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Devocional sobre el libro de Daniel

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LUNES

El bien Vs el mal
Lectura: Daniel 7:1-3; Daniel 7:9-18; Juan 5:24-27
EOAO: Daniel 7:14
“Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas
le sirvieran. Su dominio es un dominio eterno que nunca pasará,
Y Su reino uno que no será destruido.”

Para muchos el tema de las visiones, revelaciones y sueños descritos en el


libro de Daniel puede llegar a producir algo de recelo, confusión, incluso
temor, al no entender todas las figuras en el texto. Sin embargo, te invito
a que, de ahora en adelante, veas este libro, y la Biblia completa, como una
fuente veraz de la historia de la humanidad.

Primero, consideremos algunos datos oportunos sobre este pasaje: el


primer año del reinado de Belsasar corresponde aproximadamente al año
553 antes de Cristo. Este fue el último rey del imperio babilónico, previo
a la conquista medo-persa.
Los eventos narrados en los capítulos 7 y 8 ocurrieron antes de los
mencionados en el capítulo 5, y Daniel ya llevaba más de 50 años en
Babilonia. En la visión del capítulo 7, las bestias tienen mucha similitud
con los cuatro reinos descritos en el capítulo 2.

En este conjunto de capítulos, las visiones descubren, por un lado, temas


relacionados con aspectos políticos externos del gobierno babilónico, y
por el otro, el capítulo 7 expone el juicio de Dios sobre esos aspectos y
sus implicaciones morales.
Dichas implicaciones contemplan el tema del bien y el mal, y se ejemplifica
en la mención de los animales de la visión, ya que refleja la mayor
degradación de la naturaleza humana al vivir apartados de Dios.

Los reinos en la visión batallaron por la ambición de tierras y riquezas,


pero también eran naciones politeístas e idólatras, que buscaban la
propagación de su fe y la honra de sus dioses. A pesar de que lograron su
expansión y gran poderío no resistieron el poder de Dios.
Así también será en el juicio venidero. La victoria y el justo juicio de Dios
sobre la humanidad prevalecerá por encima del mal, y de todos los que
adversan la Verdad.

Todos los hechos descritos en estos capítulos pueden despertar inquietud


en nosotros, nuestra mirada debe fijarse en la exaltación de Dios como
vencedor absoluto y eterno sobre todos los imperios. Y esa es la esperanza
que debe sostenernos.

Así como todos los eventos descritos en las visiones se cumplieron,


podemos estar seguros de que podremos ver el dominio y gloria de Dios
en Su reino venidero. Lo importante es gozar de la paz y certeza de ser
partícipes de la vida eterna con Cristo el Vencedor.

Tendremos angustias durante nuestra vida, pero, como Daniel, debemos


acudir a Dios por las respuestas que necesitamos, y perseverar haciendo
el bien, aunque el mal nos asedie alrededor.
El reino y el dominio ya pertenecen al Señor, esperamos el tiempo y la
hora del juicio, pero lo que hacemos mientras esperamos será evidencia
de dónde está puesta nuestra fe.

Padre, gracias porque Tu palabra nos muestra Tu soberanía en todos los


tiempos, y sobre toda la humanidad. Ayúdanos a esperar en Ti, aún en
medio de las controversias del mundo terrenal, que seamos de testimonios
firmes, mientras esperamos Tu regreso. En el nombre de Jesús, amén.

Gracia y paz,
Ileanis Martínez
MARTES
Prepárate para el regreso de Jesús
Lectura: Daniel 8:1-2; Daniel 8:15-27; 2 Pedro 3:8-18
EOAO: 2 Pedro 3:18
“Antes bien, crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A Él
sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.”

El libro de Daniel, en sus primeros 6 capítulos presenta la narrativa de hechos


históricos, y a partir del capítulo 7 hasta el 12 reúne las visiones y profecías recibidas,
por lo que hoy nuevamente nos encontramos con una visión.

