CAPÍTULO 50
Cisexismo, cadenas de violencia
y transfeminicidio1
Siobhan Guerrero Mc Manus
Leah Muñoz Contreras
resumen
E
l propósito de este texto radica en ofrecer una recapitulación acerca
de las formas en las que hemos ido conceptualizando el transfemini-
cidio. De manera sucinta, este ensayo recupera nuestra primera
aproximación al tema y luego enuncia brevemente una segunda elaboración
que nació de un ejercicio de autocrítica motivado en gran medida por la
pregunta de si el transfeminicidio atiende a estructuras causales radical y
sustancialmente diferentes a las que subyacen al feminicidio. Como se verá,
si bien en un primer momento nuestra caracterización del transfeminicidio sí
lo postulaba como un fenómeno esencialmente diferente al feminicidio, en
nuestras reflexiones más tardías tomamos distancia de este acercamiento.1
introducción
De manera general, lo que aquí presentamos es una profunda reflexión sobre
el concepto de transfeminicidio. Nuestro punto de partida original consistía
en reconocer que el transfeminicidio no se reduce a un simple homicidio;
1
El presente texto reúne las ideas más importantes previamente desarrolladas en Guer-
rero y Muñoz (2018, en prensa). Las propuestas aquí articuladas fueron presentadas en el 4º
Congreso Internacional sobre Problemáticas Contemporáneas. Violencias, Resistencias y
Disidencias. Voces, Sentires y Miradas desde el Sur, el cual fue organizado por la UNICACH
en el mes de octubre de 2023.
627
más bien, representa un acto de profundo simbolismo. En éste, la violencia
se dirige hacia un cuerpo identificado como transgresor y, por lo tanto, sujeto
a castigo. Este cuerpo, debido a su transgresión, se convierte en vulnerable
y sufre daños.
Dicho esto, nuestra intención es explorar qué es el transfeminicidio, qué lo
provoca, qué lo motiva y cómo abordarlo desde una perspectiva conceptual.
Para ello, hacemos un breve recorrido acerca de nuestros propios plantea-
mientos sobre el tema. Con ello buscamos arrojar luz sobre este fenómeno
para así establecer una serie de estrategias que sirvan para mitigar la violen-
cia que lo origina y transformar las estructuras que lo permiten, contribu-
yendo de este modo a la construcción de una sociedad más inclusiva. En
este proceso, consideramos que disciplinas encaminadas a la intervención,
como el trabajo social o la psicología, pueden servir a modo de herramientas
valiosas.
Cabe aclarar que este ensayo se enmarca dentro de una reflexión colectiva
sobre el transfeminicidio que actualmente se está gestando en diversas aca-
demias y espacios transfeministas en América Latina (e.g. Chamorro Muñoz
et al., 2021). Aunque esta literatura aún está en sus primeras etapas, ya ha
abordado aspectos como: a) las similitudes y diferencias entre el transfemi-
nicidio y el feminicidio, b) el modo en el cual la opresión y la discriminación
afectan la vida de las mujeres trans, aumentando su riesgo de ser víctimas de
homicidios violentos y, c) si este concepto debe considerarse un delito inde-
pendiente con su propio tipo penal o si debería ser subsumido bajo la cate-
goría de feminicidio.
A partir de lo anterior, el propósito de este ensayo es llevar a cabo un
ejercicio filosófico conocido como ingeniería conceptual. Esto implica ana-
lizar si la forma en que se entiende el concepto de transfeminicidio, al menos
en el contexto de las academias y el transfeminismo latinoamericano, es
adecuada para cumplir sus objetivos. Concretamente, examinaremos críti-
camente cómo se ha construido este concepto y abordaremos algunos de los
puntos mencionados previamente (a, b, y c) para evaluar si el transfeminici-
dio difiere realmente del feminicidio y si, en consecuencia, justifica la exis-
tencia de una categoría legal separada.
Es importante destacar que, como ya se ha dicho, este trabajo también
representa una autocrítica en la que nos distanciamos de nuestros análisis
anteriores sobre el transfeminicidio. Reconocemos que caímos en la trampa
de una mirada esencialista que también parece estar presente en los enfo-
ques de otros colegas de la región. Sin embargo, ahora reconocemos que
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estos crímenes pueden originarse a partir de múltiples cadenas de violencia
que no pueden ser reducidas a un único relato sobre el transfeminicidio.
Además, consideramos un error común intentar utilizar análisis causales
de la violencia para definir sujetos políticos. Como demostraremos en este texto,
esto conlleva una esencialización de dichas violencias y pasa por alto el hecho
de que la opresión patriarcal se manifiesta de diversas maneras. En conse-
cuencia, debemos abandonar la creencia de que los mecanismos de opresión
son unívocos y que podemos etiquetar ciertas violencias como exclusivamente
patriarcales o cis/heterosexistas.
Primera aProximación: en busca de una caracterización
en torno aL transFeminicidio
En esta primera sección ofrecemos una reconstrucción de nuestra primera
aproximación en torno a este tema. Como se verá, en este primer ejercicio
nos interesaba encontrar un perfil relativamente común a los transfeminici-
dios para, posteriormente, intentar explicar la prevalencia de este fenómeno
atendiendo a una serie de estructuras de opresión que son responsables de
la marginación y exclusión de las mujeres trans. En este primer momento,
nuestra perspectiva abrevó fuertemente de la producción argentina, en es-
pecial de los trabajos de Blas Radi. Sin embargo, ya en ese entonces toma-
mos distancia de su definición pues nos parecía que, al centrarse únicamente
en el cisexismo, dejaba de lado los cruces de éste con la misoginia y, con ello,
pasaba por alto que los crímenes por prejuicio cometidos contra personas
trans no ocurren con la misma frecuencia cuando hablamos de hombres y
mujeres trans. Fue a raíz de esta asimetría el que nos pareció importante
revisar la postura de Radi y hablar de transmisoginia y no únicamente de
cisexismo. Sin embargo, como se muestra en la segunda sección de este en-
sayo, nuestro abordaje en esta primera aproximación todavía ofrecía una
reconstrucción esencializada de este fenómeno.
