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Juicio Final en la Pintura del Bosco

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“el juicio final”

El significado de la insensatez ocupa un lugar destacado en la pintura del Bosco. El

significado de este juicio solo puede ser apreciado dentro del contexto de un tema

medieval mas amplio, el Juicio Final.

El día del juicio marca el acto final de una historia de la humanidad, lo cual empezó

con Eva y Adán y su expulsión del jardín.

Es el día en que los muertos se levantarán, y en el cual vendrá Cristo por segunda

vez, para juzgar a todos los seres vivos y recompensar a cada uno según sus

méritos.

Una de las preocupaciones de la Iglesia medieval era la preparación para esta día.

Enseñaba a los creyente que tipo de conducta les permitía estar incluidos entre los

bienaventurados.

Los interminables tormentos de los condenados se describían con detalles

espeluznantes en incontables libros y sermones.

Los temores de un ajuste de cuentas siempre era un temor generalizado debido a

su proximidad, puesto que los profetas siempre decían que el mundo estaba por

llegar a su fin, y esto se agudizó en el siglo VX.

En ninguna parte se dio una expresión mas vivida a esta ansiedad crónica de la era,

que en el tríptico de el Bosco, actualmente en Viena.

El Juicio Final, presenta a las figuras de Santiago de Compostela y San BavónBabón,

pintados en grisalla en sus alas externas. A pesar del paisaje tenebroso que pintan

alrededor de Santiago ni esta tabla ni su compañera nos preparan para las escenas

apocalípticas del centro.


La historia que se relata en el segundo capitulo del génesis ha sido situada en un

exuberante jardín; en un primer termino vemos la creación de Eva, seguida por la

tentación de la primera pareja. En un segundo plano, esta es arrojada del jardín por

un ángel. En un extremo superior, se puede ver un paralelismo entre la expulsión

de Adán y Eva del jardín y la expulsión de los ángeles rebeldes del cielo, y estos se

convierte en monstruos al descender a la tierra.

A pesar de que en el génesis no se menciona la rebelión de Lucifer, esta aparece en

las leyendas judaicas y forma parte de la doctrina cristiana, se refiere a los ángeles

que pecaron, su jefe tentó a Adán para que también pecara.

Se pensaba que Adán y Eva habían sido creados por Dios.

En esta tabla, el Bosco representó el inicio del pecado en el mundo y justificó la

necesidad del juicio final.

No es usual, que se incluya la caída de Adán y Eva en na representación del Juicio.

En general, se le asignaba el papel principal al cielo, lo que se acentuaba era el acto

del juicio, se relegaba a los enjuiciados a un segundo plano, y se describía con la

misma amplitud tanto la felicidad de los bienaventurados como las penas de los

descarriados. Sin embargo, en la versión del Bosco la corte celestial, pequeña e

insignificante, se encuentra en el extremo superior del panel central, y el grupo de

los elegidos está integrado por muy pocas almas. El cataclismo universal, que arde

furiosamente a lo largo del paisaje obscuro y lóbrego del fondo, ha hecho perecer a

gran parte del genero humano. Esta vasta pesadilla representa a la tierra en su

agonía final de, en la cual desaparece no por las aguas que imaginaron Durero y

Leonardo, sino por el fuego que vaticinara un himno del siglo trece, el lúgubre “día

de la ira, día en que el mundo se disuelve en ardientes cenizas”. Probablemente

también tuvo influencia en el Bosco al descripción del día del juicio que se diera e
el Apocalipsis de San Juan, libro que fue nuevamente popular en las postrimerías

del siglo quince, de 1496 a 1497, cuando Durero lo ilustró con sus famoso

grabados en madera. El amplio valle que domina la tabla central puede representar

el Valle de Josafat con la murallas llameantes de la Jerusalén terrestre al fondo. De

acuerdo con el Antiguo Testamento , este valle era considerado tradicionalmente

como el sitio del Juicio Final. EN todo caso, la tierra ya no se puede distinguir del

infierno, representado en el ala de la derecha, del que emerge el ejercito de Satán

para atacar a los condenados; ha comenzado el castigo eterno.

Los místicos sostenían que el sufrimiento más atroz de los condenados era el

conocimiento de que iban a estar privados por siempre de la visión de Dios. Para la

mayoría, no obstante los tormentos del Infierno eran principalmente corpóreos y

eran tan intensos que, como lo expresara un sermón del medioevo, las penas de

esta vida no son, comparadas con aquéllos, más que un ungüento dulcificante.

Para el Bosco, la agonía del Infierno es también principalmente física; los cuerpos

pálidos y desnudos de los condenados sufren siendo mutilados, mordidos por

serpientes, consumidos en hornos abrasadores y aprisionados en artefactos de

tortura. La diversidad de tormentos parece infinita. En la tabla central, una criaura

horrible, pequeña y de barriga abotagada, asa lentamente a un individuo en un

espetón u lo empapa con pringue, a un lado, un demonio femenino ha rebanado a

su víctima y la ha colocado dentro de una sartén, como un trozo de jamón, para

acompañar los huesos que hay junto a sus pies. En el ala de la derecha se presenta

un concierto infernal, que es conducido por un monstruo de cara negra.

En la escena del Infierno del tablero del Prado se había asociado cada tormento

con uno de los Pecados Capitales. Sería difícil de determinar si el Bosco siguió

consecuentemente esta fórmula en el Juicio Final, a pesar de que algunos de los


castigos pueden ser identificados con pecados específicos, De este modo, los avaros

son cocinados en la Gran Caldera, que se puede ver justo debajo de uno de los

edificios de la tabla central. A la vuelta de la esquina un gordo, glotón es obligado a

beber de un barril que sostienen dos diablos, a través de la ventana de arriba, la

mujer voluptuosa tolera las atenciones de un monstruo en forma de lagarto, que se

desliza entre sus caderas, mientras que dos demonios, músicos tocan para ella. En

los farallones de la derecha, del otro lado del río, los diablos en forma de herreros,

martillean sobre los yunques y a uno lo están herrando como a un caballo, estas

almas desafortunadas son culpables del pecado de la ira.

