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Alvarez 2021 Cocinelle

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16 jun 2021

Coccinelle: entre el cabaret y la pantalla


grande
En julio de 1962 arribó a Buenos Aires Jacqueline Dufresnoy, la “Coccinelle”, una curvilínea diva francesa
que fue presentada por la prensa amarilla local como “la hermosa ‘vedette’ que un día fue muchacho”.
Su fama se había hecho mundial unos años antes con la película Europa di Notte. En América Latina,
su gira la haría crecer. En cada aeropuerto la esperaban no sólo reporteros gráficos sino una gran
cantidad de admiradoras maricas y travestis. Para ellas, la Coccinelle no sólo mostraba las posibles
transformaciones corporales permitidas por la medicina, sino quizás, más importante, imaginar futuros
donde podrían caminar por las calles en libertad. Ana Álvarez reconstruye a través de archivos la vida
de esta icónica vedette francesa.

Por Ana Álvarez

Para la queridísima Perica Burrometo, por su infinita voluntad de ser feliz, su honestidad brutal y su
inmenso corazón

La tarde de otoño en octubre de 2016 transcurría lenta en el patio romano de Perica Burrometo. Ya
desde mediados de los noventa, cuando comencé mi activismo con las militantes travestis, Perica era
un nombre mítico: "la matriarca de la Panamericana", a quien todas las travestis jovencitas recién
llegadas iban a pedir ayuda y protección, la que se había enfrentado a golpes con la cana infinidad de
veces, la que había roto patrulleros, la única que era temida por la policía. Finalmente, mediante su
amiga Ivana Tintilay, trabajadora sexual y archivista de la memoria travesti, Perica me invitó a Roma
para que pudiera entrevistarla. Hablamos de sus años en la Panamericana, de su escape de Buenos
Aires con una bala en la pierna y de la sentencia de muerte de la Brigada de Munro. Aquella tarde, sus
palabras nos llevaron a su temprana juventud en los años sesenta en Buenos Aires: “Lo más increíble
fue cuando vimos a la Coccinelle. Yo había escuchado que te podías operar, pero sonaba a cuento. Y
cuando la vi, no lo podía creer”. Ese día me enteré de Coccinelle (París, 1931-Marsella, 2006), la
transexual más famosa del mundo, la hermosísima y curvilínea rubia francesa que fácilmente podría
ser confundida con Brigitte Bardot. Asombrada de mi ignorancia y con sus ojos encendidos Perica me
afirmó: “Fue la marica más hermosa del mundo”.
Coccinelle paseando por la Avenida Corrientes junto a su pareja Mario Heyns y al actor y productor teatral
Pepe Parada. Revista Así. Nro. 347, 20 de Septiembre de 1962. Fuente: Archivos Desviados.
Coccinelle nació en París en 1931, hija de un limpiador de vidrios y de una vendedora de frutas. Vivió
hasta su adolescencia en un modesto apartamento en la Rue Notre-Dame-de-Nazareth, en París.
Como contó en su biografía, que la revista Así presentó en extractos semanales para el público
argentino en 1962, su barrio natal era muy pobre: “Casas viejísimas con paredes carcomidas por la
acción del tiempo y gente que arrastraba una vida de miseria inenarrable”. Durante los años de la
ocupación alemana, la enviaron al campo a vivir con su tío, quien fue el primero en permitirle a la niña
a vestirse con ropas femeninas. Al volver a París, ya entrando en la adolescencia, su padre la mandó a
trabajar a una peluquería donde rápidamente se especializó en peinados para mujeres. Coccinelle más
tarde recordará: “Un día me indicaron que debía ir a una casa para peinar a una señorita que se
llamaba Monique. Fui y me encontré con que Monique, que se desempeñaba como artista de
variedades, era un hombre. Su caso, al parecer, era muy similar al mío”. Durante esa época, Coccinelle
siguió usando pantalones, pero comenzó a vestir remeras femeninas con colores suaves y se dejó los
cabellos largos. A comienzos de los años 50, luego de una cortísima temporada en el ejército, de
donde fue eximida a los pocos días de ingresar, comenzó a trabajar en el naciente Chez Madame
Arthur, el primer cabaret parisino de transformistas femeninas, propiedad de Madame Germaine y
Monsieur Ouizman, ubicado en un sótano de un modesto barrio parisino.