Perfil demográfico-estadístico
En esta primera sección, nos proponemos ofrecer una breve descripción
de datos demográfico-estadísticos con el objetivo de comprender el fenóme-
no del transfeminicidio. Iniciamos con este enfoque por diversas razones.
cisexismo, cadenas de VioLencia y transFeminicidio 1 629
En primer lugar, el Estado moderno se caracteriza por su necesidad de cuan-
tificar y censar a sus poblaciones, comprendiendo aspectos como su ubica-
ción, ocupación, jornada laboral, expectativa de vida, entre otros. Esto no
sorprende, ya que la biopolítica, inherente a los Estados contemporáneos,
implica no solo administrar las variables que afectan la vida y muerte de las
poblaciones humanas, sino también la cuantificación de las dinámicas que
definen a una población, traduciéndolas en métricas que no solo evidencien
lo que ocurre, sino que orienten las posibles intervenciones (Porter, 1995).
De este modo, una población no cuantificada, censada o registrada se con-
vierte, en última instancia, en una población invisible para el Estado.
No es de extrañar, por lo tanto, que se hayan planteado propuestas para
censar a la población trans. Sin embargo, estas propuestas también plantean
desafíos filosóficos y éticos. Por ejemplo, surge la pregunta de a quiénes con-
sideramos parte de la población trans. ¿Contamos a quienes se identifican
como trans o a quienes tienen una expresión de género no convencional?
Además, ¿todas las personas trans desean ser censadas? Puede que no sea
así, ya que algunas podrían temer que el Estado las etiquete como diferentes,
como algo más o menos que hombres o mujeres, y, en consecuencia, anule
su identidad. Ante este riesgo, que implica la posibilidad de discriminación,
es posible que muchas personas se nieguen a participar en un censo dirigido es-
pecíficamente a la población trans.
En cualquier caso, una herramienta crucial para combatir la invisibiliza-
ción que lamentablemente afecta a esta población es la recopilación de datos
estadístico-poblacionales. Idealmente, deberíamos recolectar datos sobre
diversas facetas de la vida de las personas trans, pero, debido a los altos índices
de violencia que enfrentan, es prudente comenzar con cifras relacionadas con
este aspecto.
Esta lógica ha orientado las acciones del proyecto “Trans Murder Moni-
toring”2, que surgió en 2009 como resultado de la colaboración entre Transgender
Europe, un grupo activista trans, y la revista Liminalis, dedicada a temas de
resistencia y emancipación en relación con el sistema de sexo/género. Este
proyecto ha impulsado la recopilación de datos a nivel global sobre la vio-
lencia dirigida hacia la población trans.
Es importante señalar que su métrica no puede considerarse objetiva ni
estandarizada a nivel mundial, ya que los datos provienen de grupos activistas
en los diferentes países que participan en el proyecto. Estos datos se obtienen
2
Los resultados de este proyecto pueden consultarse en: https://tgeu.org/tmm/
630 1 siobhan guerrero mc manus / Leah muñoz contreras
en su mayoría a partir de informes policiales o noticias en los periódicos
locales. Esto conlleva dos implicaciones importantes. En primer lugar, se
informa más acerca de la violencia en lugares donde esta ocurre con mayor
frecuencia y donde hay activistas dispuestos a denunciarla; si los activistas
no están presentes, esta violencia puede permanecer invisibilizada. En se-
gundo lugar, los países con políticas fuertemente transfóbicas no solo desa-
lientan la formación de redes de activismo, sino que también dificultan la
posibilidad de difundir información sobre la violencia transfóbica (un ejem-
plo claro de esto se observa en Rusia y gran parte del continente africano).
En cualquier caso, estos datos son útiles como una primera aproximación
exploratoria de lo que sucede con la población trans en relación con la violencia
transfóbica que resulta en homicidios. Sin embargo, es importante tener en
cuenta que estos datos no se refieren directamente a transfeminicidios, ya
que no desglosan la violencia transfóbica que cobra la vida de hombres, mu-
jeres y personas trans no binarias. Es decir, son datos sobre toda la población
trans y no solo sobre la población transfemenina.
A nivel mundial, los datos demográficos y estadísticos revelan patrones
significativos en relación con los crímenes de transfeminicidio. El principal
grupo de edad en el que ocurren estos crímenes abarca desde los 20 hasta los
29 años, seguido por el grupo de 30 a 39 años, lo que corresponde a personas
en edad de ser económicamente activas. En términos de ocupaciones, el
trabajo sexual y el estilismo aparecen como las más riesgosas.
En cuanto a la ubicación de los homicidios, la espacialidad de estos crí-
menes es altamente heterogénea, ya que pueden ocurrir en diversas ubica-
ciones, tanto públicas como privadas, como calles, residencias, vehículos,
hoteles, estaciones de policía, zonas en construcción, prisiones, estaciones de
metro o tren, casas de amigos o clientes, parques, restaurantes o bares, según
se informa en el estudio mencionado. Por lo tanto, sería más preciso concluir
que los asesinatos de personas trans pueden ocurrir en cualquier lugar que
transiten, no limitándose a espacios públicos, ya que la violencia transfóbica
asesina puede manifestarse incluso en espacios híbridos o privados. En rela-
ción con el método utilizado, un tercio de los transfeminicidios involucró
armas de fuego mientras que un cuarto implicó armas blancas.
Ahora bien, ¿qué nos dicen exactamente estas cifras? En un sentido, ofrecen
información limitada. No conocemos, por ejemplo, la identidad de género de
las víctimas, pero podemos observar que la gran mayoría de ellas pertenece
a un grupo demográfico joven, en la edad de trabajar y, quizás por esta razón,
activo en el espacio público. Sin embargo, sería problemático afirmar que
cisexismo, cadenas de VioLencia y transFeminicidio 1 631
estos son crímenes principalmente “callejeros” o que ocurren predominan-
temente en espacios públicos, ya que solo el 29.24% de los casos ocurrieron
en la vía pública, cifra que es aproximadamente el doble de los casos ocurri-
dos en residencias, pero que no se acerca al 50% de los casos registrados.
