Monografía de Filosofía
del Derecho
“La Justicia Según Alf
Ross”
Profesores: Daniel Gualberto Gómez y Carlos
Ramirez Sosa
Alumnas:
Barchuk, Sofía
Maidana Roa, Camila
Año: 2017
INTRODUCCIÓN:
Pocas ideas despiertan tantas pasiones, consumen tantas energías, provocan
tantas controversias, y tienen tanto impacto en todo lo que los seres humanos
valoran como la idea de justicia. Sócrates a través de Platón sostenía que la
justicia es una cosa más preciosa que el oro y Aristóteles, citando a Eurípides,
afirmaba que ni la estrella vespertina ni la matutina son tan maravillosas como la
justicia.
Por lo expuesto, nos lleva a preguntarnos: ¿Qué es la justicia? ¿Una virtud de las
personas? ¿La primera de las cualidades de las instituciones políticas y sociales?
¿El resultado de un procedimiento equitativo? ¿Lo que surge de un proceso
histórico en el que no se violan derechos fundamentales? ¿Un ideal irracional?
Estas y muchas otras respuestas extremadamente divergentes entre sí fueron
dadas por filósofos serios a lo largo de una extensa historia del pensamiento
dedicado a desvelar esta incógnita. La preocupación de los filósofos se centra en
analizar un concepto que es empleado en muchos tipos de discursos, articulando
concepciones que permitan justificar o impugnar los juicios que se formulan en
tales discursos empleando el concepto en cuestión.
En esta monografía, nos basaremos en una posición escéptica sobre la justicia,
más explícitamente en la postura de Alf Ross. Sostiene este autor, en su obra
“Sobre el Derecho y La Justicia”, que la justicia es una idea y un principio
especifico del derecho. Como idea tiene una pretensión ordenadora y correcta:
ordenadora de la materia jurídica y correctora de sus desvíos. Como principio “…
Delimita y armoniza los deseos, pretensiones e intereses en conflicto en la vida
social de la comunidad”. Analiza la idea de la justicia como una exigencia de
igualdad: “si la igualdad es tomada en sentido absoluto –dice- significa que todos,
cualesquiera sean las circunstancias deberán hallarse en la misma posición que
los demás”.
La justicia y el derecho natural
El derecho natural insiste en que en nuestra conciencia reside una idea simple y
evidente, la idea de justicia, que es el principio más elevado del derecho como
opuesto a la moral. Está reflejada con un grado mayor o menor de claridad o
desfiguración en todas las leyes positivas.
La justicia es la igualdad. La idea de justicia parece ser una idea clara y simple
dotada de una poderosa fuerza motivadora. El poder de la justicia es grande.
Luchar por una causa justa fortalece y excita a una persona.
Análisis de la idea de justicia
Tal falta de reconocimiento de todas las diferencias realas significaría de hecho
que todo el mundo ocuparía una posición jurídica idéntica, sin considerar la edad,
el estado civil, si ha cometido un asesinato o no, si ha celebrado un contrato o no.
La demanda de igualdad encierra únicamente la exigencia de que nadie, en forma
arbitraria o sin razón eficiente para ello, sea sometido a un trato que difiera del que
se acuerda a cualquier otra persona.
La exigencia de igualdad debe ser comprendida, por lo tanto, en un sentido
relativo, esto es, como una exigencia de que los iguales sean tratados de la misma
manera.
- a cada uno según su mérito: el criterio está dado por los méritos morales o el
valor moral de una persona. Relación entre el mérito y el destino que a uno le
espera
- a cada uno según su contribución: la pauta de evaluación es la contribución que
cada persona hace a la economía social
- a cada uno según sus necesidades: en materia de protección social
- a cada uno según su capacidad
- a cada uno según su rango de condición.
El contenido práctico de la demanda de justicia depende de presupuestos que
están fuera del principio de igualdad a saber los criterios que determinan las
categorías a las que debe aplicarse la norma de igualdad.
Dos elementos contenidos en las fórmulas de justicia: la exigencia formal de
igualdad y el criterio material para la determinación de la clase a la que se aplica la
norma de igualdad.
