede asignar a los
aportes de las investigaciones. La originalidad de las perspec-
tivas desde las cuales se estudian los sujetos, los objetos y los
procesos definirá su novedad y, en consecuencia, el valor de
innovatividad de problemas y hallazgos, de la postulación de
nuevos focos de atención y la posibilidad de resolver nuevos y,
a veces, viejos problemas.
Nuestro maestro epistemólogo Félix Schuster (1992) decía
que cuando hay “coexistencia de metas o ideas alternativas en
la ciencia social, ellas derivan en la definición de metodologías
peculiares”. Y dice Cecilia Hidalgo, “esa peculiaridad determina
su potencialidad heurística y comunicativa”. Los trabajos de
Luis Porta y de Luis Porta y colaboradores plantean una meto-
dología con peculiaridades que tienen la capacidad de revelar
aspectos no estudiados rutinariamente y emplear métodos que
recurren a nuevas fuentes de información en las investigacio-
nes que despliegan sobre su tema de interés. Luis y su equipo
de investigación formulan, justifican y desarrollan una propues-
ta de reconceptualización de principios y prácticas de investiga-
ción en educación. Esta metodología se podría enmarcar en una
línea de trabajo que, en el dominio de las diferentes disciplinas
que se inscriben en el campo de la Teoría Social, ha venido ma-
durando y creciendo en las últimas décadas en la que es deno-
minada por Anthony Giddens como “teoría social hermenéuti-
camente informada”. Con base en la búsqueda de comprensión
de los significados de las experiencias vividas y las acciones de
los agentes humanos, parte del reconocimiento de la capacidad
de los seres humanos para convertirse en conocedores de su
propia existencia, su historia y su presente, con vistas a pensar
los futuros, en este caso, en el dominio de la educación. La iden-
tificación de buenas prácticas de enseñanza, de la resonancia
ética y emocional, de la clase como acontecimiento, de “profe-
sores memorables”, “apasionados” con una triple pasión, por su
10. prólogo
disciplina, por los estudiantes y por la enseñanza, indican un
camino que se desenvuelve progresivamente y una heurística
que se replantea las problemáticas procurando comprenderlas
y, si es posible, explicarlas. No deja de lado la dimensión pra-
xeológica y sigue, así, la senda que acepta el reto que enfrentan
las disciplinas que no solamente están comprometidas con la
labor de brindar definiciones de los significados y las orienta-
ciones (producción y reproducción) de las conductas humanas,
sino que se preguntan por la deseabilidad de acciones y emocio-
nes y por su significado en los acontecimientos de enseñanza.
Recurrimos a tres autores significativos en los términos en
que plantea Luis con relación a sus preocupaciones epistemoló-
gicas en las investigaciones que emprende.
La epistemología y la creatividad
Una autora mencionada con frecuencia en sus trabajos es Rosi
Braidotti. En su libro El conocimiento posthumano (2020) la autora
analiza el profundo impacto de las revoluciones que en diferen-
tes campos del conocimiento y la acción se están produciendo
actualmente en tres áreas: la constitución de subjetividades
emergentes, la producción científica y la práctica de las huma-
nidades académicas. Por esta razón, “ir más allá de los viejos
esquemas con que el Hombre se definió a sí mismo se torna
hoy no sólo una necesidad, sino también una exigencia ética”,
“es un llamado crítico: el proyecto de reconfigurar los saberes y
la experiencia es una invitación a pensar con audacia y creati-
vidad”. En Transposiciones. Sobre la ética nómada (2018), Braidotti
define a esa ética “como una reconfiguración fundamental de
nuestro ser en el mundo, (que) reclama una mayor creatividad
conceptual en la producción de cosmovisiones que nos doten
de mayores posibilidades para actuar éticamente en un mundo
intermediado tecnológica y globalmente.” Sus ideas acerca de
la teoría y la práctica en el dominio de las humanidades y las
prólogo .11
ciencias sociales tienen especial interés para los investigadores
en esos terrenos. En su libro Lo Posthumano (2015) establece que
uno de los principales retos actuales consiste en desarrollar
nuevas relaciones sociales y con nuestro entorno en favor de la
sostenibilidad y las nuevas oportunidades “en un contexto do-
minado por la convergencia de diversas y muy distintas ramas
de la tecnología, en particular nanotecnologías, biotecnologías,
tecnologías de la información y ciencias cognitivas”. Hace,
pues, un llamado a la construcción de nuevas epistemologías
para el estudio no sólo descriptivo sino también normativo de
las acciones humanas.
Las nuevas epistemologías
Para ubicarnos en la construcción de una epistemología crítica
nos remitimos nosotros a la obra del investigador suizo Werner
Ulrich, quien se propone sentar las bases de este enfoque de la
epistemología. Se ocupa de desarrollar una Heurística de sistemas
críticos (Ulrich 1983), que él presenta como el primer intento
sistemático de proporcionar tanto una base filosófica como un
marco práctico para el pensamiento de sistemas críticos. “Entre
las herramientas conceptuales de especial relevancia para
este tema central, cuento, afirma, con la filosofía de la ciencia
aplicada y la experiencia; filosofía práctica y teoría del discur-
so (incluida la ética del discurso); filosofía de investigación; el
estudio social de la ciencia y la práctica de la investigación en
el contexto de la sociedad civil (estudios de ciencia y sociedad);
filosofía de gestión y una base metodológica importante, mi
propio trabajo sobre el pensamiento y la práctica de sistemas
críticos, heurística y pragmatismo crítico2. Formula un conjunto
2. Werner Ulrich’s Home Page: Exploring Discourse Ethics (2/2) Ulrich’s Bimonthly.
Formerly”Picture of the Month” May-June 2010
12. prólogo
de observaciones fundamentales. La primera: Un enfoque críti-
co no produce respuestas correctas únicas, pero puede apoyar
procesos de reflexión y debate sobre supuestos alternativos.
Se requiere un enfoque crítico, ya que no existe una única ma-
nera correcta de decidir esas cuestiones porque las respuestas
dependerán de los intereses y puntos de vista personales, las
suposiciones de valor. Y una segunda observación clave:
“En la ciencia de la gestión y otras disciplinas aplicadas, los
procedimientos heurísticos sirven para identificar y explorar
aspectos relevantes de los problemas, preguntas o estrategias
de solución, a diferencia de los procedimientos algorítmicos,
que sirven para resolver problemas que están lógica y matemá-
ticamente bien definidos. La tercera: “La práctica profesional
no puede prescindir de la heurística, ya que generalmente par-
te de cuestiones “suaves” (mal definidas, cualitativas) como cuál
es el problema para resolver y qué tipo de cambio representaría
una mejora”. La cuarta observación: “La práctica profesional
sólida es una práctica crítica”. En resumen, la Heurística de
sistemas críticos (CSH) puede definirse como una metodolo-
gía crítica para identificar y debatir juicios de límites. Como
señalaba Braidotti, se trata de cruzar los límites, de desarro-
llar el nomadismo, y a diferencia del concepto dominante de
práctica reflexiva (Schön, 1983), quien sostiene que la docencia
es sólo una semi-profesión, según él la reflexión crítica aun en
las que sí son profesiones, apunta a desarrollar “la libertad de
aprender haciendo, en un contexto de riesgo relativamente
bajo, con posibilidades de acceso a tutores que inician a los
estudiantes en las «tradiciones de la profesión» y les ayudan,
por medio de la «forma correcta de decir», a ver por sí mismos
y a su manera aquello que más necesitan ver”, la heurística de
sistemas críticos tiene, afirma Ulrich, aunque no únicamente,
implicaciones emancipadoras (el aspecto por el que es más
conocido), porque su principio metodológico básico de críti-
ca sistemática de límites es vital para una buena práctica.
prólogo .13
La imaginación y la memorabilidad
El tercer autor, que mencionamos porque tiene preocupacio-
nes afines a las de Luis Porta y a las que estamos planteando
aquí, es el filósofo de la educación canadiense Kieran Egan.
Como filósofo de la educación y como educador, Kieran Egan
se caracterizó por dar gran importancia a la imaginación en la
enseñanza porque reconocía su valor pedagógico e, igualmen-
te, su utilidad como herramienta de producción de conoci-
miento. Postuló en la teoría y en la práctica “la creencia de
que todo el conocimiento es conocimiento humano, que surge
de esperanzas, temores y pasiones humanas. La vinculación
entre la imaginación y el conocimiento proviene del aprendi-
zaje en el contexto de las esperanzas, los temores y las pasio-
nes a partir de las cuáles ha surgido o en las cuales encuentra
esta relación un significado tangible.
Una herramienta que es posible ver en uso activamente
generador y productor de conocimiento en el pensamiento
cotidiano de los niños lo constituye el uso de imágenes men-
tales vívidas. “Si les pidiera que recordaran el momento más
importante de sus vidas, seguramente traerían a la memoria
una serie de imágenes.” Esas imágenes no serían similares a
cuadros colgados en los muros de su mente. Las imágenes esta-
rían imbuidas de emociones. Sabemos que las situaciones, las
personas, los objetos que recordamos mejor son las que están
asociadas a imágenes. Afirma Kieran Egan que “la imagen es la
más poderosa forma de comunicación entre mente y mente”.
Se refiere a las imágenes creadas en la mente por efecto de
las palabras. Esta habilidad para generar imágenes a partir de
palabras es un gran estímulo para la imaginación y una pode-
rosa herramienta de aprendizaje. ¿Qué es, entonces, la ima-
ginación? “La habilidad para pensar sobre lo posible. Por esta
razón, la imaginación enriquece el pensamiento racional, lo
enlaza con las emociones de profesores y de alumnos facilitan-
do el desempeño con diversas modalidades de comprensión.
14. prólogo
La heurística en la investigación en educación puede, asimis-
mo, enriquecerse imaginando lo posible. De esta manera, se
podrá encontrar lo inesperado. George Snyders (1988) nos
alertaba: “La realidad es inagotable y nuestras ideas nunca la
alcanzan de modo definitivo”.
Hay convergencia, como ha sido reconocido por diferentes
autores, entre las disciplinas que estudian estas cuestiones
desde la Teoría Social y desde la epistemología, sin que se pue-
da perder de vista la proyección que es menester asumir de
que es imposible abandonar la idea esencial en el estudio de
lo social, de que siempre habrá de aceptarse la posibilidad de
que se asuman diferentes perspectivas y que haya que poner
atención en las elaboraciones que surgen de diferentes fren-
tes. Todo consenso será limitado, casi efímero tal vez, pero
fructífero en ideas y teorías y, por esta razón, imprescindible.
Similar es lo que ocurre con el disenso. La pluralidad es con-
dición de existencia en las ciencias sociales. Los procesos de
hibridación que han ocurrido en las disciplinas sociales han
dado lugar a la gran riqueza de los intercambios de conceptos,
descubrimientos, metodologías y perspectivas. Y a la confor-
mación de identidades hibridadas en los investigadores, como
lo señalan Matei Dogan y Robert Pahre. Entiendo que en esa
“marginalidad creativa” se colocan Luis y Luis y sus colabora-
dores, como observadores de sí mismos y como investigadores
que observan e interpretan a los actores, las acciones, los
procesos y acontecimientos sociales.
Gracias Luis.
Muy interesantes y estimulantes son tus trabajos.
prólogo .15
IN TRODUCCIÓN
PAISAJES ATÁVICOS
Jonathan Aguirre, Laura Proasi,
Francisco Ramallo y María Marta Yedaide
Recordamos antes de poder nombrar,
Hay un mundo de sentidos anterior a las palabras,
A la razón, al tiempo, volvemos a él, soñamos con recuperarlo.
Un jardín anterior al tiempo, un Edén donde se protege la nostalgia,
Y a él recurrimos cuando estamos perdidos.
Clara Obligado, 2022
Pasiones; entrama “urdimbre ética que conjuga intelecto y
afectos”3 y pone en el centro de la escena a la percepción, el
amor, el deseo y las pasiones en las aulas universitarias a partir
de biografías de profesores que han sido designados como
memorables, no sólo por sus estudiantes sino también por sus
colegas (Porta y Martínez, 2015a; 2015b; Porta y Álvarez, 2018;
Martínez y Yedaide, 2018; Martínez, 2022).4
3. Esta expresión surgió como categoría nativa a propósito de las entrevis-
tas biográficas a profesores universitarios, oportunamente reconocidos
como “memorables”, en el marco de los sucesivos proyectos sobre Forma-
ción del Profesorado en el Grupo de Investigaciones en Educación y Estudios
Culturales (GIEEC). Para un recorrido exhaustivo de la producción del
Grupo, recomendamos la aproximación al corpus bibliográfico de los
integrantes del equipo.
4. En el devenir de la obra usaremos el lenguaje inclusivo intermitente-
mente, apelando al masculino genérico ocasionalmente a los efectos de
formato. Con este gesto buscamos reconocer y asumir las diversas luchas
de los colectivos y de las minorías de género.
introducción .19
Ahora bien, aquí presentamos un número de Pasiones distinto,
un fuera de serie, una edición especial.
Las razones por las cuales esta obra se distingue de las cinco
anteriores son múltiples y variadas. En primer lugar, porque
la vida que intentamos narrar aquí es nada más y nada menos
que la de Luis Porta, director, junto con Cristina Martinez, de la
Colección. En segundo lugar porque la importancia de su vida
personal y profesional es reconocida no sólo por sus estudian-
tes y sus colegas más cercanos, sino también por muchas otras
personas a partir de su extensa trayectoria en el campo educati-
vo nacional e internacional como docente, investigador, gestor,
y formador. En tercer lugar, la memorabilidad de Luis viene
dada a partir de su particular modo de instalación en la vida
de quienes nos topamos con la suya: una forma de enlazar y
construir mundos afectivos y afectantes que hace que el devenir
de nuestros itinerarios vitales sea más hospitalario y habitable.
La presencia de Luis Porta inunda también las instituciones que
ha transitado, los vínculos que ha forjado y los proyectos que
ha construido, constante y permanentemente. En la trama que
allí se forma Luis ha dejado una huella importante en el propio
campo de la formación y la investigación en educación, princi-
palmente a través de sus aportes teóricos, epistémicos, políticos
y metodológicos en el ámbito de la Educación Superior. Una
memorabilidad que, como se aprecia en el transcurrir de las
páginas de la obra, se forja al calor de la generosidad, la empatía
y el cuidado.
Pasiones; Luis Porta es, de alguna manera, un acto de
justicia narrativa. Aquí biografizamos, a partir de múltiples
tipologías textuales, la vida de una persona que ha dedicado
los últimos 20 años en narrar otras vidas. Este libro es un
compendio amoroso que conjuga unos relatos de quienes
integramos su comunidad íntima-vital-cotidiana de trabajo,
las voces de sus afectos más cercanos– esas familias de la
sangre y también de la vida–y los ecos que sus dichos y sus
hechos han gestado en otres colegas, amiguos y estudiantes.
20. introducción
Se trata del enorme e inacabado objetivo de narrar una vida
desbordantemente apasionada.
Hacerlo ha resultado relativamente sencillo; el propio Luis
ha conjurado nuestras musas. Es así que, en una de las tantas
conversaciones que a propósito de esta tarea hemos sostenido,
emergió con potencia una caracterización de la vida de Luis
que es recuperada en el devenir de la obra: “Cuando hablaba
Luis, anoté tres adjetivos que me parece dicen mucho de él,
que nosotros decimos de él. Tres adjetivos o tres cualidades:
sensibilidad, fecundidad y sagacidad” (María Marta, encuentro
grupal de autores, agosto de 2022). Coincidimos en sentir y
pensar que la memorabilidad de Luis Porta se edifica a partir
de estas tres grandes cualidades, a la que podemos sumar su
extrema generosidad en el vivir.
¿Por qué nosotros (Jonathan, Francisco, Laura y María)?
Un microrrelato de Jonathan y la narrativa del propio Luis acer-
can una respuesta:
Desde hace años que la idea rondaba en mí. Quizás desde
que ingresé por el propio juego del destino al GIEEC5 o a
Problemática Educativa. Pero es evidente que los últimos
números de la Colección Pasiones confirmaron lo que años
atrás era una mera intuición. Alguien o algunos debían
emprender la titánica tarea e imperiosa necesidad de
animarse a narrar la vida de Luis. La vida de un tipo que
había dedicado casi 25 años a narrar, cuidar y albergar
las vidas de otros docentes memorables en la Universi-
dad. De sólo escribirlo nuevamente me vuelve el vértigo
inicial que sentí al pensarlo, ya que incluso textualizar
la tarea que se proyectaba me ponía frente a la compleji-
5. Grupo de Investigaciones en Educación y Estudios Culturales, que diri-
ge Luis Porta desde el año 2003 y es emblemático de la producción local y
nacional en el campo de la investigación narrativa en educación.
introducción .21
dad que incurriría. Dejé pasar algunos meses y recuerdo
que estábamos trabajando con Luis en un café céntrico
de la ciudad de Mar del Plata y surgió el tema. Estábamos
completando la carga de la Especialización en Docencia
Universitaria en CONEAU para su acreditación. Por su-
puesto, copamos dos mesas con las resoluciones, norma-
tivas, acuerdos y en constante comunicación con María
Marta, coordinadora de Posgrado de la Facultad. En ese
compartir el trabajo, la vida, y algunos chistes que hici-
era más amena la tarea, aproveché y se lo comenté: “Che
Luis, hay que hacer un libro de tu vida, que recoja todo lo
que has hecho no sólo en términos afectivos y vinculares,
todo lo que has aportado al campo educativo, al cultural,
a la Facultad, a CONICET, la CEDU6, los recursos que has
formado, las carreras que has diseñado y estimulado a
abrir, el GIEEC, el CIMED7, etc. ¿Cómo lo ves?”. Me miró,
sonrió y me dijo: “No sé Joni, me parece mucho. Lo que
hice lo hice y no me parece que tenga que tener un libro
para recordarlo”. Obviamente insistí: “Pero Luis, no es ese
el principal objetivo; el objetivo es que estás pleno en tu
trabajo. No es un memorial o un recuerdo póstumo; estás
en un momento excepcional para animarte a hacerlo, para
contar, para narrar y para que otros lean una vida apasio-
nada como la tuya”. Luis, riendo, me dijo: “Bueno, dejame
pensarlo”. Pasaron varios meses y al inicio del 2022 volvió
a salir la conversación pero ya en otros términos: “Joni,
hagámoslo, tenés razón. Pero sólo si quienes lo hacen son
vos, Pancho, Lau y María”. Ahí, reconozco que el tiro me
volvió por elevación. El vértigo inicial de no saber cómo
empezar a narrar su vida mermó sólo un poco al saber que
6. Carrera de Especialización en Docencia Universitaria, Facultad de Huma-
nidades (FH), Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP).
7. Centro de Investigaciones Multidisciplinarias en Educación (FH, UNMdP).
22. introducción
sería en equipo, que sería en red. En esa semana hablé con
lxs chicxs, nos reunimos a merendar una vez, armamos
una suerte de cronograma y combinamos con Luis para
que él también sea parte de las principales decisiones de
la obra. Desde agosto del 2022 navegamos en un mar de
entrevistas individuales, grupales, fotos, viajes, relatos y
experiencias que transformaron y transforman mi vida,
como no tenía dudas de que sucedería. (Microrrelato auto-
biográfico, Jonathan Aguirre, abril de 2023)
Cuando se me propuso el libro, al principio no quería, no
me parecía bien–más por la mirada externa que por la mía.
Luego, me di cuenta de que este libro es una manera de
contar mi vida. En ese contar mi historia, en realidad elegí
para ello a quienes consideré que formaban parte de mi
vida y de la constelación más cercana del equipo de trabajo
y de la vida. Y con quienes he compartido los dolores más
profundos, las alegrías y las intermitencias más sensibles de
mi vida. Y es alrededor de esto donde circula lo académico.
Para mí tiene que ver con… si lo tengo que materializar en
objetos, con otras materialidades y con la hermandad, tiene
que ver con el afecto, con la sensibilidad, con la cercanía,
con el amor y el acompañamiento; con las interpelaciones
a mi vida también, que no puedo pensar sin ustedes. Digo,
a las cuatro personas que elegí son cuatro personas que en
realidad son centrales en mi vida (…). En este punto, los cua-
tro me miran, me ven, y eso para mí es central en mi vida.
Que me puedan ver, que me puedan mirar y que puedan
saber quién soy. Ustedes saben quién soy como nadie,
creería. Desde distintos lugares, pero saben quién soy. (Luis,
encuentro grupal de autores, agosto de 2022)
En suma, la intención de este libro es narrar con otrxs
la fecundidad de la vida de Luis Porta en sus múltiples facetas
humanas y profesionales. Al mismo tiempo, somos conscientes
introducción .23
de que toda obra y toda narración implica recortes y la imposibi-
lidad de abarcarlo todo. Esta es una de las razones por las cuales
decidimos que este texto sea un libro vivo. Cada apartado remite
a un código QR que deriva a quienes leen a una colección con
aquellos materiales, fotografías, documentos y registros que no
han podido ingresar al libro y que además estarán en constante
actualización año tras año. Deseamos que con este gesto la obra
no pierda el dinamismo que la propia vida de Luis tiene; una
razón más para un Pasiones fuera de serie.
Memorabilidades y desterritorializaciones en la
docencia universitaria: los antecedentes de esta obra
Profesores memorables es una categoría que desde hace más de
dos décadas concentra diferentes investigaciones en el GIEEC y
que la Colección Pasiones profundizó. Se funda en la importante
decisión político-metodológica, ya longeva, de adoptar el enfo-
que auto-biográfico-narrativo– hoy complejizado de múltiples
formas– con el afán de no mutilar las profesiones de las vidas en
las cuales anidan sus sentidos.
En esa línea, este libro valora nuestras experiencias en el
movimiento que la revitalización del género autobiográfico en
la epistemología de las ciencias sociales ha experimentado, al
abrirse a los elementos íntimos y otorgar una mayor credibili-
dad a las experiencias comunes expresadas desde la enuncia-
ción personal. Por ello, la autoetnografía y autobiografía han
encontrado un contexto idóneo en la transformación de las
tendencias intelectuales en las ciencias sociales, que han puesto
más énfasis en los relatos que en las construcciones sistemáti-
cas, en los casos singulares más que en las estadísticas, en las
biografías más que en las monografías, en las descripciones
más que en los análisis. Las narrativas en general y la autoetno-
grafía en particular funcionan a modo de historia referencial,
en la cual el individuo real es rescatado de dichos peligros de
24. introducción
abstracción y anonimato. Desde allí se entiende a la escritura
autobiográfica no tanto como un acto privado de escritura del
yo, sino como un acto público de interpretación cultural; de
hecho, resulta absolutamente necesario revitalizar su potencia
más allá de la individualidad. Al ser un género referencial y
creativo a la vez, esta escritura puede mediar entre la esfera
privada y la pública, la memoria individual y colectiva, la iden-
tidad y la alteridad. Es por ello que la consideramos un modo
privilegiado de acceso a formas tanto personales como colecti-
vas de subjetividad en contextos culturales cambiantes.
En nuestra comunidad, en el proyecto de investigación For-
mación del Profesorado X: Intimidad, afectaciones y performatividad en
la construcción de la condición autobiográfica del investigador, la docen-
cia es explorada en la comprensión cultural, subjetiva, íntima y
erótica que ofrece la narrativa autobiográfica. Esto nació hace ya
varios años para ir más allá de la representación de los sujetos
implicados; el trabajo con lo que la comunidad (local, regional,
internacional) hoy reconoce como “profesores memorables”
exigió desplazamientos que privilegiaron lo que Porta llamó la
pasión por la enseñanza (Porta, 2017), instalando el tratamiento
de un importante tema para orientar la formación docente a
partir de relatos en primera persona y fuertemente anclados en
los contextos que habitamos. Como significaciones performáti-
cas, estas narrativas están inscriptas en relaciones sociales que
permiten ubicarnos con el cuerpo en el centro de una relación
pedagógica (Porta y Yedaide, 2013).
Las biografías de docentes excepcionales o extraordina-
rios nos han colaborado a reconocer experiencias y viven-
cias fuertemente motivadoras de las pasiones docentes. En
esta perspectiva los afectos ganan protagonismo y vienen a
cuestionar la relativa abundancia o deficiencia de las di-
versas prácticas académicas para interpretar –o más bien
para contra-interpretar, como propuso Susan Sontag (1984).
La construcción de la condición biográfica (Arfuch, 2014)
se afilia a estas inclinaciones anti-academicistas, ya que la
introducción .25
intimidad es su dimensión estructurante. Zambullirnos en
las vidas autonarradas también requiere un compromiso en
relación al cambio de escala y la profundidad inédita con que
nos disponemos a estar en espera, en un suspenso que difiere
las temporalidades y abre el baúl de los misterios sin respues-
ta y las certezas desalineadas, para permitirnos el deber de
inmersión en la vida. Esta es una experiencia in-corporada
entre los enredos propios de nuestra existencia; nos devuelve
la travesía de los espejismos vitales. Reconstruir la vida de
otros/otras, aparece como una experiencia inmanente del
mundo, como el aliento que nos permite ser-con y ser-en.
Como hemos sostenido a modo de mantra en los últimos
tiempos, la investigación biográfica y autobiográfica en las
ciencias sociales ha consolidado no sólo formas de hacer y sentir,
sino también de ser investigación. Los movimientos que se
producen en términos teórico-epistemológicos e instrumentales-
metodológicos dan cuenta de nuevas proyecciones de sentido en
favor de recuperar aquello que sensible y sensitivamente con-
forma la condición biográfica. La intimidad como bioestética de
lo cotidiano, como forma especial de recuperar la belleza de lo
particular, como ejercicio de re-territorialización y de compren-
sión de la vida común enlazan la espesura del tiempo narrado
en una necesaria inmersión: los paisajes atávicos. Estos, como
movimientos audaces, como ensamblajes metodológicos puestos
en juego, interrogan la propia narrativización del yo investigador
y la construcción del sentido. Narrativas que se vuelven marcas,
a partir de las cuales se reflejan experiencias biográficas. Los
ensamblajes que se producen en las investigaciones biográficas
están constituidos por múltiples registros textualizados de la ex-
periencia de los sujetos participantes–así como la manera en la
cual la entrevista, devenida en conversación, asume, al menos en
el seno del GIEEC, la categoría de ensamblaje (DeLanda, 2021). Al
estilo de las mamushkas rusas, la conversación biográfica es parte
integral de un ensamblaje metodológico mayor pero, al mismo
tiempo, alberga en sí misma su propio ensamblaje.
26. introducción
La conversación biográfica también se configura en un
particular gesto íntimo (Jullien, 2016). Al igual que sucede con
la categoría de ensamblaje, por lo expuesto en el devenir del
escrito, la conversación biográfica tal y como la abordamos
aquí propicia las condiciones necesarias para que emerja la
intimidad de la vida de los sujetos y, con la misma intensidad,
se vuelve ella gesto íntimo. La conversación así entendida apare-
ce, estéticamente, como una suerte de vientre para que anide
en ella la condición de intimidad, y en el mismo instante que
ello se produce, se transforma en gesto concreto de esa inti-
midad. La instaura, le permite re-existir (Lapoujade, 2018). La
conversación trae consigo la intencionalidad del encuentro y
la necesidad de un yo narrador y de un tú que participa en esa
narración con la escucha y la resignificación de lo escuchado.
Cuando esas condiciones materiales y simbólicas acontecen,
lo íntimo adquiere sentido en “(…) ese elemento o ese medio
donde un yo se despliega y se exterioriza, pero sin forzarse,
sin pensarlo –lo que en verdad significa efusión. Lo que enton-
ces nos hace descubrir lo íntimo,
(…) no es nada menos que aquello que de golpe, por la po-
sibilidad que abre, desbarata la concepción de un Yo-sujeto
bloqueado en su solipsismo (…) Nos será preciso avanzar
más dentro de lo que no dudaremos en llamar lo inaudito
de lo íntimo, tanto más inaudito en la medida en que es
discreto, para abrir con nuevo impulso, siguiendo ese hilo,
un camino hacia lo humano y hacia la moral, sondeando el
nosotros que esto nos descubre. (jullien, 2016: 27)
La condición íntima de la vida ha sido una condición
histórica y deliberadamente olvidada por la ciencia moderna.
A partir de estas investigaciones otras podemos recuperarla,
abordando al mundo desde una bioestética de lo cotidiano
centrada en los sujetos y en sus experiencias sensibles. Este es
un movimiento tan sutil como imprescindible: re-componer
introducción .27
la investigación educativa con esa percepción de los gestos
vitales amplifica la condición de humanidad en un mundo
erosionado y necesitado de pequeñas-grandes historias que
busquen y encuentren otros sentidos para la vida. Esto parece
decirnos Donna Haraway:
Las ciencias humanas y las artes están generando un refugio
de formas prometedoras de pensar. La política, las amista-
des, las enemistades, las ecuaciones, las historias sangrien-
tas, los valiosos logros, los poemas, las presentaciones de
artes (…) y el resto de actividades que conforman la vida
de una persona pensante entran en juego en ese refugio.
(Haraway, 2022: 23)
La investigación narrativa autobiográfica se nos ofrece
como refugio y como pasaje; nos remite a re-sentir formatos
y ontologías de investigación que condensan vidas, acciones
y prácticas de sujetos que pugnan por vidas sensibles. Con-
tar emerge, así, como tecnología potenciadora de justicia
narrativa y pulsión a co-componer nuevos mundos sensibles
y necesarios para la vida común. La intimidad es potencia-
dora de ese movimiento.
La complejidad de narrar una vida desbordante
Hace más de dos décadas Luis ya nos proponía que “la inten-
sidad es el primer criterio. Cuanto más intenso es un interés
mayor valor posee el objeto. Dicho interés se mide por el grado
de dominio sobre el cuerpo” (Porta, 2003: 50). El trabajo de
campo de esta investigación biográfica y autobiográfica ha sido,
precisamente, testimonio de este tipo de intensidad y comple-
jidad. Desde el inicio, ni bien comenzamos a soñar y proyectar
el trabajo, advertimos que la vida que nos proponíamos narrar
se presentaba desbordantemente apasionada. El camino se ha ido
28. introducción
dibujando en el devenir de la composición de una cartografía
biográfica, prolífera e ineludiblemente inconclusa8.
Podríamos ubicar el inicio de esta travesía en la noche del
31 de agosto del 2022, cuando nos reunimos a cenar en casa de
Luis. Nos habíamos propuesto llevar al encuentro dos objetos
que marcaban o intentaban resumir nuestro vínculo con el ami-
go, con el maestro. A partir de estos objetos y lo que la propia
charla fue suscitando, quedamos implicados en una primera
conversación biográfica y autobiográfica en profundidad a partir
de la cual pudimos comenzar a esbozar los iniciáticos borrado-
res de la cartografía vital del protagonista de la obra. Un encuen-
tro que tuvo emoción, afecto, risas, lágrimas y que marcó, en
gran medida, las proyecciones del libro que aquí presentamos.
A partir de allí se concretaron varias entrevistas biográficas
con Luis realizadas individualmente por miembros de la comu-
nidad académica que con él integramos9. Las mismas se reali-
zaron espaciadas en el tiempo y con diversas profundizaciones
a partir de los pasajes biográficos que, o bien el propio Luis iba
narrando, o bien surgían de los otros registros e instrumentos
que estábamos poniendo en juego en la investigación.
En paralelo a estas conversaciones fuimos relevando diver-
sas tipologías narrativas y textualidades que daban cuenta de
diversos momentos–marcas–de la vida de Luis. Algunas han sido
sugeridas por él mismo; otras recuperadas a través de amigxs,
8. Escribir un texto vivo nos ha exigido reinventar el modo de pensar
un libro; es por esto que ofrecemos un código QR capaz de albergar la
inmensidad de las fuentes y a la vez sostener abierta su cualidad vital.
9. Se realizaron seis entrevistas en profundidad, autobiográficas y
narrativas. Cinco de ellas se concretaron en el último año (2022-2023) y
la restante se realizó en el marco de un Dossier sobre Investigación Na-
rrativa en el año 2021. Participaron de las mismas María Marta Yedaide,
Jonathan Aguirre, Francisco Ramallo, Federico Ayciriet, Tiago Ribeiro,
Adrianne Ogeda Guedes y Victoria Crego. En el Encuentro grupal del
31 de agosto participó también Laura Proasi, junto con el resto de lxs
autorxs del libro.
introducción .29
colegas y familiares. Dichos registros textualizados se han hecho
lugar en el devenir del texto, acompañando la escritura y co-
componiendo con ella los diversos paisajes vitales. Un ejemplo
de ello es la reconstrucción que María Marta Yedaide ha realiza-
do sobre el extenso currículum del Dr. Porta.
La complejidad e intensidad de la vida de Luis también
inspiró el llamado de las otras muchas voces que participan
de esta obra. Hubo un viaje, un encuentro con familiares que
se nos presentó como una sutura afectiva y amorosa, regalán-
donos escenas de una infancia apacible, cuidada, preciada. Un
niño deseado, soñado casi; una familia que ha sido capullo de
ternura, de honores y virtudes, y que habla de Luis con profun-
da emoción y orgullo. Ese viaje a 9 de julio, en la provincia de
Buenos Aires–que quiso ser también una expedición a La Niña,
el pueblo natal de Luis a unos pocos kilómetros– nos transformó
como investigadorxs narrativos biográficos y autobiográficos.
Esa inmersión vital significó para todo el equipo un ingreso
rotundo al mundo íntimo de la infancia de Luis, no sólo desde
los relatos de sus seres queridos y familiares más cercanos, sino
desde la experiencia de habitar esos mismos espacios en donde
sucedieron los hechos y reconocer–en el propio cuerpo, en el
sentir– la inscripción territorial (afectiva, afectante) de las mar-
cas biográficas de aquellos inicios vitales. Convivir durante tres
días con Luis, con su hermana Lorena y sus sobrinas Lola y Lau-
reana sumó la preciada observación sintiente de quien queda
asimilado a lo doméstico y lo cotidiano; lo que se compone allí
difumina irremediablemente lo propio y lo ajeno, lo con-funde
y nos enlaza con ternura de cara a nuestra común condición
humana. La experiencia resultó un regalo que nos hicimos a
nosotrxs mismxs. Aquel fin de semana del 25 de mayo del 2023
también significó una instancia de trabajo fecunda; el equipo de
investigación realizó entrevistas a los tíos de Luis, sus primas,
sus sobrinas, su hermana y su “maestra de jardín de infantes”10,
la señorita Cristina. Sentimos que allí se inauguraron el carácter
y la singularidad de la obra, sellada en la continuidad de esta
30. introducción
co-composición biográfica en la vuelta a Mar del Plata y la am-
plificación de la narrativa a partir de otras gentes, parientes más
contemporáneos de Luis.
Al retorno del viaje se produjo la entrevista primera– a su
hijo, Octavio. No ha sido la primera conversación cronológicamen-
te, pero es sin duda aquella para la cual se reserva el sentido pri-
mordial de la unión trascendente entre ambos. De esta manera,
incluir relatos de tamaña intimidad, comprometió un riguroso
proceso de doble validación el cual constituyó una apuesta osa-
da para abordar los márgenes éticos, metodológicos y sensibles
de la co-autoría. Todo el proceso ha sido aprendizaje, también,
del modo en que la investigación biográfico-narrativa toca las
fibras más íntimas de la vida de una persona
Lo decíamos antes: la vida de Luis, en tanto docente memo-
rable, ha exigido desde el primer momento una reconstrucción
a la medida de la complejidad, la intensidad y la pasión de su
ser en el mundo. Y también en la escala inmensa de las resonan-
cias que ha gestado.
De allí que también entran voces a este libro que provienen
de esa otra familia que se ha construido Luis al paso, mien-
tras ha ido acuñando escenarios para practicar la docencia, la
investigación y la gestión. De estos otros parentescos llegan las
narrativas de Alicia Camilloni, Cecilia Colombani e Isabel Moli-
nas– reconocida maestra y mentora de Luis la primera; docente
memorable cuya vida y dichos han nutrido la imaginación de
toda nuestra comunidad durante los últimos quince años la
segunda; especial compañera de aventuras estéticas, sensibles e
intelectuales la tercera.
También se escuchan en el libro las historias con Luis de
amigxs, colegas, becarixs, tesistas de la Universidad, quie-
nes respondieron amorosamente a la invitación de enviar
10. Usamos las palabras con las que ella misma se presenta, reconociendo
que se trata de una Profesora del Nivel Inicial.
introducción .31
una narrativa que pudiese condensar, según sus pareceres y
experiencias, el vínculo que los une con Luis. Se trata de más
de treinta microrrelatos, algunos ilustrados con fotografías
e imágenes, de las personas que han deseado estar presente
en este proceso y que para el propio Luis se configuran en
parte integral de su vida. Hay (otros) estudiantes, también, de
Ciencias de la Educación, que enviaron a Luis unas postales–
símbolos de esa trama estético-afectiva-intelectual-erótica que
ha llegado a signar a nuestra comunidad.
Estos relatos, como otras voces, aparecen en un primer
acercamiento de manera desperdigada en el libro. En todos y
cada uno de ellos media el afecto, lo cotidiano, el encuentro, la
amorosidad y el registro vital. Están divididos en cinco partes,
acompañando la lectura de los capítulos.
La obra termina con la palabra del propio Luis en la Coda,
no como un cierre sino como un gesto amoroso que avala el
intento siempre utópico de capturar imágenes de una vida. Nos
trae su propia voz para que nuestra conversación continúe, en
un gesto que conjuga amistad, reconocimiento y voluntad de
no dejarnos solos. Si el signo de Luis Porta es una desbordante
y apasionada vida, la huella más sentida de nuestro memorable
amigo y maestro en nosotros es el inestimable regalo de su cari-
ñosa, incondicional compañía.
Cartografía de la obra- un recorrido posible
El texto responde a una secuencia que debiera pensarse como
un dibujo sobre el agua. Dar forma a una vida es imposible ex-
cepto por algunas decisiones que, osadamente, intentan esbozar
un recorrido en este caso uno que estimule la imaginación y
encienda el deseo. La vida que se narra lo merece;
el intento es una ofrenda.
Así la obra se inaugura con las palabras de la maestra, Alicia
Camilloni, para seguir con tres narrativas que buscan abrir el
32. introducción
corazón a la recomposición de la vida de Luis. María Marta,
Francisco y Laura – sus aprendices, amigxs, colegas– son quienes
preparan el terreno, en la primera parte, para la trama autobio-
gráfica que Jonathan –también familia, también discípulo y par–
enhebra luego con sutil esmero y completa dedicación al traer
las voces de las entrevistas en la segunda parte. Las narrativas
de Cecilia e Isabel acompañan el tercer apartado que deja oír las
resonancias intersubjetivas de esta reconstrucción vital. El libro
termina cuando Luis (re)toma la palabra. Entre las tres partes
que cimentan la obra, se intercalan para completar el paisaje
biográfico los microrrelatos de quienes han querido estar pre-
sentes en esta narrativa polifónica de la vida de Luis. Agrupados
en cinco urdimbres de voces se expresan amigos, colegas, maes-
tros, referentes del campo educativo nacional e internacional,
becarixs, tesistas y estudiantes.
Por supuesto que esta organización invita a irreverencias;
algo que hemos aprendido al intentar asir lo apasionado y lo
intenso es que el precio de la vitalidad es el cambio. La erótica–
signo imprescindible en cualquier vida que merezca la pena ser
narrada así, ceremonialmente, como consagración–es impera-
tivo de creatividad y fuerza pujante. Dejamos en los oportunos
lectores la potestad de múltiples rebeldías. Sólo así es posible
honrar una vida como la de Luis Porta.
introducción .33
«Para mí es lo mejor que me puede pasar. Si
podemos trabajar con amigos, producir con
amigas, me parece que ahí es donde opera lo
contrario a lo que estaríamos acostumbrados
en el trabajo académico, donde quizás la
gente se guarda lo que hace, no comparte
lo que escribe, esconde los temas. (...) Yo no
concibo la producción si no es a partir de la
coautoría. No podría escribir algo solo. En
algunos momentos lo hago, pero en realidad
esa producción no es mía, sino que es de
todos, porque es una producción colectiva.
No podría pensar eso solo. De la misma
manera no puedo pensar tampoco una tesis
que dirijo a un miembro del equipo que
no sea coautoría entre él, yo y el resto del
equipo. En realidad, hay una producción
colectiva. Yo no sé dónde lo aprendí».
Entrevista a Luis Porta
PRIM ER A PA RTE
U N A S L E N T E S SE NSIBL E S
PA R A ACERC A R NOS A LUIS
LUIS PORTA,
UNA BIOGRAFÍA PROFESIONAL
María Marta Yedaide11
¿La consigna? Escribir una biografía intelectual de Luis
Gabriel Porta Vázquez.
No cumplí con la tarea del todo.
Como el resto de las voces de este libro, la mía va a con-
tar una vida, también. Lo haré desde una intimidad, también.
Será distinto de lo ya narrado. Y será igual, también12.
Lo voy a contar allí donde sólo intencionalmente las personas
y las cosas se separan y devienen “personas” y “cosas”, dando ya
una pista de mi inexorable enredo afectivo-emocional-intelectual-
incluso espiritual con lo que al narrar hago también aparecer13.
11. Profesora Titular de Teoría de la Educación en la Facultad de Humani-
dades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
12.Este texto es para mí un esfuerzo importante, porque busca hacer
justicia afectiva y honrar una hermandad. Por eso me permito la estética,
la mayor herencia que de Luis he recibido. Pero no quiero fallarle en
otras filiaciones tampoco. Y entonces dejaré regadas notas al pie con las
discusiones teóricas que me tienen cautiva por estos tiempos y que se
han metido entre Luis, yo y lo que deseo contar. El primero de esos des-
víos, en esta nota, trae a Deleuze y Guattari (1964) y “la lógica del y”; de
estas manos me voy tomando para dejar descansar las opciones binarias
de la modernidad colonialidad (Lander, 2001) que parecen agotar—y
agotarnos—en la exigencia de juzgar. ¿Hombre o mujer? ¿Personal o
profesional? ¿Infierno o paraíso? En esta estancia en la academia que Luis
especialmente ha labrado para muches de nosotres, las opciones dicotó-
micas se han vuelto saludablemente absurdas.
13. Acá llegaron Karen Barad (2007) y Sara Ahmed (2019), musas maravillosas
desde el materialismo agencial y la fenomenología queer respectivamente.
primera parte .39
Recorrí las 138 aplastantes páginas del Currículum Vitae
de Luis, fácilmente rastreable en internet, sólo como quien
decide pasarse la tarde frente al jazmín antes de relatar la
infancia, como disponiéndome a recordar, a constatar, a ras-
trillar el camino para no errarle al inventariado de aromas y
flores del jardín que es una vida—un terruño en el que vamos
negociando qué robarle a la maleza, qué regar y cuidar, qué
sembrar para sentirnos mejor acompañados.
El esfuerzo será ético-estético, porque eso se parece más
a su propio esfuerzo.
Y quiero contar también por qué lo hago, por qué decido—
frente a la inminencia de un currículo ya disponible y exhausti-
vo y la convicción de que no hay verdad sino fictos—sentarme
a contar también la historia de Luis desde este ángulo.
Lo hago porque importa. También porque me importa. Por-
que quiero sumarme a la definición de ciertas variaciones de
importancia14 que se posan sobre ese cúmulo de aconteceres
que quedan rozados por ese signo, “Luis Porta”. Una marca.
Una huella. El aviso de la proximidad de lo artístico,
lo colaborativo, lo abierto, lo solidario.
El texto que sigue, aviso, se propone indisciplinado. Como
Luis. Con mucho espacio—aire15—para que cada quien trai-
ga lo suyo. Como siempre ha hecho Luis. Con intención de
belleza, como le gusta a la familia académica-vital Porteana16.
Entonces voy a intentar crear un texto que deje espacios, que
14. Claro, también Despret (2019).
15. Como destacan Cris y Luis en el primer Pasiones (2015), ese que nos
acercó a Roberto Kuri y sus encantos.
16. No somos de Luis, no es un patriarca, no somos sus chicas (broma inter-
na). Pero, como dice una de sus becarias-amigas en este libro también, todos
los que nos congregamos en esta obra llegamos a esta comunidad por él y
con él. Ha sido nuestro maestro, profesor, tutor, director, mentor. Nos vio,
nos llamó, nos invitó, nos dio trabajo en abundancia. Hoy somos otra cosa,
pero parientes al fin. Y necesitamos un apellido, una tradición genealógica
que sea justa y verdadera. De allí la licencia de acuñar la dinastía “Porteana”.
40. primera parte
no sature, explique ni agote. Un texto cuya integralidad quede
dada por quien lo reciba, lo quiera y se lo apropie. Para todos
quienes deseen componer su propia versión (siempre ficticia)
de la biografía profesional de Luis Porta.
INTIMISMO
Prefiero que el tono del capítulo signifique a ‘lo íntimo’
como aquello que hago acontecer17—más bien colaboro
en hacer acontecer—en la intimidad. No me gusta tanto
definirlo18 como aquello guardado en algún rincón de sí,
reservado, sino como la relación de otredad que establezco
respecto de lo que siempre de mí cuento cuando estoy con
alguien a quien deseo conceder el permiso o la autoridad
de acercarse en el afecto mientras me exploro. Lo íntimo
sería, así, lo que nos hace confidentes en el intento de un
modo de narrar-nos que nos sorprende delicados y vulnera-
bles. Tanto que sólo admite compañías amorosas.
Esta es una biografía profesional íntima en ese sentido, espero.
MAGNITUD
Las ciento treinta y ocho páginas del CV de Luis son contundentes.
México, Ecuador, Bolivia, Chile, España, Brasil, Colom-
bia, Suecia, Uruguay, Portugal, República Dominicana –
multiplicados exponencialmente si contamos las ciudades.
Rosario, La Pampa, Patagonia Austral, Catamarca, Córdoba,
Entre Ríos, San Martín, Nordeste, Tres de Febrero, del Sur,
17. Vuelve Barad (2007).
18. Viene al auxilio Moira Pérez (2016) cuando habla de lo queer como
aquello que nos invita también a dejar de buscar de-finiciones y promover la
pregunta, en cambio, por lo que tal o cual cosa (nos) hace.
primera parte .41
Tucumán, Buenos Aires, Litoral, del Centro, Santiago del Es-
tero, José C. Paz, Jujuy, Salta, U. del Cine, Noroeste de la Pro-
vincia de Buenos Aires, Universidad Jauretche, La Matanza,
Córdoba, La Plata, Palermo, Patagonia Austral, Católica de
Córdoba, Atlántida—y seguro me olvidé de alguna universi-
dad argentina en el conteo. No podría incluir los nombres de
las personas, porque llenaría una o dos páginas y los volvería
anónimos por el solo hecho de apilarlos uno tras otro. Luis
jamás haría eso.
AMPAROS
Si uno mira con detenimiento y cuidado, además, algunos
nombres se repiten. Es que fuimos adscriptos o becarios, luego
tesistas, luego colaboradores. Esa es la naturaleza del parentes-
co Porteano. Son genealogías del cuidado, la compañía y el amor.
ANCLAJES
Tampoco sería económico inventariar la demencial cantidad
de instituciones y organizaciones que ha transitado Luis, las
cuales, además, incluyen un rango tan asombroso que va
desde una escuela de provincia hasta la UNESCO, la AECID
o la OEI. Son sitios en los que Luis ha compartido clases de
grado y posgrado, conformado jurados de concursos, para
la evaluación de proyectos, de carreras y reválidas docentes,
de instituciones y de centros de investigación, con un largo
etcétera que incluye membresías en equipos técnicos y ase-
sorías en entidades locales, nacionales e internacionales.
42. primera parte
AMPLITUDES
Esta cualidad variopinta de las geografías, las gentes y los
lugares no es menor. Habla de una ductilidad que no está
manifiesta de modo directo o referencial en su currículo pero
es imposible desestimar. (Además es conocida en la familia y
ocasional disparadora de anécdotas y risas). También se lee,
acá y particularmente, algo de esa intensidad personal, ese
espíritu incansable y la laboriosidad y capacidad de trabajo que la
Seño Cristina—su maestra en el jardín de infantes—ya había
vaticinado y regularmente destaca.
INTENSIDAD
Luis, además, ha sido Director: 17 proyectos de investigación
(algunos en los cuales felizmente participé), 56 becarios, 4 in-
vestigadores de carrera, 3 tesis de grado, 67 trabajos finales de
Tecnicatura, millones de adscriptos a docencia e investigación
(yo una de ellas), 26 tesis de doctorado (la mía incluida), 37 de
maestría, 71 trabajos finales de especialización, terminados en
su mayoría. Ha participado de 108 concursos en Universidades
nacionales, 52 en universidades privadas y 18 instituciones
del nivel superior no universitario. Ha conformado comisio-
nes evaluadoras de tesis de posgrado en 174 oportunidades.
Los números son demenciales.
PRESENCIA
No lo dice el CV tampoco, pero casi se huele. Luis ha estado. Ha
caminado, conversado, sentido, afectado. Y ha sido, en este andar,
tan compasivo como confiable. Uno puede relajarse y distraerse
si Luis anda cerca; él lo sabe y lo recuerda, lo tiene presente, lo
sigue. Luis no suelta la mano, no desaparece y no claudica.
primera parte .43
PROLÍFERO
Luis es joven.
Me veo en la necesidad de aclararlo porque voy a hablar
de su (otra) obra, eso que en la academia se llama producción.
Si hacemos un rápido trazado de su vida académica nos ve-
ríamos tentados de situar el inicio en 1995, cuando se gradúa
como profesor de Historia en la Universidad Nacional de Mar
del Plata. Igual, antes de eso ya estaba armando lío: ya se había
comprometido en la gestión académica, colaboraba con la
organización y coordinación de eventos y había logrado becas
y alianzas. Desde entonces hizo unas 189 presentaciones a
congresos, más unas 62 conferencias nacionales e internaciona-
les. Escribió 73 capítulos de libro y tiene publicados más de 150
artículos en revistas con referato. Coordinó 9 monográficos,
es director de 3 Colecciones y tiene 23—sí, 23—libros de su
autoría. De vez en cuando dice que aún no ha tenido tiempo de
escribir el libro que desea escribir. Nos provoca
una risa nerviosa, de admiración y algo de susto.
FECUNDO
Esto quiero contarlo desordenadamente. Primero me interesa
decir que Luis ha sido director de la Especialización en Do-
cencia Universitaria (CEDU) desde 2002, Profesor a cargo de la
asignatura Problemática Educativa desde 1998 y Director del
grupo de Investigaciones en Educación y Estudios Culturales
(GIEEC) desde 2003. Estos movimientos me afectaron profun-
damente, pero además constituyen las fuerzas primordiales
en la construcción de mundos que hoy giran por su cuenta y
cuyas atmósferas han adoptado esas cualidades primigenias
de la hospitalidad, la sensibilidad y la calidez. La CEDU, como la
llamamos, es la carrera de posgrado más importante de toda
la Universidad—una que nutre relaciones transdisciplinares y
44. primera parte
alianzas pedagógicas entusiastas, movilizadoras y des/re-ins-
tituyentes. Mucho cambio curricular se ha gestado a propósito
de esta Carrera, mucho intercambio, incluso rescatando a lo
pedagógico de esa región de la negación ontológica o desvalora-
ción disciplinar en la que suele vivir en la academia. Les docen-
tes de la Universidad nos hemos profesionalizado como tales
con la CEDU. El parentesco Porteano también se ha forjado allí.
A esta Carrera hemos anudado una prolífera descendencia de
eventos científicos, redes y alianzas académicas. Allí acuñamos
nuestras tesis, los nuevos grupos de investigación. Enredada
con el GIEEC, la CEDU nos vio crecer y dar fruto.
Lo más sabroso de la cosecha ha sido, quizás, la reapertura
de la Licenciatura en Ciencias de la Educación y, un tiempito
después, la apertura del Profesorado. En esta historia, Proble-
mática Educativa es un símbolo de la astucia estratégica, la sed
disciplinar y la construcción de comunidad. Desde allí gestábamos
año a año—no importa quiénes oportunamente y siempre
con la bendición de los más longevos en la cátedra—las usinas
epistémico-teóricas que nos han ido distinguiendo mientras
nos formábamos y especializábamos haciendo “nostredades”.
Luis deseó la reapertura, la pensó, la esperó. Gestó con otros
el diseño curricular, consiguió los recursos, pactó los avales.
Extendió la galaxia de la genealogía Porteana ad infinitum.
No es fácil resumir una obra tan intensa. Estas carreras no
agotan la potencia creativa de Luis y sus parientes académico-
vitales, pero son sin duda paradigmáticas en la fuerza, arrastre y
magnetismo de esta biografía que intento narrar.
IRREVERENCIA
Luis es conocido y reconocido en el mundo especialmente por su
afán de trastocar las investigaciones en educación de modo que
sinceren dignamente lo que como personas traemos a lo educativo.
La investigación autobiográfico narrativa—de cuya cepa brota la
primera parte .45
delicia de esta Colección—ha sido para Luis una tecnología tera-
péutica, del cuidado, y también la oportunidad para la profesión
de una humilde honestidad, una que se gana en la vecindad del
afecto, mirando a los ojos, tocándose con ellos19.
El mundo de la Ciencia Moderna lo hubiera premia-
do más, tal vez, si se hubiera dedicado a seguir las reglas
obedientemente. Es que posarse en lo singular no alcanza
para colgarse las cucardas de las Grandes Soluciones, esas
que aparecen en los zócalos televisivos en consignas tan
claras como burdas.
Imposible.
Luis tiene un espíritu práctico pero rebelde. Sabiendo
exactamente lo que conviene, Luis se ha dejado encantar, en
cambio y siempre, siempre, por lo que vibra.
Con Luis, en familia, hemos intentado construir historias
que desbaraten la inercia de los modelos y los moldes. Si es
cierto lo que también dice Despret, que siempre pensamos “a
partir de”, podríamos aventurar que la dinastía Porteana se
conoce y reconoce a partir de “dejarse tocar por las cosas que
importan para otros”—ese tenaz e irrenunciable esfuerzo por
instaurar nuevos regímenes de atención bajo cuya sombra
“quepamos todos”20.
NÓMADE
Para conjurar su arte, Luis hace ciencia nómade21.
Todo él es nómade, para ser claros y sinceros.
Es intensamente nómade, además, al borde de la insanía.
Luis tiene un alma saltarina.
19. Si, los ojos táctiles de los que habla Luis.
20. Como dice el propio Luis.
21. En el mismo sentido de Deleuze y Guattari (1968).
46. primera parte
Recuerdo el vértigo de los inicios de año, en las reuniones
de cátedra de Problemática Educativa. Se cambiaba todo. Todos
los años cambiábamos todo. Es que todos los años nos habíamos
mudado a una matriz epistemológica distinta—de la criticali-
dad a lo descolonial, de allí a lo queer, los posthumanismos,
los materialismos, la botánica, los vitalismos,… la lista es
imposible. Miradas yuxtapuestas, además, promiscuas y en-
redadas ecológicamente en un pensamiento ch’ixi22, que tiene
matices irreductibles a la tiranía de un solo color.
Las convicciones de la familia Porteana se renuevan como
una piel, periódicamente y sin remedio. Es que el entusiasmo
por el movimiento, la seducción que lo otro opera sobre lo
conocido es un resorte inminente. Por eso Luis viaja siempre,
por el mundo y las librerías. Y siempre en buena compañía.
La literatura es, quizá, el más constante y radical de sus viajes.
Su biblioteca es un templo; la curaduría entre amigos, un rito.
ENLAZADOR DE MUNDOS
La trayectoria académica de Luis une, a mi entender, dos
de sus mundos. Y está a su vez zurcida23, creo yo, en su
carrera de gestión.
(Digo “dos de sus mundos” porque conozco más de lo que
entra en el CV—incluso porciones inclasificables de la historia
personal que ya no recuerdo bien si son suyas originalmente.
Todo se contamina en esta comunidad. Afortunadamente.)
El tema es que Luis pertenece al mundo de lo cultural y de lo
educativo, y en su trayectoria estos dominios se han comportado
en paralelo, por momentos, y en completa con-fusión por otros.
22.Gracias a Silvia Rivera Cusicanqui por esto (Cusicanqui, 2016).
23. Y acá aparece Gladys, co-formadora de la genealogía prácticamente
(Cañueto 2023).
primera parte .47
Tomemos, para empezar y ejemplificar un poco, este indiscipli-
nado inventario de organismos, dependencias, programas y pro-
yectos en el marco de los cuales Luis ha desempeñado funciones:
Centro Cultural Victoria Ocampo; Instituto Nacional de
cinematografía y Artes Audiovisuales de la Argentina; Ente
de Cultura de General Pueyrredon; Código de Preservación
Patrimonial del Partido de General Pueyrredon; Programa
Provincial de Formación y Capacitación en Cultura del Ins-
tituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires; Dirección
Nacional de Cooperación Internacional y Políticas Cultura-
les de la Secretaría de Cultura de la Nación; Subsecretaría
de Gestión Cultural de la Secretaría de Cultura de la Na-
ción; Comité Coordinador Regional del MERCOSUR Cultu-
ral (CCR); Reunión de Ministros del MERCOSUR Cultural;
Secretaría Técnica Permanente del MERCOSUR Cultural;
Ministerio del Poder Popular para la Cultura (Venezuela);
XVI Foro de Ministros de Cultura y Encargados de Políticas
Culturales de América Latina y el Caribe; Agencia Española
para la Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID) y
Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).
La lista no es exhaustiva ni da cuenta precisa de la va-
riedad de roles que Luis ha desempeñado, pero sí pincela a
grosso modo, diría yo, la energía comprometida en el campo
cultural y, tal vez de modo más oblicuo, su particular devo-
ción por las formas artísticas—en sus clases, en su casa, en
su andar todo. También explica el rol protagónico que Luis
asumió en el diseño curricular y posterior lanzamiento y ges-
tión de la Tecnicatura Universitaria en Gestión Cultural—en
colaboración entre la Facultad de Humanidades y la Facultad
de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de nuestra Universi-
dad—y, unos años después, la Licenciatura en Gestión Cultu-
ral. Muchas de sus composiciones pedagógicas son informes
técnicos, documentos curriculares y planes de acción que
48. primera parte
oportunamente materializó en ese otro campo aliado de la
gestión del arte y el patrimonio.
Su desempeño en la gestión académica—Consejero Acadé-
mico en varias oportunidades y por distintos claustros, Conse-
jero Superior y asambleísta en la Universidad Nacional de Mar
del Plata, Secretario del Departamento de Pedagogía, Coordi-
nador del Área de Formación Pedagógica, representante por la
Universidad en la Dirección General de Cultura y Educación de
la Provincia de Buenos Aires, Secretario Académico y de Coordi-
nación en la Facultad de Humanidades, Director del Sistema de
Educación Abierta y a Distancia de la Universidad Nacional de
Mar del Plata, Director de la Revista de Educación, hoy Secreta-
rio de Investigación y Posgrado de nuestra Facultad y, un largo
etcétera—da cuenta de una responsabilidad asumida por la
composición de condiciones y disposiciones para hacer lugar a proyectos
importantes, como los que describí antes. Trazan puentes entre
el deseo y sus posibilidades concretas de gestación. Son perfor-
mances que disfruta, creo, al trasmutar la utopía en instalación.
La gestión le apasiona; ese también es su fuerte. Yo creo que
ahí encuentra los respaldos para materializar las realidades que
su corazón va soñando.
ESPECTACULARIDAD
Esta palabra me llega de Vinciane Despret, y ella a su vez
de una amiga que la conoció por Luis. Despret es, aunque
ella no lo sepa, parte de la familia académico-vital Porteana.
Pienso en ella porque comienza su texto hablando de un
mirlo cuyo canto la despertó al alba. Dice que había en la
melodía sentido y belleza. No sólo lo dice, casi lo canta, porque
me recuerdo tomada, reclamada por su relato, hechizada
por el encanto de su prosa, intentando vanamente subrayar
la parte de su relato que condensaba estos sentires hasta
que irremediablemente sucumbí a la imposibilidad de situar
primera parte .49
exactamente la conmoción que me afectaba. Así aprendí
también que lo sensorial puede ser la vara de la importancia.
Eso tiene aroma a Luis.
La espectacularidad no se arrima desde entonces y para mí al
deseo de mostrarse para la popularidad, sino más bien al impera-
tivo de devenir expresivamente. Eso se parece aún más a Luis.
EXCEPCIONAL
Licenciado en Historia, Profesor en Historia y Especialista en
Docencia Universitaria (UNMdP, Argentina). Experto Universi-
tario en Planificación y Gestión de Proyectos de Cooperación
al Desarrollo (UNED) y Doctor en Pedagogía (Universidad de
Granada, España). Hoy suma 2 pos-doctorados y un cargo de
Secretario de Investigación y Posgrado en la Facultad de Hu-
manidades, además de la coordinación de un Programa Espe-
cífico del Doctorado en Educación de la Universidad Nacional
de Rosario. Y más, aunque parezca imposible. Ha generado las
condiciones para procesos de reforma curricular en distintas
Facultades de nuestra Universidad, dirigido el Doctorado en
Ciencias Sociales y creado el Programa de Posdoctorado en
Ciencias Sociales y Humanas.