Quizás lo más esclarecedor no sea tanto la ubicación de los crímenes,
sino la ocupación de las víctimas. El trabajo sexual, sin duda, constituye una
ocupación de alto riesgo, pero también lo son los empleos que implican inte-
ractuar con el público, ya que esto puede exponer a las personas trans a situa-
ciones de falta de respeto y reacciones negativas. En definitiva, la violencia
transfóbica homicida tiende a afectar principalmente a personas trans que
deben ganarse la vida, están en edad de trabajar y, en su mayoría, se encuen-
tra en espacios públicos, aunque no exclusivamente. Estos crímenes se con-
centran en ocupaciones que implican un mayor grado de vulnerabilidad
debido al estigma social, la falta de protecciones legales, la clandestinidad o
ilegalidad real o aparente de tales ocupaciones, así como al contexto en el
que se desarrollan; es decir, actividades precarizadas en el sector servicios.
Es relevante destacar que el hecho de que los homicidios transfóbicos
puedan ocurrir mediante diferentes métodos violentos sugiere la diversidad
de situaciones en las que se manifiesta este tipo de violencia y plantea inte-
rrogantes importantes sobre las motivaciones y los estados emocionales de
los agresores. ¿Cómo interpretar que uno de cada 10 de los homicidios im-
plican golpes? Por lo general, los crímenes con golpes tienden a revelar una
mayor cercanía entre la víctima y el agresor en comparación con los perpe-
trados con armas de fuego. No obstante, esta interpretación es tentativa y
sugiere que la violencia transfóbica puede provenir tanto de conocidos como
de desconocidos, y que cualquier teorización que presuponga uniformidad
en estos crímenes puede resultar poco útil.
Del feminicidio al transfeminicidio
Los datos presentados hasta este punto nos brindan información sobre quié-
nes son las víctimas, dónde y, en cierta medida, por qué ocurren estos crímenes.
No obstante, aún debemos explorar por qué alguien decide atentar contra
la vida de una persona trans, específicamente una mujer trans, y cómo estas
mujeres pueden convertirse en sujetos altamente vulnerables a estos ataques.
Esto nos lleva a profundizar en los motivos y las causas de esta forma particular
de violencia.
632 1 siobhan guerrero mc manus / Leah muñoz contreras
A lo largo de este texto, hemos enfocado nuestra atención en el transfe-
minicidio, un tipo específico de violencia dirigida hacia mujeres trans. Esta
precisión es esencial porque en secciones anteriores presentamos datos y
reflexiones que son aplicables en cierta medida a la población trans en ge-
neral. Sin embargo, en esta sección deseamos resaltar un aspecto específico
del transfeminicidio que se relaciona con la intersección de la misoginia y
otras formas de violencia dirigida hacia la población trans, incluyendo a
personas LGBTI+. Este enfoque será crucial, como veremos, no solo para
comprender las similitudes y diferencias entre el transfeminicidio y el femi-
nicidio, sino también para explorar la posibilidad de utilizar instrumentos
internacionales existentes para abordar el transfeminicidio, que hasta ahora
no han sido plenamente aprovechados.
Es importante hacer un breve repaso del concepto de feminicidio. El
término proviene del inglés “femicide”, acuñado en 1970 por Diana Russell
(2021) con el propósito político de visibilizar las dinámicas estructurales de
discriminación, desigualdad y violencia dirigidas contra las mujeres que
culminan en la muerte. Russell tenía en mente incluir todos los asesinatos
motivados por la idea de que las mujeres son inferiores a los hombres, su
propiedad, o un objeto sexual, entre otras razones.
En español, el término “feminicidio” fue propuesto por Marcela Lagar-
de (2006), quien lo definió como el asesinato de una mujer simplemente por
ser mujer. Lagarde también enfatizó la inacción del Estado y la falta de
cumplimiento de las garantías constitucionales destinadas a proteger a las
mujeres. La Convención de Belém do Pará recoge estas ideas al definir el femini-
cidio como la muerte violenta de una mujer por razones de género. Por lo
general, el feminicidio está asociado con violencias que ocurren en el ámbito
privado, perpetradas por familiares o parejas, así como con situaciones de
acoso o agresión sexual, ya sea por parte de desconocidos o conocidos.
A estas definiciones, siguiendo a Rita Segato (2006), podríamos agregar
que gran parte de la violencia contra las mujeres surge de una coexistencia
entre dos regímenes en los cuales las mujeres son ubicadas de manera dife-
rente. Por un lado, existe un régimen que podríamos calificar como premo-
derno, en el cual las mujeres tienen un valor meramente relacional o instru-
mental en función de sus vínculos con los hombres. En este contexto, las
mujeres pueden ser vistas como propiedad de un hombre, ya sea su padre o
esposo. En este régimen, es el honor o la propiedad del hombre, y no la
mujer, lo que se considera agredido u ofendido cuando se comete una vio-
lencia contra una mujer.
cisexismo, cadenas de VioLencia y transFeminicidio 1 633
Como se puede observar, bajo esta lógica, la mujer no es reconocida
como un sujeto de derechos, carece de un valor intrínseco como persona y
no se considera un agente autónomo. Esta perspectiva puede incluso llevar
a que la autonomía de una mujer sea vista como una amenaza para el honor
o la propiedad de un hombre. Sin embargo, como señala Segato, en la prác-
tica, este orden jurídico moderno coexiste con el orden premoderno, y las
prácticas sociales a menudo relegan a las mujeres a la posición de objetos
poseídos o poseíbles por los hombres, incluso anulando su estatus de sujetos
de derechos. Esto ocurre a través de la violencia, que se convierte en una
forma de recordarles que no son consideradas personas.
Creemos que gran parte de esta lógica está presente en los feminicidios,
ya que, en estos casos, las mujeres son objetivadas y despojadas de su agencia
y personalidad jurídica al ser convertidas en objetos de satisfacción sexual o
de utilidad doméstica. Esta forma de violencia castiga y restaura un orden
premoderno al anular a la mujer y reducirla simbólicamente a un objeto.