En el tercer año de Belsasar (aprox. 550 a. C.), Daniel recibe de Dios un aviso de la
destrucción futura de otros reinos tan poderosos como el de Babilonia,
representados nuevamente en figuras. Vemos el carnero con dos cuernos, que
muchos señalan en la historia como el imperio Medo-persa, el cual fue vencido por
un macho cabrío, el rey de Grecia, se dice que fue Alejandro Magno.
Luego de la muerte de Alejandro (año 323 a.C.), el reino se dividió en cuatro regiones
bajo el mando de cuatro de sus capitanes principales. Uno de ellos sería el cuerno
pequeño, y se convertiría en un gran perseguidor de la Iglesia y del pueblo de Dios.

Ante este escenario lleno de dificultades Daniel recibió la explicación de lo que veía,
y supo que estos males que vendrían sobre el pueblo de Dios, era el tiempo del fin,
pero no sabía cuándo pasaría.
Todo eso lo perturbó, el asombro lo sobrecogió en un desmayo, pero tuvo que
reincorporarse y seguir. Y, aunque debió callar lo visto por un tiempo, sus acciones
afirmaban su propósito de estar alerta ante lo que vendría, aunque no llegó a ver su
cumplimiento.
La Biblia afirma que no hay nada nuevo bajo el sol, las guerras continúan, la ambición
de los gobernantes crece, y la Iglesia de Cristo sigue siendo atacada haciéndonos
pasar por tiempos difíciles. Ese es el tiempo en que estamos viviendo hoy.
Ante esto, debemos apropiarnos de la fe y perseverancia de Daniel, para seguir
honrando a Dios, pero a la vez sirviendo donde Él haya dispuesto que estemos.

Mientras esperamos el regreso de Cristo, tenemos un propósito en este mundo, y


debemos cumplirlo. Dentro o fuera de la Iglesia, en nuestro hogar, nuestro trabajo,
donde estudiemos, somos portadores del gran mensaje de esperanza que sobrepasa
a estas tribulaciones.
Hoy te recuerdo que debemos prepararnos, creciendo en el conocimiento de la
Palabra de Dios y en nuestra comunión con Él, pero eso no debe apartarnos de
nuestros deberes aquí, sino que debemos cumplir con ellos con diligencia para
testificar a otros de Jesús, y para honrar al Señor en todo.

Padre Todopoderoso, hoy te alabamos por la grandeza de Tu poder, que sobrepasa


nuestro entendimiento y limitaciones. Ayúdanos a vivir preparándonos cada día para
los tiempos venideros, anunciando a otros Tu justo juicio. Sólo Tú sabes cuándo
vendrás, así que pon en nuestro corazón ese asombro que pusiste en Daniel ante Tu
santidad, la urgencia para hacer el bien, y la paciencia que muestre al mundo la paz
que nos da esperar en Ti. En Jesucristo nuestro Señor, amén.

Gracia y paz,
Ileanis Martínez
MIÉRCOLES
Dios de la Compasión
Lectura: Daniel 9:1-19; Jeremías 25:3-12
EOAO: Daniel 9:9
“Al Señor nuestro Dios pertenece la compasión y el perdón, porque nos hemos rebelado contra
Él”

En la primera semana de nuestro estudio leímos en el capítulo 25 de Jeremías la


profecía hecha a la nación de Judá sobre el castigo venidero por sus constantes
desobediencias a Dios, mencionando los 70 años de cautiverio que enfrentarían.
Años después el profeta Daniel estudia dicha profecía y comprende que la esclavitud
en que vivían, lejos de su desolada nación, estaba por terminar.

La primera reacción de Daniel ante esta revelación fue acudir a Dios, pero en lugar
de ir en una actitud de celebración, él fue de la manera más humilde posible. Su
propósito era suplicar el perdón de los pecados propios, pero también los de su
pueblo.
Más que un hábito o costumbre, la oración en Daniel era el principal ejercicio de su
fe, confiaba en que el Padre le escuchaba y conocía sus necesidades, pero también
acudía por la conocida misericordia y compasión de Dios.

