Águeda Delgado Ruiz
Derecho Constitucional II: Derechos Fundamentales
EPD 4 DERECHO A ASISTIR A ACTOS DE CULTO Y PANDEMIA.
Lea los fundamentos jurídicos de la STC 101/2004, intentando responder a las cuestiones
siguientes.
1. ¿Qué derecho se limita por los actos de superioridad que obligan al recurrente
a participar en la procesión?
Se limita el derecho a la libertad religiosa (artículo 16 CE), puesto que el recurrente fue
obligado a tomar parte en un acto religioso catolico contra su voluntad.
Según lo establecido en el FJ1: “Para el recurrente en amparo todas estas resoluciones, en
la medida en que confirman la legalidad de la orden de participar en un desfile procesional
de carácter religioso, son contrarias al ordenamiento jurídico y lesivas de su derecho a la
libertad religiosa, reconocido en el art. 16 CE. Igualmente sería contrario a lo dispuesto en
dicho artículo, en tanto en cuanto garantiza la aconfesionalidad del Estado, el hecho de que
el Cuerpo Nacional de Policía tenga la condición de Hermano Mayor de la Hermandad de
Nuestro Padre Jesús El Rico de Málaga”; “…pero sí debe otorgarse el amparo al recurrente
por obligar a tomar parte en una procesión religiosa contra su voluntad, ya que no es
aceptable la argumentación de que el acompañamiento a la indicada hermandad sea un
acto policial de mantenimiento de la seguridad ciudadana, que justifique la obligatoriedad en
su participación”.
2. ¿Qué dos exigencias se derivan de la dimensión objetiva de la libertad
religiosa?
Las dos exigencias que se derivan de la dimensión objetiva de la libertad religiosa según lo
establecido en el FJ3 son las siguientes: “…la libertad religiosa comporta una doble
exigencia, a que se refiere el art. 16.3 CE: primero, la de neutralidad de los poderes
públicos, ínsita en la aconfesionalidad del Estado; segundo, el mantenimiento de relaciones
de cooperación de los poderes públicos con las diversas iglesias. En este sentido, ya
dijimos en la STC 46/2001, de 15 de febrero, FJ 4, que «el art. 16.3 de la Constitución, tras
formular una declaración de neutralidad (SSTC 340/1993, de 16 de noviembre, y 177/1996,
de 11 de noviembre), considera el componente religioso perceptible en la sociedad
española y ordena a los poderes públicos mantener ’las consiguientes relaciones de
cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones’, introduciendo de este modo
una idea de aconfesionalidad o laicidad positiva que ’veda cualquier tipo de confusión entre
funciones religiosas y estatales’ (STC 177/1996, de 11 de noviembre)»”.
3. ¿Qué diferencias se plantean en el diferente alcance de la protección
constitucional de la dimensión interna y externa de la libertad religiosa?
Las diferencias que se plantean en el diferente alcance de la protección constitucional de la
dimensión interna y externa de la libertad religiosa, quedan recogidas en el FJ 3 de la
Águeda Delgado Ruiz
Derecho Constitucional II: Derechos Fundamentales
presente sentencia: “Así, según dijimos en la STC 177/1996, de 11 de noviembre, FJ 9, la
libertad religiosa «garantiza la existencia de un claustro íntimo de creencias y, por tanto, un
espacio de autodeterminación intelectual ante el fenómeno religioso, vinculado a la propia
personalidad y dignidad individual», y asimismo, «junto a esta dimensión interna, esta
libertad... incluye también una dimensión externa de agere licere que faculta a los
ciudadanos para actuar con arreglo a sus propias convicciones y mantenerlas frente a
terceros (SSTC 19/1985, de 13 de febrero, FJ 2; 120/1990, de 27 de junio, FJ 10, y
137/1990, de 19 de julio, FJ 8)». Este reconocimiento de un ámbito de libertad y de una
esfera de agere licere lo es «con plena inmunidad de coacción del Estado o de cualesquiera
grupos sociales» (STC 46/2001, de 15 de febrero, FJ 4, y, en el mismo sentido, las SSTC
24/1982, de 13 de mayo, y 166/1996, de 28 de octubre) y se complementa, en su dimensión
negativa, por la prescripción del art. 16.2 CE de que «nadie podrá ser obligado a declarar
sobre su ideología, religión o creencias»;“La dimensión externa de la libertad religiosa se
traduce, además, «en la posibilidad de ejercicio, inmune a toda coacción de los poderes
públicos, de aquellas actividades que constituyen manifestaciones o expresiones del
fenómeno religioso» (STC 46/2001, de 15 de febrero), tales como las que se relacionan en
el art. 2.1 de la Ley Orgánica 7/1980, de libertad religiosa (LOLR), relativas, entre otros
particulares, a los actos de culto, enseñanza religiosa, reunión o manifestación pública con
fines religiosos, y asociación para el desarrollo comunitario de este tipo de actividades”.