Los crímenes por prejuicio y los cuerpos feminizados
Hay, sin duda, notables similitudes entre los crímenes por prejuicio cometi-
dos hacia las personas LGBTI+ con lo que hemos discutido anteriormente.
Es muy probable que los sujetos que son feminizados, ya sean mujeres cisgénero,
mujeres trans u hombres afeminados, a menudo sean reducidos a objetos
sexuales disponibles para el placer de un hombre, lo que anula su agencia3.
Sin embargo, también es importante reconocer una dimensión específica-
mente misógina que demuestra una diferencia entre una mujer que ejerce
su agencia y un hombre gay. Ambos desafían un mandato social sobre cómo
deberían comportarse, pero en el primer caso se busca someter a la mujer
a un papel de sumisión, mientras que en el segundo parece que se intenta
eliminar la existencia misma de la feminidad masculina, ya sea al eliminar a
3
Vale la pena mencionar que autoras como Sayak Valencia (Valencia y Zhuravleva,
2019) han abordado el tema de los feminicidios y transfeminicidios como una de las múlti-
ples consecuencias de lo que ella denomina “masculinidades necropolíticas” y que caracteri-
zan a los sujetos endriagos —ambos términos son desarrollados por la propia Valencia en
los análisis ya mencionados— que produce el neoliberalismo patriarcal. De manera sucinta,
el hecho de que la gran mayoría de los feminicidios y transfeminicidios sean cometidos por
varones es lo que motiva a esta autora a explorar el tipo de masculinidad que está detrás de
estas violencias. Consideramos que un análisis de ese tipo puede complementar lo que argu-
mentamos en el presente texto.
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quien la muestra o al “convertirlo en un hombre”, sometiéndolo así a la ló-
gica de una masculinidad hegemónica. En resumen, aunque en ambos casos
se detecta una transgresión punible para la mirada premoderna, los objeti-
vos simbólicos y sociales de la violencia son diferentes.
En cualquier caso, lo que ocurre aquí es un movimiento que incircuns-
cribe4 los cuerpos de las mujeres, sacándolos de la esfera de la ley y, en úl-
tima instancia, anulando su agencia y sus derechos. Esto va en contra de la
ley que, gracias a la larga lucha feminista, ha reconocido el estatus de per-
sona y agente propio de todas las mujeres. Sin embargo, esta violencia anu-
la esa agencia y coloca a las mujeres en la categoría de objetos que pueden
ser utilizados, e incluso desechados, sin tener en cuenta su voluntad.
Este movimiento de incircunscripción, de creación de cuerpos que no
están bajo el amparo de la ley, da lugar a la indiferencia y a una forma de
violencia epistémica, ya que dificulta la percepción de la gravedad de los
hechos. Esto no solo anula el orden jurídico mencionado, sino que también
distorsiona abiertamente la realidad, al tiempo que naturaliza el antiguo
orden premoderno en el que era legítimo utilizar la violencia para castigar
y disciplinar a las mujeres y asegurarse de que no se atrevieran a transgredir
el papel que se les había asignado. En otras palabras, crea un obstáculo
hermenéutico al hacer que sea difícil, e incluso imposible, identificar una
injusticia que, al no poder ser descrita adecuadamente, resulta inaccesible
para su combate (Fricker, 2006).
Sin embargo, es importante notar que lo discutido hasta ahora se centra
en el concepto mismo de feminicidio, y debemos considerar en qué medida
se aplica al concepto de transfeminicidio. En este sentido, consideramos que
la circunscripción de los cuerpos es un elemento común a todos los cuerpos
feminizados, incluyendo, por supuesto, los cuerpos de las mujeres trans.
Blas Radi y la noción de travesticidio/transfemicidio
Para acercarnos a una respuesta inicial acerca de cómo entender el transfe-
minicidio, es relevante traer a colación una definición precisa de lo que
implica un transfeminicidio, ya que esto podría arrojar luz sobre los motivos
y causas subyacentes. En este texto, adoptaremos como punto de partida la
propuesta formulada por Blas Radi y Alejandra Sardá-Chandiramani (2016),
quienes definen el transfeminicidio de la siguiente manera:
4
El concepto de incircunscripción lo tomamos de Caldeira (2000) y de Parrini (2017).
cisexismo, cadenas de VioLencia y transFeminicidio 1 635
El travesticidio/transfemicidio es la expresión más visible y final de una cadena
de violencias estructurales que responden a un sistema cultural, social, político
y económico vertebrado por la división binaria excluyente entre los géneros.
Este sistema recibe el nombre de cisexismo. (Radi et al., 2016, p. 5).
Esta definición encapsula varios elementos que caracterizan el transfe-
minicidio y nos ayuda a arrojar luz sobre las dinámicas que lo generan. En
primer lugar, considera el transfeminicidio como una forma de violencia que
afecta a las mujeres trans y que va más allá del asesinato, englobando una
serie de violencias interconectadas presentes en los ámbitos cultural, social,
político y económico. Estas violencias no son incidentales, sino estructurales.
Un componente central de estas violencias es el cisexismo o cissexismo,
que se refiere a la discriminación de las personas trans debido al cuestiona-
miento de la supuesta congruencia entre el género y el sexo asignado al
nacer. El cisexismo engloba la negación del binarismo de género y la exis-
tencia de identidades de género no binarias, además de promover la idea de
que los cuerpos cisgénero son “normales” y “naturales” mientras que los
cuerpos trans son vistos como “anormales” y “artificiales” (Serano, 2020).
Esta ideología cisexista subyace en la violencia dirigida hacia las personas
trans y, en particular, las mujeres trans.
El cisexismo, en esencia, representa una ideología que excluye a los cuer-
pos trans de la norma social y de la presunta norma natural. Esta dinámica
simboliza por qué el transfeminicidio tiene un carácter simbólico y punitivo,
vigilando los límites de lo que se considera aceptable y eliminando cualquier
amenaza percibida para el orden establecido.