Sagitariano en el Zodíaco, Caballo en el Horóscopo Chino,
Enlazador de mundos en el Calendario Maya.
Sensible, dúctil, abierto, intenso, entusiasta, confiable,
cálido, amable, generoso, inteligente, perspicaz, sagaz, com-
prometido, tenaz.
Memorable, como dice Sebastián (pariente Porteano), por-
que su presencia genera condiciones para que algo nos pase.
Inolvidable24.
24. Me apropio del modo en que lo nombró Susana, otra “con pertenencia
al grupo de afectos de Luis”- como describe Cecilia a la familia Porteana
también en este libro.
50. primera parte
«La condición de intimidad está asociada a
la investigación cualitativa o narrativa más
radicalizada que procura que lo privado se
haga común. Lo que antes quedaba en el
mundo de lo privado, con estas perspectivas
se hace común. En este interjuego entre lo
privado y lo público, la intimidad que se
hace pública se transforma en extimidad-en
esa condición compartida y comunitaria-
En lo que muestro se pone en juego esta
condición de intimidad y extimidad».
Porta, en Ogeda, Ribeiro y Ramallo, 2021: 8.
VOCES 1
Un postempirista en Mogotes. Un amigo en mi vida.
Enrique Andreotti Romanin25
Conocí a Luis caminando en Punta Mogotes durante los
años de pandemia. Digo conocí porque, aunque ya hacía
tiempo que interactuábamos en la Facultad, en verdad no
sabía mucho de él. Habíamos coincidido años antes en la
Facultad de Humanidades. Yo llegué en 2007, en el marco
de la reapertura de la carrera de Sociología, y él ya estaba
ahí. Tempranamente nos caímos bien, aunque sincera-
mente no hablábamos. Por entonces, los avatares de la
vida institucional nos llevaban por caminos distintos, y
para mí Luis no era Luis. Era Porta, el eficaz y temible Se-
cretario Académico de la gestión encabezada por la decana
Cristina Rosenthal. Yo en cambio era un profesor de Socio-
logía devenido en Coordinador de una carrera que convul-
sionaba en la Facultad. En esa época, entre la gestión del
Departamento y la de la Facultad volaban los chispazos.
O al menos así lo recuerdo.
El tiempo pasó, sobrevivimos a la gestión, y años
después nos encontramos lejos de esas responsabilidades.
Teníamos otras que ejercíamos con una compartida obse-
sión. Yo era Secretario General de la Agremiación de Do-
centes Universitarios Marplatense, y Porta era el director
de la Carrera de Especialización en Docencia Universitaria
(la famosa CEDU), que buscaba financiamiento.
25. Profesor Titular de Introducción a la Sociología en la Facultad
de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
Actual Decano de la Facultad de Humanidades, UNMdP. Investiga-
dor Adjunto del CONICET.
primera parte .55
Poco a poco bajamos los escudos y comenzamos a ver (nos)
otras cosas, a mirar (nos) desde otro lugar. Más allá de
su apariencia de profesor serio y adusto, del gestor de la
CEDU y político universitario, el director de miles de beca-
ries del CONICET y UNMdP, comencé a reconocerlo (nos)
en pequeños detalles. En una ocasión noté que escuchaba
atentamente y que tenía una mirada amplia de distintos
temas. En otra ocasión, descubrí que se interesaba por la
intersección entre las biografías y el mundo. También, con
sorpresa, me sorprendió desestructurando el mundo que
lo rodeaba mientras se mofaba de la seriedad que las per-
sonas adultas imprimen a ciertas cosas. En ese momento,
que no tiene una fecha precisa ni un lugar, sino más bien
múltiples tiempos y lugares, una imagen se deshilachaba
ante mí y se reconstruía otra. Así es como Porta dejó de
ser Porta y pasó a ser Luis.
Los proyectos en común se multiplicaban y en eso
llegó la pandemia. A todos nos pasaron cosas. Lo recuer-
do como una etapa extraña. Curiosamente a ambos nos
encontró viviendo en Punta Mogotes. Casualmente, o no
tanto, a muy pocas cuadras.
Caminar en común. Un modo de vivir/narrar la(s)
experiencia(s) e investigar(nos).
Una caminata entre dos (igualmente, la mayoría de las
veces éramos tres, con Alejandro Busto) puede contarse
de distintas maneras. Exploremos algunas posibilidades
usando chat GPT.
Primero, la más clásica: “Había una vez tres profesores
Alejandro, Luis y Enrique, que se conocieron mientras cami-
naban por la zona de Punta Mogotes durante la pandemia
COVID-19. Los tres se encontraban en la misma situación,
alejados de sus estudiantes y de su trabajo, con muy poco
contacto con sus mundos y tratando de sobrevivir a sus
vidas. Mientras caminaban juntos, empezaron a conversar
y rápidamente descubrieron que tenían mucho en común.
56. primera parte
Tenían un gran amor por las artes y la cultura. Durante la
larga conversación que se dio de manera constante duran-
te meses, se dieron cuenta de que tenían historias de vida
interesantes que contar. Finalmente, la pandemia dismi-
nuyó y las cosas volvieron a la normalidad, pero la amistad
entre los tres había quedado sellada. Aunque regresaron a
sus respectivos trabajos y a sus vidas cotidianas, continua-
ron manteniendo contacto y compartiendo sus reuniones y
proyectos. En definitiva, la pandemia los había unido y les
había permitido conocerse de una manera que probable-
mente no hubieran hecho de otra manera”.
Segundo, Francia. No, ahora en serio: “Caminar en
común fue lo que hicimos durante meses. En ese tiempo
triste por el COVID 19, aprendimos a escucharnos, pensar-
nos e identificarnos. A compartir el sufrir, pero también
los momentos buenos. De manera paulatina, con esa for-
ma misteriosa que tiene la vida adulta de sorprendernos,
nos hicimos amigos”.
Ambas maneras son válidas. Pero hay una tercera que
es la que me interesa revisar y que consiste en pensar
cómo caminar con alguien puede significar aprender a
mirar (se). Esta manera es la que descubrí en las charlas en
Mogotes. A priori, parece un método muy sencillo: contar,
pensar y narrar aspectos de la propia vida, en un ejercicio
introspectivo y contextual a la vez. De esta manera, las
experiencias autobiográficas se cuentan a través de la pro-
pia narrativa, pero con una fuerte cuota de reflexividad y
poniendo en juego con otro, o varios, los postulados. Es un
método muy humano que se basa en escuchar, saber/que-
rer/poder contar aspectos de la vida cotidiana (presente o
pasada) con el horizonte de transformar (nos). No cualquie-
ra logra esto. Para ello hay que tener una combinación de
historias, pasado(s) mezclado(s) justamente con una cuota
de dolor y buen humor en la búsqueda de la sanación y un
fuerte deseo de autoconocimiento. Su premisa básica es
primera parte .57
un viejo postulado de la filosofía: nada de lo humano me
es ajeno. Este método es el que practica y propone Luis y,
estoy seguro que durante meses lo ensayamos en Punta
Mogotes. Tal fue la profundidad de los temas y de las char-
las que no sólo nos hicimos amigos, sino también familia.
En el amor de mis niños hacia el “Tío Luis” está la prueba.
Quiero finalizar reflexionando sobre el carácter de
profesor memorable pues considero que esa etiqueta, que
no es para cualquiera de los mortales, es ideal para Luis.
Cuando me pidieron/invitaron a que escribiera algo, debo
confesar que me encontré ante un dilema: ¿puede un so-
ciólogo que trabaja sobre temas de memoria social escribir
algo sobre una persona memorable? Luego de dar vueltas
al asunto me di cuenta que estaba pensando en una clave
equivocada. Asociaba lo memorable al pasado, pero no
hay en juego un pasado.
Igualmente, sospecho que Luis vería con cierto extraña-
miento que lo consideren memorable. Es más, me animo
a pensar que en el fondo no le importaría demasiado. Pero
poco importa. Sé que igualmente recibirá esa etiqueta con
agrado, por dos motivos. En primer lugar, porque él siem-
pre piensa/mira/siente desde el presente. No es que no le
importe, o que no lidie con su(s) pasado(s), pero su preo-
cupación es siempre por el presente como vector para un
mejor futuro. Por eso trabaja todo el tiempo en descifrar las
claves de su presente en su biografía, en la de otros y com-
prender su experiencia en el mundo. Su pasado es presente
y viceversa. Entonces ser memorable para otros/as desde
el presente, su presente, lo regocijará porque habla de lo
que pudo/supo/logró construir: un entramado de vínculos
profesionales/académicos/familiares/afectivos enorme. En
segundo lugar, no le presta atención a los honores, sabe
descubrir el cariño en los modos de nombrar. Justamente
por esos motivos es que es una persona memorable.
58. primera parte
Bajo el sol de Mogotes se generan grandes y nuevas amistades.
Alejandro Busto26
Diciembre de 2019 y Punta Mogotes fue testigo de una
sinergia única que modificaría la perspectiva de vida de
tres personas que sostienen una amistad que trasciende
las distintas pruebas que el recorrido nos lleva a resol-
ver. En estas breves líneas quiero contar cómo nació una
amistad que trasciende el respeto y admiración profesio-
nal que le tengo a mi amigo Luis. Como todas las historias
esta tiene un principio; vayamos al mismo. Todo comenzó
los primeros días de diciembre de 2019: el año se despedía
y Luis se mudaba a Punta Mogotes, el escenario de este
relato. Quique, el papá de Fausto, el otro integrante de la
Historia, se había mudado unos meses antes y yo ya vivía
en Mogotes desde hacía unos años, pero con una nueva
realidad disruptiva, Ítalo, que llegó para quedarse a nues-
tro cuidado cuando con Flor ya pensábamos que llegaban
los días de descanso y disfrute de Cata, mi primera nieta, y
fundamentalmente de Pili que encaraba sus últimas expe-
riencias en el secundario.
Los tres nos conocíamos de la Facultad, donde ya
habíamos empezado a recorrer juntos el camino de cam-
biar la realidad de esa bestia que se llama Humanidades.
Transcurría nuestro tiempo por Mogotes y cuando nos
veíamos en nuestras distintas actividades nos saludába-
mos y cada uno seguía con sus cosas, ya que seguramente
al día siguiente o hablábamos en la Facu o queríamos
desenchufarnos de tanta vorágine; por eso hablábamos lo
indispensable. Lo que nadie imaginó ese verano caluroso
era que tres meses después comenzaría una prueba más
26. Profesor Titular de Historia General Americana Contemporánea en la
Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
primera parte .59
exigente que afrontaríamos, donde el aislamiento y la
soledad fueron las características de esos tiempos como
consecuencia de la pandemia de COVID 19.
En esos tiempos turbulentos, donde el contexto era tan
desfavorable, los tres iniciábamos un giro copernicano
en nuestras vidas. Para explicar estos cambios hagamos
un salto temporal de unos meses y vayamos a fines de
marzo o principio de abril; los tres comenzamos a reali-
zar por separado caminatas que nos permitían abstraer-
nos de la nueva realidad que estábamos experimentando,
y entonces ocurrió algo mágico, único e irrepetible; ante
tanta soledad y desasosiego por el aislamiento, los tres
60. primera parte
tuvimos la necesidad de vernos, de hacer coincidir nues-
tras caminatas para dar pelea a tanto desánimo, pelea
que llevamos adelante de la mejor manera que podemos
hacerlo, creando una lazo de amistad y de cariño que
perdura. Desde ese momento Quique no estaba solo con
Fausto, ya que nació el tío Luis para ayudarlo; yo tenía
unas buenas orejas para contarles mis peripecias con Íta-
lo y Luis contaba con dos amigos que lo acompañaban en
su re-nacer. Lo que para muchos en esos años del COVID
fue marcado por la tristeza y la soledad, para nosotros
tres en Mogotes fue una bendición, porque fueron dos
años donde pudimos construir vínculos indestructibles.
Algunos recuerdos quedan de esas caminatas; tal vez
uno que representa mi sentimiento con Luis es esta foto
donde no importa lo ridículo que
quede yo al aparecer en esta foto,
pero la elegí porque aparece la risa
franca y feliz de mi amigo Luis, o
mejor dicho la risa franca y feliz
del Tío Luis junto al tío gordo.
¿Cómo la presencia de un ser cuenta?
Silvia Grinberg27
Cómo la presencia de un ser cuenta, se pregunta Despret en
la procura por los modos de habitar. Un libro que tengo en-
tre mis manos y Luis tomó de su biblioteca para regalarme.
Un punto de nuestra biografía, la de Luis en su encuentro
con la mía. Uno de tantos lugares y momentos en que nues-
tras biografías se toparon, se juntaron, se encontraron. Un
punto de varias líneas, de varios momentos, un encuentro.
27. Profesora Titular de Sociología de la Educación en la Universidad
Nacional de San Martin y la Universidad Nacional de la Patagonia
Austral. Investigadora Principal de CONICET.
primera parte .61
Ese día como tantos otros hablábamos acerca de lo que
estábamos trabajando. Yo le contaba, con un dejo de confu-
sión, en lo que estaba y aún estoy trabajando; lo que estoy
escribiendo, lo que estoy queriendo escribir, lo que sigo
queriendo. Ideas por momentos inconexas, le contaba de
mis vacilaciones. Luis inmediatamente me habló del libro de
Despret y luego tomó el libro y me lo dio. Luis me escuchaba
atentamente, no sólo lo que decía sino lo que no sabía. Al
rato me contestó con un libro, con un regalo. Como quien
escucha, dialoga y contesta con un don. El don de la escucha
y del dar. De la atención. Escribir siempre tiene ese tocar el
deseo y el goce; a veces un poco de cada y de eso que tiene
la página, el arte de escribir, que es un poco ensayo, otro
poco error y mucho andar a tientas. La escritura en procu-
ra de cómo empezar, de cómo entrar, cómo tejer el texto,
hilvanar. Hablábamos con Luis sobre esto y él volvió con ese
libro de Despret, fue su respuesta, una de tantas, su magní-
fica respuesta. No me contestó con frases salidas del manual
del tú puedes. Me contestó como contestan los colegas, los
buenos colegas, los compañeros y amigos con el diálogo que
sólo pueden provocar los textos, los inter textos. Eso somos,
textos que se encuentran, enredan, afectan y producen.
En la vida (académica) a veces tenemos el honor, la suer-
te, el orgullo de encontrarnos con estos textos, estas tex-
tualidades y gestos. Con la atención, con el colega, con el
amigo. Nadie sabe cómo afecta un ser. Esos que hacen que
la presencia cuente. Mucho suele decirse sobre la compe-
titividad de nuestro mundo. En ese mismo libro Despret
señala “vivimos en un mundo deteriorado que ha modifi-
cado nuestros afectos… solstalgia, el sentimiento de haber
perdido el consuelo de un mundo familiar…” (86). Muchas
veces quedamos en ese desconsuelo, pero también tan-
tas otras construimos pequeños mundos, encuentros.
Esa tarde como tantas otras frente al mar Luis leyó lo que
aún no había logrado escribir, mientras le contaba que lo
62. primera parte
estaba queriendo hacer, lo que estaba haciendo y me trajo
ese libro. No es cualquier texto. Entre sus páginas se yergue la
presencia, una analítica sesuda, detallada y amorosa de lo que
es habitar. De la solstalgia del habitar, pero también de un
otro afectar. Un libro que es también un contra-relato de esa
solstalgia. Un texto que narra cómo el mundo de competen-
cia y acecho con el que se construye la academia construyó
la idea de territorio, de cómo en ese caso los pájaros habitan
y no sólo como pujas y competencias por el territorio sino
como modos de habitar que también suponen co-habitar.
Despret deconstruye las lecturas de las luchas agresivas por
el territorio como los únicos modos de habitar. Las desnuda
de un modo en el que encuentra otros modos de ese habi-
tar que no necesariamente son los de una competencia que
expulsa, donde el territorio se vuelve campo de batalla.
En Luis, con Luis el territorio se vuelve otra cosa, se
vuelve lugar, encuentro y fuga. Luis no le teme al encuentro.
Y sabe que se puede habitar, co-habitar; es poreso que es
hacedor, hacedor de territorios. Creador de territorios que no
dejan de ser como esas aguas del mar que tanto ama que van
y que vienen; que se topan, mezclan enredan y siguen para
volver, para a ir y venir. Porque el mar todo lo cura.
Mientras escribo estas palabras, en este microrrelato
entiendo todo lo que Luis me escuchó aquella tarde, todo
lo que escuchó que ni yo misma sabía que hablaba. Cómo
la presencia de un ser cuenta. En Luis el territorio se vuelve
punto de encuentro, lugar de vida. La vida se hace en Luis
como obra; en su devenir profesor, en devenir investiga-
dor, en su devenir amigo. Pensar es como decía Nietzsche
tirar una flecha en una dirección para que alguien la tome
y la dirija en otra dirección. Eso es Luis, quien tira flechas,
quien toma otras y las vuelve a lanzar en otra dirección.
Diálogos, encuentros, puntos de fuga. Nadie sabe lo
que puede un cuerpo, cómo afecta un ser. Luis.
primera parte .63
Luis
Daniel Suarez
Primero lo vi de lejos, diminuto, casi un punto. Mien-
tras me acercaba, al subir la pendiente de La Perla
hasta la terraza del bar, su figura se fue haciendo más
grande, nítida, congruente, y su frente amplia brilla-
ba como su calva. Estaba sentado, de cara al mar, con
el mentón apenas levantado, como recibiendo al sol
en pleno rostro. Ahora tenía nariz grande, ojos agu-
dos y un estar cómodo en el sillón. Tomaba café. Nos
presentamos y empezamos una conversación que
todavía no terminó. Ni terminará, creo. Y espero.
Me contó la historia de su grupo de investigación,
del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias en
Educación, de la Facultad de Humanidades, de la Uni-
versidad Nacional de Mar del Plata. Sintetizó como un
didacta las líneas de investigación que venían trabajando
e insinuó algunos proyectos a futuro. Y como un maestro
me habló de los tesistas y becarixs, de lxs investigadorxs
y lxs estudiantes que estaban formándose con él. En la
charla me sorprendió con su interés primerizo por los
estudios culturales y la creación artística, sus lecturas
poscrítricas, descoloniales –como aprendí a decir de
él, después—con su voracidad intelectual y su singular
sensibilidad estética. Pero, sobre todo, en ese primer
encuentro en la mañana marplatense me inquietó su
manera de hablar, de entonar su voz, de gesticular con
la cara y con las manos, de escuchar. No pude desa-
fectarme del vértigo que lo llevaba desde una idea al
diseño e, inmediatamente, a la acción. Me fui de esa
visita inicial con varios proyectos en común, muchas
ideas nuevas y la certeza de que había encontrado un
compañero de aventuras, un interlocutor permanente y
agudo, alguien de quien y con quien aprender haciendo.
64. primera parte
Después vino una amistad de años tejida y cultiva-
da en ideas, gente, sueños, encuentros y territorios de
acción, políticos, académicos, formativos, un ida y vuelta
que me permitió ser testigo y habitar su creatividad, su
imaginación desplegada en obras, en acontecimientos, la
relación amorosa, inteligente, sensible, con sus amigxs,
colegas, aprendices. Muchxs de sus amigxs ahora son
también lxs míos. Lo vi como un artesano sutil, como un
joyero, un viejo sabio, y aprecié su collage de fragmen-
tos, historias, diferencias, para componer un todo que
nunca termina de cerrarse y que se dispara como la luz
en el cristal, interminable nunca todo. Escuché sus pala-
bras nuevas, las leí, me fasciné con las que pronuncia en
sus presentaciones de imágenes y metáforas y coloridos
y sutilezas en ppt. Intenté torpemente decirlas como solo
él lo hace, y acepté la zozobra de la voz que piensa mien-
tras se dice. Cada vez, en el Fábrica de Ideas marplatense,
en los cursos y congresos compartidos aquí y allá, en la
coordinación del Programa Específico de Investigación
Narrativa en Educación de la Universidad Nacional de
Rosario, siempre que me crucé con él, aprendí algo nue-
vo, o de nuevo experimenté lo disruptivo, intempestivo e
impertinente de sus performances académicas, atisbé la
forma y los modales con los que acoge, construye y for-
ma equipo, colectivos, pluralidad y conocimiento emer-
gente, en esa otra manera de hacer y ser investigación.
Una amistad, un encuentro, una conversación sin
final que merecen celebrarse, cuidarse y poner a rodar.
primera parte .65
Pasiones
Mariana Maggio28
Conozco a Luis Porta hace muchos años. Nos une un
vínculo académico cruzado por el afecto y el respeto.
Cuando nos cruzamos en general lo hacemos por su ge-
nerosidad a la hora de abrir las puertas de propuestas
que me hacen sentir honrada y desafiada a la vez. Se
trata de esa cualidad que lo distingue de invitar, que se
transforma casi sin que él ni nosotros tengamos demasia-
da conciencia de ello, en un invitarnos a ser mejores.
Verlo en acción, con los suyos, es también un desplie-
gue de esa generosidad a puertas adentro. Armar equipo,
formar jóvenes, tejer redes y armar colectivos que, con
esa sensibilidad para revisar el pasado que los define,
forjan futuros esperanzadores. Acá se apuesta, se cree
y se crean proyectos necesarios y sueños esperados. Y,
además, no es difícil de adivinar, se disfruta y mucho.
En ambas situaciones Luis, como maestro, hace escuela.
No declara escuela, la hace. La contundente prueba es el
esfuerzo riguroso y sistemático con el que sostiene trayecto-
rias que concluyen – de una manera notoriamente temprana
– en enormes trabajos de doctorado. Me toca en lo personal
una de esas trayectorias. En ocasión del primer coloquio de
la Sociedad Argentina de Investigación en Educación tuvo
lugar un panel en el que se revisaron las políticas de forma-
ción docente en Argentina en democracia. Allí se mencionó
el proyecto Polos de Desarrollo que coordiné durante la
gestión de mi maestra Edith Litwin a cargo del Programa
Nacional de Formación Docente del Ministerio de Educación
de la Nación. Conmovida como estaba por esa mención
28. Profesora Titular de Educación y Tecnologías, Universidad de
Buenos Aires.
66. primera parte
que podría haber pasado sin ningún otro efecto, vi a Luis
acercarse. Sólo hizo una pregunta: “¿Esto está estudiado?”
No, realmente no lo estaba. Sólo una pregunta que
abrió el juego a que uno de sus enormes discípulos,
Jonathan Aguirre, iniciara un estudio ejemplar sobre una
política pública. Gracias a esa pregunta Jonathan se docto-
ró con merecidos honores y esa política tuvo la reconstruc-
ción que necesitaba y merecía. El rostro humano de las
políticas que develó la investigación puede ser un camino
de futuro para pensar y para pensarnos. Un momento que
podría haber pasado desapercibido y una pregunta que
podría no haber sido formulada. Sin embargo, ahí estaba
el ojo y la escucha atenta del investigador que es maestro
y que teje, en el momento justo, para construir.
Hacer memoria y hacer futuro, tal vez en eso consista
hacer escuela.
Escribo estas palabras con reconocimiento y agradeci-
miento. También con emoción y la ilusión de cada cruce
se convierta, a la manera de Luis, en un encuentro para
hacer escuela.
Buenos Aires, 7 de agosto de 2023
Rosario siempre estuvo cerca
Liliana Sanjurjo29
Tomo esta frase de una canción de Fito Paéz porque con-
sidero que sintetiza, en parte, la relación de Luis con la
Universidad Nacional de Rosario (UNR) y con el grupo de
formación en prácticas profesionales que coordino.
29.Profesora Emérita de la Universidad Nacional de Rosario. Recono-
cida especialista en el campo de la formación en práctica docente.
primera parte .67
Conocí a Luis antes de que él comience una relación
académica fluida con nuestra Universidad. Su generosidad
y buen tacto para armar proyectos y convocar al trabajo
nos llevó a conocernos. Hace ya muchos años me invitó
como profesora de la Especialización en Docencia Uni-
versitaria, carrera que dirige en la Universidad Nacional
de Mar del Plata (UNMdP). También como conferencista
o integrante de paneles y mesas redondas en los concu-
rridos congresos que organiza periódicamente a través
del Grupo de Investigación en Educación y Estudios
Culturales (GIEEC) y del CIMED. Nuestra relación profe-
sional y de amistad lleva ya décadas en las que compar-
timos proyectos, actividades sociales, alegrías, excesos
de trabajo, logrando consolidar una bella amistad.
Desde lo profesional, destaco su perseverancia, su
visión de futuro, su capacidad de gestión, de aglutinar
a su alrededor a gente deseosa de mejorar personal-
mente y, a la vez, comprometida con la mejora de la
educación pública. Deseo detenerme en la lucha de Luis
para recuperar la carrera de Ciencias de la Educación
cerrada por la dictadura militar en la UNMdP, porque
es un claro ejemplo de las capacidades que destaco más
arriba. Con la apertura democrática el Consejo Superior
de su universidad aprobó esa reapertura, la que demo-
ró años en concretarse por razones presupuestarias y
porque después de tanto tiempo sin el funcionamien-
to de la carrera debía volver a generar masa crítica
especializada en ese campo para poder reabrirla.
Además de abrir la Especialización en Docencia Universi-
taria, Luis puso manos a la obra para que su equipo pudiera
formarse en posgrados en educación. A través del entonces
decano de la Facultad de Humanidades y Artes de la Uni-
versidad Nacional de Rosario, Prof. José Goity, y de amigos
y amigas que ya se había sabido ganar, realizó las gestiones
68. primera parte
necesarias para que un grupo importante de docentes de
la UNMdP realice el Doctorado en Humanidades y Artes,
mención en Ciencias de la Educación en la UNR. Con la visión
de futuro que lo caracteriza, esas gestiones permitieron
doctorarse a un grupo numeroso de docentes y posibilitó la
generación de la masa crítica necesaria para que en el año
2019 se logre reabrir la carrera. Su generosidad se extendió
a docentes de otras universidades que también necesitaban
de ese empujón para finalizar el doctorado; entre otros y
otras de la Universidad Nacional del Nordeste, de La Pampa.
Con José Goity también militaron en la Asociación
Nacional de Facultades de Humanidades y Educación
(ANFHE), la que tuvo un rol fundamental en la construc-
ción de los cambios curriculares en los profesorados
universitarios, los que permitieron consolidar el campo
de la formación pedagógica y de la práctica. También
militamos en la conformación de la Asociación Iberoame-
ricana de Docencia Universitaria-Argentina (AIDU-A),
entre otras actividades académicas compartidas. Fue
vicepresidente de AIDU-A desde su creación; actualmente
se desempeña a cargo de la presidencia. Organizamos,
con mucho esfuerzo de los equipos de la UNMdP y de la
UNR, el primer congreso de esa Asociación al que con-
currieron más de mil docentes del país y del exterior.
Me estoy deteniendo sólo en aquellas experiencias
compartidas dedicadas específicamente a educación para
destacar su preocupación constante por esa problemática.
Siguiendo esa línea de trabajo, también fue un incansable
trabajador en las carreras dedicadas a la formación en
prácticas que generamos desde el equipo al que pertenez-
co en la UNR -Especialización y Maestría en Práctica Do-
cente, Maestría en Docencia en el Campo de la Formación
en Prácticas Profesionales. Además de desempeñarse como
docente en las tres carreras y como miembro de dos de
las Comisiones Académicas, cumplió un rol fundamental
primera parte .69
en la promoción de la Maestría en Práctica Docente entre
colegas de Mar del Plata, Miramar y Bahía Blanca, tanto
de universidades como de institutos, quienes ya obtuvie-
ron o están en proceso de obtener lograr su titulación.
También compartimos el desarrollo del Seminario
de Metodología de la Investigación del Doctorado en
Humanidades y Artes, mención en Ciencias de la Educa-
ción de la UNR para extranjeros, intercambiando enfo-
ques, desarrollos teóricos, modalidades de trabajo en el
aula y formatos de evaluación, enriqueciendo nuestras
miradas y propuestas didácticas en un seminario clave
en las carreras dedicadas a la investigación. Trabajamos
mucho para el reconocimiento y la consolidación de
diversas modalidades de investigación cualitativa entre
los estudiantes y ante los organismos de reconocimien-
to de los proyectos.
En cuanto a las actividades sociales, ¡qué decir!
Hemos compartido muchos momentos de alegría, di-
versión en medio del trabajo productivo, buen humor
y clima de bienestar: las reuniones sociales en el marco
de los encuentros académicos, las caminatas de regreso
a las tres de la mañana riéndonos de nosotros mismos,
de las caras amargadas que se arrugarán verticalmen-
te y de nosotros que por reírnos mucho al menos nos
arrugaremos horizontalmente, los bailes en el marco
de esos eventos, las cenas pos desarrollo de seminarios
al lado del mar o del río Paraná comiendo boga despi-
nada, siempre con un buen vinito y variedad de postres
a degustar. Recuerdo que en los días que compartimos
en Murcia, en oportunidad de celebrarse el IX Congre-
so de AIDU Internacional en el año 2016, el grupo de
argentinos amigos que allí nos encontramos nos reíamos
tanto en una cena que otros argentinos que nos obser-
vaban se nos unieron con un champagne para seguir
festejando. También se nos unió, y no nos dejaba ni a
70. primera parte
sol ni a sombra, el colega español que nos acompañaba.
Nunca supimos bien si para compartir la diversión y ser
mejor anfitrión –que de hecho lo es y excelente–o para
“controlar” un poco nuestros desbordes de festejos.
En lo personal, Luis se fue convirtiendo en un amigo
incondicional, atento como el que más. Siempre con un
libro a mano sabiendo que nos resultaría valioso, con
un detalle personal o para el hogar que con muy buen
gusto nos regalaba. Y hablo en plural porque la amistad
se fue haciendo extensiva a mi hija y al grupo de cole-
gas con el que compartimos trabajo permanentemente.
Es, también, el amigo con el que se puede compartir
las vicisitudes de la vida, las alegrías, los problemas,
temores y tristezas porque él “siempre estuvo cerca”.
A Luis Porta…
Violeta Guyot30
Conocí a Luis Porta hace muchos años cuando estaba
dictando un curso en una carrera de posgrado en la
Universidad Nacional de Mar del Plata por invitación del
Profesor Pedro Lafourcade. Luis era entonces alumno de
ese curso y en esa oportunidad iniciamos una cordial
relación que retomaríamos cuando se creó la Especializa-
ción en Docencia Universitaria, de la cual sería Director
por muchos años. Me propuso dictar el módulo de Áreas
Curriculares que intenté abordar epistemológicamente.
Su formación en carrera de grado vinculada a la proble-
mática cultural y de posgrado relacionada con cuestiones
éticas y educativas contribuyeron a la apertura intelec-
tual con que se disponía al trabajo académico y docente
30. Profesora Emérita de la Universidad Nacional de San Luis.
primera parte .71
en la Especialización, la cual tomó un carácter peculiar,
abriendo espacios inclusivos y multidisciplinarios. El
interés de Luis por las cuestiones culturales y educa-
tivas directamente se puso en evidencia por el modo
de establecer el trato con los alumnos y los colegas, en
proponer actividades extra disciplinarias sobre problemá-
ticas ligadas directa e indirectamente con los intereses
curriculares. Tal vez una acción más notable fueron los
acuerdos que estableció con organismos e instituciones
que permitieron que muchos docentes se incorporaran a
la formación de la carrera de la Especialización, abrién-
dose un espacio de educación superior de posgrado que
llegó a extender esa posibilidad a otras universidades.
Más allá de su desempeño en las actividades aca-
démicas de la Carrera, su formación intelectual se fue
potenciando permanentemente, con proyectos de inves-
tigación sobre problemáticas cuyos resultados resulta-
ron innovadores como el denominado “Formación del
profesorado V. Biografías de Profesores Memorables.
Grandes Maestros. Pasiones Intelectuales e Identidad
Profesional”, dirigiendo equipos que implicaron proce-
sos formación multidisciplinaria de alumnos, docentes
e investigadores, como el Grupo de Investigaciones
en Educación y Estudios Culturales (GIEEC), dictando
cursos en numerosas universidades nacionales y ex-
tranjeras, cofundando y codirigiendo publicaciones
especializadas. Cabe destacar la Revista de Educación, de
carácter multidisciplinario, publicación de la Facultad
de Humanidades de la UNMDP, incorporada a Índices
categorizadores internacionales. Su intensa actividad
académica lo llevó a ejercer cargos de evaluación y
gestión universitaria y de Asociaciones intelectuales.
La trayectoria de Luis Porta, que no podemos ter-
minar de explicitar, desde sus años juveniles y hasta la
actualidad ha sido de un carácter persistente en sus inte-
72. primera parte
reses y exitosa respecto de sus resultados. Cabe señalar
su cordialidad, generosidad y valores que lo hacen ser un
intelectual altamente estimado y francamente valorado.
Urdimbres
Graciela –Chachi- Di Franco31
Me conmueve el convite, un libro para/de/con Luis.
Con-vencida que para ello es necesario hablar de la pasión.
Pasión, ese movimiento hacia lo posible.
Pasiones claras generadoras de amor, alegría, espe-
ranza, entusiasmo y que siempre implican a unx otrx.
Lo posible implica esa urdimbre ética que conjuga
intelecto y afectos. En esa urdimbre conozco a Luis; de la
mano de actividades académicas, de gestión, de investiga-
ción, siempre enhebrando objetivos, temáticas y pro-
blemáticas estructurantes en la universidad pública. La
urdimbre reposa, tensado sobre el telar, esperando la lle-
gada de la trama, que se va entretejiendo horizontalmen-
te, desplegando colores, trazos, enlaces, formas, sentidos.
Allí en esa urdimbre se trama el trabajo compar-
tido en investigación educativa consolidando trayec-
tos originales, propios, locales para fortalecer cómo
entendemos la construcción de conocimiento y la
investigación. Una construcción colaborativa de cono-
cimiento que nos lleva a preguntarnos con quiénes,
cómo y desde dónde pensamos, con qué propósitos,
qué significa pensar con otrxs, con estudiantes, con
docentes, con las personas que generan espacios de
resistencia. Nos preguntamos, además, quiénes se bene-
31. Ha sido profesora titular de Currículum en la Universidad
Nacional de La Pampa.
primera parte .73
fician con ese pensamiento y consideramos que pen-
sar desde ahí implica entender una investigación con
características vitales, particulares, comprometida.
Esa urdimbre ha entramado acciones de proyec-
ción, conducción y ejecución de tareas de investigación
educativa demostrada en la coordinación del Grupo de
investigación, dirección de proyectos, la constitución
de equipos, el asesoramiento y acompañamiento en
la formación investigativa, la dirección de tesistas de
grado y postgrado en las áreas y asignaturas en la que
es responsable. Siempre comprometido en orientar y
apoyar el proceso de formación y perfeccionamiento,
extensión, transferencia, lo que ha favorecido potentes
vínculos con universidades nacionales e internaciona-
les, generando espacios de intercambio, encuentros,
formación, investigación, tanto a nivel personal como
institucional. Desde allí nos ha acompañado en tareas
de evaluación de carrera docente, proyectos y progra-
mas de investigación, en defensas de tesis de maestría.
Extendió hilos hacia seminarios en otras universi-
dades, me sumó a tareas de investigación con otros
equipos, con otros institutos de investigación y Coni-
cet, abriendo horizontes inéditos de prácticas desti-
nadas a llevar adelante anclajes posibles de reflexión
crítica en torno a lo pedagógico y a la educación.
En esas geografías de reconocimiento y de ac-
ción fui poniendo en palabras una tesis de doc-
torado que me permitió y permite reconstruir lo
identitario, habilitar una memoria cotidiana como
una forma de reconocer los pequeños gestos ético-
políticos que nos sostienen. Y en todas las acciones,
el cuidado de lxs otrxs, una reinauguración comu-
nitaria en esa pedagogía, una solidaridad a favor de
abrir todas las puertas posibles, para que cada hilo
se encuentre, entremezcle, teja tramas posibles.
74. primera parte
Esa urdimbre sostiene este “incansablemente ha-
cerse responsable” del rumbo político y subjetivo de
nuestras historias. Esto —afortunadamente y agradeci-
damente— lo seguimos aprendiendo a diario con él.
Un abrazo
Otoño pampeano, 2023
Luis, mi amigo……
Alicia Villagra32
Luis: amigo queridísimo, colega admirado, compinche
existencial, gran maestro formador, son formas de nom-
brarte sintiéndote. Sin embargo, en la búsqueda de un decir
que condensara los ecos de momentos personales-profe-
sionales convividos e inspirada en una de las categorías
que identifican al GIEEC, decidí reconocerte como amigo
memorable parafraseándote como el “que deja huellas
en el recuerdo en los otros (en mí) por su buena entrega
vincular”. Y sí. Esas huellas comenzaron a habitarme
desde el primer encuentro, en el que nos conocimos de
una manera tan inexplicable como posible. Tal como
expresaste en una oportunidad “Casi como si el universo
nos pusiera en el mismo momento y en el mismo lugar,
hubo una conexión instantánea… y no dejamos desde ese
momento de compartir la vida”. Creo que, por un pacto
implícito gestado por nuestra cómplice sensibilidad, y
a la manera de un instante eternizado por una extraña
durabilidad, pudimos mantener ese mismo momento y lugar
32. Ha sido Profesora Titular en el área de Didáctica y Currículum
en la Universidad Nacional de Tucumán.
primera parte .75
a través de todos los otros tiempos y lugares en los que
coincidimos. Así, en instancias prestadas por las agendas
de trabajo, construimos momentos celebratorios de plena
comunicación, colmados de esperanza, afecto, compren-
sión, alegría y confianza. Humeantes cafecitos y comi-
das con sabor a diálogo testimonian a lo largo de estos
años chismositas charlas sobre sueños, proyectos, luchas,
logros, dolores, ilusiones y desilusiones desgajados de
avatares personales y laborales. Estas charlas, que acorta-
ron simbólicamente la lejanía entre el mar, la montaña
y la luna tucumana que nos separa, nos mantuvieron
genuinamente presentes para el otro de una manera
extraña y gozante, permitiéndonos conocernos y hasta
anticiparnos en el pensar, hacer, sentir y decir, a pesar de
oportunidades inacabadas y abrazos siempre adeudados.
En esta oportunidad, los veinte años del Grupo de
Investigación en Educación y Estudios Culturales (GIEEC)
me invitan a una referencia ineludible: tu apasionante veta
de apasionado formador de educadores e investigadores.
Distante del narcisismo y creando espacios de formación
con calidad continente, tu provocador y nutriente darte a
otros para que-darte en ellos posibilitando su desarrollo per-
sonal enaltece tu reconocida figura educadora que engala-
na la docencia, la investigación y la producción académica
a nivel nacional e internacional. De tu mayúscula tarea
enfatizo particularmente la valentía epistémica para abrir
puertas temáticas postergadas y/o invisibilizadas –dimen-
siones afectivas, emocionales, perceptivas—que inspiran-
do proyectos inscriptos en la investigación narrativa y
autobiográfica y transformadas en objeto de enseñanza,
se han expandido bibliográficamente revitalizando los
estudios educativos y culturales desde una mirada inter-
disciplinaria, transformadora, polifónica, sensible y fun-
damentada teóricamente. Asimismo, valoro tu Incansable
Ímpetu y generosidad para potenciar sueños e iniciativas
76. primera parte
varias de quienes integran el GIEEC y la modalidad coope-
rativa de producción académica instalada en este grupo de
trabajo, la que seguramente te desafía a seguir borronean-
do utopías teórico-metodológicas inaugurales. En fin…
desde estas palabras, sólo una pincelada que atestigua
mi presencia, como ya te dije una vez, gracias por tanto.
Mónica Marquina33
Haber encontrado a Luis en el camino académico real-
mente ha sido un privilegio no buscado. En una profesión
cada vez más competitiva e individualista, muy pocas
veces una se encuentra con estos personajes únicos.
Luis tiene una concepción de los vínculos con las per-
sonas que traslada a todos sus ámbitos, incluyendo el
académico. Dentro de su concepción, no hay manera de
hacer academia si no es en red horizontal, y a esa idea
de red no sólo la alimenta con ideas y propuestas per-
manentes, en donde abunda el conocimiento y la razón,
sino también con el afecto, la pasión, la emoción.
Trabajar con Luis es relajarse. Dejar las defensas
bien guardadas. No importa si pensás diferente, en
perspectivas teóricas o en posicionamientos políticos.
Ahí él siempre está y te invita a que estés. Mi experien-
cia de trabajo con Luis es recibir pura entrega de él.
La vida del siglo XXI nos obliga a separar el trabajo
de la vida social. Usualmente escuchamos que puede
ser riesgoso mezclar ámbitos. Somos personas únicas,
obligadas a ponernos diferentes sombreros en cada
ocasión. No tengo dudas del riesgo de no separar esos
33. Profesora Adjunta de Política Educacional y Educación Compa-
rada, Universidad de Buenos Aires.
primera parte .77
mundos, pero tampoco del saldo más que positivo que
puede tener, porque se trata de cosechar amistades
mientras se trabaja. Una apuesta absolutamente poco
usual. Por eso me siento privilegiada de haber encon-
trado a Luis en mi camino de amistades académicas.
“Entre la Arena y los Andes
Luis “Tlatoani”. Luis, “El Bueno”
Pepe Tranier34
Si tuviéramos que imaginar nuevas narrativas para aproxi-
marnos al origen regional e institucional de ciertos hitos,
memorias, acontecimientos, hechos pedagógicos relacio-
nando tiempos, espacios, almas, subjetividades y personas;
la(s) historia(s) interconectadas a través de los puertos de
Luis Porta darían cuenta de aquella caleidoscópica articu-
lación. Esto es, del pluralismo como transversalidad y los
(inter) diálogos productos de aquellas formas políticas de
manifestación. No sólo eso. Estarían inscritas e incluidas,
también, como piezas claves en la elaboración de un futu-
ro himnario o repositorio público, que permitiría entonar
y comprender el surgimiento colectivo de un nuevo Có-
dice artesanal. “Contra Atlántico”. Anclado y desanclado,
paradójicamente, de manera ininterrumpida desde aque-
lla misma Identidad, Nombre, Puerto y Representación.
Desde este lugar entonces imaginario de la reescritura de
la Historia, podríamos predecir con respecto a Luis lo siguiente:
Que nació producto del abrupto estallido originado
entre una inmensa Ola y las Rocas, en algún día de
34. Profesor Títular de Pedagogía de la Facultad de Humanidades y
Artes de la Universidad Nacional de Rosario.
78. primera parte
tormenta de verano o de invierno, provocando en
esos ecosistemas y grupos de vida una verdadera
revolución. Una suerte de Big-Bang local Andino, con
potestad de afectación de las almas, paisajes, lugares,
rumbos y destinos. Consignado a alumbrar con aquel
estallido un nuevo camino amoroso de búsqueda como
principal instrumento de lucha y de interrogación.
Dicen que fue tal el estruendo, que inmortales astillas
volaron surcando los cielos llegando hasta al mismo
Sol. Que en otras galaxias se oyeron sus cantos. Y que,
desde otros pueblos, entonan sus hitos de haberse
animado a habitar otro espacio con otra identificación.
También dicen que: “el Agua”, de la Roca, aprendió a
esperar y a esperarse. A apaciguar/se en sus propios
tiempos. Y que: “la Roca”, del Mar y del Agua, a ser
indolente con el supuesto decreto de inmovilidad.
Rompiendo el camino establecido. Y quebrantando
su propio “Toque de queda”. Así aprendió entonces a
Ser “Roca viajera”; montando y desmontando mareas;
cruzando charcos y saltando vallas y valles decidiendo,
así, dónde, cuándo, cómo y “con quién” vale la pena
mejor (des) anclar. Pero, sobre todo, del mar, aprendió
a confiar en la espera: en relación con aquello que
siempre le trae, también le devuelve, y también se lle-
va. Así, Sal, Viento, Mercurio, Agua, Olas y Hierro, se-
llaron un mismo camino. Jurando reeditar la potencia
de sus antiguas y nuevas andanzas en todas las almas
que urjan hospedar, aliviar y alojar alguna que otra he-
rida e historia exiliada para que las representen. Solo
en aquellas almas, entonces, con la misma imperti-
nencia de ser Agua, Puerta, Molienda, Mano, Hombro,
Ladrillo, Abrazo, Barro, Roca, Reencuentro, Corazón,
Estallido y Adobe. Los materiales que, en forma coin-
cidente y curiosamente, sirven para construir y edifi-
car sujetos, lugares y prácticas contra abandónicas.
primera parte .79
Al igual como sucede en la Escuela. Al igual como
también sucede en la vida. Que podamos Ser Agua y
Roca: hacedores/as Públicos de nuestra propia “Toma de
la Bastilla”; de nuestras propias historias; y de nuestra
propiamente histórica (y colectiva) revolución. Desple-
gando Actos plenamente soberanos, éticos, políticos,
y pedagógicos. Refundacionales, y vinculados a una
urgente y pacífica Andina y Epistémica Insurrección.
Ser y hacer personas e instituciones distintas. Sin
temer al camino empedrado. Recordando lo que pasó
con las Rocas y el Agua. Y conocer, “y reconocerse”, en
esa calzada, a quienes también lo hicieron posible. O
nuevamente viable. Como un Luis tan querido quien, de
tanto buscar, navegar, estallar, brillar y rodar, ensanchó
finalmente aquel muelle. No para que pasen meramente
los “Barcos”. Sino para hacer de esas estelas una cuna
posible que acune la vida y alivie el dolor. Poder ser Agua,
Roca, Ola, Arena, Montaña y Canción. Una historia en
común y una comunidad diversa de historicidad, en donde
“llegar a buen puerto” signifique simplemente intentar-
lo. Confiando que la marea modifique lo inmóvil; y que
lo inamovible sea un constante recuerdo: alojado en la
certeza de nuestro compromiso, con una existencia mejor.
A Luis…
Marilina Lipsman35
Mi primer recuerdo de Luis fue en una oportunidad en la
que mi maestra, Edith Litwin, me propuso viajar a Mar del
Plata para participar de un panel sobre evaluación para la
35. Profesora Titular de Bases Didácticas y Evaluación de la Calidad Educativa
en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires.
80. primera parte
Carrera de Bibliotecología. Como ocurría en esos tiempos,
veinte largos años atrás, eran mis primeras conferencias.
Mi contacto directo para ese momento fue Luis Porta. Luis
muy serio me acompañó toda la jornada, no se despegó ni
un momento y aún sin conocernos sentí la cercanía ins-
tantánea de quien da lugar y acompaña afectuosamente.
Casi podría decir que ese primer encuentro me permitió
reconocer la calidad humana y respetuosa que acompaña-
ría ya luego, con más confianza, mi impresión de él. En
los años venideros compartimos con él y junto a Mariana
Maggio un seminario de investigación que Edith dictaba
y nosotros acompañamos en la Universidad Nacional de
Mar del Plata. Los primeros pasos en la Carrera de Espe-
cialización en Docencia fueron maravillosos. Cada viaje se
nos hacía una rutina de clase, salida gastronómica, cultu-
ral y así de colegas amigos donde compartimos innume-
rables jornadas, congresos, eventos científicos, allá y acá,
donde la oportunidad para el intercambio siempre fue en-
riquecedora y motivadora de nuevas miradas y aperturas.
Con cada viaje a Mar del Plata y proyecto académico
del que tenía conocimiento de Luis y posteriormente su
equipo fui notando la huella y marcas en el avance de la
docencia y la investigación en la UNMdP. En un comienzo
él mismo hizo público su reconocimiento a la influencia
de algunas de las construcciones teóricas de Edith Litwin
en su aproximación a una “didáctica de autor” donde
aborda desde una serie de narrativas concebidas como
trama y como metodología. La buena enseñanza como
categoría de vinculación teórica y la narrativa como textu-
ra discursiva ontológica que permiten adentrarse en los
procesos. A partir de otros recorridos teóricos también
desarrolla investigaciones y consolida a través de los
años el Grupo de Investigaciones en Educación y Estudios
Culturales. Los trabajos sobre formadores de docentes
en la UNMdP son de enorme valor. Siempre inquieto en
primera parte .81
sus búsquedas teóricas y performativas, siempre salta de
los lugares comunes hacia nuevas construcciones que
permiten dar crecimiento a la discusión didáctica del
nivel superior en el país. Supo buscar especialistas de
diferentes partes del país y del exterior para dar lugar al
crecimiento teórico y metodológico de las áreas de cono-
cimiento del campo educativo para la universidad y al
mismo tiempo afianzar equipos de trabajo dando lugar
a gente joven en sus trabajos de tesis y carrera de inves-
tigadores que dejan marca el tipo de trabajo académico
y profesional de búsquedas personales y grupales, con-
solidando interesantes investigaciones para la didáctica
en la UNMdP y también en otras universidades el país.
Celebro la posibilidad de conocernos, de compar-
tir intercambios académicos, profesionales y de la vida
personal a través del tiempo, lo que nos hace mejores
docentes, mejores investigadores y mejores personas.
Sobre Luis y su amorosa construcción
Silvia Siderac36
Recibir una invitación para escribir sobre Luis es, en sí
misma, una invitación a la alegría. Por eso, para este peque-
ño fragmento, que se mezclará sin duda con muchos otros
distintos y al tiempo similares, he decidido compartir los
sentires que me visiten al recordarle. Lo primero es compar-
tir que ya al empezar a evocarle se me ha instalado una son-
risa, y con ella un estado entre feliz y nostalgioso, porque
Luis es, para quienes estamos lejos, un unísono de presen-
cia y ausencia con su paradojal mezcla de sensaciones.
36. Actual Secretaria Académica de la Facultad de Ciencias Humanas,
Profesora de Práctica Curricular. Universidad Nacional de La Pampa.
82. primera parte
No tengo certeza sobre cuál fue el momento en que
conocí a Luis. Seguramente habrá sido un congreso, un
seminario, una jornada en Mar del Plata…no lo recuerdo,
y no me resulta importante. Sí sé que he vivido y transita-
do con él un camino largo, largo en tiempo y en intensida-
des, y sé también que el vínculo se fue construyendo
en ese andar.
Pienso en Luis y aparecen la iniciativa, el desafío, la
valentía, la invitación. Al inicio seguramente fue eso,
actividades académicas, algunas propuestas para com-
partir formas de escritura, para cursar un seminario…
Luego el tiempo va transcurriendo y una empieza a
encontrarse con la persona, comienza a descubrir que
detrás de las motivaciones académicas hay algo que
subyace, permanece, le da otros sentidos y es mucho
más profundo. Creo que es con Luis, con las tramas
que habilita y construye, que empiezo a comprender y
vivenciar la interseccionalidad sentipensante. En cada
propuesta los vínculos de comunidad crecen y se forta-
lecen y de a poco, la “comunidad Luis Porta” se va cons-
truyendo. Aparece allí la batalla enorme que a tantes
nos unió: el desafío del doctorado. Y seguramente no
fue el doctorado en sí mismo, sino que fue una instan-
cia más en que Luis nos contagió su entusiasmo, nos
convenció con sus acciones y abrazos de que era posible
humanizar la actividad universitaria y nos acompañó
a cada une mientras iba construyendo esta suerte de
colectivo académico vincular que nos transformó.
Y finalmente, lo que veo/siento al repasar su enorme
presencia; es que ese andar compartido que genera es muy
fuerte, muy intenso y arduo, pero a su vez es siempre calmo,
siempre alegre, siempre manso y amoroso, despojado y des-
nudo de todo sentimiento que podría entorpecerle el andar.
Gracias Luis querido, por tu confianza, por tu actitud
transparente y amorosa, por tu generosidad y bondad sin
primera parte .83
límites, por creer en mí, por acompañarme siempre y por
regalarme tantos momentos plenos y felices, como este que
acabo de vivenciar recordándote.
PD. Gracias a les amigues que organizaron este
hermoso encuentro de relatos.
¿Por qué Luis Porta?
Carolina Abdala37
Hermosa y gratificante invitación la que me hicieron, a
ser parte de un texto en el que podamos decir por qué
Luis Porta es un profesor memorable para nosotrxs.
El convite me hizo volver a tiempo atrás cuando lo
conocí y, al poco, poco, tiempo de que eso sucediera, me
cedió gentilmente el acceso a TODO su material de investi-
gación. Y si bien podrían decirme que tal vez eso no tiene
nada de inusual en las comunidades científicas, creo que,
en este caso, lo fue absolutamente para nosotros. Un gesto
solidario, generoso, de mucho valor no solo para mí, sino
también para el grupo de investigación que dirijo. Ese
vínculo de conocimiento se mantuvo firme hasta hoy, y se
fue enriqueciendo a lo largo de los años con otros hermo-
sos gestos de Luis, basados en una profunda confianza,
respeto y en un sentido de la ayuda auténtica.
Luis o muchos luises. Muchos luises en uno.
Luis, el científico; Luis, el profesor universitario; Luis,
el narrador de historias; Luis, el gran maestro; Luis, el
constructor de vínculos; Luis, el profesor tan querido que
despierta tantas emociones; Luis, el que en sus clases nos
37. Profesora Titular de Teoría Curricular de la Facultad de Filosofía
y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán. Actual Secretaria
Académica de la misma Universidad.
84. primera parte
hace recorrer el arte, la didáctica, la pedagogía, la biolo-
gía, la geografía, a las vidas, sin descanso; Luis, el que se
resiste a la imposición de reglas y nos propone dejar volar
nuestro pensamiento, nuestra imaginación, nuestros de-
seos; Luis, el que nos hace reír a carcajadas pero también
conmovernos profundamente; Luis, el que habilita espa-
cios académicos, sociales, y te invita a compartirlos. Luis
tan querido. Luis colega. Luis amigo.
Por todo eso para mí Luis es un profesor memorable,
porque reúne en la enseñanza todas esas virtudes y no
le rehúye al afecto, a la amorosidad, al buen trato, a la
escucha atenta y amable. Y porque junto con todo eso
tiene un compromiso enorme con el saber que transmite
y que pone a disposición en sus clases, dando cuenta de su
formación, de su rigurosidad y de la preocupación con que
las prepara. También memorable por su capacidad de com-
partir con otras y otros, alumnxs, colegas, compañerxs y
amigxs, lo que sabe, el conocimiento que produce.
Qué bueno haberte conocido querido Luis y qué bue-
no que sigamos compartiendo estos años de trabajo, de
amistad y de cariño sincero.
A Luis,
María Teresa Alcalá38
Generosidad y generatividad, las dos palabras que aso-
cio a Luis y que se manifiestan en su labor académica y
cultural. Puedo agregar el calificativo de “incansable”,
lo que se evidencia en su fructífera trayectoria.
38. Profesora Titular de Didáctica y Práctica de Enseñanza en la Fa-
cultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste.
primera parte .85
Ha logrado construir en la Facultad de Humanidades
de la Universidad Nacional de Mar del Plata un espacio
académico impregnado del afán por producir conoci-
mientos con compromiso y audacia para transformar,
para iluminar el trabajo intelectual universitario junto
con otros grupos e investigadores, investigadoras a
quienes, sin duda, inspira.
Y es que Luis Porta es un memorable que se enamo-
ró de la investigación narrativa y autobiográfica porque
encontró en ella el camino para conocer y comprender
más allá de lo que aparece a primera vista. Un camino
para vincularse con la auténtica experiencia humana y
aprender de ella. Todo un desafío que cambió su propia
vida porque no hace las cosas a medias, asume un reto y
trabaja hasta alcanzar la meta.
Hay una figura metafórica que para mí ilustra su
modo de obrar, de hacer y construir; la tomo prestada de
pensadores mayores: el rizoma. En biología, es el tallo
subterráneo o subacuático de una planta, que crece de
forma horizontal emitiendo raíces y brotes, cada uno de
los cuales puede propiciar una nueva planta. Desde la fi-
losofía, Deleuze y Guattari utilizan la idea de rizoma para
referirse a un modelo epistemológico descentrado, carac-
terizado por las interconexiones, la heterogeneidad y la
multiplicidad de ideas, disciplinas y conceptos desde el
que se puede cartografiar la realidad de manera abierta a
las transformaciones. Creo que así se ha ido construyen-
do el Grupo de Investigaciones y Estudios Culturales a lo
largo de estos últimos veinte años, siempre produciendo
con creatividad y en vanguardia.
86. primera parte
Desnudo
Tiago Ribeiro39
Mar del Plata, septiembre de 2017, Fábricas de Ideas. Allí
conocí a Luis Porta. Hacía frío en la ciudad, pero sus pa-
labras eran calor. Sus palabras tienen la capacidad de dar
calor, de acoger, de enseñar, de invitar a una conversación
afectiva, infinita y abierta. Desde su forma de habitar la
educación, ecologías del existir se hacen posibles, nacen,
nos nacen, mientras modos vivos y encarnados de habitar
lo educativo florecen. Luis me ha enseñado: educar tam-
bién es ponerse desnudo.
desnudo
Estoy un poco desnudo por dentro, / desgarrándome
como un capullo. / Mi aliento se esparce / por el mundo / (y
por mis propias venas) / polen vivo, savia cruda / después
de cortar. / Sufro de desnudez / interminable y sin nombre.
/ De mi piel expuesta / derrama sangre y poesía, / por-
que estoy desnudo, un poco desnudo / por dentro... / por
fuera... / por existir: / un poco desnudo / ando con toda la
desnudez / latiendo en el alma. / Afuera me arropa la brisa
/ la inmensidad de lo que siento: / el pulso del mundo que
palpita / en lo íntimo, / en la educación que es vida: / la be-
lleza de una flor, / la humedad de una lágrima, / la palabra
que todavía / no nace en la garganta. / Y la gestación de las
palabras / humedece mis silencios, / este estado de cuerpo,
de cosa / que aún no tiene nombre, / solo desnudez: / lugar
de nacimiento. / Como la poesía con la mano. / Como ver-
sos como quien come / el hambre de años, / la sed incon-
mensurable, / la ternura del silencio que nos escucha, /
el gerundio de un verbo que aún no existe: / educar, edu-
39. Profesor en el Instituto Nacional de Educación de Sordos (INeS)
Río de Janeiro.
primera parte .87
cando, educándose, educándonos. / estoy desnudo, / ¡des-
nudo! / El reverso del reverso / De adentro hacia afuera /
de lo que no tiene reverso: / ser mundo / cuando el mundo
también es ser, / desnudo.
El viaje sigue siendo el viaje
Rossana Godoy Lenz40
Siendo niño Luis preguntaba cuando comenzaba el viaje
¿y dónde vamos ahora?
40. Profesora en el Área de Educación para párvulos de la Universi-
dad de la Serena, Chile.
88. primera parte
Curioso, expectante y con ansias de salir a descubrir las
sorpresas en el camino, aunque eso sucediera dentro de
su cuarto. Y es que sus ganas de aventurar, animarse a
descubrir y caminar siempre tuvieron que ver con las
confianzas que le abrazaron desde pequeño. La niñez
siempre trae cuestiones comunes a las infancias, y una
de ellas es esa propensión a aprender, a explorar lo que
está en el devenir. Enactivamente, diría Varela, Luis
miraba el mundo seriamente cuando jugaba –porque así
nos vamos reconociendo mientras jugamos en el mun-
do- entre juguetes, el jardín, la playa, tantos rincones
donde se agolpaban montones de preguntas, no dejaba
de ir a su cuarto a leer, estudiar y así retomar las hebras
de algunas respuestas mientras advertía su vida. Siendo
niño necesitaba sentir, conectar, profundizar en esas
relaciones que sólo él veía y que muchas veces nunca
compartió. Algo de ese silencio desde chiquito lo llevaba
a texturas sensibles y profundas de su piel, que encarna-
rían mucho después; sólo que entonces aquello parecía
una experiencia propia. Solía sorprenderse de conversa-
ciones y respuestas que daban vueltas entre sus amigues,
compañeros de aula, adultos a quienes escuchaba con
atención y a veces algo de distancia; sin embargo, algo
de ese entramado siempre estuvo abierto, flexible, lleno
de asombro y no terminaba de completarse porque no
había ensamblaje final en su cotidiano. Disfrutaba y reía
con ojitos de luz mientras otras narraciones estaban más
allá de sus oídos. ¿Cuál sería el mapa del viaje? ¿Cuáles
serían los territorios por venir? Entretanto, hacía his-
torias sentidas, las que disfrutaba con imaginación en
creación. Luis niño mantenía cierta disciplina que no se
atrevía a romper. En su alma de niño, en su discreción,
el mundo de Luis no era de cualquier razón. Pasaron
los años y la aventura del viaje seguía, con un poco más
de orden, disciplina, creyendo a veces alcanzar algunas
primera parte .89
certezas, algunas verdades subjetivas de los tiempos,
de las que hoy se puede reír por cierto. En ambientes
ochenteros había que desafiar las normas, pero no tanto.
