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Estudio Bíblico Cristiano

E2 - 04

EL
CONOCIMIENTO
DE DIOS
EL CONOCIMIENTO DE DIOS

I. INTRODUCCION

II. LA VERDADERA VIDA CRISTIANA

¿QUÉ ES ENTONCES EN REALIDAD LA VIDA CRISTIANA?

III. CONOCER DE DIOS Y CONOCER A DIOS, NO ES LO MISMO

IV. UNA ENORME PÉRDIDA DE TIEMPO

V. EL TIEMPO ES CORTO PARA CONOCER A DIOS

VI. LA IMPORTANCIA DE CONOCER A DIOS

LAS MOTIVACIONES EQUIVOCADAS PARA CONOCER A DIOS

CONOCER A DIOS COMIENZA CON…

VII. PERMANECIENDO EN EL AMOR DE DIOS

VIII. CONOCER A DIOS ES EL OBJETIVO DE LA VIDA CRISTIANA

IX. ¿CÓMO PUEDES CONOCER A DIOS?

LA BIBLIA

LA ORACIÓN

LAS REUNIONES DE LA IGLESIA

LA OBEDIENCIA
EL CONOCIMIENTO DE DIOS

I. INTRODUCCIÓN

Gálatas 2:20
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo
en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Reconocer nuestra incapacidad de hacer la voluntad de Dios, confiar en plan maravilloso que Dios tiene
para nosotros, seguir sus instrucciones, en las tentaciones, pruebas y tribulaciones estar seguro de su
amor y de su capacidad para amarnos, es lo que nos llevará a entregarle el control del trono de nuestra
vida, para que el viva el auténtico cristianismo a través de nosotros.
Esto lo podemos resumir al decir que debemos dejar de confiar en nuestra capacidad para vivir una
buena vida y una buena eternidad, para confiar en que Jesucristo tiene el poder y el conocimiento
para guiarnos y darnos lo que necesitamos.
Esto no es difícil de entender, sin embargo, hay un asunto que por nuestra falta de confianza en Dios puede
complicarnos la vida cristiana, como en la actualidad se le ha complicado a muchísimos cristianos.
El Señor Jesús enseñó que la clave para reconocer el verdadero evangelio, está en confiar en él lo
suficiente para estar dispuesto a hacer su voluntad... Lo contrario a esto; cuando no hay la confianza
suficiente para disponernos a hacer su voluntad, no lograremos reconocer el verdadero Evangelio, peor
aún, tomaremos como verdadero lo que no es cierto.
Por esto, cuando decidimos hacer la voluntad de Dios, lo siguiente que debemos hacer es preguntarnos:
¿Cuál es el verdadero ofrecimiento del evangelio? Esta pregunta es de una importancia de
proporciones supremamente grandes por varias razones. Una de ellas es que desde la época de los
apóstoles que estaban con Jesús comenzó a ofrecerse un evangelio diferente, el cual el apóstol Pablo
con gran tenacidad combatió.
Otra razón supremamente importante es que la profecía anuncia que al final de los tiempos habrá una
proliferación de falsos evangelios tan grande que muchos serán confundidos.
Y es por eso que cada vez debemos ser más estudiosos e incisivos respecto de lo que la Escritura
dice y la Escritura no dice.
Déjeme darle dos señales claras que están en la Biblia, que nos servirán para discernir y poder saber
que es y qué no es un evangelio verdadero. La primera. El Señor Jesús dijo:
Mateo 13:35
“para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Abriré en parábolas mi boca; Declararé cosas
escondidas desde la fundación del mundo.”
Si pensamos en esta frase y lo que ella significa, el evangelio, el auténtico evangelio es la revelación
de cosas que nunca el mundo ha escuchado. Porque si el mundo las ha escuchado, entonces no son
cosas escondidas desde la fundación del mundo.

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Esto quiere decir que si en el evangelio que nos predican, nos dicen cosas que el mundo enseña, que
el mundo usa y respalda, entonces ese evangelio no es el evangelio. Al menos no un evangelio puro
y veraz.
Esto es igual a decir: Si somos auténticos cristianos no podemos tener los mismos objetivos que la gente
del mundo tiene, ni debemos usar los mismos métodos. Nuestros objetivos tienen que ser completamente
diferentes a los del mundo, de tal manera que cuando le comuniquemos a la gente lo que estamos
buscando, ellos deben quedarse pensando que estamos como mal de la cabeza. Lo mismo debe suceder
con los métodos que usamos para lograr esos objetivos.
¿Por qué la gente del mundo debe extrañarse con nuestro plan de vida? Porque de acuerdo a lo que
enseñó Jesús, si la iglesia enseña lo mismo que el mundo enseña entonces no es el Evangelio de Dios.
Pero: ¿Será exagerado hacer esta interpretación basados en que Jesús dijo que declararía cosas
escondidas desde la fundación del mundo? Pienso que no. Además, no es el único pasaje, el apóstol
Pablo considerado el hombre más usado por Dios para comunicar el verdadero evangelio, dice lo mismo
con otras palabras:
1 Corintios 2:6-8
“6 Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo,
ni de los príncipes de este siglo, que perecen. 7 Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la
sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, 8 la que ninguno
de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado
al Señor de gloria.”
Notemos que es el mismo principio que enseñó Jesús. Donde es muy claro que el verdadero Evangelio,
es decir, la sabiduría que tenemos los cristianos para vivir la vida, no es una sabiduría ni parecida
a lo que el mundo enseña. Por esto dice: “La que ninguno de los príncipes de este siglo conoció”.
Y más adelante continúa:
1 Corintios 2:9-10
“9 Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de
hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman. 10 Pero Dios nos las reveló a nosotros
por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.”
¿Sabe qué quiere decir que no han subido en corazón de hombre? Quiere decir que son cosas que
nadie en la tierra se ha imaginado.
Sin embargo muchos creen que el cristianismo sirve para vivir una vida agradable, cómoda, llena de
prosperidad. Pero sí nos preguntamos: ¿Cuántos en el mundo que no conocen a Dios quieren vivir
ese mismo estilo de vida? Muchísimos verdad, entonces quiere decir que esa visión del
cristianismo es equivocada.
Otros creen que la vida cristiana debe convertirnos en el mejor papá, el mejor esposo, el mejor hijo, el
mejor trabajador, el mejor profesional, para tener también a la mejor esposa, a los mejores hijos, a los
mejores empleados, etc. Yo le pregunto: ¿Cuántos que no conocen a Dios tienen esos mismos
objetivos? Muchos. Entonces eso tampoco es la vida cristiana.