El profeta tuvo seguridad en las Escrituras, las creyó como ciertas, veraces y
suficientes como para prepararse para verlas cumplirse. Él confío en lo que leyó
porque era la Palabra del mismo Dios que libró antes al pueblo de la opresión de
Egipto, que había sostenido a Su pueblo en el desierto y les había entregado la tierra
que les había prometido, y así mismo, cumpliría también en librar a Judá.

Es así, como nosotras podemos fiarnos hoy de cada palabra escrita en la Biblia.
No sólo sabemos que Dios tuvo misericordia de Israel, que cuidó de Daniel de
manera milagrosa, y libró al pueblo de la cautividad, sino que, a través de ella
conocemos al Salvador, sabemos que vino en forma de hombre, vivió sin pecado,
murió y resucitó con poder, ha subido a las alturas y volverá por los Suyos con gran
gloria.

Nuestro Dios es fiel y compasivo, escucha nuestras súplicas y conoce nuestros


pensamientos más profundos, y puede restaurarnos cuando nos arrepentimos, y así
darnos de Su paz.

Debemos tener presente que, así como los santos hombres de los que leemos en las
Escrituras forman hoy parte de la historia, así también nuestras vidas se registran
como las crónicas que en el futuro testificarán a otros del poder de Dios en nosotros.
¿Verán en tu vida fidelidad y perseverancia?

Examina tu corazón hoy, acude al Señor en oración, y prepárate para ver Sus
promesas cumplidas, para interceder por la Iglesia, y para hablar a otros de Cristo.

Padre, te alabamos por Tu compasión y por la veracidad de Tu palabra. Gracias por


el aliento y dirección que recibimos de Ti a través de su estudio. Ayúdanos a
prepararnos y a ser fieles a Ti en todo momento. En Jesús, amén.

Gracia y paz,
Ileanis Martínez
JUEVES
La Respuesta de Dios a la Oración
Lectura: Zacarías 1:7-17; Romanos 6:1-2; 1 Pedro 2:21-25
EOAO: 1 Pedro 2:24-25
“Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y
vivamos a la justicia, porque por Sus heridas fueron ustedes sanados. Pues ustedes andaban
descarriados como ovejas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de sus almas.”

El profeta Zacarías, junto a sus contemporáneos Esdras y Hageo, fue testigo de la


reconstrucción del templo de Jerusalén después del largo exilio judío en Babilonia.
Dios le muestra una visión con la que dirige un mensaje claro a Su pueblo, iniciando
con un llamado al arrepentimiento, y para recordarles que Él estaba con ellos, por lo
que verían días de restauración.

Recordemos que este es el pueblo que, a causa de su pecado y desobediencia, había


vivido duras tribulaciones y pérdidas a manos de un cruel pueblo pagano como parte
de la justicia de Dios, pero también vieron Su fidelidad y misericordia al cumplir la
promesa de liberarlos y hacerlos volver. En todo tiempo el Señor cuidó de ellos, y
escuchó sus ruegos.
En la visión observamos que el Señor guardaba celo por los Suyo (v.14), a pesar del
desagrado por sus pecados Su corrección sobre ellos fue temporal; pero con los
opresores paganos, quienes se envanecieron en su poder, afligiendo a Judá, Dios
pagaría con Su ira. Desde ahora vendrían días de regocijo para Su pueblo (v.16).

Por otro lado, vemos que el apóstol Pedro también anunció mejores días para los
que antes estaban cautivos bajo la opresión del pecado. Cristo hizo esto posible, y
Su muerte es un ejemplo de paciencia bajo los sufrimientos, porque Él cargó con
nuestros pecados; soportó el castigo que ellos merecían, y de ese modo satisfizo la
justicia divina.
Este es el mensaje central del evangelio. En la cruz del Calvario, Cristo tomó nuestro
lugar y pagó por nuestros pecados para salvación eterna de los Suyos.

Nuevamente meditemos en la conducta de Judá. Ellos conocían el testimonio del


poder de Dios, pero aun así vivían en pecado, y de manera insolente esperaban ser
bendecidos a pesar de ello. Así mismo hoy, muchos pretenden abusar de la gracia de
Dios, menosprecian el sacrificio de Jesús, y no siguen Sus pisadas.