El peso de ese ambiente forjaba fortaleza, trabajo, com-
promiso y fuerza en las rutas que estaban entramando
los nuevos mundos. La sonrisa de la existencia a veces
desaparecía, pero el mundo de Luis se estaba creando al
imaginar, al hacer y querer alcanzar lo pulsante, a veces
lo imposible, lo que arremetía con fuerza, constancia y
entrega, mientras su vida brotaba y estallaba en todas
partes. Interesante que en este tiempo también vivió
las desconfianzas, las desilusiones, las frustraciones, las
impaciencias. Esa vida que pareciera tuvo larga data, sí
larga como el sentir del tiempo que encarnó designios
futuros, designios que desde entonces ya advertía. No
hablo sólo del trabajo, ni de la familia, ni de los proyec-
tos, hablo así también del alma.
90. primera parte
Y si tuviera que hacer el registro fotográfico actual,
ésta seguro que no sería la foto de hoy…en este andar,
mucho vive en uno dormido, o puede ser que no tanto,
sólo que de pronto nos damos cuenta de lo que ya es, y
de lo que ya estamos habitando… así en el recorrido nos
vemos sueltos, nos movemos relajados. Ahí mismo, sí en
la ruta donde Luis sigue el viaje, ese de amor infinito:
viaje en aprendizaje, de andar en la vida que nos sigue
transformando y que nos sostiene, donde nos recono-
cemos y somos más de lo que estamos siendo, un sabor
compartido en la belleza del ambiente, una obra, un
parque, el arte en la expresión de la vida, vida entramada
donde no dejamos de jugar, de abrazarnos, de contem-
plarnos y sobre todo de emocionarnos.
primera parte .91
Ahí cuando los ojitos de luz sueltan lágrimas de feli-
cidad por advertir que la vida no es un sueño, sino el des-
tello del sol en el mar, el reflejo de la luna en las olas, los
aromas de las flores, el cielo en sus estrellas, una llamada
de amigues para decirnos que nos queremos.
El mapa del viaje de Luis es la vida como regalo
porque así la vive hoy, un hoy donde estamos presentes,
como todes los que aquí escribimos, un hoy que estamos
viviendo juntes. Este viaje en la vida del niño Luis ha
venido siendo un tiempo sin tiempo, en amor infinito,
en carcajadas que hoy sabe sin límite y en la sensibilidad
cuidadosa de las presencias compartidas; en gratitud y
escucha de la mirada, en sonrisa del gesto que nos lee,
en silencio de la palabra con la que no concuerda, en
viaje como valentía del Ser. Gracias amigo; gracias por
el amor infinito en viaje que constela nuestras vidas. Esa
es la estela de Capri que nunca ha dejado de ser Luis y es
la estela del cielo y la tierra, del universo diminuto y ex-
pandido que deambulará y dejará sus marcas en nuestras
vidas por siempre.
92. primera parte
GEN-EROS-IDADES
Francisco Ramallo41
Para mí es lo mejor que me puede pasar. Si podemos
trabajar con amigos, producir con amigas, me parece que
ahí es donde opera lo contrario a lo que estaríamos acos-
tumbrados en el trabajo académico, donde quizás la gente
se guarda lo que hace, no comparte lo que escribe, esconde
temas. (...) Yo no concibo la producción si no es a partir de
la coautoría. Yo no podría escribir algo, o puedo escribir
algo solo, en algunos momentos lo hago, pero en realidad
esa producción no es mía, sino que en realidad es de to-
dos, porque es una producción colectiva. No podría pensar
eso solo. De la misma manera que no puedo pensar tam-
poco una tesis que dirijo yo a un miembro del equipo que
no sea coautoría entre él, yo y el resto del equipo. Hay una
producción colectiva. Yo no sé dónde lo aprendí.
Entrevista a Luis Porta
Federico Ayciriet, febrero de 2023
En el lenguaje se inventa para
mostrar la verdad de lo real y
no para sustituirlo con palabras.
Chiara Zamboni, 2004
41. Profesor Adjunto de Teoría de la Educación de la Facultad de
Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Investi-
gador Asistente de CONICET.
primera parte .93
En diciembre de 1999 Luis Porta defendió su tesis de Doc-
torado en la Universidad de Granada, un territorio no muy
alejado de Toledo ni tampoco de Alessandria –donde nacieron
su abuelo, en el primer caso, y sus bisabuelos en el segundo.
La vuelta del joven bis-nieto de inmigrantes a aquel paisa-
je consagró su desarrollo profesional en las ciencias de la
educación y anticipó –tal como se referencia en el epígrafe
la feminista italiana– que el pensar a partir de una expe-
riencia y seguirla en su andadura no compone un proceso
que la reproduzca como un espejo. El pensamiento surge
de una experiencia que irrumpe en la continuidad tempo-
ral de una comunidad y resquebraja nuestra tendencia a un
saber ya dado que nos obliga a empezar por el principio. “El
mundo actual: Valores e implicancias educativas de aquellos
alumnos que culminan la escolaridad obligatoria en Mar del
Plata” compuso una experiencia de investigar en educación
que su autor previsiblemente inscribió en su narratividad.
Luis Porta en Granada, España (1995).
94. primera parte
Más que un objeto, aquella iniciática Tesis fue una ex-
periencia, que a decir de Chiara Zamboni (2004) podríamos
narrar para reconocer aspectos que antes no se comprenden
como tales. Como José Esteban Muñoz (2019) creo que esta ex-
periencia se inscribe en una constelación de marcas concretas
escondidas entre pasados, presentes y futuros.
El tiempo exacto del realismo epistémico que amarra el
presente como espacio y como coyuntura es abandona-
do cuando registramos la relacionalidad de estas huellas
pretéritas en los futuros posibles. Es por ello que con la
utopía queer auguro con este paisaje biográfico, con la vida
de Luis, un pasado aún no pensable, posible o legible, que
transborde el formato científico del “aquí y ahora” y en-
carne su performático “entonces y allí” (Muñoz, 2019).
En el grupo de investigaciones que dirige Luis Porta desde
el año 2003 en la Facultad de Humanidades de la Universidad
Nacional de Mar del Plata, la meditación de nuestras experien-
cias se orienta como un sentimiento vivo en el que se inscri-
ben narrativamente nuestras biografías. El GIEEC se entrama
territorial y geo-cognitivamente como un ambiente en el que
los vínculos y lazos afectivos con su director ocupan un lugar
protagónico en la composición de líneas de investigación, for-
mación, extensión y gestión que emergen a su alrededor. Las
composiciones metodológicas, más que como técnicas, recupe-
ran en este libro las maneras en las que nos afectamos por el
conocimiento junto a la biografía de un profesor memorable.
Las suspensiones, convergencias y derivaciones expre-
sadas con los guiones que interrumpen la categoría que
titula este capítulo nombran tres movimientos al respecto
de nuestras experiencias con esas composiciones metodo-
lógicas. Gen, eros, idades, nos lleva a interactuar no sólo
como investigadores sino más bien como investigaciones.
Relaciones en nuestras experiencias de vidas que se compar-
ten como paisajes atávicos de esta comunidad. Al narrar-nos
con y en la biografía de Luis Porta aprendemos cómo este
primera parte .95
reconocimiento anuda aspectos que no son reducibles a una
transmisión de experiencias, sino que son herencias abier-
tas y dispuestas a la invención, siempre vivas, dialógicas y
comunitarias. Es por ello que las temporalidades en las que
se narra esta biografía no aluden a la linealidad, sino a ese
sentimiento vivo aún no digerible, escondido y preanunciado.
Nuevas recurrencias que no son una forma previa a su
significación, sino que se componen en ambientes o agen-
cias de observación, con dispositivos científicos a partir de
los cuales es posible conocer determinadas propiedades de
la naturaleza de la realidad. Como un acto de invención
para que los lenguajes que disponemos cancelen, descarten
y eviten la imagen ya dada, ser investigación nos ubica en
la performatividad del acto creativo que esta conlleva.
Una narrativa para el GIEEC. Dibujo con acuarela (Francisco Ramallo, 2017)
96. primera parte
Por miedo a lo amorfo o a lo único que se dispone (Zamboni,
2004), este capítulo se zambulle en las relaciones que experi-
mentamos para narrar la biografía de Luis Porta.
La idea de que las cosas están “ahí afuera” y son conoci-
das en un proceso transparente de representación, tal como
propulsó el constructivismo social, se funda en la creencia
de que el mundo es resultado del lenguaje. Sin embargo,
la naturaleza y la materia son entidades con agencia no
enteramente subsumibles a los modos de conocimientos
humanos. Ser investigación es una forma de concebir al
mundo diseñada para superar ese puro realismo, tal como
lo nombra la física feminista Karen Barad. No hay distinción
pura entre la naturaleza y sus instancias de observación, es
decir que esta distinción no puede realizarse en abstracto
o de antemano. Lo único que puede afirmarse es que exis-
ten “intra-actos” entre las cosas –o naturaleza– a ser ob-
servada y los dispositivos a través de los cuales se observa,
a partir de los cuales las cosas/naturaleza se convierte en
“naturaleza en observación” (Barad en Hester, 2018: 32).
Biografizarnos como investigación repara nuestra
distancia individual con una secuencia compartida en el
GIEEC conjuntamente a la institucionalización –y constan-
te desinstitucionalización– de la perspectiva narrativa en
la investigación canónica en educación. Acompañando un
corrimiento de las prácticas analíticas como espejos de las
experiencias, las distintas perspectivas y múltiples dimen-
sionalidades que el estudio de los profesores memorables
articuló con el campo de las culturas emergen en la inven-
ción de lenguajes. La tesis sobre los relatos de jóvenes acerca
del mundo contemporáneo (Porta, 2003), si bien no refiere
a la condición narrativa desde la linealidad de sus procedi-
mientos, recupera ese sentimiento vivo. Palabras, dibujos
y relatos entremezclan una iniciática composición, que en
esta conversación es un su reflejo íntimo de investigación.
primera parte .97
Gen
No todo es narrable; hay muchas cuestiones de nuestra vida que las
vivimos en sensaciones corporales que recordamos más allá del len-
guaje. Esas historias que traemos en nuestros cuerpos como marcas
son historias que narran nuestras vidas, a veces inenarrables. La
apuesta es que la narrativa no está únicamente ligada al lenguaje
como tipología analítica, expresiva y/o interpretativa. La expresión
del lenguaje puede estar narrada en lo inenarrable ya que aquello que
no se puede narrar, también es lenguaje. Es eso que transformamos
en otras sensaciones, ¿cómo puedo expresar la tristeza, la alegría, el
deseo o la proyección que se pone en juego cuando huelo una comida,
olfateo una flor o miro una fotografía?
Luis Porta en conversación con
Ogeda, Ribeiro y Ramallo, 2021
Luis y Octavio, Mar del Plata, 2005
98. primera parte
El gen es herencia biológica, vida y bio. La unidad funda-
mental. Como secuencias de ADN, los genes están dispuestos
uno tras otro en lugares específicos de los cromosomas, en
el núcleo de nuestras células. Como metáfora del comporta-
miento de la vida animal, este prefijo ensambla variaciones,
implicancias y vigencias alojadas en la posibilidad de difusión
orgánica de la vida. Las metáforas presentes en la actividad
científica no sólo cumplen roles importantes en el modo de
comunicar en la ciencia, sino que son fundamentales también
para la conformación y la conservación de (nuevas) ontologías.
Árbol genealógico de Luis y sus ancestros. Dibujo con acuarela (Francisco Ramallo, 2023)
primera parte .99
Mediante los procesos de reificación metafórica, el carácter
de las metáforas se materializa en las biografías como seno de
la práctica científica. Dicha reificación conlleva al gen en el
plano biográfico, permitiéndonos, entre la memorabilidad y el
olvido, volver sobre nuestro amigo y maestro para valorar su
vida en el GIEEC, las líneas de investigación que allí se profun-
dizaron respecto de los profesores memorables y de la investi-
gación narrativa, reconocer su labor re-fundacional en el De-
partamento de Ciencias de la Educación, y en otras facultades
tanto en el grado como en el posgrado, celebrar su vastísima
producción cultural y académica, su gestión académica-cientí-
fica, su trabajo en la formación de educadores e investigadores
y las huellas afectivas que nos habitan en el plano biográfico.
Para abandonar la objetividad, neutralidad y pretensión
de totalidad, el concepto de realismo epistémico se detiene
como un contexto de producción o un procedimiento de
constitución en el gen que nos afecta. El agencialismo ontó-
logico que Luis Porta supo encabezar con una notable actitud
generosa emerge en un ambiente recursivo y un retroceso
que permite por un momento ver las cosas con mayor dis-
tanciamiento temporal. El corazón se abre sólo allá donde
encuentra un espacio respetuoso, ganando experiencias
todavía sin codificar. La biografía de Luis actúa como una
agencia de observación, un gen en la que cada investiga-
ción se re-escribe en su performática condición narrativa.
Las prácticas del narrar con sensibilidad artesana evitan el
espontaneísmo ingenuo cuando conversan entre sí, asumiendo
no sólo la función referencial del lenguaje sino sobre todo la
función poética que entrelaza la experimentación del sentido
sin tener que demostrar en todo momento la verificación fac-
tual de lo que es afirmado. Esta posición permite hacer y ser lo
que no es esperado. Es imposible que una investigación no se
sienta tocada por la vida de uno y no se sienta interpelada fren-
te a las de otros (nos-otros). Con Luis solemos decir que todo in-
vestigador biográfico no sale igual después de escuchar las his-
100. primera parte
torias que escucha, ya que es su propia vida la que se pone en
juego y, en ese punto, asume un carácter de sentimiento vivo.
Si bien fueron y van cambiando los objetos de estudio,
existe una continuidad respecto del sentido narrativo en la
intimidad de Luis y del GIEEC, dado que su enunciación pone
en juego una representación de mundo y, finalmente, la inves-
tigación en el mundo transita esa representación. El nombrar
de la intimidad es una apuesta por expandir la rigidez de la
ciencia clásica en su potestad realista. Nuestras investigacio-
nes tienen la característica de pensar en el campo educativo
con la cultura, abierta, dinámica, flexible, cotidiana y domésti-
ca. Hay, en ese punto, aportes personales, estéticos y políticos
desde la perspectiva en la que miramos nuestros objetos que
al narrar esta biografía se hacen carne. La categoría de “ex-
pansión biográfica” (Porta, 2021) da cuenta de esta posición
que anuda cuestiones metodológicas y temáticas en torno
a la investigación narrativa, biográfica y autobiográfica en
educación en ese montaje material que son nuestros cuerpos.
La invención social del gen invade la propia vida, definien-
do a los organismos vivos como máquinas que pueden ser
manipuladas y diseñadas. Su aseveración en este libro afirma el
valor testimonial que emerge del narrar de la biografía de Luis.
Lo que va a suceder ya sucedió, las temporalidades circulares
que aquí se narran cuestionan con el poder del árbol genealógi-
co en la palma de la mano de Luis; la noción de los genes como
autorreplicantes invisten de un poder autónomo y misterioso
que parece colocarlos entre los materiales más comunes del
cuerpo (Shiva y Shiva, 2021). Siguiendo a Vandana Shiva y sus
colaboradores, en esta biografía los genes son primordialmente
más ideología que ciencia. Dado que los genes no son entidades
independientes sino partes dependientes de un todo que les da
efecto. Es en ese todo en el que todas las partes de la célula in-
teractúan que se proyecta este libro. La vida de Luis como pro-
fesor memorable es también la de un ambiente que actúa a tra-
vés de la membrana que cambia la actividad del gen de control.
primera parte .101
Privilegiar un sistema sobre los demás y elevar el re-
duccionismo como único modelo de conocimiento legítimo
conduce a la violencia contra la propia narrativa. Como
separar el suelo de las plantas o separar la comida de nues-
tra salud, el colonialismo separó el conocimiento de la vida.
Aunque con esta biografía la inteligencia de los microbios
del suelo y de nuestras tripas comienza a ser reconocida
en su interdependencia. En esa interconectividad e inse-
parabilidad, indagamos una vida para vivir en armonía
con el resto del organismo vivo: la unidad con la tierra.
De los árboles aprendemos el amor y la entrega
incondicional. De las hojas secas que caen aprendemos
sobre el ciclo de la vida, la ley de retorno, porque las
hojas se convierten en humus y suelo, protegiendo a la
tierra, reciclando la nutrición y el agua, recargando los
arroyos, pozos y riachuelos. (Shiva y Shiva, 2021: 43)
Luis y su hermana Lorena, circa 1971
102. primera parte
Eros
Yo creo que soy mejor persona que lo que era. Esto soy gracias a eso,
sí, sin dudas, no puedo pensar la vida si no es a partir de lo que hago.
Para mí no es un trabajo, hacer investigación narrativa, es parte de
mi vida pensar narrativamente. Por eso para mí es un placer, es un
privilegio que no todo el mundo tiene. Hay mucho esfuerzo personal,
hay muchos proyectos de vida. Finalmente, eso vuelve en términos de
cómo se proyecta internamente. Soy más feliz ahora, sí.
Entrevista a Luis Porta
Federico Ayciriet, febrero de 2023
Eros es el deseo, el amor y lo que nos afecta. La búsqueda de
equilibrios que asume nuestro cuerpo, lo que nos atraviesa y nos
pasa, es sensibilidad y no el recto capacitismo del enseñar. Es la
experiencia de subjetivar-nos, dejando de ser objeto y/o experi-
mento. En el plano autobiográfico, el eros crea un yo narrador
que participa en esa narración con la escucha y la resignificación
de lo escuchado. La oportunidad de narrar la biografía de y con
Luis permite propulsar el movimiento que la revitalización del
género autobiográfico en la epistemología de las ciencias socia-
les experimenta al abrirse a los elementos íntimos y a otorgar
una mayor credibilidad a las experiencias vividas. No tanto
como un acto privado de escritura del yo, sino como un acto
público de interpretación cultural en el que resulta necesario
revitalizar su potencia más allá de la individualidad realista.
Si bien es cierto que esta investigación no se reduce a cons-
truir teoría, la composición de la biografía de Luis deviene de
un ejercicio teórico de una forma de producir conocimiento. En
esta investigación el dato no está dado, se compone y allí en esa
composición ocupamos un lugar cada vez más importante. Con
Luis las propias investigaciones nos fueron llevando también
a otras dimensiones que no son las dimensiones clásicas de la
primera parte .103
investigación educativa: lo emocional, lo afectivo, lo corporal
y la posición performática que alimentan la condición biográ-
fica. La posibilidad de no encorsetar el lenguaje y reconocer
que el lenguaje solo no alcanza. No alcanza sólo escribir, ni
sólo la narrativa, ni sólo la oralidad. Variadas tipologías tex-
tuales restauran condiciones de acción y representación, de
lecturas, ausencias e ignorancias (Britzman, 2016). Expresan
diferentes tipos de comunicación, como corporeidad y como
arte que aportan significados y sentidos a la educación.
Podríamos dar cuenta de cómo van girando los objetos,
como un caleidoscopio que va cambiando de colores y va
mostrando la diversidad cromática. Lo vamos observando
desde diferentes lugares y ese ir observando desde diferen-
tes lugares es lo que nos presenta –como la vida misma– las
distintas opciones que vamos asumiendo. La posición que
teníamos hace un tiempo, difícilmente la tengamos hoy
y, en este punto, la intimidad aparece como algo más que
un contenido, aparece como la posibilidad de hacer propia
una investigación y la preocupación que de ella deviene.
(Porta, en Ogeda, Ribeiro y Ramallo, 2021: 9)
La condición de la intimidad está asociada a la investiga-
ción cualitativa o narrativa que procura que lo privado se haga
común y público. Todo lo que antes quedaba en el mundo de
lo privado, con estas perspectivas se hace común. El sentimien-
to vivo es el trayecto de las investigaciones del equipo del que
formamos parte. Entre lo que es y lo que podemos hacer con
aquello que es, la narrativa tiene la posibilidad de poner en
valor esa condición performática y hacerlo en la investigación
educativa es una inestable interrogación respecto de cómo
investigamos. Entre la cercanía, la amistad, la familia y el ho-
gar, aparece la pregunta ¿La vida de quién estamos narrando?
La conversación no recta (Britzman, 2016), aunque si profun-
da y extensa respecto de los modos de potenciar el valor erótico
104. primera parte
de nuestras investigaciones en y con la educación, aparece como
un estado idealizado en la yuxtaposición de sus escuchas, que va
colocando un ficcional cierre a la recursiva y resonante propuesta
de esta secuencia. Los flujos que no tardaron en proyectarse como
propios, los irritantes des-equilibrios y los íntimos bordes que
aquí minúsculamente hemos incorporado. La descomposición
no implica asumir una posición, nos reconoce como posición. Su
realismo es sensorial y su enunciación inter-dependiente (Brai-
dotti, 2015). En la educación hay sentidos potentes de futuros que
tienen que ver con imaginar otros mundos posibles y reconocer
que esos otros mundos posibles puedan generar, tal como afirma
bell hooks (2019), también otras condiciones de vida más amables
con todos, que muestran perspectivas en las que todos poda-
mos caber. Sólo un mundo sensible e íntimo puede lograr esto;
la investigación narrativa genera las condiciones para que esa
sensibilidad nos interpele. Lo biográfico, el tiempo y los afectos
tienen que ver con las maneras en que memoria y sensibilidad
se interceptan, dado que recordamos aquello que nos afectó.
Eros emerge en la íntima relación que nos acerca. El gen
como partícula de material genético que determina la apari-
ción de los caracteres hereditarios en los seres vivos lo poten-
cia, en la capacidad propia de equilibrar un cuerpo a partir de
narrarse. El orden fijo a lo largo de un cromosoma nos erotiza
en el movimiento vivo que habitamos como investigación.
Tirados en el suelo nuestras vidas nos sostuvieron, luego de esa
caminata por un camino de pinos entre el frío y el gris marino de ese
poblado que elegiste para tu vida. Nos acostamos en ese suelo terre-
nal que nos cobijó. Alrededor nuestro, los pinos refugiaron pasados
y futuros sensibles que nos encontraron. “Los pinos nos saludan”,
dijiste. La copa de los pinos se movía y se acercaban allá arriba, sólo
cuatro ojos las acompañaban, aunque nos hubiera gustado tocarlas:
logramos tocarlas, sentirlas, olerlas sensitivamente. Esos ojos acom-
pasaron ese movimiento del viento en una atmósfera intensa que nos
encontraba. “El peine de los vientos”, dije a partir de la maravillosa
primera parte .105
escultura de Chillida que peina el viento cuando ingresa a la costa
de San Sebastián y que conecta lo humano con el cosmos. Como en
esa sensación de conexión profunda, los pinos peinaron el viento y
lo que llegó a nosotros fue el calor inmenso de sabernos juntos en un
momento y oportunidad única e irrepetible: dos humanidades en un
cosmos común. “Conexión Chillida”, le llamamos. La vida nos interpela
a eso. Momento único y sublime, afectación sensible a flor de piel.
Luis Porta
Microrrelato, agosto de 2022
¿Lo auto-biográfico permite conectar íntima y vitalmen-
te el registro biográfico que nos con-mueve? Luis en este
con-movedor relato habla de su potente posibilidad: mover
mundos, componer mundos, vivir mundos, construir mun-
dos para asumir la condición de metamorfoseo (Coccia,
2021), la pluralidad de formas, la conexiones que hagan
que se conecten unas a otras para multiplicar los mundos
(Despret, 2022), que hagan más habitable el nuestro.
Luis y su hermana Lorena, circa 1971
106. primera parte
Idades
Del portugués al español, las edades refieren a modos de orga-
nizar el tiempo, sea de una persona o de la historia. El poder de
nombrar el deseo para Audre Lorde (2016) se halla dispuesto en
ese cuerpo vivo que heredamos, las edades (idades en la categoría)
refieren a la temporalidad o a esa condición de creación que se
entrelazan entre sí en ese narrar. Luis suele decir que hay una
pista interesante en lo biográfico respecto de la manera en la que
construimos futuros. A partir de este libro se entraman pasados,
presentes y futuros en un momento. Una laxa frontera del tiem-
po, entre las anteriores investigaciones de profesores memorables
que delimita la íntima vida de quien forjó esta categoría en esta
comunidad. Articulando buena enseñanza, pasión y biografía al-
rededor de su concepción, se desarrolló una comunidad en inves-
tigación narrativa y autobiográfica que la transborda y la habita.
La biografía de Luis interpreta la realidad a partir del lugar
que como investigación tenemos en ella. Fueron las propias
investigaciones las que nos llevaron a los registros y sentires de la
intimidad, una necesidad de la propia investigación y no una de-
cisión a priori. Dado que “no tiramos del método, sino que el mé-
todo nos tiró”, esta biografía de Luis habita un horizonte aún no
pensable. Su vida en el centro de la profesión docente coloca al
campo de la formación docente dentro de la vida y afirma que no
podemos encapsular a esta profesión. La profesión docente está
en esa vida que vivimos y que es narrada. Conexiones, comunida-
des y conductos anónimos hablan de la posibilidad de sentir, ser
y vivir investigación en concatenaciones íntimas en comunidad.
Narrar la vida de Luis es intervenir sus paisajes y sacar nuevas
fotografías. Como en la fotografía de Luis a los seis años que
cierra este capítulo, la interrupción es circular y la recursividad
constante. Los términos gen-eros-idades nombran dimensiones
que entran a jugar en esa vida que narramos. Sin separarlos de
ellos afirmamos junto a Vinciane Despret (2022: 93) que “No sólo
hay que interpretar, hay que experimentar”, como invitación
primera parte .107
a remover una auténtica máquina de crear conceptos abstrac-
tos. Con esta biografía nos dejamos guiar por palabras, gestos,
ritmos, rupturas, tartamudeos, hipos, deseos, conversaciones y
afectos. La expansión biográfica que Luis Porta (2021) nombra
para significar sentidos vividos como posiciones epistemológicas
disruptivas y metodologías desviadas de lo que es “hacer investi-
gación” en educación tiene su hito: ser investigación. Desde 1997,
en el Grupo de Investigaciones en Ciencias Sociales que dirigió
Noemí Conforti en la Facultad de Humanidades de la Universidad
Nacional de Mar del Plata, Luis Porta alimentó una caracterís-
tica ejemplar de los profesores memorables en su investigar.
Carta astral de Luis. Dibujo con acuarela (Francisco Ramallo, 2023)
108. primera parte
En 2003 Luis Porta junto a algunos colegas y ayudantes
fundaron el GIEEC en la Facultad de Humanidades de la
Universidad Nacional de Mar del Plata, intentando trabajar
de un particular modo cuestiones educativas y culturales
al unísono del territorio de la crítica cultural. Iniciando
una conversación en plural al respecto de las narrativas de
las buenas prácticas de la docencia, ese encuentro vincula-
ba la producción local de la carrera de Especialización en
Docencia Universitaria con la nueva agenda de la didácti-
ca que Edith Litwin nombró. Alicia Camilloni (autora del
prólogo), Susana Celman y la propia Litwin, junto a otras
académicas, guiaron este proceso en un acercamiento
al campo de la educación que generó un vínculo –o más
bien una trama vincular–junto a un núcleo de profesores
del Departamento de Lenguas Modernas, como Zelmira
Álvarez y Cristina Sarasa. En su dimensión comunitaria la
serie de investigaciones que desde entonces comenzaron
a desarrollarse bajo la dirección de Luis interpretan la
realidad a partir del lugar que el investigador tiene en ella.
Ese corrimiento se produjo a partir de reconocer a
la investigación narrativa como una experiencia, que
tornó obligada a la conversación congnosituada en un
constante retorno a aquella tesis primigenia defendida
en 1999. Con este capítulo reconocemos una relación
ensamblada, tres “sub-conceptos” que metaforizan y
materializan las dimensiones que experiencialmen-
te narramos con una biografía de y con Luis Porta.
Narrar con el tiempo, nuevos cielos. Luis me enseña,
con su vida, lo sensible que son los refugios de la memoria.
Las durmientes huellas y sus bruscos despertares. Su vida
también es mi vida: nuestra vida. Escribir su biografía en
el marco de la Colección Pasiones y nombrarlo memora-
ble es un acto, como adelantamos en la introducción, de
justicia narrativa. Pero no solo ello; también es un paisaje
atávico, un lugar común que trasciende al tiempo y que
primera parte .109
Luis a los seis años. Collage de fotografía intervenida (Francisco Ramallo, 2020)
110. primera parte
aquí reconocemos en la indivisibilidad que el pasado, el
presente y futuro tienen en su vida. Luis deja marcas,
remueve heridas y trans-forma a quienes lo rodeamos. Luis
es un maestro generoso y no sólo eso, es generosidad. Ge-
nerosidades es una síntesis de estos movimientos atravesa-
dos. Son recuerdos, acciones y confianzas que emergen en
el ambiente que narra a este especial profesor memorable.
Interrumpir esta categoría con Luis y sus escenas biográfi-
cas entrama los paisajes atávicos que no hemos olvidado.
primera parte .111
«Ingreso a la recodificación del mundo
como un argonauta que va en búsqueda
de nuevos mundos. La bicicleta en la
que viajo por estos mundos colapsados y
pandémicos me recuerda la sordidez de la
caída entre las espinas de los rosales de la
plaza. Sangre derramada que me permitió
ser más fuerte que invisible. Viajo por esa
cámara oscura que me lleva a la niñez
devorada por su risa devastadora, que me
deja tirado en el desenfreno de la sangre
que derrite y hace desaparecer lo más
preciado, pero que me permite un tránsito
hacia lo poiético. Viajo ahora a cámaras
oscuras a partir de aquellas imágenes
debilitadas por la fuerza inconmensurable
de las imágenes que me remiten estación
por estación a la vida por vivir».
Microrrelato, “Viaje a cámaras oscuras”,
Luis Porta, mayo del 2020.
VOCES 2
Luis
Noemí Conforti42
Conozco a Luis desde hace más de treinta años, des-
de que comenzó su carrera en Historia. Hemos reco-
rrido juntos un largo camino, desde la investigación
hasta la gestión, la política y lo personal. En los años
90 formamos el Grupo GICIS (Grupo de investigación
en Ciencias Sociales), que continúa hasta la fecha sin
su presencia. Desde ese lugar lo apoyamos en sus es-
tudios en Granada para terminar su doctorado.
Recuerdo todo el trabajo que hicimos para radicar
la carrera de Especialización en Docencia Universitaria
en la Facultad de Humanidades, que tenía su lugar en
el Rectorado. Concurrimos varias veces al Ministerio
de Educación y al CIN para solicitar el presupuesto y
el Presidente, Dr. Juan Carlos Pugliese, se comprome-
tió a otorgarlo. Fue todo un logro dictar este posgrado
para docentes de distintas facultades y también para
profesionales externos a la comunidad universitaria.
En distintas oportunidades nos hemos ayudado
mutuamente y hemos trabajado mucho en la confor-
mación de listas para las elecciones en la Universidad
y especialmente en las elecciones de la Facultad de
Humanidades. Hoy es reconocido como un destacado
profesional en el ámbito de la educación, con una am-
plia trayectoria académica y experiencia en diversas
42. Profesora Emérita de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Se
desempeñó como Vicedecana de la Facultad de Humanidades, UNMdP.
primera parte .115
áreas que refleja su compromiso con la investigación
y el avance del conocimiento en este campo. Esta
formación le ha permitido adquirir las habilidades
necesarias para abordar proyectos de cooperación y
contribuir al desarrollo en contextos educativos.
Su dedicación a la investigación, su compromiso
con la educación superior y su amplio conocimiento en
diversas áreas lo convierten en un docente e investigador
altamente capacitado para enriquecer el panorama edu-
cativo y contribuir al desarrollo de la sociedad a través
del conocimiento y la formación de nuevas generaciones.
Para Luis….
Zelmira Álvarez43
Era 1998. Estábamos ahí, en las aulas de la Facultad de
Humanidades, UNMDP, en la recién inaugurada carrera
de Especialización en Docencia Universitaria. Aulas lle-
nas de colegas profesionales docentes de distintas disci-
plinas universitarias, tierra fértil para sembrar nuevas
relaciones, consolidar esfuerzos, y hacer realidad anhe-
los de formación postergados. Docentes de la talla de
Edith Litwin, entre tantos otros, nos abrieron nuevos
mundos. Fue allí donde coincidimos por primera vez
en un ámbito académico. Te recuerdo bien, sentado al
final de la clase con una mirada que parecía abarcarlo
todo. Momentos muy distintos de nuestras vidas tran-
sitábamos por aquel entonces, pero ambos teníamos la
mirada puesta en un futuro de crecimiento como do-
43. Ha sido profesora titular de Teorías del Sujeto y del Aprendizaje de
la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Pla-
ta. Ha sido co-directora del GIEEC desde su creación hasta el año 2019.
116. primera parte
cente e investigador y en la manera en que se pudiera
proyectar en nuestros entornos. Siguieron años de lu-
chas académicas, políticas, ideológicas y de poder al in-
terno de la Facultad en la que nos tocó sortear tempes-
tades, aunque siempre sin renunciar a nuestros sueños.
Fue un día del año 2002 cuando entraste en mi
oficina de la Dirección de Lenguas Modernas y me
convocaste para trabajar junto a vos en un proyecto de
investigación sobre la Formación del Profesorado. Sin
dudar nos pusimos a trabajar junto a otros docentes de
distintos Departamentos con quienes coincidíamos en
la necesidad de pensar la docencia universitaria y las
buenas prácticas en la formación del profesorado. Así
surgió el primer proyecto 2003-2005 “Las buenas prác-
ticas en la Formación del Profesorado: Aportes para la
Nueva Agenda de la Didáctica”, en el marco del Grupo
de Investigaciones en Educación y Estudios Culturales.
Y comenzamos a construir narrativas juntos. Y de
ese trabajo de esos primeros años surgieron categorías
de análisis que trabajamos y retrabajamos y que nos
ayudaron a echar luz sobre el misterio de lo que ocurre
en las aulas universitarias, descubriendo las buenas
prácticas docentes para poner el foco en los profesores
memorables y resignificarlos. Los primeros memora-
bles, cómo olvidar su luminosidad, cómo olvidar esas
primeras entrevistas que nos dejaban perplejos y nos
instaban a seguir y seguir profundizando. Y después
vinieron otros proyectos, y otros más, y se siguieron
incorporando integrantes y nos diversificamos en enri-
quecidas miradas. Cómo olvidar esas jornadas cada vez
más multitudinarias organizadas con tanto esfuerzo
y entusiasmo, esos viajes compartidos a la otra punta
del planeta o acá a pocos kilómetros, esa intimidad
con tu familia a la que me invitaste a participar, las
revistas, los artículos, los libros, los seminarios, el
primera parte .117
crecimiento, el aprendizaje, siempre el aprendizaje.
Algo que siempre admiré de vos es esa capacidad
intuitiva de tejer relaciones sociales y académicas
en todas direcciones y de generar redes de contac-
tos virtuosos para vos y para quienes te rodean. Esa
fuerza desenfrenada, imparable, de crear nuevos
proyectos, nuevas oportunidades, ese motor de bús-
queda siempre encendido que no descansa ni cuando
descansa. Ese resplandor que nos persuade a tener
cada vez más compromiso con la tarea, a sacar lo
mejor de nosotros mismos y a superar los límites de
lo posible. Esa vida que se vive como si fueran varias
porque una sola no alcanza. Que no es siempre fácil
seguir al lado tuyo ya todos lo sabemos, ese ritmo
desenfrenado, mil ventanas abiertas, caminos que se
intersectan. No puedo decirte que nuestra relación
académico-laboral-personal haya siempre rodado sin
obstáculos. Quiebres inevitables en medio de la lucha
que a veces refuerzan lazos luego de recomponerse.
Sentimientos profundos que nos hacen salir adelante
con nuevas perspectivas, tendiendo nuevos puentes,
ganando en solidez y sustancia. Amistad, divino tesoro.
Agradezco a la vida que nos hayamos cruzado
en el camino y que hayamos transitado tantas ex-
periencias juntos. Distintas formas de creación.
Construcción de nuevos sentidos. Posturas más re-
flexivas, a veces más pro-activas. Narrativas abiertas
que a veces se cierran. Narrarse. Narrarnos. Cono-
cerse. Conocernos. Comienzo y fin. Fin y comienzo.
Y tantos horizontes que te quedan por inventar.
118. primera parte
Viñetas de paisajes compartidos
María Cristina Sarasa44
La convocatoria al trazado de un paisaje biográfico
personal y profesional ineludiblemente nos estimu-
la a delinear vidas paralelas entre, en este caso, el
protagonista de la reseña vital y la escritora de la
misma. Se trata entonces de un relato donde, tan-
to Luis como yo, somos co-protagonistas y co-autores
junto con otras presencias no menos importantes.
Nuestros vínculos con Luis se remontan al año 1998,
cuando, junto con Zelmira Álvarez, los tres cursábamos
como integrantes de la primera cohorte de la Carrera de
Especialización en Docencia Universitaria. La CEDU, con
sus docentes, su programa y su trabajo final, desempeñó
un papel seminal en nuestra relación y en el desarrollo
de nuestras actividades de investigación, fundantes de
nuestro lazo. El hecho de que, al momento de escribir
estas líneas, la CEDU cumpla sus veinticinco años ininte-
rrumpidos es una coincidencia más que pertinente y digna
de acentuar. Allí seguimos juntos con Luis, donde luego de
ser alumna tengo el orgullo de haber sido convocada como
docente bajo su dirección que jerarquizó a la carrera.
Luego de haber transitado todo el primer año de la
CEDU, y durante el cursado de un seminario en, si la
memoria no me falla, la entonces Sala Pablo Neruda del
Complejo Universitario, estamos conversando con Luis
(supongo que acerca de un tema afín al seminario del
momento o sobre el trabajo final de la Carrera). Lo que sí
recuerdo fehacientemente es que le dije: “Yo quiero hacer
44. Profesora Consulta. Ha sido Profesora Titular de Historia de Ingla-
terra y Estados Unidos en la Facultad de Humanidades de la Universi-
dad Nacional de Mar del Plata. Miembro fundadora del GIIEC junto al
Dr. Luis Porta y la Esp. Zelmira Alvarez.
primera parte .119
investigaciones educativas”. Y él me contestó: “Yo tam-
bién”. Poco imaginábamos entonces dónde esas investi-
gaciones educativas nos conducirían. Al finalizar la CEDU
y defender nuestros trabajos finales, tampoco éramos
conscientes del hecho de que, al iniciar hace veinte años
un grupo nuevo para albergar nuestro primer proyecto
sobre la formación del profesorado, objeto perenne de
nuestros desvelos, y la buena enseñanza, objeto eterno
de nuestra fascinación, íbamos a estar fundando con
Luis, director, y Zelmira, investigadora y par docente,
el GIEEC y sentando las bases de una línea de investi-
gación que marcaría profundamente nuestras vidas.
Durante casi los diez primeros años del GIEEC, Por-
taÁlvarezySarasa (así de corrido nos empezaron a llamar
los colegas) compartimos las alegrías, las ilusiones, las
epifanías, las luchas, los desacuerdos, las tensiones, los
sinsabores, los desafíos, los logros y las disputas en nues-
tro afán de penetrar en el corazón mismo de la buena
enseñanza y las vidas de los profesores memorables en
la universidad que se nos brindaron tan generosamente
a medida que avanzábamos tanto teórica como metodo-
lógicamente. Comenzamos a mirar hacia atrás y a ma-
ravillarnos acerca de todo lo que habíamos aprendido.
En retrospectiva, y también comparativamente al ver
los vínculos establecidos dentro de otros grupos de inves-
tigación y escuchar los relatos de sus miembros acerca
de sus directores y colegas, la cualidad que se destaca en
Luis es su apertura y generosidad intelectual tanto con
sus pares como con sus dirigidos. En primer lugar, esto
significa que es respetuoso de, y atento para con, lecturas
y miradas que, o bien no ha conocido hasta el momento,
o bien no comparte plenamente. Esta consideración hacia
las visiones no correspondidas y la asunción de que nunca
sabemos todo y siempre podemos aprender son actitudes
que no abundan en la academia. En segundo lugar, esto
120. primera parte
significa que está permanentemente atento a incorporar
nuevos conocimientos, a participarlos y a diseminarlos.
Dicha generosidad tampoco es moneda corriente de la
vida universitaria. Al respecto, evoco muy intensamente
los comentarios de un grupo de colegas chilenos, indaga-
dores narrativos, que concurrieron a un workshop que
Luis nos ayudó a gestar. Los colegas se manifestaron sor-
prendidos acerca de la tolerancia y el respeto que impera-
ban en nuestro grupo local donde nos cobijábamos todos
bajo un gran paraguas narrativo no siempre uniforme, no
siempre de los mismos colores, pero siempre respetuoso
y abierto bajo la guía de nuestro director. Hasta escuchar
los dichos de los indagadores chilenos nunca me había
detenido a pensar en una predisposición que había norma-
lizado. Dentro de esta misma impronta pública-privada,
personal-profesional, la gestión de Luis nunca cesa de
incorporar integrantes jóvenes, y no tan, a sus proyectos,
dándole el apoyo que merecen y necesitan y confiando
en ellos en un proceso de realimentación donde proveer
y recibir se encuentran profundamente imbricados.
Otro aspecto remarcable de la personalidad de Luis
es su capacidad de hacer y gestionar en todo momento.
De esta manera, si proseguimos con los términos de los
mismos paralelismos que veníamos estableciendo, y
siempre comparativamente hablando, Luis le otorga a la
palabra producción su significado esencial: publicacio-
nes, ponencias, tesis, formación de recursos. El paraguas
narrativo que nos ampara también nos brinda la protec-
ción de antecedentes sólidos y verificables que podemos
desplegar con orgullo para apoyar nuestro trabajo en
cualquier lugar del mundo que nos encontremos. Esta
producción se hizo palpable en las Jornadas que celebra-
ron la re-fundación del Departamento de Ciencias de la
Educación en nuestra Facultad de Humanidades. Recuerdo
haber pensado con admiración: “¡cuánta gente haciendo
primera parte .121
tantas ‘cosas’!” En ese momento y otros similares, evoco
la emoción que produce cuando el nombre del Centro
que Luis fundó hace ya más de diez años, y que cobija
al GIEEC y a otros tanto Grupos, adquiere su verdadera
dimensión como Centro de Investigaciones Multidiscipli-
narias en Educación, que recibe y arropa tantas disciplinas
diferentes, encarnadas en última instancia en personas
solidarias, que en otros ámbitos pugnarían entre sí.
La apertura y la generosidad intelectual se ven poten-
ciadas por la disposición para gestionar ocasiones que nos
permitan, justamente, abrirnos, compartir y producir. Un
momento decisivo en las experiencias que he vivido con
Luis fue su logro de incorporarnos desde Mar del Plata,
‘allende’ el GIEEC, al Programa del Doctorado en Huma-
nidades y Artes con Mención en Ciencias de la Educación
de la Universidad Nacional de Rosario. Para entonces, el
GIEEC iba transitando su primera década y realmente
sus actividades y logros clamaban por un programa de
doctorado no sólo para sus miembros sino para muchos
colegas de la zona. Fue un momento muy profundo en lo
personal y profesional puesto que, por diversas circuns-
tancias familiares, coyunturales del país, y de la vida en
general, nunca había podido aproximarme a un programa
de doctorado cursable y accesible que tornara posible un
anhelo que había experimentado durante larguísimos
años. Hago un espacio para reiterar lo que escribí en el
año 2016 en los agradecimientos de mi tesis doctoral:
Deseo también manifestar mi hondo reconoci-
miento a mis colegas del Grupo de Investigaciones
en Educación y Estudios Culturales (GIEEC), pertene-
ciente al Centro de Investigaciones Multidisciplina-
rias en Educación (CIMED) asociado a CLACSO, sobre
todo en la persona de su director—y director de esta
tesis—Luis Porta. En primer lugar, el GIEEC ha sido
122. primera parte
desde hace trece años, al momento de finalizar estas
líneas, el ámbito donde ha podido cultivarse y ma-
durar esta indagación narrativa. En segundo lugar,
Luis fue el gestor de la conexión con la Universidad
Nacional de Rosario, su Facultad de Humanidades y
Artes y el Programa de Doctorado en Humanidades
y Artes (Mención Educación). Mi sentido agradeci-
miento se extiende no sólo a su labor como director
del GIEEC/CIMED-CLACSO y de la tesis sino también
a su capacidad de gestión, secundado [en esa ocasión]
por la colaboración inestimable de Gladys Cañueto.
Una vez más, se trató de un deseo hecho realidad, de
una posibilidad brindada, de la concienciación de sa-
ber lo importante que es pertenecer al GIEEC, de mirar
hacia atrás y sentir la epifanía de todo lo aprendido y de
mirar hacia adelante y ver todo lo que se puede seguir
haciendo: nuevas cohortes de la CEDU, dos nuevos doc-
torados, un post doctorado, nuevas ediciones, nuevas
co-autorías, nuevos eventos. Incluso durante el confina-
miento que se me representaba eterno, proseguían las
convocatorias de Luis para hacer, producir, participar,
enseñar. De este trayecto doctoral co-emprendido y de
sus largas derivaciones, también Luis nos hizo eco de
su preocupación por la pedagogía doctoral y por el cui-
dado y atención que les debemos a nuestros tesistas.
De esta manera, el tránsito de este aniversario de
plata vincular (1998-2023) ha constituido, entonces, un
gran placer profesional, intelectual y personal. En las
vidas que se han cruzado, entrecruzado, descruzado,
contra cruzado y recruzado en el GIEEC y la CEDU bajo
la dirección de Luis con todos sus atributos propios y
académicos, hay muchas cosas para celebrar. Festejamos
la riqueza pasada de las experiencias que nos cobijaron y
las múltiples redes de conexiones que establecimos más
primera parte .123
allá de nuestras filiaciones departamentales y disciplina-
res de origen (acerca de las cuales estoy profundamente
agradecida). Por último, y lo que es más importante,
aplaudimos la constante formación de nuevos recur-
sos humanos, jóvenes, cálidos, interesados al abrigo
de la gran manta del GIEEC que Luis ha sabido tejer.
Caminos transitados y compartidos
Silvia Adriana Branda45
Generosidad, apertura, calidez humana, afecto, sensibili-
dad, firmeza, claridad, lucha, perseverancia, buena pre-
disposición, compromiso, franqueza… son sólo algunas
palabras que resuenan en mí cuando pienso en Luis. Es-
cribo esta reseña vital reviviendo las numerosas travesías
emprendidas con Luis durante muchos años. Transitamos
diversos caminos que nos condujeron a sorprendentes
aventuras, luchas, reflexiones, logros, hallazgos, inquie-
tudes y emociones. Es así que esto que aquí comparto
se convierte en un relato de experiencias co-construidas
que nos permitieron transformar-nos dentro del calor
de la gran comunidad afectiva que él mismo inició.
Conocí a Luis hace… poco más de veinte años en un
pasillo de la Facultad de Humanidades de la Universidad
Nacional de Mar del Plata. Recuerdo que una colega mu-
tua, Noemí, me sugirió conectarme con él cuando le co-
menté acerca de mi interés por investigar sobre temas re-
lacionados con la educación. Nuestra colega me dijo “vos
hablá con Luis Porta que él te va a orientar muy bien”.
45. Profesora Titular de Metodología de la Investigación Científica y
Residencia Docente II. Profesorado en Ingles. Facultad de Humanida-
des de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
124. primera parte
Y así fue, a partir de ese encuentro, un tanto fugaz pero
altamente enriquecedor, Luis no ha dejado de guiarme. Me
invitó a investigar, tarea que inicié tímidamente con inse-
guridades y ansias propias de quien comienza a explorar
un nuevo camino. Sin embargo, cobijada por su experien-
cia, me fui soltando y ganando confianza. Siempre tuvo
una frase adecuada para alentarme. Nuestro vínculo se fue
afianzando a partir de su invitación a participar en el equi-
po de cátedra de Problemática Educativa y luego, a cursar
la Carrera de Especialización en Docencia Universitaria. Su
presencia permanente, su acompañamiento en mi trabajo
final y en las actividades de investigación que emprendi-
mos juntos reforzaron nuestro lazo académico y afectivo.
En aquel entonces éramos un grupo pequeño de jó-
venes docentes que nos lanzábamos a la intrépida aven-
tura de investigar y de organizar jornadas. Luis siempre
confió en nosotrxs, en que podíamos hacerlo. Supo ver
las cualidades de cada unx y proponer tareas que pudié-
semos realizar. Nos ayudó a descubrir nuestras propias
fortalezas, virtudes y potencialidades. Nos invitó a cursar
la Maestría en Docencia Universitaria y luego el Docto-
rado en Humanidades y Artes con Mención en Ciencias
de la Educación. Siempre generando algo nuevo, siem-
pre pensando en nosotrxs, su grupo. Transitamos juntxs
mi tesis de maestría y luego la doctoral. Sus cualidades
como director superaron mis expectativas, me acompa-
ñó, estuvo presente en todo momento desplegando su
paciencia y su gran generosidad intelectual. Luego me
sugirió iniciar mi propio proyecto e incluso hasta mi
propio grupo de investigación. “¿Te parece?” le respondí
yo sin salir de mi asombro, no podía creer que él con-
fiara en mí para emprender dicha labor. “¿Yo, dirigir un
grupo?”, “¡Claro que sí!”, me respondió con tono alenta-
dor. Realmente siempre creyó en nosotrxs y logró sacar
lo mejor de cada unx. Y de la misma manera que nos fue
primera parte .125
incorporando y cobijando, al día de hoy sigue sumando
integrantes. ¡Luis apuesta a lxs jóvenes, confía en ellxs!
También hemos compartido maravillosos momentos
fuera del ámbito académico que me permitieron cono-
cer a una gran persona que sin duda deja una profunda
huella afectiva. Luis, amigo, colega, formador de edu-
cadorxs y de investigadorxs, incansable generador de
nuevos proyectos, nos sorprende continuamente con
algo innovador y desafiante. Hoy tomo prestada una frase
de nuestro común amigo Jonny, que cierra delicada y
contundentemente esta reseña vital, “Luis, siempre Luis”.
Aprendizaje / Gestos de encuentro /
Notas acerca de un encuentro
Silvia Sleimen46
En un principio fue la militancia partidaria, en los noven-
ta. No hubo ninguna tarea que dejáramos de hacer, pero
especialmente las horas de pintar, muchas, muy entreteni-
das y tremendamente intensas, ocuparon nuestro tiempo.
Siempre quedaba lugar para salir y divertirnos.
La vida del militante es sanguínea y muchas veces
poco comprendida…hermosa. Allí aprendimos a hacer
un montón de cosas que aplicamos en todas y cada
una de las elecciones en las que participamos mucho
tiempo después. Tal vez la enseñanza más importante
que nos dejó fue trabajar sin límites divirtiéndonos
también sin límites.
Después nos concentramos en estudiar y recibirnos.
46. Ha sido Decana de la Facultad de Humanidades de la Universidad
Nacional de Mar del Plata en el período 2017-2021. Ha sido Profesora
Asociada de la misma Facultad en la asignatura Introducción a la
información y comunicación.
126. primera parte
Pasaron los años: fuimos y vinimos en los espacios de
la UNMdP; las carreras y los tiempos universitarios resul-
taron desafiantes, nos llevaron muchas veces a situaciones
tremendas que nos pusieron a prueba. Necesitamos madu-
rar (hubimos necesitado madurar).
La búsqueda de una Facultad más justa, que rompiera
el imperio de lo que Robert Merton denominó el “efecto
Mateo” nos reencontró en una lucha tan intensa como
apasionante que nos llevó a un lugar de conducción inédi-
to que requirió toda nuestra valentía y una fuerza joven
que seguramente teníamos reservada para este momento
y que también nos transmitieron justamente las y los jó-
venes con los que construimos un grupo tremendamente
compacto y sinérgico. La sintonía significó mirarnos recí-
procamente sin necesitar hablar para coordinar estrategias
en cualquier plenario del Consejo Académico de la pri-
mera mitad del decanato que tuve a cargo, la más difícil.
Entonces, nos propusimos casi en soledad, la reapertura
de la Licenciatura en Ciencias de la Educación. Una carrera
imprescindible para toda institución de Educación Supe-
rior, por sí misma y por lo que proyecta en cada universi-
dad y en la sociedad toda, aunque las mezquindades que
también tiene la política la hubieran soslayado por aquí.
El conjunto de docentes e investigadores que Luis cons-
truyó estaba preparado para afrontar esta nueva etapa y a
pesar de que la FH solo contaba con un plantel para el ciclo
de formación de los profesorados, esa gente pudo prodigar
sus saberes y ponerlos a disposición de la reapertura.
Hemos compartido tiempos durísimos, tiempos de vida
al límite, tiempos de encuentros y desencuentros, tiempos
de militancia, tiempos de reconocimiento, tiempos de
respeto, tiempos de carcajadas, tiempos de complicidad,
tiempos de crecimiento humano, tiempos de hermandad.
Siempre, tiempos desafiantes.
primera parte .127
En aquella tarde entre las dos Marías…
Susana Lazzaris47
En aquella tarde en que entre las dos “Marías” y yo se
acotaba y expandía el Universo, las palabras y los sentires
nos llevaron al camino del Doctorado. Caminos que ellas
transitaban y allí parecía que estaba alguien esperando a
ser invitada a recorrerlo. Ese alguien era yo, quien asentía
dando forma al deseo desperdigado largo tiempo en que
en algo volcaría o encauzaría trayectorias previas, saberes
y prácticas. Tenía sólo un fuerte deseo, el único modo en
que puede ser el deseo, sin sospechar ni anticipar, quizás
sólo iniciar uno de tantos proyectos que fui concretando
en mi vida de eterna estudiante.
Por ese tiempo, mayo del 2017, reencuentro a Luis,
a quien había conocido ya como Director de la CEDU. Es
decir que nuestra relación más formal se reinicia luego
de 10 años, tiempo en que no olvidó mi especialidad en
corporeidad, motivo de nuestra tesis de egreso (de la Espe-
cialización en Docencia Universitaria) con una propuesta
pedagógica innovadora en la formación de profesores,
afectando la Residencia Docente en relación al Profesora-
do de Danza- Expresión Corporal.
El recuerdo de ese trabajo obnubiló por instantes
los años transcurridos, alguien me reconocía (como
siempre que nos veíamos esporádicamente, en algún
espacio de arte…) y brindaba la posibilidad de expresar
en una narrativa biográfica y autobiográfica lo que pude
denominar, a posteriori, la performance de una profeso-
ra memorable, de acuerdo a la elección de los alumnos
47. Ha sido Profesora de Análisis del campo lúdico interactivo en ins-
tituciones educacionales de primera infancia en Institutos Superiores
de Formación Docente.
128. primera parte
universitarios, la Doctora María Cecilia Colombani, en
co-relación con la buena enseñanza.
Luis no sólo ofrece el trabajo realizado por el GIEEC,
en cuanto a los profesores memorables, para que se
pudiera percibir las huellas de la corporeidad en Cecilia,
sino también todas las reflexiones, categorías e interpre-
taciones trabajados por años en el grupo de investigación
citado. Sus producciones enriquecieron mi tesis, y fueron
un aporte invalorable para poder relatar, desde una epis-
temología convergente, una vida profesional no escindida
de su vida personal.
Es así como hoy, ya Doctora, agradezco en todo espa-
cio que me dejan, la generosidad de Luis. No sólo lo que
he citado; Luis también compra libros para sus tesistas.
Con muy buen ojo clínico, como suelo decirle. He tenido
la libertad de narrar e involucrarme biográficamente en
una tesis que siento como un pequeño logro, un pequeño
guiño accesorio en una vida un tanto solitaria, ya que es
un detalle, quizás, pero no hay muchas puertas que se
abren cuando ya se tienen casi 70 años. Y entre los apuros
espasmódicos porque uno siente que se va la vida, iban
y venían los capítulos de la tesis como presagiando una
tormenta, un final, que se transformó en pandemia.
Fue así como también con su ayuda llegó el momento
de defenderla un 10 de agosto del 2021. Y de cara al viento
que limpia y permite otros brotes, también tuvimos nues-
tra fiesta, afectuosa, íntima, inolvidable e inigualable.
Este es mi escueto relato, quizás para no aburrir al
lector, una síntesis de tiempo vivido y recorridos impensa-
dos. Sorpresas en cajas de todos tamaños, regias metamor-
fosis. ¡Gracias Luis, gracias eternas!!!!!!!!!!!!
primera parte .129
Escenas: Luis Porta y lo que deviene en-con-desde sus gestos
Federico Ayciriet48
Escena Nº1
Nos encontramos en el aula 17 de la Facultad, la que todos
y todas quienes transitan el espacio institucional conocen
como “aula 60”. No tengo claro si alguna vez estuve ahí
antes. Creo que no. La clase empieza a las 17:30 pero Luis
nos convocó a las 16:00 para empezar a montar la propues-
ta inmersiva que llevaremos adelante. Es la clase inaugural
del Seminario “Autobiografía e investigación educativa”,
una propuesta sin precedentes que llevaremos adelante en
el marco de la cursada intensiva de verano. Es lunes 6 de fe-
brero y la sensación térmica excede cómodamente los 33ºC.
Estuvimos planificando esta clase más de un mes.
“Edith Litwin -nuestra gran maestra agrega siempre Luis-
decía que la clase inaugural y la de cierre son las más
importantes de toda cursada. Resuenan y trasuntan en toda
la propuesta”. Nos lleva casi 45 minutos pegar los más de
treinta puntos de colores que ambientan el aula. “Estamos
en Modo Yayoi” dice Luis con sus zapatillas de un verde
estridente. Todo se configura para dar comienzo a la hora
prevista. Más de cuarenta estudiantes se disponen en el am-
plio espacio y aguardan el inicio de esta experiencia inédi-
ta. En las primeras dos horas, Luis despliega su biblioteca
y ofrece relatos autobiográficos componiendo territorios
seguramente inexplorados para la mayoría de lxs asisten-
tes (lo son para mí aun siendo parte de la cátedra). La clase
danza al compás de la rítmica de las lecturas. El tiempo está
suspendido. El calor es ahora calidez.
48. Profesor Adjunto de Práctica Profesional del Prof. en Ciencias de
la Educación de la Facultad de Humanidades. Universidad Nacional
de Mar del Plata.
130. primera parte
Por momentos me permito salir del trance y observar
los rostros. No hay más que convivio. Buena parte de lxs
estudiantes asienten cuando Luis presenta sus argumen-
tos y hace públicas escenas biográficas y expresa que
quien investiga no puede despojarse de las marcas de la
propia historia porque son constitutivas de su pensar,
de su sentir, de su vivir.
Escena Nº2
“Vamos a hacer una entrevista biográfica en la clase.
Vos me vas a entrevistar a mí”. Entre la sorpresa y la
confianza, traté de encontrar el sentido pedagógico de la
propuesta, pero me fue imposible en ese primer momento.
Después leí a Leonor Arfuch, a Dolores Gil y a María
Negroni y comprendí que la apuesta de la clase era, princi-
palmente, un gesto de coherencia. ¿Cómo vamos a pro-
ponerle a lxs estudiantes que puedan componer relatos
autobiográficos si no estamos dispuestos a poner-nos en
juego nosotros como docentes? ¿Cómo podíamos pedirles
que lleven adelante una conversación biográfica con sus
compañerxs si no estábamos dispuestos a ex-ponernos?
Y allí estuvo la experiencia. Inédita para lxs estudiantes,
para Luis y para mí. Asumimos el riesgo y ganamos todxs.
Escena Nº3
En el año 2017, con algunos compañeros que cursábamos
la Maestría en Práctica Docente, empezamos a asistir a un
Seminario de Investigación Cualitativa que ofrecía Luis
para doctorandxs y en el que hospitalariamente nos hizo
lugar. Se trataba de un espacio de acompañamiento con
una fuerte apuesta por la socialización profesional en el
que cada tesista compartía sus avances semana a semana.
“El grupo de los martes” lo llamábamos por lo bajo quie-
nes encontrábamos ese día de la semana una oportunidad
para pensar y resguardarnos de las angustias que nos
primera parte .131
provocaba falta de experiencia y la soledad que sentíamos
como supuestos investigadorxs.
Yo había cursado con Luis un seminario de maestría y
me había parecido interesante, necesario para pensar mi
investigación, pero no más que eso.