Dado este contexto, organismos internacionales como la Comisión Inte-
ramericana de Derechos Humanos (2015) consideran el transfeminicidio y
otras formas de violencia contra la población LGBTI+ como violencia de
género motivada por el prejuicio y el odio. Sin embargo, es importante des-
tacar que el término “odio” no se refiere necesariamente a emociones indi-
viduales, sino que también implica dimensiones estructurales y sociales que
generan esta violencia.
El análisis del cisexismo como una ideología que moviliza imaginarios y
afectividades se inscribe en el giro afectivo en el feminismo, que busca compren-
der las emociones en un contexto sociológico y social más amplio (Ahmed,
2015). Esto implica que las emociones no son simplemente productos de la
psicología individual, sino que también están moldeadas por las estructuras
sociales y culturales en las que vivimos.
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Las emociones políticas y la incircunscripción de los cuerpos
El análisis que se presenta aquí sobre el cisexismo y los discursos de odio
proporciona una comprensión profunda de las dinámicas que subyacen en
el transfeminicidio y la violencia dirigida hacia las personas trans, en parti-
cular las mujeres trans. Estos discursos de odio y actitudes cissexistas no solo
afectan la percepción de las personas trans en la sociedad, sino que también
tienen un impacto directo en su bienestar psicológico y emocional.
El cisexismo, como una ideología que marca a los cuerpos trans como
“abyectos” y ajenos a la norma social y natural, tiene efectos profundos en
cómo se perciben a sí mismas las personas trans. Esto puede llevar a la in-
ternalización de sentimientos de minusvalía, vergüenza y la necesidad de
“pasar” como cisgénero para evitar la violencia y la discriminación. El deseo
de encajar en la norma cisgénero puede ser abrumador debido a la amenaza
percibida que conlleva la visibilidad trans.
El análisis también destaca cómo estos discursos de odio no son simple-
mente manifestaciones de emociones individuales, sino que están arraigados
en estructuras sociales y culturales más amplias. Estos discursos pueden ser
vehículos poderosos para propagar la ideología cissexista y legitimar la vio-
lencia contra las personas trans. Al presentar a los cuerpos trans como ame-
nazas a la coherencia de la identidad de género cisgénero o como una
afrenta al “nosotros” colectivo, estos discursos de odio justifican y perpetúan
la violencia y la discriminación.
Es importante reconocer que el transfeminicidio es una consecuencia de
estas dinámicas estructurales y desigualdades arraigadas en el cisexismo.
Combatir esta ideología y trabajar hacia la igualdad de derechos y el respeto
a la diversidad de género son pasos esenciales para abordar la violencia
contra las personas trans y prevenir el transfeminicidio. Además, es necesa-
rio enfrentar tanto los discursos de odio como las actitudes y políticas que
patologizan a las personas trans y buscan cambiar su identidad de género a
través de, por ejemplo, terapias reparativas. El enfoque debe ser tanto la
concienciación pública como la creación y aplicación de políticas que pro-
tejan los derechos y la seguridad de las personas trans en todas las áreas de
la sociedad.
Este análisis profundiza aún más en la complejidad de las dinámicas que
rodean al transfeminicidio y la violencia dirigida hacia las personas trans, en
particular las mujeres trans. Se destaca cómo estas violencias interseccionan
con diversas formas de misoginia y lesbofobia/homofobia/transfobia, y cómo
cisexismo, cadenas de VioLencia y transFeminicidio 1 637
estas dinámicas se entrelazan con la precarización económica y social causada
por el cisexismo.
El concepto de “incircunscripción de los cuerpos”, como hemos dicho,
es esencial para comprender cómo se arroja a las personas trans fuera de la
protección de la ley y se les coloca en una posición punible y desechable
(Valencia y Zhuravleva, 2019). Esto significa que los cuerpos trans se ven
constantemente amenazados y marcados como ajenos a un orden social y
natural. Esta incircunscripción va acompañada de una serie de violencias
estructurales que erosionan la capacidad de las personas trans para acceder
a una educación y un trabajo dignos, cohabitar en familia y ejercer un oficio
seguro.
Es interesante observar cómo la violencia transmisógina no busca sim-
plemente devolver a las mujeres trans a un papel doméstico reproductivo,
sino que las coloca en la posición de objetos hipersexualizados cuyo valor de
uso se reduce a proporcionar placer sexual. Esta dinámica se ha ilustrado
de manera brutal en contextos de conflicto armado, donde las mujeres trans
se ven obligadas a trabajar como trabajadoras sexuales para grupos armados
o incluso como “trofeos” personales de cabecillas (Centro Nacional de la
Memoria Histórica, 2015). Esta explotación sexual es una manifestación
extrema de cómo el cisexismo y la transfobia pueden convertir a las personas
trans en objetivos de violencia sexual y física.
En resumen, este análisis proporciona una visión detallada de cómo el
cisexismo, la misoginia y la lesbofobia/homofobia/transfobia se entrelazan
y contribuyen al transfeminicidio, y destaca la importancia de abordar estas
cuestiones desde un enfoque interseccional (Crenshaw, 1989) y de promo-
ción de los derechos humanos.
Transfeminicidio, cadenas de violencia y discriminación
La idea de que el cisexismo opera a través de dinámicas de discriminación
y exclusión que despojan a las personas trans de diferentes formas de capital
es una perspectiva interesante y útil para comprender cómo esta opresión
afecta a las vidas de las personas trans. Esta perspectiva, basada en la teoría
del capital de Pierre Bourdieu (2011), ayuda a ilustrar cómo el cisexismo
puede erosionar tanto el capital cultural, simbólico, social y económico de
las personas trans.
En este contexto, el cisexismo puede tener dos efectos principales. En
primer lugar, puede llevar a la pérdida directa de estatus, conexiones sociales
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y recursos económicos debido a la discriminación y la exclusión. En segundo
lugar, puede resultar en la expulsión de las personas trans de espacios donde
normalmente adquirirían capital, como la escuela o el lugar de trabajo. Esto,
a su vez, tiene un efecto corrosivo en sus capacidades para llevar vidas dignas
y satisfactorias.