París era una fiesta

París aún representaba el centro del mundo en los años 50. Era la ciudad más alabada, reproducida y
cantada, donde escritores, músicos, pintores, prostitutas y mendigos habitaban sus barrios más
conocidos: Montmartre, el Barrio Latino y Montparnasse. La vida nocturna incluía numerosos cabarets,
entre los cuales se encontraba uno concurrido por lesbianas y transformistas varones que, según se
rumoreaba, era financiado por Marlene Dietrich.

El rápido éxito de Chez Madame Arthur, que se especializó en espectáculos de “transformistas”


femeninas con un estilo de los años 30, hizo que Monsieur Ouizman se entusiasmara y abriera Le
Grand Carrousel, otro cabaret más lujoso ubicado a unas pocas cuadras de los Champs-Élysées. Allí,
las más bellas transformistas armaban sus shows imitando a las actrices y cantantes más sensuales
de la época. Transcurrió poco tiempo para que el lugar comenzara a ser frecuentado no solo por
diplomáticos y políticos, sino también por artistas e intelectuales.Maria Callas, Josephine Baker y
Marlene Dietrich fueron algunas de las figuras célebres que pasaron por el cabaret.
Programa del Cabaret Madame Arthur, de 1952.

April Ashley, otra famosa transexual inglesa, contaba que los contratos con Le Grand Carrousel,
además de ensayos de baile y canto, incluían visitas semanales a la clínica del Doctor Four, quien bajo
las órdenes de Ouizman les inyectaba a las transformistas hormonas y, probablemente, siliconas [1].
Pero el propietario no sólo vigilaba la producción de actuaciones y cuerpos espléndidos, también,
quizás con laxitud, se aseguraba que las transformistas no salieran a la calle vistiendo ropas “del sexo
contrario”, lo que, fuera de la época de carnaval, estaba criminalizado en la ciudad desde 1853 por el
Código Penal francés. Para hacer cumplir la ley, la prefectura de París contaba con una brigada de
represión llamada “Grupo Cabaret”, encargada de controlar lo que ocurría en las calles del centro con
el ojo puesto especialmente, en travestis o transformistas que se mostraban en el escenario, o en las
más osadas que se atrevían a salir a las calles. En Les Secrets de la Nuit, la cronista policial francesa,
Veronique Willemin, describía la noche de París de la época e incluía el informe de 1953 redactado por
un prefecto:

M. Ouizman, el director de ‘Le Grand Carrousel’ nos ha hecho saber por segunda vez las dificultades de
tener dos de sus bailarines recién contratados, un brasileño y un venezolano, desembarcados en
Francia hace más de cinco años. Ambos están sin papeles de identidad en regla en este momento,
pero esperan estar regularizados. Llegan vestidos en ropa de mujer al cabaret, no se esconden en la
calle, donde ostentan ropas provocativas femeninas como tacos altos, bolso de mano, un tapado de
piel y una peluca. Como travestis (original en francés) se vanaglorian de hacer servicios particulares a
domicilio. Parecen un verdadero desafío a la moral. Hace falta que esta enfermedad no se propague
más. Estos hombres no son transformistas, es decir actores que imitan hábitos femeninos sobre el
escenario de un cabaret, se maquillan por las necesidades del espectáculo y se … en función de ello.
(…). Imitan el otro sexo por parodiarlo, por gusto y por vivir, permanecen hombres fuera de la escena.
Ella sabría volverse él. Hemos podido constatar al vigilarlos que los travestis aman provocar y desafiar
la moral. Ellos se consideran como mujeres, toman hormonas, se hacen depilar y rechazan toda idea
de su masculinidad [2].