Creo que fue en el segundo encuentro cuando uno de
los compañeros asistentes empezó a contar las dificultades
que estaba teniendo para hilvanar los objetivos de su inves-
tigación, hasta que en un momento Luis se paró, tomó el
marcador negro, y llenó de preguntas, sugerencias, posibles
entradas y zonas de interés dentro de la temática que se
estaba poniendo en cuestión. Fue impresionante. Una clase
magistral a partir de una temática emergente. Un desplie-
gue que apenas daba tiempo a quienes estábamos ahí para
tomar nota de todo el proceso analítico y reflexivo que se
estaba habilitando en el ida y vuelta entre Luis y el tesista.
Esto es la experticia de un investigador y la potencia de un
buen docente transformando la realidad académica de un
grupo de estudiantes.
Escena Nº4
Estoy sentado en una reposera a orillas del mar en la
playa “Barrancas del mar”. Son las cuatro de la tarde y está
soleado, pero hay un viento fuerte, fresco y constante. Un
clima bien marplatense. Suena mi celular. Me sorprende
escucharlo porque generalmente lo dejo en la mochila que
queda en la sombrilla o en el auto.
Es “Luis Porta”, a quien tengo agendado desde dos
años atrás cuando empecé a cursar el Seminario de Inves-
tigación Cualitativa en “el Piso 13 del Banco Provincia”.
Atiendo. Me dice que quiere hablar conmigo porque se
abre la Licenciatura en Ciencias de la Educación en la
Facultad de Humanidades de la UNMdP y tiene algo que
contarme. Estamos a finales de enero o comienzos de
febrero de 2019. Me cita a las 19 horas en su casa. Voy en
132. primera parte
malla y ojotas. Me empieza a hablar de “un sueño que se
va a hacer realidad” y tiene que ver con la reapertura de
una carrera que cerraron en la dictadura. Me cuenta de un
plan de estudios que él elaboró junto con otras personas
cuando era Secretario Académico de la Facultad de Huma-
nidades. Todo lo que me dice me resulta ajeno puesto que
prácticamente nunca tuve relación con la UNMdP. A mis
18 años me fui a Buenos Aires y estudié en la UBA durante
casi diez años. Cuando volví, empecé a trabajar en escue-
las secundarias municipales y en institutos de formación
docente. La UNMdP como espacio de trabajo no era para
mí más que un anhelo apenas imaginable.
Yo creo que me dijo algo así como “el plan de estudios
tiene un Taller en primer año el que queremos que haya
personas con un perfil bien específico, docentes con expe-
riencia en escuelas e institutos, con una mirada bien peda-
gógica”. Y pensó en mí y en otrxs compañerxs. Y ahí fuimos.
“Un maestro único”: mi maestro Luis Porta
Emilce G. Vuyovich49
Al ingresar a la Universidad Nacional de Mar del Plata, a la
Facultad de Humanidades, a la carrera del Profesorado en
Historia, pensaba que estaría lleno de personas que evolu-
cionaban y producían cambios sociales; para ser comple-
tamente sincera debo decir que sólo eran algunos los que
cumplían las expectativas.
Estos seres humanos miraban desde el púlpito cómo lle-
gaba con mis hijos, con ropa más que humilde, mis sándwi-
49. Ayudante Graduada en el seminario de Prácticas Sociocomuni-
tarias de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de
Mar del Plata.
primera parte .133
ches para mis niños en el patio, entre materia y materia, las
zapatillas viejas y una campera de abrigo, para el profundo
frío marplatense, que una vecina me había regalado.
Un día, un “profesor” joven, alegre, haciendo uso del
intercambio directo con sus alumnos. Charlas, sonrisas, pre-
guntas y muchas pero muchas ganas, aceptando los dichos y
chascarrillos que hacíamos, interactuando, reflexionando con
nosotros en voz alta todo el tiempo en un ir y venir que hacía
la clase súper llevadera y cortita… la hora volaba porque nos
estábamos divirtiendo mientras aprendíamos y leíamos…
donde nada era ridículo y todo era importante.
Este joven “PROFESOR” en una sola clase de la materia
Historia Universal II, en el invierno con mucho frío y lluvia
del año 1997, literalmente me voló la cabeza. Supe que ese
era mi lugar, que estaba donde debía estar, todas las dudas
se disiparon: era mi carrera, mi espacio, mi vida, las cosas
comenzaron a fluir.
El profe nos dio una clase sobre “La patata americana”
en tiempos de la pre-colonización, en términos de los ali-
mentos en el complejo mundo americano a la llegada de
los españoles a nuestro continente. Para contar este relato,
me vi tentada a buscar en nuestro programa de estudios
de la época la especificación de lo que nos contaba en esa
charla amena, distendida, brillante, con tanta pasión que
vale la pena relatarlo, aunque seguramente no importa, ya
que cualquier tema que hubiera dado nos hubiera dejado
–a todos—esa impronta apasionada de lo suyo, algo poco
frecuente en el ámbito, ya que la pasión tiene mucho de
nosotros como seres humanos, de nuestros sentimien-
tos, pero a fines de la década de los 90 era algo que no se
mostraba.
Este joven profesor intercambiaba los alimentos entre
siglos, en un ir y venir en el tiempo-espacio. En un momen-
to de la clase, con todo desparpajo dijo “la palabra mágica”,
que a mis oídos sonó como la confirmación de lo posible.
134. primera parte
Comentó que podíamos hacer hincapié en nuestras biogra-
fías o en otras que referenciábamos, ¿porque no?
¿Por qué no utilizar aquello que nos era cercano y que
nos había traído hasta acá, que conocíamos a la perfección
que era nuestra propia vida?; ¿por qué cómo historiar lo otro,
lo de fuera, sin pensarnos primero? Un murmullo en el aula,
un murmullo en mi risa apasionada; entendía perfectamente
el regalo que nos estaba dando. En el grupo de estudios nos
miramos, siguió la clase y al terminar, cuando el profesor
se retiraba, lo corrí por las escaleras y le pregunté: “¿Es así?,
¿podemos tomar las biografías como referencias áulicas en
nuestras clases, entendiendo que primero y ante todo estaba
lo humano, lo simple frente a las grandes complejidades?”
“Obvio”, me dijo, “es lo que somos: primero humanos
y donde vamos, nos llevamos, entrelazando, relacionando
nuestra profesión con nuestro ser”.
Me quedé mirándolo mientras se alejaba; estaba viendo
el futuro delante de mí, con algo completamente nuevo, con
una nueva forma de pararse frente a las elecciones, a las ma-
terias, a los temas, a la vida…y lo mejor es que pude darme
cuenta del gran regalo que estaba recibiendo.
Hoy muchos años después de ese día, ya convertida en
profesora, sigo pensando en cómo una explicación, una pala-
bra frente a una dificultad de comprensión en un aula, hace
que la luz brille, hace que el entendimiento llegue, la pasión
resurja y se nos devuelvan las ganas. Buscamos una palabra
de aliento junto a una mirada cálida y sonriente.
El Profesor que me permito soñar sigue siendo un profe-
sor único, capaz, generoso. Le agradezco todo lo que dejo en
mí, en muchos de nosotros, que hoy lo seguimos en cada una
de sus publicaciones. Este profesor único es Luis Porta.
Él y su grupo de trabajo realizaron aportes, le dieron
lugar a lo humano juntándolo con lo académico y per-
mitieron que soñar forme parte de la investigación y sea
parte de las palabras.
primera parte .135
CARTOGRAFÍAS TRAPECISTAS
O UNA DEFINICIÓN DE CONFIANZA
Laura Proasi50
Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos
Antoine Saint-Exupéry, 1943
Guardo cajitas en las que suelo atesorar recuerdos que me
invitan, cada vez que me acerco a ellas, a revivir momentos.
Retazos de vida en un entramado colectivo. Y si la educación
tiene que ver con la vida, me pregunto ¿cómo quedarnos quie-
txs sin entrelazarnos con otras vidas? Entrelazar mi vida con
la de Luis me ha posibilitado entender aún mejor la mía. Hoy
quiero contar cómo ha sido este camino, porque es la tesis
doctoral la que me está permitiendo desandarlo. Pretendo este
diálogo sin intermediarixs, como un puente que se extiende
a través de un lenguaje que se parece más a la cercanía y a
la hospitalidad, a los gestos vitales (Porta, 2021). Y así como
en las palabras de Marguerite Duras, la escritura llega como
el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como
nada en la vida, nada, excepto eso, la vida (Duras, 2022).
Transito la experiencia de mi vida como una trapecista.
El trapecio me dispone a vencer la resistencia de un mundo
cruel, a tolerar la altura y el vértigo, a dejarme caer hasta
50. Profesora Adjunta del Taller de Aprendizaje Científico y Académico
(TACA) de la Lic. y el Prof. en Ciencias de la Educación de la Facultad de
Humanidades. Universidad Nacional de Mar del Plata.
primera parte .137
volver a trepar, tomar el trapecio volante y lograr el envión
que me devuelva “dolida, sobreviviente, lúcida” (La Greca,
2018:15) nuevamente al aire. ¿Será que contar la historia de
una vida entre tantas vidas es otro modo de volar de trapecio
a trapecio, de sujetarnos a otras manos empezando a viven-
ciar lo que sucede cuando en armonía rítmica, tras confiar,
soy capaz de hacer piruetas y saltos en el aire, y llegar con
todo el cuerpo sin saber qué podría pasar? Y allí se deshizo
el nudo. Se deshizo en mi cuerpo. Entrar en armonía rítmica
para sorprender-me, para sorprender al mundo. La aventura
siempre es la recompensa para la trapecista. Subir y tomar el
trapecio implica superación y ruptura de límites, tomar im-
pulso, saltar, experimentar, expresar, transformar, pertenecer,
compartir, jugar. Y juego…
Juego con mis cajas. Las hay grandes, existen chicas y hay
cajas muy chiquititas. Hay cajas de colores y otras blanco y
negro. A veces, de niña, me preguntaba, ¿qué puede haber en
una caja? Mi mamá me decía que generalmente se guardan
recuerdos, pedacitos de historias, fotografías, cartas, seña-
ladores de esos que se ponen entre las páginas de los libros
para saber por dónde vamos; boletos, tarjetitas y hasta flores
que, con el paso del tiempo, se secan, pero conservan las pe-
lusas de algún momento. ¿Y qué más?, me pregunto ahora.
Entre mis cajitas, encontré una donde están escritas las
cuatro letras de su nombre “LUIS”. ¿Qué hay dentro? ¿Qué
guardo yo de él en esta cajita en particular?
Lo que primero que encontré en ella es mi libreta de
estudiante. Llegar hasta el aula 60 fue una travesía por mares
inhóspitos. Logré sentarme entre el humo de cigarrillo,
algunxs recursantes, y muchxs ingresantes. Recuerdo el bu-
llicio, complicidades y saludos afectuosos; allí estábamos cur-
sando Historia Universal General I Antigua. Aquel territorio
no me era familiar, no tenía el mérito de aportar alimento ni
lugares de protección conocidos en caso de riesgo de depre-
dación (Despret, 2022).
138. primera parte
Comienzos de 1992. Enhebrar la aguja, proyectar la mi-
rada a ese diminuto orificio para que pueda pasar un hilo
que fue elegido para cumplir una función importante: el
hilo de nuestras historias. Hilo de un color que ha sido te-
ñido por experiencias, historias, alegrías, tristezas, aventu-
ras y sinsabores. Justo allí estábamos nosotros siendo hilo
para ser enhebrados en una aguja que, poco a poco, nos
iría uniendo en infinitas posibilidades para narrar y sanar
aquello que traíamos cada uno en su mochila. En ese coser
y enhebrar, algunas turbulencias personales y mis prontos
21 años, sus prontos 26.
Luis y Laura, en la plaza de La Niña en 1992
primera parte .139
Por tal razón es que intento buscar un tipo de escritura
que encuentre las palabras justas para nombrar la experien-
cia vital que nos enhebra. Y en este ejercicio, entiendo que se
trata de aceptar que el lenguaje necesita inventarse para ser
fiel. Tengo que inventar mi lenguaje para serme fiel cuando
realizo el ejercicio de pensarme y de pensarnos. Re-significar
lo que sucede y lo que me va pasando. Seguramente, tiene que
ver con una mirada que me permite interrogarme y pensar.
Pensarme buscando, sin esperar encontrar algo, sino dete-
niéndome a mirar lo que, ciertamente, se va presentando.
Entré al aula apurada y ansiosamente. Había pocos espa-
cios libres y la clase estaba por dar inicio. “Vení, vení”, Luis
hizo un gesto con la mano mirándome a los ojos. “Sentate
acá”, quitó su campera de cuero oscura que estaba sobre el
pupitre contiguo. “Soy Luis. ¿Vos?”. “Laura”, contesté tímida-
mente. “Soy de 9 de julio. ¡Bah! de un pueblito cercano: La
Niña. ¿Vos sos de acá?”. “No, no soy de Mar del Plata”. Y apuré
las palabras para resumir mi propia biografía ligada más a lo
geográfico que a lo vital. “¿De La Niña sos?”, pregunté. “Sí”,
contestó él, “¿Conocés?”. “No, pero me gustaría”.
La Niña 1992
140. primera parte
Volví a apretar las palabras para que fueran pocas. Y en ese
decir me abrí en intimidad; ese relato de sí, ese relato de lo
íntimo que se vuelve refugio no sólo para quien lo narra, sino
también para quien lo recibe en múltiples formatos (Aguirre,
2020). Le conté lo que significaba La Niña para mí, a través de
las historias que solía contar quien era mi pareja–en pala-
bras del Tío Negro (Eduardo Vázquez, tío materno de Luis) el
Machito Ríos –y que, coincidentemente, compartía con Luis
retazos de vida en aquel pequeño pueblo rural.
Se fueron sucediendo los encuentros en la Facultad en
cada cursada. Él y yo procurando sentarnos siempre uno al
lado del otro como si fuéramos una misma ameba que se par-
te y se duplica (La Greca, 2022). Como hábil trapecista, sabía
que tenía red donde caer si mi trapecio fallaba en este inten-
to. Trapecio, poste, soga, cuerda, nudos, magnesio. La red se
fue tejiendo más fuerte.
Al sonar el redoblante, las luces iluminan mi figura. Me
seco las manos, las cubro de magnesio para luego sacudirlas
retirando el exceso. Se me acerca el abismo. Tomo el trapecio
y, con una profunda inhalación, me lanzo al vacío. Usando
mi propio peso, me balanceo ampliando el arco que me va a
impulsar. En un instante, que sólo yo soy capaz de reconocer,
dejo atrás la barra. Parece que vuelo: un giro, dos, tres y al
extender el cuerpo allí está él que me recibe del otro lado. Mi
sonrisa brilla en medio de un aplauso que ha presenciado un
momento de infinita confianza. Esta es, sin lugar a dudas, una
de las habilidades que mejor desarrollamos lxs trapecistas: la
capacidad de ponernos en manos de otrxs con la seguridad de
que nos mantendremos a salvo. Sabía que si caía, ahí estaría
él a partir de ese mágico primer encuentro.
En la cajita también estaban, perfectamente ordenados,
algunos de los discos de boleros: Cuco Sánchez, Armando
Manzanero, María Marta Serra Lima junto al Trío Los Panchos,
entre otros. Luis habita la música. La ha hecho siempre pro-
pia. Es su compañía y su sosiego.
primera parte .141
Los estuches siguen dando cuenta de un tiempo sin
tiempo: canciones que escuchábamos en las pausas que nos
tomábamos, mientras estudiábamos, en su departamento
de la calle Arenales. “A las 14 horas salgo del Concejo [Con-
cejo Deliberante de General Pueyrredon]. Venite a casa”, me
repetía. Su casa siempre fue nido, refugio, abrigo. Leíamos
en voz alta. Nos leíamos mutuamente, nos reíamos. Su co-
micidad y sus ocurrencias terminaban desordenándonos los
textos; en verdad, las fotocopias de los manuscritos origi-
nales que él compraba frente a la Facultad, por calle Funes,
y de las cuales luego hacía una copia para que yo tuviera la
mía. Era el momento de preparar el mate y bailar; incluso
hasta nos animábamos a cantar. No existe mejor regalo para
Luis que un disco después de un libro y una obra de arte.
Era habitual rehusarnos a esperar el colectivo de la línea 531
en Arenales y Alberti; preferíamos llegar caminando al Com-
plejo Universitario cuando el reloj nos indicaba el horario de
cursada. La charla íntima, la cercanía, las tristezas, las alegrías,
nos sobrevolaban acompasando un paso lento por cada cuadra.
Convencidos de ser una parte activa dentro de la uni-
versidad como estudiantes, teníamos a favor la imaginación
que es propia de lxs jóvenes; imaginación que, transforma-
da en movimiento, se convierte necesariamente en acción
transformadora (Giroux, 1999). Quizás, y hasta sin saberlo,
empezábamos a sembrar algunas pequeñas semillas de
pedagogía crítica. Considerábamos que junto a otrxs po-
dríamos ser los artífices de cambios, lxs generadores de
conciencia crítica, lxs vertebradores de las necesidades de
nuestrxs compañerxs dando vida al poder estudiantil, ha-
ciéndonos cargo de nuestra educación, proponiendo las
líneas de una universidad deseada en términos de una idea
de futuro. Luis empezó con los primeros ensayos de tra-
bajo en común-unidad; en comunidad. Y yo junto a él.
Un calor abrasador empezaba tímidamente a recostarse
sobre el vidriado del Complejo Universitario. Noviembre y su
142. primera parte
impronta multicolor. Luis me invita a acompañarlo a La Niña
porque su hermana Lorena se recibe de Maestra. “Ya les dije a
mis viejos. Nos están esperando”, me susurró al oído mientras
salíamos de una clase. Dos boletos de la empresa El Rápido,
con destino a la ciudad de 9 de julio, resbalan de la caja…
El sábado ya estaba marcado en el almanaque como el día
en que realizaríamos el viaje de 40 km a La Niña. Subimos
los cinco al auto de Carlos. Un Fiat 128 turquesa. Al divisar
la entrada, Carlos gira hacia el asiento trasero donde íba-
mos sentados Luis, Lorena y yo: “Mirá bien, Laurita, ahora
vas a empezar a ver los rascacielos de La Niña”. Las carca-
jadas volaron por las ventanillas que teníamos abiertas.
Y en aquella errancia percibir el movimiento de salir,
el de salirse de uno, el de quitarse de la comodidad, el de la
rebeldía, el de marchar hacia fuera, marcharse y marchar con
otros, no permanecer quieto y aquietado, de no contentarse
con lo propio e ir en busca de otros mundos. En este sentido
el viaje es una metáfora del deseo. El viaje tiene un sentido en
sí: en viaje, viajando, nos podremos reencontrar con lo que
no conocemos de nosotros mismos. Las marchas nos educan,
convidándonos a un habitar el mundo en estado de errancia.
El viaje con sus laberintos, el cuerpo que se desplaza hacia
distintas experiencias, palabras que sobreviven y otras que
se despiden, la ética del escuchar, la pregunta honesta y sin
artificios. En fin, un conjunto de gestos filosóficos inseparables
que permiten una conjunción –no exenta de encrucijadas que
sólo pueden resolverse a medias− de la lectura, la escritura y la
vida común a través de los pasadizos por este mundo, a modo
de desprendimiento de uno mismo. En palabras de Kohan, “al
menos si viajar quiere decir salir del lugar que habitamos en
el pensamiento, sin un destino predeterminado y estar atento
a cada oportunidad de desplazamiento” (Kohan, 2015: 11).
El paisaje, de este modo, se reconquista. Se define a partir
de nuestros equipajes. Luis y yo llevábamos mucho a cuestas a
pesar de nuestras edades. Él había dejado el pueblo un par de
primera parte .143
años antes. “A él no le quedó mucha opción. Quería ir a estudiar.
Fue más visionario que yo. A los dieciocho, cuando egresó, ya se
fue” (Entrevista Lorena, hermana de Luis, en junio de 2023).
Y ahora regresaba; regresaba conmigo que también tenía
como equipaje una pertenencia al pueblo indirecta pero latida,
potente, sentida. Fueron sus búsquedas, pero también las mías.
El viaje siempre es la gran posibilidad, la gran verdad o la gran
mentira necesaria y edificante para seguir viviendo. Llegar a
La Niña fue, para nosotros, una experiencia de inmersión. Un
pueblo quedado en otro tiempo, que nos provocó promiscua-
mente a repensar lo que no recordábamos, lo que habíamos
olvidado o no teníamos ya más presente y se hacía necesario,
en ese devenir, tener presente para poder ser lo que somos,
para habitar otro tiempo que fue el de este movimiento, el
de la sucesión. Un tiempo que no nos permitía habitar el
presente, porque nos proyectaba de un pasado a un futuro;
ese tiempo en el que el ahora es un instante, efímero, instan-
táneo, y nos devuelve a las orillas del tiempo del corazón.
La Niña se describe por sí misma. Caminar por el pueblo,
que los vecinos te saluden y, llamativamente, se vean bancos de
material construidos en las veredas de sus casas, que se resume
en el tan reiterado: “están veredeando”; percibir el aroma de las
flores, de los tilos en la plaza; sentir en los pies las calles de are-
na; llenarse la mirada con el cielo minado de estrellas, y el aro-
ma de las chimeneas en invierno o el sol abrasador del verano…
Lo recuerdo a Carlos caminando juntos a nosotros, señalando
edificios constitutivos del pueblo: la escuela, el jardín de infan-
tes, la iglesia, la estación, la plaza principal, la oficina de correo,
la central telefónica, la compañía eléctrica, el almacén de ramos
generales. “Carlos”, dije yo, “¿lo de Garibotti?”. “Sí, Laurita. Exac-
tamente”, contestó él. Recorrimos el pueblo en su totalidad que
posee sólo unas pocas calles silenciosamente hospitalarias.
Luis recordaba, mirando las instalaciones de la vieja
estación, que solía llegar al pueblo a visitar a su familia en
“la zorrita” que corría desde 1961 sobre las vías abandonadas
144. primera parte
y oficiaba de transporte hacia y desde 9 de Julio. Y con este
recuerdo, sobrevolaron los dichos populares identitarios de
La Niña: “¿Cómo te quedó el moño?”, “¡Qué triste la vida del
pobre!”, “Vas a quedar como la mona del Rolo” [refiriéndose a
una mona, propiedad de un vecino, que trepó al tendido eléc-
trico]. Extasiada los escuchaba reír; reía yo también porque
para mí no eran dichos ajenos. Me eran propios.
La casa del tío Negro (Eduardo Vázquez), como el sol
inmenso de noviembre, nos dio la bienvenida y nos acogió
durante el resto de la tarde. Gestos de hospitalidad mediados
por una mano en el hombro, por un tono de voz que anidó en
mí con una fuerza inesperada. Escena que se vuelve a repetir,
hace apenas un puñado de días, en la casa de Lorena, en nues-
tro segundo viaje juntos. Corazonamos (Guerrero Arias, 2010)
en comunidad extendida.
Viajes, distancias, períodos de ausencias y ecos de un pa-
sado a la par como archipiélagos desiertos siguieron uniendo
nuestras vidas. España, Estados Unidos, Argentina… Volvemos
a empolvarnos las manos y tomamos una vez más el trape-
cio… saltamos… El movimiento de péndulo enlazado enfatiza
el implacable paso del tiempo. La aventura siempre ha sido,
para nosotros dos, la recompensa.
Un ticket aéreo asoma también en la caja… Hacía tiempo
que me había alejado de las aulas por motivos que tuvieron
que ver más con el latido que con la profesión. Volvía yo de una
estancia de diez años en el exterior y una mochila colmada de
cuestiones a resolver. Así, como en un pequeño teatro de ma-
rionetas, alguien cortó los hilos y caí destruida al piso sin poder
levantarme. Allí estuvieron siempre mis grandes amigxs; con
sabor a reencuentro, llegó el abrazo de Luis, quien, en medio
de lágrimas, me devolvió a la vida: “Vas a empezar a trabajar
conmigo en Humanidades. Te quiero cerca. Tenés que adscri-
birte a Problemática”, sentenció, desde el verde más profundo
de sus ojos. Sus brazos se hicieron nido una vez más. Él era el
Secretario Académico de la Facultad; yo recién desembarcada.
primera parte .145
Empezaría a ser parte del equipo de Problemática Educativa del
Ciclo de Formación Docente de la Facultad de Humanidades. La
confianza de Luis depositada en mí y su amor-amigo se traduje-
ron en nuevos desafíos.
Desde hace 32 años seguimos reconfigurando el relato que
sostiene el entramado de nuestra cartografía juntos. Desde
aquella marca inicial y tanta vida en medio, sigue estando…
seguimos inventando trucos; seguimos cayendo sobre la red;
nos incorporamos y trepamos nuevamente a la plataforma.
No importa las veces que lo hagamos. Lo hacemos juntos con
los mismos discos, con las mismas complicidades, los mismos
silencios, pero con charlas renovadas que dan cuenta de estar
más grandes. O como él señala cada vez que lo digo, “no esta-
mos más grandes, estamos más sabixs”.
Lo admiro, tanto como lo admiré siempre. Es transpa-
rente, y brilla por su simpleza. Aún niño, siempre generoso
con esa inocencia que demuestra muchas veces no haber
perdido. El mismo niño que miraba las estrellas con su padre
en el cielo de La Niña; que iba al jardín tomado del cuello de
su maestra Cristina; ese pibe que me escribía obscenidades
en mis cuadernos de apuntes. Aquel niño, aquel pibe, sigue
siendo mi amigo, mi maestro y mi guía, mi refugio, mi red.
Trascendimos en eterna compañía hilando sueños, luchas,
esperanzas y ternuras.
Dejo entreabierta la caja. No puedo evitar emocionarme.
146. primera parte
«Más acalorada al inicio y mucho más
reflexiva luego, las intensidades y las
pasiones van mutando. Con el tiempo
la militancia implicó aprendizajes y
desaprendizajes, sin dudas la vuelta a la
democracia nos inspiró a todos. La carrera
de historia significó en mí la búsqueda de
memorias que posibilitan componer futuros,
como así también el reconocimiento de mi
trabajo con lo biográfico. No es solamente
creer que la biografía puede ayudarnos
a pensarnos en los mundos, se trata de
valorar los constantes aprendizajes que
emergen en todos los sentidos de la vida».
Luis, conversación grupal, agosto del 2022.
VOCES 3
Querido Luis
Gladys Cañueto51
Te escribo esta carta para contarte que este año cumpli-
mos treinta años de amistad y creí necesario a través de
estas líneas dejar expresado todo lo que significas en mi
vida, personal y profesional.
Cuando te conocí ambos éramos muy jóvenes,
todavía estábamos por los veinte y pico y vos tenías
pelo, eran los 90. Enseguida nos llevamos bien; vos
vivías en un hermoso PH que recuerdo tenía muchas
plantas en la entrada y una decoración que de manera
incipiente iba mostrando lo que con el correr del tiem-
po hasta hoy fue adquiriendo un estilo personalísimo,
ecléctico, siempre colorido y que, tomando la voz de
Mirta, podría definirse como estilo Kahlo-Porta. En esa
época vos estabas trabajando en la facultad y yo en
la escuela, me invitaste a participar de unas Jornadas
que organizaste y me sumaste. A partir de ese evento
nos fuimos conociendo más y empezamos a transi-
tar un camino de amistad, de familia y de trabajo.
Con el comienzo del nuevo milenio, cuando toda-
vía repartías tus amores profesionales entre la direc-
ción de la Villa Victoria y la Facultad, me invitaste a
trabajar en una carrera nueva, Gestión Cultural, en
ese hermoso lugar bajo la mirada omnipresente de
51. Profesora Asociada de Problemática Educativa y actual Vicedecana
a cargo de la Secretaría Académica de la Facultad de Humanidades de
la Universidad Nacional de Mar del Plata.
primera parte .151
Victoria y respirando el aroma cultural que la casa
esparce a cada uno de sus visitantes. Luego me propu-
siste trabajar con vos en la asignatura Problemática
Educativa y desde ese día hasta el presente te acompa-
ño, ahora ya no sola como en ese comienzo sino con
un conjunto de compañeros/amigos con los que nos
fuimos formando bajo tu guía profesional y fraterna.
Te acompañé también como tu secretaria en la expe-
riencia breve que tuviste en la dirección de Universi-
dad Abierta, cuando te desempeñaste como Secretario
Académico de la Facultad de Humanidades y también
cuando lo hiciste como director de la CEDU. (Ahora
que lo pienso, nuestro pasado común por escuelas de
comercio debe haber dejado huella en nuestro perfil).
Siempre te digo que tenés una cualidad muy her-
mosa que te permite poder ver en el otro/a todo lo que
tiene y puede dar y que tal vez ni uno mismo sospecha.
Esa cualidad tuya se complementa con una gran gene-
rosidad que no es frecuente en los ámbitos que habi-
tamos. A eso podríamos sumarle otra capacidad poco
común: la de formar comunidad. Porque vos estrechás
lazos y vínculos con los que te rodeamos, y nos brin-
dás la oportunidad de conocernos entre nosotros, pero
también de cuidarnos y de querernos. Somos la conste-
lación de estrellas más diversas que puede existir, pero
tenemos nuestro propio enlazador de mundos que se
ocupa de hacer brillar la luz de cada uno/una de no-
sotros/as. Otro elemento poco usual es tu sentido del
humor; poca gente la pasa bien trabajando, pienso que
el humor y la pasión por lo que uno cree y lucha son
motores poderosos y en vos esos motores están refor-
zados y son de gran tracción. “Pasión” ciertamente es
la palabra que te define, y creo poder enumerar no a
modo de inventario, sino como descripción, algunas
pasiones que te conozco, a saber: la playa, los libros,
152. primera parte
los viajes, los cuadros con mar, las naranjitas azucara-
das, las camisas de lino, otros libros, las crasas de tu
balcón, los colores en las paredes, los cuadros sin mar,
tus clases, el chocolate, los objetos de decoración, más
libros, tu hijo, las agendas, las reuniones, bailar, tus
amigas y amigos, hacer regalos, festejar tu cumplea-
ños y todo aquello que emprendés. Seguramente vos
añadirás muchas pasiones más cuando leas la carta.
Como te decía al principio, en este momento de
la vida en que nos encontramos siento la necesidad
de poner en palabras aquello que creo esencial y vital
para mí en nuestra relación de amistad. La primera de
las cosas es que el tiempo compartido con vos durante
estos treinta años me ha permitido ser parte de nume-
rosos momentos que atesoro en mi corazón y forman
parte de nuestra historia en común. La segunda es que
quiero que sepas que te considero mi maestro; me has
enseñado mucho y sigo aprendiendo cuando escucho
tus clases apasionadas que me llevan por itinerarios
desconocidos y provocativos que me interpelan a ir por
más. La tercera es decirte gracias, gracias por creer en
mí, gracias por acompañarme, gracias por entenderme
y respetar mis tiempos, gracias por impulsarme a las ac-
tividades profesionales que hoy transito, gracias por las
risas, gracias por Problemática Educativa, gracias por los
amigos en común, gracias por tu cariño a los míos, gra-
cias por bancar todas las paradas que la vida nos puso.
Por último, quiero decirte que deseo fuertemente
que seas muy feliz, que viajes mucho, que tus sueños y
anhelos se cumplan, que vivas tu vida apasionadamente
y que disfrutes de todo lo bueno que te merecés; somos
familia y mientras vos quieras yo voy a estar a tu lado.
primera parte .153
Para Luis, amigo, colega, maestro
Gabriela Cadaveira52
Te escribo esta carta y escucho de fondo “Brillante sobre
el mic” de Fito…
“Hay recuerdos que no voy a borrar, personas que no
voy a olvidar”
Mis pensamientos me llevan hacia muchos momentos
que hemos vivido a lo largo de estos más de veinte años.
Amistad.
“Y allá, el tiempo que me lleva hacia allá…”
Invoco el tiempo del aión, para recuperar los momen-
tos más sentidos, aquellos de mayor intensidad, y recuerdo
nuestro primer encuentro en el locutorio del Puerto, don-
de me invitaste a participar como adscripta en Problemá-
tica Educativa, ya que en aquel entonces estaba cursando
la Especialización en Docencia Universitaria. Generosidad.
“El tiempo es un efecto fugaz…”
E implacable, de repente se diluye; sin embargo,
vuelvo a momentos de aprender con vos y con otros. En
los grupos de trabajo, de investigación, seminarios, jorna-
das, siempre abierto a recibir, enlazar y compartir.
Constructor de lo colectivo.
52. Profesora Adjunta de Pedagogía Social de la Lic. y el Prof. en
Ciencias de la Educación de la Facultad de Humanidades. Universidad
Nacional de Mar del Plata.
154. primera parte
“Y hay, cosas que no voy a olvidar…”
Los múltiples festejos donde nos encontramos para
contagiarnos la felicidad por los logros de cada colega. El
doctorado nos unió en una verdadera comunidad. Pasión.
“Hay secretos en el fondo del mar, personas que me
quiero llevar, aromas que no voy a olvidar, silencios que
prefiero callar...”
En estos días, escucho tu voz en los últimos WhatsApps
que intercambiamos por la tesis doctoral, y me emociona
que te alegres de mi logro que también es tuyo. Por eso quie-
ro darte las gracias, enormes GRACIAS por contar con vos.
Solidaridad.
Te escribo y se mezcla la melodía de Fito y mis recuer-
dos. Evocar estos momentos de nuestra vida resulta un
bello ejercicio que me permite reconocer cómo afectaste mi
vida con tu presencia, y poder devolver con estas palabras
musicalizadas el agradecimiento por tu acompañamiento
en mi crecimiento académico y personal.
Abrazo inmenso,
primera parte .155
Pasiones Luis
Claudia De Laurentis53
Sabía escuchar de tal manera que la gente perpleja o indecisa sabía
muy bien, de repente, qué era lo que quería. O los tímidos se sentían
de súbito muy libres y valerosos. O los desgraciados y agobiados se
volvían confiados y alegres. Y si alguien creía que su vida estaba total-
mente perdida y que era insignificante y que él mismo no era más que
uno entre millones, y que no importaba nada y que se podía sustituir
con la misma facilidad que una maceta rota, iba y le contaba todo eso
a la pequeña Momo, y le resultaba claro, de modo misterioso mientras
hablaba, que tal como era sólo había uno entre todos los hombres y
que, por eso, era importante a su manera, para el mundo.
Antoine Saint-Exupéry, 1943
Como en un juego de cajas chinas, otra vez, me
encuentro en el circuito de los docentes memorables.
Y como en toda tradición que se disputa, la adolescente
que no se quiere resignar a la adultez, en la memo-
rabilidad encuentra fisuras que nos vemos tentadas
a profundizar. Muchas veces nuestra experiencia de
aprendices nos dice que ese trazo que nos ha marcado
está lejos de la hospitalidad y la pasión. Hospitalidad y
pasión que aquellos primeros docentes que la inquie-
tud del GIEEC se ocupó de traer a la luz en busca de
unos fueguitos, diría Galeano, que iluminan los pasillos
de las aulas de nivel superior.
Y si de Luis se trata, no hay duda que allí arde
una hoguera. El motor de todo, me dijeron una vez.
53. Profesora Adjunta de Política Educativa de la Lic. y el Prof. en
Ciencias de la Educación de la Facultad de Humanidades. Universidad
Nacional de Mar del Plata.
156. primera parte
Pero volviendo a las disputas, son muchos docentes,
formales y de la vida, que no se olvidan. Pero no todxs
somos lxs docentes que nos gustaría ser. Y aquí podríamos
adjetivar ad infinitum sin llegar a transmitir el qué o el
cómo de eso que quisiéramos ser, generar, devenir…Pero,
sobre todo y sin duda, agradecer. Si tuviera que pensar en
una manera que se acerque a definir más cercanamente a
lo que se buscaba en esos docentes que asomaron por pri-
mera vez en un papelito que nos pedía que señaláramos
buenas enseñanzas y que Luis, entre otros, firmaba, es esa
capacidad de generar gratitud en estudiantes y colegas…
Dar es dar diría Fito, y seguramente la generosidad es esa
marca que nunca me abandonará.
Creo que aquí se justifica un recorrido, imperfecto
e incompleto, que quizás pueda reflejar en parte lo
que me propongo.
Luis y yo nos cruzamos por primera vez en el primer
año de mi vuelta al lugar del que nunca me había querido
ir: las aulas universitarias. Después de mi primera carrera,
una familia de cuatro hijos, una vida profesional muy si-
nuosa y un momento socio económico muy complicado nos
trajeron a Mar del Plata, y el instinto de preservación me
llevó a inscribirme en el Profesorado de Inglés. La providen-
cia, o la serendipia, quiso que allí me recibieran Problemá-
tica Educativa y Luis para rescatarme del mandato materno
de una carrera “apropiada para los deberes que una madre
debe cumplir”. El primer regalo generoso que recibí fue
Apple y sus Papas Fritas baratas, el descubrimiento de Frei-
re y la Pedagogía Crítica. Esa carrera que arrancaba nunca
más sería una tecnicatura que aportara a la economía
familiar. Las aulas se habían convertido en una trinchera.
Pasaron unos cuantos años, muchos profesores que
nunca olvidaré, la mayoría de los cuales me arrancaban
lágrimas de bronca e impotencia y la certeza de lo que no
quería ser. Otros docentes me rescataron y me llevaron
primera parte .157
de la mano, otra vez, a buscar a Luis para sponsorear una
beca de investigación. Luis no me conocía, pero confiaba
en mi mentora y me regaló su apoyo y un libro… En este,
nuestro primer encuentro verdaderamente personal,
en un despacho de secretaría Académica, me regaló un
libro… Y eso dice mucho, mucho de Luis. Soy una lectora
bulímica y desordenada, apasionada y hasta brutal, pero
nunca conocí a nadie que compartiera sus lecturas y las
ofreciera tan amorosamente. Cada vez que lo escucho, no
importa en qué circunstancias (clases, seminarios, presen-
taciones en jornadas…) me llevo una lista de lecturas que
jamás llego a completar, pero que habitan mi biblioteca
de babel y me aseguran que no moriré sin material de
buenas lecturas pendientes.
Las becas que Luis dirigió fueron un regalo que cerró
el círculo de deseos inconclusos y postergados. Muy
jovencita, al arranque de la democracia, la promesa
de la investigación y sus cantos de sirena me llevaron
a trabajar con un profesor que inesperadamente optó
por abandonarla para dedicarse a un cargo político. Y
con ella a mí y a un grupo muy entusiasta que se que-
dó huérfano y se dispersó para seguir otros rumbos. La
CEDU que cursaba, y que supe más tarde también es
parte de esa pasión y esa imaginación propias de Luis y
que lo desbordan, me impulsaron a volver a intentarlo.
Allí descubrí que Luis confía. Casi sin conocerme me
confió un espacio en Problemática, su co-dirección en
el trabajo profesional, y un entorno que se convirtió en
una ecología de compañerxs amable y amorosa. Colegas
que se convirtieron en amigxs entrañables, con lxs que
es muy fácil trabajar y divertirse, que te acompañan
cuando no estás bien, pero también cuando sos feliz.
¿Será que Luis se rodea de gente que se le parece? Que
es generosa y amable, que se brinda con pasión a la
docencia, que son curiosos… Como Luis.
158. primera parte
Siguieron años de compartir horas de trabajo en la
cátedra y ser testigo de sus paseos por el aula y el efecto de
que eso producía en lxs estudiantes, de verlo recorrerla de
una punta a la otra, mágicamente, entre bancos apretados,
de conjurar autores e ideas que embelesaban, de reforzar el
hechizo con una lectura, siempre distinta, de pintar el piza-
rrón con trazos que a primera vista parecen desordenados
pero que reflejaban el paisaje de su clase. Volví a disfrutar de
Problemática Educativa entre y frente a lxs estudiantes.
Y por eso las aulas también son su regalo. Cuando entré
por primera vez a la Universidad pública supe que era el
lugar en que me quería quedar. Soñé en ser una estudiante
eterna. Lo que no sabía era que ese no es un lugar amable
para una persona adulta… Y allí también Luis intervino con
la oportunidad de habitarla desde otro lugar, que no deja de
permitirme ese placer de seguir estudiando y aprendiendo
pero que me pone en el lugar de docente y que me permite
intentar acompañar como él lo hizo.
Y con las aulas la pasión por la investigación, por los rela-
tos y ese particular modo de construir entre todxs. Cada uno
de sus talleres y seminarios devienen usinas de intercambios
apasionados, que hacen difícil poder señalar autores de ideas
o relaciones, lo que llevamos, una arcilla informe, se amasa
y convierte en esculturas que nos reflejan como parte de una
comunidad que, como Luis, ama lo que emprende.
También fuera del aula Luis es un maestro. Su manera
de conducirnos en la investigación, con la palabra justa, la re-
ferencia que hacía falta, las lecturas pacientes y devoluciones
amorosas, a veces en aeropuertos entre vuelos… Su tiempo,
otro regalo precioso. Acompañar el proceso de investiga-
ción doctoral, con la paciencia propia del maestro artesano,
articulando cuidadosamente la demanda necesaria con el
respeto por la autonomía, dejarnos hacer sin otorgarnos el
permiso de perder rigurosidad, entiendo hoy es uno de los
aspectos más difíciles del ejercicio de la docencia. Una inves-
primera parte .159
tigación en la que Luis surge como un referente central, arti-
culador de carreras y oportunidades para muchos de los que
hoy habitamos los pasillos de la Facultad de Humanidades, e
imagino otros muchos espacios, y que sin embargo quedó en
la sombra por ser mi conductor designado. Ojalá estas líneas,
como tantas otras que hoy se escriban, conformen el coro
que le haga justicia narrativa, como a él le gusta decir.
Porque como Momo, Luis sabe escuchar. Y como Momo,
no de cualquier manera. Y por eso Luis devino memora-
ble. Su pasión, su acompañamiento cariñoso, una ecología
de colegas amable y comprometida, su imaginación que
desborda y que se vuelve realidad por su inmensa capaci-
dad de trabajo (me pregunto si Luis alguna vez duerme), su
confianza y respeto como premisas, y su inmensa genero-
sidad que me dio, como a muchos otros, las oportunidades
que necesitaba para acceder a esas aulas que habito y me
hacen feliz, su capacidad de hacernos sentir que, a nuestra
manera, somos importantes para el mundo. Todo eso lo
suben desde el pie de aquel papelito inicial a protagonista
central de mis narrativas sobre docentes memorables y apa-
sionados que borran las cicatrices de las memorabilidades
descartables supieron conseguir.
Hola Luis, ¿Cómo andas?
Marcela Ristol54
La universidad suele ser un lugar dicotómico: oscuro y
hostil, pero también alegre y sonoro. Y es ahí en don-
de transcurre buena parte de nuestra vida, sumidos en
pasillos de paredes de ladrillos, enfilando por escaleras
54. Profesora Adjunta de Introducción a la Museología y a la Museo-
grafía del Departamento de Ciencia de la Información de la Facultad
de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata
160. primera parte
interminables, en aulas cargadas de simbologías, con
luces fluorescentes que se van apagando. Allí mismo
suceden los encuentros con la gente. En ese escenario, te
reconozco: “Hola Luis, ¿cómo andás?” Así comenzó, no sé
qué día, no sé a qué hora. Sucedió.
Creo fervientemente en la conexión de hilos de tinte
rojo, aunque me imagino que también podríamos asignar-
le otro color, destinados a unir o desunir personas, almas.
Mis recuerdos con vos tienen un pasado propio, un hilo
sensible e invisible: una facultad distinta, una militancia
en momentos de apertura democrática, una juventud. No
eras de los más cercanos, pero sí nos conocíamos.
Pasó un largo tiempo, mientras se construían los
desafíos de nuestras vidas, y nos volvimos a reencontrar:
“Hola Luis, ¿cómo andás?”. Siempre admiré tu buen trato,
el recordar con amabilidad a las personas y, en ese devenir
de tratos, comencé a conocerte desde otro lugar.
En un principio, hace muchos años, fuiste mi profe-
sor en la asignatura Problemática Educativa, nada más
ni nada menos. La cita recurrente de los lunes por la no-
che, en aulas atascadas por la presencia de alumnos para
escuchar la clase teórica de Porta. Se notaba distinta; el
relato fluctuaba entre la historia y la actualidad con po-
sicionamientos sensibles al abordaje educativo. Si bien
yo conocía por dónde iba la materia, me sorprendió.
Eras claro, tus palabras se comprendían con la sencillez
de los que saben. La claridad y la fuerza en la práctica
docente son características de Luis. Y, en ese espejo,
confieso haber robado ideas y propuestas que hasta hoy
comparto con mucho amor a mis alumnas/os. Segura-
mente no lo sabés, pero estás en mis primeras clases, en
cada inicio del cuatrimestre.
No pasó mucho hasta la próxima invitación: “Hola
Luis, ¿cómo andás?” Me preguntaste “¿Vas hacer la Espe-
cialización?” Al decir que Sí, me convertí en una de las
primera parte .161
tantas egresadas de la CEDU, obteniendo mi mención en
docencia universitaria. Gracias por la invitación.
El devenir de estos años no llevó a compartir algo
más que tareas académicas: la gestión volvió a cruzar
nuestro camino. “Hola Luis, ¿cómo andás?” Y fui parte
de la emoción contenida por la reapertura de la carrera
cerrada en la dictadura que, de tu mano y otras tantas,
se pudo concretar.
Estar cerca y compartir momentos en tu casa me per-
mitió conocer a otro Luis, divertido y bailarín. Las invita-
ciones continuaron, dejando atrás los pasillos de ladrillos
oscuros. Te reconozco como un distinto. No estoy en tus
grupos. No estoy en tu Departamento, pero estoy. Aprove-
cho tus seminarios para fortalecerme con la sensibilidad
de los relatos, los veranos con Yayoi, Victoria Ocampo,
Clarice Lispector y Susan Sontag. Un mundo del que me
apropié y que me llevo conmigo para transitar rutas.
Huellas afectivas.
Persistentemente te pregunto “¿Cómo andás?” Y, en
la suma de los años transcurridos, me fuiste contando.
Agradezco tu amistad, la sensibilidad para sintonizar con
el arte, tu búsqueda de perspectivas diferentes, tu capa-
cidad para conformar equipos de trabajo, el buen comer,
el buen vivir. Tal vez conozco más tus cualidades que tus
sombras, pero siento la presencia del hilo colorido invi-
sible que une piezas. Y veo en ellas muchas almas que
tejen en conjunto las tramas de telarañas. Celebro estas
andanzas que nos llevan a ver la vida desde otro lugar.
Compartimos el arte, los viajes, las charlas de cosas mun-
danas y el llevarnos una risa, siempre al aparecer.
Es por eso que, “Hola Luis, ¿cómo andás?”
162. primera parte
Habitar el mundo-Porta
Agustina Ibañez55
Si hay lugares de vida que devienen cantos
o cantos que crean un sitio, si hay potencias
del sonido y potencias de olores, hay sin
duda gran cantidad de modos de ser del
habitar, que multiplican los mundos.
Vinciane Despret, 2019
Puestos a escoger, soy partidaria de aquellos seres cuya
sensibilidad, conocimiento y modo de habitar/construir
el mundo tienen la capacidad de afectar y ser afecta-
dos por otros. Acaso radique ahí la diferencia entre un
“buen” maestro y un maestro “bueno”, como muchas
veces escuché decir a Luis. O, al menos, es la manera en
la que hoy, tras mi vivencia del mundo-Porta, puedo ha-
cerlo palabra. Vivencia de un mundo-otro que conlleva,
de modo imprevisible, a desandar saberes y comenzar a
leer en filigrana lo que nos rodea. Pero, sobre todo, em-
pezar a experimentar los pequeños sucesos cotidianos
como grandes y maravillosos acontecimientos vitales.
Hasta hace unos años atrás, creo que si había cru-
zado dos o tres palabras con Luis era mucho: algún
intercambio en una clase de “Problemática Educativa”
allá por el 2004, un saludo intempestivo en los pasillos
de la Facultad de Humanidades, un encuentro fortuito
en una conferencia, charla o seminario. Más allá de
55. Profesora Adjunta de Teoría y Crítica Literarias I del Departamento
de Letras de la Facultad de Humanidades, UNMdP
primera parte .163
estos momentos, diría que el principio del camino de
enseñanza-aprendizaje junto a Luis fue un llamado tele-
fónico, el primero de muchos que recibiría a lo largo de
estos años. De esa conversación de dos extraños que de-
bían empezar a compartir un nuevo espacio de trabajo
recuerdo una palabra: confianza. En los días por venir,
descubrí que ese valor era la base que sostendría el vín-
culo afectivo que supimos construir en el Área de Inves-
tigación de la Facultad de Humanidades. Y es que dentro
del mundo-Porta, la confianza implica respeto, compro-
miso, diálogo, pero, sobre todo, libertad. Libertad para
decir y ser escuchado por el otro, más allá de las tan ne-
cesarias diferencias. Libertad para crear y proponer nue-
vas líneas de acción tendientes a fortalecer los espacios
institucionales y humanos en pos de edificar ámbitos
laborales democráticos y de genuina calidad académica.
La generosidad no implica ofrecerle al otro lo que
a uno le sobra sino, por el contrario, compartir con
esa ajenidad lo poco que se tiene. Ese acto implica,
entonces, la entrega de algo valioso, una pérdida que
asumimos porque deseamos regalar aquello que cons-
tituye una parte de nuestro deseo: tiempo, escucha,
palabra. Desde una llamada nocturna en cualquier
parte del mundo a un mensaje o un libro, un cuader-
no o una foto, Luis se hace presente para preguntarte
siempre, antes que cualquier otra cosa, cómo estás.
Y en ese diálogo de objetos y palabras, de Literatura
y de lecturas, en esa libertad de acción que se abre a
partir de la confianza que se deposita en el otro, uno
descubre que Luis va enseñando y uno va aprendiendo
cosas sin ser del todo consciente de eso. Y allí, en ese
momento, uno comprende que el tiempo con-vivido
deja huellas de transformación que atraviesan y reco-
nectan lo académico, lo político, la gestión. Ese es el
instante en el que se materializa la praxis educativa
164. primera parte
de Luis, una performance que implica (siempre), desde
la claridad conceptual y la pedagogía creativa, acom-
pañar al otro y brindarle herramientas para fortalecer
sus capacidades, cualidades y modos de existencia.
Paisaje Biográfico
María Galluzzi56
La idea de “paisaje biográfico” me convoca irremedia-
blemente a trazar un recorrido por los senderos rizo-
máticos de la memoria. Seguramente esto tenga sus
orígenes en el modo en que se compone el universo
infinito de los recuerdos. Recuperar rostros, aromas,
sonidos, voces, afectos, caricias...interpela la historia
íntima que pocas veces ponemos en palabras para com-
partir con otros.
Pero no es el caso de este pasaje, muy por el contra-
rio. El cruce vital que nos encuentra a vos,Luis, y a mí
se remonta a mis años como estudiante de grado, y a
vos como docente de una multitudinaria comisión de
heterogéneos intereses disciplinares. El gesto sensible
de ese profesor que puede ver en sus estudiantes aque-
llo que ellos mismos no son capaces de aventurar sig-
nificó la oportunidad de rescate pedagógico que llegó
oportunamente y me permitió continuar estudiando.
Los años transcurrieron y nos reencontramos como
signo de un vínculo predestinado, de manera casi
ancestral. La carrera de Especialización en Docencia
Universitaria convocó al reencuentro y a partir de allí
56. Profesora Adjunta de Residencia I y II del Departamento de Cien-
cias de la Educación. Facultad de Humanidades. Universidad Nacio-
nal de Mar del Plata.
primera parte .165
las múltiples actividades académicas propias de quie-
nes transitamos estos espacios compuso una cartogra-
fía donde, irremediablemente, al levantar la vista del
camino aparecías.
Con los años llegó el doctorado, el grupo de inves-
tigación y el tránsito por la universidad se hizo cada
vez más firme, pero vos aparecías por todas partes y
con ello nuevas oportunidades. Hasta participaste de
mi defensa de tesis en una marca cómplice que define
nuestro estar juntos. Hoy nos reúne el posdoctorado, al
fin bajo tu dirección; pero es la inmensa generosidad
que siempre te precede lo que pervive en mi recuerdo
como gesto de hospitalidad afectante, signándonos
para siempre.
Han pasado veinte años, la vida nos cambió, embis-
tió con sus vendavales y aprendimos a secarnos al sol.
Puedo atestiguar que en otros se produjo un encuentro
similar y, a partir de ello, pudieron atravesar la expe-
riencia académica bajo el paso cuidado de quienes son
acompañados por vos. La mayor marca de pervivencia
es que en nosotros surge, de manera casi imperiosa, la
necesidad de replicar, sencillamente, el mismo gesto
como una necesidad interior de quien se sabe rescata-
do. Es que, en cada rescate, nos rescatamos a nosotros
mismos y ayudamos a sanar.
Gracias Luis por compartir esta pedagogía vital
que se desborda de vos y transmigra hacia quienes
estamos a tu alrededor.
166. primera parte
Temporalidades circulares
Mariana Foutel57
La historia se inicia hace más de 35 años. Amigos en común.
Intercambios inteligentes y divertidos. Jóvenes que comen-
zábamos a vivir la querida UNMdP. Fue como una estrella
fugaz. Luego de este fenómeno luminoso y de corta duración,
sobrevinieron caminos que se bifurcan durante varios años. Y
vuelve a encontrarnos nuevamente una amistad compartida.
Luis ya era para ese momento un referente que se con-
solidaba en el campo de la reflexión sobre la educación y la
cultura, trascendiendo fronteras. Yo también había obtenido
ciertos logros en mi ámbito disciplinar y avanzaba en mi tra-
yectoria académica, aunque sin pleno registro de todo lo que
me faltaba por aprender.
Uno de los rasgos que a mi juicio convierten a Luis en
mi maestro es cómo me supo motivar para descubrir mis
carencias, a partir de su pasión por la educación como medio
para transformarnos y transformar realidades. Empezamos a
pensar que teníamos un objeto de estudio en común que era
la Universidad y en ese intercambio me invitó primero a cur-
sar la Especialización en Docencia Universitaria. Es destacable
el aporte institucional que implica que haya motorizado esta
carrera de posgrado, articulando con nuestro gremio docente
para que fueran estudios de posgrado accesibles a quienes
quisiéramos transformarnos para transformar. Una propuesta
innovadora que transversalizó la perspectiva de la reflexión
educativa entre miles de docentes de distintas disciplinas de
nuestra Universidad y de otras, agregando valor al sistema de
educación superior público.
57. Profesora Adjunta de Economía de la Educación del Departa-
mento de Ciencias de la Educación. Facultad de Humanidades- Uni-
versidad Nacional de Mar del Plata. Actual Directora del Centro de
Investigaciones Multidisciplinarias en Educación (CIMED).
primera parte .167
Así, procurando volver al relato en primera persona,
en algún momento dije que mi vida académica era antes y
después de Camilloni, pero sería más adecuado decir que
fue antes y después de Porta. Fue él quien me acompañó,
en primera instancia, en un camino de reflexión sobre mi
pensar, hacer y decidir como docente y que luego me im-
pulsó, con plena generosidad, a compartir espacios que me
permitieron comprender el pleno ejercicio integrado de la
profesión académica y, así, enriquecer mis prácticas incor-
porando, por su ejemplo, un fuerte interés por la otredad.
Astrolabio. Obsequio de Luis, 2023
168. primera parte
A partir de esta nueva etapa de tránsito compartido,
me invitó en la docencia a ir mutando de un cuasi stand up
narcisista a construir aprendizajes significativos generan-
do redes de conversaciones asertivas en el marco de cada
aula y de descubrir y reconocer a cada persona.
En la investigación, me impulsó a trascender las
dimensiones macro y meso de análisis en la educación
superior y a profundizar en las subjetividades creadoras
de sentido, desde una perspectiva situada. También me
animó a pensar en las reciprocidades como rasgo de repro-
ducción y trascendencia y así multiplicarnos….
En la extensión, nos encontró Mar del Plata Entre
Todos y su hoy reconocido rol de impulsor de un sal-
to cualitativo en los análisis de datos que permiten a
los ciudadanos empoderarse para aportar a la ciudad
deseada desde una perspectiva de equidad en el acceso a
derechos. Abrió su capital social y sumó voluntades que,
como él y como nosotros, compartimos esa vocación,
que es su sello y con la que contagia esperanza,
de transformarnos y transformar.
Y un día, de su mano llegué a defender mi tesis docto-
ral y le agradecí (y lo haré siempre) por haberme motivado
desde lo profesional, disciplinar y personal a transitar ese
camino de aprendizaje y reflexión. Había generado las
condiciones para que quienes fuimos por él convocados
a integrar su equipo en la acción de reparación histórica
que significó la reapertura de la carrera de Ciencias de la
Educación pudiéramos acceder al máximo grado académi-
co en primera instancia por articulación interinstitucional
y, luego, por ser uno de los protagonistas de la creación
del primer doctorado en Ciencias Sociales de la UNMdP.
Mucho podría seguir escribiendo de su ser creativo y
creador como docente, como investigador y prolífico au-
tor, como extensionista y como gestor trascendiendo
las fronteras del sistema universitario argentino.
primera parte .169
No obstante, creo que lo que ocurrió en el plano pro-
fesional académico conmigo (y también con muchos de
quienes lo reconocemos como maestro) es que ello flore-
ció al amparo de un vínculo que fue fluyendo y profundi-
zándose. En nuestro caso, retomando aquellos intercam-
bios inteligentes y divertidos de nuestra primera juventud,
pero hoy en un plano de intimidad, sentidos e interjuegos
de almas más potente y decididamente enriquecido.
En este sentido me convoca y me seguirá convocando
su atractiva invitación a “vivir vidas para narrar mundos
deseados en nuestros eternos viajes (…) a veces internos, a
veces individuales, a veces viajando, a veces estando aquí y
girando sobre nosotros mismos…” (Frase de Luis “reversio-
nada por mí” en torno al 25 de marzo de 2023).
Gracias por tanto dar y darme. Por abrirme e impul-
sarme a descubrir y descubrirme. Por incitarme a un crear
distinto. Un trascender mis límites. Gracias por incluirme
en tus redes. Por impulsar el potencial de transformarme y
transformar. Deseo seguir disfrutando-te/nos por siempre.
170. primera parte
«La llegada de mi hijo pone en mí la
necesidad de volver sobre mi propia historia.
Esto no tiene que ver con esa idea de que los
hijos curan a los padres. Es una apuesta con
mi propio deseo de volver a mí a partir de él,
a partir de su existencia… me hizo preguntar
sobre el padre. Repongo en mis relatos y en
mis investigaciones, pero también repongo
con él. De alguna manera es pensar para
qué estoy y quién soy en el mundo».
Entrevista a Luis Porta, 13 de febrero de 2023.
SEGUNDA PA RTE
LUIS PORTA Y U NA VIDA
F E C U N D A, S AG A Z Y SE N SIBL E
INTIMIDADES DE/EN UNA VIDA
FECUNDA, SAGAZ Y SENSIBLE
Jonathan Aguirre58
Mi deseo era predecir y estimar la infinitud de nuestro
vasto universo con una acumulación de unidades de red,
un negativo de puntos. Cuán profundo es el misterio de
la infinidad que es infinita en el cosmos. Percibiendo ese
infinito quería ver mi propia vida. Mi vida, un punto, es
decir, una partícula entre millones de partículas
Yayoi Kusama, 2013
Con la misma naturalidad con que vivimos el espacio físico
sin preguntarnos sobre él, asumimos la esfera de la intimi-
dad como la que más intrínsecamente nos constituye y re-
presenta, aunque para reconocerla tengamos que enfrentar-
nos a su exterioridad, su opuesto, el otro lado del umbral,
lo público (Arfuch, 2005). Así entendido, “lo íntimo es el
espacio autobiográfico convertido en lugar de paso y posi-
bilidad de superar o transgredir la oposición entre privado
y público” (2005:10). Íntimo o intimidad se refiere a aquel
espacio interior, propio, secreto, a decir de Arfuch “una
condición esencial del ser humano, la profundidad del yo”
(2005:239). Si bien la etimología latina refiere a ello, “no se
58. Profesor Adjunto de Sociología de la Educación y actual Director del
Departamento de Ciencias de la Educación de la Facultad de Humanidades,
Universidad Nacional de Mar del Plata. Becario Posdoctoral de CONICET.
segunda parte .177
promueve lo más interior de uno mismo más que abriéndo-
se al exterior del Otro” (Jullien, 2016:156). Lo íntimo suele
delinearse como una categoría que amalgama interioridad
–emociones y pensamientos—con la “incierta exterioridad
del cuerpo vivido y sus declinaciones” (Teruel, 2018:1). Pue-
de ser, por tanto, aquello que sucede en una cama y su re-
flejo en el espejo, pero también el contenido de un cajón o
un sentimiento que relampaguea. Si lo doméstico se mueve
en un eje físico y práctico, lo íntimo ocupa sobre todo el es-
pacio de lo simbólico, como lo privado o lo secreto (Teruel,
2018). La cosa íntima, así, estaría inscripta en la pura subje-
tividad, en lo que nos hace ser lo que somos y nos distingue
por ello del resto. Así, la intimidad como bioestética de lo co-
tidiano (Arfuch, 2005; Jullien, 2016; Porta, 2021), fue prima-
riamente escritura, palabra, decir performativo que cons-
truía su objeto, en contraposición del espacio de lo público.
