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quinta parte
ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN
SOCIAL Y DEL RÉGIMEN DE LOS DERECHOS
Y GARANTÍAS
Así como la Constitución Política regula la organización del Estado mediante
sistemas de distribución y división (separación) del poder público, la Consti-
tución social tiene por objeto regular el estatuto de las personas y de la socie-
dad civil y sus relaciones con el Estado. Ello se concreta en el régimen de los
derechos y deberes constitucionales de las personas, en el cual se establece esa
relación Estado-sociedad.
En esta materia de los derechos constitucionales y, en particular, en re-
lación con los derechos humanos, sin duda, la Constitución de 1999 fue
un texto en el cual se incorporaron notables innovaciones337 signadas por
la progresividad de la protección de los derechos humanos, como resulta
del texto del capítulo I sobre “Disposiciones generales” del título IV sobre
los “Deberes, derechos humanos y garantías”.338 Sin embargo, también ha
habido notables regresiones específicas, como la eliminación del derecho
de protección de los niños, a la violación de la reserva legal como garantía de
337
Casal H., Jesús María, Los derechos fundamentales y sus restricciones, Caracas, Legis, 2010;
Calcaño de Temeltas, Josefina, “Notas sobre la constitucionalización de los derechos funda-
mentales en Venezuela”, El derecho público a comienzos del siglo XXI. Estudios homenaje al profesor
Allan R., Brewer-Carías, t. I, Madrid, Civitas, 2003, pp. 2489-2535; Ortiz-Ortiz, Rafael, “Los
derechos humanos en la República Bolivariana de Venezuela. Apreciaciones generales y
principios orientadores de su ejercicio”, Revista de la Facultad de Derecho de la Universidad de
Carabobo, núm. 1, Valencia, 2002, pp. 339-369; Martínez, Agustina Y., “Los derechos hu-
manos en la Constitución Venezolana: consenso y disenso”, Estudios de derecho público. Libro
homenaje a Humberto J. La Roche Rincón, vol. I, Caracas, Tribunal Supremo de Justicia, 2001,
pp. 549-572; Aponte Sánchez, Élida, “Los derechos humanos: fundamentación, naturaleza
y universalidad”, Estudios de derecho público: Libro homenaje a Humberto J. La Roche Rincón, vol. I,
Caracas, Tribunal Supremo de Justicia, 2001, pp. 85-108; Herrera Orellana, Luis A., “Sobre
el concepto y fundamento de los derechos humanos”, Revista de Derecho, núm. 12, Caracas,
Tribunal Supremo de Justicia, 2004, pp. 31-58.
338 Véase las propuestas que formulamos en esta materia en Brewer-Carías, Allan R., Debate
constituyente (aportes a la Asamblea Nacional Constituyente) (9 septiembre-17 octubre 1999), Caracas 1999,
pp. 77-115.
155
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156 VENEZUELA
los derechos por la previsión de la delegación legislativa al Ejecutivo, y de
las regulaciones excesivamente paternalistas y estatistas en el campo de los
derechos sociales, en las cuales se ha marginado a la sociedad civil.
I. El régimen general de los derechos humanos
El artículo 19 de la Constitución de 1999 comienza el título relativo a
los “Deberes, derechos y garantías constitucionales”, con una innovación
en la materia, disponiendo que el Estado debe garantizar a toda persona,
conforme al principio de progresividad y sin discriminación alguna, el goce
y ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de los derechos hu-
manos. El respeto y garantía de los derechos, por tanto, son obligatorios
para los órganos del poder público, de conformidad con la Constitución, los
tratados sobre derechos humanos suscritos y ratificados por la República y
las leyes que los desarrollen.
Se establece así, en primer lugar, la garantía estatal de los derechos hu-
manos, conforme al principio de la progresividad y no discriminación, y en
segundo lugar, la obligación estatal de respetarlos y garantizarlos, no solo
conforme a la Constitución y a las leyes, sino conforme a los tratados sobre
derechos humanos ratificados por la República.
Al igual que en el artículo 43 de la Constitución de 1961, el artículo 20
de la Constitución de 1999 consagra el principio de la libertad, como fun-
damento de todo el sistema en la materia, al establecer que
Artículo 20: Toda persona tiene derecho al libre desenvolvimiento de su perso-
nalidad, sin más limitaciones que las que derivan del derecho de las demás y
del orden público y social.
Como se había señalado en la Exposición de motivos de la Constitución
de 1961, esta norma “sustituye el enunciado tradicional de que todos pue-
den hacer lo que no perjudique a otro y nadie está obligado a hacer lo que
la ley no ordene ni impedido de ejecutar lo que ella no prohíba”.339
Los derechos humanos garantizados y protegidos conforme a la Cons-
titución no son solo los enumerados en su texto, sino todos los demás que
sean inherentes a la persona humana. Así se establecía en el artículo 50 de
la Constitución de 1961, lo que permitió, conforme a dicha norma, que la
339
Domínguez Guillén, María C., “Alcance del artículo 20 de la Constitución de la Re-
pública Bolivariana de Venezuela (libre desenvolvimiento de la personalidad)”, Revista de
Derecho, núm. 13, Caracas, Tribunal Supremo de Justicia, 2004, pp. 13-40.
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 157
jurisprudencia incorporara, con rango constitucional, muchos derechos hu-
manos no enumerados en el texto constitucional,340 y se recoge, ampliado,
en el artículo 22 de la Constitución de 1999.341
Por último, una de las grandes e importantes innovaciones de la Cons-
titución de 1999 en esta materia fue otorgarle rango constitucional a los
tratados internacionales sobre derechos humanos, siguiendo la orientación
de la jurisprudencia de la antigua Corte Suprema sentada.342 Estos antece-
dentes nos llevaron a proponer la inclusión de una norma,343 que es la del
artículo 23, en la cual se consagró la jerarquía constitucional de los tratados,
pactos y convenciones sobre derechos humanos, con la precisión de que
tienen aplicación prevalente en el orden interno; es decir, en relación con la
Constitución y las leyes, si contienen normas más favorables sobre el goce
y ejercicio de los derechos.344 La norma, además, dispuso que los tratados,
pactos y convenciones son de aplicación inmediata y directa por los tribu-
nales y demás órganos que ejercen el poder público.
340 El último ejemplo importante fue la definición del derecho a la participación política
como derecho inherente a las personas en la sentencia de la Corte Suprema del 19-01-99,
que abrió la vía constitucional hacia la elección de la Asamblea Nacional Constituyente.
Véase el texto en Brewer-Carías, Allan R., Poder Constituyente Originario y Asamblea Nacional
Constituyente, Caracas 1999, p. 41.
341 Martínez, Agustina Yadira y Faría Villarreal, Innes, “La cláusula enunciativa de los
derechos humanos en la Constitución venezolana”, Revista de Derecho del Tribunal Supremo de
Justicia, núm. 3, Caracas, 2001, pp. 133-151; Bidart Campos, Germán J., “Los derechos no
enumerados en la Constitución”, Estudios de derecho público. Libro homenaje a Humberto J. La Roche
Rincón, vol. I, Caracas, Tribunal Supremo de Justicia, 2001, pp. 225-234.
342 Por ejemplo, sentencia de la Sala Político-Administrativa del 29-05-97 (caso ACOMI-
SUR), Revista de Derecho Público, núm. 69-70, Caracas, 1997, pp. 178 y 179. Igualmente, el
caso de la sentencia de declaratoria de nulidad de la Ley de Vagos y Maleantes del 14-10-97.
Véase Ayala Corao, Carlos M., “Recepción de la jurisprudencia internacional sobre dere-
chos humanos por la jurisprudencia constitucional”, Estudios de derecho público. Libro homenaje a
Humberto J. La Roche Rincón, vol. I, Caracas, Tribunal Supremo de Justicia, 2001, pp. 153-224.
343 Brewer-Carías, Allan R., Debate constituyente, cit., pp. 111-115. Véase en general, Ayala
Corao, Carlos M., “La jerarquía constitucional de los tratados relativos a derechos huma-
nos y sus consecuencias”, Bases y principios del sistema constitucional venezolano (ponencias del VII
Congreso Venezolano de Derecho Constitucional realizado en San Cristóbal del 21 al 23 de Noviembre de
2001), vol. I, pp. 167-240; y Rincón Eizaga, Lorena, “La incorporación de los tratados so-
bre derechos humanos en el derecho interno a la luz de la Constitución de 1999”, Revista de
la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la UCV, núm. 119, Caracas, 2000, pp. 87-108; Faria
Villarreal, Innes, “Los tratados internacionales sobre derechos humanos en la Constitución
venezolana”, Revista de Derecho, núm. 13, Caracas, Tribunal Supremo de Justicia, 2004, pp.
297-326.
344 Hernández Villalobos, Larys, “Rango o jerarquía de los tratados internacionales en
el ordenamiento jurídico de Venezuela (1999)”, Revista del Tribunal Supremo de Justicia, núm. 3,
Caracas, 2001, pp. 110-131.
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158 VENEZUELA
El Tribunal Supremo aplicó en algunas ocasiones esta norma, dando
prevalencia a la Convención Americana sobre Derechos Humanos; por
ejemplo, en relación con el derecho de las personas a recurrir de los fallos
(derecho a la doble instancia), desaplicando la limitación establecida en el
artículo 185 de la derogada Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia
respecto de la apelación de fallos de la Corte Primera de lo Contencioso
Administrativo,345 y en relación con las condiciones de recurribilidad de los
fallos de menor cuantía establecidos en el artículo 891 del Código de Pro-
cedimiento Civil.346
Sin embargo, la Sala Constitucional, a partir de la sentencia núm. 1942,
del 15 de julio de 2003 (caso Impugnación de artículos del Código Penal, sobre “leyes
de desacato)” distorsionó la norma del artículo 22, primero, al reservarse la
potestad de decidir sobre la prevalencia de los tratados, pactos y conven-
ciones sobre derechos humanos en el ámbito interno, excluyendo de ello a
los tribunales de la República, a pesar de que conforme al artículo 334 de
la Constitución todos están en la obligación de asegurar su integridad, y a
pesar del texto de la propia norma del artículo 22 que es clara al establecer
que los referidos tratados son “de aplicación inmediata y directa por los
tribunales”.347
345 Sentencia del 14 de marzo de 2000 (caso C.A. Electricidad del Centro y C.A. Electricidad
de los Andes), Revista de Derecho Público, núm. 81 (enero-marzo), Caracas, Editorial Jurídica Ve-
nezolana, 2000, pp. 157 y 158; citada también en sentencia de la misma sala núm. 328 del
9-03-2001, en Revista de Derecho Público, núm. 85-88, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana,
2001. La Sala Político-Administrativa del Tribunal Supremo interpretó y desarrolló el crite-
rio establecido por la Sala Constitucional en relación con la inaplicabilidad del artículo 185
de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia en sentencia núm. 802, del 13-04-2000
(caso Elecentro vs. Superintendencia Procompetencia), Revista de Derecho Público, núm. 82, Caracas,
Editorial Jurídica Venezolana, abril-junio de 2000 p. 270.
346 Sentencia 328, del 9 de marzo de 2001. Véase además, en sentido similar, la sentencia
núm. 449, del 27-03-2001 de la Sala Político-Administrativa (caso Dayco de Construcciones vs.
INOS) Revista de Derecho Público, núm. 85-88, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2001.
La Sala Político-Administrativa, por su parte, ha negado la prevalencia del artículo 8 de la
Convención Americana en caso de solicitudes formuladas por parte de personas jurídicas,
al entender que la misma se refiere a derechos humanos de las personas naturales. Véase
sentencia núm. 278, del 01-03-2001, Revista de Derecho Público, núm. 85-88, Caracas, Editorial
Jurídica Venezolana, 2001.
347 En forma evidentemente contraria a la Constitución, la Sala concluyó “que es la Sala
Constitucional quien determina cuáles normas sobre derechos humanos de esos tratados,
pactos y convenios, prevalecen en el orden interno; al igual que cuáles derechos humanos
no contemplados en los citados instrumentos internacionales tienen vigencia en Venezuela”;
Revista de Derecho Público, núm. 93-96, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2003, pp. 138-
140. Véase los comentarios sobre esta sentencia en Arteaga Sánchez, Alberto et al., Sentencia
1942 vs. Libertad de expresión, Caracas, 2004; y en Brewer-Carías, Allan R., “La aplicación
de los tratados internacionales sobre derechos humanos en el orden interno”, Revista IIDH,
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 159
II. El régimen general de las garantías
constitucionales
En la Constitución de 1999 también se han incorporado un conjunto de
regulaciones muy importantes, relativas a las garantías constitucionales de los
derechos humanos; es decir, de los instrumentos que permiten hacer efecti-
vo el ejercicio de los derechos.348
En efecto, en la Constitución se regula ampliamente la garantía de la
irretroactividad de la ley (artículo 24); la garantía objetiva de la Constitu-
ción o de la nulidad de los actos violatorios de derecho y de la responsabi-
lidad de los funcionarios (artículo 25); la garantía de la igualdad ante la ley
y a la no discriminación (artículo 21);349 la garantía judicial y el derecho de
acceso a la justicia que tiene toda persona para hacer valer sus derechos e
intereses, incluso los colectivos o difusos, a la tutela efectiva de los mismos y
a obtener con prontitud la decisión correspondiente (artículo 26).350 De esta
norma se destaca no solo el derecho de acceder a la justicia para la protec-
Instituto Interamericano de Derechos Humanos, núm. 46, San José, 2007, pp. 219-271 y
“La aplicación de los tratados internacionales sobre derechos humanos en el orden interno.
Estudio de derecho constitucional comparado latinoamericano”, Libro homenaje al profesor Al-
fredo Arismendi A. (Comisión Académica para la Edición: Carlos Luis Carrillo Artiles (coord.),
Nelson Chitty Laroche, Asdrúbal Grillet), Caracas, Universidad Central de Venezuela, Edi-
ciones Paredes, 2008, pp. 109-145.
348 Brewer-Carías, Allan R., El derecho y la acción de amparo, instituciones políticas y constituciona-
les, t. V, 1998, pp. 11 y ss.
349 Véase en general, sobre el principio de la igualdad, Beltrán Guerra, Luis, “Algunas
consideraciones respecto a la igualdad y a la libertad como valores protegidos en el régimen
de los derechos fundamentales”, Temas de derecho administrativo. Libro homenaje a Gonzalo Pérez
Luciani, vol. I, Caracas, Editorial Torino, 2002, pp. 815-876; Carbonell, Miguel, “El princi-
pio constitucional de igualdad: significado y problemas de aplicabilidad”, El derecho público a
comienzos del siglo XXI. Estudios homenaje al profesor Allan R., Brewer-Carías, t. III, Madrid, Institu-
to de Derecho Público, UCV, Civitas Ediciones, 2003, pp. 2569-2578; Abreu Burelli, Alirio,
“Derecho a la igualdad y no discriminación (con referencia a la jurisprudencia de la Sala
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia sobre la igualdad y no discriminación en
razón de la orientación sexual de la persona)”, Revista de Derecho, núm. 27, Caracas, Tribunal
Supremo de Justicia, 2008, pp. 85-110.