El informe del precepto no sólo mostraba que ya en los años cincuenta había travestis
latinoamericanas viviendo en París (indocumentadas, como muchas actualmente) sino que la policía
observaba una jerarquía entre travestis, quienes no sólo se mostraban en la calle con ropas femeninas
y trabajaban como prostitutas sino que “hasta se vanagloriaban”, y “los transformistas” (probablemente
franceses) quienes eran artistas que “imitan el otro sexo… (pero) permanecen hombres fuera de la
escena.” Sin embargo, como cuentan sus compañeras de Le Grand Carrousel, Coccinelle era audaz y
llegaba al cabaret con ropas femeninas y tenía distintos novios y “admiradores”. Aún así, su nombre no
aparece fichado en los archivos policiales bajo una detención, mostrando estas jerarquías.
Tapa de la revista Así, nro. 337, 12 de julio de 1962. Fuente: Archivos Desviados.
Coccinelle, la mujer más bella de la Villa Lumiere

Siguiendo a varias travestis de Le Grand Carrousel, Coccinelle viajó en 1958 a Casablanca, Marruecos,
para realizarse la operación de “cambio de sexo” en la clínica del doctor Georges Burou. El rumor de
las maravillosas operaciones realizadas por este cirujano, prohibidas en Francia desde antes de la
segunda guerra mundial, corría de boca en boca entre transformistas y travestis de Europa. Cuando
Coccinelle retornó a Francia luego de su cirugía no lo hizo silenciosamente, sin nada que ocultar, se
mostró orgullosa como la “primera” en devenir mujer.

Coccinelle pudo ver que para permanecer no bastaba con ser famosa en los círculos de la noche
parisina, había que devenir estrella de los espectáculos mediáticos. Ella, quizás, fue la primera
transexual en aparecer en la televisión nacional de su país y en ser entrevistada innumerables veces en
diarios y revistas luciendo su figura curvilínea que se mostraba una y otra vez en la prensa
internacional. “El joven rubio deviene estrella del cabaret”, “la mujer más bella de la villa Lumiere” eran
la clase de titulares que se reproducían desde el Paris Match en Francia, el Manchete en Brasil, hasta la
revista Así en Argentina, obsesionada con el “fenómeno” Coccinelle, a quien en diversas ediciones le
dedicó sus tapas y decenas de páginas.

En 1958, un director de cine con pasado fascista y en plena decadencia, Alessandro Blasetti, propuso a
los estudios Cinecittà el bosquejo de una película sobre la noche europea inspirado por la fama de
Coccinelle. En el proyecto de Europa di Notte, Blasetti la presentaba como una de sus figuras
centrales: “nos guardaremos de revelarle al público que Coccinelle, a quien todos nombran como la
mujer más bella de la villa Lumiere, no es una mujer. Y el público apreciará el garbo, el impacto, las
maravillosas curvas.” El film la mostraba cantando y bailando en Le Grand Carrousel, realzando con el
novedoso uso del Technicolor la sensualidad de la vedette. En una aparición de cinco minutos realizó
dos números musicales frente a un público compuesto de varones en trajes oscuros y de edad media:
el primero, cantando una canción nostálgica acompañada por un piano, con un vestido de raso verde,
el pelo rubio casi blanco y labios rojísimos. En el siguiente número, con un bikini y rodeada de
bailarines, cantaba moviendo sensualmente sus curvas. Hacia el final, una voz masculina en off
revelaba la transexualidad de la Coccinelle: “nadie creería que hace cuatro años fue relevado del
servicio militar por insuficiencia torácica”.
Afiche para el estreno en Buenos Aires de la película "Europa de Noche", en
1959.

La fama que le trajo Europa di Notte no fue desperdiciada y en 1960 el estado francés le otorgó el
documento femenino. Desde entonces, Jacqueline Dufresnoy no tenía impedimentos para casarse con
Francis Bonnet, “el hombre que la enamoró definitivamente” [3]. Bambi, otra famosa transexual
parisina, recordaba que “Coccinelle quiso casarse rápido para ser la primera, para dar un impacto
mediático a su cambio de estado civil. Ella sabía hacer escándalos. Los organizaba, los creaba. Quería
ser la referencia, la que permanecía, la que había abierto todas las puertas” [4]. De esta manera, en
marzo de 1962, Coccinelle se casó en una pequeña iglesia de París con la autorización directa del Papa
Juan XXIII. Al finalizar la ceremonia, la esperaban a la salida grupos de fanáticos católicos que a los
gritos le arrojaron tomates. Frente a esta situación, Coccinelle reaccionó con total naturalidad: ante las
cámaras de la prensa, como una gran diva, solo respondió con sonrisas mientras recibía una lluvia de
arroz que le arrojaban sus admirador*s.