La pérdida de estos capitales, como se argumenta, se traduce en la dis-
minución de las capacidades de las personas trans para desarrollarse plena-
mente como seres humanos (Guerrero, 2020). Esto está en consonancia con
la perspectiva de Martha Nussbaum (2001) sobre las capacidades y el desarrollo
humano, lo que sugiere que la discriminación y la exclusión cisexistas pue-
den socavar fundamentalmente los derechos humanos de las personas trans.
En relación con el transfeminicidio, se destaca la distinción entre dos
tipos de causalidad. Por un lado, está la causalidad disparadora o efectiva,
que se refiere a la persona concreta responsable del acto violento. Por otro
lado, está la causalidad estructural, que se relaciona con las cadenas de vio-
lencia y exclusión que sitúan a las personas trans, especialmente a las muje-
res trans, en una posición de exclusión y marginalidad. Esto hace que sus
cuerpos se conviertan en blancos de violencia, que a menudo queda impune
o incluso puede ser socialmente tolerada o justificada.
El concepto de “incircunscripción del cuerpo trans” es especialmente
relevante aquí, ya que describe cómo estos procesos de discriminación ex-
cluyen a las personas trans de las protecciones legales y las colocan fuera de
la circunscripción de la ley. Esto les lleva a ser consideradas como cuerpos
desechables o incluso basurificados, tratados como si carecieran de dignidad.
De manera sucinta, nuestra perspectiva sobre el transfeminicidio como
un tipo de violencia en que pueden darse intersecciones entre la misoginia
y la transfobia (o cisexismo) enfatiza cinco elementos:
1. Las emociones políticas, como el asco, el desprecio y el odio, desem-
peñan un papel fundamental en la deshumanización de las personas
trans y en la conversión de sus cuerpos en objetos despreciables y
carentes de dignidad. Estas emociones no son exclusivas de la trans-
fobia, sino que también se encuentran en otras formas de violencia,
como la homofobia, la bifobia, la lesbofobia y la serofobia.
2. Las cadenas de violencia que experimentan las personas trans se ca-
racterizan por la pérdida de cuatro capitales: cultural, simbólico, so-
cial y económico. Esta pérdida erosiona sus capacidades para llevar
cisexismo, cadenas de VioLencia y transFeminicidio 1 639
vidas dignas y satisfactorias, lo que tiene un efecto corrosivo en sus
derechos humanos.
3. Las estructuras de opresión colocan a las personas trans en una situa-
ción de incircunscripción, lo que aumenta la posibilidad de sufrir
violencia letal, como los transfeminicidios.
4. El transfeminicidio implica dos modalidades de violencia que operan
simultáneamente. Por un lado, una violencia misógina o sexista diri-
gida a los cuerpos identificados socialmente como cuerpos de mujeres.
Por otro lado, una violencia dirigida a las diversidades sexo-genéricas
que se consideran transgresoras de lo natural en el ámbito de la sexua-
lidad. Esta intersección de la misoginia y la transfobia podría explicar
la frecuencia de los asesinatos violentos de mujeres trans en compa-
ración con otros crímenes de odio dirigidos a personas de diversidades
sexuales.
5. Los transfeminicidios no siguen exactamente los mismos patrones que
los feminicidios, ya que la mayoría de las mujeres trans asesinadas son
trabajadoras sexuales o estilistas. Esto se atribuye a la posición de las
mujeres trans como sujetos hipersexualizados, considerados mera-
mente como objetos sexuales vergonzantes o prohibidos, lo que puede
desencadenar violencia en el contexto de relaciones sexuales.
Este análisis destaca la importancia de abordar el transfeminicidio desde
una perspectiva interseccional que tome en cuenta tanto la misoginia como
la transfobia, así como las dinámicas emocionales y los factores sociales y
culturales que contribuyen a esta forma específica de violencia. Como he-
mos dicho, este abordaje también puede complementarse atendiendo a los
procesos responsables de la construcción de masculinidades necropolíticas,
las cuales suelen ser responsables de la inmensa mayoría de crímenes por
prejuicio hacia mujeres, tanto cis como trans.
segunda aProximación aL transFeminicidio:
eL debate en torno a Los tiPos PenaLes
Esta sección representa un ejercicio de autocrítica en el que reflexionamos
sobre nuestra teorización del transfeminicidio. Hasta ahora, todo lo que
hemos presentado recapitula nuestras aproximaciones al tema del transfemi-
nicidio. Como se ha visto, en tal desarrollo el concepto de transfeminicidio
640 1 siobhan guerrero mc manus / Leah muñoz contreras
se desarrolla de manera semejante al de feminicidio; es decir, al buscar iden-
tificar una estructura causal específica que esté detrás de este tipo de críme-
nes. Nuestra propuesta y la de múltiples colegas latinoamericanos consistía
en considerar al cisexismo como la estructura responsable, quizás en inter-
sección con otras violencias como la misoginia. Así, lo que se dibujaba era
un tipo de crimen que, si bien tenía semejanzas con el feminicidio, tenía
también elementos específicos.
Empero, esta aproximación nos llevó a reflexionar acerca de los tipos
penales. Bajo los argumentos empleados hasta ahora, sería necesario propo-
ner dos tipos penales pues estaríamos ante dos tipos muy distintos de cadenas
de violencia. Sin embargo, es en este punto donde nos parece necesario de-
tenernos y volver a reflexionar acerca de qué entendemos por transfemini-
cidio. Nuestra reflexión se basa en la postura expresada por Sally Haslanger
(2020) en su famosa crítica al concepto de patriarcado. En resumen, recono-
cemos que tanto dentro del feminismo como dentro del transfeminismo
hemos tendido a caracterizar las estructuras de opresión de manera simpli-
ficada, tratándolas como procesos causales que definen sujetos políticos y
dominios específicos para el feminismo y el transfeminismo.