La exigencia forma de igualdad no excluye una diferenciación entre personas que
se hallan en circunstancias diferentes. El único requisito es que la diferencia debe
obedecer al hecho de que a la luz de ciertos criterios relevantes las personas
pertenecen a clases diferentes. El puro principio de igualdad, sin embargo, no nos
dice qué criterios son los relevantes.
La justicia en este sentido formal puede ser expresada también como una
exigencia de racionalidad en el sentido de que el trato acordado a una persona
debe ser predeterminable por criterios objetivos, establecidos en reglas dadas.
Cualquiera sea el contenido de la regla, la exigencia de regularidad queda
satisfecha. Las fórmulas corrientes de justicia, sin embargo, pretenden ser pautas
que guían al legislador en su elección de la regla correcta. Se sigue de aquí que
en la medida en que ellas posean algún contenido, este contenido no puede ser
derivado del principio de igualdad, sino que tiene que surgir del otro elemento que
aparece en las fórmulas de justicia: el criterio material porsupuesto.
La idea de justicia, se dice, surge de nuestra conciencia más íntima con necesidad
imperativa a priori.
Decir que la decisión es justa significa que ha sido hecha de una manera regular
de conformidad con la regla o sistema de reglas. Cualquier conducta puede ser
correcta si está en armonía con la reglas.
Pero aplicada para caracterizar una regla general o un orden, las palabras justo e
injusto, carecen de significado.
Puesto que la idea formal desigualdad o justicia como estrella polar para la
orientación político- social carece de significado, es posible abogar por cualquier
tipo de postulado material en nombre de la justicia.
Algunos ejemplos
Kant à un comportamiento es lícito si la libertad para realizarlo es compatible con
la libertad de todas las personas bajo una regla general.
Leonard Nelson à utilizando como puntos de partida la conciencia moral general y
la jurídica, Nelson sostiene que la suprema norma de acción que determina el
deber del hombre se caracteriza como sigue:
1- es restrictiva
2- el límita consiste en la exigencia de que en la persecución de nuestros intereses
debemos también tener en cuenta los de los demás
3- esto último se expresa en la exigencia de que la persona que realiza la acción
tome en consideración los intereses afectados por ella.
El contenido de esta ley puede ser analizado en dos elementos, primero Nelson
exige que realicemos un experimento en el pensamiento (imaginar que todos los
intereses afectados por una acción son propios del sujeto agente), segundo,
debemos investigar si sobre este presupuesto el agente aprobaría la acción.
¿JUSTICIA?
Para Ross, la justicia es una idea clara y simple, como también recurrente, que
está dotada de una poderosa fuerza motivadora. Por todas partes —explica—
“parece haber una comprensión instintiva de las demandas de justicia”, y “hasta
los niños de pocos años apelan ya a la justicia si uno de ellos recibe un trozo de
manzana más grande que los otros”. De esta manera, “el poder de la justicia es
grande, y luchar por ella es algo que fortalece y excita” a las personas, puesto que
tiene que ver con la igualdad. Como fin del derecho, cree Ross, la justicia “delimita
y armoniza los deseos, pretensiones e intereses en conflicto en la vida social de la
comunidad”, y, por tanto, “ella equivale a una demanda de igualdad en la
distribución o reparto de las ventajas y cargas” que ofrece e impone la vida en
común.
Respecto de las concepciones de la justicia, esto es, de las respuestas que se han
dado y continúan dando a la pregunta que inquiere acerca de cómo efectuar ese
reparto, considera Ross que todas responden a reacciones emocionales de las
personas. Así, por ejemplo, cuando alguien afirma que una norma jurídica es
injusta no expresa ninguna cualidad discernible en ella, de manera que si una
persona exclama “Estoy en contra de esta regla porque es injusta”, lo que debería
decir es “Esta regla es injusta porque estoy en contra de ella”. De allí que, al no
constituir materia de discusión racional, Ross, en una de sus frases más
conocidas y polémicas, sostiene que “invocar la justicia es como dar un golpe
sobre la mesa”, o sea, se trataría de una mera expresión emocional y no
argumental. Por la inversa, las palabras “justa” o “injusta” tienen sentido para Ross
únicamente cuando se usan para calificar la decisión tomada por un juez o por
cualquier autoridad que deba aplicar un conjunto determinado de normas. Esa
decisión será justa si ha sido adoptada en conformidad con las normas del
ordenamiento jurídico de que se trate, y no lo será en caso contrario. Por lo
mismo, justicia “es la aplicación correcta de una norma como opuesta a la
arbitrariedad”.