Esa narrativa antropocéntrica primigenia da rienda suelta
al redescubrimiento de la interioridad, la voz interior como
espacio de discernimiento y de autoafirmación radical,
pero encuentra, asimismo, su paradoja en la medida que
se visibiliza y se comparte con otros. Esa fagocitación de lo
privado en lo público se configura en uno de los rasgos más
notorios de la moderna visibilidad. En términos de Arendt,
“la aparición va a ser la contrafigura obligada y paradójica
de la intimidad, la que hace a la posibilidad misma de ser
compartida, tanto con los allegados como, potencialmente,
con los otros lectores, espectadores, públicos, audiencias”
(Arendt, 1974:152). Estas dos caras de la misma moneda (lo
privado y lo público) pueden identificarse como una puerta,
en el sentido metafórico del aislamiento o de la comuni-
cación. La puerta que pronuncia la infinitud de lo público
puede leerse también como localización paradigmática de
la distinción entre lo individual y lo social. En este sentido,
apostamos por leer ambos espacios ya no como dominios
autónomos con incumbencias específicas, sino más bien
178. sgunda parte
como espacios simbólicos mutuamente implicados, en cons-
tante interacción e intersección. “La intimidad es, de esta
manera, potencia y acto a la vez, porque cuando salimos de
nosotros no somos otra cosa que todo cuanto hemos sido
cuando estábamos recogidos” (De Alba, 2016:10) –el inter-
juego entre lo público, lo privado y lo íntimo como
un pasaje (Porta, 2021).
La condición de intimidad que se pone de manifiesto en
las conversaciones biográficas y autobiográficas pasa de lo
privado a lo público en la medida en que el propio sujeto lo
permite y lo desea. Y ese pasaje, que por cierto es un pasaje
narrativo, se materializa cuando ese yo y ese otro coinciden
en definir y explicitar ese espacio público de conversación.
Justamente esto es lo que acontece en este capítulo de la
vida de Luis Porta. Una vida sensible, sagaz y fecunda que
encuentra en el pasaje entre lo íntimo y lo público la edifi-
cación narrativa por la cual la pasión emerge como vector
de su travesía vital.
No podríamos hacer este pasaje sino es desde la condi-
ción narrativa de la experiencia biográfica (Porta, Aguirre
y Ramallo, 2023). En otras palabras, la vida o las marcas
biográficas que la componen, lo que cada uno atesora como
la más prístina intimidad, no existe más que como un
cúmulo de sensaciones, percepciones, vivencias, recuerdos,
pulsiones, rasgos heteróclitos, cuya lógica, cuya temporali-
dad, sólo aparecen en la narración (Ricoeur, 2006; Passeggi,
2020; Suárez, 2021; Porta 2021). Es a partir de la narra-
ción de las marcas biográficas y de las experiencias vitales
que, junto con Luis, volveremos sobre su condición de ser
viviente (Braidotti, 2019), resemantizando lo acontecido y
encontrando nuevos significados a partir del propio relato
(Ramallo y Porta, 2022). Ese relato de sí, ese relato de lxs
otrxs, ese relato de lo íntimo, se vuelve refugio no sólo para
quien lo narra, sino también para quien lo recibe en múlti-
ples formatos (Aguirre, 2022):
segunda parte .179
La condición de intimidad está asociada a la investiga-
ción cualitativa o narrativa más radicalizada que procura
que lo privado se haga común. Lo que antes quedaba en
el mundo de lo privado, con estas perspectivas se hace
común. En este interjuego entre lo privado y lo público, la
intimidad que se hace pública se transforma en extimidad-
en esa condición compartida y comunitaria- En lo que
muestro se pone en juego esta condición de intimidad y
extimidad. (Porta, en Ogeda, Ribeiro y Ramallo, 2021: 8)
La escritura y la oralidad en sus diversas tipologías textua-
les permiten realizar, performativamente, el despegue hacia
una subjetividad otra. Un despegue –sexual, teórico, estético,
político—que suele investirse de acentos nomádicos (Brai-
dotti, 2019) de un cierto alejamiento del hogar, y articularse
simbólicamente a los tránsitos, las migraciones, los devenires
y las desterritorializaciones (Despret, 2022).
Recuperar y reivindicar la condición íntima de las peque-
ñas grandes historias de quienes viven los cotidianos sociales,
en este caso la experiencia de nuestro maestro y amigo, no
sólo representa un acto de justicia biográfica y narrativa, sino
que manifiesta un cabal compromiso por visibilizar lo sensi-
ble de la experiencia humana. La vida sensible, como cuerpo
sensible (Le Breton, 2010), reconoce, en ese espesor simbólico
(Petit, 2016), temporalidades difusas que rompen la linealidad
clásica del tiempo y aseguran la reconstitución de la memoria
a partir de una escala de grises (Rivera Cusicanqui, 2018) don-
de el tiempo autonarrado no es solo pasado o presente, sino
futurabilidad (Berardi, 2019) y deseo.
La intimidad como bioestética de lo cotidiano (Sontag,
2005; Molinas, 2017), como forma especial de recuperar la
belleza de lo particular, como ejercicio de re-territorialización
y de comprensión de la vida común nos lleva a hábitats que
enlazan la espesura del tiempo narrado en un necesario deber
de inmersión (Lispector, 2011; Porta y Ramallo, 2022). Captar
180. sgunda parte
esas narraciones, re-construirlas y comprenderlas en clave
biográfica es lo que moviliza a quienes hacemos investigación
narrativa y auto-biográfica y, de alguna manera, fundamenta
la co-construcción del presente registro de Pasiones; Luis Porta
(Suárez, 2021; Porta, 2021; Porta y Ramallo 2022, Aguirre y
Porta 2022). Re-componer la investigación educativa con esa
percepción de los gestos vitales amplifica la condición de hu-
manidad en un mundo erosionado y necesitado de pequeñas-
grandes historias que busquen y encuentren otros sentidos
para la vida. Esto parece decirnos Haraway:
(...) afortunadamente, las ávidas mentes de las y los geóme-
tras y practicantes modernos de las ciencias naturales, las
ciencias humanas y las artes están generando un refugio
de formas prometedoras de pensar. La política, las amis-
tades, las enemistades, las ecuaciones, las historias san
grientas, los valiosos logros, los poemas, las presentacio-
nes de artes (…) y el resto de actividades que conforman
la vida de una persona pensante entran en juego en ese
refugio. (Haraway, 2022: 23)
A continuación, recuperaremos aquellos archipiélagos
biográficos y autobiográficos de la vida de Luis que marcan
reminiscencias de la condición apasionada de su existir. Desde
la primera bocanada de aire, desde aquel llanto primigenio en
que Luis anunció su llegada al mundo, la pasión ha sido el in-
sumo de su pulsión vital. Repasaremos ciertos hitos, marcas,
personas, momentos epifánicos del itinerario de vida de Luis
que luego serán profundizados en el devenir de los capítulos
del libro, en los microrrelatos de amigos, colegas, estudiantes,
familiares y en la propia coda final de su autoría.
Los diversos momentos escogidos emergen a partir de una
particular condición íntima, generada en los variados encuen-
tros compartidos con el protagonista y con quienes constitu-
yen y constituyeron su vida familiar y personal. Incluso, las
segunda parte .181
narrativas biográficas en que nos sumergiremos, han sido
retomadas por el propio Luis en infinidad de acontecimientos
públicos y privados y que, a partir de su consentimiento, po-
nemos en juego aquí para dar cuenta de una vida apasionada
en múltiples aristas y facetas. Compartiremos marcas biográ-
ficas que van desde su infancia en “La Niña”, pasando por su
instalación en Mar del Plata, Granada, sus búsquedas iniciáti-
cas laborales y estudiantiles y la llegada de su hijo Octavio a
su vida. Recortes, escenas, marcas elegidas para graficar esas
reminiscentes pasiones, se configuran en fundantes de su
devenir vital.
De alguna manera, este capítulo y, el libro en general, per-
mitirán volver sobre ciertos interrogantes en torno a ¿Por qué
alguien dedica su vida en la recuperación de otras vidas, de
otras historias? ¿Por qué alguien deviene sujeto en la medida
que narra, es narrado e invita a narrar el mundo? ¿Por qué
alguien se anima a hacer éxtimo lo íntimo? ¿En qué condicio-
nes lo hace? Posiblemente no haya respuestas definitivas, pero
podremos acercarnos a ellas si nos atrevemos a subir, como
hizo Luisito, al menos por un instante, a los árboles de man-
darinas de su abuela Araceli y desde allí volver a redescubrir
el mundo con ojos de niño:
Me gustaba mucho ir a su casa. Maternalmente acompañó
mi niñez y entrada a la adolescencia. Se fue definitivamente
a mis 14 años, cuando ella tenía sus 80. No fui a verla en
la despedida. La recuerdo, de muchas maneras, pero estas
experiencias fueron vitales para mi vida después. El primer
recuerdo es la sala, que se abría para mí, pero sólo era para las
visitas: el comedor, con una araña de cristal de la época,
con una biblioteca que era mi atención. Me veo sentado
en el suelo leyendo esas colecciones que hoy conservo
en mi biblioteca. Conocí sobre todo libros de historia: la
colección Los hombres de la historia; la Historia Univer-
sal de Seignobos, libros acerca del mundo antiguo. Ahora
182. sgunda parte
percibo la especial conexión con Cecilia. Esos libros des-
pertaron mi amor por la historia, las múltiples historias
que nos conforman y las complejas historias que podemos
vivir. El segundo recuerdo es la planta de mandarinas que tenía
en su patio. Me subía al árbol para bajarlas cuando estaban
entre verdes y maduras. Miraba el mundo desde ahí, las nubes
dibujaban figuras en el cielo del pueblo. Me froto las manos y
aún hoy sale el olor a cáscara de mandarinas. También
tenía una planta de lilas y otra de magnolias. Árboles que,
luego, me regalaron y que supimos cuidar en el jardín de
mi casa como recuerdo que me acercaba a ella y su memo-
ria. El tercer recuerdo son las historias que contaba. Quizás por
eso me gusta escuchar tanto las historias que guardamos
en la memoria y el valor de lo biográfico como motor que
nos mueve. Hacía milanesas como nunca volví a comer. Ara-
celi se llamaba, era maestra normal, era
mi abuela. Y me enseñó el amor por los
viajes, por las historias que se cuentan
y que se escuchan, la naturaleza y sus
olores, colores y sabores. (Registro au-
tobiográfico, Luis Porta, abril de 2020)
segunda parte .183
EL INICIO DE UNA VIDA APASIONADA:
EL AMOR Y LA NECESIDAD
DE NARRAR EL CIELO
Luis Gabriel Porta Vázquez nació una madrugada (4.45 horas)
del 10 de diciembre de 1966 en la localidad de 9 de Julio, ubi-
cada al centro-oeste de la Provincia de Buenos Aires, Argenti-
na. Lo esperaban su padre, Carlos Porta, y su madre, Fanny59
–Nené—Vázquez , junto con el resto de la familia, en la que
se destacaban las figuras de su abuela Araceli –madre de Car-
los—y su tío Eduardo, “El Negro” –hermano menor de Nené.
Nació en un hogar típico de clase trabajadora de la segunda
mitad del siglo XX: Carlos trabajaba en el campo con su cuña-
do y luego como empleado en el corralón municipal; Nené lo
hacía como operadora de Entel, hoy Telefónica. Cuatro años
más tarde, ese hogar sería cuna y nido también de Lorena, la
hermana menor de Luis, emplazado en el pequeño territorio
jurisdiccional de “La Niña”60, a tan solo 44 kilómetros del Par-
tido de 9 de Julio, Buenos Aires.
59. Fanny era hija de Delfina Rodríguez, cuyos padres vivían y trabajaban
en la estación ferroviaria de Fauzón, y de Lucinio Vázquez, inmigrante
español llegado a La Niña desde Marrupe, un pueblo perdido en Talabera de
la Reina, Toledo, España, y que trabajó en el almacén de ramos generales
del pueblo. Delfina y Lucinio tuvieron dos hijos, Nené y Eduardo, quienes
perdieron a sus padres siendo adolescentes. Eduardo luego formó familia
con Elsa y tuvieron dos hijos, primos de Luis: Guillermo y Laura.
60. La localidad se encuentra a 44 km al noroeste de la ciudad de Nueve de
Julio, accediéndose por un camino rural de 22 km que se desprende de la
Ruta Nacional 5; o a través de la Ruta Provincial 65 y luego el camino rural
que lleva a Fauzón.
segunda parte .185
Luis en el Acto Escolar en el Jardín de La Niña, 1972
186. sgunda parte
No es casualidad que la figura de la abuela Araceli sea
central en la nueva vida que comenzaba. El hogar que recibió
a Luis estaba cargado de expectativa, de cariño y amor, pero
también traía consigo algunas marcas imborrables. Once meses
antes del nacimiento de Luis había nacido Carlitos, su hermano
mayor, quien falleció algunas horas después. La muerte de Car-
litos, marcó no sólo la vida de Nené y de toda la familia, sino,
principalmente, la vida del pequeño Luis que, sin saberlo, sin
desearlo y sin buscarlo sintió haber ocupado, por momentos,
el lugar de su hermano, incluso hasta en los últimos capítulos
de la vida de su madre. Nos sumergimos íntimamente en esta
presencia ausente, a partir del relato autobiográfico de Luis:
Corriendo, sin que los pies dieran para más y con la gargan-
ta cerrada por esa angustia que volvió a repetirse hasta no
hace mucho cada vez que sentía en mi cuerpo que entrabas
a algún lugar, supe por un tercero de tu existencia silencia-
da y traumática. El viento de un pueblo cansino me daba en
la cara. Si me acuerdo que la tierra de la calle se levantaba
a mis pies de la rapidez con que esas veloces piernas de
niño corrían desde la casa de la vecina que me había dado
la noticia, hasta querer escuchar la negación de mi madre.
El mundo se me vino encima y sentí por siempre la culpa
por tu muerte, cuando naciste, justo once meses antes que
yo. Me dijo que sí, que habías nacido y que habías muerto.
Años después… muchos, me contaste que no te lo dejaron
ver y que tus visitas al cementerio para saber qué había
dentro de ese cajoncito, marcaron una de las simbiosis más
dolorosas de tu vida. Recuerdo que ya en tu final, con tu
demencia senil –quizás por esa anestesia que te permitió
vivir– sólo yo te calmaba. Además, creías que estabas con
él y no conmigo. Así transité nuestro vínculo, siendo él y
yo: bueno, “dócil” –decías– y sensible, aunque la garganta
se me siguiera cerrando y no pudiera correr por mi “gené-
tica” heredada con la columna. Sin siquiera saberlo fui él
segunda parte .187
y yo –vos y yo. Roles superpuestos en un intento por darle
esa vida robada y hacerme cargo de ese insondable dolor
materno y ese acompasado silencio paterno. En gran parte
mi vida fue eso: darte vida en mí, conmigo y a pesar de mí.
Fue, en un acto sencillo que tu identidad sin nombres ni
fechas me permitió rescatarte del olvido. Como si fuera ese
viaje imaginario de los juegos de infancia, tu cuerpo ya sin
cuerpo, envuelto en tu primer envoltorio de tela blanca bor-
dada, con que te recibieron el día de tu nacimiento y que tu
madre –también la mía– había guardado como una materia-
lidad presente, me dispuso a darte tu lugar entre ellos. Y te
consienten, como a ese bebé que mira los ojos de su madre
mientras toma del brebaje natural perfecto y presiente la
seguridad de la mano atenta de su padre que acompaña con
natural y fresca hospitalidad. Y junto a ello, es tu identidad
la que te marca: Carlitos, en esa placa que me dejó ser yo
mismo y que te dejó ser vos mismo. Equilibrio funambulis-
ta en un dolor insostenible me lleva a no deshacerme de tu
historia. Ella me constituye y resuena como el pasaje equi-
librado y vital de una existencia que busca en tu compañía
la comprensión profunda de la vida. Hoy que la garganta ya
no se cierra y que hago esfuerzos notables por animarme a
correr, a pesar de mi columna, siento que he guardado tu
memoria y que eso ha permitido que existieras. Te permití
ser y siento, en las variaciones de mi cuerpo y las historias
que me constituyen, que tu compañía me ha habitado y me
ha de-s-morado. Me ha permitido ser morada y salir de ella,
como quien espera el refugio, el misterio y el deseo que
sublima la existencia y así, me dejé desviar de las fronteras
a pesar del casi imposible refugio virginal del desamparo.
Paul Auster en La invención de la soledad, afirma que, para
poder estar en el presente, debemos olvidarnos de nosotros
mismos. Y de ese olvido surge el poder de la memoria. Me
he olvidado de mí mismo y eso me ha permitido, herma-
no querido, dejar que existieras y dejarme existir. Siento
188. sgunda parte
tu compañía, hoy y siempre. En un momento en que el
tiempo sin tiempo y las apariciones sensi-vitales crean hue-
cos entre los huecos y nuevos mundos posibles es que me
permito y animo a escribir esta historia que me desnuda.
Dolor de infancia y sentido de la adultez abren de manera
latente una plenitud acompañada por tu compañía que es
memoria in-corporada, que me compele a seguir siendo un
niño –auténtico, genuino y amoroso– y que me ha llevado
a pensar con las manos, correr con los olores, hablar con la
mirada, tocar con el gusto y escuchar con los pies (Microrre-
lato autobiográfico “Corriendo”, Luis Porta, 2022).
El relato escrito por Luis sobre aquella marca biográfica
se torna por momentos asfixiante y por otros sanador. Nos
permite vivenciar la potencia más humana de la narrativa
autobiográfica toda vez que la escritura de sí sana (Souto,
2016). El microrrelato “corriendo” se configura en memo-
ria in-corporada que define la propia historia no sólo del
pequeño Luis que cargó en su infancia con la figura de su
hermano Carlos, sino con Luis adulto que pudo volver a
desamarrar aquella marca, comprender(se) y proyectarse
a partir de su historia. Y lo hizo solo desde el amor. Así
el pequeño Luis fue forjando, una personalidad afectiva y
afectante en todos los órdenes:
[Hablando del relato sobre su hermano] Lo escribí el año pa-
sado. Me sigue emocionando porque es mi hermano, pero
soy yo también, y en realidad esa historia silenciada es la
que me constituye. Esa infancia feliz trasuntaba también el
profundo dolor inconsciente de la necesidad o de la respon-
sabilidad de ser “él y yo”, como digo en el relato. El relato
me sacó de lugar, pero en realidad me sacó de lugar porque
yo hice lo que tenía que hacer para salir de ese lugar, que
fue darle su identidad.
(…)
segunda parte .189
Una historia muy dolorosa y sostenida hasta el final de los
tiempos, sobre todo de mi madre que, como decía en el
relato, me llamaba por su nombre. Lo que finalmente com-
prendí es que estuvo siempre a mi lado (…) No es que yo
era él. En realidad, siempre me acompañó. Esto es lo que fi-
nalmente incorporé, y es lo que hizo posible que saliera de
mí mismo. Esa operación que me hizo salir de mí mismo,
en realidad son muchos años de análisis y de volver sobre
una historia muy dolorosa. Es la marca de mi condición ori-
ginaria en la que pude entrar; incluso se gestó previo a mi
nacimiento. Lo precede. Logré saltar hasta ahí. (Entrevista a
Luis Porta, febrero de 2023)
Y por si esto fuera poco, tuve que sobreponerme a la marca
del nombre. En una oportunidad y, habiendo interrogado a
mi madre sobre el origen de mi nombre, ella me responde:
“Nuestro nombre para vos era Gabriel pero, cuando nacis-
te el 10 de diciembre de 1966, toda la familia cayó en la
cuenta de que ninguno de sus nietos llevaba el nombre del
abuelo Porta, que en ese momento estaba muy grave. Y por
eso te pusimos Luis Gabriel”. Sobreponerse al nombre, de
la misma manera que al dolor del hermano muerto, fue un
ejercicio de sobrellevar el nombre del abuelo muerto veinte
días después de haber nacido y del arcángel que trae la bue-
na noticia, en el caso de Gabriel. Hasta no hace mucho, me
costaba sobreponerme cuando, llevando flores a la tumba
de mis padres, donde también están mis abuelos paternos,
en la placa de la sepultura veo el nombre de mi abuelo Luis
Porta. (Entrevista a Luis Porta, mayo de 2023)
La presencia de Carlitos en la familia quedó silenciada pro-
ducto del dolor que había causado su muerte. Un año después
llegó Luis, nos decían Lorena y sus primas:
190. sgunda parte
Si Luis no hubiera preguntado lo de nuestro hermano, yo
no lo hubiera sabido. Yo no lo sabía. Yo me enteré después
de que nace Laureana [su hija mayor], imagínate. Era como
un secreto de lo que no se habló nunca. Lo que sí es cierto es
que la muerte del bebé la marcó mucho a mamá. Recuerdo que
Luis le preguntó un día que estábamos en Mar del Plata
sobre la muerte de Carlitos… no sabés lo mal que se puso…
mi papá en ese momento se fue, no se quedó, salió a dar
una vuelta. Así era un poco el viejo también. Pero a mi
mamá la marcó para toda la vida. Aún con el dolor a cuestas
nos amó profundamente. Luis siempre fue sus ojos”. (Entrevista a
Lorena Porta, mayo de 2023).
Recuerdo que el día que nació Carlitos me quedé en el
auto y papá y mamá bajaron a conocerlo. Pero volvieron
y me contaron que había muerto. Me lo contaron porque
yo preguntaba, era una niña muy inquieta. Imagínate,
8 años tenía en el 66´. Además, yo estaba esperando al
primo (…) Nunca hablé de esto con Luis ni con Lorena.
Porque yo sabía que los tíos no querían que lo hablemos.
Así que cuando Luis comenzó a preguntar y a hablar de
él, ahí sí conversamos, pero sino, no. (Entrevista a Zule-
ma Porta, mayo de 2023)
Recuerdo la expectativa que había por ese bebé. Tenía diez
años y recuerdo el embarazo de la tía, y un día nació el
nene del tío Carlos, nació con un problemita y se terminó.
Nunca más se habló del tema. En alguna oportunidad le
preguntamos a papá y nos decía que había tenido un pro-
blema en la mollera. Pero fue lo único que se dijo, que yo
escuché. Es algo que quedó muy escondido. Luis mismo fue
el que nos contó y nos trajo de nuevo a esa historia. Sino
yo hasta me había olvidado. Sabemos que a Luis lo marcó
a partir del último tiempo de la tía Nené y su recuerdo.
(Entrevista a Nina y Nora, junio de 2023)
segunda parte .191
Luis narraba en un fragmento de la conversación que el
dolor es en la medida que se calla, que se silencia. Esa marca
original que nuestro amigo y maestro supo desandar con los
años no obturó la condición sensible (Coccia, 2021) y fundante
de su existencia: el amor con el que sus padres y su familia lo
cobijaron desde su nacimiento.
En la intimidad de la conversación, Luis vuelve sobre la
presencia errática y fluctuante de su mamá frente al dolor que
le había tocado atravesar. Pero también recupera con fuerza e
intensidad el profundo amor que le ha profesado siempre. Nené
encontraba en Luis la paz que la vida se empeñó en socavar
desde la pérdida de sus padres cuando ella era aún muy joven,
desde el asumir el rol de hermana y madre de su hermano
menor Eduardo cuando con tan solo dieciocho años quedaron
huérfanos, la pérdida de Carlitos, las mudanzas que transitó tras
la inundación de La Niña en 1983 y tantos episodios en los cua-
les la presencia de Luis, lejana y cercana, la calmaron siempre.
Nené Vázquez fue una persona con un carácter fuerte, generoso,
amoroso y decidido. Algunos testimonios la definen como “em-
poderada para su época”. Jefa del área de comunicaciones telefó-
nicas del pueblo y hacedora principal de los ingresos económi-
cos de la familia, Nené distribuía tareas, asignaba funciones, y
organizaba la vida de quienes formaban parte del hogar. Carlos,
empleado en el corralón municipal, por su parte, aportaba la
cuota de sensibilidad al cotidiano vital de Luis y Lorena. Hombre
de pocas palabras, amiguero, taciturno, difícil de hacer enojar y
que se dejaba acompasar por su compañera de vida.
Lorena, el tío Eduardo, la tía Elsa, las primas Laura y Zule-
ma y Luis vuelven sobre estas historias, desde su singularidad
amorosa, hilvanaron las alas de una persona que supo volar
desde aquel nido del interior de la provincia de Buenos Aires
al mundo:
Para Nené Luis era todo. Lorena también, pero con Luis
era devoción. Un poco por los atributos que tenía Luisito
192. sgunda parte
de chico, él era sus ojos. (…) Nené era la Jefa de Teléfonos
en La Niña y eso le permitió jerarquizarse profesionalmen-
te, que al mismo tiempo la hizo desarrollar una personali-
dad fuerte. De organizar la vida, los tiempos y la economía
familiar. Mi hermana tenía un corazón más grande que
una casa, vivió para sus hijos y también para los nuestros.
Un corazón generoso siempre. Los padres de Luis fueron
siempre muy ecuánimes y generosos. Creo que tanto Lo-
rena como Luis mamaron eso de pequeños y los constitu-
yeron como personas íntegras”. (Entrevista al Tío Eduardo
Vázquez y la Tía Elsa, mayo de 2023)
Mi tía Nené nos daba todo. Un corazón generoso y desbor-
dante. Incluso a nuestros hijos. A mi hermano le llevaba
comida, ropa, le llevaba de todo a Bragado donde vivía.
Eso te da la pauta de lo que era mi tía. Y Lorena es igual.
Desborda de generosidad. Luis igual. (Entrevista a Laura
Vázquez, mayo de 2023)
Luis fue un chico muy querido, acompañado y sostenido
por su mamá. Nené siempre tuvo predilección por Luis.
Nené tenía una personalidad muy particular. Muy fuerte
de temperamento, pero muy buena y muy generosa.
(Entrevista a Zulema Porta, mayo de 2023)
Nené. Mar del Plata, verano de 1965
segunda parte .193
Luis era como el niño perfecto que todos querían tener.
Además, era muy bueno. Era sociable, tranquilo. Lo buscaban
para todos los trabajos en La Niña. Pero un chico servicial.
(…). Mamá y papá eran muy serviciales los dos. Nos enseña-
ron eso, pero no sólo con el diálogo, sino con el ejemplo. Era
gente muy querida en el pueblo. Por ejemplo, papá trabajaba
en el municipio y hacía caminos, y algunos dueños de los
campos le pedían si no les arreglaba la entrada con la máqui-
na. Y a él no le correspondía, pero lo hacía igual. Después nos
daban lechones, corderos, cosas para comer…[risas]. Mamá
igual, la llamaban a cualquier hora para comunicarse. La
oficina cerraba a las 22 horas, pero si pasaba algo a las 2 de
la mañana la llamaban y ella iba. Muy comprometida con el
otro. (Entrevista a Lorena, mayo de 2023)
Luis ha sido un pibe que salió del pueblo y logró cosas grosas.
Salió de un pueblito y se animó a transitar el mundo. Para los
viejos fue un orgullo siempre. Mamá siempre estaba en con-
tacto y cuando no tenía noticias de él, se preocupaba. Mucho
temor a que le pase algo. Quizás por todo lo que le pasó, ella
sufría sin saber de Luis por algunos días. (Entrevista a Lorena,
mayo de 2023)
Carlos y Nené. Mar del Plata, verano de 1965
194. sgunda parte
No tengo deudas con mis viejos. Para mí fue vital el análi-
sis. Los entiendo en su contexto, en su historia, en su bio-
grafía. A pesar de considerar lo que no he tenido, no tengo
reclamos ni reproches. Yo no era un pibe común. Leía, iba
a la librería, no jugaba al fútbol. Colaboraba con las tareas
domésticas en la casa, siendo que en aquél entonces los
varones solían no hacer nada de ello. Mi viejo nos cuidaba
mientras mi mamá estaba en su trabajo. Las tardes eran
con mi viejo, nos cuidaba a mi hermana y a mí. Mi viejo
me dejó hacer y eso estuvo bueno para mí. Me quise ir y
me fui. (Entrevista a Luis Porta, mayo de 2023)
Mi mamá era el impulso, mi viejo acompañaba. Yo lo que
no tengo de mi mamá es su carácter. Ella era muy tem-
peramental, tenía que serlo porque si no la pasaban por
arriba. Sí tomé de ella la organización, la proyección….
Por ejemplo, si hoy leyeran este libro, mi viejo lloraría, era
muy emotivo. Y mi vieja, feliz, cada logro mío era un logro
de ella. He sido muy feliz con ellos, cuando de niño tenía
algún conflicto o me veía que estaba mal, mi vieja me
decía: ¿querés ir al psicólogo? ¿querés que consultemos a
alguien? Imagínate lo adelantada. Hay mucho de ella en
mí. Ella siempre marcó el horizonte y me preparó para
salir. (Entrevista a Luis Porta, mayo de 2023)
Los retazos narrativos compartidos vuelven sobre la
amorosidad de una madre que aún en el desvelo de la
pérdida supo co-construir, con su compañero de viaje, un
hogar que sirvió de nido para la vida de Luis y su hermana.
Los registros textuales nos permiten volver sobre la expan-
sión de tramas que interrumpen y desestabilizan las fronte-
ras del campo desde lo sensible y lo permeable en la edu-
cación familiar (Grinberg y Porta 2021), nos colocan en la
reconstrucción de una agenda afectiva para la comprensión
de este hecho social y pedagógico, abonan a la desterrito-
segunda parte .195
rialización de los trayectos de formativos lineales (Despret,
2022) y visibilizan la condición biográfica de todo proceso
de socialidad (Porta, 2021).
Al narrar a Nené también estamos narrando a Luis. Bio-
grafizar ese vínculo no es una acción caprichosa; es, en el
marco de la vida del amigo memorable, casi una necesidad,
es parte de la justicia narrativa en que este libro deviene.
Comprender la vida de Nené como mujer, como madre y
como compañera es también poner palabras, siempre fini-
tas, al vínculo que forjó con su hijo. Incluso, es desterrito-
rializar la noción clásica y moderna de familia o de relación
madre e hijo. No hay recetas. No las hay en la actualidad,
no las hubo y no las habrá. Pero si alguna certeza podemos
tener es que, si ese vínculo se edifica desde la condición de
amorosidad, la subjetividad de las personas se enriquece y
potencia. Por ello decimos que con los afectos se implican
formas de ser y habitar mundos. La apertura de lo propio
permite disponer opciones epistémicas que no son absolu-
tas ni relativas, valorando la experiencia desde un referen-
cial que no pretende definir la diferencia de categorías de
estudio como buenas o deseables. Los afectos en la recupe-
ración performática de una investigación cuestionan que
exista una realidad o verdad única; su autenticidad está en
sus propias formas de conocimiento y en el con-mover de la
conciencia, dado que el cuerpo es el primer plano sobre los
discursos que intervenimos (Sedwick, 2018). Si los afectos
no se publican, la performatividad actúa como registro eró-
tico de lo que está en la acción y en la repetición (Ramallo
y Porta, 2022). En este punto, las narrativas sobre Carlitos,
Nené y Luis configuran una tríada de sentido, un nudo que
atraviesa la linealidad del tiempo cronológico y juega entre
el dolor, el amor, y el anudamiento de un vínculo que no
puede ser aprehendido en un texto, que no debe ser sujeta-
do por ningún formato; sólo recobra su real dimensión en la
piel, en el cuerpo y en el corazón.
196. sgunda parte
Lo mismo sucede con Carlos Porta, el papá de Luis. Re-
cuperado desde sus cualidades vinculadas a la generosidad,
amorosidad y compañerismo, fue un hombre que para su
época asumió roles familiares que no eran asignados común-
mente. Debido a su trabajo y al de Nené, él era quien queda-
ba a cargo de los pequeños Lorena y Luis a partir de las 14
horas. Juegos, meriendas y lecturas eran moneda corriente
en aquellas tardes en La Niña. Fue un hombre que acompa-
ñó, le enseñó a su hijo a narrar el cielo y con él, el mundo.
Recuerda Luis que “en esos veranos, su papá le enseñó a
leer el cielo, a narrarlo”:
Era un pueblo muy pequeño de la pampa, en la Provin-
cia de Buenos Aires. Allí donde nací y crecí, hasta mi
adolescencia, las tardes eran muy calurosas, aunque el
aplastante calor cedía en la noche. Se podía escuchar,
desde la siesta obligada, algún radioteatro que sonaba en
la radio de alguna casa vecina que resistía la siesta a la
sombra de alguna pérgola. La noche era deseada como se
desean las noches estrelladas. El regador pasaba por las
calles de tierra al atardecer. Ese olor a tierra mojada está
registrado en mi memoria, como el de los tilos de la pla-
za del pueblo. Al anochecer, los sillones y reposeras eran
ubicados en las veredas del vecindario hasta el horario
de la cena. Las conversaciones de un lado a otro de la
calle recorrían comunes realidades de gente de pueblo,
sencilla, pero con la condición amistosa y refrescante
como la del riego sobre la tierra. Ese es el momento que
recuerdo: el cielo oscuro, como la oscuridad misma de la
noche en el campo. Mi papá y yo. Si hasta puedo recordar-
lo levantando una mano, en medio de la calle, por la que
pocos automóviles transitaban, señalando las estrellas,
las constelaciones de ese cielo del sur. En esos veranos
me enseñó y aprendí a leer el cielo, a narrar el cielo. Su
segunda parte .197
dedo índice de la mano izquierda apuntaba el cielo, su
otra mano, abrazaba la mía, como si necesitara de más
abrigo en medio de tanto calor. En esa inmensidad pe-
queña en la que uno es universo y pequeña humanidad.
(Microrrelato autobiográfico, Luis Porta, 2021)
Quienes recuerdan con mucho amor y cariño al papá de
Luis son sus primas Male, Nori y Nina. Hablan del tío Carlos
con devoción. Y, como observaremos más adelante, con la
misma admiración, cariño y amor con que ellas narran a su
tío, Laureana y Lola definen a Luis en su misma condición.
Un hilo de historia que hilvana un modo de instalarse en el
mundo afectivo y familiar que se lega, no como una lección
o una disciplina, sino con la propia subjetivación y construc-
ción social:
El tío Carlos era como un segundo padre. Cuando se
casó sufrimos mucho porque nos dejaba. Él vivía con
nosotros en el campo hasta que se casó con la tía Nené.
Era cercano, amable, divertido, nos queríamos mucho.
Y el cariño pasó a Luis, sin dudarlo. (Entrevista a Male,
junio de 2023)
El tío Carlos era muy bueno con nosotras. Imagínate que
desde la tranquera del campo a la casa había una distan-
cia como de 2 o 3 cuadras. Nos hacíamos los dormidos
en el auto del tío para que él, con toda su delicadeza, nos
levante uno por uno y nos lleve a la cama. En ese gesto se
resume nuestro vínculo con él. Quizás sabía que estába-
mos fingiendo, pero no le importaba. Ese cariño estuvo
incluso con nuestros hijos. Luis no podía no heredar esa
delicadeza para con los seres queridos porque la tía Nene
desde una personalidad más fuerte, era igual. (Entrevista
a Nina y Nora, junio de 2023)
198. sgunda parte
Delory Momberger (2009), en su obra Biografía y educación. Figu-
ras del individuo-proyecto, se pregunta
¿De qué manera las trayectorias de vida contemporá-
nea, caracterizadas por la pluralidad de las experiencias
educativas, sociales y profesionales, se singularizan en las
historias individuales? ¿Cuáles son los sentidos, compren-
siones e interpretaciones que producen y ponen a jugar
los individuos y grupos sociales cuando viven esas expe-
riencias y las recrean mediante relatos e historias auto-
biográficos? ¿Cómo se nombra o se materializa lo íntimo
en las historias narradas y cómo se procede a analizarlo,
comprenderlo? (2009:7)
Podemos hilvanar las respuestas a esos interrogantes a
partir de asumir que nuestra existencia es, en sí misma, na-
rrativa (Ricoeur, 2006). Nuestras experiencias vitales recobran
significados y se actualizan en la medida que las textualiza-
mos. Captar esas narraciones, re-construirlas y comprender-
las en clave biográfica es lo que moviliza a quienes hacemos
investigación narrativa y auto-biográfica (Suárez 2021; Porta,
2021; Porta y Ramallo 2022, Aguirre y Porta 2022). Luis, al na-
rrar el vínculo con su papá en la infancia, se centra en el circo
y su mirada puesta en los trapecistas. Son ellos los que llaman
la atención de aquel pequeño que, sin proponérselo, en el
futuro jugará de trapecista de vidas, experiencias, historias y
metamorfosis íntimas. Fue su padre quien le convidó a vivir el
mundo del circo y así lo recupera en este viaje biográfico:
Sí, ese es el recuerdo que tengo con mi viejo. Mi viejo
me llevaba al circo. En el circo en que había animales y
todavía no estaba el debate sobre los animales. Pero estos
no eran lo que más me gustaban. Eran los trapecistas
los que más me gustaban. El circo se llamaba “Papelito”
y recorría pueblos pequeños; llegaba al mío y mi papá
segunda parte .199
siempre me llevaba. (...) Me encantaba ver a los trapecis-
tas: cómo iban y cómo venían, desafiando el aire y ante
la posibilidad de encontrarse con el cielo. Los trapecistas
pueden hacer eso que a mí siempre me ha interpelado:
narrar el cielo. Pienso en dos elementos el aire y el agua.
Esta última con la posibilidad de zambullirme y nadar
por esos lugares más inhóspitos y me permite salir y to-
mar el aire necesario. Y el aire, me permite volar y viajar
por nuevos lugares. El trapecista tiene esa posibilidad.
Creo que en el vuelo y en el viaje está la posibilidad de
la vida, ver, sentir, oler, (…) esto que a mí me interpela
particularmente. (Conversación grupal, agosto de 2022)
Esa infancia estuvo también signada por otras figuras im-
portantes, imprescindibles. Una de las presencias indispen-
sables es, sin lugar a dudas, la abuela Araceli. Luis la rescata
siempre como quien lo vio amorosamente y lo llevó de la
mano en aquellos primeros años:
Mi abuela es la que ocupa lo que Winnicott llama la
posición maternante. Porque mi abuela… me vió. En el
ver hay un espejo que se refracta, y en el espejo que
refracta hay una condición de sensibilidad y de conexión
muy profunda. Sí, me conectó con los libros, con el olor a
mandarinas, con las milanesas que hacía. Esto tiene que
ver con mi historia, con mi dolorosa historia de un trau-
ma que se define de esa manera porque está silenciado.
Esto está asociado al nacimiento y muerte de mi herma-
no, a quien –te diría–durante décadas creí que yo le había
dado vida con mi propia vida. Y esto ha sido muy fuerte.
Vivir por el otro es lo que ahora implicó la comprensión
de que no viví por el otro, sino que viví con otro dándole
vida. Y eso es un aprendizaje muy vital. (Conversación
grupal, agosto de 2022)
200. sgunda parte
Mi abuela Araceli fue muy especial para mí: era maestra
y muy buena contadora de historias. Aprendí de ella a
escuchar historias, a leer historias y a interesarme por las
historias. Con ella tuve acceso a la primera biblioteca, su
biblioteca estaba abierta para mí. Me acuerdo que tenía las
colecciones de historia antigua, por ejemplo, de filosofía
antigua –de ahí mi conexión con Cecilia Colombani, una
de las profesoras memorables que entrevisto desde hace
casi 15 años–, la colección de Charles Seignobos –estamos
hablando de la década de sesenta y setenta donde aún no
había un giro social y cultural en la historia y la herme-
néutica estaba ausente–, la colección Los hombres de la
Historia de CEAL. La recuerdo muy sensible. Ella es la que
me enseñó a percibir los colores, los olores y a disfrutar-
los. (Porta, en Ogeda, Ribeiro y Ramallo, 2021)
En esta crianza, en la que Araceli y Nené tejían solidaria-
mente y sin saberlo un nido propenso para las pasiones, Luis
recibía el beneficio de sus complicidades:
En paralelo a esto, mi mamá me daba dinero todos los
meses para comprar libros en el Bazar El Siglo. En un
hogar en que la lectura de libros no era común, ella
compraba las colecciones a los vendedores que venían al
pueblo a vender libros: compraba diccionarios–el famoso
Sopena Ilustrado, que leía con curiosidad plena–y, uno de
mis preferidos La Gran Enciclopedia de los Pequeños o Geografía
Universal. Me gustaba la lectura y yo creo que ese ejercicio
de la lectura me abrió mundos, me acercó al mundo de
mis intereses. Además de la lectura, en la escuela yo era
el que actuaba y el que participaba en todo. El actuar y el
recitar venían porque me gustaba hacerlo. La lectura y las
artes me abrieron posibilidades y mundos distintos y yo
creo que esa puerta la abrió mi abuela. (Porta, en Ogeda,
Ribeiro y Ramallo, 2021)
segunda parte .201
Luis distingue a su abuela Araceli, también, porque ella lo
introduce en el mágico mundo de la lectura, la historia, la
curiosidad y la sensibilidad. Una mujer que, en palabras de
otra de sus nietas, Zulema, era fuera de serie. La abuela Araceli
también se preocupó por la educación, la pedagogía y aquello
que se lega a la siguiente generación. Araceli es el antecedente
filial más próximo que Luis, Lorena y Zulema tienen en torno
al mundo al que le dedicaron su vida, la educación. Así lo
refieren también sus otras nietas:
La abuela era Maestra Normal pero también me vengo
a enterar hace unos años que fue directora en Quiroga61
[pueblo perteneciente al partido de 9 de julio y del que era
oriunda la familia Porta]. Una mujer muy activa para la
época. Fue directora de escuela primaria, secretaria de un
colegio secundario hasta que se jubiló. Participaba de un
club de madres que les preparaban ajuares a las mujeres
que no podían hacer ajuar. Era una mujer fuera de serie. A
mí y a todos sus nietos nos estimulaba. A mí me encantó
siempre el teatro y tanto ella como mi mamá me acompa-
ñaron. Incluso mi ser docente también puede que venga
de ahí. Yo me jubilé hace poco de Inspectora, pero he re-
corrido el sistema educativo quizás gracias a la inspiración
de la abuela. (Entrevista a Zulema, mayo de 2023)
61. El apellido de Araceli era Saenz. La familia Porta pertenecía a los pri-
meros pobladores de Quiroga. El abuelo Luis –padre de Carlos– era hijo de
Francisca Tortonese y Pedro Porta. En la casa en que vivían y recién llegada
de Lobbi, Italia, Francisca había abierto el primer y único cine en el pueblo.
La casa Porta ha sido donada por todos los familiares para desarrollar el mu-
seo del pueblo. Los hermanos de Carlos fueron Jorge –Coco—y María Elena.
Coco formó familia con Zulema Solaberrieta y tuvieron tres hijos: Zulema,
Jorge y Mónica; María Elena y su esposo José María Solaberrieta tuvieron a
José María, María Elena, Nina, Alfredo, Nora y Esteban, quienes reciben a
Luis en Mar del Plata en 1984.
202. sgunda parte
La abuela no estaba mucho con nosotros porque trabaja-
ba y vivíamos en el campo. Pero siempre se preocupaba
porque nosotros estemos bien, nos regala libros, siempre
nos animaba a que estudiemos, que seamos mejores. Una
abuela muy presente. Una abuela compinche, por ejem-
plo, yo tenía un noviecito y lo veía en la casa de ella. Ima-
gínate lo piola que era la abuela Araceli. Una adelantada a
su época. (Entrevista a Male, junio de 2023)
Como te habrán dicho, mi abuela era una mujer hermo-
sa y emprendedora para la época. Siempre dedicada a la
educación y con muy buena relación con los jóvenes. Luis
tiene mucho de ella. Muy generosa y muy posicionada.
Imaginate que le gustaba mucho el teatro, las artes… en
esa época en un pueblo perdido en la provincia de Buenos
Aires y así y todo, se destacó. (Entrevista a Nina y Nori,
junio de 2023)
Otra de las figuras que ha marcado la biografía de Luis
en los serenos tiempos de La Niña fue su señorita Cristina.
La memorabilidad de ella en la vida de nuestro maestro
y amigo radica en que, de alguna manera, ha sido para él
más que una referente en un momento biográfico particu-
lar como es la infancia: lo ha inspirado, motivado y dotado
de confianza en sí mismo. Estas cualidades la hacen una
profesora memorable para Luis puesto que, como recuperan
gran parte de los libros que conforman esta Colección, los
docentes que dejan huellas en sus estudiantes son aquellos
que, más allá de enseñarles el contenido disciplinar, hacen
primar coordenadas emocionales, afectivas, afectantes y
empáticas para con sus estudiantes (Porta, Yedaide, Aguirre,
2014, Porta y Martínez, 2015, Porta y Álvarez, 2018; Marti-
nez y Yedaide, 2018). Este vínculo amoroso entre Cristina y
Luis ha trastocado el tiempo. Ha engañado el tiempo lineal
y finito de la relación común de una docente con su estu-
segunda parte .203
diante, para proyectarse hasta nuestros días de una forma
familiar, cercana, y amorosa. Así lo asumen Luis y Cristina:
En mi infancia, quien opera también en la posición
maternante es mi maestra de jardín, con quien todavía
me sigo viendo y por quien cuando tenía que pasar a la es-
cuela primaria lloré. Lloré terriblemente cuando me tuve
que ir del jardín a la escuela. (…). Es la señorita Cristina.
Claro. Fui a su casamiento, al nacimiento de todas sus
hijas. Asistí a su separación como asistió a la mía. Todo. La
señorita Cristina siempre está ahí. Vino a mi cumpleaños
de cincuenta. Nos hizo sentar a un compañero y a mí en
su regazo [ríe]. Ese alzarme y llevarme hasta mi casa con
un paraguas para que no me moje la lluvia da cuenta de
eso. Era su primer año en la docencia, pero siguió siendo
así siempre. (Entrevista a Luis Porta, febrero de 2023)
Corría el año 72. Yo recién recibida, iba rumbo a La Niña
en el colectivo El Caballito Criollo, que cubría a diario ese
trayecto. Mi falta de experiencia, sumada a la ansiedad de
tomar por primera vez un cargo como maestra inicial por
todo el año se aliviaba al pensar lo que me había dicho
mi hermano mayor: “vos decí que sos mi hermana”. Poco
tiempo me llevó entender el poder de esa frase, porque al
usarla como carta de presentación se me abrieron muchas
puertas, más aún en un pueblo donde la hospitalidad de
la gente es moneda corriente. Entré al Jardín 904 sin saber
que allí me esperaba otra agradable sorpresa. Había entre
los alumnos uno muy especial, que unió su guardapolvo
al mío para convertirse en mi fiel secretario. Así conocí
a Luisito, con su flequillo cortado en línea recta (…). Me
bajaba del colectivo, conversaba un rato con Betty, des-
pués pasaba por la casa de Luisito para ir juntos al Jardín,
y si llovía lo llevaba a upa para que no se embarrara las
zapatillas. Como era mi secretario, cuando no sabía dónde
204. sgunda parte
estaba un material, le preguntaba a él. Por supuesto que
todos los días era el encargado de alcanzarme el registro
de asistencia, y después guardarlo. Y para los Actos, conta-
ba seguro con su participación; además, si era oportuno,
también se aprendía de memoria alguna poesía. Pero llegó
el último día de clase, y lo que en ese momento parecía
terminarse con su egreso del Jardín, los afectos se encarga-
rían de prolongar en el tiempo. Así, mi carta de despedida
aún hoy Luisito la conserva guardada. Y aunque parezca
raro, seguimos conectados, por más que han transcurrido
51 años. (…) Supe de sus viajes, conferencias, libros (tengo
alguno). En sus visitas conocí a su hijo siendo pequeño.
Ahora lo veo cómo crece, en las fotos publicadas, de
abrazos entre padre e hijo. Nunca se cortó el hilo que nos
unió desde hace tanto tiempo. Viajé a Mar del Plata para
festejar sus 50 años. Me puse el guardapolvo a cuadritos,
y senté en mi falda a ese hombre grandote de tamaño,
pero que para mí siempre será LUISITO. Algo poco común,
regalo que te da la vida, y la docencia, porque sé también
que, para él, yo siempre seré su seño Cristina. (Entrevista a
Cristina, mayo de 2023)
El vínculo entre Luis y Cristina perduró, entre otras cosas,
porque ambos supieron “tocar la fibra” (Sedgwick, 2018:19)
del otro en momentos biográficos fundantes, también con la
complicidad de la figura materna: “fue mi mamá la que sostu-
vo durante años la posibilidad de encuentros con la señorita
Cristina que, a veces, implicaban viajes” (Entrevista a Luis,
mayo de 2023). La experiencia educativa formal los unió y ellos
han podido re-hilvanar el vínculo a partir del contacto afecti-
vo y afectante acontecido, transformándolo en un particular
gesto íntimo (Jullien, 2016; Porta, Aguirre y Ramallo, 2023).
El encuentro pedagógico entre la señorita Cristina y Luisito es
en sí un gesto, y en ese gesto se condensa la intimidad de un
vínculo que cambió la historia de ambos hasta la actualidad.
segunda parte .205
Cristina, como Nené y Araceli, componen una trama nutri-
da de la infancia de Luis la cual inició antes de su nacimiento,
quizá, con esa vida efímera de su hermano de tan enorme
presencia y transcurrió al cuidado de un padre narrador del
cielo. Pero también estuvo la hermana, Lorena, la compañera
de aventuras, también heredera de la generosidad y el amor
de sus padres, los cuales cimentaron gran parte de su persona-
lidad y su propio corazón:
El corazón que tiene Luis es el mismo que el de Lorena, nos
les cabe en el cuerpo, los excede incluso a ellos mismos. Es
un corazón generoso. Lorena, por ejemplo, viene a lo de mis
papás, o a casa y siempre viene con una tortita, una planta,
algo para compartir…. Te da hasta lo que a ella le cuesta te-
ner, te lo da gratuitamente. (…) Esa era mi tía Nené. Mi papá
te da todo, pero Nené era extremadamente generosa. A mis
sobrinas las vistió, las acompañó, visitaba a mi hermano….
Mi tía Nené era pura generosidad y es el mismo corazón de
Lorena y de Luis. Pero Lorena desborda de generosidad. (En-
trevista a Laura, mayo de 2023)
A Luis lo conozco desde bebé. Cuando era chiquito venía a
casa todos los veranos. Recuerdo que era muy divertido cuan-
do él venía porque era un niño curioso y travieso. Hacía cosas
que como estaba en lo de los tíos se le permitían. Se quedaba
mucho en casa; por ejemplo, cuando nació Lorena estaba con
nosotros. Tenía 4 o 5 años cuando nació Lore. No hizo ningu-
na rabieta, al contrario… Cuando nació Lorena hubo una
tormenta terrible y Luis, chiquito, hablaba medio atravesado.
Viene corriendo y le dice a mi mamá: “Tía, ¡¡¡tía!! mirá cómo
rejucilea [risas]”. (Entrevista a Zulema, mayo de 2023)
Aquel niño divertido y curioso, que se asomaba por la venta-
na a contemplar cómo el mundo rejucileaba, recibió el título de
hermano el 15 de enero de 1971. Lo que quizás no sabía era lo
206. sgunda parte
importante y central que sería su presencia en la vida de Lorena.
Ella narra a Luis con un nudo en la garganta. La emoción del
recuerdo de aquellos días se transmuta y complementa con el
presente. Un presente que es pasado pero que también es futuro;
una relación ungida desde y por el amor fraterno que, en este
caso, ni la distancia física ha podido trastocar. La narración de
aquellos años compartidos recobra nuevos bríos cuando los con-
templamos desde el tiempo actual:
Luis siempre ha sido un poco el preferido. Era como el
niño o el hijo que todos querían tener. Siempre fue así,
bueno, amiguero, sociable. Si bien compartimos toda
la infancia, él se fue a Mar del Plata a los 18 años y yo
tenía 14. Cuando éramos chicos era muy peleador [risas]
y bastante cómodo. Te delegaba todo. Mandaba a todo el
mundo. De repente se cortaba la luz y quien tenía que ir
a la cooperativa de luz para avisar que habían saltado los
tapones de la casa era yo. Él se quedaba en casa y yo ca-
minaba como 20 cuadras y era chiquita, tendría 12 años
[Risas]. Tampoco le gustaba perder a nada. Jugábamos
mucho a la canasta con mi viejo y no le gustaba perder
nunca. (…) Lo más lindo que recuerdo de la infancia con
Luis además de los juegos diarios era el momento de
tomar el Gancia con el viejo, mirar la tele. Las tardes las
pasábamos con él, entonces era toda una aventura. (…)
Ya de adultos fue y sigue siendo un referente. Me emocio-
na hablar de él porque en este tiempo ha vuelto a ser el
que era cuando lo teníamos acá en el pueblo. Hace unos
años me pude reencontrar con él desde otro lugar, desde
el lugar en que compartimos la vida allá en La Niña. A los
dos nos pasaron cosas en la vida que quizás nos unieron
más y hoy por hoy estoy feliz de tenerlo, de disfrutarlo,
de estar siempre pendientes el uno del otro. (Entrevista a
Lorena, mayo de 2023)
segunda parte .207
De Lorena nacen, también, esas proyecciones de la descen-
dencia que comprometen a Luis y a su hijo, Octavio, en una
cartografía biográfica que mira hacia el horizonte, a la futu-
rabilidad, y empuja la vida hacia adelante, creativa y fecunda.
Laurena y Lola, sobrinas de Luis, dejan ver la marca familiar,
la huella de un tío al que admiran, quien a partir de su salida
de 9 de Julio ha explorado el mundo, ha probado sus mieles y
sinsabores y que, entonces, sabe acompañarlas amorosamente
en su frescura, sus locuras y sus deseos más profundos:
Yo cuando sea grande quiero ser como mi tío. Le veo una
inteligencia particular. Desde la simpleza te das cuenta
que es distinto. Ayudó mucho a mi mamá y a nosotras.
Ojalá nunca le pase nada malo, pero si a mi mamá le pasa-
ra algo yo seguro me voy a Mar del Plata. Por ahí lo vemos
poco, pero el tío siempre está y desde un corazón enorme.
(Entrevista a Lola, mayo de 2023)
Lola, Lorena, Luis y Laureana, mayo de 2023
208. sgunda parte
Desde que era chiquita esperaba los veranos o las vaca-
ciones para ir a ver a mi tío y a mi primo o esperarlos acá
en 9 de julio. El Tío siempre tiene la palabra justa. Es una
persona que interpreta por lo que estás pasando. A mi
mamá le pasa lo mismo con él. Por ejemplo, ella está triste
o le pasa algo, y habla con su hermano y siente un alivio.
Tiene las palabras justas para consolar, para acompañar o
para volver a ponerte en eje (…). Para mí es fundamental
que siempre, ante cualquier situación, el tío manda un
mensaje, responde una historia, está presente desde lo
pequeño, pero también desde lo grande. Cuando se separa-
ron mis viejos él fue central para mi mamá y para noso-
tras porque nos apuntaló en todo momento. En momentos
de dolor y de alegría, está para acompañar. (Entrevista a
Laureana, mayo de 2023)
Las múltiples presencias familiares que acontecieron
en los inicios de su vida, con mayor o menor intensidad,
marcaron a aquel pequeño que comenzaba a caminar su
itinerario vital en el interior de un pueblo bonaerense
circundado por aromas de campo, olor a tilos y calles de
tierra. Las personas que rodearon esa vida contribuyeron al
fortalecimiento de las alas que Luis necesitó desplegar. Él
en su interior sabía y anhelaba conocer otros mundos, lan-
zarse a la aventura y dislocar el futuro prefijado que tienen
los jóvenes del interior argentino.
Recuerdo que, en el viaje de La Niña a Mar del Plata, salvo
alguna preocupación por mis viejos o por Lore, no extra-
ñé. Tenía ganas de salir, buscar otras cosas, volver a esa
ciudad que desde los 4 o 5 años me recibía como uno más.
Y cuando salí, yo sabía que era para no volver, y así fue. No
miré para atrás. Y eso estuvo bueno porque significó un
volver a nacer. (Entrevista a Luis, mayo de 2023)
segunda parte .209
Luis emprendió una de las aventuras más apasionantes
que le deparaba la vida, decidido a querer saltar y mecerse
en el aire como aquel trapecista del circo de su pueblo. Se
fue decidido a forjar su destino. Un destino que no puede
comprenderse sino es desde la amorosidad con la que Araceli,
Nené, Carlos, Lorena, tíos y primos lo han cobijado desde y
para siempre, y a partir del cual ha sabido honrarlos:
Queremos mucho a Luis. Él es mi sobrino por todo, por
sangre y por la vida. Él es el hijo de mi única hermana que
yo amaba tanto. Significa mucho para mí. Es más, cuando él
se fue a Mar del Plata sufrí mucho. Me acuerdo que cuando lo
fui a despedir a su casa, a la vuelta me la pasé llorando. Caminaba
solo para mi casa y lloraba porque Luisito para mí significaba mu-
cho, y nos dejaba. Era como un hijo más. Además, se iba tan
jovencito, tan lejos…Y hoy después de tantos años y viendo
la carrera que hizo y la vida que tuvo, para mí es un símbolo,
una referencia, un orgullo. Yo siempre
hablo de él y me emociono porque fue
y es mucho para mí. Sufrí muchísimo
su partida. Pero sus logros son también
nuestros y de todo el pueblo. (Entrevista
al tío Eduardo, mayo de 2023)
210. sgunda parte
EL VIAJE COMO MARCA BIOGRÁFICA
DE UNA VIDA EN MOVIMIENTO
Ingreso a la recodificación del mundo como un argonauta que va en
búsqueda de nuevos mundos. La bicicleta en la que viajo por estos
mundos colapsados y pandémicos me recuerda la sordidez de la caída
entre las espinas de los rosales de la plaza. Sangre derramada que me
permitió ser más fuerte que invisible. Viajo por esa cámara oscura que
me lleva a la niñez devorada por su risa devastadora, que me deja
tirado en el desenfreno de la sangre que derrite y hace desaparecer
lo más preciado, pero que me permite un tránsito hacia lo poiético.
Viajo ahora a cámaras oscuras a partir de aquellas imágenes debili-
tadas por la fuerza inconmensurable de las imágenes que me remiten
estación por estación a la vida por vivir.
Microrrelato, “Viaje a cámaras oscuras”
Luis Porta, mayo de 2020
Afirma Cecilia Colombani que “lo mejor que me pudo pasar
en el viaje fue mirar el paisaje y seguir” (Porta y Álvarez,
2018:21). Ese mirar el paisaje graficaba en Cecilia la posibilidad
de contemplar su vida, su realidad, de lo cotidiano y, al mismo
tiempo, la idea de seguir trae consigo la condición de futurabi-
lidad, de deseo, de proyección, de horizonte a alcanzar. Viaje
como acontecer de encuentros: “Uno viaja para asombrarse,
para encontrar costumbres, ciudades, prácticas sociales, para
encontrarse con uno mismo (…) Si uno viaja con la idea del
encuentro, abierto al encuentro, sale enriquecido. Uno no es el
mismo al retornar del viaje” (Porta y Álvarez, 2018:21).
segunda parte .211
El viaje como marca biográfica es constitutiva de la vida
de Luis, desde su adolescencia hasta la actualidad. No sólo y
exclusivamente en términos geográficos, sino principalmente
en términos de interioridad. En el devenir de las páginas y de
los relatos compilados seremos testigos de los diversos y múl-
tiples viajes odiseicos que se ha animado a emprender: “¿Por
qué odiseicos? Porque yo entiendo a la Odisea como ese viaje
de Odiseo en busca de su propia subjetividad. El camino de
Odiseo, el viaje, la Odisea, como poema no es otra cosa que un
camino de reconocimiento del propio Ulises” (Porta y Álvarez,
2018:81). Clarice Lispector, en El Viaje, respira esta potencia:
Imposible explicarlo. Se iba apartando de aquella zona
donde las cosas tienen forma fija y aristas, donde todo
tiene un nombre sólido e inmutable. Cada vez ahondaba
más en la región líquida, quieta e insondable, donde flo-
taban nieblas vagas y frescas como las de la madrugada.