350 Duque Corredor, José R., “El acceso a la justicia como derecho fundamental en el
contexto de la democracia y de los derechos humanos”, Revista de Derecho del Tribunal Supre-
mo de Justicia, núm. 6, Caracas, 2002, pp. 379-389; Useche, Judith, “El acceso a la justicia
en el nuevo orden constitucional venezolano”, Bases y principios del sistema constitucional vene-
zolano (ponencias del VII Congreso Venezolano de Derecho Constitucional realizado en San Cristóbal del
21 al 23 de Noviembre de 2001), vol. II, pp. 29-76; Cortes de Arangon, Lourdes, “El acceso
de los administrados al sistema jurídico: ¿un derecho vivo?”, Estudios de derecho administrativo.
Libro homenaje a la Universidad Central de Venezuela, vol. I, Caracas, Imprenta Nacional, 2001,
pp. 275-305.
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160 VENEZUELA
ción de sus derechos e intereses, incluso de carácter colectivo y difuso,351
sino el derecho a la tutela efectiva352 de los mismos, y el derecho a obtener
con prontitud la decisión correspondiente.
Además, en el mismo artículo constitucional se establecen los princi-
pios generales del sistema judicial, al establecer que “El Estado garantizará
una justicia gratuita, accesible, imparcial, idónea, transparente, autónoma,
independiente, responsable, equitativa y expedita, sin dilaciones indebidas,
sin formalismo o reposiciones inútiles”.
La Constitución regula, además, la garantía de protección mediante re-
cursos efectivos: el derecho y la acción de amparo y la acción de hábeas data
(artículo 27),353 conforme a todos los principios fundamentales en materia
de amparo que se desarrollaron en aplicación de la Ley Orgánica de Am-
paro sobre Derechos y Garantías Constitucionales, y que configuraron esta
351
Véase sobre los intereses colectivos y difusos, la Sala Constitucional del Tribunal Su-
premo en la sentencia núm. 656 de 30-06-2000 (caso Defensor del Pueblo vs. Comisión Legislativa
Nacional), citada en la sentencia de la Sala Constitucional núm. 279 del 19-2-2002 (caso
Ministerio Publico vs. Colegio de Médicos del Distrito Capital) como “caso Dilia Parra Guillén”, en
Revista de Derecho Público, núm. 89-92, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2002, pp. 390-
393. Véase en general, Villegas Moreno, José L., “Los intereses difusos y colectivos en la
Constitución de 1999”, Revista de Derecho Constitucional, núm. 2, Caracas, Editorial Sherwood,
enero-junio de 2000, pp. 253-269; Araujo García, Ana E., “El principio de la tutela judicial
efectiva y los intereses colectivos y difusos”, El derecho público a comienzos del siglo XXI. Estudios
homenaje al profesor Allan R., Brewer-Carías, t. III, cit., pp. 2703-2717; y en Revista de Derecho del
Tribunal Supremo de Justicia, núm. 4, Caracas, 2002, pp. 1-29; y Ávila Hernández, Flor M.,
“La tutela de los intereses colectivos y difusos en la Constitución venezolana de 1999”, El
derecho público a comienzos del siglo XXI. Estudios homenaje al profesor Allan R., Brewer-Carías, t. III,
cit., pp. 2719-2742; Grau, María A., “Los intereses colectivos y difusos”, Derecho y Sociedad.
Revista de Estudiantes de Derecho de la Universidad Monteávila, Caracas, Universidad Monteávila,
Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, núm. 2, 2001, pp. 195-208; Badell Madrid, Rafael,
“La tutela judicial de los intereses colectivos y difusos”, Revista de Derecho, núm. 14, Caracas,
Tribunal Supremo de Justicia, 2004, pp. 13-48.
352 Prado Moncada, Rafael G., “Comentarios sobre el derecho a la tutela judicial efectiva
en el sistema jurídico administrativo venezolano”, Derecho y Sociedad. Revista de Estudiantes de
Derecho de la Universidad Monteávila, Caracas, Universidad Monteávila, Facultad de Ciencias
Jurídicas y Políticas, núm. 3, 2002, pp. 69-143.
353 Brewer-Carías, Allan R., El derecho y la acción de amparo, instituciones políticas y constitucio-
nales, tomo V, cit., pp. 163 y ss.; Rondón de Sansó, Hildegard, “La acción de amparo cons-
titucional a raíz de la vigencia de la Constitución de 1999”, Revista de la Facultad de Ciencias
Jurídicas y Políticas de la UCV, núm. 119, Caracas, 2000, pp. 147-172; Henríquez Larrazábal,
Richard D., “El problema de la procedencia del amparo constitucional en el derecho vene-
zolano”, Bases y principios del sistema constitucional venezolano (ponencias del VII Congreso Venezolano
de derecho constitucional realizado en San Cristóbal del 21 al 23 de Noviembre de 2001), vol. II, pp. 403-
475; Henríquez Maionica, Giancarlo, Amparo constitucional: control de los derechos fundamentales,
Caracas, Editorial Sherwood, 2004.
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 161
garantía conforme al principio de la universalidad respecto de los derechos
protegidos (todos los de rango constitucional y además los que sean inheren-
tes a la persona humana); de las personas agraviantes (todos las autoridades
o entes públicos y todos los particulares) y los actos lesivos (todos los actos
estatales, sin excepción, y de particulares).354
La más importante de las garantías constitucionales, además del acceso
a la justicia, es que esta se imparta de acuerdo con las normas establecidas
en la Constitución y en las leyes; es decir, en el curso de un debido proce-
so.355 Estas garantías se han establecido detalladamente en el artículo 49, que
exige que “el debido proceso se aplicará a todas las actuaciones judiciales y
administrativas”, regulándose las siguientes en forma detallada: el derecho
a la defensa; la presunción de inocencia; el derecho a ser oído; el derecho a
ser juzgado por su juez natural,356 que debe ser competente, independiente
e imparcial; las garantías de la confesión; el principio nullum crimen nulla poena
sine lege; el principio non bis in idem y la garantía de la responsabilidad estatal
por errores o retardos judiciales.
Pero entre las garantías constitucionales de los derechos humanos, sin
duda, la más importante es la garantía de la reserva legal; es decir, que las
limitaciones y restricciones a los derechos solo pueden establecerse median-
te ley formal.357 De allí la remisión que los artículos relativos a los derechos
constitucionales hacen a la ley.
Pero ley, en los términos de la garantía constitucional, solo puede ser el
acto emanado de la Asamblea Nacional actuando como cuerpo legislador
(artículo 202). Este es el único acto que puede restringir o limitar las garan-
354 Brewer-Carías, Allan R., “El proceso constitucional de amparo en Venezuela: su universa-
lidad y su inefectividad en el régimen autoritario”, Horizontes contemporáneos del derecho procesal consti-
tucional. Liber Amicorum Néstor Pedro Sagüés, Lima, Centro de Estudios Constitucionales del Tribunal
Constitucional, 2011.
355 Garrido de Cárdenas, Antonieta, “La naturaleza del debido proceso en la Constitu-
ción de la República Bolivariana de Venezuela de 1999”, Revista de Derecho Constitucional, núm.
5, Caracas, Editorial Sherwood, julio-diciembre de 2001, pp. 89-116; Garrido de Cárdenas,
Antonieta, “El debido proceso como derecho fundamental en la Constitución de 1999 y sus
medios de protección”, Bases y principios del sistema constitucional venezolano (ponencias del VII Con-
greso Venezolano de Derecho Constitucional realizado en San Cristóbal del 21 al 23 de Noviembre de 2001),
vol. I, pp. 127-144.
356 González, José Valentín, “La noción de juez natural en la jurisprudencia de la Sala
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia Venezolano, la Corte Interamericana de De-
rechos Humanos y el Tribunal Constitucional Español”, en Casal, Jesús María et al. (coords.),
Tendencias actuales del derecho constitucional. Homenaje a Jesús María Casal Montbrun, Caracas, Uni-
versidad Central de Venezuela-Universidad Católica Andrés Bello, 2008, pp. 213-252.
357 Brewer-Carías, Allan R.,“Consideraciones sobre la suspensión o restricción de las ga-
rantías constitucionales”, Revista de Derecho Público, núm. 37, Caracas 1989, pp. 6 y 7.
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162 VENEZUELA
tías constitucionales, como lo indica el artículo 30 de la Convención Ameri-
cana sobre Derechos Humanos.
Sin embargo, esta garantía puede considerarse que se ha violentado en
el propio texto constitucional, al regular la “delegación legislativa” al presi-
dente de la República, mediante las llamadas “leyes habilitantes” (artículo
203), para poder dictar actos con rango y valor de ley en cualquier materia
(artículo 236.8), que en la Constitución de 1961 solo estaban reducidos a
materias económicas y financieras (artículo 190.8).
Esto podría abrir la vía constitucional para la violación de la reserva
legal, que, como se dijo, es la garantía constitucional más importante en re-
lación con la efectiva vigencia y ejercicio de los derechos humanos.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos, en todo caso, ha de-
cidido formalmente en la opinión consultiva OC-6/86 del 9-3-86 que la
expresión “leyes” en el artículo 30 de la Convención solo se refiere a las
emanadas de “los órganos legislativos constitucionalmente previstos y de-
mocráticamente electos”,358 por lo que en ningún caso las leyes habilitantes
podrían autorizar al presidente de la República para dictar “decretos-leyes”
restrictivos de derechos y garantías constitucionales.
Por último, entre las garantías constitucionales, en el artículo 29 de la
Constitución se estableció expresamente la obligación del Estado de inves-
tigar y sancionar legalmente los delitos contra los derechos humanos co-
metidos por sus autoridades,359 y en el artículo 30 de la Constitución se
estableció la obligación del Estado de indemnizar integralmente a las vícti-
mas de violaciones a los derechos humanos que le sean imputables, y a sus
derechohabientes, incluido el pago de daños y perjuicios. A tal efecto, en la
Constitución se exige que el Estado adopte las medidas legislativas y de otra
naturaleza, para hacer efectivas estas indemnizaciones. El Estado, además,
debe proteger a las víctimas de delitos comunes, y debe procurar que los
culpables reparen los daños causados.
El colorario internacional de las garantías constitucionales está en el
artículo 31 de la Constitución,360 que regula el acceso a la justicia interna-
358
“La expresión (leyes) en el artículo 30 de la Convención Americana sobre Derechos Hu-
manos” (opinión consultiva, OC-6/86), Corte Interamericana de Derechos Humanos, Revista
IIDH; San José, Instituto Interamericano de Derechos Humanos, núm. 3, 1986, pp. 107 y ss.
359 Véase nuestra propuesta sobre esta norma en Brewer-Carías, Allan R., Debate Constitu-
yente (Aportes a la Asamblea Nacional Constituyente), (9 septiembre-17 octubre de 1999), Caracas,
Editorial Jurídica Venezolana, 1999, p. 104. El artículo ha sido interpretado por la Sala
Constitucional del Tribunal Supremo en sentencia 3167 del 9 de diciembre de 2002, en
Revista de Derecho Público, núm. 89-92, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2002, pp. 118
y ss.
360 Ibdem, p. 107.
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 163
cional para la protección de los derechos humanos en la siguiente forma:
como derecho de toda persona con objeto de solicitar el amparo a sus dere-
chos humanos.361 Esta norma, sin embargo, ha sido marginada por la Sala
Constitucional del Tribunal Supremo, al declarar en 2008 como “inejecu-
table” en Venezuela una decisión de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos dictada ese mismo año, mediante la cual se condenó al Estado
por violación de los derechos y garantías judiciales de los jueces de la Corte
Primera de lo Contencioso Administrativo, quienes habían sido destituidos
en 2003 por haber dictado, conforme a su competencia, una decisión se
suspensión de efectos de unos actos administrativos.362 En esta forma, la
Sala Constitucional desconoció la obligación que establece la Constitución
para el Estado, de adoptar, conforme a procedimientos establecidos en la
Constitución y en la ley, las medidas que sean necesarias para dar cumpli-
miento a las decisiones emanadas de los órganos internacionales previstos
en la norma.
III. Los derechos individuales
El capítulo IV del título III de la Constitución se destina a regular “los
derechos civiles”, los que, en realidad, en castellano y conforme a la tradi-
361 Ayala Corao, Carlos M., Del amparo constitucional al amparo interamericano como institutos
para la protección de los derechos humanos, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana-IIDH, 1998.
362 Sobre la decisión de 2003 de la Corte Primera de lo Contencioso Administrativa véase
Nikken, Claudia, “El caso ‘Barrio Adentro: la Corte Primera de lo Contencioso Adminis-
trativo ante la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia o el avocamiento como
medio de amparo de derechos e intereses colectivos y difusos”, Revista de Derecho Público, núm.
93-96, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2003, pp. 5 y ss. La decisión de la Corte
Interamericana en el caso fue dictada el 05-08-2008 (caso Apitz Barbera y otros (“Corte Primera
de lo Contencioso Administrativo”) vs. Venezuela) (véase en [Link] Excepción
preliminar, fondo, reparaciones y costas, serie C, núm. 182); y la decisión de la Sala Consti-
tucional declarándola “inejecutable” fue la núm. 1939 del 12-12-2008 (caso abogados Gustavo
Álvarez Arias y otros, véase en Revista de Derecho Público, núm. 116, Caracas, Editorial Jurídica
Venezolana, 2008, pp. 89-106). Véase sobre esto, Brewer-Carías, Allan R., “El juez cons-
titucional vs. la justicia internacional en materia de derechos humanos”, Revista de Derecho
Público, núm. 116, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2008, pp. 249-260; “La interre-
lación entre los tribunales constitucionales de América Latina y la Corte Interamericana de
Derechos Humanos, y la cuestión de la inejecutabilidad de sus decisiones en Venezuela”,
Anuario Iberoamericano de Justicia Constitucional, núm. 13, Madrid, Centro de Estudios Políticos y
Constitucionales, 2009, pp. 99-136; y “La interrelación entre los tribunales constitucionales
de América Latina y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y la cuestión de la
inejecutabilidad de sus decisiones en Venezuela”, en Von Bogdandy, Armin et al. (coord.),
Direitos humanos, democracia e integração jurídica na América do Sul, Rio de Janeiro, Lumen Juris
Editora, 2010, pp. 661-701.