Lo que no resulta posible, sin embargo, es predicar justicia o injusticia de una
norma jurídica general, o de un ordenamiento en su conjunto, puesto que no hay
manera de establecer un criterio de exigencia objetivo respecto del contenido de la
norma o del orden de que se trate, y ello porque la justicia no puede constituir un
criterio último para juzgar una norma. Cuando de una norma o de un ordenamiento
se afirma que son “justos”, o que son “injustos”, no se procede entonces sobre la
base de una pauta o criterio que posea validez superior de carácter absoluto, sino
que se trata de la mera expresión de un cierto interés que puede hallarse en
conflicto con intereses opuestos. “La ideología de la justicia —concluye Ross— es
una actitud militante de tipo biológico-emocional a la cual uno mismo se incita para
la defensa ciega e implacable de ciertos intereses”. Ross lleva también a cabo una
crítica a la concepción kantiana de la justicia, a la que considera formalista y
circular. Pero tratándose de Kant, y especialmente a propósito de un tema como
éste, no podemos quedarnos sólo con los juicios reprobatorios de Kelsen y de
Ross, puesto que la contribución a la ética del filosofo alemán, amén de resultar
digna de ser explicada más allá del imperativo categórico recordado y criticado por
Kelsen, influyó en alguna medida, tal como tendremos oportunidad de ver más
adelante, en concepciones de la justicia de importantes autores contemporáneos,
tales como John Rawls y Jürgen Habermas.
La ideología de la justicia conduce a la intolerancia y al conflicto... es una actitud
militante de tipo biológico-emocional a la cual uno mismo se incita para la defensa
ciega e implacable de ciertos intereses». No obstante, este tipo de emotivismo
suele enfrentar la réplica de que él confunde el aspecto pragmático del lenguaje
ético con el aspecto semántico: esa réplica sostiene que es cierto que muchas
veces -aunque no siempre- expresamos o intentamos provocar emociones en los
demás con formulaciones lingüísticas que tienen un contenido descriptivo
indudable; de modo que el «significado» emotivo de las formulaciones éticas no
excluye su posible significado cognoscitivo.
Por otra parte, la afirmación de Ross, como las afirmaciones análogas de Kelsen,
de que es imposible sostener una discusión racional con quien apela a la justicia
debe ser confrontada con la fenomenología de la práctica de discusiones sobre
justicia, tanto en ámbitos teóricos, como políticos o en otras esferas de la vida
social, que, según sostienen algunos, parece mostrar lo contrario: filósofos que
escriben en innumerables publicaciones dedicadas a temas de justicia, políticos
que se involucran en discusiones sobre la justicia de programas o medidas,
vecinos que debaten sobre la justicia o injusticia de acciones y actitudes que los
afectan, todos ellos parecen argumentar, aunque el argumento en algunos casos
vaya acompañado por algún golpe sobre la mesa.
Muchos sostienen que si es cierto, como dice Kelsen, que los seres humanos
tenemos una tendencia irrefrenable a justificar mutuamente nuestras acciones
sería extraño que esa tendencia nos condujera permanentemente a frustraciones
por la vacuidad de tales justificaciones. Tal vez la tendencia a justificar nuestras
acciones nos haya llevado a desarrollar pautas que rigen esa justificación, y quizá
la misma práctica de dar razones en materias de justicia presuponga criterios,
reglas y valores que determinan cuáles razones son válidas en el contexto de esa
práctica. Según algunos, tales criterios, reglas y valores subyacentes a la práctica
de dar razones sobre la justicia de acciones e instituciones presentan una notable
uniformidad en el tiempo y el espacio, no obstante que es posible advertir algunas
variaciones relevantes: mientras Justicia 65 hay configuraciones pre-modernas de
esa práctica que asocian las razones últimas con los dictados de una divinidad, de
un cacique o de la tradición, la configuración que la práctica de dar razones
presenta a partir de la modernidad implica la posibilidad de someter a crítica toda
prescripción o convención sobre la base de principios ideales aceptables desde
una perspectiva imparcial.