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II. LA VERDADERA VIDA CRISTIANA

Tal vez a muchos les parezca que este es un mensaje muy radical, porque si el objetivo de la vida cristiana
no es buscar vivir mejor, ni convertirnos en las personas más excelentes... Algunos pueden quedar
confundidos y preguntarse: ¿Entonces qué es verdaderamente la vida cristiana?
Pero no es tan complicado, creo que el problema está en que con facilidad olvidamos que es el verdadero
evangelio porque todavía en nuestro corazón estamos apegados a muchas cosas del mundo.
Repasémoslo otra vez. El apóstol Pablo hablando de un tema supremamente importante, el matrimonio, la
célula de la sociedad, la iglesia pequeña que debe reproducirse, donde enseña que la relación del esposo
y la esposa tiene que ser como la de Cristo y la iglesia, lo cual coloca una exigencia muy grande para
ambos, haciendo un cambio en la temática nos aterriza al verdadero Evangelio al decir:
1 Corintios 7:29a
“Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto;…”
¿A qué se refiere Pablo cuando dice que tenemos poco tiempo?... ¿Poco tiempo para qué?...
Si pensamos que está hablando del matrimonio y de todas las cosas que debemos hacer, muchos no
estarían de acuerdo en que el tiempo es corto, sino que es demasiado largo, porque muchos consideran
que están esperando demasiado tiempo para que ciertas situaciones se arreglen... Hay solterías que
parecen eternas y no se ve ningún candidato; noviazgos que parecen eternos pues no llegan al matrimonio.
Y cuando se casan y pasa un poco de tiempo algunos de los cónyuges sienten que el matrimonio es
eterno.... También hay enfermedades que parecen eternas, malas situaciones económicas que parecen
eternas, conflictos con los hijos que parecen eternos, malos gobiernos eternos, inviernos eternos, veranos
eternos...
Pero resulta que el apóstol no está hablando de ninguna de esas cosas, pues continúa diciendo, que todas
esas cosas que poseemos o hacemos o aún sentimos no tienen importancia. Y si lo que poseemos o
hacemos o sentimos no tiene importancia, entonces está descalificando por completo la forma en
que viven los seres humanos. Lo dice de la siguiente manera:
1 Corintios 7:29-31
“29 Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como
si no la tuviesen; 30 y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se
alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; 31 y los que disfrutan de este mundo, como
si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa.”
Después de hablar de que el marido si es necesario debe sacrificarse como Cristo por su esposa, el apóstol
Pablo dice “que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen”. Esto parece una gran contradicción.
Luego dice que si esta triste, o si llora, haga de cuenta que no está triste, y si está feliz haga como si no
estuviera feliz... El apóstol Pablo está dando a entender que esos sentimientos por los cuales a veces
los hombres somos capaces de hacer cosas increíblemente valiosas o absurdas, no tienen ninguna
importancia. Sin embargo, para la mayoría de la gente eso es básicamente lo único que importa.
Estar felices y no estar tristes es el gran objetivo de la mayoría en el mundo. Pero el apóstol dice que no
hay valor en eso.
Y luego habla de las propiedades materiales que son algo supremamente importante para la gran mayoría
del mundo, y dice que si usted posee muchas cosas, tiene que hacer de cuenta que no tiene nada.

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Por supuesto, este mensaje es un mensaje ciento por ciento opuesto al mensaje del mundo, donde
las cosas que los hombres poseen son las que le dan valor, sin embargo el apóstol dice que eso no tiene
ningún valor.
Y por último termina diciendo que si usted disfruta de las cosas que el mundo le ofrece, lo cual es también
uno de los grandes objetivos de los seres humanos, poder disfrutar de la vida. El apóstol dice que si usted
logra disfrutar de la vida, eso no tiene importancia, y por eso tiene que hacer de cuenta que no lo está
disfrutando.
En conclusión, el apóstol Pablo está diciendo que en la vida cristiana no tiene importancia si usted
tiene una familia o no la tiene, no tiene importancia si usted se siente feliz o triste, no tiene
importancia si usted logra poseer muchas cosas o no tiene nada, y no tiene importancia si logramos
disfrutar o no del mundo.
Hágase estas preguntas y respóndalas escribiendo en una hoja lo que realmente desea:
¿Qué desea hacer con su vida, cuáles son los objetivos para su vida?... ¿Cuál es la respuesta?
¿Pretendes lograr, alcanzar, retener, y no perder ciertas cosas para poder estar feliz y no triste? La
Escritura dice que eso no vale nada.
¿Pretendes poseer muchas cosas para tu comodidad, para tu seguridad, para tu bienestar, para
alcanzar cierto status, para recibir cierto reconocimiento? Eso según la Escritura tampoco vale nada.
Todas estas cosas mencionadas componen lo que el mundo ofrece, y termina diciendo que si
disfrutamos del mundo, eso tampoco tiene ningún valor....
Como esta enseñanza el apóstol Pablo la comienza diciendo que el tiempo es corto... Está dando a
entender que no podemos perder el tiempo buscando todas esas cosas, porque la vida cristiana en
realidad no se trata de eso. Además, termina diciendo respecto de todas estas cosas que podemos hacer,
sentir, poseer y disfrutar:
1 Corintios 7:31
“…; porque la apariencia de este mundo se pasa.”
¿Por qué la apariencia de este mundo se pasa? ¡Porque todo eso va a desaparecer!
Y si todo eso va a desaparecer, no tiene sentido que el objetivo de nuestra vida sea hacer una gran
cantidad de cosas de las cuales no va a quedar nada.
El Señor a través del apóstol Santiago, buscando frenar a aquellos que tienen planes que consideran
maravillosos y que tienen la certeza de poderlos realizar, los regaña diciéndoles que son unos soberbios,
jactanciosos, porque lo primero de lo que tienen que asegurarse es que van a estar vivos, y lo
segundo es que tienen que reconocer que sólo lograrán aquellas cosas que Dios les permita realizar.
Santiago 4:13
“¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y
traficaremos, y ganaremos;”
Y termina diciendo:
Santiago 4:14
“cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que
se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.”
Lo que está diciendo Santiago es que la vida del hombre sobre la tierra es tan valiosa como la neblina
que dura poco tiempo y se desvanece... ¿Y cuándo se desvanece que queda?... Pues nada.
Como la motivación para buscar esas cosas que no son la vida cristiana es el amor al mundo, por esto
mismo el Señor a través del apóstol Juan nos hace la misma advertencia:
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1 Juan 2:15-17
“15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del
Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de
los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17 Y el mundo pasa, y
sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”
Tener como objetivo buscar estas cosas es una evidencia de no entender el amor de Dios, que es igual
a decir que quien lo hace no ha entendido el ofrecimiento que Dios le hace, o lo menosprecia.
Y la conclusión es la misma que en los otros pasajes, y es que el mundo se acaba o el hombre se muere
que es lo mismo, y solo el que hace la voluntad de Dios, que no es buscar esas cosas, permanece para
siempre.
La pregunta de algunos puede ser: ¿Entonces no hago nada? La respuesta es no, sí hay que hacer.
Así como el apóstol Pablo hablaba de cómo debe ser un matrimonio cristiano, también debemos entender
que las muchas cosas que tenemos que hacer en el mundo, porque los cristianos también nos casamos,
también tenemos hijos, trabajamos, compramos y vendemos, disfrutamos... Pero cuando nosotros los
cristianos hacemos esas cosas debemos hacerlas de una manera muy diferente a como las hace el
mundo... Pues absolutamente todo lo que hagamos, debemos hacerlo de la manera correcta como
si las hiciéramos para el Señor, y como si el Señor las hiciera a través de nosotros.
Colosenses 3:22-25
“22 Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren
agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. 23 Y todo lo que hagáis, hacedlo
de corazón, como para el Señor y no para los hombres; 24 sabiendo que del Señor recibiréis la
recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. 25 Mas el que hace injusticia, recibirá la
injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas.”
Esa es la razón por la cual Escritura nos habla del matrimonio, de los hijos, de la relaciones con el trabajo,
el dinero y los empleados, para que hagamos todas las cosas como Jesús las haría.
Eso ya de por sí marca una enorme diferencia con el mundo, pues implica que no cometamos ninguno de
los pecados que comete la gente del mundo para lograr esos objetivos.
Sin embargo, cuando hacemos las cosas como el Señor las haría, eso todavía no garantiza que
estemos viviendo la vida cristiana... Porque podemos enfocarnos en lograr todos esos objetivos y
perder de vista lo que realmente es la vida cristiana.