(Lispector, 2011: 181)
En el horizonte asomaba Mar del Plata como aquel destino
que podía albergar nuevos sueños, historias y vivencias, pero que
también significaba animarse a “romper una historia”:
En la escuela fui el que otros querían que fuera. El irme de 9
de Julio para empezar la Universidad de alguna manera im-
plicó una nueva búsqueda, animarme a romper una historia,
salir de una lógica y meterme en otra. Me animé a irme solo,
a vivir mi historia, me animé a salir de girar en el mismo
lugar. (Conversación grupal, agosto de 2022)
Mar del Plata no fue casualidad. En la ciudad balnearia
Luis y Lorena tenían a sus tíos por parte de su papá, José María
y María Elena, y sus primos –Male, Nina, Nori y José María,
Alfredo y Esteban. Hubo muchos viajes a Mar del Plata antes
de embarcase a la travesía. En paralelo con el ingreso a la
212. sgunda parte
Universidad, habría que cumplir con el servicio militar obliga-
torio en la Base Naval de Submarinos durante 1984. El primer
contacto con la ciudad aconteció cerca de sus 5 años, cuando
viajó sólo con su tío José María:
Yo tenía creo que cuatro o cinco años. Mi tío me trajo con
él a Mar del Plata. Lo que recuerdo es que cuando me baja
del vehículo en el que viajamos, me envuelve en una man-
ta abrigada y ahí me reciben mis primos y mi tía. Con un
frío…. Pero la vida te juega la carta marcada. Hace pocos
años voy a visitarlo, ya estaba enfermo y vi que tenía un
acolchado que había cumplido su ciclo. Le compré uno
nuevo para abrigarlo, como una amorosa y hermosa forma
de reponer y agradecer aquel maravilloso gesto que tuvo
conmigo a los cinco años al bajarme del auto: abrigarme
y abrazarme para que no tenga frío. Fue como devolverle
ese abrigo. (Entrevista a Luis, mayo de 2023)
La familia Solaberrieta-Porta recibía a Luis cada verano y
en cada oportunidad en la que podía viajar con sus padres.
Una familia que comenzó a forjarse desde y con el campo
pampeano en la localidad de Quiroga, un pueblo ubicado a 27
kilómetros de La Niña. Allí los primos de Luis no sólo disfruta-
ron de una infancia al aire libre, sino también de la presencia
amorosa de la querida abuela Araceli. Por avatares del destino,
circunstancias económicas y coyunturales la familia se afinca
definitivamente en Mar del Plata en los años 70 y desde aquel
momento recibe a Luisito toda vez que él y su familia se pres-
taban a viajar. Así lo recuerdan Male, Nina y Nora:
Para nosotros, Luis fue nuestro hermano menor. Su papá
vivió muchos años con nosotros cuando éramos chicos. El tío
Carlos era el mejor tío, y vivía con nosotros antes de casarse.
Entonces para la familia era el hijo del tío Carlos. Era como
nuestro hermanito más chico. Él estaba mucho con mi papá;
segunda parte .213
Luis en la casa del Tio Eduardo, 3 años. 1970.
214. sgunda parte
nosotros vivíamos en el campo y él vivía en el pueblo, en La
Niña. Entonces cuando iba para allá, Papá lo levantaba y lo
traía a casa; era todo juego con él. Y algo importante es que
compartíamos una abuela, la abuela Araceli, que tenía una
vida muy diferente a lo que estábamos acostumbrados ahí.
Nuestra abuela era una intelectual; nos acercaba los libros,
compartía toda esa pasión intelectual con nosotros. Y yo creo
que a él lo marcó mucho nuestra abuela. (…) De chico Luis
era un poco introvertido pero muy inteligente. Un chico con
muchas inquietudes. Yo siempre admiré de él la decisión que
tomó de estudiar en Mar del Plata. Para la época fue una osa-
día. No era fácil salir de La Niña a una gran ciudad. Que aun
siendo que vivió con nosotros, estaba lejos de sus padres. Fue
una patriada, fue un antes y un después en la vida de Luis.
(…) por todo lo compartido yo sólo siento amor fraternal con
él. Desde aquellas tardes en el campo hasta la vida en Mar
del, fue y sigue siendo nuestro hermano. (Entrevista a Male,
junio de 2023)
Lo que recuerdo de Luis es un nenito con flequillo, con el
guardapolvo de jardín de infantes. Un niño muy tranquilo,
muy divertido (…) El afecto que viene de Luis con nosotros
y nosotros para con él, viene del amor profundo que tenía-
mos con nuestro tío Carlos. Mi tío era el mejor. Cercano,
jugaba con nosotros, cariñoso. Luis es como un hermano
para nosotras. Cómo no lo íbamos a recibir en casa en Mar
del Plata!! Amábamos al tío Carlos y a la tía Nené. Dos muy
buenas personas, muy cariñosos, y Luis el producto de eso,
una continuidad que a nosotros nos hacía y nos hace muy
feliz- (Entrevista a Nina y Nora, junio de 2023)
Yo me acuerdo cuando Luis tenía cuatro o cinco años y
nuestro padre, José María, lo trajo a Mar del Plata solo.
Estuvo como una semana con nosotros y estaba feliz de
la vida. Saltaba en la cama feliz. Nunca lloró por extra-
segunda parte .215
ñar y eso para un niño de esa edad es muy llamativo. Yo
creo que debe ser porque se sentía cómodo con nosotros.
(….) Para nosotras era un placer compartir con Luis; era
un nene tranquilo, alegre, curioso. (Entrevista a Nina y
Nora, junio de 2023)
“Como un hermano menor”, como un hijo más: así fue
recibido también Luis cuando, ya iniciada la década de 1980,
emprende el viaje definitivo a Mar del Plata. Mientras estu-
diaba, trabajaba y, hasta que se alquiló solo su departamento,
vivió en la casa de los tíos José María y María Elena:
Él trabajó en Villa Victoria, pero primero trabajó con
un amigo de mi marido, Aníbal, en una empresa que
vendía insumos fotográficos. Luego pasó a Villa Victoria.
Siempre bien Luis, y donde pasa deja una huella. La Villa
Victoria fue un antes y un después. Le puso su impronta.
Recuerdo que antes de empezar a trabajar, cuando vino
por el servicio militar, cuando le daban permiso siempre
volvía a casa. Pasaba los días ahí y luego volvía a entrar
al cuartel. Y cuando empezó la universidad también. No
había fin de semana que no pasáramos juntos. (Entrevis-
ta a Nina y Nora, junio de 2023)
Ya cuando Luis empezó a tener cada vez más trabajo se
fue a vivir solo, formó familia con Sonia; el contacto se
hizo más esporádico, pero siempre estuvimos cerca. Una
cercanía de familia, de hermanos. Navidades, años nue-
vos, Luis siempre estaba. Es familia Luis y tiene la parti-
cularidad de estar desde un llamado, desde un mensaje,
desde un detalle, un regalo. No sabemos cómo hace,
pero en los momentos de alegría está, en los momentos
de dolor está. (Entrevista a Nina y Nora, junio de 2023)
216. sgunda parte
En Mar del Plata nos reunimos desde que estamos acá to-
dos los Solaberrieta y fíjate que Luis está siempre, desde
aquel adolescente que se quedó a vivir con nosotros–te
digo más, desde aquel niño que traía papá a casa–Luis es
parte nuestra. Y tiene algo que es especial: cuando está
con nosotras es Luis, no es el Dr. Porta. Toda su extensa
carrera, sus estudios, sus logros los deja al lado y es uno
más y eso a nosotras nos hace plenas. Nunca marcó, ni
marca, distancia. Es la generosidad y humildad de los
grandes. (Entrevista a Nina y Nora, junio de 2023)
Mar del Plata fue el hábitat que eligió Luis para desarro-
llar su nueva vida tras los años transcurridos en La Niña. Y
en esa vida la familia de los tíos María Elena y José María
fue hogar, contención y pertenencia. Los retazos narrativos
dan cuenta de ello y los ojos emocionados de Luis, Male,
Nina y Nori permiten sentir capilarmente el amor con que
presentizan el vínculo. Una familia marcada por la distan-
cia geográfica y, a su vez, definida por la cercanía afectiva y
afectante de sus miembros.
La llegada a Mar del Plata, a la Universidad Pública, los
primeros años en la carrera de Contador Público en la Facul-
tad de Ciencias Económicas y Sociales, pero, centralmente, la
decisión definitiva de estudiar el Profesorado y la Licenciatura
en Historia en la Facultad de Humanidades hicieron que emer-
giera en Luis un sentido político de la vida en donde la rebel-
día, la discusión y la pasión comenzaban a ser parte del nuevo
paisaje vital. Estos atisbos ya habían llegado antes, durante la
Escuela Secundaria cuando, junto con la llegada de la demo-
cracia posdictadura a nuestro país, se materializó la creación
del centro de estudiantes en la Escuela de Educación Media N°
2 de La Niña, donde muy pocos estudiantes cursaban la enton-
ces llamada educación media. En el encuentro del equipo con
Luis en agosto del 2022, Laura nos compartía:
segunda parte .217
Uno a la universidad pública va a ser quien es; se pueden
soltar amarres que traés, y con eso dejas atrás el disci-
plinamiento del sistema educativo. La universidad te
conecta con otra gente, otras vidas, es un lugar de mayor
apertura. Luis nunca abandonó la condición de buen
estudiante: sacaba nueve o diez en todo, yo me sacaba
cuatro. En esa condición de que siempre fue el mejor, dio
rienda suelta a poner en juego otras cuestiones que hasta
el momento no se habían puesto. (...)A mí me parece que
hay muchas cosas de la universidad pública que tienen
que ver con la concreción de sueños y Luis lo puso de
manifiesto. (Laura, conversación grupal, agosto de 2022)
Ese viaje de La Niña a Mar del Plata implicó no solo bus-
car sueños y proyectos colectivos, en un contexto democráti-
co, sino abrazar una subjetividad propia.
Más acalorada al inicio y mucho más reflexiva luego, las
intensidades y las pasiones van mutando. Con el tiempo
la militancia implicó aprendizajes y desaprendizajes, sin
dudas la vuelta a la democracia nos inspiró a todos. La
carrera de historia significó en mí la búsqueda de memo-
rias que posibilitan componer futuros, como así también
el reconocimiento de mi trabajo con lo biográfico. No
es solamente creer que la biografía puede ayudarnos a
pensarnos en los mundos, se trata de valorar los constan-
tes aprendizajes que emergen en todos los sentidos de la
vida. (Luis, conversación grupal, agosto de 2022)
En los noventa, la militancia partidaria nos encontró. No
hubo ninguna tarea que dejáramos de hacer, pero espe-
cialmente las horas de pintar, muchas, muy entretenidas
y tremendamente intensas, ocuparon nuestro tiempo.
Siempre quedaba lugar para salir y divertirnos. La vida
del militante es sanguínea y muchas veces poco com-
218. sgunda parte
prendida, hermosa. Allí aprendimos a hacer un montón
de cosas que aplicamos en todas y cada una de las elec-
ciones en las que participamos mucho tiempo después.
Tal vez, la enseñanza más importante que nos dejó fue
trabajar sin límites, divirtiéndonos también sin límites.
(Microrrelato, Silvia Sleimen, abril de 2023)
Junto a aquellos años de militancia, la preocupación y de-
dicación de Luis por la pedagogía en su más amplia definición,
ocuparon un lugar determinante. La búsqueda, la curiosidad
y la fecundidad de su vida hicieron que emprendiera otros
viajes. En el marco de una beca de estudios de la Agencia
Española de Cooperación Internacional para cursar el Docto-
rado en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad
de Granada, Luis trazó una ruta desde ese entonces constante.
La experiencia de formarse en el exterior, sin perder de vista
su propio territorio compusieron un espejo profundamente
subjetivante. Así lo recuerda Luis:
La experiencia de viajar a Granada significaba para mí
también, y viniendo de un pueblo muy pequeño, el primer
viaje en avión. Lo celebro y lo guardo como una de las mejo-
res experiencias. Fue maravilloso: tenía lo nuevo, el apren-
dizaje, la impronta de vivir fuera y de vivir en una ciudad
soñada. Salir de la comodidad cotidiana, hacer un doctora-
do fuera de tu propia universidad, vivir esa ciudad, recorrer
su componente cultural que implica un ejercicio intercul-
tural que me ha transformado. Los aprendizajes, más allá
de la formación, la tesis y lo que vino después, han tenido
que ver con eso. Mi llegada al departamento de Didáctica
y Organización Escolar de aquella universidad implicó
contactarme no sólo con colegas españoles sino también de
distintos países de Latinoamérica, con los que todavía tengo
contacto. En esas redes la investigación narrativa comienza
a tener sentido en mi vida. No puedo dejar de mencionar
segunda parte .219
el mutuo acompañamiento de mi pareja, el apoyo de Sonia
fue importante en esta y tantas otras etapas de mi vida, lo
cual significó no solamente sostenernos y querernos sino
también conformar una familia, junto a Ámbar y Octavio.
(Entrevista a Luis, septiembre de 2022)
Desde otro registro autobiográfico, Luis nos regala un
paisaje de Granada que condensa lo más fascinante del via-
je que es el encuentro con la novedad, otra cara del mismo
mundo. Granada en la vida de Luis no es sólo un doctorado o
una formación académica; es el habitar una ciudad cultural
que lo envolvió y lo invitó a volver en varias ocasiones. Es una
marca biográfica, territorio, amistad y familia. En el siguiente
microrrelato Luis recuerda a la figura de “Naty” –Dra. Nativi-
dad López Urquizar–que, además de ser una amiga entrañable,
supo ser una de sus directoras de tesis y que, en palabras de
Luis, “me habilitó la vida en Granada. Viví en su casa, recibió a
mi familia y ahora cuando viaje nuevamente a España la voy a
visitar” (Audio de Whatsapp de Luis, junio de 2023).
Desde la ventana de su escritorio, tapado de libros, se
veía la Cuesta del Veleta, una de las montañas más altas
de Sierra Nevada en Granada. Me acogió en su casa a mí
y a mi familia. Mi hija aprendió a dividir con ella, yendo
a la escuela mientras Sonia y yo estudiábamos el doctora-
do. Uno de los primeros años de llegada a la ciudad, casi
siempre en invierno, nos preparó nuestro apartamento en
el que vivimos. Un oso de peluche sobre la cama de Ámbar
esperaba para recibirla en esa ciudad, aún desconocida.
Años después, volví con mi hijo menor–Octavio– para que
la conociera. El Albaicín no tuvo rincón que no conociera,
la fiesta de San Cecilio, la de la Cruz, la Semana Santa, las
Navidades y Noches Viejas con sopa caliente, los limones
de su patio lleno de malvones, el calor de la mesa estufa
que, metiendo los pies debajo del mantel que la cubría,
mantenía el calor corporal y afectivo. Fueron muchos
220. sgunda parte
años, casi no recuerdo cuántos. Volver a Granada me
retrotrae a las experiencias más vitales. El Paseo de los
tristes, las cuevas de los gitanos y, sobre todo, las visitas
todos los domingos a La Alhambra. Cada rincón está en
mí. Un domingo de lluvia fuimos juntos al Festival de Poe-
sía en La Alhambra, música y poesía para dar testimonio
del gran poeta Miguel Hernández. Emocionalidad en su
máxima expresión. Sin tener certeza por dónde ir en mi
tesis doctoral, en su escritorio de trabajo tomó un papel
y, casi como si fuera una artista, dibujó mi tesis: el tema,
el problema, los objetivos, la metodología estaban en ese
registro que defino como performático: seguridad, antici-
pación, compañía y profunda amistad fue lo que encontré
en Naty. Corría el año 1996. El 19 de abril de 2020, ya
jubilada desde hace mucho tiempo, en medio de la pande-
mia y queriendo tener noticias suyas, me escribe: “Tu voz
ha sido un rayo de luz en medio del embrollo que nos ha
traído el virus [...] A ver si cuando salgamos del encierro
me da por viajar, a mis años”. Y más adelante el mensaje
dice “Tú siempre serás joven porque tienes corazón limpio
y la cabeza clara. Y vales un montón”. Volver a Granada,
como si fuera Boabdil, resistiendo el reclamo de su madre
Aixa, me llama como si fuera un susurro incómodo y un
extrañamiento hipnótico que ya es hora de volver.
(Microrrelato Autobiográfico, Luis Porta, 2021)
Uno no es el mismo a la vuelta del viaje, decía Cecilia
Colombani. Esta afirmación le cabe perfectamente a Luis. Los
viajes lo encontraron y seguirán encontrando, viajar interna-
mente hacia uno mismo.
segunda parte .221
SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE: OCTAVIO
Puede haber sido una de las mañanas más calurosas de ese
verano. 16 de enero de 2003. “¡Ya está!”, dijo el médico, “¡No
quiere salir!, mañana haremos la cesárea”. Tu mamá solloza-
ba porque quería que nacieras por parto natural, pero vos no
querías salir de la tranquilidad de nadar en aguas tranquilas.
Siempre los brazos detrás de tu cuello, desde que te vimos en
la ecografía, y que supiste tener hasta hace muy poco. Si pa-
reciera que estabas pensando, reflexionando, adelantándonos
ya tus modos de ser y de sentir en el mundo. No dormimos
esa noche, todas nuestras esperanzas, miedos y fantasmas
estaban circulando. Y a las 8:20 de la mañana nos diste una de
las alegrías vitales más importantes de nuestras vidas. “¡Mire
esos ojos, Carlitos, ese niño será científico!”, era la conversa-
ción de tus abuelos Carlos y Oscar. No has parado, desde ese
momento, de descubrir el mundo y de hacernos descubrir
el nuestro, el mío por lo menos. Imparable descubridor del
mundo, inquieto, travieso y peligrosamente resbaladizo. Re-
flexivo ahora, respetuoso y sensible. Una estudiante, enterada
de tu nombre, me obsequió, entendiendo al regalo como
algo que se da como muestra de afecto, el cuento de Ana
María Shua, “Octavio, el invasor”, donde narra con particular
encanto la maravillosa experiencia del pasaje de transmigra-
ción, como si fuera una peregrinación del espíritu y alma
de un cuerpo a otro: “un cuerpo desconocido en un mundo
desconocido”. Has podido desarrollar la capacidad de empa-
tía. Como un aprendizaje vital, me has hecho volver sobre
dolores profundos, sobre la reconstitución de los tejidos más
segunda parte .223
abigarrados y sobre la posibilidad de tocar la fibra: intimidad
y proyección. Como el calor, el mar y el cielo. (Microrrelato
autobiográfico, Luis Porta, 2021)
Para Luis, Octavio ha sido, y es, principio y fin de todas las
cosas. Desde antes de su presencia, Luis lo soñó. Para nuestro
querido amigo la paternidad es la experiencia más importante
en su vida.
Octavio es el gran amor de mi vida, es mi motor. No sólo
para mi vida, también para mi análisis. Siempre me preo-
cupó mi ser padre. Dos vectores principales he confiado a
mi vida: yo con el mundo y yo como padre. He sido y soy
extremadamente cuidadoso en mi ser padre. (Entrevista a
Luis Porta, julio de 2023)
Como un nuevo nacimiento de ambos, aquel 16 de ene-
ro del 2003 se inauguró el vínculo de padre e hijo. Un viaje
afectivo y afectante que Luis siempre quiso emprender, que
disfruta cotidianamente y proyecta hacia el futuro con pasión
y amorosidad. Octavio en la vida de Luis no es sólo pasado y
presente, sino continuidad, futuro y legado:
La llegada de mi hijo pone en mí la necesidad de volver
sobre mi propia historia. Esto no tiene que ver con esa
idea de que los hijos curan a los padres. Es una apuesta
con mi propio deseo de volver a mí a partir de él, a partir
de su existencia… me hizo preguntar sobre el padre que
hubiera querido tener, o el padre que quiero ser para Oc-
tavio y que, en realidad, repongo en mis relatos y en mis
investigaciones, pero también repongo con él. De alguna
manera es pensar para qué estoy y quién soy en el mundo.
(Entrevista a Luis Porta, febrero de 2023)
Octavio, en mi vida, es amor. Es cotidianamente un don. En
una fotografía que me regaló para el día del padre, logró
224. sgunda parte
trasladar toda nuestra vida en una imagen. Como en una
secuencia sin tiempo, me las entregó en un sobre hecho
por él. Un profundo amor de donación, que no pide nada a
cambio. Que habla de mí, pero fundamentalmente de él y
de nuestro vínculo. En ese abrazo y esa felicidad ponemos
en juego una relación que trasciende el espacio, el tiempo
y tiene, en el centro de la escena, un respeto profundo
por el otro. Ese fue el regalo que mi hijo me trajo y es lo
más preciado que me pudo haber regalado, porque no
hay nada material que pueda suplantar esas fotos que me
donó. (Luis, conversación grupal, agosto de 2022)
Luis crió a Octavio para que sea libre. Lo dejó libre
siempre. Que haga lo que sienta. (Entrevista a Male,
junio de 2023)
Luis fue un tipo que se ocupó siempre de Octavio. Un pa-
drazo. Orgulloso de su hijo, lo apoyó siempre en todo. Una
de las cosas que más ama Luis es su hijo. Jamás lo escuché
criticar a Octavio delante de alguien. Lo crió para que se
coma el mundo, y eso fue Luis. Luis se comió el mundo
desde chico y así se lo transmitió a Oki. (Entrevista a Nina
y Nori, junio de 2023)
Octavio no sólo materializó el deseo más profundo de Luis
en su condición paternal, sino que es siempre una conti-
nuidad vital. Así lo expresa Octavio en la conversación que
sostuvimos el 2 de junio de 2023. Invitándolo a que asista el
encuentro con fotografías que resumiera la presencia de Luis
en su vida, eligió dos imágenes. En la fotografía entonces dis-
ponible, se los ve a ambos en el día de egreso de Octavio del
Colegio secundario “Arturo Illia” de Mar del Plata. La charla
comenzó por ese momento que marca un quiebre, un hito,
un disloque del tiempo y que condensa lo más hermoso del
vínculo que ambos forjan cotidianamente:
segunda parte .225
Yo había pensado traer dos fotos. Había pensado en dos
momentos, dos etapas de mi vida en que influyó e incide mi
viejo. La primera foto es la del día de colación del colegio.
Fue muy especial, después de haber atravesado la pandemia
y todo lo que vivimos, fue muy simbólico. Traje esta foto
porque tiene que ver con el presente y cómo veo mi relación
a futuro con mi viejo. En la secundaria me ayudaba siempre y
también lo hace en esta nueva etapa de mi vida, en la Facul-
tad. Me guió y me sigue guiando, siempre le consulto a él
sobre qué camino me conviene tomar, cómo hacer algo, o por
qué hacerlo. Además, también elegí esta fotografía porque
cuando yo tuve que dar uno de los exámenes para entrar al
Ilia tuve que decidir, o rendir el examen o ir al viaje de egre-
sados de la primaria. Y yo ahí no quería decidir, porque yo
quería las dos cosas.
Graduación de Octavio, 2021
226. sgunda parte
Fue él quien da la noticia de la decisión que habían tomado
mis padres, que era que tenía que rendir el examen. En ese
momento me puso mal, pero hoy se lo agradezco porque
cambió mi vida. Mucho de lo que soy hoy se lo debo al colegio
Illia; pero recuerdo que fue mi papá quien habló conmigo.
Y lo hizo de tal forma que no sentí tanto enojo, fue como
muy cercano. (Entrevista a Octavio Porta, junio de 2023)
Yo siempre quise seguir diseño urbanístico o gestión de pro-
yectos de urbanismo. Es una carrera difícil de encontrar, en la
UNGS se dicta la Licenciatura en Urbanismo y fue él quien lo
averiguó. Conversamos sobre la posibilidad de irme a Buenos
Aires y en ese entonces surgió la idea de estudiar Arquitectu-
ra. Nuevamente fue mi viejo quién me ayudó a ver planes de
estudio en todas las Universidades del país. Aunque finalmen-
te decidí quedarme en Mar del Plata y cursar la Licenciatura
en Geografía. Mi viejo estuvo siempre presente en todo este
proceso. Más ahora que estudio en la misma facultad en la
que él trabaja. (Entrevista a Octavio Porta, junio de 2023)
Al ser mi papá una persona tan reconocida, cuando entro a
la Facultad siento que tengo ojos en la espalda. Aunque ello
no pesa, hago mi carrera con tranquilidad. Nunca incidió ser
hijo de Luis o de Sonia. Y en otros contextos, es muy diverti-
do. De chico me divertía escuchar sus historias, conocer por
dónde viajaba, abrir los regalos que me traía y acompañarlo
en sus aventuras. Hoy comparto el día a día, que también
es muy divertido. Él me ha instruido mucho desde chico, él
me ha regalado una forma particular de ver, sentir y apren-
der el mundo. (Entrevista a Octavio Porta, junio de 2023)
En el devenir del relato emerge esta condición de continuidad
y de presencia. La conversación comenzó con una marca elegida
libremente por Octavio que refleja el lazo de unión entre ambos
más allá del tiempo. Una trama de amor que madura con el paso
segunda parte .227
de los días, con el crecimiento personal y profesional del hijo y
con el acompañamiento sereno e íntimo del padre. Nené y Carlos
también han sido fundantes en este vínculo. El espacio biográ-
fico tiene hilos sueltos que perturban la fuerza de la evocación
(Archuf, 2005); a partir de ellos podemos marcar temporalidades,
socialidades y territorialidades ancladas en recuerdos que ponen
en juego sensibilidad y creación:
(...) la emoción es una concatenación de cosas, eventos y
percepciones inconexas. Podríamos preguntarnos cómo es
posible la concatenación entre cosas que no tienen cone-
xión. ¿Existen filtros y redes que hacen que el organismo
humano sea sensible a los colores de las hojas de otoño, a
la ternura de un gesto o al sonido de una canción? [...] Una
concatenación conjuntiva no implica un diseño original
que deba ser restaurado. La conjunción es un acto crea-
tivo; ella crea un número. Dislocar sentidos y producir
movimientos sensibles infinito de constelaciones que no
siguen las líneas de un orden preconcebido ni se hallan
integradas en ningún programa. (Berardi, 2017: 19)
Profundizamos la conversación, recuperamos la otra fotogra-
fía que trae Octavio y emerge con potencia en el relato la forma
en la cual Luis acompañó la niñez, la adolescencia y la adultez de
su hijo, mostrando el rostro más sensible, afectivo y afectante del
vínculo entre ambos. Así lo narra Octavio:
Elegí esta foto porque marca el pasado de la relación. Y
me trae a pensar mi desarrollo como persona, como hom-
bre. Voy a ir y venir en el tiempo, mi viejo me lleva a eso.
Por ejemplo, yo le decía el otro día a mi psicólogo que un
recuerdo que me viene a la cabeza cuando pienso en mi
viejo es el día que me llama por teléfono y me dijo “tu
mamá me contó que estás de novio”. Le conté que sí, y me
dice “Felicitaciones”, que me cuide mucho y que la cuide.
228. sgunda parte
Muy cuidadoso de mí y de mi pareja. (...)
En un momento me empecé a complejizar con mi
cuerpo. Siempre hice terapia, y en la adolescencia mi
cuerpo cambió mucho. Lo que me gusta destacar es
que desde el principio me ayudó a aceptarme a mí mis-
mo. Desde chico, siempre me habló de que está bien
llorar, ser sensible, que el hombre no es que no llora,
no se ríe y no tiene sentimientos. Siempre vi eso en
él y me ayudó a reconstruirme. (Entrevista a Octavio
Porta, junio de 2023)
Esta presencia biográfica de Luis en la vida de Oki (como
él suele llamarlo) destaca una forma paternal sensible y
afectiva del ser padre, íntimamente vinculada a la condición
paternal en Luis. Gesta, es fecundo, abraza. El vínculo forjado
con Octavio es único e irrepetible, pero en él se condensa la
condición más profunda de Luis, su fecundidad, su sensibili-
dad y su posición de cuidado en el mundo:
Luis y Octavio, febrero de 2003
segunda parte .229
Tiene que ver con pensar mi propio proyecto de vida, porque
ese es mi proyecto de vida. Ser fecundo. Ahí está el anuda-
miento con la sensibilidad. Y que esa sensibilidad la he apren-
dido a cultivar. Ahí Oki es central. (Luis, conversación grupal,
agosto de 2022)
Hay unas coordenadas que resultan deliciosas compartir
sobre el vínculo filial de Octavio para con Luis, que podría
leerse como despegar la imagen del espejo (Porta, 2018).
¿Qué ve Oki de Luis en él y qué no?
Creo que me alejo en que él es mucho más sociable, tiene
más relaciones, es más extrovertido. Por ejemplo, en los
cumpleaños o en eventos es mucho más entrador y se siente
cómodo. Yo, quizás, soy más introspectivo, más retraído. En
eso me alejo. Creo que me asemejo mucho en el estudio. Me
gusta estudiar. Me gusta aprender. No tanto enseñar. No me
gusta enseñar, aprendo y estudio mucho para mí, para saber,
para descubrir cosas nuevas del mundo, pero no para trans-
mitirlo. Sí noto una diferencia más: si bien ha ido mejorando
y cambiando, yo me cuido mucho, y a mi viejo por ahí no le
gusta ir tanto al médico. O sea, no es tan cuidadoso con él
mismo como con los demás. Yo creo que de mí le he dicho
todo ya, pero sí me gustaría decirle que lo quiero y lo acepto como es.
Que no hay problema con nada, soy su hijo, (...) y siempre lo voy a amar
tal cual es. (Entrevista a Octavio Porta, junio de 2023)
Decía Luis en el microrrelato del comienzo del apartado que
una estudiante, enterada del nombre de su hijo, le obsequió el
cuento de Ana María Shua, “Octavio, el invasor”, donde narra con
particular encanto la maravillosa experiencia del pasaje de trans-
migración, como si fuera una peregrinación de un espíritu de un
cuerpo a otro: “un cuerpo desconocido en un mundo descono-
cido”. Volviendo sobre el mismo relato, cerramos este apartado:
“‘¡Qué divino!’, decían casi todos, y la palabra ‘divino’, que hacía
230. sgunda parte
referencia a una fuerza desconocida y suprema, le parecía a Octa-
vio peligrosamente reveladora: tal vez se estuviera descuidando
en la ocultación de sus poderes”. En lo que respecta a Luis, el prin-
cipal poder que ostenta Oki es y será siempre el del amor:
A Octavio lo esperé ansioso y deseante. El momento del
nacimiento de mi hijo es algo irrepetible. No tuve miedo.
Seguridad total. Es más, no tengo miedo con él y creo que
esa seguridad es la que me permite, de alguna manera, una
mejor relación con él y conmigo mismo. Él me salvó de mu-
cho, pero la verdad no es él quien me salvó, sino yo mismo a
través de él. (…) Yo aprendo mucho de Oki. A él le han pasado
momentos críticos en su vida, en los cuales he aprendido
a acompañarlo, porque él es “la” vida. (Luis, Conversación
grupal, agosto de 2022)
Octavio y Luis, invierno del 2022
segunda parte .231
LA METAMORFOSIS COMO CONDICIÓN
DE POSIBILIDAD Y GESTO ÍNTIMO
El lugar central que ocupa el análisis, el psicoanálisis
es fundamental para mi vida. Soy otro, producto de 20
años de psicoanálisis. Un trabajo que no puedo pensarlo
solo, sino en conjunto con mi analista, que nos ha enri-
quecido a ambos y que me ha permitido correrme de las
identificaciones que me dañaban. La valentía del trabajo
analítico me ha regenerado, ser yo mismo. Finalmente,
no responder al mandato o la mirada de los otros, sino ser
uno mismo. Durante muchos años trabajé esas represio-
nes (...) Un momento bisagra de mi análisis es cuando paso
de estar agobiado a estar sereno. De tener un edificio en
mis hombros a vivir más liviano. He pasado del agobio a
la serenidad. Hoy estoy sereno. Contento y sereno, triste
y sereno, complicado y sereno. He podido dejar atrás las
represiones para dar lugar a la serenidad. Una serenidad
que da el haber encontrado la verdad de lo que uno es y
desea ser. (Entrevista a Luis Porta, julio de 2023)
Nos decía Luis, en una de las conversaciones que tuvi-
mos, que “la vida tiene que ver con el doloroso proceso de la
mutación, de la metamorfosis y, con la condición de expe-
riencia sensible ya que, en esa mutación está la vida que
queremos, que sentimos, la vida que decidimos que sea, la
vida que deseamos”. Este capítulo buscó recuperar la sustan-
cia íntima de una vida fecunda, sagaz y sensible. Bucear en
los orígenes y pulsiones vitales y éticas de Luis que permi-
ten, a quien no lo conoce, comprender los complejos hilos
segunda parte .233
que entraman la experiencia sensible de la vida del protago-
nista y nos ayuda a comprender su posición en el mundo.
Este capítulo se construyó a partir de una polifonía de voces
que encuentra como vector principal el deseo de narrar a Luis,
desde las vivencias que los participantes tuvieron con él en
diversos momentos de la biografía de nuestro amigo y maestro.
Hemos optado por recuperar las más potentes en términos
personales y familiares.
Las conversaciones, entrevistas, encuentros y emociones
que me han tocado vivir para narrar la vida del maestro se con-
figuran en un particular gesto íntimo (Porta, Aguirre y Ramallo,
2023). La conversación biográfica, los registros autobiográficos
y la experiencia del investigador propicia las condiciones ne-
cesarias para que emerja la intimidad de la vida de los sujetos.
La conversación, así entendida aparece, estéticamente, como
una suerte de vientre que anida la condición de intimidad, la
transmuta en gesto concreto, la instaura, le permite re-existir
(Lapoujade, 2018). Esta obra, como gesto íntimo trae consigo la
intencionalidad de encuentro y la necesidad de un yo narrador
y de un tú que participa en esa narración, con la escucha y la
resignificación de lo escuchado. Cuando esas condiciones mate-
riales y simbólicas acontecen, lo íntimo adquiere sentido en
(…) ese elemento o ese medio donde un yo se despliega y se
exterioriza, pero sin forzarse, sin pensarlo –lo que en verdad
significa efusión. No se podría ser restringido, mezquino,
mediocre, cuando se accede a lo íntimo. Lo que entonces nos
hace descubrir lo íntimo, [...] no es nada menos que aquello
que de golpe, por la posibilidad que abre, desbarata la concep-
ción de un Yo-sujeto bloqueado en su solipsismo [...] Nos será
preciso avanzar más dentro de lo que no dudaré en llamar
lo inaudito de lo íntimo, tanto más inaudito en la medida en
que es discreto, para abrir con nuevo impulso, siguiendo ese
hilo, un camino hacia lo humano y hacia la moral, sondeando
el nosotros que esto nos descubre. (Jullien, 2016: 27)
234. sgunda parte
Hemos buscado atisbar parte de la condición íntima de la
vida de Luis. Re-componer la investigación educativa desde esos
gestos vitales amplifica la condición de humanidad en un mun-
do erosionado y necesitado de pequeñas-grandes historias que
busquen y encuentren otros sentidos para la vida. La narrativa
biográfica y autobiográfica aparece, desde nuestra perspectiva,
como refugio y como pasaje que nos remite a re-sentir forma-
tos y ontologías de investigación que condensan vidas, accio-
nes y prácticas de sujetos que pugnan por vidas sensibles. La
narrativa emerge así potenciadora de justicia narrativa y en un
continuo que remite a co-componer nuevos mundos: sensibles
y necesarios para la vida común. Es allí donde emerge la intimi-
dad como potenciadora de ese movimiento:
Más que investigador me reconozco como un buen escu-
chador y contador de historias. Me encantan las historias y me
gusta mucho contarlas. Soy curioso. Me interpela el mundo,
me pregunto por todo. Leo. Leo mucho de muchas cosas. La
literatura y el arte en todas sus formas me pueden. Es la entra-
da a nuevos mundos. Si bien hago un ejercicio que tiene que
ver con esta profesión, no pienso en la investigación separada
de la vida. La investigación tiene que ver con una búsqueda
biográfica, con exploraciones de sentidos en el mundo, no
tanto del oficio del investigador sino de lo que soy yo, siempre
haciendo lugar, componiendo parentescos, no dejando a nadie
atrás. Una posición afectiva y afectante de
cómo ver, cómo sentir, cómo hacer mun-
dos y cómo componer nuevos y posibles
futuros a partir de ellos. (Entrevista a Luis
Porta, mayo de 2023)
segunda parte .235
«Me reconozco como un buen escuchador
y contador de historias. Me encantan las
historias y me gusta mucho contarlas.
Soy curioso. Me interpela el mundo,
me pregunto por todo. Leo. Leo mucho
de muchas cosas. La literatura y el arte
en todas sus formas me pueden. Es la
entrada a nuevos mundos. Si bien hago
un ejercicio que tiene que ver con esta
profesión, no pienso en la investigación
separada de la vida. La investigación tiene
que ver con una búsqueda biográfica, con
exploraciones de sentidos en el mundo,
no tanto del oficio del investigador sino
de lo que soy yo, siempre haciendo lugar,
componiendo parentescos, no dejando
a nadie atrás. Una posición afectiva y
afectante de cómo ver, cómo sentir, cómo
hacer mundos y cómo componer nuevos
y posibles futuros a partir de ellos».
Entrevista a Luis Porta, 25 de mayo de 2023
VOCES 4
Cosas que te pasan cuando conocés a Luis
Luciana Berengeno62
Como muchas historias, esta es una historia que inicia
mucho antes, pero en este caso, creo que un buen co-
mienzo puede ser empezar por la mitad. Un día cual-
quiera, hace varios años atrás, comencé a participar en
Grupos de Investigación del CIMED de la Facultad de Hu-
manidades. Para mi agrado y sorpresa, las reuniones de
trabajo eran encuentros de afectos, espacios cuidados,
protegidos de la vorágine cotidiana, en los que las perso-
nas asistían con toda su humanidad a cuestas para pen-
sar y proyectar juntos diversas cuestiones. Una suerte
de refugio que aglutinaba desconocidos (al menos para
mí y en ese entonces) con intereses comunes. Esto viene
a cuento porque un rasgo de lo más curioso de aquellas
reuniones iniciáticas sucedió al momento de las presen-
taciones, prácticamente sin excepción todos los relatos
iniciaban con una misma frase inaugural: “cuando lo
conocí a Luis…”. Si quisiéramos hablar de fechas, supon-
gamos que esas reuniones tuvieron lugar en el 2018, y
para ese entonces tanto yo, como todos los que transita-
mos –por decir poco— por la Facultad de Humanidades o
de Arquitectura sabíamos perfectamente quién era Luis.
Si me preguntan a mí, podría decir que para quienes no
teníamos espacios de encuentros con él, su curriculum
62. Ayudante Graduada del Seminario de Investigación del Depar-
tamento de Ciencias de la Educación. Facultad de Humanidades,
Universidad Nacional de Mar del Plata.
segunda parte .239
lo precedía: profesor de la Facultad, referente indiscu-
tido de la investigación narrativa, gestor de carreras
universitarias y postítulos en la Universidad Nacional de
Mar del Plata, escritor prolífico, especialista en múlti-
ples áreas de conocimiento, y eso sólo para empezar.
Pero esta historia comienza mucho antes. Veinte
años antes, para ser exactos. Corría el año 1998, y por
una de esas casualidades de la vida en ese entonces
me encontraba cursando el Profesorado de Letras en la
Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de
Mar del Plata. Como muchos, ingresé a la Universidad
a mis jóvenes 17 años, y como muchos también, en ese
momento tenía un montón de ideas erróneas respecto
de lo que se trataba, y lo que significaba, la carrera por
la que había optado. Recapitulando podría decir que el
primer desacierto fue no poner atención al nombre com-
pleto de la carrera: “Profesorado en Letras” e ir solo por
las Letras, una desatención bastante de moda entre mis
pares de aquel entonces para quienes el futuro profesio-
nal era algo inimaginable, algo que nos quedaba lejísi-
mo. Pero como el mundo es generoso y no perdona, por
capricho del destino el año en que ingresé a la Facultad
fue el año en que se modificaron los Planes de estudio
del Área de la Formación Pedagógica de los Profesorados,
y quienes creíamos que debíamos transitar esas instan-
cias en el futuro (años anteriores el tramo pedagógico
sólo consistía en cursar dos materias en los últimos años
de la carrera), nos sorprendimos con la imposición de
tener que cursar seis materias del área para acreditar
el grado, iniciando la primera, “Problemática Educati-
va”, en el segundo cuatrimestre del primer año. En mi
grupo de estudio, la noticia fue recibida sin entusiasmo,
casi podríamos decir con descontento, y aunque por mi
parte sólo quería aprender a leer literatura, en el grupo
había aspiraciones bastante más sofisticadas. Pero casi
240. sgunda parte
ninguna iba por la docencia, aunque curiosamente nos
habíamos apuntado, sin pensar, a un Profesorado. El
punto es que cuando iniciaron las clases de la polémica
“materia nueva” todos esos prejuicios se fueron des-
armando a medida que transcurría la cursada. Esa fue
la primera vez que vi a Luis en acción, las clases eran
multitudinarias, participaban estudiantes de varios de
los profesorados, la burbuja en la que vivíamos en el
primer cuatrimestre se rompió, y eso también fue una
experiencia nueva. Luis llevaba las clases, creo que había
otros docentes, pero mi grupo y yo cursábamos con Luis.
Un guerrero, recuerdo que nos sorprendía ver a alguien
tan entusiasta con temáticas que inicialmente, para
nosotros, no representaban nuestro principal interés.
Había algo en él que contagiaba, generaba curiosidad,
abría una conversación. Era un profesor muy joven, eso
también lo diferenciaba. Cuando salíamos de las clases
hablábamos de él, de su magnetismo y de lo que había
dicho en la clase, en nuestro grupo discutíamos por
primera vez a la educación, compartíamos prejuicios,
ideales, anécdotas. A la distancia puedo decir que gracias
a él caímos en cuenta de que estábamos en un profesora-
do. Creo que Luis en sus clases hace eso, hace que te des
cuenta dónde estás, te invita a pensar cosas que no se te
hubieran ocurrido, que no sabías que te interesaban.
La vida siguió su curso y para mí marcó otro camino,
pero, casi diez años más tarde, y desde el otro lado del
mundo ingresé en la página de la Universidad Nacional
de Mar del Plata, estudié la oferta académica y encontré
una carrera “nueva”: la Tecnicatura en Gestión Cultural,
cuyo director era Luis Porta. Lo tomé como un guiño y
una garantía de calidad, compré un boleto de vuelta y
mi vida cambió una vez más. Ahí descubrí otro mundo,
ese tramo de la carrera era a distancia así que los espa-
cios de encuentro con los profesores se reducían a las
segunda parte .241
mesas de finales, en teoría. Pero en la práctica Luis y su
grupo organizaban constantemente simposios, jornadas,
congresos de los que participaban referentes del cam-
po de distintos lares. En esos encuentros se hablaba de
política cultural, de gestión de las organizaciones, de la
importancia de la ciudad, y del impacto de las acciones
concretas, situadas y, aparentemente pequeñas en la
configuración de realidades. Hoy sé que, en ese enton-
ces, Luis hablaba, enseñaba y escribía sobre gestión
cultural como no lo hacía nadie desde Latinoamérica. En
todo lo que proponía había un halo de lo inédito, y en
las clases, la bibliografía… dios que densidad, parecía
un universo inabarcable. Pasaron los años y en 2014 se
abría la Licenciatura en Gestión Cultural como comple-
mento curricular de la Tecnicatura, también impulsada
y dirigida por Luis; decidí inscribirme una vez más.
Lo que aconteció en esas aulas, en las que participaba
Luis, fue bastante impactante, no sólo por las opcio-
nes paradigmáticas de vanguardia que se presentaban
en las materias sino, y especialmente, por el modo de
presentación. Me acuerdo perfecto que Luis iniciaba sus
clases contando lo que se suponía que iba a pasar, luego
la clase transcurría y antes de despedirnos él retomaba
el plan original de la clase y lo repasada dando cuenta
de las desviaciones que había sufrido a propósito de las
intervenciones del grupo; daba la impresión de que no
se quedaba con nada. Por lo menos yo lo percibía así,
estaba fascinada por su generosidad y su capacidad de
síntesis. También me encantaba su predilección por la
literatura; siempre llevaba algún fragmento a propósito
de lo que se viera en la clase de alguna novela, poema o
lo que fuera que estuviese leyendo en ese momento. La
carrera finalizó y mi vida como la conocía también. Creo
que esa capacidad de Luis de compartir en tiempo real
lo que lo está moviendo, interpelando, emocionando
242. sgunda parte
es una apertura que convoca. Sé que es su generosidad
la que a muchos nos abrió, directa o indirectamente,
las puertas del mundo académico y eso es lo que hace
que quienes lo conocemos, a la hora de presentarnos
en espacios académicos, empecemos por decir “cuando
lo conocí a Luis”. Porque como dice Katherine Porter
“el pasado nunca está donde crees que lo dejaste.” Con
Luis son pasados que se actualizan, que vuelven como
gesto de agradecimiento hacia quien, de alguna pecu-
liar manera y en el mejor sentido, nos torció la vida.
Paula Gonzalez63
Mi primer recuerdo de Luis es en el Aula Magna, en
uno de mis primeros años como estudiante, en una
clase de Problemática Educativa. Me cautivó en aquel
momento su modo de analizar los materiales que
leíamos, y fue en aquel entonces que, a partir de los
“trabajos de campo” que se proponían en la materia,
se despertó en mí un profundo deseo de ser docente.
Al finalizar esa cursada, se acercó y me invitó a for-
mar parte de la cátedra como adscripta, algo que sin
duda marcó mi formación profesional. Fueron varios
los años en los que nos desencontramos (por mi pro-
pio recorrido vital) hasta que, con la reapertura de la
Licenciatura en Ciencias de la Educación, y posterior-
mente el Doctorado, volví compartir con él las aulas,
los espacios de intercambio, ese amor por la docencia
y la investigación que habían nacido allá por 2007.
63. Ayudante Graduada del Seminario de Investigación del Depar-
tamento de Ciencias de la Educación. Facultad de Humanidades,
Universidad Nacional de Mar del Plata.
segunda parte .243
A Luis,
Braian Marchetti64
La invitación a escribir para una publicación de la colec-
ción Pasiones sobre profesores memorables representó un
desafío de manera inicial, ya que no es una de las líneas
de indagación que haya trabajado en profundidad. Sin em-
bargo, al tratarse de Luis como profesor memorable sobre
el cual narrar su biografía, ese desafío se transformó en
una oportunidad para recuperar vivencias y experiencias
relacionadas con mis primeros pasos en la investigación
educativa, en una posibilidad de poner en palabras aque-
llos gestos y actitudes por los cuales me siento agradecido.
El texto que presento a continuación no está construi-
do a partir de una búsqueda de referencias académicas
que le otorguen un marco determinado, ni tampoco tiene
por objetivo formar parte de algún debate específico del
campo educativo. Por el contrario, su centralidad radica en
la construcción de una breve narrativa que, a través de mi
experiencia al iniciarme en la investigación educativa con
el acompañamiento de Luis, permite dar cuenta de su esti-
lo y sus características como referencia educativa y como
director de distintos proyectos de los que he sido parte.
Me gustaría comenzar por señalar la generosidad y la
apertura desde la cual he sido invitado a formar parte de los
proyectos de trabajo; esa virtud de Luis por construir espa-
cios en los cuales uno pueda realizar su aporte y formarse
se da en un marco de acompañamiento y contención que
brinda la libertad de crecimiento como parte de un equipo.
Desde el CIMED, y fundamentalmente en esta Colección,
64. Jefe de Trabajos Prácticos de Política Educativa del Departamento
de Ciencias de la Educación. Facultad de Humanidades, Universidad
Nacional de Mar del Plata
244. sgunda parte
siempre se ha enfocado en recuperar la pasión y los afectos
como constitutivos de la buena enseñanza y como aspec-
tos centrales sobre los cuales indagar en la investigación
educativa. Desde allí, como segunda cuestión, me parece
relevante señalar un gran rasgo de coherencia entre la
práctica como investigador de Luis desde este enfoque
y su praxis como director de equipos y proyectos. En la
construcción de ese vínculo aparecen claramente involu-
crados los sentimientos y las emociones al configurar una
preocupación por el otro, por sus situaciones personales,
que protegen y acompañan en el trabajo cotidiano. Es así
que los afectos y las emociones en la educación no sólo se
investigan, sino que se ponen en práctica en el día a día
desde la generosidad y la cercanía con la cual se construye
un vínculo que tiene su puerta de entrada en lo académico
y lo laboral pero que sienta sus bases sobre lo personal.
La construcción de ese vínculo configura también
una manera de pensar la educación y de acercarse a ella.
La narrativa como vía por excelencia para adentrarse
en la vida de las personas, en tanto sujetos que prota-
gonizan las prácticas educativas, expresa un camino a
seguir del cual no aparecen motivos para alejarse. De
esta manera, ese vínculo con Luis abre la puerta a la
indagación sobre las historias de vida, las experiencias
educativas, a recuperar los afectos y pasiones en la inves-
tigación, y fundamentalmente a la escucha, a configurar
nuestra práctica como investigadores en una práctica
de escucha de lo que nuestros entrevistados, esos suje-
tos protagonistas, tienen para decir. Voces, biografías
y prácticas constituyen así tres elementos inseparables
al momento de formar parte de un proyecto con Luis.
Por último, me interesa señalar sus características
al acompañarme dentro de la dirección y codirección
en distintos proyectos. En este caso, en lo que fue el
desarrollo de mi investigación doctoral, y en específi-
segunda parte .245
co la realización del trabajo de campo en el cual viajé
a realizar por primera vez entrevistas. Durante ese
trabajo de campo, llevé adelante el registro de la expe-
riencia en un diario autoetnográfico del cual comparti-
ré dos fragmentos que dan cuenta de la presencia y el
acompañamiento a la distancia de Luis en esa tarea:
(…) el diálogo sobre cómo iba cada entrevista, cómo
me había ido. Su actitud refleja el plural de cuando
hablo de “nuestra investigación”. Salir y saber que
podés mandar un audio y contar lo que sentís o cómo
te fue y las primeras impresiones, cómo continuar,
una duda, desde lo más sencillo y elemental hasta una
discusión profunda sobre cómo continuar el trabajo de
campo. (Registro autoetnográfico, 13 de mayo de 2018)
Como siempre, terminó la entrevista y le man-
dé un audio a Luis. Es prácticamente un acto re-
flejo, salir y mandar mi primera impresión a él,
cómo me sentí y qué obtuve o no de la entrevista.
Resulta fundamental saber que hay alguien pen-
diente de lo que uno está haciendo y que funcio-
na como respaldo y consulta permanente. (Re-
gistro autoetnográfico, 25 de mayo de 2018)
Compartir estos fragmentos me permite reafirmar
una vez más esa relación afectiva profesional que se-
ñalaba al comienzo sobre el estilo de acompañamiento
y de trabajo conjunto con Luis. Narrar mi experiencia
durante estos al menos seis años de trabajo compartido
describen a Luis a partir de su generosidad y fundamen-
talmente su coherencia entre aquello que investiga y
cómo lleva adelante sus prácticas educativas compues-
tas por el afecto y la pasión como formas vivenciales.
246. sgunda parte
Con mi querido Amigo-Maestro Luis Porta
Andrés Moliterno65
Hace más de veinte años que venimos fortaleciendo este
hermoso vínculo. Nos conocimos en el nacimiento de la
asignatura Problemática Educativa. A partir de ahí com-
partimos la cátedra juntos con la misma vocación y pa-
sión; con el correr del tiempo Luis pasó a ser más que un
jefe: mi referente y guía. Pido disculpas, porque con Luis
es imposible separar lo profesional de lo afectivo. Es de
esas personas mágicas que logran cautivarte, a través de
su fibra humana, su intelecto y apasionada vocación. Tra-
bajar con él durante tantos años me permitió ir creciendo
juntos, seguir aprendiendo de su extraordinaria evolución
profesional y en la escuela de la vida. Diría Giroux: Luis
es verdaderamente un intelectual transformador. Desde
que lo conozco, viene reivindicando y luchando a favor
de nuestra querida Universidad Pública: desde la igualdad
de oportunidades e inclusión a la diversidad, entre otras
tantas conquistas. Es por ello que a través de su praxis
nos sigue haciendo reflexionar. Dentro de las tantísimas
producciones científicas de Luis, también quiero destacar
la creación del Grupo de Investigación y su excelencia. En
este espacio, su rol de acompañamiento tutorial incondi-
cional nos permite seguir creciendo profesional y huma-
namente, la reapertura de la Carrera de Ciencias de la
Educación; siendo un hecho estoico y memorable. Como
Licenciado en Ciencias de la Educación nos llena de orgu-
llo y satisfacción a todo el conjunto de la comunidad edu-
cativa. Sería interminable seguir contando todo lo que ha
65. Ayudante Graduado de Problemática Educativa del Departamento
de Ciencias de la Educación. Facultad de Humanidades, Universidad
Nacional de Mar del Plata
segunda parte .247
hecho y sigue haciendo Luis por la Educación. Su persona
se caracteriza por brindarte todo y un poquito más, tanto
en lo profesional como en lo humano. Tengo anécdotas
inolvidables; pero elegí la más sublime para contarles.
Hace unos años tuve cáncer, estuve muy complicado y pe-
leándola mucho. Luis desde el comienzo de la enfermedad
nos acompañó y acompaña desde ese momento de manera
incondicional a mí y a mi amada esposa. En el proceso
de mi sanación, sigue siendo muy importante contar con
su apoyo, donde utiliza su magia y logra acariciarte el
corazón. Es por todo esto y mucho más que Luis es y será
siempre memorable. No sólo en mi vida, sino también
en la de muchos colegas de esta querida Universidad.
Es como ver bailar a Fred Astaire
Sebastián Trueba66
Cada vez que me preguntan cómo es Luis, cuento la mis-
ma anécdota que me parece que lo refleja fielmente.
En el 2010 se me había ocurrido organizar una serie
de charlas en el Instituto Superior de Formación Docente
Nº81 de Miramar, institución en la que hacía muy poco que
había empezado a trabajar. Cuando se lo comenté a una
compañera de otra escuela, me sugirió que le pida consejos
al papá de un alumno de primaria que trabajaba en la uni-
versidad y solía organizar eventos académicos. “El apellido
del niño es Porta”, me dijo. En realidad, no me entusias-
maba abordar a un desconocido para solicitarle consejos,
pero, al mismo tiempo, me daba vergüenza desestimar lo
66. Jefe de Trabajos Prácticos de Teoría de la Educación del Depar-
tamento de Ciencias de la Educación. Facultad de Humanidades,
Universidad Nacional de Mar del Plata.
248. sgunda parte
que mi compañera me había aconsejado, porque era muy
probable que me preguntara luego si lo había hecho. Esta
era una de esas situaciones en las que uno se arrepiente
inmediatamente de haber comentado algo, porque te
llevan a hacer otras cosas que evitarías, de ser posible.
Por ese motivo, a la hora de la salida me acerqué al
niño que me habían referenciado, le pregunté el nombre
y si el papá lo retiraría de la escuela, para no abordar a
un extraño otro. Esperé expectante sin perder de vista al
niño, hasta que un hombre alto se acercó a retirarlo. Me
aproximé comprendiendo lo extraño que era que una
persona, que dice ser un docente de la escuela secundaria,
a quien uno no conoce, se acercara a hablar a la salida de
la escuela por algo que nada tiene que ver con la escuela
o con su hijo. Para mi sorpresa, me escuchó con atención
e inmediatamente me dijo que si me parecía bien podía-
mos organizar unas jornadas académicas más grandes,
con conferencias, talleres, presentaciones de libros, etc.
y que él estaba dispuesto a ayudarme. Es más, me sugirió
que ingresara a la Especialización en Docencia Universi-
taria que él dirigía y me ofreció un pantallazo breve de
los temas de investigación que estaba trabajando. Fue
demasiada información, por lo que rechacé ingresar a una
carrera de posgrado (algo que aceptaría años más tarde),
pero me comprometí a organizar esas jornadas. Me pasó
sus datos, le pasé los míos, nos despedimos y mientras iba
hacia mi casa me preguntaba “¿a qué se habría referido
exactamente con lo de la organización de las jornadas?”
Nunca había participado de un evento de este tipo.
En septiembre del 2010, organizamos las “1º Jornadas
sobre Pedagogía de la Formación del Profesorado: prácticas
e investigaciones en el marco del bicentenario” con expo-
sitores de todo el país y del extranjero. Fue un evento que
revolucionó la ciudad de Miramar y me abrió las puertas
al mundo académico, a los grupos de investigación y las
segunda parte .249
publicaciones. Sin embargo, lo que más rescato de esa ex-
periencia, es la manera generosa con la que Luis se ofreció
a ayudar a un desconocido. Esa actitud me marcó mucho
y en gran medida me hizo ser la persona que hoy soy.
Con una mirada retrospectiva, puedo reconocer en
esa conversación a la salida de la escuela un punto de
inflexión en mi vida; nada volvió a ser lo que era y, en
un mundo tan egoísta y superficial como el que estamos
viviendo, actitudes como la que Luis tuvo ese día para
conmigo poseen una potencia inimaginable.
Lo más extraño es que es muy frecuente encontrarme
con gente que relata historias similares, que son cons-
cientes de los efectos de tus decisiones y te están agrade-
cidos por ellas. ¿A cuántas personas les cambiaste la vida,
Luis? y ¿cuántos de nosotros le cambiamos la vida a otros
por seguir tu ejemplo?
Algo que suelo decir para definirte es que verte atravesar
las vidas de los demás es como ver bailar a Fred Astaire, algo
que aparenta ser tan simple y natural, pero que es suma-
mente extraordinario en el mundo académico y en la vida.
En nombre de todos los que fuimos afectados por
vos, ¡gracias!
Luis es un amigo y maestro excepcional
Boris Chumbi67
Como el Principito dijo, “Es el tiempo que pasas con tu
rosa lo que la hace especial”. Conocí a Luis durante uno de
los seminarios de mi programa doctoral en la Universidad
67. Profesor en la Universidad de Cuenca, Ecuador. Rector del Con-
versatorio Superior José María Rodríguez de Cuenca, Ecuador.
250. sgunda parte
Nacional de Rosario en el 2018. Nos encontrábamos a la es-
pera en el aula de la Facultad de Humanidades y Artes de la
UNR para iniciar el seminario de Taller de Tesis 1, cuando
un caballero alto y serio con un aire de doctor entró.
A pesar de su rigor académico, Luis comenzó su labor
de una manera muy amigable e inyectándonos una dosis
de confianza, lo que puso de manifiesto la experiencia
de ser docente y el grado de conocimiento que posee.
Hay muchas cosas que podría decir sobre él, pero lo más
significativo que quiero mencionar es su dedicación y
experiencia como mi tutor de tesis doctoral.
En medio de mi doctorado y después de haber comple-
tado seis seminarios, me embarqué en un nuevo viaje con
mayores expectativas de cumplir un sueño. En el segun-
do día de clase con el Dr. Porta, me sentí fascinado por
su habilidad para enseñar investigación. Luis consiguió
cautivarnos con su forma de explicar, asociar, relacionar e
inferir los conceptos y definiciones de esta cátedra.
Emocionado por la forma en que se abordaban las
temáticas, consideré oportuno hablar con mis colegas
ecuatorianos para invitar al maestro a dar tutorías en
nuestro país. Con mi naturaleza horizontal, me acerqué
al Dr. Porta durante el descanso de la clase y le pedí que
nos ayudara con los temas de investigación. Fue invitado
por el Conservatorio Superior “José María Rodríguez” y
se planificó para realizarlo durante el mes de agosto.
Después de organizar el viaje con los 14 asistentes a
los talleres personales, el Dr. Porta llegó a Ecuador en un
sábado caluroso, como siempre en Guayaquil. Después
de almorzar en “MARCELOs”, un restaurante típico de
la urbe, nos dirigimos a Cuenca. A pesar del cansancio,
pude notar que estuvo impresionado por el paisaje frío y
selvático que comenzaba al tomar la cordillera de los An-
des y el recorrido por el Parque Nacional del Cajas. Ya en
Cuenca, para abrigarnos y antes de que se instalara en el
segunda parte .251
hotel, decidimos tomar un café tradicional de la ciudad
que se acompañaba con tamales.
Un viaje inesperado
El hotel donde se hospedaría ofreció sus instalaciones para
las reuniones que comenzaron el domingo, en un itine-
rario establecido que incluía un conversatorio general al
grupo en dos jornadas de trabajo para dar a conocer los
temas de manera general, y a partir del lunes, con Luis se
organizaron tiempos para establecer orientaciones en rela-
ción a los temas de investigación que cada uno tenía plan-
teado. Como parte de la hospitalidad local, pudo disfrutar
de diferentes restaurantes y salones de la ciudad durante
los desayunos, almuerzos y cenas. Tuve la oportunidad
de conocer a Luis como amigo, profesional y ser humano
grandioso y generoso con sus conocimientos y sabiduría.
En estas charlas, habló con orgullo y añoranza sobre
su hijo, el amor que se tenían, cómo se acompañaban
a pesar de la distancia y las actividades que realizaban.