Quizá las posiciones escépticas, relativistas y subjetivistas sobre la justicia están
determinadas por la preocupación preteórica por la intolerancia, el fanatismo y el
autoritarismo a los que suelen conducir posiciones éticas absolutistas. Como
Trosky le recordaba a Kausky, «la aprehensión de verdades relativas nunca le da
a uno el coraje de usar la fuerza y derramar sangre». Sin embargo, esta
prevención quizá tenga su ámbito de satisfacción, no en el plano ontológico de
constitución de principios de justicia (en el que se enfrenta con la posibilidad de
que el relativismo se aplique al mismo ideal de tolerancia), sino en el plano
epistémico, o sea en el plano del conocimiento de los principios de justicia: lo que
conduce a la tolerancia es una posición falibilista sobre si estamos acertados en
nuestras creencias sobre lo que es justo, no nuestra supuesta certeza de que no
hay nada que conocer. Ese falibilismo puede conducir a desconfiar en las
intuiciones individuales sobre la justicia -dada la variedad de condicionamientos a
que cada uno de nosotros se ve sometido- y a confiar más, en cambio, en el
resultado del proceso colectivo de discusión como el que se organiza a través del
procedimiento democrático.
Una forma de orientarse sobre las concepciones substantivas de justicia, o sea las
diversas interpretaciones del concepto de justicia, consiste en hacer una revisión
de la «geografía axiológica», de modo de inspeccionar las relaciones entre la
justicia y otros valores, como los de bienestar o felicidad, la legitimidad, la
eficiencia, el orden, la libertad, la igualdad. Algunos de estos valores parecen ser
externos a la justicia -ya que su satisfacción no implica necesariamente un estado
de cosas más justo; al contrario, pueden estar en tensión con la justicia. En
cambio, algunos otros de estos valores parecen ser internos al de justicia, puesto
que su satisfacción si parece ir en beneficio del valor justicia. Si comenzamos con
la relación entre el bien de cada individuo -que se suele identificar con la felicidad-
y la justicia veremos que la división entre concepciones teleológicas y
deontológicas de la justicia reside precisamente en si ese bien es concebido como
un valor interno o externo a la justicia.
La idea de justicia y el derecho positivo
La idea de justicia se resuelve en la exigencia de que una decisión sea el
resultado de la aplicación de una regla general. La justicia es la aplicación correcta
de una norma, como cosa opuesta a la arbitrariedad.
Afirmar que una norma es injusta no es más que la expresión emocional de una
reacción desfavorable frente a ella. La declaración de que una norma es injusta no
contiene ninguna característica real, ni referencia a algún criterio ni
argumentación. La ideología de la justicia no tiene, pues, cabida en un examen
racional del valor de las normas.
Entre el derecho vigente y la idea de justicia pueden distinguirse dos puntos:
primero la exigencia de que haya una norma como fundamento de una decisión,
segundo, la exigencia de que la decisión sea una aplicación correcta de una
norma. Por ello el problema puede ser formulado de dos maneras:
a) podemos preguntarnos qué papel desempeña la idea de justicia en formación
del derecho positivo, en la medida en que ella es entendida como una exigencia
de la racionalidad. Esto es, una exigencia de las normas jurídicas que sean
formuladas con ayuda de criterios objetivos y sean predecibles
Pero la racionalidad formal, objetiva, es también un ideal del derecho, en el
sentido de que es deseable un máximo de racionalidad en concordancia con
ciertas valoraciones que, por lo menos en la civilización occidental, están
presentes cuando se crea el derecho.
Todo derecho y toda administración de justicia, están determinados, en aspectos
formales por un conflicto dialéctico entre dos tendencias opuestas. Por un lado la
tendencia a la generalización y a la decisión de conformidad con criterios
objetivos, y por el otro, la tendencia a la individualización y a la decisión a la luz de
las valoraciones y apreciaciones subjetivas de la conciencia jurídica.
b) Puede preguntarse, luego, qué papel desempeña la idea de justicia en la
administración de justicia, en la medida en que esta idea es entendida como una
exigencia de que la decisión del caso individual aplique correctamente el derecho
vigente.
La justicia, concebida de esta manera como un ideal para el juez es una idea
poderosa en la vida social. Representa lo que se espera de un buen juez, y es
aceptada por el juez mismo como standard profesional supremo. Calificar a una
decisión de injusta quiere decir que no ha sido hecha de acuerdo con el derecho y
obedece a un error, o a una desviación consciente de la ley.