¿QUÉ ES ENTONCES EN REALIDAD LA VIDA CRISTIANA?


La verdad, me da cierto temor hacer una definición de la vida cristiana, pues no quisiera al hacerla dejar
por fuera algo que Dios no quiere que deje por fuera. Además, una corta definición de la vida cristiana
podría variar dependiendo del ángulo con que miremos las cosas.
Podemos por ejemplo decir: La vida cristiana es la respuesta para un mundo condenado a la extinción. O,
la vida cristiana es el testimonio de Dios ante los ángeles. O, la vida cristiana es la manifestación del amor
y la misericordia de Dios para el hombre. Etc. Sin embargo la que en lo personal me parece más acertada
es la descrita por el Señor Jesús cuando dijo:
Juan 17:3
“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has
enviado.”
La vida cristiana que es en realidad la vida eterna, es el conocimiento del Dios verdadero a través del
conocimiento de Jesucristo quien nos ha sido enviado.

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III. CONOCER DE DIOS Y CONOCER A DIOS, NO ES LO MISMO

Por supuesto que también el conocimiento de Dios es la respuesta a un mundo condenado a la extinción,
el conocimiento de Dios también trasforma nuestra vida y se convierte en un testimonio ante los ángeles,
el conocimiento de Dios nos salva del pecado y nos permite experimentar el amor y la misericordia de Dios,
etc. No hay duda que la clave es que debemos confiar en Dios para las cosas de esta vida, pero eso
es solo el método para el verdadero objetivo que es conocer a Dios.
Dios que escogió el pueblo de Israel para manifestarse a través de él, en más de una ocasión les dice que
la verdadera razón de la relación de ellos con Dios, es conocerle... Lo dijo a través del profeta Isaías:
Isaías 43:10-13
“10 Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis,
y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. 11 Yo, yo
Jehová, y fuera de mí no hay quien salve. 12 Yo anuncié, y salvé, e hice oír, y no hubo entre vosotros
dios ajeno. Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios. 13 Aun antes que hubiera día,
yo era; y no hay quien de mi mano libre. Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará?”
En el pasaje menciona que Dios es quien puede salvar por encima de cualquier creencia en cualquier
dios, y también enseña que nadie se puede liberar de la mano de Dios... Pero tanto el favor de Dios
como el castigo de Dios tienen como objetivo principal: Conocerlo, creer en él, entender que él es Dios.
Eso quiere decir que la vida que tenemos que vivir, al vivirla a través de la confianza que vamos
aprendiendo a depositar en Él, nos va a permitir conocerlo a Él.
Allí está la importancia de que hagamos todas las cosas como Él desea, allí está la importancia de las
pruebas, las tentaciones, las tribulaciones a través de las cuales debemos aprender a confiar cada vez
más en Él, porque eso es lo que nos puede llevar a conocerlo a Él.
Las cosas que hacemos son las herramientas, pero no podemos perder de vista que lo único
verdaderamente importante es conocerlo a Él.
Dios a planeado un viaje para cada uno de nosotros en este mundo, para que viajemos en su compañía
y tengamos así la oportunidad de conocerlo.
Eso quiere decir que el verdadero cristianismo no es buscar a Dios para tener que comer, tampoco es
buscar a Dios para ser sano, tampoco es buscar a Dios para encontrar compañero para el resto de la vida,
ser cristiano no es buscar a Dios para buscar las mismas cosas que la gente del mundo busca.
Sin embargo, todas estas cosas pueden ser parte del viaje planeado por Dios, viaje en el que te dará
de comer, te protegerá, te dará compañero o compañera o hijos y muchas cosas más, pero lo más tonto
que le puede pasar a un creyente, es que haga este viaje y no conozca a Dios.
¿Qué quiere decir esto? Que hay muchos que se llaman cristianos, que asisten a las iglesias, que
conocen la biblia, que hasta pueden tener una sana doctrina, que pueden aún predicar, que temen a Dios,
pero que todavía no conocen a Dios. La Escritura nos da evidencia de eso:
Tito 1:16
“Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados
en cuanto a toda buena obra.”
Aunque digan conocer a Dios, su comportamiento desobediente a Dios es evidencia de que no lo
conocen... Aunque lleven mucho tiempo en la iglesia.
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También dice la Escritura:
1 Juan 4:7-8
“7 Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios,
y conoce a Dios. 8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.”
Todo aquel que ama, entendiendo que el amor a Dios y a los hombres se evidencia en guardar sus
mandamientos, lo puede hacer porque es nacido de Dios, y conoce a Dios.
Pero si una persona no está siendo obediente a la voluntad de Dios, es decir si no ama a Dios y al prójimo,
ni así mismo, es porque no conoce a Dios. También dice la Escritura:
1 Juan 4:6
“Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto
conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.”
He compartido con muchos pastores acerca de la sana doctrina y la gran mayoría no quieren escuchar.
¿Por qué? Porque no conocen a Dios. Dicen conocer la Escritura, predican, hacen milagros, y echan
demonios, pero al final el Señor les dirá...
Mateo 7:22-23
“22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre
echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23 Y entonces les declararé:
Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”
Es que una cosa es oír hablar de Dios, y otra muy distinta es conocer a Dios.
El Señor nos dice en su palabra que no debemos afanarnos por nada... ¿Puede alguien que no conoce
a Dios obedecerle? La respuesta es no. Solo el que conoce a Dios, el que sabe lo fiel que es, el que
sabe lo poderoso que es, el que sabe que siempre cumple su palabra, puede descansar y no afanarse.
Pero el que lee en la Escritura que no debe afanarse y no conoce a Dios, eso no le sirve de nada, pues
al venir la circunstancia difícil se va a afanar.