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164 VENEZUELA
ción constitucional venezolana, son los derechos individuales.363 En realidad,
la expresión “derechos civiles” es una traducción de la expresión en inglés,
civil rights, que se incorporó en la traducción al español del Pacto Interna-
cional de Derechos Civiles y Políticos de Naciones Unidas, que es ley en la
República.364
Se regula, así, el derecho a la vida, como inviolable, con la prohibición
de que se pueda establecer la pena de muerte (artículo 43). En la Constitu-
ción de 1999 se reforzó la previsión de este derecho, obligándose en particu-
lar al Estado a proteger “la vida de las personas que se encuentren privadas
de su libertad, prestando el servicio militar o civil, o sometidas a su autori-
dad en cualquier otra forma”.
La Constitución, además, reguló expresamente el derecho al nombre y
a la identificación (artículo 56), y el derecho a la inviolabilidad de la liber-
tad personal (artículo 44), con los siguientes derechos y garantías: garantías
ante el arresto o detención; derecho a la defensa y a no estar incomunicado;
límite personal de las penas; la identificación de la autoridad; el derecho a la
excarcelación. Se estableció igualmente, la protección frente a la esclavitud
o servidumbre (artículo 45), y la prohibición de la desaparición forzosa de
personas (artículo 45).
Se reguló, además, detalladamente, el derecho a la integridad perso-
nal (artículo 46), con los siguientes derechos: el derecho a no ser sometido
a torturas o penas degradantes; el derecho de los detenidos al respeto a la
dignidad humana; el derecho a decidir sobre experimentos y tratamientos,
y la responsabilidad de los funcionarios.
Adicionalmente, el texto constitucional, conforme a la tradición de los
textos anteriores, consagra el derecho a la inviolabilidad del hogar domésti-
co y de todo recinto privado (artículo 47); la inviolabilidad de las comunica-
ciones privadas (artículo 48); la libertad de tránsito y de ausentarse y regre-
sar al país (artículo 50);365 el derecho de petición y a la oportuna respuesta
(artículo 51), 366 y el derecho de asociación (artículo 52).
363 Véase la denominación desde la Constitución de 1858 en Brewer-Carías, Allan R.,
Las Constituciones de Venezuela, Caracas, 1997, p. 488; y Brewer-Carías, Allan R., Los derechos y
garantías constitucionales, instituciones políticas y constitucionales, t. IV, cit., pp. 53 y ss.
364 G. O. extraordinaria, núm. 2.146 del 28-01-1978.
365 Véase nuestras observaciones sobre esta norma en Brewer-Carías, Allan R., Debate
constituyente, t. III, cit., pp. 150 y 151.
366 Carrillo Artiles, Carlos L., “El derecho de petición y la oportuna y adecuada respues-
ta en la Constitución de 1999”, Estudios de Derecho Administrativo. Libro homenaje a la Universidad
Central de Venezuela, vol. I, Caracas, Imprenta Nacional, 2001, pp. 219-251; y Aguirre, Lubín,
“Garantías procesales frente a la inacción administrativa”, Estudios de derecho administrativo.
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 165
En relación con este último derecho, el artículo 52 establece que toda
persona tiene derecho de asociarse con fines lícitos, de conformidad con la
ley, estando obligado el Estado a facilitar el ejercicio de este derecho. Este
derecho, sin embargo, encuentra limitaciones de rango constitucional, en
el artículo 256 respecto de los jueces, a quienes se prohíbe asociarse, y en el
artículo 294,6 en cuanto a la injerencia del Estado en las elecciones de los
gremios profesionales, que deben ser organizadas por el Consejo Supremo
Electoral, como órgano del poder público (Poder Electoral).
En relación con los derechos individuales, la Constitución garantiza,
además, el derecho de reunión (artículo 53); el derecho a la libre expresión
del pensamiento (artículo 57); y el derecho a la información oportuna, veraz e
imparcial, así como el derecho de réplica y rectificación cuando se vean afecta-
dos directamente por informaciones inexactas o agraviantes (artículo 58).367
Una larga polémica se planteó respecto de la utilización de los adjetivos
“oportuna, veraz e imparcial” para calificar la información que toda per-
sona tiene derecho a recibir, no porque no deba ser así, sino porque todos
estos calificativos en la Constitución podrían dar lugar a que desde el Estado
pueda establecerse algún control para determinar la veracidad, la oportuni-
Libro homenaje a la Universidad Central de Venezuela, vol. I, Caracas, Imprenta Nacional, 2001,
pp. 35-41.
367 Véase en torno al derecho a la libre expresión del pensamiento y a la rectificación y
respuesta: Brewer-Carías, Allan R., “La libre expresión del pensamiento y el derecho a la in-
formación en la Constitución venezolana de 1999”, Anuario de Derecho Constitucional Latinoame-
ricano, Montevideo, Konrad Adenauer Stiftung, 2002, pp. 267-276; Flores Giménez, Fernan-
do, “Las libertades de expresión e información en la Constitución de Venezuela. Análisis de
una confusión”, Revista de Derecho Constitucional, núm. 7, Caracas, Editorial Sherwood, enero-
junio 2003, pp. 125-135; Dávila Ortega, Jesús A., “El derecho de la información y la libertad
de expresión en Venezuela (un estudio de la sentencia 1.013/2001 de la Sala Constitucional
del Tribunal Supremo de Justicia)”, Revista de Derecho Constitucional, núm. 5, Caracas, Editorial
Sherwood, julio-diciembre de 2001, pp. 305-325; Domínguez Guillén, María Candelaria,
“Las libertades de expresión e información”, Revista de derecho del Tribunal Supremo de Justicia,
núm. 5, Caracas, 2002, pp. 19-72; Puppio, Carolina, “Libertad de Expresión vs. Ley de
Contenidos. Reflexiones de cara a la aprobación de una Ley de Contenido en Venezuela”,
Revista de Derecho Constitucional, núm. 6, enero-diciembre-2002, Caracas, Editorial Sherwood,
2003, pp. 165-190; Faúndez Ledesma, Héctor, “Las condiciones de las restricciones a la
libertad de expresión”, El derecho público a comienzos del siglo XXI. Estudios homenaje al profesor
Allan R., Brewer-Carías, t. III, Madrid, Instituto de Derecho Público, UCV, Civitas Ediciones,
2003, pp. 2598-2664; Ortiz-Ortiz, Rafael, “Las implicaciones jurídico positivas del derecho
a la información y a la libertad de expresión en el nuevo orden constitucional”, Revista de la
Facultad de Derecho de la Universidad de Carabobo, núm. 1, Valencia, 2002, pp. 163-246; Domín-
guez Guillén, María Candelaria, “El derecho a la identidad como límite a las libertades de
expresión e información”, Revista de Derecho del Tribunal Supremo de Justicia, núm. 9, Caracas,
2003, pp. 343-359.
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166 VENEZUELA
dad o la imparcialidad de la información, y con ello el establecimiento de al-
guna “verdad oficial”.368 En una Constitución signada por el principio de
la progresión en la mayoría de los derechos individuales, esta regresión en
materia de derechos individuales es inadmisible, pues abre una grieta que
puede servir al autoritarismo. Ello, precisamente, condujo a la Sala Cons-
titucional a establecer varias interpretaciones vinculantes, con restrictivas,
de la libertad de expresión del pensamiento,369 que dieron origen a intensas
polémicas.370
En el marco de los derechos individuales, además, encuentran regula-
ción expresa la libertad religiosa (artículo 59);371 el derecho a la protección
del honor y la intimidad (artículo 60),372 y a obtener información sobre su
persona (artículo 28); el derecho a la libertad de conciencia (artículo 61); el
derecho de protección por parte del Estado (artículo 55).
Por último, en el artículo 143 de la Constitución se consagra también
como derecho individual el derecho ciudadano a la información administra-
tiva; es decir, el derecho de acceder a los archivos y registros administrativos,
sometido solo a los límites aceptables dentro de una sociedad democrática
368
Véase nuestro voto salvado sobre esta norma en Brewer-Carías, Allan R., Debate cons-
tituyente, t. III, cit., pp. 154-156.
369 Véase, por ejemplo, sentencia 1155, del 18 de mayo de 2000, de la Sala Político-Ad-
ministrativa (caso Tulio A. Álvarez et al. vs. Gobernación del Estado Apure), Revista de Derecho Público,
núm. 82, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, abril-junio de 2000, pp. 291 y ss. sentencia
de la Sala Constitucional núm. 1013, del 12 de junio de 2001 (caso Elías Santana y Asociación
Civil queremos elegir vs. presidente de la República y Radio Nacional de Venezuela). Véase en Revista de
Derecho Público, núm. 85-88, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2001, pp. 117 ss. sen-
tencia núm. 1942 de la Sala Constitucional, del 15 de julio de 2003 (caso Impugnación de los
artículos 141, 148, 149, 150, 151, 152, 223, 224, 225, 226, 227, 444, 445, 446, 447 y 450 del
Código Penal, sobre las llamadas leyes de desacato), en Revista de Derecho Público, núm. 93-96,
Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2003, pp. 530 y 531.
370 Véase sobre esas sentencias los diversos trabajos en Brewer-Carías, Allan R., et al., La
libertad de expresión amenazada. Sentencia 1013, Caracas-San José, 2001, Instituto Interamerica-
no de Derechos Humanos, Editorial Jurídica Venezolana, y en Arteaga Sánchez, Alberto et
al., Sentencia 1942 vs. libertad de expresión, Caracas, 2004.
371
Calcaño de Temeltas, Josefina, Aproximación a la libertad de conciencia, religión y culto en
derecho comparado y en Venezuela, Caracas, Funeda, 2011; Vallarino Bracho, Carmen, “Libertad
de religión y derechos humanos en Venezuela”, Revista de Derecho, núm. 30, Caracas, Tribunal
Supremo de Justicia, 2009, pp. 309-319.
372
Ortiz Ortiz, Rafael, “Configuración del derecho a la intimidad como derecho civil
fundamental”, Revista del Tribunal Supremo de Justicia, núm. 5, Caracas, 2002, pp. 87-149; Pelle-
grino Pacera, Cosimina, “El derecho a la intimidad en la nueva era informática, el derecho
a la autodeterminación informativa y el hábeas data a la luz de la Constitución venezolana
de 1999”, Estudios de derecho público. Libro homenaje a Humberto J. La Roche Rincón, vol. I, Caracas,
Tribunal Supremo de Justicia, 2001, pp. 143-216.
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 167
en materias relativas a seguridad interior y exterior, a investigación criminal
y a la intimidad de la vida privada, de conformidad con la ley que regule la
materia de clasificación de documentos de contenido confidencial o secreto.
Este derecho, que responde a las modernas tendencias a la trasparencia ad-
ministrativa, lamentablemente ha sido restringido por la Sala Constitucio-
nal del Tribunal Supremo, el cual, en sentencia núm. 745 del 15 de julio de
2010 (caso Asociación Civil Espacio Público), estableció con carácter vinculante,
en ausencia de legislación específica sobre el tema, que para salvaguardar
los límites del ejercicio del derecho fundamental a la información, se hace
necesario: i) que el o la solicitante de la información manifieste expresamen-
te las razones o los propósitos por los cuales requiere la información; y ii)
que la magnitud de la información que se solicita sea proporcional con la
utilización y uso que se pretenda dar a la información solicitada. Con ello,
frente a la solicitud formulada por una asociación civil sobre información
relativa a las remuneraciones de funcionarios de la Contraloría General
de la República, la Sala Constitucional procedió a establecer la “ponde-
ración entre el derecho a la información y el derecho a la intimidad de los
funcionarios públicos”, dándole prevalencia al último como “derecho a la
intimidad económica” que pertenece a la “espera íntima del funcionario”,
negando finalmente el derecho ciudadano a la información solicitada.373
IV. Los derechos sociales y de las familias
En el campo de los derechos sociales y de las familias, la Constitución
de 1999 contiene extensas y complejas declaraciones, muchas de las cuales
no guardan relación con el principio de la alteridad, que atribuyen al Estado
innumerables obligaciones374 y que en gran parte marginalizan a la socie-
dad civil. El esquema, globalmente considerado, es altamente paternalista.
Por una parte la Constitución reguló una serie de derechos sociales que
pueden denominarse como derechos de protección, y son los siguientes: la
373 Revista de Derecho Público, núm. 123, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2010, pp.
104-105. Véase Brewer-Carías, Allan R., “De la Casa de Cristal a la Barraca de Hierro: el
Juez Constitucional vs. El derecho de acceso a la información administrativa”, Revista de De-
recho Público, núm. 123, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2010, pp. 197-206.
374 Istúriz, Aristóbulo, “Lo social en la nueva Constitución bolivariana”, pp. 1-14; Pulido
de Briceño, Mercedes, “La Constitución de 1999 y los derechos sociales”, pp. 15-28; Aponte
Blank, Carlos, “Los derechos sociales y la Constitución de 1999”, pp. 113-134; en el libro La
cuestión social en la Constitución Bolivariana de Venezuela, Caracas, Editorial Torino, 2000. Véase
también, en general, Spósito Contreras, Emilio, “Aproximación a los derechos sociales en la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela”, Revista de Derecho del Tribunal Supremo
de Justicia, núm. 9, Caracas, 2003, pp. 381-398.
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168 VENEZUELA
protección de las familias (artículo 75);375 la protección de la maternidad (ar-
tículo 76);376 la protección del matrimonio “entre un hombre y una mujer”
(artículo 77);377 la protección de los niños (artículo 78) y los derechos de los
jóvenes (artículo 79) (no se estableció, sin embargo, que este derecho a pro-
tección integral lo tienen los niños desde su concepción, como lo establecía
el artículo 74 de la Constitución de 1961);378 la protección de los ancianos
(artículo 80), y los derechos de los discapacitados (artículo 81),379 regulándo-
se expresamente en el artículo 101 la obligación para los medios televisivos,
de incorporar subtítulos y traducción a la lengua de señas para las personas
con problemas auditivos.
La Constitución reguló, además, expresamente, el derecho a la vivienda
(artículo 82), como una declaración;380 y el derecho a la salud381 y a su pro-
tección (artículo 83). En esta materia, a los efectos de que el Estado pueda
375 Véase nuestro voto salvado en relación con este concepto de la familia como “asocia-
ción”, en Brewer-Carías, Allan R., Debate constituyente, t. III, cit., p. 163.
376 Véase nuestra posición en la discusión de este artículo, en ibidem, p. 164.
377 Del Moral, Anabella, “Contenido y alcance del artículo 77 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela, según sentencia de la Sala Constitucional del 15 de
julio de 2005”, Revista de Derecho, núm. 27, Caracas, Tribunal Supremo de Justicia, 2008, pp.
111-131; Domínguez Guillén, María C., “Más sobre las uniones estables de hecho, según la
Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia”, Revista de Derecho, núm. 27, Caracas,
Tribunal Supremo de Justicia, 2008, pp. 133-167; Guerrero Quintero, Gilberto, “La inter-
pretación de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia del artículo 77 de la
Carta Magna”, Revista de Derecho, núm. 27, Caracas, Tribunal Supremo de Justicia, 2008, pp.