A esta fauna infernal más o menos convencional, el Bosco agregó especies muevas

y más espeluznantes, cuyas formas complejas se resisten a una descripción precisa.

Muchas despliegan fusiones extravagantes de elementos animales y humanos,

combinados a veces con objetos inanimados.

En este tríptico se abarca a todos los seres, como un evento que termina con la

historia de la humanidad, aun así los tormentos de los condenados se describen

como si ocurrieran en el presente, y no en algún momento indeterminado del

futuro. Reflejan la creencia en un juicio individual, un ajuste de cuentas al que se

deberá someter cada ser humano. Inmediatamente después de morir, de acuerdo

con sus méritos, el individuo será enviado a un lugar de tormento o de

bienaventuranza, para esperar allí el Juicio Final


“MUERTE DE LA VIRGEN”
Oleo sobre lienzo realizado por Miguel Ángel Merissi mas conocido como

Caravaggio en 1606 para la iglesia romana de Santa María della Scala.

La obre muestra a la Virgen tumbada sobe una mesa prepara como lecho

provisional para coloca el cuerpo sin vida. Vestida con un llamativo vestido rojo,

María tiene la cabeza ladeada hacia la derecha, el pelo alborotado la mano

izquierda posada sobre el vientre, ligeramente abultado, mientras el brazo

izquierdo cae inerte. Aunque los apóstoles han intentado cubrir el cuerpo de la

madre de Cristo, los pies sobresalen desnudos. Tan solo un casi imperceptible

nimbo corona la cabeza de María , único elemento que nos indica la trascendencia

del acontecimiento representado. A su lado, sentada sobre un taburete bajo, María

Magdalena llora de manera desconsolada, dejando caer la cabeza sobe sus rodillas.

Delante de ella observamos una palangana posiblemente usada para lavar el

cadáver.

Detrás del lecho mortuorio un grupo compacto de apóstoles velan el cuerpo de

María. Vestidos con pesados mantos, en primer término podemos identificar a

Pedro, situado a los pies, Pablo, con barba larga que observa meditabundo y Juan,

el más joven, vestido de verde, situado junto a la cabeza de la Virgen. El resto de

apóstoles asisten al velatorio mostrando distintas actitudes desde la mirada

ausente hasta los que entablan conversación.

La escena aparece en penumbra, iluminada de manera lateral por un foco de luz

situado en el lado superior izquierdo que ilumina de manera directa a la Virgen así

como a los personajes más próximos a ella mientras el resto queda en


semipenumbra, creando efectos de claroscuro tan del gusto del pintor más

relevante de la técnica tenebrista.

Predominan colores oscuros y cálidos como marrones, ocres, naranjas y verdes

oscuros, destacando el rojo intenso del vestido de la Virgen así como de la cortina

suspendida en la parte superior que cae a manera de telón teatral.

Esta obra es un claro exponente de la revolución que para la pintura supuso el

genio de Caravaggio, tanto desde el punto de vista técnico, como en la manera de

acercarse a los temas representados. Así, podemos observar el revolucionario

tratamiento de la luz que hace el pintor; luz que no sólo sirve para iluminar la

escena sino que cobra protagonismo convirtiéndose en un elemento más del

cuadro.

Por otro lado, vemos el gusto de Caravaggio por la pintura del natural que le lleva a

buscar entre personajes populares extraídos de las tabernas y los bajos fondos de

Roma los modelos para representar a los personajes sagrados.

El rumor de que Caravaggio había usado a una prostituta ahogada en el río Tiber

como modelo para la Virgen fue motivo de escándalo y posiblemente, una de las

causas que llevó al rechazo de la obra por parte de los comitentes. Igualmente, a

pesar de que el tema de la muerte de la Virgen ya había sido representado en

numerosas ocasiones, nunca un artista lo había hecho de esta manera. A pesar de

que, según el dogma de la Iglesia Católica, María no sufrió la muerte terrenal sino

que entro en un estado de dormición que la elevó a los cielos en cuerpo y alma,

Caravaggio muestra la muerte en toda su crudeza.

La postura que adopta el cuerpo de María, el vientre abultado así como la lividez

del rostro nos descubren que nos encontramos ante un auténtico cadáver.
Caravaggio nos muestra el dolor, la desesperación y la soledad ante la muerte y

nada aparecen en el cuadro que nos insinúe la Asunción del cuerpo y el alma al

cielo.

En la obra de Caravaggio no hay lugar para la esperanza y nos muestra el destino

final de todos, incluido el de María.

Por todo ello este cuadro fue rechazado, tildado de indecoroso y por no incitar a la

devoción; cualidad que se presuponía debía tener una Obra de carácter religioso.

Esta obra maestra, es fiel reflejo de lo revolucionario y novedoso de su estilo

marcado por la profunda fidelidad al naturalismo en la representación. No siempre

comprendida esta nueva manera de entender la pintura y finalmente fue

encargado un nuevo cuadro con la misma temática al pintor Carlo Saraceni quien

llegó a realizar asta dos versiones del mismo tema hasta que la segunda fue

finalmente aceptada por ajustarse a lo que cabía esperar de la misma: en esta

ocasión los ángeles si acuden desde el cielo para recibir a la Virgen en su transito

glorioso.

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