La pregunta es: ¿Conocemos al Dios poderoso que ama y que nos cuida?… ¿O sólo hemos oído
hablar de Él?
Si no conocemos al Dios verdadero, aunque conozcamos sus mandamientos, no le vamos a obedecer,
y aun si logramos obedecerle en las cosas que nos dice que debemos hacer, no seremos capaces de
obedecerle con la actitud correcta; es decir… sintiéndonos siempre gozosos, no afanarnos por
nada, teniendo esa paz que sobrepasa todo entendimiento.
La pregunta es: ¿Conocemos verdaderamente a Dios?... ¿Sabemos lo poderoso que es?...
¿Conocemos en realidad su amor?...
El pueblo de Israel fue sacado de Egipto y llevado al desierto. El objetivo material, un viaje a la tierra
prometida. El objetivo espiritual supremamente importante: Conocer a Dios. La Escritura nos cuenta:
Deuteronomio 8:2-3
“2 Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el
desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o
no sus mandamientos. 3 Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no
conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre,
mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.”

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El resultado normal de quién verdaderamente conoce a Dios es que comienza a guardar sus
mandamientos. Porque el resultado normal de conocer a Dios es confiar en Él, en su maravilloso amor.
El resultado con el pueblo de Israel fue:
1 Corintios 10:1-5
“1 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos
pasaron el mar; 2 y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, 3 y todos comieron el mismo
alimento espiritual, 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que
los seguía, y la roca era Cristo. 5 Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron
postrados en el desierto.”
Todos hicieron el viaje, pero no conocieron a Dios y por esta razón no entraron a la tierra prometida.
No es suficiente que le hagamos caso a Dios en las cosas que se ven... Nuestra obediencia debe
llevarnos a conocerlo verdaderamente a Él.
Por supuesto los que ni siquiera hacen caso a Dios, los incumplidos, los mentirosos, los infieles, los
chismosos, etc., estos aunque digan ser cristianos, no tienen ni siquiera la oportunidad de conocer a
Dios... Y si no conocen a Dios por supuesto tampoco entrarán al reino de Dios...
La Escritura continúa diciendo:
1 Corintios 10:6-11
“6 Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas,
como ellos codiciaron. 7 Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo
a comer y a beber, y se levantó a jugar. 8 Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en
un día veintitrés mil. 9 Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por
las serpientes. 10 Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. 11 Y
estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a
quienes han alcanzado los fines de los siglos.”
El pueblo de Israel en su camino conoció de Dios, pero no conoció a Dios, pues mientras caminaban
hacia la tierra prometida y presenciaban los tremendos milagros que Dios hacía, su mirada estaba puesta
en Egipto que representa lo que el mundo ofrece. Y la amonestación es: No amemos al mundo ni lo
que el mundo ofrece, pues eso no nos dejará conocer a Dios y la manifestación de su amor.

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IV. UNA ENORME PÉRDIDA DE TIEMPO

En la época de navidad y fin de año parece que el tiempo se acortara, por supuesto que no es cierto, pero
la percepción de la gente es que el tiempo y el dinero no les alcanza para todas las cosas que tienen que
hacer, y por esta razón, además de andar en afanes, comienzan a seleccionar y a dejar de hacer ciertas
cosas.
Algunos por ejemplo dejan de trabajar o toman vacaciones para poder hacer otras cosas que desean...
Otros trabajan mucho más, especialmente aquellos que están emocionados por la cantidad de dinero que
puedan ganar. A otros lamentablemente les toca trabajar mucho más, porque son los empleados de estos
que quieren disfrutar del fin de año con mucho dinero, aunque eso implique que no dejen disfrutar a sus
empleados.
Y por supuesto no faltan aquellos que se toman vacaciones de la iglesia, y hasta de su vida cristiana, por
causa del mundo que está en oferta en esta época... Compras, fiestas, ferias, diversiones.
Algunos para limpiar su conciencia suelen tomar un pasaje de la Escritura que dice:
Eclesiastés 3:1-3
“1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. 2 Tiempo de nacer, y
tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 3 tiempo de matar, y tiempo de curar;
tiempo de destruir, y tiempo de edificar;…”
Diciendo que no hay que ser tan legalista, oh que Dios te entiende, que no hay que exagerar, sin embargo
deberían hacerse la pregunta que hace el escritor de este libro en el verso nueve:
Eclesiastés 3:9
“¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?”
¿Cuál va ser el verdadero provecho de todas estas cosas que voy hacer, especialmente cuando
tengo que dejar a Dios a un lado para hacer algunas de ellas?
¿Qué esperamos recibir a cambio de lo que vamos hacer en este mes? ¿Esperamos recibir cosas buenas?
Ojalá así sea, porque hay quienes esperan recibir mucha resaca, deudas y aún problemas producto del
desenfreno.
El escritor del libro de Eclesiastés, después de un inteligente y profundo análisis de la vida del hombre
sobre la tierra, concluye que el resultado de todas las cosas que hace el hombre ignorando a Dios,
es una enorme pérdida de tiempo, que además trae mucha injusticia y mucho dolor.
Y entendiendo esa realidad concluye su análisis diciéndonos:
Eclesiastés 12:13-14
“13 El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el
todo del hombre. 14 Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea
buena o sea mala.”
Parafraseando dice: Hay que tener temor de Dios, un temor y una reverencia lo suficientemente
grande para vivir haciendo su voluntad, porque nadie escapará al juicio de Dios.
Hebreos 9:27
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto
el juicio,”