Ninguna situación concreta da lugar a una aplicación única de la ley. Hay siempre
un margen de extensión variable, y cuando una decisión cae dentro del mismo,
nadie la llamaría injusta, ni siquiera en sentido objetivo. Podría calificársela de
equivocada, en el sentido de que quien emite la opinión habría aplicado la ley en
forma diferente.
La decisión es objetiva cuando cabe dentro de principios de interpretación o
valoraciones que son corrientes en la práctica. Es subjetiva cuando se aparta de
ello
LA TEORIA JURIDICCIONAL DEL JUEZ:
En su concepción realista y sociológica del derecho, el fin de la ciencia jurídica no
está limitado al análisis del derecho positivo comprende igualmente las conductas
y comportamientos de los jueces y otros sujetos que lo practican.
Las nociones jurídicas fundamentales son interpretadas exclusivamente como
concepciones sobre la realidad social, sobre la conducta del hombre en sociedad.
El fundamento de la filosofía del derecho tiene que ser en una perspectiva
psicológica.
Derecho, según Ross, es el nombre de un conjunto individual de normas que
constituyen un todo coherente de significado. Todos estos órdenes o sistemas son
hechos. El contenido real de una norma de conducta es una directiva para el juez.
Estudia los problemas de interpretación que enfrentan los jueces y las otras
autoridades de aplicación del derecho y como son resueltos esos problemas en la
administración de justicia. Para Ross, la teoría francesa del siglo XIX, donde el
juez no valora ni determina su actitud ante la posibilidad de interpretaciones
diferente, en la cual el juez es un autómata, no se asemeja en nada a la realidad.
La inevitable vaguedad de las palabras y la inevitable limitación de la profundidad
intencional hacen que a menudo sea imposible establecer si el caso está
comprendido o no por el significado de la ley. De ahí es donde la interpretación
designa la actividad integral del juez que lo conduce a la decisión, inclusive su
actividad critica, inspirada por su concepción de los valores jurídicos, surge de
actitudes que están más allá del simple respeto al texto legal.
El juez no admite en forma abierta que deja a un lado el texto. El juez aparenta
que, a través de varias conclusiones su decisión puede ser deducida de la
verdadera interpretación de la ley.
Sostiene Ross, que la administración de justicia, no se reduce a una mera
actividad intelectual. Sus resoluciones están arraigadas en la personalidad total
del juez, tanto en su conciencia jurídica formal y material, como sus opiniones y
puntos de vistas racionales. Se trata de una interpretación constructiva, con
conocimiento y valoración, pasividad y actividad.
Es imposible para el propio juez distinguir entre las valoraciones entre las que se
manifiestan las preferencias personales y las valoraciones atribuidas al legislador.
Para Ross, un juez es una persona calificada de acuerdo a las reglas que
gobiernan la organización de los tribunales, la elección y la designación de los
jueces.
Al emplear el sistema de normas, como un esquema de interpretación estamos
habilitados para comprender las acciones de los tribunales como respuestas, pero
con significado a condiciones dadas y dentro de ciertos límites para predecir esas
acciones.
La relación de la justicia con el derecho, un aspecto de la idea de justicia consiste
en que las reglas jurídicas tienden a quedar fijadas en conceptos dirigidas a
alcanzar certeza y objetividad en la administración de justicia. Con frecuencia el
ajuste y educación obedece a la simple razón de que las reglas de derecho
prescribe que el juez se guie por los estándares morales corrientes, el derecho y la
moral difieren considerablemente en cuanto a sus efectos en la vida social, puesto
que el derecho es un fenómeno social, un orden integrado común que busca el
monopolio de la fuerza. Sin embargo, en Ross, el derecho es un fenómeno de la
realidad, en la medida en que su contenido en un hecho histórico, que varía de
acuerdo con el tiempo y lugar, que ha sido creada por hombres y que depende de
factores externos de poder, aunque la idea especifica que se manifiesta en el
derecho es la Justicia.