169-237; Peña Solís, José, “Análisis crítico de la sentencia de la Sala Constitucional núm.
0190, del 28 de febrero de 2008: interpretación de los artículos 21 y 77 constitucionales:
derecho a la igualdad, uniones estables de hecho y extensión de los efectos del matrimonio a
uniones concubinarias”, Revista de Derecho, núm. 27, Caracas, Tribunal Supremo de Justicia,
2008, pp. 287-322.
378 Véase nuestro voto salvado en esta materia en Brewer-Carías, Allan R., Debate constitu-
yente, t. III, cit., pp. 165 y 166, 262-265.
379 Véase en general, Domínguez Guillén, María C., “La protección constitucional de los
incapaces”, Temas de derecho administrativo. Libro homenaje a Gonzalo Pérez Luciani, vol. I, Caracas,
Tribunal Supremo de Justicia, núm. 7, 2002, pp. 609-658.
380 Véase nuestro voto salvado en Brewer-Carías, Allan R., Debate constituyente, t. III, cit.
pp. 167.
381 Véase nuestro voto salvado en Brewer-Carías, Allan R., Debate constituyente, t. III, cit.
pp. 169 y 170, 265 y 266. Véase en general, Ollarves Irazábal, Jesús, “La vigencia del de-
recho a la salud”, El derecho público a comienzos del siglo XXI. Estudios homenaje al profesor Allan R.
Brewer-Carías, t. III, Madrid, Instituto de Derecho Público, UCV, Civitas Ediciones, 2003, pp.
2867-2886; Feo, Óscar, “La salud en la nueva Constitución”, La cuestión social en la Constitución
Bolivariana de Venezuela, Caracas, Editorial Torino, 2000, pp. 29-46; Anasagasti, Belén, “Ca-
racterización de los principales rasgos del derecho a la salud dentro del marco constitucional
de los derechos sociales del texto de 1961 y de 1999”, La cuestión social en la Constitución Boliva-
riana de Venezuela, Caracas, Editorial Torino, 2000, pp. 135-152.
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 169
garantizar “el derecho a la protección de la salud”, el artículo 84 le impone
la obligación de crear, ejercer la rectoría y gestionar un “sistema público na-
cional de salud”, de carácter intersectorial, descentralizado y participativo,
integrado al sistema de seguridad social, regido por los principios de gratui-
dad, universalidad, integralidad, equidad, integración social y solidaridad.
Es decir, el servicio de salud se concibe constitucionalmente como inte-
grado al sistema de seguridad social (como un subsistema), y se lo concibe
como gratuito y universal, lo que no guarda relación alguna con el sistema
de seguridad social que se establece para los afiliados o asegurados. El ser-
vicio de salud, en realidad, tiene esas características, pero siempre que esté
fuera del sistema de seguridad social. Esta norma, en realidad, constitucio-
naliza inconvenientemente el régimen de la seguridad social de las últimas
décadas, que no ha funcionado.382
Se establece, además, con rango constitucional, que los bienes y servicios
públicos de salud son propiedad del Estado y no pueden ser privatizados.
Por último, se establece el principio de que la comunidad organizada
tiene el derecho y el deber de participar en la toma de decisiones sobre la
planificación, ejecución y control de la política específica en las instituciones
públicas de salud.
En el artículo 85 de la Constitución se establece que es una obligación
del Estado el financiamiento del sistema público de salud, que debe integrar
los recursos fiscales, las cotizaciones obligatorias de la seguridad social y
cualquier otra fuente de financiamiento que determine la ley.383 El Estado,
además, debe garantizar un presupuesto para la salud que permita cumplir
con los objetivos de la política sanitaria.
Finalmente, el artículo 85 termina su normación indicando que el Es-
tado “regulará las instituciones públicas y privadas de salud”, en la única
norma en la que se nombra a las instituciones privadas de salud, pero como
el objeto de regulación.
En cuanto al derecho a la seguridad social,384 el artículo 86 de la Cons-
titución lo regula “como servicio público de carácter no lucrativo, que ga-
382 Véase nuestro voto salvado sobre esto en Brewer-Carías, Allan R., Debate constituyente,
t. III, cit., pp. 170 y 226.
383 Véase nuestro voto salvado en Brewer-Carías, Allan R., Debate constituyente, t. III, cit.,
pp. 171 y 267.
384 Bernardoni de Govea, María, “Reforma de la seguridad social en Venezuela: un pro-
ceso inconcluso”, Derecho y Sociedad. Revista de Estudiantes de Derecho de la Universidad Monteávila,
Caracas, Universidad Monteávila, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, núm. 3, 2002,
pp. 193-213; Pérez Herrera, Pablo, “El sistema venezolano de seguridad social”, Revista Tachi-
rense de Derecho, núm. 14, San Cristóbal, Universidad Católica del Táchira, 2002, pp. 143-158.
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170 VENEZUELA
rantice la salud y asegure protección en contingencias de maternidad, pa-
ternidad, enfermedad, invalidez, enfermedades catastróficas, discapacidad,
necesidades especiales, riesgos laborales, pérdida de empleo, desempleo,
vejez, viudedad, orfandad, vivienda, cargas derivadas de la vida familiar y
cualquier otra circunstancia de previsión social”.385
V. Los derechos laborales
En el mismo capítulo relativo a los derechos sociales y de la familia, la
Constitución de 1999, en la misma orientación de la Constitución de 1961,
incorporó el conjunto de derechos laborales al texto constitucional, pero
esta vez ampliándolos y rigidizándolos aún más, llevando a rango constitu-
cional muchos derechos que por su naturaleza podrían ser de rango legal.386
Se reguló, así, expresamente, el derecho y el deber de trabajar (artículo 87);
la igualdad y no discriminación en el trabajo (artículo 88); la protección esta-
tal al trabajo (artículo 89); la jornada laboral y el derecho al descanso (artícu-
lo 90); el derecho al salario (artículo 91); el derecho a prestaciones sociales
(artículo 92); el derecho a la estabilidad laboral (artículo 93); las responsabi-
lidades laborales; el derecho a la sindicalización (artículo 95); el derecho a
la contratación colectiva (artículo 96), y el derecho a la huelga (artículo 97).
Sobre el derecho a la sindicalización,387 debe destacarse la injerencia
del Estado en el funcionamiento de los sindicatos, al establecer el artículo
385 Véase nuestro voto salvado en Brewer-Carías, Allan R., Debate constituyente, t. III, cit.,
pp. 172-174 y 257-270. Véase Brewer-Carías, Allan R., “Consideraciones sobre el régimen
constitucional del derecho a la seguridad social, el sistema de seguridad social y la adminis-
tración privada de fondos de pensiones”, Libro homenaje a Fernando Parra Aranguren, Caracas,
Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, Universidad Central de Venezuela, 2001, pp.
73-85.
386
Véase en general, Goizueta H., Napoleón, “Aspectos laborales en la Constitución Bo-
livariana de Venezuela y normas concordantes con la legislación del trabajo”, Revista Gaceta
Laboral, vol. 8, núm. 2 (mayo-agosto), Maracaibo, Ediciones Astro Data, 2002, pp. 251-282;
Jaime Martínez, Héctor A., “La nueva Constitución venezolana y su influencia en la Ley
Orgánica del Trabajo”, Revista Tachirense de Derecho, núm. 12, San Cristóbal, Universidad
Católica del Táchira, 2000, pp. 151-178; Santana González, Gabriela, “Normas constitucio-
nales en materia laboral. De moribundas a bolivarianas”, Revista Syllabus, Caracas, Escuela
de Derecho, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, Universidad Central de Venezuela,
núm. 1, noviembre de 2000, pp. 39-55; Torres Seoane, María C., “Las normas laborales en
la Constitución”, Comentarios a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, Caracas,
Vadell Hermanos Editores, 2000, pp. 149-176.
387
Véase en general, Arismendi, León, “Libertad sindical y elecciones sindicales en la
Constitución de 1999”, Revista Gaceta Laboral, vol. 8, núm. 1, Maracaibo, Ediciones Astro
Data, enero-abril de 2002, pp. 79-98.
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 171
294,6 de la Constitución la competencia del Consejo Nacional Electoral,
que es un órgano del poder público (Poder Electoral) para “organizar las
elecciones de los sindicatos y gremios profesionales”. En consecuencia, en
Venezuela, los sindicatos no son libres de organizar la elección de sus auto-
ridades y representantes, sino que las mismas deben ser organizadas por el
Estado. Por lo demás, desde el siguiente a la sanción de la Constitución, en
enero de 2000, la Asamblea Constituyente dejó sentadas las bases para la
intervención del Estado en los sindicatos,388 lo que se materializó en la con-
vocatoria de un referendo aprobatorio sobre la renovación de la dirigencia
sindical (referendo sindical).389
VI. Los derechos culturales y educación
La Constitución, además, consagró una serie de derechos relativos a la
cultura, como la libertad y la creación cultural y la propiedad intelectual
(artículo 98); los valores de la cultura y la protección del patrimonio cultural
(artículo 99); la protección de la cultura popular (artículo 100) y a la infor-
mación cultural (artículo 101), estableciendo que el Estado debe garantizar
la emisión, recepción y circulación de la información cultural. A tal efecto,
se impone a los medios de comunicación el deber de coadyuvar a la difu-
sión de los valores de la tradición popular y la obra de los artistas, escritores,
compositores, cineastas, científicos y demás creadores y creadoras culturales
del país.
En cuanto al derecho a la educación,390 el artículo 102 de la Constitu-
ción comienza estableciendo, en general, que “la educación es un derecho
388 Decreto del 30-01-00, de la Asamblea Nacional Constituyente para “garantizar la
libertad sindical”, G. O. núm. 36.904, del 02-03-2000. Este decreto fue considerado en sen-
tencia núm. 1447 del 28-11-2000 (caso Fedepetrol) de la Sala Constitucional, como “parte
integrante del sistema constitucional vigente, por ser un acto constituyente sancionado por la
Asamblea Nacional Constituyente el 30 de enero de 2000”. Véase en Revista de Derecho Público,
núm. 84, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, octubre-diciembre de 2000, pp. 158 y ss.
389 Véase la Resolución del Consejo Nacional Electoral en G. O. núm. 37.081, del 20-
11-00.
390 Véase en general, Linares Benzo, Gustavo J., “Bases constitucionales de la educa-
ción”, Revista Derecho y Sociedad de la Universidad Monteávila, núm. 2, Caracas, abril de 2001,
pp. 217-252; Linares Benzo, Gustavo J., “La educación en el texto constitucional”, Estudios
de derecho administrativo. Libro homenaje a la Universidad Central de Venezuela, vol. II, Caracas, Im-
prenta Nacional, 2001, pp. 91-120, y en Revista de Derecho Público, núm. 84, Caracas, Editorial
Jurídica Venezolana, octubre-diciembre de 2000, pp. 5-25; y Mundó, Mabel, “El derecho a
la educación en las Constituciones de 1999 y 1961: reflexiones sobre principios, recursos y
aprendizajes para la elaboración de la política educativa”, La cuestión social en la Constitución
Bolivariana de Venezuela, Caracas, Editorial Torino, 2000, pp. 47-74; Olivares García, Suying,
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172 VENEZUELA
humano y un deber social fundamental, es democrática, gratuita y obligato-
ria”. La consecuencia de lo anterior es la previsión del mismo artículo 102,
en el sentido de imponer al Estado la obligación de asumir la educación
como “función indeclinable” y de máximo interés en todos sus niveles y
modalidades, y como instrumento del conocimiento científico, humanístico
y tecnológico al servicio de la sociedad.
En consecuencia, constitucionalmente se declara a la educación como
un servicio público,391 precisándose, sin embargo, que “el Estado estimulará
y protegerá la educación privada que se imparta de acuerdo con los princi-
pios contenidos en esta Constitución y en las Leyes”.
Se regula, además, el derecho a la educación integral, la gratuidad de
la educación pública; y el carácter obligatorio de la educación en todos sus
niveles, desde el maternal hasta el nivel medio diversificado. La impartida
en las instituciones del Estado es gratuita hasta el pregrado universitario
(artículo 103). Además, se establece el régimen de los educadores (artículo
104); el derecho a educar (artículo 106), y la educación ambiental e histórica
(artículo 107). En el artículo 108 se precisa, además, que los medios de co-
municación social, públicos y privados, deben contribuir a la formación ciu-
dadana. Asimismo, se dispone que los centros educativos deben incorporar
el conocimiento y aplicación de las nuevas tecnologías, de sus innovaciones,
según los requisitos que establezca la ley.
En la Constitución de 1999, además, se constitucionalizó el principio
de la autonomía universitaria (artículo 109),392 se reguló el régimen de las
profesiones liberales (artículo 105); el régimen de la ciencia y la tecnología
(artículo 110), y el derecho al deporte (artículo 111).393
“El derecho a la educación como un derecho humano fundamental a la luz de la Constitu-
ción de 1999”, Frónesis. Revista de Filosofía Jurídica, Social y Política, Maracaibo, Universidad del
Zulia, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, Instituto de Filosofía del Derecho Dr. José
M. Delgado Ocando, Ediciones Astro Data, núm. 14, 2, mayo-agosto de 2007, pp. 11-36.
391 Sobre las características del servicio público y de la educación como servicio público
véase la sentencia de la Sala Político-Administrativa, núm. 1154, del 18-05-2000, en Revista
de Derecho Público, núm. 82, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, abril-junio de 2000, pp.
301 y ss.; y núm. 3052, del 19 de diciembre de 2001 (caso Nulidad de la reforma parcial del Decreto
núm. 1011 del 4-10-2000), Revista de Derecho Público, núm. 85-88, Caracas, Editorial Jurídica
Venezolana, 2001, pp. 130-139.
392 Véase sobre la educación universitaria frente a los intentos de su reforma regresiva,
Antela G., Ricardo et al., Bases constitucionales para la redacción de una ley de Educación Universitaria,
Caracas, Universidad Metropolitana, 2011.
393 Véase nuestra posición sobre esta norma en Brewer-Carías, Allan R., Debate constituyen-
te, t. III, cit., p. 184. Véase en general, Infante Bustamante, Auber, “La Constitución de 1999:
una percepción de la política deportiva”, Revista de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de
la UCV, núm. 119, Caracas, 2000, pp. 49-77.
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 173
VII. Los derechos ambientales
La Constitución de 1999 también constituye una novedad en cuan-
to a la regulación de los derechos constitucionales relativos a los derechos
ambientales,394 que precisan el derecho al ambiente como “derecho y un de-
ber de cada generación [de] proteger y mantener el ambiente en beneficio
de sí misma y del mundo futuro” (artículo 127); la política de ordenación
territorial (artículo 128); los estudios de impacto ambiental y el régimen de
los desechos tóxicos, y las cláusulas contractuales ambientales obligatorias
(artículo 129).