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V. EL TIEMPO ES CORTO PARA CONOCER A DIOS

1000 años después, frente a todo este afán que controla el mundo, el Señor nuestro Dios a través del
apóstol Pablo nos dice:
1 Corintios 7:29a
“Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; …”
Y sabemos por lo que hemos estudiado, que no se está refiriendo a que tenemos poco tiempo para hacer
muchas cosas, sino más bien a que estamos dedicando mucho tiempo para esas cosas, cuando la
realidad es que tenemos muy poco tiempo para conocer a Dios.
Esto es igual a decir que por causa de ciertos objetivos a los cuales nos entregamos demasiado, llámese
familia, trabajo, diversión, etc., estamos perdiéndonos la oportunidad de vivir la auténtica vida
cristiana que fue descrita por Jesús de la siguiente manera:
Juan 17:3
“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has
enviado.”
La auténtica vida cristiana puede incluir que hagamos o dejemos de hacer muchas cosas, pero siempre el
gran objetivo, la gran prioridad, nuestra máxima necesidad, es poder conocer al Dios verdadero.
Si este objetivo no se cumple a través de las cosas que hacemos, nos estamos engañando al
creernos buenos cristianos.
Y es por eso, por la vital importancia de lograr este objetivo es que el Señor en su palabra nos insiste
de manera continua acerca de esto.
El apóstol Pablo ora por los convertidos de Colosas, de la siguiente manera:
Colosenses 1:9-10
“9 Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir
que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, 10 para
que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y
creciendo en el conocimiento de Dios;”
En su oración Pablo le está pidiendo a Dios que estos hombres puedan seguir el proceso necesario
para crecer en el conocimiento de Dios. Donde lo primero que pide es que ellos puedan conocer la
voluntad de Dios, pero con sabiduría e inteligencia espiritual.
La aclaración no sobra, he visto a muchos que dicen estar haciendo la voluntad de Dios, pero están llenos
de sabiduría e inteligencia natural, mundana y aun diabólica... Y por supuesto la conclusión a la que
llegan acerca de cuál es la voluntad de Dios, es completamente equivocada.
Pero cuando se obtiene el conocimiento de la voluntad de Dios de manera inteligente y espiritual,
podemos dar el segundo paso que es; hacer caso. Y digo “podemos” porque muchas veces entendiendo
cuál es la voluntad de Dios, aun así a veces no le hacemos caso.
Pero si hacemos la voluntad de Dios, si le agradamos en todo, dice que daremos fruto en toda buena
obra, y lo más importante de todo, es que creceremos en el conocimiento de Dios.
Así como el apóstol Pablo nos habla claro del proceso para conocer a Dios, podemos ver que el apóstol
Pedro nos motiva a hacer lo mismo, y para hacerlo nos habla de que la tierra será destruida. Pedro dice
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que los elementos se fundirán dando a entender que la tierra se destruirá de tal manera que no quedara
absolutamente nada...
Y partiendo de esta realidad de que no quedara absolutamente nada, deberíamos entender que lo más
tonto que podemos hacer, es dejarnos seducir por un mundo que será destruido de tal manera que
perdamos la oportunidad de conocer al Señor. Y por eso nos dice:
2 Pedro 3:17-18
“17 Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el
error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. 18 Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.”
No debemos dejarnos arrastrar por el mundo que con más fuerza pretende hacerlo... Antes bien, dice
él, debemos crecer en el conocimiento de Dios.
Todo esto quiere decir; que nuestra experiencia debe llevarnos a ser conscientes de haber conocido un
poco más a Dios. No como otros que lo que logran conocer es su codicia, su desenfreno, y su amor al
mundo.

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VI. LA IMPORTANCIA DE CONOCER A DIOS

