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Héroes de La Concepción: 1882

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9 Y 10 DE JULIO DE 1882

IMPRESIONES Y HOMENAJES DE SUS


CONTEMPORÁNEOS

Hay ciertas efemérides en la historia militar de Chile


que han llegado a ser, de una u otra forma, muy
emblemáticas no solo para el mundo castrense, sino
que también para la sociedad chilena en su
conjunto. Entre ellas se cuentan el triunfo chileno en
Yungay (20 de enero de1839), la gesta naval de
Iquique (21 de mayo de 1879) y el combate de La
Concepción (9 y 10 de julio de 1882.)

Es ya común observar en la historiografía moderna -tanto chilena como extranjera- obras que han hecho
seguimientos a las trayectorias que siguieron los recuerdos y las conmemoraciones de algunos de estos
hechos de armas. En el caso del combate de La Concepción, es interesante escudriñar en los testimonios
contemporáneos a esa acción (y en aquellos posteriores que dejaron los que fueron los testigos de
entonces) acerca del impacto inicial que causó entre los militares chilenos, el que se replicó
posteriormente en toda la sociedad nacional. Cuando se leen esas fuentes, se percibe claramente una
mezcla de estupor, pero también de homenaje a los protagonistas de un martirio que, inmediatamente
después de acontecido, ya se visualizaba que pasaría a ser una de los episodios más recordados de
nuestra la historia.

La guarnición chilena del pueblo de La Concepción se componía de un total de 77 hombres, bajo el


mando del recién ascendido capitán Ignacio Carrera Pinto. Se trataba de uno de los tantos
destacamentos entre los que estaba repartido el contingente chileno que se hallaba operando en la
sierra peruana. Dicha guarnición sufrió un sostenido ataque desde, aproximadamente, las dos y media
de la tarde del día 9 de julio de 1882 hasta las nueve de la mañana del día siguiente. Primero los chilenos
defendieron las entradas de la plaza del pueblo, pero con el paso de las horas debieron replegarse a su
cuartel. En la mañana del día 10 solo sobrevivían cinco hombres, siendo el subteniente Luis Cruz
Martínez el de mayor graduación. Sin embargo, el muy superior número de enemigos (la historiografía
en general sostiene que la fuerza de la división peruana del coronel Juan Gastó constaba de entre
trescientos a cuatrocientos hombres armados, más una masa de indígenas guerrilleros cuya cantidad era
aun mayor) no tardó en imponerse, por lo cual no quedó ningún chileno sobreviviente en esta acción de
guerra. Poco rato después de consumado el aniquilamiento de la guarnición, llegó al poblado la división
del coronel Estanislao del Canto, a cuyos integrantes les tocó contemplar el dantesco panorama.

Un primer testimonio viene de Justo Pastor Merino, cirujano del Ejército chileno que estaba en campaña
en la sierra peruana y que se contaba en las filas de la división del coronel Estanislao del Canto, la cual
venía en retirada desde Huancayo:

“Nosotros entramos a Concepción como a las 5 de la tarde del día 10 a sangre y fuego. Pues a esa hora
todavía quedaban en el pueblo algunos montoneros, que pretendieron hacerse fuertes a pesar de
nuestra proximidad; pero tuvieron que ceder, y una vez nosotros en el pueblo, lo primero que hicimos
fue visitar el cuartel. ¡Qué terrible espectáculo se presentó desde el primer momento a nuestra vista! El
cuartel en gran parte estaba abrasado por las llamas y al llegar a su puerta se veían desde los umbrales
los cadáveres hacinados. Entré al cuartel de a caballo y al encontrar en los cuartos y en el patio
cadáveres y sólo cadáveres ignoro lo que pasó por mí. Sólo sé que máquinamente [sic] llevé la mano a la
cintura sacando mi revólver y miré alrededor, esperanzado quizá de encontrar a algunos de los
asesinos.” (1)

Se puede afirmar que el espíritu de estas expresiones es casi común a todos los testimonios de los
chilenos que conformaron la ya citada división y que tuvieron la experiencia de observar los restos
humanos y materiales de este hecho de armas.
Manuel Salas, quien era oficial subalterno del Batallón Movilizado Lautaro, cuerpo este último que
conformaba la columna del coronel Canto, da cuenta del mismo sentimiento cuando escribió al autor
Nicanor Molinare, quien se hallaba preparando una obra acerca de este combate:

“Llegamos de los primeros a la plaza [del pueblo de Concepción] y nos animaba la esperanza de hallar
algún «Chacabuco» vivo. Lo que vimos, usted con pluma maestra lo relata con exactitud. Al salir de la
iglesia donde primeros entramos, me encontré con el ilustre comandante Pinto Agüero [quien en ese
tiempo era el comandante del Batallón Movilizado Chacabuco, cuya Cuarta compañía había sucumbido
en este pueblo] que salió del cuartel, intensamente pálido y en cuyos ojos se reflejaba lo que su alma
sentía en esos instantes. Se nos dio orden de revisar casas y sitios, y fue imposible contener a los
soldados que vengaban a los «Chacabuco» y a un soldado nuestro que había quedado ahí de los
enfermos que condujo días antes el capitán Guzmán.” (2)

Una impresión análoga la entrega otro testigo de los restos que quedaron en Concepción. El capitán
Arturo Salcedo, quien era ayudante de Pinto Agüero, en otra misiva dirigida a Molinare señaló:

“Al llegar a «La Concepción», y visto el cuadro de horrores que se presentaba, me ordenó el
comandante Pinto Agüero recogiese y juntase todos los cadáveres de los mártires de la 4ª. Compañía. La
tarea fue difícil y larga, y se terminó a horas avanzadas de la noche […]” (3)

El testimonio de Víctor Valdivieso, quien era teniente de la Quinta Compañía del Batallón Tacna 2º de
Línea, relata la extrañeza que le causó el hecho de que nadie viniera a recibir a la división que venía
llegando al pueblo, para luego expresar su desconcierto cuando penetró en la plaza de dicho poblado:

“La Quinta Compañía del 2º de Línea entró a Concepción, como ya he dicho, en la tarde del día diez y
nos extrañó a los que éramos amigos del mocho Carrera Pinto, como lo llamábamos, no nos viniese a
recibir conjuntamente con los demás oficiales […] Los que creíamos a la compañía que estaba destacada
en la Concepción en muy buena situación con respecto a víveres, nos extrañó no viniesen los oficiales a
recibirnos para ofrecernos algún alimento, puesto que hacía más de veinticuatro horas no lo
tomábamos. Tan luego como dejé alojada mi compañía me dirigí al cuartel situado en la plaza para
saludar a los oficiales, pero ¡cual no sería mi sorpresa al encontrar solo los cadáveres de los valientes
que allí habían sucumbido! El dolor, la rabia, el despecho por no poder vengar a los que habían sido
cobardemente asesinados por un número crecidísima mente mayor de enemigos, se apoderó de mí.
Desde ese momento me concreté a hacer comentarios con los demás oficiales sobre esta hecatombe.”
(4)

Otro testimonio viene de la mano del cirujano del Ejército, Rómulo Larrañaga, quien se ocupó de
atender a los enfermos de la división que iba llegando al poblado de La Concepción:

“A las 3 de la tarde, según mis recuerdos, a una legua escasa de la Concepción, sentí dos disparos y se
me dijo que el comandante Pinto Agüero había fusilado a dos indios armados, los primeros avisos de la
gran masacre. Estamos en el pueblo: Ahí no hay un perro, ni un gato, ni un cucaracho [sic]; ahí no existe
la vida, ahí solo está la muerte en sus dos manifestaciones de la grandeza y la bajeza humana.!.” (5)

A continuación, esta misma persona relata las labores que le tocó desempeñar en La Concepción. Sin
embargo, cuando escribe esta misiva a Nicanor Molinare (en 1911) ya entrega la evidencia de que este
combate ya estaba situado entre las grandes proezas militares de Chile:

“Dice Ud. muy bien, mi amigo: El 21 de mayo de Iquique y el 9 de julio de La Concepción son dos glorias
paralelas de la Marina y del Ejército, que Chile ha colocado en el más esplendoroso pedestal histórico a
la contemplación de los siglos pasados y que no han de ser superados en lo venidero.” (6)

En el parte oficial que el coronel Estanislao del Canto elevó al Jefe del Estado Mayor General, en el cual
informó acerca de lo sucedido en Concepción, se aprecia que junto con el desconcierto producido por el
horrible cuadro que observaron los chilenos en esa población, ya se vislumbraba el hecho de que la
acción de guerra que allí tuvo lugar estaba llamada a ser uno de los grandes hitos de la historia militar
chilena:
“Mi escasa inteligencia, señor General, divaga para comprender si es mayor el profundo y justo
sentimiento que debemos experimentar por la pérdida de tantos buenos, o bien, si lo es la gloria
alcanzada por esos héroes a costa del sacrificio de sus vidas. […] El mutismo de soldado invade mis
facultades y me priva del derecho de poderme explayar más sobre tan grandioso hecho, que habla muy
alto en pro de la patria chilena y de los defensores de su honor.” (7)