Visitamos el balneario natural de roca volcánica “Piedra
del agua”, donde disfrutamos de la piscina y un exquisito
desayuno. Después, nos dirigimos a otro destino, en este
caso sería Chordoleg, donde pudo admirar las famosas
joyas de plata y el trabajo manual de la filigrana con artes
que representan la flora y fauna del lugar. Pasamos por
Gualaceo, donde pudimos disfrutar de su gastronomía y
el famoso hornado elaborado con cerdo cocido en horno
de leña, acompañado de rosero, una bebida elaborada con
harina de maíz y fruta picada.
Por la noche, cenamos junto a mi esposa Andrea en
“Tiestos” Restaurante compartiendo una charla amena y
filial. Luis comentó que había hablado con la directora de
tesis que acompañaría a mi esposa a la vez que me decía
que él mismo sería quien estaría asesorándome en mi pro-
yecto de titulación, lo cual me causó mucha satisfacción y
252. sgunda parte
temor a la vez de no fallar al gran investigador que estaría
guiando mi camino. Su estadía en Cuenca llegaba a su fin;
ya había pasado una semana en el acompañamiento tuto-
rial con su bagaje de conocimientos y sus aseveraciones
oportunas para motivar nuestros avances.
Luis cumplió su objetivo académico y social como un
honorable profesional y, para su regreso a Argentina, lo
acompañé de retorno a Guayaquil donde tomaría su vuelo.
Me quede con el cariño sembrado, la amistad fundada y
con un director de tesis excepcional.
Ahora era una amistad
En septiembre regresamos al último seminario que tu-
vimos en Rosario; nos encontraríamos nuevamente con
Luis. Un espontáneo, fuerte abrazo fraterno se dio en ese
momento. Taller de Tesis II sería nuestro nuevo seminario
y, gracias a la asesoría personalizada que recibimos ante-
riormente, pudimos consolidar temas y protocolos para
presentarlos como proyectos de tesis. Luis dejó una huella
profunda en nuestros corazones, y por ello con un grupo
de ecuatorianas – Maggy, Julia y Ámbar - no quisimos per-
der la oportunidad de disfrutar de las tertulias en ambien-
tes más amigables, mientras degustábamos la gastronomía
rosarina y disfrutábamos del paisaje del Malecón del Río
Paraná, con Luis, Jonathan y José.
Al final del seminario, culminamos el protocolo para
entregarlo en fechas posteriores.
Hacia un solo objetivo
Desde que recibí la aceptación del protocolo, comen-
zamos a caminar juntos hacia nuestro objetivo. En este
camino, tuve la fortuna de conocer a Luis Porta, quien se
convirtió en mi amigo, camarada y parte de mi familia. A
pesar de las exigencias académicas, científicas y de escri-
tura, Luis siempre manejó la amistad y la dirección de mi
segunda parte .253
tesis con ética. Su guía fue de gran ayuda durante sus viajes
al Ecuador como veedor de los procesos de Evaluación de
la Educación Superior en mi país y como asesor de tesis
doctorales en instituciones de educación superior en Qui-
to, Guayaquil y Manta. En estas ocasiones, pudimos encon-
trarnos en persona con el amigo, el hermano, el maestro,
el tutor, para discutir mi proceso y avance investigativo.
Fue un reto mutuo, especialmente debido a la pande-
mia COVID-19 que nos afectó emocionalmente. La distancia
nos abrazó en momentos de separaciones, soledades, aban-
donos, vacíos, tristezas, desapegos e incluso desamores. Sin
embargo, siempre estuvo presente la solidaridad de la escu-
cha y motivación. Muchas de nuestras charlas no se enfo-
caron en lo académico, sino en nuestros sentimientos más
profundos, como la pérdida de seres queridos y la enferme-
dad. En este contexto, la amistad se convirtió en una her-
mandad y Luis demostró tener un corazón enorme y muy
sensible. Me sentí honrado de poder devolverle el favor y
ayudarlo a sobrellevar la situación personal que atravesaba.
A pesar de todo, nunca perdimos el rumbo y el ob-
jetivo común. Los acompañamientos virtuales y las co-
municaciones oportunas estuvieron siempre presentes
para continuar con nuestro trabajo de investigación. Luis
demostró un profesionalismo constante, dando orientacio-
nes sistemáticas, adecuadas y avanzadas al estudio.
Un sueño logrado
En la actualidad, el hombre que conocí como el Dr. Luis
Porta ha desaparecido. En su lugar, ha surgido Luis: mi
amigo, mi hermano que vive en Argentina, quien me ha
apoyado en numerosas ocasiones, un modelo a seguir y
una persona admirable a la que me enorgullece llamar mi
amigo incondicional.
254. sgunda parte
Luis Porta: un profesor y su memorabilidad conversada
María Victoria Crego68
Si me preguntas cómo me defino, cómo me presento. Como un
narrador, alguien a quien le gusta escuchar y contar historias que se
retrotrae a “las marcas de infancia”
Testimonio de Luis Porta
“Profesores memorables”, categoría generada por el Dr.
Porta y su equipo de investigación, tiene ya 20 años viajando
por la literatura pedagógica nacional e internacional. Puede
decirse que ha realizado un recorrido riquísimo, merced a lo
potente que ha resultado su andar. Una categoría nativa que
se ha profundizado, que ha podido desplazarse y ha permiti-
do las aperturas para que la investigación cualitativa a través
de la narrativa autobiográfica despliegue toda su hermenéu-
tica. Esta categoría se despliega a partir de las biografías de
esos docentes poniendo la lupa en “la buena enseñanza”.
Es de la mano de Luis Porta que esa disidencia para
investigar en educación proporciona el giro hermenéu-
tico que permite poner en juego dimensiones otras para
investigar a los profesores memorables en sus buenas
prácticas de enseñanza. Esta línea de investigación genera
la condición empática que hace que el investigador está
siendo parte de esa experiencia. La intersubjetividad como
apuesta no tiene que ver con “sensiblería” a la hora de
escribir los relatos y sólo circunscribir estas experiencias
narrativas a simples casos autorreferenciales o personales,
sino más bien a “sensibilidades exquisitas”.
68. Ayudante Graduada de Práctica Profesional del Departamento
de Ciencias de la Educación. Facultad de Humanidades, Universidad
Nacional de Mar del Plata.
segunda parte .255
Fotografía de Luis abrazando a Octavio y un muñeco de LaMeni abrazando
su rincón entre otros sagrados.
La dimensión emocional y afectiva, esfera poco estu-
diada en el campo educativo, aparece como una mirada
de borde. Los memorables suelen ser intelectuales, con
un enorme sentido de la responsabilidad social de su rol
en el aula y en la vida del otro, y del otro en su vida. Aquí
se pone en juego la trilogía en la que se posiciona Luis
Porta y el grupo: vida-pasión-enseñanza. Y por ello resulta
memorable, que se fue construyendo en la medida que esa
joven categoría tomaba su propia forma y volaba su viaje
de vida. Esa generosidad del maestro que propone el movi-
miento inicial para que ese conocimiento pueda abrirse y
manifestarse en la mayor cantidad de dimensiones posi-
bles. Nos abrió las puertas de su casa y compartimos ese
territorio personal, ya que ingresar a su hogar resulta un
viaje a su centro, a su ser. De hecho, se desnuda cándida-
mente ante a quien ingrese. Sus paredes, muebles, obras
de arte que inundan el espacio iluminado. Plantas, colores
que desbordan de alegría. Mensajes ocultos encriptados
256. sgunda parte
en objetos, que invitan a la observación y la contempla-
ción. Un rincón de amuletos mágicos listos para cualquier
ritual. Lámparas que esbozan la idea de rizomas y obras de
arte que insisten con la repetición obsesiva de las marcas
de infancia. Uno no termina de saber si está hablando con
un narrador, un investigador, un artista o cineasta, porque
él es memorable en todas sus dimensiones, siempre todo
lo piensa en términos colectivos.
Postales de Yayoi sobre la ventana del escritorio del Dr. Porta en su
vivienda personal
Cada metro cuadrado, incluso los techos te invitan a
reflexionar. Todo parece ser rizomático y te traslada a pe-
queños mundos que reflejan sentido en sí mismos. Adoro
los placeres simples, porque son el último refugio de lo
complejo dice nuestra maestra Susan Sontag.
segunda parte .257
Lámparas del techo
258. sgunda parte
Luis
Ximena Magalí Villarreal69
Mitos y leyendas urbanas envuelven la imagen que nos
creamos de él. Imaginaciones colectivas que configuran
un aura, como la de una obra de arte en constante inter-
pretación, más allá de las épocas y las audiencias. Algunxs,
tensionan y disputan su creación, otrxs la abrazan como
herederxs de un andar que puede y debe expandirse; otr-
xs, como yo, que recién nos acercamos a estas orillas, cele-
bramos encontrar una comunidad que no sólo potencia la
educación como disciplina que merece y debe ser recono-
cida, sino que se ocupa de pensarla como un ambiente,
69. Profesora en Artes Visuales. Estudiante de la Licenciatura en
Ciencias de la Educación, UNMdP.
segunda parte .259
donde se entraman narrativas, sensibilidades y poéticas.
Cuanto más transito el enorme e inalcanzable camino de
la ACADEMIA, más valoro este movimiento ético-estético
que Luis impulsa. Dentro de un espacio asfixiante, decidió
dar lugar a otras voces que cuentan sus historias entre pu-
pitres y tizas, imágenes cocidas y por delinearse, poemas y
poetas que se enredan con citas, gestando yuxtaposiciones
que configuran texturas. Marcas encarnadas de vidas que
hoy toman protagonismo.
Escritorio de Luis, fotografía de la autora
En esta caótica mezcla, incoherente para quienes no
pueden, no logran o no quieren ver más allá de los cuadra-
dos teóricos, disciplinarios, categóricos y absolutistas, Luis
creó un continente de educadorxs hambrientxs por cruzar
fronteras, volver a los gestos cotidianos, a los sueños reple-
gados, invitándonos a recuperar del arte su condición de
estado creativo, proceso y posibilidad de resiliencia, como
praxis que permite pincelar otros futuros pedagógicos. Hoy,
muchas maestras ocupan un espacio en la Universidad, pro-
fesionalizando su trabajo, dando valor a su empiria micro y
cotidiana. A golpes de cartulinas de colores, fibrones,
260. sgunda parte
cuadernos y amores didácticos nos vamos haciendo un
lugar entre las duras teorías y perspectivas, a las que les
cuesta admitir que las docentes, las docentes de los bordes,
las que llegan embarradas, con los guardapolvos mancha-
dos, llenas de catarsis, utopías y discursos radicales, dis-
putemos un lugar de reconocimiento dentro de los muros
académicos. Parece asustar la insistencia fundamentada de
volver sobre nuestras narrativas, sobre nuestros ejercicios
creativos, sobre las citas que nos son amistosas y no au-
toritarias, y desde las cuales construimos conocimientos.
Parece asustar el empoderamiento que damos a nuestras vi-
das, liberando una mirada estética oprimida y apartada del
ejercicio profesional. Entonces, me pregunto si tanto temor
no nos está hablando de un movimiento político radical, de
una democratización del derecho al estudio y de un impul-
so ya infrenable de crear.
segunda parte .261
La apertura de la Licenciatura en Ciencias de la Edu-
cación, gestada desde este posicionamiento, es un doble
hecho democrático. Si Eduardo Rinesi nos habla del dere-
cho, acceso y permanencia en la Universidad de lxs hijxs
de lxs trabajadorxs, Luis y su equipo, nos habla y enseña
del derecho, acceso y permanencia a la Universidad de las
trabajadoras de la educación, y ese es un orgullo que no
puedo permitirme guardar. Un acceso que se convierte
en abrazo, para quienes no sobreviviríamos en la frialdad
e inmensidad de esos pasillos si no tuviésemos un lugar
seguro al cual volver, es decir, si no pudiésemos hablar
262. sgunda parte
desde nuestras propias heridas. No es mi intención roman-
tizar estas líneas, pero sí darles el color y calor genuino de
una acción que es política y poética. Porque esta comuni-
dad no solo comparte ideas, sino intimidades que cobran
vida en la cocina, mientras ponemos la mesa, cortamos
un pastel o servimos un vino. Una vez más me apasiona
nadar en una aparente mezcla, juzgada bajo el mandato
de la coherencia. Tal vez sea allí donde nos encontramos
a quienes nos encanta des-bordar, a quienes no tenemos
remedio porque no podemos trabajar sin sentir, ni sentir
sin traducirlo en una acción, potente, como micro gesto
capaz de crear otro mundo (im)posible.
Hoy se trata de reconocer y agradecer.
Borges, Yayoi y la fiesta del salchicha; fotografía de la autora
segunda parte .263
«El gesto estético como modo de inmersión
me permite salir de mí mismo, sujetos
que sufren, sienten y viven y que, desde
la percepción de la mirada, extienden
los sentidos, mixturan y entremezclan
una suerte de “extensión mundana
y material de nuestro cuerpo».
Luis Porta, julio de 2023
TERCER A PA RTE
R ESONA NCIA S
EDUCACIÓN PARA LA VIDA:
UN IMPERATIVO ÉTICO Y ANTROPOLÓGICO.
RESISTENCIA Y PODER.
María Cecilia Colombani70
Cuando recibí la invitación para escribir un artículo que
rindiera homenaje al Dr. Luis Porta, sentí una enorme ale-
gría. En primer lugar, por la convocatoria, la cual implica,
desde mi criterio y deseo, una cierta pertenencia al grupo
de afectos que Luis ha sabido tejer. En segundo lugar, por
su propia alegría, que es también la mía. La trayectoria aca-
démica de Luis merece este gesto que, en mi caso, es antes
que profesional, afectivo.
Esa trayectoria ha privilegiado algunos objetos de estu-
dios innovadores y particulares en el marco de los ámbitos de
investigación tradicionales. La relación de la praxis educativa
con la memoria como soporte del afecto, con las biografías
existenciales, con las narrativas docentes, con el pathos que la
enseñanza implica, con la presencia del cuerpo como herra-
mienta de transmisión de los saberes, hablan de un modelo
de instalación en la praxis que roza cuestiones de orden ético,
político y antropológico. Creo que su vasta trayectoria y los
grupos de investigación que ha formado se inscriben en una
circulación del saber donde el reconocimiento del Otro como
par antropológico resulta capital a la hora de comprender su
deseo de producir los saberes, y, desde este legar, su produc-
ción transgrede los límites de lo meramente educativo.
70. Profesora Titular de Filosofía Antigua. Universidad Nacional de Mar del
Plata. Ha formado parte de las investigaciones del GIEEC como profesorado
memorable elegida por sus estudiantes desde el año 2008 hasta la actualidad.
tercera parte .269
Pensando en Luis escribí este humilde texto que le dedico
de corazón a corazón, porque sé que así lo recibirá. Espero
que esta letra lo represente.
Luis es un militante de la educación y conoce bien las
reglas del juego: sin afecto, no hay aprendizaje, ni modo de
llegar e interpelar el rostro del Otro.
Al amigo, que trabaja incansablemente por reunir la praxis
educativa y los afectos.
La pérdida del territorio
¿Qué significa educar para la vida? ¿Por qué la educación
parece ser un tema de problematización socio-educativa? ¿Por
qué la problemática transita por un andarivel político? Nos
proponemos interrogar la situación presente para, a partir
de tal interrogante, pensar en un esquema de acción posible
desde la perspectiva de la “positividad del poder” y del rol
de lo que Foucault denomina el “intelectual específico”. Este
es el intersticio que hemos elegido para hacer pie. Pensar la
práctica educativa como un campo de batalla, como un suelo
de resistencia, ya que la actual coyuntura histórica devuelve
la imagen de la educación de ciertos segmentos sociales en
estado de vulnerabilidad, lo cual condice con las imágenes de
otros espacios (vivienda, salud, trabajo precarizado, violencia
de género), también en estado de vulnerabilidad social.
Entendemos la praxis educativa, como una acción política,
en tanto productora de algún efecto posible.
Lejos de sostener el criterio de la asepsia educativa, soste-
nemos que todo trabajo como educadores, en este caso como
educadores para una vida más digna, resulta un espacio fecun-
do para problematizar la realidad, como el primer intento de
alguna acción-transformación posible.
Entendemos, pues, la práctica vinculada a los juegos de
poder, exactamente en el punto donde el poder, en tanto
270. tercera parte
productor de efectos, atraviesa la totalidad del cuerpo social,
jóvenes y adultos, educadores y educandos.
La tarea es ver en qué medida la educación es un bien social
y ver por qué su atención, resguardo y cuidado constituye una
prioridad política en el marco de un tejido social vulnerabiliza-
do, marcado por la precarización del lazo vinculante; desde este
horizonte, queremos proponer algunas reflexiones de matiz an-
tropológico tendientes a pensar el impacto de tal precarización
sobre la educación entendida como bien y ver cómo la educación
para una vida más digna antropológicamente puede restaurar en
cierto sentido ese imaginario de fuerte fragmentación.
Proponemos pensar en qué medida la praxis educativa pue-
de contribuir a la tarea de reconstrucción social, a partir de la
jerarquización de la vida como motor de toda acción.
Preguntarnos por el tiempo presente es problematizar la ac-
tual coyuntura histórico-antropológica. La marca dominante, en
tanto huella significativa, es la pérdida del territorio, entendida
como pérdida del lazo vinculante, sostén de toda práctica social,
y como pérdida de la dignidad del hombre, progresivamente
des-afiliado de su núcleo antropológico.
Proponemos pensar la precarización del espacio antropoló-
gico, en el marco de la pérdida. En ese horizonte, quizás sea la
pérdida de la educación como bien aquello que primariamente
más impacta sobre el hombre. Entendemos por pérdida la falta
de sostén igualitario para su preservación.
Efectuamos estas consideraciones a la luz del pathos, senti-
miento, de la pérdida. Conocemos la peculiaridad de la coyuntu-
ra por la que atravesamos jóvenes y adultos, niños y viejos, tran-
sidos por una misma experiencia existencial, donde la huella de
la vulnerabilidad parece comprometer nuestra instalación en el
mundo, nuestro ser en el mundo.
El tema que nos ocupa es ver cuáles son las consecuen-
cias antropológicas que se producen ante la pérdida de ese
espacio, en la amplia gama de horizontes de significación,
que intentamos recorrer.
tercera parte .271
En este contexto, debemos pensar en la precarización y
fragilidad del lazo social o aún, la pérdida del mismo, como
aquello que inaugura una nueva configuración socio-antro-
pológica. La fragilidad del entramado social supone un debili-
tamiento de la edificación del sostén, donde no se percibe el
qué, la obra, sino que se desdibuja también el para qué de la
acción. Es allí, en ese entramado colapsado donde se inscriben
la salud, el trabajo, la vivienda y la educación.
Educación y recuperación social
Creemos que el enclave de la educación impacta directamente
sobre este horizonte. Hay una relación estrecha entre educa-
ción y dignidad antropológica. La educación otorga un cierto
espacio de seguridad, resguarda de la vulnerabilidad en que
vastos segmentos cayeron por los efectos socio-políticos por
todos conocidos. Educar para la vida es un intento de revertir
los procesos de inseguridad que la vulnerabilidad arroja. Des-
plegar el dispositivo político adecuado que asegure ese objeti-
vo se inscribe en el reconocimiento del otro como persona. Es
el punto donde la cuestión política impacta en una cuestión
existencial. El diseño de políticas educativas tendientes a la
protección de la misma implica reconocer al Otro como por-
tador de ese bien; implica revertir los procesos de invisibiliza-
ción y silenciamiento del Otro; es la apuesta de neutralizar los
procesos de desaparición del Otro en el marco de un modelo
político que parece mostrar su lado más salvaje.
Tener educación, poder conservarla porque existe el entra-
mado institucional que lo permite, a partir del pertinente dis-
positivo político que vele por ella, es tener una cierta categoría
como persona, en la perspectiva de poder preservar un bien que,
como sujetos nos pertenece. El cuidado de la educación como
bien primario y primero vehiculiza esa posibilidad de ser un
hombre digno porque es sentirse dueño de su bien más preciado.
272. tercera parte
Este es el seno mismo de la problematización que pro-
ponemos porque la pérdida-fragilidad del dispositivo que
garantiza la conservación del bien pone a los sujetos en un
espacio sin espacio, en un no lugar, como geografía del ano-
nimato, un tiempo sin tiempo.
Recuperar el cuidado-atención de la educación es sentir
que la vida constituye ese bien deseado. Educar es devolverle
al Otro la preocupación por una vida que vale la pena ser vivi-
da. Sólo cuando la vida en su totalidad se cotiza como un bien
las sociedades se robustecen.
Se trata de una empresa ética tendiente a redesplegar las
protecciones; en un primer momento, la mínima protección
del re-conocimiento del Otro en su peculiar coyuntura antropo-
lógica. Reconstruir el espacio solidario como modo de religar la
cohesión social es un modo de evitar el riesgo de la caída en la
precariedad y la vulnerabilidad, individual y social. Educar es
terapéutico, en el sentido de cuidar-cuidarse. Cuando despliego
las redes de protección del Otro, cuando lo cuido, me cuido, en
tanto co- partícipes de una realidad que nos atraviesa.
Hay un proyecto amoroso de cuidar y enseñar a cuidarse
porque se trata del derecho a vivir dignamente.
Cuidar y enseñar a cuidarse reconstruye el espacio social
en la medida en que fortifica la calidad existencial de los
sujetos. Desde esa perspectiva es una acción política, ya que
genera transformaciones. Ayuda a reconstruir el soporte
material para devenir un sujeto digno y ello se da a partir de
garantizar un mínimo de protección. La solidaridad del mode-
lo político garantiza ese mínimo.
El término latino solidaridad evoca el adjetivo solidus y éste
hace referencia a lo macizo, firme, estable, seguro. Se trata de
afirmar y asegurar el lazo para no desestabilizar aún más el pro-
pio paisaje existencial, para no ahondar la brecha de la fisura.
El desafío histórico parece convocarnos a gestar políticas
de inclusión que prevengan la precipitación en los márgenes,
a construir proyectos colectivos que neutralicen la creciente
tercera parte .273
tendencia a la fragmentación. Para ello, creemos que el ge-
nuino foco de problematización es la recuperación del ethos,
actitud, modo de vida, manera de vivir, solidario y fraterno, y
es allí donde debe jugarse el destino de cada uno de los agen-
tes que constituyen el sistema.
Se trata, más bien, de un enorme desafío de construcción,
donde el deseo de recuperación del Otro y su reconocimiento
como sujeto ha de ser el motor de la gesta. Maestros, educa-
dores en general no hacen sino contribuir al despliegue de
un dispositivo político que recupere la idea del nosotros, para
que la educación devenga bien social. Ese es nuestro espacio y
nuestro tiempo como agentes comprometidos en la construc-
ción de un modelo más equitativo.
La escuela, la universidad, el aula, no son sino espacios
políticos de construcción de un cierto ethos, en tanto bien
o asunto común y el cuidado de la educación como bien se
inscribe en ese ethos.
El campo semántico del término griego ethos nos devuelve
un horizonte riquísimo: morada o lugar habitual, residencia,
hábito, costumbre, manera de ser, pensar o sentir. La empresa
no es otra que la de reconstruir una morada que albergue una
manera de ser, pensar y sentir, una manera de vivir donde la
vida ocupe un lugar privilegiado, donde la vida se cotice en
alza, devenga un objeto deseado de ser protegido. Este es el
verdadero objeto de la energeia educativa.
Refundar el espacio solidario es refundar el tiempo de la
dignidad de las personas, como modo de resistir la desespe-
ranza que acarrea la fragilidad del lazo vinculante y el descui-
do de la educación que iguala a los sujetos como bien.
La reconstrucción, articulada en el dispositivo políti-
co que garantice la idéntica posibilidad de acceso, tanto a
la educación, como a la atención continua que la misma
requiere, representa un intento de positivizar el proceso de
subjetivación, ya que robustecer la idea de sujeto constituye
un primer intento terapéutico.
274. tercera parte
La solidaridad es terapéutica. Tomamos el término en la
singular marca semántica del verbo therapeuo, que no sola-
mente significa curar. Therapeuo significa cuidar, atender,
cultivar, tratar de conciliarse. Este campo de significación roza
el corazón mismo del concepto de solidaridad. Ser solidario es
una forma de cuidar al otro, al par antropológico, cuidado que
retorna en el gesto mismo de fundar un albergue común, una
red de contención, exactamente en el momento de una fuerte
retracción de los derechos sociales.
Cuando las instituciones “terapéuticas” (en el sentido
aludido) parecen haberse replegado, cuando los espacios
subjetivantes por excelencia como la escuela, entre otros, en
tanto espacios de educación-protección igualitaria se hallan
fuertemente colapsados, a partir de la demanda que el propio
sistema genera por su propio colapso, es esperable que apa-
rezca el juego resistencial.
Los educadores constituyen la clave de la resistencia, en la
medida en que constituyen las piezas privilegiadas de con-
tacto con esa población que espera revertir sus procesos de
vulnerabilidad socio-antropológico.
Educación, ética y política
Pero la tarea es siempre compartida y conjunta; de lo con-
trario, puede resultar la fórmula de un verticalismo inoperan-
te, que no haga más que aumentar la brecha y vulnerabilizar
aún más la fragilidad del soporte.
Sólo la solidez del soporte podrá evitar la fuerte tendencia
a la atomización y fragmentación.
La tarea resistencial consiste en reconstruir el sentido que
recupere el protagonismo de la vida como valor deseado y
de la educación como medio para restablecer el sentido. Hay
muchas maneras de perder la vida sin morirse. En socieda-
des fuertemente vulnerabilizadas o que han sufrido fuertes
tercera parte .275
procesos de desintegración como la nuestra, la vida suele ser
un bien depreciado. Algunas vidas cotizan en alza y parecen
valer más que otras: aquellas que de algún modo han sabido
ubicarse y sostenerse al interior del proceso aludido, que nos
ha sorprendido con sus aristas más salvajes. Otras vidas, fuer-
temente desterritorializadas del sistema educativo, productivo
o de salud, parecen estar atravesadas por la falta como nota
dominante: la falta de trabajo, de salud, de educación, de
vivienda, de oportunidades de sentirse “persona”, categoría
antropológica, no conocida por el lenguaje del INDEC.
Sin un sistema sólido de prevención-atención de la educa-
ción la vida vale poco. Esto es un anclaje político y es el epi-
centro de la tarea resistencial. Comprender la propia práctica
como práctica política es restaurar al concepto de educación
su valor patrimonial.
La resistencia suele comenzar por un lugar poco habitual:
el asombro. El asombro también es terapéutico. Nos cura del
narcótico de lo habitual, de lo familiar y cotidiano, de aquello
que toma la apariencia de lo normal y natural. No es normal
ni habitual la precarización antropológica, la vulnerabilidad
del soporte material que nos territorializa como sujetos.
Se trata fundamentalmente del asombro por la situación
que nos atraviesa; no se trata de un asombro ingenuo, sino de
aquel que hunde sus raíces en el dolor y se pregunta por las
causas y las consecuencias de una cierta situación compartida.
Asombrarse frente a una determinada realidad implica re-
pensar por qué somos lo que somos y porqué hemos llegado a
ser lo que somos; se trata de analizar cuáles fueron las causas
para estar cómo estamos.
Y es desde este suelo desde donde pensamos lo que Mi-
chel Foucault llamaba la función del intelectual específico,
desde donde pensamos nuestro propio e ineludible compro-
miso como educadores, agentes de promoción de alguna for-
ma de vida mejor y más digna, porque es, desde allí, desde
donde se puede intentar, una gestión posible. Y la gestión no
276. tercera parte
es otra que la recuperación de la solidaridad, como horizon-
te de la construcción colectiva.
Instalarse como un sujeto comprometido en los espacios
específicos de acción (universidad-escuela-cátedra) significa
problematizar la realidad desde el humilde lugar que el siste-
ma nos reserva, intentando recuperar ante todo el sentido de
la vida como ese bien compartido.
La gesta no es otra que la reconstrucción del tejido social;
por ello, la tarea consiste en diseñar estrategias institucio-
nales de recuperación e integración a esa urdimbre, como
primer cimiento para otras recuperaciones e inclusiones.
Pero no hay tarea ni estrategia posible si no hay plena
convicción del valor de la vida y de la educación como bienes
que nos pertenece. Cuidarla, enseñar a conservarla, propi-
ciar los medios para su atención, inscribirla en un circuito
de protección es el primer reconocimiento para una gesta
política en consecuencia.
La utopía es recuperar el espacio ético-antropológico
como espacio político, el espacio del cuidado, del propio,
como sujeto que se hace cargo de su compromiso social, y
del otro, que desde su rostro interpela.
La dimensión ética supone saber escuchar la realidad y
saber escuchar al otro. Aquellos que han quedado por fuera
del sistema educativo, entre otros tantos afueras, son extran-
jeros en su propia tierra. Hay una primera recuperación de
ese otro como extranjero que implica el gesto solidario de
saber de él, de acompañarlo en el sitio en el que ha quedado
arrojado por las desventuras de un sistema salvaje que expul-
só sujetos como quien se deshace de cosas en desuso.
Ahora bien, el hilo conductor de la presente propuesta
nos devuelve la dimensión política de la educación, como
una herramienta privilegiada de cambio.
La tarea que se nos impone es pensar entonces la solidari-
dad entre educación y cambio y educación y transformación.
tercera parte .277
El gran desafío es ver que, en el juego de la fragmenta-
riedad, la resistencia consiste en encontrar los intersticios de
acción y resistencia. El topos educativo, como lugar de morada
antropológica, debe convertirse en un territorio intersticial,
en un campo de acción-reacción, donde se despliegue una
acción creadora, reconstructiva, liberado y crítica; constituye
el micro-espacios de poder desde donde se pueda gestar un
proyecto colectivo, que sacuda la inercia individualista para
pensar en un proyecto de más largo alcance.
El gran desafío de la educación para la vida es su capaci-
dad movilizante para acompañar la movilidad de un proyecto
de país, que parece inscribirse en el escenario de la urgencia.
Lo que urge es la actitud-apuesta del educador para trans-
formarse y así dar respuestas a una realidad que lo interpela
desde su dolor y fragmentación. Se trata de saber responder
históricamente, porque la realidad impacta de diferentes
formas. El sujeto y la institución, como espacios de instalación
política, constituyen los espacios de la respuesta, devenida en
acción creadora, inscrita en un juego de interacción, donde
las respuestas tendrán que ver con la estrategia.
Educar para la vida. Retornamos al comienzo. La huella eti-
mológica del verbo latino educare, que significa “nutrir”, “alimen-
tar”, nos sitúa en una tarea multicausal que incluye otros inters-
ticios más allá de una configuración meramente intelectual.
¿En qué sentido aparece esto vinculado con el hecho edu-
cativo? Hay algo del orden del crecimiento cuando uno nutre,
educa. El hecho educativo-terapéutico es un gesto nutriente, que
no se agota en impartir conocimientos. Se trata de una lógica
generosa: se nutre con afectos, se educa con la apuesta de cons-
truir desde el afecto, esto es desde el reconocimiento del otro.
La respuesta parece encaminada a repensar la noción de
“bien común”. El proyecto colectivo y el proyecto de país
consecuente deben propiciar la pertenencia de los sujetos
a una comunidad, a partir de la vida como objeto preciado
de cuidado. El asunto común que hay que administrar es la
278. tercera parte
vida, la vida, el derecho a la misma como objeto de la praxis
educativa, la vida dignificada por una red de sostén que la
haga digna de ser vivida, como núcleo antropológico que
instala al hombre en el mundo.
Como sostuvimos, nuestra función frente al otro es polí-
tica, y es política en tanto comprometida. El compromiso es
procurar y fortalecer el bien común, y el bien común implica
velar por la integración de lo múltiple, a partir, sobre todo
del impacto brutal de los procesos de desterritorialización
acontecidos en estas latitudes.
No obstante, el primer desafío vuelve a resolverse en ges-
to ético-antropológico. El paso inaugural de la integración es
recuperar el rostro del otro, silenciado, invisibilizado, desa-
parecido, como modo de darle presencia en el propio espacio
existencial; iluminar, con su presencia, la mutua instalación
en un suelo compartido.
El tema es encontrar los intersticios de acción. El impacto de
la globalización es haber homogeneizado la realidad, sin consi-
derar las particularidades. Es una nueva forma de imperialismo
tardío, donde se perdió la respuesta históricamente situada. Se
ha perdido de vista al “otro” que, históricamente situado, es “ver-
le el rostro”. Si no se ve, si el otro entra en un cono de sombra, a
partir de la silente invisibilización, no acertamos en la respuesta.
La noción de bien común es inclusiva, reúne lo múltiple
en una dimensión donde la apropiación de bienes como la
educación, retorna en procesos de integración y en la devolu-
ción de la vida a su registro de dignidad antropológica.
A partir del marco precedente y como modo de articular la
teoría y la práctica, proponemos ciertos aspectos de considera-
ción insoslayable en lo que constituye el proyecto de forma-
ción profesional, a partir de la solidaridad entre el proyecto
educativo y el proyecto político.
-Comprender el fenómeno educativo dentro de un entra-
mado sociocultural más amplio.
-Efectuar lecturas críticas del propio rol como profesional.
tercera parte .279
-Elaborar diagnósticos como punto de partida de cierta
praxis transformadora.
-Tomar conciencia del rol como agente socio-político, in-
serto en una problemática que compromete su accionar.
-Comprender la multidimensionalidad de la tarea educa-
tiva, en particular su intersección con la problemática ética,
antropológica y política.
-Comprender que el rol que nos compete como topos
existencial debe interpretarse a partir de la dimensión ético-
política del mismo y asumir un compromiso personal frente a
la praxis, como modo de construcción colectiva.
-Comprender la solidaridad entre Ética, Antropología y
Educación como marco general de la praxis.
Sólo algunos puntos que hablan del compromiso insoslaya-
ble ante la realidad en la que estamos insertos, para que, desde
ese punto de instalación, se piense la propia responsabilidad
como sujeto ético, capaz de responder por y con sus propios
actos, y la responsabilidad por el otro, en tanto “ser con”.
El compromiso es saberse comprometido en una respues-
ta, una forma de estar instalado en el mundo, de darse un
“domicilio existencial”, y, como no hay sujeto aislado, es saber
que el otro espera también una respuesta, para hacer del
mundo una morada, un albergue simbólico, el lugar de un en-
cuentro, de una confluencia, exactamente en la huella semán-
tica del término griego symbole, confluencia, convergencia.
El compromiso se articula en respuesta situada. Si hay,
aún, alguna llamada para responder es porque no todo está
hecho y el tejido no es compacto. Esta es la dimensión política
del pensamiento en el marco del pensamiento foucaultiano,
donde el pensamiento aparece como una caja de herramien-
tas, capaz de operar sobre la realidad.
De allí que todo saber responde a una arquitectura políti-
ca. Esto aleja definitivamente la utopía de un saber aséptico,
neutral, que pueda permanecer al margen de la configuración
histórico-social y de la estructura ideológica.
280. tercera parte
GESTOS BOTÁNICOS Y ESCRITURAS
SENSIBLES: LA NARRACIÓN COMO
ESTRATEGIA VITAL
Isabel Molinas71
(…) preparar los encuentros con
lo vivo, trabajando en otro estilo
de atención (algo así como una
disponibilidad a las maneras
de estar vivo).
Baptiste Morizot, 2020
Resonancias, derivas y una biblioteca compartida
Con Luis Porta diseñamos un proyecto que denominamos “Río
y Mar, tal para cual”, espacio de encuentro a partir de múlti-
ples referencias que hacen foco en la formación docente y en
la investigación educativa pero que la trascienden. Río y Mar
ha sido el marco propicio para ensayar maneras de pensar-
sentir-estar vivxs juntxs que desafían los formatos de la clase,
la conferencia o el artículo académico, entre otros. Un poco en
broma, un poco en serio, hemos ido tejiendo una urdimbre de
resonancias de diversa procedencia que, no sólo es la materia
de nuestros encuentros, sino también es un horizonte de expe-
riencias: “fluencia literaria, visual y sonora que deviene mun-
dos, posibles y deseados” (Molinas y Porta, 2023:42).
71. Profesora Titular Introducción a los Estudios Literarios de la Lic. y
Prof en Letras de la Universidad Nacional del Litoral.
tercera parte .281
Entre las Universidades Nacional del Litoral (UNL) y Mar del
Plata (UNMdP) compartimos la admiración y el reconocimiento
por maestras memorables, cuyas enseñanzas implícitas y explí-
citas hoy guían nuestro trabajo. En ocasión de la presentación
en la UNL de Una enseñanza orientada al desarrollo de la creatividad
de Alicia W. de Camilloni (2021), Luis se refirió a los efectos de
la imaginación, la curiosidad y el conocimiento en tanto puer-
tas de la creatividad: “de una creatividad puesta en otros y de
procesos imaginativos que dan cuenta de los pasados que nos
constituyen, los presentes que nos alientan y los deseos que nos
reconstituyen” (Porta, 2021).
Aprendizajes sensibles, pasionales y prospectivos, que nos
llevan a pensar en los alcances de aquella agenda, contextua-
lizada y construida solidaria, empática y colaborativamente
a mediados de los 90. Al respecto, la publicación de Corrientes
Didácticas Contemporáneas, libro que reunió los aportes de Alicia
Camilloni, María Cristina Davini, Gloria Edelstein, Edith Litwin,
Marta Souto y Susana Barco, con prólogo de María Saleme, en
1996; Las configuraciones didácticas. Una nueva agenda para la ense-
ñanza Superior, de Litwin, en 1997, y La evaluación de los aprendi-
zajes en el debate didáctico contemporáneo, con textos de Camilloni,
Celman, Litwin y María del Carmen Palou, en 1998, son algunas
de las obras de referencia a las cuales siempre volvemos.
Un programa de trabajo que, sin lugar a dudas, se consti-
tuyó en el núcleo de un campo de conocimientos en construc-
ción, de una didáctica que nos convocó a pensar más allá de “la
inmediatez de las prácticas, a reconocer las tramas de sentidos
que las sostienen, a batallar siempre con las respuestas cerra-
das sobre el enseñar, el aprender, la formación, la experiencia
educativa y los saberes que los sujetos de la educación ponen
en juego” (Baraldi et al., 2023:11). Un capital que entrecruza
miradas y dimensiones de análisis con un rasgo singular como
constante: cada texto es la escritura de una clase de un semi-
nario (Camilloni et al., 1996:9), cada escrito está guiado por una
intensión explicativa y dialógica, cada aporte se piensa como
282. tercera parte
sustancial, pero al mismo tiempo como provisional, porque se
espera poder reescribirlo en ocasión de una nueva clase, en un
próximo seminario.72
De este enunciado extenso de temas, retomo uno que en
el pensar y el hacer de Luis ha tenido y tiene un lugar protagó-
nico, aunque no excluyente: el método como categoría central
de la Didáctica (Edelstein y Rodríguez, 1974), su problematiza-
ción en términos de ‘construcción metodológica’ (Díaz Barriga,
1991, 2009; Edelstein, 1996, 2011, 2023) y sus implicancias
cuando profundizamos en una ‘didáctica de autor’ (Litwin, 1995
y 2008; Porta, 2015). Contenido central de sus clases y proble-
mática nodal de sus indagaciones bio y autobiográficas sobre la
labor de maestrxs memorables (Porta, Yedaide y Álvarez, 2013;
Porta y Martínez, 2015a y 2015b.; Porta y Álvarez, 2018; Porta y
Ramallo, 2019; Porta, 2021) y sobre la necesaria atención a ese
modo singular en el que los relatos nos afectan (Porta y Yedai-
de, 2017; Porta y Suárez, 2021; Porta y Aguirre, 2023, entre
otros valiosos aportes).
Investigaciones que lo llevan a acuñar la categoría de
‘expansión biográfica’, a partir de la cual da cuenta de un
“modo de conocer, ser y saber anclado en la performativi-
dad de los textos y las vidas” (Porta, 2021:33-34). En este
punto, la investigación narrativa se convierte es escena de
72. En la presentación de Corrientes Didácticas Contemporáneas, sus au-
toras hacen referencia al seminario homónimo de la Maestría en Didácti-
ca de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
En 1996, con su generosa participación, también se crea la Maestría en
Didácticas Específicas de la Facultad de Formación Docente en Ciencias
(hoy Facultad de Humanidades y Ciencias) de la UNL. En la UNMdP en
1997 se aprueba el Plan de estudios de la Especialización en Docencia
Universitaria (CEDU) que comienza en 1998 y se crea la Maestría en
Docencia Universitaria en 2003. “La creación del GIEEC, también en 2003
puede pensarse procesualmente como un resultado de la primera cohor-
te de la CEDU y con el involucramiento de Luis en y para el crecimiento
del campo disciplinar específico en la UNMdP” (Aguirre, 2023).
tercera parte .283
formación y las pretendidas fronteras entre investigación,
formación y vida se diluyen:
Narrar vidas reflexionando sobre el lugar que ocupamos allí
quienes las narramos y animarse a recoger la intimidad que
habitamos son, en sí mismas, experiencias de formación.
Experiencias educativas, aprendizajes que ubican a la inves-
tigación en el aprender y no solo en el enseñar (61).
Dentro y fuera de las aulas, en el ámbito del Grupo de
Investigaciones en Educación y Estudios Culturales (GIEEC) de
la UNMdP y más allá de él, en un amplio territorio, en nuestro
país y en el extranjero, Luis ha contribuido a trazar mapas y a
establecer afectos duraderos. Su trabajo integra, traduce y co-
munica discursos, materialidades, lenguajes y sentidos plurales,
con un entusiasmo sin igual:
Nuestras investigaciones tienen la característica de no pen-
sar el campo educativo cerrado, sino en la cultura abierto,
dinámico y flexible. Ahí reside uno de los aportes funda-
mentales: no compartimentar el campo y no perder de vista
su integralidad. Hay, en este punto, aportes personales,
estéticos y políticos desde la perspectiva en la que miramos
nuestros objetos. La categoría de “expansión biográfica”
(Porta, 2021) da cuenta de esta posición que anuda cuestio-
nes metodológicas y temáticas en torno a la investigación
narrativa, biográfica y autobiográfica en educación. (Porta,
Ramallo y Aguirre, 2023:4)
Como parte de estas búsquedas compartimos su interés por
la dimensión estética en el campo educativo, desde una pers-
pectiva que hace foco en la experiencia (Dewey, 1916; 1925;
1934/1980 y 1838; Camilloni, 2013) y se nutre de los textos e
imágenes que entretejen nuestras vidas. De allí que, cada nue-
vo seminario, tal como lo aprendimos de nuestrxs maestrxs,
284. tercera parte
ha sido un espacio dialógico, la ocasión para enunciar nuevas
preguntas, escribir nuestras lecturas (Barthes, 1970 [2004]) y,
sin darnos cuenta, iniciar una biblioteca compartida que conec-
ta Litoral con Mar del Plata y hace lugar a un intercambio de
dones. Al encontrarnos leyendo el mismo libro, El don. El espíritu
creativo frente al mercantilismo, de Lewis Hyde (1979 [2021]) pusi-
mos en palabras una práctica que espontáneamente habíamos
iniciado hacía un tiempo: “Nos sentimos más unidos a alguien
cuando sus dones nos estimulan, y lo que nos conmueve, más
allá del don en sí, es la promesa (o el hecho) de la transforma-
ción, la amistad y el amor” (129).
De allí que procuremos que cada nuevo encuentro se selle
con un presente que sólo en parte y por algún tiempo será
nuestro, porque “el don se desplaza en un círculo, su movi-
miento escapa del control del ego personal, de manera que
cada portador ha de ser miembro del grupo y cada donación
es un acto de fe social (55). La circulación de los dones está
en directa relación con el entusiasmo. Una referencia biblio-
gráfica que se elige y se comparte con amor es un don, la
imagen que seleccionamos como puerta de entrada poética
para un seminario es un don, un objeto personal del cual nos
despojamos después de una clase –¿recuerdan el gesto del Sr.
Bernard, maestro de Albert Camus, cuya historia leemos en
El primer hombre (1994)?—es un don73, el envío postal de un es-
tudiante de posgrado agradecido por los cantos de los pájaros
que compartimos una calurosa tarde de noviembre por zoom
también es un don74. En palabras de Hyde: “la circulación de
los dones nutre esas partes de nuestro espíritu que no son
73. Litwin lo retoma en su conferencia “La tecnología educativa en las
prácticas de los docentes: del talismán a la buena enseñanza”, del 2do.
Congreso Internacional de Educación de la Universidad Nacional del Li-
toral, realizado en Santa Fe, septiembre de 2004: “(…) Hojas brillantes de
la metodología en la que se mezclan la poesía, los olores, las mariposas y
los mapas. Y también la emoción” (2004: 87).
tercera parte .285
por entero personales (…): son un legado del que se nos ha
hecho depositarios. Alimentarnos donando el incremento
que estos espíritus nos han traído es aceptar que nuestra
participación en ellos trae consigo la obligación de preservar
su vitalidad” (87). Quizás este sea el motivo, la VIDA, por la
cual fuimos construyendo entre Litoral y Mar del Plata, con
la complicidad de artistas y librerxs amigxs, un corredor de
libros, de pinturas en pequeño formato, de cerámicas, de pos-
tales y de experiencias en las que compartimos ese pedacito
de río y mar en el que habitamos y nos habita.
De los bienes preciosos de nuestra biblioteca elijo uno:
La cosmopolítica de los animales de Juliana Fausto (2023). En su
Introducción, la autora retoma aportes de la filósofa ecofemi-
nista Val Plumwood, quien nos invita a ser capaces de “pensar
diferentemente” y “hacerlo en el hilo de una conversación
de Donna Haraway con Virgina Woolf: Think we must! We must
think!” (13). Exhortación que Fausto escucha y performa: “con-
vencida de que sólo por medio de encuentros multiespecíficos
situados con otros es posible urdir políticas cósmicas y no ex-
terminadoras, propongo un buceo en los ojos de otros animales
no humanos” (16).
74. Al finalizar el seminario Estética. Itinerarios de lecturas y de viaje, del
Doctorado en Educación Formación en Investigación Narrativa y (Auto)
biográfica en Educación de la Universidad Nacional de Rosario (Segunda
clínica, UNMdP, noviembre de 2022), el Prof. Marcelo Ferrari comparte
por correo postal un ejemplar de ¿Qué tenés para darle al mundo? COM-
POSICIONES POÉTICAS. Alumnos en Libertad en contexto de encierro, el
cual reúne escritos de alumnas y alumnos de la Tecnicatura en Economía
Social para el Desarrollo Local del Instituto de Formación Docente y
Técnica N.º 20 de Junín (B), Anexo Unidad Penitenciaria N.º 13 (Ejemplar
único, 2T, 13/13). En la esquela que lo acompaña retoma una cita de
“Las existencias menores” de David Lapoujade (2017 [2018]) y agrega:
“Con este pequeño aporte, al intercambio de dones, quiero compartir la
felicidad de aquellas y aquellos que por un momento vislumbran cuánto
tienen para darle al mundo” (M.F., 27 de diciembre de 2022).
286. tercera parte
En su Introducción Fausto nos propone un desafío concep-
tual y experiencial, metodológico y político, multidisciplinar
y multiespecífico, que nos ayude no sólo a pensar de un modo
diferente, sino también a cultivar en conjunto “artes de vivir
en un mundo damnificado” (14), expresión que retoma de la
antropóloga Anna Tsing. El libro finaliza con un capítulo titu-
lado Outsiders en el cual enuncia algunas conclusiones que nos
interesa retomar por su contenido programático, en referencia
a la Sociedad de Outsiders (Woolf, 1938 [2020]:106), por su ‘carác-
ter de borde’ para volver a pensar nuestras aulas (Litwin, 2008:
117) y por la ‘marginalidad creadora’ que combina especialida-
des contiguas e integra discursos de diferentes disciplinas en
dominios híbridos (Dogan y Pahre, 1991 [1993]:11).
Hibridación que se construye en “las orillas de una disci-
plina, en la intersección de ésta con otras disciplinas” (30), y
pone en evidencia la necesaria y urgente recomposición de los
territorios académicos, sus implicancias políticas y la relevancia
de expandir nuestras aulas, talleres y laboratorios más allá de
los edificios escolares. Animados por estos propósitos, hicimos
foco en la experiencia del paisaje natural, desde los aportes de
la denominada ‘renovación de la estética’ (Schaffer, 2000 [2005];
2004 [2018]) e incorporamos la pregunta sobre ciertos modos de
atención inspirados en la sensibilidad de los seres vivos (Des-
pret, 2019 [2022]) y sus efectos en la delimitación de territorios
habitados y sentidos. En este punto la ‘sabiduría del jardinero’
(Clément, 2004 [2021]) y la evidencia de la continuidad y mutua
determinación entre especies (Coccia, 2020 [2021]:17), nos llevó
a interesarnos en lo que, provisoriamente, hemos denominado
con Luis ‘gestos botánicos’ como irrupción de la vida sensible
en la educación. Retomamos el término gestos de la lectura
que Lapoujade (2017 [2018]) realiza de los aportes del filósofo
Étienne Souriau (1943 [2017]).
Irrupciones estéticas y botánicas que ponen de manifies-
to posiciones epistemológicas disruptivas, en tanto formas
sensibles, metodologías y materiales de ‘nuevo tipo’ (Litwin,
tercera parte .287
2008:117) que se vuelven constitutivas de una determinada
manera de concebir la investigación. En los des-bordes del
campo educativo, con la intensidad fenoménica de las estéticas
contemporáneas, con los aportes de una filosofía de las cien-
cias que busca restablecer los vínculos entre especies (Latour,
2015 [2017]; Haraway, 2016 [2019]; Despret, 2019 [2022], 2020
[2023]; 2022 [2023]; Fausto, 2023; Morizot, 2018 [2020], 2020
[2021], 2021 [2023]; entre otros aportes) y la creatividad como
horizonte de nuestro trabajo (Camilloni, 2021), nos propusimos
estudiar las afectaciones sensibles producidas por la inclusión
de gestos estéticos y botánicos en la investigación educativa.
Para ello, fuimos al río y, lectores fervientes de la poesía de
Juan L. Ortiz, comprendimos que al regresar ya no éramos los
mismos, porque nos atravesaba un río:
Fui al río…
Fui al río, y lo sentía / cerca de mí, enfrente de mí. / Las ra-
mas tenían voces / que no llegaban hasta mí. / La corriente
decía / cosas que no entendía. / Me angustiaba casi. / Quería
comprenderlo, / sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
/con sus primeras sílabas alargadas, / pero no podía.
Regresaba / -¿Era yo el que regresaba?- / en la angustia vaga
/ de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas. / De
pronto sentí el río en mí, / corría en mí / con sus orillas
trémulas de señas, / con sus hondos reflejos apenas estrella-
dos. / Corría el río en mí con sus ramajes. / Era yo un río en
el anochecer, / y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí. / ¡Me atravesa-
ba un río, me atravesaba un río!
(Ortiz, 1937 [2020]:123)
Y también fuimos al mar y, lectores apasionados de Victo-
ria Ocampo, experimentamos las mutuas implicancias entre
literatura y vida:
288. tercera parte
Al comienzo de mi vida, descubrí que el arte era un desaho-
go; después, descubrí que era una manera de aprehender
y ordenar mi mundo interior. No sé lo que es el arte por el
arte. Sé lo que es la vida por la vida. Y el arte para la vida,
o traduciendo la vida. No sé escribir novelas ni cuentos,
porque nunca invento. Todo lo que vivo es una invención
de la que no puedo escapar. No sé tampoco quién me ha in-
ventado pues no siendo alguien capaz de inventar, alguien
está inventando en mi lugar. Alguien me está inventando
(Ocampo, 2003 [2007]:103).
Lo que sigue es la narrativa de una experiencia que
compartimos en el Litoral, acompañada de una reflexión
sobre la expansión y redefinición de los laboratorios para
la investigación educativa. Escrita en primera persona, la
inscribimos en una serie de textos que, a la vez que se opo-
nen a la pretensión de verdad, defienden el punto de vista
de una subjetividad interpretativa (Herschberg Pierrot, 2010
[2023]:12). Y al mismo tiempo, nos hacemos eco de esa marca
vital que distingue los escritos de David Abram (2010 [2021]),
de Baptiste Morizot (2020 [2021]) y de Nastassia Martin (2021
[2023], entre otras voces.
Litorânea
Luis cumple años en diciembre. ¿Cómo celebrarlo? ¿Qué
ofrecerle? En aquellos últimos días de 2022, en los que la
copa del mundo y el esperado triunfo de la selección argen-
tina eran tema de conversación casi excluyente, le propuse
compartir la experiencia de la naturaleza en la Litorânea pro-
funda, a pocos kilómetros de la ciudad de Santa Fe. Viajamos
por la Ruta 1, llegamos a San José del Rincón y seguimos
camino hacia Arroyo Leyes. Avanzamos un poco más allá por
la misma vía y luego nos adentramos en el cauce del Paraná
tercera parte .289
por caminos de arena clara que, al bifurcarse, convocaron
nuestra intuición y nuestra confianza. Llegamos a un peque-
ño muelle donde nuestro anfitrión esperaba con sus kayaks.
Durante la semana nos había enviado algunas notas sobre lo
que íbamos a compartir:
Aguaraguazú es una experiencia íntima con la naturaleza
cruda de la tierra que habitamos...
Un viaje a la última frontera de la vida salvaje de los ríos, un
territorio que la defiende con la violencia de sus ciclos, que
no se deja poblar, no se deja urbanizar, no se deja sembrar...
Una reflexión sobre la vida silvestre, sobre fragilidad y
resiliencia, sobre nuestra propia existencia y una libertad
que perdimos....
Un mensaje de amor a la galaxia, para que toda esta belle-
za irreproducible nunca desaparezca...
(N.F., comunicación personal, 10 de diciembre de 2022)
Cuando arribamos al punto de encuentro, su ‘manual de
sugerencias para ir más suave’ se hizo tangible. Transcribo
algunas de sus recomendaciones: “Todo lo que lleven se va a
mojar, todo”; “(…) Personalmente SIEMPRE voy descalzo, si
llevan calzado, que sea práctico, tengan en cuenta que va a
mojarse y embarrarse”; “(…) Les pido encarecidamente que
no traigan equipos de sonido y/o altavoces de ningún tipo,
si alguien necesita escuchar música recomiendo auricula-
res, o directamente hacerlo en la comodidad de su casa”. El
manual finaliza con una última sugerencia: “De todo esto, lo
más importante, es tener ganas de venir a pasarla relajado,
suave, disfrutando, y conectar con la naturaleza… si esas
ganas no están, conviene quedarse en tierra”. (N.F., comuni-
cación personal, 18 de diciembre de 2022)
290. tercera parte
Livianos de equipaje y cuando el calor de las tardes de ve-
rano en el Litoral comenzaba a menguar nos subimos a los ka-
yaks y comenzamos el viaje. Minutos antes de llegar al muelle,
nuestro baqueano nos había enviado la imagen de las embarca-
ciones y un mensaje: “… no es para que se apuren, es sólo para
que se entusiasmen… vengan tranquilos, el tiempo es nuestro”
(N.F., comunicación personal, 18 de diciembre de 2022)
Imagen: Nicolás Fernández, 2022.
tercera parte .291
Lo que sigue es una experiencia profunda que resulta difícil
traducir en palabras, porque lo que acontece nos conmueve
y porque el registro de su exuberancia es más una fuerza de
atracción que una licencia poética (Serres, 1974, citado por La-
tour, 2015 [2017]: 83)75: un encuentro multiespecífico en el que
nuestra mirada se transforma y hace lugar a una percepción,
una atención y una comprensión más profundas. Un mirar que,
en palabras de Shawn Hayward (citado por Donna J. Haraway,
1976 [2019]:19), requiere de “ojos táctiles” más próximos al
encuentro que a la distancia estática. Un mirar que es, en gran
medida, el punto de llegada de una serie de gestos amorosos
entre los que se encuentra la generosidad de una amiga que la
jornada anterior eligió los cursos de agua por los que navegaría-
mos, los árboles centinela, el bañado y las matas de camalotes
que, cuando cayera la tarde, se convertirían en las escoltas de
nuestro último recorrido ese día.
Antes del atardecer, nos detuvimos en un pequeño espejo
de agua, creado a partir de un tronco caído y la urdimbre de
diversas plantas acuáticas. Compartimos algunas imágenes, al-
gunas inquietudes y le hablamos a nuestro anfitrión del modo
en el que nos había afectado la lectura de Habitar como un pájaro.
Modos de hacer y de pensar los territorios de Vinciane Despret (2019
[2022]). Casi de memoria, como quien repone el texto de un
poema que emociona, le contamos:
Si hay territorios que dependen de ser cantados, o más preci-
samente, que sólo dependen de ser cantados, si hay territorios
que dependen de ser marcados por simulacros de presencia,
75. A partir del enunciado de Serres, Latour propone considerar a la
tierra, no como un objeto de estudio sino “como un vínculo que nos per-
mitiría comprender qué quiere decir la fuerza del derecho y la potencia
de la comprensión. Comprender es aprehender algo, ¿cómo aprehender
mejor algo que viéndose sometido ‘sin obstáculo’ a la ‘resonancia’ de
todos los otros cuerpos?” (83).
292. tercera parte
territorios que devienen cuerpos y cuerpos que se extienden
a lugares de vida, si hay lugares de vida que devienen cantos
o cantos que crean un sitio, si hay potencias del sonido y po-
tencias de los olores, hay sin ninguna duda gran cantidad de
modos de ser del habitar, que multiplican los mundos. ¿Qué
verbos que evoquen esas potencias podríamos descubrir?
¿Habría territorios danzados (…)? ¿Territorios amados (…), te-
rritorios disputados (…), repartidos, conquistados, marcados,
conocidos, reconocidos, apropiados, familiares? ¿Cuántos y
qué verbos pueden hacer territorio? ¿Y qué prácticas van a
permitirles proliferar a estos verbos? Estoy convencida, junto
con Haraway y muchos otros, que multiplicar los mundos
puede volver más habitable el nuestro. Crear mundos más
habitables sería entonces buscar cómo honrar las maneras
de habitar, inventariar lo que los territorios implican y crean
como maneras de ser, como maneras de hacer. Esto es lo que
le pido a los investigadores (35-36).
La respuesta a nuestro entusiasmo fue: ¿La invitaron? La
pregunta desestabiliza la práctica académica de la cita erudita
y nos devuelve a un territorio de afectos (Souriau, 1943 [2017])
donde disfrutamos de una infinita variedad de verdes y de un
ensamble de cantos corales. Con la caída del sol asistimos al
‘cambio de guardia’. La expresión es de una amiga, narradora y
médica, y da cuenta de la intensidad de los tránsitos que acon-
tecen en esa hora mágica en la que el canto de las cigarras da
paso a la música de los grillos y de las ranas, ese momento en el
que los pájaros vuelven a sus nidos y cientos de tordos azula-
dos se posan en las copas de los árboles. Al ver nuestra alegría,
nuestro anfitrión mueve con picardía su remo y el ruido de las
plantas y del agua inquieta a la bandada que despliega su dan-
za, una vez más, para luego retornar al árbol que habita.
Es hora de volver, pero antes de regresar al muelle, recibi-
mos una última ofrenda: ese pequeño desvío entre matas de
tercera parte .293
camalotes, engalanados con gotas de rocío gigantes. Nuestro
anfitrión nos dice: déjense llevar por el movimiento del agua,
los sonidos y los olores, yo remo.
Un laboratorio a orillas del Paraná
En el hilo de la narrativa que compartimos, después de tres
años de sequía, el agua vuelve a ingresar al cauce del río y con
ella regresan los peces y los pájaros. El bullicio de la vida en la
costa intensifica nuestra sensibilidad y nos ayuda a comprender
la relevancia de los laboratorios in situ (Floury, citado por Aït-
Touati y Coccia, 2021:14) y los roles sociopolíticos de una am-
plia diversidad de agentes, humanos y no humanos. También
denominados extralaboratorios o riverlab, no sólo expanden
nuestro ámbito de trabajo, sino que conllevan cambios episte-
mológicos y metodológicos profundos. En palabras de Morizot
(2020 [2021]:23) “el reto filosófico consiste en hacer sensible y
evidente que sí hay algo que ver y unos significados ricos que
traducir en los entornos vivos que nos rodean”.
