TÓPICOS DE LA ÉPICA GRECOLATINA
Invocación a las musas y esbozo temático
Il., 1.1. Canta, oh diosa, la ira de Aquiles el de Peleo que, perniciosa trajo a los griegos
miles de males y numerosas almas al Orco llevó, valerosas, de héroes y los hizo presa de
perros y aves de todas clases.
Od.,1.1. Musa, dime del varón de muchos recursos que, en su largo extravío, tras haber
arrasado el alcázar sagrado de Troya, conoció las ciudades y el genio de innúmeras gentes.
Aen., 1.1. Canto a las armas y al varón que el primero, desde las costas de Troya,
perseguid o por el hado, vino a Italia y al litoral lavinio, él, muy zarandeado por tierra
y por mar por la violencia de los dioses, por causa de la ira rencorosa de Juno,
sufrió también mucho en la guerra hasta que fundó la ciudad y trajo sus dioses al Lacio,
de ahí el pueblo latino , los padres albanos y las murallas de la alta Roma.
Presencia de sueños y presagios
Il., 2. 8. (Enviado por Zeus) “Anda, ve, Sueño engañoso, a las rápidas naves aqueas, y
entra en la tienda del Atrida Agamenón y declárale todo cuanto voy a decirte: ordénale
que arme a los melenudos aqueos, pues ahora podría conquistar la ciudad de anchas
calles de los troyanos, pues los dioses que habitan las moradas olímpicas ya no
discrepan, porque a todos ha doblegado Hera con súplicas, y los duelos se ciernen sobre
los troyanos.”
Il.,16. Otra cosa te voy a decir y en tu mente consérvala: Tú no habrás de vivir mucho
tiempo; se acercan ahora a tu lado la parca funesta y la muerte, y a manos morirás del
magnánimo Aquiles, el nieto de Eaco.
Especificación del momento
Il.,8.485. "Cayó en el Océano la brillante luz del sol, echando la negra noche sobre la
feraz campiña".
Od.,2.1."Cuando apareció la hija de la mañana, la Aurora de rosáceos dedos [...]".
Il.,1.475. "Cuando el sol se puso y sobrevino la oscuridad,
se acostaron a lo largo de las amarras de popa de la nave,
y al aparecer la hija de la mañana, la Aurora, de rosados dedos [...]".
Combate singular
Aen., 12.940 ss. Y el ruego había empezado ya a ablandar más al que dudaba, cuando el
infeliz tahalí apareció en lo alto del hombro y brilló el cinto del joven Palante con sus
conocidas bolitas, al que, vencido por una herida, Turno lo había derribado, y llevaba en
sus hombros la divisa del enemigo. Él, después que clavó sus ojos en el recuerdo de su
cruel dolor y en los despojos de guerra, encendido por las furias y terrible en su ira (dijo):
¿Tú, revestido con los expolios de los míos te me vas a escapar? Palante, Palante ahora te
sacrifica con esta herida y recibe venganza de su criminal muerte. Diciendo esto furioso
hundió el hierro en el pecho enemigo. A aquel el frío le relaja los miembros y su vida
huye indignada con un gemido a las sombras.
Focalización en las hazañas sobresalientes de cada uno de los personajes
principales (Aristía)
Il., 22. [Link]
Il., 16. [Link]
Plegaria
Il., 1.447. Crises oró en alta voz, con los brazos extendidos a lo alto: <<¡Óyeme, oh tú,
el del arco de plata, que proteges Crisa y la muy divina Cila, y sobre Ténedos imperas
con tu fuerza. Ya una vez antes escuchaste mi plegaria, y a mí me honraste e infligiste
un grave castigo al ejército aqueo. También ahora cúmpleme este otro deseo: aparta ya
ahora de los dánaos el azote terrible>>.
Teichoscopia
Il., 3, 150. 161-192. Y estos, pues, cuando vieron a Helena encaminándose a la torre […]
Así hablaban. Príamo llamó a Helena y le dijo:
Ven acá, hija querida; siéntate a mi lado para que veas a tu anterior marido y a sus
parientes y amigos pues a ti no te considero culpable, sino a los dioses que promovieron
contra nosotros la luctuosa guerra de los aqueos y me digas cómo se llama ese ingente
varón, quién es ese aqueo gallardo y alto de cuerpo. Otros hay de mayor estatura, pero
jamás vieron mis ojos un hombre tan hermoso y venerable. Parece un rey.