Pero no sólo aumentar nuestro conocimiento de Dios debe ser un buen indicativo de una auténtica vida
cristiana, el conocimiento de Dios también es una evidencia de una verdadera salvación.
Muchos equivocadamente piensan que lo que asegura su salvación es su comportamiento. Por supuesto
no puede alguien que practica el pecado asegurar que es salvo porque la Escritura dice que no es
cierto.
1 Juan 3:8
“El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció
el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.”
Porque aunque parezca increíble, entre estos que practican el pecado no faltan aquellos que digan que
conocen a Dios, y que por supuesto creen que tienen asegurada la salvación. Pero es muy claro en la
Escritura que no todo el que dice conocer a Dios, en realidad lo conoce, y la evidencia es su mal
comportamiento. Dice la Escritura así:
Tito 1:16
“Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados
en cuanto a toda buena obra.”
Así que es claro que una de las evidencias de no conocer a Dios, es una desobediencia consciente y
continúa a la voluntad de Dios.
Es decir; en realidad la vida de estas personas no cambia, lo único que cambia es su manera de hablar,
pues dicen que son cristianos, y aunque algunos van a la iglesia, porque otros son cristianos en su casa,
en realidad su vida no ha cambiado, siguen deseando las mismas cosas que deseaban antes de
involucrarse en la iglesia, y por eso cuando hay que desobedecer para tener lo que desean, no tienen
ningún problema en hacerlo.
No hay duda que los desobedientes continuos evidencian que no conocen a Dios. Eso es muy claro,
lo que es complicado es que muchos que están haciendo ciertas cosas que la Escritura dice que hay
que hacer, creen que sus obras son una evidencia de su salvación, pero esto no siempre es cierto.
Por supuesto no es una apreciación o conclusión personal, es lo que claramente nos muestra Jesús, de
un grupo de personas que seguramente se llamaban así mismos cristianos, y que estarán seguros de su
salvación por haber hecho milagros, por predicar en el nombre de Jesús, y hasta por echar demonios...
Sin embargo, al llegar a la presencia de Dios, lo que escucharan de la boca del Señor es:
Mateo 7:23
“Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”
A eso me refiero con que no todo aquel que se porta como un cristiano es salvo. A eso me refiero con
que las obras que hacemos no pueden darnos la certeza de que somos salvos.
Y entonces, si haciendo cosas como estas, milagrosas y poderosas, no se puede asegurar que seamos
salvos, que podemos decir de aquellos que no hacen prácticamente nada por la obra del Señor... ¿Suena
grave verdad?
Por esto la pregunta muy importante es: ¿Por qué si hacían todas estas cosas que dice la Escritura
que hay que hacer, aun así fueron rechazados?
La clave está en que él Señor les dice: “Nunca os conocí”... Y: ¿Por qué no los conoció si parecían
estar haciendo lo correcto?... Observemos lo que Pablo dice acerca del conocimiento de Dios:
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Gálatas 4:9-10
“9 mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de
nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? 10 Guardáis los días,
los meses, los tiempos y los años.”
La explicación es que cuando un creyente conoce a Dios, es igualmente conocido por Dios. Lo cual
confirma que estos que no fueron conocidos por Dios, hicieron muchas cosas que debían hacer, pero a
pesar de hacer esas cosas no lograron obtener el conocimiento de Dios, y por eso serán condenados.
Y entonces la pregunta es: ¿Será importante conocer a Dios? Y la respuesta es: Que no hay nada más
importante que el conocimiento de Dios, de eso depende nuestra vida y eternidad.
Juan 17:3
“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has
enviado.”

LAS MOTIVACIONES EQUIVOCADAS PARA CONOCER A DIOS


Pero: ¿Por qué si están obedeciendo no están obteniendo el conocimiento de Dios? Y la respuesta
es que los hombres pueden cambiar su comportamiento, y actuar como las personas más santas del
planeta, pero ese cambio puede suceder por muchas razones que no son válidas delante de Dios.
Las personas pueden cambiar por orgullo, por odio, por miedo, por envidia, por ambición o codicia,
y por supuesto aún para manipular a los demás... Y esas malas motivaciones que no son agradables
delante de Dios les impiden conocerlo.
Si pensamos en Judas, el traidor. ¿Cuánto tiempo estuvo con el Señor Jesús viéndolo hacer
poderosos milagros y escuchando sus enseñanzas? Estuvo tres años con Jesús, salió con los otros
discípulos a evangelizar, también estuvo echando demonios con ellos y sin embargo no logró conocer
al Señor. No logro entender que era el hijo de Dios, Dios mismo. Y por eso lo traicionó.
Y si pensamos en que le llevó a traicionarlo… No hay duda que fue su amor al mundo, representado
en 30 monedas de plata.
La Escritura habla muy fuerte contra aquellos que su motivación para buscar a Dios es la prosperidad
material.
1 Timoteo 6:5-6
“5 disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad
como fuente de ganancia; apártate de los tales. 6 Pero gran ganancia es la piedad acompañada de
contentamiento;”
Donde nuevamente el amor al mundo es el gran problema.
Y si recordamos que el amor al mundo no sólo es amor al dinero, sino también a la vanagloria de la
vida, vamos a encontrar personas que se involucran en el cristianismo para obtener más vanagloria. Por
ejemplo:
Hechos 8:18-22
“18 Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les
ofreció dinero, 19 diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere
las manos reciba el Espíritu Santo. 20 Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has
pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto,
porque tu corazón no es recto delante de Dios. 22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a
Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón;”
Este hombre quería sentirse importante repartiendo el don de Dios, buscaba ser apreciado, que le echarán
flores, y a lo mejor, así como creía que pagando lo obtendría, seguramente luego cobraría...
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Pero no sólo el amor al mundo impide conocer a Dios y nos lleva a hacer cosas incorrectas, el amor
al mundo también hace que los hombres, recibiendo la misericordia y el favor de Dios, aun así no
conozcan al Señor.
La Escritura nos cuenta que 10 leprosos se acercaron al Señor, todos pidieron lo mismo, y todos recibieron
lo mismo. Sin embargo:
Lucas 17:14-19
“14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron
limpiados. 15 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran
voz, 16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. 17 Respondiendo
Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? 18 ¿No hubo quien
volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? 19 Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.”
Cuando la Escritura aclara que este era samaritano, está dando a entender que no era de esos judíos
recalcitrantes pegados a los rituales y cosas por el estilo. Sin embargo, este hombre dando muchísima
más importancia a “quien le había dado” que lo “que había recibido”, obtuvo la salvación. Este samaritano
a través de lo recibido conoció a su Salvador...
¿A través de lo que nosotros recibimos conocemos cada vez más a nuestro Salvador? O ¿Es tan
importante lo que recibimos que nos olvidamos del Salvador?
Los otros que fueron leprosos siguieron igual sin conocer a su salvador, es decir, aunque a lo largo de
toda su vida sigan recibiendo el favor de Dios, si no ponen atención “a quien les está dando”,
terminaran en el infierno.
La pregunta es: ¿Dónde estamos nosotros respecto de este asunto? Es decir: ¿Realmente es más
importante el Señor que las cosas que Él pueda darnos?... ¿O son tan importantes las cosas que
nos da, que cuando no recibimos lo que creemos necesitar, nos alejamos y aún nos disgustamos
con el Señor?