En este contexto, argumentamos que el transfeminismo, en algunos
casos, ha caído en un razonamiento esencialista similar al criticado por Sally
Haslanger (2020). Esto se refleja en nuestros propios análisis, donde hemos
esencializado el transfeminicidio al considerarlo exclusivamente como una
consecuencia del cisexismo. El peligro de este enfoque es que puede llevar
a suponer que cualquier asesinato violento de una mujer trans se debe auto-
máticamente al cisexismo, sin considerar otras posibles causas.
No estamos solas en esta tendencia esencialista. Diana Maffía y Alba
Rueda (2019), al analizar el caso del travesticidio de Diana Sacayán, también
han debatido si debía clasificarse como femicidio o travesticidio —véase
también Sacchi (2020)—. Esta disyunción presupone que hay un criterio
claro para distinguir entre ambas categorías. Sin embargo, esto simplifica en
exceso la comprensión de las causas de la violencia.
Sostenemos que la categoría de transfeminicidio, tal como la hemos con-
cebido en el transfeminismo latinoamericano, ha tendido a colapsar la expl-
icación causal con la construcción de sujetos políticos. Esto ha llevado a definir
erróneamente el transfeminicidio como el asesinato violento de una mujer
trans simplemente por ser una mujer trans. En cambio, hoy en día considera-
mos más apropiado pensar en el transfeminicidio como el feminicidio de una
mujer trans, reconociendo que puede haber múltiples trayectorias causales.
cisexismo, cadenas de VioLencia y transFeminicidio 1 641
Hemos argumentado que el cisexismo puede ser una causa de transfe-
minicidios, especialmente cuando la transmisoginia se utiliza como castigo
a las personas que han realizado una transición de género. Sin embargo, hay
otros escenarios en los que el enfoque identitario no es adecuado, como los
casos de mujeres trans víctimas de trata, donde la violencia no se deriva
de la transición de género, sino de dinámicas misóginas y de la reducción
del cuerpo de las mujeres a objetos sexuales5.
No pretendemos proporcionar una lista exhaustiva de todas las posibles
causas de transfeminicidios, pero sí cuestionamos la comprensión esencialis-
ta. Abogamos por análisis contextuales de la violencia, ya que diversas con-
diciones sociales pueden conducir al asesinato de mujeres trans a través de
múltiples trayectorias causales, como ha señalado Rita Segato (2006) en re-
lación con los feminicidios.
Sin embargo, nuestra propuesta analítica entra en tensión porque, al
caracterizar el transfeminicidio como la expresión más contundente del ci-
sexismo, parece sugerir que esta forma de opresión es la causa única de los
transfeminicidios. Reconocemos que el cisexismo es insuficiente para expli-
car las especificidades de los transfeminicidios y, por lo tanto, hemos desta-
cado la importancia de la intersección entre la misoginia y la transfobia. No
obstante, esta búsqueda de procesos causales específicos puede generar
tensiones irresolubles en la delimitación de sujetos políticos.
reFLexión de cierre: injusticia hermenéuticia y oLVido
Durante décadas, ciertas formas de violencia permanecieron sin nombre y
sin reconocimiento, lo que resultó en la pérdida de vidas sin llanto ni com-
prensión de sus causas subyacentes. Esta ignorancia nos impidió tomar
medidas para prevenir estas violencias. Hoy en día, comprendemos que esto
representa una “injusticia hermenéutica”, una laguna en nuestra compren-
sión que nos impide reconocer lo injusto que está sucediendo (Fricker, 2006).
Las violencias de género son ejemplos claros de este tipo de injusticias, ya
5
Silva (2014) argumenta que las violencias feminicidas y las que causan la trata obede-
cen a una misma estructura causal. Si bien no es éste el espacio para abordar esta pregunta,
sí creemos que la trata de una mujer trans puede obedecer a violencias muy semejantes a las
que sufre una mujer cis, razón por la cual creemos que hay violencias potencialmente trans-
feminicidas en las que el cisexismo puede no jugar un papel preponderante.
642 1 siobhan guerrero mc manus / Leah muñoz contreras
que hasta hace poco carecíamos de un lenguaje para describirlas y, por lo
tanto, no éramos capaces de reconocer su existencia.
Los asesinatos violentos de mujeres trans, que ahora llamamos “transfe-
minicidio”, son un triste ejemplo de esta falta de reconocimiento. Hasta
hace poco, estos crímenes se clasificaban simplemente como crímenes de
odio por homofobia, y las víctimas se describían como hombres vestidos
de mujeres, borrando así su identidad (véase, por ejemplo, Brito [1993]).
Esto llevaba a la falta de reconocimiento de la gravedad de estos asesinatos.
Para abordar esta problemática, en este texto hemos presentado de ma-
nera resumida nuestra propuesta en torno a cómo pensar el transfeminici-
dio. Para ello, nos hemos basado en la idea de Pierre Bourdieu (2011) sobre
los diferentes tipos de capital necesarios para el pleno ejercicio de la autono-
mía. Estos son:
1. Capital financiero: Se refiere a la capacidad de tener ingresos que per-
mitan llevar una vida digna, lo que implica acceso a trabajos bien
remunerados y diversas fuentes de financiamiento.
2. Capital cultural: Incluye el conocimiento de los derechos y los mecanis-
mos para hacerlos valer, así como la formación educativa que capa-
cita a las mujeres para ejercer una ciudadanía informada.
3. Capital social: Se relaciona con las redes sociales y el apoyo mutuo,
como la familia, que son fundamentales en diversas situaciones y
permiten la independencia de las personas.
4. Capital simbólico: Hace referencia al estatus social y al reconocimiento
de la valía de la persona en la sociedad.
Esta tipología es útil porque nos ayuda a comprender cómo el cisexismo
y la transmisoginia erosionan la capacidad de las mujeres trans para ejercer
su autonomía y disfrutar de la protección de los derechos humanos. Estas
formas de opresión socavan su agencia y las colocan en situaciones de vul-
nerabilidad al privarlas de acceso a estos cuatro tipos de capital, lo que las
expone a la violencia transfeminicida.