La Coccinelle desembarca en Buenos Aires

El patriótico 9 de julio de 1962 Coccinelle aterrizó en el aeropuerto de Ezeiza. La aguardaban


numerosos periodistas y reporteros gráficos junto a “fervientes admiradores, incluidos en el tercer
sexo…”, como se refirió la revista Así al grupo de maricas y travestis que ansiosas esperaban ver de
cerca a su adorada diva. “La hermosa ‘vedette’ que un día fue muchacho”, “Una mujer sublime.
Coccinelle, más mujer que una mujer”, fueron algunos de los titulares que ocuparon las tapas de la
prensa sensacionalista local. Buenos Aires fue la primera escala de su gira latinoamericana, luego de
varios intentos frustrados dos años antes por distintos países de la región, cuyas autoridades adujeron
“razones de moral” para justificar la denegación de su ingreso. Pero ahora el asunto ya parecía estar
arreglado y, con los papeles “en regla”, durante varios meses Coccinelle viajó por diversas ciudades de
Sudamérica.

La revista Así anunció la denegación del ingreso de Coccinelle al país en junio de 1962. Un mes más tarde, la
diva hacía su arribo triunfal a Buenos Aires. Revista Así nro. 332, 7 de junio de 1962. Fuente: Archivos
Desviados.
En Santiago de Chile, donde volvió en otras ocasiones durante la década, Pedro Lemebel la describió:

Y el tumulto a la entrada del Ópera era un empujar de santiaguinos curiosos que deseaban ver este
milagro de la cirugía. Y todos quedaron mudos cuando Cocchinelli bajó del auto en un relámpago de
flashes. Era más bella de lo imaginado, con su pelo aluminio, sus grandes ojos verdes, y el par de
mamas como rosados melones que desembolsó en el escenario para estupor del público. ‘Todo es
falso, puro relleno’, murmuraban los bailarines colisas sapeando envidiosos tras las cortinas [5].

Su arribo a la Argentina también atrajo a un sinnúmero de admirador*s. “Era la más hermosa, la única.
La esperábamos afuera para verla, para saludarla. No lo podíamos creer. Había tenido problemas con
los militares pero finalmente la dejaron entrar” recuerda emocionada Perica Burrometo, quien junto a
otras maricas amigas caminaron las largas cuadras que separaban su pensión en Plaza Miserere con el
legendario teatro de revistas El Nacional, en donde la diva presentaba su show. Esa noche Perica y sus
amigas estuvieron de suerte y la policía no apareció para arrestarlas, como solía ocurrir. Felices,
finalmente pudieron ver en vivo a la explosiva rubia francesa.

Revista Así. Nro.337, 12 de julio de 1962. Fuente: Archivos Desviados.

Sin duda atraído por el éxito de Europa di Notte, el director de cine y teatro Enrique Carreras, invitó a
Coccinelle a participar en su film Los Viciosos, un policial con vari*s actores y actrices ya famos*s en
Argentina. La película se centraba en una red internacional de tráfico de “narcóticos” con centro en
Francia y distribución en América Latina. Una jovencísima Graciela Borges de clase media, bella y de
buen corazón, caía en la droga y era utilizada por los jefes para la distribución. Un cabaret usado como
fachada para el negocio de las drogas era donde la Coccinelle hacía su breve aparición. Tan
embriagante como los narcóticos, la Coccinelle también venía de Francia y seducía al público de la
pantalla. Allí, mostrando su cuerpo femenino con un bikini de strass, actuó de sí misma mientras
bailaba y cantaba una suerte de twist en francés. La cámara se detenía una y otra vez en sus pechos
blancos y en su pequeña cintura. Cuando concluyó su número, un periodista y un fotógrafo la
esperaban en su camarín. Al posar para un retrato, se puso un tapado de piel y tomó una muñeca.
Cuando el periodista le preguntó si no era algo muy infantil, ella respondió: “como mujer tengo sólo
cuatro años.”