VIII. Los derechos de los pueblos
indígenas
Otra de las innovaciones de la Constitución de 1999, polémica por cier-
to, fue la incorporación de un conjunto de normas sobre los derechos de los
pueblos indígenas,395 respecto de los cuales solo había una escueta norma de
protección en la Constitución de 1961 (artículo 77). La forma como queda-
ron redactados estos artículos, sin embargo, la consideramos altamente dis-
criminatoria con relación al conjunto de la población venezolana en favor
394 González Cruz, Fortunato, “El ambiente en la nueva Constitución venezolana”, El
derecho público a comienzos del siglo XXI. Estudios homenaje al profesor Allan R. Brewer-Carías, t.
III, Madrid, Instituto de Derecho Público, UCV, Civitas Ediciones, 2003, pp. 2917-2923;
Acedo Payarez, Germán, “La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de
1999 y los denominados ‘derechos ambientales’”, El derecho público a comienzos del siglo XXI.
Estudios homenaje al profesor Allan R. Brewer-Carías, t. III, Madrid, Instituto de Derecho Públi-
co, UCV, Civitas Ediciones, 2003, pp. 2925-2978; Blanco-Uribe Quintero, Alberto, “La
tutela ambiental como derecho-deber del Constituyente. Base constitucional y principios
rectores del derecho ambiental”, Revista de Derecho Constitucional, núm. 6, Caracas, Edi-
torial Sherwood, enero-diciembre de 2002, pp. 31-64; Blanco-Uribe Quintero, Alberto,
“El ciudadano frente a la defensa jurídica del ambiente en Venezuela”, El derecho público a
comienzos del siglo XXI. Estudios homenaje al profesor Allan R. Brewer-Carías, t. III, Madrid, Insti-
tuto de Derecho Público, UCV, Civitas Ediciones, 2003, pp. 2995-3008; y Parejo Alfonso,
Luciano, “El derecho al medio ambiente y la actuación de la administración pública”, El
derecho público a comienzos del siglo XXI. Estudios homenaje al profesor Allan R. Brewer-Carías, t. III,
Madrid, Instituto de Derecho Público, UCV, Civitas Ediciones, 2003, pp. 2979-2994.
395 Véase en general, Colmenares Olivar, Ricardo, “Constitucionalismo y derechos de los
pueblos indígenas en Venezuela”, Revista Lex Nova del Colegio de Abogados del Estado Zulia, núm.
237, Maracaibo, 2000, pp. 13-46. Véase sobre estos derechos, la sentencia de la Sala Consti-
tucional del Tribunal Supremo, núm. 1600 del 20 del diciembre de 2000 (caso Melchor Flores
y otros vs. República y EDELCA), Revista de Derecho Público, núm. 84, Caracas, Editorial Jurídica
Venezolana, octubre-diciembre de 2000, pp. 169 y ss.
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174 VENEZUELA
de un grupo porcentualmente reducido de etnias que no superan el 1.5% de
la población venezolana.396
El capítulo comienza en el artículo 119, con la siguiente redacción:
Artículo 119: El Estado reconocerá la existencia de los pueblos y comunidades
indígenas, su organización social, política y económica, sus culturas, usos y
costumbres, idiomas y religiones, así como su hábitat y derechos originarios
sobre las tierras que ancestral y tradicionalmente ocupan y que son necesarias
para desarrollar y garantizar sus formas de vida. Corresponderá al Ejecutivo
Nacional, con la participación de los pueblos indígenas, demarcar y garan-
tizar el derecho a la propiedad colectiva de sus tierras, las cuales serán ina-
lienables, imprescriptibles, inembargables e intransferibles de acuerdo con lo
establecido en esta Constitución y la ley.
De esta norma surge, ante todo, el peligro del reconocimiento de un
Estado dentro del Estado, desde que se reconoce que puede haber, en es-
pecífico, en el país, un pueblo, con su organización política en sus propios terri-
torios. Estos elementos (pueblo, gobierno y territorio) son los componentes
esenciales de todo Estado, lo que podría originar, en el futuro, problemas en
cuanto a la integridad territorial. Precisamente por ello, sin embargo, fue
que se incorporó el artículo 126, con el siguiente texto:
Artículo 126: Los pueblos indígenas, como culturas de raíces ancestrales, for-
man parte de la Nación, del Estado y del pueblo venezolano como único,
soberano e indivisible. De conformidad con esta Constitución tienen el deber
de salvaguardar la integridad y la soberanía nacional.
El término “pueblo” no podrá interpretarse en esta Constitución en el
sentido que se le da en el derecho internacional.
Conforme al artículo 120, el aprovechamiento de los recursos naturales
en los hábitats indígenas por parte del Estado se debe hacer sin lesionar la
integridad cultural, social y económica de los mismos e, igualmente, está
sujeto a previa información y consulta a las comunidades indígenas respecti-
vas.397 Por interpretación en contrario, todo otro aprovechamiento por par-
te de los particulares de estos mismos recursos no estaría sujeto a la previa
información y consulta.
396
Véase nuestro voto salvado sobre esta norma y la propuesta de redacción alternativa
en Brewer-Carías, Allan R., Debate constituyente, t. III, cit., pp. 186-190.
397
Colmenares Olivar, Ricardo, “El derecho de participación y consulta de los pue-
blos indígenas en Venezuela”, Revista del Tribunal Supremo de Justicia, núm. 8, Caracas,
2003, pp. 21-48.
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 175
El artículo 121 de la Constitución declara el derecho de los pueblos
indígenas a mantener y desarrollar su identidad étnica y cultural, cosmovi-
sión, valores, espiritualidad y sus lugares sagrados y de culto.
A tal efecto se obliga al Estado a fomentar la valoración y difusión de las
manifestaciones culturales de los pueblos indígenas, los cuales tienen dere-
cho a una educación propia y a un régimen educativo de carácter intercul-
tural y bilingüe, atendiendo a sus particularidades socioculturales, valores y
tradiciones.
Igualmente, el artículo 122 establece el derecho de los pueblos indíge-
nas a una salud integral que considere sus prácticas y culturas. En conse-
cuencia, se obliga al Estado a reconocer su medicina tradicional y las tera-
pias complementarias, con sujeción a principios bioéticos.
Por otra parte, el artículo 123 de la Constitución establece el derecho de
los pueblos indígenas a mantener y promover sus propias prácticas econó-
micas basadas en la reciprocidad, la solidaridad y el intercambio; sus acti-
vidades productivas tradicionales, su participación en la economía nacional
y a definir sus prioridades. Además, se consagra el derecho de los pueblos
indígenas a servicios de formación profesional y a participar en la elabora-
ción, ejecución y gestión de programas específicos de capacitación, servicios
de asistencia técnica y financiera que fortalezcan sus actividades económi-
cas en el marco del desarrollo local sustentable.
Por otra parte, el Estado también está obligado a garantizar a los traba-
jadores y trabajadoras pertenecientes a los pueblos indígenas el goce de los
derechos que confiere la legislación laboral.
El artículo 124 de la Constitución garantiza y protege la propiedad in-
telectual colectiva de los conocimientos, tecnológias e innovaciones de los
pueblos indígenas, exigiendo que toda actividad relacionada con los recur-
sos genéticos y los conocimientos asociados a los mismos perseguirán bene-
ficios colectivos. La Constitución, además, prohíbe el registro de patentes
sobre estos recursos y conocimientos ancestrales.
Como ya hemos señalado, el artículo 260 de la Constitución también
dispone que las autoridades legítimas de los pueblos indígenas podrán apli-
car en su hábitat, instancias de justicia con base en sus tradiciones ances-
trales y que solo afecten a sus integrantes, según sus propias normas y pro-
cedimientos, siempre que no sean contrarios a la Constitución, a la ley y al
orden público. Corresponde a la ley la determinación de la forma de coor-
dinar esta jurisdicción especial con el sistema judicial.398
398
León Álvarez, María E., “El sistema de justicia en la Constitución de Venezuela de
1999. Estudio crítico acerca de la jurisdicción especial indígena”, Revista del Tribunal Supremo
de Justicia, núm. 4, Caracas, 2002, pp. 369-377.
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176 VENEZUELA
Por último, el artículo 125 de la Constitución consagra el derecho de los
pueblos indígenas a la participación política, garantizando el artículo 182
de la Constitución “la representación indígena en la Asamblea Nacional y
en los cuerpos deliberantes de las entidades federales y locales con pobla-
ción indígena, conforme a la ley”.
Ix. La garantía judicial de los derechos
y garantías constitucionales: el amparo
constitucional y el hábeas data
La Constitución de 1999, siguiendo la tradición iniciada en la Cons-
titución de 1961 y la orientación del constitucionalismo moderno latino-
americano,399 estableció la institución del amparo constitucional como la
garantía judicial específica de protección de los derechos y garantías cons-
titucionales, configurándolo, además, como un derecho constitucional de
todas las personas a ser amparadas por los tribunales en el goce y ejercicio
de todos los derechos y garantías.400 La institución tiene entonces caracte-
rísticas bien definidasen el derecho constitucional comparado de América
Latina.401 Este derecho constitucional ha sido regulado ampliamente en el
399 Fix-Zamudio, Héctor, sobre el amparo venezolano en su trabajo, “Algunos aspectos
comparativos del derecho de amparo en México y Venezuela”, Libro homenaje a la Memoria
de Lorenzo Herrera Mendoza, Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1970, pp. 333-390.
Véase además, Fix-Zamudio, Héctor, “La teoría de Allan R., Brewer-Carías, sobre el dere-
cho de amparo latinoamericano y el juicio de amparo mexicano”, El derecho público a comienzos
del siglo XXI. Estudios en homenaje al profesor Allan R., Brewer-Carías, Madrid, Thomson-Civitas,
2002, pp. 1125 y ss.
400
Brewer Carías, Allan R., El derecho y la acción de amparo, t. V, Instituciones políticas y cons-
titucionales, Caracas-San Cristóbal, Editorial Jurídica Venezolana, Universidad Católica del
Táchira, 1998; La justicia constitucional (procesos y procedimientos constitucionales), México, Instituto
Mexicano de derecho Procesal Constitucional-Porrúa, 2007.
401
Véase nuestros trabajos: Brewer-Carías, Allan R., Judicial Review in Comparative Law,
Cambridge Studies in International and Comparative Law, Cambridge, Cambridge Univer-
sity Press, 1989, 406 pp.; y en Brewer-Carías, Allan R., Études de droit public comparé, Bruxelles,
Académie International de Droit Comparé, Bruylant, 2001, pp. 526-934; “El amparo a los
derechos y libertades constitucionales y la acción de tutela a los derechos fundamentales
en Colombia: una aproximación comparativa”, en Cepeda, José Manuel (editor), La Carta
de derechos. Su interpretación y sus implicaciones, Bogotá, Editorial Temis, 1993, pp. 21-81, y en
La protección jurídica del ciudadano. Estudios en homenaje al profesor Jesús González Pérez, t. 3, Madrid.
Civitas, 1993, pp. 2695-2748; El amparo a los derechos y libertades constitucionales. Una aproximación
comparativa, Cuadernos de la Cátedra Allan R., Brewer‑Carías, de Derecho Público, núm. 1,
Universidad Católica del Táchira, San Cristóbal 1993, 138 pp.; “La justice constitutionnelle
et le pouvoir judiciaire”, en Brewer-Carías, Allan R., Études de droit public comparé, Bruxelles,
Académie International de Droit Comparé, Bruylant, 2001, pp. 935-1182; Mecanismos nacio-
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 177
artículo 27 de la Constitución de 1999,402 siguiendo la orientación del artícu-
lo 49 de la Constitución de 1961;403 así:
Artículo 27: Toda persona tiene derecho a ser amparada por los tribunales en
el goce y ejercicio de los derechos y garantías constitucionales, aun de aque-
llos inherentes a la persona que no figuren expresamente en esta Constitución
o en los instrumentos internacionales sobre derechos humanos.
El procedimiento de la acción de amparo constitucional será oral, público,
breve, gratuito y no sujeto a formalidad, y la autoridad judicial competente
tendrá potestad para restablecer inmediatamente la situación jurídica infrin-
gida o la situación que más se asemeje a ella. Todo tiempo será hábil y el
tribunal lo tramitará con preferencia a cualquier otro asunto.
La acción de amparo a la libertad o seguridad podrá ser interpuesta por
cualquier persona, y el detenido o detenida será puesto bajo la custodia del
tribunal de manera inmediata, sin dilación alguna.
El ejercicio de este derecho no puede ser afectado, en modo alguno, por
la declaración del estado de excepción o de la restricción de garantías cons-
titucionales.
De esta norma constitucional derivan las notas distintivas del derecho
y acción de amparo en Venezuela, y entre ellas su universalidad respecto
de los derechos protegidos y las causas de la lesión o amenaza de lesión de
nales de protección de los derechos humanos (garantías judiciales de los derechos humanos en el derecho cons-
titucional comparado latinoamericano), San José, Instituto Interamericano de Derechos Humanos,
2005, 300 pp.; y Constitutional Protection of Human Rights in Latin America. A Comparative Study of
the Amparo Proceeding, New York, Cambridge University Press, 2008.
402
Véase en general, Rondón de Sansó, Hildegard, “La acción de amparo constitucional
a raíz de la vigencia de la Constitución de 1999”, Revista de la Facultad de Ciencias Jurídicas y
Políticas de la UCV, núm. 119, Caracas, 2000, pp. 147-172; Henríquez Larrazábal, Richard
D., “El problema de la procedencia del amparo constitucional en el derecho venezolano”,
Bases y principios del sistema constitucional venezolano (ponencias del VII Congreso Venezolano de Derecho
Constitucional realizado en San Cristóbal del 21 al 23 de Noviembre de 2001), vol. II, pp. 403-475;
Hernández-Mendible, Víctor R., “El amparo constitucional desde la perspectiva cautelar”,
El derecho público a comienzos del siglo XXI. Estudios homenaje al profesor Allan R. Brewer-Carías,
Madrid, Civitas, 2003, pp. 1219 1301; Brewer-Carías, Allan R., “Introducción general al
régimen del derecho de amparo a los derechos y garantías constitucionales (el proceso de
amparo)”, Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, Caracas, Editorial
Jurídica Venezolana, 2007, pp. 9-149.
403
Véase en general Brewer-Carías Allan R. y Ayala Corao, Carlos, en Ley Orgánica de
Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1988;
Hildegard Rondón de Sansó, La acción de amparo contra los poderes públicos, Caracas, Editorial
Arte, 1994; Hildegard Rondón de Sansó, Amparo constitucional, Caracas, Editorial Arte, 1998;
Linares Benzo, Gustavo, El proceso de amparo, Caracas, Universidad Central de Venezuela,
1999; Chavero Gazdik, Rafael J., El nuevo régimen del amparo constitucional en Venezuela, Caracas,
Sherwood, 2001.