Ahora bien, a lo largo de este texto, hemos destacado cómo la invisibili-
dad ante el Estado, la objetificación que reduce a las mujeres trans a simples
objetos sexuales, su representación como sujetos abyectos y contranatura, así
como su exclusión de los núcleos familiares y sociales, contribuyen a la pri-
vación de diversas formas de capital. La pérdida de estos capitales resulta en
cisexismo, cadenas de VioLencia y transFeminicidio 1 643
una situación de vulnerabilidad estructural, que podemos considerar como
la causa estructural de la violencia transfeminicida. Esta causa estructural
crea las condiciones que hacen posible que incidentes específicos, que po-
dríamos llamar la causa disparadora del evento transfeminicida, conduzcan
al asesinato de mujeres trans. Aunque el segundo tipo de causa permite
imputar jurídicamente al transfeminicida, el primero resalta el carácter so-
cial y estructural de esta violencia y subraya la responsabilidad del Estado
en abordarla.
Sin embargo, esta tipología no solo es relevante desde una perspectiva
legal, sino que también destaca la importancia de la intervención social en
la lucha contra la violencia de género. Rita Segato (2006) ofrece indicios de
por qué es necesario abordar la violencia de género más allá del marco legal.
No es suficiente cambiar las leyes si no se abordan los factores subyacentes
que estructuran las prácticas sociales más allá de lo que dicta la ley. Desman-
telar la violencia estructural requiere intervenir en estos aspectos, y en este
sentido, creemos que el trabajo social puede ser un aliado estratégico.
La intervención social tiene el potencial de modificar tanto las condicio-
nes estructurales como las causas disparadoras que conducen a la violencia
transfeminicida. A través de la educación y la transformación de valores,
emociones y dinámicas en espacios familiares, educativos, de salud pública
y laborales, el trabajo social puede contribuir a romper la cadena de violen-
cia. Esto, a su vez, puede empoderar a las mujeres trans y reducir su vulne-
rabilidad. Un ejemplo concreto de esto sería la lucha contra el estigma
asociado al trabajo sexual, elevándolo a un nivel de dignidad y distancián-
dolo del problema de la trata de personas.
Además, una adecuada intervención social puede desempeñar un papel
en la lucha contra los discursos de odio y los movimientos antiderechos al
crear espacios seguros a través de sus intervenciones en los ámbitos mencio-
nados anteriormente. Asimismo, la intervención en situaciones específicas de
violencia dirigida contra mujeres trans puede prevenir los eventos individua-
les que desembocan en un transfeminicidio.
Ahora bien, en este ensayo, además de lo anterior, hemos buscado realizar
una crítica y, especialmente, una autocrítica en la que señalamos que, aunque
es crucial analizar la estructura causal de las violencias tanto patriarcales como
dirigidas a las diversidades sexo-genéricas, es un error suponer que el análisis
causal puede resolver simultáneamente una serie de preguntas que abarcan
tanto la delimitación de sujetos políticos o tópicos propios de esos sujetos
644 1 siobhan guerrero mc manus / Leah muñoz contreras
como la comprensión del funcionamiento de esas violencias para diseñar
estrategias de intervención destinadas a mitigarlas o erradicarlas.
Creemos que algunas reflexiones tanto en el feminismo como en el trans-
feminismo han caído en la tentación de caracterizar el funcionamiento de las
violencias como si estas siempre identificaran claramente la identidad, cor-
poralidad o subjetividad de las personas que las sufren. No obstante, como Sally
Haslanger (2020) nos advierte, dicho supuesto es discutible ya que conduce a
la reificación y sustancialización de la violencia como si esta correspondiera
a estructuras y trayectorias causales con mecanismos y límites definidos.
Consideramos importante abandonar la idea de que la violencia delimi-
ta sujetos políticos o que existe una correspondencia unívoca entre ciertas
estructuras de opresión y ciertas subjetividades. Si bien comprender la cau-
salidad de las violencias es fundamental, diseñar políticas públicas eficaces,
como sugiere la filósofa Nancy Cartwright (2007), requiere dejar de lado la
búsqueda de objetivos que el análisis causal no puede satisfacer por sí mismo.
Es esencial reconocer que ciertos tipos de violencia, como el transfemi-
nicidio, tienen límites difusos y múltiples formas de realizarse. Por lo tanto,
no debemos asumir que todo transfeminicidio es causado únicamente por el
cisexismo. Además, es importante no presuponer que todo asesinato violento
de una mujer trans debe interpretarse como un transfeminicidio causado
por el cisexismo, ya que esto podría ignorar las diversas estructuras de opre-
sión que afectan a las mujeres trans. Por ejemplo, los asesinatos violentos de
mujeres trans y mujeres cis pueden compartir causas si ambas estaban invo-
lucradas en el trabajo sexual.
En este sentido, es urgente dejar de pensar en el patriarcado o el cis-hetero-
sexismo como sustantivos que denotan trayectorias causales o procesos cla-
ramente definidos. La violencia es compleja y no se ajusta a escenarios sim-
plistas. Esto no significa que términos como “patriarcal” o “cis-heterosexista”
sean inútiles, ya que califican múltiples modos de opresión y violencia, pero
no deben asumir que designan trayectorias concretas o mutuamente exclu-
yentes.
Finalmente, es importante discutir las implicaciones de esta nueva pers-
pectiva para la creación de un tipo penal específico para el transfeminicidio.
Aunque existen consideraciones pragmáticas que podrían respaldar la crea-
ción de dicho tipo penal, como evitar que los transfeminicidios sean tratados
simplemente como homicidios, debemos ser conscientes de los riesgos que
esto conlleva. La creación de un tipo penal específico podría legitimar la idea
de que las violencias transfeminicidas son fundamentalmente distintas de las
cisexismo, cadenas de VioLencia y transFeminicidio 1 645
violencias feminicidas, lo cual podría ser perjudicial. También existe el ries-
go de que este tipo penal se construya de manera esencializada, suponiendo
que el cisexismo es la causa única de estos crímenes. En lugar de reforzar
prejuicios transfóbicos, debemos examinar cuidadosamente si la creación de
un nuevo tipo penal es la mejor solución.
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