En la proclama que dicho coronel entregó a sus hombres, una vez superada la amarga impresión por lo
contemplado en La Concepción, señaló:

“Si os encontráis en igual situación a los 77 héroes de Concepción, sed sus imitadores y entonces
agregaréis una brillante página a la historia nacional y haréis que la efigie de la patria se presente una
vez con el semblante risueño en símbolo de gratitud por los hechos de sus hijos.” (8)

En otro parte elevado por el comandante del Batallón Chacabuco 6º de Línea, Marcial Pinto Agüero, al
coronel Estanislao del Canto, respecto de los sucesos de Concepción, aquel expresa la admiración por el
comportamiento que tuvieron los militares chilenos que perecieron en ese poblado, el cual en adelante
sería un modelo a seguir por todos sus compañeros de armas:

“Excusado me parece, señor coronel, recomendar a la consideración de V. S. la conducta brillante y más


que distinguida observada en el hecho de armas de la Concepción el 9 y 10 del presente, por los señores
oficiales y tropa que formaban parte de esa guarnición; hechos de armas de esa naturaleza, llevan
consigo su recomendación. La memoria del capitán Ignacio Carrera Pinto, subtenientes don Julio Montt,
don Arturo Pérez Canto y don Luis Cruz M., sacrificados con sus 73 soldados en el puesto del deber, es
algo que el que suscribe, como el personal del cuerpo de mi mando, recordaremos siempre con respeto
y nos esforzaremos en imitar, en algo siquiera, el camino que con su abnegación y sus vidas nos ha
trazado ese puñado de valientes.” (9)

El corresponsal del diario “El Mercurio” en el teatro de guerra comunicó las repercusiones inmediatas
que había tenido el combate de La Concepción entre los habitantes de la sierra peruana, en el cual
descolló la conducta de los militares chilenos:

“El combate de la Concepción y el heroísmo de los 77 chilenos circulaba en aquellos pueblos con todos
los caracteres de una leyenda. Los indios se contaban unos a otros los detalles de aquel increíble suceso,
en que un puñado de chilenos había perecido hasta el último sin rendirse y poniendo fuera de combate
más de 800 enemigos. Hasta tal punto había llegado la sensación, que las autoridades peruanas
decidieron prohibir, bajo severas penas, que ninguno se acercase al lugar que antes ocupaba el pueblo
de la Concepción ni los demás destruidos por nuestras tropas, a fin de que no cundiera entre ellos la
desmoralización y el desaliento.” (10)

En el caso de la prensa peruana, dentro de la correspondencia dirigida al diario “El Eco de Junín”,
también se destacó el notable comportamiento de esta guarnición chilena. Si bien algunos datos que
aquella entrega no concuerdan totalmente con la historiografía nacional, es muy notable que se haya
reconocido el valor desplegado por los chilenos, junto a los combatientes peruanos:

“Según las disposiciones del General en Jefe, el coronel Gastó, Comandante General de la División de
Vanguardia, atacó en la tarde del mismo día 9 a la guarnición de la ciudad de Concepción, la misma que
sucumbió por completo, sin que se salvase ningún jefe, oficial ni soldado. La guarnición de Concepción
constaba de 100 hombres, al mando del comandante Carrera Pinto, sobrino de don Aníbal Pinto, ex –
Presidente de Chile. Este jefe murió heroicamente defendiendo el puesto que le había sido confiado,
dando ejemplo de valor a sus subalternos, que se batieron hasta el último momento, haciendo frente a
nuestros soldados que competían en arrojo y decisión con enemigos dispuestos a vender caras sus
vidas; peruanos y chilenos lucharon con denuedo y encarnizamiento.” (11)

Días después de la homérica jornada de La Concepción, las autoridades chilenas en Lima presidieron las
honras fúnebres que se celebraron en la iglesia de Santo Domingo de dicha ciudad, las cuales se llevaron
a cabo con mucha solemnidad y con la presencia de destacadas personalidades civiles y militares, junto
con la colonia chilena establecida en Lima y El Callao. En la prensa limeña se dio cuenta de esta
ceremonia, la cual fue considerada como un justo homenaje a los militares chilenos caídos en La
Concepción, los cuales ya estaban considerados como héroes de la historia de Chile:

“La manera como se ha conmemorado el recuerdo de las heroicas víctimas de la sierra no ha podido
menos que satisfacer al patriotismo chileno, que ha visto en la manifestación ya expresada un homenaje
digno de la gloria de héroes como los que hoy nos traen a la memoria los hechos legendarios de mejores
tiempos, en que como en el día, el pabellón chileno se ostentó brillante al libre aire y en la zona tropical.
(12)

El objetivo de exponer estos extractos de fuentes históricas relacionadas con el combate de La


Concepción, es mostrar cómo inmediatamente después de producido un sangriento hecho de armas y
con resultados lamentables, los espectadores intuyen la importancia que ese acontecimiento tendrá en
el futuro. Los hombres dedicados al oficio de las armas y que se han formado para ejercerlo, suelen
tener la intuición necesaria para advertir que el recuerdo de una determinada acción de guerra
persistirá en la memoria de una nación (sobre todo si ellos ya han tenido experiencias bélicas, como es
el caso de todos estos testigos); lo que hace más destacable este caso específico, es que esa
premonición también se hizo extensiva a los observadores y residentes civiles que había en la región que
en ese momento constituía el teatro bélico, lo cual terminó traspasándose a los habitantes del mismo
suelo chileno. Esto también ha ocurrido con otras acciones de guerra de nuestra historia nacional; si
bien es cierto que la trayectoria del recuerdo de algunas de estas últimas ha tenido altos y bajos en
nuestro devenir histórico, han terminado perdurando en el tiempo.

Palabras clave:
1. Correspondencia; de Justo Pastor Merino para José Luis Merino; Tarma, 15 de julio de 1882; reproducida en
“La Prensa”, lunes 24 de noviembre de 1980, página 20.

2. Alcaldía Municipal de San Felipe; correspondencia; de Manuel Salas para Nicanor Molinare; San Felipe, 20 de
julio de 1911.

3. Correspondencia; de Arturo Salcedo para Nicanor Molinare; Santiago, 19 de julio de 1911.

4. Correspondencia; de Víctor Valdivieso para Nicanor Molinare; Santiago, 22 de julio de 1911.

5. Correspondencia; de Rómulo Segundo Larrañaga para Nicanor Molinare; Santa Rosa, 1º de agosto de 1911.

6. Correspondencia; de Rómulo Segundo Larrañaga para Nicanor Molinare; Santa Rosa, 1º de agosto de 1911.

7. Parte; de Estanislao del Canto para el Jefe del Estado Mayor General; Tarma, 16 de julio de 1882; contenido
en Pascual Ahumada Moreno, Guerra del Pacífico. Tomo VII. Santiago, Editorial Andrés Bello, 1982 página 189.

8. Parte; de Estanislao del Canto para el Jefe del Estado Mayor General; Tarma, 16 de julio de 1882; contenido
en Pascual Ahumada Moreno, Guerra del Pacífico. Tomo VII. Santiago, Editorial Andrés Bello, 1982 página 189.

9. Batallón Chacabuco 6º de Línea; parte; de Marcial Pinto Agüero para el coronel Comandante en Jefe de la
División del Centro; Jauja, 12 de julio de 1882; contenido en Pascual Ahumada Moreno, Guerra del Pacífico.
Tomo VII. Santiago, Editorial Andrés Bello, 1982 páginas 189 y 190.

10. Correspondencia; del corresponsal al editor de “El Mercurio”; Lima, 22 de julio de 1882; contenido en
Pascual Ahumada Moreno, Guerra del Pacífico. Tomo VII. Santiago, Editorial Andrés Bello, 1982 página 202.

11. Correspondencia; de M. F. Horta al diario “El Eco de Junín”; 26 de agosto de 1882; contenido en Pascual
Ahumada Moreno, Guerra del Pacífico. Tomo VII. Santiago, Editorial Andrés Bello, 1982 página 193.

12. Artículo de prensa; “Honras Fúnebre”, en El Comercio, del Callao; contenido en Pascual Ahumada Moreno,
Guerra del Pacífico. Tomo VII. Santiago, Editorial Andrés Bello, 1982 páginas 203 y 204.

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