4. A juicio de la Administración, ¿qué finalidad se persigue con esta medida?
A juicio de la Administración, la finalidad que se perseguía con esta medida era garantizar el
orden público ante una concurrencia masiva de personas. Según lo establecido en el FJ 4:
“La defensa posible de la constitucionalidad de las órdenes recibidas por el ahora quejoso
sería la de argumentar, como se hace por la Abogacía del Estado, que nos hallábamos ante
un servicio propiamente policial, sin connotación religiosa alguna, y que trataba de asegurar
el orden público en un acto con asistencia masiva de personas”.
5. ¿La medida respeta el juicio de proporcionalidad? ¿sería
idónea? ¿necesaria? ¿Proporcionada en sentido estricto?
La medida no respeta el juicio de proporcionalidad, ya que el órgano judicial ha realizado
una interpretación de los requisitos procesales y esta es desproporcionada con la finalidad
para la que ha sido establecido. Es decir, la limitación de la libertad religiosa (artículo 16
CE), en realidad, no tiene como finalidad garantizar el orden público, sino contribuir a
realzar la solemnidad de un acto religioso de la confesión católica, como es la procesión de
la Hermandad Sacramental de Nuestro Padre Jesús, El Rico, de Málaga.
Águeda Delgado Ruiz
Derecho Constitucional II: Derechos Fundamentales
Creo que no es una medida idónea, ya que la restricción que sufre el derecho no resulta útil
para justificar el fin perseguido, es decir, realzar la solemnidad de un acto religioso de la
confesión católica como se ha mencionado anteriormente. Además, si las medidas de orden
fueran necesarias en todo caso, el acompañamiento no se circunscribe a la hermandad.
Por otro lado, tampoco considero que sea una medida necesaria, ya que si existen medidas
menos gravosas para la consecución del supuesto fin, como por ejemplo, que fuese otro
policía el que hubiese desfilado procesionalmente por voluntad propia. Tampoco la podemos
considerar proporcionada en sentido estricto o equilibrada, ya que no se da una valoración
entre los perjuicios que provocan en el titular, es decir, la vulneración del derecho a la
libertad religiosa (art. 16 CE), y el supuesto fin a perseguir según la Administración,
tratándose según la misma un servicio propiamente policial, sin connotación religiosa
alguna, y que trataba de asegurar el orden público en un acto con asistencia masiva de
personas. No obstante, son claras las implicaciones de tipo religioso de la participación en
dicho servicio, implicaciones que fundamentan sobradamente la negativa de quien no
profese la religión católica a tomar parte en manifestaciones de culto de dicha religión, como
es desfilar procesionalmente.
6. ¿Por qué no se pronuncia el Tribunal Constitucional sobre la condición de
Hermano de la Cofradía de Jesús el Rico que ostenta el Cuerpo Nacional de
Policía?
El Tribunal Constitucional no se pronuncia sobre la condición de Hermano de la Cofradía de
Nuestro Padre Jesús El Rico, de Málaga que ostenta el Cuerpo Nacional de Policía, ya que
según lo establecido en el FJ 5: “Tal pretensión se dirige, por tanto, contra el art. 106 de los
estatutos de «La Real, Excelentísima, muy ilustre y venerable Cofradía de culto y procesión
de nuestro Padre Jesús Nazareno bajo la advocación de "El Rico" y María Santísima del
Amor» (aprobados por el Obispado de Málaga el día 4 de mayo de 2000), en el que se
dispone que «son hermanos de esta Cofradía el Cuerpo de Instituciones Penitenciarias y el
Cuerpo Nacional de Policía». Sucede, sin embargo, que la disposición transcrita no es
imputable a un poder público, por lo que nada puede pretenderse contra ella a través de un
recurso de amparo (art. 41.2 LOTC), independientemente de que el eventual acto de
aceptación pueda ser impugnado en la vía procedente”.