Jesucristo es la mayor provisión de Dios, la mejor respuesta a todas nuestras


necesidades, así que ya no tenemos parte con el mundo, sino que debemos vivir con
la mirada puesta en la Jerusalén celestial, esperando los días de regocijo y paz, ya no
pasajeras, sino por la eternidad.

Padre Celestial, gracias por Tu enseñanza para nosotras hoy. Ayúdanos a perseverar
en Ti, a procurar Tu palabra para que la renovación de nuestras mentes sea una
realidad. Gracias por responder nuestras oraciones y darnos lo que necesitamos. Te
alabamos, en el nombre de Jesús, amén

Gracia y paz.
Ileanis Martínez
VIERNES
Eres de Gran Valor
Lectura: Daniel 10:1; Daniel 10:5-19; Salmos 116:12-15
EOAO: Daniel 10:11-12
“Daniel, hombre muy estimado, entiende las palabras que te voy a decir y ponte en pie, porque
ahora he sido enviado a ti», me dijo. Cuando él me dijo estas palabras, me puse en pie temblando.
12 Entonces me dijo: No temas, Daniel, porque desde el primer día en que te propusiste en tu
corazón entender y humillarte delante de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y a causa de tus
palabras he venido.”

Una nueva visión es revelada a Daniel, pero en esta ocasión lo sobrecoge como no
había pasado antes, al punto que quienes están cerca de él quedan atemorizados. El
profeta había estado consagrándose y recibe una revelación que lo deja sin habla y
sin fuerzas, pero el varón de su visión lo fortaleció, y las palabras de su mensaje
renovaron sus fuerzas.

La visión mostraba grandes rasgos de las fuerzas espirituales que contendían entre
sí, y Dios estuvo atento al clamor de Daniel, en respuesta envió un mensajero, pero
un poderoso ser espiritual le impidió llegar por tres semanas. A pesar de eso, Daniel
continuó orando y ayunando fielmente, hasta que la respuesta llegó.

Las palabras que restablecieron a Daniel, infundiéndole valor y fuerzas, también le


mostraban la estima que el Señor guardaba por él. Lejos de alimentar su orgullo, este
aliento aumentó la reverencia y glorificación que profesaba por Dios, para seguir
siendo perseverante y fiel.

Muchas veces las respuestas a nuestras oraciones no llegan cuando las esperamos, y
eso nos desalienta, frustra o desespera, pero debemos tomar en cuenta que,
posiblemente, estén siendo entorpecidas por obstáculos espirituales que no
comprendemos por nuestra limitación humana.

Necesitamos confiar en que la respuesta del Señor llegará en el momento oportuno,


no va a ser según nuestros deseos.
El valor que Dios ve en nosotros se debe a Cristo, no somos amadas por nuestras
acciones o méritos, sino por ser parte del pueblo comprado con la valiosa sangre del
Cordero.

La obediencia y la constancia de las oraciones del creyente no son producto del valor
que Dios le manifiesta, sino que deben ser consecuencia de la obra de restauración
que Él hace en ellos. Así, no se sobredimensionará ese valor humanamente, por el
contrario, abundará en alabanzas y honra al Señor dando paz al nacido de nuevo.

Ahora que sabes que tus oraciones son escuchadas y que tendrás respuesta a ellas, te
exhorto a que procures que estas busquen siempre la voluntad de Dios. Acércate al
Señor con reverencia y fe, no importa las circunstancias por las que pases, acude a
Su presencia sabiendo que, por la obra de Jesús, a Sus ojos eres de gran estima y
valor.

Amado Padre, gracias por Tu palabra y por todo lo que nos enseñas a través de ella.
Gracias porque Tu poder nos conforta y fortalece, porque nos escuchas, y también
nos respondes. Ayúdanos a confiar en Ti y tener presente que el valor que Tú nos
das es eterno. En el nombre de Jesús, amén.

Gracia y paz,
Ileanis Martínez

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