Contestó Helena, divina entre las mujeres:
Me inspiras, suegro amado, respeto y temor. ¡Ojalá la muerte me hubiese sido grata
cuando vine con tu hijo, dejando, a la vez que el tálamo, a mis hermanos, mi hija querida
y mis amables compañeras! Pero no sucedió así, y ahora me consumo llorando. Voy a
responder a tu pregunta: Ése es el poderosísimo Agamenón Atrida, buen rey y esforzado
combatiente, que fue cuñado de esta desvergonzada, si todo no ha sido sueño.
Así dijo. El anciano contemplólo con admiración y exclamó:
¡Atrida feliz, nacido con suerte, afortunado! Muchos son los aqueos que lo obedecen. En
otro tiempo fui a la Frigia, en viñas abundosa, y vi a muchos de sus naturales los pueblos
de Otreo y de Migdón, igual a un dios que con los ágiles corceles acampaban a orillas del
Sangario. Entre ellos me hallaba, a fuer de aliado, el día en que llegaron las varoniles
amazonas. Pero no eran tantos como los aqueos de ojos vivos.
Fijando la vista en Ulises, el anciano volvió a preguntar:
Ea, dime también, hija querida, quién es aquél, menor en estatura que Agamenón Atrida,
pero más ancho de espaldas y de pecho. Ha dejado en el fértil suelo las armas y recorre
las filas como un carnero. Parece un velloso carnero que atraviesa un gran rebaño de
cándidas ovejas.
Catálogo
Aen., 10.166 ss. En cabeza hiende las olas Másico con las planchas de bronce de su Tigre.
Conduce mil guerreros. Han dejado los baluartes de Ciusio y la ciudad de Cosas. Sus
armas son las flechas, ligero goldre al hombro con el arco en que porta la muerte. Marcha
a la par de él Abante, el de torva mirada.
Toda su gente luce vistosas armas y en la popa fulge un Apolo de oro. Populonia, su
patria, le ha mandado seiscientos de sus hijos, expertos todos ellos en la guerra y
trescientos la isla de Elba, pródiga de minas de hierro nunca exhaustas.
El tercero va Asilas, intérprete preclaro entre los dioses y los hombres, que manda en las
entrañas de las víctimas y en los astros del cielo y en las lenguas de las aves y en el fuego
profético del rayo. Acucia mil guerreros en prieta formación de hórridas lanzas.
Es Pisa quien los puso bajo su mando, Pisa ciudad alfea por su origen etrusca por su suelo.
Viene tras él los de Ástir, de admirable belleza, Ástir, el que confía en su corcel y en el
juego de visos de sus armas. Trescientos le acompañan. Les mueve un solo afán, el de
seguirle.
Son los que tienen su morada en Cerelos que pueblan los llanos de Minión, los de la
antigua Pirgos y la insana Gravisca. No podría dejar de nombrarte a ti, Cíniro, caudillo
de los ligures, el más bravo en la guerra, ni a ti el de parva hueste, Cupavón.
Arenga
Il., 4.231. “Y empezó a recorrer a pie todas las filas guerreras. A los dánaos de raudos
corceles que se apercibían para el duro combate, excitaba con bríos, diciendo: —No
desmaye, !oh argivos!, la fuerza de vuestra bravura, porque no prestará el padre Zeus
protección a los pérfidos…”
Intervención de los dioses
Il., 1. 488-521. [Link]
Símiles extraídos de la naturaleza o de la vida cotidiana
Il., 9. Como el ave a sus hijos implumes les lleva comida,
la que pudo encontrar padeciendo penosos trabajos,
así yo me pasé sin dormir largas noches sin cuento
y entregado a la cruenta batalla los días enteros
peleando contra hombres que por sus esposas luchaban.
Descripción detallada de muertes o heridas truculentas
Od., 11. 371-402.
[Link]
Écfrasis
Il., 18. 478 ss. Hizo lo primero de todo un escudo grande y fuerte, de variada labor, con
triple cenefa brillante y reluciente. […] Allí representó también dos ciudades de hombres
dotados de palabra. En la una se celebraban bodas y festines: las novias salían de sus
habitaciones y eran acompañadas por la ciudad a la luz de antorchas encendidas, oíanse
repetidos cantos de himeneo, jóvenes danzantes formaban ruedos, dentro de los cuales
sonaban flautas y cítaras, y las matronas admiraban el espectáculo desde los vestíbulos
de las casas.
Escenas de batallas
Aen. 9. 502-511. De pronto la trompeta retumbando su son de bronce en la distancia.
Quiebra su hórrido grito. Y se eleva enseguida un clamoreo y rebrama el eco por el cielo.
Los volscos avanzan a la par, trabados los escudos a modo de tortuga y se aprestan a
rellenar los fosos y arrancar la empalizada. […] Replícanle los teucros disparando toda
traza de dardos. Los rechazan con estacas erizadas de hierros, Hechos ya como están en
asedio tan largo a defender los muros.