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178 VENEZUELA
los mismos; las formas de su ejercicio y los principios del procedimiento los
cuales desde el inicio fueron desarrollados por la jurisprudencia en aplica-
ción de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitu-
cionales de 1988.404
1. La universalidad del amparo: derechos y garantías protegidos
y actos lesivos de particulares y de autoridades
La acción de amparo procede para la protección de todos los derechos
constitucionales enumerados en el texto de la Constitución (artículos 19 a
129: derechos civiles, políticos, sociales y de las familias, culturales y educa-
tivos, económicos, de los pueblos indígenas, y ambientales), y en los tratados
internacionales sobre derechos humanos, que conforme al artículo 23 de
la Constitución tienen jerarquía constitucional, y además, respecto de to-
dos aquellos otros derechos inherentes a la persona humana que no figuren
expresamente ni en la Constitución ni en dichos tratados internacionales
(artículo 22, Constitución), los cuales, además, prevalecen incluso sobre el
orden interno si contienen regulaciones más favorables para el goce y ejer-
cicio de los derechos.
Por tanto, no hay derechos o garantías constitucionales y fundamentales
que no sean justiciables mediante la acción de amparo, correspondiendo su
ejercicio a todas las personas tanto naturales como jurídicas o morales,405
debiendo estas últimas estar domiciliadas en el país (artículo 1, Ley). Lo úni-
co que se requiere para que proceda el amparo, sin embargo, es que su vio-
lación sea inmediata, directa y clara del derecho constitucional.406 La con-
404
Brewer-Carías, Allan R., “La reciente evolución jurisprudencial en relación a la ad-
misibilidad del recurso de amparo”, Revista de Derecho Público, núm. 19, Caracas, Editorial
Jurídica Venezolana, julio-septiembre de 1984, pp. 207-217.
405
Véase lo indicado por la Corte Primera de lo Contencioso-Administrativo en senten-
cias del 30-4-87, 24-4-88 y 28-7-88 en Funeda, 15 años de Jurisprudencia de la Corte Primera de lo
Contencioso-Administrativo, 1977-1992, Amparo Constitucional, Caracas, 1994, pp. 141, 180 y 225.
406
Véase, por ejemplo, sentencias de la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo
de 22-1-88, Revista de Derecho Público, núm. 33, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1988,
p. 109; del 24-5-88, Revista de Derecho Público, núm. 35, Caracas, Editorial Jurídica Venezola-
na, 1988, p. 100; del 30-6-88, Revista de Derecho Público, núm. 35, Caracas, Editorial Jurídica
Venezolana, 1988, p. 129; del 8-10-91, Revista de Derecho Público, núm. 48, Caracas, Editorial
Jurídica Venezolana, 1991, p. 138; de 15-9-92 y 16-9-92, Revista de Derecho Público, núm. 51,
Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1992, pp. 146 y 150; y de la antigua Corte Suprema
de Justicia, Sala Político-Administrativa, del 9-5-88, Revista de Derecho Público, núm. 34, Cara-
cas, Editorial Jurídica Venezolana, 1988, pp. 105 y 116; del 27-6-90, Revista de Derecho Público
núm. 43, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1990, p. 92, y del 26-10-89, Revista de Dere-
cho Público, núm. 40, Editorial Jurídica Venezolana, Caracas, 1989, p. 109. Véase también de
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 179
secuencia de esta universalidad del amparo es que en Venezuela el llamado
derecho de hábeas corpus se haya configurado como parte del derecho de
amparo407 o, si se quiere, como una manifestación del derecho de amparo, a
cuyo efecto la Ley Orgánica de Amparo establece en su artículo 1o. que “La
garantía de la libertad personal que regula el hábeas corpus constitucional, se
regirá por esta ley”, destinando a ello los artículos 38 a 47 de la misma.
Por otra parte, de acuerdo con la Constitución, el amparo constitucional
procede contra cualquier acto, hecho u omisión de autoridades o de particu-
lares que viole derechos o garantías constitucionales o amenace violarlos. Por
tanto, así como no hay derechos y garantías excluidos del amparo, tampoco
hay actos, hechos u omisiones que escapen de la protección de la misma. Ello
se precisa en el artículo 2o. de la Ley Orgánica, cuando indica que
La acción de amparo procede contra cualquier hecho, acto u omisión pro-
venientes de los órganos del poder público Nacional, Estadal o Municipal.
También procede contra el hecho, acto u omisión originados por ciudadanos,
personas jurídicas, grupos u organizaciones privadas, que hayan violado, vio-
len o amenacen violar cualquiera de las garantías o derechos amparados por
esta Ley.
Por tanto, además de proceder el amparo contra particulares, sin dis-
tinción alguna,408 procede contra todas las perturbaciones provenientes de
autoridades públicas, igualmente sin distinción alguna, sea que se trate de ac-
tos estatales u omisiones, así como de actos materiales y vías de hecho de
las autoridades públicas (artículo 5 LOA). Así, ninguna actuación u omisión
pública escapa al amparo, quedando solo excluidos de la acción, conforme
se estableció en el artículo 6,6 de la ley Orgánica, “los actos de la Corte
Suprema de Justicia”.409 Por ello, la antigua Corte Suprema de Justicia en
la antigua Corte Suprema de Justicia, Sala Plena del 21-3-88, Revista de Derecho Público, núm.
34, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1988, p. 105.
407 Brewer-Carías, Allan R., “El derecho de amparo y la acción de amparo”, Revista de
Derecho Público, núm. 22, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, abril-junio de 1985, pp. 51-
61; y “El derecho de amparo en Venezuela”, Revista de Derecho, núm. 1, año V, Facultad de
Derecho, Universidad Central, Santiago de Chile 1991, pp. 151-178; y en Garantías jurisdic-
cionales para la defensa de los derechos humanos en Iberoamérica, México, Instituto de Investigaciones
Jurídicas, UNAM, 1992, pp. 7-53.
408 Tal como sucede en Argentina después del caso Samuel Kot SRL. de 1958. Véase Lina-
res Quintana, S., Acción de amparo, Buenos Aires, 1960, p. 25; Carrió, G. R., Algunos aspectos del
recurso de amparo, Buenos Aires, 1959, p. 13.
409 Sentencia de la Corte Primera de lo Contencioso Administrativa del 18-6-91, en Fu-
neda, 15 años de jurisprudencia cit, p. 145; y en Revista de Derecho Público, núm. 46, Caracas,
Editorial Jurídica Venezolana, 1991, p. 124.
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180 VENEZUELA
Sala Político Administrativa en sentencia del 31 de enero de 1991 (caso An-
selmo Natale), afirmó enfáticamente que “no puede existir ningún acto estatal
que no sea susceptible de ser revisado por vía de amparo entendiendo ésta
[…como] “un medio de protección de las libertades públicas cuyo objeto
es restablecer su goce o disfrute, cuando alguna persona natural o jurídica,
o grupos u organizaciones privadas, amenace vulnerarlas o las vulneren
efectivamente”.410
En cuanto al amparo contra leyes y demás actos normativos, de acuerdo
con el artículo 3o. de la Ley Orgánica:
Se previó así en la Ley Orgánica el llamado “amparo contra normas”, el
cual en ciertos aspectos se puede asimilar al denominado en México “ampa-
ro contra leyes”,411 no teniendo la decisión del juez efectos anulatorios, sino
de inaplicación de la norma respecto de quien solicita amparo (inter partes).
Pero con relación al control de la constitucionalidad de las leyes, que la Ley
Orgánica, además de prever el amparo contra normas, permite ejercer la
pretensión de amparo, conjuntamente con la acción popular de inconstitu-
cionalidad de las leyes ante la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia, previendo en el mismo artículo 3o. de la Ley Orgánica lo siguiente:
La acción de amparo también podrá ejercerse conjuntamente con la acción
popular de inconstitucionalidad de las leyes y demás actos estatales normati-
vos, en cuyo caso, la Corte Suprema de Justicia, si lo estima procedente para
la protección constitucional, podrá suspender la aplicación de la norma res-
pecto de la situación jurídica concreta cuya violación se alega, mientras dure
el juicio de nulidad.
Aun cuando de la norma del artículo 3o. de la Ley Orgánica puede de-
cirse que resultaba una vía directa de control difuso de la constitucionalidad de
las leyes,412 la jurisprudencia de la Sala Político-Administrativa de la antigua
Corte Suprema impuso el criterio de que no procede la acción de amparo
directamente contra normas, siendo que lo que procede es su ejercicio con-
410 Revista de Derecho Público, núm. 45, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1991, p. 118.
La tesis de la Corte Suprema fue reafirmada por la Corte Primera de lo Contencioso Ad-
ministrativo en sentencia del 18-6-91, Revista de Derecho Público, núm. 46, Caracas, Editorial
Jurídica Venezolana, 1991, p. 125.
411 Fix-Zamudio, Héctor, “Algunos problemas que plantea el amparo contra leyes”, Boletín
del Instituto de Derecho Comparado de México, México, núm. 37, 1960, pp. 11-39. Véase además,
Brewer-Carías, Allan R., “La acción de amparo contra leyes y demás actos normativos en el
derecho venezolano”, Liber Amicorum. Héctor Fix-Zamudio, vol. I, San José, Costa Rica, Secre-
taría de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. 1998, pp. 481-501.
412 Brewer-Carías, Allan R., Nuevas tendencias en el contencioso administrativo en Venezuela, Ca-
racas, Editorial Jurídica Venezolana, 1993, p. 168.
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tra los actos de ejecución de la norma, que serían los actos lesivos.413 Así lo
indicó en sentencia del 24 de mayo de 1993, al afirmar que “el menciona-
do artículo de la Ley Orgánica de Amparo no consagra la posibilidad de
interponer esta acción de protección constitucional contra una ley u otro
acto normativo sino contra el acto de aplicación o ejecución de ésta, el
cual en definitiva es el que, en el caso concreto, puede ocasionar una le-
sión particular de los derechos y garantías constitucionales de una persona
determinada”.414
En materia de amparo contra actos administrativos y conductas omi-
sivas de la administración, el artículo 5o. de la Ley Orgánica dispone que
La acción de amparo procede contra todo acto administrativo, actuaciones
materiales, vías de hecho, abstenciones u omisiones que violen o amenacen
violar un derecho o garantía constitucionales, cuando no exista un medio
procesal breve, sumario y eficaz, acorde con la protección constitucional.
En consecuencia, si dicho medio procesal acorde con la protección
constitucional existe, la acción de amparo no es admisible, pudiendo ser di-
cho medio el recurso contencioso administrativo de anulación, siempre que
exista en la localidad un tribunal con competencia contencioso administra-
tiva, y se formule en el mismo conjuntamente con la pretensión de nulidad,
la pretensión de amparo.415
En estos casos, agrega el artículo 5o. de la Ley Orgánica, el juez, en for-
ma breve, sumaria y efectiva, si lo considera procedente para la protección
constitucional, suspenderá los efectos del acto recurrido como garantía de
dicho derecho constitucional violado, mientras dure el juicio. Para garan-
tizar que este recurso contencioso administrativo de anulación y amparo
sea un medio procesal breve, sumario y efectivo, acorde con la protección
constitucional, el parágrafo único del artículo 5o. de la Ley Orgánica pre-
cisa que
413 Fue el caso de la sentencia del 8-8-94, la Sala Político-Administrativa al resolver un
amparo en el caso de las declaraciones juradas de patrimonio exigidas a los administradores
de bancos por la Ley de Emergencia Financiera de 1994. Véase el texto en Brewer-Carías,
Allan R., y Ayala Corao, Carlos, El derecho a la intimidad y a la vida privada y su protección frente a
las injerencias abusivas o arbitrarias del Estado, Caracas, 1995, pp. 214-216.
414 Revista de Derecho Público, núm. 55-56, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1993,
pp. 287-288. Véase también sentencia núm. 584 del 19-11-1992 (caso Electrificación del Caro-
ní, EDELCA), en Revista de Derecho Público, núm. 52, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana,
1992, p. 136.
415 Sentencias de la antigua Corte Suprema de Justicia, Sala Político-Administrativa, del
25-1-89 y 9-8-89, Revista de Derecho Público, núm. 39, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana,
1989, p. 139.
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182 VENEZUELA
Cuando se ejerza la acción de amparo contra actos administrativos conjunta-
mente con el recurso contencioso administrativo que se fundamente en la vio-
lación de un derecho constitucional, el ejercicio del recurso procederá en cual-
quier tiempo, aun después de transcurridos los lapsos de caducidad previstos
en la Ley; y no será necesario el agotamiento previo de la vía administrativa.
Ahora bien, en el caso de ejercicio de la acción autónoma de amparo
contra actos administrativos, el tema central a precisar es que los efectos de
la decisión de amparo no son de orden anulatorio, sino de mera suspensión
de efectos del acto, lo que implica que el acto administrativo lesivo queda
incólume en cuanto a su validez, por lo que para que la protección consti-
tucional sea integral debería buscarse su anulación posterior por la vía con-
tencioso administrativa.
Pero la acción de amparo no solo procede contra actos administrativos,
sino también contra conductas omisivas de la administración, para lo cual
debe existir mora frente a un requerimiento del interesado. Es decir, es ne-
cesario que el presunto agraviado se haya dirigido en forma previa a la pre-
sunta autoridad agraviante, dando inicio a un procedimiento constitutivo,
de manera que no se puede accionar por abstención cuando no ha habido
requerimiento del administrado para que la autoridad administrativa emita
algún acto administrativo.416 Por supuesto, en todos estos casos de proce-
dencia de la acción de amparo contra la mora de la administración, como
violatoria del derecho a obtener oportuna respuesta garantizado en el artí-
culo 67 de la Constitución, la consecuencia de la violación de tal derecho,
como lo ha señalado la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo,
“solo implica ordenar a la autoridad administrativa que otorgue la respues-
ta correspondiente”.417
Por otra parte, en cuanto al amparo contra sentencias y demás actos
judiciales, el artículo 4o. de la Ley Orgánica establece que
Igualmente procede la acción de amparo cuando un Tribunal de la Repú-
blica, actuando fuera de su competencia, dicte una resolución o sentencia u
ordene un acto que lesione un derecho constitucional.
En estos casos, y con objeto de salvaguardar las jerarquías judiciales de
revisión, se establece expresamente que “La acción de amparo debe inter-
416
Sentencia de la antigua Corte Suprema de Justicia, Sala Político-Administrativa del
18-11-93, en Revista de Derecho Público, núm. 55-56, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana,
1993, p. 295.
417 Sentencia del 26-8-93 (caso Inversiones Klanki), en Revista de Derecho Público, núm. 55-56,
Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1993, p. 294.
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 183
ponerse por ante un Tribunal superior al que emitió el pronunciamiento,
quien decidirá en forma breve, sumaria y efectiva”.