La revista Así siguió de cerca los romances y tribulaciones de Coccinelle. En la narrativa de esta
publicación se vio un lento cambio en la forma de presentarla: desde los primeros números, cuando
se referían a ella como “vedette” entre comillas y enfatizaban el masculino para nombrarla como el “ex
soldado”, hasta cuando meses más tarde ya la reconocían como una vedette más. Incluso, en la
cobertura de la separación y posterior divorcio de su marido, quien intentó golpearla frente a testigos,
el caso fue relatado por la prensa desde estereotipos de género rígidos. Su romance y posterior
casamiento con un bailarín del elenco del teatro Maipo también la instituyó dentro de los marcos
sexo-genéricos normativos. Como en el caso del prefecto parisino, este trato no se extendía hacia
otras personas del “tercer sexo” que mediante el uso de la sorna, eran caricaturizadas con violencia y
desprecio.
Revista Así. Nro.346, 13 de septiembre de 1962. Fuente: Archivos Desviados.

Pero fuera de las historias narradas por las revistas, que la ubicaban como un milagro único, la
Coccinelle abrió un camino de posibilidades a muchas maricas latinoamericanas que la miraron con
fascinación y la imitaron dentro de sus posibilidades periféricas y pobres. La matriarca travesti Malva
Solís la nombrará también: “A partir de ‘Coccinelle’ hay toda una apertura (…) social (…), nuevas
oportunidades para las mariconas. Se inaugura el ‘travesti artista’” [6]. Siguiendo su estela rubia
platinada vendrán otras: Vanessa Show, Dominique Sanders, Evelyn… pero esa ya es otra historia.

Perica y varias de sus amigas fueron varias noches al teatro para ver a su adorada Coccinelle durante
los sucesivos años que volvió a Buenos Aires. Siempre y cuando la policía no apareciera en la puerta
del teatro para subirlas a los empujones al patrullero, la noche se volvía un recuerdo atesorado para
ellas. Entonces podían atravesar las espesas cortinas de terciopelo rojo del teatro y ver de cerca a esta
rubia única. Y quizás, soñar con futuros posibles donde ellas también pudieran ser aplaudidas en el
escenario o caminar por las calles de la ciudad en libertad.

Coccinelle posa para la revista Así, nro. 337, 12 de julio de 1962. Fuente: Archivos Desviados.
Agradecimientos

A Norma Gilardi e Ivana Tintilay.


A Moléculas Malucas, especialmente a Juan Queiroz, Mabel Bellucci, Javier Fernández Galeano y Jorge
Luis Giacosa por los aportes que realizaron para la realización de este artículo.
A Archivos Desviados por los materiales que acompañan el texto.

Notas al pie

[1] Falloway, Duncan y Ashley, April. April Ashley’s Odyssey. London 1982, Jonathan Cape.

[2] Willemin, Veronique. Les Secrets de la Nuit. Argent, Sexe, Police, Réseaux. París, 2014, Flammarion.

[3] Revista Así. 12 de julio de 1962..

[4] Willemin, Veronique. Les Secrets de la Nuit. Argent, Sexe, Police, Réseaux. París, 2014, Flammarion.

[5] Lemebel, Pedro. Loco afán: crónicas del sidario. Santiago de Chile, 1996. LOM Ediciones.

[6] Entrevista a Malva en Cutuli, María Soledad. Entre el escándalo y el trabajo digno. Etnografía de la
trama social del activismo travesti en Buenos Aires. Buenos Aires, 2015, Universidad de Buenos Aires.
Facultad de Filosofía y Letras.

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Cómo citar este trabajo

Álvarez, Ana. Coccinelle: entre el cabaret y la pantalla grande


Moléculas Malucas, junio de 2021.
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