En el cumplimiento de su misión el juez se halla bajo la influencia de la tradición y
la cultura, porque es un hombre de carne y hueso y no un autómata. El juez no es
un mero fenómeno biológico, es conforme a Ross un fenómeno cultural. El juez
lee e interpreta el derecho en su espíritu pero la tradición de cultura puede
también actuar como una fuente de derecho directa debido al elemento
fundamental que inspira el juez a formular la regla en que basa su decisión.
El juez, de acuerdo al realista escandinavo, puede dejarse orientar directamente
por su sentido de justicia, o puede intentar racionalizar su reacción mediante un
análisis de las consideraciones prácticas, sobre la base de un cálculo jurídico
sociológico de los efectos presumibles de una regla general u otra. La decisión
surgirá de una valoración fundada en los presupuestos de la tradición jurídica y
cultural, lo que llamamos razón o consideraciones prácticas, es una fusión de una
concepción de la realidad y de una actitud valorativa. El juez tendrá que confiar
principalmente en lo que íntimamente siente. El positivismo tiene que ser
rechazado por que la falta comprensión respecto de la influencia de la atmosfera
cultural en la aplicación del derecho.
La actitud del juez hacia la ley estará siempre influida por una serie de factores,
producto de la situación y la conexión entre la ley y el resto del derecho, es lo que
Ross denomina conciencia jurídica material. La compresión de la ley por parte del
juez depende siempre de su compresión de los motivos y propósitos sociales de
aquella.
El Dr. Ross cita las observaciones realizadas por el juez Bernard Botein en 1952:
“El juez indaga primero en los hechos, luego indaga en el derecho y por último
escudriña su alma. Si las tres pesquisas apuntan en la misma dirección, su tarea
será fácil, pero si divergen, no podrá ir muy lejos. Las leyes no están hechas para
ser violadas por los jueces, pero en manos sensibles poseen una cierta tolerancia
elástica que les permite ceder para hacerse cargo de una situación especial.”
La función de los métodos de interpretación es establecer límites a la actividad del
juez en la administración de justicia. Ellos determinan el área de soluciones
justificables. Las máximas de interpretación varían de un país a otro, no existen
criterio objetivos que indiquen cuando debe aplicarse una máxima y cuando otra.
Ellas ofrecen una gran amplitud para que el juez llegue al resultado que considere
justo.
CONCLUSIÓN:
La conclusión a la que podemos arribar luego de desarrollar la justicia según la
visión de Alf Ross, como ideal y como organismo de aplicación, además de su
significación jurídica filosófica, es que es una virtud que motiva y ayuda al hombre
en su camino hacia el bienestar, es un aporte a vivir más dignamente la libertad y
que favorece a otros a vivir con más dignidad.
La justicia a través de la historia ha sido objeto de varias definiciones según el
momento histórico y según los autores; ello además tomando en cuenta las
concepciones propias de cada corriente filosófica, “el orden social justo de dar a
cada uno de los miembros que coexisten en ella lo que merecen” es una
enseñanza del pasado, ya que por diversos factores este principio se convierte en
una ilusión utópica.
Esta monografía, nos recordó que olvidada está la significación de la justicia,
creemos que podemos decir con toda razón sin ser extremistas que hoy las
personas sienten que no se vive en una sociedad justa.
Teniendo en cuenta el punto de vista de este famoso jurista que dividía a la justicia
desde una concepción emocional y otra de acorde a derecho, podemos observar
que muchas veces, en las decisiones judiciales, como órgano encargado de
brindarla, no siempre sus fallos son vistos como justos moralmente, ya que la
carga social y cultural que rodea no solo al juez como persona, sino a nosotros
como individuos dentro de una comunidad no nos permite ver que las mismas son
acorde a derecho, y que un magistrado en aras de alcanzar esta virtud o ideal no
puede pasarlas por alto, ya que abriría la puerta a que más personas lo hicieran
en su nombre.
A nuestro entender la justicia como supremo ideal resulta difícil de concretar, pero
como estrella polar inasequible, es siempre orientada al anhelo constante de
perfeccionar el derecho.
BIBLIOGRAFÍA
Sobre el derecho y la justicia. Alf Ross. Año 1963
Introducción al conocimiento del Derecho. Daniel Gualberto
Gómez.
Algunas concepciones de la Justicia. Universidad de Valparaiso
(Chile)
Justicia. Carlos Santiago Nino