CONOCER A DIOS COMIENZA CON…


Ahora si pensamos en este hombre que fue sanado de su lepra, sanidad que le llevó a conocer a su
salvador, podemos ver que nuestro conocimiento de Dios debe comenzar por un reconocimiento de
su Señorío.
Este hombre al ser sanado, reconoció en primer lugar la autoridad del Señor sobre su enfermedad, y
junto con el reconocimiento del Señorío, también conoció la misericordia de Dios.
Y podemos ver que el reconocimiento del Señorío y de la Misericordia de Dios le otorgó la salvación.
Esto mismo lo podemos ver en las palabras del apóstol Pablo cuando dice:
Romanos 10:9
“que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó
de los muertos, serás salvo.”
Reconocemos su señorío cuando lo reconocemos como Nuestro Señor, es decir que reconocemos a
Jesús como nuestro amo, nuestro jefe, nuestro soberano, nuestra máxima autoridad sobre
nosotros mismos, es decir que lo reconocemos como el que manda en nuestra vida. Y reconocemos
su misericordia cuando entendemos y aceptamos su perdón. Sin estos dos requisitos nos sería
imposible acercarnos a Dios para conocerle.
Si nos preguntamos: ¿Un creyente que dice reconocer el señorío del Señor pero que vive
desobedeciéndole de manera continua, en realidad ha reconocido el Señorío de Cristo? Por
supuesto que no.
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VII. PERMANECIENDO EN EL AMOR DE DIOS

Ahora: La Escritura dice que Dios es amor. Es decir, no sólo dice que nos ama mucho, más que eso, Dios
es amor, lo cual quiere decir que aquel que verdaderamente conoce a Dios conocerá el amor de Dios.
Cuando reconocemos su señorío y recibimos su perdón, allí comenzamos a conocer el amor de
Dios. Por eso el Señor Jesús nos dice:
Juan 15:9-10
“9 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. 10 Si guardareis
mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi
Padre, y permanezco en su amor.”
Cuando reconocemos el señorío de Cristo y recibimos su perdón, allí comenzamos a conocer a
Dios. Por eso el Señor Jesús declara lo siguiente orando al Padre:
Juan 17:25-26
“25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú
me enviaste. 26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con
que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.”
Por supuesto obtener este conocimiento de Dios es algo qué obtenemos por revelación, que tiene un
inicio o un momento crítico, pero que luego debe aumentar de manera progresiva. Es por eso que el apóstol
Pablo lo explica de la siguiente manera:
Romanos 5:1-2, 5
“1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;
2 por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en

la esperanza de la gloria de Dios… 5 y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido


derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.”
Lo primero que dice es que al Nacer de Nuevo, el Espíritu Santo ha derramado el amor de Dios en
nuestros corazones. Pero: ¿Comprendemos el gran amor de Dios? La respuesta es no, pero
tenemos la oportunidad de conocerlo. ¿Cómo? El apóstol dice:
Efesios 3:17-19
“17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en
amor, 18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la
longitud, la profundidad y la altura, 19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo
conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.”
La idea es que ese amor que entendemos que Dios tiene por nosotros, nos lleve a permanecer en
Él, y estoy hablando de obediencia... El Señor Jesús lo dijo así:
Juan 15:10
“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los
mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.”
Si por amor a Dios guardo sus mandamientos, entonces permanezco en su amor...

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VIII. CONOCER A DIOS ES EL OBJETIVO DE LA VIDA CRISTIANA

Dije anteriormente que un cambio de comportamiento no asegura nuestro conocimiento de Dios, porque
este cambio puede venir por muchas razones equivocadas. El cambio que verdaderamente vale a los ojos
de Dios, es el cambio motivado por el amor de Dios, que es igual a decir que la única razón válida para
cambiar, es el cambio que viene como consecuencia del conocimiento de Dios y de su amor.
Efesios 3:17-19
“17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en
amor, 18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la
longitud, la profundidad y la altura, 19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo
conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.”
El hecho de haber nacido de nuevo y tener a Cristo habitando en nuestro interior, nos conduce a estar
“arraigados y cimentados en amor”, lo cual nos capacita para “comprender con todos los santos” la
inmensidad de la grandeza de Dios y su perfecto amor, y es precisamente ese amor de Cristo “que excede
a todo conocimiento” que nos lleva a ser llenos cada vez más de “toda la plenitud de Dios”, lo cual
implica un cambio completo de nuestro ser.
Ahí está lo que he venido repitiendo, que el objetivo de la vida cristiana es conocer a Dios, porque el
conocimiento de Dios es lo que nos transforma...
Si volvemos a hacer la pregunta: ¿Por qué muchos de los que están obedeciendo no están obteniendo
el conocimiento de Dios? Ya mencioné que el problema es que están obedeciendo pero con actitudes
equivocadas que no les permiten obtener el conocimiento del amor Dios.
Pero: ¿Cuál es la raíz de esas actitudes equivocadas? Que es igual a preguntar: ¿Cuál es el gran
enemigo de conocimiento del amor de Dios? Y la respuesta es:
1 Juan 2:15
“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre
no está en él.”
Repito la pregunta de manera diferente: ¿Y cómo sabe uno que una persona está haciendo el viaje de
su vida en compañía de Dios, porque Dios es soberano, pero no está conociendo el amor de Dios?
Y la respuesta es: Porque ama al mundo, y el amor al mundo le impide conocer y permanecer en el
amor de Dios.
¿Los nueve leprosos porque no reconocieron el amor de Dios? Porque para ellos era más importante
su sanidad física que Dios. Y eso es amar al mundo.
¿Porque Simón el mago no pudo conocer el amor de Dios? Porque quería usar el don de Dios para ser
más amado por el mundo.
¿Porque los que predicaron en el nombre de Jesús, hicieron milagros y echaron demonios no pudieron
conocer el amor de Dios? Porque hacían todas esas cosas para obtener el reconocimiento y el amor
del mundo. (Lo he dicho muchas veces, un pastor orgulloso o prepotente no está conociendo a Dios)
El objetivo del cristiano no es tener un cambio de vida u obtener las cosas del mundo que necesitamos. El
objetivo del cristiano es conocer a Dios el cual cambiará su vida y le dará las cosas que necesita. Esto
no se puede invertir.