Tratándose de amparo contra sentencias,418 la jurisprudencia ha preci-
sado sus contornos indicando que es necesario que exista un acto judicial
lesivo; es decir, que lesione o amenace lesionar un derecho constitucional,
para lo cual ningún tribunal puede tener competencia.419 Por ello, la expre-
sión legal “actuando fuera de su competencia” ha sido interpretada por la
Sala Político-Administrativa de la antigua Corte Suprema, en sentencia del
12 de diciembre de 1989 (caso El Crack C.A) como equivalente a un tribu-
nal que “usurpa funciones, ejerciendo unas que no le son conferidas o hace
uso indebido de las funciones que le han sido atribuidas, lesionando con su
actuación derechos o garantías constitucionales”.420 De acuerdo con esta
doctrina, por tanto, y dada la garantía de la cosa juzgada que protege a las
decisiones judiciales, no basta para que sea procedente una acción de am-
paro contra sentencias que el accionante solo señale que la sentencia le fue
adversa, sino que debe alegar abuso o exceso de poder del juez, como forma
de incompetencia.421
Por otra parte, con relación al amparo contra sentencias y demás actos
judiciales, otro aspecto que debe destacarse es que la aplicación del artículo
4o. de la Ley Orgánica de Amparo solo procede cuando el juez en concreto
actúa en ejercicio de funciones jurisdiccionales, en cuyo caso el juez com-
petente para conocer de la acción es el tribunal superior al que emitió el
pronunciamiento. En cambio, en los supuestos en los cuales un juez dicte
un acto actuando en función administrativa (no jurisdiccional), por ejemplo,
cuando actúa como registrador mercantil, la competencia para conocer de
418
Véase, entre otras, la sentencia de la Sala Constitucional núm. 848 del 28-7-2000 (caso
Luis A. Baca vs. Juzgado Segundo de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, Agrario y del Tránsito del
Primer Circuito de la Circunscripción Judicial del Estado Bolívar), Revista de Derecho Público, núm. 83,
Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2000, pp. 296 y ss.
419 Brewer-Carías, Allan R., “El problema del amparo contra sentencias o de cómo la
Sala de Casación Civil remedia arbitrariedades judiciales”, Revista de Derecho Público, núm. 34,
Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1988, p. 164; y “El recurso de amparo contra senten-
cias de amparo dictadas en segunda instancia”, Revista de Derecho Público, núm. 36, Caracas,
Editorial Jurídica Venezolana, octubre-diciembre de 1988, pp. 160-172.
420 Revista de Derecho Público, núm. 41, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1990, pp.
110-111. En igual sentido se destacan las sentencias de la misma Sala Político-Administrativa
del 27-6-90, 4-7-90, 7-8-90, 5-12-90 y 31-5-91, citadas en Revista de Derecho Público, núm. 46,
Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1991, p. 132. Igualmente, sentencia del 4-2-93, Re-
vista de Derecho Público, núm. 53-54, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1993, p. 276.
421 Sentencia de la antigua Corte Suprema de Justicia, Sala Político-Administrativa, del 31-
5-91, Revista de Derecho Público, núm. 46, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1991, p. 132.
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la acción de amparo corresponde al tribunal de primera instancia que lo sea
en la materia afín con la naturaleza del derecho violado”.422
En relación con las partes en el proceso, debe señalarse que conforme
a la doctrina de la Sala Constitucional, “la acción de amparo contra deci-
siones judiciales no procede contra el juez que dictó la decisión sino contra
la decisión en sí misma”, en el sentido de que el juez no es el legitimado
pasivo en el procedimiento de amparo, siendo el fallo, en sí mismo, “el pre-
sunto trasgresor de un derecho o garantía constitucional”. Por ello es que
se ha considerado que no es necesaria la presencia del juez para defender o
informar sobre la decisión tomada, de manera que según lo resuelto por la
misma Sala en su sentencia del 1o. de febrero de 2000 (caso José A. Mejías y
otros), “la ausencia del juez a la audiencia oral, no significa aceptación de la
pretensión de amparo”.423
2. Las formas de ejercicio del derecho de amparo: acción autónoma
de amparo y pretensión de amparo acumulada a otras acciones judiciales
La regulación del amparo constitucional en la Constitución y en la Ley
Orgánica de Amparo como un derecho fundamental, y no solo como una
única acción autónoma de amparo, implicó la necesidad de conciliar el ejer-
cicio del derecho de amparo con los medios judiciales existentes de protec-
ción constitucional, de manera que no quedaran estos eliminados como ta-
les, sino al contrario, reforzados. De allí las previsiones de los artículos 3,5 y
6,5 de la Ley Orgánica de Amparo, que permiten la formulación de preten-
siones de amparo constitucional conjuntamente con las acciones de nulidad
por inconstitucionalidad, con las acciones contencioso-administrativas de
anulación y con las acciones judiciales ordinarias o extraordinarias, que pro-
pusimos en el proceso de formación de la Ley en la Cámara del Senado.424
Después de múltiples vacilaciones jurisprudenciales, que se extendieron
por casi cuatro años, el sentido de la regulación contenida en dichas normas
finalmente lo resumió la Sala Político-Administrativa de la antigua Corte
422
Sentencia de la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia, del 21-9-89,
Revista de Derecho Público, núm. 40, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1989, pp. 92 y 93.
423
Sentencia núm. 436, del 22-5-2000 (caso Foramer de Venezuela, C.A. vs. Juzgado Tercero de
Primera Instancia del Trabajo de la Circunscripción Judicial del Estado Zulia), Revista de Derecho Público,
núm. 82, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2000, p. 476.
424
Brewer-Carías, Allan R., “Propuestas de reforma al Proyecto de Ley Orgánica de
Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales (1987)”, Estudios de derecho público (Labor
en el Senado 1985-1987), t. III, Caracas, Ediciones del Congreso de la República, 1989, pp.
205-229.
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Suprema en la sentencia del 10 de julio de 1991 (caso Tarjetas Banvenez), al
señalar que la Ley Orgánica prevé fundamentalmente dos mecanismos pro-
cesales la acción autónoma de amparo y la acumulación de ésta con otro
tipo de acciones o recursos.425
En cuanto a la primera de las modalidades, es decir, la acción autónoma
de amparo, al ser una acción que se ejercita en forma autónoma e indepen-
diente, no se vincula ni se subordina a ningún otro recurso o procedimiento.
La misma se intenta en principio ante todos los tribunales de primera ins-
tancia, o ante cualquier juzgado si no hay en el lugar tribunal de primera
instancia. Solo contra altos funcionarios, la competencia para conocer de
la acción de amparo corresponde a todas las salas del Tribunal Supremo,
según la materia afín a la competencia. Sin embargo, la Sala Constitucio-
nal, en sentencia núm. 1, del 20 de enero de 2000, dictada con motivo de
decidir la admisibilidad de una acción de amparo (caso Emery Mata Millán
vs. ministro del Interior y Justicia y otros), interpretó erróneamente los principios
constitucionales y resolvió concentrar exclusivamente en la propia Sala Cons-
titucional las competencias para conocer de las acciones de amparo que
venían conociendo las otras Salas, en única instancia, contra altos funcio-
narios nacionales conforme al artículo 8 de la Ley Orgánica de Amparo; o
contra las sentencias dictadas en primera instancia por los tribunales supe-
riores de la República, la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo
y las cortes de apelaciones en lo penal; o las apelaciones o consultas de las
sentencias dictadas por esos mismos tribunales cuando conocieran de accio-
nes de amparo en primera instancia.426 Estas competencias, en todo caso,
se recogieron en la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia desde
2004, ratificadas en la reforma de la Ley Orgánica de 2010.
Por lo que respecta a la segunda de las modalidades señaladas; es decir,
la acción de amparo ejercida conjuntamente con otros medios procesales,
ha dicho la Corte que “la referida ley regula tres supuestos: a) la acción de
425 Revista de Derecho Público, núm. 47, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1991, pp.
169-174.
426 En todo caso, la Sala Constitucional fue dictando nuevas “normas” reguladoras de la
competencia judicial en materia de amparo, en las sentencias núm. 7, del 20-01-2000 (caso
Emery Mata Millán), en Revista de Derecho Público, núm. 81 (enero-marzo), Caracas, Editorial
Jurídica Venezolana, 2000, p. 226; núm. 1555, del 08-12-2000 (caso Yoslena Chamchamire B.
vs. Instituto Universitario Politécnico Santiago Mariño), Revista de Derecho Público, núm. 84, Caracas,
Editorial Jurídica Venezolana, 2000, pp. 304 y ss.; y en la sentencia núm. 26 del 25 de enero
de 2001 (caso José C.C. y otros vs. Comisión Legislativa Transitoria, Estado Portuguesa), en Revista de
Derecho Público, núm. 85-88, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2001, pp. 422-427. Véa-
se Canova González, Antonio, “La Sala Constitucional y su competencia en los procesos de
amparo”, Estudios de derecho administrativo: Libro homenaje a la Universidad Central de Venezuela, vol.
I, Caracas, Imprenta Nacional, 2001, pp. 157-176.
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186 VENEZUELA
amparo acumulada a la acción popular de inconstitucionalidad de las leyes
y demás actos estatales normativos (artículo 3o.); b) la acción de amparo
acumulada al recurso contencioso administrativo de anulación contra actos
administrativos de efectos particulares o contra las conductas omisivas de
la administración (artículo 5o.); c) la acción de amparo acumulada con ac-
ciones ordinarias (artículo 6o., ordinal 5o.)”. En este último supuesto, con-
forme a la ley Orgánica, “el Juez deberá acogerse al procedimiento y a los
lapsos establecidos en los artículos 23, 24 y 26 de la presente ley, a fin de
ordenar la suspensión provisional de los efectos del acto cuestionado”.
En todos estos casos la pretensión de amparo no es una acción princi-
pal, sino una pretensión “subordinada, accesoria a la acción o al recurso
al cual se acumuló, sometido al pronunciamiento jurisdiccional final que
se emita en la acción acumulada tratándose de una acumulación de ac-
ciones, debe ser resuelta por el juez competente para conocer de la acción
principal”.427 Por ello, en estos casos el amparo tiene mero carácter cautelar,
y no tiene ninguna relevancia el que existan procedimientos distintos para
la acción principal y para la acción de amparo, porque, en definitiva, en
caso de acumulación de la pretensión de amparo con una acción principal,
el procedimiento regular previsto para la acción de amparo (solicitud de in-
forme y audiencia pública y oral, por ejemplo) no se debe aplicar.
Debe mencionarse, por último, que la Sala Constitucional, al interpre-
tar el artículo 27 de la Constitución sobre la acción de amparo, material-
mente ha legislado en materia del procedimiento aplicable, “reformando”
completamente el procedimiento previsto en la Ley Orgánica de Amparo
de 1988.428
427
Revista de Derecho Público, núm. 50, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 1992, pp.
183 y 184.
428 Sentencia núm. 7, del 20-01-2000 (Caso José A. Mejía y otros), en Revista de Derecho Público,
núm. 81, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2000, pp. 245 y ss.; y sentencia núm. 88,
del 14-03-2000 (caso Ducharme de Venezuela C.A.), en ibidem, pp. 223 y ss. Véase en general so-
bre estas sentencias, Canova González, Antonio, “La Sala Constitucional y su competencia
en los procesos de amparo”, Estudios de derecho administrativo. Libro homenaje a la Universidad Cen-
tral de Venezuela, vol. I, Caracas, Imprenta Nacional, 2001, pp. 157-176; Martínez Hernández,
Luis, “Nuevo régimen de acción de amparo con motivo de sentencias dictadas por la Sala
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia”, Estudios de derecho público. Libro homenaje a
Humberto J. La Roche Rincón, vol. I, Caracas, Tribunal Supremo de Justicia, 2001, pp. 209-
265; Badell Madrid, Rafael, “El amparo constitucional en la jurisprudencia del Tribunal
Supremo de Justicia”, Revista de Derecho del Tribunal Supremo de Justicia, núm. 4, Caracas, 2002,
pp. 87 a 12; y Brewer-Carías, Allan R., “El juez constitucional como legislador positivo y la
inconstitucional reforma de la Ley Orgánica de Amparo mediante sentencias interpretati-
vas”, en Ferrer Mac-Gregor, Eduardo y Zaldívar Lelo de Larrea, Arturo (coords.), La ciencia
del derecho procesal constitucional. Estudios en homenaje a Héctor Fix-Zamudio en sus cincuenta años como
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 187
3. La acción de habeas data
El artículo 28 de la Constitución de 1999, siguiendo la orientación de
las Constituciones latinoamericanas recientes, estableció expresamente en
Venezuela la acción de habeas data, mediante la cual se garantiza a todas las
personas el derecho de acceder a la información y a los datos que sobre sí
misma o sobre sus bienes consten en registros oficiales o privados, con las
excepciones que establezca la ley, así como conocer el uso que se haga de
los mismos y su finalidad, y a solicitar ante el tribunal competente la actua-
lización, la rectificación o la destrucción de aquellos, si fueran erróneos o
afectaran ilegítimamente sus derechos.429
Estos derechos, como lo señaló la Sala Constitucional del Tribunal Su-
premo de Justicia en sentencia del 9 de noviembre de 2009 (caso Mercedes
Josefina Ramírez, Acción de Habeas Data),
no involucran directamente nulidades, ni indemnizaciones, sino otorgan si-
tuaciones jurídicas esenciales al ser humano: como lo es la existencia de un re-
curso sobre su persona en archivos públicos o privados, por lo que no resulta
vinculante para el Juez Constitucional lo que pida el quejoso, sino la situación
fáctica ocurrida en contravención a los derechos y garantías constitucionales
y los efectos que ella produce, que el actor trata que cesen y dejen de perju-
dicarlo; o simplemente la información sobre sí mismo que tiene derecho a
conocer existente en los registros público o privados.430
Por otra parte, el artículo 28 de la Constitución también consagra el
derecho de toda persona de acceder a documentos de cualquier naturaleza
que contengan información cuyo conocimiento sea de interés para comu-
nidades o grupos de personas, quedando a salvo el secreto de las fuentes de
información periodística y de otras profesiones que determine la ley.
La norma, por tanto, consagra dos derechos distintos, sobre los cuales
la Sala Constitucional, en sentencia del 23 de agosto de 2000 (caso Veedores
de UCAB), expresó en materia de derecho de acceso:
investigador del derecho, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2008, t. V, pp.
63-80; Bello Tabares, Humberto E., “El procedimiento de amparo constitucional”, Revista de
Derecho, núm. 8, Caracas, Tribunal Supremo de Justicia, 2003, pp. 13-48.