Asistimos a un cambio de paradigma en el que todas las
especies despliegan un teatro de fuerzas, en el que se multipli-
can los agenciamientos y se hace visible una amplia diversidad
de matices. Tal como lo enunció Haraway (1984 [2020]) en su
Manifiesto Cyborg era (y sigue siendo) urgente restituir a las leyes
de la naturaleza su espíritu actante, más ‘metamórfico’ que ‘me-
tafórico’. El desplazamiento metonímico entre ambos términos
advierte sobre la necesidad de evitar una concepción romántica
de la naturaleza y comprender la potencia del claro-oscuro de
los “juegos de vida” (Coccia, 2020 [2021]: 13). Por ejemplo, en la
experiencia que compartimos, nos maravillamos con la danza
de los tordos charolados que regresan a sus nidos cuando cae la
tarde, incluso sabiendo que no los construyeron, sino que los
usurparon de otras especies. O mientras celebramos la crecida
del río, después de varios años de estrés hídrico, vemos cómo
el agua va cubriendo las matas de verbenas que habían brotado
294. tercera parte
junto a la barranca y que terminan pudriéndose en el lecho de
barro. Lo metamórfico es siempre doble: “es a la vez la fuerza
que permite que todo viviente se despliegue sobre varias formas
de manera simultánea y sucesiva y el aliento que permite que
estas formas se conecten entre sí, que pasen una en la otra (17).
El pedacito de tierra que habitamos es un gran laboratorio
y, al mismo tiempo, “el fundamento de una manera de apre-
hender y de hacer existir socialmente a muchos actores que po-
seen una identidad dispar y heterogénea y que por naturaleza
no estarían destinados a asociarse recíprocamente” (Aït-Touati y
Coccia, 2021 [2023]:12). En el pedacito de tierra que habitamos
importan los lazos, los tránsitos y las conexiones, importan
los gestos que des-bordan los campos científico, educativo y
poético, porque “intensifican la mirada y hacen aparecer el-ser-
en-medio del hombre y abren a la dimensión ética y política,
además de la estética” (Agamben, 1996 [2001]:54).
El cambio climático es una constatación científica, un de-
safío educativo y una urgencia política76. Sin embargo, con un
sentido próximo al que plantea Latour, alejados de las posicio-
nes apocalípticas, nos propusimos ir más allá de los ámbitos
disciplinares y profesionales específicos y comprender la im-
portancia de las vecindades (Despret, 2019 [2022]:141). De allí
nuestro interés por las investigaciones que reconocen sensibili-
dad e inteligencia en el mundo vegetal, en términos de nuevos
paradigmas para interpretar la contemporaneidad (Clément,
2002 [2022], 2004 [2021]; Coccia, 2010 [2011]; 2016 [2017], 2020
[2021] y Mancuso, 2017; 2018 [2019]; 2019 [2020]; 2021), entre
otros). Tal como lo enunció Litwin (2008:135), con nuestra ida al
76. Al respecto, Latour finaliza su segunda conferencia con una referen-
cia al cambio climático: “el ‘calentamiento’ es tal que (…) es la historia
humana la que parece fría y la historia natural la que está adquiriendo
una velocidad frenética. La zona metamórfica se ha vuelto nuestro lugar
común: todo ocurre como si hubiésemos cesado por completo de ser
modernos, y esta vez colectivamente” (92).
tercera parte .295
río buscamos “enriquecer y posibilitar nuevas miradas en torno
a lo que acontece y rodea el espacio escolar para aprender así
a ver de manera más analítica, crítica y emocional cada una de
las actuaciones de la enseñanza”.
La importancia de la narración como estrategia vital
El epígrafe de este capítulo es la transcripción de un fragmento
de Morizot (2020 [2021], en el cual su autor nos invita a “pre-
parar los encuentros con lo vivo, trabajando en otro estilo de
atención (algo así como una disponibilidad a las maneras de
estar vivo)”. Lo elegimos porque sintetiza no sólo un punto
de vista y un modo de concebir los territorios y quienes los
habitan, sino también una práctica discursiva que desafía los
formatos oficiales, un ejercicio de traducción literaria, una
nouvelle filosófica (10), que como las nouvelles de Claude Chabrol,
de François Truffaut o de Alain Resnais
elige la iluminación natural de los estudios a cielo abierto.
En el inicio del libro que citamos, Morizot escribe:
Estamos en el collado de la Bataille, a finales del verano, hace
frío, los fuertes vientos del norte vienen a estrellarse contra
los del sur. Es un puerto desolado, anclado en el Paleolítico,
por el que atraviesa una carreterita asfaltada que suele estar
cerrada. Pero no es un desierto: es un epicentro de la vida aé-
rea. En efecto, muchas aves, de un sinfín de especies, pasan
por aquí en su viaje migratorio hacia África. Es una puerta
mítica para desviarse hacia el otro lado del mundo. Noso-
tros estamos aquí para contarlos. Provistos de un contador
manual de personas, de los que se usan en las discotecas y
salas de teatro, vamos haciendo clic frenéticamente, en una
especie de éxtasis gozoso, por cada golondrina que pasa; y
pasan miles y por decenas de miles (13-14).
296. tercera parte
Su descripción nos lleva a pensar en la referencia al ‘cam-
bio de guardia’ en la Litorânea profunda y en el sentido de
nuestra indagación: “Salir de la ciudad, pues, no es alejarse
bucólicamente de los ruidos y las molestias, no es irse a vivir al
campo, es irse a vivir en minoría” (22).
Salir de la ciudad para aprender las lenguas de los pájaros y
regresar; narrar el viaje, compartir la riqueza de lo vivido, com-
prender la maestría de lo vegetal, el rol decisivo de la memoria
ancestral en la supervivencia, la solidaridad de plantas adultas
que hacen lugar a las que acaban de nacer, sus increíbles viajes,
las condiciones en las que se reproducen y los modos a través
de los cuales priorizan la vida en comunidad antes que la vida
individual. Tal como señala Luis, cuando nos animamos a escu-
char la intimidad que habitamos, la investigación se convierte
en experiencia de formación.
Y como todo texto es la promesa de un texto por venir,
comparto la emoción por nuestro próximo encuentro: “Aguas
de primavera. Nuevas derivas entre río y mar”.
En el título retomamos un haiku del poeta Ueshima Onitsura
(1661-1738): “Aquí agua / y allá agua / las aguas de la primavera.”77
Nos alienta su matriz narrativa, que se origina en un vínculo
profundo con el entorno natural, la observación de las estaciones,
el registro de un viaje y la economía con la que articula contextos
escindidos (aquí y allá) que pueden parecer, en un primer abor-
daje, excluyentes. De río a mar, con las aguas de la primavera,
vuelven los pájaros y los peces, los cosmos florecen en las orillas
del Paraná y las rosas de la virgen cubren las rocas de Playa Gran-
de. Seguimos tejiendo lazos que se nutren de la experiencia del
paisaje y la expresión poética. Río y Mar, tal para cual.
77. Incluido en Haikus de las cuatro estaciones. En las versiones de Arturo Carrera
(Interzona, 2013).
tercera parte .297
«Me inscribo en la complejidad historizada
de múltiples genealogías. Como si fuera capa
sobre capa, los sedimentos que me constituyen
van haciendo lo suyo para ser lo que soy y lo
que seré…y lo que fui. Afirma el antropólogo
Tim Ingold que “vivir juntos es una cosa, vivir
conectados es algo muy distinto” (Ingold,
2015:18); pre-siento que las capas me conectan
no en un modo superpuesto, sino como líneas
interconectadas. “Después de todo, ¿qué es
una cosa o incluso una persona, sino un nudo
de todas las líneas, de todos los senderos de
crecimiento y movimiento, que se aglutinan a
su alrededor?” (Ingold, 2015: 21). Soy yo y soy
ustedes. Están en mí. Sin ustedes no podría ser
yo. Esas líneas me cruzan y me constituyen y
son proyección recíproca».
VOCES 5
La seño jardín
Cristina Cingolani78
Corría el año 72. Yo recién recibida, iba rumbo a La Niña
en el colectivo El Caballito Criollo, que cubría a diario ese
trayecto. Mi falta de experiencia, sumada a la ansiedad de
tomar por primera vez un cargo como maestra inicial por
todo el año, se aliviaba al pensar lo que me había dicho
mi hermano mayor: “vos decí que sos mi hermana”. Poco
tiempo me llevó entender el poder de esa frase, porque al
usarla como carta de presentación se me abrieron muchas
puertas, más aún en un pueblo donde la hospitalidad de
la gente es moneda corriente. Entré al Jardín 904 sin saber
que allí me esperaba otra agradable sorpresa. Había entre
los pequeños alumnos uno muy especial, que unió su
guardapolvo al mío, para convertirse en mi fiel secretario.
Así conocí a Luisito, con su flequillo cortado en línea recta.
Los recuerdos que tengo de mi comienzo como docente
son hermosos. Todos quedaron prendidos en mi corazón.
Marta, la portera, que me brindó su casa para quedarme du-
rante la época de inundación, cuando el camino se tornaba
intransitable, además de elegirme como madrina de con-
firmación de sus dos hijas. Nena, la eterna presidente de la
Cooperadora, con su ancha sonrisa, siempre dispuesta a co-
laborar, apoyando cada propuesta. Eran otros tiempos, don-
de no se hablaba de responsabilidad civil. Entonces uno po-
día irse, por ejemplo, de viaje a Buenos Aires con el grupo de
78. Ha sido Profesora de Educación Inicial y Maestra de Luis Porta en
La Niña, Pcia. de Buenos Aires.
tercera parte .301
alumnos, acompañada por algunas madres, con el sólo con-
sentimiento de las familias, sin firmar ninguna autorización.
Y así transcurrió ese año: me bajaba del colectivo,
conversaba un rato con Betty, después pasaba por la
casa de Luisito para ir juntos al Jardín, y si llovía lo
llevaba a upa para que no se embarrara los zapatos.
Como era mi secretario, cuando no sabía dónde estaba
un material, le preguntaba a él. Por supuesto que todos
los días era el encargado de alcanzarme el registro de
asistencia, y después guardarlo. Y para los actos, con-
taba seguro con su participación; además, si era opor-
tuno, también se aprendía de memoria alguna poesía.
Pero llegó el último día de clase, y lo que en ese
momento parecía terminarse con su egreso del Jar-
dín, los afectos se encargarían de prolongarlo en el
tiempo. Así es cómo hoy Luisito conserva mi carta de
despedida. Y aunque parezca raro seguimos conecta-
dos, por más que han transcurrido 51 años. ¿Cómo
llegamos a este presente? En el 73, volví a trabajar
en La Niña por otro año más. Así, pude acompañar a
Luisito en su paso por el primer grado de la escuela
primaria. Lo veía con su impecable guardapolvo blanco,
un portafolio enorme, y alguna que otra vez fui a su
casa a compartir alguna merienda o almuerzo. Siem-
pre aplicado, responsable, estudioso; las noticias que
me llegaban de él, en los años siguientes, eran que se
destacaba como alumno brillante. Luisito pasó a ser
parte de mi familia, y yo de la suya. Por eso estuvo
invitado a mi casamiento, y más tarde, a los cumplea-
ños de mis hijas. Los años pasaron, egresó de primaria,
secundaria, hizo una carrera universitaria exitosa, y
se convirtió en un hombre que venía a visitarme, con
el que podía tener una charla mano a mano. Faltando
poco para alcanzar mi jubilación, y siendo directora
del Jardín 913, donde por esas cosas que tiene la vida
302. tercera parte
egresó su sobrina Laureana, recibí de él un sobre que
contenía esta foto con este mensaje tan significativo.
Supe de sus viajes, conferencias y libros, que alguno
tengo. En sus visitas conocí a su hijo siendo pequeño.
Ahora lo veo cómo crece en las fotografías publicadas
en las redes sociales, en esos abrazos entre padre e
hijo. Nunca se cortó el hilo que nos unió desde hace
tanto tiempo. Viajé a Mar del Plata para festejar sus
cincuenta años. Me puse el guardapolvo a cuadritos, y
senté en mi falda a ese hombre grandote de tamaño,
pero que para mí siempre será Luisito. Algo poco co-
mún, regalo que te da la vida y la docencia, porque sé
también que para él yo siempre seré su seño Cristina.
Lorena Niubó79
Rememoro esas maravillosas clases dictadas por el
profesor Luis Porta que defino como “sumergirse en
aguas a veces turbulentas y otras veces calmas” y me
ocasionan cierta nostalgia, pues quisiera que todas las
clases de cada profesxr sean dictadas con el apasiona-
miento por la enseñanza, por la lectura, como las que
nuestro querido profe Luis nos transmite. Cada clase
fue una invitación a adentrarse en una nueva aventura.
Clases de verano, que recuerdo con mucho apasiona-
miento de un febrero caluroso, pero a las que asistí
sin perderme ni una sola, así se viniera el cielo abajo
con el anuncio de una terrible tormenta de verano. Allí
estábamos, cada unx de sus estudiantes, siempre aten-
txs, tomando nota de lxs autores de esas sorprendentes
novelas que nos dejaban siempre ávidxs de más. Y que
por curiosidad, siempre que llegaba a casa, me predispo-
79. Estudiante de la Lic. y el Prof. en Ciencias de la Educación, UNMdP.
tercera parte .303
nía inmediatamente para investigar más acerca de esos
autores que Porta nos citaba en sus clases. Conmueve,
contagia y apasiona su deseo por compartir cada inves-
tigación realizada y cada saber adquirido. Su memoria
prodigiosa es envidiable al recordar cada uno de nues-
tros nombres, su amabilidad, empatía, locuacidad hacen
que sea un profesor que deja huellas imborrables en sus
alumnxs. Huellas imborrables que deja en mí, deseando
ser el día de mañana una docente como el Dr. Luis Porta.
Mari Fierro80
80. Estudiante de la Lic. y el Prof. en Ciencias de la Educación, UNMdP.
304. tercera parte
Majo Cosentino81
Sabrina Dippólito82
Profe Porta, mi total admiración para con vos. Te agra-
dezco inmensamente por tu empatía, por transmitir la
pasión con la que llevas tu vocación. Gracias una vez más por
permitirme ser parte de una experiencia increíble e inolvi-
dable; como siempre digo, el seminario fue y será un viaje
de ida. En el recorrido del mismo, traspasamos el umbral y
nos adentramos en lo íntimo, privado de cada uno, desde un
lugar más amable para con el otro. Siempre fui con ganas y
81. Estudiante de la Lic. en Ciencias de la Educación, Universidad
Nacional de Mar del Plata
82. Estudiante de la Licenciatura y el Profesorado en Ciencias de la
Educación, UNMdP.
tercera parte .305
con esa incertidumbre de pensar qué pasará hoy... Todas las
clases fueron momentos de re-conocimiento y re-aprendizaje.
El compartir con otros estuvo presente desde el primer día,
sentí que era el espacio adecuado para escucharnos; cono-
cernos; aprender juntos…el lugar “para crear agujeros en
la positividad tóxica de la vida cotidiana”. El momento de
la entrevista tuvo su protagonismo; fue algo desafiante que
permitió abrirme y contar hechos que había bloqueado auto-
máticamente. Pero en ese momento surgió todo de manera
espontánea, me dejé fluir y la emoción se apropió de mí.
Gracias nuevamente por marcar mi camino en este inmenso
recorrido de la educación; permitir mirar (me), mirar (nos).
306. tercera parte
Relato de mi experiencia siendo alumna de Luis…
Yamila Amos83
Terminaba el verano 2023 y de a poco, al menos eso
creía yo, comenzaba el ciclo lectivo. Nos encontramos en
esa enorme aula 17 de la Facultad de Humanidades, que
sería, semana a semana, un punto de encuentro para
vivir y sentir una experiencia única e inolvidable. En ese
primer encuentro Luis nos regaló parte de su historia,
de su intimidad y, sin decirlo, nos invitó a pensar en la
nuestra. Tardes de calor y muchas emociones vitales la
siguieron, con una claridad e intencionalidad didáctica
pocas veces vista, sentida y palpada que nos llevaron
a reconocernos en las historias y en los ojos de cada
participante de esos encuentros, docentes y estudiantes.
83. Estudiante de la Lic. en Ciencias de la Educación, Universidad
Nacional de Mar del Plata
tercera parte .307
Condensar lo que vivimos en esas seis semanas en un
breve relato me es casi imposible, pero puedo intentar
resumirlo en lo que siento ahora: recuerdo fragmentos,
frases, miradas y manos que vuelven a humedecerme
los ojos, a esbozar una sonrisa tímida de complicidad y
llenar mi garganta de emoción que puja por salir con
fuerza. Sólo me queda agradecer, porque cursé el Semi-
nario “AutoBiografía e Investigación Educativa” con Luis
Porta y tuve el privilegio de ser alumna de un docente
memorable, entrañable y fascinantemente poético.
Relacionalidad afectiva en la enseñanza memorable:
experiencia de formación en investigación
Graciela Flores84
A modo de introducción
El presente texto ha sido escrito como reconocimiento
al Dr. Luis Porta, quien me ha guiado y acompañado en
mi formación como investigadora, puesto que ha sido
mi director como becaria de investigación en la UNMdP,
mi director del Trabajo Profesional correspondiente a
la carrera Especialización en Docencia Universitaria
(UNMdP), mi director en el Doctorado en Humanida-
des y Artes con mención en Cs. de la Educación (UNR)
y también, por ser director del GIEEC (Grupo de In-
vestigación en Educación y Estudios Culturales) de la
UNMdP que integré hasta 2021 inclusive; ha estado
presente en variedad de experiencias que se inscriben
en mi biografía formativa durante más de una década.
84. Profesora Adjunta de Filosofía de la Educación en la Facultad de
Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
308. tercera parte
He estado rememorando mis vivencias durante mi
formación en investigación y puedo identificar que el
estilo de enseñanza de mi “maestro” y su modo de gene-
rar un vínculo pedagógico peculiar han dejado huellas
imborrables en mi memoria. Reconozco una dimensión
sobresaliente, la “relacionalidad afectiva”85 que caracteri-
za el vínculo pedagógico construido entre el investigador
formado y una aspirante a investigadora que era (y es) una
docente apasionada por la Filosofía, por la Educación, y
por la docencia.
Últimamente me vengo preguntando cómo he llegado
hasta aquí. Actualmente dirijo un grupo de investiga-
ción86 y al observarme me veo situada en un lugar que
fuera alcanzado después de haber atravesado algunas
etapas de débil confianza en mí misma, o mejor dicho,
con algunos reparos en torno mis posibilidades concretas
de llegar hasta aquí. Lo que otrora me parecía solamen-
te un sueño, una idea imaginaria, algo casi irrealizable:
convertirme en “investigadora”, se ha concretado. Hace
años me parecía un enorme esfuerzo que demandaría
mucha dedicación durante un período de larga dura-
ción y debido a circunstancias personales realmente
dudaba de mi “potencia” de actuar. Durante los semi-
narios de doctorado enfermó y luego falleció mi amado
compañero, amigo, marido. Durante el tiempo de duelo
continué cursando seminarios y logré redactar mi tesis
doctoral, y así me convertí en “doctora”, sin poder dis-
frutarlo plenamente como logro debido a la dolorosa
presencia de la irreparable ausencia de mi ser querido.
85. He abordado la “relacionalidad afectiva” en Flores (2022) en otros
sentidos, vinculados con la investigación narrativa.
86. Grupo de Investigación en Filosofía de la Educación (GIFE), creado
en 2021, radicado en CIMED (Centro de Investigaciones Multidiscipli-
narias en Educación), Facultad de Humanidades, UNMdP.
tercera parte .309
Luego continué aprendiendo guiada siempre por
Luis, especialmente en torno a lo que estimo es su
pasión, la investigación narrativa. Y aquí estoy aho-
ra, contribuyendo en la formación en investigación
de los integrantes de GIFE que hoy avanzan en ese
camino que me tuviera antes a mí como protago-
nista, como “investigadora en formación”. Soy cons-
ciente de que jamás finaliza la formación, transfor-
mación, co-formación, o sea que, si bien valoro cada
hito, tengo claro que la formación es continua.
Mi narrativa en este espacio surge de una auto-
interrogación: ¿cómo he podido llegar hasta aquí?
La relacionalidad afectiva como condición de
memorabilidad de la enseñanza
El acompañamiento de mi “maestro-director” ha sido
vital en mi trayectoria en el ámbito académico como
investigadora en formación, que es inescindible de mi
“mundo de la vida”. Esa trayectoria, esa travesía, está
ligada a mi condición biográfica, a mi recorrido de vida
y aprendizaje en sentido de Delory Momberger (2009).
Con respecto a mi interrogante, puedo reconocer
que he podido llegar hasta aquí por variadas razones de
diversa índole. La razón que aquí habré de profundizar
está conectada con dimensiones específicas del “estilo”
de enseñanza de mi maestro-director memorable. En
Flores y Porta (2021) nos hemos referido a las condicio-
nes de memorabilidad de la enseñanza de dos profeso-
ras memorables que protagonizaron la investigación
que diera lugar a mi tesis doctoral; en esta ocasión no
habré de mostrar hallazgos ni construcciones catego-
riales procedentes de ninguna investigación. Es muy
diferente el enfoque y la posición enunciativa porque se
trata de nociones que surgen de mis vivencias. Empleo
entonces la expresión “memorabilidad de la enseñanza”
310. tercera parte
porque así siento y pienso lo que revivo y rememoro
de la enseñanza de mi maestro-director memorable.
En primer lugar, es pertinente introducir algunas
ideas que sostengo mediante convicciones construidas en
sintonía con algunos autores con los que vengo “dialo-
gando” al leer sus obras.
Considero que en educación la ontología es relacional
(nada preexiste a las relaciones que la constituyen); la
ética en educación es relacional (Mèlich, 2006); es relacio-
nal la política puesto que en todo dispositivo pedagógico
el poder se efectiviza en relaciones de fuerzas dinámicas
con posibilidades de resistencia, liberación y transfor-
mación de los “diagramas de poder” (Deleuze, 2014) que
como tales están en constante mutación. La afectividad
es relacional (Kaplan, 2022), y, por último, también la
epistemología es relacional, se basa en el ser-con, en el
inter-ser en un mundo común de los participantes vin-
culados en relaciones de conocimiento (Escobar, 2017).
En este modo de entender las “relacionalidades” se
inscribe la “relacionalidad afectiva” como dimensión
central de la memorabilidad de la enseñanza de Luis.
Como dice Onfray (2014), “Cualquier relación con
el otro está mediatizada por una pasión y no es posible
escapar, en el supuesto de una moral nueva, a una patética
singular” (p. 145). El filósofo despliega su ética hedonista
que no consiste en la búsqueda egocéntrica de placer;
se ocupa de explicitar que una patética es una estéti-
ca de las pasiones y que el placer personal, sin el otro,
podría convertirse en placer contra, o a pesar del otro.
En este sentido, en una patética que es una estéti-
ca de las pasiones, puede entenderse que es posible un
hedonismo ético en educación. Así lo experimenté puesto
que la atmósfera “académica” en la que estuve inmersa
durante los años de formación en investigación aportaban
la placentera sensación de moverme entramando mis dos
tercera parte .311
pasiones, la Filosofía y la Educación, leyendo ávidamente
y apasionadamente una numerosa cantidad de obras de
autores que calaban hondamente en mi ser. Así es como
vivía (y vivo) la lectura, como placer. Claramente encon-
tré y encuentro herramientas para pensar mis intereses
“académicos”; se trata de preferencias, inclinaciones y
elecciones que me resulta imposible separar de mi vida
en sentido amplio, puesto que filosofar es un modo de
vida (así lo entiendo y siento). También fueron placente-
ras diversas experiencias investigas (y lo siguen siendo);
lo que cabe destacar aquí es que la enseñanza de mi
maestro memorable posibilitó la circulación del placer al
respetar mis gustos, mi formación previa, mi modo de ser
y hacer; pero además, su pasión por la enseñanza conta-
gió su entusiasmo, su energía y su vitalidad expansiva.
La relación pedagógica afectiva cancela el aisla-
miento, aunque se lea en soledad y aunque se padez-
can situaciones de padecimiento. Los primeros años de
mi formación en investigación operaron como rescate
de mi patética de sufrimiento íntimo. Encontraba un
espacio de goce que me permitía sobrevivir a la an-
gustia de mi existencia “duelante” de ese entonces.
Pienso que en lo tocante a la construcción, a la vida
y a lo positivo, como dice Onfray (2014) “los instintos,
pasiones, pulsiones y fuerzas son virtudes que ayudan a
hacer y deshacer las relaciones humanas en la perspectiva
de una dinámica que coincida con el movimiento de la
vida” (p. 146). Es decir, durante mi formación la dinámica
“académica” coincidió con la dinámica del movimiento
de mi vida y las pasiones intervinieron en mi patética
singular por irradiación de la vitalidad expansiva de mi
maestro que se combinó con mi receptividad a lo que
contribuyera a disfrutar del proceso de aprendizaje.
312. terce ra parte
Dimensiones de la relacionalidad afectiva en la
enseñanza memorable
Los aspectos que a mi parecer son constitutivos de
la “relacionalidad afectiva” son los siguientes:
A. Afecto (afecciones)
Quienes nos desempeñamos en educación, podemos
notar que el “giro afectivo” ha influido en la manera de
considerar los procesos de enseñanza y de aprendizaje y
el sentido de la educación acentuando los sentimientos
y emociones. Las adhesiones al mencionado giro cuen-
tan con diversidad de enfoques, críticas, objeciones,
distinciones que aquí no abordaré, pero es pertinente
aclarar que coincido con Arfuch (2016) cuando expresa
que “no hay oposición entre discurso y afecto o emocio-
nes, en tanto el lenguaje es también el lugar del afecto,
aunque por cierto no excluyente (p. 256). En este sen-
tido, no disocio palabra y afecto; la relación educativa
es apalabrada a la vez que afectiva. Cada comentario de
Luis y cada diálogo, ya fuera personalmente o media-
do por el celular (hemos intercambiado innumerables
mensajes vía Whatsapp), han incidido en mi “intimidad
apalabrada” (Flores, 2022), en el orden de lo afectivo.
Con respecto a mi modo de entender el “afecto”,
está en sintonía con Massumi (2015), quien lo distin-
gue de “emoción” y lo asume en sentido de Spinoza:
“By ‘affect’ I don’t mean ‘emotion’ in the everyday sense. The
way I use it comes primarily from Spinoza. He talks of the
body in terms of its capacity for affecting or being affected”
(p.4). Esta distinción es fundamental en la narrativa de
mi experiencia porque cuando Spinoza (2012) alude
a la relación entre afecto y potencia, dice: “Entiendo
por afectos las afecciones del cuerpo, por las cuales
aumenta o disminuye, es favorecida o perjudicada, la
potencia de obrar de ese mismo cuerpo, y entiendo, al
mismo tiempo, las ideas de esas afecciones” (p. 114). A
tercera parte .313
esas afecciones me refiero al identificar que en la “rela-
cionalidad afectiva” aumentó mi potencia de actuar.
Me hallaba “despotenciada”, dicho en sentido spino-
ziano, me encontraba sumida en pasiones tristes, que
como tales, disminuyen la potencia de un cuerpo cuando
la melancolía y la tristeza predominan. Recurro nueva-
mente a Massumi (2015) cuando dice que la capacidad de
un cuerpo de ser afectado o de afectar no es algo estable
o prefijado, dependiendo de las circunstancias su poten-
cia sube y baja como la marea, atraviesa tormentas y a
veces tiene crestas como una ola o a veces toca fondo.
Esa manera poética de expresar los altibajos en la
potencia me resulta apropiada porque así es como lo
siento o lo he sentido en mi ser. También valoro del
autor su explicación de por qué distingue emociones
de afecciones, esto es así en sentido spinoziano, porque
las transiciones están apegadas al cuerpo que no puede
reducirse a la emoción; y toda transición va acompañada
de una sensación del cambio en la potencia; de tal modo,
el afecto y la sensación de la transición no son dos cosas
diferentes, son como dos caras de la misma moneda.
Entonces “afectos”, “sensaciones de transiciones”,
integran un régimen discursivo muy distinto al de las
“emociones”; lo cual no significa menosprecio de lo emo-
cional sino sentidización de lo que quiero expresar con los
términos “afectividad” y “afecto”, puesto que en la relación
pedagógica fui “afectada” en la composición relacional
con mi maestro, atravesé transiciones transformadoras de
mi potencia de ser-actuar que me resultan imborrables.
De allí que incluyo este aspecto de la memorabilidad de
la enseñanza, puesto que lo que sentía como estanca-
miento en mi capacidad de continuar con mi formación
se transformó en un estado activo y poiético, o sea, no
sucumbí a las pasiones tristes. El acompañamiento de
Luis provocó la emergencia de pasiones alegres como el
314. tercera parte
entusiasmo, que en esa relacionalidad afectiva recuperé.
La recuperación de mi “potencia” también se vin-
cula con la confianza que Luis depositó en mí, tanto
cuando por mi estado anímico dudaba de mis posibili-
dades de finalizar el doctorado, como en años siguien-
tes cuando continuó nuestra relación en el marco de su
pasión por la investigación narrativa y mi interés por
continuar en la misma senda metodológica aprendien-
do de su gran bagaje de conocimientos al respecto.
No es novedoso considerar la confianza como elemento
constitutivo de la manera en que los mejores profesores
tratan a los estudiantes, pero en instancias académicas
como las que aludo en este trabajo, el sentido de la con-
fianza se amplía, resignifica, contextualiza y actualiza.
Mediante la confianza prodigada por Luis durante
su acompañamiento, se esfumó en mí la idea clásica
de la figura del formador como alguien alejado de la
cotidianeidad, promovió un acercamiento que generó
un halo de familiaridad, y esta sensación es una pre-
condición necesaria para la mutua confianza, cuyo
valor es que además de aligerar la incertidumbre ante
lo desconocido en etapas iniciales, ofrece cobijo en mo-
mentos de dudas e inquietudes propias de todo sujeto
que reflexiona en torno a su quehacer investigativo y
en torno al enfoque metodológico asumido. A veces
se siente desasosiego; no existen ni recetas ni manual
de procedimiento donde refugiarse de preocupaciones
cumpliendo “instrucciones”, especialmente. Hay mucho
desasosiego cuando se está haciendo camino al andar…
B. Alterización de la autonomía
Siempre valoré la autonomía en la que me desenvolví
durante mi formación doctoral: “El vínculo pedagógi-
co que favorece la autonomía da testimonio del interés
de mi director por evitar constituirse en modelo, quien
recibe su experiencia no está sujeto a una expectativa de
tercera parte .315
repetición de la experiencia recibida” (Flores, 2020: 236).
Sostengo lo dicho en ese entonces pero en esta ocasión
quiero referirme con mayor precisión al modo en que en-
tiendo la autonomía, puesto que quiero aclarar que no aludo
al sentido moderno y kantiano del término cuando rememo-
ro mis vivencias. Luis fue el gestor de un vínculo pedagógico
“alterizador” (o heteronomizador) de la autonomía.
Como dicen Bárcena y Mélich (2014) “si buscamos la
autonomía, si aspiramos a incrementar nuestros grados de
libertad e independencia, lo tenemos que hacer de forma
heterónoma. No renunciamos a la autonomía. Sino que la
heteronomizamos” (p. 156).
En el marco de la relacionalidad afectiva la autonomía se
heteronomiza (alteriza) puesto que en la relación no puede
escindirse un miembro de la misma; la autonomía se efecti-
viza “entre” formador y sujeto en formación. Tal es así que
ambos la hacen posible. La autonomía no puede emerger
como un efecto de una decisión unipersonal; se trata de una
situación co-construida cuando no se considera al otro como
un mero alter ego sino ontológicamente como alguien que por
el hecho de ser otro interpela, solicita respuesta (en sentido
de responsabilidad, de responder a su presencia). Entonces
cada participante de la relación se involucra en una relación
heteronomizadora (alterizadora).
Al referirme a alterización aludo a la posición del “yo”,
como dicen Mélich y Bárcena (1999) “La heteronomía no nie-
ga la autonomía, simplemente la sitúa en segundo lugar. La
autonomía no posee la primera palabra. La heteronomía (…)
rompe la armonía y seguridad del yo. La heteronomía debe
entenderse como respuesta no solamente al otro sino del
otro, esto es, debe entenderse como responsabilidad” (p.473).
El compromiso ético de Luis contribuyó a que pudiera
sentirme libre y “autónoma” en cuanto a una diversidad
de elecciones, decisiones y prácticas (lecturas, quehaceres
investigativos, posicionamientos), porque su acompañamien-
316. tercera parte
to se caracterizó por la apertura y reconocimiento de mis
ideas. No se trataba de un dejar hacer como “abandono” de
su rol o ausencia pedagógica; por el contrario, se trataba de
presencia potenciadora, sin imposiciones ni rígidas indica-
ciones normativas, presencia respetuosa de mi alteridad.
Lo dicho hasta aquí en torno a la autonomía se ins-
cribe en lo expuesto antes en torno a los afectos y afec-
ciones, puesto que en mi experiencia el modo alterizador
de promover mi autonomía también ha sido “potencia-
dor” de mis potencialidades (en sentido spinoziano).
C. Producción de subjetividad (no maquínica)
Uno de los principales efectos de la educación es la produc-
ción de subjetividad. Pero no basta con esa afirmación tan
difundida para expresar el modo en que la enseñanza de Luis
“produce” subjetividad.
Es menester aclarar que, como dicen Guattari y Rolnik
(2006), en la actualidad hay una “subjetividad maquínica”,
que está esencialmente fabricada, modelada, recibida y con-
sumida de manera acorde a la producción industrial. Existe
un fenómeno de reificación social de la subjetividad en el que
“estamos totalmente prisioneros en una especie de individua-
ción de la subjetividad” (Guattari y Rolnik, 2006: 53) que lleva
a resguardarse de la subjetivación maquinística en la indivi-
dualidad y así corremos el riesgo de no poder desencadenar
procesos de singularización.
Cuando aludo a producción de subjetividad como un
aspecto de la relacionalidad afectiva y lo considero una con-
dición de memorabilidad de la enseñanza de Luis me alejo
completamente de ese sentido de producción subjetiva como
“fabricación” del actual modelo capitalístico con su política
de individuación de la subjetividad correlativa a sistemas de
identificación modelizantes.
No hubo “fabricación” de subjetividad en la relación
educativa con Luis. No me encontré sometida al modo de sub-
jetivación maquinística donde los individuos en su existencia
tercera parte .317
particular la viven oscilando entre dos extremos, como “una
relación de alienación y opresión, en la cual el individuo se
somete a la subjetividad tal como la recibe, o una relación de
expresión y de creación, en la cual el individuo se reapropia
de los componentes de la subjetividad, produciendo un pro-
ceso que yo llamaría de singularización” (Guattari y Rolnik,
2006: 48). Nunca viví mi proceso de subjetivación en el ex-
tremo de la opresión; más bien lo viví como singularización
pero sin ninguna “reapropiación” porque nada me había sido
expropiado. La producción de subjetividad en la enseñanza
memorable desencadena procesos de singularización que no
obedecen a la lógica subjetivadora alienante, individualizante
y destructora de lo colectivo.
Estas aclaraciones son vitales porque al primar la relacio-
nalidad afectiva donde la potencia no está sujetada a poderes
que la obstruyen o disminuyen, el modo de producción de
subjetividad no maquínica aloja la libertad suficiente y ne-
cesaria como para que el sujeto tenga poder sobre sí mismo
y alcance auténticas prácticas de libertad, en consonancia
con una “estética de la existencia”. Esta estética alude a las
prácticas del sujeto sobre sí mismo, a la “relación” del sujeto
consigo mismo, en este sentido recurro a las palabras de
Deleuze (2020), que si bien no refieren a ningún modo de sub-
jetivación contemporáneo, me permiten exponer el sentido
de la producción de subjetividad que no sujeta imponiendo
modelos de subjetivación maquínica: “la relación con uno
mismo deriva de la relación con los otros bajo la condición de
una regla facultativa, que es el plegamiento de la fuerza sobre
sí, el repliegue, el pliegue de la fuerza sobre sí” (108). Este
plegamiento no es escape ni resistencia sino un modo de sin-
gularización, posibilitado por el estilo relacional afectivo que
vengo describiendo en un intento de mostrar razones que
fundamentan mi consideración de lo que para mí significa la
“memorabilidad” de la enseñanza de mi maestro.
318. tercera parte
Consideraciones finales
He mostrado cómo entiendo la “relacionalidad afectiva”
como dimensión constitutiva de la enseñanza memora-
ble de Luis, que imbrica el afecto (afecciones), la alteri-
zación de la autonomía y la producción de subjetividad
no maquínica, involucrando mi intimidad y el modo
en que en mí resuena y vibra lo vivido en esa relación
educativa durante mi formación en investigación.
Motivada por la búsqueda de respuestas a mi íntimo
interrogante sobre cómo he llegado hasta aquí, he “apala-
brado” lo que pienso y siento son condiciones de memora-
bilidad de la enseñanza de mi maestro, a quien reconozco
como uno de los principales protagonistas del trayecto que
precede a mi actual situación como docente investigadora.
tercera parte .319
Linealidades anudadas
María Alejandra Estifique87
Abrazo al maestro. Dibujo, Estifique (2023)
¿Cómo leer el cielo? Dibujo, Estifique (2023)
87. Artista visual, escenógrafa y doctoranda en educación, miembro
del GIEEC.
320. tercera parte
Abrazo al maestro. Dibujo, Estifique (2023)
tercera parte .321
«Ese estar abierto, sensible y con ojos táctiles
me permitió crear mundos más habitables,
buscar cómo honrar las maneras de co-habitar,
inventariar lo que los territorios implican y
crean como maneras de ser, como maneras
de hacer e indagar sobre este tema, volver a
poner en juego las evidencias, describir con
curiosidad lo que co-habitar suscita como
establecimiento de relaciones y como
maneras de estar “en casa”».
CODA
MEDUSAS, CHICHARRAS, HONGOS,
LIMONES; Y UN BALDECITO PARA
QUE QUEPA EL MAR
Luis Porta88
¿Mar, mar, por donde te apresaré? ¿Qué puede guardar de ti mi balde?
¿El verdor gelatinoso de tus hierbas? ¿Un poquito de tu agua que pica
en la lengua y en los ojos, y arde en las heridas? En mi balde pierdes tu
color y tu tamaño. En mi balde …Pero en mí hay algo que se apodera
de ese color y de ese tamaño inapresables. Donde no caben es en el balde.
Por las playas de este planeta habré pasado la mayor parte de mi vida,
tal vez inútilmente, empeñada en recoger mares en un baldecito.
Victoria Ocampo, 1950
1
Un título que resume y enhebra búsquedas y encuentros,
pasiones y afectos. Tres relatos como crónicas del cruce (Pre-
ciado, 2019) que, enhebrados, son un manifiesto por la vida,
posición en el mundo y programa de trabajo que refracta y
performa en futuros sensibles y en gestos (Lapoujade, 2018;
Bardet, 2021) botánicos. Sólo he recibido y recibo ternura
(Dubois & Rousseau, 2023) y amor bueno. Es el que doy.
Desde hace un tiempo en nuestro equipo de investigación
hemos reinvertido una pregunta que en el campo de la inves-
tigación social es central, y está asociada al ejercicio interpre-
88. Profesor Titular Departamento de Ciencias de la Educación. UNMdP.
Investigador Principal de CONICET.
coda autobiográfica .327
tativo de los “datos” con los que necesariamente trabajamos.
A esa pregunta inicial de ¿qué hacer con los relatos? le anuda-
mos la complejidad de ¿qué hacen los relatos con nosotros?
Esta reinversión ha significado volver sobre nosotros mismos
en la re-constitución del “nos-narrativo” que implica el pasaje
del hacer investigación atado a la primera pregunta, hacia un
ser investigación que marca una posición del sujeto investiga-
dor-investigado (Tentoni, 2023). En este escrito quiero nueva-
mente reinvertir la segunda pregunta para generar mayor ten-
sión: ¿Qué hacen con nosotros los relatos que hablan de nosotros? Ese
es el ejercicio que este con-movedor libro propone: vivimos de
relatos, con relatos, desde relatos como forma de ser, sentir,
hacer y desear mundos. Estos relatos con-mueven, generan un
movimiento del cual no salgo ileso y requiere un deber de in-
mersión (Lispector, 2011; Porta y Ramallo, 2022). Estos relatos
me afectan, constituyen un ejercicio de mirada interior que
genera re-inscripciones al narrar temporalidades que registran
tiempos difusos y territorios cambiantes, se metamorfosean
(Coccia, 2021): me hacen sujeto, me des-centran y re-centran,
vuelven sobre las marcas (Arfuch, 2018) –aquellas tan guarda-
das en la memoria, casi previas a la propia vida, ya que “en la
escena de la infancia está el mundo” (Negroni, 2021). Me pre-
sentan vivo y sintiente, me responden algunas interpelaciones
vitales, me dejan interrogantes futuros. Me hacen preguntar
sobre mí y mis mundos, como pasajero en tránsito (La Greca,
2018). Es por eso que, “con cierto sentimiento de urgencia
busco la naturaleza, el sujeto, las palabras del otro relato, la
historia no contada, la historia de la vida” (Le Guin, 2022).
Siempre me apasionó el mar y es ese mar –azul y sereno—
el que a través del epígrafe me responde una cuestión existen-
cial. El mar y el baldecito. ¿Cómo cabe tanto que requiere de
hacer lugar y es casi inapresable en mí? El mar es ese todo y el
baldecito, yo: los poderes activos que emanan de los no-suje-
tos (Bennett, 2022). Todos y cada uno de los relatos de este tex-
to me dan la respuesta y me animan a más: plantas, animales,
328. coda autobiográfica
muertos, vivos, paisajes y territorios, humanos y no humanos
como ese todo que está metido en el baldecito. Vuelvo a las
palabras de Victoria Ocampo: “por las playas de este planeta
habré pasado la mayor parte de mi vida, tal vez inútilmente,
empeñada en recoger mares en un baldecito” (Ocampo, 1950:
28). He encontrado en la voluptuosidad de los relatos todos los
mares. Están en mí, en el baldecito.
El primer relato se hace lugar ahí: en el qué hacen conmi-
go los relatos que hablan acerca de mí. Me amplifican, conec-
tan y sensibilizan. Agrandan el baldecito para que quepan
más. Intentaré llevarte a esa frontera, a esa zona demasiado
grande, es decir, a nosotros mismos (Berger & Berger, 2022).
Chicharras
2023 podía ser uno de los veranos más calurosos de Euro-
pa. El sol penetrante de la costa Amalfitana irradiaba en
Sorrento como si el mar Tirreno fuera un amarillo campo
de trigal. También podía ser una pequeña parcela de tierra
en lo alto, desde donde se divisaba la Isla de Capri a lo
lejos, entre vides y olivos: ambas reconocían la necesidad
del sol para su existencia y para el disfrute de sus frutos
en la vida cotidiana. Podía ser un recorrido, que iba desde
una habitación cercana al lugar en donde se servía el desa-
yuno en Villa Angelina. En ese aplastante calor, trescien-
tos metros de caminata significaban durante cinco maña-
nas y cuatro noches de julio traspasar una banda sonora:
el sonido de las cigarras, monótono y mensaje de aviso
de la naturaleza. Ellas son imperceptibles y resulta casi
imposible poder verlas, se camuflan y reclaman como los
pájaros o las ranas en medio de las olas de calor en que,
machaconamente representan la acunada canción de los
campos en el verano. Las cigarras no cantan: estridulan y
no lo hacen con la boca, sino por efecto de sacos de aire si-
coda autobiográfica .329
tuados en el abdomen que inflan y desinflan a través de lo
que los entomólogos llaman: timbales. Las cigarras macho
estridulan de manera diferente de acuerdo a sus funcio-
nes –marcar territorio, atraer sexualmente o en señal de
alarma. Nada de sonido monocorde es lo que nos ofrecen
estos maravillosos insectos a golpe de timbal. Fueron, ese
verano de 2023, la conexión vital y natural que recogí en
ese baldecito, como el mar, ese yo ampliado en que se
instalaron las chicharras, las vides y los olivos, con el mar,
el sol, la luna y el cielo. Conexión biocósmica que explica
eso que, sin saberlo, viví durante toda mi vida: un cuerpo
saturado de emociones, un modo de hacer y de pensar
los territorios, un hacer lugar, un ejercicio de multiplicar
mundos para hacer más habitable el nuestro.
Ese estar abierto, sensible y con “ojos táctiles” (Haraway,
2022) me permitió crear mundos más habitables, buscar
cómo honrar las maneras de co-habitar, inventariar lo
que los territorios implican y crean como maneras de ser,
como maneras de hacer e indagar sobre este tema, volver
a poner en juego las evidencias, describir con curiosidad lo
que co-habitar suscita como establecimiento de relaciones
y como maneras de estar “en casa” (Desprets, 2022: 36).
(Relato de mi autoría, julio de 2023)
2
Me inscribo en la complejidad historizada de múltiples ge-
nealogías. Como si fuera capa sobre capa, los sedimentos que
me constituyen van haciendo lo suyo para ser lo que soy y lo
que seré…y lo que fui. Afirma el antropólogo Tim Ingold que
“vivir juntos es una cosa, vivir conectados es algo muy distin-
to” (Ingold, 2015:18); pre-siento que las capas me conectan no
en un modo superpuesto, sino como líneas interconectadas.
“Después de todo, ¿qué es una cosa o incluso una persona,
sino un nudo de todas las líneas, de todos los senderos de
330. coda autobiográfica
crecimiento y movimiento, que se aglutinan a su alrededor?”
(Ingold, 2015: 21). Soy yo y soy ustedes. Están en mí. Sin uste-
des no podría ser yo. Esas líneas me cruzan y me constituyen
y son proyección recíproca. Y un “deseo anfibio, una nostal-
gia, cuánta añoranza de nuestro cuerpo animal se asoma en
los mitos: un centauro, un hombre lobo, una sirena, un ángel”
(Obligado, 2022).
Están mi madre y mi padre, mi hermana y mi hermano,
mis abuelos y abuelas, mis tíos y tías y todos y todas los que
preceden a ellos. En mí.
Están mi hijo Octavio y mis sobrinas Laureana y Lola,
Ambar, mis primos y primas, mis maestras y maestros y todos
y todas los que a ellos preceden. En mí.
Están mis mascotas, a quienes tanto amor he dado y me
han dado. En mí. A diferencia de lo que narra Silvia Molloy
en Terú, Terú (2022), en mi casa siempre se nos permitía
tener animales.
Están las plantas y animales que he cuidado. Los muertos
que he querido y me han querido (Despret, 2021). En mí.
Están las calles de tierra recorrida, las ciudades visitadas y
los amores encontrados y des-encontrados. En mí.
Están Alicia, Cecilia, Isabel. También Edith y todos los que
me acompañan y acompañaron desde la amistad y la docen-
cia. En mí.
Está Graciela que me ayudó con profundo amor y respeto
a ser valiente y a descolonizar el inconsciente (Rolnik, 2019).
Ella y otros. En mí.
coda autobiográfica .331
Y están en mí los que escribieron sus relatos, y tantos
otros y otras. Los que estuvieron, los que están y los que ven-
drán. Grandes, bellos y profundos: Quique, Alejandro, Alicia,
Andrés, Boris, Braian, Carolina, Claudia, Cristina, Daniel,
Emilce, Federico, Gabriela, Gladys, Chachi, Graciela, Pepe,
Liliana, Violeta, Lorena, Luciana, Maite, María Alejandra (Mae),
Marcela, María, Cristina, Victoria, Mariana, Mari, Mariana,
Majo, Marilina, Mónica, Noemí, Paula, Rossana, Agustina,
Sabrina, Sebastian, Silvia B, Silvia G, Silvia S, Silvia S, Susana,
Tiago, Magalí, Yamila y Zelmira. En mí.
También están aquellos y aquellas, amores profundos,
amigos y amigas que son vida, que no están en este texto,
pero están en mí...profundos, sensibles, vitales y cuidadosos.
Ellos, ellas y sus amigos, también en mí.
Están Jonathan, Francisco, Laura y María quienes a través
de la confianza y la amorosidad pudieron desentramar respe-
tuosamente mucho de la vida vivida. En mí.
El segundo relato habla de todos y todas, y de mí. De la
potencia interconectada y de las condiciones para que esas
conexiones vivan en mí, para mí, por ellos y ellas.
Medusas
Eran las 11 horas y el calor aplastante. En el final de la
cola para ingresar, un cartel recordaba que aproximada-
mente a las 15:00 llegaríamos a la boletería. No se ase-
guraba el horario de entrada para ver las colecciones del
Museo del Louvre. Hicimos lo imposible para buscar en-
trada hasta que, finalmente, una página web a un costo
mayor nos ofreció las preciadas entradas. Los pasillos ati-
borrados de gente, de la misma manera que las obras de
332. coda autobiográfica
arte en las paredes. Disfrute sin par. El arte de perderse
(Solnit, 2021) tiene dimensiones, incluso la de llevarnos a
un hallazgo, aunque ese hallazgo, casi sin darnos cuenta,
nos ha acompañado siempre. Se transforma en hallazgo
cuando lo in-corporo como extensión del dominio de la
vida, cuando puedo vivir la vida de otro: a través de la
vida que otros han sabido construir o inventar (Coccia,
2017). Quiero detenerme, extraviarme y perderme en la
sala 77 del Louvre; allí conviven La libertad guiando al
pueblo de Delacroix, La muerte de Marat de Jacques-Louis
David y, especialmente, La balsa de la medusa de Théodo-
re Géricault. Esta espeluznante obra de arte pintada
entre 1818/19 representa una escena del naufragio de la
fragata Méduse, encallada frente a la costa de Mauritania
el 2 de julio de 1816 cuando 147 personas quedaron a
la deriva en una balsa. Todas ellas, salvo 15, se salvaron
durante los trece días que se tardó en rescatarlas. Ham-
bre, deshidratación, canibalismo y locura representa esta
obra como símbolo del sufrimiento humano en que esos
cuerpos en los bordes de la balsa caen por su propio peso
y masa, unos encima de otros, pálidos, deshidratados y
consumidos, agrietados por la sal del mar, quemados por
el sol. Esos personajes que conforman una pirámide en
la que emerge el triunfo de los anónimos en medio de la
decadencia de la monarquía borbónica que poco a poco
se hunde como la fragata Medusa. El gesto estético como
modo de inmersión me permite salir de mí mismo, suje-
tos que sufren, sienten y viven y que, desde la percepción
de la mirada extienden los sentidos, mixturan (Coccia,
2017) y entremezclan una suerte de “extensión mundana
y material de nuestro cuerpo” (Coccia, 2017: 43). (Relato
de mi autoría, julio de 2023)
Conecto con Gaia, la vida en escena (Aït-Touati y Coccia,
2023), el recuerdo salta a la infancia: la medusa me sensi-
coda autobiográfica .333
biliza. La recuerdo en mi pantorrilla, y automáticamente el
llanto. Sólo recuerdo una roja zona de dolor profundo. El sol
retumbaba en la parquedad de las olas. Habitan en el plane-
ta tierra desde hace más de quinientos millones de años y
poseen un cuerpo gelatinoso en forma de campana del que
salen los tentáculos y el tronco, de forma tubular. Las me-
dusas se desplazan de manera muy lenta y elegante, quizás
siguiendo las corrientes marinas en favor de sus danzantes
desplazamientos que no requieren del sexo opuesto para
reproducirse. Tamaño y color que incluye tipos bioluminis-
centes, no tienen cerebro ni sistema nervioso; se componen
en su mayoría de agua y sus tentáculos están formados por
miles de células urticantes. Las medusas se limitan a flotar
en el mar, están presentes en todos los océanos: hacen con-
tacto (Scott, 2021) con esa seducción que parece que tuvieran
la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos. Son
misteriosas y se mueven como pinceles, son sonoras aunque
se desplacen silenciosas, son intensas y húmedas, aunque me
cause escalofríos el solo verlas enredadas y agazapadas en
la arena caliente de la playa. Tienen la virtud de defenderse.
No podría ser yo mismo sin esa proyección recíproca (Coccia,
2017) con las medusas, inmersiva (Souriau, 2022) y como las
moléculas orgánicas en su caldo primordial (Coccia, 2017).
Medusas… las de los pliegues, las de las potencias de
afectar (Desprets, 2022), las que reterritorializan sentidos y
politicidad, las que ponen en evidencia “que sí que hay algo
que ver y unos significados ricos que traducir en los entornos
vivos que nos rodean. Basta, sin embargo, con dar ese paso
y todo el paisaje se reconstruye. Lo raro y lo espeluznante
(Fisher, 2018). El desafío estriba, precisamente, en que se
trata de inventar esas otras vidas” (Morizot, 2021:23), creati-
vidad liberadora (Camilloni, 2022) frente a una producción
artística o sintiendo su presencia en el cuerpo. La hipótesis
Gaia será “igualmente la de la invención de teatros de prueba
334. coda autobiográfica
que puedan hacerla aparecer, volverla visible, hacer sensible
su capacidad de actuar” (Aït-Touati y Coccia, 2023: 13). Como
yo y las medusas.
3
La materia del tiempo es el nombre de la maravillosa instalación
del artista Richard Serra, expuesta de manera permanente en
el Museo Guggenheim de Bilbao. En esta monumental obra
conviven y pueden percibirse diferentes obras escultóricas
del artista. La experiencia de recorrer pasillos y estructuras de
diferente tamaño recurren a la idea de temporalidades múlti-
ples o estratificadas en las que la experiencia íntima, estética,
social y pública de recorrerla se basa en andar, mirar, entrar
y atravesar la instalación. También hay una progresión del
tiempo. Por un lado, el tiempo cronológico que se tarda en
recorrerla y observarla de inicio a fin; por otro, el tiempo de
la experiencia en el que los fragmentos del recuerdo visual y
físico permanecen, se combinan y se reexperimentan. No es
sólo el tiempo pasado lo que regula la condición de recorrido,
es la presentificación de una temporalidad condensada que es
también futuro, politicidad e inmersión estética. Es un tiem-
po que no corre como el de las agujas del reloj; se siente en
el cuerpo, se materializa en una humanidad que estalla y se
alea de manera incandescente con una futurabilidad compro-
metida y existencial, proyectada (Mancuso, 2020) a través de
las diferentes maneras de estar vivos. El tercer relato es deseo
ético, es futuro, es vida y acción transformadora: es política
en estado vivo.
Hongos y Limones
“Si el viaje terminara acá, estaría satisfecho”. Fue mi comen-
tario a la salida del Museo Guggenheim de Bilbao un domingo
coda autobiográfica .335
de julio al que llegamos, previo a haber viajado toda la noche
desde la experiencia conventual y monacal de Zaragoza. Antes
había estado “volviendo a Granada” y después, ese mismo do-
mingo, yendo a Barcelona. Cerrar un ciclo, volver a mirarme
en esos ojos, con-moverme. Eso fue la visita a la exposición de
Yayoi Kusama (1945 - ). Yayoi pone a la pregunta ¿qué significa
una vida? en su propia vida y en su obra a través de los seis te-
mas clave que atraviesan su existencia: Infinito, Acumulación,
Conectividad radical, Lo biocósmico, Muerte y La energía de
la vida. Ningún lunar es mejor que otro, nos dice Kusama en
un mar que acumula, propaga, separa y reverbera cimientos
ocultos del universo. Hay en su obra y en su vida un deseo de
interconexión, sino ¿cómo separar la locura de la creatividad
en ella? Hay una sensibilidad que no responde a posibilidades
medibles y testeables, hay unos ojos Yayoi donde mirarse. En
su Mensaje de amor, 2006 nos plantea:
He albergado la esperanza de una vida de esplendor
a través de la repetición de los años,
Y he envejecido tan de prisa, que mi cabello ha
encanecido tan pronto, para mí sorpresa.
He recordado los días en los que buscaba la verdad
sobre la belleza humana, los días que iluminaron la
vida de Kusama,
Y, para prender fuego a mi apremiante adoración del suicidio,
Cojo las pinturas y me siento otra vez ante el lienzo.
La vida es hermosa. Al responder a la reverberación
de la autodestrucción,
Me pregunto si podría vivir un día venciendo a la muerte,
Un día entero hoy y un día entero mañana.
Para siempre invisible, en el fulgor de la vida y de la muerte,
Quiero vivir hasta el final sin quitarme la vida.
Suicidio, espera. ¿Podría seguir viviendo?
Le preguntaré a mi arte.
336. coda autobiográfica
Soñando ese sueño más preciado se compromete con la
vida y la humanidad toda a través del arte. Le interesa la vida,
le interesa el futuro. La tierra es sólo un lunar entre los millo-
nes de estrellas del cosmos, lo terrenal y celestial son lo mismo
y se hace urgente su necesidad expansiva de entrar en comu-
nión con el cosmos. Salgo de tanta exuberancia casi sin fuerzas,
mi tendón de Aquiles prácticamente no me deja avanzar. Me
quedo en silencio, camino en silencio por las calles bilbaínas.
Un parque es mi atención, sigo caminando hacia el encuentro
de ese compromiso-vida-Yayoi-futuro. De pronto, mi realidad se
suspende: el tiempo sin su fluir (Riley, 2019), en esa tarde calu-
rosa de domingo emergen del suelo un grupo de hongos, seño-
riales y haciéndose espacio, poniendo energía de supervivencia,
futurabilidad (Berardi, 2019) y belleza a un mundo dañado.
Hongo (fotografia del autor, 2023)
coda autobiográfica .337
Yayoi seguía ejemplarizando la vida a través de sus
obras de hongos representando lo biocósmico. Y también
me trajo imágenes de la obra de Carsten Höller (1961),
quien, formado como entomólogo, utiliza la experiencia
científica como motor de su obra artística centrada funda-
mentalmente en la naturaleza de las relaciones humanas.
Su proyecto con hongos, los colores, las formas, sus senti-
dos que no entendemos forma parte de ese “efecto mara-
villa” que nos proyecta al futuro. Yayoi, Höller y el parque
me seguían sorprendiendo paso a paso. El reino fungi
más. Y fui tras sus rastros (Morizot, 2020). Son sabidas sus
propiedades medicinales, pero son centrales las contribu-
ciones que hacen a la renovación de la tierra o las redes
subterráneas de micelio que favorecen la comunicación
entre árboles (Tsing, 2023). Los hongos nos proponen cone-
xiones originales, potentes, intrincadas formas de supervi-
vencia colaborativa y también otras formas de estar vivos,
preservan el futuro en el presente. Nos hablan “del propio
principio de metamorfosis: seres de constitución variada se
encuentran y en ese encuentro crean algo que todavía no
existía en el mundo conocido y visible, se arreglan mu-
tuamente” (Martin, 2023: 165). Pensaba haber cerrado el
“efecto Yayoi”; sin embargo, la despedida me sorprende al
cruzar una calle, cuando el metro de la ciudad pasa delante
de mí con la publicidad de la exposición del Guggenheim.
Lo que no intuía era que días después paseando en Paris, a
orillas del Sena, volvería a encontrarme con Yayoi, esta vez
sí, por última vez, en las vidrieras y vereda de Louis Vouit-
ton. Su escultura gigante sigue pintando lunares. Estar
abierto al mundo, salir de visita, caminar (Solnit, 2015),
cultivar efectivamente en conjunto artes de vivir en un
mundo damnificado (Fausto, 2023) nos interpela a “seguir
con el problema” (Haraway, 2019). Gestos estéticos y gestos
botánicos nos refieren a cuestiones situadas, por eso:
338. coda autobiográfica
Lo que importa es qué historias contamos para contar his-
torias; importan qué nudos atan nudos, qué pensamientos
piensan pensamientos, qué descripciones describen descrip-
ciones, qué lazos enlazan lazos. Importa qué historias crean
mundos, qué mundos crean historias. (Haraway, 2019: 35)
Esta ceremoniosa estrategia nómade (Braidotti, 2006)
continuó re-constituyendo vías de sensibilidad y otras ma-
neras de estar vivo a partir del arte de las variantes vivas de
una vida performada a través de Yayoi, los hongos, Höller y
el vivir “en estado de viaje” a través de errabundeos (Careri,
2015), del andar como experiencia estética que recoge de
los colores y olores más profundos los misterios de la vida
anidados en naranjos silvestres, limones, magnolias, laurenti-
nos, flores silvestres, pinos, vides, olivos y grandes arboledas,
potencias de las dulzuras (Dufourmantelle, 2021) que nos ha-
cen lugar para que el “cielo no se nos venga encima” (Krenak,
2023); nos permiten, como Lucio Fontana en su obra, Aguje-
rear y que el infinito entre allí.
##
Entre medusas, chicharras, hongos y limones un mar me
interpela, un baldecito desborda. La vida me llama.
¿Puede imaginarse una vida que no conozca fábulas,
novelas ni leyendas? Hay que soportar sin tregua la carga de
ser uno mismo, no hay distancia entre la conciencia y la fan-
tasía, ni escapatoria de la verdad desnuda, pero, a cambio,
grande es el éxtasis de vivir en la gloria íntima de las cosas”
(Barbery, 2019: 111)
coda autobiográfica .339
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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Aït-Touati, F. Y coccia, E. (2023). El grito de gaia. Pensar la tierra con
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