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Sin embargo, estamos en el mundo, tenemos que trabajar, tenemos que comprar ropa, tenemos que
alimentarnos, tenemos que hacer muchas cosas, y la Escritura nos enseña que debemos hacerlas de la
mejor manera como para el Señor.
Respecto de esto la pregunta es: ¿Cuál es el límite? ¿Cuál es el límite de lo que debo poseer? ¿Cuál es
el límite de cuanto debo trabajar?¿Estaré trabajando más de lo que Dios quiere por causa de la codicia, o
menos de lo que Dios quiere por causa de la pereza?
Consciente de este peligro, porque el mundo tratará de conquistarnos a toda costa, y sabiendo que es
imposible que nos aislemos del mundo, la oración del Señor Jesús por nosotros fue:
Juan 17:15-16
“15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16 No son del mundo, como
tampoco yo soy del mundo.”
Ciertamente los cristianos también comemos, también necesitamos ropa, un techo, una familia, etc. Por
esa razón no podemos ser sacados del mundo. Pero si necesitamos ser guardados del mal.
Si volvemos a la carta del apóstol Juan, continúa diciendo:
1 Juan 2:16
“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria
de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.”
Una cosa es que necesitemos comer, otra que deseemos comer las cosas más exquisitas y caras, y nos
sintamos mal de no poder hacerlo, una cosa es vestirnos, otra que tengamos que vestirnos con la ropa
más exclusiva y estemos aburridos de no poder hacerlo, una cosa es que necesitemos trabajar, otra que
no paremos de trabajar y nunca tengamos tiempo para Dios y la familia. Una cosa es tener esposa, otra
es desear la mujer más linda del mundo y estar frustrado por no conseguirla...
Es evidente que el amor al mundo nos controla cuando estamos aburridos por no obtener ciertas
cosas. Porque lo correcto ante esas situaciones es el contentamiento. Así que teniendo sustento y abrigo
debemos estar felices como nos enseña la Escritura.
1 Timoteo 6:8
“Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.”
Hebreos 13:5
“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te
desampararé, ni te dejaré;”
Dios cuida de sus hijos, por lo cual espera que ellos confíen plenamente en Él. Esta confianza en Dios
debe llevarnos a no perder tiempo preocupándonos y afanándonos por las cosas que necesitamos, sino
más bien a ocuparnos de buscar el reino de Dios y su justicia, es decir ocuparnos de conocer a Dios y del
resto la promesa de Dios es que Él al saber de qué cosas tenemos necesidad se encargará de añadirlas
a nuestra vida.
Mateo 6:31-33
“31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque
los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de
todas estas cosas. 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas
os serán añadidas.”

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IX. ¿CÓMO PUEDES CONOCER A DIOS?

Conocer a Dios es algo que está al alcance de todos. Conocer a Dios comienza cuando respondes al
llamado que Dios hace a tu vida. Conocer a Dios comienza cuando tú de todo corazón le dices a Él que te
perdone por haberle ignorado tanto tiempo y que le quieres conocer.
Las herramientas para conocer a Dios a tu disposición son:
LA BIBLIA: debes estudiarla con alma vida, con la actitud y la disposición correcta, con el real deseo de
querer conocer la voluntad de Dios para obedecerla. Como el estudio de la palabra de Dios es una tarea
espiritual, nunca te olvides de orar a Dios pidiéndole que te de entendimiento de lo que vas a estudiar con
la ayuda del Espíritu Santo.
2 Timoteo 3:16-17
“16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para
instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda
buena obra.”

LA ORACIÓN: es la conversación que debes tener con Dios donde le debes consultar absolutamente todo
lo que haces. La oración lejos de ser un ritual lleno de frases repetitivas, es en realidad conversar con
Dios con todo lo que esto verdaderamente implica. La oración es algo que debemos aprender a hacer,
especialmente porque en el mundo hemos aprendido y practicado una forma de comunicación que aunque
puede llegar a ser muy efectiva, no es adecuada en nuestra relación con Dios.
Para resumir podemos decir que la Escritura nos enseña que “debemos orar al Padre en el nombre de
Jesucristo en el poder o la unción del Espíritu Santo”.
Tanto el estudio de la Biblia como el tiempo de oración debe ser algo diario en la vida de cada cristiano
y se puede practicar en forma individual en los devocionales y en forma grupal a través de reuniones
familiares.
1 Tesalonicenses 5:16-18
“16 Estad siempre gozosos. 17 Orad sin cesar. 18 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de
Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”

LAS REUNIONES DE LA IGLESIA: La Iglesia es el cuerpo de Cristo al cual eres adherido cuando naces
espiritualmente y que debes frecuentar para aprender lo que Dios te quiere enseñar. Cuando los cristianos
se reúnen para juntos alabar a Dios y bendecir su nombre, también se bendicen mutuamente compartiendo
cada uno de la gracia que Dios le ha dado.
1 Corintios 14:26
“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina,
tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.”
Efesios 5:17-20
“17 Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. 18 No os
embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, 19 hablando entre
vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros

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corazones; 20 dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor
Jesucristo.”
Cuando la Iglesia de Cristo se reúne, todos pueden ser edificados en el conocimiento de la voluntad de
Dios. Cada cristiano puede aportar algo para la edificación de otro u otros hermanos, un simple abrazo,
una oración, un palabra de fe, una exortación, una enseñanza de la Escritura, una palabra de consuelo o
de ánimo, un testimonio, un salmo, una alabanza, un agradecimiento, un reconocimiento, una ayuda al
necesitado, un perdón, una disculpa, una reparación por un daño causado, etc., etc., etc..
Colosenses 3:12-17
“12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de
benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y
perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó,
así también hacedlo vosotros. 14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo
perfecto. 15 Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados
en un solo cuerpo; y sed agradecidos. 16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros,
enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros
corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. 17 Y todo lo que hacéis, sea de
palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por
medio de él.”

LA OBEDIENCIA: A medida que vamos entendiendo cuál es la voluntad de Dios, debemos ir


obedeciendo esa voluntad. Si hacemos esto, iremos creciendo verdaderamente en el conocimiento
de Dios y nuestra vida irá mostrando los frutos de ese conocimiento.
No siempre será fácil obedecer a Dios, nuestra carne no se quiere sujetar a Dios, también nuestros
deseos no siempre van a estar de acuerdo con los deseos de Dios y es por esta razón que Jesús nos dice
lo siguiente:
Lucas 9:23
“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y
sígame.”
Negarse a uno mismo es negar nuestros propios deseos, los deseos de nuestra concupiscencia y
de nuestra carne. Tomar la cruz cada día es crucificar nuestra carne y sus deseos cada día. Y si
hacemos esto podremos seguir a Jesús y ser sus discípulos. El apóstol Pablo tenía muy en claro todo
esto y lo expresaba de la siguiente manera:
Gálatas 2:20
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora
vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”

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