429 Mouriño Vaquero, Carlos, “Aproximación al hábeas data”, en Duque Corredor, Ro-
mán y Casal, Jesús María (coords), Estudios de derecho público, Caracas, Universidad Católica
Andrés Bello, 2004, pp. 129-162; Brewer-Carías, Allan R., “El proceso constitucional de las
acciones de habeas data en Venezuela: las sentencias de la Sala Constitucional como fuente
del derecho procesal constitucional”, Revista de Derecho Público, núm. 120, Caracas, Editorial
Jurídica Venezolana, octubre-diciembre de 2009, pp. 185-191.
430 Véase en [Link]
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188 VENEZUELA
el artículo 28 separa el acceso a la información y a los datos, del acceso a do-
cumentos que contengan información, la cual debe ser puntual, sobre cual-
quier tópico, sean o no dichos documentos soportes de bases de datos, que
tengan interés para las comunidades o grupos. El acceso a estos documentos
es distinto al de las bases de datos, de cualquier tipo. Se trata de acceder a
documentos en sentido amplio, escritos o meramente representativos (de allí
que la norma expresa que son documentos de cualquier naturaleza), que por
alguna razón contienen información de interés para el grupo, o para la comu-
nidad. Tal interés debe ser decidido por el juez, para ordenar su exhibición,
por lo que debe ser alegado, no bastando la subjetiva apreciación del actor
en ese sentido.431
Estos derechos de habeas data, por otra parte, son también distintos al
derecho garantizado en el artículo 143 de la misma Constitución que tienen
todos los ciudadanos a ser informados oportuna y verazmente por la admi-
nistración pública, sobre el estado de las actuaciones en que estén directa-
mente interesados, y a conocer las resoluciones definitivas que se adopten
sobre el particular. Asimismo, consagra la norma el derecho de acceso a los
archivos y registros administrativos, sin perjuicio de los límites aceptables
dentro de una sociedad democrática en materias relativas a seguridad inte-
rior y exterior, a investigación criminal y a la intimidad de la vida privada,
de conformidad con la ley que regule la materia de clasificación de docu-
mentos de contenido confidencial o secreto. La norma prohíbe, en todo
caso, la censura a los funcionarios públicos con relación a lo que informen
sobre asuntos bajo su responsabilidad.
En cuanto al derecho de habeas data que consagra el artículo 28 de la
Constitución, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, en
su sentencia núm. 1050, del 23 de agosto de 2000 (caso Ruth Capriles y otros),
determinó que se trata de un “derecho de las personas a conocer la infor-
mación que sobre ellas, hayan sido compiladas por otras” consecuencia del
hecho de que “tanto el Estado, como los particulares, mediante diversas
formas de compilación de datos: manuales, computarizados, etc., registran
y almacenan datos e informaciones sobre las personas o sobre sus bienes, y
en vista de que tal recopilación puede afectar la vida privada, la intimidad,
el honor, la reputación, la vida económica y otros valores constitucionales
de las personas naturales o jurídicas, la Constitución, para controlar tales
registros, otorga varios derechos a la ciudadanía que aparecen recogidos en
el artículo 28 citado”. Estos derechos, en criterio de la Sala Constitucional,
son los siguientes:
431 Revista de Derecho Público, núm. 85-88, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2001,
pp. 500 y 501.
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 189
1) El derecho de conocer sobre la existencia de tales registros. 2) El dere-
cho de acceso individual a la información, la cual puede ser nominativa, o
donde la persona queda vinculada a comunidades o a grupos de personas.
3) El derecho de respuesta, lo que permite al individuo controlar la existencia
y exactitud de la información recolectada sobre él. 4) El derecho de conocer
el uso y finalidad que hace de la información quien la registra. 5) El derecho
de actualización, a fin que se corrija lo que resulta inexacto o se transformó
por el transcurso del tiempo. 6) El derecho a la rectificación del dato falso o
incompleto. 7) El derecho de destrucción de los datos erróneos o que afectan
ilegítimamente los derechos de las personas.432
A los efectos de ejercer esta acción de habeas data, la Sala Constitucional,
en la sentencia 1050 del 23 de agosto de 2000, precisó que se trata de dere-
chos que giran alrededor de los datos recopilados sobre las personas o sobre
sus bienes, por lo que la legitimación activa corresponde a quienes tengan
“un interés, personal, legítimo y directo en quien ejerza estos derechos, ya
que es la información sobre su persona y bienes el que lo origina”. En otras
palabras, dijo la Sala, quien quiere hacer valer estos derechos que confor-
man el habeas data “lo hace porque se trata de datos que le son personales”.
Es decir, “quien no alega que el habeas data se solicita para obtener informa-
ción sobre sus datos registrados, carece de interés legítimo en tal acción, ya
que no hace uso del derecho que otorga dicha norma, con os otros dere-
chos que nacen de la misma, los cuales giran alrededor de las informaciones
personales”.433
Posteriormente, en ausencia de la legislación sobre la materia, la Sala
Constitucional estableció la competencia en la materia, reservándosela,434 y
reguló el procedimiento judicial aplicable a la acción de habeas data. 435
432
Revistade Derecho Público, núm. 83, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2000, pp.
378-381.
433
Idem. Esta doctrina fue ratificada por la Sala Constitucional en sentencia núm. 332, del
14 de marzo de 2001 (caso Insaca vs. Ministerio de Sanidad y Asistencia Social), en Revista de Derecho
Público, núm. 85-88, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2001, pp. 484 y 485.
434
Sentencia núm. 165, del 13 de febrero de 2001 (caso Euclides S. Rivas vs. Juzgado de
Control núm. 2, Circuito Judicial Penal, Estado Nueva Esparta), en Revista de Derecho Público, núm.
85-88, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2001, pp. 489 y ss.
435
Véanse las reglas de procedimiento establecidas en la sentencia núm. 2551 del 24 de
septiembre de 2003 (caso Jaime Ojeda Ortiz), en [Link]
tiembre/[Link]; modificadas por sentencia del 9 de noviembre de 2009
(caso Mercedes Josefina Ramírez, Acción de Habeas Data), en [Link]
scon/Noviembre/[Link].
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190 VENEZUELA
X. Los problemas de la Constitución
social, el paternalismo estatal y la justiciabilidad
de los derechos
La Constitución social o del ciudadano, como hemos señalado, es la
que establece las relaciones entre el Estado y la sociedad y sus componen-
tes individuales, compuesta por el conjunto de libertades y derechos de los
ciudadanos y habitantes del país, antes indicados, con sus correlativos de-
beres de parte del Estado y sus autoridades de protección, abstención o de
prestación social. Lo cierto es que no puede haber un derecho consagrado
constitucionalmente que no tenga un deber u obligación correlativo a cargo
del Estado.
En esta materia, a pesar de los avances que contiene la nueva Consti-
tución, por ejemplo, en la enumeración de los derechos individuales y en
la constitucionalización, con rango constitucional, de los tratados interna-
cionales sobre derechos humanos a los cuales se les prescribió aplicación
preferente cuando sean más favorables, consideramos que contiene muchos
aspectos negativos específicos, como la grave lesión a la garantía de la re-
serva legal respecto de los derechos constitucionales en virtud de la delega-
ción legislativa al presidente de la República, que en forma amplia regula la
Constitución, y como las fallas en la protección de los derechos del niño y
en el régimen del derecho a la información.
Pero en global, desde el punto de vista social, el principal problema de
la Constitución es la confusión entre buenas intenciones declaradas y dere-
chos constitucionales, y el engaño que puede derivar de la imposibilidad de
satisfacer algunos derechos sociales.436
En efecto, en la consagración de los derechos humanos, uno de los prin-
cipios esenciales de orden constitucional es el denominado principio de al-
teridad, que implica que todo derecho comporta una obligación, y que todo
titular de un derecho tiene que tener relación con un sujeto obligado. No
hay, por tanto, derechos sin obligaciones ni obligados, por lo que la consa-
gración de supuestos derechos que no pueden originar obligaciones u obli-
gados, por imposibilidad conceptual, no es más que un engaño.437
436 Brewer-Carías, Allan R., “Reflexiones críticas sobre la Constitución de 1999”, La
Constitución de 1999, Caracas, Academia de Ciencias Políticas y Sociales, 2000, pp. 77 y ss.
437 Véase lo expuesto en este sentido de Brewer-Carías, Allan R., Mecanismos nacionales de
protección de los derechos humanos (Garantías judiciales de los derechos humanos en el derecho constitucional
comparado latinoamericano), San José, Costa Rica, Instituto Interamericano de Derechos Huma-
nos (IIDH), 2005, pp. 31 y ss.
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Así sucede, por ejemplo, con varios de los derechos y garantías socia-
les, tal y como se consagraron en la Constitución, cuya satisfacción es sim-
plemente imposible. Constituyen, más bien, declaraciones de principio y
de intención de indiscutible carácter teleológico, pero difícilmente pueden
concebirse como “derechos” por no poder existir un sujeto con obligación
de satisfacerlos.
Es el caso, por ejemplo, del “derecho a la salud”, que se consagra como
“un derecho social fundamental, obligación del Estado, que lo garantizará
como parte del derecho a la vida” (artículo 83). Lo cierto es que no es po-
sible que alguien garantice la salud de nadie y que constitucionalmente se
pueda consagrar el “derecho a la salud”. Ello equivaldría a consagrar en la
Constitución el derecho a no enfermarse, lo cual es imposible, pues nadie
garantiza a otra persona que no se va a enfermar.
En realidad, el derecho que se puede consagrar en materia de salud,
como derecho constitucional, y es el que está efectivamente declarado, es
el “derecho a la protección de la salud”, lo que comporta la obligación del
Estado de velar por dicha protección, estableciendo servicios públicos de
medicina preventiva y curativa.438 De resto, regular el derecho a la salud,
por imposibilidad de la alteridad, es una ilusión.439
Lo mismo podría señalarse, por ejemplo, del derecho que se consagra
en la Constitución a favor de “toda persona”, “a una vivienda adecuada,
segura, cómoda, higiénica, con servicios básicos esenciales que incluyan un
hábitat que humanice las relaciones familiares, vecinales y comunitarias”
(artículo 82). Este derecho, como está consagrado, es de imposible satis-
facción; se trata, más bien, de una declaración de principio o de intención
bellamente estructurada, que no puede conducir a identificar a un obligado
a satisfacerla, y menos al Estado.
También resulta una ilusión establecer en la Constitución, pura y sim-
plemente, que “toda persona tiene derecho a la seguridad social como ser-
vicio público no lucrativo que garantice la salud y asegure protección en
contingencias… de previsión social”; siendo igualmente una imposibilidad
438
Brewer-Carías, Allan R., Constitutional Protection of Human Rights in Latin America. A Com-
parative Study of the Amparo Proceedings, Nueva York, Cambridge University Press, 2008, pp. 247
y ss.
439
Ello ha llevado a la Sala Constitucional, por ejemplo, respecto del derecho a la protec-
ción de la salud, a protegerlo vinculándolo al derecho a la vida. Por ejemplo, sentencia núm.
487, del 06-04-2001 (caso Glenda López y otros), Revista de Derecho Público, núm. 85-86, Caracas,
Editorial Jurídica Venezolana, 2001, pp. 139-141. En estos casos, la Sala ha rechazado la pro-
tección al derecho a la salud reclamada como derecho colectivo en forma abstracta. Véase,
por ejemplo, sentencia núm.1002, del 26-05-2004 (caso Federación Médica Venezolana), Revista de
Derecho Público, núm. 97-98, Caracas, Editorial Jurídica Venezolana, 2004, pp. 143 y ss.
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192 VENEZUELA
prever que “El Estado tiene la obligación de asegurar la efectividad de este
derecho, creando un sistema de seguridad social…” (artículo 86).
De nuevo aquí, la intención es excelente, pero no para pretender regu-
larla como un “derecho” constitucional con una obligación estatal corre-
lativa, también de rango constitucional, cuya satisfacción es imposible. Se
confundieron, en esta materia, las declaraciones de política pública y las
buenas intenciones sociales, con derechos y obligaciones constitucionales,
que originan otro tipo de relaciones jurídicas, incluso con derecho de ser
amparados constitucionalmente.
Además, del texto de la Constitución social se evidencia un excesivo
paternalismo estatal y la minimización de las iniciativas privadas en materia
de salud, educación y seguridad social. En efecto, en la regulación de los de-
rechos sociales, en la Constitución no solo se ponen en manos del Estado ex-
cesivas cargas, obligaciones y garantías, muchas de imposible cumplimiento
y ejecución, sino que se minimiza, al extremo de la exclusión, a las iniciati-
vas privadas. En esta forma, servicios públicos esencial y tradicionalmente
concurrentes entre el Estado y los particulares, como los de educación, sa-
lud y seguridad social, aparecen regulados con un marcado acento estatista
y excluyente incluso como “servicios públicos”.
Por ejemplo, en materia de salud, se dispone que para garantizarla “el
Estado creará, ejercerá la rectoría y gestionará un sistema público nacional
de salud,… integrado al sistema de seguridad social, regido por los princi-
pios de gratuidad, universalidad, integralidad, equidad, integración social
y solidaridad” (artículo 84). Se trata, por tanto, de un sistema público de
salud, regulado como un servicio público gratuito que forma parte del siste-
ma de seguridad social. Nada se dice en la norma sobre los servicios privados
de salud, aun cuando en otro artículo se indica que el Estado “regulará las
instituciones públicas y privadas de salud” (artículo 85).
En materia de seguridad social, el rasgo estatista del sistema es aun
mayor: se declara la seguridad social como un servicio público de carácter
no lucrativo, estando obligado el Estado “de asegurar la efectividad de este
derecho, creando un sistema de seguridad social universal, integral, de fi-
nanciamiento solidario, unitario, eficiente y participativo, de contribuciones
directas o indirectas”, precisándose, además, que las cotizaciones obligato-
rias solo “podrán ser administradas con fines sociales bajo la rectoría del
Estado” (artículo 86). Se excluye así, en principio, toda iniciativa privada
en materia de seguridad social y se minimiza la participación privada en la
administración reproductiva de los fondos de pensiones.
En materia de educación, la tendencia estatista es similar: se regula la
educación, en general, como un derecho humano y un deber social funda-
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ASPECTOS relevantes DE LA CONSTITUCIÓN SOCIAL 193
mental; se la declara en general como “democrática, gratuita y obligatoria”,
y se la define como “un servicio público” que el Estado debe asumir “como
función indeclinable” (artículo 102). Nada se indica en la norma que se re-
fiere a la educación privada, y solo es en otro artículo donde se consagra el
derecho de las personas “a fundar y mantener instituciones educativas pri-
vadas bajo la estricta inspección y vigilancia del Estado, previa aceptación
de este” (artículo 106). La posibilidad de estatización de la educación, por
tanto, no tiene límites en la Constitución, habiéndose eliminado del texto
constitucional la disposición, que en la materia preveía la Constitución de
1961, de que “El Estado estimulará y protegerá la educación privada que se
imparta de acuerdo con los principios contenidos en esta Constitución y en
las leyes” (artículo 79).
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